jueves, 16 de julio de 2026
Cristina Fernández Cubas: Lo que no se ve
miércoles, 15 de julio de 2026
Jose Serralvo: La sombra de los perros románticos
Idioma original: español
Año de publicación: 2026
Valoración: casi imprescindible
Veintitrés años sin Bolaño, y, quizás por incomparecencia de mejores candidatos alternativos, el mito en torno a su persona se mantiene y ejerce un magnetismo pulsátil, recurrente, de hecho su influencia sobre una generación de autores en cualquier idioma constituye una sombra (que tanto puede proteger como amenazar) que condiciona, igual a partes iguales, tanto a la crítica como a la producción literaria, afanadas en acercarse al nivel de sus obras magnas. Esquilmados sus cajones, sus discos duros, indagada su correspondencia, sus entrevistas, su siempre percibido como escaso material audiovisual, sometida su obra a sesudos análisis que exaltan la telaraña urdida en sus tramas, puesta en contexto y pergeñadas todas las teorías sobre su condición literaria, resulta que uno podría decir que estaba casi todo, pero Jose Serralvo marca un hito aquí.
Obviamente, desde una admiración rendida y con las dosis (advertidas y necesarias) de especulación, de aderezo narrativo para aportarle continuidad y cierto grado de suspense, una biografía de Bolaño podría componerse picoteando aquí y allá, porque a poco que uno se haya interesado, conoce los grandes hitos: la estancia en México, una corta y osada aventura en el Chile de Pinochet, la llegada a Barcelona, los trabajos precarios, el descubrimiento, su temprana muerte. Serralvo se ha alejado de esa estructura wikipédica y ha aportado oficio. El oficio de un escritor que está, por supuesto, contaminado por el talante irónico y gamberro del chileno que nunca llevaba la contraria, pero que carga con la responsabilidad con todo el gusto, y aporta estilo propio, notas a pie de página que aportan (y ya puestos, que recuerdan a otro genio desaparecido), ciertas subtramas, fruto de conjeturas, y ciertas, no, acerca de su familia, sus orígenes, amigos - algunos -, enemigos - no tantos - parejas - bastantes - y, sobre todo, de ese colectivo literario que pululó a su alrededor, del cual era miembro, gurú, ideólogo y abeja reina. Porque, por encima de todo y arrinconando con contundencia y habilidad los bulos - lo de la heroína, sobre todo - leer una biografía como esta de Bolaño - supongo que habrá otras - activa el gatillo no solo de leer su obra íntegra y analizar su progresión, también el de acudir a sus influencias a ver de cómo funciona lo de causa y consecuencia, a ver si su espíritu bromista incluía cierta exageración en el ensalzamiento de sus dioses literarios, si estuvo al día hasta el último momento.
Paro. Parafrasearía algunas de sus expresiones, incluso alguna de la que, a base de atiborrarme de todo lo relacionado con él, ya he perdido el rastro del origen. Aquí las hipérboles están justificadas. Al margen del interés que puedas tener sobre Roberto Bolaño, aquí se ha conseguido, y no solo por un lógico mimetismo, desarrollar un artefacto literario con voz y personalidad propia.
Muchísimas reseñas de Bolaño en ULAD: aquí
martes, 14 de julio de 2026
Julian Barnes: Despedidas
Título original: Departure(s)
Año de publicación: 2026
Traducción: Jaime Zulaika
Valoración: recomendable
Si alguien lo recuerda, en la reseña dedicada a Mis cambios de opinión, comentaba que ese libro no era el último que iba a publicar Julian Barnes, que a su ya respetable edad une el padecimiento de una grave, aunque cronificada enfermedad. Así pues, el último, de verdad, es éste al que dedicamos la reseña de hoy, convenientemente titulado Despedidas (aunque yo prefiero el título original, Departure(s), que en inglés tienen el sentido de "salidas" o "nuevos rumbos", que me parece más adecuado).
La trama -si es que existe alguna- de este libro (me resisto a llamarlo novela) resulta, cuando menos, bastante escurridiza: digamos que, en principio, Barnes nos cuenta la historia de amor/desamor de dos amigos suyos, en dos momentos de sus vidas separados por un intervalo de cuarenta años. Pero también encontramos una crónica del diagnóstico de la enfermedad que padece -un cáncer de la sangre, neoplasia mieloproliferativa, que no lo matará, pero le acompañará hasta su muerte-, disgresiones sobre la memoria -sobre todo de lo que se conoce como IAM: Involuntary Autobiographical Memory-, digresiones sobre la muerte, digresiones sobre la literatura -en especial la francesa, que ya se sabe que M. Barnes es un notorio francófilo-, sobre la percepción que los perros tienen de sí mismos, sobre la asimetría en las relaciones amorosas, sobre... en fin, lo que sea, porque si en algo es especialista este escritor es en lo de digredir, algo que se le da de maravilla (de hecho, algunos de sus libros, entre ellos el más célebre, El loro de Flaubert, no dejan de ser sino una digresión detrás de otra). Ningún problema, pues, excepto que, quizás, en algún momento se desdibuja un tanto los temas centrales del ibro, que vienen a ser los que ya he mencionado: el amor, la vejez, la memoria y la muerte (tiene su lógica, primero porque ya son temas tratados anteriormente por Barnes en otros títulos, pero, además, porque eas de suponer que ocupan bastante los pensamientos de cualquier persona, sea escritor o no, de ochenta años y con un cáncer "incurable, aunque tratable" ya de por vida). Con todos estos asuntos y más, de los que, en apariencia, va saltando de uno a otro sin orden ni conciertos, en realidad Barnes va tejiendo una urdimbre a base de divagaciones, reflexiones, recuerdos, hasta que el lector (este lector, al menos, que probablemente esea más obtuso que otros) se da cuenta de que todo va formando un cuadro, un tapiz que probablemente el autor ya tenía en mente desde que comenzó a escribir el libro, pero que ha preferido mostrarnos poco a poco, por medio de una conversación amistosa y ligera, entre viejos camaradas. Este tono amable y poco dramático, aun cuando se estén tratando cuestiones de la vida bastante graves, o incluso espinosas, es una especialidad de Barnes, como sabrá quien ya haya frecuentado su obra y, la verdad, se agradece que sea el elegido, de nuevo para éste su último libro.
