miércoles, 31 de diciembre de 2025
Paula Fox: Los hijos de la viuda
martes, 30 de diciembre de 2025
Antonio Muñoz Molina: El verano de Cervantes
Idioma original: español
Año de publicación: 2025
Valoración: Muy recomendable
Si entre sus próximos proyectos lectores está la última obra de Muñoz Molina harían bien en plantearse dos cuestiones previas: en primer lugar, ¿les interesa conocer detalles de la vida de Cervantes? y, en segundo lugar, ¿han leído o releído El Quijote en tiempos recientes? Si sus respuestas a estas preguntas son afirmativas, entonces es muy recomendable que aborden la lectura de este libro. En caso contrario, van a perderse muchos detalles sobre la obra cervantina y les va a resultar una lectura, si no decepcionante, sí incompleta.
El verano de Cervantes es un libro que, como nos cuenta el escritor jienense, surge de un enamoramiento de largo recorrido con El Quijote. "Fue un libro que había encontrado en un baúl, en el pajar del último piso, donde se amontonaban los trastos viejos y las herramientas de ir al campo". Al parecer, era uno de los pocos libros que había en la casa familiar y Muñoz Molina lo devoraba durante el verano, aunque era una edición muy antigua, Editorial Calleja 1881, "con su papel amarillento que tenía un tacto y un olor de polvo de trigo, con sus tapas rústicas gastadas en los bordes, ligeramente chamuscados".
A partir de ese momento y aunque Molina tiene sus escritores de cabecera, particularmente señala a Proust y Montaigne, es Cervantes, y sobre todo al Quijote, al que vuelve con mayor frecuencia: "Don Quijote no sólo es el libro que he leído más veces a lo largo de mi vida: es también el que más veces he comprado, con cierta frecuencia para regalarlo, pero sobre todo para mí".
Como nos cuenta el escritor, en una de esas relecturas comienza a tomar notas y trabaja durante diez años para finalmente publicar el libro que tenemos entre manos. Nos encontramos con un riguroso ensayo que, aunque tiene como eje vertebrador El Quijote, va intercalando reflexiones sobre la vida y obra de Cervantes y sobre recuerdos de la vida de Muñoz Molina, pero relacionados directamente con la obra cervantina. Queda meridianamente clara la admiración de Molina por Cervantes y su obra: "Su agudeza en la observación es tan excepcional como la amplitud de sus lecturas y de su experiencia directa del mundo. Tiene la cultura literaria de alguien que hubiera pasado la vida sosegadamente entre libros y la frescura de percepción de alguien que no ha dejado de comprometerse a fondo con la vida real, por voluntad propia o por azar, incluso por mala suerte".
Como he señalado, el ensayo es especialmente pormenorizado en lo que respecta al Quijote. Avanza cronológicamente destacando infinidad de detalles que, si no se ha leído la obra recientemente, van a ser irrelevantes para el lector. Personajes, paisajes, ambientes, todo es analizado minuciosamente por Muñoz Molina que llega a la conclusión de que el trabajo de Cervantes como inspector y recaudador de impuestos resulta fundamental para que pueda plasmar en la obra una visión tan profunda de todo lo que le rodea. Al mismo tiempo nos recuerda que Cervantes no fue especialmente famoso en su época, y sus contemporáneos, como Lope de Vega, no reconocieron su talento. Molina señala, con cierta amargura, que para llegar al éxito de El Quijote "ha hecho falta la postergación, el fracaso en el teatro, el poco éxito en la poesía, el entusiasmo y luego el descrédito de las ilusiones, las más ambiciosas y las más modestas, el tránsito del heroismo militar a la monotonía administrativa, del triunfo engañoso de Lepanto a la ruina quijotesca de la Armada Invencible".
No falta en el análisis de Molina las referencias a la recepción que tuvo El Quijote en su época y con posterioridad. Así menciona la admiración o animadversión que algunos escritores sintieron por la obra. Entre los primeros, Thomas Mann o Freud, que llegó a aprender español para poder leer fielmente la obra. Entre los segundos Nabokov al que El Quijote le parecía "una novela cruel y detestable".
Nos enfrentamos, pues, a un ensayo excelentemente redactado, minucioso en las descripciones, rico en anécdotas y con ese estilo pausado y melódico que caracteriza la prosa de Muñoz Molina. Al final del libro, el escritor nos añade una lista de lecturas recomendadas sobre el tema, que le debieron servir de base para preparar el libro y que nos pueden orientar si queremos profundizar en el estudio de Cervantes y su obra. Llama en este sentido poderosamente la atención la ausencia de libros de Martín de Riquer, uno de los más reconocidos cervantistas de nuestro país.
Quizás a modo de recomendación me atrevería a aconsejarles que lean primero El Quijote, preferiblemente en verano, como hizo el autor, y luego aborden la lectura de este libro. Sólo de esa forma podrán disfrutar como se merece de El verano de Cervantes.
