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jueves, 13 de diciembre de 2018

Neil Gaiman: Mitos nórdicos

Idioma original: inglés
Título original: Norse Mythology
Año de publicación: 2017
Traducción: Claudia Conde
Valoración: recomendable


Vale, que sí, que todos hemos leído los cómics de Thor y/o visto sus pelis y las de los Vengadores. Que incluso hemos seguido la serie de Vikingos o aquella otra película basada en un libro de Michael Crichton, El guerrero número trece. Algunos  hemos leído American Gods y otros visto la serie de televisión... y hasta, yo qué sé, hay quien puede recordar a Thorvald el Rojo, el vikingo de los dibujos de Fanboy & Chum Chum... En fin que casi todo el mundo tiene claro quienes son Thor, Odín, e incluso el malandrín de Loki. Otra cosa es saber quién era Tyr, o Frigg o Heimdall, el guardián. O el hermoso Balder, por no decir toda la pléyade de gigantes, enanos, elfos y criaturas fantásticas (y hasta algún que otro humano) que abundan en la mitología nórdica. Pues bien, para aquellos lectores interesados en conocer los entresijos de su mundo mítico-religioso de una manera no sólo amena, sino francamente divertida, el bueno de Neil Gaiman ha escrito este libro, en el que cuenta, con sus indudables y excelentes dotes de narrador, aquellas leyendas y creencias que se conservan de las que tenían los pueblos escandinavos (y germánicos, aunque con cambios en la nomenclatura) sobre sus dioses.

Gaiman explica en el prólogo que ha escrito esta compilación de mitología nórdica influido y como homenaje a libros como Myths of the Norsemen, de Roger Lancelyn Green, uno de los  favoritos de su infancia, y por supuesto, a las Eddas (la poética o mayor y la de Snorri Sturluson). Sólo que este autor lo hace a su manera, con la facilidad de enganchar al lector y un cierto sentido del humor incluso en los momentos más truculentos, que le caracteriza. De esta forma, nos guía en "un viaje desde el hielo y el fuego del origen del universo hasta el fuego y el hielo del fin del mundo"; es decir, desde la creación de los nueve mundos y de los dioses a partir de Ymir, el ancestro de todos los gigantes, hasta el Ragnarok o batalla final, el ocaso de los dioses, que supone el fin del mundo habitado por éstos. Entre tanto, vemos como se sacrificó Odín, dios de los condenados -entre muchas otras cosas- colgándose del árbol Yggdrasil y cómo adquirió la sabiduría a cambio de uno de sus ojos. Vemos cómo los dioses consiguieron sus tesoros, como el martillo de Thor, el fabuloso Mjollnir, engañado a los elfos oscuros o enanos; cómo los dioses capturaron con engaños al lobo Fenrir, hijo de Loki, que ha de devorar el sol en el Ragnarok, cómo consiguieron construir la muralla alrededor de Asgard -también con un engaño, cómo no- o evitaron la boda de la bella Freya con Thrym, señor de los ogros... adivinad cómo.

Porque, aparte de actividades tan lúdicas como comer, beber y pelear (lo de fornicar no se explicita en el libro, pero no hace falta más que leer entre líneas), los dioses y los demás habitantes de los nueve mundos se dedican, más que nada, a engañarse unos a otros: los dioses a los enanos, los gigantes a los dioses, los dioses a los gigante, los dioses entre sí... Prácticamente en todas las historias hay alguna treta poco ética aunque bastante divertida, con travestismo y sexo inter species incluídas... (en fin, uno no deja de pensar que, pese a la excelente fama de probidad y buen hacer de la que gozan hoy en día los escandinavos, sus antepasados debían ser más pillos que cualquier mediterráneo ducho en el mercadeo y la zorrería).

Un libro, ya digo, recomendable para cualquiera que esté interesado en las leyendas y religión de estos pueblos antiguos o incluso en conocer la raíz de obras de ficción, como alguna ya mencionada de Gaiman o El hobbit y El señor de los anillos, que beben, sin duda, y en gran medida, de estos mitos nórdicos.


Otros títulos de Neil Gaiman reseñados en Un Libro Al Día: El océano al final de la carreteraAmerican GodsObjetos frágilesEl libro del cementerioEl cementerio sin lápidas y otras historias negras, Coraline 

viernes, 28 de marzo de 2014

Neil Gaiman: El océano al final de la carretera

Idioma original: inglés
Título original: The Ocean at the End of the Lane
Año de publicación: 2013
Valoración: recomendable

Los aficionados a Neil Gaiman saben que el género rey de su obra (tanto en los guiones de cómics, como en las novelas y los cuentos) es la fantasía, y es también este género el que desarrolla en El océano al final de la carretera, su última novela (que en principio iba a ser un relato dedicado a su mujer) hasta la fecha.

En esta obra, Gaiman nos presenta a un hombre adulto que regresa al lugar en el que vivió cuando tenía siete años. A pesar de que apenas recuerda nada de su infancia, nada más llegar al sitio en el que estaba la que entonces era su casa (y que ya no existe, porque en dicho emplazamiento se levantan ahora casas adosadas), encuentra a una anciana, a quien reconoce como la abuela de Lettie Hempstock, la niña que vivía al final de la carretera, que aseguraba que tenía un océano donde él sólo veía un estanque y que fue algo más que su amiga.

