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viernes, 30 de octubre de 2026

2*1: Buen chico de Neil McRobert y La madriguera de Melanie Cheng

Analizamos hoy las dos últimas novedades de Muñeca Infinita, dos novelas que parten de una premisa más o menos similar, pero que tienen desarrollos opuestos. Y es que ambos libros parten de una pérdida (en forma de muerte o desaparición) para adentrarse en géneros, estilos y miradas diferentes. Así, Buen chico, del británico Neil McRobert toma una vía aparentemente más ligada al género fantástico o al terror, mientras que La madriguera, de la australiana Melanie Cheng, toma un camino mucho más intimista y psicológico. Eso sí, ambos con resultados satisfactorios.

Idioma original: Inglés 
Título original: Good boy
Año de publicación: 2025
Traducción: Ignacio Gómez Calvo
Valoración: Bastante recomendable

En el caso de Buen chico, la novela arranca con la desaparición de un niño de 10-12 años y la imagen de un hombre cavando una tumba en ese mismo lugar. Esto puede hacer creer que estamos ante una novela de misterio, sensación que podría acrecentarse (y llevarnos incluso al terreno del terror) si dijéramos que ese lugar esta ligado a persistentes rumores sobre desapariciones misteriosas y extraños encuentros con seres de leyenda. Pero la novela no va, o al menos no va solo, de esto.

De hecho, podríamos decir que el texto no habla tanto del mal como de hacer el bien o de vidas dedicadas a prevenir el mal, de empatía y solidaridad, del destino, de encrucijadas en el camino de la vida, de prejuicios y habladurías. En este sentido, y aunque han pasado un montón de años desde que vi la película, Buen chico me recuerda a un Big fish oscuro y con un trasfondo político, por aquello de de hacer frente a lo terrible desde la empatía y la solidaridad.

Sea como fuere, Neil Mc Robert logra ensamblar las dos caras que tiene la novela, la terrorífico-fantástica y la tierna-conmovedora, sin que el conjunto salte por los aires. La atmósfera y la ambientación de cuento casi gótico nos llevan a clásicos del género, mientras que los diálogos entre los dos protagonistas y las historias insertas en las confesiones de uno de ellos mantiene la tensión y emocionan al mismo tiempo.

Pasados unos días de la lectura de la novela y de la escritura de los primeros párrafos de la reseña, me viene a la cabeza la idea de una posible adaptación al cine o a la TV de Buen chico. Su estructura (una conversación en plena noche entre Jim y Margie con varios viajes al pasado), unida al potencial visual del lado fantástico y al potencial emocional de la vida de Jim, bien daría para una buena película o serie. No sé si alguien se lo habrá planteado, la verdad.


Idioma original:
Inglés
Título original: The burrow
Año de publicación: 2025
Traducción: Vanesa García Cazorla
Valoración: Recomendable

Por su parte, el lugar central de La madriguera es ocupado por la muerte de Ruby, la hija de 6 meses de Amy y Jin. Han pasado 4 años desde el trágico accidente que causó el fallecimiento de la pequeña de dos hermanas, pero las heridas siguen abiertas, el "agujero" sigue sin taparse y la culpa y los reproches siguen supurando.

Dos elementos extraños que aparecen en pleno contexto del aislamiento derivado de la pandemia romperán esa burbuja en Amy, Jin y Lucie siguen aislados, en la que semejan astronautas solos girando en el espacio, moscas que se golpean sin parar contra el cristal: un conejo y Pauline, madre de Amy. Serán estos tres elementos, en mayor o menor medida, quienes hagan que se rompa el estancamiento (¿o debería decir encantamiento?), que comience una reconstrucción nada sencilla.

Es, por tanto, una novela introspectiva en la que el aspecto psicológico y relacional es clave. Las relaciones entre los 5, incluyendo al conejo, son los hilos sobre los que se construye una novela que, a nivel estructural, se divide en breves capítulos en los que el narrador (siempre en tercera persona) pone el foco en uno de los protagonistas. En este sentido, creo que los principales aspectos a destacar de La madriguera se vinculan a esas relaciones. Serían, especialmente, la rama femenina de la familia y las relaciones de amor, odio, culpa y reproches que se establecen entre ellas y la contención de la que hace gala la autora a la hora de establecer esas relaciones.

En el lado menos positivo, creo que el personaje masculino (Jin) es algo más plano que el resto, que no está tan a la altura de las mujeres de la novela. Además, me hubiese gustado algo más de riesgo en lo formal, que la autora arriesgara con la primera persona.

En cualquier caso, con sus diferencias y semejanza, con sus virtudes y "debilidades", Buen chico y La madriguera son dos novelas recomendables y disfrutables. 

martes, 27 de octubre de 2026

Samantha Harvey: Orbital


Idioma original:
inglés

Título original: Orbital

Año de publicación: 2025

Traducción: Albert Fuentes

Valoración: recomendable

Orbital es, desde luego, una novela original en su estructura. Como una especie de bitácora a doce manos, la de seis astronautas que orbitan a lo largo de un día metidos en el reducido espacio de una Estación Espacial Internacional. Dos mujeres y cuatro hombres de distintos orígenes y condiciones, todos ellos reputados profesionales que se encuentran ahí a caballo entre su vocación y la función que se les ha asignado, la mayoría de perfil cientifico. Dieciséis capítulos, cada uno correspondiente a sendos recorridos completos alrededor de la Tierra que la Estación, a 25.000 km/h, traza a lo largo de veinticuatro horas, de forma continuada a lo largo de meses y años. Cada uno de los seis, si bien el protagonismo está desigualmente repartido, metidos en sus quehaceres y en sus reflexiones sobre su presencia ahí, los hogares que han dejado atrás mientras cumplen su misión, las circunstancias de cada uno, los recuerdos que acuden a sus mentes, algunos de ellos asidos a los escasos objetos personales que les ha sido permitido llevar a bordo.

Obviamente esta no es una novela de ciencia-ficción. Sus personajes son posibles y no hay un atisbo de trama que pueda sugerir conflicto, problema de convivencia, ni tan siquiera se sugiere nada que pueda parecer remotamente carnal. No existe una trama en sí salvo asistir a esa rutina, los sucesivos recorridos en que la nave atraviesa dieciséis zonas barridas por la luz solar, dieciséis zonas en sombra. A Harvey (que agradece a las agencias espaciales su transparencia informativa) se le escapa cierta trascendencia de aires new age cuando acomete la descripción de todos los itinerarios de cada una de las órbitas, y en algún párrafo la relación de países, accidentes geográficos, sitios que sobrevuelan, puede resultar algo indigesta o reiterativa. Ya sabemos que es difícil no quedarse fascinado mirando el planeta desde una ventanilla privilegiada a cuatrocientos kilómetros de altura. Ya intuímos que esos seis astronautas tienen cada uno una historia propia de brillantez y superación que los ha llevado a esa misión, elegidos (como en el clásico de Tom Wolfe) en función de su idoneidad para aquello que les ha sido encomendado. Pero demasiadas veces esa descripción de paisajes, de islas, de tifones que sobrevuelan los océanos, parece erigirse en el nudo argumental del libro. Quizás de forma premeditada, no hay por qué negarlo, las problemáticas de los habitantes de la estación, sus experiencias físicas con la gravedad, con las limitaciones del espacio reducido, con la logística propia de la situación, quedan en un segundo plano, se nos muestran como algo circunstancial y poco trascendente frente al imponente escenario, el interno y el externo, en que se desarrolla la novela.

domingo, 25 de octubre de 2026

Alessandro Piperno: Aire de familia

Título original: Aria di famiglia

Idioma original: italiano

Traducción: Carlos Gumpert

Año de publicación: 2026

Valoración: Está bien


Aires de familia nos cuenta el lento declive existencial de un profesor universitario, escritor de éxito anclado en un prolongado periodo de sequía creativa, que es acusado por sus alumnos de transmitir comentarios misóginos durante la exposición de unos textos dedicados a Flaubert y llevado ante un comité disciplinario.

En estas circunstancias de estancamiento profesional recibe la noticia de la muerte de una antigua compañera y rememora su juventud y madurez y va confesando los errores que ha cometido en su vida. Criado por un tío millonario se ha construido a si mismo una vida tranquila y acomodada donde lo fundamental es evitar cualquier tipo de complicaciones. Eso ha hecho que sus relaciones sentimentales hayan sido breves y poco comprometidas y que se acomode en una  cátedra universitaria en la que languidece plácidamente.

Alessandro Sacerdoti, que así se llama nuestro profesor, se confiesa un tanto misántropo, pero aunque inicialmente tiene un alto concepto de si mismo las circunstancias académicas hacen que comience a cuestionarse su valía personal y profesional: "Había escrito artículos pontificando sobre cómo es la gente, sobre cómo cambian los tiempos, abusando de la primera persona del plural como un Montaigne de cuatro cuartos. Había llenado mis escritos con consideraciones sapienciales para el uso de burgueses ociosos. ¡Qué desperdicio!¡Qué arrogancia!".

Tampoco su tarea como escritor escapa al juicio despiadado del profesor: " Tenía poco más de treinta años. Habían transcurrido un puñado de meses desde la publicación de la novela que me había dado una notoriedad extemporánea, fugaz y de lo más irritante. Hoy sé que era demasiado joven para soportarlo y demasiado viejo para disfrutarlo con ligereza".

