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miércoles, 19 de abril de 2023

Colaboración: Todos muertos, de Chester Himes

Idioma original: inglés

Título original: All shot up

Traducción: Ana Goldar

Año de publicación: 1960

Valoración: Se deja leer


Siempre hay una primera vez, y a pesar de ser este claramente un ejemplar de libro de novela negra, si hay algo que revolotea por toda la novela es el término de Blaxploitation, (aquellas películas de los años 70 centradas en el mundo negro de los USA de las que Tarantino tan fan se declara), un género que confieso que es totalmente nuevo para mí, pero que visto lo visto, bienvenido sea.

Chester Himes, el escritor, de raza negra y antiguo recluso en los USA de primera mitad del S.XX, refleja el ambiente de su época en el Harlem de los 60, llevándolo al extremo y en algunas ocasiones hasta cayendo en la autoparodia – quiero pensar, no creo que se haya tomado demasiado en serio en algunos pasajes de este mismo libro.

En la novela, dos detectives negros – todos los personajes, excepto un blanco, son de raza negra – tratan de resolver un caso de asesinato en el que pronto todo parece embarullarse de forma caótica.

Los detectives, Grave Digger Jones y Coffin Ed Johnston (Sepulturero y Ataúd, ahí es nada) son los Hombres (la mayúscula no es mía), héroes clásicos directamente sacados del Western, rebosantes de testosterona y alimentados a base de alcohol en cantidades industriales, pero también los únicos con un deje de humanidad en su corazoncito. Pero ojo, que no se tome esto en ningún momento como síntoma de debilidad: Parece que, a lo 007, tienen licencia para matar (y pegar, torturar, mutilar...) y no dudan en usarla en cuanto la cosa se les puede llegar a complicar mínimamente. Pim, pam, de forma expeditiva. Sobra gente y sobran balas. Y lo entiendo, cada personaje que aparece es peor que el anterior y ni el primero de ellos merece un final más piadoso.

De hecho, no me extrañaría que el título del libro fuese un guiño cómico a los procedimientos poco ortodoxos de estos dos policías; la cantidad de muertes que se producen – si bien es cierto que no todas son achacables a la pareja de protagonistas – es tal, que hasta un tanatorio se convierte en un lugar clave de la novela.

A modo de antagonista, tenemos a un político corrupto y manipulador (¿Han visto ustedes The Wire? Sheeeeeiiiiiiit!) hasta el punto de que no duda de manejar sus asuntos estando ingresado en el hospital, incluso totalmente incapacitado para hablar, comunicándose a través de la escritura a ciegas. Por algo, si Grave Digger y Coffin Ed son Los Hombres, él es El Hombre (uno vale más que dos, entiendo).

¿Y el resto del elenco? Pues tenemos un jinete descabezado circulando en un sidecar, un hombre (vivo) con un cuchillo atravesando el cráneo e incluso un personaje que acaba literalmente empotrado en un muro, sosteniéndose por la incrustación de la cabeza en la pared. Tomémoslo como muestra de humor negro, puesto que estos episodios son bastante gratuitos para el desarrollo de la novela.

Aparte de la violencia extrema, otro aspecto muy llamativo es el machismo generalizado; es elocuente que solo aparezcan dos mujeres en el libro. Una de ellas, cuya función es simplemente ser la pareja de un personaje, se la pega al novio literalmente con el primero que pasa (¿por qué? Es totalmente innecesario para el argumento), mientras que la segunda solo funciona como cebo sexual en una emboscada tendida por los dos detectives. A mayores, es de los pocos personajes del que no sabemos el final; la dejamos agonizando sin que el autor se moleste en aclararnos qué pasará con ella.

Cierto es que hay referencias a otras mujeres, pero solo como cocineras, prostitutas como telón de fondo o para comentar lo gordas que se están volviendo sus mujeres. Este es claramente un mundo de hombres. De haber papeles femeninos, estos estarán interpretados por travestís, de los que todo el mundo abusa – en todo sentido – y abocados irrevocablemente a la muerte o al fracaso.

Como apunte final, esta es solo una de varias novelas que Chester Himes escribió sobre estos dos detectives, todas centradas en Harlem y la cultura negra.

Me ha dejado con la sensación de que, de tener la posibilidad, me gustaría leer más aventuras sobre estos dos animales, pero que tampoco me perdería nada importante si no me vuelvo a cruzar (literariamente) con ellos. Está bien para pasar el rato, pero como novela negra, las hay muuuucho mejores.

Firmado: EPS

jueves, 15 de diciembre de 2022

Joseph Berna: Los Aliados de la Noche

Idioma original: Español 
Año de publicación: 2019
Valoración: Se deja leer (y a mucha honra)

Joseph Berna (pseudónimo de José Luis Bernabeu López) fue uno de los autores más prolíficos de bolsilibros patrios. De su ingente producción cabe destacar sus aportaciones a la literatura "pulp" de terror y policiaca. Los Aliados de la Noche, novela corta que hoy traigo a colación, pertenece a este último género, aunque también ofrece grandes dosis de acción y erotismo. 

¿De qué trata? Pues bien, un detective privado es contratado para proteger a una joven de una banda de moteros que tienen aterrorizados a los habitantes de Santa Mónica.

De esta obrita subrayaría las siguientes virtudes: 

  • Da lo que promete; es decir, una lectura amena, un despiporre que nunca se toma en serio, escapismo de quiosco, una desacomplejada fantasía de poder masculina, un honesto batiburrillo de tópicos, reminiscencias a la serie B de los 70-80s, puro "rule of cool", un simpático sentido del humor, paletadas de violencia y un puñado de escenas fogosas. 
  • El dinamismo de su prosa y la agilidad de su argumento permiten que se lea de una sentada.
  • Dota a Rob Duggan, su protagonista, de un carisma la mar de seductor.
  • Abunda en diálogos que, si bien no son siempre estrictamente necesarios para que la trama avance o los personajes adquieran cuerpo, acusan cierto ingenio.

Por otro lado, querría señalar los defectillos que le he encontrado a Los Aliados de la Noche

  • No resulta memorable, pues recuerda sobremanera a centenares de ficciones similares.
  • El estilo de su autor es sumamente mejorable. Tiende al puntoyapartismo excacerbado y a los añadidos redundantes; en ocasiones adolece incluso de una puntuación extraña.
  • Es tonalmente inconsistente.
  • La historia contiene escenas prescindibles, decisiones narrativas poco verosímiles, comportamientos bastante gratuitos y una batalla final anticlimática. 
  • Su manera de enfocar determinados temas (por ejemplo, las relaciones entre hombres y mujeres o el abuso sexual) puede disgustar a sensibilidades modernas.

En conclusión: aunque no creo que Los Aliados de la Noche sea una gran novela, tampoco voy a fingir que eso es lo pretende. Al fin y al cabo, sólo quiere entretener al lector, ayudarle a evadirse de la realidad durante algunas horas; lo cual cumple con creces. Por tanto, dada su naturaleza "pulp" y su modesto objetivo, sus carencias son fácilmente perdonables.

No querría terminar esta reseña antes de alabar a Matraca. Sin esta editorial no podríamos tener Los Aliados de la Noche en nuestras manos, porque la novela de Berna, originalmente escrita en 1986, permanecía hasta ahora inédita debido al cierre de Bruguera.


También de Joseph Berna en ULAD: Las pesadillas de Joseph Berna (volumen 13)

domingo, 22 de mayo de 2022

V.V.A.A.: Buenos Aires Noir

Idioma: español 

Año de publicación: 2019

Valoración: entre recomendable y está bien

No he estado nunca en la ciudad de Buenos Aires, pero ya os digo que, si alguna vez tengo la suerte de caminar por sus calles, sin duda tendré muy presentes (junto con muchas otras páginas de la inagotable literatura argentina) los relatos que componen este Buenos Aires Noir; un libro en el que el título ya lo dice todo: se adscribe al género negro, en diferentes variantes, y se desarrolla en la capital porteña. La peculiaridad es que cada uno de estos cuentos, escritos por catorce autores del género diferentes  -de edades variopintas y de ambos sexos  por igual- y  reunidos por uno de ellos, Ernesto Mallo,  tiene lugar en un barrio distinto de Buenos Aires y casi todos en la época actual, componiendo entre todos un mosaico de lo más interesante para conocer la "vibra" de esa gran urbe. Además, claro está, del disfrute inherente a la lectura de muchos de ellos.

Los relatos, agrupados en tre bloques. Infidelidades, Amor y Crímenes imperfectos, son todos bastante cortos -entre 5 y 15 páginas- y están escrito en un castellano que oscila entre el estándar con los lógicos modismos argentinos y el argot porteño más o menos desatado, que quizá dificulte la comprensión para los  lectores de otras latitudes, aunque entre lo que se deduce simplemente por el contexto y la ayuda de San Google (mi agradecimiento desde aquí también a Google Maps), nadie debería tener mayor problema. Debido a su disposición en diferentes barrios, encontramos aquí ambientaciones de todo tipo desde las zonas más acomodadas a las "villas miseria", pasando por los barrios más célebres y castizos de la ciudad, otros más anodinos, populares, etc.  Repito que uno de los principales atractivos del libro es justamente esta especie de radiografía o escáner que hace de toda una ciudad, con sus diferencias de clase, sus tensiones raciales, los conflictos políticos, la incidencia de la droga... si olvidar el reflejo -o reflujo, más bien- de pasado reciente de la ciudad.

