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jueves, 10 de septiembre de 2026

Colaboración: La reina Margot, de Alexandre Dumas

Idioma original: Francés

Título original: La reine Margot

Traducción: Elena Real y Dolores Jiménez

Año de publicación: 1845

Valoración: Decepcionante 


En verano es cuando más me apetece leer novelones decimonónicos – o quizás debería decir que es cuando único es realista ponerme a ello, puesto que es cuando tengo la calma y la concentración para embarcarme en la tamaña empresa que es leer un libro de tropecientas páginas escrito hace más de cien años. 

Este año le ha tocado el turno a La reina Margot, de Alejandro Dumas padre (me van a perdonar, yo soy de la generación en que se traducían los nombres de los grandes de la literatura, como si fuesen miembros de casas reales – que curiosamente se siguen traduciendo – y por lo tanto leí a Julio Verne y a León Tolstoi – aunque también a Charles Dickens y a Gustave Flaubert, hum, quién sabe qué aleatorios mecanismos llevaban a traducir a algunos y dejar en su idioma a otros… ) En fin, que me enredo. ¿Será por venir de leer este libro? Porque la verdad es que es un enredo tremendo. 

La reina Margot es una novela histórica, donde acontecimientos reales se mezclan con elementos ficticios.  Se centra en un episodio de la vida de la mujer que le da título, aka Margarita de Valois, hija de Catalina de Médicis y el rey francés Enrique II, destinada a convertirse en reina de un país donde el auge del Protestantismo está creando fuertes tensiones. Para paliar esas tensiones, a Margarita la casan con otro Enrique, Enrique de Borbón, rey de Navarra, criado en la fe protestante pero que acabará bautizándose católico. La boda, sin embargo, termina por ser uno de los detonantes de la matanza de San Bartolomé, en la que la población católica asesinó a miles de hugonotes, esto es, protestantes franceses. La novela cubre los días justo antes de la boda (y por ende, de la matanza) y los meses posteriores, y se ocupa fundamentalmente de los amores extramatrimoniales de la reina Margot, que se queda prendada de un hugonote, y los tejemanejes de la corte, encabezados por la madre de la reina. 

La trama, a mi parecer fascinante, no está bien aprovechada. Hay buenas escenas de acción, como es frecuente en el autor, pero las personalidades y las motivaciones de sus protagonistas están muy simplificadas, con lo que acaban resultando bastante planos: Margot es guapísima y buenísima, Catalina es también guapísima pero malísima, el hugonote de la reina es nobilísimo y su amigo fidelísimo, el rey es aburridísimo, etc. etc. No hay medias tintas. De modo que la realidad del período, de gran dramatismo y complejidad, queda como un decorado de cartón, y los personajes históricos, que no son todos, pero los que son tienen mucho jugo, parecen marionetas en un teatro infantil. Difícil conectar y mantener el interés a través de las más de 700 páginas del libro. 

Esperaba más del grande Dumas, autor de aventuras tan divertidas como las de los Mosqueteros, y también de material profundamente introspectivo, casi filosófico, como El Conde de Montecristo. Las comparaciones son odiosas, lo sé, pero es que La reina Margot es… un rollo. 

¿Vale la pena leer la novela? Yo diría que, si uno tiene curiosidad por la historia de Francia y disfruta con la prosa de Dumas, sí, vale la pena. Ahora, yo no lo hubiera hecho si hubiera sabido el tipo de lectura que me iba a proporcionar. Y esto lo digo yo, que me pirro por las novelas decimonónicas. ¡Sobre todo en verano! 

Firmado: Yaiza P.

También de Alexandre Dumas reseñado en ULADEl conde de Montecristo

martes, 18 de agosto de 2026

Maryse Condé:Victoire, la madre de mi madre

 Título original: Victoire, les saveurs et les mots

Idioma original: francés

Traducción: Martha Asunción Alonso

Año de publicación: 2025

Valoración: Recomendable


La fallecida escritora antillana Maryse Condé tuvo el honor de conseguir el premio Nobel alternativo del año 2018 en una edición en la que el premio Nobel oficial no se concedió por un turbio asunto judicial.

Desde hace unos años la editorial Impedimenta ha recuperado la obra de Condé, obra que está profundamente enraizada con las vivencias de la escritora en la Antillas francesas, sobre todo con la isla de Guadalupe, de donde era originaria.

En esta ocasión, la escritora nos traslada en un ambiente, a menudo onírico, una vez más a Guadalupe para narrarnos la historia de su abuela materna, Victoire Elodie Quidal, una nativa que se convirtió en una cocinera de reconocido prestigio en su época. En un universo donde se mezclan negros, mulatos y blancos descendientes de los primeros colonizadores, Victoire supone una rareza porque su piel, como nos señala la escritora, es de una blancura australiana. 

Victoire sólo se comunica en criollo. No aprendió francés, que era el idioma oficial en el archipiélago, y quizás por ello y por un carácter retraido que le impide comunicarse sobre todo con la clase dominante francesa, lleva una vida tranquila y silenciosa. Sin embargo, Victoire encuentra un lenguaje para comunicarse con los demás: es una cocinera prodigiosa y sus platos pasan a ser alabados por la burguesía francesa que acude a las reuniones que se celebran en el domicilio del matrimonio Walberg, lugar donde reside Victoire. 

Las excelencias culinarias de Victoire y su extraño color de piel hace que sea una figura muy reconocible no sólo entre la élite blanca, sino entre los supersticiosos nativos de la isla.

Con un lenguaje muy cuidado y poético, a menudo incluyendo palabra criollas o incluso españolas, Maryse Condé nos irá narrando con mucho mimo y detalle los avatares de la azarosa vida de nuestra protagonista y, a través de su vida, iremos viendo las lentas trasformaciones del mundo colonialista en las Antillas francesas. Poco a poco los dueños blancos de las plantaciones de azúcar y café se verán obligados a ceder su dominio absoluto sobre la vida de los habitantes de las islas y una nueva generación, donde los negros son mayoría, irán accediendo a cargos de poder e irán cambiando las relaciones sociales en la isla.

Victoire no participará en esos cambios, no toma parte activa en la política, sus preocupaciones fundamentales son su ambigua relación con el matrimonio Walberg y su ilusión porque su hija Jeanne tenga la educación que ella no pudo tener y prospere en la vida. Precisamente su falta de entendimiento con su hija se convertirá en un trauma para Victoire que no consigue entender la falta de empatía que le muestra su hija prácticamente hasta el final de sus días. Jeanne no entiende, ni aprueba, la relación, eminentemente sexual, que Victoire mantiene con Boniface Walberg y la de amistad  con su esposa Anne-Marie. En definitiva, Jeanne es plenamente consciente de la relación de subordinación que su madre tiene con sus patronos blancos y, al igual que una nueva generación más educada y preparada de habitantes negros busca cambiar las obsoletas relaciones de poder en Guadalupe.

Resulta demoledor el juicio que Condé pone en labios de Victoire sobre su relación con su hija: "Sé que no eres feliz, a pesar de tu casa de dos plantas, tu diamante de compromiso, tu alianza tallada y ese joyero que Auguste no deja de abarrotar. Es por mi culpa. Sí, mi culpa y de nadie más. Lo eché todo a perder en el mismo momento en que te di el pecho. En lugar de fortaleza, mi leche te transmitió mis penas y mis miedos. Y todavía hoy sigo envenenándote la vida. Supongo que siempre lo he hecho, aunque mi intención fuera buena. Te merecerías una madre mejor".

Maryse Condé  radiografía la sociedad en la que vivió su abuela y dentro de ese  contexto hace un retrato a veces, cruel, a veces tierno, de la vida que le tocó vivir. No busca dotar de un carácter mítico a la figura de su abuela. Se trata de un relato sincero y emotivo de unas personas y una época a la que nos invita a asomarnos  y que Condé nos retrata con suma emotividad y delicadeza.

domingo, 16 de agosto de 2026

Anne Plantagenet. Desaparición inquietante de una mujer de cincuenta y seis años

 

Idioma original: francés

Título original: Disparition inquiétante d'une femme de 56 ans

Año de publicación: 2024

Traducción: Juan Vivanco

Valoración: muy recomendable

Una razón más por la que uno ha de vagar entre pasillos en las librerías o en las bibliotecas sin sentido y sin prejuicios. Encontrarme con un excelente texto como éste, que ha resultado ser una de las mejores lecturas de los últimos tiempos. Plantagenet sabe conjugar a la percepción las perspectivas para afrontar una situación muy delicada. Porque este libro habla de una persona con la que la autora demuestra una cierta afinidad, desde sus primeras páginas. 

Letizia Storti, empleada en una fábrica de medicamentos en una población francesa, mujer de origen italiano que, en su mediana edad, se encuentra en ese gris anonimato, tras haber sufrido en el pasado discriminación por la condición (inmigrante, incapacitada) de su madre. Accede a un modesto acceso de fama cuando, tras acudir a varios casting, es seleccionada para un modesto papel en una película. En ese papel representará algo muy cercano a su realidad. Será una activa integrante en unas protestas laborales, en una encarnizada lucha (en la ficción, luego la realidad le procurará algo parecido) entre empresa y trabajadores, para evitar el cierre de una fábrica. 

