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domingo, 30 de noviembre de 2025

Sergi Moyano Hurtado: Operación Apolo

Idioma: español

Año de publicación: 2025

Valoración: muy recomendable 

Lo confieso: ¿me propuse leer este libro sólo por lo mucho que me moló su cubierta? Pues sí, no me escondo (pero es que miradla: no me digáis que no es una genialidad conceptual. Se entiende todo el libro de un vistazo... aparte de llamar la atención, que es de lo que se trata). A ver, también el tema me interesaba, lo reconozco, pero dudo que me hubiese planteado leer de inmediato el libro si hubiese venido envuelto de otra manera; probablemente lo habría dejado en el tsundoku hasta tener tiempo de echarle un vistazo (que no hubiera sucedido nunca).

Dicho esto, la decisión de leerlo ha resultado realmente satisfactoria. El libro, que en principio no es sino una crónica periodística sobre un suceso ocurrido hace más de cuatro décadas, se lee, además, como un thriller policíaco y político, amén del retrato de una época y unas circunstancias  que nos pueden parecer ya lejanas, pero, a la vez, indefectiblemente cercanas. O viceversa... Ahora bien, ¿de qué va, ya con más concreción? El subtítulo del libro lo explica a la perfección: De cómo ETA secuestro al rey de los helados (suena un poco a una exploitation de la peli de Willy Wonka, lo sé); es decir, y para ser más exactos, de cómo ETA político-militar secuestró en enero de 1981 al empresario valenciano Luis Suñer, propietario, entre otras cosas, de la fábrica de helados Avidesa, marca hoy desaparecida, pero que quizá nuestros lectores/as de mediana edad (aunque jóvenes de espíritu) recordarán con cariño. Tres meses le tuvo retenido un insólito comando valenciano de ETA-pm  -o medio valenciano, en todo caso-, para al cabo liberarlo tras cobrar un rescate de más de trescientos millones de pesetas de la época -los que llamaron "suñerdólares"-; con ellos se financió la disolución de esta banda armada (continuaría la llamada ETA militar, aclaro a quienes nos lean fuera de España), amén de alguna otra y sorprendente inversión, que conocerá quien lea el libro. 

La historia resulta pinturera no sólo por los sorprendentes elementos del caso, sino por el carácter o idiosincrasia de sus protagonistas. Por la parte de sus secuestradores, ya digo que se trataba de un comando medio valenciano, aunque sería más preciso decir medio valenciano-madrileño -además de medio vasco, como es de suponer-, pero es que el secuestrado, Luis Suñer, también era un personaje peculiar: se trataba de un empresario de gran éxito hecho a sí mismo (pero de verdad, no como los que ahora presumen de ello), de cuyas empresas dependía buena parte de la economía de la ciudad de Alzira, donde era considerado no ya un prohombre o un benefactor, sino una especie de padre o de padrino... Este tipo de empresariado paternalista, que se preocupaba, además de ganar dinero, del bienestar de sus trabajadores -siempre que no se atreviesen a llevarle la contraria, claro- era bastante propio o, al menos promocionado, en la época franquista y era algo bastante típico, creo, en el País Valenciano. Sobre Suñer, particularmente, basta decir que era un empresario que presumía de ser el que más impuestos pagaba en España -y, de hecho, colaboraba con campañas publicitarias del Ministerio de Hacienda-, que lo mismo financiaba las fallas de su localidad que prometía enviarles helados a la cárcel a sus secuestradores. 

Así, el libro, y sin olvidar en ningún momento la tragedia que supuso el terrorismo de ETA en aquellos años y posteriores -más allá de este secuestro y otros secuestros, se nos recuerda tanto la comisión de atentados con víctimas indefensas como las torturas cometidas por las fuerzas de seguridad para combatirla-, transita entre, como he comentado, el reportaje extenso y el thriller, pero sin poder evitar algunos momentos, si no abiertamente humorísticos, digamos que "berlanguianos" (qué otro adjetivo poner, si no...). No obstante, sobre todo, resulta un libro de lo más entretenido y absorbente, que se lee en un suspiro, pero que, al mismo tiempo, hace gala de un rigor del que ya podrían aprender muchos periodistas o ensayistas de más renombre. A partir de una circunstancia casual, como fue el conocimiento de uno de los secuestradores, nunca detenido y ni siquiera identificado, Sergi Moyano llevó a cabo una gran labor de investigación, no sólo por medio del expediente del caso  de la hemeroteca de la época, sino entrevistándose con todos los personajes que se vieron involucrados de alguna manera que pudo. Y, además, lo que me resulta más asombroso teniendo en cuenta que se trata de un periodista muy joven, sabiendo transmitir el latido de aquellos años convulsos y la humanidad de quienes los vivieron. El resultado es, en mi opinión, uno de los mejores libros publicados este año, cuando menos es la categoría de no ficción. Aunque, vuelvo a insistir, como narración no tiene desperdicio.  Menos aún que la cubierta...

viernes, 26 de septiembre de 2025

Colaboración: 2x1 Contra Paraíso y Tranvía a la Malvarrosa, de Manuel Vicent

Idioma original: español

Año de publicación: 1993 / 1994

Valoración: está muy bien / entretenido


'Mi primera obligación es respirar, llamar a cada cosa por su nombre sin juzgar nada y ser feliz'.

Esta frase que pronuncia Manuel bien entrada la acción resume su plan de vida. Es Manuel Vicent, autor de libros y artículos de prensa que lleva la friolera de sesenta años acompañando a los lectores españoles. Dos tercios de su vida, vaya.

Entre el medio centenar de volúmenes que ha firmado hay algunos que recogen sus memorias. Contra Paraíso y Tranvía a la Malvarrosa son los dos primeros. Se pueden leer seguidos. En ellos el escritor cuenta su niñez y primera adolescencia.

La posguerra sobrevuela la memoria personal. El silencio, republicanos en mesa aparte del bar, pueblos aislados donde llegaban diarios pasados de fecha que hablaban de la guerra mundial, la aparición fantasmagórica de un maqui, gasógenos, visitas de gobernadores.

Pero también las vivencias de niño, el miedo a las máscaras, la primera novia, saltar unas hogueras de San Juan y casi inmolarse. Todo cubierto por el tapiz característico de Manuel Vicent. La huerta valenciana, el recetario tradicional, el mar por encima de todas las religiones.

Y en medio un humor levantino casi berlanguiano. Hay una revuelta en un tren por una fiambrera de carne con tomate. Llega al pueblo el cine y lo tachan de invento del diablo. Un famélico roba un pan de dos kilos y lo ingiere a cien kilómetros por hora en tres minutos. La multitud lo ovaciona en el balcón del ayuntamiento.

Hay peculiares justicieros por cuenta propia. Un maestro amaga con castigar al alumno por no saber qué es la patria y el otro le amenaza con cortarle el suministro de huevos de gallina. Un cura clama contra el afán de portar pistolas y pide el destierro de las armas.

La evasión viene de mano de películas como Vidas cruzadas, A las nueve lección de química o Argel. El cine de repente cierra por desastrosas heladas. Hay que agarrarse a soñar con Castellón de la Plana o acercarse a los apeaderos desiertos del tren de Valencia.

Un día un alguacil anuncia que ha terminado la guerra mundial y a continuación proclama a viva voz las tiendas del pueblo donde se pueden encontrar las mejores sardinas y los melones más tiernos.

Contra Paraíso culmina con un gentío que espera una aparición mariana. Unos miran hacia arriba extasiados y otros aseguran que el resplandor es efecto de las bombillas de 100W que ha puesto el alguacil.

Los dos libros reseñados tienen rasgos naturalistas y narran la angustia existencial del protagonista adolescente. Ambos en considerable y explícita deuda con Blasco Ibáñez. Pero la prosa de Contra Paraíso es más descriptiva y casi sin diálogo. Tranvía a la Malvarrosa es menos estático y hay más conversación.

Tal vez ese hecho influya en la trayectoria desigual de ambos títulos. Mientras el primero es ya objeto de rigurosos estudios como el de Raquel Macciuci, el segundo se ha reeditado sin ton ni son a lo largo de los años ocupando una dimensión más popular.

Tranvía a la Malvarrosa tiene como figurante estrella a Vicentico Bola, que ya aparece en las últimas páginas de Contra Paraíso. Personaje esperpéntico donde los haya, recorre los bajos fondos de todos los capítulos. Viaja en una Vespa ataviado con gorro ruso de astracán y el abrigo forrado de periódicos.

