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domingo, 2 de agosto de 2026

Philip Kerr: Trilogía berlinesa

Idioma original: inglés

Título original: Berlin Noir

Años de publicación: Violetas de marzo1989; Pálido criminal, 1990; Réquiem alemán, 1991

Traducción: Isabel Merino

Valoración: muy recomendable

Hace ya unos cuántos años (cómo pasa el tiempo...) reseñé en este blog incomparable Praga mortal, una novela de la serie del detective alemán Bernie Gunther, escrita por el malogrado autor escocés Philip Kerr. No obstante, me quedó clavada la espinita de no haber empezado por reseñar la primera de la serie, y ni siquera alguna de las primeras, de la trilogía conocida como Berlín noir o Trilogía berlinesa  pero hete aquí que llegó a mis manos, de forma un tanto azarosa, un volumen que reúne estas tres primeras novelas de Gunther, escritas en las últimas décadas del siglo pasado  y me pareció una buena oportunidad para su relectura y reseña. Hay que explicar, de todos modos, que unos años después, en 2006, Kerr retomó la serie hasta completar el número de catorce novelas, ambientadas tanto en la época de dominio nazi como en la pre- y post-, es decir, entre los años 20 y finales de los 50 del siglo XX. No necesariamente en orden cronológico y tampoco se desarrollan todas en Berlín, sino que el bueno de Bernie -es un decir- se mueve también por otras ciudades del ámbito germánico, como Múnich, Viena o, ya lo he mencionado, Praga, como en territorios más lejanos: Grecia, Cuba o Argentina.

En ese ambiente turbio, por no decir otra cosa, que caracteriza a la época del nazismo (ya sé que muchos lo echan de menos, hoy en día), se desenvuelve, pues, el duro Bernie Gunther, ex-policía berlinés que une al cinismo y desencanto típicos (y tópicos) de los detectives privados del hardboiled americano, el sarcasmo y la rapidez mental que se dicen propios de los nativos de la capital alemana. Claro que ya se sabe que ese cinismo sarcástico suele ser una coraza defensiva para proteger un corazoncito de lo más sentimental (otro tópico) y lo mismo ocurre en el caso de Gunther; puede que se trate de un tipo duro y que trabaje en ocasiones para los jerarcas nazis -lo que no significa que le gusten... más bien, todo lo contrario-, pero en el fondo no deja de ser un buen tío que, en ocasiones, se arriesga por hacer lo correcto o, al menos, no convertirse en un canalla... no del todo.

Estas novelas, si bien se trata, ante todo, de narraciones propias del género negro, también resultan interesantes, sin duda, por su ambientación y cuidado detallismo histórico. Así, el título de la primera de las que componen esta trilogía, Violetas de marzo, hace referencia a los alemanes que se apuntaron al NSDP tras el triunfo de este partido, llamados así por los nazis "pata negra" (quiero decir, "para aria") que habían estado junto a Hitler desde el primer momento. La acción  tiene lugar en 1936, cuando el régimen aún está afianzándose en el poder, aunque ya está más que claro el rumbo criminal que va a tomar, pero trata de darle al mundo una imagen "presentable" por medio de los JJ.OO. de ese año. En ese ambiente aún algo ambiguo, Bernie Gunther, especializado en la búsqueda de personas, es contratado por el industrial del acero Hermann Six para investigar la desaparición y posible asesinato de su hija y su yerno, así como para localizar un collar de diamantes robado. En su pesquisa Günther se verá mezclado con ciertos asuntos de la oligarquía nazi y deberá moverse tanto entre esas espinosas compañías como en el ambiente del crimen organizado berlinés o el campo de concentración de Dachau. Como ocurre con otras novelas de la serie (al menos las que yo he leído), encontramos descripciones pormenorizadas tanto de escenas de carácter sexual como de momentos de violencia extrema, aunque, en buena medida, lo que prevalece en la narración, como digo, es la cuidada recreación de aquella época y lugar, tan determinantes en la Historia contemporánea de Europa y del mundo.

En la segunda novela, Pálido criminal, ambientada dos años más tarde, Bernie Günther es requerido por el ínclito Reinhard Heydrich, jefe del SD -que ya aparece en la primera y, sobre todo, será un personaje central en Praga mortal- para descubrir a un asesino en serie que está matando mujeres en Berlín, puesto que Gunther ya resolvió un caso similar en sus tiempos de policía. Para ello, deberá reintegrarse en la Kripo o Policía criminal y trabajar con su  antiguo compañero y ahora bien situado en el escalafón nazi, Arthur Nebe (éste también es un personaje real). La idea, en principio y aunque parezca contradictoria, es tratar de evitar las represalias, inoportunas en ese momento, contra los judíos, a quienes se echa la culpa de los crímenes, pero la cosa se enredará cuando Gunther comience a encontrar la implicación de dirigentes de las SS, sección Cuarto Milenio... quiero decir los más aficionados al esoterismo -para lo que deberá incluso visitar el célebre castillo de Wewelsburg, donde se juntaban para sus francachelas ocultistas-; dicho de otra forma, se verá metido en medio de una lucha por el poder dentro de la elite del III Reich.

La tercera de las novelas, Réquiem alemán, quizá la menos compacta narrativamente, a priori, de las tres, se sitúa en 1947, en plena y dura posguerra, primero en el Berlín ocupado por las cuatro potencias vencedoras, Un Bernie infelizmente casado se ve obligado a buscarse la vida tras pasar una temporada en un campo de prisioneros soviético, hasta que recibe el encargo, precisamente de un coronel soviético de MVD (anterior NKVD), de ayudar a exonerar a Emil Becker, antiguo compañero suyo en la policía, estraperlista y acusado de haber matado a un oficial estadounidense en Viena. Bernie se desplaza hasta la bella capital austríaca (sí, lo sé, la trama recuerda a cierta famosa película y subsiguiente novela, a la que, de hecho, hay una referencia en esta otra) para verse envuelto en una trama de espionaje, dentro de los primeros capítulos de la Guerra Fría y la caza de criminales de guerra como el jefe de la Gestapo Heinrich Müller. Es una novela, como he querido decir antes, menos absorbente que las otras dos, o quizás sería mejor decir menos atrayente, por más compleja o más inasible, dada la naturaleza de su argumento.

Como sea, en conjunto estas novelas, así como las que escribió Kerr posteriormente, son una muestra excelente del noir contemporáneo más duro, que lo mismo pueden agradar a los y las lectoras de este género como del histórico. Además, se puede decir que han creado casi un subgénero o al menos escuela: el de las narraciones policíaco-detectivescas durante la II Guerra Mundial en las que el investigador pertenece al bando perdedor (perdedor... de momento, porque cualquier día nos reescriben la Historia desde el poder "nostálgico" que parece en alza en este siglo XXI), como es el caso de las escritas por la italiana Ben Pastor o el español Ignacio del Valle (y seguro que existen más ejemplos). Las de Kerr, en todo caso, están escritas con un rigor y buen oficio ejemplares, sin detenerse en florituras pero sin hacer tampoco concesiones facilonas al lector que busque un best-seller sin  más complicación. Cierto que las escenas de sexo le salían quizás un poco perretevertianas, pero, además de que tienen un aire algo socarrón, a Kerr -o a Gunther, ya que todas las novelas están contadas en primera persona- se lo perdonamos... Por lo demás, es imposible no tomarle afecto a este detective paradigmático que debe navegar siempre, entre las aguas más procelosas que imaginarse pueda. Quien las lea no dejará de disfrutar de sus a/desventuras y de la prosa de un escritor que merece no ser olvidado.

Nota final: Por su "tochez", este libro podría haber entrado perfectamente en la última Tochoweek, pero al tratarse de un volumen compuesto por tres novelas independientes, por más que compartan el mismo protagonista, me pareció que incluirlo podría haber sido hacer un poco de "trampa". Quien quiera, que tome esta reseña de hoy como una especie de coda al al Tochoweek VI, pues... (o no, claro; eso, al gusto de cada cual).


También del añorado Philip Kerr en Un Libro Al Día: Praga mortal

miércoles, 22 de abril de 2026

Vic Echegoyen: Blitz. La destrucción de Dresde

Idioma original: Español 

Año de publicación: 2025 

Valoración: Está muy bien

Blitz. La destrucción de Dresde es la magnífica reconstrucción de las 24 horas que duraron los bombardeos que arrasaron la ciudad de Dresde y se llevaron por delante unas 25.000 vidas, allá por febrero de 1945, cuando apenas faltaban 3 meses para la capitulación de Alemania. Y podríamos entrar aquí en disquisiciones filosóficas acerca de la "necesidad" y la "proporcionalidad" de los bombardeos (¿acaso hay bombardeos "proporcionados"?), pero casi mejor nos centramos en el libro y en su valor como obra literaria.

Volvamos al comienzo. Magnífica y reconstrucción: reconstrucción porque Blitz. La destrucción de Dresde es una obra de ficción basada en hechos reales (o la ficcionalización de las experiencias de una serie de personajes, anónimos o no, en el antes, el durante y el después más inmediato de los bombardeos); magnífica por varias razones, vinculadas a la estructura, al ritmo, a las voces, al tono y al mensaje de la novela. 

En cuanto a la estructura, la obra tiene algo de tragedia clásica con su prólogo, tres episodios (el antes, el durante y el después) separados por interludios que llevan la acción a los cielos de Dresde y su epílogo. Con esta estructura, Echegoyen puede ahondar en la relativa normalidad, el miedo y el caos que ocupan el centro de cada uno de los episodios y puede ofrecer una pequeña evolución de los diferentes personajes que protagonizan la novela.

