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lunes, 3 de agosto de 2026

Marina Tena Tena: Una casa sobre tus huesos

Idioma original: Español
Año de publicación: 1870
Valoración: Se deja leer < Está bien

Una casa sobre tus huesos, de Marina Tena Tena, ganó el I Premio Lestat organizado por la editorial Dimensiones Ocultas. Es una novela corta de terror que, a la manera de Angela Carter, adapta el cuento gótico de Barbazul. La protagoniza una niña perversa que recuerda vagamente a la Merricat Blackwood de Shirley Jackson. 

Si bien empieza fuerte y tiene intuiciones narrativas reivindicables (por ejemplo, su atmósfera o su leimotiv de las mentiras), se dilata en exceso, la adorna un toque poético no siempre bien integrado, entrega respuestas algo anticlimáticas y queda a la sombra de la literatura a la que homenajea. 

Narra la historia de Marga, una huérfana de madre que vive aislada del mundo con su padre en una casa protegida por altos muros de piedra y rodeada por un frondoso bosque. Marga tiene dos cosas terminantemente prohibidas: traspasar los muros que envuelven su casa y entrar en la habitación roja.

Ya he dicho que Una casa sobre tus huesos tiene varias virtudes: su inicio es muy potente, su atmósfera está bastante lograda y su prosa exhibe destellos líricos. A eso hay que añadir que tiene un par de escenas genuinamente impactantes. No obstante, creo que la novela desperdicia algunas de sus ideas, se antoja reiterativa a partir de su segunda mitad y se cierra sin mucha fuerza.

Sea como fuere, pese a sus defectillos y limitaciones resulta, gracias a su brevedad y modestas pretensiones, una lectura entretenida. Yo personalmente le seguiré la pista a su autora, muy prolífica pese a su juventud, cuyas premisas suelen por lo general llamarme la atención.

viernes, 31 de julio de 2026

Amanda Petrusich: Pink Moon

Idioma original: inglés
Año de publicación: 2007
Traducción: Patricia Valero
Valoración: bastante recomendable

Los grandes discos (incluso aquellos ignorados largamente en el momento de su publicación) suelen tener grandes historias detrás. Grandes, por eso, no significa que estas historias deban gustarnos. Pink Moon, disco del que Amanda Petrusich nos habla aquí, es una colección de canciones que apenas llegaba a la media hora, publicadas sin arreglo alguno tras su grabación, solo unas escasas notas de piano acompañaban la voz de Nick Drake y su guitarra interpretada a su particular manera. Su nula repercusión (como la de los dos elepés que le precedieron) agudizó los problemas mentales de su autor, que puso fin a su existencia y se incorporó al (por entonces) incipiente club de los veintiséis.
Con lo cual este libro no es un disco que profundice excesivamente en los mecanismos creativos que acabaron entregándonos esta parca colección de canciones folk cortas y casi esquemáticas. Si acaso, habla de la situación particular del músico, aislado voluntariamente, con una comunicación casi nula con su entorno, viviendo en casa de sus padres y consumiendo drogas, manteniendo una pose introvertida, no tímida ni arisca, simplemente alienado y profundamente deprimido ante su fracaso artístico, algo que en muchos casos lleva a otras situaciones (dejar la música, por ejemplo, como más de un triunfador debería haber hecho) pero que para Drake constituyó un obstáculo insuperable. Entonces este libro no se limita a ese ejercicio de investigación e indagación, es más bien un testimonio, completado con muchos otros, póstumos a la fuerza, que hablan de su influencia, de su descubrimiento tardío, de cómo de injusta es la industria, que convierte en la promoción, en el ruido que se sea capaz de hacer alrededor de un disco, en un elemento capital para que éste sea apreciado.
El libro dedica un extenso capítulo al hecho que catapultó el posterior ensalzamiento del músico inglés, cuando un equipo de creativos eligió la canción que le da título para protagonizar un anuncio de VolksWagen, cuestión que fiue autorizada por la hermana de Drake y que comportó cierta polémica. Aunque no solo en la música, también en la literatura (que se lo pregunten a Kennedy Toole) y, seguramente ahora más que nunca por los efectos de la globalización, se producen estos fenómenos, a los que siempre llegamos demasiado tarde.
Al margen de conocer el disco o el músico, un excelente texto que nos hace reflexionar sobre nuestra sociedad y los problemas de salud mental, uno más de los males de nuestro tiempo.

jueves, 30 de julio de 2026

Robert Perisic: El último artefacto socialista

 Idioma original: croata

Traducción: Luisa Fernanda Garrido y Tibomir Pistelec

Año de publicación: 2025

Valoración: recomendable


Resulta muy difícil llegar a comprender la realidad social que emergió de la antigua Yugoslavia después del colapso del comunismo y de la devastadora guerra que la asoló en la década de los 90 del siglo pasado. En ese mundo derruido, donde sus habitantes luchan por sobrevivir y mantener la dignidad que una vez tuvieron, sitúa Perisic esta novela social que pretende constituirse en una radiografía de una sociedad que lucha por resurgir de sus cenizas.

Oleg y Nikola, dos buscavidas como tantos otros que pululan por ese mundo en ruinas intentando sacar rédito de las desgracias ajenas, llegan a un pueblo del interior de Croacia con el proyecto de volver a poner en marcha una antigua factoría abandonada para fabricar unas turbinas obsoletas para las que tienen comprador: un dictador norteafricano apodado el coronel, presumiblemente Gadaffi, que les ha hecho una oferta millonaria.

Los habitantes de la población, acostumbrados a una economía de supervivencia y arrumbados por una sociedad y un régimen que les ignora, ven en la reapertura de la fábrica una oportunidad de recuperar la dignidad pérdida y de volver a poner en valor sus obsoletas habilidades laborales. Los dos socios capitalistas intentan capitalizar la nueva empresa proponiendo a los lugareños un modelo de autogestión, inspirado en el pasado socialista del país, que los trabajadores conocen bien porque era el modelo al que estaban acostumbrados antes del derrumbe del socialismo: "Teníamos mercado mientras no había mercado...Ya saben en el socialismo. Luego, cuando llegó el mercado, nosotros dejamos de tener mercado". Capitaneados por el ingeniero Sobotka e ilusionados por la tarea que les proponen ponen manos a la obra y fabrican este último artefacto socialista, las turbinas, aunque están curtidos en el desengaño y desconfían de las intenciones reales de Oleg y Nikola.

En este proceso de puesta en marcha de la antigua fábrica, Perisic aprovecha para presentarnos a una extensa galería de personajes que forman parte del proyecto. Todos son supervivientes de un tiempo y de un país que ya no existe cuya personificación es el bar donde se reúnen, El lago azul, donde todavía siguen pinchando música de los 80, quizás para intentar mantener la ilusión de un tiempo pasado en que fueron felices.

En este universo cerrado, el escritor croata contrasta los dos modelos, el socialista y el capitalista, y deja claro que los habitantes de N., el pueblo croata donde transcurre la novela, quedaron atrapados en tierra de nadie. Las familias se rompieron, las casas se derrumbaron, las ilusiones se desvanecieron y el futuro es una entelequia: "El hombre viviría de forma muy distinta si conociera el futuro. Sobre todo si supiera que no hay futuro".

Las ilusiones iniciales empiezan a ceder ante los múltiples problemas que van surgiendo: las viejas máquinas no funcionan, los recambios no llegan, los salarios no se pagan, los conflictos laborales arrecian y los plazos de entrega no se cumplen. El proyecto empieza a descontrolarse y la llegada de la nueva prosperidad capitalista reabre viejas rencillas y provoca enconados y sangrientos enfrentamientos. Afortunadamente, un inesperado final abrirá una puerta a la esperanza para los habitantes de N.

Perisic realiza un afilado análisis social desde una perspectiva cercana al reportaje periodístico. Retrata un modo de vida obsoleto, pero sobre todo hace un canto a la dignidad humana y al deseo que tiene todo ser humano de que su vida tenga un sentido. Ese es el diagnóstico final de uno de los ingenieros: "No sé si es pasión. Más bien diría que es el deseo de que no todo sea un absurdo. Todo lo sucedido. Si hubiéramos parado el trabajo, habríamos experimentado un sentimiento de inconclusión: hasta el absurdo cobra sentido si está acabado, cuando se ha concluido conscientemente. Hemos vuelto a ser conscientes de nosotros mismos. Y por eso quisimos teminar la turbina".



miércoles, 29 de julio de 2026

Martín Caparrós: Horror de Buenos Aires

Idioma original: español 
Año de publicación: 2024
Valoración: entre recomendable y está bien

Recién me enteré de su carácter de libro que forma parte de una serie con el mismo personaje cuando lo terminé. Es decir, esta novela es la segunda de Los tanguitos de Rivarola y, por lo visto, todas comparten la misma premisa: partir de lo policial para que el protagonista, Andrés Rivarola, un porteño cachivache que constantemente piensa en versos de tango (está ambientada en 1934) y a al vez analiza al mundo desde un costado muy exagerado, dramático (como todo tango) y que resuelve las investigaciones mediante una considerable dosis de suerte, lamentos, casualidades, relaciones surrealistas con los demás personajes, amores que son un sí pero a la vez no, ascensos en el diario donde trabajo según cómo sepa interpretar los pedidos y lecciones de su jefe, entre otras cosas.