Y digo que fue algo más porque la niña no sólo compartió con él juegos infantiles (algunos de los cuales tuvieron lugar en otro mundo y no eran en absoluto infantiles), sino porque le sirvió de refugio cuando las cosas se pusieron feas (cuando un hombre le robó el coche a su padre y se suicidó en el asiento trasero, cuando Ursula Monkton –que parecía humana y no lo era– llegó a su casa o cuando fue atacado por las alimañas, por ejemplo), porque le mostró muchos de los secretos que encierra este mundo (y el mundo al que sólo ella podía llevarlo) y porque le enseñó que nada (ni siquiera la gente que nos rodea o nuestros seres queridos) es nunca lo que parece a simple vista.

Pero, si Lettie y su familia fueron tan importantes en su vida, ¿cómo es posible que no haya recordado nada de lo ocurrido hasta ahora, que ha llegado al lugar en el que comenzó todo? La respuesta a esa pregunta se encuentra en las páginas de este libro, así que no diré más al respecto.

Pero sí diré que El océano al final de la carretera es un libro que merece la pena ser leído, porque nos cuenta una historia tan aterradora como dulce (lo habitual en Gaiman), porque muestra con gran verosimilitud cómo los hechos vividos durante la infancia marcan nuestra vida de forma indeleble, aunque no los recordemos, y porque, de la mano de su pequeño protagonista, toda persona que empiece a leer este libro se va a volver a sentir, otra vez, como el niño que un día fue. Con todo lo bueno y todo lo malo que eso conlleva.

También de Neil Gaiman: El libro del cementerioObjetos frágilesEl cementerio sin lápidasAmerican Gods, Coraline

domingo, 23 de septiembre de 2018

Neil Gaiman: American Gods


Idioma original: inglés
Título original: American Gods
Año de publicación: 2001; edición (ampliada) del X aniversario: 2011
Traducción: Mónica Faerna 
Valoración: muy recomendable 


Los dioses perecen si los mortales no les adoramos: ésta es la premisa que atraviesa toda esta novela de Neil Gaiman. Es más, los dioses no existirían si los humanos no los hubiésemos creado y sólo existen en la medida que creemos en ellos, como cualquier otra criatura de ficción (incluso, añado, los dioses del monoteísmo, si es que no son el mismo, que han tenido tanto éxito en los últimos siglos. Que vayan tomando nota...).

Los dioses, pues, viven y mueren entre nosotros. pero, al parecer, lo tienen un poco más difícil en los Estados Unidos de América, un país singularmente refractario a los dioses antiguos, que deben sobrevivir allí como timadores, taxistas, funerarios o prostitutas... Este es el mundo extraño y clandestino en el que se ve introducido Sombra (¿a qué se debe la traducción de Shadow, pregunto yo? ¿Y ya puestos, a qué se debe la no traducción del título de la novela?), un tipo que acaba de salir de la cárcel, cuando empieza a trabajar para el señor Wednesday -en este caso, la no traducción por "Miércoles" sí que tiene explicación-, un enigmático individuo que conoce en el vuelo de vuelta a casa. Y se ve metido de lleno también en los prolegómenos de una guerra secreta, casi al estilo mafioso, entre los viejos dioses y los nuevos.

Una guerra que transcurre entre moteles cutres, gasolineras y restaurantes de carretera, en esos lugares sagrados -o antisagrados- que son los insólitas atracciones de todo tipo que abundan por toda la "América profunda", puesto que, de hecho, casi toda la novela transcurre en el Medio Oeste o el Sur rural de EEUU, lejos de las grandes ciudades. Porque American Gods es en gran medida -aunque no sólo-, una road-novel, con Wednesday y Sombra a modo de Quijote y Sancho contemporáneos -es más, al igual que en la novela de Cervantes, encontramos varios desvíos de la ruta principal, historias dentro de la historia, en ésta de Gaiman-; es también, según confiesa él en el prólogo, la novela que escribió el autor de Coraline, para ser capaz de adaptarse, comprender y asumir Estados Unidos, país al que acababa de mudarse y que necesitaba hacer suyo, de alguna manera. Y es cierto que esto, en gran medida (o en toda la medida) es American Gods: la trasposición o trasplante del "universo Gaiman" a los Estados Unidos de América. Más aún cuanto que en esta novela tiene también un protagonismo fundamental tanto lo ultraterreno  como el reverso onírico de la realidad; hasta donde yo lo conozco, la huella de The Sandman se deja ver aquí de forma evidente.

No es ésta, naturalmente, ni la única ni la primera obra de ficción en la que, bajo la capa de unauna aparente realidad (casi cabría hablar de "realismo sucio") se esconde un mundo fantástico, sobrenatural; a día de hoy, estamos hartos de novelas, cómics o películas que nos revelan la existencia secreta, entre nosotros, de redes o sociedades extraterrestres, de vampiros, licántropos o lo que sea... pero cuando se publicó American Gods, este recurso no era tan frecuente: estaban, sí, las novelas de Anne Rice, los cómics de la editorial Vertigo (justamente), los Men in Black... pero aún así, la idea de transferir los mitos de las religiones paganas, ya fueran nórdicas, celtas o eslavas- a la Norteamérica contemporánea no podía sino generar una gran repercusión.

Por supuesto, no es una novela perfecta -sí, creo yo, en lo estilístico-: funciona mejor, en mi opinión, cuando se mueve en una atmósfera más oscura, incluso críptica, y peor en los momento más coloristas, casi carnavalescos, que los hay... Lo mismo se puede decir de algún que otro toque algo edulcorado. Y en cuanto al protagonista, Sombra, cierto es que resulta imposible no simpatizar con él desde un principio hasta el final, pero también que es un personaje que, desde ese primer momento hasta el término de la historia (si es que termina), no parece cambiar ni evolucionar apenas, pese a las extraordinarias experiencias -imposible que sean más extraordinarias, además- que le suceden.