Es a través de ese contacto como Letizia traba cierta amistad con la autora. Que, sin ser una relación intensa o continua, va sabiendo de ella, de como su existencia tras ese leve acceso a algo parecido a un sueño personal va entrando en una espiral de desesperación, que acaban, apenas unos años tras ese papel, y tras varios intentos, con el suicidio de Letizia. 

Pero esto no se trata de recrear morbo ni de ensañarse en los hechos per se. Plantagenet traza un colosal retrato que es extrapolable en muchos sentidos. Sobre todo desde la perspectiva de la dinámica de clases: Storti es una mujer que se enfrenta por igual a una corporación y a un entorno que ha tomado una actitud de pasividad hostil cruel y matizada. Ha representado a sus compañeros en reivindicaciones sindicales porque sus principios han prevalecido sobre cualquier actitud egoísta. Ha sido silenciada e ignorada. Y su participación en la película ha representado un respiro, una ruptura con una situación que la está aniquilando lentamente. Luego, por diversas cuestiones, ha languidecido y ha sido ignorada y dejada de lado.

Magnífico retrato que, tristemente, es aplicable a muchas más personas de las que nos parece.

jueves, 6 de agosto de 2026

Colaboración: Una muerte muy dulce, de Simone de Beauvoir

Idioma original: Francés

Título original: Une mort très douce

Traducción: María Elena Santillán 

Año de publicación: 1964

Valoración: Bastante recomendable


Simone de Beauvoir, aparte de ser un icono feminista de mediados del siglo pasado, de ser la musa del filósofo existencialista Jean Paul Sartre, de ser una intelectual enorme que resquebrajó las estructuras psicosociales de identidad de género, y de ser una persona pública comprometida con causas políticas, aparte de todo eso, Simone de Beauvoir era un ser humano. Y en este libro, esa es la voz que narra. 

Una muerte muy dulce es la cuarta novela autobiográfica que escribió la autora, y trata sobre la muerte de su madre. Es un libro corto y está escrito como si de un diario se tratara: comienza con el ingreso de la madre en el hospital y termina con su fallecimiento pocas semanas después. En ese tiempo, acompañamos a de Beauvoir en gestiones administrativas, conversaciones con médicos y enfermeras, acuerdos logísticos con su hermana y con su pareja, idas y venidas, noches de insomnio, reflexiones sobre la vida y la muerte; en fin, todas esas cosas, grandes y pequeñas, que conforman los días de la gente. Y es una experiencia profunda y enriquecedora, porque Simone de Beauvoir es muy inteligente y escribe con agudeza. 

En las 150 páginas que tiene este libro, la autora aborda temas muy complejos: la responsabilidad de amar, las relaciones madre-hija, la religiosidad, la existencia humana. No se explaya con ninguno, pero es certera en sus razonamientos. De forma casi clínica, disecciona sus pensamientos sobre estas cuestiones y expone sus opiniones con claridad, sin sentimentalismo. Se agradece. La prosa destila lucidez y humanidad.

Y luego está el tema de lo que significa ser mujer en el tiempo que le tocó vivir a de Beauvoir. Curiosamente – y digo curiosamente porque Simone no se solía andar con rodeos respecto a este asunto – en este libro no trata el tema de manera frontal, pero está siempre presente. Está presente cuando habla de su madre, de qué tipo de persona era, qué motivaciones tenía; habla de ella con respeto y cariño, pero también con distancia, desde cierta perspectiva crítica, quizás por sentirse lejana de esas motivaciones. Pero sobre todo el tema está presente en las escenas que transcurren en el hospital: la arrogancia de los médicos (todos hombres) hacia Simone, su madre y su hermana, la violencia con que despachan sus opiniones y peticiones, la superioridad que emanan, y la consiguiente sumisión y resignación por parte de ellas, todo esto describe de manera infalible cuál era la actitud que se esperaba (quiero pensar que mi uso del pretérito aquí es acertado) de las mujeres. Sin embargo, como dije, no hay nada subrayado de manera explícita. Y también esto se agradece. Porque si fuera de otro modo, el libro quizás resultara panfletario, y no sería justo, porque es – parece – un libro sincero. Bastante recomendable.

Firmado: Yaiza P.

Otras obras de Simone de Beauvoir reseñadas en ULAD: Los mandarinesLa mujer rota

miércoles, 22 de julio de 2026

Sophie Demange: Las carniceras

Idioma original: francés

Título original: Les bouchères

Año de publicación: 2025

Traducción: Susana Prieto Mori

Valoración: se deja leer

Dos apuntes o avisos antes de comenzar la reseña en sí, para dejar las cosas claras:

1°- Voy a tratar de evitar todo espoiler sobre la trama de esta novela, pero me temo que va a ser difícil que algún lector o lectora avispado/a no adivine por donde va. No pasa nada, se puede leer el libro aún intuyendo o incluso sabiendo esta información, aunque, claro está , no es lo más idóneo. (*).

2°- ¿Me he decidido a leer esta novela atraído por su molona cubierta? Pues sí, no lo niego; ya sabéis de mi superficialidad al respecto. Aunque como dijo, no sé si Gide: "Lo más profundo de los hombres es su superficie"... Pues a veces con los libros pasa igual.

Dicho lo cual, vamos al lío... Las carniceras trata, cómo no, de unas carniceras; en concreto, Anne, que decide hacerse cargo del negocio familiar en la normanda ciudad de Ruán y para ello recluta, primero, a su compañera de formación Stacey y luego, como ayudadante, a la guineana Michèle, conformando todas ellas un trío de profesionales del despiece cárnico especialmente seductor, dentro de una profesión en general detentada por hombres (al menos en Francia, al parecer). Además, redecoran y actualizan la carnicería heredada del padre de Ann para convertirla en un local encantador, por no decir cuqui e incluso trendy, hipster o como se denomine ahora el pijerío Bobo (Bourgeois-bohème, no hablo de ningún ex-presidente del Gobierno español). La iniciativa parece ir sobre ruedas... excepto que ambas tres han sido o son víctimas de algún tipo de abuso, violencia o discriminación por parte de los hombres y esa circunstancia acaba revertiendo a sus vidas. Claro que dichos hombres no cuentan con sus destrezas en el manejo de la cuchillería utilizada en su oficio y hasta ahí puedo leer...digo, contar.

¿Qué me ha parecido Las carniceras? Pues permitidme desarrollar mis puntos de vista usando el que podríamos denominas "Método Patentado Oriol de Elaboración de Reseñas". Es deir, por una parte, veamos los aspectos positivos o que me han gustado de esta novela:

  1. la inevitable simpatía que , desde un principio, suscitan las protagonistas. Simpatía que se siente hacia ellaas a pesar de que ciertos comportamientos que llevan a cabo no son los más correctos desde diferentes puntos de vista... desde el puramente legal al ético, pasando por la seguridad alimentaria.
  2. Una recreación de la vida  diaria de un barrio tradicional francés tirando a gentrificado bastante amena y hasta divertida (por continuar con las referencias francófilas, aunque sean cinematográficas, recuerda a algunos pasajes de las películas de Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro, Amélie e incluso Delicatessen).
  3. Ciertos pasajes del libro, sobre todo cuando se trata de descripciones de paisajes o de las actividades propias del oficio de las protagonistas, que destacan literariamente sobre un estilo general más tendente a la eficacia narrativa que a la floritura y no digamos ya, la brillantez.
Lo que no me ha gustado (o mucho menos) de esta novela:
  1. Que el estilo, precisamente, tienda más hacia la eficacia que a buscar una mayor calidad literaria -pese a que, ya digo que de vez en cuando esa posibilidad se vislumbra y resulta una verdadera pena que su autora no ahonde en ese sentido (cierto es que ésta es su primera novela, así que démosle algo más de tiempo para desarrollarse como escritora).
  2. Las oportunas elipsis que hace de determinados episodios de violencia. Es decir, ciertos episodios, según quienes sean la víctima y el agresor y la naturaleza de esa agresión nos las cuenta con más detenimientos que otros momentos, más sangrientos, por los que pasa con discrección y hasta asepsia.
  3. En general, el maniqueísmo que denota toda la obra y que la convierte, en cierto modo, en una "novela de tesis". Entiénd aseme: nadie (y yo tampoco, claro) siente simpatía por los acosadores sexuales, los violadores y los agresores de ningún tipo. Y el trasfondo general de la novela me parecede perlas: unas mujeres que se empoderan a través del ejercicio de un oficio tradicionalmente masculino y se enfrentan a los hombres que las causan algún mal -aunque not all men, como se encarga la propia novela de dejarnos clarinete- ; pero claro, eso es una cosa y otra es converetir a las protagonistas en adalides del empoderamiento femenino, sin tener en cuenta según qué comportamientos... Tampoco consideramos a Ed Gein o Jeffrey Dahmer (o Hannibal Lecter, por no salirnos del terreno de la ficción) como modelos de una actitud adecuada para sobreponerse a los problemas de salud mental... y, de nuevo, hasta aquí puedo contar. 
Sí, ya sé que habrá quien, dada mi condición de señoro heteropatriarcal (y cada vez más viejuno, me temo), cuestione mi opinión sobre este tema o incluso que yo tenga derecho a tener alguna. Pues bien, he de decir que, a pesar de mi condición de señoro, etc. no sólo no tengo ningún problema con las reivindicaciones feministas, multirraciales y LGTBIQA+ friendly de que hace gala esta novela (casi un festival de esa palabra que empieza por W- y que tanto pone de los nervios a nuestros queridos Albertolmos, Sotivars y a buena parte de los influencers huidos a Andorra para pagar menos impuestos), sino que me parece incluso de perlas para contrarrestar un poco la sobredosis de facherío a la que estamos sometidos, en los últimos tiempos. Ahora bien, si se hace, que se haga con un poco de rigor y criterio, y no montando una peli, no ya de buenos y malos, sino de que el fin justifica todos los medios. Porque, mes chérs amis, yo tampoco es que sea muy remilgado -de hecho, ya digo que me hubiera gustado más detallismo en determinadas escenas que podemos denominar, sin duda alguna, como escabrosas-, pero lo que no se puede hacer, insisto, es ocultar ciertos hechos mientras se resaltan otros. El maniqueísmo, insisto de nuevo, no funciona como fórmula narrativa. A no ser que se trate de El Señor de los Anillos, obviamente, que no es el caso.

