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viernes, 24 de julio de 2026

Rita Halász: La honda respiración

Idioma original: Húngaro
Título original: Mély Levegő
Año de publicación: 2021
Traducción: Teresa Ruiz Rosas
Valoración: Recomendable

Después de que su marido Péter la estrangule tras una discusión, Veronika coge a sus dos hijas y se va a casa de su padre, a las afueras de Budapest. Ahora debe dilucidar si su relación era abusiva y decidir si quiere divorciarse; asimismo, aprovecha la ocasión para resucitar su pasión por el dibujo y liarse con un par de antiguos conocidos.

Este es el resumen de La honda respiración, novela de la húngara Rita Halász. De este debut literario destacaría su vigor narrativo, su acabado impresionista (que mezcla acción y diálogo, presente y pasado, recuerdos e imaginación) y su manejo temático (empático con la protagonista sin por ello idealizarla o simplificar conceptos como la negación, la culpa, el miedo al cambio, la insatisfacción vital y la maternidad). 

Los personajes de La honda respiración también me parecen dignos de señalar, ya que, aunque no son particularmente complejos ni memorables, se sienten muy humanos y vivos. Asimismo, me ha gustado cómo la novela aprovecha los cuentos que Veronika explica a sus hijas para que entiendan la situación entre ella y Péter.

La única pega que le pondría a La honda respiración es que la conversación que Veronika y su amiga Andi mantienen en el capítulo IX se antoja poco natural, incluso impostada. 

Sea como fuere, La honda respiración es un meritorio debut literario. Si bien no narra algo particularmente original, lo aborda desde una perspectiva honesta y con una técnica tan interesante como solvente.

sábado, 20 de junio de 2026

Iván A. Goncharov: Oblómov

Idioma original: ruso

Título original: Обломов

Año de publicación: 1858

Traducción: Lydia Kúper de Velasco

Valoración: Recomendable


Volvemos por un rato a los grandes novelones rusos del XIX, en este caso con una obra de importante éxito en su época, admirada por el mismísimo Tolstoi y que sin embargo parece algo olvidada en los cánones que normalmente manejamos en España. Una historia en realidad bastante sencilla pero que en manos de un representante de tan ilustre entorno literario adquiere relevancia y extensión respetable.

Historia sencilla, sí, pero que nos deja bastantes cosas memorables, y algunas sorprendentes.

Oblomovismo

Ilia Ilich Oblómov es un terrateniente que apenas conoce sus propias tierras y en realidad no se ocupa de nada en absoluto: es el rey de la procrastinación, tiene siempre unas cuantas cosas en mente, que invariablemente son proyectos que nunca se materializan, gestiones que no se llevan a cabo, mejoras que se diluyen entre siesta y siesta. Al parecer, él no fue siempre así, de manera que podríamos buscarle algunos diagnósticos relacionados con desórdenes psicológicos. Pero la verdad es que Oblómov tampoco sufre, es perfectamente consciente de su abulia, en realidad no le agrada pero tampoco tiene ninguna intención real de emprender otros caminos. Él mismo bautiza su estatus como oblomovismo, una forma de vivir de la que él es el paradigma.

En alguna parte he leído que la prosa de Goncharov carece de humor, pero no es cierto en absoluto. La vida de nuestro personaje, casi siempre inmóvil en su habitación, disputando con su desagradable mayordomo y recibiendo algunas visitas, ofrece momentos muy cómicos y una considerable agudeza en el retrato de personajes, como ese Alexeiev que no es alto ni bajo, ni amable ni antipático, ni generoso ni tacaño, ni divertido ni aburrido. Alguien que parece personificar la media nacional en todo, y que además nunca contradice a nadie.

Otra vez el alma rusa

De esto ya hemos hablado al referirnos a otras obras de la literatura rusa de la época. La actitud en extremo pasiva de Oblómov puede perfectamente verse como una metáfora de la sociedad rusa, de su conformismo o nihilismo. La imagen es de enorme belleza en uno de los primeros capítulos, cuando Goncharov evoca las inmensas planicies en las que, más allá del lento discurrir de las estaciones, no hay grandes fenómenos meteorológicos ni accidentes geográficos, todo resulta estable y predecible, y el mismo paisaje invita a mantenerse uno mismo en ese estado contemplativo, sometido voluntariamente a esa fatalidad, lo mismo los mujiks en sus izbas que su señor en San Petersburgo.

El efecto resulta más potente al oponer a Oblómov la figura de su amigo Shtolz, alemán, inquieto, viajero, encantado de vivir y experimentar, el contrapunto occidental a la postración y la inmovilidad.