Ahora bien, que esta aventura narrativa no haya alcanzado una supuesta "perfección" no es óbice, ni mucho menos, para recomendarla; es más, casi siempre rs en la imperfección donde reside el mayor interés de las cosas e incluso el máximo deleite. Que se lo digan, si no, a los viejos dioses, que de perfectos, precisamente tenían bien poco... Y ahí está la gracia.


Nota para interesados (si es que los hay): perdón por soltar el rollo de cómo es que me decidí a leer este libro, etc..., pero quiero aclarar que no tiene nada que ver con la serie de televisión, a la que corresponde esta sugerente imagen (y que no he visto) y sí con mi interés en leerlo antes de Mitos nórdicos, del mismo autor... Coming soon in Un Libro Al Día ; )


martes, 6 de agosto de 2019

Terry Pratchett & Neil Gaiman: Good Omens - Buenos presagios

Idioma original: inglés
Título original: Good Omens
Año de publicación: 1990
Traducción: María Ferrer
Valoración: Bastante recomendable, sin duda

El Fin del Mundo fue un día de verano a finales del siglo pasado y comenzó en un villorrio de Inglaterra, cerca de Oxford, ¿no lo sabíais? La verdad es que a todo el género humano le pilló por sorpresa, a pesar de que lo que iba a ocurrir estaba detallado con pelos y señales en un libro de título Las Buenas y Acertadas profecías de Agnes la Chalada, escrito por la misma... En fin, que aún así, no se pudo hacer nada para evitarlo... o quizá sí (hay que leer este libro para saberlo), porque el ángel y el demonio que estaban por entonces de retén en Inglaterra,Afirafel y Crowley, no parecían muy contentos con la decisión de declarar el Armagedón, el Apocalipsis y toda la pesca... de hecho, se encontraban bastante a gusto en este nuestro planeta, entre los humanos, esos dos. Lástima que para evitar el desastre tuvieran que localizar al Anticristo, y el Anticristo, ejem... se les había extraviado. Cosas que pasan.

Como podéis ver, honrando la acendrada tradición de un Libro Al Día de reseñar libros que se han convertido en exitosas series de televisión (es broma, en realidad, las solemos reseñar bastante antes, merced a nuestro excelente ojo para estas cosas), aquí tenemos hoy Good Omens, publicado en su momento, hace casi treinta años, como Buenos presagios en España (aunque en las últimas reediciones y debido, precisamente, a la mencionada serie, ha conservado su título en inglés (*)), que supuso una celebrada y descacharrante colaboración de los que , ya en su momento, pero sobre todo a partir de ahí, se convertirían , junto a Alan Moore, en los grandes de la fantasía británica de nuestra época: el prolífico Neil Gaiman Terry Pratchett (hace no mucho fallecido). Dos tipos que sin duda se lo pasaron en grande imaginando esta historia llena de humor, ángeles, demonios y anticristos. pero también brujas y cazabrujas, jinetes apocalípticos, moteros, médiums BDSM, monjas satánicas, militares americanos, teleoperadores, extraterrestres y tibetanos, entre otros ingredientes. Todo aderezado con la música de Queen.

Porque, eso sí, la novela es un poco ochentera/noventera y algunas de sus referencias (aunque no la de Queen, eso seguro) puede que no las pillen del todo las nuevas generaciones de lecctores... ¿cómo explicarles, por ejemplo, a los chavales de hoy, que la posibilidad de un apocalipsis de verdad, provocado por una guerra termonuclear, era algo que teníamos bastante presente en aquellos felices años en que aún coleaba la Guerra Fría? de todos modos, es el único pero que se le puede poner a una novela estupenda y muy divertida, que puede hacer las delicias de cualquiera que se plantee pasar un buen rato entre sus páginas. Novela, además que muy posiblemente esté en el germen de otros títulos y sagas aún más exitosos; no me extrañaría nada que J. K. Rowling hubiese escrito sus Harry Potter bajo el influjo de estos Buenos presagios (de la misma forma que en esta novela se deja notar, aunque en otro tono, la influencia de los cómics de John Constantine... (que aparecía, además, en los cómics de la serie Los libros de la magia, guionizados por Gaiman, y cuyo protagonista, el joven mago Timothy Hunter parece ser un antecedente claro de... Harry Potter). En fin, todo esto da lo mismo: lo importante es que si queréis parar un buen rato, incluso tronchante a veces,no dudéis de leer esta novela... o ver la serie, o ambas cosas. No vaya a ser que empiece otra vez el Apocalipsis y no nos dé tiempo ; )

(*) Por cierto, que un grupo religiosos norteamericano, al parecer, se ha dedicado a recoger miles de firmas para solicitarle a Netflix que retire esta serie por su contenido blasfemo. Están en su derecho, así que nada que objetar, por supuesto, excepto que la serie ha sido producida por Amazon...




Otros títulos de Terry Pratchett reseñados en Un Libro Al Día: El color de la magia

martes, 13 de enero de 2015

Neil Gaiman: Objetos frágiles

 Idioma original: inglés
Título original: Fragile Things
Fecha de publicación: 2006
Traducción: Mónica Faerna
Valoración: está bien

Neil Gaiman es sobre todo conocido por su trabajo como guionista de cómics y, en los últimos años, como novelista. Sin embargo, lo que hoy reseño aquí no es ni una cosa ni la otra, sino un libro de relatos en los que el autor inglés nos ofrece una muestra más de su trabajo como escritor de fantasía.

En estos treinta y un relatos (algunos de los cuales están escritos en verso) vemos a los meses del año contando historias, a Sherlock Holmes intentando resolver un caso de asesinato, a los miembros de un club gastronómico que consiguen degustar el pájaro del Sol, una lista de "chicas extrañas"... y otros muchos personajes tanto o más interesantes que conforman el universo fantástico que puebla la mente del autor británico y en el que podemos volver a encontrar esa mezcla de horror, tristeza, fantasía y humor negro que lo caracteriza.

