Título original: The death of Vivek Oji
Años de publicación: 2020
Traducción: Arrate Hidalgo
Valoración: recomendable
Título original: The death of Vivek Oji
Años de publicación: 2020
Traducción: Arrate Hidalgo
Valoración: recomendable
Año de publicación: 2026
Valoración: está bastantante bien (sobre todo para interesados/as en el tema)
Ha comenzado un nuevo curso escolar y, al menos en España, muchos y muchas docentes, y no pocos progenitores (bueno, de éstos quizá no tantos) comprueban con preocupación cómo, un año más, parece aumentar la popularidad de las ideas de extrema derecha entre el alumnado, especialmente en el sector masculino del mismo, incluso a edades muy tempranas... Los querubines que en Primaria sólo se preocupaban de jugar al fútbol y cazar pokémons (no estoy seguro de que esta actividad se siga haciendo, pero ya me entendéis) al llegar a la Educación Secundaria semejan gremlins que han comido después de medianoche y se declaran franquistas, cuando no filonazis, racistas, machistas, homófobos y aporófobos (porque todos creen que se van a hacer ricos como influencers, minando criptomonedas o montando una estafa piramidal como el tal Lla...
-¡Bueno, ya está bien, que siempre estás igual! Deja de meterte con las ideas que no te gustan, que todas merecen un respeto y...
-No, no lo merecen. Sigo: La tendencia parece evidente e imparable, pero la politóloga Alicia Valdés se ha preguntado si realmente esto es así o nos estaremos dejando engañar por ideas preconcebidas y, sobre todo, por los contenidos que a los medios de comunicación les vienen bien para generar visitas. En este pequeño ensayo (de ahí que lo haya etiquetado como Zoom), la autora explora, en primer lugar, las fuentes de esa idea tan extendida, ya casi tópica, de que el auge actual de la extrema derecha se debe al apoyo de los adolescentes y hombres jóvenes. Asismismo, la idea, no menos extendida, de que esa querencia por las ideas ultras se debe a una reacción ante los "excesos" del feminismo -idea que se extendió hasta convertirse en un lugar común , por lo visto a raiz de un artículo de John Burn-Murdoch publicado en el Financial Times-; Valdés dedica buena parte de las 50 páginas que, una vez eliminados índices, notas, agradecimientos y morralla editorial, componen este pequeño ensayo a desmentir ambas ideas: ni todos los chicos jóvenes son filofascistas -descarta, además, que la Z o como se diga sea "la generación más machista de la Historia"-, ni el feminismo tiene la culpa de que algunos lo sean. La culpa, por si alguien se la pregunta, es, por supuesto del capitalismo, o, mejor dicho, de la crisis del mismo, que ha propiciado una segmentación de la sociedad en grupos identitarios para hacer más eficaz aún la explotación de los individuos. Entre estos grupos, especialmente agraviados por la pérdida -aunque sea un sentimiento basado más en su percepción que en la realidad- encontramos a los hombres jóvenes, que aspiran al ideal de ser "hombres PPP" (es decir, Proveedores, Protectores y Procreadores) como lo fueron, supuestamente, sus ancestros. Pero ahora, las malvadas feminazis, los inmigrantes y la ideología woke se lo impiden a los pobriños... Esto es lo que creen ellos, no Alicia Valdés, claro. Aunque lo que sí piensa ella, es que "los partidos políticos de izquierda también son responsables del auge de la extrema derecha"... Vaya, esto es una novedad: echar la culpa a la izquierda de lo que hace la (ultra)derecha. Nunca habia oído algo semejante... Claro, que la idea se vuelve un poco (más) bochornosa cuando pone como ejemplos declaraciones y actitudes... del PSOE. No hay más preguntas, Señoría...
Ahora bien, tampoco quiero dejar la impresión de que este librito no me ha gustado, ni mucho menos. Entre los aspectos positivos que le encuentro están:
Año de publicación: 2026
Valoración: Interesante (pero con muchos reparos)
Si viene a nuestra memoria aquello de 'los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa', recordaremos que don Antonio Machado, en aquel Juan de Mairena que tuve la temeridad de criticar negativamente, recomendaba la sencillez para conseguir un lenguaje realmente poético. Seguramente Javier Moreno conoce este episodio, y aunque no parece probable que su intención fuese conseguir precisamente un lenguaje poético, sí lo es que pretende demostrar su erudición, no sé si para impresionar a sus lectores o a su editor, quizá a ambos. El caso es que el autor, conscientemente o no, hace todo lo posible para eludir la máxima de Machado, y su forma de expresarse resulta así, en demasiadas ocasiones, pomposa, pedante y casi siempre anhelante del sinónimo más oscuro para obligar al lector a agarrar el diccionario en busca de definiciones. El Quevedo de La culta latiniparla tendría también mucho que decir en este asunto.
