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lunes, 29 de junio de 2026

Tochoweek VI #1 Andrew O'Hagan: Caledonian Road

 

Idioma original: inglés
Año de publicación: 2025
Traducción: Rubén Martín Giráldez
Valoración: bastante recomendable

Dios: soy tan poco anglófilo que ni siquiera me gustan los Beatles (ni los Stones). Así que cuando una novela de más de seiscientas páginas* es proclamada como la Gran Novela Londinense, apenas siento una cierta curiosidad. Gran Novela Londinense: o sea, ¿vamos a tener una Gran Novela para cada gentilicio? Pasaremos de la Americana a la Barcelonesa, ¿llegaremos a conocer la Gran Novela de Motilla del Palancar?**

Supongo, para empezar, que ese grandilocuente apelativo requiere que, de alguna manera, una novela sea ambiciosa, sea de amplio espectro, incorpore algún elemento que la permita convertirse en definitoria, al menos, del momento en que transcurre. 

Bien, esto Caledonian Road lo cumple. Aunque haya que aportar el matiz de que vivimos en tiempos en que todo sucede muy deprisa, pero al menos nos alcanza la memoria de los grandes trazos que sitúan en contexto la obra, y de algunos, aunque nos suenen lejanos, aún no nos hemos olvidado: Covid, Brexit, Bitcoin, guerra de Ucrania, Epstein files. Sí, desde luego una buena amalgama para empezar. O'Hagan crea una novela coral cuyas piezas empiezan a encajar pronto. Obviamente hay influencias palpables, ese retrato social que muestra las desigualdades dentro de una gran ciudad de Occidente ya lo hizo Tom Wolfe en La hoguera de las vanidades, quizás algo más extremo y sin tantas interacciones como las que O'Hagan nos procura aquí.

Campbell Flynn, un escritor que ha tenido un enorme éxito con un libro sobre Vermeer, ha empezado a acumular deudas, las propias de su excesivo estilo de vida. Conectado con la clase alta británica (que sale muy mal parada, algunos diálogos protagonizados por aristócratas son delirantes, por estúpidos, por hipócritas, o directamente por surgir de un universo paralelo de despilfarro y pedantería),  pero Flynn disfruta de influyentes conexiones en el who's who de la ciudad, lo que le permite trazar un extraño plan: publicará, con un torpe joven actor como cara visible que prestará su nombre, un polémico libro de autoayuda. Necesita dinero, necesita no poner su prestigio en tela de juicio, y Elizabeth, su paciente y aristocrática esposa, sin enterarse de nada de lo que ocurre a su alrededor, comprenderá su situación, aunque sea de forma transitoria. Hay muchos personajes aquí: Milo, un alumno suyo muy hábil en la darknet, le sirve de cicerone en las nuevas tecnologías. Moira Flynn, su hermana, es una diputada laborista que intenta mantener una postura ética enmedio de las tormentas que se generan por doquier. No así William Dyre, amigo de la infancia, de alguna escuela y universidad elitista, este ya pringado hasta el tuétano: relacionado con prebostes de la oligocracia rusa residente en Londres, sus tentáculos llegan hasta bien abajo y con muchas sucias raíces: tráfico de inmigrantes, cultivos de marihuana, empresas textiles que explotan sin escrúpulos, Dyre lleva una existencia que combina presencia en selectos actos y amantes jóvenes enganchadas a las drogas. También tiene un hijo, Zak, una especie de eco-yuppie que ha decidido plantar cara a la figura paterna sin renunciar a su privilegiado estilo de vida.

Seiscientas sesenta páginas de constantes cambios de escenario y de, alguna vez, difícil seguimiento de las tramas. Vamos de salones de enormes pisos repletos de caras obras de arte a estrechos apartamentos de inmigrantes polacos obligados a buscarse la vida. Quizás, en ese afán de completar el cuadro, Caledonian Road se acerque algo al registro de un best-seller, pero los retratos de los personajes son claramente literarios, sus trazos son definidos con matices y sus dudas y contradicciones no se esbozan a brochazos. Flynn parece el anti-héroe torturado e inseguro que piensa que su situación se arreglará algún día, de alguna manera. Dyre, el potentado arrogante e inmoral, pagado de sí mismo que sabe que siempre va a contar con una vía de escape. Los jóvenes que aparecen en la novela cubren todas las posibilidades, desde los desgraciados que han estado en el momento inadecuado en el escenario de un crimen o en el interior de un contenedor, hasta aquellos que parecen mantener una postura ética inquebrantable. 

Caledonian Road, que toma el nombre de una de esas largas calles que atraviesan la ciudad y en la cual hay enormes desniveles sociales, es una buena novela, quizás la necesidad de O'Hagan de atender tanto personaje y dejar trazos nítidos de cada uno sea lo que justifique su extensión. A lo mejor O'Hagan necesita eso para completar su socavada denuncia de la sociedad british, en la que, aunque haya que recurrir a la traición, cuanto más alto se está en el escalafón social, más segura es la impunidad, sea por los medios que sea que esta se alcance. Es una novela intensa, a veces algo difícil en su seguimiento, pero, sin dudas, brillante e interesante.

*Umbral no escrito que la certifica como tocho

**Sin ofender: broma interna del blog que llevaría varias reseñas adicionales explicar

viernes, 27 de marzo de 2026

2*1: Una madre trabajadora de Agnes Owens y Riesgo moral de Kate Jennings

2*1, sí. ¡Como si esto fuesen los siete días de oro de los gafapastas! Pero todo tiene su sentido. En este caso, dos son los lazos que ligan los libros hoy reseñados: su premisa (una mujer que, por motivos relacionados con la situación de sus respectivos maridos, ha de ponerse a trabajar) y su publicación en España por Muñeca Infinita. Ahora bien, no penséis que estoy va a ser una reseña comparada ni nada por el estilo; serán dos reseñas "independientes" de dos libros muy diferentes entre sí pero altamente recomendables. Empezamos.

Idioma original:
Inglés 
Titulo original: A working mother
Año de publicación:1994
Traducción: Blanca Gago
Valoración: Bastante recomendable

Apenas cuatro líneas de diálogo sirven para ponernos en situación sobre los dos personajes que protagonizarán esta novela: Betty y Adam, un matrimonio que no parece ir demasiado bien. Pero lo que parecía un drama sobre un matrimonio en descomposición resulta que, apenas 15 páginas después, se convierte en algo ligeramente diferente. Digamos que ese componente no desaparece (tristeza, soledad, alcohol, etc están presentes a lo largo de toda la novela), pero el tono del texto nos lleva al terreno de la "tragicomedia".

                                                    - Y mientras tanto, los hombres se morían
- Tú no. Ojalá te hubieras muerto
                        - Ojalá. Lo pienso cada vez que os veo a ti y a los mocosos en este vertedero 
 
Porque Una madre trabajadora es una novela oscurísima, ácida y llena de un humor negro profundamente british, en la que se juntan lo sórdido y lo patético, lo absurdo y lo triste. Tanto es así que la novela podría ser (y aquí me la juego), tanto por tono como por estructura, una sitcom británica que adaptara una obra de teatro de Tennessee Williams. O una especie de revisión oscura de Fleabag, la estupenda y recomendadísima serie protagonizada por Phoebe Waller-Bridge. 

No voy a entrar en detalles sobre el argumento porque implicaría destripar parte importante del atractivo de la novela, por lo que paso directamente a enumerar sus puntos fuertes:
  • los diálogos, con los que la autora describe situaciones y personajes, al tiempo que hace avanzar la trama. Se lleva la palma Betty, el personaje más logrado.
  • su ritmo, conseguido a través de breves escenas y de los comentados diálogos, con los que Owens se salta las "zonas de transición".
  • su capacidad de meter el dedo en la llaga desde una aparente ligereza. El amor, el sexo, las relaciones de poder, el papel de la mujer en la familia y en la sociedad, etc son otros temas que parecen en la novela.
  • el contraste entre sordidez y absurdo.
  • el final, contundente pero coherente con el desarrollo previo.
Quizá alguien pudiera decir que los personajes secundarios no están del todo bien construidos o que los saltos entre escenas son demasiado abruptos. Puede ser, pero me inclino a pensar que esto obedece más a la propia estructura de la obra que a un defecto "en sí". Optar por una novela más convencional podría dar mayor profundidad a esos personajes y mayor "continuidad" a la trama, pero creo que el texto perdería en frescura e inmediatez. Y no sé yo si compensaría, la verdad.

**********************

Idioma original: Inglés  
Titulo original: Moral hazard
Año de publicación: 2002
Traducción: Esther Cruz Santaella
Valoración: Bastante recomendable

Voy a contar mi historia de la forma más directa que pueda, de lo más directa que me lo permitan los recuerdos torcidos que todos tenemos. Toda una declaración de intenciones que se cumple a lo largo de las 186 páginas de una novela en la que "conviven" la enfermedad degenerativa del marido de la narradora y la inserción de esta en el darwiniano entorno de la banca de inversión de Wall Street. Dos temas aparentemente antitéticos, pero que en manos de Jennings engarzan de forma convincente.

¿Cómo lo hace? Pues a través de breves capítulos en los que el escenario salta de la intimidad del hogar o del centro médico a la agitación del mundo de las altas finanzas y en los que su protagonista y narradora tiene la sensación de moverse entre dos formas de demencia.