El tranvía del título es el que toman el enamorado y su amada sin lograr coincidir. Entre que se encuentran y no, adquiere forma esa atmósfera mediterránea un poco entre grisácea y solar.

Vicent habla de la misma Malvarrosa y la horchata de Alboraya con que muchos soñamos desde niños. En este libro está Valencia con ese sol particular, los olores y sabores procedentes del mercado, la lonja, el barrio chino o los pueblos de la huerta y la mezcla de ciudad levítica y descaro portuario propia de aquella época.

A su llegada al protagonista lo reciben la humarada y el pintoresquismo que aún se ven al entrar a la ciudad en tren convencional procedente de Játiva o Albacete. La gente habla de contratos de naranjas. Los dependientes de comercio adiestran loros hinchas del Levante Unión Deportiva.

Al joven Manuel le tienden trampas para que ingrese en una secta pero siempre se salva. Alguien dice de visitar a Joan Fuster o aparece una chica con la que escapar en bicicleta. Pase lo que pase "siempre está en mi corazón el hechizo de tu amor", como dice la canción fetiche del protagonista.

—...Yo sabía que un día volverías a estar conmigo. Manuel, vámonos a la pensión. ¿No quieres?

—¿A la pensión?

—Vivo al lado del teatro Ruzafa, aquí mismo, encima del bar la Nueva Torera...


Firmado: César

También de Manuel Vicent reseñado en ULAD: La muerte bebe en vaso largo

miércoles, 4 de septiembre de 2024

Vicent Andrés Estellés: Llibre de meravelles

Idioma: valenciano

Año de publicación: 1971

Valoración: imprescindible

Se cumplen hoy cien años del nacimiento en Burjassot de Vicent Andrés Estellés, uno de los más grandes poetas que ha habido en lengua valenciana (y, por ende, catalana), dicho sea con toda la precaución que supone establecer algún tipo de jerarquía o incluso gradación en un género de apreciación tan subjetiva como es el de la poesía, más aún por parte de este humilde lector. Pero ya nos entendemos... y en todo caso, Vicent Andrés Estellés era la caña, sin duda, no ya uno de los mejores poetas que ha habido en lengua valenciana/catalana, sino yo diría uno de los mejores nacidos en España en el siglo XX. Poeta del siglo XX, aunque bien enraizado en los clásicos de su lengua: no sólo el título de este libro está tomado de otro de Ramón Llull, del siglo XII, sino que cada poema que lo compone está encabezado por una cita de Roís de Corella, Pere March, Jordi de Sant Jordi o, por supuesto y sobre todo (¿cómo no?), Ausiàs March.

Esto no significa que la poesía de Estellés (Andrés también es el primer apellido, no un nombre propio, pero aceptemos la convención de usar el segundo) siga al dedillo modelos antiguos o desprenda un tufillo a naftalina. Todo lo contrario: se trata de lírica de una viveza extraordinaria, a horcajadas de la poesía social (pero prefigurando la "de la experiencia") y, sobre todo, del espíritu de la vida en la calle, de la frescura de los portales y la oscuridad de las escaleras de vecinos donde se besan los amantes, de las calles, las alamedas -la Alameda, de hecho-, los parques, los descampados y pretiles de la ciudad de Valencia y sus alrededores. Porque Valencia es uno de los motivos principales de este libro, no ya sólo como escenario de sus poemas, sino un elemento central, un personaje (por tópico que suene esto) que transita de arriba a abajo, de Norte a Sur Y de Este a Oeste, por todas sus páginas -de hecho, encontramos en ellas un vibrante poema, Cos mortal, compuesto enteramente con calles y puentes de Valencia-; una Valencia diferente en muchas cosas de la actual, aunque, de todos modos, reconocible. La Valencia que fue y que, cuando se publicó el libro, ya estaba comenzando a perderse.

Porque la nostalgia es otro de los motivos que recorren el libro, una nostalgia dulce y amarga a un tiempo, la nostalgia de la juventud ya pasada, de sus ansias de vida, de amor y libertad, matizada por la conciencia de los tiempos oscuros, de la represión vivida en aquellos años de posguerra en los que transcurrió. Esa posguerra franquista y dolorosa, llena de miedos y silencios, de sobreentendidos y humillaciones, de desaparecidos y asesinados, de vencedores y, sobre todo, vencidos, es la gélida sombra proyectada sobre todos los poemas, incluso los más vitales y hedonista. De forma simétrica, aunque más discreta, incluso subterránea -excepto en la última parte del libro, donde Estellés se lanza a una cierta vinculación nacional, más exaltada-, está recorrido por el espíritu de un pueblo que se mantiene a la espera, que aguarda el momento de poder salir a respirar el aire libre, de expresarse como tal (sobre todo, en la última parte del libro, Propietats de la pena).

Porque el amor, o eso nos viene a decir Estellés, es lo único que puede salvarnos, el amor en toda su profundidad y extensión, no sólo el amor excelso y puro que han cantado tradicionalmente los poetas -que también- sino el amor carnal más desatado, el erotismo furtivo de los amantes contra las tapias, o en los bancos más escondidos del parque, en los descansillos y las azoteas de las casas. El amor, que es el mayor acto de resistencia, aún desesperada, que podemos llevar a cabo, un amor que, si no lo puede todo, sí puede ser el ultimo refugio que nos quede. No en vano, el poema más célebre de Estellés, casi  -o sin casi- un himno popular, se titula Els amants...

De hecho, eso es lo otro que nos queda para resistir, nos viene a recordar este libro: la poesía. Una poesía, en su caso, torrencial pero medida, de verso libre pero riguroso, llena de imágenes líricas sacadas de lo más humilde, del polvo de las calles y el sudor de quienes las recorren. Una poesía de una tierna ferocidad, preñada de musicalidad y que no renuncia, incluso, a una cierto tono épico -una épica doméstica, casi secreta, si se quiere- y que utiliza anáforas y aliteraciones para conseguir darnos ese aliento. Una poesía nacida de las entrañas del pueblo, quizá de forma oculta, como una semilla plantada por el azar, pero que, desde luego, ha conseguido serlo sin ambages.

Por no acabar la reseña sin compartir unos versos de Vicent Andrés Estellés deun poema que aparece en el primer "capítulo" de este Llibre de meravelles y que creo que ejemplifica bastante bien su figura y su voz:

Un entre tants com no aguarden i lluiten.

Un entre tants com foraden la nit.

Un entre tants com no dormen i guaiten.


Un entre tants.

(...)

Un entre tants com trencaven els cants. 

Un entre tants entre fúries i espants.  

Un entre tants entre tots els amants.

 

Un entre tants.

(...) 

 

Un entre tants com es moren d'amor.

Un entre tants com foraden la nit. 

Un entre tants com carreguen els morts.

 

Un entre tants.

lunes, 11 de diciembre de 2023

Vicente Blasco Ibáñez: Los cuatro jinetes del apocalipsis

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1916

Valoración: Está bien


Poquito caso le hemos hecho en ULAD a Vicente Blasco Ibáñez, apenas una reseña antes de esta, escaso para un autor durante largo tiempo aupado a posiciones relevantes del escalafón literario, al menos en España. El autor valenciano, famoso en su época como combativo republicano y anticlerical, fue también promotor de audaces iniciativas agrícolas y económicas y, aunque gozó de cierto reconocimiento por algunas de sus obras anteriores, conoció el éxito editorial precisamente con la novela que traemos hoy aquí. Éxito por cierto mucho más destacado en Estados Unidos, al mismo tiempo que en Europa lo petaba Sin novedad en el frente, centrada también en la Gran Guerra, aunque de características bastante diferentes. 

Si, como la mayoría de la gente, tenemos como referencia de su obra literaria la famosa etapa valencianista, naturalista y teñida de costumbrismo (La barraca, Cañas y barro, Entre naranjos...), Los cuatro jinetes… nos resultará algo extrañamente ajeno, quizá más por el contexto que por la prosa, que sigue siendo brillante, con importante carga lírica y gran colorido y sensualidad. Pero Blasco está ya en otra cosa, y parece decidido a escribir algo terminante que fijase una postura inequívoca sobre el conflicto mundial, sin matices ni consideraciones sobre las causas de la guerra o el entorno político. Se entiende bien que esa inclinación a lo que se podría tachar de maniqueísmo calara tan bien en un público norteamericano, tan aficionado a identificar buenos y malos.