En lo que al ritmo y las voces se refiere, estos van da la mano. Los tres episodios ya citados se dividen, a su vez, en breves capítulos protagonizados por multitud de personajes del más variado origen, edad y condición. Esta variedad confiere al texto de un carácter coral y de un ritmo que difícilmente tendría de tratarse de una narración más "convencional". Por otra parte, se observa un importante esfuerzo en la diferenciación de las voces de los protagonistas, algo nada fácil de conseguir. 

Me queda hablar del tono y el mensaje de la novela. Aquel tiende a ser sobrio, sin florituras, "adornos" estilísticos ni efectismos. La autora tiene claro lo que desea transmitir y no necesita recrearse en escenas sangrientas para mostrar el miedo y el dolor causado por cualquier guerra. Y ese es precisamente el mensaje, el de la insensatez y el absurdo de estas.

Dicho esto, y viendo que esta es la segunda obra de Vic Echegoyen que reseñamos en el blog y viendo la valoración que hemos otorgado a ambas, ¿cómo es que esta autora sigue tan en los márgenes del mundillo editorial? Tengo mis sospechas, pero me las callo porque no quiero movidas.

También de Vic Echegoyen en ULAD: La voz y la espada

P.S.: En la misma editorial se ha publicado recientemente el recomendable Ciudades de Europa. La deriva del continente, libro de relatos ambientados en diferentes lugares que nos habla, con más melancolía que nostalgia y con una cierta amargura irónica, de estos "nuevos tiempos" que nos ha tocado vivir. Lo comento porque guarda cierta relación con Blitz, en el sentido de que, de alguna manera, habla de la "evolución de Europa" desde el final de la SGM hasta la actualidad. 

jueves, 19 de marzo de 2026

Contrarreseña: Hamnet de Maggie O'Farrell

Idioma original: Inglés

Título original: Hamnet

Traducción: Concha Cardeñoso

Año de publicación: 2020

Valoración: Recomendable

Primero, coincido con la reseña original en lo esencial: la novela está bellamente escrita. Se percibe el trabajo y la atención al detalle en cada página. No tengo ningún reparo en lo que respecta a la forma. Si acaso, se ha elogiado mucho el ritmo y el uso de los saltos temporales; a mí me parecen un recurso innecesario, aunque no por ello le resten valor a la obra.

Mi problema con el libro va más allá de lo estrictamente literario. Tiene que ver, más bien, con el uso de un personaje histórico para manipular al lector. Y esto ocurre tanto en el plano del argumento como en el de la campaña publicitaria de la novela.

Para explicar el primer punto, puedo recurrir a otra obra como comparación. Cuando se estrenó Joker, de Todd Phillips, se utilizó un personaje conocido por todos para contar una historia determinada. Sin embargo, esa película bien podría haber narrado la vida de cualquier individuo desajustado (ahí está, por ejemplo, Taxi Driver) sin necesidad de encajar a la fuerza al Joker en ella (las partes que se entrecruzan con la historia de Batman no tienen ninguna relevancia). Pero el hecho de que sea el Joker garantiza las salas de cine llenas.

De igual manera, Hamnet podría haber sido simplemente la historia de un niño y de su madre. No cambiaría gran cosa si el padre fuera un granjero analfabeto cualquiera en vez de Shakespeare. Como en el caso de Joker, esa elección obliga a la autora a forzar ciertos elementos de la historia sin que ello resulte realmente necesario. En el posfacio, Maggie O’Farrell cuenta que decidió incorporar la historia de la epidemia para dar un sentido más ominoso a la muerte de Hamnet, pero esa decisión acaba sintiéndose añadida desde fuera, como una carga de significado que la novela no necesitaba para sostenerse.

Claro, en la ficción se valen muchos trucos, pero aquí el truco acaba por volverse el centro mismo de la propuesta. No estamos ante una novela que necesite de Shakespeare para pensar mejor el duelo, sino ante una novela que usa el nombre de Shakespeare para intensificar artificialmente su resonancia. El lector no solo lee la tragedia de una familia: lee, sobre todo, la tragedia de la familia de Shakespeare. Y esa diferencia importa, porque introduce de entrada una carga emocional y simbólica que la obra no se gana del todo por sí misma, sino que hereda del prestigio histórico y cultural de sus personajes. 

Dicho de otro modo: O’Farrell no parte de una situación novelesca y la desarrolla hasta volverla conmovedora, sino que parte de un material que ya llega rodeado de aura. El hijo muerto de Shakespeare, la posible cercanía entre Hamnet y Hamlet, la esposa relegada por la historia oficial, el genio ausente en Londres mientras la tragedia ocurre en un pueblucho. Todo ello compone un dispositivo casi perfecto para predisponer al lector a la emoción, a la reverencia y a la interpretación.

Y ahí entra el segundo punto: la campaña alrededor del libro. Porque Hamnet no se vendió solo como una novela notable, sino como una especie de revelación íntima sobre Shakespeare; casi como si O’Farrell hubiera iluminado una zona ciega del canon y devuelto voz a quienes la historia había silenciado. Esa operación es muy eficaz comercialmente, desde luego, pero también es discutible. No se nos ofrece únicamente una ficción: se nos invita a leerla con el prestigio suplementario de estar rozando una verdad emocional sobre el mayor escritor en lengua inglesa. La novela se beneficia así de un doble blindaje: por un lado, el prestigio literario de su prosa; por otro, el magnetismo casi inagotable de Shakespeare.

Mi objeción, entonces, no es que O’Farrell ficcionalice una vida ajena (la literatura lo ha hecho siempre y lo seguirá haciendo), sino que aquí la ficcionalización parece menos interesada en interrogar el pasado que en apropiarse de él para producir un efecto reconocible y rentable. Se toma una grieta de la historia, un dato sugestivo, y se construye a partir de él una maquinaria sentimental muy afinada. Pero una cosa es imaginar y otra explotar. Y en Hamnet, a ratos, la frontera entre ambas se vuelve borrosa.

Por eso tampoco termino de comprar una de las ideas más repetidas en torno a la novela: que rescata del olvido a Hathaway. En realidad, no rescata a una mujer histórica, sino que construye un personaje híbrido a partir de sensibilidades contemporáneas. Esa Agnes intuitiva, casi telúrica, ligada a los saberes naturales, marginada por un entorno masculino y por la posteridad del marido, responde demasiado bien a cierta imaginación actual del pasado. Es un personaje eficaz, sí, y por momentos incluso poderoso, pero también calculado. Más que una figura descubierta, parece una figura diseñada para encarnar una reivindicación legible y emocionalmente atractiva para el lector de hoy.

Nada de esto significa que la novela no funcione. Funciona, y muy bien, en muchos pasajes. Hay escenas de dolor, enfermedad y duelo que están narradas con una sensibilidad indudable. Pero precisamente por eso me resulta más frustrante: porque debajo de esa prosa excelente percibo una operación oportunista. Como si el libro no confiara del todo en la fuerza de su propia historia y hubiera necesitado apoyarse en la celebridad de Shakespeare para volverse imprescindible.

Pueden leer la reseña original aquíHamnet

Otros títulos de esta escritora reseñados en Un Libro Al Día: Tiene que ser aquíLa primera mano que sostuvo la míaEl retrato de casada

miércoles, 27 de agosto de 2025

Eduardo Mendoza: El asombroso viaje de Pomponio Flato

Idioma: español

Año de publicación: 2008

Valoración: recomendable

Palestina; primeros años del siglo I, durante el mandato del emperador Octavio Augusto. "¿Qué han hecho los romanos por nosotros?", se preguntaban los judíos que vivían en aquellas tierras, sojuzgados por Roma, dos mil años antes de que sus descendientes se dedicaran a perpetrar un infame genocidio sobre los hombres, mujeres y niños de Gaza. Bueno, pues aparte del alcantarillado, la sanidad, la enseñanza, el vino, el orden público, la irrigación, las carreteras y los baños públicos, sí que hubo un romanos que hizo mucho por unos judíos en concreto; se trata de Pomponio Flato, ciudadano del orden ecuestre y filósofo natural -o aspirante a serlo- quien, tras sufrir cierto descalabro en su salud y peculio durante su búsqueda por Cilicia de ciertas aguas milagrosas, llega a Nazaret acompañando al tribuno Apio Pulcro. Allí es contratado por un niño de nombre Jesús, hijo de María, para que le ayude a exonerar a su padre, el carpintero José (sí, ya sé quienes parece que son, pero, igual que el autor de la novela, no lo voy a afirmar, no sea que concitemos la animadversión de los ínclitos Abogados Cristianos o de cualquier otra agrupación, congregación o secta integrista, ya se encuentre dentro de la Iglesia Católica o fuera de ella), condenado por el asesinato del rico Epulón. En su pesquisa, digan de un Sam Spade, Philip Marlowe o incluso un Gran Lebowsky, Pomponio indagará en los diferentes estratos de la sociedad nazarena, entrevistando tanto a la acaudalada familia de la víctima o a su criado, el efebo griego Filipo, como a mendigos y cortesanas, sacerdotes del Sanedrín o legionarios romanos.  Con ayuda, eso sí, del párvulo Jesús y de su agreste primo Juan.