Puede dar la impresión de que dentro de Riesgo moral hay dos novelas diferentes. No diría tanto ya que ambas comparten tono y cuentan con elementos comunes que son utilizados por la autora para lograr el engarce que comentaba anteriormente. El principal nexo de unión entre ambas "partes", además de la sensación citada en el párrafo anterior, es su carácter casi iniciático. La protagonista ha de aprender a convivir con la enfermedad y con un marido que cada vez se parece menos a quien fue no hace mucho tiempo y, al mismo tiempo, ha de aprender a moverse en un mundo absolutamente desconocido para ella y del que obtendrá valiosas lecciones.

Es normal que la parte "íntima" de la novela llegue de forma más directa. Jennings opta por el patetismo en lugar del espanto para mostrar el miedo y la soledad ante la enfermedad y la muerte. Pero hay momentos de luz, de ternura y amor que no palían el dolor, pero suponen un breve respiro. Jennings consigue emocionar sin caer en la sensiblería.

Por su parte, el lado financiero de la novela resulta algo más "áspero". Me gusta el retrato que ofrece del mundo laboral, demoledor y realista al mismo tiempo, así como la evolución de la protagonista en los 6 años que permanece en el mundillo, pero todo lo relacionado con intrigas más o menos políticas y el mundo de los derivados y opciones se me hace algo cuesta arriba, la verdad.

Pese a esta última salvedad, Riesgo moral supera con nota el examen y demuestra el buen ojo del editor para rescatar textos de los que nadie (o casi nadie) había oído hablar por estos lares.

viernes, 6 de marzo de 2026

Ali Smith: Gliff

Idioma original: inglés
Título original: Gliff
Traducción: Dolors Udina en catalán para Raig Verd y Magdalena Palmer en castellano para Nórdica
Año de publicación: 2024
Valoración: está bien


Llegué a la literatura de Ali Smith con mucho interés; su cuarteto estacional me parecía muy interesante y el resultado de sus lecturas fue altamente satisfactorio. Lamentablemente, lo que ha venido después no ha terminado de encajarme, pues en ocasiones encuentro que le falta redondez y, en otras, creo que peca por exceso de simbología o alegorías. Este libro lo ubicaría en este último caso.

Tal y como nos tiene acostumbrados la autora escocesa, el libro arranca fuerte y directo, con un inicio prometedor que sitúa a la familia protagonista del texto en su propia casa, sorprendiéndose al encontrar que los límites de su hogar han sido marcados en su exterior. Su sorpresa llega acompañada de indignación, pues «alguien había pintado una línea roja en el suelo alrededor de nuestra casa», algo que les causa extrañeza a la vez que incomodidad y la autora es hábil transmitiendo al lector esa misma sensación que nos llega acompañada de un presagio que denota un clima enrarecido, tenso e inquietante; además, la situación no parece tener fácil solución porque, por añadidura, su madre se halla en una suerte de residencia por lo que no puede ayudarles a gestionar esta angustiante situación.

Una vez establecida la premisa y sin entrar a desgranar el argumento, vemos rápidamente que en esta novela Ali Smith sigue incidiendo en sus temas habituales: la IA, el uso de móviles y pantallas, la pérdida de valores de la sociedad o la amenaza constante de una especie de totalitarismo que amenaza las vidas de sus protagonistas. De esta manera, orquestando el argumento en torno a estos temas ya recurrentes en la obra de la autora, Ali Smith se vuelve más críptica que nunca, y teje una trama argumental centrada en una familia de hermanos que se encuentran inmersos en una sociedad totalitaria que les expropia las casas sin ni siquiera saber cuándo, ni por qué, ni tan solo por quien. Así, ellos (y otras personas en situaciones parecidas) luchan contra el sistema, un orden rígido y totalitario que coarta las libertades de la gente a todos los niveles, incluso restringiendo la libertad de pensamiento y eliminando cualquier iniciativa popular o civil que pretenda cambiar las cosas, forzándoles a perpetuar el discurso establecido «porque cambiar lo que estaban haciendo quería decir que no ganarían tanto dinero». 

Así, en esta novela de cariz marcadamente distópico, las autoridades dictaminan y clasifican, organizan y separan, establecen y segregan, para facilitar su control, para simplificar su gobierno, para someter a sus ciudadanos. Este aspecto es claramente descrito por la autora cuando afirma que «toda la gente que vive aquí, incluyendo los niños asilvestrados, en aquel momento eran no-verificables. Lo eran, esencialmente, por culpa de las palabras. Una persona había estado no-verificada por decir en voz alta que una guerra era una guerra cuando no estaba permitido nombrarla guerra. Otra persona se había visto declarada no-verificable para escribir en línea que el asesinato de mucha gente por parte de otra gente era un genocidio (…) otra había estado no-verificada para hablar en una protesta sobre el derecho de las personas a protestar». Así, el estado ordena, clasifica y discrimina. Y aparta. Y excluye.

De esta manera, y a pesar de que el enfoque es interesante pues trata los temas habituales de la autora en pro a la denuncia contra la restricción de libertades y a la lucha contra la discriminación en un amplio espectro, y a pesar también de que uno esté ya acostumbrado a que las novelas de Ali Smith tengan un punto críptico que causa que el mundo donde se desarrollan sus personajes sea nebuloso y algo irreal, en este caso considero que la autora lo lleva excesivamente al extremo porque, a diferencia de sus anteriores libros donde el argumento estaba trazado (ni que fuera grosso modo) para tratar, a partir de él, una serie de temas en los que su afilada prosa discurría fácilmente lanzando dardos a diestro y siniestro, aquí va demasiado por vía libre, sin un hilo conductor que sostenga sus denuncias e incomodidades sociales o políticas y sin una gran profundización en sus personajes que permita una ya no identificación, pero al menos sí una empatía.

Por todo ello, y a pesar de que leer a Ali Smith siempre es un reto a la vez que una ventana abierta desde la que unas políticas autoritarias pretenden entrar en nuestras vidas, en este caso no he disfrutado como esperaba con su lectura por un argumento excesivamente fragmentado que únicamente en su tramo final consigue alinear. En cualquier caso, y a pesar de ello, uno puede siempre sacar algo de provecho en esta autora, aunque en ocasiones tenga que surfear en un texto un tanto precipitado y anárquico.

viernes, 17 de enero de 2025

Ali Smith: Biblioteca pública

Idioma original: inglés
Título original: Public library
Traducción: Dolors Udina en catalán para Raig Verd y Magdalena Palmer en castellano para Nórdica
Año de publicación: 2015
Valoración: se deja leer

Desde que la conocí hace unos años a través de su cuarteto estacional (gran tetralogía, por cierto), Ali Smith siempre me ha despertado admiración por la gran capacidad que tiene de hilvanar temas actuales que nos afectan como sociedad (con grandes dosis de crítica y denuncia) con relatos protagonizados por protagonistas a los que, gracias a su estilo narrativo, se les coge cariño.

En este caso, la obra que nos ofrece la escritora escocesa es muy diferente a lo que nos tenía acostumbrados, pues se trata de un libro de relatos cortos que más bien son una serie de reflexiones en torno al arte en sus diferentes ámbitos y disciplinas. Y, justamente por este cambio de registro tan marcado y por ser relatos con poca relación entre ellos, su lectura se me ha hecho algo cuesta arriba pues se trata de un libro algo extraño debido a que, a pesar de que supuestamente trata sobre las bibliotecas, solo lo hace en algunas páginas intercaladas y en textos de corta extensión ubicados entre los relatos de la autora que poco o nada tienen que ver con las librerías (aunque sí con las palabras y los libros). Por ello, me cuesta horrores definir este libro porque parece apuntar a una cosa, aunque el resultado es totalmente diferente y en pocos de esos relatos encuentro el talento de Smith que sí vi en sus otras obras. Por contra, las páginas que abren cada relato sí están dedicadas a las bibliotecas y que provienen de conversaciones o anécdotas de la autora sí consiguen transmitir esa pasión por esos templos de cultura que son el gérmen y origen de gran parte de nuestras vidas (reales o imaginadas); son textos basados en conversaciones con amigos, en historias narradas y en otras fuentes de conocimiento que sirven a la autora para, supuestamente a partir de ellos, escribir un relato relacionado aunque desgraciadamente, en este caso, no consigue su propósito y el libro no deja de ser poco más que un conjunto de breves textos inconexos con el añadido de, por su corta extensión, carecen de personajes bien definidos con los que sentirse identificados o empatizar con lo que les sucede; no hay extensión para tal propósito y este hecho provoca que uno vaya perdiendo interés a medida que avanza. Por ello, el principal problema de este libro es, justa y sorprendentemente, la parte de narrativa, pues no he encontrado muchos relatos en el libro que sobresalgan ni despierten mi interés. 

De esta manera, a pesar de tener un título claramente dedicado a las bibliotecas y su gran (e impagable) valor no únicamente por dar acceso para todo el mundo a la cultura y, por tanto, a la reflexión, sino también como espacio de integración, de acogida y de imbricación de la comunidad, el libro no trata especialmente sobre ello aunque sí ofrece en ocasiones interesantes reflexiones acerca de la importancia de las lenguas habladas, la voz y las entonaciones porque, desgraciadamente, «hoy en día todo es imagen y tengo la sensación de que cada vez nos alejamos más de las voces humanas». 

