jueves, 16 de julio de 2026

Cristina Fernández Cubas: Lo que no se ve

Idioma original: Español  
Año de publicación: 2025
Valoración: Está bien
  
Lo que no se ve agrupa seis relatos de Cristina Fernández Cubas, escritora española que suele bordear el género fantástico y es conocida por sus ficciones sutilmente inquietantes. 

Aunque, a mi juicio, ninguna de las piezas de esta colección está a la altura de las obras maestras de la autora, todas son cuanto menos solventes, e incluso algunas ostentan una chispa. Las hermana su querencia por lo desasosegante, y, exceptuando a "¿De qué se habla en las fiestas?" y "La hermana china", la insinuación de que algo sobrenatural puede estar sucediendo.

Analicemos uno a uno los relatos de Lo que no se ve:

En "Tú Joan, yo Bette", dos hermanas ya ancianas juegan a representar su película favorita de juventud, atrayendo en el proceso a una presencia ominosa. Historia que tiene una escena espeluznante y un desenlace perturbador. A mi juicio, de lo mejor del conjunto.

En "¿De qué se habla en las fiestas?", una chica descubre su propia crueldad al analizar su relación con su compañera del instituto. Historia funcional, aunque demasiado simple.

En "Momonio", una mujer que evoca sus años universitarios recuerda cómo su grupo de amigos se desmanteló cuando intentaron invocar al Otro durante una borrachera. Quizá la historia que más me ha decepcionado del volumen, aunque admito que es porque pensaba que iba en una dirección y al final se acaba decantando por otra igual de válida pero que se antoja menos cruda y más formulaica.

En "La hermana china", dos hermanas con nombres de plantas ejercen la una sobre la otra un efecto harto curioso. Historia funcional, aunque demasiado simple.

En "Il Buco", un hombre maduro que ha viajado a una ciudad italiana para acompañar a su joven pareja accede a la zona en obras de una catedral, donde recibirá un mandato con consecuencias imprevistas. Historia que tiene una imaginería sugerente y unas implicaciones interesantes para el protagonista. A mi juicio, de lo mejor del conjunto.

En "Candela Viva", una mujer descubre, tras estar a punto de ser atropellada, que en su barrio hay un establecimiento muy singular. Efectivo, sobre todo en la creación de su atmósfera, aunque demasiado simple y lineal para mi gusto.

Resumiendo: los seis relatos de Lo que no se ve están bien. Sin embargo, palidecen al enfrentarlos a otros de Fernández Cubas, y sólo dos de ellos me parecen verdaderamente destacables.


También de Cristina Fernández Cubas en ULAD: Aquí

miércoles, 15 de julio de 2026

Jose Serralvo: La sombra de los perros románticos

Idioma original: español

Año de publicación: 2026

Valoración: casi imprescindible

Veintitrés años sin Bolaño, y, quizás por incomparecencia de mejores candidatos alternativos, el mito en torno a su persona se mantiene y ejerce un magnetismo pulsátil, recurrente, de hecho su influencia sobre una generación de autores en cualquier idioma constituye una sombra (que tanto puede proteger como amenazar) que condiciona, igual a partes iguales, tanto a la crítica como a la producción literaria, afanadas en acercarse al nivel de sus obras magnas. Esquilmados sus cajones, sus discos duros, indagada su correspondencia, sus entrevistas, su siempre percibido como escaso material audiovisual, sometida su obra a sesudos análisis que exaltan la telaraña urdida en sus tramas, puesta en contexto y pergeñadas todas las teorías sobre su condición literaria, resulta que uno podría decir que estaba casi todo, pero Jose Serralvo marca un hito aquí.

Obviamente, desde una admiración rendida y con las dosis (advertidas y necesarias) de especulación, de aderezo narrativo para aportarle continuidad y cierto grado de suspense, una biografía de Bolaño podría componerse picoteando aquí y allá, porque a poco que uno se haya interesado, conoce los grandes hitos: la estancia en México, una corta y osada aventura en el Chile de Pinochet, la llegada a Barcelona, los trabajos precarios, el descubrimiento, su temprana muerte. Serralvo se ha alejado de esa estructura wikipédica y ha aportado oficio. El oficio de un escritor que está, por supuesto, contaminado por el talante irónico y gamberro del chileno que nunca llevaba la contraria, pero que carga con la responsabilidad con todo el gusto, y aporta estilo propio, notas a pie de página que aportan (y ya puestos, que recuerdan a otro genio desaparecido), ciertas subtramas, fruto de conjeturas, y ciertas, no, acerca de su familia, sus orígenes, amigos - algunos -, enemigos - no tantos - parejas - bastantes - y, sobre todo, de ese colectivo literario que pululó a su alrededor, del cual era miembro, gurú, ideólogo y abeja reina. Porque, por encima de todo y arrinconando con contundencia y habilidad los bulos - lo de la heroína, sobre todo - leer una biografía como esta de Bolaño - supongo que habrá otras - activa el gatillo no solo de leer su obra íntegra y analizar su progresión, también el de acudir a sus influencias a ver de cómo funciona lo de causa y consecuencia, a ver si su espíritu bromista incluía cierta exageración en el ensalzamiento de sus dioses literarios, si estuvo al día hasta el último momento.

Paro. Parafrasearía algunas de sus expresiones, incluso alguna de la que, a base de atiborrarme de todo lo relacionado con él, ya he perdido el rastro del origen. Aquí las hipérboles están justificadas. Al margen del interés que puedas tener sobre Roberto Bolaño, aquí se ha conseguido, y no solo por un lógico mimetismo, desarrollar un artefacto literario con voz y personalidad propia.

Muchísimas reseñas de Bolaño en ULAD: aquí

martes, 14 de julio de 2026

Julian Barnes: Despedidas

Idioma original: inglés 

Título original: Departure(s)

Año de publicación: 2026

Traducción: Jaime Zulaika

Valoración: recomendable

Si alguien lo recuerda, en la reseña dedicada a Mis cambios de opinión, comentaba que ese libro no  era el último que iba a publicar Julian Barnes, que a su ya respetable edad une el padecimiento de una grave, aunque cronificada enfermedad. Así pues, el último, de verdad, es éste al que dedicamos la reseña de hoy, convenientemente titulado Despedidas (aunque yo prefiero el título original, Departure(s), que en inglés tienen el sentido de "salidas" o "nuevos rumbos", que me parece más adecuado).

La trama -si es que existe alguna- de este libro (me resisto a llamarlo novela) resulta, cuando menos, bastante escurridiza: digamos que, en principio, Barnes nos cuenta la historia de amor/desamor de dos amigos suyos, en dos momentos de sus vidas separados por un intervalo de cuarenta años. Pero también encontramos una crónica del diagnóstico de la enfermedad que padece -un cáncer de la sangre, neoplasia mieloproliferativa, que no lo matará, pero le acompañará hasta su muerte-, disgresiones sobre la memoria -sobre todo de lo que se conoce como IAM: Involuntary Autobiographical Memory-, digresiones sobre la muerte, digresiones sobre la literatura -en especial la francesa, que ya se sabe que M. Barnes es un notorio francófilo-, sobre la percepción que los perros tienen de sí mismos, sobre la asimetría en las relaciones amorosas, sobre... en fin, lo que sea, porque si en algo es especialista este escritor es en lo de digredir, algo que se le da de maravilla (de hecho, algunos de sus libros, entre ellos el más célebre, El loro de Flaubert, no dejan de ser sino una digresión detrás de otra). Ningún problema, pues, excepto que, quizás, en algún momento se desdibuja un tanto los temas centrales del ibro, que vienen a ser los que ya he mencionado: el amor, la vejez, la memoria y la muerte (tiene su lógica, primero porque ya son temas tratados anteriormente por Barnes en otros títulos, pero, además, porque eas de suponer que ocupan bastante los pensamientos de cualquier persona, sea escritor o no, de ochenta años y con un cáncer "incurable,  aunque tratable" ya de por vida). Con todos estos asuntos y más, de los que, en apariencia, va saltando de uno a otro sin orden ni conciertos, en realidad Barnes va tejiendo una urdimbre a base de divagaciones, reflexiones, recuerdos, hasta que el lector (este lector, al menos, que probablemente esea más obtuso que otros) se da cuenta de que todo va formando un cuadro, un tapiz que probablemente el autor ya tenía en mente desde que comenzó a escribir el libro, pero que ha preferido mostrarnos poco a poco, por medio de una conversación amistosa y ligera, entre viejos camaradas. Este tono amable y poco dramático, aun cuando se estén tratando cuestiones de la vida bastante graves, o incluso espinosas, es una especialidad de Barnes, como sabrá quien ya haya frecuentado su obra y, la verdad, se agradece que sea el elegido, de nuevo para éste su último libro.

Un segundo aspecto del libro, algo más delicado para éste vuestro servidor, es el gran e incuestionable peso que tiene en el mismo lo que podríamos denominar "el aspecto autobiográfico" (obvio eufemismo para no tener que recordar la palabra maldita: autoficc...bueno, ya sabéis). Pero, bueno, es verdad, por otr parte, que lo de la autoficcetc. no es sólo una moda a seguir para Barners, sino que toda su obra esta llena de referencias a sí mismo y sus circunstancias. Y, qué coño, es el último libro de Julian Barnes, que tiene ya ochenta años y un cácer "incurable pero tratable". Hasta yo lo puedo (y lo debo). pasar por alto, así que no problem...

En fin, como ya sabrá más de uno y una de nuestros amables lectores/as, el próximo mes de octubre este escritor recibirá el Premio Princesa de Asturias de las Letras, artefacto propagandístico de la monarquía española que, por una vez, sirve para algo (*). Quien quiera y pueda acercarse al teatro Campoamor de Oviedo tendrá la oportunidad de despedirse en persona, siquiera a distancia, de este nuestro estimado.  autor. Pera para ellos y ellas, así como para el resto de nosotros, la despedida no es definitiva: nos quedan la lectura y la reslectura de todos los demás libros que ha escrito y la sensación, la ilusión, si se quiere, de estar dialognado con un amigo amable y ocurrente, al menos mientra dure esa lectura. Por eso al menos yo no me despediré aún de Julian Barnes, sino que esto será, en todo caso, un "hasta pronto". Y, sobre todo, muchas gracias por todo lo escrito: ha sido y continuará siendo, un placer.