He de reconocer que he visto casos peores, algunos de los cuales hemos reseñado aquí no hace demasiado tiempo. Cultismos innecesarios, latinajos y rebuscados recursos a la etimología griega, y múltiples citas que se manejan como argumentos de autoridad, son elementos omnipresentes en muchas páginas, que solo contribuyen a emborronar las tesis que se exponen. Si hablamos de citas, Moreno haría bien en seguir el ejemplo de ese peculiar filósofo serbio cuyos fragmentos se multiplican sin freno (a veces hasta dos o tres páginas completas) durante buena parte del libro hasta desaparecer de forma completa y abrupta: los textos de Radonic muestran el camino adecuado para expresar las ideas con claridad y sin ornamentos.
Habiendo dejado constancia de lo que me parece un lastre fundamental, también debo decir con sinceridad que el libro contiene reflexiones interesantes. Moreno ejerce un tanto de polímata, tocando casi todos los vértices del conocimiento (filosofía, psicología, matemáticas, arte, tecnología, física, mitología…), y de toda esa proliferación, seguramente excesiva, se pueden extraer algunas ideas de cierta importancia. La más significativa, y que como tal luce en el sugerente título, es la puesta en valor del azar, lo contingente que necesariamente acompaña al ser humano y que, queramos o no, define muchas veces nuestras vidas. El mundo actual, que quiere ser gobernado por la tecnología, intenta eliminar lo erróneo y lo fortuito, y esa obsesión por el control se lleva también por delante espacios de creatividad y los necesarios márgenes para que la duda y la incertidumbre actúen como palanca de nuevas ideas, en definitiva el progreso.
Este planteamiento se desborda, y a veces se difumina, en múltiples perspectivas, que con frecuencia tienen que ver, entre otras cosas, con la fe ciega en el progreso tecnológico (otra vez la IA, ya lo siento), e incluso con una reacción que desde ciertos sectores se dirige a la recuperación de las esencias, una especie de nuevo romanticismo que, en lo político, se traduciría en el crecimiento de los integrismos y el retorno a las tradiciones (ultraderecha).
Cuestiones de fondo bien trabadas y que escapan de los análisis simplistas que ofrecen buen número de ensayos que encontramos aquí y allá. Se agradece en definitiva un nivel intelectual apreciable y la capacidad para elaborar y manejar conceptos abstractos sin despegarse del mundo real, lo que hace que el libro presente un interés apreciable. Lástima entonces que el autor no haya sido capaz de evitar los reiterados raptos de erudición y tentaciones de creatividad que habrían tenido mejor acomodo en textos de otra índole: hacen oscuro lo que de interesante tiene el libro y hasta puede provocar la huida del lector. En mi caso faltó poco para conseguirlo.
Título original: The Yellow Birds
Año de publicación: 2012
Traducción: Jesús Gómez
Valoración: recomendable
Quizás estemos llegando a cierto momento en que el género bélico resurja de alguna manera, aunque sea para mostrar cierta permeabilidad en sociedades, en momentos en que las actitudes que implican cierta violencia han dejado de ser patentemente reprobables y empezamos a otorgarles cierta justificación, algo que quizás no sea un abierto beneplácito, ya se verá, pero que ya no es un rechazo abierto. No puedo evitar referirme al obvio auge de las escuelas de boxeo, a la omnipresencia de la UFC, a una serie de detalles que nos revelan cierta inflexión en una tendencia de décadas. Lo cierto es que la sangre en un ring es algo a lo que empezamos a acostumbrarnos, de nuevo.
¿Es que esto debería asustarnos? Bueno, es una reflexión necesaria, pero lo que está claro es que, por una serie de factores, la plasmación gráfica de la violencia o su descripción, como la que contienen las páginas de Los pájaros amarillos, ya no escandaliza, ya ni siquiera parece que pueda parecernos ofensiva, por cuanto ese es un entorno que empieza a ser habitual. Ésta es una novela bélica, la historia del soldado Bartle, veintiún años y en acción en Irak en 2004, precipitadamente alistado y enviado a misiones acompañado de Murph, este de dieciocho, que queda a su cargo de cierto simbólico modo, pues ambos proceden de Virginia. La novela se situa en tres escenarios en que los capítulos van saltando: los poblados que se convierten en zonas de combate, Virginia, una vez Bartle regresa tras el incidente que marca la narración, y la fugaz presencia de una zona de tránsito en Alemania que sirve de escala para su regreso.
Se me hace difícil considerar esta novela como un abierto alegato antibelicista, no lo es al uso de alguna otra novela aunque tampoco es exactamente una novela de acción. El componente psicológico es importante, por cuanto Bartle (que parece un alter ego de su autor, que también combatió) carga con la narración y su tono es más apático y resignado que inflamado y emocional. Quizás un adecuado reflejo de lo que representa afrontar esas situaciones a esa edad. Cierto es que el conflicto ha sido abordado ya desde ciertas perspectivas más o menos críticas - la excelente serie Generation Kill - o incluso con tonos más periodísticos como en cierta brillante novela de Álvaro Colomer, pero sorprende el tono casi monocorde de la narración de Bartle, supongo tomado de forma consciente, y que no deberíamos interpretar como una banalización, más bien como una abnegada asunción de que ciertas decisiones no tienen camino de vuelta.