Al tratarse de catorce autores/as diferentes, procedo a consignarlos todos, así como el barrio en el que se desarrollan los cuentos, por si alguien los conoce (o incluso reside en uno de ellos, en el caso de quien nos lea desde aquellos pagos):

  • Inés Garland: La esposa muerta (Belgrano R.) - Quizá el relato que más se ajusta al noir clásico, con un cierto eco a la Rebeca de Daphne du Maurier.
  • Ernesto Mallo: Amor eterno (Once) - Una suerte de parodia dela historia clásica de Pigmalión, con un escultor enamo... bueno, que tiene un lío con su modelo.
  • Verónica Abdalá: El naranja es un color hermoso (Chacarita) - Divertido (dentro del humor negro) ejemplo de cómo se las gasta una mujer traicionada.
  • Elsa Osorio: Tres ambientes con patio (Núñez) - Tensa investigación sobre el paradero de un desaparecido, en plena dictadura militar, por parte de una antigua amante.
  • Claudia Piñeiro: La muerte y la canoa (San Telmo) - Una historia que se desarrolla en el ambiente literario, protagonizada por una especie de Pérez-Reverte un escritor de gran éxito, pero estilo regulero.
  • Pablo de Santis: Una cara en la multitud (Caballito) - Minimalista relato, con poco más de dos personajes, y un regusto a Borges y, sobre todo, al Cortázar de Las babas del diablo.
  • Inés Fernández Moreno: Crochet (Parque Chas) - Historia de ambiente  doméstico -por no decir cozy- en la que la protagonista investiga un crimen que pudo, o no, haberse cometido en el pasado.
  • Alejandro Parisi: La furia del Gusano (Mataderos) - El relato más gore de todos, con una intensidad arrabalera y rabiosa, pero que atrapa, sin duda, al lector.
  • Alejandro Soifer: El camaleón y los leones (Palermo) - Ambientado en el mundo de la cumbia, con un dudoso investigador: un policía veterano de los tiempos de la represión política.
  • Enzo Maqueira: Has dicho mi nombre (Almagro) - Relato de las cuitas de una drogadicta capaz de cualquier cosa -quizás- para evitar el mono.
  • Gabriela Cabezón Cámara: El onceavo dorado (Villa 31 y Barrio parque): Una especie de stream of consciousness anfetamínico de un tipo que quiere salir de la miseria por la vía más expeditiva.
  • Leandro Ávalos Lancha: Los isleños (Recoleta) - Una mujer de clase trabajadora hereda en piso de lujo de su hermano, que fue asesinado en él... Lo que pasa a partir de ahí os sorprenderá...
  • María Inés Krimer: Quema, quema (Monte Castro) - Historia que se desarrolla en un gimnasio durante un corte de luz, con un transfondo trágico que nos sonará a todos, por desgracia...
  • Ariel Magnus: De oficio (Bajo Flores) - Curioso "relato-problema" con sorpresa, en el que un policía fuera de servicio investiga lo ocurrido en su propia escalera de vecinos.
Reconozco no conocía hasta ahora a la mayoría de estos escritores y escritoras, pero resulta una forma de explorar futuras lecturas.En todo este conjunto, como es de suponer, hay relatos más destacables que otros, pero la media general es bastante  notable. Casi todos echan manos del costumbrismo, desde una u otra perspectiva, como marco en el que se desarrollan las tramas y, en muchos casos, de la premisa de que las cosas no son siempre como parecen. Por destacar alguno de los relatos, a mí me han gustado sobre todo (aunque no sólo), la inquietante pero también entrañable cotidianeidad de El naranja es un color hermoso Crochet, el dominio de la tensión narrativa de Tres ambientes con patio, la energía e intensidad de La furia del Gusano y El onceavo dorado y el cinismo adaptativo, aunque comprensible, que muestran los protagonistas de Los isleños y De oficio; tanto la vida como la literatura  pueden  no ser muy edificante, pero es lo que hay, ché...



miércoles, 11 de marzo de 2020

Juan Díaz Canales & Juanjo Guarnido: Blacksad integral




Idioma original: francés
Título original: Blacksad, l'intégrale
Año de publicación: 2000-2013, como historias independientes; 2014, reunidas en este volumen
Traducción: supongo que los propios autores
Valoración: recomendable

Si hay algún personaje típico y tópico en literatura, en este caso de cierto gérnero, és el del consabido detective privado de la novela negra (o noir, como se dice últimamente, porque suena más guay).Por ma´s que después hayan aparecido decenas o , yo qué sé, cientos de variantes del mismo, el modelo del private-eye sigue siendo el que trazaron hace muchos años Hammett y Chandler: un tipo duro y desencantado, pero no exento de cierta integridad, de un código ético propio al que es fiel, y que sin más protección que su gabardina y su perspicacia algo cínica, se mueve entre los malotes, tanto de los bajos fondos como de las altas esferas, confiando por igual en su inteligencia como en sus puños para resolver el misterio que le han encargado investigar. Un modelo digamos opuesto (quizá no tanto o no siempre) al detectyive puramente cerebral que representan Sherlock Holmes o Hercules Poirot.

Se trata de un modelo, ya digo, firmemente asentado en el imaginario popular, pero que a veces cuenta con curiosas variantes; por ejemplo, en el caso de este cómic, el detective John Blacksad  es un gato -casi- negro. Mejor dicho. es un tiarrón con cabeza de gato, de igual forma que sus partenaires erótico-afectivas también son esculturales chicas con rasgos felinos, etc. En fin, que todos los personajes son zoomorfos y ahí reside, en buena parte, la gracia de estas historietas (lo escribo en plural porque el libro es una recopilación de las aventuras de este personaje, que ya fueron editándose como álbumes independientes o como parte de otras publicaciones). Los personajes, por tanto, tienen anatomía humana pero cabezas, o al menos rasgos, de animales. Aunque éstos tampoco han sido repartidos al azar, sino siguiendo criteerios basados en las supuestas "cualidades" o "defectos" que la tradición otorga a los bichos en cuestión, o las actividades a las que les hacemos dedicarse; así, los policías son perros; los matones, gorilas o rinocerontes , asesinosy sicarios, reptiles; los sabios, búhos, etc... Esta humanización de los animales (o animalización de los humanos, según se mire) no es en absoluto una novedad en el cómic y la novela gráfica: recordemos, sin ir mñás lejos, la albadísima Maus o El gato Fritz, de Robert Crumb. Aunque o que nos viene a todos a la mente, supongo,  son tantos personajes de Disney... justamente la compañía para la que ha dibujado durante años Juanjo Guarnido, así que hemos de convenir que sabe lo que hace...

Por lo demás, las aventuras que nos cuentan en este volumen integral -cinco historias largas más dos cortitas, de tan sólo un par de páginas- son bastante típicas del género negro: resolver el asesinato de una antigua amante, el secuestro de una niña, encontrar a un músico desaparecido, etc., pero se van enredando e implicando a poderes superiores o secretos ocultos del pasado. Los casos se desarrollan en los años 50, en diferentes lugares de los EEUU -Nueva York, Nueva Orleans, Texas...- y aparecen personajes más o menos característicos de esa época: beatniks, músicos de jazz, estrellas de cine, científicos y supuestos espías comunistas... En uno de los mejores capítulos, quizá por resultar más actual, Nación Ártica, encontramos un grupo racista así llamado, trasunto del KKK y enfrentado a los Black Claws, formado por animales de pelaje negro. Esta referrencia distintos colores y gamaas cromáticas es una constante ua desde el título de casi todas las historias -Un lugar entre las sombras, Arctic-Nation, Alma Roja, Amarillo- y recuerdan un poco a los títulos -también al contenido, aunque aquí es más light, de las novelas de la serie de Easy Rawlins, de Walter Mosley.

De todas formas, lo más destascable de las historietas protagonizadas por el detective Blacksad, además de los estupendos guiones de Díaz Canales, sin duda son las prolijas ilustraciones de Juanjo Guarnizo dotadas de un trazo sumamente elegante sin perder dinamismo, una composición narrativa perfecta y un color administrado con gusto exquisito; no se puede sino otorgarle un 10, en todos los aspectos. Por ceirto, que el propio Guarnizo ha asegurado en alguna ocasión que, tras la publicación de su último y receinte álbum, El Buscón en las Indias, volverían las aventuras de este gatuno detective. A ver si tenemos suerte y cumple su palabra...

