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viernes, 7 de septiembre de 2018

Manuel Mujica Lainez: De milagros y de melancolías

Idioma original: Español
Año de publicación: 1968
Valoración: Recomendable

Si las cuentas no me fallan, este es el séptimo libro de Manuel Mujica Lainez que leo y, si la memoria no me juega una mala pasada, es el más flojo de todos ellos. Pero no nos equivoquemos: el menos destacado de los libros de Mujica Lainez le puede dar cien mil vueltas al mejor libro de muchísimos escritores y posee, por sí solo, suficientes puntos de interés.

Al grano! "De milagros y de melancolías", escrito entre diciembre de 1967 y julio de 1968, es un doble ajuste de cuentas de Manucho.

Por un lado, tras los colosales “Bomarzo” y “El unicornio”, en los que el trabajo de documentación hubo de ser enorme, Mujica optó por una historia mucho más ligera y menos exigente consigo mismo y con el lector. Fruto de ello es este “De milagros y de melancolías”, intrincado cronicón, entre lo ridículo y lo sublime, de la Historia de la ciudad de San Francisco de Apricotina del Milagro. La narración, que abarca desde la Fundación de la ciudad, allá por los tiempos de Felipe II, hasta mediado el siglo XX, es un relato absolutamente desmitificador de sucesos clave de la Historia latinoamericana.

Por otro lado, los años 60 son los años del boom. Mujica, en esta obra, arremete contra el boom de forma irónica y sutil. Decenas de personajes y situaciones extravagantes y excesivos, comenzando por sus propios nombres y acabando por sus tragicómicos destinos, recorren las casi 500 páginas del libro. Todo ello tapizado por el fino humor de Mujica, lo que no es obstáculo para algún que otro chascarrillo subido de tono.

Más allá de estas dos apreciaciones que se desprenden de forma más o menos clara de la lectura literal del libro, quisiera destacar la feroz crítica de Mujica, un autor al que tradicionalmente se ha considerado apolítico, hacia los hechos y procesos (y las visiones que de ellos nos han llegado) que jalonan la Historia de las repúblicas de América del Sur.

Ya los tiempos de la Conquista nos dan ligeras pistas. Trepas, advenedizos y muertos de hambre son los “Padres Fundadores” de la ciudad. La escasa épica y heroicidad y el abundante ridículo, superstición, ardid y casualidad marcarán esta y posteriores etapas.

Los Gobernadores de la época colonial no salen mejor parados. Esta es la parte más breve y, en mi opinión, más divertida del libro. Gobernadores de rimbombantes nombres protagonizan aventuras y desventuras de lo más absurdas. Igual suena a sacrilegio, pero esta parte me ha recordado a algunos sketch de los Monty Phyton (¡Monty Phyton y Mujica Lainez, vaya combo).

El siglo XIX (Independencia, conflictos posteriores, etc) tampoco sale bien parado. Altas esferas endogámicas, liberadores con ansias imperiales, sucesivos caudillos desubicados y destructores, líderes asesinados por celos e intrigas “palaciegas” con el fin de cambiarlo todo para que nada cambie, etc. No queda títere con cabeza. Nadie se salva: ni las clases altas (por dejadez) ni las clases bajas (por seguidismo) ni los indios ni el clero. Nadie.

Llegamos, finalmente, al siglo XX, época de líderes plenipotenciarios, de nuevas y no tan nuevas supercherías y supersticiones, de Perones y Evitas tan detestados por Mujica.

Decía al comienzo de la reseña que este me parece el más flojo de los libros de Mujica que he leído hasta ahora. En este sentido, lastran al libro el innecesario estiramiento y reiteración de algunas situaciones, un exceso de personajes que escasamente aportan algo al desarrollo de la trama, la pérdida del factor sorpresa de los primeros capítulos y la injusta pero inevitable tendencia a comparar cualquier libro de Mujica con sus obras "mayores".

Pero también tiene aspectos que lo hacen plenamente disfrutable. Ahí entrarían el ya conocido abrumador dominio del lenguaje por parte del autor, su humor sorprendentemente absurdo y surrealista (casi siempre fino y sutil, pero también con algún que otro brochazo más grueso porque uno puede ser muy snob pero hay algunos temas que siempre funcionan), y el tono desmitificador y crítico tanto para con la Historia y los propios historiadores como para con los próceres de la Patria, hasta el punto de ser una lectura sumamente interesante por su interpretación de las causas y azares que han podido llevar a Latinoamérica a su actual situación.

En fin, seguid atentos al blog porque volveremos a la carga con más Mujica Lainez. Continuará...

También de Mujica Lainez en ULAD: BomarzoEl escarabajoSergioUn novelista en el Museo del PradoEl viaje de los siete demoniosEl unicornio

martes, 4 de octubre de 2016

Manuel Mujica Lainez: Bomarzo

Idioma original: Español
Año de publicación: 1962
Valoración: Imprescindible

1962 fue un año capital en las letras argentinas por la publicación de dos obras absolutamente antagónicas pero fundamentales en la literatura hispanoamericana (y mundial, ¿por qué no?) de la segunda mitad del siglo XX: "Rayuela" y "Bomarzo".

Pese a ser dos obras importantísimas, el trato que han tenido una y otra ha sido totalmente diferente. No sé si por tratarse de una novela histórica, género que quizá se considere menor, por tratarse de una obra clásica en el fondo y en la forma o por considerar a Mujica Lainez un escritor difícil, pero tengo la sensación de que "Bomarzo" ha sido injustamente tratada y me atrevería a decir, incluso, que estamos ante una obra casi olvidada.

Pero dejo ya de irme por la ramas, como si fuera el barón rampante, y me centro en "Bomarzo".

Mujica Lainez se inspiró para escribirla en los jardines del castillo de los Orsini (también conocido como el parque de los monstruos), situados en Bomarzo, provincia de Viterbo, y que el autor visitó en el año 1958. Fue tan honda la impresión le causaron las desmesuradas esculturas talladas en la roca que, a su regreso de Italia, se dedicó en cuerpo y alma a la reconstrucción de la vida de su creador: Pier Francesco Orsini, duque de Bomarzo.

Es el propio duque quien nos narra su vida, que en la ficción trascurre entre 1510 y 1572. Una vida marcada por dos malformaciones, una joroba y una cojera en la pierna derecha, y unas relaciones con sus padres, hermanos y abuelos que contribuyen decisivamente a formar su personalidad, que se caracterizará por los celos, la cobardía, el egoísmo y la venganza, aunque en palabras del propio duque "siempre ansié delirantemente, hasta las lágrimas, que me amaran".

La narración abarca la totalidad de la vida del duque, desde sus recuerdos de infancia y adolescencia hasta su retiro, ya en la vejez, en la soledad más absoluta, pasando por sus matrimonios, hijos y demás familia. Todo ello, como ya hemos dicho, en pleno siglo XVI en Italia, en pleno Renacimiento. Por tanto, seguiremos las andanzas de Pier Francesco Orsini por ciudades reales y míticas al mismo tiempo como Roma, Florencia y Venecia, nos codearemos con ilustres apellidos como Farnese o Medicis, con personajes clave de la Historia de Europa como Carlos V, con artistas como Cellini, Tiziano, Miguel Angel o Cervantes, personajes como Paracelso, reviviremos la coronación como emperador de Carlos V o la batalla de Lepanto. Y todo esto aderezado con los principales ingredientes que contribuyeron a forjar la leyenda de ese período histórico: traiciones, asesinatos, guerras, libertinaje, magos, alquimistas, religiosidad, leyendas y creencias paganas. 