(*) Se trata, si se quiere, de un premio de consolación aunque magro, por no haber recibido el Nobel, para el que, en mi opinión, Julian Barnes había acumulado más méritos que Ishiguro, escritor de su misma generación... Ahora, bien, el propio Barnes, cuando es requerido al respecto, suele recordar que a Ismail Kadaré tampoco se lo concedieron y eso sí que supone una injusticia...

También del ya añorado Julian Barnes en ULAD: Todos éstos

lunes, 13 de julio de 2026

Moa Romanova: Todo mal

Idioma original: sueco

Título original: Alltid fucka upp

Año de publicación: 2024

Traducción: Alba Pagán

Valoración: Está bien


De vez en cuando me gusta darme una vuelta por el mundo de la novela gráfica (cómic, o como quiera llamarse), que es un género que desconozco casi por completo. Y la verdad es que casi todo lo que ha caído en mis manos parece tener unos rasgos comunes bastante marcados: tono sombrío, soledad, violencia, problemas de identidad, falta de alternativas, lo que sería un punto de vista punk manifestado con frecuencia en un lenguaje expresionista. Supongo que tiene sentido si consideramos que el cómic pertenece básicamente a un ecosistema juvenil, y por tanto tiende a mostrar las amenazas que ese público siente sobre sí.

Por ese mismo camino se mueve este libro de la artista sueca Moa Romanova, subtitulado Un cómic goblin (Goblin girl en la versión inglesa), entendiendo goblin, digo yo, mejor en la acepción más urbana de vago o apático (le iría muy bien al Oblómov del que hablábamos hace unos días) que en la relacionada con la delincuencia, que de eso no hay aquí apenas nada. Moa, que parece autorretratarse en esta historia, es una chica joven, inadaptada y con cierto rasgo depresivo, que conoce por Tinder o similar a un famosillo cincuentón. Aunque este le ofrece financiar su actividad artística a cambio de nada, Moa no ve que esa relación le saque de su atonía, sino que más bien está contribuyendo a aumentar su confusión. Consejos de amigas, algunas fiestas y decisiones contradictorias forman el paisaje de la protagonista, posiblemente con algún problema de salud mental, o eso parece, pero también muy marcada por algo así como una pérdida absoluta de brújula con que orientarse.

Ni el personaje ni su situación son por tanto demasiado rompedores, ni siquiera novedosos, pero está bien transmitido ese ambiente de soledad profunda, incomodidad consigo misma y con el mundo. La sensación de camino sin salida o de laberinto incomprensible no conducen sin embargo a la desesperación, como podría esperarse, sino a una situación ciega, una especie de stand by en el que dibujar (de alguna manera autorretratarse) no parece siquiera una escapatoria, sino un simple acompañamiento.

Poco puedo decir del aspecto gráfico, que parece adoptar una especie de feísmo quizá para expresar con mayor contundencia el vacío y el desconcierto que rezuma todo el relato. No es por tanto una estética amable pero sí eficaz, porque rebosa expresividad solo a base de pequeños rasgos faciales, algo que me parece bastante meritorio. La atmósfera es en general oscura y algo desolada, lo que se subraya mediante unos cuantos planos amplios llenos de soledad, y apenas un par de tonos pálidos (rosa, azul) que se combinan con el blanco y negro básico.

Me parece entonces un relato correcto, sin más, que vuelve a incidir en temas clásicos, con un enfoque quizá más intimista y menos desgarrado de lo habitual, al que se agradece que evite ciertos excesos y la tentación de soluciones efectistas y demasiado fáciles.


domingo, 12 de julio de 2026

Constantino Molina:Niño parabólico

 Idioma original: español

Año de publicación: 2025

Valoración: Recomendable


Resulta difícil aproximarse a la reseña de un libro como Niño parabólico. Es un libro que no acaba de encajar en ningún género concreto. Tiene momentos en los que se acerca al ensayo, otros a la novela costumbrista y algunos también a la novela autobiográfica. Así pues, todos los géneros caben en esta novela caleidoscópica en la que Constantino Molina pretende un acercamiento a lo cotidiano desde una perspectiva muy personal.

Molina ha cultivado con anterioridad la poesía, género en el que ha cosechado algunos galardones, entre ellos el prestigioso premio Adonais, y nos entrega en esta ocasión su primera novela. Una novela en la que nos invita a pasear por Madrid, especialmente por el barrio en el que reside, Argüelles, y en ese deambular nos va transmitiendo tanto sus vivencias actuales, como las de su infancia. En esta ciudad caótica y acelerada reivindica la importancia de pasear, de dejarse llevar por los pequeños estímulos que todavía encierra la ciudad y  crea una dinámica de la contemplación a la que pretende que nos unamos.

Desde la divertidísima anécdota inventada de la niñez del escritor que da título al libro hasta las bondades del pandorino frente al bollycao, todo cabe en este libro. Los paseos por el parque del Oeste, la impresión de un tomate en 3d que se convierte en objeto de escritorio, la vida de Montaigne, la tumba de Goya, las bondades del brandy, la contemplación de unas improbables auroras boreales o la búsqueda del recogimiento en las iglesias del barrio. No debemos, no obstante, quedarnos en la superficie de las anécdotas que van salpicando el libro, debemos acompañar esas anécdotas con las jugosas reflexiones personales que va desgranando el escritor: "Mi único patrimonio es el instante, porque vengo de la nada y voy hacia la nada. Mi única ambición es vivir la vida en mí, con serenidad y con buen gusto, entre la gravedad y la ligereza, con amor e inteligencia".

Este es un libro narrado de forma muy poética, superficial cuando tiene que serlo, pero profundo cuando lo precisa. Humilde en su enfoque, pero ambicioso en sus resultados. Molina nos transmite una filosofía vital basada en un concepto más humano y menos material de la vida: "Nos amargamos la existencia voluntariamente trabajando durante más tiempo del necesario en cualquier empleo alienante para ser más y tener más. ¿Más que? Más nada y sólo nada. Y todo por no levantar la cabeza y mirar las estrellas".

Como nos advierte con total sinceridad, el escritor albaceteño pensaba que era el momento de dedicarse a la ficción y por ello tiene la poesía en tiempo de barbecho: "ahora me dedico más a esto de la prosa, es decir a la ficción, porque todo lo que no es poesía es ficción. Y la tengo aparcada por no reiterar, no por otra cosa". 

Pues, en principio, este ejercicio de ficción autoimpuesta se ha saldado muy positivamente y más teniendo en cuenta la humildad con que el escritor se aproximo a él: "Lo que a un escritor le vale no es la posteridad. Uno no trabaja en esto para ganarse la gloria venidera, el hueco en Wikipedia o en la memoria de un muchacho de instituto que debe acumular el dato para aprobar y poder irse así con el deber cumplido y los padres contentos de viaje de fin de curso a Tenerife. Lo que a un escritor le vale es el ahora, porque la literatura es ambición, pero una ambición del ahora y del instante".

sábado, 11 de julio de 2026

Anna Starobinets: El vado de los zorros

Idioma original: ruso
Título originalЛисья заводь
Año de publicación: 2025
TraducciónViktoria Leftérova y Enrique Maldonado
Valoración: placentero

Tenía tiempo de no leer una historia que contara simplemente una historia, con sus personajes, sus acciones, sus dramas, y aderezado con una imaginación portentosa, sin que sea evidente que confluye en la narración la biografía de la autora, con un ritmo rapidísimo, escenas potentes, diálogos y más diálogos, en fin, todo aquello que nos hace disfrutar de un libro como si fuéramos nenes otra vez. Setecientas páginas que ni se notan.

En algún lado leí que la trama obedecía más a la lógica de una serie de TV, y en un punto tiene razón, para lo bueno y para lo malo. Incluso diría que también sigue ciertos preceptos de un videojuego de mundo abierto, con sus misiones a lo recadero.

La historia comienza con Maxim Cronin siendo hipnotizado por el coronel Gleb Aristóv. En un primer momento no sabemos por qué ocurre lo que ocurre, por qué la hipnosis y por qué a la escena la contemplan Yelena, la esposa de Cronin, y Jünger, el hermanastro de ella; lo único que sacamos en claro, además de la época ambientada, 1945, es que Cronin es poco menos que un personaje excepcional, poseedor de todos los trucos por su formación circense, además de ciertos poderes mentalistas (que se dan a entender más que explicar; toda la novela transcurre en un ambiente entre fantástico y desconcertante, como si en cualquier momento se desataran los sellos del apocalipsis).

Cronin acaba en un campo de trabajo destinado a las minas de uranio. Allí, junto con dos ladrones/pandilleros que serán, de manera recurrente, importantes para la trama, se escapa y pasa, a través de unos contactos chinos, a Manchuria. Mata a un capitán de la inteligencia y se hace pasar por él cuando llega a Lisi Brody, un pueblito entre campechano y maldito. Todo esto para conseguir imformación sobre el paradero de Yelena.

No cuento más porque la novela realmente es compleja y ambiciosa. A la pérdida de la memoria de Cronin, o más bien dicho, a la imposibilidad momentánea de acceder a sus recuerdos por culpa de Áristóv, se le suman los escuadrones de guerra biológica que se desarrollaban en Japón, la mitología manchuriana, con la transformación de personajes en raposas de tres colas, cada una de ellas con sus poderes distintivos, la culpa. el recuerdo de los muertos (de una forma literal: Cronin charla con todos sus muertos), la infiltración en los sueños, el delirio de un nazi para conquistar el mundo (seguramente lo más flojo de la novela), un elixir de la inmortalidad, un ejército de terracota que duerme en el tronco de un árbol, oro maldito, un asesino milenario que ya no tiene alma, un maestro chino que ha sido y será cualquier cosa que quiera ser, entre otras. Se hace difícil resumirlo en pocas palabras. Solo diré que es un placer leerla. Es una historia bien contada y con toneladas de alegría por el acto de escribir.