(*) No sé hasta qué punto he superado este escollo o en la reseña se deja entrever, quizá demasiado, por dónde van los tiros en esta novela (metafóricos, se entiende, que aquí tiros no hay... Sólo faltaba eso). Mis disculpas si es así.

miércoles, 24 de junio de 2026

Claire Marin: Estar en su lugar

Idioma original: francés
Título original: Être à sa place
Traducción: Álex Gibert en castellano para Anagrama
Año de publicación: 2022
Valoración: recomendable


En estos tiempos en los que todo va muy deprisa, en la que la sensación que tenemos de no querer perdernos cosas es cada vez más acuciante y donde los problemas y preocupaciones de diversa índole nos descolocan, leer ensayo filosófico nos puede ayudar a resituarnos. Y claro está que este libro es muy adecuado para tal efecto. Porque nos habla del lugar que ocupamos, a nivel físico, pero también emocional y espiritual.

Tal y como expone la autora en el inicio del ensayo, «¿por qué este libro? Porque a veces nos vemos bruscamente desalojados de un lugar que creíamos ocupar por elección, felizmente. Era un lugar que dábamos por sentado, que creíamos justificado y merecido, sin reparar en el elemento de azar que allí nos había arrojado en primer lugar». Así que, ya de entrada, emergen directamente en nuestra mente una serie de cuestiones: ¿hasta qué punto los lugares nos pertenecen?, ¿hasta qué punto somos merecedores de ellos?, ¿hasta qué punto nos identifican?, ¿podemos desasociar los lugares físicos de los mentales?, ¿hasta qué punto están relacionados? Porque es evidente que «en la cuestión del lugar, están en juego de nuestra singularidad, pero también la de nuestra inserción en una sociedad, una familia o cualquier grupo del que formamos o querríamos formar parte». 

Con este amplio espectro analítico, la autora traza una analogía entre el lugar como espacio físico, pero también como espacio vital. Así, asevera que quien de golpe deja el hogar lo abandona, porque realmente lo que quiere es huir de ese espacio que se le supone en la vida, a nivel físico, pero también relacional y con ello parafrasea a Foucault al decir que «los espacios no son neutros ni carecen de cualidades (…) están poblados de proyecciones y esperanzas». Porque un lugar no es un espacio únicamente físico, sino también un lugar donde depositar nuestros recuerdos, donde establecer los pilares que sustentarán nuestras vidas, aunque, a veces, esas mismas raíces que hemos echado se convierten en cadenas que nos atan, que nos limitan, porque constituyen aquello que a veces nos impide la partida, pues «nuestras representaciones nos frenan tanto como la propia realidad, y a menudo obedecemos a mandatos latentes y asignaciones implícitas sin percatarnos necesariamente de ello».

También el espacio es tratado por la autora como elemento de distancia entre personas y utiliza esta interpretación para denunciar el racismo al mencionar a Fanon y su paradoja del hombre negro: «ocupar un lugar sin tener ninguno. El hombre negro, dice, crea un vacío a su alrededor. En el tren no le dejan un asiento, sino tres. No es un asiento lo que se le cede, sino un vacío. Lo que se crea en torno a él no es un espacio, sino una distancia». Así, profundizando en aspectos más sociales y sus desigualdades, extiende su crítica hacia el espacio que ocupa el machismo y el patriarcado al hablar sobre las mujeres, sobre quienes se ha impuesto durante mucho tiempo la orden de encogerse incluso intentando «que desaparezca, que se oculte, se la cubra de telas o maquillajes, se suprime o se embadurna su semblante. No ocupar demasiado espacio, pasar inadvertidas». Así, el espacio ocupado (o la ausencia de él) marcan la importancia de cada uno dentro de una estructura familiar, social o económica. La presencia o la ausencia otorgan visibilidad, denotan poder, establecen jerarquías. Igualmente, y de manera muy acertada, la autora critica el negro futuro que nos espera como humanidad y justifica el estado de abatimiento que nos persigue, pues «que el mundo de ayer se desvanezca entra dentro del orden de las cosas. Que nos inspire cierta nostalgia entra también dentro del orden de las cosas. Es fácil consolarse de la desaparición del pasado; de lo que no puede uno reponerse es de la desaparición del futuro. El país cuya ausencia me entristece y me obsesiona no es aquel que conocí en mi juventud; es aquel que soñé entonces y nunca vio la luz del día». Por ello, la necesidad de definir un espacio es aún mayor en un mundo vacilante; así que debemos encajar en un papel, en un lugar social, para que ese lugar defina nuestros límites. Un espacio no siempre accesible especialmente para los emigrantes y los desplazados que la autora diferencia sabiamente pues «así como el inmigrante acaba por encontrar su lugar, el desplazado no encuentra su lugar en ninguna parte» (algo que me lleva a pensar en «Los errantes» de la Premio Nobel Tokarczuk que trataba en gran parte sobre las personas en tránsito).

En contraste al espacio que ocupan los cuerpos y objetos presentes, también pone de relieve el espacio que ocupan los que ya no están (…) quizá ocupando un espacio superior en nuestra memoria que cuando existía en realidad: «el fantasma nace de esa desproporción entre la necesidad de una persona y su irremediable ausencia (…) para compensar esa ausencia, nuestra conciencia lo mantiene vivo en nuestro fuero interno» (algo que me lleva a novelas sobre la pérdida, como por ejemplo, la última novela de Pol Guasch o también la de Siri Hustvedt).

Por todo ello, el ensayo que nos propone Claire Marin es interesante, pues parte de un concepto como lugar para, a partir de ahí, desarrollar una serie de interpretaciones, espacios y paisajes en los que el concepto toma forma limitando así su significado. Por otra parte, bien es cierto que como ocurre en algunos ensayos, el desarrollo de la idea podría adaptarse en un espacio más comedido, sin tener que abarcar doscientas páginas de texto pues la autora se nutre de diferentes ejemplos en la literatura o el cine para sustentar sus afirmaciones y eso es algo que, si bien puede servir de apoyo si se utiliza con mesura, en dosis elevadas puede llevar a la desconexión por la reiteración de ejemplos o el análisis muy en detalle de tales referencias. Aun así, es interesante el planteamiento del libro por aquello que nos ofrece, que nos amplía, que nos limita, y que, en el fondo, nos define.

Para concluir, Clarie Marin indica que «todos buscamos un hogar, ese lugar por el que nos desplazamos sin pensar, con los ojos cerrados» y coincido en la voluntad de la autora al aprovechar el ensayo para transmitir y reivindicar la importancia del arte en nuestras vidas y el espacio que ocupa en nuestro crecimiento personal, afirmando que «el poder del poema, como el de la novela o la película, es precisamente ese, el de desplazarnos (…) a un lugar que nunca habíamos ocupado y que, no obstante, nos parecerá familiar mientras dure la lectura o la proyección. La obra de arte nos desaloja, nos arranca a nosotros mismos y nos hace perceptibles y accesibles otras vidas, otros lugares distintos al nuestro», ensanchando así nuestra empatía, nuestro conocimiento acerca de otras culturas y maneras de ser. Un espacio que también generamos en este blog, en el que podemos encontrarnos e intentar dar cobijo a nuestras carencias.

También de Claire Marin en ULAD: Los comienzos

domingo, 21 de junio de 2026

Jérôme Ferrari:La isla

 Idioma original: francés

Traducción: Pablo Martín Sánchez

Año de publicación: 2026

Valoración: Recomendable


Jerome Ferrari fue profesor de filosofía en Córcega y sus padres son originarios de la isla, de ahí que esta isla mediterránea se convierta en un elemento central de sus obras. El escritor francés conoce de primera mano el impacto demoledor que tiene el turismo de masas sobre su adorada isla y realiza un inmisericorde análisis sociológico de un universo donde las tensiones humanas se radicalizan y la convivencia diaria se convierte en un ejercicio de supervivencia. Inevitablemente, se produce un choque entre los habitantes primigenios y las hordas invasoras de turistas que toman posesión de la isla, especialmente durante el verano. Ese enfrentamiento se convierte en el eje central sobre el que bascula La isla.

Desde las primeras páginas, Ferrari no duda en criticar la plaga turística que asola la isla que ama: "En contra de lo que cabría esperar, pues las personas sensatas habrían huido siempre en verano de la costa tórrida e insalubre, una locura colectiva había llevado a concentrar en las playas a masas cada vez más compactas de estúpidos extáticos que acudían a cultivar sus futuros melanomas embadurnándose con aceites de coco y cremas bronceadoras bajo el sol ardiente, a que les picaran los mosquitos y las avispas insaciables, a compartir sus miasmas y sus micosis en la templada infusión mediterránea, y encima dispuestos a pagar por ello".