Por suerte no hace falta haber leído el primero para entender la trama de este. Se mencionan particularidades anteriores (supongo que la relación intermitente que tiene con Raquel, de la que ni él cree ser merecedor de ese beneficio, viene del primer libro, lo mismo que la entrada al diario y la relación entre pipiolo/subordinado/chico para todo que tiene con su jefe Galuzzi, un tipo bastante práctico, que no tiene drama en desmontar cualquier idea berreta de su discípulo y al mismo tiempo de alentarla si considera que será un golpe de efecto para el diario) y algo del caso anterior, pero nada que nos imposibilite seguir esta historia.

Y esta es la de una prostituta (Dorita, de profesión, y polaquita de apodo) que un buen día deja de ir a trabajar al prostíbulo y nadie sabe por qué. Rivarola, en los primeros capítulos, la llega a conocer para una entrevista, pero no logra sacarle nada en claro debido a su reticencia, y por esa falta de datos se quedará obsesionado con el caso, más aún cuando se percata de que a nadie le importa la suerte de una prostituta. A partir de ahí emprende una travesía entrevistando a: 1) Proxenetas (entre mafiosos que al menos no pretenden ser otra cosa y mafiosos que se hacen pasar por nenes mimados); 2) amigos de Dorita (prostitutas, empleados de hoteles); 3) comisarios retirados, pero con hambre de gloria, que un día tratan bien a Rivarola y al otro lo desconocen. En cada una de las interacciones Rivarola demuestra una sorprendente inocencia a la hora de hacer las preguntas, más en un ambiente peligroso, y el lector constantemente se pregunta por qué un tipo así está de periodista y sobrevive en todas las ocasiones. Se le puede achacar a la suerte enorme, pero pienso que es tal lo inofensivo de su persona, lo volado en sus expresiones y sus preguntas sin filtros, que los demás personajes lo toman a la chacota y lo dejan ir con una palmadita. Por supuesto que varios de sus conocidos le dicen que se ponga las pilas, pero de ahí a hacerlo hay una Muralla China de distancia...Si no, esta historia no sería sobre un tanguero en permanente crisis existencia.

En fin, que Caparrós trabaja sobre ese tono entre bien argentino y lo clásico de cualquier novela policial. El problema es que a veces se pasa de mambo y utiliza demasiadas expresiones que terminan por restarle algo de dramatismo a la ocasión, como una película donde empiezan a putearse al mismo tiempo y están dos o tres minutos así sin que lleve a nada. Da la sensación de que midió mal su intento de lograr esa melancolía tanguera, y en algunos puntos la novela amenaza en convertirse chabacana. Supongo que la inocencia (en realidad es ingenuidad) irá redefiniéndose a medida que pasan los libros; en esta ocasión, se hace muy fuerte el contraste entre Rivarola y los bajos fondos, con resultados no muy verosímiles. Y la conclusión del caso, si bien es un giro algo original, no termina de justificarse porque no hubo una construcción previa, y me refiero más a la crítica o enfoque que realiza Caparrós sobre la comprensión de la sociedad sobre las prostitutas que a la identidad del asesino, que bien podría haber sido cualquiera. Pero es una novela que se lee rápido, que te hace sonreír unas cuantas veces y exasperarte con otras y en la que uno puede notar ese aire de Buenos Aires señorial e hipócrita al mismo tiempo.


Muchas reseñas de Caparrós acá

domingo, 26 de julio de 2026

Xavier Mas Craviotto: La llum subterrània

Idioma original: catalán
Título original: La llum subterrània
Traducción: sin traducción al castellano en el momento de publicar esta reseña
Año de publicación: 2023
Valoración: entre recomendable y muy recomendable


No es algo que creo que sorprenda al lector habitual de este blog si afirmo con rotundidad que, a mi parecer, Xavier Mas Cravitto es uno de los valores más prometedores que hay en la actual literatura catalana. Poseedor de una versatilidad creativa que le permite moverse perfectamente en diferentes formatos (poesía, novela o cuentos) su juventud le despoja de cualquier anquilosamiento y convierte cada libro en una oportunidad para llegar más lejos y mejor.

En este breve libro de poemas que le valió el premio de poesía Ausias March de Gandia en el año 2022, el autor trata sobre lo que vendría a ser el principal tema de su obra: las relaciones. Unas relaciones en sentido amplio: la relación entre personas, con el entorno o con uno mismo. Así podríamos, por extensión, hablar del encaje en la vida, en su más vasto sentido; un acoplamiento que (y como acostumbra a dejar entrever el autor) no parece fácil ni tampoco siempre placentero; por el contrario, uno lo vislumbra rocoso, astilloso, hasta incluso a veces árido y reseco; a veces esperanzador, también, pero en pocas ocasiones. Porque Mas Craviotto es muy hábil en explorar esos recovecos por donde la calma se escurre, esas grietas que filtran la paz interior y la vacían casi sin hacer ruido ni notarse su presencia o su ausencia, como cuando nos habla del silencio, que «llegó muy quieto, como cuando el cielo se nos vuelve blanco antes de la nevada y se nos confunde con el paisaje». Así, poco a poco, esa sensación de que falta algo, de que siempre falta algo va calando, de manera suave, con tono sedoso pero consistente, tejiendo como una especie de manto que nos envuelve y nos limita el movimiento. Por ello, en este poemario, el autor incide en los temas habituales: la no pertenencia, la eterna e infructuosa búsqueda de un lugar donde reposar los sentimientos, un sitio que pueda considerarse hogar, con la dificultad que eso conlleva pues habita en sus poemas una sensación de soledad y de cierto desánimo, aunque sin llegar a un abandono; hay indicios de tenue esperanza, tal vez aunque sea únicamente porque ya no queda nada más, quizá como ese último aliento, un último empeño para conseguir ver algo de luz en la oscuridad. Hay búsqueda, tal y como expone en uno de los poemas donde un personaje pide y reitera que «me gustaría tener un lugar donde volver». Esa es la idea que emana su texto, no solo la búsqueda de un lugar donde ir sino también de un lugar donde volver, expresando así una doble pérdida: la del pasado y la del futuro a la vez, un doble vacío que nos deja en la estrecha cornisa de un presente incierto.

Por todo ello, y siendo conocedor de la obra de Mas Craviotto, uno puede divisar y anticipar en este libro lo que vendría después en alguno de sus futuros textos, como cuando nos habla de «el cráneo inexpresivo de este mundo nuestro con los ojos llenos de no-mirar». Son esas caras inexpresivas que tan bien sabría transmitir después en su gran libro de relatos «Animals inexpressius», esos rostros casi inertes, de mirada vacía e indescifrable. O, también, cuando habla de relaciones y el sentimiento de soledad, de abandono, al afirmar que «como todo era tan lejano, no había distancias. Pero estábamos tú y yo, el barro en las uñas y en las manos, el batido que no para: y debajo, el mundo que callaba, el mundo que callaba y no sabíamos si aquel silencio era el silencio protector que hacen las madres o el mutismo sigiloso y traicionero que precede un disparo de bala», o cuando en una despedida triste y desolada, cuando ya no queda nada que decir, uno le dice al otro «márchate: las palabras renacerán cuando estés lejos». O también, cuando afirma con pesar y desespero, «que no es una cama, que es una fosa; que no es ciudad, que es cementerio; que no es un cubil, que es una gruta por debajo de los pies causándonos dolencia; que no es semilla, que es una larva anidándonos dentro con rabia muda (…) que es el ataúd, noche tras noche, haciéndonos de lecho».

También diré, y es algo que los que no estamos acostumbrados a leer poesía podemos agradecer, que en este libro el formato poético es libre, sin las constricciones típicas de las métricas; incluso en ocasiones se trata de prosa poética (o poesía novelada) por lo que, aunque sí encontramos las características de la poesía (sonoridad, exquisitez verbal, cuidada elección de las palabras, etc.) no nos topamos con el encorsetamiento ni las formalidades típicas de la poesía clásica. Aquí el estilo es más próximo a la poesía moderna, más libre, hasta el punto que incluso hay partes del texto en prosa y eso es algo que va en consonancia con lo que ha dicho el autor en alguna ocasión: que él parte de una idea en mente y es la idea la que elige la forma que debe tomar el texto (ya sea poesía, narrativa o cuento) porque, de algún modo, a pesar de que su obra está relacionada a nivel temático, emocional y estilístico, el cuerpo bajo la cual se nos aparece no siempre es el mismo, se adapta a lo que el texto demanda.

Dice Mas Cravitto en un fragmento de este libro que «de día ahuyentábamos los monstruos con rayos finos de tinta». Quizás en el fondo se trate de esto, de conseguir que las palabras expresen lo que llevamos dentro y expurguen los sedimentos del dolor como si fuera un exorcismo, para evitar que estratifiquen y nos aten a un fondo donde todo parece oscuro, inhóspito y solitario.

También de Xavier Mas Craviotto en ULAD: La mort lenta, La gran nàusea, Animals inexpressius, La pell del món

sábado, 25 de julio de 2026

Reseña + Entrevista: Entre las hojas escondido de David Muñoz Mateos

Idioma original: Español 

Año de publicación: 2026

Valoración: Está muy bien

Hoy nos acercamos a la España vaciada. Y lo hacemos de la mano de David Muñoz Mateos, quien nos lleva a su Zamora natal (más concretamente a la Sierra de la Culebra, ya en la frontera con Portugal) para contarnos la biografía de Samuel, niño feral* convertido en lobo solitario que contempla desde lejos, y casi con recelo, a la manada.  