Así pues, y dada su poca querencia por las complicaciones, se deja apartar de la cátedra y se refugia en su apartamento. En ese retiro espiritual recibe la noticia de que se tiene que hacer cargo de Noah, el hijo de una prima lejana que acaba de quedar huérfano,  y su vida sufrirá un vuelco. Acostumbrado a ocuparse únicamente de si mismo, Alessandro tendrá que cambiar su modus vivendi y  aprenderá sobre la marcha a criar a un adolescente callado y esquivo. La llegada de Noah a la vida de Sacerdoti supondrá un cambio en la actitud vital de nuestro protagonista que se verá obligado a salir de su aislamiento habitual y convivir con un joven que le hará cuestionarse su papel en el mundo.

Llegados a este punto es cuando la lectura de esta agradable novela de Piperno nos comienza a dejar la tibia sensación de haber leído esta misma historia en otras ocasiones. En primer lugar, los problemas en su cátedra nos recuerdan inevitablemente a Stoner de John Williams o La mancha humana de Joseph Roth y el terremoto personal que supone la llegada de Noah nos recuerda innumerables novelas de iniciación que hayamos leído con anterioridad. En este sentido, además, es donde esta novela tiene su eslabón más débil: apenas vemos razones para creer en que esta  nueva familia reconstruida tenga algún futuro, porque los puntos de contacto entre ambos protagonistas son más bien escasos. Más allá de intentar salvar las evidentes diferencias vitales y generacionales que les separan no vemos que se produzca un acercamiento personal o sentimental entre ambos. Algunas conversaciones sobre el colegio, la tibia recepción de regalos como una raqueta, unos walkietalkies o unos playmobil o unas tardes frente al televisor viendo jugar al Tottenham no parecen elementos que puedan unir profundamente a un padre y su hijo, aunque sea adoptivo. Por eso, el inesperado giro final que remueve las vidas de los dos protagonistas nos resulta poco creíble y un tanto forzado.

La novela está bien escrita, el ritmo narrativo es adecuado, las reflexiones personales del protagonista sobre si mismo y sobre la burguesía a la que representa son irónicas y mordaces, el estilo es ágil y se lee con rapidez, pero resulta un tanto superficial. No enternece ni conmueve. Se lee con agrado, pero no deja poso.





sábado, 24 de octubre de 2026

Colaboración: Y Seiobo descendió a la Tierra, de László Krasznahorkai

Idioma original: húngaro 

Título original: Seiobo járt odalent

Traducción: Adan Kovacsics

Año de publicación: 2008 

Valoración: Muy recomendable 

 

Uno se siente tentado a abrir este libro bajo una falsa promesa: la de que Krasznahorkai ha escrito, por fin, al amparo de la belleza histórica, lejos de su habitual mundo nublado, entrópico y lleno de bajezas. Sin embargo, apenas se leen unas páginas de este libro de relatos-ensayos, la ilusión se rompe. Nos reencontramos con el mismo autor, su misma voz torrencial y su inconfundible visión del mundo. La belleza aparece, sí, pero es un destello fugaz, un segundo de luz que pronto se diluye en el gris de siempre. Al final, no hay mucha diferencia entre la angustia que sus personajes sienten frente a la majestuosidad de la Alhambra o la Acrópolis, y la que sufren en un pueblo perdido en la niebla de Hungría. 

Aparentemente, para Krasznahorkai la belleza ni siquiera salva a este mundo. A lo largo del libro, sus personajes conviven con diversas manifestaciones artísticas —la Acrópolis, la Venus de Milo o el teatro Noh—, pero no hallan consuelo en el arte. Lo irónico aquí (y a la vez escalofriante) es ver las razones de este fracaso: o no lo comprenden, o si lo comprenden les provoca náuseas, o es esquivo e indiferente, y si acaso es aprehensible, los hace odiar a los demás o exige disolver el propio ser para manifestarse plenamente. Un absoluto tormento. 

Pero a este drama existencial se suma un obstáculo mucho más simple: nuestra propia banalidad. Krasznahorkai es implacable al señalar que somos una sociedad de consumo que ha perdido la capacidad de disfrutar de lo bello. En el Louvre, fotografiamos a la Venus y nos vamos sin haberla observado, conformándonos con la postal de la tienda de regalos. En la Alhambra, consumimos la historia que venden los guías sin alzar la vista hacia los patrones infinitos del alfarje. Aunque lo divino hable en silencio, no somos lo suficientemente valientes para dejarnos tocar por él. Y es una lástima, porque a pesar del dolor de pies, del cuello cansado o del entumecimiento, la belleza se deja ver por unos segundos, como un quetzal en un bosque nuboso. Desgraciadamente, no lo miramos: queremos fotografiarlo, aunque eso signifique matarlo o matarnos. 

Si la belleza es dolorosa, esquiva o insoportable, ¿por qué nos afanamos en perseguirla? En este mundo, a simple vista, entrópico —aunque secretamente ordenado por una lógica matemática, como sugiere la numeración de los capítulos— no parece haber lugar para ella, pero su búsqueda logra, por instantes, detener el caos en el que estamos sumergidos. Al final, todo vuelve a ser igual, pero con más sudor y fatiga; un pequeño calmante que amenaza con dejarnos peor que antes. 

Afortunadamente, queda un ligero rayo de esperanza. El relato que da título al libro nos muestra un escenario diferente: la diosa Seiobo desciende a través del Noh y, con caminar pausado, viene a regalarnos melocotones de su jardín sagrado. Solo falta saber si no moriremos al probarlos. 

 Firmado: Arturo Jiménez Viveros

Otras obras de László Krasznahorkai reseñadas en ULAD: aquí

viernes, 23 de octubre de 2026

Brandon Sanderson: Curso de escritura creativa

Idioma original: inglés
Título original: Creative Writing Course
Año de publicación: 2022
Traducción: Manuel Viciano
Valoración: vacuo

He tenido que buscar una valoración que se ajustara más a mi pensamiento, porque no quería encajarle un simple repugnante solo por estar muy alejado de lo que considero que es la literatura (algo de pedantería y de guardián de la verdad contiene esta reseña, pero no lo puedo evitar, porque hacía mucho que un libro no me irritaba).

Este es un libro pura y exclusivamente pensado para la maquinaria empresarial estadounidense. No ofrece, en lo más mínimo, consejos valiosos sobre personajes, tramas, ambientación o incluso métodos de publicación (lo mencionado son respectivos capítulos del libro) porque todo está dedicado a vendértelo de dos maneras: 1) si esquematizas TODO, el libro adquiere una vertiente industrial y es más fácil escribirlo de corrido (por ejemplo: considerar las palabras que vas a escribir, los distintos arcos de personajes, cuándo meter un giro y cuándo no, el tema de enganchar al público, conocer al mismo, entre otras cosas); 2) no te salgas PARA NADA de las consideraciones del mercado editorial, porque no lograrás triunfar. Las mayúsculas son mías, pero a lo largo del todo libro prácticamente Sanderson te las grita.

Al ser un compendio de sus cursos de Youtube (se pueden encontrar completos y gratis) traducido a texto, la oralidad se nota bastante, aunque eso no es un defecto. Cada capítulo es un resumen, por así decirlo, de un vídeo bastante largo, y al medio o al final se incluyen preguntas pertinentes de algún estudiante. Debo decir que, por momentos, me parecían más interesantes estas preguntas, y también resultaba muy decepcionante que Sanderson fuera incapaz de contestarlas satisfactoriamente; cualquier cosa que lo llegue a sacar de la zona de confort lo deja sin respuestas. De hecho, se autocita constantemente, y solo sabe hablar de sus libros o de sus esquemas de personajes y sistemas de magia (la excesiva lógica de la magia, y en esto no soy nada objetivo, me provoca bastante rechazo).

Ahora bien, Sanderson es conocido por escribir fantasía. Tiene todo un universo llamado Cosmere, y varias sagas de 5-10 libros (extensos como para hacer dulce de leche de TochoWeek) interconectadas entre ellas, aunque creo que por ahora esa conexión se ha dado puntualmente. Pero que el hombre saca religiosamente uno o dos libros por año, lo hace. De eso podría aprender Rothfuss o George R.R. Martín. Claro que para eso tendrían que renunciar a toda prosa elaborada y contentarse con la funcionalidad más básica de la palabra. 

Uno de mis grandes problemas con Sanderson, más allá de su manía de tratar a los libros como guiones cinematográficos o como niveles de videojuegos, es, justamente, su prosa. Es de lo más limitado y carente de emociones que se pueda encontrar. Y lo peor es que, en este libro, habla tal cual escribe, con una racionalidad que a muchos les podrá fascinar, pero que no demuestra ningún sentido aventurero. ¿No es preocupante que, siendo escritor, cada vez que te pidan un ejemplo te cites a vos mismo, y si no es así menciones solamente películas (y no sale de Star Wars, ni siquiera hay una profundización de la saga, porque solo analiza su estructura y no lo que lo hace emocionante) o videojuegos? No te digo que conozcas al escritor más recóndito de Turkmenistán, al que le falta una mano y una pierna y escribe con el lápiz en la oreja, pero sí no dar la sensación de que en realidad no lees nada que no sea de tu gusto inmediato. 

Por otro lado, sus comentarios acerca de la publicación se reducen básicamente a: a) si no logras publicar, debes escribir lo que el mercado pide; b) si no publicas, seguro que aburres al lector; c) debes ser adictivo y rápido porque el lector te abandonará a la primera ocasión. En fin, que considera que si te sientas y largas tres libros por año, con la cantidad de palabras medidas y todo lo demás, serás un exitazo. Pero eso no ocurre tantas veces en EE.UU, que ya tiene un tinglado editorial bastante sospechoso (¿cuántos números 1 en venta tiene el New York Times?), menos en otras partes del mundo, donde publicar para los amateurs es una misión casi imposible. Es verdad que refocilarse en los impedimentos personales y/o sociales a la hora de publicar no te ayuda mucho (y creo que de lo poco interesante del libro es que Sanderson te cuenta la trastienda de los contratos editoriales y el esfuerzo para la promoción), pero tampoco es justo venderte un relato diciéndote que las cosas saldrán bien si las haces a SU manera.