También de Muñoz Molina en ULAD: El jinete polaco, Como la sombra que se va, El viento de la luna, Plenilunio, Todo lo que era solido.
lunes, 29 de diciembre de 2025
Mateo: Evangelio (Liberado)
Traducción: Roser Homar
Año de publicación: Siglo I o II, según las fuentes). La de edición de Blackie es de 2025
Valoración: Chulísimo y recomendable
Han pasado muchos años desde la última vez que leí algo de la Biblia, lo reconozco. Y quizá haya que volver a este tipo de textos de vez en cuando. Al fin y al cabo, buena parte de nuestra formación (intelectual, emocional, cultural, etc) está ahí metida. Además, su influencia en el arte occidental (cine, pintura, escultura, literatura, etc) de los últimos siglos es innegable. No es esta una cuestión de creyentes o no creyentes, de agnósticos, ateos, etc. Las cosas, gusten o no, son así.
El caso es que la lectura de esta edición del Evangelio según San Mateo me ha (re)descubierto un texto con un mensaje de lo más potente y transgresor, con imágenes impactantes, con una estructura narrativa de lo más actual y con una vigencia absoluta.
Por si alguien no lo sabe, el Evangelio de Mateo se divide en 28 capítulos y vendría a ser una biografía de Jesús en la que se narran su vida, "obra" y "milagros". Pero esta biografía, que vendría a ser la lectura más "generalista" del texto, lleva en su interior otras posibles lecturas: el poema en prosa, la novela de formación, la novela de "aventuras", la crítica social, el realismo mágico, etc. Todo ello a través multitud de ejemplos, metáforas y símiles. Porque no hemos de olvidar que la principal función del texto era la evangelizadora, y de ahí que por eso les hablo con símiles, porque, aun viendo, no ven y, aun oyendo, no oyen ni se enteran, de ahí también cierta "tosquedad".
Lo novedoso de la edición de Blackie Books, además de la traducción de Roser Homar (doctora en Filología Clásica y profesora de la Universidad de Barcelona), es la puesta en relación del texto con la actualidad y el recorrido que realiza a través de representaciones artísticas vinculadas a escenas del Evangelio.
La conexión del texto con la actualidad (o, al menos, con el siglo XX y XXI) se realiza por una doble vía: la de la palabra y la de la imagen. A través de la palabra se ponen en relación, por poner algún ejemplo, la estrella que guía a los Reyes Magos con la carrera espacial o el sermón de la montaña con una serie de discursos más o menos históricos; a través de la imagen, se crean paralelismos y contraposiciones potentísimas, entre las que destacan la matanza de los inocentes / fotografía de niños gazatíes, la destrucción del templo / fotografia de Nagasaki arrasada y, sobre todo, el ahorcamiento de Judas / fotografía del ahorcamiento de Rudolf Hess.
El recorrido a través de las representaciones artísitcas vinculadas a escenas del Evangelio nos lleva a los cuadros pintados por el francés James Tissot a finales del XIX y a diferentes representaciones de la crucifixión, desde el siglo XII hasta la actualidad y desde España a Etiopía, pasando por Rusia, con las que se observa bien a la claras cómo se ha modificado la función del arte a lo largo de los siglos.
Para rematar, además, se añaden cuatro textos de "monstruos" como Borges, Wilde, Monterroso y Arreola, los cuales presentan, con ciertos toques de humor, fragmentos de evangelios apócrifos (todo tan borgiano), un spin-off de la curación del leproso o del ciego (Wilde) o una distopía sobre los reos crucificados junto a Jesús (Arreola).
En resumen, un volumen precioso en lo puramente "visual" y absolutamente recomendable, también, en lo textual al que solo le puedo achacar la falta de alguna nota sobre el propio texto, algo más "explicativo", así como alguna omisión que me resulta casi "imperdonable", como la de "El evangelio según San Mateo" de Pasolini.
P.S.: Si muchos de los que se apropian del mensaje contenido en los Evangelios leyeran lo que dice el de Mateo, acabarían convertidos al Islam, al animismo, al zoroastrismo o a la secta de los davidianos.
domingo, 28 de diciembre de 2025
2026: Poca broma
Solemos plantear, cuando la fecha se acerca, a qué dedicamos nuestra pequeña e inofensiva broma anual. Ya son unos años, los que llevamos. Hemos recurrido a libros inexistentes, a autores imaginarios, a diversas estratagemas, trampas inofensivas para poner a prueba ingenuidad y buena voluntad de nuestros lectores.
No va a ser así este año.