Y sí, el libro está bien, pero no me ha parecido que sea de lo mejor de Gaiman. Considero algunos relatos buenísimos ("Hora de cierre" es fabuloso), pero hay otros que no están a su altura, por lo que el conjunto final resulta no tener toda la calidad que podíamos esperar. 

A pesar de ello, no se puede decir que el libro no sea bueno. Aunque haya algunos relatos que no me maravillen, creo que merece la pena darle una oportunidad a esta obra. Como digo, hay cuentos que son realmente buenos y con los que cualquier lector puede disfrutar.

sábado, 22 de febrero de 2014

Neil Gaiman: El libro del cementerio

Ilustraciones: Dave McKean

Idioma original: inglés
Título original: The Graveyard Book
Fecha de publicación: 2008
Valoración: recomendable

Al comenzar este libro, lo único que sabemos del hombre Jack es que es un asesino. Más concretamente, que ha entrado en una casa en mitad de la noche y ha asesinado a toda la familia que vivía en ella. ¿Toda? En realidad, no. El miembro más joven de la familia, un bebé de apenas un año de edad, ha conseguido escabullirse y llegar a un cementerio cercano. Tras recibir el nombre de Nadie, el pequeño será adoptado y criado por los fantasmas que viven en el camposanto y por un par de seres humanos que tienen la capacidad de comunicarse con los muertos, mientras el hombre Jack continúa en su busca.

Si alguno de vosotros está familiarizado con la obra de Neil Gaiman, sabrá que, además de ser un excelente guionista de cómics, también es un reconocido autor de novelas. En este caso, estamos ante una de sus obras dedicadas al público juvenil, lo que no le resta un ápice de calidad, como se podría pensar (no olvidemos que libros como La historia interminable, por ejemplo, han sido también considerados "simples" libros juveniles). 

El libro del cementerio es una obra de ritmo rápido, muy entretenida y poblada por personajes que enseguida se ganarán nuestra simpatía (y todo lo contrario). Fantasmas, seres que se mueven entre dos mundos, humanos con capacidades "especiales"... Todo cabe en esta obra en la que el lector descubrirá que la presa aparentemente más desvalida resulta ser el mayor desafío al que un experimentado asesino tiene que enfrentarse.

Por si eso fuera poco, el libro está ilustrado por Dave McKean (colaborador y amigo personal de Gaiman desde hace más de veinte años), que consigue dotar a la obra del ambiente siniestro pero amable que desprende la narración. Perfecto para aquellos a los que les guste la obra anterior del autor, así como para todos los que disfrutan de una novela juvenil de calidad.

También de Neil Gaiman en ULAD: Objetos frágilesEl cementerio sin lápidasEl océano al final de la carretera, Coraline

lunes, 1 de agosto de 2016

Neil Gaiman: El cementerio sin lápidas y otras historias negras

Idioma original: inglés
Título original: M is for Magic
Año de publicación: 2007
Traducción: Mónica Faerna
Valoración: recomendable

No creo que haga falta presentar ya a un autor como Neil Gaiman, célebre escritor y guionista de cómics y, sobre todo, por las reseñas que nuestra infatigable compañera Izas le ha dedicado en Un Libro Al Día. Sabida es, pues, su vocación hacia la fantasía, el misterio y lo ultraterreno, aspectos de los que los relatos que aparecen en este libro están más que bien servidos. De hecho, creo que resulta una obra excelente para iniciarse con este escritor, para quien no lo conozca (y no es necesario pertenecer al público juvenil, por más que sea hacia las edades tempranas a quien parezca dirigirse este libro).

Cierto es que podemos encontrar un poco de todo: la fantasía casi propia de Las mil y una noches, de Cómo vender el puente de Ponti , o la bienhumorada de El pájaro del Sol; el recurso a lo fantasmagórico de La presidencia de Octubre y La lápida de la bruja (cuento en el que encontramos la razón del título del libro en español, ya que no hay ninguno titulado como éste); el ambiguo mundo de los cuentos infantiles en El puente del trol y El caso de los veinticuatro mirlos -este último relato queda inevitablemente deslucido con la traducción, al estar protagonizado por personajes propios de las cancioncillas infantiles inglesas, no siempre conocidos en otros países-; la narración en verso de Instrucciones o la alucinación lisérgico-alienígena de Cómo hablar con las chicas en las fiestas (relato que todo adolescente varón y heterosexual debería leer alguna vez). Y, por supuesto, el humor, presente en varios de los cuentos pero, sobre todo, en Caballería, donde una ancianita encuentra el Santo Grial en una tienda de Oxfam y recibe en su casa la visita del caballero Sir Galahad. Sin embargo, el mejor relato del libro es, en mi opinión, uno de los más cortos: No le preguntes a Jack, en el que la  -muy- inquietante trama se va tejiendo alrededor de un elemento en apariencia banal, pero, quizás por eso mismo, decididamente ominoso.

Resulta destacable, además de la evidente calidad de la prosa de Gaiman, su enorme capacidad para sumergirnos en mundos cerrados y autónomos, aparentemente ajenos a las vivencias o experiencias de la mayoría de los lectores (o todos), ya se trate de un cementerio abandonado por el que pululan los espectros y otras criaturas de la noche como Pedro por su casa -claro que, de hecho, es su casa...), un extravagante club de gastrónomos "extremos" o la improbable reunión mensual de los doce meses del año para contarse historias unos a otros. Gaiman consigue que durante el rato que dura la lectura de sus cuentos, nos olvidemos que sólo somos unos lectores sentados en una butaca, un banco del parque o una tumbona en la playa , con un libro en las manos, y eso, ya sea a los diez años, a los cuarenta o a los ochenta, siempre es de agradecer. Y tiene muchísimo mérito.