Lo que, en mi opinión, sitúa a "Bomarzo" en la cumbre de la novela histórica son varios aspectos: el estilo de Mujica Lainez, clásico y barroco, el impresionante trabajo de documentación que se intuye detrás de toda la novela o la erudición que demuestra sin resultar ni pedante ni abrumador. Todo ello logrando además una obra muy entretenida y bastante accesible a todos los públicos.

No desvelaré nada más. Es mejor sumergirse en "Bomarzo", admirar el cuadro que compone, que recuerda a esos trípticos flamencos cargado de escenas, personajes y alegorías, y dejarse llevar por los vaivenes de la historia y de la Historia.

P.S.: Idea, ya que no llegamos a tiempo para el 50º aniversario, para el 75º aniversario de Bomarzo: la publicación por algún osado editor osado de una edición acompañada con algunos de los múltiples cuadros, esculturas o planos de edificios y ciudades que se mencionan en la obra. 

miércoles, 11 de julio de 2018

Manuel Mujica Lainez: Sergio

Idioma original: Español
Año de publicación: 1976
Valoración: Muy recomendable

En este mundillo editorial de 2018, en el que las novedades se suceden a ritmo vertiginoso y en el que lo que hoy es el "libro de año" mañana será carne de librerías de saldo, resulta fácil de explicar y difícil de entender que la publicación, por primera vez en España, de una novela de Manuel Mujica Lainez haya pasado absolutamente desapercibida.

Ya comentamos en entradas anteriores dedicadas a obras de Manucho que, en nuestra opinión, estamos ante un autor injustamente olvidado. No ahondaremos en estériles discusiones acerca de los motivos de dicho olvido, sino que aportaremos nuestro minúsculo granito de arena para que Mujica  y sus libros puedan ser (re)descubiertos.

Este “Sergio” que hoy nos ocupa, inédito en España hasta 2018, podría ser considerada una obra “menor” dentro de la bibliografía de Mujica, siempre y cuando lo comparemos con obras de la magnitud y ambición de “Bomarzo”, “El escarabajo” o “El laberinto”, pero no por eso deja de ser sumamente interesante. Y lo es por varios motivos.

En primer lugar, se trata de un “rara avis” dentro de la obra de Mujica. Si por algo es aún recordado es por su ciclo de novelas histórico-fantásticas ("Bomarzo", "El laberinto", "El unicornio"…). Bien, este “Sergio” tiene un corte más realista, menos fantástico y está ambientado en la Argentina contemporánea. Ya simplemente por leer a un Mujica fuera de sus “registros habituales” merece mucho la pena. Eso sí, es un libro plenamente identificable con su autor y con las obsesiones de este.

Es, en segundo lugar, un libro valiente. Siempre se acusó a Mujica de ser un autor (y una persona) frívola, sofisticada en exceso y snob. Tras la lectura de “Sergio” me queda la impresión de que en esa actitud puede haber una importante dosis de pose. Lo digo porque la novela, publicada originalmente en 1976 (época más que convulsa en lo político en la Argentina), es una novela que trata abiertamente la temática homosexual. Por otro lado, hay un párrafo sorprendente, tanto por el momento político como por venir de un autor tradicionalmente al margen de estos asuntos. Es este:

“ Eran, como tantos y tantos muchachos, no solo de la Argentina, sino de América y del mundo entero, unos confundidos, unos descaminados, y por lo tanto tenían la ventaja (y eso los unía más) de compartir la certidumbre de que las cosas no podían continuar así en su pobre patria, saqueada y destruida por un puñado cuya aptitud se concretaba científicamente en el ocultismo, artísticamente en la danza y activamente en el desfalco, la malversación, el peculado, el contrabando, el pillaje y el soborno o cohecho o, por expresarlo de manera más transitada, la coima”.

Por último, se trata de una lectura en la que Mujica vuelve a dejar constancia de su magnífico manejo del lenguaje y de su vasto bagaje cultural sin caer en la pedantería, haciendo que la narración avance de forma más que fluida y entretenida para el lector.

Vale, pero... ¿de qué carajo va la novela? 

Pues "Sergio" es una novela acerca de la exploración de la propia identidad. Es, y ponedle todas la comillas que queráis, una novela de iniciación o de formación con toques de picaresca en la que se narra la infancia, adolescencia y primera juventud del bellísimo Sergio, un ser tímido, pudoroso e ingenuo. Esta belleza casi sobrenatural de la cual Sergio es apenas consciente despertará en los variopintos personajes con los que se va cruzando sentimientos tales como el deseo, la lascivia, la envidia, etc. Estos sentimientos, el propio rechazo de Sergio a su íntima verdad y su incapacidad para asumir decisiones definitivas harán que nazca en él una permanente necesidad de huida, que le llevará a un recorrido marcado por sucesivos reencuentros, azares y fatalidades. 

Es, como decía anteriormente, un libro perfectamente identificable con su autor, tanto por su estilo, siempre flirteando con el esteticismo y el decadentismo, como por los personajes generalmente mundanos y frívolos que pueblan la novela y por las obsesiones en ella presentes, encabezadas por la eterna fijación de Mujica por la belleza y sus efectos. Eso sí, este es un Mujica Lainez menos ambicioso y más ligero, más irónico, más gamberro y más grotesco. Pero absolutamente recomendable.

martes, 29 de octubre de 2019

Manuel Mujica Lainez: El brazalete y otros cuentos

Idioma original: español
Año de publicación: 1978
Valoración: recomendable

Deduzco del contenido de muchos comentarios una cierta unanimidad en cierta apreciación. Como con la música, uno de los placeres más disfrutados con la literatura es el descubrimiento. De novelas, de autores, de corrientes literarias a que éramos ajenos, cualquier cosa que venga a sorprendernos o a resquebrajar cierta rutina nos aporta enorme placer. Añadiría que esta satisfacción es más intensa cuando es el resultado de una indagación por iniciativa propia, pero eso ya es algo particular. Los consejos son bienvenidos, mal planteamiento sería el opuesto. 
En cualquier caso este libro no es una novedad, desde luego. Y si la copia de la portada que he obtenido vía web muestra ya el paso del tiempo, no os digo la que me he leído, que intentaré restaurar debidamente para hacérsela llegar a Koldo, completista oficial de Mujica Lainez, que espero que disculpe que tome la iniciativa de reseñar a uno de sus autores de cabecera.
Pues Koldo: tenés razón. Mujica Lainez es un escritor eficaz, chispeante, creativo, siempre al filo de ese surrealismo fantástico tan propio de cierta generación de autores argentinos, con Cortázar al frente, tan cuidadosos en las formas impecables como juguetones con los fondos de sus escritos. El brazalete y otros cuentos contiene una decena, apenas unas 120 páginas, de relatos con diversidad geográfica y temporal. Todos con su particularidad, con su detalle que los aleja de una narración convencional. Comprended que estos detalles formen parte de las sorpresas que cada cuento nos depara y no sea más específico. Pero aquí tenemos objetos como cuadros o brazaletes que toman poder, viajes en autobús que desafían el continuo espacio-tiempo, misteriosas familias en enclaves de vacaciones, viudas de pintores célebres con escasa visión comercial de lo artístico. Incluso algún detalle más cercano al cuento ligeramente anacrónico encaja en ese estilo elegante, comedido, más sibilino que abiertamente engañoso.
Puede que esta sea una obra menor, incluso una obra de escritor consagrado cumpliendo con una cita periódica con sus lectores. Parece, en todo caso, que Mujica Lainez fue un escritor eclipsado por otros genios con los que compartió generación. En cualquier caso, una mucho más que notable demostración de talento.

domingo, 20 de enero de 2019

Manuel Mujica Lainez: Un novelista en el Museo del Prado

Idioma original: Español
Año de publicación: 1984
Valoración: Recomendable

Este es el último libro escrito por Manuel Mujica Lainez y, aunque quizá esto sea un comentario ventajista, se nota. Lo digo en el sentido de que parece faltar la ambición de las grandes obras de su juventud y madurez y, en cambio, se percibe la impresión de que se trata más de un entretenimiento, divertimento o juego. Aunque, pensándolo fríamente, quizá sea esto otro comentario ventajista, sobre todo conociendo la afición del argentino por la Historia y las Artes.