Por qué no el amor

El relato deriva pronto en algo que se parece a un folletín. Surge un amor inesperado como la oportunidad para abrir los ojos a otro mundo y Oblómov, ciertamente encantado con la novedad, se ve ante el reto de salir de su burbuja y disfrutar de lo mejor de la vida. Como no podía ser de otra forma, el idilio se extiende por cientos de páginas en las que el exceso narrativo y la obsesión por el detalle pueden hacer la lectura algo pesada, pero todo está tan bien relatado que a cambio de un poco de paciencia tenemos siempre el dibujo perfecto de cada actitud, de los vaivenes y la permanente inestabilidad de una relación naciente, sometida además a dos fuerzas poderosas y que actúan como complementarias: la personalidad de Oblómov, a veces no tan insólita como puede parecer, y los prejuicios de una sociedad que da poco margen a la espontaneidad.

El cuadro está tan bien descrito que seguimos con interés la historia de este amor endeble, y el ritmo moroso de la narración aumenta la ansiedad por conocer en qué terminará el complicado romance.

Desconcierto

Esto que viene ya es una opinión muy personal y con algún grado de spoiler. No me gusta nada la parte final del libro, una especie de apéndice innecesario que no solo desconecta del tronco de la historia, sino que introduce elementos incluso diría que algo dolorosos. Podría ser que Goncharov se haya decidido a poner en primer plano y con toda crudeza lo injusta que es la vida con determinado tipo de personas, cómo aquellos que se suponían amigos, enamorados o benefactores no tienen escrúpulo en arrinconar al débil para alcanzar la felicidad. La honestidad y el buen corazón quedan siempre en el recuerdo, pero la vida la disfrutan otros. En todo caso, todo rezuma una especie de desprecio fatalista hacia Oblómov, y lo peor es que el autor no parece en absoluto consciente de la afrenta, como si su única preocupación fuese redondear el relato de una forma aceptable para el lector.

A pesar de todo, y ya termino, nuestro Ilia Ilich es sin duda uno de esos personajes singularísimos e inolvidables que nos deja la literatura, como Bartleby, Dorian Gray o Bernarda Alba, entre otros bastantes aunque no tan numerosos, figuras irrepetibles a quienes alguien fue capaz de dar vida y dejar para siempre en nuestra memoria. 


martes, 3 de junio de 2025

Miguel Delibes: Las guerras de nuestros antepasados

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1975

Valoración: Muy recomendable


Miguel Delibes tiene unas cuantas reseñas en este blog, con algunas valoraciones muy positivas y otras no tanto, un poco de todo. En el comentario a una de esas entradas dije algo así como que no era uno de mis autores favoritos, y es cierto, quizá porque en la pequeña parte de su obra que conozco pesaba, en mi opinión en exceso, el elemento rural. Que es cierto que Delibes describe como pocos el paisaje castellano, y tiene una capacidad inigualable para entender a personajes muy pegados a la tierra, gentes sencillas del campo cuyo lenguaje, y diríamos cuya alma, traslada a las páginas de sus libros, siempre desde la ternura y una pizca de humor. Pero, aun admitiendo sus virtudes, personalmente el apego a ese mundo me resultaba más bien poco atractivo.

Pues he aquí que Las guerras de nuestros antepasados nos sitúa de nuevo, en plan inmersión total, en ese entorno, con sus peleas entre aldeas vecinas, y los trabajos en frutales y colmenas. Pero no solo estamos en el mundo rural sino también en una atmósfera fuertemente arcaica en la que el protagonismo lo tienen los varones que personifican las tres generaciones de una misma familia. El bisabuelo, el abuelo y el padre, todos cortados por el mismo patrón, cuya referencia fundamental son las guerras que tocó vivir a cada uno: la Carlista, la de África y la Guerra civil. Se supone que todo hombre, antes o después, tiene (o debe tener) su guerra, en la que debe mostrar su valor a base clavar la bayoneta o, en su defecto, derribando enemigos a tiros. El problema es que la saga continúa por el lado masculino en un joven muy metafóricamente llamado Pacífico. Este chico no solo ha absorbido las enseñanzas de su tío Paco (observar la naturaleza, detectar el diferente lenguaje de los ríos, desentenderse de las pugnas aldeanas), sino que desde pequeño muestra una sensibilidad fuera de lo común: siente dolor en los dedos cuando se poda un árbol, o en la garganta cuando se pesca una trucha.

Delibes ya nos ha presentado el cuadro básico del relato, el contraste entre la barbarie primitiva y algo que, más que con la modernidad, tiene que ver con la humanidad, una forma diferente de ver el mundo y moverse por él. Otros personajes intervendrán en esa dicotomía, aunque no todo va a ser tan lineal como podría pensarse, y con la misma habilidad con que se ha presentado el conflicto Delibes conduce la narración por caminos no exentos de  contradicciones, porque en el mismo personaje en que brota esa sensibilidad exacerbada surge de improviso una frialdad insospechada en momentos clave. Quizá porque en el fondo la sangre familiar termina imponiendo su sello.