Un último apunte, sobre el idioma original de este cómic: siendo sus dos autores españoles, cabe suponer que los guiones fueron escritos, en principio, en castellano, pero se publicaron antes en Francia, por Dargaud, por lo que el fracés es la lengua que consta como original, aunque con una traducción, imagino, de ida y vuelta.



jueves, 27 de febrero de 2020

James Ellroy: Esta tormenta

Idioma original: inglés
Título original: This Storm
Año de publicación: 2019
Traducción: Carlos Milla Soler
Valoración: bastante recomendable (y, sin duda, para los fans)

Última brutalidad, por el momento (*), perpetrada por el señor Ellroy, con todas esas cosas que tanto le gusta meter en sus novelas al viejo Demon Dog: violencia en plan burro, sexo desenfrenado -a veces también a lo burro-, alcohol y drogas por un tubo, polis corruptos a cascoporro, pirados de toda clase y muchos, muchos fascistas, fascistas a tutiplén... Coño, es que aquí hay más fascistas que en un mítin de VOX con barra libre; hasta los rojos que salen son bastante fascistas, no os digo más... También hay un mogollón de personajes -de hecho, el libro incluye al final una sección de Dramatis Personae para no perderse- que que se explayan a lo largo de casi 700 páginas de una trama que se enrosca y se desenrosca, que se ramifica y se poda a sí misma, a una velocidad extenuante. Porque esa es otra: la novela está escrita al ritmo del jazz más sincopado, con la cadencia de una metralleta Thompson que suelta una larga ráfaga de balas hasta que se agota todo el cargador. Pasan tantas cosas en cada uno de sus cortos capítulos que se hace imposible una sinopsis siquiera aproximada, menos aún en una modesta reseña...

Intentémoslo: la novela comienza en la tormentosa Nochevieja del año 41, poco después del ataque a Pearl Harbor -e inmediatamente después de la anterior novela de Ellroy, Perfidia- y la acción se extiende durante los primeros mese del año 42, cuando se temía un ataque japonés al sur de California y los nipones residentes en ese estado fueron recluidos en campos de concentración, por si las moscas. Crímenes que suceden esos primeros meses del nuevo año, más otros que vienen del pasado acaban convergiendo, en las mentes más perspicaces del departamento de Policía, en una trama inestable que arranca -o no- en el robo de un cargamento de oro en el año 31, y cristaliza de forma inaudita en el asesinato de unos polis de dudosa reputación en un tugurio de aún peor reputación en el barrio negro, pasando por el incendio de Griffith Park en 1933. Todo ello aderezado con los supuestos tejemanejes de los quintacolumnistas pronipones, pronazis o prosoviéticos, más la paranoia y la excitación de esos primeros momentos de la guerra en América. Y la presencia como guest stars de famosos de Hollywood como el afamado Orson Welles -éste no le cae muy bien a Ellroy- y Bárbara Stanwyck, entre otros...

¿Cómo maneja James Ellroy todo este quilombo? Pues al igual que hizo en Perfidia, repartiendo el peso de la investigación de los distintos sucesos, y de la propia narración de los mismos, entre varios personajes, en este caso un quinteto compuesto por:
  • Elmer Jackson: poli paleto y cafiche que busca a) desentrañar y si es necesario vengar la muerte de su hermano, delincuente ocasional no menos paleto y b) hacerle alguna jugarreta a Dudley Smith y protegerse por si éste se le adelanta.
  • Hideo Ashida: japo protegido del Departamento de Policía y de Dudley Smith en particular, por su habilidad como forensic. Busca impresionar a D. S.
  • Dudley Smith: poli irlandés corrupto y filofascista, macho alfa (o "chad", como dicen ahora los pobrecicos incels) favorito de Ellroy, se supone... Destinado como oficial del SIS a Baja California para detectar movimientos japoneses y quintacolumnista, allí entra en contacto con los sinarquistas mexicanos, tipejos aún más filofascistas que él, liderados por un tal Abascal (que también manda narices). Busca tenerlo TODO.
  • Joan Conville: oficial de la Marina que, de forma accidental, entra a trabajar para el departamento de Policía, donde subyuga a todo el mundo por su inteligencia, encanto y donosura de pelirroja del Medio Oeste. Busca venganza por la muerte de su padre en un incendio.
  • Kay Lake: abeja reina y metomentodo favorita de Ellroy (comprensible si pensamos que el personaje fue interpretado en el cine por Scarlett Johansson). Busca respuestas y salirse con la suya, básicamente.
Todo esto, ya digo, contado a un ritmo endiablado, absolutamente agotador, pero también electrizante: los capítulos que narran la "Batalla de Los Ángeles", por ejemplo, parecen coreografiar la música de una enloquecida Big Band. Frases cortas, casi telegráficas, en capítulos también cortos... pero que al cabo de unos cuantos, el lector siente como si un boxeador profesional le hubiese dado una paliza, cuando menos a los puntos.

Otro rasgo del estilo, además de esta velocidad y agilidad pasmosas, dignas de un practicante de parkour literario, es el empleo, en apariencia indiscriminado, de, por decirlo así, "términos políticamente incorrectos": aquí los afroamericanos son "charoles" y "tiznajos"; los mexicanos, "cholos", "frijoleros", "espaldas mojadas"; los homosexuales... ya os podéis imaginar. En principio, no deja de ser una forma de ambientar la novela en esos años 40 en los que los epítetos racistas, etc. se soltaban con naturalidad, más aún, es de suponer, por parte de los policías blancos... pero también cabe adivinar una cierta satisfacción en el autor por utilizar un lenguaje que escandalice a las mentes progres bienpensantes. Aunque al profundizar un poco en su narrativa, pronto se da uno cuenta de que su discurso -al menos, el subyacente- es mucho menos racista, menos derechista y machirulo de lo que parece. Ellroy podrá considerarse a sí mismo el último de los escritores "machos", el novelista cargado de testosterona y sin pelos en la lengua que se explaya en tal sentido en sus libros y entrevistas, pero al tiempo que representa ese papel, parece estar guiñando un ojo para avisarnos de que no va en serio. Bueno, sólo un poco...

(*) Aún quedan dos novelas más para completar el "Segundo Cuarteto de Los Ángeles", aunque cronológicamente, éste corresponda a una época anterior al "Primer Cuarteto de L. A.". Ambos, junto con la "Trilogía Americana", constituirán al final (esperemos) un ciclo de once novelas negras con personajes en común que saltan de unas a otras, que abarcarán desde 1941 a 1972 (he de decir, no obstante, que a diferencia de las series anteriores, en este Segundo Cuarteto sí que resulta conveniente haber leído el primer libro antes de acometer el segundo).

Otros libros del mismísimo Perro del Demonio reseñados en ULAD: PerfidiaLa Dalia NegraMis rincones oscuros

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Pierre Magnan: Trufas para el comisario

Idioma original: francés
Título original: Le commissaire dans la truffière
Año de publicación: 1978
Traducción: Susana Prieto Mori
Valoración: recomendable

Lo primero es lo primero: no me digáis que esta novela no tiene la cubierta más chula que habéis visto en mucho tiempo. Y aunque en este caso se trate, con toda propiedad, de lo que ahora llaman un "noir rural", mi aseveración es extensiva a cualquier tipo de libro, ¿que no? Por supuesto que, además, la imagen que la ilustra tiene su explicación, porque en la trama tiene su papel, y no pequeño, una cerda trufera llamada Rosaline... que bien podría ser la de la foto, con esa mirada llena de inteligencia...

Pero bueno, no me voy a adelantar, vayamos por orden, aunque no lo parezca: supongo que la mayoría de nuestros lectores conocen al célebre conjunto musico-vocal gallego Siniestro Total, que en sus comienzos interpretaban una alegre tonadilla titulada Matar hippies en las Cíes ; pues bien, justo de eso es de lo que va esra novela, pero sin que la acción se desarrolle en las islas Cíes, sino en un pintoresco pueblo de la Alta Provenza llamado Banon (con una sola -n, por favor). Allí alguien está hacuendo desaparecer jipis, de ambos sexos, de entre la nutrida  y cambiante colonia que se ha aposentado en la comarca -no olvidemos que la novela es de hace 40 años-; como resulta que además del mal efecto que produce tal circunstancia, algunos de los desaparecidos son retoños de "buenas familias", el veterano comisario Laviolette , oriundo de la región, es enviado al pueblo, aunque más para "impregnarse del ambiente" que para resolver el caso, de existir éste (algo que, en un principio, no parece tan claro)...

Nos encontramos, pues, ante un thriller criminal de ambiente campestre, aunque en verdad se trata de algo más que una mera "ambientación", puesto que esa región de la Alta Provenza o Bajos Alpes es la que también vio nacer al autor de la novela y de ahí que el retrato costumbrista que nos ofrece, aunque sin caer nunca en la complacencia chovinista, sea también una demostración genuina de cariño al terruño. A eso se debe, quizás, que se le asocie con la obra de otro escritor de la zona (de hecho, nacido en la misma localidad que Pierre Magnan, Manosque): Jean Giono. Aunque yo, sobre todo, lo encuadraría entre dos autores de roman policier: Simenon y Fred Vargas (quien, por cierto, también tiene una absorvente novela que comienza en un pueblo bajoalpino: El hombre del revés); aunque, eso sí, el comisario Laviolette resulta menos circunspecto que su colega Maigret y bastante menos difuso que su otro colega, Adamsberg. Sentimental, parece que igual que ambos...