Sin desmerecer la capacidad de Blasco para relatar con poderío y capacidad de atracción, el libro resulta enormemente irregular. Monta el autor una saga familiar surgida a partir de Julio Madariaga, español indiano que hace fortuna en Argentina. Es en mi opinión la parte mejor construida, el típico relato que gira sobre el pionero que triunfa en tierra desconocida, un tipo severo y arrogante que levanta su imperio a base de fuerza e ingenio. A partir de ahí la familia se divide en dos ramas, que para sorpresa de todos encabezan un francés y un alemán, ambos alcanzando el éxito (y la fortuna) bajo la sombra del fundador. Los Desnoyers y los Von Hartrott volverán a encontrarse no mucho más tarde.

El autor, que quiere contar la guerra dejando claro que toma partido sin medias tintas, pasa a exponer algunas larguísimas parrafadas para sentenciar la maldad intrínseca de los alemanes, en las que se mezcla cierta simpleza con una sorprendente visión profética del futuro nazismo, y de ahí pasamos a la guerra. Aquí tenemos una perspectiva bastante interesante, porque la narración se desarrolla desde París, donde las noticias son confusas y domina el ambiente la masiva movilización de los combatientes hacia el frente. Es la imagen de un país entero en marcha para defenderse de un enemigo terrible, y resulta sobrecogedor porque Blasco Ibáñez, claro está, lo cuenta con toda la potencia de su prosa.

Seguirán después los episodios más sangrientos de la guerra, en los que no se rehúyen, al contrario, las escenas más escabrosas de destrucción, cuerpos mutilados y fusilamientos de adolescentes. Son muchas páginas de violencia extrema, de terror e ignominia, que parece que es justo lo que se estaba deseando contar. Y lo hace bien, desde luego, aunque abuse claramente de la reiteración, de revolcarse en el barro y la sangre y, sobre todo, de algunas escenas que rayan en lo grotesco para una vez más definir al malo sin matices, con todo lo inhumano y demoníaco que a don Vicente le podía venir a la cabeza. 

Ese empeño en subrayar el sadismo y la inhumanidad del enemigo, como colectivo agresor y también como individuos indeseables tomados de uno en uno, empaña lo que a ratos es una narración vigorosa, eficaz y muy visual, y genera esa sensación de maniqueísmo que decía al principio. No se trata de una denuncia de la guerra y sus horrores como en el libro de Remarque, sino de una filípica contra esta guerra y este adversario en concreto, una exposición muy plástica que desde luego consigue el objetivo de señalar al enemigo y adornarle con todos los atributos para ser odiado sin restricciones. En Europa, donde se puso la mayor parte de la sangre y la destrucción, resulta coherente que se apreciase mejor un relato más anónimo, centrado en el sufrimiento de los combatientes, el dolor y el desgarro sin colores ni nacionalidades.

Por el camino quedan unos cuantos personajes, que nacen con caracteres prometedores pero terminan en un recorrido chato, sucumbiendo en ese ambiente de trazo grueso: la amante reconvertida en enfermera y de nuevo abnegada esposa del héroe mutilado, el despiadado sobrino dominado por la ceguera nacionalista, el joven descerebrado que se transmuta en valeroso combatiente. Solamente el protagonista, el viejo Desnoyers, parece un hombre de carne y hueso, a la vez horrorizado y perplejo ante los espantos que pasan ante sus ojos, más preocupado por la vida de los suyos que por el fervor patriótico general.

Si consideramos que la estructura narrativa resulta más bien caprichosa y descompensada, junto con ese decaimiento de los personajes, el libro termina por ser algo más bien inconsistente, que a veces abruma y a veces aburre, y solo es posible disfrutar a ratos de lo que tiene de bueno, la capacidad de Blasco Ibáñez para contar determinados episodios con toda la intensidad, como un huracán, sin tregua y sin medida. Aparte de esto, considerándolo como el cuerpo de casi cuatrocientas páginas que es, la valoración no puede ser mucho más generosa.


Otras obras de Blasco Ibáñez en ULADLa barraca


viernes, 25 de agosto de 2023

Concha Alós: Rey de gatos

Idioma: español

Año de publicación: 1972

Valoración: recomendable

Libro de cuentos de la felizmente reivindicado Concha Alós, que data de hace más de cincuenta años (ignoro la repercusión que tuvo en su momento, pero esta reedición, a cargo de La Navaja Suiza, sí que ha tenido bastante ; positiva, se entiende). Reúne nueve relatos protagonizados e incluso narrados en primera persona por mujeres -excepto el que da título al volumen, que trata sobre un personaje masculino, y otro, Mariposas, donde la protagonista es una mujer, pero está contado en tercera persona-; de hecho, bien se podría considerar, o casi, que todos los demás cuentos están protagonizados por la misma mujer y los distintos relatos son momentos diferentes o variantes de la misma historia, relatados siempre por una hija de buena familia, de la burguesía barcelonesa o mallorquina, que se ha casado con un individuo de distinta clase social, contra el criterio de sus padres, y con el tiempo se encuentra desdeñada y engañada por su marido o pareja. Es más, dos de estos cuentos, Cosmo y La coraza, tienen literalmente los mismos personajes y uno puede considerarse como una segunda parte o, más bien, un relato inscrito dentro del otro... sólo que La coraza cuenta con un ingrediente fantástico -quizá tan sólo en la imaginación de la protagonista,  pero da igual- del que carece el otro.

Aunque otros relatos, en cambio, se alejan en mayor o menor medida de estas premisas: en el ya mencionado Mariposas, la joven Pompeia Lorena convalece por un embarazo complicado, tras haber perdido a otro hijo, pero su marido parece bastante dócil, mientras que en Paraíso la protagonista sí que ha tenido amores con un forastero, si bien su familia es más bien del tipo artístico-bohemio; aunque, como en el resto de los casos, la chica tampoco parece capaz de alejarse de su influjo. Por otro lado, en el que para mí es el mejor cuento de todos, El leproso, una adolescente se siente acechada por unos perseguidores que padecen esa enfermedad,  en un relato que discurre entre el terror y la angustia de la chica ante su despertar sexual.

El sexo y el deseo femenino, de hecho están muy presentes en casi todos los cuentos, de una forma sorprendente ente explícita en un libro publicado en aquella funesta época, más aún siendo escrito por una mujer. Alguno que otro incluso se puede considerar como una metáfora -o apología, más aún- de la "liberación femenina", en auge por aquellos años en todo el mundo occidental (igual en España un poco bastante menos, por mor de las condiciones políticas). En todo caso, se trataría de una liberación femenina tomando como referencia al hombre, al "macho castigador" que es infiel o desprecia a su mujer, de forma que ésta se rebela. El empoderamiento, que se dice ahora, parece, pues, más consecuencia de un desengaño que de una toma de conciencia feminista... pero como no me considero la persona más apta para disertar al respecto, lo dejo aquí.

El cuento que se sale de la corriente general, Rey de gatos, trata sobre la misantropia y la diferencia, y, como el resto, aunque de forma más evidente, guarda en su interior un componente cruel que justifica el subtítulo de esta recopilación: Narraciones antropófagas. Porque, además del punto de vista femenino ya mencionado y del elemento fantástico que aparece a menudo, la otra característica de los relatos es ese punto de crueldad o de inmisericordia que sufren -o ejercen- los personajes, incluso cuando parece evidente que la autora sentía simpatía o hasta se identificaba con ellas y ellos. Quizá porque sabía que la vida puede ser muy cruel y tampoco quería engañar a sus lectores, no sé...