Como humildes, y seguramente irrelevantes partícipes de la difusión de la cultura (o del porcentaje que de ésta represente la producción literaria a que prestamos atención), no podemos ser ajenos al riesgo que para esta supone la radicalización política que se está apoderando no sólo de Europa (primer ámbito de nuestro alcance, la mayoría de los que aquí escribimos residimos en la Península Ibérica) sino, en general, del entorno hispanoparlante. No creo que haga falta explicar el crisol de circunstancias concurrentes, desde la intoxicación constante desde los medios de comunicación o las redes sociales, al avance político y social de diferentes oleadas de pensamiento, todas ellas cohesionadas bajo el magma unificador de la imposición de credos, sean estos políticos o religiosos, de visiones siempre oportunamente sesgadas de la sociedad y de la realidad. Visiones cimentadas en antagonismos, en posturas irreconciliables, un caldo de cultivo ideal para una de las mayores tentaciones: suprimir al contrario, una de cuyas facetas es silenciar su opinión o distorsionarla.
Entramos en 2026 y esto no admite bromas: la literatura tampoco es ajena a esas turbulencias. Y su influencia puede ser limitada pero aún podría ser poderosa. No solo asistimos a esa preocupante polarización de las sociedades, también nos enfrentamos al enorme riesgo de que la desaparición del espíritu crítico sea un oportuno daño colateral. Si algo tiene la cultura, en sus distintas formas, es la capacidad de apelar a ese espíritu, tan incómodo para quienes quieren gobernar el mundo rodeados de parabienes de aduladores. Ciertas corrientes hablan de la muerte de la narración, y si ese desequilibrio no se compensa, si nos quedamos en el confortable bando de la complacencia, de leer solo esos ensayos de quienes piensan de forma muy parecida a nosotros, nos espera más de lo mismo desde otros flancos. Ved, si no, nuestras recientes listas: muchos de nosotros nos hemos quejado en términos como año flojo o análogos. Y no me suena que muchas de las consideradas novedades en narrativa hayan calado hondo. De hecho, no recuerdo repeticiones en nuestras respectivas listas y desde luego nuestra coincidencia con las de los medios, ejem, oficiales, es nula. Y la ausencia de una narrativa fresca y potente que refleje las sociedades actuales es preocupante. Era esa proyección de personajes ficticios a la realidad lo que atrapaba a muchos, ese reflejo nos hacía pensar y reflexionar. Hoy tenemos, por todas partes, libros de opinadores, de tertulianos, de oportunos biógrafos y oportunos autobiógrafos, de estrellas mediáticas más pendientes de transferencias que de trascendencias, y muchos de esos agentes literarios sobrevenidos son solo cómplices de eso, perdón por la redundancia, de la complacencia con ese poder que me premia y me publica y que me hará rico si actúo en su apoyo. Supongo que cada sociedad tiene sus ejemplos particulares.
Somos conscientes de que habrá lectores que piensen que esta reflexión tiene también un sesgo ideológico. De que algunos puede que lleguen a la conclusión de que nos oponemos a opciones que pueden haber votado esos lectores en los sitios en que viven. No se trata de eso. Hay que poner en duda a cualquiera que quiera imponernos verdades absolutas. En un lado y en otro, en mundos reales o en paraisos ficticios. Y para hacerlo, la cultura nos ayuda a ello. No nos arriesguemos a que deje de hacerlo.
sábado, 27 de diciembre de 2025
Alison Bechdel: Consumida
Título original: Spent
Año de publicación: 2025
Traducción: Rocío de la Maya Retamar
Valoración: muy recomendable
Última novela gráfica, hasta la fecha (me cuesta un poco no llamarla cómic, por razones que ya explicaré), de la célebre autora Alison Bechdel, de carácter, si no autobiográfico, como el resto de su obra o al menos la que yo conozco, sí que autoficcional... En verdad, esto de una "novela gráfica autoficcional" debería echarme para atrás, pero, en este caso, no sólo no lo ha hecho sino que ha resultado ser una de mis lecturas más divertidas del año. Además de esta feliz e incluso sorprendente circunstancia, otros motivos me decidieron a leer este Consumida:
- El buen recuerdo que tenía de la obra más célebre de Bechdel (aparte de la tira cómica Unas lesbianas de cuidado, en la que apareció el ahora conocido como "test de Bechdel"... y entonces sólo un chiste), la muy recomendable Fun Home... aunque no sea, sin embargo, la alegría de la huerta como novela gráfica, sino todo lo contrario. No obstante, he de reconocer que se me hizo bola el anterior libro de esta autora, El misterio de la fuerza sobrehumana y no llegué acabarlo (menos aún a reseñarlo).
- El hecho de que en el concepto autoficcional de este libro pese más, creo, la parte de "ficción" que la de "auto". Es cierto que la protagonista principal es una dibujante llamada Alison Bechdel, de aspecto similar al de la autora y que vive, en gran medida, de las rentas generadas por el libro sobre su relación con su padre -sólo que aquí el padre no es funerario, sino taxidermista y la historia se ha acabado convirtiendo en una serie de televisión de gran éxito-; por lo demás, el resto de personajes y sus circunstancias vitales resultan ser, al parecer una mezcla entre la elementos reales y otros debidos claramente a la ficción -como algunas amigas rescatadas de la tira cómica que he mencionado antes-: la Alison del libro vive en una granja de la muy progresista Vermont, en la que mantiene un santuario de cabras enanas, junto a su mujer, Holly, gran amante de la vida rural y que se convierte en toda una influencer para ese nicho de público internetero. Ambas llevan una vida de lo más hogareña, pero no autosuficiente, puesto que compran un montón de cosas por Amazon o, en el otro extremo, en una cooperativa local de productos orgánicos escandalosamente caros.