Esta vendría a ser la sinopsis de la novela, pero toda sinopsis tiende a ser reduccionista y el caso de Entre las hojas escondido no es ninguna excepción. De hecho, creo que la novela de Muñoz Mateos es una historia de marginación y abandono, sí, pero también una historia de utopías abandonadas,  un acercamiento al misterio de lo desconocido o un intento de entender las contradicciones propias y ajenas.

Rescato de los anteriores párrafos "propias y ajenas" y "frontera":

  • "Propias y ajenas" porque en este texto está Samuel Carvalho, protagonista absoluto, pero también un narrador que tiene mucho del propio autor y que se acerca, pasados los años, a un Samuel que despierta en él fascinación, compasión, envidia e incomprensión. Ese acercamiento permitirá al narrador descubrirse a sí mismo y efectuar una interesante (re)lectura del pasado.
  • "Frontera" porque Samuel y el narrador juegan en un terreno entre la civilización y la barbarie, "frontera" porque Muñoz Mateos se mueve entre la biografía, la novela, el ensayo o el reportaje periodístico y "frontera" porque la narración oscila entre un pasado y un presente no del todo claros. Ahora me explico.
Dicho esto, creo que las principales virtudes del texto radican en:
  • El trabajo con el personaje de Samuel y, en especial, con su lenguaje. Partiendo de la base de que me parece acertado dar voz a este tipo de personajes, se corre el riesgo de que esa voz no sea "creíble" o que sea demasiado similar a la de cualquier otro personaje. En este caso, Samuel tiene un importante desorden sintáctico, una gramática nerviosa y torrencial y ausencia total de orden cronológico (o digamos que vive en un eterno presente). Estos tres elementos hacen de él un personaje confuso y contradictorio, un ser que se mueve en el tiempo y el espacio como si las leyes (las espaciotemporales y las restantes) no fuesen con él.
  • La hibridación genérica. Entre las hojas escondido es una novela, indudablemente. Pero tiene una vertiente ensayística que va desde lo histórico (breve recorrido por la historia de los niños ferales) hasta lo pedagógico que engarza perfectamente con la ficción, al tiempo que la oxigena.
  • La utilización de diversas dualidades para articular la novela (campo / ciudad, Samuel / narrador,  padres del narrador o Aurora y Julián / cazadores) y de ciertas simbologías para ahondar en esas dualidades.
  • Su lado sensorial. La acción transcurre, fundamentalmente, en la Sierra y eso se hace notar. Sirva un ejemplo: "...primero entre arbustos de apariencia geológica a la luz de la luna y, poco después, casi a tientas, sobre el manto de acículas que alfombraba un pinar tupido, aspirando en el aire helado el olor de la resina y de la tierra húmeda".
El único "pero" que le puedo poner a la novela es una subtrama que parece abrirse al comienzo de la misma (el origen de(l abandono de) Samuel) y que parece quedar en nada. Creo intuir los motivos de su inclusión y su abierto final, pero no sé su inserción en el conjunto de la novela está plenamente justificada.

Poca cosa en comparación con todas las virtudes que tiene un texto que podríamos ubicar entre el Walden de Thoreau y Las leyes de la caza de Pilar Fraile. Aunque, pasados los días, me parece ver en la novela ecos de Delibes. Ya sabéis, aquello de lo humano en el paisaje (de Castilla, además), los personajes, mirada... No sé, igual mejor que lo leáis y nos contéis, ¿no?  

Eso sí, escuchad antes lo que nos cuenta David sobre la novela.  



* Niño feral o "niño salvaje" hace referencia a niños que han vivido fuera de la sociedad durante un largo período de su infancia. Se incluyen en esta desde personas que no hayan tenido el más mínimo contacto humano durante años a niños que hayan sido confinados.

viernes, 24 de julio de 2026

Rita Halász: La honda respiración

Idioma original: Húngaro
Título original: Mély Levegő
Año de publicación: 2021
Traducción: Teresa Ruiz Rosas
Valoración: Recomendable

Después de que su marido Péter la estrangule tras una discusión, Veronika coge a sus dos hijas y se va a casa de su padre, a las afueras de Budapest. Ahora debe dilucidar si su relación era abusiva y decidir si quiere divorciarse; asimismo, aprovecha la ocasión para resucitar su pasión por el dibujo y liarse con un par de antiguos conocidos.

Este es el resumen de La honda respiración, novela de la húngara Rita Halász. De este debut literario destacaría su vigor narrativo, su acabado impresionista (que mezcla acción y diálogo, presente y pasado, recuerdos e imaginación) y su manejo temático (empático con la protagonista sin por ello idealizarla o simplificar conceptos como la negación, la culpa, el miedo al cambio, la insatisfacción vital y la maternidad). 

Los personajes de La honda respiración también me parecen dignos de señalar, ya que, aunque no son particularmente complejos ni memorables, se sienten muy humanos y vivos. Asimismo, me ha gustado cómo la novela aprovecha los cuentos que Veronika explica a sus hijas para que entiendan la situación entre ella y Péter.

La única pega que le pondría a La honda respiración es que la conversación que Veronika y su amiga Andi mantienen en el capítulo IX se antoja poco natural, incluso impostada. 

Sea como fuere, La honda respiración es un meritorio debut literario. Si bien no narra algo particularmente original, lo aborda desde una perspectiva honesta y con una técnica tan interesante como solvente.

jueves, 23 de julio de 2026

Andrea Genovart: Consumir preferentemente


Idioma original:
catalán

Título original: Consum preferent

Año de publicación: 2023

Valoración: muy recomendable

Alba Giraldo Doménech (la combinación de apellidos de origen castellano y catalán no es nada gratuito, me parece, para empezar), protagonista absoluta de la novela, vomitando pedazos de salmón ahumado, que ha  engullido de forma compulsiva, y que su cuerpo no ha tolerado, como una especie de metáfora de la falta de adaptación a un teórico pequeño lujo que se ha permitido para cenar. Una imagen potente, conforme esa modesta inversión (8,75 €) se va a ir por el inodoro tras dejar un poso agrio, de placer efímero que revierte en arrepentimiento, en culpabilidad, en sensación de desamparo, una metáfora de desencanto de generación Z que puede, a primeras, resultar algo familiar para el lector de hoy.

Uy; ya tenemos otro testimonio en persona interpuesta, otra también agria queja que acabará haciendo aflorar las consabidas reivindicaciones generacionales sobre la falta de oportunidades, lo precario de todo, lo caro de todo, lo injusto de todo, lo desigual de todo, la presión de la gran ciudad como puzzle en el que no encajas, ay qué digo, como Tetris en el que los bloques caen pero no para alinearse sino para aplastarte, no, como árido paisaje en el que las multitudes - en las calles, en el transporte público, en pisos de pequeña superficie con espacios compartidos - solo hacen que exacerbar esa angustia, esa soledad, esa percepción de ser únicos entre un océano de borregos que acuden (con suerte) a un puesto de trabajo alimenticio por el que hay que dar las gracias varias veces al día. Mientras se observa como otros (con más suerte) te adelantan por los dos flancos, casi seguro de que si cambias de carril para ir más rápido ése pasará a ser el carril más lento. Por no hablar (2023) de la IA, esa que (2026) ya pronto generará sus prompts en función de tus consultas anteriores y arrinconará a tu cerebro con sus predicciones y sabrá qué te apetecerá consumir y cómo te sentará y (last but not least) si puedes permitírtelo.

Pues no. Genovart (que trabaja para algunas editoriales, pero publica su primera novela en Anagrama) dinamita esas preconcepciones con una novela muy bien planificada y con ciertos hallazgos estilísticos que le aportan una cierta musicalidad, como un mantra que (he leído su original en catalán) ha traído algun quebradero de cabeza en su traducción al castellano. Texto en catalán, contrapuntos extraidos del rico refranero castellano, seguramente herencia de los orígenes del personaje, seguramente testigo subliminal de la absoluta impureza del menguante catalán callejero de Barcelona, aquel que interactúa con la inmigración, con los ascendentes de procedencias peninsulares, con los expat, con los Erasmus, con los compañeros de piso, de trabajo, de borrachera asequible con latas de cerveza del paki, y que, desde los primeros párrafos, intercala esos refranes con total naturalidad y desparpajo, con una sensación desinhibida de que el bilingüismo es un hecho que hay que asumir, incluso porque los pasajes (menos) en inglés siempre surgen de referentes universales como letras de clásicos pop. 

Y lo que le acontece a Alba sí que podemos encajarlo en cierto estereotipo: trabajos precarios insuficientes para acometer un proyecto vital ajustado a ciertos patrones - ahorro, apareamiento, estabilidad, rutina que no por ser rutina deja de ser anhelada, un techo en el que refugiarse a dormitar o follar o ver una serie o leer algo, esas cosas tan nimias para muy poca gente, tan difícil para la mayoría a pesar de la formación, a pesar de la firmeza de una voluntad que se resiste a esperar la benevolencia de la fortuna, que alarga la mano para asir algo que ineludiblemente se aleja. Detrás de eso, el monólogo que se extiende por las ciento ochenta páginas, salpicado muy ocasionalmente de diálogos siempre esquemáticos, siempre revestidos de cierto aire casual que explica cómo todo va por dentro, cómo Alba anhela una situación en que pueda resolver ese montón de inseguridades - trabajos que no cuajan, pseudonoviazgos que no se consolidan, amistades siempre al borde de la ruptura por nimiedades, una peca o mancha en su rostro que acapara puntualmente la atención, sobre todo en sus chispeantes conversaciones con su madre. Una escapada veraniega al pueblo, falso punto y aparte en que tiene que ordenar sus ideas y desurbanizarse.