(Una última cosa: creo que alguno de los relatos, al menos un par de ellos, están también incluidos en otro libro ya reseñado en ULAD, Objetos frágiles, y además el titulado La lápida de la bruja parece estar bastante relacionado con otro, El libro del cementerio, aunque no puedo decir si es un prólogo de éste, una secuela, precuela, spin-off o todo lo contrario... Sirva de aviso a interesados, en todo caso).


Otros títulos de Neli Gaiman reseñados en Un Libro Al Día: El libro del cementerioObjetos frágilesEl océano al final de la carreteraAmerican Gods, Coraline

martes, 22 de enero de 2019

Neil Gaiman: Coraline


Idioma original: Inglés
Título original: Coraline
Año de publicación: 2002
Traducción: Raquel Vázquez Ramil
Valoración: Recomendable (muy para jóvenes)

La literatura juvenil contemporánea apesta. Al menos, los máximos exponentes de la misma. Ya sabéis, me refiero a esas historias fan-fiction que se vuelven fenómenos editoriales de la noche a la mañana, a absurdas trilogías distópicas, a libros escritos por influencers que no han leído en su vida, a vacuos panfletos sobre el valor de la amistad... Mirad si están mal las cosas que una saga tan mediocre como Harry Potter ha sido elevada a la categoría de obra maestra. ¡Ja!

Afortunadamente, todavía se pueden encontrar joyitas en semejante panorama. Coraline vendría a ser una de ellas. Y aunque esta novela de fantasía oscura es tan maravillosa que la pueden disfrutar jóvenes y adultos por igual, cedámosla a los primeros. Al fin y al cabo, es de los pocos productos de literatura juvenil reciente que he leído que no subestima a los lectores que pertenecen a esa demografía. Además, les da algunas lecciones de lo más enriquecedoras, como que el mundo perfecto no existe, o que hay que ser valiente por asustado que estés. Ya lo digo: calidad.

La protagonista del libro es Coraline, una niña de doce años que, tras mudarse a una nueva casa, descubre un pasillo secreto que conduce a una realidad similar a la suya, aunque mucho más divertida. Allí tiene todos los juguetes que quiere y puede hacer lo que le plazca. Además, los adultos le hacen caso, y nadie se equivoca al pronunciar su nombre. No tardará en darse cuenta, pero, de que los habitantes de ese extraño microcosmos, su otra madre, su otro padre, sus otros vecinos (todos ellos con relucientes botones en lugar de ojos), quieren tentarla, al principio, a que se quede con ellos para siempre, y retenerla a la fuerza después.

¿Qué decir de la factura de esta novela? Es impecable. Gaiman narra con sobriedad y elegancia una historia sencilla pero no exenta de algún que otro simbolismo ocasional. Los elementos fantásticos y terroríficos están bien balanceados con el tono y el mensaje realista del libro. Y su protagonista es inspiracional, nada que ver con tu Mary Sue promedio, tan en boga a día de hoy: tiene defectos a los que debe sobreponerse, y no le será fácil conseguirlo.

También existe una película animada sobre Coraline, debut del prometedor estudio Laika. Se toma ciertas licencias con respecto al material original, pero captura su esencia de forma indiscutible. Otra adaptación, para mi gusto mucho menos lograda, es el cómic surgido de la colaboración entre Gaiman y P. Craig Russell.


Otros títulos de Neil Gaiman reseñados en ULAD: Aquí 

martes, 26 de junio de 2018

Robert Aickman: Cuentos de lo extraño

Idioma original: Inglés 
Título original: Strange Stories
Traductor: Arturo Peral Santamaría  
Año de publicación: 2011
Valoración: Recomendable



Robert Aickman tiene un estilo inigualable. Su obra, admirada por autores de la talla de Neil Gaiman, regala una aproximación al género fantástico tan sofisticada como personal. En concreto, debo resaltar la capacidad de Aickman para generar atmósferas cargadas de elementos oníricos y simbólicos. También su destreza a la hora de desdibujar realidades.

Y es que, si algo tienen en común los relatos agrupados en Cuentos de lo extraño es, precisamente, su ambigüedad. A fin de cuentas, esa capacidad de Aickman para desdibujar realidades de la que hablaba hace un momento impregna todas y cada una de las páginas de esta antología. Tramas sugerentes, prosa inaprehensible, protagonistas poco fiables, un elemento sobrenatural apenas definido, finales abiertos; todos estos detalles se confabulan en Cuentos de lo extraño para que el lector trastabille, para que su zona de confort se derrumbe frente a sus ojos. No en balde es rareza y estupor, además de una extraña fascinación, lo que despiertan estas narraciones. Y horror, claro, por qué negarlo. En otras palabras: Cuentos de lo extraño exige bastante al lector, pero si éste se esfuerza, será generosamente recompensado.

Por cierto, respetaremos los deseos de su autor y enmarcaremos estas piezas dentro del subgénero de lo extraño, y no del terror, porque si bien es cierto que se benefician de las atmósferas y rasgos del terror, su finalidad no es la de estremecernos. No, al menos, de una forma tan directa como la que persigue el terror convencional.