Por lo demás, les amigues de la pareja son una pandilla de boomers izquierdistas que residen en una cooperativa mixta de vivienda compartida -una especie de comuna para sesentones, para entendernos-, preocupades por el activismo político, el poliamor, las identidades de género, el multiculturalismo, veganismo... en fin, ya sabéis, el surtido completo. Pero, sobre todo, por mantener su coherencia ideológica a ciertas edades y en ciertas coyunturas, puesto que la trama de la historia se sitúa en la época postpandémica, durante la última parte del mandato de Biden, cuando el trumpismo amenazaba con arrasar de nuevo EE.UU. Porque si el universo woke se ve aquí satirizado, aunque sea de forma amistosa, lo mismo ocurre con su contrapartida MAGA, representada por la figura de la conservadora hermana de Alison, Sheila, antiabortista y creadora de "arte con semillas" (como suena). El contraste entre ambas visiones políticas no hace sino alimentar la paranoia de Alison, presentada como un personaje un tanto "woodyallenesco" (el de antes de su cancelación por motivos un tanto resbaladizos, quiero decir); a su bloqueo creativo (= procrastinación galopante) se le une el bombardeo continuo de noticias sobre el desastre al que está abocado el mundo y su país en particular. De todos modos, las ideologías y sus derivaciones no son los únicos ámbitos que reciben la ironía de Bechdel; lo mismo ocurre con el de la producción de series televisivas o la tiranía de las redes sociales.
viernes, 26 de diciembre de 2025
Stefan Zweig: Erasmo de Rotterdam: Triunfo y tragedia de un humanista
Idioma original: Alemán
Título original: Triumph und Tragik des Erasmus von Rotterdam
Traducción: R. S. Carbó
Año de publicación: 1934
Valoración: Muy recomendable (Imprescindible para los humanistas)
(De manera intencional pongo de portada la colección de biografías de Zweig de Acantilado. En estas épocas de dar, este tabique de dos tomos es uno de esos regalos que te cagas. Regálenselo a esa persona amada. De nada: luego me agradecen. Incluye las biografías de Erasmo de Róterdam, Fernando de Magallanes, María Estuardo, María Antonieta, Joseph Fouché, Honoré de Balzac y Marceline Desbordes-Valmore).
Cuando hay un libro altamente recomendable, la reseña se vuelve corta. Hay pocas cosas que agregar al texto original además de decir: léanlo.
Se dice que una persona extraordinaria nace cada cien años. Así que el hecho de que Erasmo de Rotterdam y Martín Lutero hayan habitado el planeta al mismo tiempo no puede ser otra cosa que un prodigio. Y no solo eso: el choque entre ambos, el sabio que pule frases hasta dejarlas como vidrio y el monje que lanza martillazos, define, para Zweig, el punto exacto en el que Europa deja de conversar y empieza a gritar.
Zweig escribe esta biografía como quien ve venir una tormenta. Publicado en 1934, el libro tiene esa electricidad rara de las obras que hablan de otra época, sí, pero con el oído puesto en el siglo XX: el fanatismo como método, la polarización como forma de vida, la masa como una máquina que exige sangre o milagros, y el intelectual humanista intentando, tercamente, que el mundo no se vuelva una hoguera.
Zweig no explica a Erasmo, lo dramatiza. Lo coloca en escena. Lo deja ser lo que fue: un hombre de letras, un europeísta antes de que existiera la palabra, un creyente sin ganas de inquisiciones, un reformista alérgico a la Reforma cuando se sale de madre. Erasmo, dice Zweig, es la encarnación de la medida. Y luego llega Lutero, que es todo lo contrario: no mide, arde. El conflicto va más allá de la teología; es temperamental.
Si te interesa el humanismo, este libro es obligatorio. Si te interesa la Reforma, también. Y si te interesa, aunque sea por puro instinto de supervivencia, entender cómo se rompe una sociedad y cómo la inteligencia y mesura puede volverse un estorbo, entonces más te vale leerlo. Porque la biografía de Erasmo, en manos de Zweig, es algo útil: una advertencia escrita con elegancia.
jueves, 25 de diciembre de 2025
LO MEJOR DE 2025
Francesc:
Ensayo: Sin centrarme en una obra específica, creo que el europeísmo escéptico/pragmático de Finkielkraut es algo que hay que reivindicar (porque hacerlo con Huxley ya sería demasiado, ¿no?)