A Genovart habrá que seguirla de cerca: aventuro que futuras obras representen cambios de registro y que sabrá esquivar con eficacia cualquier cosa parecida a convertirse en cronista de la generación Z. También que su trayectoria vital y artística se capilarizará en sus textos sin acapararlos y monopolizarlos. Impresión o hipótesis a la que llego a la vista de la habilidad con que ha convertido Consumir preferentemente en un sutil alegato que piensa localmente y actúa globalmente. Frase de la que ya me arrepiento, pero con algo hay que cerrar la reseña.

miércoles, 22 de julio de 2026

Sophie Demange: Las carniceras

Idioma original: francés

Título original: Les bouchères

Año de publicación: 2025

Traducción: Susana Prieto Mori

Valoración: se deja leer

Dos apuntes o avisos antes de comenzar la reseña en sí, para dejar las cosas claras:

1°- Voy a tratar de evitar todo espoiler sobre la trama de esta novela, pero me temo que va a ser difícil que algún lector o lectora avispado/a no adivine por donde va. No pasa nada, se puede leer el libro aún intuyendo o incluso sabiendo esta información, aunque, claro está , no es lo más idóneo. (*).

2°- ¿Me he decidido a leer esta novela atraído por su molona cubierta? Pues sí, no lo niego; ya sabéis de mi superficialidad al respecto. Aunque como dijo, no sé si Gide: "Lo más profundo de los hombres es su superficie"... Pues a veces con los libros pasa igual.

Dicho lo cual, vamos al lío... Las carniceras trata, cómo no, de unas carniceras; en concreto, Anne, que decide hacerse cargo del negocio familiar en la normanda ciudad de Ruán y para ello recluta, primero, a su compañera de formación Stacey y luego, como ayudadante, a la guineana Michèle, conformando todas ellas un trío de profesionales del despiece cárnico especialmente seductor, dentro de una profesión en general detentada por hombres (al menos en Francia, al parecer). Además, redecoran y actualizan la carnicería heredada del padre de Ann para convertirla en un local encantador, por no decir cuqui e incluso trendy, hipster o como se denomine ahora el pijerío Bobo (Bourgeois-bohème, no hablo de ningún ex-presidente del Gobierno español). La iniciativa parece ir sobre ruedas... excepto que ambas tres han sido o son víctimas de algún tipo de abuso, violencia o discriminación por parte de los hombres y esa circunstancia acaba revertiendo a sus vidas. Claro que dichos hombres no cuentan con sus destrezas en el manejo de la cuchillería utilizada en su oficio y hasta ahí puedo leer...digo, contar.

¿Qué me ha parecido Las carniceras? Pues permitidme desarrollar mis puntos de vista usando el que podríamos denominas "Método Patentado Oriol de Elaboración de Reseñas". Es deir, por una parte, veamos los aspectos positivos o que me han gustado de esta novela:

  1. la inevitable simpatía que , desde un principio, suscitan las protagonistas. Simpatía que se siente hacia ellaas a pesar de que ciertos comportamientos que llevan a cabo no son los más correctos desde diferentes puntos de vista... desde el puramente legal al ético, pasando por la seguridad alimentaria.
  2. Una recreación de la vida  diaria de un barrio tradicional francés tirando a gentrificado bastante amena y hasta divertida (por continuar con las referencias francófilas, aunque sean cinematográficas, recuerda a algunos pasajes de las películas de Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro, Amélie e incluso Delicatessen).
  3. Ciertos pasajes del libro, sobre todo cuando se trata de descripciones de paisajes o de las actividades propias del oficio de las protagonistas, que destacan literariamente sobre un estilo general más tendente a la eficacia narrativa que a la floritura y no digamos ya, la brillantez.
Lo que no me ha gustado (o mucho menos) de esta novela:
  1. Que el estilo, precisamente, tienda más hacia la eficacia que a buscar una mayor calidad literaria -pese a que, ya digo que de vez en cuando esa posibilidad se vislumbra y resulta una verdadera pena que su autora no ahonde en ese sentido (cierto es que ésta es su primera novela, así que démosle algo más de tiempo para desarrollarse como escritora).
  2. Las oportunas elipsis que hace de determinados episodios de violencia. Es decir, ciertos episodios, según quienes sean la víctima y el agresor y la naturaleza de esa agresión nos las cuenta con más detenimientos que otros momentos, más sangrientos, por los que pasa con discrección y hasta asepsia.
  3. En general, el maniqueísmo que denota toda la obra y que la convierte, en cierto modo, en una "novela de tesis". Entiénd aseme: nadie (y yo tampoco, claro) siente simpatía por los acosadores sexuales, los violadores y los agresores de ningún tipo. Y el trasfondo general de la novela me parecede perlas: unas mujeres que se empoderan a través del ejercicio de un oficio tradicionalmente masculino y se enfrentan a los hombres que las causan algún mal -aunque not all men, como se encarga la propia novela de dejarnos clarinete- ; pero claro, eso es una cosa y otra es converetir a las protagonistas en adalides del empoderamiento femenino, sin tener en cuenta según qué comportamientos... Tampoco consideramos a Ed Gein o Jeffrey Dahmer (o Hannibal Lecter, por no salirnos del terreno de la ficción) como modelos de una actitud adecuada para sobreponerse a los problemas de salud mental... y, de nuevo, hasta aquí puedo contar. 
Sí, ya sé que habrá quien, dada mi condición de señoro heteropatriarcal (y cada vez más viejuno, me temo), cuestione mi opinión sobre este tema o incluso que yo tenga derecho a tener alguna. Pues bien, he de decir que, a pesar de mi condición de señoro, etc. no sólo no tengo ningún problema con las reivindicaciones feministas, multirraciales y LGTBIQA+ friendly de que hace gala esta novela (casi un festival de esa palabra que empieza por W- y que tanto pone de los nervios a nuestros queridos Albertolmos, Sotivars y a buena parte de los influencers huidos a Andorra para pagar menos impuestos), sino que me parece incluso de perlas para contrarrestar un poco la sobredosis de facherío a la que estamos sometidos, en los últimos tiempos. Ahora bien, si se hace, que se haga con un poco de rigor y criterio, y no montando una peli, no ya de buenos y malos, sino de que el fin justifica todos los medios. Porque, mes chérs amis, yo tampoco es que sea muy remilgado -de hecho, ya digo que me hubiera gustado más detallismo en determinadas escenas que podemos denominar, sin duda alguna, como escabrosas-, pero lo que no se puede hacer, insisto, es ocultar ciertos hechos mientras se resaltan otros. El maniqueísmo, insisto de nuevo, no funciona como fórmula narrativa. A no ser que se trate de El Señor de los Anillos, obviamente, que no es el caso.

(*) No sé hasta qué punto he superado este escollo o en la reseña se deja entrever, quizá demasiado, por dónde van los tiros en esta novela (metafóricos, se entiende, que aquí tiros no hay... Sólo faltaba eso). Mis disculpas si es así.

domingo, 19 de julio de 2026

Benjamin Markovits: Días de juego

Idioma original: inglés
Título original: Playing Days
Año de publicación: 2010
Traducción: Juan Nadalini
Valoración: entre recomendable y bastante recomendable

En la reseña de El resto de nuestras vidas, mi compañero Koldo mencionaba "la alargada sombra de Stoner. Hay algo de eso también en este segundo libro que leo de Markovits (eso sí, no tiene la profusión de los personajes universitarios, por lo que la carga/pretenciosidad intelectual se reduce al mínimo).

Esta es una novela prácticamente autobiográfica. Por lo que sé, el autor jugó básquet en la segunda división de Alemania con un talento que luego explotaría en la NBA (no lo menciona por su nombre, pero si uno rastrea sus descripciones es fácil de llegar a él), con la idea de ascender al equipo a la primera división. Aparte del talento, que se llama Karl, se encuentra con un grupo conformado de universitarios que ven al deporte como un hobby, de veinteañeros tardíos que se han dado cuenta que ser el mejor en su infancia no significaba nada a la hora de la verdad y de  un treintañero desesperado por tener otra oportunidad en las grandes ligas; todo esto aderezado por un entrenador dispuesto a explotar el talento de Karl para conseguir un puesto de trabajo mucho mejor (un personaje que va de más a menos; al principio tiene presencia y luego funciona más como una comparsa del equipo, aunque quizás esa era la intención de Markovits, el desligamiento de la figura paternal a lo largo del libro y de la madurez del narrador a la hora de asumir los golpes de la vida).

Cuando no está jugando al básquet (de las pocas veces que el relato de un partido de básquet, y acá se incluyen varios, se hace apasionante. Se nota que el autor sabe de lo que habla y ha reflexionado mucho sobre el deporte), el narrador, que se llama Ben (y que no tiene ningún problema en incluir el apellido real), pasea por Landshut, el pueblito, interactuando de vez en cuando con sus compañeros de equipo, recorriendo la naturaleza de los campos alemanes y espiando por la ventana a su vecina del complejo de departamentos. También discurre en ciertas reflexiones sobre la identidad del judío (pero no es un tema central, solo un poco de color sobre el personaje) y, lo más importante, la definición del talento, o lo que se considera talento según la zona en la que se encuentra uno. ¿Es lo mismo un talento local de una ciudad de cincuenta mil a un talento que se ha probado contra todos los equipos de un país de trescientos millones? ¿Cómo la psicología del que se cree talentoso se ve afectada cuando se da cuenta que siempre hay otro mejor?