En todo caso, estupenda la decisión, creo yo, la de la editorial Siruela al rescatar para el lector de habla hispana los casos de este comisario, que daran de los años 70 y 80... de igual manera que están recuperando otras novelas del género criminal de diferentes países, aunque con desigual acierto, me temo... Cierto que el libro tiene un aire, digamos vintage -esos jipis... esos coches...- y que el estilo del autor, pese a estar trufad... perdón, impregnado de una sorna suave, de una ironía algo maliciosa, pero bienhumorada, también también resulta un poco alambicada en algún momento (también un poco vintage, si se quiere)... Pero, vaya, quien lea esta novela, además de jipis desaparecidos encontrará infidelidades campesinas, disputas familiares, perros salchicha abandonados, supersticiones antiguas y fórmulas de brujería, sepulcros hugonotes, truferos, rebaños de ovejas... , y sobre todo, a una cerda de ciento ochenta kilos ante la que caerá tan rendido como lo está su dueño. No cabe duda alguna: merecía estar en la cubierta del libro ; )

domingo, 22 de septiembre de 2019

Hannes Råstam: Thomas Quick: cómo se hace un asesino en serie


Idioma original: sueco
Título original: Fallet Thomas Quick: att skapa en seriemördare
Año de publicación: 2012
Traducción: Yeray García
Valoración: más que recomendable

Parece que en los últimos tiempos se ha reavivado el interés popular por los asesinos en serie, tal vez debido a ciertas series y documentales programadas por Netflix (esto lo escribe un seguidor acérrimo de Mindhunter, sin ir más lejos); parece también, por tanto, el momento adecuado para recomendar este libro publicado ya hace unos años por el periodista sueco Hannes Råstam. En él se trata el caso de Thomas Quick, como se conoció durante un tiempo al también sueco Sture Bergwall, quien, a partir de 1992, estando internado en una clínica psiquiátrica y a raíz de la terapia recibida, comenzó a confesar su culpabilidad en diversos crímenes execrables -asesinato, violación, mutilación y canibalismo- cometido durante los 30 años anteriores; en total, se reconoció autor de casi cuarenta asesinatos, por ocho de los cuales fue declarado culpable por los tribunales, siendo considerado además el mayor serial killer europeo hasta ese momento. Pues bien, este pavoroso asesino está hoy en día libre y vive bajo seudónimo en algún país fuera de Suecia. Quizás resida en vuestra misma ciudad y os lo cruzáis todos los días, pensando que es un inofensivo jubilado escandinavo. Quizás sea ese tipo calvo y con gafas que os mira fijamente  mientras vosotros leéis esta reseña en el móvil...

Pues tranquilo todo el mundo, porque eso es exactamente Thomas Quick/Sture Bergwall (o como se llame ahora): un vejete más o menos inofensivo; Thomas o Sture es inocente, al menos de los crímenes que confesó. Todo había sido una trola inventado por este caballero tan locatis y creída -o al menos aceptada- por un buen número de médicos, psicoterapeutas, policías, abogados, jueces, periodistas... Otros, no obstante, se mostraron desde un primer momento escépticos sobre sus revelaciones -empezando por los padres de su supuesta primera víctima- y siempre le consideraron inocente, a la par que mentiroso. El autor de este libro, que era periodista de la televisión sueca, en principio sin una opinión formada al respecto, fue quien, al preparar un reportaje sobre el caso en 2008, consiguió que Sture/Thomas reconociese que todo había sido una invención por su parte. El libro es, por tanto, la crónica de cómo se llevó a cabo la investigación, no para probar la culpabilidad de un asesino, sino su inocencia.

¿Y por qué razón iba a querer alguien, por muy chiflado que esté, autoinculparse de un montón de terribles y hasta horripilantes crímenes? Pues por el motivo más viejo del mundo: para que le hicieran casito. Primero se inventó abusos e intentos de asesinato que habría sufrido por parte de sus padres, para hacerse así más interesante a los ojos de su terapeuta y luego confesó la autoría en uno de los casos de desaparición infantil más célebre de Suecia. La cosa no hubiera salido de la clínica psiquiátrica, tal vez, de no llegar a oídos de la policía y luego de la fiscalía, por lo que Quick, ante la tesitura de tener que retractarse, decidió tirar para delante y confesar no sólo ése sino otros asesinatos sin resolver -que le fueran aumentando la medicación, a la que era adicto, también tuvo mucho que ver-; ya sea por su interés particular o por incompetencia propia de un país bananero, psicoterapeutas, fiscal, policías, abogado defensor... todos le siguieron el juego y fueron hacer crecer la bola de nieve del "peor asesino en serie de Suecia".

De todas formas, lo más llamativo del asunto Thomas Quick, no es lo ñapas que pudieron ser algunos psiquiatras, policías, etc... suecos, ni siquiera en el caso de que su intención fuera cargar el mochuelo a un inocente -por más que él fuera quien se incriminara a sí mismo, a partir de cierto momento aquello era una verdadera encerrona- o, lo que es más probable, sacar algún partido en sus carreras profesionales (por cierto, que si algunas medidas que se tomaron sobre el paciente eran muy cuestionables sabiendo que era inocente, otras resultan totalmente increíbles si pensamos que podría haber sido culpable); es cierto que uno de queda atónito al leer como de van acumulando desafuero tras desafuero, sí, pero la manipulación de pruebas, interrogatorios o testimonios no es algo nuevo bajo el sol procesal, por desgracia. Lo impactante en último término, por diferente, de esta historia es darse cuenta cómo todos o muchos implicados acabaron sucumbiendo al poder de la ficción: la que se inventó en un primer momento Thomas Quick, pero que después es retroalimentada, en un demencial bucle que parecía no ir a tener fin, por la ficción que van pergeñando quienes se ocupan de su caso -tanto criminal como psiquiátrico- y a la que el paciente se va adaptando como nuevo Zelig. De hecho, justo estos días se ha estrenado en Suecia una película basada en este libro de Råstam, titulada Quick, pero cuyo título en inglés es asaz significativo: The Perfect Patient.

El libro resulta aún más interesante además, porque no se trata de la crónica de la captura de un asesino o el trazado de su perfil psicológico, sino de todo lo contrario: la deconstrucción  (más apasionante que su desvelamiento) de uno de estos serial killers. Muchos de los cuales ya han pasado a formar parte de la cultura popular, ya sean personajes reales -Bundy, Dahmer, Berkowitz... o novelescos, como el sempiterno Hannibal Lecter. Ya digo que yo mismo soy muy aficionado a este género de historias, pero también pienso que ojalá incorporemos pronto a nuestro imaginario el caso de Thomas Quick; todos podemos aprender más de él que de cualquier asesino psicópata de tres al cuarto. Por la cuenta que nos trae, además...

sábado, 3 de agosto de 2019

Santo Piazzese: Asesinato en el Jardín Botánico


Idioma original: italiano
Título original: I delitti di Via Medina-Sidonia
Año de publicación: 1996
Traducción: Pepa Linares
Valoración: Se deja leer

Si, en principio, de algo podemos estar seguros con respecto a esta novela es que su título no miente: comienza, en efecto, con un asesinato en un jardín botánico, el de Palermo. pero vaya, ya digo que eso, en principio, puesto que su título en italiano hace referencia a varios delitos y al nombre de la calle donde se encuentra dicho jardín; además, el asesinato parece ser un suicidio. Descubierto, por cierto durante un siroco -que es algo que siempre da color local- colgando de un ficus centenario, el finado resulta ser Raffaellle Montalbani (nada que ver con el policía de Camilleri, aunque tal vez sí con Manuel Vázquez Montalbán, de quien se hace alguna referencia en la novela, al igual que de Malaussène, el personaje de Daniel Pennac), hijo de Ruggero Montalbani, el anterior director y de hecho, fundador del departamento universitario anexo al jardín botánico y donde trabaja quien descubre el cadáver: Lorenzo la Marca, biólogo amigo del fiamb... fallecido y además, de Vittorio Spotorno, el comisario encargado de la investigación. Es más, ¡oh, bendita casualidad! La marca es también un antiguo novio de Michelle Laurent, la forense que se ocupa de la autopsia.

Pero, aunque este Lorenzo La Marca se erija, además del nodo central de todos los personajes, como peculiar "detective" del caso y el narrador de la historia, no penséis por un instante que es el protagonista de la historia; ¡de eso nada! De hecho, lo dice él mismo al comienzo de la novela... Total, qué importancia tiene que el 80%, tirando por lo bajo, del libro esté ocupado por sus pensamientos, circunstancias, rutinas, gustos sobre todo tipo de cosas: comida, bebida, ropa, música, libros, películas... No es el protagonista, en absoluto, pero sabemos que es un cuarentón, soltero "sesentayochista", según dice él -la novela está escrita y ambientada en los años 90 del siglo XX, así que haced cálculos-, miope, en apariencia bastante atractivo para las mujeres, al que le gusta el jazz, la novela negra y las películas clásicas de Hollywood -y además no duda en hacernos partícipe de sus conocimientos al respecto, lo que unido a la jerga científica que utiliza con frecuencia, consigue un cóctel de pedantería casi insoportable-; vaya, que el tipo parece ser un alter ego (supongo que mejorado) del propio autor, que comparte con él, ¡oh, nueva casualidad!, al menos edad, procedencia y profesión.

Ciertamente, cuarentones guayotas como éste los había a patadas, en aquellos antidiluvianos tiempos predigitales (y como los habrá ahora, supongo) apalancados en los departamentos universitarios. Porque, aunque la trama de la novela se desarrolle en la capital de la muy noble y pintoresca isla de Sicilia -y al parecer está muy bien reflejada, aunque yo no la conozco, por desgracia-, en realidad podría trascurrir en cualquier universidad de cualquier país del mundo; olvidaos de la Mafia, en este caso (de la que pega tiros y esas cosa, me refiero).