Este volumen ha sido mi primera toma de contacto con Aickman. Tengo entendido que no agrupa sus mejores historias, pero, de todos modos, lo he disfrutado sobremanera. Los cuentos compilados en él tienen una calidad increíble, y sus argumentos son, salvo alguna excepción de la que hablaré en breve, de lo más originales y creativos. Además, los protagonistas de estas narraciones no son seres pasivos sumergidos en las circunstancias que los rodean, sino que ayudan a generarlas con su psique o su forma de ser; cosa que no siempre se encuentra uno en historias de corte fantástico, pero que, de estar presente, enriquece muchísimo la narración.

Y ahora hablemos de estas piezas una a una:

"El vinoso ponto" es, junto a "Nunca vayas a Venecia", uno de los relatos menos interesantes compilados en este volumen. Me recuerda, en cierto modo, a una novela de Arthur Machen que me decepcionó bastante, Un fragmento de vida. Cuenta la historia de Grigg, un extranjero que está visitando las costas griegas y acabará en una isla encantada junto a tres mujeres que dicen ser hechiceras.

"Los trenes" es, claramente, de lo mejor que se puede encontrar en esta antología. Su prosa es una delicia en registros narrativos, su atmósfera malrollera se enrosca a tu alrededor de forma insidiosa, el elemento sobrenatural (si es que existe de veras) está trabajado con sutilidad, y hay un par de giros de tuerca la mar de conseguidos. Setenta y tres páginas de auténtico goce.  

"Che gelida manina" va sobre un solitario traductor que, por azares del destino, se ve condenado a esperar las llamadas de una mujer. Breve pero intenso. También figura entre lo mejor de este volumen.

"La habitación interior" nos cuenta la historia de una niña a la que regalan una destartalada casa de muñecas con cuyo interior no puede interactuar, debido a que es inaccesible. Relato interesante, y muy bien construido, pero al que quizás sobra alguna página. Es de los más convencionales (todo lo convencional que pueda ser un relato weird, si acaso) del libro, pero no por ello se disfruta menos ese final excesivo.

"Nunca vayas a Venecia" es bastante flojo, el peor cuento de toda la antología. Uno lo lee y acaba con la impresión de que ya ha visto la situación narrada con anterioridad. Eso sí, aunque el argumento de esta historia adolece de ser predecible y hasta cierto punto cliché, vale la pena conocer a su protagonista, el inusual Henry Fern; su excéntrica caracterización hace que acompañarle en sus peripecias sea divertidísimo. Y otra cosa muy grata de la historia: las mordaces reflexiones que hace Aickman sobre la ciudad de Venecia, sus habitantes y el turismo. Si se lee este relato sin las altas expectativas que sus predecesores habrán instalado en nosotros, puede ser genuinamente entretenido.

"En las entrañas del bosque" es maravilloso, un claro ejemplo (otro más) de cómo juega Aickman con la sutileza, con el muestra, no cuentes, pero no te pases mostrando. Una mujer decide quedarse unos días en lo que le parece un balneario de montaña del norte de Europa, edificio rodeado por un vasto bosque. No tardará en percatarse de que el lugar en el que se encuentra es más bien un sanatorio habitado por personas de todas las latitudes aquejadas por una dolencia incurable: el insomnio.

En definitiva, todas estas historias tienen un argumento no resolutivo, un misterio jamás explicado con firmeza, y ceden al lector la oportunidad de aportar su granito de arena. Depende de cada cual, pues, encontrar alguna respuesta en este caos de pistas dispersas que Aickman ha ido dejando a su paso. Manos a la obra.  


También de Robert Aickman en Unlibroaldía: Las casas de los rusos

viernes, 4 de febrero de 2011

Escritores en Twitter

Como en otros ámbitos, también en las "relaciones públicas" internet está contribuyendo a disminuir los intermediarios. El contacto entre escritores y público, hasta hace poco, estaba limitado a firmas de libros, ferias y otros eventos sociales o culturales organizados por editoriales, agentes o instituciones. Ahora, gracias a Twitter o (en menor medida) a facebook, los autores (como los cantantes, los directores de cine, los chefs, los futbolistas) tiene una ocasión única para entrar en contacto directo con su público, recibir sus opiniones, sus comentarios, sus elogios y sus críticas, y responder a ellas, si quieren.

Y sin embargo, da la impresión de que no son muchos los escritores consagrados que se han lanzado a aprovechar esta oportunidad. No desde luego en España, donde el escritor-twittero más destacado y activo es Arturo Pérez-Reverte (fue famosa la polémica provocada por sus tuits sobre la despedida del ministro Moratinos). En cambio, otros escritores que sí han utilizado internet como medio de promoción y contacto, como Espido Freire, Juan José Millás o Lucía Echebarría, se mantienen alejados del mundillo twitter, al menos por ahora.

Pero tampoco en el panorama internacional son mayoría los escritores twitteros: por ahora, hemos conseguido localizar a Margaret Atwood, Paulo Coelho, Anne Rice, Neil Gaiman, Alejandro Jodorowsky, Chuck Palahniuk o Bret Easton Ellis. J. K. Rowling, la autora de Harry Potter, tiene cuenta en twitter, pero desde hace año y medio solo la utiliza para confirmar que realmente se trata de ella, pero que ahora mismo no tiene tiempo de tuitear nada. Aquí hay otra lista más extensa de escritores en twitter, pero yo, sinceramente, no conozco casi a ninguno.

Entonces, ¿a qué se debe esta ausencia de escritores en twitter? Porque en otras áreas (humoristas, cantantes, actores) tengo la impresión de que está bastante más extendido. ¿Es que el mundo de las letras es especialmente refractario a las innovaciones tecnológicas? ¿Influye la edad de la mayoría de los escritores consagrados, ya talluditos? ¿Son los agentes quienes les desaconsejan este tipo de contacto directo? ¿Tienen los escritores miedo a la pérdida de tiempo que conlleva mantener una cuenta de twitter verdaderamente activa? ¿O es que los escritores se consideran demasiado importantes para mezclarse directamente con su público directamente y sin filtros?