También de Concha Alós y reseñado en Un Libro Al Día:  Las hoguerasLos enanos

viernes, 14 de abril de 2023

Paco Cerdà: 14 de abril

Idioma: castellano (y algo de catalán)

Año de publicación: 2022

Valoración: recomendable

Dentro del calendario laico (incluso impío) y republicano español la fecha quizá más destacada es la del 14 de abril, aniversario de la proclamación de la II República, en 1931. Un acontecimiento celebrado e incluso idealizado por todo aquel ciudadano que reniega de la monarquía (y de la dictadura, como es obvio), más aún por    que se trató de una proclamación popular y hasta cierto punto  espontánea, como resultado no de un acuerdo entre las altas dignidades del estado o los próceres del país, y ni siquiera de un referéndum al respecto, como fue más tarde el caso de los actuales regímenes vigentes en Italia y Grecia, sino a raíz de unas elecciones municipales en las que los partidos republicanos vencieron en las ciudades con abrumadora mayoría. Eso sucedió el domingo 12 de abril del 31 y el martes 14 se proclamó la República, primero en Eibar y luego en multitud de localidades, por supuesto, también en Madrid, donde el rey Alfonso XIII hubo de renunciar al trono y partió hacia Cartagena, para abandonar España en barco.

Es esa histórica jornada -una jornada alargada, en realidad, porque se extiende desde las 6 de la mañana hasta las primeras horas del día siguiente- la que nos cuenta Paco Cerdà en esta ¿novela? de no ficción o Historia novelizada, que resulta una narración vibrante, emocionante y hasta adrenalítica, por momentos. Cerdà nos lleva por diferentes escenarios en los que se desarrollaron los hechos: por supuesto, Eibar, Madrid y Barcelona, pero también Huelva, Granada, Salamanca, Jaca y Huesca  (recordemos que había habido un levantamiento republicano en el diciembre anterior), Tarragona, Palma, Cartagena... En ellos encontramos a personajes célebres, como el ya entonces general Franco, Unamuno, Santiago Carrillo, Josep Pla, la actriz Margarita Xirgú... o, por supuesto, el rey Alfonso XIII, pero también personas en absoluto conocidas para el gran público y, en ocasiones, ni siquiera para los especialistas en el tema, simples notas a pie de página en los libros de Historia, gente que vivó esa jornada excepcional o que murió en ella, como el Emilio con quien se abre y cierra el libro: Emilio Arauzo Honorio, un encuadernador muerto en Madrid a causa de las cargas de la Guardia Civil contra los manifestantes en la noche del 13 al 14, "la última víctima de la monarquía", se le llamó... aunque en el propio libro ya vemos que no fue el último; otras personas también cayeron en sucesos similares, antes de que el cambio de régimen político deviniera inevitable y el rey abandonara su reino al convertirse éste en república.

Paco Cerdá aborda esta ficcionalización (horroroso palabro, lo siento) de tal acontecimiento histórico centrándose, al a manera de Éric Vuillard en 14 de julio o ese otro escritor español tan patriotero sobre el 2 de mayo de 1808, en las vivencias individuales, luego parciales, del hecho, pero que dan una atinado panorama del conjunto, con pericia y talento más que suficiente para salir airoso del cometido. Sobre todo, de la difícil tarea de encontrar el punto justo entre el rigor histórico, la diferenciación de los personajes y su devenir, la amplitud de miras y el tono trascendente -incluso épico, aunque se trate más de una epicidad civil o popular, más que guerrera-; Tampoco olvida las puntadas líricas que encontramos en más de una ocasión... aunque aquí he de decir que tal vez se le vaya un poco la mano con lo lorquiano, en mi opinión. No es ésta, sin embargo, la única referencia poética que encontramos, tanto en castellano como en catalán o valenciano y resulta un placer ir descubriéndolas.

En conclusión, estamos ante una estupenda narración sobre un retazo de Historia, el nacimiento de la Segunda República española, que quizás haya quien juzgue como un momento ya trasnochado o apolillado, pero otros muchos consideramos perfectamente pertinente hoy en día. Porque, si se me permite expresar una aspiración política (que no tiene por qué coincidir con las del autor del libro ni, mucho menos, de mis compañeros de blog), en mi opinión la Tercera ya está tardando...


También de Paco Cerdà en Un Libro Al Día: El peón

viernes, 23 de diciembre de 2022

Joan Fuster: Diccionario para ociosos

Idioma original: valenciano

Título original : Diccionari per a ociosos

Año de publicación: 1964

Valoración: más que recomendable

Se ha cumplido este año el centenario del nacimiento del escritor y pensador sueco... quiero decir valenciano más destacado: Joan Fuster Ortells, natural de Sueca (vale, sí, ya sé que el chiste era muy malo), a quién, por tanto, la Generalitat Valenciana ha dedicado este 2022, como no podía ser de otra forma. Como tampoco podíamos ser menos y, de paso, para cubrir una carencia que debemos subsanar hace ya tiempo, en Un Libro Al Día dedicamos la reseña de hoy a la que, seguramente, sea su obra más conocida (rivalizando, quizás, en los territorios catalanófonos, con Nosaltres, els valencians). En fin, más vale tarde que nunca...

Que Joan Fuster fuera un destacado pensador o intelectual , muy comprometido, además, con su país y su tiempo, como se suele decir (hasta el punto, de hecho, de sufrir por ello ataques terroristas en su propio domicilio), no significa que sea un escriotor denso y plúmbeo, ni tan siquiera aburridillo; bien al contrario, si por algo destacan su pensamiento y obra es por su carácter ameno, incluso divertido y a veces chispeante, alejado de toda pomposidad. Lo que no significa que sólo encontremos aquí banalidades o humor (que, en sí, tampoco es algo banal), sino una profundidad de análisis al tiempo que una sutileza en la exposición que ya quisieran para sí ensayos y tratados más solemnes. Todo ello regado con grandes dosis de escepticismo e incluso, dirán algunos, de cinismo -ambos términos rambién recogidos en este diccionario-; no importa lo que pienses: para Fuster, el cinismo no es sino "el antídoto de la hipocresía".,

En aras, precisamente, de una mayor amenidad y también una manera de tratar, aunque fuera de forma somera, multitud de temas que le interesaban, Fuster articuló este Diccionario para ociosos... precisamente como tal, como un diccionario que recoge y desarrolla diferentes conceptos, desde el Amor a la Xenofobia, pasando por Belleza, Cobardía, Egoísmo, Escepticismo, Ética, Justicia, Sexo... y un largo etc. Claro, que no todas las entradas se han desarrollado de la misma manera o  en la misma medida. Algunas no ocupan ,ás de una página o dos, o siquiera un par de líneas; quizás sea en estos aforismos en los que la ironía, la socarronería de Fuster se muestra de forma más clara, no exenta de

"MALICIA: Resulta un poco cómico: siempre somos menos malvados de lo que nos pensamos ser."

Otros términos, en cambio, se han desarrollado a lo largo de varias páginas, con mayor minuciosidad; tal vez ello se deba a que se trata de conceptos que el autor ha sentido como más cercanos y haya reflexionado más sobre ellos -Ética, Justicia, Lectura, Libertad, Mediterráneo...-, aunque también, en no pocas ocasiones, se deba a la necesidad de exponer con más detenimiento unos puntos de vista originales o, al menos, que Fuster tenía más interés en explicar.  Es el caso, por ejemplo, de Intelectual, en el que, tomando como referencia la figura de Erasmo de Rotterdam y su posición en medio de las luchas religiosas de su tiempo, hace una analogía con la de los intelectuales de la actualidad - es decir, la de los años 60 del siglo XX, cuando se publicó este libro- y su forcejeo entre seguir la corriente política en boga, la oposición al poder establecido y su propia independencia.  Poca duda cabe de que el autor estaba pensando aquí en sí mismo, más que en cualquier otro... Eso sí, todo ello, como ya he comentado, haciendo siempre gala de un sentido del humor, de una retranca, que convierte en deliciosa la lectura de este diccionario tan personal.

Para despedir esta reseña, con la esperanza de que le haya animado a alguien a leer al siempre preclaro, aun desengañado (quizá por eso) Joan Fuster, recordemos su 

" EPITAFIO:

                      Por ejemplo:

                      aquí yace

                      j f

                      murió

                      como vivió

                      sin ganas"


martes, 29 de noviembre de 2022

Pere Ortín y Nzé Esono Ebalé: Diez mil elefantes


Idioma:
español

Año de publicación: 2022

Valoración: está bastante bien


Todos los años, cada 12 de octubre, suele resurgir una cierta polémica, al menos en las redes sociales y algunos medios de comunicación, (y no sólo entre personas de España y América, sino también entre quienes tienen diferentes sensibilidades e ideas dentro del propio estado español) sobre la conveniencia o no de celebrar la llegada de Cristóbal Colón al continente americano (bueno, a una isla, en realidad), el papel imperialista de España, los méritos y deméritos de ésta como metrópoli colonizadora (aquéllo de "¿qué han hecho los romanos por nosotros?"), las afrentas imperdonables o los lazos insoslayables entre países, etc. Pero siempre toda esta polémica enfocada hacia los territorios conquistados y colonizados en América, mientras que rara vez se menciona a otros territorios que también formaron aprte del Imperio español: las Filipinas, algunas islas del Pacífico, como las Marianas y , hasta los años 60 del siglo XX (anteayer, como quien dice), Guinea Ecuatorial, el África negra... perdón, subsahariana.

