Año de publicación: 1997-1998
Valoración: monumental
Año de publicación: 2025
Valoración: muy recomendable
Lo confieso: ¿me propuse leer este libro sólo por lo mucho que me moló su cubierta? Pues sí, no me escondo (pero es que miradla: no me digáis que no es una genialidad conceptual. Se entiende todo el libro de un vistazo... aparte de llamar la atención, que es de lo que se trata). A ver, también el tema me interesaba, lo reconozco, pero dudo que me hubiese planteado leer de inmediato el libro si hubiese venido envuelto de otra manera; probablemente lo habría dejado en el tsundoku hasta tener tiempo de echarle un vistazo (que no hubiera sucedido nunca).
Dicho esto, la decisión de leerlo ha resultado realmente satisfactoria. El libro, que en principio no es sino una crónica periodística sobre un suceso ocurrido hace más de cuatro décadas, se lee, además, como un thriller policíaco y político, amén del retrato de una época y unas circunstancias que nos pueden parecer ya lejanas, pero, a la vez, indefectiblemente cercanas. O viceversa... Ahora bien, ¿de qué va, ya con más concreción? El subtítulo del libro lo explica a la perfección: De cómo ETA secuestro al rey de los helados (suena un poco a una exploitation de la peli de Willy Wonka, lo sé); es decir, y para ser más exactos, de cómo ETA político-militar secuestró en enero de 1981 al empresario valenciano Luis Suñer, propietario, entre otras cosas, de la fábrica de helados Avidesa, marca hoy desaparecida, pero que quizá nuestros lectores/as de mediana edad (aunque jóvenes de espíritu) recordarán con cariño. Tres meses le tuvo retenido un insólito comando valenciano de ETA-pm -o medio valenciano, en todo caso-, para al cabo liberarlo tras cobrar un rescate de más de trescientos millones de pesetas de la época -los que llamaron "suñerdólares"-; con ellos se financió la disolución de esta banda armada (continuaría la llamada ETA militar, aclaro a quienes nos lean fuera de España), amén de alguna otra y sorprendente inversión, que conocerá quien lea el libro.
La historia resulta pinturera no sólo por los sorprendentes elementos del caso, sino por el carácter o idiosincrasia de sus protagonistas. Por la parte de sus secuestradores, ya digo que se trataba de un comando medio valenciano, aunque sería más preciso decir medio valenciano-madrileño -además de medio vasco, como es de suponer-, pero es que el secuestrado, Luis Suñer, también era un personaje peculiar: se trataba de un empresario de gran éxito hecho a sí mismo (pero de verdad, no como los que ahora presumen de ello), de cuyas empresas dependía buena parte de la economía de la ciudad de Alzira, donde era considerado no ya un prohombre o un benefactor, sino una especie de padre o de padrino... Este tipo de empresariado paternalista, que se preocupaba, además de ganar dinero, del bienestar de sus trabajadores -siempre que no se atreviesen a llevarle la contraria, claro- era bastante propio o, al menos promocionado, en la época franquista y era algo bastante típico, creo, en el País Valenciano. Sobre Suñer, particularmente, basta decir que era un empresario que presumía de ser el que más impuestos pagaba en España -y, de hecho, colaboraba con campañas publicitarias del Ministerio de Hacienda-, que lo mismo financiaba las fallas de su localidad que prometía enviarles helados a la cárcel a sus secuestradores.
Así, el libro, y sin olvidar en ningún momento la tragedia que supuso el terrorismo de ETA en aquellos años y posteriores -más allá de este secuestro y otros secuestros, se nos recuerda tanto la comisión de atentados con víctimas indefensas como las torturas cometidas por las fuerzas de seguridad para combatirla-, transita entre, como he comentado, el reportaje extenso y el thriller, pero sin poder evitar algunos momentos, si no abiertamente humorísticos, digamos que "berlanguianos" (qué otro adjetivo poner, si no...). No obstante, sobre todo, resulta un libro de lo más entretenido y absorbente, que se lee en un suspiro, pero que, al mismo tiempo, hace gala de un rigor del que ya podrían aprender muchos periodistas o ensayistas de más renombre. A partir de una circunstancia casual, como fue el conocimiento de uno de los secuestradores, nunca detenido y ni siquiera identificado, Sergi Moyano llevó a cabo una gran labor de investigación, no sólo por medio del expediente del caso de la hemeroteca de la época, sino entrevistándose con todos los personajes que se vieron involucrados de alguna manera que pudo. Y, además, lo que me resulta más asombroso teniendo en cuenta que se trata de un periodista muy joven, sabiendo transmitir el latido de aquellos años convulsos y la humanidad de quienes los vivieron. El resultado es, en mi opinión, uno de los mejores libros publicados este año, cuando menos es la categoría de no ficción. Aunque, vuelvo a insistir, como narración no tiene desperdicio. Menos aún que la cubierta...