Un segundo aspecto del libro, algo más delicado para éste vuestro servidor, es el gran e incuestionable peso que tiene en el mismo lo que podríamos denominar "el aspecto autobiográfico" (obvio eufemismo para no tener que recordar la palabra maldita: autoficc...bueno, ya sabéis). Pero, bueno, es verdad, por otr parte, que lo de la autoficcetc. no es sólo una moda a seguir para Barners, sino que toda su obra esta llena de referencias a sí mismo y sus circunstancias. Y, qué coño, es el último libro de Julian Barnes, que tiene ya ochenta años y un cácer "incurable pero tratable". Hasta yo lo puedo (y lo debo). pasar por alto, así que no problem...
En fin, como ya sabrá más de uno y una de nuestros amables lectores/as, el próximo mes de octubre este escritor recibirá el Premio Princesa de Asturias de las Letras, artefacto propagandístico de la monarquía española que, por una vez, sirve para algo (*). Quien quiera y pueda acercarse al teatro Campoamor de Oviedo tendrá la oportunidad de despedirse en persona, siquiera a distancia, de este nuestro estimado. autor. Pera para ellos y ellas, así como para el resto de nosotros, la despedida no es definitiva: nos quedan la lectura y la reslectura de todos los demás libros que ha escrito y la sensación, la ilusión, si se quiere, de estar dialognado con un amigo amable y ocurrente, al menos mientra dure esa lectura. Por eso al menos yo no me despediré aún de Julian Barnes, sino que esto será, en todo caso, un "hasta pronto". Y, sobre todo, muchas gracias por todo lo escrito: ha sido y continuará siendo, un placer.
(*) Se trata, si se quiere, de un premio de consolación aunque magro, por no haber recibido el Nobel, para el que, en mi opinión, Julian Barnes había acumulado más méritos que Ishiguro, escritor de su misma generación... Ahora, bien, el propio Barnes, cuando es requerido al respecto, suele recordar que a Ismail Kadaré tampoco se lo concedieron y eso sí que supone una injusticia...
También del ya añorado Julian Barnes en ULAD: Todos éstos
lunes, 13 de julio de 2026
Moa Romanova: Todo mal
Título original: Alltid fucka upp
Año de publicación: 2024
Traducción: Alba Pagán
Valoración: Está bien
De vez en cuando me gusta darme una vuelta por el mundo de la novela gráfica (cómic, o como quiera llamarse), que es un género que desconozco casi por completo. Y la verdad es que casi todo lo que ha caído en mis manos parece tener unos rasgos comunes bastante marcados: tono sombrío, soledad, violencia, problemas de identidad, falta de alternativas, lo que sería un punto de vista punk manifestado con frecuencia en un lenguaje expresionista. Supongo que tiene sentido si consideramos que el cómic pertenece básicamente a un ecosistema juvenil, y por tanto tiende a mostrar las amenazas que ese público siente sobre sí.
Por ese mismo camino se mueve este libro de la artista sueca Moa Romanova, subtitulado Un cómic goblin (Goblin girl en la versión inglesa), entendiendo goblin, digo yo, mejor en la acepción más urbana de vago o apático (le iría muy bien al Oblómov del que hablábamos hace unos días) que en la relacionada con la delincuencia, que de eso no hay aquí apenas nada. Moa, que parece autorretratarse en esta historia, es una chica joven, inadaptada y con cierto rasgo depresivo, que conoce por Tinder o similar a un famosillo cincuentón. Aunque este le ofrece financiar su actividad artística a cambio de nada, Moa no ve que esa relación le saque de su atonía, sino que más bien está contribuyendo a aumentar su confusión. Consejos de amigas, algunas fiestas y decisiones contradictorias forman el paisaje de la protagonista, posiblemente con algún problema de salud mental, o eso parece, pero también muy marcada por algo así como una pérdida absoluta de brújula con que orientarse.