Año de publicación: 2018
Valoración: muy recomendable
Todo en esta novela de Isaac Rosa está al revés. Desde el título que introduce un giro al que no estamos acostumbrados, hasta la propia ordenación de la novela que comienza por un epílogo y finaliza con un prólogo. Desde luego, no es una decisión improvisada, puesto que el escritor sevillano decide romper el orden cronológico y nos presenta a una pareja en el momento de demolición absoluta de su relación sentimental y avanza hacia atrás finalizando con un prólogo en que nos descubre cómo se conocieron y enamoraron.
Comienza la novela con una primera frase que constituye una declaración de intenciones de la pareja protagonista: "Nosotros íbamos a envejecer juntos". Con esta frase inicial en pasado, ya sabemos que ese objetivo común no se va a cumplir. Lo que sigue es una radiografía desoladora de los entresijos de una relación que se ha derrumbado por la situación de incertidumbre personal y laboral con la que tienen que lidiar nuestros protagonistas y a la que no son capaces de sobrevivir.
Nuestros protagonistas son dos urbanitas (periodista y profesora de mediana edad), cuya relación se ha desmoronado. Isaac Rosa va dando alternativamente la voz a uno y otro y nos van descubriendo los motivos que les llevaron a romper ese proyecto común.
Los primeros capítulos son durísimos. Desde el rencor y el resentimiento que conlleva el final de una convivencia, ambos protagonistas van disparando dardos que apuntan a la línea de flotación de su relación y reconocen que, muy probablemente, todo se empezó a romper por la dificultad de lidiar con el día a día, por una obsesión por la gestión: "En casa debíamos gestionar horarios, tareas domésticas, menús diarios, ingresos y gastos. ¿ Por qué no escribes un libro de autoayuda? Aprende a gestionar tu vida en diez pasos. Gestiona tus sentimientos para alcanzar tus objetivos. Estoy harta de gestionar. Llevamos años gestionando y mira donde hemos acabado".
Hacia la mitad del libro, descubrimos que las dudas, las inseguridades y las pequeñas traiciones alentadas por la aparición de terceras personas fueron minando la vida en común de nuestros protagonistas. En este punto, Rosa realiza un análisis demoledor de los mil y un vericuetos por los que se desliza la convivencia diaria de una pareja y comprendemos la cantidad ingente de elementos externos que van minando la relación amorosa: la rutina diaria, la precariedad laboral, la responsabilidad de los hijos les lleva a "un desarmarse lánguido, hecho de silencios, aburrimiento existencial y miradas graves. Años de discutir nos habían provisto de un arsenal de agravios, frases hechas, réplicas redondas, maniobras retóricas, emboscadas, zancadillas burdas, estocadas de admirable fineza, vías de escape y sofisterías varias".
La última parte recoge la fase de enamoramiento de Ángela y Antonio, nuestros protagonistas, pero sabiendo como sabemos cúal va a ser el desenlace de la historia la sensación de tristeza es absoluta: "Queríamos saberlo todo, queríamos contarlo todo...Esa pulsión comunicadora de los enamorados que no pueden dejar de hablar, que necesitan enlazarse para contarse con más fuerza. Repasábamos nuestras vidas previas, todo ese tiempo anterior en el que estábamos en el mundo sin sabernos y ya todo nos empujaba a encontrarnos".
Hemos llegado al prólogo, que en el caso de esta novela es su final. Llegamos exhaustos, con una tensión emocional altísima, sobrecogidos por la ruina de una relación amorosa que sus protagonistas creyeron eterna y que nos desarma porque entendemos las causas de ese fracaso.
Con un lenguaje minucioso y pausado, Isaac Rosa realiza un análisis de una gran complejidad psicológica, disecciona con gran habilidad las emociones humanas y realiza un retrato generacional que enmarca dentro de una crisis más amplia, que es la de la demolición de las convenciones sobre las relaciones amorosas.
Es un libro muy recomendable, pero es una lectura que nos lleva al límite.
Otros libros de Isaac Rosa en Ulad: Las buenas noches, La mano invisible.
En realidad no reseñaría mucho más de Los Beatles, habida cuenta que todo lo que se ha dicho y escrito es de sobra conocido por el mundo o, al menos, por los interesados. Me parece, por ejemplo, que el libro de Geoff Emerick es uno de los mejores ejemplos de lo que debe ser una autobiografía y a la vez un análisis racional y/o emocional de lo que te apasiona. Mi análisis va más encaminado por el lado del autor de las dos obras reseñadas. Al detectar cierto patrón curioso, me pareció que debía advertir de cierto carácter tendiente a la autojustificación, de corrección política (no por el contenido, ojo, sino por su relación con los integrantes de esta banda) y a la idolatría por la idolatría.