Título original: Trinity. A Graphic History of the First Atomic Bomb
Año de publicación: 2012
Traducción: Maryflor Súarez
Valoración: está bastante bien
A la espera de que se estrene la película Oppenheimer, de Christopher Nolan, (aplazada para poder competir por el favor del público con Barbie... y no es una broma) podemos ir abriendo boca con la publicación de este cómic/Historia gráfica de Jonathan Fetter-Vorm que trata asimismo sobre la figura de este físico americano y la invención, dirigida por él de la bomba atómica durante la II Guerra Mundial. Es decir, dirigía, junto con el general Groves, el famoso "Proyecto Manhattan", que se desarrollaba en un emplazamiento de Nuevo México en donde tuvo lugar la primera explosión atómica, cuyo nombre en clave fue, precisamente, "Trinity".
Si bien este cómic o novela gráfica de no ficción (demonios, no sé cómo llamarla) está articulada, en gran medida, en torno a la figura de Robert Oppenheimer, aunque también recoge las figuras de otros científicos participantes en el proyecto, quienes, junto a sus familias, vivieron para llevarlo a cabo en una colonia ultrasecreta de Los Álamos, aunque no se desarrolló únicamente allí. No sólo eso: en el libro conocemos también a otros físicos que tuvieron que ver en el descubrimiento de la radioactividad y el posterior desarrollo de su uso, como los célebres Curie, Leo Szilard o Enrico Fermi. Y, sobre todo, se nos explica pormenorizadamente y de la forma más clara posible en qué consiste la fisión atómica, el uranio enriquecido, la masa crítica y demás cuestiones que a los de letras no nos suenan desde los lejanos tiempos del insti, por lo que el esfuerzo narrativo resulta bastante de agradecer.
Como se puede suponer, buena parte del libro también está dedicada a las consecuencias, tanto directas como en el devenir histórico del mundo, que tuvo el uso militar de la energía atómica, así como a las dudas éticas e incluso remordimientos que conllevó a aquellos científicos y otros trabajadores involucrados en el proyecto (no a todos: algunos siguieron fabricando armas atómicas tan alegremente. Porque si el descubrimiento de la energía atómica se puede comparar con el mito de Prometeo robándoles el fuego a los dioses, su utilización y, sobre todo, la invención de la bomba se puede considerar el castigo que los dioses nos impusieron por haberlos desafiado. Como recordó el propio Oppenheimer tras la prueba Trinity, citando el verso hindú del Bhagavad Gita: "Ahora me he convertido en la Muerte, la Destructora de Mundos".
Año de publicación: 2022
Valoración: recomendable
Dentro del calendario laico (incluso impío) y republicano español la fecha quizá más destacada es la del 14 de abril, aniversario de la proclamación de la II República, en 1931. Un acontecimiento celebrado e incluso idealizado por todo aquel ciudadano que reniega de la monarquía (y de la dictadura, como es obvio), más aún por que se trató de una proclamación popular y hasta cierto punto espontánea, como resultado no de un acuerdo entre las altas dignidades del estado o los próceres del país, y ni siquiera de un referéndum al respecto, como fue más tarde el caso de los actuales regímenes vigentes en Italia y Grecia, sino a raíz de unas elecciones municipales en las que los partidos republicanos vencieron en las ciudades con abrumadora mayoría. Eso sucedió el domingo 12 de abril del 31 y el martes 14 se proclamó la República, primero en Eibar y luego en multitud de localidades, por supuesto, también en Madrid, donde el rey Alfonso XIII hubo de renunciar al trono y partió hacia Cartagena, para abandonar España en barco.