Gran parte de ese litoral es propiedad de los Romani, una familia originaria de la isla y que con el paso de las generaciones, prácticamente por casualidad, se han convertido en prósperos terratenientes que se aprovechan esquilmando sin ningún tipo de miramientos a los turistas.  Precisamente el último descendiente de la saga, Alexandre, "un parásito lánguido, violento y perezoso, un ser irresponsable, mujeriego y sin escrúpulos como lo fueron todos sus ancestros", se convertirá en el protagonista de un desagradable incidente que pondrá sobre la mesa el frágil equilibrio de la convivencia en la isla.

Alexandre interpreta una pequeña burla de unos turistas en uno de sus restaurantes  como una afrenta al honor familiar y llevará a cabo una venganza desmedida.  Ferrari pone sobre la mesa el peso que el honor, la tradición y la familia tienen para los habitantes de la isla y lo contrapone con el aire despreocupado y festivo con que se manejan los turistas.

Para hacernos entender lo ineludible del incidente, el escritor francés se retrotrae en el tiempo y nos describe las andanzas, no muy edificantes, de varios antepasados de la familia Romani. A través de esas andanzas conoceremos el desarrollo de la isla y entenderemos la forma de pensar y actuar que guía los actos de los distintos miembros de la familia. De esa forma comprenderemos por qué nuestro protagonista se ve impulsado, casi por necesidad, a responder de manera tan agresiva una provocación casi insignificante. De alguna manera la violencia que dirigió las vidas de sus ancestros está inmersa en el ADN de Alexandre, cuya reacción desaforada excluye toda lógica.

Ferrari escribe con mucha elegancia. Son frases largas, pero directas, concisas y narrativamente cercanas al reportaje periodístico. Permite que la historia fluya sin interrupciones y ocasionalmente, a través de las reflexiones del profesor que narra la historia, indudablemente su alter ego, no duda en tomar partido y criticar desaforadamente los excesos del turismo de masas que, al fin y al cabo, es el desencadenante de la tragedia: "Exigieron comida de proximidad. Música de proximidad. Se empeñaron en que sus vacaciones tuvieran sentido...Me cuesta creer que al principio nos alegrásemos por ello. De haber sido más astutos los habríamos confinado a todos en la costa prohibiéndoles alejarse del mar y mantener con nosotros otras relaciones que no fueran comerciales o sexuales".

Parece que esta novela es el inicio de una trilogía conectada temáticamente. Desde luego, el inicio es prometedor.

miércoles, 13 de mayo de 2026

Miguel Bonnefoy: El sueño del jaguar


Idioma original: francés

Título original: Le rêve du jaguar

Año de publicación: 2025

Traducción: Regina López

Valoración: muy recomendable

Ineludibles aromas de Robertson Davies, tratándose de una bildüngsroman y de Libros del Asteroide. Pero esta excelente novela de Miguel Bonnefoy no se limita a eso. La historia de Antonio Borjas, que en un primer flash-back, con mucha influencia del boom, ya se nos muestra como la de alguien que, a pesar de ser abandonado siendo un recién nacido, está asistiendo a inauguraciones de calles que llevan su nombre, resulta constituir una novela ambiciosa y luminosa, una visión caleidoscópica que muestra unas importantes décadas de evolución de una sociedad, que refleja sus altibajos e ilumina sus contradicciones. Todo ello en un ejercicio no despojado de equilibrismo. Aunque su autor represente un cierto paradigma proclive a cierto posicionamiento (nacido en Francia de progenitores venezolanos y chilenos), el de Bonnefoy no es un dedo acusador, si no más bien un testimonio ligeramente tiznado de circunstancias personales, convenientemente aderezadas para otorgarle un tono, a veces, casi espiritual.

Curioso, y supongo que la traducción tendrá algo que ver, apreciar que aunque el original de la novela sea en francés, la poética del texto, su cadencia, su recreación de escenarios o situaciones le aportan un aire caribeño. Como si Bonnefoy tuviera esa condición en el substrato de su narrativa. Por qué, desde luego, García Márquez es una clara referencia aquí. Esa carnalidad sugerida, ese intercalado de pasajes con detalles - casualidades, coincidencias, encuentros - no digamos mágicos pero si que con la carga de fantasía onírica para comprender ese ensamblaje, muy visible al final de libro, entre creación y un muy digerible detalle de auto ficción. Todo ello, eso sí, con un estilo preciso, directo, con la dosis justa de descripciones de situaciones, de lugares, la dosis que permite ubicar la novela pero consigue universalizar los detalles de la trama.

Quizás, pero ya es ponerse muy exigente, llamar Venezuela a la hija de Antonio y Ana María, los dos pujantes médicos que no tienen miedo alguno a su abierta militancia para mejorar la sociedad en la que crecen y a la que ven evolucionar, puede resultar algo forzado, un detalle que nos haga creer en esa analogía, que estamos viendo el progreso de un país reflejado en la vida de uno de esos personajes públicos inapelables: apasionado, pícaro, seguro de sí mismo, coherente. Quizás ese detalle, nimio a todas luces, fuerce un poco ese símil, pero ya es buscarle los tres pies al gato, y sería injusto centrarse en cuestiones de poco calaje cuando nos encontramos ante una magnífica novela caribeña.

Más libros de Bonnefoy en ULAD, aquí

 

viernes, 1 de mayo de 2026

Mats & Enzo: Cómo hacer caca en el trabajo

Idioma original: francés

Título original: Commant chier au bureau

Año de publicación: 2009

Traducción: Víktor Dell

Valoración: tan increíblemente útil y estimable que no me atrevo a valorarlo

Hoy, primero de mayo, Día Internacional de los Trabajadores (y trabajadoras, claro), sin duda vosotros/as, queridas/os lectores de este blog, os habéis levantado antes de lo habitual, en vez de remolonear en la cama hasta que toque bajar a por churros para el desayuno, para preparar vuestras pancartas y banderas rojas, antes de salir a la calle a manifestar vuestro orgullo proletario y luchar por vuestros derechos laborales sin retroceder ni desfallecer en el empeño. Vale, todo eso está muy bien, pero... ¿realmente sirve para mejorar las condiciones de la clase trabajadora en estos inclementes tiempos de galopante ultracapitalismo, ultraliberalismo y ultraderech.... ultrabuenismo woke, culpable de todos los males de nuestra sociedad? ¿No será más práctico, se me ocurre, tratar de ganar las pequeñas batallas, la guerra de guerrillas que desde tiempos inmemoriales libramos los asalariados/as frente a los patronos, los empleados/as frente a los jefes, los parias de la Tierra frente a quienes tienen la sartén por el mango?

¿Y qué otra cosa puede ser más beneficiosa para la salud de los y las trabajadoras, a la par que satisfactoria para su espíritu reivindicativo e incluso autoestima personal que poder llevar a cabo con tranquilidad ciertas funciones corporales cuando la naturaleza reclama lo que es suyo (y que, además, te estén pagando por ello, que no me negaréis  que tiene su punto)? Sí, amigos y amigas, no nos avergoncemos, ya que en este nuestro mundo, hasta el ser más excelso defeca... Ahora, bien, en un entorno laboral, ya sea un taller mecánico, las oficinas de una multinacional o una impoluta tienda Apple, esta necesidad biológica se puede convertir en un tema espinoso que, mal gestionado, puede arruinar la convivencia en el grupo, la vida social de la persona afectada y, más aún, sus posibilidades de progreso dentro de la empresa. En algunos casos extremos, las consecuencias de un apretón repentino pueden llevar a la renuncia del puesto de trabajo o incluso el despido.

Para evitar estas penosas derivaciones de un proceso natural, los autores de este libro -no firman con sus nombres reales para evitar ser estigmatizados en sus propios entornos laborales-, con la ayuda del experto Tom Hayatt -creador del célebre truco mnemotécnico HMLO2S: Huellas, Movimiento, Luz, Olor, Sonido, Sombra-, han escrito este magnífico libro, que, en cierto modo, podemos considerar "de autoayuda", aunque en mi opinión, va mucho más allá: se trata de una guía para evitar las trampas que la incomprensión y la maledicencia ponen a quien tan sólo trata de aliviar una necesidad básica e inocente, pero también sus enseñanzas pueden extrapolarse a cualquier ámbito de la vida en sociedad; de la misma forma que hay que evitar los peligros inherentes a una situación incómoda en los aseos de la empresa, podemos aplicar los mismos métodos para sortear los derivados de una cena navideña con la familia política, una discusión con cuñados de barra de bar o el embarazoso silencio cuando subes en el ascensor con algún vecino antipático.