Arranca contando una anécdota del autor con Los Beatles, cuando ya la fama los apabullaba, pero la seguridad no era tan urgente como para no dejar pasar a un periodista random sin preguntarle por sus credenciales y termina con otra anécdota con Paul McCartney durante uno de sus recitales, en donde le cuenta que estuvo investigando su vida durante años (lo cual, a mi parecer, es algo alarmante que te lo suelten así de una, por más que te hayas escrito vía mail). Entre medio, relata toda la historia del cantante, desde su infancia hasta su último matrimonio (quizás el único punto positivo de este libro es que cubre períodos que muchos otros ni se ocupan de tratar, como considerando que la carrera de McCartney acabó con Los Beatles).
Ahora bien, más allá de esta sinopsis, que es lo mínimo que debe tener cualquier biografía, el problema no radica tanto en lo que cuenta, sino en cómo. Por ejemplo, y aunque no soy partidario de ocultar las polémicas de los artistas (pero tampoco de hacer cizaña por ello), ¿era necesario ocupar capítulos y capítulos acerca del divorcio con Heather Mills? Si bien me reveló algo que desconocía, ya que la investigación es exhaustiva (cubre hasta los juicios), hubiese preferido que me relatara, de esa manera, los discos que grababa, algún comentario para cada canción, algún detalle musical que pusiera de manifiesto el genio, y no frases sucintas sobre discos enteros, como si no valieran la pena. McCartney tiene mucho relleno, pero si estás haciendo una biografía, qué menos que respetar cada época.
Pero en general el libro se centra excesivamente en cosas que no son tan interesantes. Sí, en 1980 habrá sido un escándalo que lo arrestaran en Japón por posesión de marihuana, pero no sé si funciona dedicarle tanto espacio y tratarlo como algo traumático cuando ni el propio McCartney lo ve así. A veces da la sensación de que Norman está desesperado por desentrañar la figura del cantante. En algún momento dice que, aun uno de los máximos exponentes de la figura pública, en realidad no se sabe mucho de él. Mi punto es, entonces, que una biografía debería exponer más los hechos, quizás aderezados con reflexiones pertinentes, pero no dejar que el personalismo del autor manche cada página, porque lo único que sugiere es que, en realidad, no termina de entender la figura con la que trata y que solo escribe el libro para los trapos sucios y provocar conatos de escándalos. Quizás lo más emotivo del libro, cuando Norman se olvida de él mismo y se limita a contar lo que pasó, es la muerte de Linda McCartney por un cáncer, recalcando sus buenas obras y lo mucho que contribuyó al vegetarianismo y otras vertientes, amén de demostrar que era un pilar fundamental en la vida de su esposo.
Veamos. Si en una biografía de Paul McCartney te disculpas con el propio músico por ciertos comentarios despectivos que hiciste en una biografía general de Los Beatles (y lo tenés que hacer muy mal para que un músico te recuerde por lo que escribiste, pero si escribís que Lennon era 3/4 de la banda, qué querés que te diga...), y luego en esa biografía criticás de manera solapada a uno de sus compañeros de banda, para luego, en la biografía del mismo, disculparte con la esposa e hijo del fallecido por unas opiniones de muy mal gusto en la necrológica que le hiciste, ¿qué tengo que pensar yo de tu valor como periodista, de tu capacidad para tener la lengua floja? Y esto no es un ataque por atacar, más allá de que la figura de Harrison me interese más que la de McCartney, es que son conexiones textuales que uno puede hacer en base a las palabras de Philip Norman. Para mí es venderme un caballo con dientes podridos.
Y este pensamiento se cumple apenas uno ve la extensión de ambas biografías: menos de la mitad para esta. No es que la extensión represente algo necesariamente, pero luego de leerla uno se da cuenta de que a Norman no le interesaba tanto Harrison, y punto. Uno puede decir que debe reducir información a riesgo de repetirse en el período beatlesco, pero viendo que la de McCartney es larguísima, tengo que suponer que la de Lennon, la primera que hizo, debe de ser igual o más larga (revisé este dato luego de escribir esto, y en Anagrama son 840 páginas).
Realiza el mismo recorrido que la de McCartney: infancia, Beatles, separación, carrera solista, infidelidades, divorcios y enamoramiento de Olivia Arias, su interés cinematográfico (lo mejor del libro, en donde revela un Harrison no tan conocido, y mucho más dotado de sentido de humor que lo que se suele mostrar), el ataque en su propia casa por parte de un desquiciado y su muerte por un cáncer. Pero, si en la de McCartney Norman al menos se esforzaba por dedicar páginas y páginas sobre algún hecho que le interesara, acá todo se escribe de manera más escueta. Lo único que le merece la pena, como música, es All Thing Must Pass, y el resto de los discos se comentan muy por arriba; ni hablar de profundizar en las canciones ni en el mensaje de Harrison, por más contradictorio que haya sido su actitud en vida. Mejor insistir en la sexualidad galopante de Harrison, que no dejaba pasar ni una ocasión de ponerla a prueba, o en el fanatismo con su mansión pero a la vez el desinterés por todo lo terrenal. A uno le puede divertir o le puede causar indignación el morbo de enterarse de la vida privada, o quizás puede reubicar a sus figuras en el panteón de acuerdo a lo que se va enterando, pero tanto foco en el cotilleo, o mejor dicho, de analizar los hechos bajo una perspectiva más de prensa rosa que de periodismo serio, termina por hastiar. Hasta el ataque sufrido y su posterior muerte están tratados, no digo con ligereza, pero sí con desgana.