Ni el personaje ni su situación son por tanto demasiado rompedores, ni siquiera novedosos, pero está bien transmitido ese ambiente de soledad profunda, incomodidad consigo misma y con el mundo. La sensación de camino sin salida o de laberinto incomprensible no conducen sin embargo a la desesperación, como podría esperarse, sino a una situación ciega, una especie de stand by en el que dibujar (de alguna manera autorretratarse) no parece siquiera una escapatoria, sino un simple acompañamiento.
Poco puedo decir del aspecto gráfico, que parece adoptar una especie de feísmo quizá para expresar con mayor contundencia el vacío y el desconcierto que rezuma todo el relato. No es por tanto una estética amable pero sí eficaz, porque rebosa expresividad solo a base de pequeños rasgos faciales, algo que me parece bastante meritorio. La atmósfera es en general oscura y algo desolada, lo que se subraya mediante unos cuantos planos amplios llenos de soledad, y apenas un par de tonos pálidos (rosa, azul) que se combinan con el blanco y negro básico.Me parece entonces un relato correcto, sin más, que vuelve a incidir en temas clásicos, con un enfoque quizá más intimista y menos desgarrado de lo habitual, al que se agradece que evite ciertos excesos y la tentación de soluciones efectistas y demasiado fáciles.
domingo, 12 de julio de 2026
Constantino Molina:Niño parabólico
Año de publicación: 2025
Valoración: Recomendable
Resulta difícil aproximarse a la reseña de un libro como Niño parabólico. Es un libro que no acaba de encajar en ningún género concreto. Tiene momentos en los que se acerca al ensayo, otros a la novela costumbrista y algunos también a la novela autobiográfica. Así pues, todos los géneros caben en esta novela caleidoscópica en la que Constantino Molina pretende un acercamiento a lo cotidiano desde una perspectiva muy personal.
Molina ha cultivado con anterioridad la poesía, género en el que ha cosechado algunos galardones, entre ellos el prestigioso premio Adonais, y nos entrega en esta ocasión su primera novela. Una novela en la que nos invita a pasear por Madrid, especialmente por el barrio en el que reside, Argüelles, y en ese deambular nos va transmitiendo tanto sus vivencias actuales, como las de su infancia. En esta ciudad caótica y acelerada reivindica la importancia de pasear, de dejarse llevar por los pequeños estímulos que todavía encierra la ciudad y crea una dinámica de la contemplación a la que pretende que nos unamos.
Desde la divertidísima anécdota inventada de la niñez del escritor que da título al libro hasta las bondades del pandorino frente al bollycao, todo cabe en este libro. Los paseos por el parque del Oeste, la impresión de un tomate en 3d que se convierte en objeto de escritorio, la vida de Montaigne, la tumba de Goya, las bondades del brandy, la contemplación de unas improbables auroras boreales o la búsqueda del recogimiento en las iglesias del barrio. No debemos, no obstante, quedarnos en la superficie de las anécdotas que van salpicando el libro, debemos acompañar esas anécdotas con las jugosas reflexiones personales que va desgranando el escritor: "Mi único patrimonio es el instante, porque vengo de la nada y voy hacia la nada. Mi única ambición es vivir la vida en mí, con serenidad y con buen gusto, entre la gravedad y la ligereza, con amor e inteligencia".
Este es un libro narrado de forma muy poética, superficial cuando tiene que serlo, pero profundo cuando lo precisa. Humilde en su enfoque, pero ambicioso en sus resultados. Molina nos transmite una filosofía vital basada en un concepto más humano y menos material de la vida: "Nos amargamos la existencia voluntariamente trabajando durante más tiempo del necesario en cualquier empleo alienante para ser más y tener más. ¿Más que? Más nada y sólo nada. Y todo por no levantar la cabeza y mirar las estrellas".
Como nos advierte con total sinceridad, el escritor albaceteño pensaba que era el momento de dedicarse a la ficción y por ello tiene la poesía en tiempo de barbecho: "ahora me dedico más a esto de la prosa, es decir a la ficción, porque todo lo que no es poesía es ficción. Y la tengo aparcada por no reiterar, no por otra cosa".
Pues, en principio, este ejercicio de ficción autoimpuesta se ha saldado muy positivamente y más teniendo en cuenta la humildad con que el escritor se aproximo a él: "Lo que a un escritor le vale no es la posteridad. Uno no trabaja en esto para ganarse la gloria venidera, el hueco en Wikipedia o en la memoria de un muchacho de instituto que debe acumular el dato para aprobar y poder irse así con el deber cumplido y los padres contentos de viaje de fin de curso a Tenerife. Lo que a un escritor le vale es el ahora, porque la literatura es ambición, pero una ambición del ahora y del instante".
sábado, 11 de julio de 2026
Anna Starobinets: El vado de los zorros
viernes, 10 de julio de 2026
Colaboración: Abejas grises, de Andréi Kurkov
Título original: Серые пчёлы
Traducción: Esther Cruz Santaella
Año de publicación: 2018
Valoración: Muy recomendable (alto?)
Hacía tiempo que una novela no me dejaba ese sabor de buena literatura, esa sensación certera de estar leyendo algo sólido, de calidad inapelable. Las Abejas grises del ucraniano Andréi Kurkov lo han conseguido.