¿Conocéis vosotros algún otro escritor, español o extranjero, que esté en Twitter?

martes, 15 de abril de 2014

Biografías lectoras: ganadores (2)

TOC, por David Villar Cembellín

El acto de leer, a estas alturas lo tengo claro, es un trastorno obsesivo-compulsivo. Obsesivo, porque mentalmente no concibes tu existencia sin lectura o tu mente sin el sumatorio de las mismas; y compulsivo, porque recurrentemente vuelves a los libros como pulsión vital. «El arte es la mentira que nos permite comprender la verdad», que dijo Picasso en la que puede ser la mejor definición sobre la función de la Literatura.

Así las cosas, recapitulemos: ¿dónde comenzó mi afición de lector? No tengo ninguna duda, el germen tuvo lugar a edad temprana con las historietas de Pulgarcito, un tebeo que devoraba semanalmente y que proporcionó infantil e infinito placer al niño que fui. Por supuesto que a esos Pulgarcitos siguieron otros tebeos: la colección entera de Tintín, de Astérix, Zipi y Zapes, Mortadelos y Filemón, Grandes Aventuras Ilustradas… mi afición lectora se cimentó sobre una sólidas raíces: los tebeos. En mi cabeza sonaban Enrique y Ana.

A posteriori —o paralelamente, no recuerdo— llegaron decenas, quizá centenares de libros infantiles que sacaba casi a diario de la Biblioteca del Colegio de La Salle de Sestao (un abrazo fuerte desde aquí para Míkel, el bibliotecario): allí fueron cayendo desde la colección de Los Cinco (que me volvió loco), hasta los infames Hollister (que nunca me terminaron de gustar, demasiado anglobuenistas), Los tres investigadores, La banda del cuatro y medio, libros de El barco de vapor, la colección entera de los inolvidables Elige tu propia aventura de tapa roja (mis favoritos, La guarida de los dragones y Te conviertes en tiburón), etc. Pero si debo rescatar un libro de mi infancia, aquel fue La historia interminable. Su extensión (400 páginas o´clock), el carácter épico de la aventura que contaba, la multitud de personajes, la tipografía a doble color… aquel ejemplar que mi madre me compró en el Círculo de Lectores fue, sin ambages, mi lectura favorita de aquella infancia tardía. Aún lo es. En la radio sonaban casetes de Duncan Dhu que regalaban con la SuperPop y recopilatorios grabados de Los 40 Prinicpales a los que bautizaba con los originales nombres de “Guay 1”, “Guay 2”, “Guay 3”…

Y en estas llegó mi pubertad, llegó la adolescencia… y digamos que estuve más preocupado/ocupado de otras cosas que de leer. Además, en términos estrictamente crematísticos fue mi adolescencia una época particularmente jodida: fumador precoz, bebedor de fin de semana y aficionado a los tebeos… muchos vicios para 300 pesetas a la semana si las notas acompañaban (que no era el caso, para más inri). Pero, oh, de repente, como maná del cielo, a últimos de mes siempre aparecían 2000 pesetas en mi mano. ¡2000 pesetas!

Son para sacarte el bono mensual para el tren, ¿eh? —especificaba nítidamente mi madre.
—Sí, mama —mentía yo.

Y esas 2000 pesetas para el bono mensual, demasiadas definitivamente para un trozo de cartulina amarilla con tu DNI escrito a boli, se convertían automáticamente en mi paga extra, en mi bolsa de resistencia, en mi fondo de reptiles, en mi salvación. A cambio solo debía ir el resto del mes de colada en el tren, ni tan mal. Así fue como el casi hasta la indigencia misérrimo adolescente de Margen Izquierda que fui —que en el fondo siempre seré— consiguió dinero para seguir comprando cómics (el Spiderman de McFarlane, la Patrulla-X de Claremont…). Mis lecturas de esa época: las Crónicas de la Dragonlance (que me encantaron), El señor de los anillos (que me pareció un tostón ultradescriptivo, aún hoy no trago a Tolkien), los mitos de Chtuluh de Lovecraft, y algún que otro libro de más empaque que iba rescatando de las abigarradas estanterías de mi casa: La ciudad de la alegría de Lapierre, La insoportable levedad del ser de Kundera, Por quién doblan las campanas de Hemingway, Misericordia de Galdós, Tartufo de Moliere, Papillón de Carriere, Réquiem por un campesino español de Sender, La buena tierra de Pearl S. Buck, etc. La verdad es que tenía en mi propio hogar un buen fondo de armario. 

Pero si he de elegir una lectura de adolescencia que me marcó, que me tocó hondo, fue El club de los poetas muertos de N. H. Kleinbaum. Probablemente será una obra menor, o tramposa, o maniquea, pero me da igual, no me avergüenza reconocerlo… en aquel momento quinceañero la leí de un tirón, me habló de mí mismo y agitó mi anterior como ninguna lectura lo había hecho hasta entonces. En mi radiocasete sonaban noche y día A night at the opera de Queen, Violator de Depeche Mode, Disintegration de The Cure y Zooropa de U2.

