viernes, 11 de enero de 2019

Tara Westover: Una educación

Idioma original: inglés
Título original: Educated. A memoir
Traducción: Antonia Martín (ed. castellana) / Salvador Company Gimeno y Anna Torcal Garcia (ed. catalana)
Año de publicación: 2018
Valoración: recomendable

Bien es sabido que, últimamente, existe cierto interés en el sector editorial en buscar historias personales que conmuevan al lector, que causen impacto, que dejen huella y, quién sabe si también, tengan una salida para una adaptación a las pantallas porque en el fondo, en la mayoría de casos, se busca rentabilizar un producto. Y se vuelcan en la promoción. Hay veces que sí, que el bombo que se le da está justificado, pero hay veces en las que no está tan claro y, en este caso, no sé si el hype que se le está dando a este libro está al nivel de la obra. Pero veamos mejor el por qué.

Este libro, autobiográfico, narra la vida de la autora, Tara Westover, nacida en un Clifton, Idaho, un pueblo pequeño que, por aquél entonces, tendría unos doscientos habitantes. Por si esas condiciones no causaran poco hermetismo, ella nació en una familia mormona fundamentalista, en un entorno donde el padre ejercía una disciplina férrea y autoritaria bajo el pretexto de seguir los dictámenes de Dios. Así, nacida y criada con reglas muy estrictas y una excesiva aversión a la evolución, los hijos nunca tuvieron la posibilidad de ir al colegio (a excepción de los hermanos mayores, que pudieron ir antes de que el padre radicalizara su discurso) y toda formación debía ser autodidacta, para evitar caer en manos de los Iluminados (tal como su padre denomina a los profesores). El recelo a las instituciones, no únicamente era respecto a las escuelas, sino también a los demás entes estatales, incluyendo un rechazo completo a médicos (pues la vida está a merced de lo que dictamine Dios) u otros organismos. En este ambiente cerrado, hermético y claustrofóbico, la idea de su padre era que ellos debían saber hacer todo lo necesario para salir adelante (tareas del hogar, crianza, construcción, o ejerciendo de curandera y partera en el caso de su madre, aún y haciéndolo sin estar titulada para ello). La familia debía estar preparada para cuando llegaran los «Días de la Abominación»; debían estar listos para ello y ser autosuficientes.

En este ambiente se desenvuelve la historia, narrando la vida de la autora en estas condiciones extremas, exigentes y despiadadas. Y la consecuencia de ello es inmediata, pues la culpa y los remordimientos aparecen en la joven Tara cuando decide tomar alguna decisión en contra de la voluntad del padre. Se siente mala hija, siente que le ha decepcionado, por mucho que a ojos ajenos o del que lo lee desde la distancia pueda parecerle inconcebible. Es el resultado de años de presión, de represión, de censura, de hacerla sentir culpable por aquello en lo que difiere de la creencia familiar. La culpa y la vergüenza por no aceptar que ciertas decisiones recaigan a manos de los designios divinos, sino que deben recaer en uno mismo.

Estructuralmente, la novela se divide en tres grandes partes (infancia, juventud y madurez), donde se relata la trayectoria vital de la autora. A pesar de que la historia está bien hilvanada, sin grandes saltos temporales ni idas y venidas en el tiempo, el resultado de las diferentes partes es bastante desigual. Cabe decir que el libro empieza fuerte, pues la autora nos traslada de golpe en ese ambiente opresivo, estricto, duro, agresivo y despiadado, donde el maltrato físico y psicológico es constante. Ese principio es muy bueno, pues nos introduce de lleno en la historia de manera directa. Pero, una vez superado el impacto, y habiendo conocido por la durísima situación que tuvo que pasar la autora en su infancia, la reiteración de escenas, el exceso de situaciones conflictivas, y el abuso de experiencias traumáticas bastante similares lastran el ritmo narrativo. Esta primera parte ocupa unas doscientas páginas, y me atrevería a decir que sobran la mitad de ellas. Afortunadamente, superada la mitad del libro, el ritmo aumenta, vemos cambios en la vida de la autora, vemos una ventana al sol, una puerta de salida, un despertar. Ahí sí, la narración atrapa y te lleva a animar a la autora en su lucha, su fuga, su escape. Y con ese ímpetu in crescendo, llegamos a una parte final, donde la autora toma consciencia de gran parte de los traumas ocasionados por su padre (principalmente) durante esa terrible infancia, pero, lamentablemente, en esa parte más reflexiva y consciente, la autora parece que no acaba de encontrar el tono narrativo; es algo justificable, pues son memorias relativamente recientes, y puede que, al ser así, la autora no tenga claro qué enfoque quiere darle y en esa duda pierde el tono y la estructura, quedándose un poco a medio camino, en un final algo atropellado y no muy bien resuelto.