El libro narra la historia de Serguei, un hombre de mediana edad, solitario y taciturno, que decide quedarse en su pueblo de la cuenca del Donetsk pese a los enfrentamientos con Rusia tras el llamado Euromaidán. Bueno, decir que “decide quedarse” quizás sea excesivo: se queda como por inercia, porque desde que su mujer se marchó llevándose a su hija con ella, Serguei tiene poca motivación para tomar decisiones tan grandes. Además, aunque casi todos los vecinos han abandonado el lugar, quedan algunas personas que le hacen el día a día más llevadero. Y luego están sus abejas: Serguei es apicultor, y sus abejas valen mucho para él, no solo porque le supongan una fuente de ingresos, sino también porque, a su manera le hacen compañía.
A pesar de la precaria situación de la zona, Serguei tiene una vida relativamente apacible. Sin embargo, cuando llega el verano y es el momento de que sus abejas vuelen libres, la realidad del conflicto militar le lleva a tomar la decisión, ahora sí de forma plenamente consciente, de irse a otra región menos peligrosa. Primero pasa un tiempo en otro pueblo ucraniano, y luego va a Crimea, a visitar a un amigo apicultor. Con el fin de la temporada, Serguei regresa a su pueblo, donde espera retomar su simple cotidianeidad.
Con este argumento podría pensarse que la novela está construida como una especie de road-trip, pero no es así: la primera mitad del libro transcurre en el pueblo de Serguei, e incluso cuando comienza su viaje, la atención no está puesta en los traslados. Podría pensarse también que es un libro de guerra, un libro político, pero tampoco es exactamente eso: la guerra está presente, por supuesto, mas solo como un marco circunstancial. De lo que habla esta novela es de la vida humana en sí misma, de lo difícil y absurda que es.
La historia está contada en tercera persona y desde el punto de vista del protagonista, al que, poco a poco, sin artificios, vamos conociendo a través de sus acciones y, sobre todo, de sus reflexiones. Por eso, aunque en la novela pasen muchas cosas, la sensación de acción es relativamente pequeña, el libro parece casi lento. Y sin embargo le atrapa a uno desde el principio. Porque ver el mundo con la mirada sencilla y sin pretensiones de Serguei es un ejercicio existencialista tan sincero que resulta fascinante. Sin sentimentalismo ni afectación, uno disfrutaría de él en cualquier contexto. Pero si además el contexto en cuestión es un conflicto bélico, las reflexiones de nuestro protagonista cobran una profundidad más allá de lo meramente anecdótico: nos ponen de frente a situaciones universales. Porque la guerra, desgraciadamente, es universal. Y la decencia, afortunadamente, también lo es.
Abejas grises deja un poso de melancolía optimista maravilloso. Esta es mi primera reseña en este blog y no me atrevo a darle la clasificación mayor de imprescindible. Lo dejo en un muy recomendable, ¡pero es un muy recomendable como una casa!
Firmado: Yaiza P.
jueves, 9 de julio de 2026
¡Giveaway! Kelly Link: A mí no me engañas
Título
original: Get in trouble
Traducción: Maia Figueroa Evans
Año de
publicación: 2015
Valoración: Recomendable
(Para el Giveaway, ir al final de la reseña)
Como explicaré más abajo, llegué a Kelly Link por recomendaciones de internet mientras buscaba, específicamente, literatura de terror reciente. Grave error. Debí haberme quedado con las recomendaciones de ULAD, como deberían hacer todos ustedes. Que, por cierto, también me llevó a leer algunos libros muy buenos (Fundido a negro, Vivir abajo, Hex), pero ninguno era exactamente lo que yo estaba buscando.
A mí no me engañas reúne nueve cuentos que, estirando bastante la liga, podrían catalogarse dentro del género de terror. Aunque quizá sería más justo decir que son cuentos extraños, inclasificables: a veces con un tono cómico, fantástico, romántico, melancólico, a veces deliberadamente absurdo.
Todos los cuentos me parecen bien escritos. Se nota el talento de Kelly Link como narradora y entiendo perfectamente por qué tantos lectores la consideran una autora original. Sin embargo, acaso por su extensión, por su apuesta por la ambigüedad o por esa voluntad de no cerrar del todo sus historias, la mayoría me parecieron más ejercicios de estilo, o divertimentos muy sofisticados, que cuentos verdaderamente sólidos.
Entiendo que la ambigüedad puede ser necesaria cuando se quiere crear una atmósfera de aprensión. No todo misterio debe resolverse. Pero en muchos de estos cuentos sentí que la ambigüedad no intensificaba el horror, sino que lo sustituía. Las historias comienzan enrarecidas, avanzan con elegancia, acumulan elementos sugerentes y luego terminan más o menos en el mismo estado en que empezaron: sin un clímax claro, sin una transformación significativa y sin una consecuencia emocional realmente contundente.
Quizá el problema fue de expectativas. Yo llegué buscando un libro que me asustara, que me incomodara, que me obligara a prender la luz con cierta vergüenza. En cambio, encontré una colección inteligente, imaginativa y literariamente cuidada, pero mucho más interesada en la rareza que en el miedo.