Más allá de su adscripción al género de misterio o, de forma más improbable aún, a la novela histórica, El asombroso viaje... es sobre todo una obra llena de humor (no obstante, y lo digo siempre que reseño algo de este autor, no se trata de Sin noticias de Gurb. Repito: NO SE TRATA DE SIN NOTICIAS DE GURB... No sea que se me llenen los comentarios de gente diciendo lo mucho que les gustó ésta y lo que les han decepcionado otras novelas de Mendoza); es verdad que un humor quizás no del gusto de todo el mundo, puesto que se basa, en gran medida, en el contraste entre la pedante prosopopeya de la que hace gala el protagonista y las situaciones o comentarios algo chuscos entre las que se mueve; también, en continuas referencias culturales que tal vez hoy en día ya le sean ajenas a una parte de la población lectora -digamos que para disfrutar de la novela conviene tener ciertas nociones de Historia Sagrada, filosofía clásica, mitología grecolatina, las fábulas de Esopo y las tradiciones navideñas catalanas, entre otras cosas-, pero pensemos que Eduardo Mendoza es ya un señor de cierta edad que se educó, por tanto, en una época en la que a estos conocimientos se les daba mayor importancia. Pero estoy convencido de que quien esté en condiciones de disfrutar de esta lectura, con su despliegue de erudición, ironía y sorna, sin duda lo hará; cierto es que no estamos ante una de las grandes obras de este escritor, no siquiera, insisto, ante una de sus mejores novela cómicas, pero, desde luego, tampoco es uno de los títulos, más deslavazados, con los que nos decepciona de vez en cuando, impelido, creo yo, por la urgencia editorial. Así que sí, El asombroso viaje... es una novela que me atrevo a recomendar sin reparo alguno (y eso que me consta que entre los reseñistas de este mismo blog, por los general tan atinados, hay a quien no le gusta nada... Pero bueno, pensemos que también hay a quien le encantan ciertos libros perpetrados por Sara Mesa o Marta Sanz).

Y, por supuesto: #StopGenocidioGaza y #VivaPalestinaLibre...

Más obras del gran Eduardo Mendoza reseñadas en Un Libro Al Día: aquí

miércoles, 4 de junio de 2025

Louis-Ferdinand Céline: De un castillo a otro (Trilogía del Norte I)

Idioma original: Francés 
Título original: D'un château l'autre
Año de publicación: 1957
Traducción: Carlos Manzano
Valoración: Muy recomendable (con varios matices)

Complicado separar obra y autor en el caso de un tipo como Louis-Ferdinand Céline. Furibundo antisemita y colaborador del gobierno de Vichy, es innegable su importancia en la literatura francesa y mundial del siglo XX y su influencia en futuras generaciones de escritores (toda la generación beat, el propio Michel Houellebecq, etc). Vamos, otra muestra más (y no me hagais dar nombres pero los hay de toda raza, género, edad, ideología, etc) de que ser un verdadero hijo de puta no está reñido con ser un puto genio en lo artístico.

Y aunque resulte complicado, más aún después de leer las 100-150 páginas del libro, trataré de que mi valoración de la obra no se vea demasiado afectada por otro tipo de consideraciones ajenas a lo puramente literario. ¡Al lío!

De un castillo a otro, primera parte de la trilogía del Norte, es, como sucede con buena parte de la obra de Céline, una narración autobiográfica. En esta ocasión, el autor rememora, principalmente, los meses pasados en Sigmaringen, lugar al que huyeron en el año 1944 jerifaltes (y no tan jerifaltes) del gobierno colaboracionista de Vichy. 

Digo principalmente porque las ya citadas 100-150 primeras páginas se sitúan en el momento en que Céline escribe De un castillo a otro y porque estas son una constante diatriba contra todo y contra todos (editores, intelectuales, escritores, políticos, etc) y una casi permanente queja por su situación política y económica. Así, Céline se autodenomina cabeza de turco de los racistas de enfrente material para la propaganda, se queja amargamente del precio de las zanahorias (???), protesta porque con lo poco que he escrito, ¡ya habéis visto los odios!...¡el resentimiento que me he granjeado!... (por qué será, LuisFer?) Resultaría hasta cómico, si no conociéramos los antecedentes del personaje.

En resumen, Céline narrador y Céline protagonista casi absoluto de un primer tercio del texto en el que, afortunadamente, Céline se muestra, por momentos, autoparódico, aforístico, irónico o ácido. Si no fuera por esos momentos, dan ganas de dejar el libro, la verdad.

La cosa mejora, y mucho, cuando se centra en los meses de Sigmaringen. Sin dejar de ser una narración desordenada, sin continuidad y solo aparentemente desaliñada, el foco pasa del propio Céline a muchos de los personajes que pululan por Sigmaringen. Su condición de médico le permite codearse con personajes como Petain o Laval, con soldados, prostitutas, etc y ofrece un cuadro terrible del caos reinante en aquellos días. 

El texto se convierte en el retrato de la ruina física y moral. No hay heroicidad ninguna, sino seres humanos y sus más bajas pasiones (traiciones, delaciones, odios cruzados, hipocresía) en medio del hambre, la enfermedad y la tensión de los bombardeos aliados y la presencia próxima del ejército de Lecrerc. Pero entre la ruina se cuelan el humor negro o escatológico, esperpénticos y absurdos intentos de normalidad, locas esperanzas o recuerdos de infancia del propio Céline y, de esta forma, De un castillo a otro resulta un testimonio con una fuerza brutal.

No puedo terminar la reseña sin hablar de estilo de Céline y de la traducción. En cuanto al estilo, y como ya sucede en Viaje al fin de la noche (creo que lo he leído un par de veces, pero de la última igual hace 20 años), este se basa en la oralidad y en una aparente impulsividad, así como en la ruptura de los estándares habituales en cuanto a continuidad narrativa, sintaxis, etc. Por ponerlo en imágenes, De un castillo a otro parece un rompecabezas que hubiera sido transcrito por Lili, pareja de Céline, mientras este despotrica y recuerda sentado a un mesa, tomándose unos tintorros y pegando puñetazos de vez en cuando.  

Ligado a lo anterior, se hace obligado hablar de la traducción porque... ¿cómo traducir un texto tan oral / coloquial escrito en 1957? ¿han de adaptarse estos textos a coloquialismos más "actuales" para que no suene "a viejo"? No tengo la respuesta, solo un párrafo de la traducción de Carmen Kurtz (1972) y de la de Carlos Manzano (2024). ¡Ojo a las diferencias!

Me gustaría ver a Luis XIV con un “asegurado social”... ¡vería si el Estado es él!... ¡date cuenta de los millares que representa el menor cotizante! ¡ay, Luis, desvalijador de vía estrecha!... date cuenta, Luis Sol, ¡temblaba cuando tenía que cambiar de cirujano! ¡ya no vivía!... ¡la etiqueta!... tu “asegurado” ¡no se anda con chiquitas para enviarte a la mierda! ¡tratarte de podrido chuleta!. (C.K. 1972)

Me gustaría ver a Luis XIV con un “asegurado social”... ¡vería si el Estado es él!... ¡pensad en los miles de millones que representa el menor cotizante! ¡ay, Luis, mindundi!... imaginaos, Luis Sol, ¡el canguelo tan solo por cambiar de cirujano! ¡ya es que no podía vivir!... ¡la etiqueta!... ¡lo que trae sin cuidado a tu “asegurado”! ¡mandarte a tomar viento! ¡tratarte de macarra canalla!. (C.M. 2024)

También de Céline en ULAD: Guerra y Viaje al fin de la noche

viernes, 30 de mayo de 2025

Liliana Blum: Ráfaga roja

 Idioma original: español

Año de publicación: 2025

Valoración: Está bien

Ráfaga roja narra la historia de Hannie Schaft, figura destacada de la resistencia antinazi, desde un punto de vista en primera persona y media (el narrador, Hannie, le cuenta la historia a un interlocutor que no somos nosotros). Desde la celda donde sufre torturas y aguarda su inminente ejecución, rememora su vida y su lucha. Esto no es un spoiler: Hannie Schaft existió y los hechos son reales. De hecho, resulta una trama apasionante: la de una joven que mataba nazis. Sin embargo, la novela no logró convencerme del todo.

Quizá lo que más me desconcertó fue el tono desenfadado, casi de desapego, con el que se narra la historia. A pesar de ser víctima de la sed, el hambre y el dolor, la evocación alegre de sus años de juventud, de sus inicios en la resistencia y de sus actividades subversivas adquiere un matiz casi fantástico. En una situación tan terrible y desesperanzadora, no solo por su encarcelamiento, sino también por la guerra y el auge del nazismo, uno esperaría sentirse conmovido, aterrado o desesperanzado. Sin embargo, no es así: la historia resulta interesante y la figura de Schaft cautivadora, siempre que uno conozca su trayectoria o decida indagar en la Wikipedia. 

Creo que es un riesgo al que uno se expone al escribir sobre una figura histórica: apoyarse demasiado en las hazañas del personaje real y descuidar al personaje novelístico. No estoy seguro de que la Hannie Schaft de la novela se sostenga por sí misma. Además, la saturación de relatos sobre el nazismo y la Segunda Guerra Mundial provoca que muchos pasajes resulten redundantes, a pesar de que ocurran en un lugar del que poco se habla. Quizá un lector poco familiarizado con el tema y con ojos vírgenes viva la obra de forma distinta, pero no fue mi caso.