Narrativa de largo: La obra de Catherine Lacey me ha ofrecido ciertas esperanzas.
Narrativa de corto: María Bastarós, una escritora que busca camorra (o sea, que no es de sofá, mantita y libro).
Expectativa superada (tanto con tan poco) :El comandante yanqui de David Grann
Expectativa defraudada (aunque temida): Sally Rooney en concreto con Intermezzo, pero creo que cualquiera serviría.
Comentario que no viene a cuento: alejaos, por favor, de libros que cuenten con esas irritantes fajas empeñadas en asignar y etiquetar. A la papelera, ya.
miércoles, 24 de diciembre de 2025
Colaboración: 2 x 1 Madrid y El rastro, de Andrés Trapiello
Año de publicación: 2020 y 2018
Valoración: empachosos
Andrés Trapiello es un autor que se mueve en un relativo margen literario, desde donde lanza sus propuestas. Algunas son geniales, como sus artículos costumbristas o ese diario del que lleva ya publicados 24 volúmenes. Otras son un tanto descabelladas, como cuando se empeña en comentar la actualidad política. Y otras quizá son incomprendidas, como sus novelas, eclipsadas por el mencionado diario, o libros donde combina sus excelentes dotes de memorialista con páginas que llegan a caer en la irrelevancia. Las dos que dan lugar a esta reseña son de este último grupo, entre el objeto de regalo y de exposición y el buen pulso intimista que ha sido marca de la casa y que se viene difuminando en estas entregas de los últimos tiempos, en apariencia más enfocadas al continente que al contenido en sí.
Madrid y El Rastro son dos ocurrencias editoriales muy bien envueltas, en formato de lujo, quién sabe si inspirados en los que hizo Josep Pla de similar género (¡qué pesada está alguna gente con Pla, y qué poco se le pega a esa gente lo mejor de este escritor excelso!). Lucen los dos títulos repletos de material gráfico de primer nivel, fotografías, reproducciones artísticas de todo tipo, manuscritos, tickets, instrucciones, la inmensa mayoría con su pie detallado y acreditado, lo que es de agradecer y que salvará a estos libros de la maraña de esta época, que todo lo destripa y plagia sin consideración y a la que se enfrentan estos títulos en su preocupación por mencionar casi hasta el último desconocido que hizo una foto de agencia en el año de Maricastaña. Este material se sostiene sobre algo que es de lo mejor del libro, el diseño de Trapiello en colaboración con Alfonso Meléndez, primoroso en lo que se refiere a orden, tipografía o maquetación. De hecho, la implicación es tal que en cierto modo se puede considerar a Meléndez coautor de una buena parte de la bibliografía del leonés.
El primero de los títulos, Madrid, que es sin embargo el que se publicó en segundo lugar, marca la pauta de ambos. Trapiello estructura en capítulos muy bien medidos, bien descritos en sus corolarios, herencia de sus maestros Galdós y Baroja, pero atrabiliarios, en contra de las enseñanzas de aquellos; y así hasta los tres quintos del libro, donde enmarca sus obsesiones particulares en pequeños sumarios como arquitectura o arte u otros dedicados a personajes puntuales que son de su gusto, a medio camino entre las glorias consumadas y los bohemios de manual. ¿Y por qué lo atrabiliario? Pues porque aunque brillante en su escritura memorialista, el fondo histórico propiamente dicho puede arropar de más una armadura literaria que no pierde su sello mercurial, densa en el sentido de con un peso específico, en una tradición de gran clásico, más alumno aventajado que maestro, remitiendo a sus referentes en todo momento, como hace en cada cosa que escribe. Vamos, que si las 350 páginas de narración se hubiesen despojado de esas 150 con informaciones que se pueden encontrar en cualquier guía común medianamente documentada y se hubiesen quedado las que cuentan lo más granado del autor y sus pareceres, la obra habría salido ganando. Pero también sería otro libro, ajeno al concepto enciclopédico que por momentos tiene este Madrid.