En fin, el crimen que se pone a investigar este inefable personaje tiene cierto intríngulis, sin que tampoco resulte tener una intriga apasionante... pero, caramba, a alguien le puede llegar a interesar, siempre que consiga superar al insufrible Lorenzo La Marca. Personaje que, también hay que decirlo, en algunos momentos se hace perdonar e incluso cae simpático gracias a ciertos golpes de humor autoirónico que, para alivio del lector, nos suministra el señor Piazzese. Ahora que lo pienso... ¿A ver si va a ser todo una parodia, en plan Gran Lebobsky, de la típica novela de detectives, urdida con intenciones satíricas por este autor? Claro, que me temo que aún hay al menos otra novela, que yo sepa, protagonizada por el biólogo-detective la Marca, así que no, me temo que va a ser que no...

domingo, 5 de mayo de 2019

Ricardo Piglia: Los casos del comisario Croce


Idioma:
 español
Año de publicación: 2018
Valoración: está bien


Sin más referencia de la obra de Ricardo Piglia que la proteica y excelente Plata quemada, me dispuse a leer éste su último libro; de hecho, publicado de forma póstuma. No se trata de una novela, sino de una serie de relatos policiales protagonizados por el comisario Croce (personaje que ya aparecía, por lo visto, en Blanco nocturno), un pesquisa rural de la provincia de Buenos Aires, especialmente atinado a la hora de resolver misterios gracias a métodos que aúnan la deducción y lo intuitivo. Hay que señalar que estos casos no siguen un hilo temporal, sino que saltan de la época en la que el policía se encontraba en el mejor momento de su carrera, a la de su jubilación o cuando tuvo que pasar a la clandestinidad por motivos políticos  (Croce estaba vinculado, aunque no queda claro si de forma muy entusiasta, con el régimen peronista).

Tampoco es que los casos de estos cuentos o, la mayoría de ellos, guarden mucho parecido con los consabidos de la "novela problema", como ocurre con los de Sherlock Holmes o los libros de Agatha Christie, Gaston Leroux y tantos otros... Alguno sí que transita, aun de forma más modesta,  por ese terreno, como La resolución, que el autor además aprovecha para explicar el "método" del comisario Croce o uno de los mejores, La señora X, supuestamente basado en un caso real que llegó a conocimiento de Piglia, en el que Croce investiga una "no violación". Son varios, por otra parte, los relatos que parecen basados en sucesos reales o anécdotas que le contaron a Piglia, en personajes y rumores más o menos legendarios de la cultura popular argentina -El astrólogo o La película-, aunque no sean tan conocidos fuera de ese país. También están representadas, y de forma no menor, las tramas de raigambre borgeana: así sucede con esa especie de Wakefield que aparece en El impenetrable y, sobre todo, con el estupendo relato La excepción, donde toda la investigación se lleva a cabo a través de unos versos. El propio Borges o un trasunto suyo protagoniza La conferencia, donde se diserta acerca del relato policíaco y el crimen perfecto.

El último de los relatos (y me he dejado alguno), El método, es más bien un compendio de reflexiones, apuntes y recuerdos de o sobre el comisario Croce, así como un rápido repaso a varios casos que quizás no tenían la entidad para merecer un cuento propio. Tal método de Croce que además de en la observación se basa en su humanidad e incluso empatía con el criminal, recuerda un tanto a los de otros famosos comisarios de los libros, como el Maigret, de Simenon, por su bonhomía,  o el Adamsberg de Fred Vargas, aun con menos tendencia que éste a "palear nubes". Croce es más circunspecto, más melancólico, más "tanguero", si se quiere, aunque también , sin duda, está armado con un estoicismo imbatible.

Antes he mencionado Plata quemada, pero he de reconocer que toda comparación con esta novela es injusta. Porque aquella crónica anfetamínica y fascinante de un atraco la escribió un Piglia en la plenitud de su vida y su oficio literario y estos cuentos del comisario Croce, un autor enfermo, en cada vez peor estado físico, que incluso debió utilizar un sistema de escritura a través de la mirada para poder acabarlos. El resultado, claro, es más calmo, relajado, incluso algo desfondado, lejos de la tensión adictiva de aquella otra novela. Pero, eso sí, en ambos libros pervive el interés de Piglia por desvelar y entender, por asumir la complejidad desconcertante del ser humano.


Otras obras de Ricardo Piglia reseñadas en Un Libro Al Día: Plata quemadaBlanco nocturnoLos diarios de Emilio RenziLas tres vanguardias: Saer, Puig, Walsh

jueves, 24 de enero de 2019

James Ellroy: Mis rincones oscuros


Idioma original: inglés
Título original: My Dark Places
Año de publicación: 1996
Traducción: Hernán Sabaté
Valoración: Out of order

Nota previa: No sé si esta reseña puede considerarse llena de spoilers o incluso un puro spoiler toda ella, puesto que no se trata de un libro de ficción, sino de unas memorias, pero, en todo caso, yo aviso.

Sobre la valoración: pongamos que uno de ustedes, de vosotros, es un un chaval de diez años cuyos padres están divorciados. Pasas los días de cole con tu pelirroja mamá, a la que odias y amas, mientras que los fines de semana te vas con tu padre, que viene a ser un simpático haragán. un domingo, al volver a casa te encuentras con que la noche anterior tu madre ha sido asesinada, posiblemente antes violada y su cuerpo arrojado a una acera del barrio. te vas a vivir con tu padre a tiempo completo; acabáis en la miseria. Dedicas tu adolescencia a llamar la atención soltando a diestro y siniestro majaderías nazis y a leer novelas policíacas; te obsesionas con la historia criminal de tu ciudad, con los casos que recuerdan al asesinato de tu madre. Tu padre muere antes de que llegues a la mayoría de edad. Te conviertes en alcohólico y drogadicto, en ratero, en un merodeador nocturno, en un mirón; en un sin techo ocasional. Acabas en la cárcel una y otra vez. Con 28 años, tras pasar por un psiquiátrico, te desintoxicas y empiezas a trabajar de caddy. También a escribir; consigues ser un novelista de éxito. Cuando tienes 47 años vuelves a investigar el asesinato de tu madre junto con un ex-policía: exploráis todas las pistas que permanecen, buscáis a todos los posibles testigos, seguís todas las huellas. Revivís juntos casos no menos pavorosos, con otras mujeres asesinadas. Y luego escribes un libro que es una confesión y una búsqueda, un abrirse en canal y una reconciliación con tu pasado y con tu madre. Además, un espejo en el que se refleja toda la violencia contra las mujeres que anida en esta sociedad, todo el rencor y la codicia sexual y la ferocidad de los hombres contra ellas. Y veintidós años después un panoli que escribe en un blog lee el libro y, anonadado, no sabe como valorarlo.

Nota posterior: abstenerse de leer este libro todo escritor que se haya dedicado o pretenda dedicarse a la llamada autoficción, porque le puede dar un pasmo. Yo aviso.

Otras barbaridades de libros de James Ellroy, reseñadas en Un Libro Al Día: PerfidiaLa Dalia Negra

sábado, 12 de enero de 2019

Walter Mosley: Traición


Idioma original: inglés 
Título original: Down the River Unto the Sea
Año de publicación: 2018
Traducción: Eduardo Iriarte
Valoración: está bien



La competencia e incluso excelencia como narrador de Walter Mosley  resulta bien conocida para cualquiera que haya frecuentado su serie de novelas del peculiar investigador afroamericano Easy Rawlins o haya leído algún otro libro suyo como la desoladora El blues de los sueños rotos. En los últimos tiempos, este autor ha vuelto a ser publicado en España, con esta novela protagonizada por el detective, ex-presidiario y ex-policía de Nueva York Joe King Oliver, y por la que ha recibido un sustanc... perdón, prestigioso premio del género negro (más aún en este caso), policíaco o como-se-quiera-decir.

Las comparaciones son odiosas, incluso entre libros y personajes del mismo autor, pero cabe decir que este neoyorquino Oliver del siglo XXI es bastante deudor del Rawlins de los años 50 en Los Ángeles; ambos son buenos tipos que se ven obligados, a veces, a bordear e incluso transgredir la ley. Los dos cuentan con la ayuda de un compañero que no sólo la transgrede, sino que incluso puede considerarse un verdadero psicópata: su viejo amigo Mouse, en el caso de Easy R.,  el diabólico y elegante atracador-relojero Melmorth Frost, en éste que nos ocupa. Los dos, en el transcurso de sus investigaciones, suben a los más altos palacios y descienden a las más bajas cabañas, por decirlo así... Y los dos (no sé si es algo intencionado o un tic inevitable del escritor) tienen cierta fijación por los colores, tanto -y sobre todo, aunque no sólo- por la piel de sus interlocutores como en general.

