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jueves, 7 de mayo de 2026

Zerocalcare: Será todo para mí

Idioma original: italiano
Título original: Quando muori resta a me
Año de publicación: 2024
Traducción: Carlos Mayor
Valoración: recomendable

Por lo general no soy adepto a las novelas autobiográficas, y por suerte la religión de la autoficción de hace unos años ha decaído. Además, ya había visto la serie de Netflix Cortar por la línea de puntos; apenas logré terminarla a causa de la monotonía que me generaba escuchar los monólogos del protagonista (que no eran malos ni mucho menos, pero es que no para nunca de hablar ni deja que contemplemos la animación). Así que no las tenía todas conmigo cuando me prestaron este libro.

Es una historia acerca de la relación distante entre padre (representado como un ganso demasiado parecido al papá de Po de Kung Fu Panda (creo que es a propósito, porque varias veces le dicen Ping Ping)) y el hijo, que es Zerocalcare. En la primera página se explicita que todas las experiencias han sido vividas: esto, por supuesto, hay que tomarlo con pinzas; además de cierta dosis de fantasía, otras situaciones aparecen distorsionadas por el recuerdo del protagonista de cuando era un niño. De todas maneras, todo lo que se describe es perfectamente verosímil con el tono.

Sigo: la trama inicia con un viaje hacia una casa en las montañas que posee el padre. Ya en las primeras páginas se establece que no saben qué decirse y que sus puntos en común (o más bien, puntos que el padre busca desesperadamente establecer) se resumen en la música de la radio, el fútbol o las insinuaciones de que el hijo por fin haya sentado cabeza, todo esto trufado de insultos cariñosos y golpes bajos constantes, como la mayoría de las relaciones en donde ninguno sabe cómo abrirse. Además, la división de los tres actos clásicos facilita que en el primero y el segundo se intercalen flashbacks de varias décadas atrás sobre cómo un grupo de chicos (entre ellos el bisabuelo de Zerocalcare) construyó el campanario del pueblito y atravesó la Primera Guerra Mundial, y sirve como justificación para anudar los misterios (aunque, a partir de ahí, no se desarrolla más).

El trazo de Zerocalcare transita mayormente entre pocos trazos que dan una sensación de dinamismo a las caras y gestos de los personajes, pero que sabe ser detallista al extremo cuando el panel lo requiere. Que algunos de los personajes sean antropomorfizados no le resta dramatismo a la historia, sino que los potencia, porque hay gestos de compasión o dolor que en rasgos humanos pueden dar lugar a ambigüedad, pero en este caso es nítido el sentimiento ilustrado. Además, las partes de fantasía están reguladas y en ningún momento desbocan al texto (de hecho, más que contrapunto cómico, y eso que hasta la mitad del libro me venía riendo en cada página, asientan el terror de la soledad y, en cierta escena, del miedo más puro, ese que es infantil y que nos recorre toda la vida). Para muestra:


Mi problema con la trama es que, a partir del tercer acto, casi todas las revelaciones y cierres de tramas se dan de una forma casi insulsa. Por ejemplo, descubrir por qué el padre conoce a una vieja en el pueblo con un parche en el ojo no es un gran impacto (quizás el padre ya tiene un recorrido como personaje en otras historias y yo me esté perdiendo de ese matiz, pero entonces cuál sería el punto de hacer una novela sobre tu relación con él), o bien sacar a la luz por qué el padre se comportó de cierta manera en una noche muy lejana en los recuerdos del hijo no termina por impactar en la historia. Si bien el mensaje de que hay conversaciones que nunca se van a tener, y esto lamentablemente pasa seguido en la vida real, es adecuado como cierre, me deja la sensación de que Zerocalcare ha utilizado una anécdota como excusa para exponer cierta dinámica familiar y no ha querido profundizar del todo por respeto a su progenitor. En todo caso se expone él, aunque esta vez sus arranques, al contrario de la serie, son más comedidos, reconociendo sus cuarenta años y tratando de tomar una decisión por una vez en su vida, así que el personaje no resulta cargante para nada, y sus salidas sarcásticas son muy imaginativas (más allá de que no creo necesario llenar cada diálogo con obscenidades).