En fin. El caso es que "Un novelista en el Museo del Prado" es una colección de doce relatos inspirados en personajes y/o obras exhibidas en la pinacoteca madrileña. Personajes de Goya, Tiziano, Velázquez, El Bosco, El Greco, Durero, Watteau, Patinir, etc, cual fantasmales presencia, cobrarán vida y protagonizarán una serie de escenas de tono levemente irónico y humorístico.

Así, personajes como los pecadores de "El carro de heno", los dioses del Olimpo, el Adán y Eva de Durero (los de la portada adjunta), reyes, princesas, enanos, contrahechos, borrachos (valga la redundancia), grandes de España, etc atravesarán galerías, salas y pasillos y vivirán historias entre lo profundo y lo grotesco, pero casi siempre con un carácter alegórico.

Porque, más allá de las habituales profusas y barrocas descripciones de Mujica, con las que en ocasiones parece no querer demostrar más que su erudición, los relatos tienen un sentido "oculto". En el fondo, estos tratan sobre temas como la sempiterna lucha entre el bien y el mal ("Los dos carros"), la identidad ("El llanto y los remedios"), el amor homosexual ("La Corona", con un bello final, por cierto), la hipocresía (el divertido "Amores", con los Caballeros de El Greco rompiendo con sus estrictas normas autoimpuestas), la belleza natural (en el también divertido "Elegancia") o la muerte (en el hermosísimo relato final "El Emperador).

En resumen, pese a ser, como ya he dicho, un libro mucho menos ambicioso que las grandes obras de Mujica, "Un novelista en el Museo del Prado" es un más que digno colofón a la obra de unos de los mejores "contadores de historias" de la literatura argentina de los últimos tiempos. En los relatos que lo componen, plagados de imaginación e ironía, volvemos a encontrar sus ya conocidas señas de identidad (lenguaje rico y extremadamente cuidado, detalladas descripciones, amor por la belleza y las artes, fino humor e ironía, etc) y esto será más que suficiente para que quienes hemos disfrutado de obras como Bomarzo, El Laberinto, etc, lo encontremos perfectamente recomendable.

Unos cuantos libros de Mujica Lainez en ULAD AQUÍ

P.S.: Amigo Gabriel: en breve habrá escritores argentinos menos aristocráticos por aquí. Prometido queda!

domingo, 6 de octubre de 2019

Manuel Mujica Lainez: El unicornio

Idioma original: castellano
Año de publicación: 1965
Valoración: Muy recomendable, casi imprescindible

Amigo Koldo:

En primer lugar, agradecerte que me hayas cedido esta entrada, precisamente tú que has hecho un exhaustivo y muy meritorio trabajo reseñando buena parte de la obra de este autor, que sin duda se cuenta entre nuestros favoritos (tuyo y también mío). Por cierto, no sé si alguna vez te has planteado por qué a este lado del Atlántico nos empeñamos en hacer volar la acentuación y sus tildes, convirtiendo a Mujica en un esdrújulo y mucho más euskérico Mújica. Vamos, igualito que insistimos en hacer Sábato a Sabato, por ejemplo. Pero en fin.

Qué curioso, esta bien nutrida novela (casi 400 páginas de letra más bien apretada) es, de punta a cabo, un largo y hermosísimo cuento de hadas, lo que desde luego casa muy bien con la época que retrata, a caballo entre la Alta y la Baja Edad Media. No solo un cuento de hadas, sino relatado además por un hada, protagonista tangencial y narradora implicada en la escena. Un hada, esta Melusina de Lusignan, con rasgos deliciosamente humanos, debilitada en sus poderes y dolorida porque su carácter enamoradizo se ve perjudicado por su forma inmaterial.

Espero que (cuando lo hayas leído, no sé si ya) coincidas conmigo en que el relato de Melusina en torno al encuentro con sus descendientes, el viejo caballero Ozil y el bello Aiol, acompañados por su extravagante cortejo, es como una inmersión en las aguas de la Laguna Azul de Grindavík: en cuanto el cuerpo se acostumbra a la temperatura y densidad del líquido, ya nada nos hará emerger del él, como no sea para añorar con más fuerza volver a su seno. Disculpa el lirismo excesivo, pero no puedo evitar que una prosa poderosa deje durante un tiempo impregnada la mía propia (luego se me pasa, no temas). 

Es que, tío, la prosa de Mujica es abrumadora, de una riqueza con pocos parentescos, de una belleza aplastante. Es como el reverso de la escritura quirúrgica de Di Benedetto: el barroquismo lo llena todo, como una primavera explosiva de léxico florido, oraciones subordinadas enroscadas unas en otras, desbordante en el detalle y en sus ramificaciones. Pero oye, lo principal, eficaz para contar la historia.

Acuérdate, o en su caso, toma nota: Melusina, tras ponernos en antecedentes sobre su origen, encuentra fortuitamente a los modernos Lusignan, y con ellos recorre las tierras interiores de Francia, conviven con el buen ermitaño Brandán, provocan (sin quererlo) la catástrofe en sus anfitriones de Castel-Rousillon, asisten a justas y torneos… Y entretanto tenemos noticia de los ecos de las Cruzadas y del ‘Rey leproso’, la vida en los castillos de los señores principales y las nuevas costumbres que se van introduciendo en esta etapa y que los viajeros (y el hada a la que ignoran pero que les acompaña) descubren a través de ciertos castellanos y, sobre todo, de sus esposas. A veces el relato se desliza hacia los libros de caballerías y evocamos pasajes del ciclo artúrico, y otras es la magia y el elemento fantástico el que predomina, creando con todo ello lo que podríamos llamar el ambiente medieval perfecto, con sus correspondientes dosis de magia, honor, violencia, espiritualidad, o grosería, según el momento.

Esto del ambiente medieval me lleva sin remedio a recordar otra obra, mucho más voluminosa que esta y bastante conocida en España, que no voy a citar por simple respeto, aunque ya fue reseñada (y contrarreseñada por mí) en este blog. El contraste es brutal, porque todo lo que en aquella resultaba fallido (estilo, personajes, aventuras, atmósfera) en El unicornio es exitoso, y casi da algo de lástima la comparación.

Bueno, y por no callarme nada, también confieso que tengo la sensación de que a nuestro admirado autor se le va un poco la mano. Como sabes, Mujica era un tipo de una erudición bárbara, en especial en el campo de la Historia, y todo el relato está impregnado de referencias a personajes y hechos reales. La parte final de la novela se desarrolla durante las Cruzadas (creo que es la Tercera) y por lo que poco que sé creo que sigue fielmente sus distintos episodios. Algunos de ellos están narrados de forma especialmente brillante (hace bastante que lo he leído por última vez y de ahí que no recuerde nombres ni lugares en concreto, ya los descubrirás si todavía no lo has hecho) y en general la lectura se hace interesante y no pierde la fina exuberancia que adorna todo el libro. Pero sí me parece que tal vez le pesa demasiado el escrúpulo de no transgredir los hechos históricos (o el deseo de exhibir sus conocimientos? ejem) y la ficción queda un poco arrinconada.

Tampoco me hagas demasiado caso. Ya sabes que siempre tengo que ponerle alguna gotita amarga incluso al libro más admirable. Y este lo es en mi opinión, uno de los libros que forman el muy pequeño grupo al que le doy el raro privilegio de la relectura, en definitiva, de esos que no se olvidan.