El formato utilizado es también un elemento fundamental: al exponerse la historia a través de una especie de entrevista a la que un psiquiatra penitenciario somete a Pacífico, el autor consigue varios objetivos. El primero, liberar al personaje principal para que pueda expresarse sin cortapisas en su lenguaje coloquial, de pueblo, con todos los registros que Delibes domina a la perfección, un efecto que difícilmente se conseguiría con un narrador omniscente, y que resultaría poco creíble en una confesión o en unas memorias, donde seguro perdería la frescura y la espontaneidad. Pero además permite otros logros interesantes, como jugar con el contraste con el lenguaje más culto y urbano del médico entrevistador, o abrir hueco a pequeños cortocircuitos en la comunicación y brotes de humor que dan a la relato vivacidad y subrayan la distancia entre los dos mundos que representan los interlocutores.

Episodios sorprendentes como el manzano que da frutos en invierno, el suicidio de un jabalí, la lluvia de ostias (sagradas) alrededor de la abuela mística, o el fusilamiento ritual de un perro bordean en ocasiones el realismo mágico, como la disparatada fuga de un penal parece parodiar, sin perder dramatismo, cierta literatura carcelaria. Muchos elementos, reunidos y mezclados con suma destreza, que dan lugar a un libro realmente sobresaliente que, al menos a mí, me ha llevado a valorar a Delibes unos cuantos escalones por encima de mis posiciones iniciales.

Otras obras de Miguel Delibes reseñadas en ULADaquí



domingo, 5 de noviembre de 2023

Laird Koenig: La chica que vive al final del camino

Idioma original: Inglés   
Título original: The little girl at the end of the road
Traducción: Jon Bilbao 
Año de publicación: 1973
Valoración: Recomendable

Aunque La chica que vive al final del camino, de Lair Koening, es fácilmente adscribible al "thriller" de misterio o al gótico americano, también es una novela de formación y romance muy "sui generis". 

Su oscura premisa me ha recordado bastante a Matemos al tío de Rohan O'Grady: dos niños, menos indefensos de lo que uno pueda imaginar, deben hacer frente a un adulto intimidante. ¡Incluso hay un policía de por medio en ambas propuestas! Eso sí, la de Koening es más psicológica, tensa, madura y realista que la de O'Grady.

¿De qué trata? Rynn acaba de cumplir trece años y lo celebra sola en su casa de alquiler. Nadie sabe mucho de ella; sólo que proviene de Inglaterra, apenas habla, es desconfiada, da esquinazo a las visitas inoportunas y cobra cheques de viaje. Hace tiempo que su padre no se deja ver por el pueblo, y los vecinos empiezan a hacer preguntas. Un día conocerá a Mario, un niño cojo al que le gusta hacer magia. Juntos plantarán cara a Frank Hallet, un pedófilo local que, gracias a la influencia de su madre, es intocable.

Entre las muchas virtudes de La chica que vive al final del camino, destacaría las siguientes:

  • Mezcla acertadamente diversos géneros.
  • Se estructura en capítulos tan breves como adictivos. 
  • Su historia transcurre con una fluidez sorprendente, pero en todo momento sabe cuándo debe realentizar el ritmo. 
  • Koening dosifica acertadamente la información, expande el misterio, juega con las expectativas del lector, te encariña con los protagonistas y logra que ciertas escenas impacten emocionalmente. 
  • La caracterización de Rynn (madura, inteligente, calculadora, de gustos refinados, pero sin por ello dejar de ser una niña) está muy lograda. También me ha convencido su eventual desarrollo, que nos es transmitido de manera orgánica y creíble.
  • Mario, que es un poco mayor que Rynn, la complementa a la perfección, e incluso ejerce de contrapunto que cataliza su arco de crecimiento.
  • Frank Hallet consigue erigirse como un personaje siniestro y amenazante, cuya plausibilidad da miedo.   
  • Los diálogos, llenos de batallas dialécticas, ambiguedades, dobles sentidos, sarcasmo, etc..., resultan entretenidos a la par que avanzan la trama y caracterizan a los interlocutores.
  • Hay un par de escenas brillantes en lo que a tensión u horror respecta.
  • Puntadas irónicas radiografían la sociedad de la época (sobre todo su corrupción, clasismo y racismo); también las diferencias entre Inglaterra, EEUU y sus respectivos habitantes dan bastante juego al autor.
  • Su final es técnicamente abierto, en el sentido de que no insulta a la inteligencia del lector, pero al mismo tiempo cierra la novela. 