En cualquier caso, me quedo con una de las reflexiones de Ali Smith en la que indica que «lo más importante respecto a la idea de una biblioteca pública es que es el único lugar donde se puede ir, un espacio libre, un espacio democrático al cual puede ir cualquier persona y estar allí con otra gente, y no hace falta tener dinero». Y creo que es justamente por eso, que muchos las consideramos nuestro segundo hogar.

sábado, 24 de febrero de 2024

Jenni Fagan: Maldición

Idioma original: inglés

Título original: Hex

Traducción: Jesús Cuéllar

Año de publicación: 2022

Valoración: Decepcionante


Los procesos de las brujas de Berwick, a finales del siglo XVI, son algunos de los más conocidos entre los muchos que tuvieron lugar en Europa en busca de poderes oscuros, curaciones sospechosas y maleficios. Al parecer, el rey Jacobo volvía de su boda en Dinamarca y fue sorprendido por terribles tormentas, lo que provocó que se buscaran responsables de causar semejantes fenómenos para acabar con él. Mediante el uso generalizado de la tortura comenzó el habitual reguero de delaciones, mientras se vengaban viejas rencillas, se doblegaba a gentes incómodas y se consolidaba el terror frente a la disidencia o simplemente frente a conductas que pusieran en cuestión el orden religioso, moral y, finalmente, político.

Jenni Fagan toma como protagonista a una de aquellas brujas, Geillis Duncan, apenas una adolescente que por algún motivo fue elegida para ser eliminada y cuya confesión, obtenida de aquella manera, sirviese de paso para condenar a otras mujeres de mayor significación pública, en especial Euphame McCalzean, cuya posición social y económica suscitaba ciertos deseos de quitarla de en medio. Geillis va a ser ajusticiada, y en su celda, donde ha sido violada repetidas veces, recibe la visita de Iris, una mujer del siglo XXI que le acompaña en sus últimas horas. 

Lo que parece podría ser una narración llena de fantasía de tintes góticos se convierte sin embargo en otra cosa. En vez de recibir a un ser extraordinario procedente del futuro, se diría que el carcelero ha dejado entrar en el calabozo a una amiga de Geillis para que la pobre tenga un poco de conversación antes de morir en la horca. De manera que Iris, obviamente solidarizada con la presunta bruja, se dedica durante unas cuantas páginas a colocar el discurso feminista propio de su época. En la base de los procesos por brujería, parece defender Iris, no hay un fondo de incultura popular, de alienación religiosa, intereses pueblerinos o maniobras políticas, solo el deseo de castigar a mujeres por el hecho de serlo, el impulso depravado de hombres obsesionados por la integridad de sus pollas (sic), una especie de miedo atávico frente a aquellas a quienes no pueden someter de otra forma.

Y bueno, el resto de las largas conversaciones entre la víctima y su visitante no pasa de ser una charla insulsa, llena de lugares comunes, reflexiones sobre la injusticia y la violencia, peroratas apenas disfrazadas de patetismo y ramalazos líricos, fogonazos de magia injustificada, todo lo cual tiene como mayor virtud la brevedad de sus apenas cien páginas.

No era mala la idea, y daba para montar una historia quizá atractiva. Tampoco era desdeñable la posibilidad de levantar una reflexión sobre un posible enfoque de género en la persecución de la brujería, o un juego de contrastes entre la perspectiva ideológica de nuestro siglo y la de los inicios de la Edad Moderna. No sé, había posibilidades de hacer unas cuantas cosas interesantes, tal vez en otros formatos, pero Jenni Fagan elige la peor opción, una sucesión de diálogos, a veces monólogos sucesivos, sin nervio, con un fondo forzado y nada creíble que a veces suena a representación escolar, por mucho que se adorne con una especie de acotaciones que presentan cada escena de modo más bien efectista.

Solo las últimas páginas tienen un tono más intenso, imágenes más sugerentes y un ritmo más vivo. Bien habría hecho Fagan en aplicar el mismo criterio al resto del libro. Pero aunque este último empujón deja un sabor algo más gratificante, ni aun así nos libra de la decepción. 


domingo, 1 de octubre de 2023

Ali Smith: Fragua

Idioma original: inglés
Título original: Companion Piece
Traducción: Dolors Udina (en catalán para Raig Verd) y Magdalena Palmer (en castellano para Nórdica Libros)
Año de publicación: 2022
Valoración: está bien

Después de sorprenderme positivamente en su cuaderno estacional, Ali Smith pone la rúbrica final a ese recorrido literario con «Fragua», una última novela y pieza complementaria (como su nombre original apunta y también su traducción al catalán «La torna») a los cuatro títulos anteriores donde incide y reincide en los temas expuestos y su manera de abordarlos. 

En este libro que cierra el cuarteto a modo de epílogo, el planteamiento de la autora es muy similar al del resto: pocos protagonistas, un enfoque crítico sobre la sociedad y diálogos que cuestionan la actualidad. Y, de la misma manera que ocurría con el resto de sus libros, sus protagonistas son diferentes en cada libro y también la trama narrada; en este caso, la novela empieza con una misteriosa llamada de Martina Inglis, una antigua compañera de clase de nuestra protagonista Sand y con quién hace tiempo que no habla, en la que le explica que ha sufrido una detención en el aeropuerto debido a trasportar con ella una extraña y antigua cerradura que la policía confunde con un arma. Durante la detención oye unas voces con un mensaje indescifrable. Así que Martina recurre a Sand, pues el recuerdo que tiene de ella de su época en la universidad es que se trata de alguien con gran facilidad para resolver enigmas y misterios.

Ali Smith inicia el libro con esta premisa intrigante y original para desplegar a partir de ahí todo su torrente ideológico y crítico porque, como es habitual en la autora, la denuncia, la lucha, los ideales siguen en su primera línea de reivindicación, una reivindicación que traslada en sus obras en boca de sus inconformistas personajes. Una protesta que va desde la gestión de la migración, a la ecología o a los estamentos políticos y policiales. Y un lamento ante la pasividad cada vez más evidente de una sociedad adormecida que constata al reconocer «en qué fantasía se ha conferido mi estilo de vida, pensé. Solíamos hacer manifestaciones de protesta. Teníamos pesadillas pensando que se nos fundían los ojos en las cuencas. Ahora tenía lugar toda una especie de fusión comunitaria de ojos delante de mí». Así, tal y como nos tiene acostumbrados por sus anteriores novelas, el libro simultanea las reflexiones y proclamas sociales con las relaciones personales plasmadas en la relación de Sand con su padre durante su vida, y por extensión (y a veces omisión) con su madre. Ali Smith siempre juega muy bien las cartas de las diferencias generacionales entre sus personajes, contraponiendo la visión adulta (y a menudo anquilosada) con la rebeldía propia de los jóvenes y utiliza también el recurso de contraponer la opinión de la protagonista en una edad cercana a los sesenta años que con su propia visión a raíz de sus vivencias y contrastes experimentados a lo largo de su vida. En ese espacio dialéctico que se genera encuentra ahí su lugar para exponer los conflictos dejando que sea el lector quien determine desde qué punto lo observa y desde qué punto comparte la situación y su posible respuesta o solución.

Este acercamiento a la actualidad, con la brillante ironía de Smith, copa más de la mitad de la narración (estructurada en tres bloques) y que termina con un último bloque mucho más irregular e incluso desvinculado del resto en el que la autora nos narra una historia sucedida siglos atrás en plena época medieval y conforma una parte que no acaba de encajar bien con el resto del libro; este hecho confirma que a veces Ali Smith quiere decir tanto y enlazar tantos temas que incluso ella, con su talento, se pierde entre los amplios márgenes de un libro demasiado abierto como para centrar un personaje que prometía algo más de lo que ofrece. Por ello, si bien es cierto que el estilo de Ali Smith se caracteriza por cierto desorden y narración interrumpida, en este libro la autora abusa en exceso de esta característica llevándola a extremos innecesarios. Así, la narración fragmentada y en apariencia inconexa de su último tramo en este caso lastra el relato que bien cabe decir que tienen su punto álgido en las conversaciones y situaciones que Sand tiene con la pareja de hermanas que la visitan a su casa. Es en esas escenas a menudo surrealistas e inverosímiles pero sumamente irónicas y divertidas en las que encuentro a la Ali Smith más brillante y mordaz.

Y, en el espíritu de lucha e inconformista que manifiesta siempre la autora en sus textos, y haciendo gala de que su profesión es un vehículo, un canal para denunciar situaciones que no deberían producirse, Ali Smith afirma, en boca de sus personajes, que «tienes la lengua, dice. Este es un poder que supera cualquier puñetazo». Es innegable que ella sabe cómo utilizar ese poder en cada uno de sus textos.

lunes, 17 de julio de 2023

ULAD hace Historia #1: Tiberio, de Allan Massie

Idioma original: inglés
Título original: Tiberius
Traducción: María Isabel Butler-Foley
Año de publicación: 1992
Valoración: Muy recomendable

Sí señor, así sí. Qué gusto tan grande cuando uno encuentra un libro con buena pinta, prometedor, que parece apropiado para el momento personal en el que se quiere leer y, oh fortuna, todo encaja, todo es lo que parece.

Qué buen libro, cómo me alegro de haberlo elegido; lo he disfrutado muchísimo; francamente, no me esperaba que fuese tan bueno. Pero dejemos en paz al señor Lobo y vayamos al lío.

Tiberio, el más triste de los mortales, el más solitario de los emperadores. Un rara avis en la pútrida alta sociedad romana de su tiempo, un tipo con restos de humanidad en un entorno donde nadie se puede fiar de nadie, o al menos así es como nos lo pinta Massie: un hombre que, sencillamente, ni puede ni quiere asumir la carga del imperio sobre sus hombros.

El autor nos pinta a un Tiberio retraído, tímido, mesurado en sus actos y poco amigo de los excesos; una persona entre monstruos, alguien que, a pesar de ser el más poderoso de las gentes de su tiempo, es imposible no empatizar. 