Norman dice que la familia no le otorgó tantos permisos, documentos y entrevistas con el entorno de George Harrison como la de McCartney, pero eso ya no es culpa del lector, que tiene que tragarse una biografía muy resumida y que no termina por exponer nada transformador acerca del personaje, sino del propio Norman, que tira la piedra y esconde la mano. En definitiva, ambos libros se pueden resumir en: "lo que dice Pepito de Juan habla más de Pepito que de Juan".
Estados Unidos celebra este año su 250 aniversario
como país, casi el mismo tiempo que la esclavitud fue sistema oficial en parte
de su territorio. Comenzó a principios del s. XVII en las colonias del sur y se
expandió durante el siglo siguiente, superó la declaración de independencia, y
no fue abolida hasta el fin de la Guerra de Secesión, en 1865.
En este contexto, que un esclavo fugado fuera
capaz de escribir, y se atreviera a publicar, sus experiencias y opiniones en
1845, es en sí misma una hazaña enorme. Si además la narración en cuestión
resulta ser de gran lucidez, y su estilo claro y elegante, la obra se convierte
inmediatamente en lectura obligatoria. Y esto es lo que consigue Frederick
Douglass con esta su autobiografía (que sería la primera que escribiera: luego
publicaría dos más).
Douglass aprendió a leer gracias a uno de sus
amos, que primero le enseñó las nociones básicas… y luego le prohibió seguir
aprendiendo, porque quien aprende a leer “no sirve para ser esclavo”. Esta
afirmación fue la chispa que encendió en Douglass el ansia por dejar de ser
analfabeto. Puso todo su empeño y energía en conseguirlo, con el riesgo que eso
suponía.
Porque los esclavos corrían un gran riesgo si
intentaban hacer muchas de las cosas que las personas libres dan por obvias:
aprender a leer, sí, pero también verse con su pareja, equivocarse al hacer
algo nuevo, o incluso ponerse enfermos. Por cualquiera de estos motivos (y a
veces sin motivo alguno) eran castigados duramente. Y esto encima de una rutina
de trabajos agotadores, alojamiento inhumano, comida mala y escasa, ropa
insuficiente… y mucha soledad.
Frederick Douglass describe esta existencia durísima con los detalles justos, sin recrearse en lo escabroso ni caer en el dramatismo. En el libro abundan las anécdotas de gran crueldad, pero el tono nunca es vengativo, sino testimonial: las cosas eran así.
Además de darnos a conocer de primera mano la vida de los esclavos, Douglass
nos ofrece reflexiones de gran profundidad y analiza las contradicciones de la
sociedad en la que vive. Estos pasajes me parecieron muy interesantes, sobre
todo cuando explica el efecto de la esclavitud en las personas, tanto esclavos
como esclavistas, y cuando cuestiona la religiosidad de estos últimos.
Este libro es, sin duda, imprescindible. No solo porque esté muy bien escrito, sino sobre todo porque es un testimonio directo de un sistema que trajo terribles sufrimientos a cientos de miles de personas.
Un único “pero”: al final del libro Douglass menciona de pasada a su prometida y su boda, lo cual me dejó algo perpleja por lo repentino y breve. Después estuve leyendo que esta mujer fue fundamental no solo en su fuga sino también en su posterior carrera como orador y político. Me dio un poco de pena, tanto de la mujer como de Douglass. Con todo, un libro que hay que leer.
Aclaremos la valoración. Personalmente, creo que EGG es un texto magnífico, pero soy plenamente consciente que un lector menos flipado con exyugoslavos raros (Cortázar diría, de forma desafortunada, un lector-hembra) calificará esa valoración como exagerada.
Porque este es un texto exigente y extraño, tan alejado de la novela "decimonónica" como cercano a corrientes, técnicas y autores ligados a la modernidad formal y estilística (si la buena de Drndić leyera esta frase, lo mismo volvía a morirse del susto). O en palabras del propio Andreas Ban, quien tiene mucho de la propia Drndic, este no es libro para quienes buscan una forma "sólida" de formas "regulares" y contornos "armoniosos", conformada por una cascada de palabras "hilvanadas", cuyos personajes se dibujan "matizados", (...), todo ello además en un estilo "pulido",...
