jueves, 17 de octubre de 2019

Edogawa Rampo: El Lagarto Negro

Idioma original: Japonés
Título original: Kurotokage (黒蜥蜴)
Traducción: Lourdes Porta
Año de publicación: 1934, por entregas
Valoración: Se deja leer

El Lagarto Negro es la novela más emblemática de Edogawa Rampo. Originalmente fue publicada por entregas, de modo que muchos de sus capítulos empiezan con un resumen de lo sucedido previamente o acaban en un angustioso "cliffhanger". Evidentemente, esta naturaleza folletinesca resta empaque a la historia, provoca reiteraciones innecesarias y promueve omisiones sonadísimas. Pese a todo, la obra funciona en tanto que entretenimiento "kitsch".

Su argumento es simple: el detective Kogorô Akechi tendrá que enfrentarse, en una batalla sin parangón, a madame Midorikawa, una peligrosa criminal. Estas páginas nos ofrecen el robo de un diamante, damiselas en apuros y un museo del terror. ¿Qué más podemos pedir los fans de la literatura "pulp"? Para nosotros es imposible no encariñarse con El Lagarto Negro; su ingenuidad y sus extravagancias resultan francamente conmovedoras.

Estos son, a mi juicio, los aspectos positivos del relato: 

  • Se lee de un tirón. 
  • No se toma en serio a sí mismo. 
  • Su acabado "naif". 
  • Sus toques de género negro.
  • Las bizarradas "eroguro" que asoman de tanto en tanto.
  • Las referencias a la cultura oriental. 
  • Los cuatro primeros capítulos y la escena de la persecución.
  • El final, aunque es un tanto gratuito y pretencioso.  

Por otro lado, es innegable que esta ficción está repleta de defectos: 

  • Tiene errores de continuidad a punta pala. Por ejemplo: llegados a cierto punto, el narrador deja de referirse a madame Midorikawa como «el Ángel Negro». Así, de golpe. Y, ya que hablamos de apodos, Akechi comienza a llamar a su adversaria «Lagarto Negro», pese a no tener ninguna razón para hacerlo.
  • Hay que suspender la incredulidad para tragarse algunas cosas. El detective comete varias torpezas absurdas, teniendo en cuenta que es un veterano experimentado; madame Midorikawa no se siente tan amenazante como debería; ambos personajes se disfrazan igual de rápido que Mortadelo; en una sola noche, un joven delincuente aprende a actuar como si fuera un erudito... ¿Sigo?
  • Sus golpes de efecto se antojan rocambolescos cuando no directamente inverosímiles. Para colmo, la mayoría no son satisfactorios, pues Rampo nunca da pistas que permitan al lector atento predecirlos.
  • Hay bastante acción a lo largo del relato, pero ésta pierde intensidad por culpa de un manejo infantil de la tensión y múltiples conveniencias. 
  • La homogeneidad de un par de voces acaba siendo un recurso tramposo con el que sembrar una duda facilona. 
  • Desaprovecha ocasiones en las que podría haber dado profundidad a los personajes. Por ejemplo, el sentimiento de culpabilidad que atormenta a Jun’ichi Amamiya, uno de los secuaces de madame Midorikawa, nunca se trae a coalición tras la presentación del personaje. La mismísima Lagarto Negro padece una «curiosa enfermedad» (exhibicionismo), y este hecho apenas tiene peso narrativo. ¿Y qué hay de la supuesta admiración mutua que sienten Akechi y su rival, apenas insinuada?  
  • Es evidente que Rampo añade párrafos adicionales, especialmente después de un diálogo, con tal de prolongar los escuetos capítulos que componen este libro. 
  • Usa términos ridículos como «malhechor», «esbirros» o «trifulca».