Por otro lado, también tengo algunas críticas: como buena serie de TV (en sus tropos, no en sus bondades) toma ciertos deus ex machina, sobre todo al final, que a uno lo dejan pensando ¿tanto lío para esto? También los diálogos a veces pecan de explicativos, como si la autora tuviera miedo de que nos olvidáramos lo que hacen las raposas, por citar un ejemplo. Se respetan muchas convenciones de un pueblito misterioso: las amas de casa temerosas, los ancianos sabios, los vagos que no saben qué hacer de su vida. Ciertos desarrollos de personajes parecen prometer más y terminan en nada, e incluso el objetivo central de Cronin se diluye a mitad de la historia y sus preocupaciones pasan a ser otras (la ocupación del capitán al que asesina y la estadía en Lisi Brody, que parece breve, ocupan todo el libro, y esa decisión parece escrita más sobre la marcha que un punto fijo de la trama). En fin, que a cambio de obtener una lectura muy disfrutable, como un río que discurre sin baches, también uno tiene que lidiar con argumentos discutibles, decisiones apresuradas, incluso un ligero alargamiento de la historia sin ton ni son. Básicamente lo que uno le puede reprochar a una serie de televisión más que a un libro per se, y es por eso que, aun poniéndole una valoración muy positiva, no puedo dejar de lamentar cierta falta de ambición narrativa (no solo en lo formal, que también; hasta no pasar las primeras cien páginas a uno se le atraganta ese tono entre lo pretencioso, lleno de sentencias, y lo poético que suena así solo por una forzada elección de palabras), la sensación de que, a pesar de tener un crisol de personajes, pocos quedan del todo definidos, sacando a Cronin, y, sobre todo, el exceso de tramas abiertas (en las últimas partes se seguían abriendo más hilos, y hablamos de una novela de setecientas páginas) que terminan por cerrarse de una manera apresurada. 

Más allá de eso, recomiendo altamente la lectura. Para todo aquel que quiera volver a sentirse un nene, un adolescente leyendo con fruición, con cierta calidad narrativa y una historia que toca todos los puntos, como los clásicos rusos, este es su libro, si saben perdonarles ciertas características que pertenecen más a lo audiovisual que a lo literario.

También de Anna Starobinets acá

viernes, 10 de julio de 2026

Colaboración: Abejas grises, de Andréi Kurkov

Idioma original: Ruso

Título original: Серые пчёлы

Traducción: Esther Cruz Santaella

Año de publicación: 2018

Valoración: Muy recomendable (alto?)


Hacía tiempo que una novela no me dejaba ese sabor de buena literatura, esa sensación certera de estar leyendo algo sólido, de calidad inapelable. Las Abejas grises del ucraniano Andréi Kurkov lo han conseguido.

El libro narra la historia de Serguei, un hombre de mediana edad, solitario y taciturno, que decide quedarse en su pueblo de la cuenca del Donetsk pese a los enfrentamientos con Rusia tras el llamado Euromaidán. Bueno, decir que “decide quedarse” quizás sea excesivo: se queda como por inercia, porque desde que su mujer se marchó llevándose a su hija con ella, Serguei tiene poca motivación para tomar decisiones tan grandes. Además, aunque casi todos los vecinos han abandonado el lugar, quedan algunas personas que le hacen el día a día más llevadero. Y luego están sus abejas: Serguei es apicultor, y sus abejas valen mucho para él, no solo porque le supongan una fuente de ingresos, sino también porque, a su manera le hacen compañía. 

A pesar de la precaria situación de la zona, Serguei tiene una vida relativamente apacible. Sin embargo, cuando llega el verano y es el momento de que sus abejas vuelen libres, la realidad del conflicto militar le lleva a tomar la decisión, ahora sí de forma plenamente consciente, de irse a otra región menos peligrosa. Primero pasa un tiempo en otro pueblo ucraniano, y luego va a Crimea, a visitar a un amigo apicultor. Con el fin de la temporada, Serguei regresa a su pueblo, donde espera retomar su simple cotidianeidad. 

Con este argumento podría pensarse que la novela está construida como una especie de road-trip, pero no es así: la primera mitad del libro transcurre en el pueblo de Serguei, e incluso cuando comienza su viaje, la atención no está puesta en los traslados. Podría pensarse también que es un libro de guerra, un libro político, pero tampoco es exactamente eso: la guerra está presente, por supuesto, mas solo como un marco circunstancial. De lo que habla esta novela es de la vida humana en sí misma, de lo difícil y absurda que es.

La historia está contada en tercera persona y desde el punto de vista del protagonista, al que, poco a poco, sin artificios, vamos conociendo a través de sus acciones y, sobre todo, de sus reflexiones. Por eso, aunque en la novela pasen muchas cosas, la sensación de acción es relativamente pequeña, el libro parece casi lento. Y sin embargo le atrapa a uno desde el principio. Porque ver el mundo con la mirada sencilla y sin pretensiones de Serguei es un ejercicio existencialista tan sincero que resulta fascinante. Sin sentimentalismo ni afectación, uno disfrutaría de él en cualquier contexto. Pero si además el contexto en cuestión es un conflicto bélico, las reflexiones de nuestro protagonista cobran una profundidad más allá de lo meramente anecdótico: nos ponen de frente a situaciones universales. Porque la guerra, desgraciadamente, es universal. Y la decencia, afortunadamente, también lo es. 

Abejas grises deja un poso de melancolía optimista maravilloso. Esta es mi primera reseña en este blog y no me atrevo a darle la clasificación mayor de imprescindible. Lo dejo en un muy recomendable, ¡pero es un muy recomendable como una casa! 

Firmado: Yaiza P.


jueves, 9 de julio de 2026

¡Giveaway! Kelly Link: A mí no me engañas

Idioma original: Inglés

Título original: Get in trouble

Traducción: Maia Figueroa Evans

Año de publicación: 2015

Valoración: Recomendable

(Para el Giveaway, ir al final de la reseña)

Como explicaré más abajo, llegué a Kelly Link por recomendaciones de internet mientras buscaba, específicamente, literatura de terror reciente. Grave error. Debí haberme quedado con las recomendaciones de ULAD, como deberían hacer todos ustedes. Que, por cierto, también me llevó a leer algunos libros muy buenos (Fundido a negro, Vivir abajo, Hex), pero ninguno era exactamente lo que yo estaba buscando.

A mí no me engañas reúne nueve cuentos que, estirando bastante la liga, podrían catalogarse dentro del género de terror. Aunque quizá sería más justo decir que son cuentos extraños, inclasificables: a veces con un tono cómico, fantástico, romántico, melancólico, a veces deliberadamente absurdo.

Todos los cuentos me parecen bien escritos. Se nota el talento de Kelly Link como narradora y entiendo perfectamente por qué tantos lectores la consideran una autora original. Sin embargo, acaso por su extensión, por su apuesta por la ambigüedad o por esa voluntad de no cerrar del todo sus historias, la mayoría me parecieron más ejercicios de estilo, o divertimentos muy sofisticados, que cuentos verdaderamente sólidos.

Entiendo que la ambigüedad puede ser necesaria cuando se quiere crear una atmósfera de aprensión. No todo misterio debe resolverse. Pero en muchos de estos cuentos sentí que la ambigüedad no intensificaba el horror, sino que lo sustituía. Las historias comienzan enrarecidas, avanzan con elegancia, acumulan elementos sugerentes y luego terminan más o menos en el mismo estado en que empezaron: sin un clímax claro, sin una transformación significativa y sin una consecuencia emocional realmente contundente.

Quizá el problema fue de expectativas. Yo llegué buscando un libro que me asustara, que me incomodara, que me obligara a prender la luz con cierta vergüenza. En cambio, encontré una colección inteligente, imaginativa y literariamente cuidada, pero mucho más interesada en la rareza que en el miedo.

Por cierto, la portada es horrible. No le hace justicia para nada a los cuentos.

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Aprovecho esta reseña para hablar un poco más sobre el horror como género literario.

Más allá del objetivo comercial de clasificar la ficción en distintos géneros, estas etiquetas resultan útiles cuando uno busca una experiencia específica. Si uno quiere echarse una lagrimita, ahí está el drama; si lo que busca es descubrir nuevos mundos y escapar de la realidad, la fantasía cumple muy bien su función. Pero yo me pregunto: ¿qué ha pasado con el horror?, ¿cuál es su objetivo en la actualidad?

No podemos negar que a nadie mayor de ocho años le da miedo Chucky, el muñeco diabólico, o Drácula. Cthulhu sirve más para generar mercancía de pulpos kawaii que para producir angustia cósmica, y Stephen King, más que asustarnos, parece a veces empeñado en explorar un catálogo de obsesiones sexuales bastante cuestionables.

Recuerdo esos años inocentes en los que películas como El aro o El exorcista sí lograban perturbarme. Pero, fuera del recurso barato del jump scare, me cuesta trabajo recordar alguna película reciente que realmente me haya dado miedo. Quizá Hereditary consiguió provocarme cierta aprensión. Pero incluso Obsession, que a mi gusto está sobrevalorada, me parece una creepypasta glorificada.

Y si las películas, con todos sus estímulos visuales y auditivos, apenas consiguen arrancarnos sobresaltos ocasionales, ni qué decir de la literatura, que depende casi por completo de la imaginación del lector.

Por eso me di a la tarea de buscar ficción de horror reciente, para ver si todavía le hacía honor a su género. Sin embargo, lo primero que encontré fue que el horror, por sí solo, parece ya no ser suficiente. Muchas obras necesitan mezclarse con otros elementos (humor, drama familiar, crítica social, investigación criminal, trauma psicológico) para volver más llevadera la lectura o para justificar su existencia más allá del simple intento de provocar miedo.

Tal vez el problema no está del todo en los libros. Tal vez el problema soy yo. Quizá la desensibilización producida por todo lo que veo a diario en internet ya me tiene el cerebro frito. Las escenas supuestamente perturbadoras, cuando no me parecen aburridas, terminan interesándome por otras razones: por la prosa, por la atmósfera, por el comentario social, por la construcción de personajes. Eso me pasa, por ejemplo, con los cuentos de Mariana Enriquez.