Por cierto, la portada es horrible. No le hace justicia para nada a los cuentos.
----------------------------------------------
Aprovecho esta reseña para hablar un poco más sobre el horror como género literario.
Más allá del objetivo comercial de clasificar la ficción en distintos géneros, estas etiquetas resultan útiles cuando uno busca una experiencia específica. Si uno quiere echarse una lagrimita, ahí está el drama; si lo que busca es descubrir nuevos mundos y escapar de la realidad, la fantasía cumple muy bien su función. Pero yo me pregunto: ¿qué ha pasado con el horror?, ¿cuál es su objetivo en la actualidad?
No podemos negar que a nadie mayor de ocho años le da miedo Chucky, el muñeco diabólico, o Drácula. Cthulhu sirve más para generar mercancía de pulpos kawaii que para producir angustia cósmica, y Stephen King, más que asustarnos, parece a veces empeñado en explorar un catálogo de obsesiones sexuales bastante cuestionables.
Recuerdo esos años inocentes en los que películas como El aro o El exorcista sí lograban perturbarme. Pero, fuera del recurso barato del jump scare, me cuesta trabajo recordar alguna película reciente que realmente me haya dado miedo. Quizá Hereditary consiguió provocarme cierta aprensión. Pero incluso Obsession, que a mi gusto está sobrevalorada, me parece una creepypasta glorificada.
Y si las películas, con todos sus estímulos visuales y auditivos, apenas consiguen arrancarnos sobresaltos ocasionales, ni qué decir de la literatura, que depende casi por completo de la imaginación del lector.
Por eso me di a la tarea de buscar ficción de horror reciente, para ver si todavía le hacía honor a su género. Sin embargo, lo primero que encontré fue que el horror, por sí solo, parece ya no ser suficiente. Muchas obras necesitan mezclarse con otros elementos (humor, drama familiar, crítica social, investigación criminal, trauma psicológico) para volver más llevadera la lectura o para justificar su existencia más allá del simple intento de provocar miedo.
Tal vez el problema no está del todo en los libros. Tal vez el problema soy yo. Quizá la desensibilización producida por todo lo que veo a diario en internet ya me tiene el cerebro frito. Las escenas supuestamente perturbadoras, cuando no me parecen aburridas, terminan interesándome por otras razones: por la prosa, por la atmósfera, por el comentario social, por la construcción de personajes. Eso me pasa, por ejemplo, con los cuentos de Mariana Enriquez.
Tengo, por
lo tanto, algunas opiniones concretas sobre el género de horror:
- El horror propiamente dicho (es
decir, aquel cuyo objetivo principal es generar miedo en el lector) es, en
realidad, un subgénero de la literatura infantil. Dicho de otro modo: solo
los niños se asustan de verdad.
- El horror es un género muerto,
como las epopeyas.
- El horror es (y tal vez siempre
lo ha sido) una etiqueta que ha terminado por significar que una obra
incluye ciertos elementos reconocibles: muerte, locura, monstruos,
posesiones, casas embrujadas, cuerpos mutilados, entidades inexplicables,
etcétera. Sin embargo, esos elementos pueden utilizarse para evocar muchas
emociones distintas (incomodidad, tristeza, repulsión, fascinación,
angustia) sin que necesariamente produzcan miedo.
- Soy un ignorante y simplemente
no he leído una obra de terror realmente buena, por lo que más me valdría
cerrar la boca.
Y como no
estoy cerrado a la posibilidad de que este último punto sea el correcto, decidí
hacer este giveaway.
Quiero leer un libro que de verdad sea aterrador, perturbador, angustiante; uno que me obligue a aceptar que el problema no era el género, sino mi ignorancia. Así que esta vez la recomendación vendrá de ustedes.
Estos son
los términos y condiciones:
- Escriban en la sección de
comentarios el título y el autor del libro que recomiendan.
- Leeré todos los libros que
mencionen. Además, reseñaré en el blog aquellos que todavía no estén
presentes.
- La persona que recomiende un
libro capaz de generarme auténtico distrés emocional, miedo, incomodidad o
una crisis existencial medianamente respetable, será acreedora a un libro
o manga de su elección enviado desde Japón*.
Así que ya
saben: dejen sus recomendaciones. En breve les contaré cómo termina este
experimento y si termino aceptando públicamente que he estado hablando desde
la más absoluta ignorancia. De no lograr su objetivo, todos los que dejen
recomendaciones, sepan que me hicieron perder mi tiempo.
* Limitado a países de habla hispana donde llegue el servicio del Express Mail Service (EMS).
miércoles, 8 de julio de 2026
António Lobo Antunes: El orden natural de las cosas
martes, 7 de julio de 2026
Hugo Wilcken: LOW
Año de publicación: 2020
Traducción: Patricia Valero
Valoración: muy recomendable
¿Puede ya no un músico, sino un mero disco, ser objeto de un libro entero? Y aún así, dejar al lector esperando más, deseando que esas ciento cincuenta páginas fueran, no sé, el doble, que abarcaran más aspectos de la concepción del disco, de la grabación, de las tomas, de este u otro detalle que se decidió conservar aunque pareciera un error, del otro que se renunció a mejorar tras eternas tomas, porque hasta el perfeccionismo - y las horas invertidas en caros estudios de grabación, y las largas sesiones - tiene un límite.