Por otra parte, la novela posee varios aciertos notables: Liliana Blum escribe con precisión, es capaz de plasmar la cotidianidad de la vida en la resistencia; el ritmo, alternando recuerdos íntimos con momentos de tensión, hace amena la lectura; la reconstrucción histórica es rigurosa, valiéndose de datos y referencias auténticas que aportan profundidad y credibilidad; y, sobre todo, la voz de Hannie Schaft, aunque a veces distante, resulta memorable.

En conjunto, me parece una obra interesante; sin embargo, considerando los altos estándares a los que Liliana Blum nos tiene acostumbrados, acaba quedándose algo corta.

Otras obras de Liliana Blum en ULAD: Un descuido cósmicoEl monstruo pentápodo

martes, 1 de abril de 2025

William T. Vollmann: La camisa de hielo

Idioma original:
Inglés
Título original: The ice-shirt
Año de publicación: 1990
Traducción: José Luis Amores
Valoración: Bastante recomendable

A estas alturas, ya deberíamos saber que William T. Vollmann es un autor "peculiar". Por lo tanto, a nadie debería sorprender que una novela (más o menos) histórica escrita por el californiano se parezca poco a nada a la inmensa mayoría de novelas históricas.

En palabras del propio Vollmann, mi objetivo en "Siete sueños" ha sido crear una historia simbólica, o séase, un relato de orígenes y metamorfosis a menudo falso, comparado con los hechos reales tal como los conocemos, pero cuyas inexactitudes no hacen sino ahondar en la verdad. ¡¡¡¡TOMA YA!!!!

Primera parte de la septología Seven dreams sobre el choque entre los colonizadores europeos y los nativos americanos, La camisa de hielo sería la "prehistoria" de esa colonización bajo la forma de reescritura de las sagas nórdicas (¿sabéis a quién le encantaban las sagas nórdicas? Sí, a Jorge Luis Borges, sí). De hecho, prácticamente la mitad del libro es una larga introducción, salpicada de algún que otro inciso que nos lleva a los años 80 del siglo XX, acerca de leyendas, violencias y tensiones entre distintos reyes y personajes del más variado pelaje hasta llegar a Erik el Rojo y sus descendientes.

Esta primera mitad del texto semeja más una colección de microrrelatos en los que, si bien se establecen conexiones, queda la impresión de cierta falta de profundidad. Eso sí, hay historias verdaderamente magníficas (me encanta la del rey Harald, que conquistó todo Noruega como prueba de amor), realismo mágico a cascoporro y una poética de lo más sugerente.
(...)aquel viento temible que, aunque no veían que fuera blanco, barría tal cantidad de nieve contra ellos que casi les asfixiaba; tampoco era negro, aunque había tal negrura en su interior que veían lo mismo con los ojos abiertos que cerrados; arrancó las puntas de los icebergs, desprendiendo hielo de hielo y haciendo que de las hendiduras manara nieve que corría por las laderas de los acantilados como sangre blanca y espumeante; y el cielo chilló por cada fisura que encontraba o abría hasta que el océano, pese a estar congelado, crujió y restalló, rompiendo contra el oleaje de aquel otro mar de viento

Más interesante me resulta la segunda parte de la novela, la que pone el foco en Freydis, descendiente de Erik el Rojo que parte hacia Vinlandia (actual Terranova, Labrador, etc), en la rivalidad que se desata con otros colonos y en el choque con los nativos. Sin dejar de lado ese elemento mítico que recorre todo el texto (profecías, sueños premonitorios, hechiceros...), creo que los personajes se muestran en toda su complejidad, que es mayor la profundización en las relaciones entre ellos, que se ahonda en los motivos que los mueven, etc. 

Todo esto sin olvidar los que creo que son los principales puntos fuerte del texto: descripción de paisajes, metáforas y símbolos, en los que se combinan ficción y no ficción, mito y realidad, Historia e "historias".

En resumen, una novela complicadita (sí, tetes, es Vollmann) que nos habla del presente, ahora que cierto tipejo de color naranja pretende apropiarse de Groenlandia, a través de la revisión de leyendas y mitos de un pasado no tan lejano como pudiera parecernos.

P.S.: Preciosa edición la de Pálido Fuego. Tipografía, ilustraciones, cubierta, papel... Un lujo, vaya.

También de Vollmann en ULAD: Historias del Arco IrisLa familia real y El atlas

sábado, 15 de febrero de 2025

Ferdia Lennon: Deus Ex

Idioma original: inglés

Título original: Glorious Exploits

Año de publicación: 2024

Traducción: Jon Bilbao

Valoración: recomendable

Año 412 A. C. Tras la derrota ateniense en su intento de conquistar Siracusa, en Sicilia, los siracusanos encierran a los soldados prisioneros en unas canteras e ir a visitar a aquellos atenienses muertos de hambre se convierte en un pasatiempo para los alfareros en paro Lampo y Gelón, más aún cuanto que éste último es un fan absoluto de la tragedia griega y trata de que los atenienses le reciten pasajes de las obras de Eurípides -su favorito y el señor de color carmín y ojos saltones que nos mira desde la cubierta del libro-, a cambio de algo de comida. Pero, no contento con esas migajas, un día decide montar con los prisioneros, allí en la cantera, una representación de Medea, nada menos, a la que luego se sumará Las Troyanas (de ahí los desorbitados ojos del señor de color carmín, supongo).

Aunque Gelón es el más motivado para llevar a cabo esta incierta aventura escénica, la historia nos la cuenta Lampo, un tipo más extrovertido y menos leído -de hecho, no sabe leer ni escribir -que ve en esta locura una manera de tener entretenido a su amigo, comprensiblemente deprimido desde la muerte de su hijo y el abandono de su esposa; él, por su parte, lo considera una manera de matar el tiempo entre visita y visita a la taberna, donde trabaja Lira, una esclava de la que se ha enamorado y también, por qué no, una fuente de ingresos cuando encuentran a un "productor", un extraño personaje de allende los mares llamado Tuireann. En todo caso, la obra tira para adelante por el tesón y la astucia de ambos directores de escena, la ayuda de unos chiquillos que juegan por los campos y gracias, sobre todo, a que entre los atenienses, pese a estar hambrientos, enfermos y hechos polvo, en general, encuentran algunos actores más o menos resultones que, convenientemente maqueados, puede que den el pego... o tal vez no.

Con un tono tragicómico -más cómico que trágico, gracias, sobre todo, al extrovertido y entrañable Lampo, aunque la tragedia, también está presente, pues la historia se desarrolla en tiempos de guerra- va avanzando esta novela, de forma bastante resultona; tampoco es de extrañar, pues las historias que cuentan cómo se monta una obra de teatro, casi un género en sí mismas (con el subgénero de las que están interpretadas por presos o prisioneros de guerra... A bote pronto, recuerdo, en novela, La semilla de la bruja de Margaret Atwood y en cine películas como la francesa El triunfo o Las vidas de Sing Sing, esta última estrenada recientemente), suelen resultar de lo más entretenidas y, por lo general, consiguen que el lector o espectador/a empatice con los esforzados personajes que tratan de representar la obra sorteando dificultades y contratiempos. Lo mismo ocurre aquí, claro, con el añadido de que la trama se desarrolla en la Magna Grecia de hace casi 2500 años y la ambientación, por tanto, supone también un requisito importante. Que parece, en todo caso, bastante bien lograda, aunque tengo la sospecha de que a los lectores de novela histórica más rigurosos quizás no les agrade el tono desenfadado y contemporáneo de los diálogos. Para el común del público lector, no obstante, representa un añadido que refuerza la comicidad de la novela, debido al contraste con la antigüedad del contexto.

Deus Ex -el título en inglés resulta más gracioso, pero, por una vez su traducción, aunque sea al latín (debería ser al griego), tiene cierto sentido- supone, en todo caso, un estupendo debut literario para su autor, el irlandés Ferdia Lennon. Esperemos que pronto nos ofrezca una nueva novela, al menos tan divertida como ésta.

jueves, 3 de octubre de 2024

Gregorio Muro Harriet & Daniel Redondo: La marca de la bruja

Idioma original: castellano, euskera y francés (*)

Títulos originales: Infernuko erromesak; La marque de la sorcière; La marca de la bruja.

Año de publicación: 1983 por parte, en la revista Habeko Mik; 1985, como álbum integral.

Valoración: recomendable

Puesto que ha comenzado eso que los cursis llaman la spooky season (convendremos que suena bastante cheesy... aunque claro, decir cheesy también lo es), propongo hacer un repaso por diferentes personajes emblemáticos del género de terror, ése que a algunos nos encanta (nunca mejor dicho), aunque nos lo pueda hacer pasar bastante mal... y de hecho, mejor si nos lo hace pasar mal. Uno  de esos arquetipos terroríficos, ya desde los cuentos populares enraizados, supuestamente, en la noche de los tiempos: las brujas. 

También es verdad que la acusación de brujería se solía hacer en épocas pretéritas de forma no ya falsa, sino bastante gratuita y eso es lo que le ocurre a la protagonista de esta historia, Elvira de Goitie, una vecina de Ustaritz, en Lapurdi (País Vasco francés), que en 1611 es detenida por supuesta brujería (la verdadera causa de la acusación es bastante más pedestre). Logra escapar de la prisión junto a unas tía y sobrina de Biarritz, Catheline y Ane, y junto al hijo de Elvira, con la ayuda dela curandera Inés de Goiburu y el pastor Martín de Harza, cruzan la frontera, perseguidas por los hombres del tristemente célebre Pierre de Lancre -este sí fue un personaje real-, para llevar a cabo un periplo por tierras navarras, riojanas y aragonesas durante el que vivirán diversas aventuras, sinsabores y alguna que otra alegría. De paso, se irán uniendo a esta improvisada familia  otros miembros como el joven Felipillo o el alquimista francés Eugéne.