Tengo, por lo tanto, algunas opiniones concretas sobre el género de horror:

  1. El horror propiamente dicho (es decir, aquel cuyo objetivo principal es generar miedo en el lector) es, en realidad, un subgénero de la literatura infantil. Dicho de otro modo: solo los niños se asustan de verdad.
  2. El horror es un género muerto, como las epopeyas.
  3. El horror es (y tal vez siempre lo ha sido) una etiqueta que ha terminado por significar que una obra incluye ciertos elementos reconocibles: muerte, locura, monstruos, posesiones, casas embrujadas, cuerpos mutilados, entidades inexplicables, etcétera. Sin embargo, esos elementos pueden utilizarse para evocar muchas emociones distintas (incomodidad, tristeza, repulsión, fascinación, angustia) sin que necesariamente produzcan miedo.
  4. Soy un ignorante y simplemente no he leído una obra de terror realmente buena, por lo que más me valdría cerrar la boca.

Y como no estoy cerrado a la posibilidad de que este último punto sea el correcto, decidí hacer este giveaway.

Quiero leer un libro que de verdad sea aterrador, perturbador, angustiante; uno que me obligue a aceptar que el problema no era el género, sino mi ignorancia. Así que esta vez la recomendación vendrá de ustedes.

Estos son los términos y condiciones:

  1. Escriban en la sección de comentarios el título y el autor del libro que recomiendan.
  2. Leeré todos los libros que mencionen. Además, reseñaré en el blog aquellos que todavía no estén presentes.
  3. La persona que recomiende un libro capaz de generarme auténtico distrés emocional, miedo, incomodidad o una crisis existencial medianamente respetable, será acreedora a un libro o manga de su elección enviado desde Japón*.

Así que ya saben: dejen sus recomendaciones. En breve les contaré cómo termina este experimento y si termino aceptando públicamente que he estado hablando desde la más absoluta ignorancia. De no lograr su objetivo, todos los que dejen recomendaciones, sepan que me hicieron perder mi tiempo.

* Limitado a países de habla hispana donde llegue el servicio del Express Mail Service (EMS).

miércoles, 8 de julio de 2026

António Lobo Antunes: El orden natural de las cosas

Idioma original: portugués 
Título original: A ordem natural das coisas
Traductor: Mario Merlino  
Año de publicación: 1992
Valoración: Muy recomendable
 
Este año murió, antes de tener la oportunidad de ganar un Premio Nobel que habría sido muy merecido, António Lobo Antunes, el otro gran escritor portugués de finales del siglo XX y principios del siglo XXI (creo que no hace falta decir cuál es el uno). Deja una obra inmensa, compuesta fundamentalmente por un corpus de novelas, prácticamente a un ritmo de una por año desde mediados de los años 80, que crean un panorama y un diagnóstico (al fin y al cabo, Lobo Antunes era médico) del Portugal anterior y posterior a la Revolución de los Claveles de 1974. 
 
A este propósito responde precisamente El orden natural de las cosas (1992), que junto con el Tratado de las pasiones del alma (1990) y La muerte de Carlos Gardel (1994) compone lo que se ha llamado la trilogía o ciclo de Lisboa. En efecto, la compleja y ramificada narrativa de esta novela nos presenta las vidas de un conjunto de personajes, desde mediados del siglo XX, en pleno Estado Novo (el régimen autocrático dirigido durante décadas por Salazar) hasta poco después de la llegada de la democracia. 
 
No será fácil para el lector conseguir entender exactamente quiénes son estos personajes; las cosas en las novelas de Lobo Antunes casi nunca son fáciles. Serán necesarias probablemente dos lecturas del texto, o un bloc de notas y un bolígrafo, para conseguir reconstruir el árbol genealógico de la obra - porque, como en otras novelas de Lobo Antunes, en el centro de la trama se encuentra una familia, los Valadas, un conjunto de "vencidos por la vida": el padre, que representa la figura patriarcal tan típica de la obra loboantunesiana, y sus hijos, Jorge (militar acusado de conspirar contra el Estado Novo y encarcelado y torturado por ello); Fernando, el "estúpido" de la familia; o Julieta, la hija loca encerrada en casa que respondería al tópico de la madwoman in the attic (a pesar de lo cual se queda embarazada del hijo de la costurera). A ellos se unen las tías Maria Teresa y Anita; la familia de Iolanda, una chiquilla diabética que se empareja con el sobrino bastardo de los Valadas, varias décadas mayor que ella, o también un misterioso escritor sin nombre que contrata a una especie de detective privado, ex-agente de la PIDE (la policía política del salazarismo) y actualmente formador de hipnotistas, para que encuentre, por motivos no demasiado claros, precisamente a este sobrino.
 
Solo este breve resumen ya podrá dar idea de la complejidad de la novela; ¡pero no se vayan todavía, aún hay más! (Si has entendido esta referencia, es hora de que te compres unas gafas de cerca). Porque esta novela, como también muchas otras del autor, es una obra polifónica; de hecho, cada uno de los cinco "libros" que la componen está narrada por no una sino dos voces diferentes, que el lector deberá identificar por su cuenta y riesgo - diez narradores en total. Y no solo eso: como es también marca de la casa para Lobo Antunes, cada una de estas voces está a su vez traspasada por otras voces: las de las personas con las que los narradores interactúan o dialogan, y también las voces que provienen de la memoria, a veces traumática, a veces consoladora, y muchas veces convertida en estribillo obsesivo. La memoria, y sobre todo la memoria de la infancia, es siempre un fantasma recurrente en la vida de los personajes, como un refugio al que querrían volver y no pueden. (En este sentido, Sobre los ríos que van sería la cristalización máxima de este eterno retorno a la infancia de un Lobo Antunes ya crepuscular).
 
La novela presenta, por lo tanto, desordenada y retrospectivamente, la vida de varias generaciones de una familia (o dos, si incluimos a la familia de Iolanda), atravesada por la historia reciente de Portugal: la guerra colonial, la descolonización, la represión del régimen salazarista, la revolución o la llegada de la democracia; pero a diferencia de otros textos, en esta novela la historia es apenas un trasfondo y no un núcleo, y cabría decir que su lugar lo ocupa el espacio: la ciudad de Lisboa. Es de hecho una novela extremadamente cartográfica, en la que abundan los topónimos y los espacios simbólicos; pero con raras excepciones, no se tratará de los espacios "turísticos" de Lisboa, sino de espacios periféricos (la "Estrada do Tojal", en la Benfica tan querida por Lobo Antunes pero ya cerca de los límites de la ciudad, o la proletaria Alcántara) o degradados (como el eje Rua Madalena - Martim Moniz - Rua Benformoso - Almirante Reis, con sus tascas y sus pensiones, sus restaurantes y su prostitución). Se trata por lo tanto de una Lisboa en la que estos "vencidos por la vida" encajan y transportan sus respectivas soledades entrelazadas; y en la que diversas violencias, dirigidas en muchos casos contra los más vulnerables (migrantes, prostitutas, enfermos mentales o físicos...) son retratadas en toda su crudeza.
 
Probablemente una novela con estos elementos sería demasiado pesada y agobiante como para ser soportable, o por lo menos disfrutable, si Lobo Antunes no tuviese la inteligencia y/o la sensibilidad de incluir también elementos que la aligeran. Así, por ejemplo, la brutalidad de la violencia y la crudeza de lo fisiológico se combinan con un ocasional lirismo, sobre todo en la presentación de relaciones amorosas; por ejemplo, el primer libro contiene el largo monólogo del sobrino que, inconsolablemente enamorado de Iolanda y consciente de la diferencia de edad y de sentimientos, habla con ella en un tono que mezcla lo nostálgico con lo poético y con lo rijoso. La novela tampoco carece de humor, un humor cruel a veces pero también absurdo, exagerado, bizarro, próximo del esperpento cuando, por ejemplo, el padre de Iolanda agujerea una cañería e inunda Alcántara de excrementos; o cuando su hermana, que tiene unos descomunales piedras en los riñoes, recibe reprimendas y desprecios de los médicos que la tratan por empezar curarse, porque estaban deseando que se muriese para estudiarla como caso clínico. El inconfundible estilo del autor ("nadie escribe como yo", solía decir, y tenía razón) también contribuye para elevar el texto más allá de cualquier tentación puramente naturalista.
 
El orden natural de las cosas (título que aparece referido dos veces en el texto, y que parece referirse a la sumisión de los personajes al destino a la realidad social, sin capacidad o voluntad de oponerse a ellos) es por lo tanto una novela de extrema complejidad; exige paciencia y concentración. Pero, como pasa con casi todas las novelas de este autor y de este tipo, ofrece también enormes recompensas a quien se anime a adentrarse en ella: el lector encontrará frases y capítulos magistrales, brutales, deliciosos; un universo complejo y sugerente, y una demostración de técnica narrativa y de poder imaginativo. En este año en que Lobo Antunes nos ha dejado, leerlo es la mejor manera de homenajearlo.
 
Otras obras de Lobo Antunes en Un Libro Al Día 

martes, 7 de julio de 2026

Hugo Wilcken: LOW

Idioma original: inglés

Año de publicación: 2020

Traducción: Patricia Valero

Valoración: muy recomendable

¿Puede ya no un músico, sino un mero disco, ser objeto de un libro entero? Y aún así, dejar al lector esperando más, deseando que esas ciento cincuenta páginas fueran, no sé, el doble, que abarcaran más aspectos de la concepción del disco, de la grabación, de las tomas, de este u otro detalle que se decidió conservar aunque pareciera un error, del otro que se renunció a mejorar tras eternas tomas, porque hasta el perfeccionismo - y las horas invertidas en caros estudios de grabación, y las largas sesiones - tiene un límite.

 Y aún declarándome lo más alejado a la mitomanía que los tiempos habituales pueden tolerar, he de reconocer que, tras leer unas cuantas biografías de Bowie (alguna de ellas no reseñada aquí, los jefazos me advirtieron muy seriamente), todavía acudía compulsivamente a las menciones de lo que llamamos la Trilogía de Berlín, de la cual Low, objeto de este libro, es primera pieza y elemento absolutamente necesario en la comprensión estética y sonora de la evolución de la concepción sonora, desde que se publicó. Cualquiera interesado debería oir este disco y esforzarse en comprender el entorno de su producción, no solo sus resultados, y Hugo Wilcken se zambulle en unas cuantas biografías de Bowie (muchas de ellas publicadas en vida y centradas en su poderoso periodo de creatividad que acaba allá por los primeros ochenta) y extrae información. Aporta al libro un cierto pulso narrativo, casi novelesco. 