Dicho esto, hay que admitir que si bien Mosley no ha perdido su eficacia narrativa, como ya he mencionado, quizá sí su "ángel" o "duende", ese punto que convertía sus novelas en originales y diferentes. En esta Traición sabe combinar dos tramas detectivescas -la del propio caso que llevó a la cárcel y a la expulsión del cuerpo de policía a Oliver, y la investigación que trata de exonerar del corredor de la muerte a un activista político-, que se van trenzando a lo largo de todala historia; ahora bien, he de confesar que en algún momento he tenido que volver atrás para recordar si tal o cual personaje que se mencionan pertenecían a una o a la otra... Tampoco me convenció, en un primer momento, la presentación tanto de los protagonistas como de los casos que los ocupan; me parecía estar leyendo el guión de alguna serie televisiva de detectives con todos los tópicos del género (de hecho, creo que se está preparando una adaptación para la tele); ahora bien, cuando la novela toma cuerpo y, sobre todo, vira por fin hacia el hardboiled la cosa mejora bastante...

También he de reconocer, siendo honesto, que seguramente mi impresión de esta novela se encuentra condicionada por el magnífico recuerdo de anteriores libros de este escritor. Quien no haya leído ninguno puede pasar con este un rato, si no agradable -se describen escenas poco edificantes-, desde luego suficientemente entretenido.


Otros títulos de Walter Mosley reseñados en Un Libro Al Día: El demonio vestido de azul

lunes, 7 de enero de 2019

Patricia Highsmith: Las dos caras de enero

Idioma original: inglés
Título original: The Two Faces of January
Año de publicación: 1964
Traducción: Amalia Martín-Gamero
Valoración: recomendable

Todo el mundo sabe que el mes de enero tiene dos caras: primero, la tradicional resaca de Año Nuevo, la inevitable pesadez por la maratón gastronómica (rematada con el denostado pero ineludible roscón de Reyes, al menos por estos lares...), las tarjetas del banco temblando tras los excesos consumistas... Después vienen los buenos propósitos, las dietas, el gimnasio al que para marzo ya se ha dejado de ir, las rebajas, la interminable "cuesta de enero"... Bien, pues sobre tal esquizofrenia de la sociedad moderna occidental y la mejor manera de afrontarla sin menoscabo de nuestra salud y equilibrio interior escribió Patricia Highsmith este utilísimo libro para conservar el orden en nuestras vidas... ¡Muérete de envidia, Marie Kondo!

Vale, de acuerdo, ya dejo la patochada del día... Es evidente que éste no es un libro de autoayuda (de hecho, no se me ocurre nada más diferente de los libros de autoayuda que las novelas de Patricia Highsmith); su título hace alusión, además de que la historia se desarrolle en un mes de enero de alguno de los primeros años sesenta, al dios romano Jano, el bifronte, dios de las puertas, los comienzos y las transiciones. Dios al que hace alusión el nombre de enero en muchas lenguas europeas y, desde luego, en inglés.

La novela se podría calificar, más que de "policíaca", de "criminal" o noir, pero claro, tratándose de la Highsmith, cualquier clasificación por géneros no resulta demasiado definitoria. En ella, un joven norteamericano, Rydal Keener, que pasa una temporada en Atenas para alejarse de su familia -un típico personaje "highsmithiano", diríamos-, entra en relación, en circunstanciad harto peculiares, con un matrimonio de la misma nacionalidad que se encuentra haciendo turismo por Grecia: Chester MacFarland, un estafador de mediana edad, y su joven esposa Colette. Como, al parecer, Chester se parece bastante al padre de Rydal, recientemente fallecido, éste decide ayudarles a salir de cierto apuro y los acompaña a la isla de Creta. Allí la relación entre los tres se complica no sólo por las dificultades que deben afrontar, sino por la atracción mutua que sienten Rydal y Colette.

No voy a contar más de la trama, puesto que aún aguardan muchos giros y sorpresas en la misma. Sólo decir que la historia que cuenta convierte en un juego del gato y el ratón en el que las posiciones de uno y otro cambian, aunque además están cargadas de la ambigüedad moral que se presupone en cualquier narración de esta autora. Un thriller, de acuerdo, pero un thriller diferente, no exactamente "retorcido" sino complejo, con una perspectiva distinta a la que estamos acostumbrados con novelistas más convencionales. No es, lo reconozco, la novela más fascinante y perturbadora de esta fascinante y perturbadora escritora, pero sí lo suficientemente turbia como para hacernos plantearnos la integridad de nuestros propios principios, cómo habríamos actuado nosotros en el lugar de los protagonistas... o quizá mejor no saberlo.

Nota: la cubierta que se reproduce en esta reseña no es la de la edición que yo he leído (la de la Colección Compactos de Anagrama), pero resulta que en ésta aparece el cartel de la película de 2014 basada en la novela, y mirad, por mucho que salgan Kirsten Dunst y Viggo Mortensen y otro fulano que no sé quién es, paso de ponerla...

Más títulos de doña Patricia reseñados en Un Libro AL Día : aquí

martes, 17 de octubre de 2017

Rubem Fonseca: Bufo y Spallanzani

Idioma original: portugués
Título original: Bufo & Spallanzani
Año de publicación: 1985
Valoración: Muy recomendable

Gracias a dios que hace tiempo que la novela policiaca no se considera como un género menor, sin importancia o interés; ya casi nadie se atrave a despreciar un género que nos ha dado las novelas de Camilleri, Petros Markaris, Manuel Vázquez Montalbán o Leonardo Padura, por mencionar a unos cuantos. Y es en esa digna tradición de la novela policiaca bien escrita y bien pensada donde se sitúa Rubem Fonseca, escritor brasileño de justa merecida fama internacional.

Hace ya algún tiempo que reseñé por aquí El seminarista, una novela que clasifiqué como "divertida"; sin embargo, después de leer Bufo y Spallanzani, aquella otra empalidece y parece claramente una obra inferior, por su menor complejidad y ambición. En Bufo y Spallanzani, el enredo policiaco existe (de hecho adopta la clásica forma del whodunit, del crimen violento que el detective debe resolver), pero este enredo es secundario en una obra que juega a crear distintos niveles narrativos y textuales superpuestos, casi como Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino aunque con más humor.

En realidad, crímenes hay tres, sucedidos en tres momentos y lugares diferentes: el asesinato de la millonaria Delfina Delamare; el supuesto fraude de un hombre que se finge muerto para cobrar el seguro; y el asesinato de una mujer en una villa de retiro en medio de la selva. Lo que los tres crímenes tienen en común es la coincidencia de dos personajes: el escritor (y narrador encubierto de la novela), Gustavo Flavio, antes conocido como Ivan Canabrava, y el policía Guedes, que se encargará de investigar los tres crímenes en distintos momentos de su carrera.

Pero como digo, lo de menos es al final descubrir quién cometió los tres crímenes; lo mejor es el juego de historias dentro de historias; de voces que se suplantan unas a otras, con distintos nombres y distintas personalidades; las autoreferencias metaliterarias (el escritor Gustavo Flavio está obsesionado con escribir una novela titulada Bufo & Spallanzani) o el sentido del humor propio de Rubem Fonseca, que se manifiesta en su estilo desenfadado (que, una vez más, no sé cómo habrán conseguido mantener en la traducicón española), y en la galería de personajes alocados que rodean a los protagonistas y que crean un mundo tan irreal como creíble.

Tengo entendido que esta es la obra maestra de Rubem Fonseca, y como decía al principio, comparándola con El Seminarista se ve claramente que existe en esta una mayor ambición, una complejidad mucho mayor y un deseo consciente de experimentar con la forma y con el género. En todo caso, si la calidad de las obras (y el placer de lectura que proporcionan) se mantiene en el nivel de estas dos, no cabe duda de que vale la pena seguir leyendo al escritor brasileño. Sobre todo, si eres amante de la buena literatura policial.


Del mismo autor: Vastas emociones y pensamientos imperfectos, El seminarista, El gran arte,

miércoles, 23 de agosto de 2017

Leonie Swann : Las ovejas de Glennkill

Idioma original: alemán
Título original: Glennkill
Año de publicación: 2005
Traducción: María José Díez y Diego Friera
Valoración: está bien

Como modesto aficionado a las novelas policíacas o de misterio, uno ya ha visto de todo como protagonistas de las mismas: detectives profesionales o improvisados, periodistas, abogados, delincuentes... y hasta policías, claro. Pero no sólo personajes que desarrollan un oficio más o menos relacionado con el delito, en cualquiera de sus variantes; también profesores, camareros, criadas o dulces ancianitas. Incluso hay una serie destinada, en principio, al público juvenil, en la que el detective es un esqueleto fantasma, o algo parecido... Ahora bien, lo de la novela que reseño hoy supera todas las marcas de bizarrismo al respecto: en ella, la investigación del preceptivo asesinato  lo lleva a cabo un rebaño de ovejas. Tal cual.

Sí, un rebaño. Sí, de ovejas e irlandesas, para más señas. No una oveja sola, pues la autora del libro fue lo bastante astuta como para para no pretender la verosimilitud de una oveja con las dotes deductivas de Sherlock Holmes o Poirot. lo que hizo, en cambio, fue distribuir estas cualidades entre diferentes animales del rebaño para que, gracias a su acción combinada, consiguiesen conformar un equipo investigador que ríete tú de C.S.I Las Vegas... Así, de la parte analítico-deductiva se encarga la oveja más inteligente de todas y puede que del mundo entero, Miss Maple (qué sutileza en el guiño, ¿eh?); la memorización de los datos es labor del orondo carnero -por otra parte, algo tonto- Mopple the Whale, mientras que la audacia necesaria para llevar a cabo la misión investigadora corre a cargo del negro carnero de las Hébridas Othello y de la oveja Zora. Hay más -bastantes más- miembros del rebaño como los hermanos Sir Ritchfield y Melmoth (sí, también errabundo), pero esta muestra ya vale para dar una idea, creo yo.