La novela cuenta con adaptaciones en varios formatos: a la televisión, al manga, a teatro y al cine. De sus dos versiones a la gran pantalla, la más memorable es la que dirigió Kinji Fukasaku y guionizó Yukio Mishima. Este film se toma algunas licencias (aunque, por lo general, respeta la esencia y argumento del material original), por lo que funciona como complemento del mismo. De visionado imprescindible para los que nos encanta la "serie B" genuina.        


También de Edogawa Rampo en ULAD: La bestia ciega

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Me pareció una novela para pasar el rato, tiene momentos muy bien trazados como en el barco o en la cueva del final de la obra. A veces cuando logro entender todo lo que dice una obra me aburre pero con esta curiosamente, no pasó. Me partía de risa cuando decía cosas como «ya el lector atento habrá adivinado que x era z» (para no hacer spoiler)

Oriol dijo...

Estoy de acuerdo contigo en que esta novela es un mero pasatiempo. Y me ha gustado, aunque mentiría si dijera que la he disfrutado en exceso.

Entiendo que no se le debe exigir nada a esta historia, pues no tiene pretensiones. Pero mientras la leía constantemente se me ocurrían maneras de mejorarla, y esto me frustraba. Por ejemplo, y ya que mencionas lo del barco: ¿por qué no aprovechar esa situación, los supuestos «fantasmas», para explorar los remordimientos que siente Amamiya? Si no se va a hacer nada con ese personaje, ¿por qué introducirlo y caracterizarlo en primer lugar? En cuanto a madame Midorikawa... ¡Qué conveniente la forma de "deshacerse" de Akechi cuando descubre que está a bordo del vapor! Si hubiera optado por otro método, quizás las cosas no hubieran terminado para ella como lo hicieron.

Y por último, decir que también me parecía simpático ese narrador hiperbólico. Pero la mayoría de giros no se podían anticipar, estuviera atento o no el lector, por mucho que el narrador lo diera a entender. Para mí, esto es un defecto, pues le resta tensión al relato. Si El Lagarto Negro puede robar una pistola cuando le plazca, y Akechi eludir a una multitud de matones sin dificultad cuando le conviene al argumento, la cosa jamás llegará a angustiar lo que debería.

Lo dicho: una novela entretenida, a abordar con bajas expectativas, pero que se queda corta en comparación con algunos de los relatos de Rampo, mucho más logrados.

Unknown dijo...

Personalmente, de todo lo leído sobre Akechi, me quedo con "Pulgarcito". La forma final de resolver el caso eligiendo su propia moral antes que esa lealtad a la verdad que suele primar en el ámbito detectivesco, me pareció tan refrescante como sugerente. Y bueno, el recopilatorio de Satori donde lo leí una maravilla como suelen acostumbrar.

Gabriel Diz dijo...


Hola Oriol:

Me pareció una novela para pasar el rato, no más que eso. Tal vez su estructura y desarrollo están condicionados por ser originalmente un folletín.

Respecto del apodo “lagarto negro” si no recuerdo mal era un tatuaje que tenía M. Midorikawa en el brazo.

Saludos

Oriol dijo...

Unknown, el relato que comentas tiene muy buena pinta. Hace tiempo que tengo el ojo echado a varios de los libros de Rampo editados por Satori, y, después de tu recomendación, el de "Los casos del detective Kogoro Akechi" puede caer en breve.

Gabriel, es evidente que la estructura y desarrollo de la novela están condicionados por su origen folletinesco. Yo lo recalco porque conozco autores que, una vez publican la versión íntegra de una historia, la revisan y pulen (ahora mismo me viene a la cabeza Stephen King y su primera entrega de "La Torre Oscura"). Este, desgraciadamente, no es el caso.

En cuanto a lo del apodo "Lagarto Negro": que yo recuerde, Akechi no ha visto ese tatuaje, ni parece conocer de antemano a esa reina del hampa, "el Ángel Negro", como para relacionarla con esa madame Midorikawa que se le está oponiendo. Es absurdo que empiece a referirse a ella de esta manera, pues.