En esta novela el paisaje y la relación con los alemanes cobra un poco más de protagonismo, no tanto como para intentar un retrato de ese pueblo, pero sí entreviendo, mientras el narrador establece una dinámica azarosa o conveniente con los demás (en un momento se queja de que es el único que pregunta y de que nadie se interesa por él), que el tormento o el conflicto pasa por el interior de Ben. Acá es donde se puede notar la sombra de Stoner, en el sentido de cierta resignación hacia lo que sucede, o un dejarse llevar por los hechos, como si no pudiera controlarlos y se comportara de forma apacible por ello. Hay, por supuesto, celos hacia el otro, no solo en cuanto a lo deportivo, sino también sexual (una de las tramas, que resulta algo floja por su indecisión de resolver la historia, es la del narrador siendo una especie de novio con la vecina del departamento, que resulta ser la ex del segundo mejor jugador del equipo y con una hija de tres años). Uno de los posibles títulos del libro podría ser Una felicidad menor, en cuanto que las pequeñas victorias no cambian nada, y los golpes de realidad son piñas esperables, que no terminan destruyendo expectativas infundadas.

Mientras leía la novela revisé varias veces la foto de solapa del autor. No es algo que suela hacer, pero la mirada afable e incluso tierna corresponde totalmente a mi imaginación sobre el narrador, alguien que aprendió rápido lo que ocurría en ese ámbito deportivo, la asimilación de sus limitaciones respecto a Karl (además de que otros le repiten constantemente que puede funcionar para segunda división y no mucho más) y el efectivo análisis de su talento a la luz de ojos ajenos. Es por ello que, sacando alguna trama como la mencionada, en la que parece más un intento de forzar algún tipo de conflicto emocional, y ciertas reflexiones que no corresponden a la unidad de la novela, deja una sensación de nostalgia y tristeza por lo perdido y encontrado, un espejo en donde uno se identifica con su niñez, con las ilusiones y sueños, y comprueba qué tan lejos ha podido (o querido) llegar respecto a la voluntad de ese anhelo personal e inimitable.

Más de Benjamin Markovits: El resto de nuestras vidas




sábado, 18 de julio de 2026

Jon Fosse: Soy el viento

Idioma original: nynorsk (neonoruego)
Título original: eg er vinden
Traducción: Carolina Moreno Tena en catalán para Comanegra y Cristina Gómez Baggethun en castellano para De Conatus
Año de publicación: 2008
Valoración: recomendable


A pesar de ser un gran aficionado a la literatura nórdica, me sigue sorprendiendo que aún haya autores de gran calidad que pasen desapercibidos en nuestros lares. Por eso el otorgamiento del Nobel a Jon Fosse me brindó la oportunidad perfecta para descubrir este autor de gran talla artística que muestra una gran habilidad para tratar, con pocos personajes, el comportamiento humano y, especialmente, sus debilidades, carencias emocionales y temores vitales.

En esta pieza teatral de corta extensión, el autor sitúa a dos únicos personajes y lo hace sin detallar su nombre, ampliando así una indefinición que le permite extender el tema tratado a cualquier persona; así, en este texto, Fosse versa sobre la individualidad, el aislamiento y el sentido de la vida y lo hace a través de cortos diálogos entre ambas personas (que podríamos también interpretar como una sola con dos voces internas, algo muy característico del autor) donde una de las cuales admite que no puede estar sola porque «si estoy solo sólo me veo a mí, sólo me oigo a mí, y no me gusta ni verme ni oírme». Tal es así que, de manera simbólica, el personaje que carga con el peso de la acción afirma que cuando está solo se convierte en una piedra que va cayendo, mar adentro hasta el fondo; un peso, inmóvil en silencio, sin nada más. De esta manera, en una especie de alegoría entre el mar y la soledad de un viaje en barca, el autor busca hacer un retrato del viaje con la vida y la búsqueda de un lugar donde descansar y encontrarse a sí mismo, lejos de la multitud del ruido, la muchedumbre y el gentío. Así en la búsqueda de la paz interior, el autor indaga sobre la soledad, la pausa y el momento vital buscando un lugar donde encontrar reposo.

A nivel estilístico, el autor emplea frases muy cortas en las que intercala muchos silencios, dejando espacio así a la reflexión y a la pausa y juega un poco con la confusión, al despiste, al equívoco propio de la ambigüedad planteada y que plasma al aseverar de manera clara y rotunda que «de alguna manera todo debe ser imaginado (…) aunque ocurra realmente es como si fuera imaginado, como si existiera también en otro lugar, como si todo pasara en las palabras». Este componente onírico, a caballo entre realidad e imaginación es un rasgo muy propio del autor que utiliza este recurso para extender diálogos y situaciones más allá de la cabeza de los propios personajes, ampliando así sus dudas, temores e inseguridades.

De la misma manera que sucede con sus novelas, en esta obra teatral se puede constatar que, para Fosse, los personajes y lo que les sucede en su interior son la pieza angular sobre la que se sostiene cualquier narración; unos personajes reflexivos, alicaídos y desolados, donde la fatalidad parece ya escrita e es inexorable, donde el destino está ya marcado y fijado, donde, a pesar de las pequeñas variaciones o alteraciones que se puedan producir en el camino ya trazado estas no les apartan, sino que simplemente son pequeños recodos en los cuales tomar un poco de aire y constatar que, a pesar de que siempre parece haber una salida, esta no deja de ser sino una pausa, un breve respiro en el que tomar el aliento necesario para constatar, nuevamente, que no hay vuelta atrás posible, que, a pesar de los intentos de eludir el futuro, a pesar de los intentos de comprender su existencia, siguen sin ser conscientes de que es ella misma la que guía y marca cada uno de sus pasos hasta dirigirlos ineudiblemente hacia el negro abismo.

jueves, 16 de julio de 2026

Cristina Fernández Cubas: Lo que no se ve

Idioma original: Español  
Año de publicación: 2025
Valoración: Está bien
  
Lo que no se ve agrupa seis relatos de Cristina Fernández Cubas, escritora española que suele bordear el género fantástico y es conocida por sus ficciones sutilmente inquietantes. 

Aunque, a mi juicio, ninguna de las piezas de esta colección está a la altura de las obras maestras de la autora, todas son cuanto menos solventes, e incluso algunas ostentan una chispa. Las hermana su querencia por lo desasosegante, y, exceptuando a "¿De qué se habla en las fiestas?" y "La hermana china", la insinuación de que algo sobrenatural puede estar sucediendo.

Analicemos uno a uno los relatos de Lo que no se ve:

En "Tú Joan, yo Bette", dos hermanas ya ancianas juegan a representar su película favorita de juventud, atrayendo en el proceso a una presencia ominosa. Historia que tiene una escena espeluznante y un desenlace perturbador. A mi juicio, de lo mejor del conjunto.

En "¿De qué se habla en las fiestas?", una chica descubre su propia crueldad al analizar su relación con su compañera del instituto. Historia funcional, aunque demasiado simple.

En "Momonio", una mujer que evoca sus años universitarios recuerda cómo su grupo de amigos se desmanteló cuando intentaron invocar al Otro durante una borrachera. Quizá la historia que más me ha decepcionado del volumen, aunque admito que es porque pensaba que iba en una dirección y al final se acaba decantando por otra igual de válida pero que se antoja menos cruda y más formulaica.

En "La hermana china", dos hermanas con nombres de plantas ejercen la una sobre la otra un efecto harto curioso. Historia funcional, aunque demasiado simple.

En "Il Buco", un hombre maduro que ha viajado a una ciudad italiana para acompañar a su joven pareja accede a la zona en obras de una catedral, donde recibirá un mandato con consecuencias imprevistas. Historia que tiene una imaginería sugerente y unas implicaciones interesantes para el protagonista. A mi juicio, de lo mejor del conjunto.

En "Candela Viva", una mujer descubre, tras estar a punto de ser atropellada, que en su barrio hay un establecimiento muy singular. Efectivo, sobre todo en la creación de su atmósfera, aunque demasiado simple y lineal para mi gusto.

Resumiendo: los seis relatos de Lo que no se ve están bien. Sin embargo, palidecen al enfrentarlos a otros de Fernández Cubas, y sólo dos de ellos me parecen verdaderamente destacables.


También de Cristina Fernández Cubas en ULAD: Aquí

martes, 14 de julio de 2026

Julian Barnes: Despedidas

Idioma original: inglés 

Título original: Departure(s)

Año de publicación: 2026

Traducción: Jaime Zulaika

Valoración: recomendable

Si alguien lo recuerda, en la reseña dedicada a Mis cambios de opinión, comentaba que ese libro no  era el último que iba a publicar Julian Barnes, que a su ya respetable edad une el padecimiento de una grave, aunque cronificada enfermedad. Así pues, el último, de verdad, es éste al que dedicamos la reseña de hoy, convenientemente titulado Despedidas (aunque yo prefiero el título original, Departure(s), que en inglés tienen el sentido de "salidas" o "nuevos rumbos", que me parece más adecuado).