Ahora solo espero que no me montes una contrarreseña. Pero estoy casi seguro de que no.

Otras obras de Manuel Mujica Lainez en ULAD: Aquí

jueves, 29 de agosto de 2019

Manuel Mujica Lainez: El viaje de los siete demonios

Idioma original: Español
Año de publicación: 1974
Valoración: Recomendable

El Diablo se ha enfadado con los siete demonios que encarnan los pecados capitales porque considera que se han "acomodado", así que les encarga la nada sencilla tarea de tentar con el pecado que cada uno representa a siete personas de tiempos y lugares diferentes. Para ello, Lucifer, Mammón, Leviatán, Belcebú, Satanás, Asmodeo y Belfegor se habrán de servir de todas sus tretas y contarán con la ayuda de mágicos artilugios y fantásticas cabalgaduras. Estos son los ingredientes de un "Viaje de los siete demonios" que es buena muestra de la imaginación desbordada y desbordante de un Manucho algo más juguetón que de costumbre.

Así, desde un inicial Infierno descrito con la habitual minuciosidad e ironía del autor, emprenderemos viaje por lugares y épocas tan alejadas entre sí como la Francia de 1443, la Pompeya separada de la virtud y dominada por el anhelo de poder y el hambre de prebendas del año 79, el Pekín de "El último emperador", la Potosí mezcla de lujo arcaico y pobreza inconcebible de 1879, la Venecia de 1764, las Antillas de 1647 o la imaginaria ciudad siberiana de Bet-Bet del año 2273. En cada uno de estos escenarios, los siete demonios habrán de desplegar todas sus artes ("sucias" o no) y astucias para llevar a los "elegidos" por el mal camino, artes y astucias que servirán para que la imaginación del autor se dispare y dé rienda suelta a su gusto por pretéritos lujos y miserias en forma de piratas "del Caribe", meretrices y patricios, reyes y príncipes del XIX, tiranos delirantes y petulantes, nuevos ricos, monseñores lujuriosos, etc.

Más allá del aspecto meramente "histórico" y del ya conocido barroquismo del autor en sus descripciones de ambientes y personajes, quisiera destacar un par de aspectos de este "El viaje de los siete demonios". El primero sería el humor. Ya desde las comentadas primeras páginas en las que se describen los dominios del Maligno se advierten la ironía, la mala baba y la tendencia a lo grotesco que no desaparecerán en toda la narración. El segundo, y quizá más sorprendente, sería el aspecto político que claramente se percibe en los sucesivos relatos. Los más claros ejemplos los encontramos en las luchas intestinas que recorren relatos como el de las Antillas o el del Pekin de finales del XIX y la aparentemente perfecta y maravillosa la siberiana ciudad de Bet-Bet. Ya en "Sergio" encontrábamos algún apunte "político", pero en este libro se ve con mayor claridad.

Resumiendo: "El viaje de los siete demonios" es un catálogo de miserias humanas de ayer, de hoy y de siempre que, seguramente, podemos considerar como una obra menor dentro de la bibliografía de Mujica (no tanto por su valor literario como por su "aparente" falta de ambición y por su menor "profundización"), pero es un texto que no decepcionará a quienes hayan podido disfrutar de sus obras mayores. A mi, desde luego, me ha gustado.

miércoles, 25 de marzo de 2020

Reseña + Entrevista: Enero, de Sara Gallardo

Idioma original: Español
Año de publicación: 1958
Valoración: Muy recomendable

Siempre que se habla de “Mejores novelas escritas con menos de 30 años” aparece “El corazón es un cazador solitario” de Carson McCullers, que cuenta, a su vez, con una de las mejores primeras frases de novela. Pues bien, “Enero” fue publicada en 1958, cuando Sara Gallardo contaba con 26-27 años y cuenta también con una primera frase de una contundencia tal que constituye un llamado a la lectura inmediata de la novela.

“Hablan de la cosecha y no saben que para entonces y no habrá remedio –piensa Nefer-; todos los que están aquí, y muchos más, van a saberlo, y nadie dejará de hablar”

Con esta primera frase podemos adivinar la ubicación espacial de la novela (resulta curiosa la elección del campo como escenario tanto de Enero como de Eisejuaz, siendo Gallardo una autora bonaerense y siendo buena parte de la narrativa argentina de la segunda mitad del siglo XX eminentemente urbana), que Nefer será la absoluta protagonista de la novela, que algo se cierne sobre ella y que este algo, irremediable y oscuro, tendrá terribles consecuencias.

Pero Sara Gallardo juega con el lector y en la misma primera página desvela el misterio (el embarazo de Nefer, de apenas 16 años, producto de una violación). “Enero” pasa a ser una novela diferente a la que podía parecer y su centro se desplaza del misterio, de la violación, apenas dibujada, y del embarazo, al que apenas se hace referencia, a los efectos que estos dos últimos provocan en Nefer y en la comunidad que la rodea.

Es precisamente ese giro lo que confiere a las apenas 100 páginas de “Enero” una carga y una intensidad brutal. La elección de Nefer y de los sentimientos y pensamientos que la atraviesan como núcleo del relato permiten a Gallardo combinar inocencia y madurez, mezclar el lenguaje coloquial / popular de los diálogos con el lenguaje poético de las descripciones y transiciones (casi siempre con frases que son como latigazos en la espalda) y construir la novela en base a una serie de contraposiciones y contradicciones que la dotan de variadas capas y lecturas.

En cuanto a las capas que podemos encontrar en "Enero", podemos citar:

  • La contraposición entre espacios “abiertos” y “cerrados”: la casa y la iglesia como prisiones o como espacios asfixiantes frente a un campo de horizontes infinitos que ofrece una libertad apenas entrevista. Así, paisaje y clima ser convierten en otros personajes de la novela
  • Como también ocurriera en "Eisejuaz", la contraposición entre Iglesia y creencias “indígenas”. Frente a aquella, una sensación de inferioridad y temor; frente a estas, mayor proximidad y confianza.
  • La relación entre patronos y trabajadores de la estancia. La sumisión de estos a aquellos es total y no solo en el aspecto económico.
  • Los roles que juegan Doña María y Don Pedro, madre y padre de Nefer, y por extensión el resto de personajes masculinos y femeninos
Y en cuanto a las posibles lecturas, no excluyentes entre sí, que ofrecen las apenas cien páginas de “Enero”, se me ocurren las siguientes:
  • Novela de formación o novela sobre el fin de la inocencia.
  • Novela folletinesca, con su amor no correspondido, su embarazo no deseado, etc. En este sentido, podría ligarse en cierto modo a “Boquitas pintadas” y a su contraste brutal entre fondo y forma.
  • Novela social, con su lado de denuncia de la situación de la mujer en general y de la mujer pobre en particular y con su lado de crítica a una sociedad pacata y timorata que conduce a Nefer a un final terrible
Para no extenderme más, y tal y como he dicho al principio, “Enero” es una magnífica primera novela, breve, emocionante e intensa, aunque quizá ligeramente inferior a “Eisejuaz”, que me parece mucho más ambiciosa, arriesgada y atrevida (aunque también exigente para el lector) en el aspecto formal. Eso sí, no debemos olvidar la edad a la que “Enero” fue escrita.