O dicho en palabras de este reseñista, EEG es una ¿novela? documental y fragmentaria (¿acaso existe la totalidad?), el larguísimo y solo aparentemente deslavazado monólogo interior de Andreas Ban, "cioraniano" suicida fallido, psicólogo jubilado y extranjero en su propia tierra. En ese monólogo que nos trae a la cabeza a Bernhard, y también al Thomas F. de Askildsen, Ban tratará de ordenar las migajas de la Historia y nos llevará a diferentes épocas y lugares, a historias reales y ficticias que se entretejen y se extienden como redes capilares (porque la Historia nos asalta a cada paso) y que son protagonizadas, mayoritariamente, por los olvidados por la Historia.
Todo ello, ya digo, utilizando elementos de la modernidad: inserción de multitud de citas y referencias (editores del mundo, leed a Drndić para posibles futuras publicaciones), de fotografías, de listas de represaliados (y esto es de justicia. ¿Por qué, en muchas ocasiones, conocemos el nombre de los asesinos y no el de los asesinados), de reproducciones de interrogatorios, etc. Lo anterior liga a Drndić con Modiano o con Bolaño, pero especialmente con Sebald, por la relación de esas herramientas con la construcción de la memoria y la identidad individual y colectiva. Eso sí, lo que en Sebald es niebla y melancolía (o cierta forma de melancolía) en Drndić es oscuridad, rabia y mala hostia.
En cuanto a posibles "defectos" del texto, alguien podría decir que no es necesaria tanta lista, tanto dato. Es posible, pero me parece una forma legítima y acertada de mostrar el horror. La frialdad de una lista o de unos datos puede resultar tanto o más escalofriante que una explicación detallada de los horrores del campo de concentración.
También alguien podría decir que algunas de las historias o personajes que encontramos en EEG aportan bien poco a la ¿novela?. Pero ya decía por ahí que esta es una novela fragmentaria en la que las asociaciones, a veces, son tenues. Y es muy probable que estas se nos puedan, en ocasiones, escapar.
Resumiendo: EEG me parece un libro impactante por su forma de mostrar el horror del siglo XX, un texto que lleva en su interior una fría y extraña poética y que supone un llamado a no olvidar. Aunque eso de recordar para no cometer los mismos errores suene a deseo imposible. Ya nos hemos empeñado en demostrarlo.
También de Daša Drndić en ULAD: Leica Format
Título original: Captain Swing and the Electrical Pirates of Cindery Island
Año de publicación: 2010
Traducción: Rosa Martí
Valoración: está bien
Fiel a mi querencia por los títulos largos e incluso enrevesados, vamos hoy con un cómic que podría dar nombre a un grupo de rock progresivo/psicodélico, ya sea andaluz o australiano... Tiene un cierto regusto bibliófilo, además, porque a más de uno o una de nuestros lectores/as le sonará, sin duda, lo de Capitán Swing, que da nombre a una estupenda editorial española, que por lo general publica ensayos políticos y sociológicos. Pero es que, precisamente, esta editorial toma su nombre del personaje que firmaba las reivindicaciones de la revuelta campesina que tuvo lugar en el sur de Inglaterra en la década de 1830... y que es también uno de los protagonistas de este libro. Con una diferencia: la revuelta real tuvo una carácter que podríamos considerar "ludita", es decir, se debió al perjuicio que la introducción de maquinaria agrícola prodijo entre los asalariados del campo; sin embargo, el Capitán Swing del cómic es, ante todo, un "filósofo natural" e inventor, que considera que la tecnología puesta al servicio del pueblo llano liberará a éste de su servidumbre con respecto a las clases dominantes.
Pero empecemos por el principio: en el Londres de 1830, se han producido algunos horrendos asesinatos de 'bobbies', los policías del cuerpo públicorecién creado y competidor, por tanto de los llamados Corredores de la calle Bow, al servicio de los magistrados del juzgado. Una noche el agente Charlie Gravel descubre a un peculiar, por no decir estrambótico, y sospechoso personaje, que bien pordría ser el famoso Jack el Saltarín. El tipo, a pesar de la intervención de Brock, uno de esos Corredores, consigue huir en un barco volador y ahí comienza la aventura del bobby, que en una noche posterior consigue subir a dicho barco y entrar en contacto con los "piratas eléctricos", comoo el malhumorado Hobbes o la hermosa y temible Polly... No voy a contar más, claro, que el cómic, pese a estar dividido en cuatro libro -supongo que fue publicado originalmente por entregas- tampoco es demasiado extenso y si me paso de frenada, no es que haga spoilers, es que os acabo hablando del ISBN y el código de barras de la contratapa...
Entre las virtudes más destacables del libro están, sin duda, su capacidad para combinar de forma imaginativa y convincente varios elementos más o menos misteriosos de la época -incluyo la electricidad, ya que por entonces Faraday esba llevando a cabo sus experimentos sobre electromagnetismo- para configurar una interesante ucronía. En el apartado gráfico o artístico la historia está ilustrada con una estética steampunk (aunque sería más propio hablar de electropunk, en realidad), que suele atribuirse más a la época victoriana que a esta otra, previa.Es una peno, ya digo, que la oscuridad reinante en la mayoría de las viñetas impida disfrutar mejor de ella.