En cualquier caso, éste último nunca fue un territorio demasiado conocido en España y por eso en 1945 el gobierno franquista encargó al cineasta y fotógrafo Manuel Hernández-Sanjuán, que realizara allí una serie de filmaciones y fotos que registraran la geografía física y humana de la que por entonces se conocía como isla de Fernando Poo y el Río Muni. Hernández-Sanjuán se tomó con gran entusiasmo el encargo y recorrió con sus cámaras hasta el último rincón del país... o hasta el último que pudo, mejor dicho -y de eso trata también esta novela gráfica-, con la ayuda, claro está de guías y porteadores nativos. precisamente uno de éstos, llamado Ngono Mba, no sé hasta qué punto basado en un personaje real, es el que nos cuenta esta historia y también otras que van surgiendo a lo largo de la narración, como la del desafortunado Alú -"noche"- o la de la joven Asanguan. Aunque la narración se centra sobre todo, en la obsesión del masa Sanjuán por encontrar el lugar donde se reunían los diez mil elefantes del título del libro -fácilmente identificable como una metáfora de la obsesión personal y del "mal de África", del que también se habla en esta novela - y en las diferencias entres las culturas europea y africana, y concretamente pamué, que es la etnia a la que pertenece Ngono. Lo curioso 
y refrescante de este libro, es que esas diferencias no se nos cuenta desde el punto de vista de los blancos, como solemos encontrar en los relatos sobre áfrica escritos por europeos, sino de un africano, que ve con extrañeza las curiosas y a veces absurdas costumbres de los españoles. Un mérito mayor  aún, puesto que el guión está escrito por el saguntino Pere Ortín.


De la parte gráfica, en cambio, se ha encargado el ilustrador guineano Nzé Esono Ebalé, con un estilo colorido y ecléctico, que oscila entre el abocetamiento y la minuciosidad, según lo exija cada momento, y no ha dudado en echar mano de otros recursos, aparte del dibujo , como el collage, la inclusión de mapas, de cartas y fragmentos de diarios, etc., en un despliegue conceptual de cierta complejidad, pese a la apariencia de sencillez. Todo un acierto y, sin duda, un punto fuerte de este libro. Sin desdeñar, claro está, la profundidad de la historia en sí, aunque quizás le pese un tanto el tono melancólico -también se entiende, si tenemos en cuenta el final de la misma, que no desvelaré- que, en general, marca todo su desarrollo. Lo que no es óbice, por supuesto, para que Diez mil elefantes sea una novela gráfica destacable y su lectura, de lo más gustosa. Además de recordarnos un pasado que no deberíamos olvidar...

domingo, 29 de mayo de 2022

Albert Noguera / Jule Goikoetxea: Estallidos


Idioma original: español

Año de publicación: 2021

Valoración: espeso

Perdonaréis, espero, que abra esta reseña con una algo obvia perorata: las opciones políticas de derechas ya disponen de la mayoría de los medios de comunicación. Por pura definición, tienen los recursos económicos para usarlos para sus fines, los resortes adecuados para elegir sus contenidos, y sería falaz exponer ejemplos de su capacidad de sesgo de la opinión pública. Nos quedaríamos sin espacio. Entonces, digamos, a las opciones de izquierdas les quedan los medios independientes, las editoriales alternativas, las redes sociales (bueno, eso se suele creer), aparte de plantarse en medio de la calle y vociferar sobre lo injusto que es todo y recibir un aluvión de aplausos, de gente que luego ya veremos si llega a votarles.

Pero todo ello no deja de resultar ingenuo y casi entrañable. Y hace unos meses le preguntaba a Jorge Herralde por las editoriales de corte militante (Capitán Swing, por ejemplo, era mencionada) y acordábamos que ese perfil resulta adecuado y hasta necesario. Eso, y las asambleas y los tenderetes donde te regalan un pin y te piden la voluntad. Pero lo primero que debería asimilar la izquierda es que no es malo (podría ser incluso un perverso símil troyano) asimilar el deje capitalista e intentar vender su mensaje aunque sea para ejercer un tímido ejercicio de proselitismo, llámese a éste captar adeptos, convencer a quienes dudan, o, triunfo absoluto, hacerse con conversos. 

Porque esa es la triste realidad de los medios: cada uno consulta los afines y los que le dicen lo que le gusta leer y así estamos reforzando convicciones. Mirad,si no, Twitter y las fake news. De ese panorama libros como este (que, aclaro, dudo si va dirigido al público general, yo lo he tomado de la mesa de novedades de mi Biblioteca Municipal) no ayudan precisamente a escapar. Sus autores son politólogos de claras convicciones ideológicas. Terror para el Estado Español: uno tiene su nombre en catalán, la otra en euskera. O sea, Abascal no va a pasearse haciendo ostentación. Cualquier oyente de ciertas emisoras o lector de ciertos periódicos, si llegara a enterarse de su mera existencia, saldría corriendo hacia el otro lado o lo usaría para prender la barbacoa. Casi desde la portada. Yo ni siquiera puedo decir que, alineado con muchos de sus planteamientos, me haya resultado estimulante. Demasiado párrafo interminable. Demasiado polisílabo encadenado y terminología inasequible, mucha mención de autores, supongo, de los círculos afines y, me temo, pocas ganas de romper la barrera. Ya que estamos, una obsesión por ampararlo todo bajo un manto teórico, una argamasa que aglutina los argumentos de siempre sobre el enorme poder de las grandes corporaciones y cómo éste se sitúa por encima del ámbito político, una clara escora hacia lo conspiranoico, algunos ejemplos ya canónicos - la Primavera Árabe, Bolivia, el procés - para acabar un poco en lo de siempre, que es el dominio del poder del rico, liberal, masculino, blanco y heterosexual, como enorme bota que aprisiona a todo lo que es diferente, que lo aprisiona todo aunque de forma desigual e intermitente para que no siempre se note. Ahí me ha parecido que el texto (en realidad, un diálogo entre los dos autores) se salta una premisa importante, que es que las fronteras entre los colectivos son muy difusas. Y que la pertenencia a los colectivos desfavorecidos no es una garantía de nada en el sentido ideológico: hay mujeres machistas, hay muchos cismas internos en el colectivo LGTBIQ, hay una división enorme incluso en cómo responder ante la opresión. No digo que el libro no contenga planteamientos válidos. Pero incluso su propio título parece un clickbait. En realidad hay muy poca concreción y todo se extiende en ámbitos teóricos que ni harán que nadie cambie su posición e incluso han conseguido que quien la comparte se aburra o se hastíe. Una lástima.

miércoles, 18 de agosto de 2021

Rodolf Sirera: El veneno del teatro

Idioma original: valenciano
Título original: El verí del teatre
Año de publicación: 1978
Valoración: entre recomendable y está bien

Resumen resumidillo: en el siglo XVIII, en París, hizo furor el barón de Bidet, famosísimo inventor... no, perdón, que se me ha ido la pinza, ¿cómo era? Ah, sí: en el siglo XVIII, en París, un marqués aficionado al teatro convoca en su palacio a Gabriel de Beaumont, afamado comediante, para proponerle que interprete para él una obra que ha escrito sobre la muerte de Sócrates. Situación un tanto peculiar, es cierto, pero dentro de la normalidad... hasta que la cosa se pone chunga (aunque, siguiendo con las referencias setenteras, dada la fecha de estreno de esta obra de teatro, no es que tenga que ver con alguna canción de Los Chunguitos... o quizás sí).