Así pues, asistiremos a tribulaciones varias, combates a espada, asesinatos... de hecho, buena parte de las vicisitudes de Elvira y sus amigos se diría sacada de algún episodio de C.S.I. o de algún caso de la señora Fletcher, puesto que deben resolver los misterios con los que se van topando -en algún caso, siendo ellos también el objetivo de los criminales- en una variedad de aventuras de lo más entretenida, a lo largo de cuatro episodios largos y tres intermedios más cortos ; al parecer, en su momento se publicó también un quinto, pero por mor de las circunstancias no fue terminado de forma satisfactoria y no fue incluido en esta recopilación...


Lo más interesante, aparte de la trama en sí de estas historias, es la ambientación que se hace de la época, el siglo XVII, con un repaso de los entresijos de la sociedad, las costumbres, fiestas, etc. aparentemente muy bien documentado, así como un retrato de ciertos grupos marginales como los pícaros y buscavidas, los agotes de Navarra y los moriscos -ocultos- de Aragón. Los autores muestran además una gran sensibilidad hacia los problemas de las mujeres de la época, totalmente subordinadas al dominio masculino y víctimas, a menudo, no sólo de la violencia individual sino institucional (sensibilidad que tal vez pueda sorprender a algunas miembras y miembros de las nuevas generaciones, viniendo de unos "señoros" de hace 40 años... lo que demuestra que los prejuicios suelen estar errados).

Para que esta ambientación resulte verosímil es fundamental el aspecto gráfico de este cómic; las ilustraciones de Daniel Redondo, de trazo realista y muy detallado, en la línea de la BD de género histórico y de aventuras de aquellos años (François Bourgeon, Juillard, Hermann Huppen), no sólo muestran un grandísimo nivel en lo que se refiere a personajes, paisajes y animales (los caballos suelen ser una pesadilla para los dibujantes, según se dice), sino además, en la recreación arquitectónica, ya se trata de pequeños pueblos o de ciudades como Logroño, zaragoza o incluso París, mostrando unas reconstrucciones minuciosas y cabe suponer que bien documentadas que resultan una auténtica delicia. Sólo por esto merecería echarle un vistazo a este libro, pero ya digo que no es lo único por lo que recomiendo su lectura, si tenéis la ocasión. Cierto que la bruja en cuestión no satisfará tanto a los amantes del terror, pues acaba siendo algo bien diferente, pero eso también era lo que ocurría con las brujas "de verdad", después de todo...


(*) Nota: he puesto estos tres idiomas como originales porque la trayectoria editoria de las historietas recogidas en este libro resulta bastante curiosa. Concebido originalmente en castellano, al parecer, fueron primero publicadas por entregas en lengua vasca, en la revista de cómics para adultos habeko MIk, del organismo del Gobierno Vasco para la enseñanza y difusión del euskera; después editadas como libro en Francia por Dargaud (en francés, se entiende), no siendo recopiladas y publicadas en español (y en euskera, de nuevo), hasta 2017.

domingo, 18 de agosto de 2024

Enrique Serna: El seductor de la patria

Idioma original: español

Año de publicación: 1999

Valoración: recomendable (muy recomendable para interesados en la historia (con h minúscula) de México)


Una de las primeras novelas de Enrique Serna, y sin duda una de mis favoritas. Esta obra fue concebida inicialmente como un guion para una telenovela de época. Afortunadamente, el proyecto de rodaje fue cancelado, lo que permitió a Serna repensar y redirigir su enfoque. En lugar de abandonarlo, transformó la idea original en una novela, con gran acierto, convirtiendo la vida del dictador mexicano del siglo XIX, Antonio López de Santa Anna, en una obra literaria que combina el formato de falsas memorias con la novela histórica. De esta manera, Serna explora a fondo la complejidad del personaje y del contexto histórico en el que se desenvolvió, algo que posiblemente habría quedado limitado en formato de culebrón.

Enrique Serna construye a Santa Anna (o hace que se muestre a sí mismo) como un hombre de contrastes, una figura carismática (como todo buen dictador) que cautiva a quienes lo rodean, pero al mismo tiempo, un egocéntrico impenitente, capaz de manipular a todos a su favor sin el menor escrúpulo. Serna nos muestra a Santa Anna como un maestro de la política y la seducción, alguien que entiende y explota las debilidades de quienes lo rodean para mantenerse en el poder. Aunque su narcisismo lo lleva a cometer errores fatales impulsados por su vanidad y ansias de protagonismo, llevándolo a tomar decisiones que, aunque momentáneamente le benefician, acaban destruyendo su legado y su reputación. A lo largo de la novela, Santa Anna se revela como un hombre ambicioso, cuyo talento para las hazañas heroicas es equiparable a su capacidad para las traiciones más profundas.

Bien establecido el papel de villano de Santa Anna (hecho que es inculcado a todos los mexicanos desde la más tierna infancia), Serna nos deja ver, de igual manera, sus momentos de duda, sus miedos y su humanidad, lo que hace que el lector lo entienda, incluso haya algunos que lo justifiquen. Este enfoque en la ambigüedad moral del personaje principal es uno de los puntos fuertes de la novela, mostrándonos la fragilidad del ser humano ante la tentación de la gloria y el control absoluto (¿Qué hubiera hecho yo estando en su lugar? Tal vez lo mismo).

Como en la mayoría de sus libros, Serna se distingue por su uso mordaz del sarcasmo y la ironía, lo que le permite criticar no solo a Santa Anna, sino también a la sociedad que lo creó y lo apoyó, resultando en una obra que es tanto entretenida como intelectualmente estimulante.

Por último, cabe mencionar que, para los mexicanos, para quienes Santa Anna es el arquetipo de la traición, este libro es particularmente interesante. Sin embargo, para aquellos que lean el libro sin ese rencor, tal vez les cueste involucrarse emocionalmente con el protagonista. No estoy del todo cualificado para decir sin prejuicios que la novela se sostenga por sí misma. Pero apostaría a que sí. 

Otras obras de Enrique Serna reseñadas en ULAD: Lealtad al fantasma


martes, 7 de mayo de 2024

Giosuè Calaciura: Yo soy Jesús

Idioma original: italiano

Título original: Io sono Gesù

Traducción: Miguel Ros González

Año de publicación: 2021

Valoración: Se deja leer


Interesante, atractivo. No me refiero a ningún actor famoso, sino a un libro que promete contar la historia de Jesús de Nazaret en sus años jóvenes, esa etapa de la que aquello que se llamaba Historia sagrada no dice casi nada, al menos que yo sepa. El Mesías de los cristianos, profeta para los musulmanes, era un hombre de carne y hueso al margen de otras consideraciones, y debió tener una infancia, una adolescencia y una primera juventud. Ante este vacío, Calaciura ofrece una versión posible, fantaseando sobre cómo pudo ser, creando algo que con un criterio laxo podríamos clasificar como novela histórica. Y sí, me parecía interesante, aunque no del todo novedoso, porque otros ya lo hicieron antes, como el conocido El evangelio según Jesucristo de Saramago, que no he leído y creo que se adentra en el mismo tema. 

Las expectativas son importantes cuando leemos un libro, lo que uno espera de él antes de empezar o consumidas unas pocas páginas va a determinar en buena parte la opinión que finalmente nos formemos. En este caso yo esperaba una recreación en la que el necesario grado de imaginación entroncase con lo que sabemos (en mi caso, muy poquito) por los pasajes bíblicos, pero también con el contexto histórico, una visión diferente, laica si se quiere, de una etapa que resulta desconocida, quién sabe si por desinterés de los evangelistas o por la voluntad deliberada de ocultarla.

Jesús escribe en primera persona, una especie de memorias de juventud que se inician a una edad indeterminada que podríamos situar en la adolescencia. Y el relato que se monta Calaciura lo describe mejor que nadie uno de los inevitables elogios que adornan la solapa: ¡El Evangelio de Calaciura es una novela de aventuras! (lo dice Tutti Libri). Al margen de la rima, supongo que involuntaria, y del muy discutible carácter elogioso de la cita, es exactamente así. En vez del niño seriecito que se perdió y fue encontrado en el templo discutiendo con los sacerdotes (episodio por cierto ausente del libro), lo que sí tenemos es un circo ambulante, un par de novias, bandidos no identificados que arrasan la aldea, ataques de perros asilvestrados y una sequía que calcina los campos. En algún momento se puede pensar que el autor está dándole una vuelta a las siete plagas de Egipto, pero lo dudo mucho, creo que simplemente se ha lanzado a un relato de acción, en general además bastante deficiente.

Deficiente porque tiene el tono algo recargado de cierta literatura juvenil y, al margen de algunas incongruencias y anacronismos, sobre todo porque casi todas estas aventuras resultan simples, reiterativas y gratuitas, sin un origen justificado ni desarrollo o conexión a una idea coherente. Una especie de pasatiempo que podría haberse prolongado doscientas páginas más si Calaciura hubiera seguido tirando de esa inventiva un poco pueril, o su editor se lo hubiese aconsejado.