Solamente le pondría un par de pegas a La chica que vive al final del camino:

  • En determinados momentos hay que suspender la incredulidad para aceptar ciertos acontecimientos. Por ejemplo, que tanto Rynn como Mario sean tan espabilados y resolutivos, o que puedan engañar a un policía que ha demostrado ser extremadamente competente y atento.
  • El romance que presentan estas páginas me parece algo forzado.

Originalmente, Koenig concibió La chica que vive al final del camino como obra de teatro; después de su éxito literario, también la guionizó. Sin haber visto la aclamada adaptación cinematográfica, me atrevo a decir que probablemente no aporta gran cosa a quienes hayan leído la novela. Además, la película protagonizada por Martin Sheen y una jovencísima Jodie Foster toma un par de decisiones, según tengo entendido, que diluyen el malrollismo y la perversidad que emanaba su contraparte literaria.



También de Laird Koenig en ULAD: Los niños están mirando

miércoles, 2 de marzo de 2022

Ilustres Olvidados #3: Matar a un ruiseñor de Harper Lee

Idioma original: inglés

Título original: To Kill a Mockingbird

Año de publicación: 1960

Traducción: Baldomero Porta

Valoración: bastante recomendable

Hace algún tiempo, en una de nuestras semanas temáticas, bastante similar a ésta y que dedicamos a autores notorios pero que, hasta entonces, no había sido reseñados en este benemérito blog, nuestro compañero Marc reseño el segundo libro de la emblemática escritora del Sur estadounidenses Harper LeeVe y pon un centinela, Emblemática, digo, pese a que ese libro y el que reseño yo hoy, el mucho más célebre (por mor, entre otras cosa, aunque no únicamente, de Hollywood), Matar a un ruiseñor, suponen las únicas dos novelas que llegó a publicar en toda su larga vida.

Lo cierto es que no sé si resulta muy necesaria una sinopsis de esta novela, puesto que tengo la sensación de que todo el mundo ha visto, al menos, la excelente, además de muy fiel adaptación al cine de 1962... pero, por si acaso, allá va: en Maycomb, un pueblo de Alabama similar a aquel en el que nació la autora y en los mismos años 30 en los que transcurrió su niñez, viven los hermanos Je y Scout -Jean Louise- Finch, con su padre Atticus, que les ha criado solo, desde que murió su madre, con la única ayuda de su criada negra, Calpurnia. Juanto a los niños, y su amigo Dill (personaje basado en Truman Capote, nada menos, amigo de la infancia de Harper Lee), vivimos sus juegos, asistimos a la escuela, conocemos a sus vecinos y nos preguntamos por el gran misterio de su calle: la existencia de Boo Radley, un tipo que vive recluido en su casa, sin que se le haya visto en muchos años...

Así transcurre la primera parte de la novela; en la segunda, sin abandonar los anteriores temas, aparece un cambio de circunstancias y aún de tono: Atticus Finch, que es abogado, asume la defensa de un hombre negro acusado de violar a una chica blanca. En el sur profundo de EEUU delos años 20, ya se puede cualquiera suponer los conflictos que acarrea la decisión de Atticus -quien, por otra parte, ha pasado, tanto al imaginario literario como  cinemátografico, como el paradigma de la integridad ética y profesional-; pero es más, la novela fue publicada en 1969, justo en pleno auge del movimiento a favor de los derechos civiles de los afroamericanos.... En este sentido, el "buenismo" que transmite la novela esa actitud que es considerada casi un pecado sin remisión hoy en día, cuando lo que se lleva es ser más malo que la sarna), se ve matizado por la problemática época en la que se publica,: no es una novela que trate sobre el racismo y la intolerancia en términos abstractos, desde una cómoda y segura posición "progre" (dicho esto con cierta ironía, aclaro), sino una historia pegada al momento y lugar de origen de su autora, lo que supongo le trajo más de un quebradero de cabeza, aunque también el éxito inmediato: la novela ganó el premio Pulitzer y ha sido continuamente elogiada y reeditada desde su aparición. Sin embargo, también ha recibido críticas negativas y sufrido polémicas por distintos motivos: desde ser demasiado cruda para el público juvenil -debido, sobre todo, al trasfondo de una violación-a edulcorar la realidad del racismo o , por el contrario, emplear en exceso términos racistas (la famosa n-word, sobre todo)... No sé si por estar hasta el gorro de tanta tontería o porque no tenía más que decir, el caso es que Harper Lee no volvió a publicar más libros en su vida, con la excepción del ya citado al comienzo de la reseña, que, pese a tratarse de una secuela de Matar a un ruiseñor, fue escrito con anterioridad a éste.