En fin, que cualquier aspirante a escritor (y con esto advierto sobre todo a los de fantasía), debería alejarse de este libro y leerse, aunque sea para arrancar, algo más honesto como Mientras escribo, de Stephen King, o Zen en el arte de escribir, de Bradbury. La escritura, si bien tiene sus técnicas y trucos y los clásicos han sido estudiados hasta el hartazgo, nunca debería perder ese componente de sorpresa y originalidad, y el autor no debería encarar su tarea simplemente pulsando los botones que sabe que tiene que pulsar, como si fabricara hamburguesas.

Más de Sanderson: Elantris

jueves, 22 de octubre de 2026

Tatiana Țîbuleac: Cuando seas feliz, golpea tú primero

Idioma original: rumano
Título original: Când ești fericit, lovește primul
Traducción: Marian Ochoa de Eribe en castellano para Impedimenta y Corina Oproae en catalán para Amsterdam Llibres
Año de publicación: 2025
Valoración: recomendable


Hay autores que tienen un mérito especial: que su prosa sea reconocible a pesar de cambiar el enfoque o el tono de la misma. Este es el caso de Țîbuleac y el de la novela en la que se basa esta reseña porque la autora deja de lado ese estilo poético que enamoró a muchos (entre los que me incluyo) para pasar a un estilo más seco, más duro, más crudo y, en cierto modo, más real. El cambio que se atisbaba ya en su anterior novela «El jardín de vidrio» lo culmina en este libro en el que la dureza que rezuma honestidad es su principal virtud y, a su vez, se erige como elemento de denuncia y lamento. 

Empieza el libro con una frase que es toda una muestra intenciones: «hoy se cumplen seis meses desde que juré que no volvería a beber» y la manera que tiene nuestra protagonista de espantar las ganas de beber es correr, aunque tiene claro que «el objetivo es el agotamiento. Escurrirte hasta la última gota, eliminar hasta la última pizca de placer y atormentarte tanto que llegues a asquearte a ti misma», aunque desgraciadamente, tal y como confiesa, «el problema es que yo no tengo nada que volver a ser. Yo ni siquiera tengo donde regresar».

Con esta introducción la autora nos presenta a Mila, la protagonista del relato, quien acude a la consulta de Benoît Gérard para superar su adicción al alcohol, y con ello encontrar la salida a una vida diferente de la que esperaba, pues ella ansía vivir la vida que cree que merece, una vida que le permita trabajar de lo que ha estudiado y comer bien y poder disfrutar de fines de semana largos y tener vacaciones, «pero, como no tengo nada de lo que debería ser mío, al menos tenía el alcohol, que me arrastraba a través de esa negrura, como por un puente largo». Así nos narra su situación actual, muy diferente a su pasado en el que vivían los tres juntos en un pequeño apartamento antes que muriera su madre; una madre cuya ausencia es nuclear, pues «mi padre solo pasaba por casa a cambiarse de ropa y descansar para las cosas verdaderamente importantes: el trabajo, en la redacción, los amigos, los viajes. Para mi madre, en cambio, el trabajo era yo, y lo verdaderamente importante era la emoción». Una madre con una vida frustrada en parte, como la de muchas mujeres de la época, pues «cuando hablaba de lo que habría podido llegar a ser, si no hubiera quedado embarazada, mi madre resplandecía». Una familia que se sostiene, pero la muerte de la madre lo cambia todo: ella la echa de menos, sus atenciones y su cariño; también su padre, pues echa de menos que alguien se ocupe de su hija porque, además, por tener que cuidar de ella «ya no podía viajar, y eso le sacaba de sus casillas». Combinando la narración en el presente (que ubicaríamos en nuestro tiempo actual) con recuerdos del pasado de Mila en Chisináu (que enlazaría perfectamente con la época narrada en «El jardín de vidrio») y con la independencia de Moldavia tras la desintegración de la Unión Soviética como gran telón de fondo, Țîbuleac ha escrito un libro plagado de tristeza y soledad; la soledad de una niña, sin madre, con un padre que, si bien no la trata mal, tampoco está mucho por ella. Así, la niña sobrevive entre sombras en un apartamento en el que, cuando se levanta, ya está vacío por la ausencia del padre y por la noche, a pesar de su presencia, sigue vacío en su interior. Por ello, su vida la ocupa principalmente la escuela y la amistad con el hijo de la vecina al que trata como a un hermano y, también, el permanente recuerdo de su madre. 

De esta manera, el relato que ha escrito Țîbuleac tiene evidentes rasgos de sus anteriores textos, pero en este caso deja de lado el encanto de su prosa para convertirla en algo más fría, más aséptica; sin el delicado sarcasmo que disimulaba el rencor (aunque también el cariño) en «El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes» en este caso la autora despoja el texto de calidez, de cercanía, y teje un texto en el que la distancia permite empatizar con la frialdad que rodea la vida de Mila aunque, más allá de los dramas individuales que atraviesan los personajes, la autora cuestiona, en boca de su protagonista, si su verdadero trauma no es causado por “su” vida, sino que se trata de un trauma común, «el de todos los que abandonaron su país en busca de una vida mejor, pero no la encontraron». Con ello, en este duro libro Țîbuleac retrata especialmente el infortunio de una generación de jóvenes de países del este y, a través de Mila, da voz a todos los emigrantes que dejaron sus países en busca de una vida mejor en una migración en búsqueda de nuevas tierras y nuevas oportunidades, en una época en la que abandonar el lugar de nacimiento parecía la única forma de labrarse un futuro, aunque la tierra de acogida fuera estéril, pues ofrecía únicamente (y con suerte) trabajos precarios y condiciones insuficientes. Y en esa migración la eterna pregunta de si la decisión fue correcta, de si la elección de la vida la escogemos nosotros o viene dada de antemano y nosotros somos tan solo sus testigos. Por todo ello, este es quizás su libro menos poético, menos agradable al lector, pero probablemente por ese motivo es quizá el que más abiertamente expone los problemas de la sociedad forzada a emigrar, pues esta es una novela sobre la lucha por seguir adelante cuando todas las cartas están marcadas desde un inicio, y quien reparte el juego en el azar de la vida no tiene buenas intenciones. Los pocos sueños que se atreven a tener son pesadillas vestidas de prosperidad, pero la imperiosa necesidad de salir de la vergüenza de la precariedad empuja a esos jóvenes a dejar la vida conocida y adentrarse al mundo frío, inhóspito e interesado.

En el aspecto estructural, cabe decir que detecto últimamente en libros sobrecogedores (con experiencias en parte traumáticas) cierta tendencia al (ab)uso de la analepsis para relatar momentos del pasado que de una forma u otra afectan a la manera de ser o a la vida posterior de sus personajes; a menudo, estos episodios hacen referencia a momentos de la infancia o de la adolescencia, momentos vitales en las que somos más influenciables y, por tanto, cualquier situación comprometida puede incidir en nuestra formación como personas. Y, a pesar de que uno es más partidario de la narración diacrónica por aquello de la continuidad argumental, no me desagrada el uso de esos saltos para romper el relato e ir introduciendo pinceladas que permitan entender a sus personajes, pero (siempre hay un “pero”) hay que tener mesura en su uso porque de lo contrario puede tener como resultado un texto fragmentado en exceso, causando no la desconexión, pero sí una cierta desubicación en contexto y personajes. De todos modos y a pesar de la narración quizás excesivamente fragmentada y desordenada en el tiempo, el estilo de Țîbuleac cautiva y deslumbra en el último tercio del libro donde la autora parece encontrar finalmente, ella ya también, el lugar en el que pertenece. 

En esta novela con marcados tintes autobiográficos (su emigración a Francia y, con ella, el inicio de su dedicación a la escritura, la profesión del padre y el contexto socioeconómico), la autora hace una férrea defensa de una vida con la presencia constante y muy presente de los libros y Mila, de la misma manera y en parte por erigirse el alter ego de la autora, afirma sobre su padre que «había reunido varios miles de libros a lo largo de su vida; los apiló en la habitación, levantando con ellos, torres, muros, pirámides». Quizá simbológicamente esa sea la función de la literatura, levantar a través de los libros una barrera intelectual y emocional que nos permita lidiar con un mundo cada vez más hostil y donde la cultura parece perder importancia. 

También de Tatiana Țîbuleac en ULAD: El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes, El jardín de vidrio

miércoles, 21 de octubre de 2026

Pablo Escudero Abenza: La culpa de todo la tiene Gordon Lish

Idioma original: Español 
Año de publicación: 2026
Valoración: Recomendable

Tenemos nueva editorial en el mundillo. Se hace llamar Luz de fondo y este La culpa de todo la tiene Gordon Lish es su primera referencia, lo que no deje de ser una apuesta arriesgada tanto por tratarse de un libro de relatos como por tratarse de un autor no excesivamente conocido. Ojalá la apuesta funcione porque el relato es un género que me encanta y, por encima de todo, porque los relatos de Pablo Escudero Abenza tienen un buen nivel medio.

Diez son los textos que componen este volumen de contundente título que podríamos insertar en la tradición minimalista norteamericana (y no solo por la referencia a Gordon Lish o por las citas de McCullers, Smiley, Michaels o Moore). Así, mientras a nivel argumental los relatos de Escudero Abenza retratan, en ocasiones de forma tragicómica, los fracasos y desengaños de tipos de mediana edad y clase media, a nivel estilístico los textos se caracterizan por la ausencia de florituras lingüísticas y por la importancia que en ellos tiene lo "no dicho". Porque... la realidad está llena de cosas que no llevan a ninguna parte, de hilos sueltos y de botones que no encajan en el ojal correspondiente.