Después de leer algo de la biografía del emperado quizá no sea oro todo lo que reluce y la versión de Massie sea más dulce de lo que en realidad fue, pero es importante tener presente de que esto es una novela y no una autobiografía. La fiabilidad de los hechos en este caso no nos importa; me consta que existe un libro de Gregorio Marañón (Tiberio: Historia de un resentimiento, ya reseñado en ULAD) más fiel al pasado, o al menos con una visión más tradicional de Tiberio como monstruo y antecesor de Nerón y Calígula. Habrá que leerlo.

Se plantea en la novela una trama de engaños, traiciones, asesinatos... pero también la búsqueda constante de Tiberio de un apoyo: algo (o alguien) en quien poder confiar y soportar la inmensa carga del poder. No será fácil en un mundo donde la corrupción y la crueldad son santo y seña de la cotidianeidad más rutinaria.

Me ha parecido ver en el protagonista un reflejo de aquellos que, teniéndolo todo, no han sido capaces de lograr la satisfacción. Tiberio, ni en el fin de sus días, en ningún momento alcanza la suficiente madurez emocional como para comprender que la causa de sus angustias es su personalidad y no sus condiciones externas. Esto le llevará a huir, a esconder la cabeza, y finalmente a su perdición. Busca la paz, pero, asqueado, no encuentra más que humanidad. 

Como diría su madre: Felicidad. Un concepto para poetas de la clase media. 

Bien, una vez tratado el argumento, el elefante en la habitación: son inevitables las comparaciones con las Memorias de Adriano de Yourcenar, y me temo que, a pesar de mi pasión por esta novela, no son comparables; la de Yourcenar es muy superior a esta (¡y está traducida por Cortázar!), pero eso no quita que Massie nos ofrezca un agradable rato de buena literatura. 

Técnicas que no son de mi agrado, como la del manuscrito encontrado (incomprensible para mí, aquí no pinta nada y no es necesario), el sueño que no se sabe si es realidad o fantasía o la extraña fantasía del comienzo la alejan, a mi juicio, de la calificación de imprescindible.

En cualquier caso, muy recomendable para todo el mundo, un ejemplar de muy buena literatura.

jueves, 2 de marzo de 2023

Bobby Gillespie: Un chaval del barrio


Idioma original:
inglés

Título original: Tenement kid

Año de publicación: 2021

Traducción: Ibon Errazkin

Valoración: muy recomendable


Otra vez: no os habéis equivocado de blog.

Para los profanos, nota aclaratoria: Bobby Gillespie es el cantante y líder de la banda Primal Scream. Sí, podemos concretar que es una banda de rock en el sentido clásico, de esas con guitarras, bajo y batería. Con un disco de enorme influencia en su haber, Screamadelica, del que algún crítico pedante dijo que "puede decirse que constituyó un auténtico hito en lo que se refiere a la asimilación de las sonoridades electrónicas por la escena del rock convencional". Pero no estamos aquí para poner en su sitio a señores que hablan de música sino para comentar un libro. Concretamente, la autobiografía del hombre en cuestión, que se revela (aunque rebela también funcionaría en este contexto) como un brillantísimo ejercicio narrativo, aunque sepamos que Gillespie no va a desarrollar una carrera literaria, cómo se nota en cada momento que este hombre no es un mastuerzo incapaz de hilar dos frases. Cuatrocientas páginas que se hacen cortas, y que es curioso que no abarquen más que tres décadas de su vida, pues las cuatro partes solo llegan hasta 1991, momento en que la banda se encuentra en la gira promocional del disco en cuestión, con lo que (salvo el improbable caso de que Gillespie se decida a escribir una crónica de las tres décadas posteriores) nos quedamos sin enterarnos del descenso desde la cumbre, incluso de la reacción de la banda cuando el éxito arrasador (crítico y comercial) del disco les convierte en estrellas.

Ellos, que son unos chavales del barrio. Exacta traducción del título (el libro está traducido por Ibon Errazkin, también músico y  la sazón contemporáneo del autor) y, casi, declaración de principios. Porque, además de una más que correcta ejecución, la tónica que domina el libro y que lo convierte, al margen de género y temática, en una entusiasta recomendación general, es la desnuda sinceridad que Gillespie exhala. Desde las descripciones de su precaria niñez en Glasgow, nada más lejos del glamour y el lujo que lo que Gillespie relata. Nada de flema british. La Escocia que acomete la desindustrialización y la descarnada entrada en barrena del neoliberalismo. Una poderosa conciencia de clase recorre el libro y no tiene reparos en pararse a recalcarlo si queda alguna duda. Gillespie es hijo de un sindicalista de base, una persona de izquierdas que lucha por los derechos de los trabajadores frente a los poderosos. Y Gillespie lo proclama a los cuatro vientos con orgullo y sinceridad. Apuesta por la música porque la ha mamado y la adora. Le aterroriza que esta no pueda convertirse en un medio de ganarse la vida. Publicados dos discos de escaso éxito, compatibilizando ser el batería de Jesus and Mary Chain y el frontman de Primal Scream, aún ha de vivir del subsidio del paro. Bebe y consume drogas y asimila algunas de estas como integrantes, en algún modo, del proceso creativo. Actúa bajo su influencia y lo reconoce. Su vida responde al tópico, claro. Mi única duda es cómo recuerda con tanta lucidez y detalle conversaciones, anécdotas, pero supongo que habrá recurrido a memoria y compañeros de batallas a partes iguales. Pero consigue que esa narrativa no resulte ni grotesca ni engolada ni proselitista. Gillespie da en todo momento la impresión de ser alguien decidido a luchar por su destino. Nada de dialécticas de perseguir sueños. Quiere ser músico, quiere tener una banda, quiere vivir de ello. 

Dijo algo parecido en alguna entrevista que le leí: no tiene sentido eso de destrozar un habitación de hotel porque siempre es alguien como tu madre quien acaba limpiándolo todo.* Podría ser cualquier profesional que se ha entregado con tesón para triunfar. Que Gillespie se haya dedicado a la música resulta aquí, casi secundario, aunque la narración contenga una exhaustiva lista de figuras que interactúan con Gillespie (hablamos de la época del 77 al 91, Inglaterra era un hervidero de corrientes musicales que estallaban por doquier, empezando por el punk). Repito, la sinceridad de Gillespie y su orgullo de clase son una auténtica locomotora que tira del libro a cada párrafo. Y una enorme dignidad, alguno lo confundirá con chulería o con apología del exceso, pero Un chaval del barrio es crudo y real. Sin falsa modestia ni impostación, con reconocimiento de los errores pero con enorme orgullo de los aciertos.





*También dijo, por cierto, que prefería ser un Primal Scream muerto a un Pet Shop Boy vivo.

miércoles, 23 de noviembre de 2022

Robert Louis Stevenson: La flecha negra

Idioma original: inglés

Título original: The black arrow

Traducción: Marisol Dorao Orduña

Año de publicación: 1888

Valoración: Está bien


Robert Louis Stevenson es un autor a quien todos conocemos por La isla del tesoro o El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde (enlaces abajo), por ejemplo. Un escritor relativamente prolífico que cultivó diferentes géneros, entre los que destaca la novela de aventuras. En este terreno, siguiendo el camino marcado por Walter Scott, tocó también lo que se ha considerado novela histórica, concepto que me atrevería a matizar un poco llamándolo quizá novela de ambientación histórica porque, como ocurre en La flecha negra, el engarce con el momento histórico me parece más bien anecdótico y no esencial.

Estamos en la Edad Media, allá por mediados o finales del siglo XV, en plena Guerra de las dos Rosas, como se conoce al enfrentamiento entre las casas de Lancaster y York por la conquista del trono de Inglaterra. Sin embargo, este escenario de fondo no tiene realmente mucha trascendencia en el relato, entre otras cosas porque, como en la misma novela se deja entrever, la pertenencia a uno u otro bando podía variar con toda naturalidad en función de los intereses de los señores que intervenían en la disputa. Porque obviamente eran los señores y no el pueblo quien sostenía la pugna, y las lealtades podían ceder sin demasiado esfuerzo al vislumbrarse posibles ventajas en la futura Corte.

Así que, libre de la servidumbre del rigor histórico, a Stevenson lo que le interesa es crear un ambiente, inestable y violento, donde situar a sus personajes clave, que son básicamente: Richard Shelton, el joven héroe, marcado por la afrenta del asesinato de su padre; sir Daniel Brackley, el noble sin escrúpulos que no debe quedar sin castigo; y Joanna Sedley, la bella dama a quien hay que rescatar de los peligros. Un reparto sumamente clásico, desde luego, que sin embargo se rellena con una serie de secundarios bastante interesantes, que dan color y vivacidad al relato, por encima de sus algo acartonados protagonistas.

Me interesa esto de los secundarios porque ante una historia relativamente sencilla y con personajes principales bastante estereotipados, el relato puede enriquecerse claramente con estas figuras que acompañan el argumento y ayudan a llevarlo por el camino deseado. Ahí encontramos al pendenciero oportunamente llamado Lawless, a la vez contrapunto y compañero perfecto del héroe; a Alicia, la amiga del alma de la bella en apuros, que en un momento dado sorprende al lector (y hasta a otros personajes) con un inesperado coqueteo; el viejo marino arruinado por una causa que no comprende, el clérigo atormentado por su colaboración en actos criminales, el distinguido Risingham que hace primar la justicia sobre los intereses de su bando. Y hasta el tiránico duque de Gloucester, que después sería Ricardo III, que presenta en un amplio cameo la parte de la novela más fiel a los hechos históricos.