La novela, no obstante, no se ocupa tan sólo de los problemas raciales o la segregación en el Sur; de forma más profunda, es una reflexión sobre la justicia, sobre la convivencia entre clases sociales, sobre la integración armónica entre la individualidad y la comunidad a la que pertenece, y sobre la paternidad y la educación de los hijos. Y, sobre todo, es una novela "de crecimiento", un bildungsroman (y perdón por usar el palabro), en la que no sólo se trata la pérdida de la inocencia de la infancia, sino, más aún, la necesidad de conservar en lo posible esa inocencia en la edad adulta -y aquí la figura de Boo Radley toma un papel simbólico-; tal vez, y esta es una opinión muy personal, este carácter de novela de crecimiento, narrada además en retrospectiva por la propia Scout, juegue un tanto en contra de la novela, no por algún defecto intrínseco de ésta, sino porque desde 1960 hemos visto infinidad de novelas narradas por niños en las que nos cuentan los sinsabores y decepciones que conlleva hacerse adulto. En un sentido parecido, quizás el éxito de la película también sea una lastre para el libro, que se lee casi como una novelización del guión... (por no mencionar que es imposible imaginarse a Atticus Finch sin ponerle el rostro de Gregory peck).

Ahora bien, que estas objeciones un tanto tiquismiquis de este reseñista no arredren a nadie que se plantee leer esta novela:; bien al contrario, si lo hace se encontrará con una historia emocionante, escrita de forma deliciosa , ágil y llena de humor, y con unos personajes imborrables para quien los conozca. Un libro que es un clásico por derecho propio desde hace más de sesenta años, y que debe seguir siéndolo, pese a que los tiempos hayan cambiado... o precisamente porque igual no han cambiado tanto. 


También de Harper Lee y reseñado en Un Libro Al Día: Ve y pon un centinela

martes, 1 de marzo de 2022

Ilustres olvidados #2 Denis Diderot: Jacques el fatalista

Idioma original: Francés
Título original: Jacques le fataliste et son maître
Traducción: Fèlix de Azúa i Comell
Fecha de publicación: 1796
Valoración: Curioso, cuanto menos

El rupturismo artístico es, a estas alturas, prácticamente imposible. Creedme, casi todo está inventado. Y si no, que se lo digan a Denis Diderot, que en la segunda mitad del siglo XVIII concibió Jacques el fatalista.

Imaginaos, en plena Ilustración, a una obra empeñada en subvertir esquemas tanto formales como conceptuales. Una obra que no es sino el resultado de un mestizaje de géneros, cuya estructura desafía a cualquier molde establecido, cuyas caprichosas digresiones sabotean al argumento, que presenta a un narrador que interactúa constantemente con el lector, que exuda erudición pero al mismo tiempo no se toma en serio a sí misma. Una obra que adelanta multitud de estrategias metaliterarias, preñada de reflexiones morales y filosóficas, permeada por un ingenioso sentido del humor. Imaginaos, en suma, a «una insulsa retahíla de hechos reales e imaginarios, escritos sin gracia y distribuidos sin orden ni concierto» (Diderot dixit), que consigue, pese a todo, cautivarnos. 

En fin, ojalá os haya interesado en Jacques el fatalista. Sus defectillos, estoy seguro de que intencionados, no pueden eclipsar su modernidad y audacia. Con esta reseña me sumo a sus reivindicadores incondicionales, entre cuyas filas se encuentran nombres de la talla de Italo Calvino, José Saramago y Milan Kundera. Debéis conocer este texto; en especial, aquéllos que se creen innovadores.

viernes, 17 de diciembre de 2021

Flann O'Brien: La saga del sagú de Slattery

 Idioma original: inglés

Título original: Slattery's sago saga

Año de publicación: 1973 (póstuma)

Valoración: Más que recomendable (de haber mantenido el mismo nivel)


Flann O’Brien es uno de los muchos seudónimos –más bien especie de heterónimos al estilo de Pessoa– de Brian O’Nolan, un escritor y articulista admirado por Borges, Graham Greene, Joyce o Beckett, y este texto, de haber vivido él lo suficiente, habría sido una novela. Su temprana muerte lo convirtió en relato inacabado, pero lo que aporta bastó para que se publicase enseguida tal como lo había dejado su autor. Es verdad que en un principio nadie se arriesgó a independizarlo, siempre se agrupaba con otras piezas cortas suyas hasta que alguien decidió lanzarlo como obra con entidad propia, y pienso que fue un acierto.