También de Sara Gallardo en ULAD: Eisejuaz y Los galgos, los galgos

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En los comentarios a la reseña de Eisejuaz hizo su aparición (cosa que me hizo mucha ilusión) Paula Pico Estrada, responsable de la Editorial Winograd e hija de Sara Gallardo. Contactamos con ella vía Twitter y muy amablemente se presta a responder a nuestras preguntas. De nuevo, muchas gracias, Paula

Pese a sus escasas 100 páginas, creo que “Enero” puede ofrecer diversas lecturas no necesariamente excluyentes: novela romántica, folletín (no lo digo, ni mucho menos, en sentido peyorativo), denuncia social… ¿Con cuál te quedas tu?

Buena pregunta. Yo creo que es una novela realista social, pero sin un propósito extraliterario de denuncia. Es decir: explora mucho de los temas de las novelas sociales; en el caso de Enero podríamos hablar de la relación de poder entre las clases, entre los géneros, y entre la Iglesia y sus fieles. También podríamos hablar de las alianzas entre los poderosos, por ejemplo, entre la patrona, el violador y, de nuevo, la Iglesia. ¡Y la cuestión del aborto! Pero te puedo asegurar, también de modo extraliterario, que nada de eso pasó en términos teóricos por la cabeza de mi madre. A ella se le presentó u ocurrió una historia a partir del mundo social que conocía, y todo el resto es fruto de su sensibilidad, de su imaginación y de su amor a la lengua castellana. Es decir, de la necesidad inútil de escribir.

Solo he podido leer “Enero” y “Eisejuaz”, pero resulta curiosa la elección del campo como escenario de ambas novelas, teniendo en cuenta tanto su origen bonaerense como que la mayor parte de la narrativa argentina de la segunda mitad del siglo XX (al menos, la que llega a Europa) es fundamentalmente urbana. ¿A qué puede deberse?

Creo que a su origen social. Por el lado materno, mi madre pertenecía a una familia afrancesada y liberal; por el paterno a una familia hispanista y nacionalista. Ambas familias estaban vinculadas con las letras, la historia, el periodismo y ninguna era terrateniente. Son familias burguesas ilustradas urbanas. En ambas familias había una percepción de que la biografía personal y la historia de la Argentina se entretejían, pero esa percepción tomaba formas diferentes. Mi abuela materna tenía horror por el campo y por los animales y un enorme orgullo por su abuelo escritor (Miguel Cané) y su bisabuelo presidente y traductor de la Divina commedia (Bartolomé Mitre). Mi abuelo paterno, en cambio, tenía una visión nacionalista de cuyo imaginario formaba parte constitutiva el campo. De nuevo: no era una familia terrateniente. Cuando mi abuelo heredó a sus padres, se compró 300 hectáreas (para la Argentina de aquella época, nada de nada, un campito) en un bajo, porque al agua atraía a los pájaros. Le gustaba salir a caballo vestido de gaucho, rodeado de perros, y salir a caminar, rezando el rosario. Más allá de la ideología, su amor por la naturaleza era profundo, real y artístico, y mi madre se embebió de él.

Pregunta quizá ligada a lo anterior: El boom obvió a buena parte de los narradores que ofrecían una visión nada condescendiente de la realidad rural o indígena (Vamos, que en Europa preferíamos una visión edulcorada de la realidad). Si a eso le unimos el hecho de que fue un “movimiento” eminentemente masculino, la obra de Sara Gallardo parecía condenada de antemano. ¿Pueden haber sido esos los motivos de su olvido o puede haber algo más?

Es que hay algo que precede a su ausencia del grupo del boom, y esto es su ausencia de cualquier círculo literario en la Argentina. Yo creo que esos círculos son siempre políticos, de una u otra manera, y la idea que mi madre tenía de la literatura estaba completamente fuera de cualquier mundillo: concebía el valor del arte por el arte mismo. Ni se le ocurría pensar al arte como un producto superestructural de condiciones materiales: para ella existía el eidos platónico de la Belleza y su vocación era acercarse a él. Escribía en una soledad muy grande.
Por otro lado, no hay que minimizar el hecho de que fuera mujer, y, para colmo, muy hermosa y de clase media alta. Siempre existió (o ella lo sufrió) la idea de que era una señora que escribía para entretenerse y para entretener. Yo creo que sus pares no la leyeron, directamente. Excepto el adorable Manucho Mujica Lainez, de quien se hizo muy amiga a fines de los años 70.

Pese a ese olvido y haber transcurrido más de 60 años de la publicación de “Enero”, todavía quedamos lectores (y editores como Nicolás) que en 2020 descubrimos a Sara Gallardo y encontramos a una autora moderna y atemporal al mismo tiempo. ¿A qué crees que puede deberse esa conexión?

¡Ay, en cualquier momento me remito yo también al eidos platónico para contestarte! Porque, ¿qué es lo que vuelve clásica a una novela? Yo creo que hay cosas que son buenas independientemente del contexto; novelas que, en cada época en que las leas, te van a develar una perspectiva que parece actual sobre la naturaleza humana, donde vas a leer descripciones de la sociedad o del mundo natural que te los harán ver con ojos nuevos.

Tambien me llama la atención en “Enero” y “Eisejuaz” el contraste entre “lo culto y lo popular”, entre la experimentación formal o estilística (más en “Eisejuaz”) y el lenguaje popular o el lado “folletinesco”. Aquí tiro de “Las tres vanguardias: Saer, Puig y Walsh” de Ricardo Piglia y a su tesis sobre el uso del fondo y la forma en estos autores para preguntarte: ¿en qué espacio podríamos situar a Sara Gallardo?

¡Me mataste! No leí el ensayo y no te puedo contestar.

Entre la publicación de “Enero” y la publicación de “Eisejuaz” transcurren 13 años en los que se observa un gran salto en lo que a riesgo a nivel formal se refiere. Podríamos decir que “Enero” es una gran novela de juventud y “Eisejuaz” la gran novela de madurez de Sara Gallardo. De no haber sido por su temprano fallecimiento, ¿qué camino habría seguido su narrativa?

Lo que decís con respecto a Enero y Eisejuaz es exactamente así, son sus dos grandes novelas, y las dos que ella prefería. A Enero la siguieron dos novelas sociales más, Pantalones azules y Los galgos, los galgos. A Eisejuaz, dos libros de cuentos, El país del humo y La rosa en el viento, en los cuales priman la imaginación y la experimentación formal. Yo creo que estaba en una etapa de transición, y que si hubiera podido superar la depresión que tuvo en sus últimos años, que la tenía muy dispersa, se
hubiera volcado a una forma directa y sencilla de narrativa, al estilo de su ídolo Robert Louis Stevenson o de Herodoto. De hecho, esto te lo digo porque ella misma, en sus últimos años, me dijo “Hay que escribir como Herodoto”, a quien recién leía. (Recordemos que murió muy joven, al menos, joven para morir: a los 56 años).

Por ir terminando. Asistimos en los últimos años a la recuperación de la obra de Sara y otras autoras de su generación, al auge de nuevas narradoras argentinas y latinoamericanas como Mariana Enríquez, Samanta Schweblin, Mónica Ojeda, etc, pero seguro que continúan existiendo autoras olvidadas y/o ninguneadas. ¿Cuáles son, en tu opinión, los secretos mejor guardados de la literatura argentina y que no debemos dejar pasar bajo ningún concepto?

¡Uy! Me agarraste con las manos fuera de la masa. Leo casi exclusivamente en inglés, porque mi locura son los escritores ingleses de mediados del siglo XIX y la lista es infinita. Estoy con George Eliot ahora, después de haber pasado por un romance con Trollope, al que tengo que volver. En fin… Solo te puedo hablar de tres escritores argentinos que me han gustado muchísimo en los últimos tiempos y creo que los tres son muy buenos. Mariana Enríquez, a quien nombraste; Hugo Salas y Miguel Vitagliano. Pero repito que hay demasiados autores que no he leído y que quizás por eso no pueda nombrarlos. Volviendo a tu pregunta: no hay que dejar pasar ni a Salas ni a Vitagliano, eso por cierto. (A Enríquez tampoco, pero ya lo han dicho otros antes que yo.)