La trama -si es que existe alguna- de este libro (me resisto a llamarlo novela) resulta, cuando menos, bastante escurridiza: digamos que, en principio, Barnes nos cuenta la historia de amor/desamor de dos amigos suyos, en dos momentos de sus vidas separados por un intervalo de cuarenta años. Pero también encontramos una crónica del diagnóstico de la enfermedad que padece -un cáncer de la sangre, neoplasia mieloproliferativa, que no lo matará, pero le acompañará hasta su muerte-, disgresiones sobre la memoria -sobre todo de lo que se conoce como IAM: Involuntary Autobiographical Memory-, digresiones sobre la muerte, digresiones sobre la literatura -en especial la francesa, que ya se sabe que M. Barnes es un notorio francófilo-, sobre la percepción que los perros tienen de sí mismos, sobre la asimetría en las relaciones amorosas, sobre... en fin, lo que sea, porque si en algo es especialista este escritor es en lo de digredir, algo que se le da de maravilla (de hecho, algunos de sus libros, entre ellos el más célebre, El loro de Flaubert, no dejan de ser sino una digresión detrás de otra). Ningún problema, pues, excepto que, quizás, en algún momento se desdibuja un tanto los temas centrales del ibro, que vienen a ser los que ya he mencionado: el amor, la vejez, la memoria y la muerte (tiene su lógica, primero porque ya son temas tratados anteriormente por Barnes en otros títulos, pero, además, porque eas de suponer que ocupan bastante los pensamientos de cualquier persona, sea escritor o no, de ochenta años y con un cáncer "incurable,  aunque tratable" ya de por vida). Con todos estos asuntos y más, de los que, en apariencia, va saltando de uno a otro sin orden ni conciertos, en realidad Barnes va tejiendo una urdimbre a base de divagaciones, reflexiones, recuerdos, hasta que el lector (este lector, al menos, que probablemente esea más obtuso que otros) se da cuenta de que todo va formando un cuadro, un tapiz que probablemente el autor ya tenía en mente desde que comenzó a escribir el libro, pero que ha preferido mostrarnos poco a poco, por medio de una conversación amistosa y ligera, entre viejos camaradas. Este tono amable y poco dramático, aun cuando se estén tratando cuestiones de la vida bastante graves, o incluso espinosas, es una especialidad de Barnes, como sabrá quien ya haya frecuentado su obra y, la verdad, se agradece que sea el elegido, de nuevo para éste su último libro.

Un segundo aspecto del libro, algo más delicado para éste vuestro servidor, es el gran e incuestionable peso que tiene en el mismo lo que podríamos denominar "el aspecto autobiográfico" (obvio eufemismo para no tener que recordar la palabra maldita: autoficc...bueno, ya sabéis). Pero, bueno, es verdad, por otr parte, que lo de la autoficcetc. no es sólo una moda a seguir para Barners, sino que toda su obra esta llena de referencias a sí mismo y sus circunstancias. Y, qué coño, es el último libro de Julian Barnes, que tiene ya ochenta años y un cácer "incurable pero tratable". Hasta yo lo puedo (y lo debo). pasar por alto, así que no problem...

En fin, como ya sabrá más de uno y una de nuestros amables lectores/as, el próximo mes de octubre este escritor recibirá el Premio Princesa de Asturias de las Letras, artefacto propagandístico de la monarquía española que, por una vez, sirve para algo (*). Quien quiera y pueda acercarse al teatro Campoamor de Oviedo tendrá la oportunidad de despedirse en persona, siquiera a distancia, de este nuestro estimado.  autor. Pera para ellos y ellas, así como para el resto de nosotros, la despedida no es definitiva: nos quedan la lectura y la reslectura de todos los demás libros que ha escrito y la sensación, la ilusión, si se quiere, de estar dialognado con un amigo amable y ocurrente, al menos mientra dure esa lectura. Por eso al menos yo no me despediré aún de Julian Barnes, sino que esto será, en todo caso, un "hasta pronto". Y, sobre todo, muchas gracias por todo lo escrito: ha sido y continuará siendo, un placer.

(*) Se trata, si se quiere, de un premio de consolación aunque magro, por no haber recibido el Nobel, para el que, en mi opinión, Julian Barnes había acumulado más méritos que Ishiguro, escritor de su misma generación... Ahora, bien, el propio Barnes, cuando es requerido al respecto, suele recordar que a Ismail Kadaré tampoco se lo concedieron y eso sí que supone una injusticia...

También del ya añorado Julian Barnes en ULAD: Todos éstos

lunes, 13 de julio de 2026

Moa Romanova: Todo mal

Idioma original: sueco

Título original: Alltid fucka upp

Año de publicación: 2024

Traducción: Alba Pagán

Valoración: Está bien


De vez en cuando me gusta darme una vuelta por el mundo de la novela gráfica (cómic, o como quiera llamarse), que es un género que desconozco casi por completo. Y la verdad es que casi todo lo que ha caído en mis manos parece tener unos rasgos comunes bastante marcados: tono sombrío, soledad, violencia, problemas de identidad, falta de alternativas, lo que sería un punto de vista punk manifestado con frecuencia en un lenguaje expresionista. Supongo que tiene sentido si consideramos que el cómic pertenece básicamente a un ecosistema juvenil, y por tanto tiende a mostrar las amenazas que ese público siente sobre sí.

Por ese mismo camino se mueve este libro de la artista sueca Moa Romanova, subtitulado Un cómic goblin (Goblin girl en la versión inglesa), entendiendo goblin, digo yo, mejor en la acepción más urbana de vago o apático (le iría muy bien al Oblómov del que hablábamos hace unos días) que en la relacionada con la delincuencia, que de eso no hay aquí apenas nada. Moa, que parece autorretratarse en esta historia, es una chica joven, inadaptada y con cierto rasgo depresivo, que conoce por Tinder o similar a un famosillo cincuentón. Aunque este le ofrece financiar su actividad artística a cambio de nada, Moa no ve que esa relación le saque de su atonía, sino que más bien está contribuyendo a aumentar su confusión. Consejos de amigas, algunas fiestas y decisiones contradictorias forman el paisaje de la protagonista, posiblemente con algún problema de salud mental, o eso parece, pero también muy marcada por algo así como una pérdida absoluta de brújula con que orientarse.

Ni el personaje ni su situación son por tanto demasiado rompedores, ni siquiera novedosos, pero está bien transmitido ese ambiente de soledad profunda, incomodidad consigo misma y con el mundo. La sensación de camino sin salida o de laberinto incomprensible no conducen sin embargo a la desesperación, como podría esperarse, sino a una situación ciega, una especie de stand by en el que dibujar (de alguna manera autorretratarse) no parece siquiera una escapatoria, sino un simple acompañamiento.

Poco puedo decir del aspecto gráfico, que parece adoptar una especie de feísmo quizá para expresar con mayor contundencia el vacío y el desconcierto que rezuma todo el relato. No es por tanto una estética amable pero sí eficaz, porque rebosa expresividad solo a base de pequeños rasgos faciales, algo que me parece bastante meritorio. La atmósfera es en general oscura y algo desolada, lo que se subraya mediante unos cuantos planos amplios llenos de soledad, y apenas un par de tonos pálidos (rosa, azul) que se combinan con el blanco y negro básico.

Me parece entonces un relato correcto, sin más, que vuelve a incidir en temas clásicos, con un enfoque quizá más intimista y menos desgarrado de lo habitual, al que se agradece que evite ciertos excesos y la tentación de soluciones efectistas y demasiado fáciles.


domingo, 12 de julio de 2026

Constantino Molina:Niño parabólico

 Idioma original: español

Año de publicación: 2025

Valoración: Recomendable


Resulta difícil aproximarse a la reseña de un libro como Niño parabólico. Es un libro que no acaba de encajar en ningún género concreto. Tiene momentos en los que se acerca al ensayo, otros a la novela costumbrista y algunos también a la novela autobiográfica. Así pues, todos los géneros caben en esta novela caleidoscópica en la que Constantino Molina pretende un acercamiento a lo cotidiano desde una perspectiva muy personal.

Molina ha cultivado con anterioridad la poesía, género en el que ha cosechado algunos galardones, entre ellos el prestigioso premio Adonais, y nos entrega en esta ocasión su primera novela. Una novela en la que nos invita a pasear por Madrid, especialmente por el barrio en el que reside, Argüelles, y en ese deambular nos va transmitiendo tanto sus vivencias actuales, como las de su infancia. En esta ciudad caótica y acelerada reivindica la importancia de pasear, de dejarse llevar por los pequeños estímulos que todavía encierra la ciudad y  crea una dinámica de la contemplación a la que pretende que nos unamos.

Desde la divertidísima anécdota inventada de la niñez del escritor que da título al libro hasta las bondades del pandorino frente al bollycao, todo cabe en este libro. Los paseos por el parque del Oeste, la impresión de un tomate en 3d que se convierte en objeto de escritorio, la vida de Montaigne, la tumba de Goya, las bondades del brandy, la contemplación de unas improbables auroras boreales o la búsqueda del recogimiento en las iglesias del barrio. No debemos, no obstante, quedarnos en la superficie de las anécdotas que van salpicando el libro, debemos acompañar esas anécdotas con las jugosas reflexiones personales que va desgranando el escritor: "Mi único patrimonio es el instante, porque vengo de la nada y voy hacia la nada. Mi única ambición es vivir la vida en mí, con serenidad y con buen gusto, entre la gravedad y la ligereza, con amor e inteligencia".