Claro que si se animan a leerlo tienen que estar prevenidos, porque el lector de La saga del sagú tiende a enfrascarse tanto en la trama, se siente tan cómodo en la comarca irlandesa dónde tiene lugar la acción y entre esos personajes tan estrafalarios, que no repara en que apenas le quedan un par de páginas. De repente, y en pleno disfrute, tenemos que frenar en seco y nos quedamos parpadeando. ¿Ya? Pues sí, el estado de salud de una persona no entiende de proyectos. Así que tienen que estar preparados, fijarse en el grosor de lo que queda y no ilusionarse con que podrán prever el resto de la historia. A esta le faltan, probablemente, más de sus tres cuartas partes, lo que supone muchas otras escenas hilarantes y un desenlace probablemente sorpresivo que jamás podremos leer, pero eso no debe ser obstáculo para que degustemos las que han sobrevivido. Eso sí, les aseguro que no se trata de un borrador, que su contenido es tan regular, coherente y su forma tan cuidada como los de cualquier obra concluida, incluso mejor que muchas de ellas.

Lo que van a encontrar es humor absurdo, crítica social e imaginación a raudales, todo ello marca de la casa, y unos personajes tan entrañables como obsesivos. Lo mejor de todo es que las manías recurrentes no proceden de sus mentes retorcidas sino más bien de un estatus social y unas preocupaciones colectivas, llámenlos prejuicios si quieren, que determinan su forma de ver la vida, de vivirla y, en algún caso, de resolver conflictos que afectan a todos. ¿Conocen a alguien que siendo –o sintiéndose– millonario decide comprar todo el terreno cultivable de un país con el único propósito de beneficiar a otro? Naturalmente, quien se sacrificaría sería Irlanda y el gran ganador ¡oh sorpresa! nada menos que USA, que se libraría de la presencia irlandesa gracias a la complicidad (y al dinero) de un irlandés. Podemos deducir que aquí no se salva nadie, ni de un lado ni del otro. Estos y otros personajes, cuyas descacharrantes ideas y acciones nos provocarán carcajadas constantes se posicionan claramente, señalan desajustes importantes, desvelan, por una parte, una mentalidad anclada en la tradición e inamovible (cazurros los llamaríamos por aquí), por otra, una tendencia a idear proyectos delirantes derrochando cantidades desorbitadas. Adivinen, si pueden, quién es quién. Fácil ¿verdad?

Bien, pues el tono ácido no se ciñe exclusivamente a los hechos, alcanza incluso a patronímicos y topónimos. En cuanto al asunto central es, como era de prever, fundamentalmente económico. Petróleo y patatas. El primero quiere eliminar de la faz de Irlanda a las segundas y para lograrlo la gran MacPherson –escocesa, por cierto– ha concebido su demencial proyecto. ¿Empieza a apetecerles el menú? Pues esto no es más que el punto de partida.  Por desgracia, el estado de Texas no tuvo tiempo de convertirse en escenario más que de forma muy indirecta, pero O’Brien planeaba que dos tercios de la novela tuvieran lugar allí. Y hasta soñaba con que la llevase al cine nada menos que John Huston.

Otras obras del autor: Re-reseñaLa vida dura, La boca pobre, El tercer policía, En-Nadar-Dos-PájarosCrónica de Dalkey

martes, 19 de octubre de 2021

Jorge Amado: Tereza Batista cansada de guerra

 Idioma original: portugués

Título original: Tereza Batista Cansada de Guerra

Año de publicación: 1972

Valoración: Imprescindible



Antes de entrar en materia enfocando al personaje –grandísimo personaje, por cierto– su carácter, vida y milagros, no me resisto a hablarles de su creador, a quien admiro hasta el infinito y más allá desde la primera novela suya que leí, y ya van unas cuantas. Jorge Amado (1912-2001) fue un escritor brasileño que no pueden ignorar si aman las emociones fuertes, los contenidos de gran crudeza transmitidos de forma amable, los textos sólidos literariamente hablando, si aprecian el humanismo de quien nos habla a través de la ficción –un humanismo perfectamente identificable que recurre a artimañas como  socarronería, ironía, cambios de opinión según el dueño de los pensamientos que muestra, y otras muchas formas de manifestar su postura sin incordiar demasiado a los lectores. También si disfrutan con las historias complejas, repletas de personajes de diferente relevancia –muchísimos secundarios, por cierto– que se retratan tanto a ellos mismos como a la sociedad de la que forman parte. Hablo de esos novelones, casi inacabables, que nos parecen eternos al principio y, tras varios centenares de páginas, no querríamos abandonar nunca, que finalmente  nos dejan un gusto agridulce y que quizá recordemos y recomendemos durante años y años.