El libro está estructurado en tres partes diferenciadas -antes durante y después de la necesidad de ir al servicio-, con un montón de problemas que pueden surgir en cada situación y las posibles soluciones, valoradas además, en realismo y facilidad, por medio de un sistema similar a las estrellas de Goodreads, pero con escobillas de váter. Además, cada problema viene ilustrado con unas prácticas infografías para facilitar su comprensión. Así, sabremos qué hacer en situaciones peliagudas como que una gastroenteritis nos obligue a acudir al servicio varias veces al día -con el consiguiente peligro de recochineo por parte de nuestros compañeros/as de trabajo e incluso de recibir algún apodo hiriente- o que cuando vayamos nos pueda ver la persona de la que estamos enamorados/as. aprenderemos a reaccionar si,  una vez en el "obrador", nos encontramos con los problemas (más frecuentes de los que debería ser) como que se haya acabado el papel higiénico, la cisterna no funcione o el cierre de la puerta de la cabina esté rota... Por último, aprenderemos a comportarnos con dignidad también si al salir del aseo nos encontramos de cara con el jefe, o la mezcla de nuestros efluvios naturales y el ambientador ha dejado en los baños un ambiente irrespirable. Todas éstas y muchas más situaciones de las que, si aprendemos a controlarlas, podremos eliminar para siempre la posibilidad de sus consecuencias indeseadas, derivadas, después de todo, de una necesidad natural y básica de los seres humanos. Si eso no es un servicio... quiero decir una ayuda inestimable a la causa de la clase trabajadora mundial, ya me diréis...

miércoles, 29 de abril de 2026

Jean Philippe Postel:El affaire Arnolfini

 Idioma original: francés

Traducción: Manuel Arranz 

Año de publicación: 2023

Valoración: Recomendable


Este libro no es una novela. Tal como nos advierten en la portada, nos encontramos ante un erudito trabajo de investigación en el que Jean Philippe Postel intenta desvelarnos la cantidad ingente de secretos que esconde el cuadro "El matrimonio Arnolfini" pintado por Jan Van Eyck en 1434, que se exhibe en la National Gallery de Londres.

Todo en este cuadro esta envuelto en un halo de misterio. En primer lugar, se desconocen muchos detalles de la vida de Van Eyck y de las circunstancias en las que pintó esta obra maestra. También se ignora como llegó el cuadro desde el antiguo Álcazar de Madrid hasta la National Gallery de Londres. Y, finalmente, tampoco se sabe con certeza si la pareja retratada en la famosa tabla es realmente el matrimonio Arnolfini.

Por si esto fuera poco, el escritor francés nos invita a observar los detalles escondidos en el cuadro que, según nos aclara, pasan desapercibidos a la mayoría de visitantes de la pinacoteca inglesa, que raramente dedican más de dos o tres minutos a admirar la obra, ignorantes de los misterios que encierra. 

Postel, con aire sosegado y minucioso, va llamando nuestra atención sobre innumerables elementos que escapan al observador profano: ¿son realmente los Arnolfini el matrimonio del cuadro?, ¿por qué el marido parece estar prestando algún tipo de juramento?, ¿la esposa está embarazada?, ¿por qué en un cuadro tan extremadamente atento al detalle el perro no se ve reflejado en el espejo?

Así pues, más allá de admirar la maestría con la que el pintor flamenco realizó su obra y de disfrutar de la incuestionable belleza del cuadro, Postel nos va dando pistas sobre todas las incógnitas  no  resueltas  y nos ofrece posibles soluciones. No cae en la tentación de pretender que sus explicaciones sean incuestionables puesto que, como nos señala, hay muchos otros investigadores que han intentado ofrecer interpretaciones sobre los misterios no resueltos del cuadro y las señala en su ensayo, pero nos ofrece el fruto de sus indagaciones y nos invita a disfrutar de esta maravillosa pintura desde nuevos puntos de vista que no nos habíamos planteado. Quizás su mérito radica en que no resuelve las dudas, si no que nos pone frente a ellas para que nosotros tomemos nuestras propias decisiones. 

El affaire Arnolfini es una lectura ágil, amena y muy bien documentada. Es un trabajo de investigación académica, pero se lee como una novela de misterio. Postel consigue transmitirnos su fascinación tanto por el prodigio artístico de la obra como por los innumerable secretos que parece albergar. Nos obliga a situarnos frente al cuadro, a redirigir nuestra mirada y a intentar resolver nosotros mismos todas esos enigmas que plantea. No se le puede pedir más a un librito de ciento sesenta páginas.







 

domingo, 26 de abril de 2026

Eugène Ionesco: La cantante calva

Idioma original: francés

Título original: La cantatrice chauve

Año de publicación (estreno): 1950

Valoración: Está bien, curioso


Apenas le hemos dado espacio en este blog al ‘Teatro del absurdo’, etiqueta aplicada  desde mediados del siglo pasado a un pequeño grupo de autores que desafiaron las normas (qué cosa tan apetecible) de la construcción dramática para montar extrañas obras en las que las personas se convertían en rinocerontes o dos mendigos dialogaban sin sentido bajo un árbol. Aparte de provocar la risa, y esto no siempre, la sucesión de escenas ridículas y diálogos disparatados tenían siempre una capa más o menos oculta que el espectador estaba invitado a descubrir, por lo general reflexiones sobre la vida y sobre el ser humano, frecuentemente el problema de la comunicación, la soledad, la muerte o el destino, cosas así. Si la verdadera intención del autor era en verdad abrir la puerta a esas profundidades o solo sorprender con extravagancias es algo no tan fácil de descubrir y que además variará según el autor y según la obra.

La cantante calva fue uno de los primeros títulos en formar parte de ese pequeño contingente, y sus rasgos encajan desde luego con el modelo. Dos parejas (matrimonios) de la burguesía inglesa comparten una velada, y no parecen tener mucho que decirse. Lanzan por turnos frases a veces inconexas, o se enzarzan ligeramente en discusiones particulares sin sentido. Este tipo de conversación sirve para identificarlos enseguida como personajes ridículos, vacíos, y su limitación mueve rápidamente a la risa.

La entrada de un par de personajes más abre el abanico a nuevos diálogos, también absurdos, en los que, aunque a veces apetezca, tampoco creo que debamos intentar buscar mensajes ocultos. Es lo que llamaríamos ‘hablar por hablar’, cómo llenar minutos de una reunión aburrida emitiendo sonidos más que transmitiendo algo. 

Desde el punto de vista cómico el cuadro quizá nos despierte alguna pequeña carcajada, y en este punto habrá que reconocer que una buena puesta en escena y la gracia de unos actores inspirados pueden levantar el texto a un nivel muy superior al que obtenemos de la lectura. De manera que no me queda más remedio que reconocer que ante obras así la experiencia del teatro leído puede resultar bastante más pobre.

Si queremos profundizar un poco más, aparte de algún rasgo crítico más o menos visible (la exclusión clasista de la pobre criada, la fascinación por el uniforme, aunque sea de un bombero), lo que tenemos es claramente una representación plástica de la incomunicación, en este caso, en el seno de cierta sociedad burguesa británica, pero válida también para cualquier otro entorno. Estamos eventualmente juntos pero quizá no tenemos tanto en común, puede que el propio lenguaje sea un obstáculo para interactuar porque lo usamos mal, o puede que incluso nuestra propia naturaleza levante barreras convirtiéndonos en pequeñas islas, como sugería John Donne.

Abriendo un poco el foco sobre este teatro del absurdo en su conjunto podemos ver que en gran parte es esta la perspectiva dominante. Por eso dibujan personajes tan convencionales que se transforman en cosas extrañas, que simplemente esperan a alguien que no saben quién es o que, como en este caso, terminan gritándose frases repetidas y completamente vacías de significado.

P.S.: Esta obrita tuvo en principio uno o dos títulos diferentes, pero al parecer Ionesco lo cambió por el definitivo porque un actor pronunció mal una frase (es cerca del final) y sonó como ‘cantante calva’ lo que no lo era. Cómo les hubiera gustado a los surrealistas o a los Dadá este hecho de titular una obra con la expresión de un simple error. 

Otras obras de Eugène Ionesco reseñadas en ULADRinoceronte


lunes, 30 de marzo de 2026

Georges Bernanos: Bajo el sol de Satanás

Idioma original: francés

Título original: Sous le soleil de Satan

Traducción: Concepción Pérez Pérez

Año de publicación: 1926

Valoración: Entre Recomendable y Está bien


Georges Bernanos es un autor bastante singular dentro del mundo literario del siglo XX. Su catolicismo no se limitaba a una simple profesión de fe, sino que se trasladaba con intensidad a su obra de ficción. No hay más que recordar alguno de sus libros más conocidos, como Diario de un cura rural o Diálogos de carmelitas pero, de forma aún más destacada en este aspecto, este Bajo el sol de Satanás, su primera novela. Bernanos no puede concebir lo religioso como algo tibio, sino como una experiencia saturada de dramatismo en la que el creyente, y más aún el clérigo, se sitúa en el centro de una confrontación que, más que entre el Bien y el Mal, es directamente entre Dios y Satán. Dos entidades, o quizá solo una con dos caras, sobre cuya interdependencia se ha escrito mucho y cuya pugna traslada el autor directamente al humano que ha abrazado la fe con la suficiente determinación.

En este caso la víctima de esas fuerzas enfrentadas es, como en alguna otra ocasión, un cura de aldea, poco más que un labriego, gris, sin especiales capacidades para la oratoria o el razonamiento, alguien mucho más capaz de sentir que de pensar, que difícilmente podremos decidir si es un santo, como terminan por identificarle los fieles, o si está poseído por el diablo, tal vez ambas cosas de forma alternativa o simultánea. El pobre padre Donissan siente el zarpazo de la tentación, pero no de una tentación terrenal, sino de la más profunda y definitiva: dejarse caer en brazos del demonio. Odia el pecado, intenta salvar almas, pero quizá en esa misma tarea siente que puede estar siendo manipulado. La lucha es feroz y sin tregua, e incluye el abandono personal absoluto y el intento de purificación mediante el castigo corporal.