Ya digo que, en general, el conjunto me parece coherente tanto a nivel interno como externo. Solo hay dos relatos que, al menos aparentemente, chirrían un poco: La verdadera (y posiblemente triste) historia de la infancia de Peter Parker, por extensión y tono, y La culpa de todo la tiene Gordon Lish, relato en que la voz narradora es la de una chica de unos 25 años. Ahora bien, este último puede ser leído como el reverso de los demás relatos y, leído de esa forma, su integración en el conjunto parece justificada.

Curiosamente, además, es uno de mis tres relatos preferidos y o es por su sordidez y su carácter más directos. Los otros dos serían Apaches, relato que supone una vuelta al pasado, a cómo se forman las tradiciones y recuerdos y que tiene el que probablemente sea el final más potente de todos, y El pequeño topo..., texto que cierra el volumen, que condensa perfectamente el tono y las obsesiones del mismo y que nos deja un final magnífico

Konec significa FIN en checo. Hace décadas que las películas y los relatos no terminan con un fin claro. (...). No hay un Konec al final del camino. Solo cascotes, polvo, sueños, risas.

Por terminar, haciendo un símil musical, La culpa de todo la tiene Gordon Lish sería un buen álbum del que yo tengo mis canciones favoritas pero al que le falta un gran single. Eso sí, como álbum funciona y nos descubre a un Pablo Escudero Abenza que se maneja a la perfección en el formato breve.

También de Pablo Escudero Abenza en ULAD: La habitación de las niñas

lunes, 19 de octubre de 2026

Salman Rushdie: La penúltima hora

Idioma original: inglés

Título original: The eleventh hour

Traducción: Luis Murillo Fort

Año de publicación: 2025

Valoración: Recomendable


Quizá la característica más sobresaliente de Salman Rushdie es su capacidad para contar historias. Al parecer Ursula K. Le Guin le calificó como ‘nuestro Sheherazade’ y, hay que reconocer que dio en el clavo. Rushdie ofrece narraciones en las que ocurren cosas, textos amenos, de prosa sencilla y clara, con sus gotas de ironía, de ternura, de magia, siempre muy medidas y distribuidas con naturalidad. Tiene ese don, como el del familiar que en una sobremesa se pone a contar viejas historias y en poco tiempo ha captado la atención de todos, que quieren escuchar más, interesados, divertidos, a veces conmovidos. Aunque esas cosas, lo de la sobremesa, digo, seguramente ya no se hacen. Pero Rushdie sí que está ahí, de momento.

De momento, porque el autor de origen indio, cerca ya de los ochenta años y cargando a la espalda con las complicadas circunstancias que le han tocado vivir, parece muy consciente de que el telón empieza a cerrarse, y además quiere dejarlo claro. Lejos de escritores cuyos últimos años de vida, libre de ataduras, hacen brotar cosas extrañas, la extravagancia o la osadía con la que no se atrevieron en su momento, Rushdie ofrece un libro crepuscular con el que parece querer mostrar cómo se siente ante el declinar de la vida.

Puede parecer oscuridad o pesimismo, pero no es lo que rezuman los cinco relatos de La penúltima hora. Rushdie sigue narrando sus pequeñas o grandes historias con el estilo diáfano y asequible de siempre, aunque rondando con frecuencia los temas que ahora le interesan. En el sur es la simpática relación de dos viejos siempre en disputa pero unidos por sus circunstancias, con la emotividad en apariencia enterrada bajo el mal humor; y la metafórica El viejo de la piazza dibuja desde la misma perspectiva todo un relato de nuestra historia reciente. 

En La intérprete de Kahani es donde el estilo ‘Mil y una noches’ se funde con una especie de relato ‘bollywood’, con historia galante y elementos mágicos, que también aparecen en Finado, tal vez con rasgos autobiográficos o auto-bibliográficos, que muestran al escritor al final de sus días, o más bien un poco más allá de ese final. El humor sobrevuela la narración sin esconder tampoco las heridas de un pasado trágico, no del todo cicatrizadas, por las que sigue siendo necesario reclamar justicia.

Dentro de un nivel general muy digno, Oklahoma me parece el relato más logrado, volviendo sobre los pasos del anterior, escritor en su declinar, con trayectoria interrumpida por algún suceso no desvelado, aunque en este caso con argumento algo más sofisticado y elementos de un relieve especial, como un intenso diálogo, tomando pie en el América de Kafka, entre Goya y El Bosco. Distintos puntos de vista desde los que mirarse, como escritor y como persona, confundidos en un argumento brillante, sin perder nunca de vista las obsesiones del autor en esta penúltima etapa: la muerte y la locura, vivir esos últimos años buscando en sí mismo, o simplemente persiguiendo lo que antes no se encontró: el sosiego, la verdad, la parcela posible de bienestar que la vida, quizá, puede finalmente conceder.


Otras obras de Salman Rushdie reseñadas en ULAD: La decadencia de Nerón Golden, Los versos satánicos, Dos años, ocho meses y veintiocho noches


domingo, 18 de octubre de 2026

Guillem López: La polilla en la casa de humo

Idioma original: Español
Año de publicación: 2017
Valoración: Recomendable (aunque no para todo el mundo)

En el pozo, una caverna con incontables túneles, galerías y pasadizos, hay pocas opciones para los más desfavorecidos: entregar su cuerpo al dios de la mecánica y ser útil en una excavación sin fin o convertirse en un paria desempleado. El joven Veintiuno, adicto a sustancias con las que evadirse de su despiadada realidad, fantasea con medrar en su entorno o incluso con abandonarlo en pos de la superficie. Un día, deja su precario trabajo sin avisar a su una familia y emprende un periplo de mentiras, engaños y traiciones, con el que pretende hacerse un hueco en los bajos fondos. Pero el embrollo en el que él solito se ha metido le obligará a abandonar cualquier atisbo de ética y damnificará tanto a conocidos como desconocidos.

Esta es la premisa de La polilla en la casa de humo, cruda, incómoda y desgarradora novela de apenas ciento setenta páginas. En ella, Guillem López nos sitúa ante una sociedad distópica, sucia, degradada y violenta, que no es sino un reflejo de la nuestra, pues ambas comparten una obsesión casi religiosa por el trabajo, la explotación y deshumanización laboral, la atomización del individuo incluso en el núcleo familiar, la obscena desigualdad de clases o la imposibilidad de prosperar sin caer en la amoralidad.

Es precisamente la sociedad creada por López, así como el mundo alrededor del cual ésta se articula, una de las principales virtudes de La polilla en la casa de humo. A fin de cuentas, el pozo no sólo funciona a modo de espejo para hacer crítica social, como ya he adelantado antes, sino que es también un escenario imaginativo y detallado, con sus nombres propios, su terminología, sus expresiones coloquiales, su fauna y flora, sus rígidas jerarquías, su ley (o leyes, más bien, porque cada una de las facciones dominantes, és decir los sacerdotes del dios mecánico, el prefecto y su guardias o el hampa, impone la suya propia), su religión, su gastronomía, su moneda, sus drogas y un largo etcétera.

Otra de las virtudes de La polilla en la casa de humo es su protagonista. Veintiuno no está hecho para que simpatizes con él, pues es completamente despreciable: un muerto de hambre egoísta, mentiroso, ruin, rencoroso y dispuesto a todo con tal de mejorar su situación. Aún así, López consigue que entendamos que es víctima de un entorno miserable e injusto, y logra que comprendamos por qué llega a los reprobables extremos a los que llega. Además, no es ajeno a sentir culpa y remordimientos, y tras las racionalizaciones y justificaciones  con que escuda su forma de obrar se intuye un cariño genuino por su una familia (sobre todo hacia su difunta una madre y su una hermana, Ancas) y por sus amigos  y conocidos (especialmente hacia Ñam).

La narración en primera persona de Veintiuno está, por cierto, muy lograda. Nihilista, soez y petulante por lo general, refleja perfectamente la psicología del personaje. Además, integra adecuadamente los destellos de lucidez que le abruman momentáneamente y le hacen comprender su insignificante lugar en el gran orden de cosas, horrorizarse ante las decisiones irremediables que ha tomado y entender que, por cómo funciona realmente el sistema, él jamás saldrá beneficiado.

Podría seguir resaltando otros aspectos de La polilla en la casa de humo igualmente atractivos: su fascinante mezcla de géneros (que va desde la fantasía oscura y la distopía hasta la novela de formación y negra); su ritmo, ágil y absorbente; las pinceladas que da sobre la superficie; sus secundarios, algo esquemáticos pero imprescindibles para avanzar la trama o funcionar como contrapunto de Veintiuno. Sin embargo, me limitaré a decir que, dada su originalidad, calidad y mensaje, no me extraña que fuera ganadora del premio Ignotus 2017.

Eso sí: no la recomiendo a moralistas que crean en el virtuosismo del ser humano, ni a lectores a quienes les espante la crueldad, la escatología, el sexo, la mala leche o el humor negro en la ficción que consumen. En cambio, creo que la disfrutarán sobremanera aquellos que gusten de narraciones deprimentes, pesimistas y desagradables, y sepan tolerar (que no perdonar, ojo) a protagonistas despreciables.

Avisados estáis, pues. La escasa luz que pudiera llegar a filtrarse en las profundidades de un lugar como el pozo se encarga de apagarla Veintiuno con su egoísmo y ambición. Sea como sea, La polilla en la casa de humo es un novelón, aunque comprendo que resultará insalubre para más de uno. Sumergios en él sólo si os veis capaces de soportar una historia donde «un famélico desharrapado, cubierto de mugre, medio calvo y con dos dientes menos» (página 67) intenta combatir el destino que su hogar de nacimiento y su condición le imponen: convertirse «en algo útil» (página 29) como el resto de mineros adultos, «parcheados y descompuestos, recosidos y llenos de modificaciones y complementos»  (página 83) mecánicos.