Pero, claro, le he puesto una valoración en la que algo se puede salvar. Quizá el aderezo de algunas escenas y personajes bíblicos muy conocidos (aunque creo entender que colocados de forma bastante caprichosa), insinuaciones bastante bien traídas en torno a la ya clásica disquisición sobre la virginidad de María, o ligeros apuntes (insuficientes) relacionados con la suspicacia de Roma ante cualquier atisbo de rebelión en sus posesiones. Tal vez lo más logrado es la muy diferente relación que José y María tienen con su hijo. El padre parece intentar marcarle el camino hacia una vida normal de carpintero honrado, ella aparenta ocultar tras un velo de silencio el secreto decisivo que solo ha de revelarse cuando llegue el momento. Esa lucha interior de María se transmite de alguna manera a su hijo, que a veces es consciente de que hay algo importante que no conoce y que quizá no le permitirá vivir la vida normal que ahora le seduce. En este sentido, siendo generosos podríamos ponerle la etiqueta de novela de formación.

Esto, más alguna que otra escena bastante lograda, y un par de giros hábiles sirven para suavizar el fiasco. Pero, como decía antes, todo dependerá de las expectativas del lector cuando empieza el libro: he intentado advertir de lo que hay, pero si alguien gusta de una narración simple, entretenida y sin pretensiones, con el toque de color que le pueden dar personajes muy conocidos, adelante con el asunto.  


domingo, 24 de diciembre de 2023

Marguerite Yourcenar: Opus Nigrum

Idioma original
: francés
Título original: L'oeuvre au noir
Traducción: Emma Calatayud
Año de publicación: 1974
Valoración: Muy recomendable alto

Uf, cómo empezar con esto. Pues directo al grano: como diría Delibes, la sombra del ciprés es alargada, y si tienes la capacidad de haber escrito Memorias de Adriano, lo siento mucho compañera, pero a partir de ahí toda tu obra se medirá por ese rasero; no haber puesto el listón tan alto. Y no es para nada una mala novela, todo lo contrario; para muestra, un precioso símil sacado directamente de la primera página: “la paz […] comenzaba ya a deshilacharse como un traje usado durante mucho tiempo”

Quizá esta reseña hubiera sido distinta si no hubiera leído antes el opus magnum de Yourcenar, pero es que si no existiesen las Memorias quizá yo nunca hubiese leído este libro - la novela histórica no es precisamente mi género favorito -. Además, en mi caso, he leído hace poco Baudolino, de Umberto Eco, una novela con la que se podrían establecer fácilmente paralelismos: los dos son libros protagonizados por personajes medievales inventados ex profeso – cuya historia nos es narrada desde la cuna al cadalso - que recorren la Europa de su época, y, para rematarlo, ambas novelas pasan por ser parte “menor” de la obra de sus autores. Así que la cosa va de comparaciones.

Opus Nigrum trata sobre la vida de Zenón, un polímata – médico, filósofo, teólogo, escritor, alquimista, astrólogo, domina varias lenguas... - del siglo XVI que Yourcenar usa como pretexto para desplegar una enorme erudición y unos vastísimos conocimientos históricos. El protagonista, amalgama de Da Vinci, Servet, Paracelso, Erasmo, Brahe... nace como hijo bastardo en el seno de una familia acaudalada y dedica su vida a recorrer Europa practicando la medicina.

Zenón es el vehículo ideal para que Yourcenar nos muestre las distintas realidades de la Edad Media del siglo XVI: como médico de pasado adinerado, atiende a reyes y reinas y tiene acceso a sus cortes; como personaje huraño y desencantado, actúa de buen samaritano y se dedica a ser el médico de los pobres, gracias a lo cual conocemos las historias de la gente de a pie. Sus conocimientos científicos nos hablan del progreso y del estado de varias ciencias de la época; su habilidad mecánica nos muestra un breve episodio de protoludismo y lo que hoy en día llamaríamos movimiento sindical y conciencia de clase.
Por otro lado, en cuanto a su personalidad, es partidario de un humanismo nihilista (así lo llamaría yo actualmente) que pone de relieve las contradicciones y luchas internas del cristianismo de la época, así como las suyas propias. En un buen conocedor de la naturaleza humana, y su trato con distinto personal eclesiástico – también de distinta clase y rango: frailes, novicios, obispos -, el intercambio de ideas, es de lo mejor de la novela.

Sin embargo, y aquí viene el pero, la comparación inevitable, no se ve una evolución en el personaje: en el primer capítulo de la novela ya hace gala de su carácter y sus convicciones, y estas nunca cambian, ni vacilan ni muestran fisura alguna a lo largo de toda la novela, desde adolescente hasta anciano, a pesar de todas las experiencias vividas. Es un personaje bastante plano con el que, a pesar de ser objetivamente una buena persona en un mundo lleno de bestias, cuesta empatizar. Carece de la profundidad psicológica que Yourcenar se reservó para Adriano; esta novela es más de sucesos que de personajes - existe una ausencia casi total de secundarios, que solo existen a través de la interacción con Zenón (valga la rima) - donde el verdadero protagonismo no recae en el ser humano, sino en la historia de Europa. Esto es algo que me costó bastantes páginas comprender, quizá mis expectativas tiraban más hacia otro lado.

Bien es cierto que lo mejor de la novela son los largos intercambios que Zenón y sus respectivos contertulios, dispuestos expresamente para ese papel, mantienen: su primo, el prior, su antiguo maestro... es en estos diálogos donde sale a relucir lo mejor del libro, donde Zenón nos habla de su mundo interno, su visión cosmogónica y su filosofía vital, y donde su interpelado funciona como representante de otra teoría, dependiendo del tema a tratar, ya sea vital, humana o teológica. No maneja Zenón la charla banal, no me gustaría coincidir con él en el ascensor. 

Lo que sí me hubiera gustado que estos personajes se desarrollasen más y tuviesen su propia historia, no fuesen solo la consecuencia de la concepción solipsista de la obra. Habría enriquecido el mosaico total.

Cabe decir que, al menos en mi edición, el libro cuenta con una parte final, desligada ya de la narración, en la que la autora nos habla sobre la concepción de la novela y su historia. Por mi parte, agradezco mucho estos anexos que nos hablan sobre la creación literaria y dan explicaciones sobre el contexto histórico, así que punto a favor. Me ayudan a disfrutar más la novela.

No les quiero destripar más de lo necesario sobre este apéndice, pero déjenme mencionar que, según la propia Yourcenar, Memorias de Adriano y Opus Nigrum partían en principio de un origen común, así que hacer una comparación entre las dos quizá no fuera tan mala idea.

En estas hojas finales Yourcenar también nos cuenta que “los temas bosquianos y breughelianos de desorden y horror en el mundo abundan en la obra”: como aficionado a ambos pintores, no puedo estar más de acuerdo.

Una novela, a pesar de todo, muy buena, de la que en unos años tocará relectura, para entonces ya sin ánimo de comparación.

Todos los libros de Marguerite Yourcenar reseñados en la ULAD: Memorias de Adriano

sábado, 21 de octubre de 2023

Dan Simmonds: El Terror

Idioma original: inglés

Título original: The Terror

Año de publicación: 2007

Traducción: Ana Herrera

Valoración: bastante recomendable

¿Recuerdan ustedes lo del dichoso gato de Schrödiger, esa paradoja que tanto gusta a tuiteros, modernetes y demás variedades contemporáneas de listillos, porque lo mismo sirve para un roto que para un descosido? Sí, hombre, lo del gato que no se sabe si está vivo o muerto hasta que se abre la caja... (olvidando que lo más inquietante sería que estuviese vivo y muerto A LA VEZ, como el de Cementerio de animales... y perdón por el spoiler). Pues con esta novela pasa algo parecido, creo yo. Me explico:

-Premisa A: El Terror es una novela de terror (valga la redundancia).

-Premisa B: El Terror no es una novela de terror.

Y, claro, lo mismo que con el gato, no se puede saber cual es la correcta (o la más correcta) hasta que se se abre la caja, quiero decir el libro... y se lee, obviamente. Así que, para que vean todes ustedes, amigues, que aunque yo esté perdiendo el tiempo en un blog de mala muerte este fantabuloso blog sobre libros, mi capacidad de análisis crítico bien me podría permitir publicar reseñas en Babelia o, qué se yo... en The New Yorker, voy a pasar a desarrollar estos dos conceptos en apariencia antagónicos  e incluso excluyentes, pero que no lo son tanto. Antes de eso, sin embargo, he de aclarar que el título de la misma no hace referencia -o no sólo- al género de la misma, sino que es el nombre de uno de los dos barcos británicos del Servicio de Exploración, el HMS Terror, que junto al Erebus (1) se perdió en el Ártico en 1845, mientras buscaban el mítico paso del Noroeste, bajo el mando de sir John Franklin. De estos buques, ya digo, que llevaban unos 130 tripulantes, nunca más se supo... hasta que sus restos sumergidos fueron encontrados hace pocos años, en 2015, más o menso donde los sitúa esta novela. Aún así, lo que se desarrolla en ella es una recreación o, más bien, una elucubración sobre lo que les pudo suceder.

A- El Terror es una novela de terror: Atrapados anbos barcos por la banquisa durante casi dos años, en medio de un frío tremebundo y una oscuridad casi total, y con las reservas de comida y combustible descendiendo peligrosamente, la situación de aquellos hombres ya era lo suficientemente terrorífica. Pero, además, en la novela de Simmonds los miembros de la expedición se ven acosados por un "monstruo del hielo", una especie de oso polar gigantesco y fantasmal que va acabando con los tripulantes uno por uno. Sin olvidar, claro, la violencia inherente al ser humano y que en un grupo sometido a tanta presión acaba siempre por aflorar.