Pero hay que abrir algo el foco para tener una perspectiva como lectores, que es lo que ahora nos interesa. Todo el terrible conflicto que vive en el interior de nuestro cura se presenta en diversos formatos, ya sean largos diálogos, narración de autor omniscente, extractos de cartas o escritos, o esas elipsis que Bernanos maneja admirablemente para dejar zonas oscuras o hacer trabajar al lector. Incluido también ese primer tercio dedicado a la joven Mouchette, que tiene el sello inconfundible del dramón decimonónico (Y por cierto, se podría hablar largo y tendido sobre el paralelismo entre este personaje femenino y el de Nueva historia de Mouchette que comentamos hace algún tiempo).

Tampoco nos engañemos: todo esto a lo largo de cerca de cuatrocientas páginas casi por entero dominadas por la tragedia interior del padre Donissan puede resultar algo excesivo si uno no está muy interesado en el asunto. Hay mucho Maligno, muchas dudas, la tentación, el destino, el alma atormentada, y poco desarrollo para tanta extensión, con lo cual la lectura se hace algo pesada, quisiéramos que se despachasen las escenas con algo más de ligereza, pero está visto que Bernanos no está en esa idea: todo lo contrario, quizá machacando al lector es como quiere transmitirle la profundidad del dolor que nos está presentando.

Hay desde luego varios momentos que rozan lo sublime: el refinamiento de Mouchette para desconcertar a sus oponentes y al lector mismo, las escenas brutales de Donissan intentando salvar almas y cuerpos sin estar seguro de quién le provee de la fuerza para hacerlo y, sobre todo, una larga y arrebatadora escena del cura perdido por los campos en la noche, donde se mezclan de forma soberbia la realidad y el sueño, la metáfora, la posesión y el misticismo, toda una obra de arte. 

No estoy seguro de que estas virtudes literarias, que se manifiestan en varios momentos, justifiquen del todo la falta de ritmo y el protagonismo aplastante de la figura del cura, cuya tragedia interior satura por completo el relato. Quizá todo dependa del interés del lector hacia este tipo de asuntos y, por qué no, hasta dónde sea capaz de disfrutar de tanta intensidad.

Otras obras de Georges Bernanos reseñadas en ULAD: Nueva historia de Mouchette


martes, 17 de febrero de 2026

Claire Marin: Los comienzos

Idioma original: francés
Título original: Les débuts
Traducción: Álex Gibert en castellano, para Anagrama
Año de publicación: 2023
Valoración: muy recomendable


Encaro esta reseña con cierta presión, pues el libro que nos ocupa trata, justamente, sobre la importancia de los comienzos. Y para la autora, qué mejor motivo que arrancar con la que probablemente pueda ser una de las mejores historias que comienzan: la de la vida de una hija. Este es el detonante, esplendoroso e inmenso, que lo cambia todo y que ocupa las primeras tres páginas de un capítulo inicial que concluye, porque también los finales importan, con una gran sentencia: «se dice a veces que las historias se escriben para saber cómo acaban. Tal vez se escriban también para saber cómo empiezan».

A partir de esta entrada la autora analiza y desgrana los diferentes comienzos con los que nos encontramos en una vida, lo que significan y lo que aportan, lo que permiten y lo que excluyen, las puertas que se abren, pero también las que se cierran con cada elección tomada, porque «los comienzos tienen su carga de incertidumbre y de suspense: mientras los dados ruedan por la mesa, en cámara lenta, todo es posible». Y esa es la magia, el atractivo de los comienzos, una ventana abierta a la que uno se asoma para sentir esos aires de cambio, de descubrimientos, de revelaciones y sorpresas que uno a veces teme, pero también ansía que lleguen con cierta premura, pues «la impaciencia de los comienzos es esa ansiedad de novedad o renovación, es la esperanza de redescubrirse, de volver a sorprenderse» porque «abrazar los comienzos ‘nos expone de nuevo a la intensidad de la verdadera vida’ (…) de ahí que no dejemos de buscar la novedad», con una impaciencia que en realidad « es la espera de una novedad por venir».

De igual modo, y eludiendo la paradoja, cada comienzo proviene de un sitio, un lugar, anterior, casi olvidado; porque muchas veces ese comienzo es, en realidad, la continuación de algo ya vivido, en parte, porque «lo que nos atrae también, más que cualquier otra cosa tal vez, es (…) volver a vivir experiencias pasadas, reconstruirlas desde una nueva modalidad de la conciencia que no se vea paralizada por el acontecimiento, sino que disfrute de él. Nos gustaría revivir lo que nos absorbió por completo y se nos escapó, porque su intensidad nos pilló por sorpresa». Así, hay cierto componente de nostalgia en la búsqueda de la novedad, quizás para reencontrar, pero quizás también para reparar, porque «toda trayectoria se desvía siempre en bifurcaciones imaginarias, se aparta de esa otra vida posible que rechazamos en su momento y en la que podríamos haber sido más felices».

Y, a pesar de ese interés genuino, impetuoso y casi imparable de la búsqueda de la novedad, es interesante constatar que, a pesar de que añoramos nuevos inicios, nuevos comienzos, una vez ocurren tenemos una extremada urgencia o apremio para instaurarlos como algo que ya forma parte de nuestra vida. Ya la autora apuntala esta tesis afirmando que «¿qué es lo que esperamos tan febrilmente al comenzar? El momento del dominio, cuando se imponga por fin la fuerza del hábito» aunque confiesa a su vez que «lo que yo ansío es esa rara sensación de novedad radical que producen las emociones fuertes, las deflagraciones interiores. Lo que quiero no es una nueva historia de amor o un paisaje desconocido, sino un flechazo, un deslumbramiento».

También la autora expone, de manera acertada, que «hay actos que están sometido a la lógica del instante, que están hechos para iniciarse, no para perdurar (…) a veces basta con un comienzo: la historia se estropearía si se estancara en la duración». Hay historias que son bellas porque son cortas, porque nacen de una explosión de sentimientos y su intensidad radica en que sabemos que serán finitas en poco tiempo, que su corto tiempo de caducidad nos invita a disfrutarlas con la máxima intensidad, mientras duren, mientras existan, porque «esas relaciones ‘sin un mañana’ nacen para ser solo comienzos». Así, «podríamos sentirnos tentados de vivir tan solo los comienzos, las primeras veces, con las emociones fuertes que nos producen», aún y sabiendo que puede que no los experimentemos de nuevo, porque «los comienzos grandiosos no tienen repetición posible; cualquier duplicado acaba en desengaño y el mundo entero se convierte en una copia lamentable, torpe y gris. Hemos tocado ya lo absoluto y eso es algo de lo que lo hay forma de recuperarse. El comienzo es ya el final, es todo lo que la vida podría dar de sí». Quizá por ello hay personas que encadenan comienzos sin dejar tiempo a los finales, a las despedidas, a los cierres, en un intento de dar continuidad a esa sensación pensada para ser efímera, volátil, irrepetible.

Para terminar la reseña de este magnífico y precioso ensayo, me acojo a lo que expone Claire Marin cuando afirma que «un libro no se empieza a leer de cualquier manera. El ritual del comienzo comprime el mundo en torno a ese nuevo centro de gravedad para hacerlo más intenso, para estar más presente en él» porque de todos los placeres destacaría el comienzo de cada libro nuevo, con esa ilusión y esperanza contenida, buscando reafirmar lo que la autora indica al decir que «de la ficción seguimos exigiendo que nos turbe, queremos dejarnos llevar y sorprender por algo que aún no hemos leído, visto u oído». Y creo que todos los que nos encontramos aquí lo suscribiríamos a pies juntillas.

También de Claire Marin en ULAD: Estar en su lugar

lunes, 16 de febrero de 2026

Agustín Gómez Arcos: El cordero carnívoro

                                                                                   
Idioma original: francés
Título original: L´Agneau carnivore
Traducción: Adoración Elvira Rodríguez
Año de publicación: 2007
Valoración: Muy recomendable