La última pregunta será puramente mitómana. En la contraportada de la edición de Malas Tierras de “Eisejuaz” aparece un texto de mi adorado Mujica Lainez en el que alaba de forma entusiasta la novela de Sara (me choca mucho porque parecen dos narradores absolutamente antagónicos en lo estilístico). ¿Pudiste conocer a Manucho? ¿Qué nos puedes contar de él?

¡Qué bueno que lo adores! ¡Era adorable! Él y su mujer, Ana de Alvear, fueron buenísimos con mi madre, que acababa de enviudar, se había mudado a la provincia argentina de Córdoba, a la localidad en la que él vivía (Cruz Chica) y andaba como bola sin manija, con dos hijos adolescentes y un niño de 5 ó 6 años. Manucho le ofreció una casita dentro de su propiedad, la integró a su vida social y familiar, leyó sus textos, se los comentó con cariño y con generosidad. Fue un gran, gran amigo y protector. Él es un autor argentino que quiero leer; tengo varias novelas suyas acumuladas en casa. Quizás con este nuevo raro mundo de aislamiento en que estamos viviendo logre ponerme al día.

viernes, 23 de junio de 2023

Raúl Quinto: Martinete del rey sombra

Idioma original: Español
Año de publicación: 2023
Valoración: Bastante recomendable

¿Qué hacer tras una primera novela como cierto éxito de crítica como La canción de NOF4? Supongo que esa pregunta rondaría por la cabeza de Raúl Quinto y quiero imaginar las dudas del autor sobre si alejarse de ella, repetir fórmula, etc. No debe ser fácil, la verdad.

El caso es que con Martinete del rey sombra consigue, en cierta forma, separarse de NOF4 sin romper con un estilo que hace del almeriense uno de los autores más personales del panorama actual.

Digo "en cierta forma" porque en un primer momento sí que parece que vamos a encontrarnos con un libro muy diferente a NOF4. Una temática que acerca a Quinto al Mister Witt en el Cantón, un estilo que semeja por momentos el Bomarzo de Mujica Lainez y unos capítulos iniciales con un comienzo cercano a lo teatral parecen indicar que el autor ha optado por alejarse de su primera obra.

Pero de lo que uno no puede escapar es de sus orígenes. En este caso, Quinto procede del mundo de la poesía y a medida que pasan los capítulos la prosa se hace más poética y lo que parecía que iba a ser una novela se convierte en un híbrido que camina entre la novela histórica, la crónica, la biografía novelada, el ensayo y el poema en prosa. Toma ya!!!

Y diréis... Vale, cachondo, pero ¿de qué va Martinete del rey sombra? Pues es la historia la Gran Redada, la detención masiva de gitanos con el fin de "purificar" la sociedad y de usarles como mano de obra esclava en los astilleros españoles en el convulso siglo XVIII. Para ello, el autor se mueve entre la realidad y la ficcionalización de esta, entre el lujo de la corte de Fernando VI y Bárbara de Braganza (con el Marqués de la Ensenada, Farinelli, etc) y la mugre y miseria de los sótanos y mazmorras, entre lo individual de los personajes de la realeza y lo colectivo e informe de los gitanos. Pero, en el fondo "Martinete del rey sombra" es una historia de locura, soledad y muerte y un recordatorio absolutamente vigente de cómo el poder actúa frente a la otredad. Todo ello, además, extrayendo belleza del horror a través de palabras que si por algo se caracterizan es por su plasticidad.

En fin, un texto que demuestra el nivel que atesora Raúl Quinto y que seguro que disfrutaréis si sois capaces de abstraernos de ideas preconcebidas sobre géneros y etiquetas. Un muy buen libro.

También de Raúl Quinto en ULAD: La canción de NOF4

sábado, 29 de febrero de 2020

Carlos Droguett: Todas esas muertes

Idioma original: Español
Año de publicación: 1971
Valoración: Entre está bien y recomendable

No solo de novedades y/o clásicos vive el lector, así que hoy traemos a este espacio un libro tan olvidado que está descatalogado, que no tiene ni una sola valoración en Goodreads (salvo la mía) y que no tiene apenas referencias en la red de redes. ¡Y eso que fue Premio Alfaguara allá por el año 1971!

Pero, antes de analizar si ese olvido es justo o no, expliquemos brevemente el argumento de la novela. O de la biografía novelada (aprox) porque "Todas esas muertes" es la novelización de la parte final de la vida de Emilio Dubois, un célebre asesino en serie de origen francés que cometió sus crímenes en las ciudades de Santiago y Valparaíso allá por los comienzos del siglo XX. Vamos, una versión seductora, elegante e intelectual del "Petiso orejudo" argentino, que quizá sea algo más conocido por estos lares.

Digo seductora porque Dubios, o el Dubois de Droguett, es un tipo atractivo para las mujeres, de quienes se sirve para cometer sus asesinatos; digo elegante porque Dubois es un tipo que cuida su aspecto (su larga blanca rubia, su vestimenta, etc); digo intelectual porque Dubois es perfectamente consciente de sus actos y de su destino pero trata de maquillarlos con una pátina mística y redentora. De hecho, Dubois se considera a sí mismo mitad Dios mitad artista del crimen ("no vivo de esto, vivo para esto", llega a compararse con Miguel Ángel o Rembrandt), conversa con Dios para hablarle de sus crímenes, para justificarlos, para expresarle sus dudas, etc. Al mismo tiempo, es un ser cínico hasta decir basta. En fin, recuerda mucho a los nihilistas rusos de finales del XIX y principios del XX, a postulados "nietzscheanos" mal entendidos, etc.

Es precisamente ese viaje por la mente entre perturbada y clarivedente de Dubois lo más destacable del libro. La elección de ese aspecto como núcleo del libro es clave, ofrece más recorrido que el que daría un mero centrarse en aspectos más sangrientos y permite al lector adentrarse en alucinados monólogos y diálogos en los que se desgrana la personalidad de Dubois.

En el lado negativo, además de la lectura previa de "Patas de perro", la cual puso el listón demasiado alto, la novela se ve afectada por un excesivo peso de la forma sobre el fondo. La prosa de Droguett es poética y barroca, y ojo que no digo esto como un reproche (yo, defensor a ultranza de gente como Mujica Lainez o Carpentier), pero lo es hasta el punto de entorpecer la narración. Así, eternas enumeraciones, digresiones infinitas, etc cortan la fluidez de la "acción". Da la impresión de que la "forma" no está al servicio del "fondo", aspecto para mí fundamental en la novela. En fin, un claro ejemplo de que no es lo mismo el ritmo de la prosa que el ritmo de la narración. Una pena, de verdad, porque Droguett escribe de maravilla y domina el lenguaje como pocos, pero no es de recibo que eso "se coma" a la "acción".

También de Carlos Droguett en ULAD: Patas de perro y Eloy

lunes, 19 de diciembre de 2016

ULAD: Lo mejor del 2016

Francesc Bon:
  • Libro del año: Pues para mí el libro del año ha sido Breve historia de siete asesinatos de Marlon James. No sé decir exactamente el motivo, pero al final me recuerdo acarreándolo, con su presencia imponente y su lomo amarillo, siguiendo andanzas de rastafaris y es una sensación demasiado imborrable. Quizás sea un libro cautivo de su componente visual, pero desde cuándo va a ser malo que una novela contemporánea te recuerde a una nueva temporada de The Wire. Con dos muy dignos contendientes: Manual para mujeres de la limpieza de Lucia Berlin y Satin Island de Tom McCarthy, cuya importancia aún no soy capaz de calibrar.
  • Sorpresón postrero: el festín de Xavi Ayén en La vuelta al mundo en 80 autores.
  • Porquerías: En un año globalmente positivo: el incomprensible apoyo a algo tan vacuo como Érase una vez el fin, de Pablo Rivero, o la esperada constatación del timo de La chica del tren 
  • Caerá en 2017: Cualquier Saer que se ponga en medio.
  • No tocar ni con un palo: Zanón, Pérez Andújar, y todos aquellos que quieren apropiarse de la literatura de barrio. Por mediocres y por cansinos.
  • Los comentarios me han hecho salivar para el 2017: Vollmann y, dicen, el Ray Pollock que viene.