Es esa histórica jornada -una jornada alargada, en realidad, porque se extiende desde las 6 de la mañana hasta las primeras horas del día siguiente- la que nos cuenta Paco Cerdà en esta ¿novela? de no ficción o Historia novelizada, que resulta una narración vibrante, emocionante y hasta adrenalítica, por momentos. Cerdà nos lleva por diferentes escenarios en los que se desarrollaron los hechos: por supuesto, Eibar, Madrid y Barcelona, pero también Huelva, Granada, Salamanca, Jaca y Huesca (recordemos que había habido un levantamiento republicano en el diciembre anterior), Tarragona, Palma, Cartagena... En ellos encontramos a personajes célebres, como el ya entonces general Franco, Unamuno, Santiago Carrillo, Josep Pla, la actriz Margarita Xirgú... o, por supuesto, el rey Alfonso XIII, pero también personas en absoluto conocidas para el gran público y, en ocasiones, ni siquiera para los especialistas en el tema, simples notas a pie de página en los libros de Historia, gente que vivó esa jornada excepcional o que murió en ella, como el Emilio con quien se abre y cierra el libro: Emilio Arauzo Honorio, un encuadernador muerto en Madrid a causa de las cargas de la Guardia Civil contra los manifestantes en la noche del 13 al 14, "la última víctima de la monarquía", se le llamó... aunque en el propio libro ya vemos que no fue el último; otras personas también cayeron en sucesos similares, antes de que el cambio de régimen político deviniera inevitable y el rey abandonara su reino al convertirse éste en república.
Paco Cerdá aborda esta ficcionalización (horroroso palabro, lo siento) de tal acontecimiento histórico centrándose, al a manera de Éric Vuillard en 14 de julio o ese otro escritor español tan patriotero sobre el 2 de mayo de 1808, en las vivencias individuales, luego parciales, del hecho, pero que dan una atinado panorama del conjunto, con pericia y talento más que suficiente para salir airoso del cometido. Sobre todo, de la difícil tarea de encontrar el punto justo entre el rigor histórico, la diferenciación de los personajes y su devenir, la amplitud de miras y el tono trascendente -incluso épico, aunque se trate más de una epicidad civil o popular, más que guerrera-; Tampoco olvida las puntadas líricas que encontramos en más de una ocasión... aunque aquí he de decir que tal vez se le vaya un poco la mano con lo lorquiano, en mi opinión. No es ésta, sin embargo, la única referencia poética que encontramos, tanto en castellano como en catalán o valenciano y resulta un placer ir descubriéndolas.
En conclusión, estamos ante una estupenda narración sobre un retazo de Historia, el nacimiento de la Segunda República española, que quizás haya quien juzgue como un momento ya trasnochado o apolillado, pero otros muchos consideramos perfectamente pertinente hoy en día. Porque, si se me permite expresar una aspiración política (que no tiene por qué coincidir con las del autor del libro ni, mucho menos, de mis compañeros de blog), en mi opinión la Tercera ya está tardando...
También de Paco Cerdà en Un Libro Al Día: El peón
Año de publicación: 2018 (dentro de Años de guerra, en 2009)
Valoración: Recomendable
La batalla de Stalingrado fue quizá la más determinante del
curso de la Segunda Guerra mundial, tal vez junto con la de Kursk. Las fuerzas alemanas
lanzaron un ataque devastador, a sangre y fuego, sin tregua, contra esta ciudad
(hoy Volgogrado) a orillas del Volga, estratégica para la conquista de Rusia
tras haber fracasado en su avance hacia Moscú. El simbolismo de una gran ciudad
volcada en la industria pesada, junto con el acceso al Don y al Volga, eran
motivos suficientes para desencadenar una ofensiva con alrededor de un millón
de soldados en busca de un objetivo que diera lustre a la campaña del Este.
Todo ello dio lugar a la confrontación sin precedentes, tanto por su violencia
extrema como por la destrucción sistemática en una urbe en la que se luchó
calle por calle, con una intensidad nunca vista hasta entonces.
Allí estaba Vasili Grossman, que se convirtió en el más destacado corresponsal de guerra de la
Rusia soviética, y que posteriormente sería conocido por ser el primero que
publicó acerca de los campos de concentración nazis descubiertos en la ofensiva
hacia el Oeste. Con el bagaje del conocimiento directo del frente de batalla,
Grossman escribió más tarde varios libros importantes (ver enlaces abajo), y tuvo el
atrevimiento de criticar a ciertas jerarquías del régimen lo que, como se puede
suponer, le costó algunas represalias.