Quizás convendría comenzar esta reseña aclarando por qué nos encontramos con un título traducido del francés de un autor con apellidos inequívocamente españoles. 
Agustín Gómez Arcos fue un poeta, dramaturgo y novelista español, almeriense por más señas, que comenzó a desarrollar su carrera artística en la década de los 60. A pesar de lograr varios premios como dramaturgo, sus obras fueron censuradas o prohibidas por el régimen franquista y decidió exiliarse para continuar escribiendo.
Durante su exilio parisino dejó a un lado su producción teatral y comenzó a escribir novelas en francés, que fueron galardonadas con prestigiosos premios en el país vecino e incluidas en el programa educativo de los liceos franceses. La primera de esas novelas, El cordero carnívoro, publicada en 1975, ganó el premio Hermes y tuvo que esperar hasta el año 2007 para ser recuperada en nuestro país, junto a otras novelas suyas, por la editorial Cabaret Voltaire. 
Este libro es una novela de iniciación. Nuestro protagonista, un joven de 25 años cuyo nombre no conocemos hasta el final de la novela, está esperando en una vieja casa familiar el reencuentro con su hermano, al que le une una relación incestuosa. Durante esa espera nos va narrando su infancia y juventud, que transcurren en una casa en la que el silencio se impone  como un castigo. Asistimos al lento desmoronamiento  de la vida de una familia burguesa  andaluza de ideología republicana que sobrevive a duras penas durante el apogeo del régimen franquista.
Por un lado, el patrimonio familiar va disminuyendo y, por otro, la inexistente relación paterno-filial va volviendo la convivencia en la casa irrespirable. El padre, republicano represaliado,  está desaparecido, encerrado en su despacho, y la madre confiesa que está muerta en vida. Es una casa donde reinan las tinieblas, pero, sobre todo, el silencio impuesto por la madre: "Un silencio enorme, opresivo, cultivado en la oscuridad como los champiñones, donde la palabra más sencilla se convertía en un peligro para la lengua".
En ese silencio crece nuestro protagonista, que siente el odio y el rencor que le traslada en todo momento su madre y que se refugia en el amor que le profesa su hermano. 
Gómez Arcos va tejiendo un fresco de la hipocresía en la que se desarrolla la vida de esta familia burguesa con el trasfondo de la represión franquista y nos trasmite, sin tapujos, los devaneos de la relación intensamente sexual que tienen los dos hermanos. No debemos, no obstante, centrarnos en la intensidad de sus encuentros sexuales. Este es un libro que, sobre todo,  trata sobre el amor y el odio, sobre la represión y el anhelo de libertad. Todo ello en un ambiente claustrofóbico que envuelve a los personajes y en el que luchan por no ahogarse nuestros protagonistas.
El escritor almeriense construye una novela provocadora e irreverente. Su potencia narrativa y la capacidad para evocar ambientes y trasladarnos la enorme carga psicológica que encierran las vidas de nuestros personajes convierten la lectura de esta novela en una experiencia sumamente gratificante.



lunes, 19 de enero de 2026

Albert Cohen: Bella del señor

Idioma original: francés
Título originalBelle du Seigneur
Año de publicación: 1968
TraducciónJavier Albiñana Serraín
Valoración: imprescindible

Celebremos el inicio del 2026 con un bombazo.

¿Cómo afrontar los monumentos? ¿Cómo afrontar una lectura que crece y crece con cada mes que transcurre? ¿Cómo dar cuenta de todo lo que contiene una novela que es la expresión misma de cierta forma de ver el mundo, del romanticismo más exacerbado, cínico, lleno de humor negro y a la vez conmovedor sobre dos personas que, en papel, son irredimibles y sin nada que nos pueda llegar a empatizar?

Vuelvo a la carga con Albert Cohen. Ya lo había avisado en la reseña de Solal: primero leí este libro, el tercero de una supuesta tetralogía. Digo supuesta porque, a pesar de que comparten personajes y temáticas, visto lo visto dudo que haya una historia que continúe lineal. A falta de leer los otros dos, Comeclavos Los Esforzados, me da la sensación de funcionar como Minimosca, tomando elementos e historias anteriores y reformulándolos a su antojo a pesar de lo ya establecido.

La novela es inmensa, colosal, inabarcable. Suma cum laude en el tratado del amor más cursi y del hastío ante la vida, de lo que sucede cuando nada te define salvo el aburrimiento por la humanidad, también es una denuncia ante la inoperancia de las instituciones políticas, sobre todo de aquellas que luchan, con "denuedo", por la paz mundial. Y colosal es no solo por los temas, que a fin de cuentas son universales, sino también por sus recursos literarios. Podemos encontrar monólogos sin puntos ni comas y extensivos por treinta o cuarenta páginas, un manejo del tiempo elástico, con diálogos circulares que repiten la noción sin llegar a un punto definido, solo para hacer patente la humillación de un personaje, una prosa entre cínica, entrometida y onírica para representar las inseguridades y arrogancias de los personajes, sobre todo de esa construcción suprema de la ironía que es Solal de los Solales, personaje maravilloso donde los haya. Si en Solal se nos revela como un imberbe que ya produce un efecto inverosímil en las mujeres. acá es un consumado galán que no tiene problemas en jugar con ellas de forma retorcida, con discursos que son mini pontificios de psicología inversa de la seducción. Apabullante ese capítulo donde conquista a Ariane, que está prometida con uno de sus empleados, relatándole las experiencias con las mujeres, burlándose de todas ellas e imitándolas en sus reacciones de acuerdo a lo que él dice, manifestándose harto por ese comportamiento y asegurando, con falsa timidez, que sabe que ella no es igual (a pesar de que Cohen, varias veces, ya nos ha mostrado que Ariane es de todo menos una persona valiosa en su corazón).

Si uno supera el inicio desconcertante, es decir, los primeros cuatro capítulos (que incluye una escena donde nunca se termina de saber lo que ocurre y un monólogo de Ariane sin ningún tipo de consideración hacia los puntos y coma que casi me hace abandonar el libro), y llega a la escena donde se nos presenta la vida diaria de Adrien Deume, prometido de Ariane y funcionario de la Sociedad de las Naciones, en su faceta de patético, lamebotas y ambicioso sin una pizca de vida interior, la novela despega y se presenta como un crisol de hipocresías del ambiente burocrático/político y a la vez del burgués, más preocupado por el qué dirán y las influencias de los poderosos que por sus cualidades morales. Cohen despliega toda su genialidad para mostrarnos, mediante frases filosas y escenas hilarantes, la frivolidad de un atrezzo cuyo supuesto objetivo primordial es trabajar por la paz mundial y cultivarse en el camino hacia el progreso. Podemos ver a Adrien (ridiculizado constantemente como Didi) insultando en secreto a Solal, su jefe, y a la vez rogando por un poco de atención que le permita presumir ante sus iguales del favoritismo que le otorga la alta jerarquía. Podemos verlo en una vomitiva escena donde intenta convencer a su esposa de que se deje ver más junto a él, y todos, salvo él, sabemos que Ariane no tiene ni el más mínimo respeto por su esposo y mucho menos lo ve como alguien digno de amor.

Pero esto es recién el inicio. Cuando empecé la lectura, en su momento pensaba que la historia trataría de Adrien y Ariane y de sus problemas para encajar con la burguesía y de cómo resolver su relación. Y eso es apenas el primer tercio del libro. Luego de una escena larguísima en donde esperamos, junto a Adrien, la llegada de Solal para cenar, sin que este se presente nunca, y viendo cómo Adrien inventa justificaciones a cada hora y luego hasta perdonándolo por no haber asistido, la novela toma otro cariz. Hay un evento, una fiesta que brinda Solal en su mansión, y Adrien y Ariane asisten. En un momento, Ariane se queda a solas con el galán irredento. Y es cuando se da ese discurso maravilloso que cité hace un par de párrafos. Y es entonces que el lector está perdido, entregado al juego de Cohen, reconociéndose en los problemas de Solal para encontrar una mujer que lo quiera y a la vez asqueado por la manipulación evidente y por que Ariane, que se jacta de no querer a nadie, termine cayendo en esa treta. A partir de ahí el foco es para ellos dos, qué es lo que pasa cuando el mayor objetivo se cumple, cuando los sueños más delirantes de tu niñez se ven cumplidos, cuando la persona que aparece todos los días a tu lado es la representación de ese ideal, para lo bueno y para lo malo.

No he mencionado otro grupo de personajes importantísimos: Los Esforzados, con Saltiel, el tío de Solal, como líder de cabecilla. Presentados en Solal, no haré desarrollo de ellos, ya que en esta novela aparecen más como un contrapunto cómico que como una parte esencial de la trama. Pero fungen como un ente colectivo, donde cada uno lleva su rol con una dignidad exasperante y a la vez de una conveniencia que te hace soltar un par de risas. Cómo olvidar la escena donde se esconden y tratan de ver qué hace Solal con Ariane, si se atreve a seducir a la esposa de uno de sus funcionarios y cómo afectará en ello a la reputación del susodicho y a la reputación judía en general. 

Porque ese es otro elemento importante en la obra de Cohen. Si bien existe una crítica feroz hacia ciertas personalidades del ámbito judío y de los estereotipos que a veces encarnan con placer, la novela transcurre en tiempos de entreguerras, y a lo largo de la trama, la mención de Hitler y el avance de todo lo que representa se hacen eco solapadamente a través de los protagonistas y de distintas maneras. Para Adrien es un suceso que le permitirá desempeñar un mejor trabajo y que, paradójicamente, es lo que permite el incipiente adulterio de su esposa, para Ariane una simple distracción que lo aleja de su verdadero amor (para entonces simbolizado en la figura de Solal), y para este último, una preocupación permanente que le hace atestiguar la desidia de la humanidad frente a una fuerza imparable que amenaza con llevarlo puesto. Y su reacción es la de esconderse, la de pensar que no le tocará a él, que le tocará a cualquier otro y que eso bastará para que la furia no lo toque. Eso desemboca, junto con la revelación de su aventura con la esposa de un funcionario, en una huida permanente de su trabajo como Subsecretario de la Sociedad de las Naciones y de su propia persona, escondiéndose con Ariane en varios hoteles y planificando su rutina todos los días con tal de no enfrentar lo que debe enfrentar.