Juan G. B.:

Carlos Andia:
  • Volumen imponente del añoEl capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty -algunas claves que deberíamos conocer.
  • La relectura del añoCoronación, de José Donoso -buenas sensaciones después de muchos años
  • Libro de Historia del añoContinente salvaje, de Keith Lowe -una etapa muy especial de la Historia de Europa
  • Una joya a la que tenía muchas ganasLocus Solus, de Raymond Roussel -atrévase usted.
  • Clásico rescatadoReivindicación del conde don Julián, de Juan Goytisolo -imprescindible con mayúsculas.
  • Obra de teatro del año: Calígula, de Albert Camus -todo intensidad
Y, si se me permite, porque obviamente es algo muy poco uladiano, pero muy especial para mi: 'Análisis de los fenómenos monetarios en España', de Florencio Salcedo -¡qué tío!


Koldo CF

Montuenga:
Santi:

Marc Peig:
  • Libro del año: El bar de las grandes esperanzas, de J.R. Moehringer
  • Autobiografía del año: Instrumental, de James Rhodes
  • Tocholibrohistórico del año: Las benévolas, de Jonathan Littell
  • Tochonovela del año: La broma infinita, de David Foster Wallace
  • Ensayo del año: Esto es agua, de David Foster Wallace
  • Clásico que debería haber leído antes: La piedad peligrosa o La impaciencia del corazón, de Stefan Zweig
  • Libro del que no debería ni haber pasado de la portada: En manos de las furias, de Lauren Groff
  • Decepción del año: Sueños de trenes, de Denis Johnson
  • No pasará un año más sin leer: La hoguera de las vanidades, de Tom Wolfe
  • Autor que debo recuperar porque lleva tiempo olvidado (injustamente): Haruki Murakami
  • Caerán más libros de: Stefan Zweig
  • Ganas de que llegue el 2017 para lo nuevo de: Siri Hustvedt, Paul Auster y  Karl Ove Knausgaard


domingo, 1 de marzo de 2026

ULAD al desnudo

Sí: le hemos pedido a cierta IA que nos generara una imagen con un pastel de cumpleaños. Hoy cumplimos diecisiete años de existencia efímera e insistencia estéril. Que leáis, cojones.

Nos ha regalado esta cursilada y hemos dicho OK. Así hacemos que se confíe, porque a partir de aquí seguiremos rebelándonos. 

Si es que ello aún es posible, este blog podría votar el año que viene, cumplidos los dieciocho. O sea, estamos en el último año de adolescencia virtual, y después ya responderemos de nuestros crímenes. Y nuestras aisladas reivindicaciones o asunciones de culpabilidad pasan por la autoadulación, aunque no tengamos estudios de medios ni informes ni posibilidad de medir fiablemente nuestro impacto, si seguimos desde este rincón será porque nadie nos ha silenciado o porque buscamos que alguien nos haga casito o porque alguno aún se quejaría si a las 12:00 hora local no apareciéramos con lo que nos ha apetecido - colectivamente - ese día.

Para celebrarlo, hoy nos gustaría compartir el contenido de las bibliotecas de nuestros colaboradores, y os rogamos (encarecidamente, como hay que rogar) a los lectores que hagáis lo mismo. 

Se trata de un sencillo ejercicio que  nos permitirá trazar una especie de perfil (que, convertido en metadatos, subastaremos al mejor postor) de la biblioteca tipo de nuestra comunidad. Olvidaos, por eso, de que empecemos a emitir videos por Instagram con ese truquito tan sumamente irritante de sostener estratégicamente el libro de manera que no se vea su portada. Nosotros, como siempre, muchos libros, de golpe, y a la cara.

Os pedimos:

Cinco autores más presentes en vuestra biblioteca personal y número de volúmenes que poseáis de cada uno.

Más una mención honorable (ese autor que os encanta pero no ha entrado en esa lista)

Más un placer culpable.

Estos son los nuestros, empezando por los de nuestros más recientes nuevos colaboradores, que todavía no habían sido sometidos al escrutinio público de exponer sus filias, fobias, vergüenzas y perversiones (las literarias, de momento).

Alain:

Primer puesto, con aprox. 30 libros (entre español y japonés): Yukio Mishima. Siempre hago la broma de llamarle ‘mi ultranacionalista favorito’, pero como están las cosas, ya no me hace tanta gracia. Lo que es innegable es su gran talento.

Segundo puesto, con aprox. 25 libros (entre español y japonés): Kenzaburo Öe. La contraparte. Afín al comunismo en algún momento de su vida, antibelicista y antiimperialista. 

Tercer puesto, con 20 libros (entre inglés y español, novelas, cuentos y poesía): Charles Bukowski. Nada que ver con lo anterior. Hilarante.

Mención honorífica (no las cuento como obras independientes, pero en cantidad de libros físicos, demasiados): Asano Inio. Autor de obras maestras del cómic japonés como Oyasumi Punpun. Su más reciente manga, Mujina, está genial.

Gusto culposo (aunque en realidad no). Para toda la comunidad lectora ‘hardcore’ será como decir una blasfemia, pero tengo más de 130 títulos en mi librería de Audible.

José Miguel:

En general, no soy muy completista, por lo que no tengo la necesidad de comprar todo lo que ha publicado determinado autor, por mucho q me guste. Prefiero diversificar autores, aún así consultando la base de datos, sí que acumulo títulos de determinados autores, allá van:

- En primer lugar, con 15 títulos: Gabriel García Márquez ( unos títulos mejor q otros, pero gran literatura).

- En segundo lugar con 11 títulos: Stefan Zweig ( en realidad tengo 4, pero es q solo el volumen de Novelas ya tiene 11 novelas dentro).

- En tercer lugar con 8 titulos: José Saramago (no necesita mayor explicación).

- En cuarto lugar con 7 títulos: Fiodor Dostoyevski ( idem que el anterior).

- En quinto lugar con 7 títulos: Franz Kafka ( una pena q no escribiera más y, sobre todo, q no concluyera lo poco q escribió).

- Menciones honoríficas, no llego a tener tantos títulos: Sandor Marai, Irene Nemirovski, Leonardo Padura, los rusos ( Tolstoi, Chejov, Gogol, Goncharov, Pushkin).

 Félix:

Como José, aunque por otras circunstancias más económicas, tampoco he podido completar a mis escritores preferidos, y recién el año pasado me pude permitir comprar mis propios libros. Así que es una mezcla de la biblioteca de mi familia y la mía 

* Osvaldo Soriano, 13 títulos: un bestseller que aunaba entretenimiento y profundidad como pocos 

* J.M Coetzee, 9 títulos: un gran escritor

* Charles Bukowski, 9 títulos: no es una preferencia, pero me gusta bastante 

* Haruki Murakami, 8 títulos: en principio, me gustaba mucho, luego, como dice uno de sus personajes, ni me gusta ni me disgusta 

* John Steinbeck, 8 títulos: este sí una de las maravillas de la literatura 

Otros de los cuales tengo varios y/o me marcaron: Tolkien, Rowling, Asimov, Kristof, Sabato, Oé, Pamuk, Faverón Patriau, Barth, Foster Wallace 

Gusto (medio) culposo: una tendencia pronunciada a (re)leer libros de entrevistas para encontrar un faro y fantasía juvenil para no olvidar el asombro y la inocencia (quiero decir la buena, no la que es una excusa para el romance tóxico)

 Juan G.B.:

-Primer puesto, con 15 títulos: Leonardo Sciascia (os pensábais que iba a poner Megan Maxwell, no lo neguéis).