Bowie en la cresta de la ola tras haber asaltado el mercado americano con otro de sus disfraces creativos. En plena crisis personal a muchos niveles: su matrimonio con Angie (ésa Angie) hace aguas, está completamente enganchado a la cocaína, que condiciona su exhaustivo y caprichoso ritmo de trabajo. Siente curiosidad que se expande en todas direcciones: pintura, literatura, ocultismo. Está al día de todas las corrientes musicales, aunque sea para tomar de cada una lo que mejor apuntale su carrera. Se planta en Berlín acompañado de Iggy Pop, que es prácticamente su reverso estético, aunque este con lo que tiene problemas es con la heroína, reúne a algunos de sus secuaces habituales, como Brian Eno y a algunos que no lo son, graba un disco con una primera cara alterada de canciones cortas de ásperos y extraños ritmos funk y una segunda en la que congela el tiempo, como esos vídeos en las redes donde la gente lanza agua hirviendo a un aire a decenas de grados bajo cero, y esas cuatro canciones, apenas veinte minutos de música instrumental, abstracta, una mezcla de angustia y experimentación, conciben el sonido que, en segundo plano o en primero, debidamente insuflado de ritmos o asi, desnudo, marcará más de una generación. Todo ese proceso, desde que el sonido del disco es anticipado en grabaciones anteriores y hasta que el disco empieza a ser digerido por público y crítica. Claro que se puede despachar un disco en una docena de líneas y un par de etiquetas. Pero este disco no es Low. Todo lo que se pueda escribir sobre él sabrá a poco.

lunes, 6 de julio de 2026

Solvej Balle: El volumen del tiempo III

Idioma original: danés
Título original: Om Udregning af Rumfang, III
Traducción: Victoria Alonso en castellano y Maria Rosich en catalán, ambos en Anagrama.
Año de publicación: 2021
Valoración: recomendable


Empezaré la reseña indicando que esta es la tercera parte (como su nombre indica) de «El volumen del tiempo», obra con la que la autora Solvej Balle nos narra un relato en la que una mujer, Tara Selter, experimenta un salto temporal constante: siempre se levanta el dieciocho de noviembre del mismo año, con la particularidad de que ella sí recuerda lo que ha hecho durante el día y envejece de manera natural, al contrario que el resto del mundo que reinicia su existencia por la mañana al despertar. Por tanto, la reseña de este tercer volumen tiene trazas de los dos volúmenes anteriores con lo que, a partir de este punto, ¡alerta spoilers! 

Empieza el relato donde terminó el volumen anterior: Tara encuentra alguien a quien le ocurre lo mismo que a ella; también él se halla atrapado en el mismo dieciocho de noviembre. Este arranque es ya de por sí un fuerte gancho narrativo, pues junto al hecho de intentar saber qué le ocurrió a Tara, ahora vemos que en este extraño suceso no es algo en lo que esté sola. Por ello, la premisa de arranque es potente ya en la primera página, porque tal y como afirma Tara, «me resulta casi impensable: que entrara por la puerta alguien con la memoria intacta». Este hecho es algo que la sorprende, porque tal y como afirma, «caigo en la cuenta del tiempo que llevaba sin sentir esa identificación mutua, ese pequeño sobresalto en la conciencia, ese ligero cosquilleo en el cerebro al reconocer a alguien que también te reconoce a ti». Así, a la protagonista le sorprende la posibilidad de conversar con alguien ya conocido, retomar conversaciones ya iniciadas, que no todo sea empezar de nuevo una y otra vez (que triste sería la vida si no pudiéramos profundizar en nuestras relaciones, si solo tuviéramos pocas horas para completarlas) y le cuesta encajar esta situación porque «aunque algunas veces me había preguntado si sería posible arrastrar a otra persona conmigo al dieciocho de noviembre, jamás se me había pasado por la cabeza que pudiera toparme con alguien rondando por mi bucle»; alguien también incómodo con ese paréntesis temporal perpetuo que manifestaba en pequeños detalles de inconformidad pues «no le gustaba ir a cortarse el pelo porque le recordadaba el paseo del tiempo». 

Este encuentro fortuito propicia que el libro abarque temas nuevos en este tercer volumen, pues permite algo que no era factible en los dos volúmenes anteriores: la posibilidad de conversar y dialogar con otra persona sobre el suceso, salir de las reflexiones y pensamientos propios y expandir no únicamente el argumento sino también la propia situación, pues al hacerlo vemos otros puntos de vista, otras experiencias, porque Henry  «descubrió que su memoria no había retenido muchas de las cosas que había leído en el pasado (…). Ahora había empezado a pensar de nuevo. A almacenar información sin finalidad de utilizarla. A mirar su alrededor, ignorando de que le serviría todo aquello que veía. A recolectar trozos inservibles del mundo». Con ello, el libro lanza una interesante reflexión acerca de qué podemos hacer en un único día que pueda ser de utilidad de cara al futuro, cuales de nuestras tareas tienen una continuación más allá del momento en el que las ejecutamos. Así, el libro lanza una serie de cuestiones acerca de la continuidad, no únicamente de un día hacia el siguiente, sino dentro de uno mismo en lo que refiere al crecimiento y al desarrollo como persona; aquello que dejamos al futuro o aquello que consumimos en el presente, si trazamos nuestra vida con mirada larga o aquello que hacemos empieza y acaba en el mismo día, si nuestras tareas perecen al anochecer o tienen una continuidad en nosotros y a nuestros semejantes; qué dejamos que sea de utilidad al futuro, a los que vienen, a los que vendrán. Y esa reflexión supone un cambio de paradigma en Tara, pues tal y como admite, «no sé si será correcto quedar atrapada en el dieciocho de noviembre, lo que sé es que no puedo quedarme en la habitación que da al jardín y a la leñera. No sé si he sido llamada filas o enviada a alguna misión, si me han expulsado o solo he huido».

Por todo ello, la continuación del libro en este tercer volumen es interesante y, a pesar de que es cierto que uno podría pensar que debido a la corta duración de cada uno de los volúmenes hubieran podido publicarse en uno o dos de mayor extensión, a medida que vas leyendo los diferentes libros te das cuenta de que en cada uno de ellos el enfoque sobre la situación es diferente: mientras en el primero se trata de entender lo que ha sucedido y el segundo consiste en tratar de adaptarse, este tercero intenta hallar el lugar y función que la vida nos depara.

Tal y como reflexiona la protagonista, «si nos despertáramos un día en el que han quedado atrás los dieciocho de noviembre, ¿no tendríamos la responsabilidad de que el día que acabamos de abandonar fuera mejor de todos los dieciocho de noviembre posibles?» Ahí radica principalmente el mensaje que nos deja el tercer volumen: ¿qué hacemos en un día que pueda suponer un impacto al día siguiente? ¿Cómo afrontaríamos nuestra vida a nivel personal y social? Quizás obraríamos de manera diferente, quizás querríamos cambiar cosas, o quizás la comodidad o la situación nos causaría una parálisis que nos abatiría. Probablemente es una de aquellas cosas en las que nunca podremos saber cómo actuaríamos hasta que nos encontremos con ellas. Obviamente la posibilidad es muy remota, pero para eso está la ficción, para hacernos reflexionar sobre cosas que, aunque no puedan pasar, nos sitúen en un punto de proximidad mental suficiente para pensar en ello y no quedarnos anclados, también y de manera perpetua, en el mismo sitio donde nos encontramos.

También de Solvej Balle en ULAD: El volumen del tiempo I, El volumen del tiempo II

domingo, 5 de julio de 2026

Tochoweek VI #7 Ted Simon: Los viajes de Júpiter

Idioma original: Inglés 
Título original: Jupiter's travels
Año de publicación: 1979
Traducción: Teresa García y Ángel Sanz
Valoración: Muy recomendable 

Cuatro años, cuarenta y tantos países y un porrón de kilómetros a lomos de una Triumph que ahora se conserva en el Museo Británico del Transporte (Coventry) son los ingredientes de este clásico moderno de la literatura de viajes. De hecho, la edición que yo he leído es la 9ª (y hablamos de año 2021), así que os podéis hacer una idea.

Volamos hasta el año 1973, justo en los días en que comienza la Guerra de Yom Kipur. Son años en los que la moto, gracias a películas como Easy RiderLos ángeles del infierno La gran evasión (Steve McQueen llevaba, por cierto, otra Triumph), se ha convertido en un símbolo de libertad (no la de las cañitas, amiguis) y en los que las ansias de evasión, la mística de los espacios abiertos o la pura curiosidad llevan a una generación a liarse la manta a la cabeza y tirar millas. 

Algo de todo eso hay, aunque yo creo que el principal motivo es la simple curiosidad por conocer(se), en un viaje que nos traslada a un mundo muy diferente del actual, al menos en lo que a la velocidad se refiere. Hablamos de un mundo más "lento", y eso es fundamental. De hecho, este viaje no podría ser el mismo en 2026 y ese es uno de sus múltiples atractivos, el de hacernos viajar también en el tiempo.

Otros aspectos destacables de Los viajes de Júpiter son:
  • su carácter multidisciplinar. Diría que no es algo buscado por Ted Simon, pero tantos lugares y tanto tiempo dan pie a que el libro pueda funcionar también como fotoperiodismo (magníficas las fotos que acompañan al texto), como crónica (por ejemplo, sobre los cambios y contrastes en la Libia de Gadafi, sobre la era del petróleo y la tecnología o sobre las diferencias entre los jóvenes de Fortaleza y los campesinos de Iguatú), como novela "chusca" de Graham Greene (esos problemas en Brasil...) o como versión motera de Lost in Translation en la sobreabundancia material y de estímulos en L.A.
  • la innegable voluntad poético / literaria presente en muchas de las descripciones,
  • el continuo replanteamiento del sentido y el significado del viaje y, SOBRE TODO,
  • la mirada del autor sobre la multitud de "historias mínimas" de las que es testigo durante el viaje. Hay mil ejemplos (Arthur y Ruth Thompson, últimos granjeros blancos en Kenia, el Padre Walsh en Fortaleza, Bob y Annie, los camioneros australianos que esperan que baje el nivel del río...). No son historias "acabadas", pero poseen el encanto de las cosas apenas vistas por la ventana, de las imágenes que entran en tu vida y poco después desaparecen como fantasmas del pasado. 
En lado menos positivo, cabe mencionar la vertiente filosófico-introspectiva, quizá algo reiterativa, y el desaprovechamiento de algunos tramos del viaje que pasan con demasiada fugacidad. Hablo, en particular, de todo el recorrido por Centroamérica o el tramo entre Afganistán y Turquía.