También de Guillem López en ULAD: Aquí

sábado, 17 de octubre de 2026

Santiago Lorenzo: Contenta

Idioma original: español
Año de publicación: 2026
Valoración: bastante recomendable

Los detractores dirán (no importa, lo dicen también de Houellebecq, que es uno de los mejores escritores vivos, si no el mejor) que Santiago Lorenzo lleva muchos años escribiendo el mismo libro. Incluso hay quien dirá que Contenta, aunque su portada apueste por un gris anodino frente a los tonos verdosos, cierra una trilogía que podríamos adjetivar como rural o algo así. Son ya seis novelas, en lapsos más o menos pausados, que comparten, además de la cuidada edición de Blackie Books, aspectos notables. Las seis publicadas tras la crisis de las sub prime, las seis con protagonistas que difícilmente calificaríamos de triunfadores, las seis rebañadas en el peculiar estilo narrativo de Lorenzo, una mezcla eficaz y novedosa que puede chapotear por igual en el chascarrillo, en el neoanacronismo, en una socarronería con medio pie hundido en la tragedia, siempre apunto de ser levantado, siempre arrastrando algo de barro.

Si bien Contenta nos depara un primer golpe de efecto allá por el capítulo cuarto, un golpe que la convierte indudablemente en una novela más política y más social que algunas de sus precedentes. Que no voy a desvelar aquí, por supuesto. Pero que supone un cambio de registro, aunque sea puntual, y que me hace pensar que Lorenzo no quiere quedarse en un rincón casi Pynchoniano de escritor de tramas extrañas, nombres estrambóticos y guiños indescifrables. Que está tejiendo un mundo, un universo que combina giros vitales a los que el mundo actual empuja, casi siempre en contra de nuestra voluntad.

Cecilia es una joven que se ha formado en algo que está en crisis: la producción audiovisual ya no es una garantía de forrarse. Su padre ha fallecido y ella no puede seguir pagando el alquiler del piso donde vive. Toca reinventarse, entrada la treintena, pues no le ha tocado esa lotería de la herencia. Sus quince minutos de fama parecen evaporarse cuando recibe un estrambótico encargo, hacer un reportaje sobre un pequeño pueblo que resulta ser de todo menos algo reportable. Acaba viviendo allí, a base de encadenar pequeñas tareas que, junto a la cesión de una exigua vivienda propiedad del ayuntamiento, le permitirán establecerse, seguir precariamente adelante y empezar a relacionarse con el entorno, un entorno que contradice sus primeras reticencias, que se muestra algo más acogedor de lo que preveía, pero aun así, con sus pequeños trucos escondidos.

Lo dicho: Lorenzo muestra personalidad, insiste en ella, se desmarca con tozudez de adscripción a movimiento alguno, actúa como un francotirador - de perdigones, eso sí - y continua creando un universo que, lejos de ser repetitivo e intercambiable, es rico y muestra nuevas facetas e incluso algún firme compromiso.

Previamente reseñado de Lorenzo en ULAD: aquí

martes, 13 de octubre de 2026

Jeff Burger: Cohen por Cohen. Entrevistas y encuentros con Leonard Cohen

Idioma original: inglés
Título original: Leonard Cohen on Leonard Cohen
Año de publicación: 2014
Traducción: Martín Abadía
Valoración: imprescindible para fans

Lo mejor de los libros sobre música y/o músicos es cuando el objeto de interés tiene una personalidad y una imaginería exclusiva; ya sabés de quién está hablando el libro apenas lees una frase del músico analizado. Eso sucede con muy pocos, y Cohen es uno de ellos.

Volviendo a mi género favorito dentro de este tipo de libros, el de las entrevistas, este es un libro plagado de ellas. Se intercalan con semblanzas de Cohen, extractos de otras entrevistas sobre algún tema puntual (donde encontraremos varias joyas) o comentarios de los entrevistadores años después de que se efectuó la misma, pero en su mayoría son preguntas (por suerte no estúpidas u obvias como la mayoría, aunque en un libro de esta extensión, casi 700 páginas, es imposible no encontrar alguna repetición, sobre todo en relación a dos o tres temas puntuales: la sexualidad, la religión y la depresión) y respuestas, que oscilan entre la respuesta más cortante y de la que no sabemos si tomar en serio o no, a verdaderos monólogos de pura clase coheniana, llenas de sabiduría y humor. De hecho, para ser catalogado como "El príncipe de la desesperación", y aunque ciertamente en algunas entrevistas se atisba una gran angustia, todo está rebozado con toneladas de humor elegante e irónico, lo que hace todo el asunto más llevadero, ya que en varias ocasiones la solemnidad tiene una fuerte impronta. Jeff Burger, que realmente es un compilador y editor de las amplias entrevistas que sostuvo Cohen en los cincuenta años de carrera musical, hace un gran trabajo al presentarnos, cronológicamente y con breves apuntes a cada una de ellas, las entrevistas que puedan aportar al personaje analizado, no importa si es un dato mínimo o entrevistas en las que se habla de todo.

Por decir ejemplos, podemos encontrar una extensa conversación de cincuenta páginas donde se exploran a fondo las raíces judías de Cohen, y se nota el entusiasmo, tanto del entrevistador como del entrevistado, en los descubrimientos que van haciendo, lo que evita esa capa de vergüenza ajena cuando se habla de algo tan íntimo como la familia. En otra, encontramos el análisis de la composición lírica/musical del artista, lo que se agradece ya que no es un tema que se suela tratar en este género (es más fácil irse por el chisme...); en general, y como mencioné, las entrevistas se vertebran en esos puntos claves, y cada uno de ello evoluciona de acuerdo a la década en la que nos encontremos (Jeff Burguer lo divide en cuatro partes: 60s y 70s, 80s, 90s, y el nuevo milenio); mientras más avanzamos a la actualidad, más nos encontramos con un Cohen vulnerable, dispuesto a profundizar en lo que le sucede, casi siempre con la seguridad que el entrevistador lo va a escuchar impasible para luego saltar con otra pregunta programada, pero de igual forma necesitado de expresarse. La depresión, sobre todo, es un factor en esta vida colmada de experiencias, y causa principal de decisiones tan rocambolescas como aliarse con Phil Spector o irse a un monasterio por siete años. Pero Cohen no hace una montaña de eso, y aunque a veces, en las dos primeras décadas, puede pasar como un pedante o como un jocoso con mal gusto, luego se toma a sí mismo a la chacota, y uno no puede evitar intuir que bajo esa personalidad, que Cohen mismo reconoce como "la portada que leen todos", hay una profunda angustia y creatividad motoras.

En conclusión, para los fans de Cohen este es un grandísimo libro, plagado de frases que incitan a subrayarlas y a releerlas varias veces hasta asimilarlas. Pocos artistas hay con una personalidad apabullante y una sabiduría que obliga al lector/oyente a prestarle atención, porque sus versos y su voz son pepitas de oro entre la mediocridad imperante.

Más de Leonard Cohen: Libro del anhelo

lunes, 12 de octubre de 2026

Jon Fosse: Hotel Vaim

Idioma original: nynorsk
Título original: Vaim Hotel
Traducción: Meritzell Savany en catalán para Galàxia Gutenberg y Cristina Gómez-baggethun en castellano para Random House
Año de publicación: 2026
Valoración: entre recomendable y muy recomendable


De los muchos aspectos que destacaría de la literatura de Fosse, su principal característica es la gran capacidad del autor para mantener la atención en una prosa basada en su mayor parte en el monólogo interno. Y, en este segundo volumen de una suerte de trilogía cuyo nexo principal es Vaim, el pequeño pueblo donde trascurre la historia, el autor se atreve en dar un paso más en su estilo y se adentra a un terreno situado entre el misterio y el onirismo.
 
Con este propósito, Fosse empieza el relato a partir del solitario viaje en coche de un hombre cargado únicamente con un par de maletas quien va conduciendo sin ningún destino en mente hasta que, casi de golpe, se encuentra con la necesidad de parar para descansar. Encontrándose en paraje desconocido, descubre un hotel en el que poder reposar antes de proseguir su viaje y decide alojarse, por casualidad o por azar, en el hotel de Vaim sin saber tan siquiera hasta cuando se prolongará su estancia. Pero, una vez allí, el desconcierto toma protagonismo y sorprende al visitante, pues la recepcionista del hotel parece reconocerlo e incluso se alegra de verlo, aunque él desconoce el porqué. Bien es cierto que el protagonista fue medianamente famoso años atrás, pero esa no parece ser la causa de tal recepción provista de una cordialidad aparentemente extrema. A partir de este enigmático (a la vez que cautivador) inicio, Jon Fosse despliega su talento bifurcándolo en dos vertientes, pues establece una suerte de monólogo interno que va alternando con charlas entre el protagonista y Brita, la recepcionista del hotel, y que podría parecer un diálogo de besugos por la absurdez aparente en su contenido, pero que deja entrever en su trasfondo el alma dos seres que se encuentran solos en esta vida y que, por un motivo u otro, necesitan encontrarse.