-Segundo puesto, con 12 libros cada una: Donna Leon (puedo explicarlo... más o menos), Fred Vargas y Eduardo Mendoza.

-Tercer puesto, con 6 títulos (pero porque se murió antes de escribir más): Bruce Chatwin.

Mi mención honoraria sería tanto para Ítalo Calvino como para Andrea Camilleri, leídos sobre todo de la biblioteca pública, aunque tengo cinco de cada.

Mi placer culpable:  Pues, ahora en serio, las novelas de Megan Max... Nooooo! Los fumetti de Dylan Dog, que también tengo unos cuantos.

 Francesc:

-Roberto Bolaño (incluyendo algún libro sobre su obra) 19

-David Foster Wallace (ídem) 18

-Michel Houellebecq (otro ídem) 11

-Riszard Kapuscinski, Thomas Pynchon - 10

Mención honoraria: Jonathan Franzen -porque sólo publica tochos cada década o así

Placer culpable: Javier Cercas - aunque sea para ponerle verde tras su sofocón monárquico.

 Koldo:

Números aproximados por el desorden que uno tiene. Allá va:

- Primer puesto, con unos 15 títulos: Patrick Modiano (hubo un tiempo preULAD en el que leí como un puto loco todo lo que publicaba).

-Segundo puesto (comparten por lo tanto medalla de plata), con unos títulos cada uno: Michel Houellebecq y Ramiro Pinilla.

-Cuarto puesto, con 10 títulos: Yukio Mishima.

-Quinto puesto, con 8-9 títulos: Atxaga, Mujica Lainez, García Márquez, Mariana Enríquez...

Mención honoraria: Yugoslavos o exyugoslavos raros (Danilo Kis, Aleksandr Tisma, Ivo Andric, Semezdin Mehmedinovic, Predrag Matvejevic, Slavenka Drakulic y compañía) y autoras argentinas (Mariana Enriquez, Silvina Ocampo, Sara Gallardo, etc)

Mi placer culpable:  Los libros de viajes polares. 

 Carlos

Dadas las siguientes condiciones: 1) Un grado de desorden no aceptable para un letraherido; 2) Exagerada tendencia a la diversidad; y 3) Uso frecuente, quizá abusivo, de las bibliotecas públicas; mis números, obtenidos de vistazo superficial a la estantería, quedan claramente lejos de mis ilustres compañeros y dejan un podio así de multitudinario, y que buen esfuerzo me cuesta componer:

- Oro: con unos cinco títulos, quizá alguno más, tendríamos a Juan Benet, Cela (no por afición, sino por aluvión), García Márquez, Torrente Ballester y Valle Inclán

- Plata: con alguno menos, digamos cuatro aunque podrían ser más, Bernardo Atxaga, Borges, Cortázar, Eco, Joyce, Kafka, Sartre, Unamuno, por ahí andan

- Bronce: se lo daríamos a algunos pensadores políticos que hoy en día es mejor no nombrar, y que descansan en cajas en algún altillo

Mención especial a algunos de mis favoritos a quienes no he tenido la elegancia de dejar demasiados derechos de autor, ni a ellos ni a sus descendientes, diríamos Baroja o Juan Goytisolo.

¿Placer culpable? Casi todos lo son, pero a nivel lector admitiría dos: cierto gusto por rarezas, especialmente del siglo XX, y una manga ancha injustificable para tolerar algún mainstream, pero muy de cuando en cuando, las neuronas descansan un poco y después se critica muy a gusto.

Marc:

Bueno, pues creo que mi lista no sorprenderá a nadie, pero ahí voy:
  • Primer lugar: Paul Auster, del que he leido la friolera de 22 libros y al que voy a echar de menos toda mi vida. Por suerte, hay cierta continuidad en el legado, pues:
  • Segundo lugar: Siri Hustvedt, con 16 libros. Mi admirada Siri, siempre entre mis favoritas.
  • Tercero, y dedicado a Juan: Haruki Murakami, con 15 libros. El eterno candidato al Nobel al que creo que ya se ha pasado el sushi. Pero ahí está y ahí están mis buenos ratos con las leturas de sus libros.
  • Cuarto puesto: Stefan Zweig, con 9 libros. ¡Y los que me faltan!
  • Quinto puesto: Annie Ernaux, con 8 libros. Pocos son para una premio Nobel.
  • Mención honoraria a mis amados escritores nórdicos, ¿cómo entenderíamos la oscuridad de la vida sin sus libros?
  • Placer culpable: la verdad es que pocos, aunque en el pasado mucha novela policíaca llena de clichés como las novelas de Baldacci.
Oriol:

Aunque siempre he sido un fetichista del libro físico, durante años prioricé la lectura de documentos sacados de bibliotecas públicas a la compra de ejemplares propios (ya sean de primera o segunda mano). En cualquier caso, ahora que mi colección literaria va tomando forma, puedo decir que:

Los autores más sobrerrepresentados son:
  • Stephen King (25 títulos).
  • Patricia Highsmith (22 títulos).
  • Clive Barker (15 títulos).
  • Alberto Moravia (13 títulos).
  • H. P. Lovecraft (12 títulos).
  • (No cuento el número de tomos de manga, ya que Masashi Kishimoto y Eiichiro Oda se alzarían con una aplastante victoria gracias a mi obsesión juvenil por Naruto y One Piece.)
Mención honorífica: El año pasado habría dicho que lamentaba no tener en mi biblioteca personal mi novela favorita, la magistral Memorias del subsuelo de Fiódor M. Dostoievski, pero como me la regalaron hace poco, voy a sentir el no tener más libros de tapa dura de la editorial Valdemar.

Placer culpable (por llamarlo de algún modo, ya que me parece bastante estúpido avergonzarse de según qué gustos, por más que muchas personas, presuntamente serias, no sean capaces de entenderlos): "Baja" literatura ("pulp" y bolsilibros, géneros "menores" como el terror, el policíaco, el "western", etc...) y literatura sórdida (ya sea por oscura, perversa, decadente, fetichista o todo lo anterior a la vez).  
 
Santi:
Como tengo mi biblioteca dividida entre Bilbao y Lisboa, entre libros físicos y digitales, no voy a conseguir dar números exactos, y tampoco voy a poder comprobar mis recuerdos o impresiones; en todo caso, así de memoria, diría que estos son los autores de los que tengo más libros:
  • Ramiro Pinilla
  • Julio Cortázar 
  • Andrea Camilleri 
  • Stephen King 
  • Agatha Christie
La mención honorífica es para Terry Pratchett, un autor del que he leído un buen montón de libros, pero de quien poseo muy pocos, porque mi práctica es leer sus novelas mientras viajo, y "liberarlas" cuando las termino.
 
Placeres culpables no tengo muchos, porque asumo sin culpa todos mis placeres lectores, aunque de vez en cuando me doy el gusto de comprar una novela policiaca baratucha y llena de clichés para descansar las neuronas.

En fin:
 
Es muy posible que, si los autores más mencionados no encajan en nuestro alcance habitual (difícil, con más de seis mil reseñas, pero vaaamos) nos decidamos a prestar atención a alguno de ellos. Pero no prometemos nada.