Título original: Le parapluie de Simon Leys
Traducción: José Ramón Monreal
Año de publicación: 2015
Valoración: Está bien
Hablamos en ocasiones de la fluidez de los géneros literarios, que a fin de cuentas no son más que convenciones para clasificar de alguna manera los textos, que siempre es conveniente organizar las cosas aunque solo sea para colocarlas en una biblioteca pública (y aun en ese caso no siempre están donde deben). En el caso del libro de Pierre Boncenne he terminado por etiquetarlo como ensayo biográfico, aunque en esa parcela se podría colocar solamente una parte del texto, quizá la central, pero escapa de ella en distintas direcciones de manera que cada uno puede elegir la que más le convenga. Los textos promocionales ponen el acento en lo histórico-político, que es lo más vistoso, y reconozco que fue lo que me atrajo del libro. Pero vayamos por partes.
Parece ser que el autor tenía una estrecha relación con el sinólogo belga Simon Leys quien, instalado en Hong Kong, escribió en los años 70 del pasado siglo varios libros criticando el régimen chino de Mao, en particular la Revolución Cultural. En una época en la que buena parte de la izquierda europea, aun con un conocimiento muy relativo del tema, quedó fascinada con la experiencia china, los libros de Leys cayeron realmente mal en este ámbito, singularmente entre la intelectualidad francesa. Como las discusiones políticas eran florecientes y apasionadas, y Leys era polemista pata negra, se multiplicaron los encontronazos en prensa, conferencias y declaraciones.
Relata todo esto Boncenne desde una perspectiva que resulta algo extraña: no aporta ningún dato sobre el fondo (insisto, el régimen de Mao), sino que describe con minuciosidad los enfrentamientos, siempre defendiendo la postura de Leys y ridiculizando la de sus oponentes. El libro tiene así el aspecto de un panegírico bastante encendido, pero más incluso hace pensar en esas gentes de partido que sin detenerse siquiera en los argumentos con que defender una posición, se limitan a ensalzar las opiniones de su líder y, con mayor entusiasmo aún, a defenestrar las de sus adversarios.
No me gusta desde luego el planteamiento, empobrecedor además de reiterativo, aunque tengo que reconocer que la exposición es muy correcta desde el punto de vista formal, incluyendo un tono moderadamente sarcástico que conecta muy bien con la acidez que por lo visto exhibía el propio Simon Leys, a la vista de las numerosas citas, en mi opinión excesivas, que lucen en el libro.
De manera que, por lo que a este texto se refiere, no tenemos acceso a datos concretos sobre el asunto troncal de la polémica sino solo a un cruce de opiniones que parece bastante estéril, en el que el autor toma partido, y de qué manera, sin que acertemos a conocer del todo basado en qué, al margen de la amistad o la admiración. Todas estas polémicas serían mucho más interesantes si en vez de centrarse en la destreza con que cada uno apuñala al contrario, se nos mostrasen informaciones fidedignas en base a las que pudiéramos juzgar. No es desde luego la intención de Boncenne, de manera que nos deja un poco en los márgenes del asunto que habíamos venido a conocer, aunque reconociendo que el libro resulta correcto. Pero solo eso, correcto.
Idioma original: español
Año de publicación: 2026
Valoración: muy recomendable
Cuando Jordá noveló la vida de Anna Ajmátova, ya me pareció una injusticia que la modesta editorial en que publicó la obra no dispusiera de la capacidad de repercusión o promoción que el libro merecía.
Pero Libros del Asteroide (supongo que por el empujón que le han faciltado ciertos éxitos) ya es otra cosa, y sus inconfundibles lomos y portadas empiezan a poblar librerías y bibliotecas, ya hace unos lustros, y con sus lógicos (y algunos ya comentados) altibajos, empieza a erigirse en una poderosa alternativa a los grandes grupos fagocitadores de aventuras editoras.
O sea, supongo que Número cero no parte con esa desventaja, o parte con esa cierta ventaja. Añadamos que, por supuesto, Bob Dylan es una figura notoriamente más conocida que la poetisa rusa. Que el tiempo y el hábitat en que desarrolla su carrera ha sido más proclive a divulgación y transparencia. Aunque debo reconocer formar parte del colectivo que arqueó la ceja cuando recibió el Nobel de Literatura, está claro que su trayectoria musical, su influencia, su empecinamiento por continuar grabando y tocando música lo sitúa en un universo aparte. Historia viva, se dice. Como tal, y como se reconoce en las páginas de este libro, son centenares los libros que se han escrito sobre él.