En realidad, se diría que el título de esta obra del dramaturgo valenciano Rodolf Sirera hace alusión a una expresión hecha y asentada en nuestro acervo lingüístico: se habla de "el veneno del teatro" (o el veneno de las letras, la música o cualquier otra actividad artística que puede no llegar a reporta ningún tipo de éxito a quien la practique, pero sí poner en riesgo su patrimonio económico, su paz familiar y hasta su salud mental) de una forma ya casi tópica o al menos así es, creo, entre las gentes que se dedican al oficio y arte de la actuación. Seguramente por eso, supongo que esta obra sea bastante peculiar entre el gremio, habiéndose representado, de hecho, en multitud de ocasiones desde 1978, incluyendo alguna que otra adaptación televisiva. Aunque también se deberá, para que engañarnos, a la facilidad de su puesta en escena; sólo son necesarios dos actores y una escenografía que puede ser muy detallista, si se quiere, pero también mínima; apenaas un par de muebles y unos juegos de luces para crear ambientes. Tampoco es una obra larga -e incluso yo diría que se hace un poco corta, al menos como lectura-, algo que también ayuda a su representación.

Como ya he mencionado, el tema principal o más evidente de la obra es la naturaleza de la labor actoral, aunque entendiendo ésto no sólo como la que se representa en los escenarios o platós, sino también la que ejercemos todos nosotros, de forma más o menos consciente, en nuestra vida diaria, y que cambiamos, además, dependiendo de quien tengamos como público en cada momento; puede ser que el único asomo de sinceridad que tengamos sea en el instante de nuestra muerte... O quizá tampoco; eso es algo que también se trata de dilucidar en esta obra.

Una pieza dramática interesante y original, aunque, como suele suceder con el teatro (o debería), sin duda ganará sobre las tablas con rspecto al papel, en elque , en mi opinión, tal vez le falte un poco más de desarrollo, algún giro argumental más -y tiene varios- para resultar redonda. aunque en un escenario eso se siple con las expresiones, las inflexiones de voz o los silencios de los actores, algo que a los meros lectores, por desgracia, nos falta.

sábado, 31 de julio de 2021

Laura Pérez: Ocultos

Idioma: español

Año de publicación: 2019

Valoración: interesante... e inquietante

Ocultos es el tercer cómic/novela gráfica seguida que leo de autoría valenciana y joven, después de Todo bajo el sol y Tierra muerta (aunque el de Laura Pérez fue publicado antes que los otros). Y seguro que no me costaría mucho encontrar más ejemplos de la misma procedencia. Ahora bien, más allá de la energía creativa y de la fuerte tradición en ilustración y cómics que hay en Valencia, resulta difícil poder hablar de una nueva "Nueva escuela valenciana" de cómics (valga la redundancia), a semejanza de la que se dio (o no, pues hay opiniones diversas) en los años 80, tomando como eje la llamada "línea clara"; de hecho, los tres libros que he mencionado difieren totalmente entre sí en temas, grafismo y estilo narrativo, siendo el de Ana Penyas el único inequívocamente anclado a la realidad valenciana. Los otros dos, aparte del uso de algunos modismos lingüiísticos, podrían desarrollarse en cualquier lugar de España o del mundo; Ocultos bien podría tratarse de un cómic norteamericano, sueco o japonés.

Digo norteamericano porque, además de que el laconismo que impera en todo la narración me recuerda al de Sabrina, de Nick Drnaso,la historia que se cuenta, llena de amenazas inconcretas, interpretaciones esquivas, personajes hieráticamente perplejos, un ambiente más o menos onírico en todo momento... bien podría pertenecer a una peli de David Lynch. O su hermético simbolismo, a una de Bergman. En cuanto al toque japonés, me lo ha recordado la presencia recurrente de máscaras, evocadora del teatro Nō. 
O también incluso a alguna película de terror japonesa (prometo que dejo ya las referencias cinematográficas), de ésas en las que aparecen chicas con los rasgos ocultos por el pelo...

Toda esta perorata sirve para obviar que me resulta imposible resumir o tan siquiera contar de qué trata este libro. Hay una protagonista -se supone- llamada Daira, una joven que trabaja en una librería a la que ha vuelto después de una ¿crisis?, pero que sigue sintiendo un extrañamiento, una alienación de sí misma.  Hay otros personajes  que perciben presencias ocultas, que viven otras realidades distintas de la nuestra, que reciben la visita de seres de otras realidades o de su propio interior, del pasado más o menos reciente o atávico... ¿Se trata de una elegante historia de fantasmas? ¿De esoterismo de saldo a lo Cuarto Milenio? ¿Una narración lisérgica? ¿Todo a la vez? Lo mejor sería que cada cual sacara sus conclusiones...
Por lo que respecta a las ilustraciones del cómic, éstas son nítidas, limpias, de un estilo casi infográfico, lo que contribuye no poco a crear esa sensación de inquietud ue acompaña toda la lectura del libro -también la repetición de determinados encuadres y elementos que aparecen en diferentes capítulos-; hieratismo y laconismo, como ya he mencionado, son dos constantes a lo largo de toda la historia o historias que componen esta novela gráfica/recopilación de cuentos gráficos o como se le quiera llamar. Un libro que quizás no resulte impactante (ni lo pretenda) pero no creo que deje a quien lo lea indiferente.

sábado, 19 de diciembre de 2020

Carmelina Sánchez-Cutillas: Matèria de Bretanya

Idioma: valenciano (o catalán del País Valenciá, al gusto)

Año de publicación: 1976

Valoración: precioso y más que recomendable

La escritora en lengua valenciana, aunque nacida en Madrid, Carmelina Sánchez-Cutillas fue sobre todo poeta, además de filóloga e historiadora de la lengua y, al parecer, Materia de bretaña (traduzco el título por si alguien no lo entiende) es su única obra no académica en prosa. Ahora bien, pese al título, el libro no trata sobre las aventuras del rey Arturo, el mago Merlín, el caballero Lancelot y demás camelos... quiero decir camelons... habitantes de Camelot -o sólo un poco-, sino que nos encontramos ante las memorias de infancia de esta autora. Infancia pasada, al menos en buena parte, en el pueblo alicantino de Altea durante los años 30 (del pasado siglo, se entiende). 

Un infancia que ella vivió desde una situación -y sensación- de privilegio, pues pertenecía a una de las familias adineradas o burguesas, si se quiere, de esa localidad, habitada por aquel entonces, sobre todo, por pescadores y labriegos  -su abuelo era, además, el juez y estudioso de la lengua y el folklore valenciano Francesc Martínez-; sin embargo, Carmelina Sánchez-Cutillas muestra en todo momento que sus simpatías y preferencias van hacia el pueblo llano, hacia los chicos desharrapados con los que jugaba en la calle -en un pueblo se mantenían y mantienen menos las distancias entre clases sociales que en la ciudad, aunque también puedan resultar más difíciles de romper-, hacia las criadas , los pescadores o los cabreros... pero no lo hace por un sentimiento de conmiseración o compasión cristiana -pese a los esfuerzos de su madre, muy de misa, por llevarla por esa senda-, sino por un precoz sentido de justicia social y porque ya de niña intuía que la verdad y la esencia de la vida del pueblo estaba en las vivencias y quehaceres cotidianos de su s habitantes, no tanto en las ceremonias o grandes palabras de la sociedad bienpensante. En un momento dado, por ejemplo, recuerda cuando estaba en la iglesia para la ceremonia de su primera comunión, mientras los muchachos del pueblo bajaban a la playa para recoger las algas que había traído el viento de Levante (y que se utilizaban, en vez de paja para hacer las camas de las caballerías): 

"Y pasaría el tiempo y otra vez la gente aguardaría a que volviese el viento de levante con tal de recoger una nueva cosecha de algas, porque en aquel pueblo eran muchos los que vivían de la mar y en ello confiaban y la desangraban. Pero yo, dentro de la iglesia, me sentía como si fuese una mariposa de la luz perdida entre la gran oscuridad del mundo."