Y aún declarándome lo más alejado a la mitomanía que los tiempos habituales pueden tolerar, he de reconocer que, tras leer unas cuantas biografías de Bowie (alguna de ellas no reseñada aquí, los jefazos me advirtieron muy seriamente), todavía acudía compulsivamente a las menciones de lo que llamamos la Trilogía de Berlín, de la cual Low, objeto de este libro, es primera pieza y elemento absolutamente necesario en la comprensión estética y sonora de la evolución de la concepción sonora, desde que se publicó. Cualquiera interesado debería oir este disco y esforzarse en comprender el entorno de su producción, no solo sus resultados, y Hugo Wilcken se zambulle en unas cuantas biografías de Bowie (muchas de ellas publicadas en vida y centradas en su poderoso periodo de creatividad que acaba allá por los primeros ochenta) y extrae información. Aporta al libro un cierto pulso narrativo, casi novelesco.
Bowie en la cresta de la ola tras haber asaltado el mercado americano con otro de sus disfraces creativos. En plena crisis personal a muchos niveles: su matrimonio con Angie (ésa Angie) hace aguas, está completamente enganchado a la cocaína, que condiciona su exhaustivo y caprichoso ritmo de trabajo. Siente curiosidad que se expande en todas direcciones: pintura, literatura, ocultismo. Está al día de todas las corrientes musicales, aunque sea para tomar de cada una lo que mejor apuntale su carrera. Se planta en Berlín acompañado de Iggy Pop, que es prácticamente su reverso estético, aunque este con lo que tiene problemas es con la heroína, reúne a algunos de sus secuaces habituales, como Brian Eno y a algunos que no lo son, graba un disco con una primera cara alterada de canciones cortas de ásperos y extraños ritmos funk y una segunda en la que congela el tiempo, como esos vídeos en las redes donde la gente lanza agua hirviendo a un aire a decenas de grados bajo cero, y esas cuatro canciones, apenas veinte minutos de música instrumental, abstracta, una mezcla de angustia y experimentación, conciben el sonido que, en segundo plano o en primero, debidamente insuflado de ritmos o asi, desnudo, marcará más de una generación. Todo ese proceso, desde que el sonido del disco es anticipado en grabaciones anteriores y hasta que el disco empieza a ser digerido por público y crítica. Claro que se puede despachar un disco en una docena de líneas y un par de etiquetas. Pero este disco no es Low. Todo lo que se pueda escribir sobre él sabrá a poco.
lunes, 6 de julio de 2026
Solvej Balle: El volumen del tiempo III
Título original: Om Udregning af Rumfang, III
Traducción: Victoria Alonso en castellano y Maria Rosich en catalán, ambos en Anagrama.
Año de publicación: 2021
Valoración: recomendable
domingo, 5 de julio de 2026
Tochoweek VI #7 Ted Simon: Los viajes de Júpiter
- su carácter multidisciplinar. Diría que no es algo buscado por Ted Simon, pero tantos lugares y tanto tiempo dan pie a que el libro pueda funcionar también como fotoperiodismo (magníficas las fotos que acompañan al texto), como crónica (por ejemplo, sobre los cambios y contrastes en la Libia de Gadafi, sobre la era del petróleo y la tecnología o sobre las diferencias entre los jóvenes de Fortaleza y los campesinos de Iguatú), como novela "chusca" de Graham Greene (esos problemas en Brasil...) o como versión motera de Lost in Translation en la sobreabundancia material y de estímulos en L.A.
- la innegable voluntad poético / literaria presente en muchas de las descripciones,
- el continuo replanteamiento del sentido y el significado del viaje y, SOBRE TODO,
- la mirada del autor sobre la multitud de "historias mínimas" de las que es testigo durante el viaje. Hay mil ejemplos (Arthur y Ruth Thompson, últimos granjeros blancos en Kenia, el Padre Walsh en Fortaleza, Bob y Annie, los camioneros australianos que esperan que baje el nivel del río...). No son historias "acabadas", pero poseen el encanto de las cosas apenas vistas por la ventana, de las imágenes que entran en tu vida y poco después desaparecen como fantasmas del pasado.
sábado, 4 de julio de 2026
Tochoweek VI #6 Elaine Vilar Madruga: La piel hembra
viernes, 3 de julio de 2026
Tochoweek VI #5 Joe Abercrombie: Los diablos
Título original: The Devils
Año de publicación: 2025
Traducción: Manu Viciano
Valoración: sin duda, recomendable
Para quien no lo sepa y quizá le interese, el británico Joe Abercrombie es considerado el actual "rey del grimdark", que no es una desviación del black metal escandinavo (bueno, igual un poco sí), ni una práctica sexual extrema y esotérica (bueno, un poco también), sino el género de "Espada y Brujería" de toda la vida, pero en el que sus personajes se lanzan a rebozarse en las más bajas pasiones, tanto del alma como del cuerp (incluyendo aquellas funciones corporales cuya descripción o incluso mención suele evitarse en la ficción), el lenguaje poco apropiado para personas con cierta sensibilidad y, claro está, la violencia desatada y sin elipsis narrativas que valgan... Vamos, que se lo pasan pirata y más aún quién escribe tanto desafuero. En este caso, con un éxito considerable, además. A ver quién convence a Mr. Abercrombie de que deje de hacerlo...