Y como quien no quiere la cosa, crecí, me hice legal —que no moralmente— adulto, y el cuerpo me pedía más y más. Y entre cosas que me dejaron amigos (La tregua de Benedetti, El camino de Delibes…) y cosas que iba sacando de la biblioteca de Sestao (me divertí mucho cuando descubrí a Bukowski y Fante, me maravillé con Unamuno a través de Niebla, flipé con la trilogía de Auschwitz de Primo Levi…), las lecturas crecían y crecían. Además, gracias a trabajos esporádicos comencé a gozar de cierto escaso poder adquisitivo y pude culminar los imprescindibles de cómics que había ido dejando cojos a falta de vil metal: Watchmen, V de Vendetta, The Sandman, Black Orchid... Los dos más grandes de aquella época fueron sin duda Alan Moore (de quien aún sigo comprando compulsivamente todo lo que hace, de nuevo el TOC) y Neil Gaiman. Todavía conservo los originales de aquellos cómics que editó Zinco por primera vez. En la radio sonaban Guns´n Roses y grupos grunge que nunca me acabaron de convencer del todo, mientras yo descubría a Serrat, a Sabina, a Victor Jara, y me iba de concierto hasta Barcelona para ver a U2 (año 1997, Placebo de teloneros).

Y el tiempo prosiguió. Y con él las lecturas. Y así llegaron los que considero los más grandes. Pessoa y su Libro del desasosiego. Dostoievski y sus hermanos Karamazov (y, ¡oh!, Noches blancas). Scott Fitzgerald y sus hermosos y malditos. Steinbeck y sus uvas de la ira. Céline y su viaje al fin de la noche. Kenzaburo Oé y su cuestión personal. Y los relatos y el teatro de Chejov (mención especial para las líneas finales de El tío Vania y Las tres hermanas). Y la inolvidable disertación amorosa de Carson McCullers en La balada del café triste. Y la siempre hilarante y divertida crítica social de Gogol. Y el realismo sucio y desesperanzado de Thom Jones, Kjell Askilden y Ray Pollock. Y los futuros distópicos de Zamiatin, Orwell y Huxley. Y los alegatos antibelicistas de Trumbo y Vonnegut. Y la eterna espera de Buzzati. Y la lucidez impía de Saramago. Y las historias siempre trágicas y emocionantes de Zweig. Y los justos de Camus. Y las ciudades de Calvino. Y las estrellas de Lem. Y tantos y tantos…

La lista a estas alturas no es interminable, pero sí extensa. Menos de lo que me gustaría, no obstante. También han ido evolucionando mis gustos en cómics, creo, hacia terrenos más europeos e independientes, y en estos años he leído unos cuantos excelentes: Blankets de Craig Thompson, El arte de volar de Altarriba y Kim, la serie de Paul de Rabagliati, el Paracuellos de Carlos Giménez, el siempre seguro de calidad Luis Durán, y muchos más que no tendría tiempo aquí de reseñar. Además, con el tiempo he dado cabida a la poesía, a la que tenía semiolvidada, y he disfrutado como un loco de poetas tan grandes como Pessoa, Alejandra Pizarnik, Marina Tsvetaieva, Kavafis, Karmelo Iribarren, Luis Alberto de Cuenca, Manuel Altolaguirre, Kirmen Uribe, y tantos otros que se me estaban escapando —que todavía se me escapan— por pura ignorancia (internet ha sido un cauce muy útil, por cierto, para estos hallazgos). En mi reproductor de mp3 ahora suenan mucho los Smiths y Nacho Vegas, señal tal vez de que a estas alturas me he vuelto un ser más triste, o quizá tan sólo más lastimero.

Pero a lo que vamos: con el carácter ecléctico de siempre, sigo leyendo. Sin un orden, sin un patrón, solo por el placer de leer, y lo seguiré haciendo. Pero sirvan estas líneas, este corolario a esta biografía lectora, como agradecimiento a todos aquellos que lo hicieron posible y sentaron las bases del lector en que me he convertido. Así, quede dicho:

¡GRACIAS A MI FAMILA POR AQUELLOS PRIMEROS “PULGARCITOS”!
¡GRACIAS A MIKEL Y SU BIBLIOTECA DEL COLEGIO DE LA SALLE DE SESTAO POR EXISTIR!
¡GRACIAS A MI MADRE POR EL EXCELENTE FONDO DE ARMARIO LITERARIO QUE TENÍA EN CASA!
¡GRACIAS A LOS AMIGOS, NOVIAS, COMPAÑEROS DE TRABAJO… QUE COMPARTIERON CONMIGO SUS LECTURAS FAVORITAS!
¡GRACIAS A LOS LIBREROS QUE SUPIERON DESCUBRIRME AUTORES QUE DESCONOCÍA Y A AQUELLOS QUE SUPIERON ENCONTRAR MIS EXIGENCIAS MÁS BIZARRAS! (un abrazo especial para aquel dependiente rastafari de la FNAC-Zaragoza que se equivocó conmigo y se pensó algo que no era cuando le pedí el Maurice de Forster) ;P
¡GRACIAS A LA GUAPA BIBLIOTECARIA DE MUSKIZ QUE NUNCA SE ENFADA CUANDO LE LLEVO CON MUUUUUCHO RETRASO TODOS LOS LIBROS QUE ME LLEVO!
¡GRACIAS A LOS PEQUEÑOS EDITORES QUE ARRIESGAN Y RESCATAN DEL OLVIDO OBRAS QUE VALEN MUCHO LA PENA!
¡GRACIAS A INTERNET, Y SUS DESCONOCIDOS, Y SUS CRÍTICAS, Y SUS BLOGS, Y SUS PÁRRAFOS ESCOGIDOS… QUE SIRVEN DE BRÚJULA PARA TODOS ESOS NUEVOS DESCUBRIMIENTOS!

Gracias a todos, de verdad. Mi trastorno obsesivo-compulsivo está en deuda con vosotros. Pero eternamente agradecido por el mismo, en serio.