Sobra decir que el libro tiene un evidente carácter de historia de aprendizaje o más bien crecimiento. Pero más que acontecimientos que supongan una revelación súbita -más allá de los inevitables por el propio transcurrir de la vida y de los tiempos-, lo que nos encontramos son pequeños hechos cotidianos que van cambiando la mirada de una niña  primero fascinada por esos descubrimientos y elementos que pueden parecer nimios o incluso irrisorios a los adultos, pero que conforman y vertebran el mundo infantil-más aún en un pequeño pueblo de hace 80 ó 90 años: no sólo los juegos o las toscas golosinas, sino el color y el olor de las plantas, de los animales y las personas. Las gotas de lluvia que caen o el polvo que forma una capa de miseria en los meses de sequía. El vuelo vivaz e imprevisible de los insectos y el brillo sedoso de las telarañas... Una niña que, ya digo, después va sacando conclusiones de sus vivencias y de las reacciones y pensamientos, por lo general poco conformistas, que le van generando y que van moldeando también su personalidad. Aunque quizás el verdadero tema del libro no sea otro que el paso del tiempo y la añoranza, y como ésta puede sobrevenir en el mismo momento en que están ocurriendo las cosas que nos importan o que aún no sabemos que nos importan, y cómo el presente y el pasado se solapan y se confunden en nuestro ánimo, hasta resultar indisociable uno del otro.

Un libro, en todo caso, precioso, delicioso incluso, escrito con una sencilla exquisitez, que consigue un raro equilibrio de mostrar sensibilidad pero no sensiblería -y mucho menos ñoñería-, un cariño hacia el propio pasado sin dejarse llevar por la melancolía, unos lugares y unos personajes entrañables sin caer en el pintoresquismo y una intronspección de la propia autora sin dejarse tentar por la vanidad de lo que ahora llamamos autoficción... Me ha recordado en ocasiones a El camino de San Giovanni, de Ítalo Calvino o muchos de los libros de Miguel Delibes, pero con un espíritu incluso más vital, más gozoso, pese -o quizás por esa razón- lo que sabíamos que le estaba esperando a España y al mundo a la vuelta de la esquina; sin duda, esta Materia de Bretaña merece estar junto a todos ellos.

Nota: Por más que he buscado en internet, no he llegado a averiguar si este libro ha sido publicado alguna vez en castellano; creo que no. Lo cual, de ser así, me parece, además de una verdadera lástima, incluso un desdoro para el sector editorial español, que ha tenido más de cuarenta años para hacerlo. Esta es mi opinión, que posiblemente podría hacer extensiva a muchos otros libros...

viernes, 4 de diciembre de 2020

Juan Carlos Castelló Meliá: Sobre la transexualidad

Idioma: español

Año de publicación: 2020

Valoración: sin duda, interesante

No es que me guste a mí meterme en ciertos jardines (bueno, igual un poco sí, pero no es el caso), como puede pensar alguien al leer el título de este libro y recordar el debate existente en España sobre la Ley de Transexualidad, aún no aprobada o la disputa dentro del feminismo entre las activistas Trans (o pro-Trans) y las llamadas TERFs (o quizás sólo una parte de las Trans y una parte de las llamadas TERFs, que yo en esto ya me pierdo), con episodios tan coloridos como ciertas declaraciones de la escritora J. K. Rowling y la respuesta de algunos de sus colegas, así como la crítica o el apoyo de sus lectores, etc.

No, no es este "tema de rabiosa actualidad" el que me ha llevado a leer este libro. Si alguien amplía la imagen de su cubierta, podrá ver con más claridad el subtítulo del mismo, que es lo que a mí me ha interesado, sobre todo: A propósito de Morris; Morris es la señora de la foto, la escritora británica Jan Morris, fallecida justamente hace pocos días, el 20 de noviembre (ahorrémonos los chistes sobre la fecha, please), a la venerable edad de 94 años, que no está nada mal... Por pura casualidad, este libro llegó a mis manos unos días más tarde y pensé que reseñarlo podía ser una buena manera de homenajear a esta respetada y célebre, al menos en el ámbito anglófono, escritora, que además de ser autora de eruditos y deliciosos libros de Historia, biografías y, sobre todo, viajes, amén de alguna que otra novela, fue, entre otras cosas, oficial de inteligencia del Ejército Británico durante la II Guerra Mundial, filóloga y periodista que cubrió en directo acontecimientos como la primera ascensión al Everest, el juicio a Adolf Eichmann o el conflicto árabe-israelí por el canal de Suez. Además de nacionalista galesa, esposo y padre de cinco hijos... Porque el motivo de que protagonice un libro sobre la transexualidad es que hasta sus 35 años, Jan Morris vivió como James Morris, aunque sintiéndose mujer desde su primera infancia, y a esa edad comenzó su transición física al sexo femenino -se entiende que ya era de género femenino- , que culminó años después con una operación quirúrgica en Casablanca.

Esta es la razón por la que el autor de este librito, el filósofo y profesor valenciano Juan Carlos Castelló, ha tomado a Morris como ejemplo para hablar del tema de la transexualidad. Porque, según explica, más allá de las teorías, posiciones ideológicas e incluso estudios científicos -aunque sin despreciar éstos en ningún momento-, la pretensión del libro es "acercarnos a la persona para procurar entender su situación o circunstancia y, desde ella y sólo después de ese encuentro, valorar las versiones teóricas y tomar una decisión lo más humanizadora y racional posible". Para ello, como digo, se explica el devenir vital de  Jan Morris, en gran medida basándose en el libro de memorias que escribió ella misma tratando el asunto, El enigma. Aunque también se nos cuenta la historia, tal vez incluso más famosa, de Lili Elbe, la transexual danesa de los años 30 y que inspiró el libro y luego película La chica danesa, y cuyo caso Morris siempre tuvo muy presente. Al mismo tiempo, Castelló también aporta una serie de citas y referencias de pensadores como Judith Butler, Simone de Beauvoir, Ortega y Gasset , e incluso de novelistas como C. S. Lewis o el historiador Alexander Kinklake; ahora bien, siempre evitando la excesiva fárraga teórica, puesto que, si bien este libro ha sido publicado por una editorial dedicada a la filosofía y el pensamiento, lo es en una colección destinada a estudiantes. 

Si la primera parte del libro se centra en la historia de Jan Morris, la segunda es más una disertación y reflexión sobre los aspectos más teóricos, pero también políticos de este tema. Además de explicar con claridad las diferencias entre la transexualidad y las orientaciones y prácticas sexuales como la homosexualidad o el travestismo, insiste en la distinción fundamental -hecha a lo largo de todo el libro, en realidad- entre "sexo" -es decir lo referente a las categorías biológicas- y "género" -referente a categorías sociales y culturales y que determinan la identidad de cada persona-, así como las que hay entre las dicotomías macho/hembra  y masculino/femenino; además, explica en que consiste la llamada "perspectiva de género" -que no "ideología"-, que el enlaza, en el caso de las personas transexuales, de una forma estrecha con el feminismo y las reivindicaciones del colectivo homo y bisexual (toca sólo de forma indirecta lo que se refiere a la teoría o teorías Queer), en contraposición con los presupuestos de los que llama neoconservadores: aquéllos que consideran que lo único "natural" y "correcto" son los dos géneros que corresponden a los dos sexos biológicos y las relaciones sexuales y afectivas entre ellos, en exclusiva.

Aunque el tema da para mucho, no me extenderé más en esta que, por definición, ha de ser una reseña contenida; sólo quiero aconsejar, sin dudas y a quien le interese, la lectura de este libro, así como cualquiera de los de la gran Jan Morris. Tengamos siempre presente el lema que podemos ver en su camiseta (volved a ampliar la imagen si hace falta): So many books... so little time! Así que ¡todo el mundo a leer! (que al menos aquí, empieza un puente).

Escrito por Jan Morris y reseñado en Un Libro Al Día: Manhattan 45

lunes, 9 de marzo de 2020

Paco Inclán: Dadas las circunstancias

Idioma original: Español
Año de publicación: 2020
Valoración: Más que recomendable

Ocho son los textos (¿relatos?, ¿historias?, ¿artefactos?) que componen este "Dadas las circunstancias". Ambientados en lugares tan dispares como Praga, La Habana, Llodio (¿?), Valencia, Veracruz o Berlín, los textos poseen una serie de elementos comunes que confieren unidad al libro.

El primero de ellos es el tono "periodístico" de la gran mayoría de los textos. Así, el punto de partida lo  constituyen investigaciones heterodoxas, clavos ardiendo a los que agarrarse, acerca de tipos y situaciones cuanto menos extrañas que no son otra cosa que el reflejo de un mundo en muchas ocasiones absurdo.