Los capítulos son también un poco rastros en sí mismos, acumulación de lugares curiosos y estampas populares en el caso de Madrid y de objetos y motivos típicos en El Rastro. Y en este segundo tomo, lo de siempre: capítulos dedicados a la historia y el desarrollo que ha tenido este mercado callejero desde su fundación en tiempo incierto, y elogios del coleccionismo, pautas de regateo, la anécdota de la espada, que refleja que uno nunca encuentra lo que busca pero a veces sí, y una larga disertación de cómo ha llegado hasta nuestros días esta particular forma de intercambio. El motivo de unirlos a los dos en una reseña es que El Rastro es como una costilla de Adán de Madrid, cuyo capítulo 20 trata el famoso mercado y es, de alguna manera, un extracto de aquel. La intención está clara, pues el propio autor remite al libro en las últimas líneas de ese capítulo.Aparte de las virtudes ya mencionadas, hay que subrayar un oído fino para los diálogos de la calle y compasión y generosidad para los adjetivos, cualidades ambas que el autor reparte sin reparo y que le habrían venido bien a su propia carrera para que en España estuviésemos más pendientes de la verdadera escritura que de otros aspectos secundarios, como la innecesaria pretendida carga ideológica de que adolece su obra más reciente. Últimamente se viene excediendo en el afán de remarcar su cambio de bando cuando siempre fue de no militante de ninguno, y es repetitivo y cansino tanto en cuanto a la glorificación de los que considera amigos como a la censura de los enemigos, así como en el ostracismo de viejos compañeros de viaje. Sus recientes memorias (‘políticas’ las ha llamado él o su editorial) caen en lo mismo. De ahí el efecto de empacho de la valoración, pues los nuevos lectores pueden saturarse y no aporta novedad a los fieles; nada, en fin, en lo que no hayan caído algunos de sus maestros. Pero cuando Trapiello se olvida de la hemeroteca y de las rencillas y tira del hilo, surge la que es sin duda una de las prosas privilegiadas de la literatura de hoy en español. Esta escritura arrolladora es la línea de sus grandes obras, la de sus crónicas de clásicos olvidados y su diario, de los que deberíamos dar cuenta algún día.
martes, 23 de diciembre de 2025
Colin Barrett: Casas de locos
Idioma original: inglés
Título original: Wild Houses
Año de publicación: 2024
Traducción: Magdalena Palmer
Valoración: está bien
Uh, mucho tiempo sin reseñar nada de Sajalín por mi parte, y aunque he de reconocer que su perfil no ha cambiado y lo que publican suele obedecer a lo que se espera, no sé si es que el que ha cambiado habré sido yo, pero esta Casas de locos me ha decepcionado algo. Leí a su autor en formato relato hace unos años y reconozco que el recuerdo de Glasbeigh ha pesado de cierta forma: una colección de relatos amena y con cierta cohesión al incluir estos personajes coincidentes. como una de esas películas corales que se estilaba hace unas décadas, como un Raymond Carver algo más acanallado y con menor perfil en lo psicológico.
Pero entonces, esto es Sajalín, esto es Dublín (mil perdones por el ripio), esto es el mundillo criminal de poca monta, ni hablamos de sicarios ni de narcotráfico a gran escala, ni de grandes y oscuros intereses. Los tipejos que pululan esta novela son varones irlandeses de pocas luces y menos expectativas vitales. Mujeres que hacen lo que pueden para tirar adelante a su familia, entornos precarios donde lo que se trata es de buscarse la vida para ir afrontando el día a día. Ese mundillo de las pequeñas ciudades, de los barrios donde campa la abulia y el aburrimiento, donde los jóvenes que. por lo que sea, renuncian a intentar acabar unos estudios o avanzar en algún campo profesional y se dedican a eso, al trapicheo, al menudeo de estupefacientes, casi siempre en un entorno reducido y prácticamente sin salir del entorno del barrio, de la pequeña ciudad. Aquí la historia es casi un puro esquema: dos hermanos reciben el encargo de secuestrar a otro joven, para forzar a su hermano a pagar una deuda por un alijo de droga. Nada especialmente truculento, el secuestro resulta contar con una curiosa colaboración, cuando otro joven, Dev, aporta su casa, retirada en un paraje y a la que nadie acude, como escondrijo mientras el chantaje se concreta.
Lo que sucede, al margen de que la trama ya se precipita a una resolución en forma de disyuntiva, es que Casas de Locos parece, en demasiados momentos, un relato alargado hasta tomar forma y extensión de novela. Cierto es que las descripciones, las reflexiones, ese subfondo social que se manifiesta (familias desestructuradas, jóvenes que desde la adolescencia apenas dan cuenta de sus cosas, que callejean como plan de vida) toma el mando de la narración y parece establecer una capa más dura y permeable que la pura secuencia del secuestro. Nada en contra, pero el punto intermedio entre la pura novela negra o criminal y la parábola con denuncia social implícita empieza a parecerme un terreno demasiado transitado.
También de Colin Barrett en ULAD aquí
lunes, 22 de diciembre de 2025
Natalia Ginzburg: La ciudad y la casa
Año de publicación: 1984
Valoración: recomendable
domingo, 21 de diciembre de 2025
Albert Cohen: Solal
Año de publicación: 1930
Traducción: Javier Albiñana Serraín
Valoración: entre recomendable y bastante recomendable
sábado, 20 de diciembre de 2025
Javier Montes: La radio puesta
Año de publicación: 2024
Valoración: Muy recomendable
A veces se lleva uno sorpresas (también) agradables, como encontrarse un librito modesto en extensión y en intenciones, de esa curiosa colección Nuevos Cuadernos Anagrama, y descubrir una pequeña joya, una de esas lecturas que le agradan a uno la tarde (o parte de la tarde, porque esto se lo acaba uno en una sobremesa no muy extensa).