Me parece importante toda esta nómina, porque no son los NPC simplemente destinados a decorar el entorno en el que lucen los protagonistas. Son personajes bien trabajados, que aportan realmente al relato y matizan la inevitable lucha entre el Bien y el Mal, cuyos términos dejan así de estar tan claros. Esta variedad de tonos dignifica por tanto la obra, cuya columna vertebral es tan lineal que, como todo este tipo de novelas, se ha asociado con lo que llamaríamos literatura juvenil, pudiendo resumirse en: el malo (hombre poderoso que se apoya en la fuerza de su ejército) se ve desafiado por el bueno (casi un adolescente, joven y puro, con su puntito de ingenuidad), y ambos se enfrentarán para conseguir la pieza de más valor, que no es la corona, sino la encantadora dama, que aquél solo pretende dominar para favorecer sus intereses, y éste ama apasionada y desinteresadamente.

No obstante su sencillez, la novela está bien construida, tiene ritmo, cambios de dirección y momentos de tensión junto con pequeños recesos humorísticos, todo muy bien dosificado por un autor que se ve que se maneja con habilidad en estos terrenos. Como lectores, dependerá de nuestra apetencia por este tipo de libros de aventuras sin muchas más pretensiones. Y en cuanto a literatura juvenil ya habría más que hablar, porque tengo serias dudas de que cosas como esta puedan calar en los jóvenes lectores de hoy en día. Pero ese es quizá otro debate.

sábado, 15 de octubre de 2022

Cal Flyn: Islas del abandono. La vida en los paisajes posthumanos

Idioma original: Inglés
Título original: Islands of abandonment: life in the post-human lanscape
Traducción: Laura Barahona
Año de publicación: 2021
Valoración: Está muy bien

Una lectura superficial de Islas del abandono nos llevaría a decir que este es un libro de viajes y un libro sobre naturaleza, pero una lectura más "atenta" obliga a decir que se trata de un libro mucho más completo porque en él se tocan aspectos tales como Historia, Geología, Sociología, Economía, Colonialismo, etc.

Porque Islas del abandono es un recorrido por doce lugares en los que diferentes motivos, la mayoría de ellos ligados con la actividad más bien tirando a autodestructiva del ser humano, han creado paisajes casi apocalípticos y cómo la naturaleza y nuevas o diferentes formas de vida han ido abriéndose camino. Pero tan importante como lo anterior es el viaje "previo", conocer qué provoca el desastre y los efectos de este sobre el ser humano.

Esto último hace que la mirada de Flyn me recuerde mucho a la de gran Alexievich. Detrás de cada lugar hay individuos que sufren, que malviven, que sobreviven entre los restos de un naufragio que sirve tanto de prisión como de refugio. Su testimonio y el papel que la autora le otorga en el relato es clave para hacer de este algo profundamente humano.

Más cosas a destacar: me gustan esos ensayos que me aportan algo "diferente", algún tipo de conocimiento que no tengo, nuevas preguntas en vez de la confirmación de mis certezas. En el caso que hoy nos ocupa, la parte de "aprendizaje" viene de la Historia de ciertos lugares, de conceptos vinculados a la biología / ecología como transición forestal, selección antinatural o invasión exótica, de la importancia de ecosistemas y lugares aparentemente "feos" o "vacíos"; la parte de "cuestionamiento" procede de la puesta en entredicho de algunas verdades que tenía asumidas y que quizá deban ser matizadas (en parte).

Todo lo anterior, además, con una clara voluntad literaria. No estamos ante un mero recuento de sucesos. Hay una estructura muy clara, voluntad de estilo en las descripciones y cierta variedad en los textos que van desde el reportaje periodístico al relato casi distópico.

En fin, un libro divulgativo, entretenido y bien escrito a partes iguales que no tengo ni idea de cómo envejecerá pero que sí que tengo claro, apenas 3 días después de haberlo terminado, de que será uno de mis libros del año.

miércoles, 25 de mayo de 2022

Ali Smith: Chica conoce chico

Idioma original: inglés
Título original: Girl meets boy
Traducción: Dolors Udina en catalán para Raig Verd y MAgadalena Palmer en castellano para Nórdica Libros
Año de publicación: 2007
Valoración: recomendable

Destaqué hace poco que el éxito comercial de obras recientemente publicadas por diversos autores permitía a las editoriales hacer una indagación en sus obras anteriores y decidirse por dar el paso a recuperar obras que ya tienen algunos años pero que, por razones no conocidas, quedaron sin traducción. Pasó con Tevis y su gran novela «Sinsonte», traducida después de ver el éxito de Gambito de Dama, y ahora pasa también con Ali Smith y la obra que nos ocupa, originalmente publicada en 2007 pero traducida este mismo año tras el éxito de su cuarteto estacional. 

El inicio del libro es altamente enigmático con una primera gran frase que capta la atención desde el primer instante al empezar diciendo que «Os hablaré de cuando fui una chica, dice nuestro abuelo» para continuar el relato dirigiéndolo hacia a la protesta y la reivindicación porque, como es habitual en Smith, su obra está nutrida de proclamas pero también guiños y referencias a otros libros y relatos (como en puede ser el «If—», de Rudyard Kipling, al afirmar que «si puedes soportar oír la verdad que has dicho (…) si puedes llenar el minuto irrecuperable. Con sesenta segundos que valgan la distancia recorrida. Tuya es la tierra y todo lo que contiene»).

Es en estas páginas iniciales donde vemos enseguida la marca de la autora, pues la escritura Ali Smith siempre sobresale en los diálogos intergeneracionales; sucedía en su cuarteto estacional y sucede aquí (principalmente al inicio del libro), en este libro publicado originalmente mucho antes. Porque ese contraste entre generaciones y visiones del mundo ofrece a la autora una oportunidad mayúscula para abordar los complejos problemas de la sociedad desde sus polos más opuestos: el de la inocencia y el optimismo que nace de quien no ha visto aún sus sueños y anhelos rotos por un mundo carcomido y autodestructivo, y quien ve la historia como algo que podemos recuperar y enderezar a través de las nuevas generaciones si conseguimos que tomen consciencia de cómo era todo, y cómo debería ser. Porque, como es habitual, en los textos de Ali Smith siempre el peso del cambio recae en los jóvenes y la autora parece ser consciente de ello cuando en boca de Anthea Gunn, una de las voces narradoras, de veintiún años, profesa que «me hubiera gustado ser vieja. Estaba cansada de ser tan joven, tan estúpidamente lista, tan estúpidamente olvidadiza. Estaba cansada de tener que ser nada».

Cabe decir que el estilo de Ali Smith ha permanecido bastante invariable a lo largo del tiempo, si bien es cierto que ha afilado su estilo. Aun así, para el lector que haya leído su cuarteto estacional, es perfectamente identificable su trazo y sus objetivos en este libro publicado hace quince años; Ali Smith nutre sus novelas de críticas sobre la sociedad, las injusticias y esgrime una defensa inquebrantable sobre la naturaleza y la necesidad de preservar la ecología ante la imperiosa y ávida necesidad de la humanidad en abusar de ella. Y, en este caso, las hermanas que copan el protagonismo de la historia trabajan en Pure, una agencia creativa que debe encontrar el eslogan perfecto para comercializar agua embotellada. Esta vertiente del relato sirve para nutrir la historia de críticas y proclamas, algo siempre presente en primer plano en las novelas de Smith y lo encauza hábilmente para poner de relieve el ansia imparable del consumismo cuando uno de sus personajes afirma, sin tapujos ni ética, que «el agua no es un derecho humano. El agua es una necesidad humana. Y eso significa que la podemos comercializar». De igual manera, Ali Smith también carga contra las injusticias patriarcales, contra el machismo a todos los niveles, contra los bajos salarios de las mujeres y los pocos puestos directivos que ocupan en las empresas y encarna en sus personajes la lucha y las contradicciones existentes en la sociedad.

Y, en medio de ese torbellino de críticas, la autora abre una vía en el relato para encaminarlo hacia las relaciones humanas y, a través del mito de Ifis y Yante, hablar de la relación afectivas entre dos chicas. La habilidad de la narradora en describir los sentimientos de ambas sobresale al hablarnos de la exploración de los cuerpos y la descubierta de los sentimientos guardados, inexpertos y encerrados esperados a ser liberados por la explosión de sus sentimientos que irrumpen porque «éramos hojas, éramos un cuchillo que podía penetrar en el mito, éramos dos cuchillos lanzados por un brujo, éramos flechas lanzadas por un dios, hacíamos diana en el corazón, hacíamos diana en casa (…) éramos la pluma que dominaba la gravedad», «yo era todos mis sentidos abiertos juntados en una cabeza de alfiler, y era un ángel que sabía cómo utilizar las manos así, como alas». Smith rinde culto a Ovidio, y afirma de él que, «es muy variable, como escritor, mucho más que la mayoría. Sabe, mejor que la mayoría, que la imaginación no tiene género. Es realmente bueno. Honra todos los tipos de amor. Honra todos los tipos de historia».