El segundo sería la combinación de lo general y lo particular. Ese tono periodístico del que hablaba deriva poco a poco hacia lo anecdótico, lo que no implica que deje de tener su proyección "global". Vaya, que si sumamos estos dos primeros puntos nos quedaría una especie de Kapuncinski o de Caparrós versión ligera, sin el halo de seriedad / profundidad que acompaña al polaco y al argentino. 

El tercero, ligado a los dos anteriores, sería el humor que recorre los textos. Unas veces será un humor absurdo, otras se acercará más a lo tragicómico y otras será un humor más gamberro, recochineo puro y duro (el escatológico, valga la redundancia, "Escatología de Arnau Vilanova").

Para que os hagáis una idea de lo que podéis encontrar en "Dadas las circunstancias" sirvan como ejemplo tres de mis artefactos favoritos (dentro de un nivel medio más que aceptable):
  • "Paisajes cubanos (como recuerdo)", en el que el viaje en busca del chiste que mató a un semidesconocido poeta cubano de fines del siglo XIX es la excusa para un recorrido por una serie de situaciones berlanguiano-kafkianas. Historia alocada y absurda por igual con la que unas buenas risas están garantizadas.
  • "Viaje al país del esperantujo". En este caso, la redacción de un artículo acerca de un congreso esperantista sirve al autor para ofrecernos una aproximación a diversas lenguas artificiales Nota mental: Quiero aprender volapuk, el idioma con el mejor nombre de la Historia), una reflexión acerca de la conexión entre las lenguas y la "cosmovisión" de sus hablantes, un completo catálogo de idealistas y/o frikis y, al igual que en "Paisajes cubanos", a las contradicciones entre deseos o intenciones y cruda realidad.
  • "Exaltación de las ausencias", también marcado por el absurdo, esta vez en forma de documental sobre los inexistentes vínculos entre Pancho Villa y la ciudad de Veracruz. Nuevamente, deseo y realidad enfrentados.
En resumidas cuentas, sorpresa más que agradable este "Dadas las circunstancias", un libro de lo más divertido y ágil en el que Inclán extrae el lado disparatado de unos personajes y unas situaciones que van de lo inútil a lo fantástico, del idealismo más puro al más completo absurdo.

P.S.: No me canso de repetirlo. Los libros de Jekyll & Jyll son estéticamente una pasada.

También de Paco Inclán en ULAD: Tantas mentiras

miércoles, 9 de octubre de 2019

Tirant, basado en el Tirant lo Blanch de Joanot Martorell

Idioma: valenciano (o catalán)
Fecha de publicación: 1490 (2015 en el caso de esta adaptación)
Valoración: qué os voy a decir, xiquets i xiquetes... imprescindible como el chorizo en la paella (*)

Hoy, 9 de Octubre, dado que es la fecha en la que se celebra la entrada triunfal del rey don Jaime el Conquistador en la ciudad de Valencia (allá por 1238) y, de paso, su descubrimiento de la horchata, parece un día de lo más apropiado (**) para reseñar uno de los clasicorros, si no el clásico por excelencia, de las letras valencianas y, por ende, catalanas, además de universales: el Tirant lo Blanch o Los cinco libros del esforzado e invencible caballero Tirante el Blanco, de Joanot Martorell. Xé, què bo!

Vale, de acuerdo, antes de que alguien se me ponga tiquismiquis: este libro, no es el Tirant original ni completo; se trata de una adaptación y condensación hecha por el escritor Víctor Labrado en 2011. Vago que es uno, sí... pero vaya, si os parece me voy a pasar media vida leyendo los 587 capítulos del original, en valenciano del siglo XV, para hacer una reseñita, claro... y que conste que sí que he leído más de un capítulo de ésos (son cortitos, también hay que decirlo). En concreto, en este libro se han adaptado desde el capítulo CXV, cuando el emperador de Constantinopla pide ayuda militar al rey de Sicilia, hasta el CCXCIX, en el que Tirant abandona la ciudad en una galera rumbo a Berbería, desengañado tras un malentendido con la princesa Carmesina, que es su crush (bueno, algo más, que él bien que quería tema con ella). Por otro lado, y antes de seguir, algo sobre el título: por supuesto que este libro está traducido al castellano hace la tira  (de hecho, es célebre que se trata de uno de los que el cura y el barbero salvan del fuego, cuando queman la biblioteca que enloqueció a Alonso Quijano), pero convendremos en que, lo mismo que La plaça del Diamant se debe decir así, en catalán, como bien señaló Francesc en su reseña, Tirant lo Blanch (o Blanc) suena mejor, dónde va a parar, que Tirante el Blanco, que parece uno de los complementos que utiliza Pedrojota para hacerse el interesante (no de los que usa en la intimidad, no seáis malévolos). Pues eso.

Como ya digo, en esta edición resumida -de hermosas cubierta y contracubierta, por cierto, del, como es habitual, exquisito Fernando Vicente- se saltan todo el comienzo de la novela de Martorell: cómo Tirant, de la casa de Bretaña -entiéndase la Grande, no la otra- llega a convertirse en caballero y sus andanzas guerreando por diversos lugares del Mediterráneo. El libro comienza directamente, pues, cuando el rey de Sicilia envía a Tirant, acompañado de parientes y otros caballeros, en ayuda del emperador de Constantinopla, acosado por las tropas del Sultán y del Gran Turco. Tirant, nombrado Capitán Mayor del ejército imperial, se dedicará a combatirles haciendo gala de su valor y astucia, y también a su rival el Duque de Macedonia. Pero no son las hazañas bélicas lo más significativo de la novela, sino que donde está el tomate (al menos en esta adaptación es en las aventuras de tipo erótico-amoroso: nuestro buen Tirant se prenda de la princesa Camesina y trata de conquistar sus encantos con ayuda -en ocasiones de lo más proactiva- de la doncella Plaerdemivida. No es que a la princesa el gentil caballero le resultase indiferente -todo lo contrario-, pero como joven consciente de su posición mantenía cierta cautela , la cual Tirant trataba de quebrar con métodos y triquiñuelas que hoy no dudaríamos de calificar como acoso por no decir intento de violación... pero en fin, en aquellos tiempos tampoco se podían pedir peras al olmo: todo era de mucha picardía y mucha risa.

Porque, eso sí, nada de amor cortés y demás zarandajas medievales: aquí las manos van al pan y los amantes al catre o adonde se tercie (***). Y no sólo Tirant, sino también sus compadres, como su primo Diafebus o su escudero Hipólito, que le requiebra a la mismísima emperatriz, ya madurita pero de buen ver, según parece... Algo parecido puede decirse de los personajes femeninos, también proclives a satisfacer sus apetitos carnales; así, la pérfida viuda reposada se encapricha del bello Tirant y le tiende un engaño para que éste abandone su interés por la princesa y, en cambio le colme a ella de sus atenciones (no me negaréis que estoy siendo fino... más que en el libro, de hecho). A consecuencia de este engaño es por lo que el héroe abandona Constantinopla en una galera, para nunca más volver... ¿O sí?

Pues sí: después de nuevas aventuras en otros países -aventuras erotizantes, también- vuelve Tirant a Constantinopla y se reúne con Carmesina. ¿Triunfará por fin el amor? ¿Se casarán y serán felices y comerán perdices (y fartons, sobre todo) hasta el fin de sus días? Pues habrá que leerse el original entero, tetes... aunque sea en castellano, que está traducido desde 1511. ¿Merece la pena? Pues seguro que sí... si al mismo Cervantes y, según parece, a Vargas Llosa les flipó tanto, ¿cómo no os va a gustar a nosotros, egregios lectores de Un Libro Al Día, que tenéis un gusto mucho más sibarita y una sabiduría literaria más acerada que la de esos meros juntaletras? Venga, todo el mundo a leerlo... y cuando vayáis por el capítulo DLXXX o por ahí, me lo contáis ; )


(*) Es broma, valencianos; no me tiréis de lo alto del Micalet ni me obliguéis a escuchar los grandes éxitos de Camilo Sesto, per l'amor de Déu!

(**) Además es el día en que se celebra Sant Donís, patrón de los enamorados en Valencia, por lo que resulta también de lo más propio, como ya se ve.

(***) Como decía el cura de aquel lugar de la Mancha, etc...: "Digoos verdad, señor compadre, que, por su estilo, es éste el mejor libro del mundo: aquí comen los caballeros, y duermen y mueren en las camas (...)" Y lo que no es dormir, añado yo...

Aquí también sale guapete