Grossman, por entonces de treinta y tantos años, es en ese
momento reportero y a la vez propagandista del régimen stalinista, enviando
desde la línea del frente crónicas de tono épico que ponderaban las bondades
del Ejército Rojo frente al inexorable invasor alemán, y son esos artículos lo
que constituyen el cuerpo del libro. Lo hacen en una progresión cronológica
gracias a la cual se entiende la evolución de la batalla, porque los textos no
son en sí demasiado descriptivos en relación al desarrollo de los combates. Pero
podemos deducir que estamos en una ciudad de cierto tamaño, con una potente
industria pesada (en principio centrada en la maquinaria agrícola, luego
rápidamente reconvertida hacia el material de guerra) y una economía
floreciente, que se ve cercada por el poderoso ejército nazi, con el gran Volga
a su espalda. Las fuerzas soviéticas acuden en masa para resistir el ataque y,
gracias sobre todo al heroísmo de sus combatientes, consiguen mantener las
posiciones y, poco a poco, comienzan a revertir la situación hasta vislumbrarse
una posibilidad real de derrotar a los alemanes. Con esta expectativa finalizan
las crónicas de Grossman, sin llegar a contarnos el desenlace final.
El narrador se esfuerza en transmitir el horror de la
situación: los bombardeos son incesantes y brutales, una lluvia de fuego que se
completa con la artillería y las unidades de blindados, que avanzan sembrando
la devastación, con una furia nunca vista:
'Los alemanes esperaban que el organismo humano no sería
capaz de soportar una presión de esta magnitud, creían que no habría en el
mundo corazones ni nervios capaces de aguantar sin desmoronarse este salvaje
infierno de fuego, de metal chirriante, de tierra conmocionada, de frenesí
enloquecido'.
Y siguen los detalles sobre el calibre de los obuses, las
balas explosivas, los lanzallamas, morteros de seis cañones, bombas explosivas
y de metralla. Lo más selecto y más destructivo del arsenal alemán puesto en el
foco de esta ciudad. Vale que Grossman estaba obligado a transmitir ese tono
apocalíptico a sus lectores, pero los datos históricos procedentes de otras
fuentes no le desmienten: la batalla de Stalingrado, centrada como pocas veces
en las calles de una ciudad, ha tenido pocos o ningún parangón en la Historia.
Ambos contendientes se jugaban mucho, mejor dicho, todo. Y así se terminó
decidiendo el curso de la guerra.
Aparte de dibujar el espanto de esa violencia desatada,
Grossman dedica una gran parte de su relato a describir a los héroes de la
defensa soviética: los irreductibles siberianos que resistieron en las ruinas
de la fábrica de tractores, el tirador tímido y culto que acabó abatiendo con frialdad y precisión a
quien se atreviese a asomarse a sus posiciones, los altos mandos dirigiendo las
operaciones desde sótanos y refugios, mujeres que resultaron clave para hacer
posibles las comunicaciones en una situación extrema. Una amplia nómina de
héroes, con nombres y apellidos, decenas de miles de ellos muertos lejos de sus
familias, representando el valor y la voluntad indestructible de defender
su tierra. Porque, más allá de lo ideológico, la guerra fue en Rusia una guerra
patriótica, tal como se sigue recordando hoy en día.
Con todo esto, se puede suponer que el nivel épico de las
crónicas de Grossman es muy elevado, y está tan bien narrado que llega a
resultar emocionante, incluso haciendo abstracción de quiénes combatían contra
quiénes. Imagino que este sería el gran objetivo del autor, no tanto describir el
desarrollo de un episodio bélico como llegar al corazón de los lectores, mostrarles el horror que amenazaba su país e
incitarles a resistir hasta el último aliento. Con esa prosa exacta y
contundente que siguió mostrando en obras posteriores no hay duda de que Grossman
consigue ese efecto, sin desdeñar momentos de pausa, igual de sobrecogedores,
cuando en medio del estruendo de bombas, incendios y ráfagas de disparos, describe los
hielos que descienden por el Volga, el azul del cielo que ilumina el escenario,
o la luz de atardecer que parece convertir en irreal la locura que se está
viviendo.
Idioma original: inglés