Con esta novela, Ali Smith lanza un canto a la libertad y a la vida, al amor, cuando los sueños y las posibilidades se encuentran, cuando la «muerte encuentra vida encuentra final encuentra principio una y otra vez, la historia de la naturaleza en sí, siempre inventiva, haciendo una cosa a partir de otra y convirtiendo una cosa en otra, y nada dura, ni nada se pierde, y nada muere nunca, y las cosas pueden cambiar, porque las cosas siempre cambiarán, y las cosas siempre serán diferentes, porque las cosas siempre pueden ser diferentes». Y, sin duda, el lector también es diferente cuando termina cualquiera de sus libros, pues su estilo hace que sea una autora de referencia para identificar y abordar los problemas de nuestra consumista y ambiciosa sociedad.

lunes, 11 de abril de 2022

Craig Russell: El sueño oscuro y profundo

Idioma original: inglés
Título original: The Deep Dark Sleep
Año de publicación: 2011
Traducción: Santiago del Rey
Valoración: recomendable



Hace tiempo ya reseñé las dos primeras novelas protagonizadas por el detective Lennox, del escocés Craig Russell, y como me lo pasé teta leyéndolas (no sé si hoy día se considera aún correcta esta expresión) y no hay dos sin tres, aquí va la reseña de la siguiente novela publicada en castellano (hay otra más, pero todavía no ha sido traducida, que yo sepa). Para no haceros consultar las otras dos, os pongo en antecedentes: Lennox es un veterano de guerra canadiense que, en vez de regresar a su país, se ha quedado a ejercer de detective privado en el Glasgow de los años 50. Con mucho menos glamour que sus colegas del otro lado del Atlántico, me temo...

Concretamente, en el otoño de 1955, que es cuando se desarrolla esta novela, Lennox ha conseguido distanciarse un poco de sus clientes habituales, los "Tres Reyes" que dominan el hampa local. pero no de ese ambiente, puesto que recibe el encargo de averiguar si unos restos humanos encontrados al dragar el río Clyde pertenecen a Joe "Gentleman" Strathan, una leyenda de la delincuencia de antes de la guerra, desaparecido tras un golpe especialmente suculento. Además, acepta también resolverle cierto delicado asuntillo a una estrella de cine de Hollywood, que se encuentra en Escocia rodando una película. Los casos, como cabe suponer, se van complicando cada vez más y, en el camino para resolverlo, Lennox se encontrará con maleantes desalmados, bellas mujeres -alguna también desalmada-, secretos incómodos, mucha pasta y violencia a cascoporro. a todo lo cual se enfrenta nuestro protagonista con sus puños, su perspicacia y unas buenas dosis de humor cínico, en la mejor tradición de los detectives hard-boiled, desde Marlowe a Bernie Günther.

En fin, no puedo decir que ésta sea una de las mejores novelas que existen del noir más expeditivo, pero sí que se devora con maravillosa facilidad y que el lector, o al menos yo, se lo pasa pipa (mejor empleo este término) haciéndolo. Casi tanto como, sin duda se lo pasó su autor escribiéndola; se nota en cada página lo mucho que debió disfrutar, en buena medida por todas las ácidas -aunque cariñosas- pullas que le permitió lanzar, por medio de su protagonista-narrador, contra su Escocia natal y la ciudad de Glasgow en particular (ignoro si Russell vive o ha vivido allí en alguna ocasión, pero, desde luego, lo parece). De momento, me queda la duda de saber si la relación de amor-odio que tiene Lennox con su ciudad de adopción -y con su casera- acaba en matrimonio o en abandono, pero ya digo que la última novela de la serie no ha sido publicada en español; habrá que desempolvar mis conocimientos de inglés... si es que en Glasgow hablan ese idioma. Lennox lo dudaba.

Otras "lennoxadas" reseñadas en Un Libro Al Día: LennoxEl beso de Glasgow

sábado, 11 de diciembre de 2021

Irvine Welsh: El artista de la cuchilla

Idioma original: Inglés     
Título original: The Blade Artist
Traductor: Francisco González, Arturo Peral y Laura Salas Rodríguez
Año de publicación: 2016
Valoración: Está bien como novela negra al uso. Recomendable en tanto que ejercicio de género capaz de suscitar preguntas incómodas 

El artista de la cuchilla recupera a Frank Begbie, el psicópata de la pandilla de inadaptados de Trainspotting, y lo sumerge en una trama propia de la novela negra más violenta y ácida. Abundan  en estas páginas el alcohol, el sexo, la acción, la crueldad e incluso el humor negro, pero también reflexiones en torno a la moralidad o la incapacidad de cambiar sustancialmente (y menos todavía para bien). 

Entre las muchas virtudes que le he visto a este texto de Irvine Welsh, destacaría las siguientes: 

  • Funciona de manera autónoma. En otras palabras: se puede comprender perfectamente aunque no hayas experimentado Trainspotting (o, como es mi caso, apenas recuerdes nada).
  • Se lee en un santiamén. No sólo porque su argumento es sumamente adictivo, sus capítulos breves y su prosa dinámica, sino porque uno quiere saber cómo culminará todo. 
  • Nos interesa Begbie. Es un cabronazo de mucho cuidado que comete actos aberrantes y cuyo egoísmo puede llegar a atragantársenos, pero Welsh logra que comprendamos por qué es así.
  • Sus contrastes entre EEUU y Escocia, California y Edimburgo, el pasado y presente de Bedge, la personalidad real de éste y su nueva apariencia (encarnada bajo el nombre de Jim Francis). 
  • Sus desalentadoras reflexiones. Por ejemplo, aquellas que evidencian la relación que existe entre la pobreza, la marginalidad y el crimen, o las que señalan la vertiente superficial y cínica del arte moderno. 

Quizás le veo un par de defectos a la obra:


  • En determinadas momentos, uno tiene que suspender la incredulidad en demasía: cuando se nos obliga a aceptar que la estela de destrucción que va dejando Begbie a su paso no lo llega a incriminar, cuando se nos pretende hacer creer que dos gángsters importantes se reunirían con él sin escolta, o cuando se nos ofrecen ciertas motivaciones. 
  • Algún personaje no encaja del todo en la historia, pues su relevancia nunca acaba de cuajar. Sería el caso, por ejemplo, de Martin Crosby, el agente de Begbie, de Harry Pallister, un policía obsesionado con la mujer de éste último, o de John Dick, el que fuera mentor del protagonista.   

En cualquier caso, recomiendo El artista de la cuchilla. Aunque debo advertiros de que el hecho de que un auténtico hijo de puta como Bedge se salga con la suya inquietará a los moralistas, y de que la descarnada violencia de la novela puede llegar a conmocionar a los que tengan un estómago delicado. Pero bueno, conociendo a Welsh, estoy seguro de que esa era su intención.

viernes, 8 de octubre de 2021

Douglas Stuart: La historia de Shuggie Bain

Idioma original: inglés
Traducción: Núria Busquet Molist (ed. en catalán) / Francisco González López (ed. en castellano)
Año de publicación: 2020
Valoración: entre recomendable y muy recomendable
Título original: Shuggie Bain

Habitualmente entro en la lectura de un libro conociendo poco sobre él, más allá de alguna sinopsis o alguna reseña de confianza. Y poco más. Pero en este caso, fui a ver una entrevista en directo al autor y me sorprendió, no únicamente su humildad y cordialidad, sino también, y especialmente, conocer por boca de él que el libro que nos ocupa, primera novela del autor y con algunos paralelismos con su propia vida, fue rechazado por más de cuarenta editoriales hasta que el autor logró su publicación. Y este hecho me confirma dos cosas: que el mercado editorial tiene su particular manera de funcionar y también que, por suerte, alguien tuvo buen criterio al decidir publicarlo. El Premio Booker 2020 lo secunda, y también esta reseña.

El libro empieza con una breve introducción que sitúa a uno de los personajes principales, Shuggie Bain, en Glasgow, en el año 1992. Por esa época cuenta con dieciséis años, trabaja en un asador de pollos desde hace poco tiempo, aunque no le gusta trabajar ahí; tiene manía a los clientes y hace lo que puede para alternar el trabajo con la escuela. También conocemos que duerme en una habitación alquilada en una casa con cinco hombres, lúgubre, cada uno en una habitación separada y contando únicamente con la compañía de «cientos de pares de ojos pintados sobre porcelana, solitarios o con el corazón roto» pertenecientes a unas pocas figuras decorativas que había colocado en la repisa de la ventana y que utilizaba para contar historias durante horas. Una casa sin bombillas, con olor a humo de tabaco, a pescado frito tras «años y años fumando en el mismo sitio donde dormían, comiendo fritanga delante de estufas de gas Calor, pasando los días de verano con las ventanas cerradas. El olor rancio a sudor y corridas se mezclaba con el calor estático de los televisores en blanco y negro y el punzante aroma a ámbar de la loción de afeitar». En ese ambiente maloliente, rancio y sucio, Shuggie vive su adolescencia con dudas, intentando «hallar algún rasgo masculino en él, algo que pudiese admirar; los rizos negros, la piel lechosa, los pómulos altos. Observó el reflejo de sus propios ojos en el espejo. Pero nada. Los chicos de verdad tenían otros rasgos, otras hechuras.».

Tras esta entrada en la que el autor nos presenta al joven Shuggie, el libro da un salto al pasado, a 1981 en Sighthill, y nos presenta al resto de la familia de Shuggie: su madre, Agnes Bain (la gran protagonista del libro) con treinta y nueve años de edad, su padre Shug y sus dos hermanastros de mayor edad: Catherine y Leek. También sus abuelos, alcohólicos como su madre y sus amistades, todas con vidas muy precarias, con deudas continuas que hacían que se sintieran «como si estuviesen alquilando sus vidas». Y el marido de Agnes, protestante, taxista, alguien seductor y confiado quién «en la mayoría de las mujeres veía una aventura», «un animal egoísta, Agnes lo sabía, en un sentido sucio y sexual que la excitaba en contra de su voluntad».