Habitualmente, cuando nos preguntamos qué es lo que importa, si el autor o las obras que ha dejado, nos referimos a esas personalidades poco atractivas, que nos decepcionan cuando conocemos sus hazañas, ideología o temperamento. En este caso ocurre lo contrario: encontramos unidas la excelencia personal y la literaria, y esto no es nada frecuente. Amado dejó un legado extenso, coherente y magnífico protagonizado por antihéroes, marginados, expulsados de la sociedad, pasto de maltratos e injusticias a cargo de prebostes y sinvergüenzas de medio pelo, con frecuencia, pícaros ellos mismos. Sus historias se leen con pasión, como si las estuviéramos viviendo en carne propia ya que, aparte de su interés, están narradas con gracia, con una prosa sencilla y juguetona que cambia de enfoque y de sintaxis a cada momento, evitando la monotonía y con un desenfado tal que parece estarnos hablando al oído. Por tanto, dificultad de lenguaje ninguna, la alteración de la cronología se subsana con información suficiente; sus explicaciones nunca abruman debido a la variedad de recursos que saca de la chistera continuamente para divertirnos. Lo curioso es que sabemos cómo piensa Amado en cada momento, aunque no dé su opinión, solo con mostrarnos la realidad en todas sus facetas o los pensamientos de unos y de otros ante los diversos conflictos éticos que plantea, y aún así no nos condiciona, él solo muestra, luego cada uno es muy libre. Por eso, su forma tan personal de presentar los hechos puede confundir a algún lector. En otras palabras, quien no esté de acuerdo con él se va a sentir reforzado pues, igual que en la vida real, encontrará argumentos a favor. Todo tiene doble cara, este narrador es un mero intermediario que, por mucho que muestre sus cartas, siempre deja elegir.

No es difícil ponerse en el lugar de Tereza Batista, a quien conocemos con trece años y  abandonamos otros tantos más tarde. Sus desventuras nos sobrecogen, su fuerza y resistencia nos fuerzan a admirarla. No pienso relatar aquí esas vivencias, que son las de las mujeres en general, sobre todo las de clases no favorecidas en nada, básicamente lo que tiene que pasar la gente de segunda para que los de primera vivan como príncipes. A Tereza la vendieron con trece años los familiares que la cuidaban porque era huérfana y bonita, una conducta que no puede sorprendernos porque está ocurriendo en todo el mundo, y cada día más. Pero la novela comienza in media res, con ella bailando en un cabaret y defendiendo a quien está peor aún. Antes y después de eso le ocurren muchas cosas, unas muy malas y otras no tan buenas como ella creía, pero por comparación con lo anterior debió pensar que vivía en un paraíso. El tono del relato va variando. Es cierto que la mayor parte del tiempo todo gira en torno a su figura. Hasta ese último capítulo, tan lleno de sabor local, de ambiente festivo, heroísmo, lucha contra la injusticia y, sobre todo, repleto de magia, de dioses engendrados en la tierra, de personalidades místicas y hasta de milagros producidos a la vista de todos. En este punto, sin dejar de centrarse en Tereza, el argumento ha adquirido un tono mucho más coral y una dimensión cercana a la épica. Queda por saber (y sabremos) si en algún momento llegó a ser libre.

Se preguntarán quién es ella, por qué es interesante su vida. He visto –y durante muchas páginas lo he creído un fallo– que la protagonista reúne muchas cualidades, demasiadas para tratarse de una obra realista.  Es guapísima, trabajadora, honrada, valiente, inteligente, simpática, educada, con una personalidad a prueba de bombas, solidaria etc. Esto no parece muy verosímil. Pero es que la novela no es realista en absoluto, lo puede parecer al principio, y desde luego pinta una realidad crudísima que no tiene nada de fantástico, pero según vamos avanzando encontramos elementos de otra índole. En primer lugar, el personaje ya no vive, aquello sucedió años ha, y desde entonces se ha ido fabricando un mito a la medida de las necesidades de la gente. Esta elemento mítico aparece también de forma expresa: en cancioncillas o rimas, en los títulos de las secciones, en sobrenombres que Tereza ha ido recibiendo con el tiempo, en el triunfo de su sola persona contra la epidemia más mortífera del siglo y, más directamente, en esos capítulos en cursiva donde alguien  que está investigando (¿el autor?) hace preguntas a algún testigo, no de primera mano, claro, sino receptáculo de versiones recogidas aquí y allá. Mítica es la identificación explícita de Tereza con el pueblo brasileño y mítico es también, sin duda, ese final que, por supuesto, no pienso adelantarles.