Este es un libro narrado de forma muy poética, superficial cuando tiene que serlo, pero profundo cuando lo precisa. Humilde en su enfoque, pero ambicioso en sus resultados. Molina nos transmite una filosofía vital basada en un concepto más humano y menos material de la vida: "Nos amargamos la existencia voluntariamente trabajando durante más tiempo del necesario en cualquier empleo alienante para ser más y tener más. ¿Más que? Más nada y sólo nada. Y todo por no levantar la cabeza y mirar las estrellas".

Como nos advierte con total sinceridad, el escritor albaceteño pensaba que era el momento de dedicarse a la ficción y por ello tiene la poesía en tiempo de barbecho: "ahora me dedico más a esto de la prosa, es decir a la ficción, porque todo lo que no es poesía es ficción. Y la tengo aparcada por no reiterar, no por otra cosa". 

Pues, en principio, este ejercicio de ficción autoimpuesta se ha saldado muy positivamente y más teniendo en cuenta la humildad con que el escritor se aproximo a él: "Lo que a un escritor le vale no es la posteridad. Uno no trabaja en esto para ganarse la gloria venidera, el hueco en Wikipedia o en la memoria de un muchacho de instituto que debe acumular el dato para aprobar y poder irse así con el deber cumplido y los padres contentos de viaje de fin de curso a Tenerife. Lo que a un escritor le vale es el ahora, porque la literatura es ambición, pero una ambición del ahora y del instante".

sábado, 11 de julio de 2026

Anna Starobinets: El vado de los zorros

Idioma original: ruso
Título originalЛисья заводь
Año de publicación: 2025
TraducciónViktoria Leftérova y Enrique Maldonado
Valoración: placentero

Tenía tiempo de no leer una historia que contara simplemente una historia, con sus personajes, sus acciones, sus dramas, y aderezado con una imaginación portentosa, sin que sea evidente que confluye en la narración la biografía de la autora, con un ritmo rapidísimo, escenas potentes, diálogos y más diálogos, en fin, todo aquello que nos hace disfrutar de un libro como si fuéramos nenes otra vez. Setecientas páginas que ni se notan.

En algún lado leí que la trama obedecía más a la lógica de una serie de TV, y en un punto tiene razón, para lo bueno y para lo malo. Incluso diría que también sigue ciertos preceptos de un videojuego de mundo abierto, con sus misiones a lo recadero.

La historia comienza con Maxim Cronin siendo hipnotizado por el coronel Gleb Aristóv. En un primer momento no sabemos por qué ocurre lo que ocurre, por qué la hipnosis y por qué a la escena la contemplan Yelena, la esposa de Cronin, y Jünger, el hermanastro de ella; lo único que sacamos en claro, además de la época ambientada, 1945, es que Cronin es poco menos que un personaje excepcional, poseedor de todos los trucos por su formación circense, además de ciertos poderes mentalistas (que se dan a entender más que explicar; toda la novela transcurre en un ambiente entre fantástico y desconcertante, como si en cualquier momento se desataran los sellos del apocalipsis).

Cronin acaba en un campo de trabajo destinado a las minas de uranio. Allí, junto con dos ladrones/pandilleros que serán, de manera recurrente, importantes para la trama, se escapa y pasa, a través de unos contactos chinos, a Manchuria. Mata a un capitán de la inteligencia y se hace pasar por él cuando llega a Lisi Brody, un pueblito entre campechano y maldito. Todo esto para conseguir imformación sobre el paradero de Yelena.

No cuento más porque la novela realmente es compleja y ambiciosa. A la pérdida de la memoria de Cronin, o más bien dicho, a la imposibilidad momentánea de acceder a sus recuerdos por culpa de Áristóv, se le suman los escuadrones de guerra biológica que se desarrollaban en Japón, la mitología manchuriana, con la transformación de personajes en raposas de tres colas, cada una de ellas con sus poderes distintivos, la culpa. el recuerdo de los muertos (de una forma literal: Cronin charla con todos sus muertos), la infiltración en los sueños, el delirio de un nazi para conquistar el mundo (seguramente lo más flojo de la novela), un elixir de la inmortalidad, un ejército de terracota que duerme en el tronco de un árbol, oro maldito, un asesino milenario que ya no tiene alma, un maestro chino que ha sido y será cualquier cosa que quiera ser, entre otras. Se hace difícil resumirlo en pocas palabras. Solo diré que es un placer leerla. Es una historia bien contada y con toneladas de alegría por el acto de escribir.

Por otro lado, también tengo algunas críticas: como buena serie de TV (en sus tropos, no en sus bondades) toma ciertos deus ex machina, sobre todo al final, que a uno lo dejan pensando ¿tanto lío para esto? También los diálogos a veces pecan de explicativos, como si la autora tuviera miedo de que nos olvidáramos lo que hacen las raposas, por citar un ejemplo. Se respetan muchas convenciones de un pueblito misterioso: las amas de casa temerosas, los ancianos sabios, los vagos que no saben qué hacer de su vida. Ciertos desarrollos de personajes parecen prometer más y terminan en nada, e incluso el objetivo central de Cronin se diluye a mitad de la historia y sus preocupaciones pasan a ser otras (la ocupación del capitán al que asesina y la estadía en Lisi Brody, que parece breve, ocupan todo el libro, y esa decisión parece escrita más sobre la marcha que un punto fijo de la trama). En fin, que a cambio de obtener una lectura muy disfrutable, como un río que discurre sin baches, también uno tiene que lidiar con argumentos discutibles, decisiones apresuradas, incluso un ligero alargamiento de la historia sin ton ni son. Básicamente lo que uno le puede reprochar a una serie de televisión más que a un libro per se, y es por eso que, aun poniéndole una valoración muy positiva, no puedo dejar de lamentar cierta falta de ambición narrativa (no solo en lo formal, que también; hasta no pasar las primeras cien páginas a uno se le atraganta ese tono entre lo pretencioso, lleno de sentencias, y lo poético que suena así solo por una forzada elección de palabras), la sensación de que, a pesar de tener un crisol de personajes, pocos quedan del todo definidos, sacando a Cronin, y, sobre todo, el exceso de tramas abiertas (en las últimas partes se seguían abriendo más hilos, y hablamos de una novela de setecientas páginas) que terminan por cerrarse de una manera apresurada. 

Más allá de eso, recomiendo altamente la lectura. Para todo aquel que quiera volver a sentirse un nene, un adolescente leyendo con fruición, con cierta calidad narrativa y una historia que toca todos los puntos, como los clásicos rusos, este es su libro, si saben perdonarles ciertas características que pertenecen más a lo audiovisual que a lo literario.

También de Anna Starobinets acá

viernes, 10 de julio de 2026

Colaboración: Abejas grises, de Andréi Kurkov

Idioma original: Ruso

Título original: Серые пчёлы

Traducción: Esther Cruz Santaella

Año de publicación: 2018

Valoración: Muy recomendable (alto?)


Hacía tiempo que una novela no me dejaba ese sabor de buena literatura, esa sensación certera de estar leyendo algo sólido, de calidad inapelable. Las Abejas grises del ucraniano Andréi Kurkov lo han conseguido.

El libro narra la historia de Serguei, un hombre de mediana edad, solitario y taciturno, que decide quedarse en su pueblo de la cuenca del Donetsk pese a los enfrentamientos con Rusia tras el llamado Euromaidán. Bueno, decir que “decide quedarse” quizás sea excesivo: se queda como por inercia, porque desde que su mujer se marchó llevándose a su hija con ella, Serguei tiene poca motivación para tomar decisiones tan grandes. Además, aunque casi todos los vecinos han abandonado el lugar, quedan algunas personas que le hacen el día a día más llevadero. Y luego están sus abejas: Serguei es apicultor, y sus abejas valen mucho para él, no solo porque le supongan una fuente de ingresos, sino también porque, a su manera le hacen compañía. 

A pesar de la precaria situación de la zona, Serguei tiene una vida relativamente apacible. Sin embargo, cuando llega el verano y es el momento de que sus abejas vuelen libres, la realidad del conflicto militar le lleva a tomar la decisión, ahora sí de forma plenamente consciente, de irse a otra región menos peligrosa. Primero pasa un tiempo en otro pueblo ucraniano, y luego va a Crimea, a visitar a un amigo apicultor. Con el fin de la temporada, Serguei regresa a su pueblo, donde espera retomar su simple cotidianeidad. 

Con este argumento podría pensarse que la novela está construida como una especie de road-trip, pero no es así: la primera mitad del libro transcurre en el pueblo de Serguei, e incluso cuando comienza su viaje, la atención no está puesta en los traslados. Podría pensarse también que es un libro de guerra, un libro político, pero tampoco es exactamente eso: la guerra está presente, por supuesto, mas solo como un marco circunstancial. De lo que habla esta novela es de la vida humana en sí misma, de lo difícil y absurda que es.

La historia está contada en tercera persona y desde el punto de vista del protagonista, al que, poco a poco, sin artificios, vamos conociendo a través de sus acciones y, sobre todo, de sus reflexiones. Por eso, aunque en la novela pasen muchas cosas, la sensación de acción es relativamente pequeña, el libro parece casi lento. Y sin embargo le atrapa a uno desde el principio. Porque ver el mundo con la mirada sencilla y sin pretensiones de Serguei es un ejercicio existencialista tan sincero que resulta fascinante. Sin sentimentalismo ni afectación, uno disfrutaría de él en cualquier contexto. Pero si además el contexto en cuestión es un conflicto bélico, las reflexiones de nuestro protagonista cobran una profundidad más allá de lo meramente anecdótico: nos ponen de frente a situaciones universales. Porque la guerra, desgraciadamente, es universal. Y la decencia, afortunadamente, también lo es. 