En una época en que cada vez estamos más acostumbrados a libros escritos en base experiencias personales (la famosa narración del yo), cuesta ya sorprender al lector o atraparle en el relato; cuando un libro autobiográfico se sustenta principalmente en la historia narrada, pero no ofrece una calidad narrativa de muy alto nivel y además tiene partes tan irregulares, es difícil que la historia aguante las casi quinientas páginas del libro. Bien es cierto que hay párrafos interesantes y fragmentos que te hacen reflexionar, pero la reiteración de algunas escenas y situaciones causan cierto cansancio lector. Aun así, a pesar de ello, es un libro recomendable si tenemos en cuenta el escenario que nos plantea, la valentía y la denuncia  de la autora hacia su propia familia, y los estragos que sobre la sociedad causa una creencia extrema, sesgada y malinterpretada de la religión, pues, cuando se cae en extremismos, uno pierde el sentido de la realidad y con ello, deja decisiones vitales en manos de una creencia, una religión o una interpretación personal de la misma que deja que la vida y el futuro de uno quede en manos ajenas, eliminando así cualquier responsabilidad sobre lo que ocurre ni capacidad de influir en el propio futuro.

Por todo ello, y a pesar de los aspectos menos logrados, el libro es interesante por el retrato sociológico que hace de una parte de la sociedad que interpreta de manera extrema la religión y hace de ello su modus vivendi; en este aspecto la autora ya aclara de entrada que su propósito no es criticar al mormonismo per se. De hecho, se desmarca en gran parte de este análisis estrictamente teológico, porque más que una crítica a la religión, el libro trata sobre lo que ocurre cuando se junta una interpretación extrema de la misma con la dureza y rigidez de un padre, de férrea disciplina y creencias y la educación e ideas que transmite a sus hijos, de manera continua, dura, cruel y autoritaria, menoscabando su libertad de pensamiento y acción, limitando su capacidad de decidir, hasta el punto de acabar auto infringiéndose su propio castigo.

Más allá de una interesante y gran historia de autosuperación, valentía, y despertar vital, la autora expone en este libro, a través de su historia personal, una crítica a los religiosos extremos, a aquellos que ligan completamente su vida y su destino a un Dios (o a la interpretación que dan a la religión) que rige y destina cada uno de sus actos. Ubicando la religión y Dios como centro de todas las decisiones, no únicamente se pone el destino en sus manos, sino que se aparta la responsabilidad de uno mismo para con su propia vida. Y si no somos dueños y responsables de lo que nos ocurre, aún y aceptando que el azar existe, si no elegimos, participamos y nos cuestionamos sobre nosotros mismos y nuestro entorno, ¿podremos realmente conocer quiénes somos? Hacerlo sí sería una toma de consciencia, un aprendizaje, una verdadera y provechosa educación.

7 comentarios:

Conxi dijo...

Lo dejé a mitad, me anclé en la escuela de baile y me entró sopor. No entiendo el superéxito que ha tenido. Bajo mi punto de vista es bastante mediocre y no aporta nada novedoso.

irati dijo...

Marc, esperaba esta reseña tuya como agua de mayo precisamente por lo que cuentas en el primer párrafo. Últimamente proliferan las historias particulares que a mí -“problema mío”- no me interesan mucho salvo que sean historias realmente buenas, que me cuenten algo verdaderamente interesante y estén bien escritas, pero es difícil identificar esto leyendo críticas. Las críticas son favorables casi siempre, no sé si por la promoción o por qué.
Agradezco tu estupenda reseña “con motivos” para decidirme a leerla (o no). Mil gracias de nuevo por este blog ya imprescindible para mí.

Anónimo dijo...