Cohen da acá el golpe maestro. En las últimas dos partes, cuando el foco se centra en la relación de Solal y Ariane, y uno cree, ingenuamente, que son perfectos el uno para el otro (para Ariane por el deseo cumplido de una frivolidad eterna mediante un príncipe azul que le cumple todos los caprichos, para Solal por la belleza sin parangón y la potencia sexual que es Ariane) y que, retorcida y con todos los adjetivos que se puedan encontrar, encontrarán la redención, se muestra que el proyecto de mantener de mantener un amor cursi, adolescente, de renovar la sensación del primer enamoramiento todos los días y de enfrentar con terror cualquier rato de aburrimiento, de desgana, de odio hacia el otro, incluso del mínimo pensamiento de pasar un segundo a solas, es agotador, tanto para el personaje como para el lector. A Solal le ha ocurrido lo mismo que con las demás mujeres, a Ariane, la capa de su príncipe azul se le empieza a desteñir en una mezcla de gris y negro. En cada página leemos expresiones supremas del amor, de la ansiedad, de los celos, de la ira, del amor de nuevo. Vemos, de a poco, ideas cada vez más ridículas por parte de los dos, todo con el fin de mantener una sensación que hace mucho ha muerto. Se compran una casa, se proponen apodos todo el tiempo, hacen el amor cada vez que sus cuerpos se lo permiten pero de una forma mecánica, se amenazan con dejarse, inundan la casa con los llantos, todo esto mientras el mundo se incendia y la marea de la perdición llega hacia ellos. Cada uno consume al otro. La verdadera tragedia, parece decirnos Cohen, es aquel amor que cumple todo lo que pensabas que deseabas pero que nunca termina por satisfacerte, pues cada deseo y acto muere en su concepción.

Es imposible dar cuenta del efecto de una novela como esta. Revela zonas oscuras que uno no quiere pensar que las tiene, o que en algún momento ha pensado que las tiene, y a la vez, en pocos momentos, proporciona un momento de júbilo, un segundo de alegría tan puro como el de un niño, ya sea por la brillantez de un discurso como por las expresiones poéticas sobre el amor, un amor que no es el adecuado, es cierto, pero quién no se ha visto envuelto en uno de esos y ha pensado que se desintegraba en ese influjo. He olvidado muchas cosas (todas las escenas oníricas de Solal, los monólogos de la sirvienta de Adrien y otras cosas), pero meses después el recuerdo de una obra gigantesca, capaz de cambiar tus puntos de vista, de detectar aquello que quizás es intuitivo para todos y que nadie puede poner en palabras, crece y echa raíces en mi mente. Y aunque una de las etiquetas sea muy recomendable alto (porque ciertos monólogos, ciertos trucos, como representar la corrupción de una pareja, horadan el entusiasmo lector y provocan las ganas de tirarlo a la calle), el libro es inolvidable, una tempestad de la naturaleza que te deja temblando y anonadado ante la capacidad de la ficción para descubrirte y renovarte.

Más del inconmensurable Albert Cohen: Solal


miércoles, 7 de enero de 2026

Guillaume Martin-Guyonnet: La gente que sueña

Idioma original:
Francés
Título original: Les gens qui rêvent
Año de publicación: 2024
Traducción: Marcos Pereda
Valoración: Recomendable

Guillaume Martin-Guyonnet (Guillaume Martin, a secas, para los aficionados y "Guillom Martán" para Carlos de Andrés) es un bicho raro. En un submundo como el de los deportistas de élite, asociado al lujo, la banalidad, la ostentación, los tatuajes chungos y los peinados de dudoso gusto, que un ciclista profesional con una sólida carrera, buenas victorias y hasta un top 10 en la general del Tour sea filósofo de formación (tesis sobre Nietzsche incluida) es, cuanto menos, curioso. Que, además, tenga ya tres libros publicados dice mucho acerca de sus inquietudes, creo yo.

Este La gente que sueña que hoy reseñamos es el último de los textos publicados por Martin y el más cercano a la ficción pura, si bien sin escapar del todo de lo autobiográfico y de lo filosófico / ensayístico. Así, el texto navega entre la autoficción, la novela familiar, la novela histórica y el ensayo gracias a los tres personajes principales (el propio Guillaume Martin, su padre y Guy Lefevre, erudito del siglo XVI) y un lugar (La Boderie) que funciona como primer nexo entre ellos.

Tres personajes que se sitúan en momentos históricos más o menos convulsos (las guerras entre católicos y protestantes en la Francia de fines del XVI, el final de la bonanza económica europea de la etapa de posguerra o los meses de COVID-19) y que muestran cómo, pese a la distancia temporal y de orígenes sociales, hay una serie de situaciones o temas que los emparentan: la extrañeza, la sensación de "incompletitud", la búsqueda, los cuestionamientos, la capacidad de soñar, inventar o dejarse llevar. No importa que seas ciclista profesional el pleno siglo XXI, un erudito del siglo XVI que se mueve entre la fe y la imposibilidad de amar o un chaval normando que llega a París en los años 50. O sí importa, porque no es lo mismo una cosa que otra, pero si vamos a la raíz...

Son estas situaciones y estos temas los que permiten que la narración salte de un tema a otro, de un tiempo a otro, de un lugar a otro y que esta fluya adoptando formas variadas. También permiten a Martin, narrador autoconsciente, desviarse del camino y entregarse a digresiones filosóficas acerca del deporte de competición, del resentimiento por el contraste entre la altura de los ideales y la banalidad de la realidad, de las pasiones y el libre albedrío o de la felicidad y a referencias tales como Platón, Stendhal, Goethe, Endo o ¡El show de Truman!, entre otras.

Y aunque estas digresiones interrumpan el desarrollo de la trama novelesca, sobre todo en el caso de la interesantísima historia de Guy Lefevre y su asistente Martin, en general están bien integradas en el texto y no resultan ni reiterativas ni pedantes. Me quedan, eso sí, las ganas de leer a Martin en un texto 100% ficción. Creo que tiene la capacidad de manejarse bien en ese terreno. Lo mismo cuando deje el ciclismo profesional. ¡Quién sabe!

jueves, 1 de enero de 2026

Vercors: El silencio del mar

Idioma original: francés

Título original: Le silence de la mer et autres recits

Traducción: Cristina Peri Rossi

Año de publicación: 1942

Valoración: Bastante recomendable


El escritor parisino Jean Bruller, conocido como Vercors, empezó a escribir bajo la influencia de la II Guerra mundial y reunió posteriormente buen número de títulos publicados, de temática muy diversa, hasta bien entrados los años 80. En España es un autor prácticamente desconocido, y me atrevería a decir que con muy poca obra traducida. Sin lugar a dudas El silencio del mar es lo más famoso de su trayectoria literaria, posiblemente porque ha dado lugar a varias versiones cinematográficas, lo que siempre ayuda a la popularidad.

Es un relato muy breve, de apenas veinte páginas, podríamos decir que muy bien aprovechadas. Quizá a alguno le suene la historia: en la Francia recién ocupada, un hombre que convive con su sobrina es obligado a hospedar a un oficial alemán. La aversión de los anfitriones se traduce en un silencio total: la forma de resistencia, quizá la única posible y no necesariamente del todo segura, es no dirigir la palabra al invasor. Este, por su parte, se esfuerza por ser cortés y se muestra como un individuo culto y razonable, que admira a Francia e imagina un futuro brillante para los dos pueblos.

Una vez planteada la situación, se instala de inmediato una meseta de tensión e inestabilidad que obliga a estar al mínimo detalle para prever si puede desencadenarse algo trágico. La presencia de la joven incrementa las posibilidades de que ese algo estalle, en tanto que el tío se muestra más proclive a ceder ante las buenas maneras del ocupante. El equilibrio entre las diversas fuerzas divergentes está extraordinariamente conseguido, y hace que el lector se desespere creyendo ver indicios de un desenlace cuya llegada se demora sin piedad.

El relato, con toda su sencillez y brevedad, bien merece el honor del título, porque es de largo lo mejor del libro. El resto de las narraciones se ambienta en su mayor parte en la misma época de la ocupación nazi de Francia, a veces desde la óptica de unos oficiales desmoralizados por el colaboracionismo de Pétain, escenas oníricas (de pesadilla) de campos de concentración, o la disyuntiva de renunciar al arte y la estética en tanto persista la maldad del ser humano.

En esta línea, el cuento más interesante del resto de la colección es La imprenta de Verdún, donde Vercors hace un buen dibujo de parte de la sociedad francesa, colaboracionistas, antiguos combatientes y judíos, que convivían pacíficamente, empiezan a ver sus posiciones removidas por el nazismo, y se ven obligados a pronunciamientos que nunca hubieran imaginado. De igual forma que en El silencio del mar, da la impresión de que el autor intenta buscar, en medio de la barbarie, puntos de aproximación entre las personas, conexiones, por mínimas que sean, que muestren el lado humano del adversario. 

El único relato que se aparta del tema común es Este día, en el que un niño pasea con su padre por el bosque. Es un paseo repetido montones de veces, pero esta vez es algo diferente. El padre aprieta su mano más de lo normal, las paradas habituales cambian imperceptiblemente, los gestos, los comentarios, los puntos de atención tienen algo diferente que el niño percibe y que le inquieta. La narración es impecable, nuevamente resulta admirable la sensibilidad de Vercors para detectar cada movimiento y su repercusión en el estado de ánimo del niño, y nada puede evitar que termine uno con un nudo en la garganta. 

Como casi inevitablemente ocurre con los libros de relatos, en este domina también la irregularidad, con dos o tres narraciones muy por encima de las demás, y el resto a un nivel menor, en el que cada lector puede a lo mejor encontrar cosas interesantes. Pero el conjunto resulta de un nivel bastante estimable.