En cualquier caso, la condición de "clásico moderno" de Los viajes de Júpiter está más que justificada. Solo queda que os subáis como podáis a la moto de Ted Simon y atraveséis con él desiertos, selvas, montañas y, sobre todo, vidas ajenas.

sábado, 4 de julio de 2026

Tochoweek VI #6 Elaine Vilar Madruga: La piel hembra

Idioma original: Español
Año de publicación: 2026
Valoración: Entre bastante recomendable y muy recomendable

Todas las mujeres de un pueblo aislado en lo alto de las montañas aseguran haber concebido al hijo de Dios. Esta es la premisa de La piel hembra, novela de la escritora cubana Elaine Vilar Madruga que me ha sorprendido gratamente. 

La piel hembra me ha sorprendido gratamente. En primer lugar, porque es extremadamente ambiciosa en su planteamiento: una epopeya que narra los acontecimientos vividos durante décadas por un numeroso elenco. En segundo lugar, porque combina buena factura, un fondo enjundioso, acontecimientos fascinantes, personajes memorables y reflexiones profundas.

También porque la ejecución de La piel hembra está muy lograda. Y es que la novela no sólo mantiene, de principio a fin, la calidad y el pulso narrativo, así como la atención del lector, pese a su desmesurada extensión (la friolera de 654 páginas en la magnífica edición de Barrett), sino que logra cumplir las altas expecativas que su propia ambición le ha impuesto.

Asimismo, la naturaleza híbrida de La piel hembra resulta de lo más atractiva. Aunque adscrita al realismo mágico, la novela de Vilar Madruga incorpora elementos místicos, dramáticos, psicológicos, humorísticos, bélicos y de crítica social, amén de una seductora pizca de "folk horror" a la cubana.

Otro de los muchos aspectos remarcables de La piel hembra es su mundo. Un mundo inusitadamente colorido, que mezcla la fantasía con lo cotidiano, en el que los milagros son posibles y la frontera entre los muertos y los vivos se desdibuja; un mundo en el que hay dientes deslumbrantes, cuerpos invulnerables, saliva con sabor a ron, sudor que hace brotar el verdor y pelos llenos de bocas. 

Además de por su colorido, el mundo de La piel hembra sorprende por su escala. Y es que si bien la acción de la novela parece, en un inicio, transcurrir casi exclusivamente en un único pueblo de montaña, el escenario no tarda en expandirse más allá de los límites de éste, hacia la manigua, el trillo, los maizales del olvido, el llano y sus respectivos pueblos y ciudades o la localidad vecina de La Cajusera.

Por último, destacaría que el mundo de La piel hembra se siente vivo e interconectado. A fin de cuentas, los grandes acontecimientos (por ejemplo, el estallido de una guerra de sucesión tras la muerte del presidente) alcanzan incluso la aislada cima de las montañas, y todas las acciones de los personajes tienen repercusiones y consecuencias, y a menudo se ramifican en direcciones inesperadas.

Los personajes de La piel hembra son otro punto álgido de esta novela coral. Pese a lo abundante que es el elenco, cada uno de ellos ha sido dibujado con precisión y goza de voz propia, de algún detalle singular, de algún misterio, de una caracterización compleja, de un arco narrativo que atravesar y de sinergias específicas con el resto. Asimismo, Vilar Madruga logra darle protagonismo a todos, incluso a aquellos que en un inicio parecía que no iban a tener mucho peso, como Janco Don, o aquellos que tardan casi quinientas páginas en adquirir relieve, como la Madrísima Doliente.

Otra virtud de La piel hembra es su prosa. Una prosa que combina sensibilidad, lirismo y plasticidad con potencia visual, y que está engalanada con localismos, palabras inventadas y campos semánticos propios que le otorgan una textura única.

En fin, podría seguir listando razones por las que pienso que La piel hembra es una novela extraordinaria. Sin embargo, me limitaré a añadir que resulta inevitable compararla con Cien años de soledad, otra epopeya latinoamericana coral e intergeneracional que transcurre durante varias décadas y en la que el realismo mágico convive con la cotidianidad de la miseria, la fe, el deseo, la violencia y la memoria. Dicha comparación es ciertamente odiosa, dado lo inalcanzable del clásico de Gabriel García Márquez, pero lo cierto es que la obra de Vilar Madruga tampoco sale mal parada al hacerla.


También de Elaine Vilar Madruga en ULAD: Aquí

viernes, 3 de julio de 2026

Tochoweek VI #5 Joe Abercrombie: Los diablos

Idioma original: inglés

Título original: The Devils

Año de publicación: 2025

Traducción: Manu Viciano

Valoración: sin duda, recomendable

Para quien no lo sepa y quizá le interese, el británico Joe Abercrombie es considerado el actual "rey del grimdark", que no es una desviación del black metal escandinavo (bueno, igual un poco sí), ni una práctica sexual extrema y esotérica (bueno, un poco también), sino el género de "Espada y Brujería" de toda la vida, pero en el que sus personajes se lanzan a rebozarse en las más bajas pasiones, tanto del alma como del cuerp (incluyendo aquellas funciones corporales cuya descripción o incluso mención suele evitarse en la ficción), el lenguaje poco apropiado para personas con cierta sensibilidad y, claro está, la violencia desatada y sin elipsis narrativas que valgan... Vamos, que se lo pasan pirata y más aún quién escribe tanto desafuero. En este caso, con un éxito considerable, además. A ver quién convence a Mr. Abercrombie de que deje de hacerlo...

El argumento de la novela, en todo caso, no resulta especialmente original en su planteamiento, aunque sí más en su desarrollo: en una suerte de Edad Media distópica -en la que, por ejemplo, los Santos Lugares han sido tomados por los elfos- es descubierta en las calles de la Ciudad Santa una pilluela que resulta ser la princesa Alexia, heredera del Trono Serpentino de Troya. Para que pueda desplazarse hasta allí y reclamarla, la papisa niña Benedicta la encomienda a la protección de la Capilla de la Santa Conveniencia, un heterogéneo grupo bajo el supuesto mando del bisoño hermano Díaz y que reúne a un guerrero inmortal, una aventurera impenitente, un nigromante jactancioso, un viejo barón vampiro, una elfa que puede hacerse. invisible y una vikinga licántropa. Por el camino, deberán enfrentarse a multitud de peligros, en forma sobre todo de mercenarios, engendros mutantes o poderosas hechiceras... En fin, lo normal.

Como se ve, el tropo es bastante habitual, aunque quizás más en el cine o el cómic que en la literatura: la reunión de un grupo de personajes de dudosa moralidad e incluso naturaleza, con el fin de llevar a término una misión más o menos honorable y de forma más o menos voluntaria (lo hemos visto desde en Los siete samuráis o Los siete magníficos a Los doce del patíbulo. Por no recordar La Liga de los Hombres Extraordinarios, El escuadrón suicida, etc.). La gracia consiste en juntar a personalidades diversas, que puedan chocar pero también forjar insólitas camaraderías, pese a sus diferencias y a la sevicia que se les supone a los miembros de la malhadada Capilla -y eso, por no hablar de romances no menos insólitos-; ése, sin duda, constituye uno de los puntos fuertes de la novela, las relaciones que se establecen entre los personajes y sus correspondientes dinámicas -básicamente, a base de bromas, pullas e indirectas-, aunque también, en algún momento, se pueden hacer un poco reiterativas y hasta innecesarias. El otro punto fuerte, además de la aventura en sí -bastante trepidante, por momentos- sería, como seguramente alguien haya adivinado ya, el sentido del humor, que recorre toda la narración de principio a fin y distingue sobremanera a esta novela de otras del subgénero grimdark


También, seguramente, habrá quien se haya dado cuenta a estas alturas: Los diablos resulta ser, básicamente, una versión más bien espuria de El Señor de los Anillos, sólo que aquí, en vez de tener que llevar el Anillo de Poder al Monte del Destino para destruirlo, la Compañía... es decir, la Capilla de la Santa Conveniencia ha de acompañar a una improbable princesa a conquistar el trono de un imperio. Y sus componentes son mucho más proclives al fornicio, claro (aunque a saber lo que no quiso contarnos Tolkien... que, después de todo, eso del segundo desayuno suena a que necesitaban recuperar energías por algún motivo) y a la efusión gore, más o menos justificada... La novela, en todo caso, resulta de lo más entretenida, por más que, en algún momento, un tanto previsible, También es menos oscura de lo que requieren los canones del grimdark; de hecho, los miembros y miembras del la capilla, por más que sean calificados -incluso por ellos mismos-, como "monstruos", acaban por resultar entrañables y parecen unos colegas bastante presentables, perfectos para ayudar en una mudanza o, yo qué sé, desmembrar a una partida de esbirros mutantes. El estilo, además, es bastante ágil y mundano, lleno de coloquialismos y chascarrillos que permiten que las ochocientas paginacas de que consta el tocho pasen en un santiamén (bueno, es un decir). Lectura perfecta, pues,  para disfrutar de ello en verano; huelga decir que siempre que el género sea del agrado del lector o lectora, claro.

¿La mayor pega? Que yo pensaba que era una sola novela y resulta que se trata de la primera parte de una trilogía -aunque autoconclusiva, al menos-; habrá que leerse las otras dos partes, cuando se publiquen. Tampoco es que vaya a ser un sacrificio hacerlo, en todo caso...

jueves, 2 de julio de 2026

Tochoweek VI #4 Daniel Kahneman: Pensar rápido, pensar despacio

Idioma original: inglés

Título original: : Thinking, Fast and Slow

Traducción: Joaquín Chamorro Mielcke

Año de publicación: 2011

Valoración: Imprescindible


Explica Daniel Kahneman nada más iniciarse el libro que el premio Nobel de Economía, que él recibió en 2002, es en realidad de un ámbito más amplio, un premio de las Ciencias Sociales, aunque se denomina ‘de Economía’ porque lo patrocina el Banco de Suecia. Esta curiosidad, que no sé hasta qué punto responde con exactitud a la realidad, explicaría en parte por qué le fue concedido a un psicólogo, aunque ciertamente Kahneman exploró dentro de su disciplina también en dirección a la Economía, lo que se refleja en este mismo libro.