Hola, Marc:

Resulta harto difícil hacer algo novedoso cuando hay tanto exceso de todo, de libros, series, películas, etc.. Hace pocos días comentaba precisamente como me harta la autoficción, o la literatura del yo, porque la mayoría de las veces se centra en la autocomplacencia, el morbo y la vacuidad. Una de las consecuencias de la democratización de la cultura es que el "nivel medio" de calidad se rebaja para que sea más accesible a un gran público. En sí, esto no es malo ni bueno, sólo depende desde qué puntos de vista se analice. Pero la literatura con mayúsculas sale perdiendo.

Por todo lo anterior, y por la publicidad y los premios, se crean grandes fenómenos de ventas. Conxi comenta que no entiende su éxito, y a mí no me atrae nada, todavía no me he curado del espanto de "Clavícula" Como diría una de mis hijas, me ha traumatizado.

Espero que vuestras futuras reseñas me saquen el susto del cuerpo.
Saludos



Antonieta dijo...

Gracias Marc, me ha interesado el libro. Este tipo de género literario tiende a llamarme la atención (es decir, generalmente termino leyendo el libro), por lo que planteas en los dos últimos párrafos, que en mi caso logra que pase a un segundo plano la calidad de la pluma o la estética. Simplemente creo que me "abren la mente" (más que la imaginación) y con ello me ayudan a vivir mejor... O a morir mejor, según sea el caso.

Marc Peig dijo...

¡Hola a todos y todas!
Empezaré diciendo que me esperaba recibir comentarios de algún admirador de la obra criticando la reseña, pero veo que no ha sido el caso. Me sorprende por la repercusión del libro, pero no si tenemos en cuenta las sensaciones que me ha producido. Responderé por orden:
A Conxi, lo entiendo, precisamente por ese ritmo algo lento que, en ocasiones, puede llegar a serlo demasiado. El libro es altamente desigual, y en algún momento también pensé que ya me había hecho la idea, no necesitaba más. Pero no es del todo así, pues superada la mitad mejora y tiene su punto de análisis y reflexión que, una vez terminado, hace que no me moleste haberlo terminad, sino al contrario. En conjunto es recomendable, si se supera (o se acepta) el ritmo narrativo.
A Irati, muchas gracias por los elogios al blog, y por hacernos confianza en cuanto a nuestras valoraciones (siempre personales, subjetivas, y condicionadas por cómo somos y por lo que hemos leído). Y coincido en que me sorprende tanto elogio, si bien la novela está bien (aunque no tanto).
Al Anónimo (o Anónima), sí, demasiada autoficción, y sí, es posible que el nivel medio haya bajado pues se publica muchísimo, demasiado. Cada vez cuesta más encontrar libros impecables, de los que dejan un recuerdo imborrable. Seguiremos intentándolo desde ulad ;-)
A Antonieta, también entiendo tu interés en el libro. El libro hace una crítica clara hacia los que entienden la religión como centro, núcleo, origen y destino de sus vidas, y dejan casi lo que pueda suceder en uña manos que quim sabe si realmente existen. Hay casos extremos en fervor religioso que, a mi modo de ver, es injusto e inadecuado para la propia vida. Y hablo de excesos, aunque cada uno puede creer lo que quiera y hasta donde quiera. Faltaría más. Pero hay límites que para mí son incomprensibles e irracionales (aunque claro, religión y racionalidad no van muy de la mano).
En fin, que gracias por vuestros comentarios, siempre enriquecedores y que animan a seguir investigando los diferentes mundos que nos plantea la literatura, y la realidad.
Saludos
Marc

Mel Fairy Tale dijo...

Uff, después de tu reseña se me han enfriado un poco las ganas de leerlo... No sé, me recordó a ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?, de Jeannette Winterson, que está muy bien, pero con un libro así me basta 😅

Marc Peig dijo...

Hola, Mel. Siento haberte enfriado las ganas de leerlo, pues se trata de un libro interesante; aún así, yo tenía muchas expectativas puestas y el libro no llego al nivel que esperaba. De todos modos, si te interesaba el libro antes de la reseña, puede que esta rebaja en las expectativas hace que lo disfrutes más, si finalmente llegas a leerllo. También entiendo que si te recuerda a otro libro, decidas no ir a por él. En cualquier caso, ten en cuenta que la reseña solo es la opinión de este humilde reseñista que, aunque lee bastante, no deja de ser subjetiva.
Saludos, y gracias por comentar.
Marc