Y hay un muerto, claro, en este caso, el pastor y dueño del rebaño, George Glenn (es decir, el libro nos cuenta el asesinato de Glenn, en Glennkill... jo, me parto con tanto ingenio), que amanece una buena mañana tirado sobre su prado -que además no es un prado cualquiera, sino un bucólico prado con dolmen y todo, junto a la costa irlandesa- y con una pala clavada en la barriga. Que así de pronto no parece, la verdad, un método muy eficaz para asesinar a alguien, aunque sí lo suficiente, por lo visto, no sólo para cumplir su objetivo, sino para que además la policía no de con la menor pista del asesino...aunque también es cierto que ni se molesta en buscarlas (?); así pues, han de ser las ovejas del rebaño de George los que se decidan a averiguar lo que ha pasado con su pastor y, tomándoselo como una afrenta personal, a quien lo haya hecho... algo doblemente complicado no sólo por la proverbial falta de inteligencia de esa especie animal, sino por su desconocimiento casi absoluto del mundo de los humanos, habida cuenta que la mayoría de ellas ni siquiera ha salido nunca del prado de marras.

En fin, el asunto las tiene ocupadas más de 300 páginas, que pese a lo chocante del argumento y a que algún que otro momento tiene su gracia, también guardan otros muchos que las hacen parecer bastante más numerosas, hasta que llegamos al -aún más- absurdo final. Hay que reconocer que la autora ha tenido gran habilidad para contarnos una historia desde el punto de vista de las ovejas (yo no sabría ni por donde empezar), con la dificultad añadida del tipo de novela, digamos "policiaca", de que se trata. Es muy interesante, por ejemplo, cómo consigue hacernos ver el mundo desde la perspectiva de estos animales, subrayando, por ejemplo, la gran importancia que tienen los olores para ellos, o la diferencia de prioridades que les dicta su naturaleza con respecto a las humanas -primero, comer; luego protegerse; después, comer; luego, dormir, después, com... bueno, igual no somos tan diferentes-... Pero, caray, ¡que estamos hablando de una novela protagonizada por ovejas! No deja de ser una soberana tontería... (por no decir una santa chorrada). Y que conste que el primer interesado en toda clase de tonterías soy yo; de hecho, fue lo que me animó a leer este libro. Ahora bien, hay que darle la importancia y el interés que merece y avisar a quien quiera leerlo de que se va a encontrar una novela algo raruna, entretenida a ratos, pero poco más...  incluso demasiado larga y complaciente, de alguna manera, para que podamos siquiera atesorarla con nuestras lecturas más entrañablemente bizarrescas.

Eso sí, a quien le guste la novela que sepa que, a raíz  del éxito que debió tener el libro, al menos en Alemania, hay publicada una segunda parte. Por si quiere leerla (sé de uno que creo que no lo hará). 

miércoles, 4 de enero de 2017

Colaboración: Por la mañana me habré ido de Adrian McKinty

Idioma original: Inglés
Título original: In the morning I’ll Be Gone
Año de publicación: 2014
Traducción: Eduardo Hojman
Valoración: Recomendable

De los conflictos sectarios que la civilizada Europa ha cobijado en su regazo desde el fin de la II Guerra mundial, el del Ulster formaría parte con letras de oro en esta arraigada y viva tradición de fanáticos enconamientos, cerrilidad y dogmatismo. Afortunadamente, desde hace unos años los patriotas de ese territorio, más reducido que la provincia de Cuenca, intentan convivir con sus desavenencias y sus credos sin liarse a balazos, aunque solo sea después de pasarse tres décadas practicando el tiro al adversario, con un saldo de más de 3.500 asesinados y una sociedad fracturada por el desprecio y el odio al diferente y un enorme acopio de dolor por tantas vidas cercenadas, absurdamente truncadas.

Ahora es el momento para que eruditos, universitarios en busca de tesis y académicos varios se ganen la vida con sus canónicos relatos. Pero también tenemos la opción de los escritores; y la que nos ofrece Adrian McKinty (Belfast, 1968) con su Trilogía de los Troubles (Problemas) que cierra Por la mañana me habré ido  es igualmente pertinente, valiosa y cautivadora. McKinty retrata aquel infierno que fue el Ulster del primer lustro de los ochenta a través de los ojos de Sean Duffy, joven, licenciado, católico, detective de las RUC (policía que en aquellos años estaba conformada en un 85% por protestantes, lo que la hacía especialmente odiada por los irlandeses republicanos y blanco predilecto de sus acciones terroristas).

Duffy es un tipo que trata de sobrevivir en el marasmo de la confrontación intentando hacer su trabajo, pese a que la verdad no cotizaba excesivamente al alza en ninguno de los bandos enfrentados con su pléyade de lugartenientes, buscavidas, oportunistas, crápulas, peones, recaudadores, oficiales y generales cuyo objetivo era retener, mediante las siglas o las armas, el ínfimo, pequeño o mediano territorio de poder que les proporcionaba la situación de enfrentamiento armado. Así que Sean Duffy va por libre, exhibe con sus impertinencias una enorme capacidad de irritar a unos y otros y utiliza su indomable sarcasmo para retratar y dejar en evidencia la asfixiante, cruel y mezquina atmósfera que empapó los seis condados nororientales de Irlanda, con brujos del calibre del reverendo Ian Pasley o Gerry Adams, -que por cierto, acabaron negociando años después cómo se repartían el poder; uno, First Minister; el otro, Deputy Fisrt Minister.

Quizás en esta entrega Sean Duffy, que es recuperado por el MI5 del puesto de vigilancia de caminos de frontera donde había sido degradado, no muestre tanta petulancia  y desparpajo como en Cold Cold Ground (2012) y Oigo sirenas en la noche (2013) y adquiera un tono más reflexivo e incluso se permita algún ramalazo de melancolía. El madero que daba sablazos para autoconsumo a las drogas incautadas en el almacén de la comisaría, se tragaba el vodka con lima por botellas y se pirraba por los grupos en la cresta de la nueva ola se ve inmerso en una doble trama que entremezcla un clásico de la novela detectivesca como es el misterio de la habitación cerrada, con la persecución de uno de los rutilantes héroes del IRA con el que compartió pupitre escolar y gusto por una chica. Incluso puede que Sean Duffy queme sus últimos cartuchos como personaje literario y recuperando los versos que cantaba Tom Waits -del que en efecto, están tomados todos los títulos de la serie- en I’II Be Gone: “Cogeré cada sueño que aún respire,/ encontraré cada barco que vaya a zarpar/ dispararé a todas las luces del café,/ y por la mañana me habré ido”.

Firmado: Carlos Ciprés

viernes, 21 de octubre de 2016

Colaboración: El libro de los Baltimore de Joël Dicker

Idioma original: francés
Título original: Le libre des BaltimoreTraducción: María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego
Año de publicación: 2016
Valoración: recomendable

El libro de los Baltimore es el nuevo éxito editorial de Joël Dicker después de La verdad sobre el caso Harry Quebert. Comparte con esta última novela un misterio que se resuelve al final, la descripción de unas vidas perfectas que no lo son tanto, una narración en diferentes planos temporales y el elemento metaliterario de un libro sobre cómo se escribe un libro.

Joël Dicker demuestra una vez más su pericia como narrador y su capacidad para crear novelas realmente adictivas, con una intriga sabiamente dosificada, un acertado reparto de los indicios y una estructura en capítulos casi folletinesca, con un clímax al final de cada uno de ellos.

Si La verdad sobre el caso Harry Quebert tomaba como interrogante inicial "quién mató a Nora", a semejanza de Twin Peaks, El libro de los Baltimore parte de una situación llamada "el Drama" que cae sobre la familia protagonista y que descubrimos al final de la novela.

El narrador, Marcus, es el mismo que el de La verdad sobre el caso de Harry Quebert, un narrador plano como personaje, pero eficiente como contador de historias que descubre que nada es lo que parece, indefinido e ingenuo a veces, que queda fascinado por el modo de vida de sus tíos y primos, los Baltimore, durante su infancia y adolescencia en los noventa. Al igual que el narrador de El gran Gatsby cae rendido ante esa riqueza aparente de una época dorada que queda arrasada por la crisis del 29, Marcus siente una mezcla de admiración y de envidia por sus tíos y primos. Pero al igual que sabemos que esa belle époque se hizo añicos con el crack del 29, también sabemos que esos fabulosos años noventa tuvieron el despertar brusco de los atentados de 2001 y de la crisis de 2008. Así como la muerte de Gatsby puede ser interpretada como el fin de una era, el Drama que sufren los Baltimore cierra una etapa de prosperidad y felicidad solamente aparentes.