De esta manera, el autor enlaza esta segunda novela de la trilogía con su predecesora, situando el Hotel Vain justo delante de la droguería que copaba el protagonismo en el primer volumen; así, Fosse establece una relación entre ambos textos y también, en cierto modo, entre sus personajes aunque no de manera muy clara, tal y como el protagonista constata y admite al afirmar que «empezaba a tener la sensación de que en esa habitación que había cogido en el Hotel Vain me quedaría bastante tiempo, que alguna cosa me lo decía». Así, el autor despierta la curiosidad en el lector, de igual manera a lo que le sucede a su protagonista y es a partir de ahí que Fosse empieza a tejer una serie de paralelismos entre ambas novelas, en la que los personajes aparecen y desaparecen o incluso se confunden, estableciendo de esta manera una novela de espejos en los que nos protagonistas se ven a ellos mismos desde diferentes perspectivas y ángulos como sucede, por poner un ejemplo, cuando expone que el protagonista ve una barca en el muelle de nombre Eline y vislumbra alguien cerca que tiene su misma edad y que incluso le parece que lo conoce porque hay en él algo que le resulta familiar de igual manera que ciertos aldeanos parecen reconocerlo, aunque no saben muy bien el porqué.

Estableciendo el principal escenario del relato en el hotel, allí el protagonista es víctima y testigo de situaciones curiosas y enigmáticas, con objetos personales suyos que aparecen y desparecen o también en encuentros cercanos al surrealismo entre él y el misterioso personaje de Brita, siempre en medio de las confusiones y tretas que enloquecen y enfadan al protagonista pues continuamente le hacen dudar de su propio raciocinio y le someten al límite de la cordura. Estilísticamente, el estilo de Fosse se deja entrever en los diálogos que se establecen entre personajes y que, en esta ocasión, tienen una cadencia y una tendencia a la repetición de frases que me llevan recuerdos a Haruki Murakami en esos encuentros entre personajes misteriosos que más que un contraste de opiniones se asemejan más la dilatación de una conversación con uno mismo, como si al decir la frase se escuchara el eco interno que permite al que la ha pronunciado reflexionar y apuntalar lo que acaba de decir. Por ello, hay cierto aire de misterio lynchiano en esta novela que la hacen algo diferente a las anteriores, pues existe en el relato una atmósfera en el que parece que se está cociendo algo, rozando lo onírico, pero no desde un punto de vista que augura un peligro sino más parecido a una calma tensa, algo que se hace evidente cuando el protagonista, analizando la situación en la que se encuentra, infiere que «pensé después, que el Hotel Vaim, el Café Vaim y la Droguería de Vaim eran tres establecimientos bien peculiares, y si me gustaba o no que fueran tan peculiares, pues todavía no lo había decidido, y es que era prácticamente como si, tanto en un lugar como en el otro, hubiera algo irreal» a la vez que encuentra algo atrayente en ese hotel, pues el protagonista constata y admite que «empezaba a tener la sensación de que en esa habitación que había cogido en el Hotel Vain me quedaría bastante tiempo, que alguna cosa me lo decía».

Con este enigmático texto, Jon Fosse nos vuelve a cautivar con una novela que expone nuestros miedos y recelos ante una realidad que quizás no es tan clara como nos parece y en la que los personajes que aparecen y desaparecen juegan con el protagonista de igual modo que el autor hace con el lector, distrayendo y desviando la atención hacia esos puntos en los que hacernos dudar de lo que vemos, de los demás e incluso de nosotros mismos y nuestras percepciones sobre lo que nos rodea.

domingo, 11 de octubre de 2026

3*1 en "no ficción": El arte de viajar sin moverse del sitio de Hilario J. Rodríguez, Regreso a Viena. Diario de 1946 de Hilda Spiel y La frase infinita de Aldo Gargani

Idioma original: Español
Año de publicación: 2026
Valoración: Bastante recomendable

Hace unos días comentaba con mi pareja que esto de viajar se nos está yendo de la manos, que todo parece una competición por ver quién ha visitado más países, quién ha ido a un destino más "exótico", quién tiene más likes en sus redes, etc. Todo para terminar comprando en las mismas franquicias de mierda, comiendo en las mimas cadenas de comida rápida, etc. ¿Dónde quedó, entonces, eso de viajar para perdernos, para iluminarnos o perfeccionarnos, para cuestionar certezas o experimentar con las dudas? Algo de eso se habla en este El arte de viajar sin moverse del sitio, breve y sorprendente ensayo de Hilario J. Rodríguez en el que el autor huye de lo "académico" para, como las guías Petit Planete, ofrecer un ensayo abierto, poroso y flexible, con intersecciones a veces descabelladas y notas al pie (¿o acaso debería decir desvíos o senderos que se bifurcan?) que podrían ser otros textos, otros libros, otros viajes.

Y así el autor habla del viaje y de viajar, pero como un ir más allá en el que caben muchos viajes diferentes: viajes imaginarios, viajes forzosos (emigración), viajes "inútiles" (¡que viva siempre hacer cosas "inútiles"!), viajes vegetales. 

Podría decir también que el viaje que propone Hilario J. Rodríguez es un "circuito cultural" con parada y fonda en la literatura (Borges, Piglia, Sebald, Schalansky, Herzog...), el cine (Herzog, Kurosawa...), la arquitectura (Speer y compañía), etc. Al fin y al cabo, el viaje y el arte en sus diferentes formas no son otra cosa que mirar, especular e interpretar símbolos.

Pero lo que sí tengo seguro es que El arte de viajar sin moverse del sitio es un elogio de la imaginación y de la cultura como motores de la vida, un recorrido construido a partir de referencias y asociaciones que, lejos de resultar un ejercicio de pedantería, se insertan a la perfección en esa ampliación del conocimiento que debería suponer cualquier buen viaje.

También de Hilario J. Rodríguez en ULAD: Construyendo Babel

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Título original: Rückkehr nach Wien. Tagebuch 1946 
Idioma original: Alemán
Año de publicación: 2026
Traducción: Pilar Mantilla
Valoración: Bastante recomendable

Pasamos de viajar sin moverse del sitio a viajar para volver al lugar en el que uno nació y que hubo de abandonar por razones políticas. El retorno y lo que eso supone para el retornado (todo lo que Nolan podría haber explorado en su versión de La Odisea y no quiso / supo / pudo hacer) son la base del diario de Hilde Spiel, periodista austríaca exiliada en Londres y que regresa en 1946 a la Viena ocupada por los vencedores.

Por lo tanto, el viaje como regreso a los lugares y personas de la infancia, adolescencia y juventud, pero también a los cambios operados en ambos y en la persona que retorna por los años de nazismo y guerra. Estos dos elementos son inseparables de la mirada con la que Spiel contempla la ciudad y hacen que el texto transite de lo íntimo a lo político, de los "pequeños seres" a los "grandes nombres".

Esa transversalidad es uno de los puntos fuertes del texto. Otros serían la indagación de Spiel sobre la identidad del retornado o el cuestionamiento de los procesos políticos en esos primeros momentos de transición. 

Ochenta años han pasado del retorno de Spiel a Viena y un poco más del final de la Segunda Guerra Mundial. Leamos a Spiel (pero también a Primo Levi o a tantos otros), leamos estos testimonios del horror y el terror. Nunca es tarde, de verdad.

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Título original: L'arte de esistere contro i fatti 
Idioma original: Italiano
Año de publicación: 1990
Traducción: Pilar González Rodríguez
Valoración: Recomendable para interesados

De la mano de Spiel y de la Austria de posguerra llegamos a Bernhard, a Bachmann y a este ensayo publicado por Ediciones del Subsuelo. Bernhard y Bachmann son dos de los escritores austríacos más importantes de la segunda mitad del siglo XX (aquel nació en 1931 y esta en 1926). Además, Bernhard y Spiel se escribían y para muestra una carta de 1971 en la que aquel habla de Wittgenstein. ¿Qué, no os parece suficiente? 

Sea como fuere, el caso es que La frase infinita sí que es un ensayo "académico". Al fin y al cabo su autor fue profesor de Estética e Historia de la Filosofía en la Universidad de Pisa. Y así como El arte de viajar sin moverse del sitio tomaba desvíos y caminos aparentemente alejados del centro del texto, el de Gargani se expande, digamos, en vertical y hacia abajo, como un taladro que penetrara en la escritura de Bernhard y Bachmann.

Es, por tanto, un texto denso y complejo en el que las referencias ineludibles son Wittgenstein y Musil, en el que ética y estética se conjugan para elevar la utopía del lenguaje sobre un mundo en ruinas, en el que muestra cómo, partiendo de actitudes y premisas diferentes, ambos autores comparten la idea de la imposibilidad de comunicar, del pensamiento narrado como ejercicio crítico. 

De lo anterior podéis deducir que La frase infinita es un texto "árido" que, además, cae en ciertas reiteraciones. Eso sí, quien se interese en (y guste de) la literatura de dos gigantes como Thomas Bernhard y/o Ingeborg Bachmann lo encontrará recomendable, claro que sí.

viernes, 9 de octubre de 2026

Fred Vargas: Une unique lueur (Un único fulgor)

Idioma: francés

Año de publicación: 2026

Valoración: recomendable (sobre todo para fans)

Los seguidores de Fred Vargas (vale, este seguidor que escribe aquí) llevamos recibiendo,en los últimos años, una suerte de ducha escocesa,al menos por lo que respecta a sus novelas del comisario Adamsberg: a una digamos que un tanto decepcionante, Tiempos de hielo (de acuerdo, admito que me dejé llevar por la fe vargasiana y yo mismo le puse un "muy recomendable para fans"... No lo es). le siguió otra que no estaba nada mal o así la recuerdo yo, Cuando sale la reclusa; para acabar, hace tres años, con la más rutinaria Sobre la losa. Este mismo año, por fin doña Frédérique ha publicado una nueva novela y claro, uno la aborda con una mezcla de entusiasmo y prevención, deseando volver a encontrar el original concepto de polar que le entusiasmó en El hombre de los circulos azules o Huye rápido, vete lejos, pero temiendo que se trate de nuevo de más cal que arena... (o viceversa, no sé si es mejor la cal que la arena o qué).