Bajo un título de apariencia trivial el autor desarrolla algunas de las investigaciones llevadas a cabo junto con el fallecido Amos Tversky, otra figura fundamental en el mundo de la psicología cognitiva. A lo largo de sus cerca de setecientas páginas se van desgranando multitud de cuestiones acerca de los juicios y las decisiones en el ser humano, asuntos como la heurística del conocimiento, el efecto ancla, la cascada de disponibilidad, el priming, el efecto ‘lo que ves es lo que hay’, la regresión a la media, o la causalidad frente a la estadística. A Kahneman le mola poner nombre rápidamente a estos sesgos cognitivos, lo que es quizá un tic de investigador creativo, pero son conceptos que entendemos pronto y sin ninguna dificultad.

Esto es lo más llamativo del libro, la capacidad del autor para que todo lo que explica resulte atractivo, comprensible e interesante a partes iguales. Repleto de ejemplos y referencias a experimentos realizados, y con leves pizcas de humor de cuando en cuando, Kahneman consigue transmitir información, que pudo también haber seguido un rumbo más opaco y doctoral, de manera que el lector de a pie no solo capte el contenido sino que se sumerja con gusto en un terreno que enseguida resulta familiar, porque a fin de cuentas hablamos de la propia esencia del ser humano, las debilidades y sesgos que nos afectan al percibir cosas o al tomar decisiones. Especialmente interesante me parece el estudio sobre el ‘yo que experimenta’ y el ‘yo que recuerda’, o por qué las valoraciones que podemos hacer al cabo del tiempo difieren de las inmediatas.

Efectivamente, el autor se interna desde el campo de la psicología hacia materias diferentes, la estadística, el consumo, el juego, la demoscopia o los seguros, terrenos en algunos de los cuales detectamos fácilmente técnicas conocidas o intuidas en torno a trucos publicitarios (aquel viejo clásico de la 'publicidad subliminal') o al mensaje político sesgado, formas de manipulación de la opinión que tiene su raíz en los mecanismos psicológicos que explica Kahneman. 

También hay, como decía antes, una incursión destacada en el mundo de la Economía, en concreto en la toma de decisiones por parte de expertos, hacia los que el autor muestra una notoria desconfianza. En materia de inversiones o de operaciones financieras, dice, las emociones y el consiguiente desenfoque cognitivo condicionan la decisión como en cualquier otra actividad humana, y del texto se deja entrever que es mucho más fiable dejar estos asuntos en manos de sistemas lógicos o matemáticos preestablecidos que en la voluntad de un profesional. Aunque, si no estoy equivocado, la introducción de algoritmos por ejemplo en los mercados bursátiles es bastante anterior a los trabajos de Kahneman, a la vista de sus opiniones no me cabe duda de que el psicólogo israelí estará muy de acuerdo con el uso de estas herramientas.

Parece que, al menos en algunos campos, la objetividad de la máquina debe prevalecer sobre los juicios de los humanos, siempre mediatizados por las trampas o la insuficiencia de nuestra mente, tropiezos que el libro expone de forma clara y amena, limitaciones que en determinadas circunstancias pueden llevar a la decisión equivocada.

De manera que si nos interesa todo ese mundo de la percepción de lo que creemos real, sus condicionamientos y desviaciones, y la toma de decisiones en base a la información que recibimos, es un libro interesante y disfrutable a partes iguales, en los dos aspectos a un nivel muy alto.


miércoles, 1 de julio de 2026

Tochoweek VI #3: Dino Buzzati Sesenta relatos

 Título original: Sessanta raconti

Idioma original: italiano

Traducción: Mercedes Corral

Año de publicación: 2007

Valoración: muy recomendable


Como muchos de ustedes sabrán, Dino Buzzati es el autor de esa maravillosa novela de corte existencialista titulada El desierto de los tártaros. Pues bien, la obra de Buzatti, que en nuestro país había pasado desapercibida hasta tiempos muy recientes, incluye, aparte de novelas, un extenso número de cuentos que, en su gran mayoría, se encuentran reunidos en la obra que reseñamos hoy.

Sesenta relatos fue recopilado por el propio autor en 1958 y supone un compendio de su producción como cuentista. Lógicamente, en un volumen tan amplio la calidad y la temática de los cuentos es muy variada y los resultados finales muy irregulares. En términos generales, podríamos señalar dos líneas argumentales básicas: el extrañamiento de la realidad y el temor ante lo imprevisible de la existencia humana.

Son cuentos en los que cabe todo -gotas de surrealismo, terror gótico, situaciones kafkianas, diálogos metafísicos- , pero que suelen comenzar con un hecho cotidiano, con unos personajes y entornos perfectamente reconocibles,  que acaban envueltos a través de sucesos fantásticos o misteriosos en situaciones que escapan a su control. Lo sobrenatural y lo onírico se imponen a los personajes, que acaban sumidos en situaciones de desamparo donde muchas veces un suceso fuera de su alcance acaba dominando sus vidas. La temática y las ambientaciones de estos cuentos es enormemente variada, pero de alguna manera tienen un carácter eminentemente filosófico y existencial. 

No pretendamos que Buzzati nos proporcione un final cerrado a cada uno de estos relatos. Precisamente la carga simbólica que les envuelve lleva a un final abierto que invita al lector a sacar sus propias conclusiones.  La enigmática mirada del personaje de la portada ya nos está lanzando un aviso.

En este sentido, resulta extraordinariamente complejo recomendar unos cuentos sobre otros. Es verdad que en un volumen tan extenso, algunos cuentos tienen un desarrollo extraño e incluso infantil, se me ocurren El fin del mundo, Los ratones o El platillo se posó. Pero otros son realmente memorables, tanto por la temática como por su desarrollo: el absurdo kafkiano de la inconmesurable Siete plantas, el terror de Y sin embargo  llaman a la puerta,  el sentimiento de culpa en El derrumbe de la Baliverna, viajeros condenados a vagar eternamente como Los siete mensajeros o el enigma sobrenatural de El perro que ha visto a Dios. 

En fin, debemos dejarnos sumergir en el misterio que nos proponen los cuentos de Buzzati. Conviene realizar la lectura de manera reposada y pararnos a pensar en lo que ha sucedido y lo que nos quiere transmitir el escritor italiano en cada cuento. Son relatos con un estilo eminentemente poético, con una escritura elegante y rítmica, y con una excelente traducción por parte de Mercedes Corral que hace de su lectura una experiencia sumamente placentera. 

Otras reseñas de Buzzati en Ulad: La famosa invasión de los osos en Sicilia, El desierto de los tártarosPoema en viñetas de Dino Buzzati.

martes, 30 de junio de 2026

Tochoweek VI #2: Martín Caparrós y Eduardo Anguita: La voluntad: Una historia de la militancia revolucionaria en la Argentina (1966-1978)

Idioma original: español
Año de publicación: 1997-1998
Valoración: monumental

Uno elige lecturas de acuerdo a parámetros insólitos. En este caso, mi pensamiento fue así: estos cinco tomos hace mucho que los veo rondando en las librerías, tienen pintas de ser mamotretos áridos (cada uno ronda entre las quinientas y seiscientas páginas), pero como el tema me interesa, hagamos una prueba. Y me encontré con una crónica que bordea el thriller y el horror y una escritura que, a fuerza de contenerse para respetar los testimonios de los involucrados, y de no basar la historia en los datos puros, se desboca en los hechos narrados. Entonces, para tocholibros, tochoreseñas.

Esta crónica, como dice el título, abarca desde el año 1966 hasta 1978, años movidos en Argentina, como mínimo, años trágicos en su verdadera acepción de la palabra. años donde, subterráneamente, tanto en la calle como en los despachos, se construyeron ilusiones y se traicionaron principios de la forma más cruel. Caparrós y Anguita tomaron una gran decisión narrativa, artística e histórica a la hora de retratar estos años, la de evitar un paneo general (superficial) de la época, sino una serie de entrevistas a distintos actores, toda gente que estuvo involucrada realmente en el devenir político de la Argentina, y es por eso que no hay testimonios de grandes peces (por ejemplo Firmenich, líder de los Montoneros), lo que evita, por un lado, el juicio rápido que uno pueda llegar a tener acerca de esos tótems de la escena argentina, y, por el otro lado, asegura, por lo menos, una simpatía hacia las personas que aparecen. 

Dentro de la militancia revolucionaria de esos años, que surgiría primero como un sueño dorado (sustentado por las drogas, el hippismo, el rock y otras situaciones típicas) y (¿degeneraría?), (¿se volvería más práctica y, por ende, cruel?) terminaría en la guerrilla armada, el espectro político cubre el peronismo clásico, el peronismo revolucionario, el socialismo y el comunismo. Cada vertiente se ve representada por diversas personas que van recorriendo los cinco tomos, por lo que podemos leer estas historias como una novela, con sus desarrollos de personaje, sus dudas, sus puntos de quiebre, sus valentías y cobardías y tantos otros factores humanos.

El primer tomo, que se llama El valor del cambio, cubre de 1966 (iniciando con el golpe de Estado a Illia por parte de Onganía) y termina con el Cordobazo de 1969. Es, seguramente, el tomo más difícil de entrarle, porque la estructura es algo insólita (la interrupción de las historias de un párrafo al otro, la profusión de datos técnicos en dos páginas y luego otras dos páginas de diálogos propias de la ficción) y el tono se esfuerza en ser neutro todo el tiempo. En realidad es de admirar que Caparrós y Anguita, siendo partícipes de vez en cuando de la época que están cubriendo, no hayan tenido el afán de insertarse en alguna escena a pesar de poseer méritos para ello. Como tal, apenas aparecen un par de veces a lo largo de tres mil quinientas páginas, por lo que no se les puede acusar de un exceso de protagonismo ni nada por el estilo. A la vez, mientras el capítulo se explaya, de vez en cuando nos cuentan qué ocurría en las demás latitudes del mundo, como para ponernos en contexto y ver la trama de las relaciones a un nivel mundial, para darse cuenta de que nada fue casualidad.