Encontramos, pues, en esta novela, un horror físico y sangriento, casi -o sin casi- gore, amén de otro no menos físico, causado por lo que las penurias y enfermedades pueden provocar a los cuerpos (no me atrevo a considerarlo como body horror, pero casi). también hay un terror ambiental, claustrofóbico, aunque no únicamente en los pasajes que se desarrollan en el asfixiante interior de los barcos, sino también en el peligroso laberinto de hielo que los rodea,,, y, por último, un miedo que podríamos considerar como metafísico, que anida en el interior de cada hombre y se muestra a la luz cuando éste debe enfrentar su destino. Porque, por otra parte...

B- El Terror no es una novela de terror: O no sólo, ya digo. Es, ante todo -y además de una narración ¿biográfica? sobre los distintos personajes, muchos de los cuales existieron en la vida real- una novela sobre el destino y sobre el reverso del mismo, eso que llaman "libre albedrío", aunque no deje de ser la otra cara de una misma moneda; existe, claro está, el destino implacable, disfrazado de azar (o viceversa) que conduce a los hombres a una muerte horrible, violenta o degradante. Pero también varios personajes de la novela tienen la oportunidad, en un momento determinado, de decidir cómo quieren intentar vivir o, incluso, cómo quieren morir. para ellos, conocemos también las vicisitudes interiores, los pensamientos íntimos de algunos de ellos, como el doctor Goodsir, el teniente Irving, el eficiente y leal Harry Peglar o el muy infame Hickey. pero, sobre todo, del capitán Crozier(2), que deviene el principal protagonista de la narración. Como casi único contrapuento con el auténtico campo de nab predominio masculino que es esta novela, Lady Silenciosa, una joven esquimal "recogida" por la expedición y cuyo obligado mutismo parece guardar los secretos de la amenaza que les acecha en el hielo y de las propias latitudes árticas, tan hostiles hacia ellos, en las que se encuentran.

Un último apunte: con todo lo recomendable que me parece este libro tanto para los aficionados/as a la novela histórica como a la del género de terror (o ambas cosas, evidentemente), hay quizás varias cisrcunstancias que conviene tengan en cuenta antes de plantearse su lectura: en primer lugar, su extensión, de casi 800 páginas, con lo que hay que prepararse para asistir  a las penalidades de esta pobre gente durante una buena temporada, por otra parte, y, sobre todo en la primera mitad del libro, conviene tener un cierto dominio de los térmicos naúticos de la época (o un diccionario a mano), para no liarse mucho con la narración (los lectores avezados en las novelas de Patrick O'Brian no han de tener problemas, sin embargo). En último lugar, auqneu esto ya es una observación persoanal mía, en la traducción del libro se ha optado por utilizar las medidas del Sistema Métrico Decimal -metros, kilómetros-, así como la medicoón de temperaturaas en grados Celsius, amabas cosas que creo que difícilmente se havcían en la Armada británica del siglo XIX. Es algo que no digo que te saque de la novela, pero sí resta un poco de verosimilitud, en algún momento , a la narración. 

Todas estas "pegas" no son óbice, por supuesto, para recomendar encarecidamente este novelón, cuya lectura creo que puede hacer las delicias de los y las aficionados/as al(los) género(s).  Más aún, me atrevo a sugerir, si se hace en los meses de verano, para que el rigor helador al que se ven sometidos los personajes sirva para, al menos psicológicamente, aliviar nuestros calores estivales, también bastante extremos, en los últimos tiempos...


(1) Para quien pueda interesar, existen varios libros sobre esta expedición, entre ellos uno titulado, precisamente, Erebus. Historia de un barco, escrito nada menos que por Michael Palin, vicepresidente de la Royal Geographical Society, además de ex-leproso, gobernador de Judea y miembro del Frente Popular de Judea.
(2) Existe, como supongo ya sabrán muchos de los lectores de la reseña una serie basada en esta novela, al parecer de muy buena factura y que tiene muy buenas críticas, pero que yo no he querido ver. Lo único que puedo decir sobre ella es que el capitán Francis Crozier está interpretado, al parecer por Jared Harris, que, aun con lo buen actor que es, a mí no me cuadra físicamente con el personaje.

domingo, 23 de julio de 2023

ULAD hace Historia #7: El mundo alucinante de Reinaldo Arenas

Idioma original: Español

Año de publicación: 1965

Valoración: Está muy bien

¿Qué es la Historia? ¿Una fila de cartapacios ordenados más o menos cronológicamente? (...) Los impulsos, los motivos, los secretas percepciones que instan (hacen) a un hombre no aparecen, no pueden aparecer recogidos por la Historia, así como, aún bajo el quirófano, no se captará jamás el sentimiento de dolor del hombre adolorido. 

La Historia recoge (...) lo evidente. (...) El efecto no la causa. Por eso, más que en la Historia busco en el tiempo. En ese tiempo incesante y diverso, el hombre es su metáfora. Porque el hombre es, en fin, la metáfora de la Historia, su víctima, aun cuando, aparentemente intente modificarla y, según algunos, lo haga.

Extraigo estos párrafos de la introducción que el propio autor escribió quince años después de la publicación de la novela y lo hago porque en ellos recoge preguntas y afirmaciones absolutamente atinadas sobre el Poder, la Escritura y la Historia, los tres ejes sobre los que gira esta novela que Reinaldo Arenas escribió cuando apenas tenía veintidós años (22, sí).

La "excusa", en esta ocasión, es la vida de Fray Servando Teresa de Mier, personaje es que intervino en los procesos de independencia de la repúblicas americanas y que, en lo literario, enlaza con la tradición literaria española (el Quijote y Sancho, el Lazarillo...). De ahí que inicialmente se pudiera pensar que El mundo alucinante es una novela histórica, pero su posterior lectura creo que la sitúa más en una novela sobre el Poder y su influencia en el destino del hombre.

Pero más importante, o al menos tan importante como el tema de fondo de la novela, es la forma de ésta. Como respuesta a las preguntas planteadas en el primer párrafo, Arenas construye una novela en la que conviven la primera, la segunda y la tercera persona (¿cuál es la versión "correcta" de la Historia?), en la que mito y realidad aparecen mezclados, en la que encontramos referencias clásicas, poemas, diarios... versiones contradictorias y complementarias de los mismos hechos, personajes reales y ficticios como ya ocurría en Los conspiradores (Los pasos de López) de Ibargüengoitia, etc.

Por tanto, no hay en esta novela una continuidad narrativa al uso ni un intento de recreación "fiable" de la Historia. Al contrario, la lógica narrativa salta por los aires gracias a hechos inexplicables, animales que hablan, hipérboles, exageraciones, etc. Esto ha hecho que buena parte de la crítica sitúe a Reinaldo Arenas como precursor del realismo mágico, pero a mí me parece que el cubano está más cercano a los planteamientos del surrealismo, del absurdo o de Raymond Queneau y Oulipo que a Garcia Márquez y compañía. En esta novela, sin ir más lejos, hay mucho más humor (grotesco, absurdo, etc la mayoría de las veces), mucho más irreverencia, mucho más juego. O eso me parece, vaya.

Lo anterior no es obstáculo para que Reinaldo Arenas no critique el régimen cubano ni a buena parte del establishment cultural de la época, unas veces de forma más velada y otras de forma abierta. En este sentido, se establece un paralelismo autor - personaje, ambos perseguidos, ambos en permanente huida, que no podemos obviar.

En suma, El mundo alucinante es una novela que parte de una premisa aparentemente sencilla pero que esconde en sus páginas una complejidad y unos registros que pueden descolocar al lector no avisado. Eso sí, quien logre entrar en el mundo de Reinaldo Arenas seguro será capaz de disfrutarla y echarse unas buenas risas con las tragicómicas aventuras de Fray Servando.

P.S.: Diría que Rowan Atkinson (AKA Mr. Bean) ha leído El mundo alucinante. Cierta escena del libro y cierto sketch con la Reina Isabel II como protagonista así parecen indicarlo.


También de Reinaldo Arenas en ULAD: Antes que anochezca

miércoles, 19 de julio de 2023

ULAD hace Historia #3: La fortaleza de Meša Selimović

Idioma original: Serbio
Título original: Tvrđava
Traducción: Miguel Roán
Año de publicación: 1970
Valoración: Recomendable (aunque no para todo el mundo)

La fortaleza es un clásico de la literatura yugoslava y, junto con El derviche y la muerte, la obra más representativa y lograda de Meša Selimović. Nos traslada al Sarajevo otomano del siglo XVIII, así que puede considerarse una novela histórica; personalmente, también la encasillaría dentro de la narrativa existencialista y filosófica.

Sigue los pasos de Ahmet Šabo, un profesor que acaba de regresar de la guerra. Una noche, el joven se enemista con las autoridades locales, las cuales le cerrarán puertas a nivel social y laboral. Sobrellevará su vida condenada al ostracismo y la pobreza gracias a una dignidad tambaleante y un amor incondicional hacia su esposa, Tijana.