La radio puesta ya anuncia contenido para no engañar a nadie: ese viejo invento, en apariencia anacrónico en la era digital, pero del que los índices de audiencia indican que sigue resonando en muchos hogares, normalmente acompañando rutinas diarias, despertares, desayunos, tareas domésticas, desplazamientos al trabajo, noches de insomnio.
Pero ante todo es obligado subrayar los dos estropicios con los que el autor pudo haber arruinado el libro y no lo hizo:
- La
putamaldita nostalgia: aquel acontecimiento político, el programa musical o el evento deportivo que siempre recordaremos enganchados al pequeño transistor. Ese señuelo que se ofrece al lector para que también rememore aquellas experiencias que vivió pegado a la radio, y seguramente en compañía de alguien especial. La tentación del Yo fui a E.G.B. pudo ser fuerte, pero Javier Montes se la saltó con elegancia, lo cual le hace merecedor del aplauso - La loa, el elogio del vetusto medio de comunicación que, no obstante sus obvias limitaciones, supera en autenticidad a cualquier otro, se vincula a nuestro lado humano, y bla bla bla. Si hablamos de la radio, que sea para alabar sus virtudes frente a cualquier otro medio.
Es indudable que todo el texto destila un aroma de cariño hacia la radio, porque el autor la utliza y le agrada, evidente porque de lo contrario no tendría sentido escribir sobre ello. Pero lo que ofrece son más bien descripciones, un pequeño vistazo a las peculiaridades del medio, que le hacen ser diferente a otros y por tanto de una utilidad bastante singular. Frente a casi todo lo que rula hoy en día por todo tipo de pantallas, la radio es inmediatez, presente rabioso con sus errores y su tanto de improvisación, con un contenido que escapa a nuestra voluntad sin dejar de ser previsible. Y es sobre todo acompañamiento, un sonido de fondo que no requiere casi atención (‘seguimos viviendo nuestras vidas mientras la oímos’), y conecta con miles de oyentes que tienen algo o mucho de solitarios, para de alguna forma dirigirse a cada uno de ellos.
Solo son un par de pinceladas de muestra. No voy a pretender emular la exposición de Javier Montes, que se distingue tanto por la sencillez como por la finura del análisis y la belleza de ciertas imágenes. Sin hipérboles ni guiños a la complicidad del lector, solo una prosa agradable y reflexiones atinadas, una pizca de humor (el apartado sobre Radio Reloj), pequeños descubrimientos (una aplicación para escuchar cualquier emisora del mundo con solo pinchar en un mapa), sensibilidad y buen gusto para llenar ochenta y tantas páginas de lectura que es un auténtico placer.
viernes, 19 de diciembre de 2025
Alberto Chimal: Las máquinas enfermas
jueves, 18 de diciembre de 2025
Philippe Claudel: Bajo el árbol de los Toraya
Idioma original: francés
Título original: L´arbre du pays Toraja
Traducción; José Antonio Soriano Marco
Año de publicación: 2017
Valoración: Está bien
Hace ya unos años que los libros del escritor francés Philippe Claudel se publican con regularidad en nuestro país. No llega a tener el seguimiento entre los lectores de un Auster, un Murakami o un Cartarescu, pero resulta relativamente fácil encontrar sus libros bien situados entre las estanterías de novedades literarias.
Habitualmente, las novelas de Claudel suelen tener un fuerte matiz "sociológico". A menudo, nos coloca en el centro de una determinada colectividad para a partir de ahí realizar un análisis inmisericorde de los entresijos a menudo egoistas y malintencionados que rigen las vidas de sus protagonistas.
En esta ocasión, sin embargo, el escritor francés rompe esa tendencia y construye una novela intimista y reflexiva en la que el tema central pasa a ser la inevitabilidad de la muerte.
Un cineasta francés, posible alter ego del autor, vuelve de un viaje a las islas Célebes donde ha quedado impresionado por los ritos funerarios que celebran los habitantes de estas islas. De ahí el título del libro. Cuando llega a París, recibe la noticia de que su amigo, y productor de sus películas, Eugene, sufre cáncer y está internado en un hospital. A partir de ahí, nuestro protagonista reflexiona sobre la amistad, sobre el paso del tiempo y la pérdida de los seres queridos y toma conciencia de su propia madurez y su lugar en el mundo: "continuar con la propia existencia cuando los rostros y las presencias se borran a nuestro alrededor supone redefinir constantemente un orden que el caos de la muerte desbarata en cada parte del juego. Vivir consiste, en cierto modo, en saber sobrevivir y recomponer".