El argumento de la novela, en todo caso, no resulta especialmente original en su planteamiento, aunque sí más en su desarrollo: en una suerte de Edad Media distópica -en la que, por ejemplo, los Santos Lugares han sido tomados por los elfos- es descubierta en las calles de la Ciudad Santa una pilluela que resulta ser la princesa Alexia, heredera del Trono Serpentino de Troya. Para que pueda desplazarse hasta allí y reclamarla, la papisa niña Benedicta la encomienda a la protección de la Capilla de la Santa Conveniencia, un heterogéneo grupo bajo el supuesto mando del bisoño hermano Díaz y que reúne a un guerrero inmortal, una aventurera impenitente, un nigromante jactancioso, un viejo barón vampiro, una elfa que puede hacerse. invisible y una vikinga licántropa. Por el camino, deberán enfrentarse a multitud de peligros, en forma sobre todo de mercenarios, engendros mutantes o poderosas hechiceras... En fin, lo normal.
Como se ve, el tropo es bastante habitual, aunque quizás más en el cine o el cómic que en la literatura: la reunión de un grupo de personajes de dudosa moralidad e incluso naturaleza, con el fin de llevar a término una misión más o menos honorable y de forma más o menos voluntaria (lo hemos visto desde en Los siete samuráis o Los siete magníficos a Los doce del patíbulo. Por no recordar La Liga de los Hombres Extraordinarios, El escuadrón suicida, etc.). La gracia consiste en juntar a personalidades diversas, que puedan chocar pero también forjar insólitas camaraderías, pese a sus diferencias y a la sevicia que se les supone a los miembros de la malhadada Capilla -y eso, por no hablar de romances no menos insólitos-; ése, sin duda, constituye uno de los puntos fuertes de la novela, las relaciones que se establecen entre los personajes y sus correspondientes dinámicas -básicamente, a base de bromas, pullas e indirectas-, aunque también, en algún momento, se pueden hacer un poco reiterativas y hasta innecesarias. El otro punto fuerte, además de la aventura en sí -bastante trepidante, por momentos- sería, como seguramente alguien haya adivinado ya, el sentido del humor, que recorre toda la narración de principio a fin y distingue sobremanera a esta novela de otras del subgénero grimdark.
jueves, 2 de julio de 2026
Tochoweek VI #4 Daniel Kahneman: Pensar rápido, pensar despacio
Título original: : Thinking, Fast and Slow
Traducción: Joaquín Chamorro Mielcke
Año de publicación: 2011
Valoración: Imprescindible
Explica Daniel Kahneman nada más iniciarse el libro que el premio Nobel de Economía, que él recibió en 2002, es en realidad de un ámbito más amplio, un premio de las Ciencias Sociales, aunque se denomina ‘de Economía’ porque lo patrocina el Banco de Suecia. Esta curiosidad, que no sé hasta qué punto responde con exactitud a la realidad, explicaría en parte por qué le fue concedido a un psicólogo, aunque ciertamente Kahneman exploró dentro de su disciplina también en dirección a la Economía, lo que se refleja en este mismo libro.
Bajo un título de apariencia trivial el autor desarrolla algunas de las investigaciones llevadas a cabo junto con el fallecido Amos Tversky, otra figura fundamental en el mundo de la psicología cognitiva. A lo largo de sus cerca de setecientas páginas se van desgranando multitud de cuestiones acerca de los juicios y las decisiones en el ser humano, asuntos como la heurística del conocimiento, el efecto ancla, la cascada de disponibilidad, el priming, el efecto ‘lo que ves es lo que hay’, la regresión a la media, o la causalidad frente a la estadística. A Kahneman le mola poner nombre rápidamente a estos sesgos cognitivos, lo que es quizá un tic de investigador creativo, pero son conceptos que entendemos pronto y sin ninguna dificultad.
Esto es lo más llamativo del libro, la capacidad del autor para que todo lo que explica resulte atractivo, comprensible e interesante a partes iguales. Repleto de ejemplos y referencias a experimentos realizados, y con leves pizcas de humor de cuando en cuando, Kahneman consigue transmitir información, que pudo también haber seguido un rumbo más opaco y doctoral, de manera que el lector de a pie no solo capte el contenido sino que se sumerja con gusto en un terreno que enseguida resulta familiar, porque a fin de cuentas hablamos de la propia esencia del ser humano, las debilidades y sesgos que nos afectan al percibir cosas o al tomar decisiones. Especialmente interesante me parece el estudio sobre el ‘yo que experimenta’ y el ‘yo que recuerda’, o por qué las valoraciones que podemos hacer al cabo del tiempo difieren de las inmediatas.