Abejas grises deja un poso de melancolía optimista maravilloso. Esta es mi primera reseña en este blog y no me atrevo a darle la clasificación mayor de imprescindible. Lo dejo en un muy recomendable, ¡pero es un muy recomendable como una casa! 

Firmado: Yaiza P.


martes, 7 de julio de 2026

Hugo Wilcken: LOW

Idioma original: inglés

Año de publicación: 2020

Traducción: Patricia Valero

Valoración: muy recomendable

¿Puede ya no un músico, sino un mero disco, ser objeto de un libro entero? Y aún así, dejar al lector esperando más, deseando que esas ciento cincuenta páginas fueran, no sé, el doble, que abarcaran más aspectos de la concepción del disco, de la grabación, de las tomas, de este u otro detalle que se decidió conservar aunque pareciera un error, del otro que se renunció a mejorar tras eternas tomas, porque hasta el perfeccionismo - y las horas invertidas en caros estudios de grabación, y las largas sesiones - tiene un límite.

 Y aún declarándome lo más alejado a la mitomanía que los tiempos habituales pueden tolerar, he de reconocer que, tras leer unas cuantas biografías de Bowie (alguna de ellas no reseñada aquí, los jefazos me advirtieron muy seriamente), todavía acudía compulsivamente a las menciones de lo que llamamos la Trilogía de Berlín, de la cual Low, objeto de este libro, es primera pieza y elemento absolutamente necesario en la comprensión estética y sonora de la evolución de la concepción sonora, desde que se publicó. Cualquiera interesado debería oir este disco y esforzarse en comprender el entorno de su producción, no solo sus resultados, y Hugo Wilcken se zambulle en unas cuantas biografías de Bowie (muchas de ellas publicadas en vida y centradas en su poderoso periodo de creatividad que acaba allá por los primeros ochenta) y extrae información. Aporta al libro un cierto pulso narrativo, casi novelesco. 

Bowie en la cresta de la ola tras haber asaltado el mercado americano con otro de sus disfraces creativos. En plena crisis personal a muchos niveles: su matrimonio con Angie (ésa Angie) hace aguas, está completamente enganchado a la cocaína, que condiciona su exhaustivo y caprichoso ritmo de trabajo. Siente curiosidad que se expande en todas direcciones: pintura, literatura, ocultismo. Está al día de todas las corrientes musicales, aunque sea para tomar de cada una lo que mejor apuntale su carrera. Se planta en Berlín acompañado de Iggy Pop, que es prácticamente su reverso estético, aunque este con lo que tiene problemas es con la heroína, reúne a algunos de sus secuaces habituales, como Brian Eno y a algunos que no lo son, graba un disco con una primera cara alterada de canciones cortas de ásperos y extraños ritmos funk y una segunda en la que congela el tiempo, como esos vídeos en las redes donde la gente lanza agua hirviendo a un aire a decenas de grados bajo cero, y esas cuatro canciones, apenas veinte minutos de música instrumental, abstracta, una mezcla de angustia y experimentación, conciben el sonido que, en segundo plano o en primero, debidamente insuflado de ritmos o asi, desnudo, marcará más de una generación. Todo ese proceso, desde que el sonido del disco es anticipado en grabaciones anteriores y hasta que el disco empieza a ser digerido por público y crítica. Claro que se puede despachar un disco en una docena de líneas y un par de etiquetas. Pero este disco no es Low. Todo lo que se pueda escribir sobre él sabrá a poco.

lunes, 6 de julio de 2026

Solvej Balle: El volumen del tiempo III

Idioma original: danés
Título original: Om Udregning af Rumfang, III
Traducción: Victoria Alonso en castellano y Maria Rosich en catalán, ambos en Anagrama.
Año de publicación: 2021
Valoración: recomendable


Empezaré la reseña indicando que esta es la tercera parte (como su nombre indica) de «El volumen del tiempo», obra con la que la autora Solvej Balle nos narra un relato en la que una mujer, Tara Selter, experimenta un salto temporal constante: siempre se levanta el dieciocho de noviembre del mismo año, con la particularidad de que ella sí recuerda lo que ha hecho durante el día y envejece de manera natural, al contrario que el resto del mundo que reinicia su existencia por la mañana al despertar. Por tanto, la reseña de este tercer volumen tiene trazas de los dos volúmenes anteriores con lo que, a partir de este punto, ¡alerta spoilers! 

Empieza el relato donde terminó el volumen anterior: Tara encuentra alguien a quien le ocurre lo mismo que a ella; también él se halla atrapado en el mismo dieciocho de noviembre. Este arranque es ya de por sí un fuerte gancho narrativo, pues junto al hecho de intentar saber qué le ocurrió a Tara, ahora vemos que en este extraño suceso no es algo en lo que esté sola. Por ello, la premisa de arranque es potente ya en la primera página, porque tal y como afirma Tara, «me resulta casi impensable: que entrara por la puerta alguien con la memoria intacta». Este hecho es algo que la sorprende, porque tal y como afirma, «caigo en la cuenta del tiempo que llevaba sin sentir esa identificación mutua, ese pequeño sobresalto en la conciencia, ese ligero cosquilleo en el cerebro al reconocer a alguien que también te reconoce a ti». Así, a la protagonista le sorprende la posibilidad de conversar con alguien ya conocido, retomar conversaciones ya iniciadas, que no todo sea empezar de nuevo una y otra vez (que triste sería la vida si no pudiéramos profundizar en nuestras relaciones, si solo tuviéramos pocas horas para completarlas) y le cuesta encajar esta situación porque «aunque algunas veces me había preguntado si sería posible arrastrar a otra persona conmigo al dieciocho de noviembre, jamás se me había pasado por la cabeza que pudiera toparme con alguien rondando por mi bucle»; alguien también incómodo con ese paréntesis temporal perpetuo que manifestaba en pequeños detalles de inconformidad pues «no le gustaba ir a cortarse el pelo porque le recordadaba el paseo del tiempo». 

Este encuentro fortuito propicia que el libro abarque temas nuevos en este tercer volumen, pues permite algo que no era factible en los dos volúmenes anteriores: la posibilidad de conversar y dialogar con otra persona sobre el suceso, salir de las reflexiones y pensamientos propios y expandir no únicamente el argumento sino también la propia situación, pues al hacerlo vemos otros puntos de vista, otras experiencias, porque Henry  «descubrió que su memoria no había retenido muchas de las cosas que había leído en el pasado (…). Ahora había empezado a pensar de nuevo. A almacenar información sin finalidad de utilizarla. A mirar su alrededor, ignorando de que le serviría todo aquello que veía. A recolectar trozos inservibles del mundo». Con ello, el libro lanza una interesante reflexión acerca de qué podemos hacer en un único día que pueda ser de utilidad de cara al futuro, cuales de nuestras tareas tienen una continuación más allá del momento en el que las ejecutamos. Así, el libro lanza una serie de cuestiones acerca de la continuidad, no únicamente de un día hacia el siguiente, sino dentro de uno mismo en lo que refiere al crecimiento y al desarrollo como persona; aquello que dejamos al futuro o aquello que consumimos en el presente, si trazamos nuestra vida con mirada larga o aquello que hacemos empieza y acaba en el mismo día, si nuestras tareas perecen al anochecer o tienen una continuidad en nosotros y a nuestros semejantes; qué dejamos que sea de utilidad al futuro, a los que vienen, a los que vendrán. Y esa reflexión supone un cambio de paradigma en Tara, pues tal y como admite, «no sé si será correcto quedar atrapada en el dieciocho de noviembre, lo que sé es que no puedo quedarme en la habitación que da al jardín y a la leñera. No sé si he sido llamada filas o enviada a alguna misión, si me han expulsado o solo he huido».

Por todo ello, la continuación del libro en este tercer volumen es interesante y, a pesar de que es cierto que uno podría pensar que debido a la corta duración de cada uno de los volúmenes hubieran podido publicarse en uno o dos de mayor extensión, a medida que vas leyendo los diferentes libros te das cuenta de que en cada uno de ellos el enfoque sobre la situación es diferente: mientras en el primero se trata de entender lo que ha sucedido y el segundo consiste en tratar de adaptarse, este tercero intenta hallar el lugar y función que la vida nos depara.

Tal y como reflexiona la protagonista, «si nos despertáramos un día en el que han quedado atrás los dieciocho de noviembre, ¿no tendríamos la responsabilidad de que el día que acabamos de abandonar fuera mejor de todos los dieciocho de noviembre posibles?» Ahí radica principalmente el mensaje que nos deja el tercer volumen: ¿qué hacemos en un día que pueda suponer un impacto al día siguiente? ¿Cómo afrontaríamos nuestra vida a nivel personal y social? Quizás obraríamos de manera diferente, quizás querríamos cambiar cosas, o quizás la comodidad o la situación nos causaría una parálisis que nos abatiría. Probablemente es una de aquellas cosas en las que nunca podremos saber cómo actuaríamos hasta que nos encontremos con ellas. Obviamente la posibilidad es muy remota, pero para eso está la ficción, para hacernos reflexionar sobre cosas que, aunque no puedan pasar, nos sitúen en un punto de proximidad mental suficiente para pensar en ello y no quedarnos anclados, también y de manera perpetua, en el mismo sitio donde nos encontramos.

También de Solvej Balle en ULAD: El volumen del tiempo I, El volumen del tiempo II