La novela se desarrolla a través de un juego temporal en tres fases: antes del Drama, inmediatamente después del Drama y en el 2012. Hillel, el primo de Marcus, es un niño superdotado pero no demasiado popular entre sus compañeros hasta que entra en escena, como en Cumbres borrascosas, un niño adoptado, Woodrow, que cambia para siempre el orden familiar. Los tres primos, Marcus, Hillel y Woodrow, hacen amistad con los hermanos Scott y Alexandra. Forman un club de los cinco durante aquellos maravillosos años que quizá no lo fueron tanto, durante aquella adolescencia idealizada llena de conflictos larvados que estallan al cabo de los años, un club de los cinco que se va quebrando poco a poco hasta desaparecer.

Cuando la universidad da paso al instituto y los celos a las competiciones deportivas, cuando cada uno de los integrantes de la pandilla lucha por encontrar su lugar en el mundo, cuando se pasa de un nosotros a un yo, cuando la pertenencia al grupo no es tan importante como el éxito individual, se va encendiendo la mecha que hace estallar el Drama. Aunque ese Drama sea exagerado, no es difícil identificarse con la ruta iniciática de los protagonistas que se estrellan contra un muro de realidad. Al caer los ídolos, sus cenizas desprenden un suave aroma de melancolía por la juventud perdida.
El libro de los Baltimore presenta una narrativa cinematográfica y de teleserie sin que eso sea un aspecto negativo. A veces hay pasajes que por momentos se asemejan a una adaptación de Dawson crece y en otras ocasiones a Thelma y Louis en versión masculina.

A partir de esos referentes en los que resuenan películas y series de adolescentes, hay una tragedia subterránea, una historia de envidia que se repite de generación en generación, una recreación del mito de Caín y Abel que sobrevuela la novela: querer ser lo que el otro es y querer tener lo que el otro tiene, olvidándose de lo que uno es y tiene.

Y al final, queda Marcus, un narrador que recupera a ese club de los cinco y cierra sus heridas a través de las palabras, y que se da cuenta de que, al igual que las estirpes condenadas a cien años de soledad no tendrían una segunda oportunidad sobre la tierra, la estirpe de los Baltimore solo tendrá una segunda oportunidad a través de El libro de los Baltimore que el propio Marcus escribe y que cristaliza su historia.

Firmado: Federico Escudero

miércoles, 12 de octubre de 2016

Edmund Crispin: La juguetería errante

Idioma original: inglés
Título original: The Moving Toyshop
Año de publicación: 1946
Traducción: José C. Vales
Valoración: está bien

Dentro de la acendrada tradición británica de novelas policíacas o de misterio -es decir, en su variante más "fina", me refiero"-, encontramos no pocos autores que combinan o combinaban, más bien, la exposición de crímenes más o menos sanguinarios con ese humor característicamente british. Dentro de este estilo, no sé si el más famoso en su momento (puede que sí, pero estoy pensando también en Michael Innes, por ejemplo), aunque seguramente sí que el más desaforado a ese respecto, fue Edmund Crispin, cuyo verdadero nombre era Robert Bruce Montgomery -el seudónimo lo sacó, precisamente, de una novela de Innes-, músico de formación y profesión, pero que en los años 40 decidió crear su propio personaje detective para escribir una serie de novelas del género, al parecer inspirado en la lectura de una de John Dickson Carr (otro que tal, aunque americano, en este caso). El personaje que fabuló era el filólogo y profesor oxoniense Gervase Fen, un tipo de lo más brillante y excéntrico -no podía ser de otra manera-, aficionado a sembrar el caos por Oxford conduciendo su coche a toda pastilla y, por lo que parece, más proclive a la acción que a la reflexión tocando lánguidamente el violín puesto de droga hasta las cejas (aunque las bebidas espirituosas sí que le van).

La tendencia hacia esa excentricidad se deja notar incluso en la propia trama de la novela; en ésta, que es la tercera de la serie (¿que por qué no he empezado leyendo la primera? Pues porque se supone que La juguetería errante, escrita en 1946, transcurre antes, en 1938... y, sobre todo, porque las críticas que he leído dicen que es la mejor de todas), Crispin le da una vuelta de tuerca al concepto del "misterio en el cuarto cerrado"... y hace desaparecer el cuarto cerrado. No me prodigaré en los detalles para no fastidiarle la lectura a nadie, pero sí debo explicar que el protagonista de la novela, el poeta Richard Cadogan, se va de vacaciones a Oxford, donde cursó sus estudios y allí, la noche de su llegada, descubre un cadáver en una tienda, justamente la juguetería a la que alude el título. Pero cuando al día siguiente pretende denunciar el suceso, resulta que la juguetería de marras ha desaparecido y convertido en una tienda de abastos. Cadogan recurre entonces a su amigo Gervase Fen, profesor de lengua y literatura inglesas en St. Christophe's College de esa ciudad universitaria (college inexistente, en realidad), y ambos se entregan a una pesquisa frenética que les llevará a conocer a personajes siniestros y/o harto extravagantes e ir reclutando una recua de colaboradores no menos inusuales: desde la hermosa señorita Sally Carstairs, a algún que otro sordo profesor de edad avanzada, más toda una caterva de estudiantes disipados y bastante borrachos.

El resultado es que la historia, más que la típica novela-problema de la escuela inglesa, resulta ser una especie de gymkana a lo largo y ancho de Oxford y alrededores  (supongo que quienes conozcan esa localidad sentirán un placer añadido a su lectura), que llega a oscilar, incluso, entre el vodevil y el slapstick, amén del humor más característicamente británico, lleno de ironía e incluso un toque de non sense que convierte la lectura en algo de lo más divertido (como se dice en un momento de la novela: "Oxford es el único lugar de Europa donde un hombre puede hacer cualquier cosa e incurrir en cualquier excentricidad y no despertar ningún interés ni emoción en absoluto en nadie"). Pero bueno, hasta ahí; quien busque una novela canónica de crímenes y misterio, me temo que sufrirá una cierta decepción. Pero cuando no hay pan, buenas son tortas: superada aquélla, a disfrutar.

martes, 27 de septiembre de 2016

Colaboración: El loco del bisturí de Yasmina Khadra:

Idioma original: francés
Título original: Le dingue au bistouriAño de publicación: 1990
Traducción: Wenceslao-Carlos Lozano
Valoración: Está bien

Mohamed Moulessehoul (Kenadsa, Argelia, 1955) llegó al grado de teniente en el ejército argelino, aunque su verdadera vocación era la literatura. Como en sus libros no se privaba, más bien todo lo contrario, de llamar por su nombre al nepotismo, la corrupción, la arbitrariedad impune y el pillaje de los recursos públicos en el que está instalada la élite político-militar que domina Argelia desde su independencia -una República pretoriana, se le ha denominado- optó por buscarse un pseudónimo femenino, Yasmina Khadra, para mantener un anonimato que una vez consolidado su estatus de escritor y permitirse canjear las armas por las letras, mantuvo como seña de identidad.

Debe Yasmina Khadra una buena parte de su prestigio literario a su comisario de policía Brahim Llob, protagonista de cinco novelas. Traducidas al castellano teníamos La parte del muerto (2004) y la llamada Trilogía de Argel Morituri (1997), Doble Blanco (1998) y El otoño de las quimeras (1998)- así ordenadas por la cronología en que transcurre la acción. Y ahora disponemos también de la que inició la serie y el personaje, El loco del bisturí (1990), que quizás por su condición primeriza no tenga la densa carga de hiel, desolación y amargura que supuraba el Argel de Brahim Llob. Y que se ciñe a una trama más convencional de pesquisa criminal con apenas cuatro pinceladas de color local.

Brahim Llob es un melancólico comisario de policía, huraño, bocazas y misántropo, aunque en El loco del bisturí todavía se nos presenta con grietas morales y dudas existenciales, unos rasgos que después se fueron blindando ante lo que pasó por encima a él y a su país. Que fue nada menos que toda una guerra civil (1991-2002) entre los muy sobrados de integrismo y los muy carentes de integridad y que dejó decenas y decenas de miles de muertos y un enfrentamiento desgarrador y atroz que está recogido y retratado de manera implacable en las páginas de novela negra de Yasmina Khadra.

Así que destacar de un libro que lo mejor es lo que le siguió no es precisamente un elogio, pero es que El loco del bisturí queda apenas como un aperitivo, un complemento ante la potencia de lo retratado en la Trilogía de Argel y, en mi opinión, el mejor libro de los protagonizados por Brahim Llob, que es La parte del muerto.

Musulmán y africano, Brahim Llob es un interesante contrapunto a sus colegas del Mediterráneo septentrional y europeo, como el marsellés Fabio Montale de Jean-Claude Izzo, el siciliano Salvo Montalbano de Andrea Camileri o el ateniense Kostas Jaritos de Petros Markaris, igualmente desencantados y escépticos ante su entorno y circunstancias pero todavía capaces de cierta combatividad a base de ironía y hedonismo, especialmente el gastronómico. Una actitud vital que, en el caso del argelino, acaba por dejarse atrapar por completo por la irreversibilidad del desastre colectivo y la plomiza desesperanza: “Los argelinos sólo reaccionamos en función de lo que nos ocurre, jamás en previsión de lo que pueda ocurrir”.

Firmado: Carlos Ciprés

También de Yasmina Khadra en ULAD: Los virtuosos