Con este escenario, el autor nos retrata de manera precisa y decadente el ambiente en el que se mueve Agnes y su familia, un entorno del que afirma que «todos los borrachos de Glasgow hacían lo mismo. Iban de bar en bar dilapidándose el sueldo del viernes hasta que en sus bolsillos solo se agitaban monedas de cinco y diez peniques (…) el resto de la semana sobrevivían con las monedas que casualmente iban encontrando. Ni siquiera al dormir se separaban de sus pantalones y abrigos por miedo a que sus esposas o hijos encontrasen las monedas y les diese por comprar pan y leche». Un retrato social que el narrador describe afirmando que «el gobierno tendría que hacer algo. Están cerrando la siderurgia y los astilleros. Y los mineros irán detrás (…) La ciudad cambiaba; lo veía en las caras de la gente. Glasgow estaba perdiendo su propósito (…) les oía decir que Thatcher ya no quería trabajadores honestos; el futuro que quería era la tecnología, la energía nuclear y la sanidad privada. Los días de la industria habían terminado, y los esqueletos de los astilleros del Clyde y los ferrocarriles yacían abandonados por la ciudad como dinosaurios putrefactos».

Con este entorno social y económico, Douglas Stuart retrata perfectamente la imagen del pequeño Shuggie viviendo con una madre alcohólica en un hogar repleto de latas vacías de cerveza con fotos de mujeres narrando que «Shuggie recogía las latas vacías que encontraba en casa y ponía las mujeres en fila en el reborde de la bañera. Les acariciaba los cabellos de la lata y hacía que hablaran las unas con las otras en conversaciones imaginarias, monólogos inconexos, especialmente relacionados con la compra de zapatos nuevos por catálogo y los maridos burdelescos». Una madre, Agnes, a la que Shuggie ve con amor y lástima, viendo como «daba vueltas por la habitación aferrando la lata contra el pecho. Agnes cerró fuertemente los ojos y se transportó a un lugar donde se sentía joven, esperanzada y deseada (…) Desplegando los dedos como si fueran un abanico precioso, resiguió su propio cuerpo. Justo encima de las caderas, se tocó el michelín que había ganado tras tener tres hijos». De esta manera, el autor nos describe una madre desolada, aferrada a su hijo como único salvavidas de una existencia mísera y triste, pues «mientras lo asía, él podía verle el desequilibrio en la cara». Las escenas que narra Douglas Stuart son terriblemente tristes, demoledoras, de un abismo emocional causado por el pozo sin fondo en el que la sumerge el alcohol y la desdicha amorosa. Una vida ahogada en alcohol y lástima que únicamente los primeros sorbos son capaces de superar y hacerla sobreponerse. Pero el resto ya llegan llenos de hartazgo y abandono. Y la incomprensión de sus padres, que se sienten culpables por no haberla sabido educar mejor o apartar de las tentaciones y que intentan fustigar a base de latigazos las malas ideas, las malas decisiones.

Y, años después, la familia se traslada a Pithead, un sitio en apariencia mejor, pero mucho más decrépito a la postre, en una zona minera venida a menos a la que se accede por una carretera «cubierta por una capa permanente de polvo de carbón (…) como el negativo de una fotografía de nieve justo acabada de caer», un territorio hostil, donde la gente se conoce de hace mucho y son muy recelosos y desconfiados ante la gente nueva. Y más aún de una madre sola con sus hijos, que ven como una amenaza ante sus aburridos maridos, una mujer despechada que había amado a su marido, pero que «él había tenido que romperla del todo para poderla dejar (…) no debía ni dejar los pequeños trozos, no fuera que algún otro hombre los recogiera para, más tarde, volverlos a montar».

El retrato que el autor hace de Agnes a nivel emocional y familiar es terriblemente descriptivo y abrumador; el autor se adentra en el nivel psicológico y mental y nos retrata la tremenda dureza de su vida, de su adicción, de su miseria. Un retrato terriblemente humano y triste, desolador, de quien tiene la vida envuelta de un vacío existencial que no sabe cómo llenar, y que aumenta de la misma manera que vacía las latas de cerveza, las botellas de alcohol: sorbo a sorbo, día a día, cada vez peor, cada vez más vacía. Un estado que el narrador describe perfectamente al afirmar que «contar su sobriedad en días era ver cómo va desangrándose un fin de semana feliz: si te fijas mucho, siempre acaba siendo demasiado corto». Y claro, los niños, sus hijos, casi huérfanos a efectos prácticos, cuidándose unos a otros e incluso cuidándola a ella. Es el abandono como persona y también de sus responsabilidades maternas como al afirmar, tras levantarse con «una película pegajosa en los dientes superiores a causa del vómito seco que le había subido por el estómago», que «era temprano, pero el niño debía haber ido otra vez solo a la escuela». Atrapada no únicamente en una vida a la que no pertenece, sino también a un estrato social del que siente que no forma parte, pues ella «pertenecía a un estatus social superior y que solo se había quedado atrapada temporalmente en su rincón olvidado de miseria»; un orgullo que la mantiene erguida, luchadora y que la empuja a levantarse día tras día y mostrar ante el mundo que ella vale mucho más de lo que aparenta.

Y Shuggie, el gran olvidado por todos, el hermano pequeño y con un gran corazón como única arma y también como gran lastre, protegido por su hermano Leek en los ratos en los que puede, un niño demasiado maduro mentalmente para su corta edad y que hace que se sienta excluido por los demás niños quienes, además, ven en él actitudes, andares y maneras de hablar poco “masculinas” y que le apartan de su círculo, pues «Shuggie no participaba de sus juegos (…) había algo dentro de él que estaba desajustado. Era como si todos lo pudieran ver, pero él fuera el único que no supiera qué era. Simplemente, era diferente, y solo esto ya estaba mal». Shuggie consciente de ello, «tenía que dejar de balancear los brazos de manera tan expresiva y tenía que ser más como Leek, un chico de verdad. A aquellos niños les salía con tanta naturalidad, sin pensar, sin tener que pedir perdón».

Con este escenario y este trasfondo social y familiar, este emotivo y duro libro de Douglas Stuart narra la historia de Agnes y su alcoholismo, con todo lo que conlleva y todo lo que arrastra, pero es también la historia de Shuggie, un niño que ve cómo su infancia queda ahogada en el alcohol de su madre y que únicamente puede salir de esa etapa madurando de manera acelerada, protegiéndola, salvándola de su propio infierno y de aquellos quienes abusan de ella, porque «algunos se habían gastado bastante dinero con el objetivo de hacerla llegar al nivel de estar dispuesta. Y ahora se ven bloqueados por culpa de un idiota patoso y sudoroso que miraba los dibujos animados de la tarde en la televisión». Esta es una historia muy triste, de desesperación y de miserias económicas y humanas, de la perdición a la que uno se abandona con los brazos abiertos preparados para recibir cualquier gota de alcohol que apague, o tan siquiera distraiga, su triste y derrumbada mente de todos los tiempos, de un pasado para olvidar, de un presente triste y de un futuro inexistente. Pero es también la historia de Shuggie, un niño que lucha contra todo ello y contra su propia existencia encerrada en un cuerpo que no se comporta como los de los demás niños, que lo excluye también a él de un presente como el del resto y que se encierra en un mundo habitado únicamente por la resiliencia y la esperanza de conseguir sacar a su madre del abismo que la tienta porque siente un amor irreductible e infinito hacia su madre, de quien afirma que «yo solo quiero estar contigo. Quiero llevarte a un lugar donde podamos partir de cero», un lugar sin pasado, sin nadie que les conozca ni sepan de dónde vienen, qué ha sido de sus vidas, cómo han ido trampeando situaciones; un sitio donde puedan finalmente empezar de cero y ser felices, porque «hemos estado tú y yo solos durante demasiado tiempo». Porque Shuggie solo quiere protegerla, del mundo y de ella misma, porque «sería mucho mejor si se quedaban encerrados dentro de su casa, donde él podría mantenerla a salvo para siempre». 

Todo el relato es terriblemente triste, muy triste, desolador, por la vida de Agnes echada por la borda por culpa del alcohol, pero también por la frustración del hijo en no saber cómo salvarla, o por poder hacerlo únicamente de forma temporal, ganando a la muerte día a día, pero a cambio de su propia vida, de sus propios sueños. Esta es la historia de la vida de una familia destrozada por el alcoholismo, pero es, sobre todo, una gran historia de amor de un hijo hacia una madre que se encuentra perdida entre latas de cerveza y entre escombros y desechos, también humanos, y que lucha contra la miseria que la rodea y el abismo triste y solitario que habita en ella.

domingo, 19 de septiembre de 2021

Ali Smith: Verano

Idioma original: inglés
Título original: Summer
Traducción: Dolors Udina (trad. al catalán) y Magdalena Palmer (trad. al castellano)
Año de publicación: 2021
Valoración: recomendable


Escribe Ali Smith que el verano es «la estación del año que siempre andamos buscando, buscando llegar a él, como el horizonte contiene la promesa de una puesta de sol». Y, justamente por ello, que la autora haya escogido esta estación como cúspide y punto final de su cuarteto estacional tiene todo el sentido del mundo, porque no únicamente cierra con él sus libros sobre el conjunto de estaciones, sino que de manera puntual y casi anecdótica, aparecen en él varios de los personajes que han dado forma a este conjunto de libros. 