El primer tomo sirve de entrada a todos los personajes. Tenemos, por ejemplo (y quizás, dentro de lo coral de la crónica, uno de los grandes protagonistas), a ese colosal representante del peronismo, Cacho El Kadri, un tipo que es imposible que no despierte simpatía al lector, por lo humano, lo sincero y cálido de sus relaciones, sus dudas constantes, lo mal que la pasa todo el tiempo (encerrado, torturado, exiliado) y su valentía a pesar de todo. No ha sido muy reconocido en nuestra historia y es una gran pena. Otro ejemplo es Graciela Daleo, que empieza como una chica de dieciséis años, con todo lo que conlleva, y va atestiguando la conversión de sus sueños (de la volanteada de sus reclamos a pertenecer, con nombre de guerra y todo, a los Montoneros) a un frente de violencia, paranoia y dolor. Podría detallar a cada personaje (algunos siguen vivos en la actualidad), pero creo que es mejor descubrirlo por cuenta propia, ver cómo, en cualquier ámbito, ya sea en lo legal, en lo universitario, en lo laboral, etcétera, contribuía a cierto ideal hacia un mundo mejor, más allá de las diferencias claves (y que, muchas veces, terminaron siendo el desencadenante de una tragedia).

El segundo tomo se titula El cielo por asalto. Para un gran título corresponde un gran tomo, el mejor de los cinco. Es acá donde Caparrós y Anguita se desatan y empiezan a tejer las vidas de los que aparecen, de encadenar relato por relato con una precisión que asusta, cómo las piezas van encajando en ese mosaico de la historia argentina, entendiendo, de repente, por qué las cosas ocurrieron de esa manera. Es también, y esto es muy importante para el tono que se establece en los demás tomso, el libro más épico. Hay literalmente un rescate en la cárcel de Rawson y una huida por avión hacia Chile, donde gobernaba Allende en su momento y podían esperar una recibida amable. A lo largo de esta crónica hay latente un componente de majestuosidad, de creer que, aunque las cosas se recrudecieran, si uno ponía el cuerpo y la voluntad se podían mejorar las cosas, se podía salvar al otro, se podían arruinar los planes de los asesinos en los altos cargos, parafraseando a Cohen. Pero también, latente, se empieza a entrever la traición de Perón. El ochenta por ciento de los personajes, más o menos, trabaja por y para la vuelta de Perón, y las respuestas de este último, las medidas que toma, la demora, la ausencia incluso, permite intuir que nada será un campo de rosas, y uno se da cuenta (empieza a darse cuenta) de que no quiere que a estos personajes les pase algo, no quiere ir a Google para ver qué fue de sus vidas (como hice yo, un trago amargo que no aconsejo), porque a partir de este punto es que los militares empiezan a asesinar indiscriminadamente, sin juicio previo, tanto en cárceles como secuestrando gente. 

Pero todavía no está la sensación de ambiente en la derrota, y de hecho la presión hace que el gobierno de Onganía se debilite y pase primero por Levingston y luego por Lanusse, que terminará llegando a un arreglo para la rehabilitación del peronismo como partido y la asunción de Cámpora como resultado de ello. Así llegamos al tercer tomo, La patria socialista, que cubre desde 1973 hasta 1974 con la muerte de Perón. Se podría decir que es la parte más triste de todas; al menos es donde a uno le agarra profundo asco al ver cómo se ven pisoteados los sueños de la juventud. El culmen de este desagravio se ve representado en dos momentos: la masacre de Ezeiza, con la disputa entre el peronismo de izquierda y el peronismo de derecha, y sin que nadie hiciera nada por evitarlo, y la participación de uno de los personajes más turbios de nuestra historia, José López Rega (no tienen más que mirar su foto para que les entre un escalofrío), gran responsable (pero no del todo: demasiado lúcido era Perón para esas cosas) del aumento de la violencia, con la formación de la Triple A para perseguir a sus mismos compañeros ideológicos, incluso gente como Julio Troxler, sobreviviente de los fusilamientos de León Suárez (es decir, Operación Masacre...) y asesinado por un gobierno que defendía. Nada más triste que eso.

La muerte de Perón es apenas un epitafio anunciado en el tomo 4, La patria peronista: al dolor de la despedida, al dolor de alguien que irrevocablemente cambió el destino de muchos, llega la oscuridad, la desidia, la moral profanada, la desconfianza entre grupos, el paso renovado hacia la clandestinidad de los movimientos armados (Montoneros, ERP, FAR, FAP y mil divisiones más que demuestran que ya no hay lugar para los debates interminables, no hay lugar para el todos somos hermanos y all you need is love; se empieza a estilar el o sos vos o soy yo, los sindicatos vuelven a lavarse las manos en muchas ocasiones, arranca la (des)valorización financiera y la podredumbre económica y empiezan a morir, como puñaladas en el corazón, personajes que uno ya internalizó y hasta admiró, como Agustín Tosco, baluartes inamovibles de sus principios. También es cierto que es el libro más complicado de leer y en algunas partes se pone árido, espeso, no tanto por lo emocional, sino por el estancamiento de los personajes, producto mismo de la época que transitan. Nadie es capaz de moverse, nadie es capaz de encontrar respuesta a lo ocurrido, nadie dilucida qué tiene que hacer, si seguir resistiendo o irse del país, y pareciera que la única resistencia la ofrecen los grupos más o menos armados y jerarquizados (en demasía, en una cerrazón ideológica y moral que los termina por deshumanizar y emprender acciones aún más delirantes).

Y llegamos al último tomo, La caída. Desde entrada el título lo anuncia. También es donde uno se da cuenta (o al menos yo, porque lo leí más como una novela que como un ensayo cargado de subjetividad por parte de los autores y, por ende, de ideas preconcebidas por mi parte) que el título de los cinco tomos es certero, Se trata de la voluntad de un grupo de gente que peleó y fracasó. Esa voluntad se ve aplastada desde todos los frentes (hasta el día de hoy se sigue viendo aplastada). No solo asume la dictadura más sangrienta, sino que estos dos años que cubre (1976-1978) son de una crueldad arrolladora. Todos los días ocurre una desaparición, un asesinato, se esparcen los rumores (algo habrán hecho, dirán algunos, es imposible que pase eso, dirán otros) de las torturas más sádicas, mueren personajes a mansalva, personajes que uno conocía desde el primer tomo, y cada uno de ellos duele, es un shock, incluso cuando ya se conoce la historia. El tono es desolador. Aunque Caparrós y Anguita mantengan lo aséptico de la narración, la depresión se cuela por las venas narrativas, y poco a poco vemos a los personajes aceptar sus derrotas, llorarlas, intentar escaparse por todas las vías del país o kamikazearse la vida y quedarse por la pertenencia, por el sentido del deber, incluso cuando al día siguiente mueran. Entonces el título se revela luminoso. Es verdaderamente una historia de la militancia revolucionaria, porque difícilmente, luego de ese período, se volvió a ver una aglomeración de personas excepcionales trabajando en pos de un mundo mejor (todo esto sin olvidar los signos de cada época: la esperanza alfonsinista, la murga farsesca de Menem). El final del tomo incluye entrevistas a los sobrevivientes de esos años (bosquejos, en realidad, de lo que les significó la militancia en su vida); dejo a los futuros lectores las conclusiones que se puedan sacar a raíz de sus voces.

He hecho un recorrido por los cinco libros. Se puede hablar de muchas cosas. La ternura de los cánticos revolucionarios, dichos casi siempre en el momento menos oportuno (y mucho de ellos se te pegan sin querer), el recorrido vital de los personajes, los diálogos, típicamente argentinos pero vivos como en la mejor ficción, escenas de acción, de asesinatos, de persecuciones, de paranoias y esperanzas, de operativos imposibles, de debates interminables donde la línea del partido se aclara por quincuagésima vez y de grandes proclamas. De la recurrente aparición de gente histórica, como Rodolfo Walsh, al que lo seguimos en ese registro periodístico inmortal, más incisivo que una bomba atómica, o de un jovencito Menem, que ya presagiaba su personalidad presidencial, de escritores como Puig, Borges, Cortázar, todos opinando de lo que ocurría, y todo esto sirve para verlos como personas que realmente existieron y no solo en sus papeles, lo que le otorga a los volúmenes una irrevocable sensación de nostalgia y cercanía por los conocidos.

Se acaba exhausto de la lectura, pero con la sensación de haber aprehendido, de forma significativa, una porción de la historia argentina, que visto desde lejos son apenas doce años, pero fueron el universo entero para un puñado de gente. Se acaba perteneciendo a una familia, con todo lo que conlleva, admiración, enojos hacia las decisiones y pensamientos, asco por las traiciones, alegría por los que lo siguieron intentando, y al final, luego de todo esto, una profunda melancolía. Melancolía no por el pasado, pues es un pasado teñido de sangre, pero sí por las actitudes, las creencias, valores que parecen novedad en este mundo inhóspito. Se puede discutir si tenían razón. Se puede discutir si no eran más que un puñado de imberbes que creyeron que enfrentarse al poder eran pan comido. Se puede discutir si no se mandaron calamidades y empezaron a creer que la milicia armada era la respuesta a todo, sin ver a largo plazo en un determinado contexto, sin pensar en la reacción de la sociedad argentina, sin hacer caso a otro camino. También se puede discutir si realmente había otra manera, si ante toda la desesperación y sadismo uno podía creer que no había forma de escapar, y esa desesperación impulsaba a las pésimas decisiones dentro de un grupo y a combatir a un monstruo mucho peor convirtiéndose en uno. Habrá frases, párrafos, capítulos, personajes, que a muchos les parezcan deleznables de acuerdo a su historia personal, y habrá frases de esta reseña por las que me ligaré alguna bronca. Ni Caparrós o Anguita pretenden responder a esos debates (y en eso reside la grandeza de esta crónica), solo exponer los hechos de lo que fue una batalla por los ideales, una batalla por la interpretación (errónea a veces, llena de bondad en su mayoría) de ciertas ideas y el abandono y la traición de muchas otras. 

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