Aun así, Jordá logra entregarnos un texto único, que funciona en varios planos. Primero, el meramente biográfico, en el que Jordá renuncia a la típica semblanza informativa, cosa que se agradece, no es cuestión de acaparar páginas para lo que es casi del dominio público. Pero es que incluso esa elección, la de un puñado de aspectos de su existencia, algunas anécdotas en detrimento de otras más conocidas, tiene algo de literario, mucho de creativo. Jordá interviene de forma decisiva ahí, deja su huella como autor. Luego tenemos pasajes que se escoran hacia la crónica, en los que el autor comparte experiencias personales de vivencias relacionadas con sus indagaciones sobre el personaje, o no, porque ya en ese punto aventuramos que nos encontramos ante algo que, pese a la aparente humildad de su formato y extensión, registra una ambición subyacente, la de ese Jordá que se bifurca en narrador, cronista, poeta, admirador, incluso crítico musical (o literario, visto lo del Nobel). Y ese plano asoma con poder en capítulos brillantes que trascienden hablar del músico, su existencia y su obra. Jordá se desata e impregna de personalidad esas elecciones de este u otro texto del músico, de esta u otra circunstancia de su existencia, de esta u otra faceta de la personalidad de Dylan.
Hay donde elegir, pero esta es una "biografía" creativa, subliminal, contemporánea, valiosa, marcadamente lúcida y que pone de manifiesto, de forma simultánea, no solamente la importancia de Dylan como referente sonoro, intelectual y cultural, sino la de Jordá para sintetizar una existencia tan notable y prolongada a base de magistrales pinceladas.
Obra (o traducciones) de Eduardo Jordá en ULAD aquí
Idioma original: alemán
Traducción: Alejandro Pantoja Lindemann
Año de publicación: 2026
Valoración: Está bien
Alexander Pechmann comienza este entretenido ensayo sobre la literatura relacionada con el mar contándonos como surgió la fascinación, tanto en él como en su familia, por los temas relacionados con la literatura marítima. Al parecer dentro de la extensa biblioteca familiar, tiene un lugar de honor un amarillento volumen titulado "Tom Cringle´s Log" de Michael Scott que perteneció a su tatarabuelo, marino que llegó al título de contralmirante, que al parecer llevaba el libro en sus innumerables viajes marítimos.
Así pues, esa querencia familiar acaba llevando a Pechman a realizar un erudito ensayo en el que nos invita a realizar un recorrido por los siete mares de la literatura, llamando nuestra atención sobre innumerables autores y obras que tienen el mar como protagonista. Advierte a pesar de todo de que esta biblioteca es "una institución efímera que no aspira a la totalidad ni a la validez eterna. El foco de atención se centra en autores y obras en lengua inglesa del siglo XIX y principios del XX, ya que fueron y siguen siendo definitorios del estilo para todo el género".
A la hora de abordar el ensayo, el autor alemán confiesa que podía haber optado por un recorrido cronológico o dividiendo los capítulos por la nacionalidad de sus autores, pero "la única organización que me parece lógica y que ofrece una buena visión global de la literatura de los mares es la de círculos temáticos. Los círculos pretenden evocar esas ondas que crean los guijarros cuando se lanzan al agua; se extienden en todas direcciones, a veces se superponen y acaban desapareciendo como todo nombra, historia o categoría".
De esta manera nos encontramos con una división en siete capítulos que hace referencia a los siete mares del título del libro: el mar de los mitos, el mar de lo desconocido, el mar de las aventuras, el mar del trabajo, el mar de la calamidad, el mar del miedo y el mar de la pasión. Esa división temática sirve a Pechman para hablarnos de travesías míticas, piratas, motines, tesoros, contrabandistas, monstruos marinos, fantasmas o historias de amor que tienen el mar como fondo.
En cada uno de esos capítulos Pechmann nos va relacionando escritores y títulos de literatura marítima relacionado con cada uno de los temas que aborda. Son innumerables, y lógicamente figuran todos aquellos que podamos imaginar si recordamos nuestras lecturas ambientadas en el mar: Homero, Melville, Conrad, Stevenson, Hemingway, Defoe, Verne, pero también menciona muchos otros menos conocidos, y tanto de unos como otros realiza un exhaustivo análisis de sus obras más emblemáticas relacionadas con los océanos. A menudo, conecta unos libros o autores con otros y nos descubre como algunos están relacionados o emparentados entre sí.
Pechmann realiza un análisis pormenorizado y exhaustivo, nos habla de autores y obras con conocimiento y erudición, pero utiliza un lenguaje conciso y directo, a menudo salpicado de anécdotas personales y familiares y la lectura es amena y enriquecedora. Es cierto que en algunos casos, especialmente cuando se refiere a textos o autores poco conocidos, se puede llegar a producir cierta desconexión con el lector que se puede sentir sobrepasado con tanta información. Nos corresponde a nosotros decidir si nos dejamos llevar por las historias que nos cuenta y nos sumergimos en estas historias marítimas o preferimos quedarnos en la orilla.