Fiel a su sentido crítico y mordaz, Ali Smith arranca el último libro del cuarteto estacional, su tour de force ideológico y crítico sobre la sociedad actual, hablando sobre la veracidad de la información que aparece en internet, sobre la importancia de las fuentes al informarnos sobre lo que ocurre y lo que se dice en ellas. Y, en consecuencia, sobre la importancia que tiene luchar contra los bulos y las falsedades acerca de lo que se dice sobre el mundo, sobre uno mismo. Porque la perversión del sistema recae y depende de cada uno de nosotros. Así, con este punto de partida, nos presenta los principales personajes, Sacha Greenlaw, su hermano pequeño Robert de trece años (un hermano terriblemente nihilista), así como también su madre, que lucha y la obsesiona la veracidad, y también Ashley, la amante y nueva pareja de su padre que vive justo al lado y quien de golpe ha dejado de hablar.

Como ya hizo en sus anteriores libros, Ali Smith coge una idea y la revienta, coge un concepto y lo sacude, tratando siempre al lector como a alguien inteligente a quién no hace falta que le describan la situación; ella lanza verdades, lanza diatribas certeras sobre los diversos aspectos que rodean nuestro día a día, atreviéndose con todo como cuando afirma sin tapujos que «Dios es un producto de la necesidad y la imaginación humana». El discurso de Ali Smith es muy escéptico sobre la humanidad y sobre los políticos, sobre una sociedad en la que, por fortuna o por desgracia, debemos confiar porque, al fin y al cabo, todo recae en ella y en cada uno de nosotros porque «no tiene sentido pedir a nadie que sostenga tu mundo». Así, la autora utiliza la figura de Robert per lanzar dardos envenenados de ideología racista y xenófoba, machista y mordaz, actuando de esta manera como escaparate de una sociedad que se mira a ella misma bajo este prisma y, a pesar de ello, se gusta. Robert, el «hermano brillante» que oscurece para luego deslumbrar con su capacidad analítica y retórica, el contrapunto que siempre existe en las novelas de Ali Smith para retarnos y desafiar nuestras ideas y pensamientos. La autora centraliza en Robert las ideas nihilistas de una sociedad que se dirige de manera inexorable hacia su propia destrucción, guiada con la mano firme pero errática de los líderes que se mueven por sus propios intereses, afirmando que «los que mandan en Inglaterra ahora mismo son los genios de la manipulación».

Y, al lado de Robert, su hermana Sacha, de dieciséis años, altamente crítica, que defiende el medioambiente y la necesidad imperiosa de luchar contra un mundo obcecado por destruirlo, una «taradambiental» (según palabras de su hermano) que «cuanto más vive, más insana de da cuenta Sacha que es la especie a la cual pertenece»; alguien que culpa los grandes organismos que permiten y fomentan esta destrucción, alguien que «piensa en aquellas máscaras de algodón de ahora. No se parecen en nada, hojas muertas, basura volandera, comparadas con las máscaras reales, las que llevan en la cara los mentirosos del planeta», porque «todo es una máscara», porque Smith encarna en Sacha el espíritu de protesta ante un cambio climático que debería aterrarnos y para el que nadie está preparado ni, tan siquiera, hace nada para estarlo. Y Sacha es contundente con ello, respondiendo en un gran párrafo a los que dejan la revolución y el cambio a manos de los jóvenes que, «sí, claro. Dadnos toda la responsabilidad ahora que lo habéis estropeado todo, pero no nos deis ningún poder con el que cambiarlo».

De esta manera, se puede constatar que los libros de Ali Smith van atados de manera ineludible al presente y retratan a la perfección la sociedad en la que vivimos; así, el relato de la escritora se centra en las ideas más que en la trama, porque Ali Smith caracteriza a sus personajes otorgándoles una personalidad perfectamente definida que encarna en ellos los males de la sociedad pero también sus delatores, sus acusadores. En Ali Smith la denuncia es constante, la rebeldía es tan imparable como lo es su capacidad dialéctica y discursiva que teje, en cada uno de sus párrafos, múltiples ideas que se hilvanan entre ellas y con nuestros tiempos. La sociedad, bajo los ojos de Ali Smith, es un escenario lúgubre y sombrío, triste y decadente, poblado en su mayoría por marionetas que se mueven de manera pacífica y sumisa bajo los hilos de los líderes y políticos que no únicamente mueven y guían la vida de sus protagonistas, todos nosotros, sino que también cambian el paisaje a su antojo, y nunca lo hacen de manera favorable a quienes representan, también en el teatro de la vida, sino a ellos mismos. Por ello la autora asevera, de manera pesimista y derrotista, su visión «teniendo en cuenta que ahora todos vivimos en una prisión abierta y más vale que lo admitamos y dejemos de imaginarnos que no» y que la clase dominante piensa únicamente en ella misma, y que nos oprime, y nos somete. Pero mientras haya rebeldía y haya inconformismo, hay esperanza.

Ali Smith en su continuo análisis sobre el presente de nuestra sociedad trata también sobre el COVID y el confinamiento, y es por ello por lo que este cuarteto estacional rebosa actualidad por todos lados, y concluye su retrato social afirmando en boca de Sacha que «me parece que algo bueno que puede salir de ello es que mi generación ya suficientemente pisoteada será más resistente. Seremos conscientes de la suerte que tenemos de pasar más tiempo con los amigos porque ya sabemos qué es vivir sin ellos. Y por Dios que valoraremos nuestras libertades y lucharemos por ellas en nombre de todo lo que es bueno». Y, enfatizando su proclama, Ali Smith agradece, en nombre de Sacha y con misivas destinadas a héroes anónimos, la labor de aquellos que han estado al frente ante el implacable virus del COVID, afirmando que «es por esto, Héroe, que tú, juntamente con todos los trabajadores esenciales del Sistema de Salud y la gente que trabaja para que las cosas continúen funcionando (…) son mis héroes, junto con la gente que lucha para proteger el clima y cada una de las personas que protestan por lo que le sucedió a George Floyd», añadiendo así una pincelada más de denuncia y confirmando que todas las experiencias, reflexionadas, pueden llevarnos a crear un mundo mejor, porque «ahora puede que tomemos consciencia de que tenemos de dejar de ser un veneno los unos para los otros y para el mundo».

Debo decir, también, que hacia la mitad del libro, el libro pierde algo de fuerza, pues con la recuperación del personaje de Daniel Gluck (que ya aparecía en Otoño) la autora rebusca en su pasado para hablar de la detención e internamiento en Inglaterra de aquellos simpatizantes (o supuestamente simpatizantes) con el nazismo. Esas casi cien páginas a mitad del libro rompen la potencia narrativa sobre la actualidad y, personalmente, las encuentro bastante menos interesantes, pues donde Ali Smith se sublima es hablando del presente más que del pasado, de la denuncia rápida y ácida más que de la exposición pausada; de todos modos, se sirve de este hecho histórico para, como en el resto de libros de este cuarteto estacional, reivindicar a mujeres del mundo del arte y recordar su valía, como en este caso hace con Lorenza Mazzetti, escritora, pintora y directora de cine y fundadora de Free Cinema (y sobrina del primo de Albert Einstein con quien vivía y a quien la SS mató junto con toda su familia en represalia por el exilio de Albert Einstein a América).

Afortunadamente Smith, con su inmensa calidad retoma el pulso de la obra y nos regala unas últimas páginas de inmenso talento, rodeándolas de teatro y grandes autores, sublimándose en una conversación entre Grace y un joven restaurador de bancos llamado John que trabaja en una iglesia y la envuelve de teatro, de reflexiones sobre la vida, de Shakespeare y Dickens, de la frialdad del invierno y la calidez siempre deseada, siempre en el horizonte, de los veranos. Este último tercio de libro es de una gran preciosidad y delicadeza y, sin dejar de lado la mirada recelosa de Smith hacia la sociedad que los rodea, la envuelve de un canto en favor de la mirada tierna de quien ve en el verano el refulgir de un año marcado por infortunios.

Existen muy pocos autores que, de manera tan brillante y a través de la narrativa, puedan tejer una obra nutrida de reflexiones terriblemente actuales sobre el mundo que nos ocupa y hacerlo de manera plenamente orgánica, en una transición perfectamente amoldada entre pensamiento y narración. Porque el mundo actual necesita voces como la suya, que sepan transmitir ideas y reflexiones y hacerlo a través de sus personajes que viven la situación como lo hace el propio lector. Los personajes de Ali Smith somos todos nosotros y el mundo en el que viven es nuestro propio mundo, ahora y aquí. Ella es plenamente consciente de ello y se confiesa afirmando que «son tiempos sorprendentes para estar vivos. El orden del mundo ha cambiado». La autora ve cómo la sociedad se distancia de las clases dirigentes y debe retomar el poder, su poder, para cambiar las cosas. Los héroes son los ciudadanos de a pie, aquellos que luchan para cambiar el orden de las cosas, para conseguir alterar el rumbo marcado por clases dominantes avariciosas e insolidarias; los héroes son los que se levantan y gritan que no, que el mundo no debe tomar un camino que nos lleve a la autodestrucción como planeta y como sociedad, porque, tal y como afirma Ali Smith en un pasaje del libro, «tengo la idea de que, en el sentido moderno, ser un héroe es poner luz para iluminar cosas que es necesario ver». Y no sé si Ali Smith podría considerarse una heroína, pero sí es evidente que sabe poner luz, no a la oscuridad, sino para mostrar ante el mundo y criticar aquellos que pretenden eclipsarnos y sumirnos bajo el tenebroso manto de su ambicionado e ilimitado poder.