Efectivamente, el autor se interna desde el campo de la psicología hacia materias diferentes, la estadística, el consumo, el juego, la demoscopia o los seguros, terrenos en algunos de los cuales detectamos fácilmente técnicas conocidas o intuidas en torno a trucos publicitarios (aquel viejo clásico de la 'publicidad subliminal') o al mensaje político sesgado, formas de manipulación de la opinión que tiene su raíz en los mecanismos psicológicos que explica Kahneman.
También hay, como decía antes, una incursión destacada en el mundo de la Economía, en concreto en la toma de decisiones por parte de expertos, hacia los que el autor muestra una notoria desconfianza. En materia de inversiones o de operaciones financieras, dice, las emociones y el consiguiente desenfoque cognitivo condicionan la decisión como en cualquier otra actividad humana, y del texto se deja entrever que es mucho más fiable dejar estos asuntos en manos de sistemas lógicos o matemáticos preestablecidos que en la voluntad de un profesional. Aunque, si no estoy equivocado, la introducción de algoritmos por ejemplo en los mercados bursátiles es bastante anterior a los trabajos de Kahneman, a la vista de sus opiniones no me cabe duda de que el psicólogo israelí estará muy de acuerdo con el uso de estas herramientas.
Parece que, al menos en algunos campos, la objetividad de la máquina debe prevalecer sobre los juicios de los humanos, siempre mediatizados por las trampas o la insuficiencia de nuestra mente, tropiezos que el libro expone de forma clara y amena, limitaciones que en determinadas circunstancias pueden llevar a la decisión equivocada.
De manera que si nos interesa todo ese mundo de la percepción de lo que creemos real, sus condicionamientos y desviaciones, y la toma de decisiones en base a la información que recibimos, es un libro interesante y disfrutable a partes iguales, en los dos aspectos a un nivel muy alto.
miércoles, 1 de julio de 2026
Tochoweek VI #3: Dino Buzzati Sesenta relatos
Idioma original: italiano
Traducción: Mercedes Corral
Año de publicación: 2007
Valoración: muy recomendable
Como muchos de ustedes sabrán, Dino Buzzati es el autor de esa maravillosa novela de corte existencialista titulada El desierto de los tártaros. Pues bien, la obra de Buzatti, que en nuestro país había pasado desapercibida hasta tiempos muy recientes, incluye, aparte de novelas, un extenso número de cuentos que, en su gran mayoría, se encuentran reunidos en la obra que reseñamos hoy.
Sesenta relatos fue recopilado por el propio autor en 1958 y supone un compendio de su producción como cuentista. Lógicamente, en un volumen tan amplio la calidad y la temática de los cuentos es muy variada y los resultados finales muy irregulares. En términos generales, podríamos señalar dos líneas argumentales básicas: el extrañamiento de la realidad y el temor ante lo imprevisible de la existencia humana.
Son cuentos en los que cabe todo -gotas de surrealismo, terror gótico, situaciones kafkianas, diálogos metafísicos- , pero que suelen comenzar con un hecho cotidiano, con unos personajes y entornos perfectamente reconocibles, que acaban envueltos a través de sucesos fantásticos o misteriosos en situaciones que escapan a su control. Lo sobrenatural y lo onírico se imponen a los personajes, que acaban sumidos en situaciones de desamparo donde muchas veces un suceso fuera de su alcance acaba dominando sus vidas. La temática y las ambientaciones de estos cuentos es enormemente variada, pero de alguna manera tienen un carácter eminentemente filosófico y existencial.
No pretendamos que Buzzati nos proporcione un final cerrado a cada uno de estos relatos. Precisamente la carga simbólica que les envuelve lleva a un final abierto que invita al lector a sacar sus propias conclusiones. La enigmática mirada del personaje de la portada ya nos está lanzando un aviso.
En este sentido, resulta extraordinariamente complejo recomendar unos cuentos sobre otros. Es verdad que en un volumen tan extenso, algunos cuentos tienen un desarrollo extraño e incluso infantil, se me ocurren El fin del mundo, Los ratones o El platillo se posó. Pero otros son realmente memorables, tanto por la temática como por su desarrollo: el absurdo kafkiano de la inconmesurable Siete plantas, el terror de Y sin embargo llaman a la puerta, el sentimiento de culpa en El derrumbe de la Baliverna, viajeros condenados a vagar eternamente como Los siete mensajeros o el enigma sobrenatural de El perro que ha visto a Dios.
En fin, debemos dejarnos sumergir en el misterio que nos proponen los cuentos de Buzzati. Conviene realizar la lectura de manera reposada y pararnos a pensar en lo que ha sucedido y lo que nos quiere transmitir el escritor italiano en cada cuento. Son relatos con un estilo eminentemente poético, con una escritura elegante y rítmica, y con una excelente traducción por parte de Mercedes Corral que hace de su lectura una experiencia sumamente placentera.
Otras reseñas de Buzzati en Ulad: La famosa invasión de los osos en Sicilia, El desierto de los tártaros, Poema en viñetas de Dino Buzzati.
martes, 30 de junio de 2026
Tochoweek VI #2: Martín Caparrós y Eduardo Anguita: La voluntad: Una historia de la militancia revolucionaria en la Argentina (1966-1978)
Año de publicación: 1997-1998
Valoración: monumental