En esta ocasión el comisario Adamsberg deja de trotar por otros rincones del Hexágono y se queda, en principio, en París (aunque también hay viaje sorpresa y no a Nanterre, precisamente, aviso); es más, el caso que le ocupa comienza en pleno centro de la capital francesa, en una calle cercana al boulevard Saint Michel y al jardín de Luxembourg. Allí, una noche, mientras regresa a casa dando un paseo, Adamsberg se acerca un tumulto en el que intervienen sus colegas flics; se ha encontrado, en plena calle el cadáver, aparentemenete incólume, de una joven y bella mujer -lo de bella se repite mucho en la novela, porque tiene su importancia-; aunque a primera vista no lo parezca, se trata de un asesinato, del que decide hacerse cargo nuestro comisario, pues le ha parecido percibir en él quelque chose, sin saber lo que es.

Comienza así la persecución de un asesino  enamoradizo -amoureux désespérément désespéré- que lleva al equipo habitual de la Brigada Criminal del 13e -Danglard, Veyrenc, Voisenet, Retancout, Noël, etc.-, más algún añadido circunstancial, a explorar los vericuetos de la poesía de Nerval, a seguir el brillo de las estrellas  y su leyenda, y, en fin, a perseguir las gaseosas nubes que suele palear su comisario, como es habitual en él, pero quizá aún más en este caso... Curiosamente, quizá sea la novela menos extravagante de las protagonizadas por Adamsberg, más ceñida al clasicismo del polar, si se quiere ver así (teniendo en cuenta que se trata de una variante del género más tendente a la heterodoxia que el noir o el hardboiled americano, creo yo); no hay una apelación a elementos sobrenaturales  ni un excesivo recurso a las casualidades sospechosamente casuales (quien sea lector/a habitual de Fred Vargas ya sabe a qué me refiero). De hecho, se trata de una de las novelas de la saga admasberg donde la rutina del trabajo policial propiamente dicha tiene más peso. Curiosamente, eso no le resta interés a la narración, sino incluso al contrario; las reuniones en la "sala del concilio" se hacen de los más ameno e igualmente las investigaciones siguiendo alguna pista a través de la Red. Aunque claro, Adamsberg no deja de ser Adamsbergy Fred Vargas... pues Fred Vargas (los lectores/as habituales también saben lo que quiero decir).

En fin, una piedra más que recoger del camino que sube a la montaña de este peculiar detective. Y, como dice el refrán, toda piedra hace pared....


Más libros de doña Fred Vargas (todos de Adamsberg) reseñados: aquí

miércoles, 7 de octubre de 2026

Paulina Tuchschneider: La soldada


Idioma original:
hebreo

Título original: Chayelet

Año de publicación: 2024

Traducción: Esther Cross

Valoración: recomendable

Única novela hasta el momento de su autora, La soldada es un texto corto, apenas cien páginas, que, a tenor de lo que figura en la semblanza de su autora, contiene poderosos elementos autobiográficos, o, como poco, una sustancial parte sustentada en experiencias personales. Se trata prácticamente de un diario en primera persona de una joven que es alistada en el servicio militar israelí que, creo suponer, no hace distingos de edad o género y es obligatorio para la gran mayoría de los ciudadanos. Nuestra narradora es joven, hija de madre soltera y apenas ha cumplido la mayoría de edad cuando es llamada a filas.

El componente psicológico es poderoso: la sensación de otredad, el desplazamiento de la personalidad de la protagonista que desemboca en una fuerte alienación, que bordea el desequilibrio mental. Cómo su mente se desplaza, sobre todo, a lo largo de prolongadas noches en vela en la que recrea una truculenta maniobra de autolesión sobre su organismo, no carente de cierta dosis de humor negro, de resignación paralela a una sensación de no acabar de comprender ni su situación ni los motivos de ésta. Su percepción siempre teñida de sorpresa y aislamiento sobre las costumbres pautadas y a veces absurda de la convivencia en el entorno militar, su relación fria y distante con sus compañeros y compañeras de filas, sin constituir de forma exacta un alegato antimilitar, sí que encajarían con un perfil psicológico parcialmente engarzado en la brecha generacional. Sus únicos conatos de diálogo, sus interacciones más definidas son las llamadas a su madre, un establecimiento de contacto con su pasado, con su sensación de hogar de la que ha sido despojada, y, como contrapesando esa ausencia de la figura paterna, su apelación al mando (este sí marcadamente masculino) para solicitar ayuda cuando su estado mental empieza a resquebrajarse. Duro sin llegar a la sordidez, este libro ejemplifica cierta actitud hacia la vida, que su protagonista acepta y gestiona sin dejar de sentir cierta perplejidad.

martes, 6 de octubre de 2026

Nicol Hochholczerová: Esta habitación imposible de comer

Idioma original: Eslovaco
Título original: Táto izba sa nedá zjesť
Año de publicación: 2021
Traducción: Mónica Sánchez Presa
Valoración: Recomendable

Esta habitación imposible de comer me llamó poderosamente la atención desde el inicio gracias a ese título tan sugerente, ese capítulo introductorio encabezado por el número cincuenta, ese primer párrafo que se cuenta entre los mejores con los que me he topado recientemente...

Y a medida que seguía leyendo, mi interés por la novela de Nicol Hochholczerová, debut literario de la autora, no disminuía. Al contrario: aumentaba al constatar que la calidad de la prosa se mantenía, al degustar un recurso narrativo brillante tras otro, al descubrir que los números que encabezan cada capítulo aluden a la edad de los protagonistas...

En fin, que terminé la novela en una tarde. Y es que Esta habitación imposible de comer, además de saber cómo despertar el interés del lector, apenas dura unas ciento cuarenta páginas; algunas de ellas, por cierto, rellenadas con una oración de dos líneas.

De modo que Esta habitación imposible de comer se lee de una sentada, pero uno lo hace con el corazón encogido, con cierta aprensión. Su núcleo, la tóxica relación amorosa y sexual entre un hombre adulto y una preadolescente, resulta muy duro; su lenguaje, aunque embellecido por algún ramalazo poético, el uso de varias metáforas y una querencia por el simbolismo, es directo y crudo; y, para colmo, su rechazo al moralismo barato y las conclusiones tranquilizadoras incomoda sobremanera.

A mi juicio, las únicas pegas que se le podría poner a Esta habitación imposible de comer es que su argumento y personajes son algo esquemáticos, y que el desarrollo de lo uno y los otros es algo lineal. Sin embargo, creo que esto no lastra al conjunto, pues nos hallamos ante una novela en la que lo que se cuenta no es tan importante como el ángulo y estilo desde los que se aborda lo que se cuenta.

Resumiendo, Esta habitación imposible de comer es una novela incisiva e incómoda, escrita con una prosa sorprendentemente eficaz y mañosa si tenemos en cuenta la juventud de la autora. Huelga decir que, tras un debut tan impresionante, seguiré la pista a todo lo que Hochholczerová escriba a continuación.

lunes, 5 de octubre de 2026

Antonio Turiel: Petrocalipsis: Crisis energética global y cómo (no) la vamos a solucionar

 Idioma original: español

Año de publicación: 2020

Valoración: muy recomendable


En estos tiempo de incertidumbre energética provocada por una guerra de desarrollo y consecuencias imprevisibles, resulta extraordinariamente oportuno sumergirse en este ensayo que nos propone Antonio Turiel, investigador del CSIC.

El título del libro ya resulta esclarecedor. Turiel va realizando un análisis pormenorizado de las distintas fuentes de energía de que disponemos, del ritmo de vida que pretendemos seguir manteniendo aún a costa de acabar con los recursos del planeta y llega a la conclusión de que tarde o temprano acabaremos inmersos en una crisis energética de dimensiones globales y no vamos a hacer nada para evitarla.

El científico del CSIC comienza analizando las fuentes energéticas fósiles comenzando lógicamente por el petróleo, y nos demuestra con cifras que este combustible está llegando a su pico de producción e inevitablemente comenzará su decrecimiento. Coches, camiones, buques y aviones que interconectan la actividad humana en cualquier parte del mundo necesitan  el petróleo porque, como señala Turiel, es una sustancia energéticamente densa, capaz de mover todos estos ingenios y no hay ninguna otra energía capaz de realizar esta tarea.

Puesto que los derivados del petróleo se agotarán en un futuro no muy lejano, analiza las distintas fuentes alternativas que ya se están poniendo en marcha, es decir, las energías denominadas renovables y llega a la conclusión de que aunque puedan resolver el consumo de electricidad de los hogares, no van a solucionar el principal problema de consumo de combustible, que es el transporte de mercancías y personas a nivel mundial. Transporte que como todos ustedes saben ha aumentado de forma exponencial en los últimos años.

Turiel dedica cada capítulo del libro a analizar todas las posibles alternativas a nuestro actual sistema de consumo energético global y va desmontando todas esas teorías triunfalistas que confían en que a través de nuevas investigaciones tecnológicas podamos mitigar o resolver la crisis que se avecina: "la llegada de la producción de los combustibles fósiles a su cénit y la manifiesta incapacidad de los sistemas de generación de energía renovable por cubrir el agujero que deja tras de sí el retroceso de los combustibles fósiles van a imponernos una situación de racionamiento forzoso...está garantizado que cada año obtendremos menor cantidad y eso va a impedir que crezcamos desde prácticamente ya".

Y aquí llegamos a la tesis principal que defiende Turiel en este libro. Una crisis de crecimiento supone necesariamente una crisis del capitalismo, "hace falta adaptarnos a un entorno de decrecimiento forzado y comenzaríamos a hablar de una nueva sociedad que pueda generar empleo y bienestar sin necesidad de crecimiento".