Entre las muchas virtudes que le he encontrado a esta obra, destacaría las siguientes: 

  • Su factura demuestra madurez, inteligencia y sensibilidad. 
  • Su ritmo, por lo general pausado e introspectivo, permite que la acción se afianze y las meditaciones de Ahmet calen.
  • Las citadas meditaciones, junto a las disertaciones y los diálogos, barajan ideas interesantísimas. Ideas que, pese a su nivel de sofisticación, jamás se hacen pasar por verdades universales, ya que tanto el argumento como el propio protagonista las cuestionan a menudo. A excepción, claro, de algún que otro aforismo difícilmente rebatible, como, por ejemplo, «El dolor y la reflexión nos privan de la risa despreocupada».
  • La ambientación es exquisita. Sin recurrir apenas a descripciones ni requerir más que un puñado de notas del traductor, logra situar al lector en un lugar y una época lejanos.
  • Abunda en escenas conmovedoras que plasman el egoísmo e hipocresía humanos, la pobreza, la fuerza de la amistad y el amor, los abusos del poder, la religión, etc...
  • Los personajes están muy bien caracterizados. Todos se sienten complejos, contradictorios y, por tanto, verosímiles.
  • Nunca se endulzan las interacciones entre los personajes; éstas se abordan con sus luces y sus sombras. 

Creo haber dado suficientes razones para animaros a leer La fortaleza, siempre y cuando no os amedentren su extensión, su ambientación exótica, la densidad de su contenido, su argumento pausado o los meandros de su prosa. Pero, por si acaso, quiero mostraros la belleza formal y la riqueza conceptual de uno de mis pasajes favoritos. 

En él, Ahmet confiesa: «Cuando me sentía amedrentado, solo pensaba en ella y me animaba con su presencia. Cuando las cosas me iban mal, pronunciaba su nombre, como en una oración, y encontraba alivio. Cuando me sentía dichoso, corría a compartirlo con ella, agradecido, como si mi felicidad le correspondiera.» (199) Inmediatamente añade: «Esta mujer era todo mi mundo, la necesitaba para admirarla pero también necesitaba sentir mi poder sobre ella. La había creado, como un salvaje crea su ídolo, para que estuviera por encima del fuego de la cueva, la defensa contra el trueno, los enemigos, las fieras, la gente, el cielo y la soledad, para esperar lo ordinario pero también exigir lo imposible, sentir ilusión pero también indignación, para poder agradecer y discutir a la vez, siempre consciente de que, sin ella, los miedos serían insoportables, las esperanzas sin fundamento, las alegrías efímeras. / Gracias a ella, incluso la gente me parecía más cercana.» (200)

Llegados a este punto, sólo quiero reiterar que La fortaleza es un novelón. Un novelón en el que se plasman con asombrosa lucidez la tragicomedia humana, los sinsabores de la existencia y la angustia que provoca la búsqueda de sentido en un mundo lleno de maldad cotidiana y desigualdades obscenas. Un novelón que igual no gustará a todos, pero hará las delicias a quienes amamos la literatura de gran calibre.


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lunes, 17 de julio de 2023

ULAD hace Historia #1: Tiberio, de Allan Massie

Idioma original: inglés
Título original: Tiberius
Traducción: María Isabel Butler-Foley
Año de publicación: 1992
Valoración: Muy recomendable

Sí señor, así sí. Qué gusto tan grande cuando uno encuentra un libro con buena pinta, prometedor, que parece apropiado para el momento personal en el que se quiere leer y, oh fortuna, todo encaja, todo es lo que parece.

Qué buen libro, cómo me alegro de haberlo elegido; lo he disfrutado muchísimo; francamente, no me esperaba que fuese tan bueno. Pero dejemos en paz al señor Lobo y vayamos al lío.

Tiberio, el más triste de los mortales, el más solitario de los emperadores. Un rara avis en la pútrida alta sociedad romana de su tiempo, un tipo con restos de humanidad en un entorno donde nadie se puede fiar de nadie, o al menos así es como nos lo pinta Massie: un hombre que, sencillamente, ni puede ni quiere asumir la carga del imperio sobre sus hombros.

El autor nos pinta a un Tiberio retraído, tímido, mesurado en sus actos y poco amigo de los excesos; una persona entre monstruos, alguien que, a pesar de ser el más poderoso de las gentes de su tiempo, es imposible no empatizar. 

Después de leer algo de la biografía del emperado quizá no sea oro todo lo que reluce y la versión de Massie sea más dulce de lo que en realidad fue, pero es importante tener presente de que esto es una novela y no una autobiografía. La fiabilidad de los hechos en este caso no nos importa; me consta que existe un libro de Gregorio Marañón (Tiberio: Historia de un resentimiento, ya reseñado en ULAD) más fiel al pasado, o al menos con una visión más tradicional de Tiberio como monstruo y antecesor de Nerón y Calígula. Habrá que leerlo.

Se plantea en la novela una trama de engaños, traiciones, asesinatos... pero también la búsqueda constante de Tiberio de un apoyo: algo (o alguien) en quien poder confiar y soportar la inmensa carga del poder. No será fácil en un mundo donde la corrupción y la crueldad son santo y seña de la cotidianeidad más rutinaria.

Me ha parecido ver en el protagonista un reflejo de aquellos que, teniéndolo todo, no han sido capaces de lograr la satisfacción. Tiberio, ni en el fin de sus días, en ningún momento alcanza la suficiente madurez emocional como para comprender que la causa de sus angustias es su personalidad y no sus condiciones externas. Esto le llevará a huir, a esconder la cabeza, y finalmente a su perdición. Busca la paz, pero, asqueado, no encuentra más que humanidad. 

Como diría su madre: Felicidad. Un concepto para poetas de la clase media. 

Bien, una vez tratado el argumento, el elefante en la habitación: son inevitables las comparaciones con las Memorias de Adriano de Yourcenar, y me temo que, a pesar de mi pasión por esta novela, no son comparables; la de Yourcenar es muy superior a esta (¡y está traducida por Cortázar!), pero eso no quita que Massie nos ofrezca un agradable rato de buena literatura. 

Técnicas que no son de mi agrado, como la del manuscrito encontrado (incomprensible para mí, aquí no pinta nada y no es necesario), el sueño que no se sabe si es realidad o fantasía o la extraña fantasía del comienzo la alejan, a mi juicio, de la calificación de imprescindible.

En cualquier caso, muy recomendable para todo el mundo, un ejemplar de muy buena literatura.

jueves, 6 de julio de 2023

Hélia Correia: Lillias Fraser

Idioma original: portugués

Título original: Lillias Fraser

Año de publicación: 2001

Traducción: Santiago Pérez Isasi

Valoración: recomendable

Lillias Fraser es una niña escocesa, única superviviente de su familia a la batalla de Culloden y a la matanza posterior desatada por las tropas inglesas. por los vericuetos del azar, acaba en el convento de las inglesas de Lisboa donde también se salva, milagrosamente, del terremoto que asoló la ciudad en 1755. Bueno, milagrosamente, pero porque Lillias tiene un "don": el de ver a los muertos -sí, como el niño de la película- pero antes de que se produzca el deceso, lo cual le permite saber, esa noche, que algo terrible iba a suceder en la ciudad, de lo que debe huir. En su periplo, conoce a otros fugitivos del desastre con quienes acabará ligada... de momento. Porque ésta no será sino una etapa más de l largo periplo, de la huida de la -ya no tan- pequeña Lillias...

Novela de la escritora portuguesa Hélia Correia, aún poco conocida en España, me parece, aunque últimamente la editorial La Umbría y la Solana está realizando la encomiable labor de darla a conocer, igual que a otros escritores lusos. Novela que va transitando entre la novela histórica bien documentada (reconozco que no han convencido demasiado algunas roturas de la "cuarte pared" por parte de la autora para explicarnos tal o cual pormenor de la Historia... pero no me hagáis mucho caso. es cosa de mi aversión por todo lo que huela, siquiera un poco, a la "autoficción), cierto realismo mágico y el folletín sobre las aventuras y desventuras de sus jóvenes protagonistas, como Pamela o Moll Flanders, tan típicos del siglo XVIII. Quizás por ello la sensación que me ha dejado la lectura de esta Lillias Fraser es que se trata de una novela, no incompleta, pero sí resumida, que pide más espacio para poder desarrollarse en toda su amplitud y que en las 275 páginas de que consta se ve un tanto constreñida.

A esa sensación contribuye, creo, el estilo de Hélia Correia, que escribe, o al menos aquí, con casi ningún diálogo, haciendo más hincapié en las explicaciones que en las propias acciones y, sobre todo, en la creación de los ambientes y las situaciones, inciertas y equívocas, en las que se desarrolla la historia: la pobre Lillias deja a su familia en la primera página del libro y desde entonces va pasando de un remedo familiar a otro, sin que ninguno sea definitivo, ni siquiera para el resto de sus componentes -de hecho, esta precariedad y provisionalidad de las familias es uno de los temas del libro, junto con la inexorabilidad caprichosa del destino-; también se debe al tono de la prosa, poética por momentos, pero también tendente a una sensación distante, en otros... Tampoco se ha aprovechado lo suficiente, a mi entender, las visiones sobrenaturales que asaltan a la protagonista, aunque tienen su importancia  sobre todo al comienzo de la novela, dándole un toque de terror gótico muy interesante. Quizás, como digo, si la autora se hubiese decidido por una mayor extensión para esta historia, hubiese desarrollado su aspecto con más desahogo.

En todo caso, tampoco quiero dejar una idea negativa sobre este libro, que resulta ser, sin duda, una novela notable y que creo puede agradar a los lectores y lectoras más adictos al dramón histórico, las vicisitudes de la existencia humana y, por qué no, a cierta turbiedad que inevitablemente la acompaña,  sobre todo en los momentos de inestabilidad y desorden, como guerras y desastres naturales, cuando el ser humano se siente ma´s libre para dar tienda suelta a sus instintos.