Dicen que es la novela gráfica más madura del autor. Si hago una comparación (e injusta, porque son dos medios distintos) entre la serie y esta obra, resulta evidente que maneja mejor los recursos y tiempos para contar lo que quiere, y que incluso en un par de paneles logra trasmitir la tristeza y el odio de varias generaciones y la desolación infantil de una noche sin estrellas, pero eso no la salva de tener un tercer acto flojo, como apurándose para entregar otra historia más donde se analiza para expulsar esa complacencia y autocompasión. Y en eso no se puede repetir el truco tantas veces.



viernes, 10 de abril de 2026

Fulgencio Argüelles: El desván de las musas dormidas

Idioma original: español

Año de publicación: 2025

Valoración: Muy recomendable

Resulta desconcertante la poca visibilidad que tiene Fulgencio Argüelles dentro de la narrativa española contemporánea. El escritor asturiano entrega unas novelas de una musicalidad asombrosa. Son textos dotados de un estilo eminentemente poético, minuciosos en las descripciones, precisos en la utilización del lenguaje y ricos en metáforas. Sin embargo, sus libros permanecen en la esfera de unos cuantos incondicionales que le seguimos desde maravillas como El palacio azul de los ingenieros belgas o Noches de luna rota.

El desván de las musas dormidas transita por el territorio de la autoficcion. Nos relata, en primera persona, la infancia y adolescencia de un niño en un pueblo de la comarca minera asturiana en la década de los años sesenta del siglo pasado. En las vivencias de este niño se cruzan las vidas de familiares, amigos e innumerables vecinos del pueblo que forman un microcosmos que Argüelles nos transmite de forma entrañable. Ninguno de los personajes que desfilan por la historia tienen nombre, ni siquiera nuestro protagonista, se les describe por sus profesiones, pero  tienen conciencia de pertenecer a una colectividad en la que todos se conocen y se respetan a pesar, en muchos casos, de sus insalvables distancias ideológicas.

Dentro de ese entramado la figura del padre se erige en una referencia vital para nuestro protagonista. Hombre culto, aquejado de frecuentes dolores de cabeza que derivan en ataques de epilepsia, arrastra una existencia anodina en un entorno que le resulta ajeno. En su juventud fue un estudiante brillante, obtuvo treinta y dos matrículas de honor como descubre secretamente nuestro protagonista, pero parece resignado a trabajar limpiando carbón y ocasionalmente compite con el maestro del pueblo e imparte clases particulares en el desván de la casa familiar.

El padre intenta huir de ese destino gris participando o impulsando  todas las actividades culturales o  recreativas que se celebran en el pueblo. Sin embargo, el niño advierte señales de alarma en esa actitud: "Su luz era inútil en un mundo demasiado oscuro. Su voz clamaba sin éxito en el desierto. Había equivocado su destino y su brillo era un grito de socorro, un suspiro de culpa, y se fue volviendo pálido poco a poco hasta apagarse. Sus musas se habían quedado dormidas en el desván".

Nuestro protagonista abandonará el pueblo para estudiar en un internado y asistimos  al lento derrumbe del universo que le cobijaba. Lejos quedan aquellos tiempos en que "los  desvanes eran enormes y las infancias duraban una eternidad". De alguna manera está reviviendo las circunstancias en las que su padre reordenó su historia personal y luchará denodadamente por no seguir su misma dirección. El miedo, la soledad y el vértigo ante el inexorable paso del tiempo le desconciertan :  "Casi nada era lo que parecía, y demasiadas cosas ocurrían para mantenerlas en secreto, y algunas palabras tomaron significados nuevos sin abandonar los que ya tenían, y comenzaron a llegarme ideas diferentes sobre el futuro, y entendí por fin aquel refrán que tanto había repetido mi abuela, cada cosa son dos cosas" 

Argüelles nos entrega un relato evocador, donde la añoranza y los recuerdos se convierten en los verdaderos protagonistas de la historia. Construye lo que él denomina una "literatura de la tierra" y nos invita a asomarnos a ese mundo que nos retrata con una belleza deslumbrante. Es literatura de altísima calidad y, desgraciadamente, no tiene el reconocimiento que se merece.