El problema, como señala Turiel, es que este cambio social necesario e ineludible, este final del capitalismo, choca con la dinámica actual de los sistemas políticos que gobiernan nuestras sociedades: "La mayoría de los partidos políticos atacarán sin piedad lo que calificarán de meras ocurrencias, un ataque al estado del bienestar e, incluso, un atentado contra nuestros derechos más básicos. Todo eso es cierto. Y, a pesar de ello, da igual. Aunque durante algunos años aún pueda parecer que una determinada solución (basada en las energías renovables, en la nuclear, en los biocombustibles o en lo que sea) vaya a permitir mantener el sistema capitalista, no es verdad. Pasarán los años y las alternativas fracasarán. Lo harán de manera silenciosa: no se dirá que han fracasado, pero lo cierto es que no resolverán ninguno de los problemas planteados que se decía que iban a resolver".

Advierte Turiel de que no nos queda mucho tiempo porque la alternativa podría ser "acabar en un sistema ecofascista, en el que un Estado imponga a sus ciudadanos medidas coercitivas para evitar la crisis de los recursos. O bien podemos acabar en un sistema militarista y expansionista, convencido de que la solución a la crisis consiste en invadir tantos países como pueda en pos de los recursos que necesita para mantener el status quo (les suena de algo). O podemos acabar en un sistema neofeudal, en el que uno o varios señores de la guerra impongan su ley a sangre y fuego a toda la población".

Puede parecer que la visión del ensayista es mayormente negativa, pero confía en que logremos un consenso y nos encaminemos hacia soluciones esperanzadoras y compartidas, soluciones de índole social, porque es la mentalidad social la que necesita cambiar. Turiel propone: anulación de las deudas actuales, reforma radical del sistema financiero, redefinición del dinero, reforma de los estados, definición de planes de transición locales y preservación de los servicios básicos (sanidad, educación y asistencia a gente mayor y necesitada).

sábado, 3 de octubre de 2026

Byung-Chul Han: Sin respeto

Idioma original: alemán
Título original: Ohne Respekt
Traducción: Guillem Gómez Sesé en catalán para Edicions62 y Lara Cortés Fernández en catellano para Ediciones Paidós
Año de publicación: 2026
Valoración: recomendable


Siempre es interesante reflexionar sobre la sociedad actual, y más especialmente ahora que parece que la mayoría de lo que interesa a la gente es ella misma. Y, claro, cuando nos volvemos egoístas y apartamos la mirada de lo que ocurre alrededor nuestro, perdemos empatía, perdemos comprensión, perdemos consideración y, en consecuencia, perdemos el respeto, especialmente hacia los demás, pero incluso también hacia uno mismo. Y eso es algo que el narcisismo y la competitividad en una sociedad altamente capitalista no tiene demasiado en cuenta ni es consciente de sus posibles consecuencias.

En este ensayo del que afirmaría sin tapujos que es el filósofo más mediático de la actualidad (sin ser algo peyorativo), Byung Chul-Han trata el tema del respeto y su necesidad como uno de los pilares fundamentales sobre los cuales edificar una sociedad (y una vida). Así, parafraseando a Rawls y su obra «Una teoría de la justicia» (1971), afirma que «quien no se respeta a sí mismo, no tiene autoestima o incluso llega a odiarse, acabará menospreciando también a los otros. El respeto por uno mismo y el respeto por los demás van de la mano»; un respecto que debe construirse desde y por uno mismo y, además, «debe cumplir dos condiciones. Requiere un “firme convencimiento sobre la concepción del bien que tenemos y que nuestro proyecto de vida merece la pena de realizarse”. Por otra parte, es necesario tener “confianza en la propia capacidad, en la medida que sea posible, de llevar a término los propios propósitos”». Así, el autor destaca el respeto como elemento fundamental de la integridad como personas y el propósito vital que anhelamos conseguir.

Pero, uno de los posibles mayores impedimentos con los que nos podemos encontrar es tener que lidiar con un ambiente inerte, un terreno casi hostil a los valores y a los ideales, pues el mundo que nos rodea intenta limitar nuestra autonomía como individuos; el autor, consciente de ello, reprende directamente al sistema neocapitalista que impera actualmente en gran parte del mundo por atentar a los principios que deberían regir una sociedad, ya que «la sociedad bien ordenada no es una sociedad del rendimiento, sino una sociedad del respeto». Esta aseveración confronta radicalmente el régimen neoliberal quien «aísla las personas y las convierte en combatientes individuales» de manera que «la ‘idea del bien’ que es la noción que rige la sociedad bien ordenada, recula delante del materialismo de la propiedad». Por este motivo, «en la sociedad del rendimiento, todos se enfrentan a todos, y eso sucede en todas las capas sociales. Ya no hay solidaridad, ni tan siquiera entre los perdedores». Esta situación es algo que el tecnocapitalismo ha alimentado, nutrido y aumentado a través de las redes tecnológicas en las que todos, en mayor o menor medida, hemos caído lamentablemente, pues «en las redes sociales, la lucha por el respeto se convierte en una lucha librada por la atención. Quien no consigue recibir feedback se siente insultado y humillado; la falta de reconocimiento online de vive como un rechazo y una exclusión social» y, con ello, aumenta nuestra distancia, pero también nuestros recelos ante nuestros semejantes.

A partir de esta introducción que permite anticipar lo que tratará en el libro, Byung-Chul Han perimetra e identifica los diferentes aspectos en los que el respeto (o la falta de) inciden en la sociedad. Así, nos habla de una atención hacia los demás en lucha (perdida) con el egocentrismo que aparta la mirada al entorno que nos rodea para dirigirla hacia el propio ombligo en busca de una identidad influenciable y frágil, infravalorando una alteridad que permitiría la contraposición de ideas o razonamientos se manera que lo que podrías ser un diálogo respetuoso acaba derivando en una confrontación entre semejantes en nuestras sociedades cada vez más polarizadas. 

En este interesante ensayo, el autor menciona profusamente la figura de Kant, bastión de la ética a través de su imperativo categórico y al que muchos situamos como ejemplo de los valores vitales y se fundamenta en su ideología para sustentar la defensa de unos principios que deberían regir la conducta de cada uno para fomentar el respeto a los demás, afianzar el respeto a uno mismo y no desviarse ante las tentaciones externas que intentan quebrantar la rectitud moral hacia intereses ajenos, especialmente en una sociedad sometida al dictado de las tecnológicas, pues «la denominación algoritmo, no es represora, sino adictiva y seductora (…) por este motivo, la dominación, algo rítmica es, a la vez, pérfida y poderosa, porque estimula en nosotros una ilusión de libertad». Así, tal y como afirma el autor, «el ser humano no puede ser utilizado únicamente como medio para nadie más —ni tan siquiera para él mismo—, sino que siempre tiene que representar una finalidad. Esto es lo que conforma su dignidad (…) El imperativo categórico permite actuar de manera que “la humanidad se considere, tanto en propia persona como en cualquier otro, siempre como a un fin y nunca como a un medio”». Por ello, Han se manifiesta contra el sistema económico actual, pues se rige por un imperativo capitalista que denigra las personas atribuyéndoles un valor de mercado hasta el punto de pasar de la autodeterminación a la autoexplotación donde todo tiene un precio y, con ello, se sacrifica la identidad monitorizándola. De esta manera, el respeto es el resultado de un logro, una consecución, un valor atribuible al rendimiento, no un valor per se inherente a toda persona.

Tal y como afirma el autor, «si el arte fuera un lugar donde lo sublime se pudiera refugiar, se convertiría en un antídoto contra la cultura del consumo, pero, en el orden horizontal, la presión espectacular para nivelarlo todo también mantiene el arte en captividad, convertido en un 'Arte del like', del me gusta». Qué duda cabe que aquí, si bien somos amigos (y agradecidos) de los elogios, no está en nuestra mente el escribir para conseguir aceptación, sino más bien el intento de contrastar opiniones.  Y este es un punto que también destaca el ensayo, pues «la práctica del diálogo implica estar dispuestos a revisar nuestra opinión o incluso adoptar la del otro, sin que esto suponga una amenaza para nuestra identidad. En un debate ideal se produce una división clara entre opinión e identidad». Para ello, es necesario un ejercicio honesto de humildad y estar dispuestos al contraste de opiniones (debidamente argumentado) pues anquilosarnos en una creencia nos ata a un inmovilismo ideológico que nos impide avanzar. De igual manera, debemos tener una mirada amplia al conocimiento y a la alteridad, separando lo que somos de lo que pensamos pues, si lo atamos como a un solo tótem, corremos el riesgo de sentirnos cuestionados o creernos interpelados a cambiar la manera de ser; eso es algo que deberíamos evitar, pues «si alguien vincula su identidad a una manera de pensar o convierte los aspectos fácticos en una cuestión de identidad, está incapacitado para el debate». Somos conscientes que «no siempre conseguimos que se mantengan separadas la opinión y la identidad, porque las opiniones a menudo se anclan en nuestra auto imagen, que muchas veces no se dejan cuestionar», pero debemos luchar contra ello si queremos desprendernos de antiguos pensamientos que lastran el avance y el progreso. 

Byung-Chul Han termina este interesante ensayo afirmando, acerca de la inteligencia artificial, que «como ha pasado a menudo, el ser humano se convierte en esclavo de sus propias creaciones». Quién sabe si, al final, nos pasamos gran parte de la infancia y la adolescencia intentando aumentar nuestras capacidades intelectuales cuando lo que realmente deberíamos hacer es desarrollar y afianzar nuestros valores.