Como contrapartida a la oscuridad que le transmite la enfermedad de su amigo, el cineasta, que está preparando una película con un trasfondo futurista, conoce a una mujer joven, Elena, con la que comienza una relación marcada por la apreciable diferencia de edad entre ambos. El problema es que esa relación surge en un momento en que nuestro protagonista ha perdido la seguridad en si mismo y cuestiona la perdurabilidad de sus sentimientos y de su propia existencia: "Cuando le pregunto qué ha visto en un viejo como yo, Elena me responde que no sea ridículo. Dice que deje de hacerme preguntas y que viva el momento. Es una expresión de mujer joven, que acaba de cumplir treinta años. Que gasta el tiempo tirándolo por la ventana. Perder el tiempo. Desaprovecharlo. Malgastarlo. Dilapidarlo. Fórmulas genéricas para quien posee la inmensa fortuna de tener toda la vida por delante".
Finalmente, entre tanta melancolía, la noticia de un nacimiento vendrá a arrojar luz sobre la existencia de nuestro protagonista y cierra una historia en la que la vida y la muerte se nos presentan como contrapuntos opuestos, pero inexorables.
Como es habitual, la prosa de Claudel es precisa, minuciosa y atenta al detalle. Sus reflexiones son conmovedoras y nos invitan a valorar el sentido de nuestra propia existencia. Sin embargo, precisamente ese tono casi ensayístico que observamos en muchas partes del libro se ve contrarrestado con determinadas situaciones y personajes que aportan poco al desarrollo de la novela o se ven un poco forzados, especialmente su relación con Elena y, finalmente, mitigan esa profundidad casi filosófica de la que hemos disfrutado en muchas partes de la misma.
Hay que reconocerle al autor su voluntad de romper con el guión de sus anteriores novelas pero, sinceramente, retrata mejor las interioridades de los colectivos humanos que las de la vida en pareja. Dicho esto, si tienen ganas de profundizar en el universo narrativo de Claudel, cuestión muy recomendable, yo comenzaría por Almas grises o El informe de Brodeck y dejaría esta novela para más adelante. No está a su altura.
miércoles, 17 de diciembre de 2025
Richard Yates: Mentirosos enamorados
Firmemente arraigados en la tradición cuentística estadounidense, los relatos (más casi nouvelles, por extensión y construcción de personajes) de Mentirosos enamorados presentan historias aparentemente anodinas de seres que buscan asideros de lo más inestables para paliar la soledad, el fracaso o la tristeza, de vidas plagadas de esperanzas truncadas e ilusiones fracasadas.
Lo puedo imaginar en el lento y largo viaje en tren de regreso a Nueva York aquella tarde. Debió sentarse con la mirada fija hacia delante o hacia la ventanilla sucia, sin ver nada, con los ojos abiertos y en la cara un suave gesto herido.
No busquéis, por tanto, finales impactantes, giros inesperados o sorpresas deslumbrantes en los relatos de Yates. En ellos pasa, simple y llanamente, la vida. Lo que sí hay en ellos es una doble corriente: la más visible, la de unos hechos aparentemente inconexos que se van sucediendo de forma más o menos "apacible", y la más subterránea, de la que el autor va dejando pistas en descripciones y adjetivaciones y que finalmente irrumpe en el relato, aunque lo haga más en forma de mancha de humedad en la pared que en forma de geiser. ¿Me explico?.
En cuanto a su estructura, los relatos de Yates tienden a comenzar con un primer párrafo que sirve para presentar personaje principal y situación. La habilidad del autor en este sentido en digna de mención y apenas unas frases sirven para ponernos en materia. En este sentido, destacaría las primeras líneas de La prueba y del fitzgeraldiano Adiós a Sally. A estos comienzos suele seguir un flashback (analepsis, según los modernos) que explica, al menos en parte, qué nos ha llevado a esa situación inicial. A partir de ahí, la corriente subterránea se va acercando a la superficie hasta llegar a un desenlace que no ha de ser similar en todos los casos, aunque lo pueda parecer leyendo la reseña.
Otros aspecto que me llama la atención de los textos de Yates es que se ambientan en diferentes épocas (los años de la Gran Depresión, la posguerra, los años 60...), que son protagonizados por personajes de diferentes edades y sexos y que están ambientados en escenarios diferentes (un suburbio de NY, Beverly Hills, Paris (¿otra vez Fitzgerald por aquí, aunque también Hemingway)), pero sin romper esa sensación de unidad de la que hablaba al principio.
Por último, quisiera hablar de la voz narradora. Si bien el volumen se abre con el estupendo José, estoy tan cansada, narrado en primera persona, los otros 6 textos son narrados en tercera persona. Pero en todos ellos se trata de un narrador distante, aunque tierno y sensible, un narrador que no juzga a sus personajes y que se conmueve con ellos.
En resumen, primer libro que leo de Richard Yates y deslumbramiento absoluto por unos relatos magníficos con personajes bien construidos, buenos diálogos, una voz acorde a los personajes, etc. Un libro estupendo, de verdad.
También de Richard Yates en ULAD: Reseña y Contrarreseña de Las hermanas Grimes