Otras obras de Jorge Amado: Capitanes de la arena,

domingo, 31 de enero de 2021

Semana del ensayo #7: Regreso a Reims, de Didier Eribon

Idioma original: francés 

Título original: Retour a Reims

Año de publicación: 2009

Valoración: Recomendable

 

El ensayo biográfico permite abordar cuestiones de interés con todas la licencias propias de este género literario (desorganización, proporción desigual de los temas tratados, opiniones personales en lugar de realidades científicas, divagaciones sin límite etc.), y el aspecto narrativo le proporciona un plus de amenidad. Demasiada para mi gusto en este caso, y es que el contenido autobiográfico me parece excesivamente extenso, incluso reiterativo, en detrimento de la parte teórica. Pero esta es mi opinión, solamente.

Autor de una obra extensa y variada, Didier Eribon  ha escrito varios tratados en los que –siguiendo la estela de Genet y (su biografiado) Foucault– plantea el largo y arduo proceso de la salida del armario. Aquí trata de la suya propia y del concepto en sí con todas sus implicaciones. El camino fue largo para alguien nacido en 1953, primero lo mantuvo en secreto, pero poco a poco tuvo que resignarse a la perspicacia de su entorno y con el tiempo acabó reuniendo un amplio corpus teórico en el que analiza la homosexualidad desde diversas perspectivas. No solo había superado la fase de ocultación, supo además convertir su realidad personal en asunto de investigación y reflexión, eso le proporcionó el respeto personal, un prestigio profesional indiscutible... y un día falleció su padre. Entonces fue consciente de que el secreto, alimentado por la vergüenza, no era solo su orientación sexual, que su origen social seguía a salvo de todas las miradas pues durante toda su vida había ocultado su pasado, y cuando las preguntas le parecían demasiado indiscretas, se veía obligado a mentir. (“Formulémoslo de la siguiente manera: me fue más fácil escribir sobre la vergüenza sexual que sobre la violencia social”).

Esa procedencia, que describe con todo detalle, era de hecho tan humilde que él mismo considera milagroso su ascenso en la escala social. Tras el fallecimiento del padre –del que le separaba un abismo cultural e ideológico, incluso de talante, que los mantuvo alejados durante años– no había razón para dejar de visitar el hogar, que ya no estaba en el Reims de su infancia pero que, al margen de traslados, conservaba la esencia del lugar dónde se crió. Su visita permitió una comunicación madre-hijo insólita hasta entonces, que lo devolvía a sus auténticos orígenes y le abría las puertas a esa zona de su conciencia de la que se había desvinculado hasta el momento. De esa especie de catarsis, e inspirado por los autoanálisis llevados a cabo por Annie Ernaux y su amigo Pierre Bourdeau (del que, opina, se quedó corto), surgió Regreso a Reims. Una obra cuya sinceridad incomoda a veces, que no elude la autocrítica más cruda y que, gracias a su faceta ensayística, va más allá de la confesión personal. Examina los férreos  mecanismos de reproducción del determinismo social e indaga sobre la movilidad de clase (transfuguismo) y los efectos que produce, tanto en la unidad familiar como en aquel que ha cambiado de rango.

Según dice, y demuestra, la conciencia de pertenecer a una clase no es tan habitual como podría parecer. En un extremo situaríamos al entorno de su infancia (padres, vecinos etc.) que votaron siempre al Partido Comunista y, en un momento dado, se sintieron traicionados por la izquierda y seducidos por el discurso de Marine Le Pen, o bien, analiza el frecuente rechazo a la instrucción de esas clases populares por considerarla ocio improductivo, así como la creencia de que el abandono escolar es una elección libre. En el otro, a un estudioso como Raymond Aaron que, desde su posición, consideraba las clases sociales como una realidad de otra época. Eribon opina que esas son las palabras de un privilegiado y que solo los burgueses pueden permitirse ignorar la pertenencia de clase. La combinación de ambas posturas reproduce el determinismo social (“Es como si la línea que divide ambos mundos sociales fuera impermeable casi por completo”). Pero si hasta el teórico de lo social reniega de su origen, no parece que vaya a cambiar nada. (“En lo político, estaba con los obreros, pero odiaba tener raíces en su mundo. Probablemente, ponerme del lado del “pueblo” me habría provocado muchos menos tormentos internos y crisis morales si el pueblo no hubiera sido mi familia.”). Aunque, realmente, son las estructuras sociales quienes condicionan ese inmovilismo, en particular, el sistema educativo, que Eribon considera una auténtica trampa, la forma más efectiva de perpetuar la desigualdad. Incluso él se engañó en cierto modo pues, al carecer de la información propia de las élites, siguió un itinerario carente de prestigio que ha condicionado su carrera.

Como pueden suponer, toda su trayectoria supone un largo y costoso proceso de construcción personal cuyo resultado consiste en aceptar y conciliar sus diversas identidades.

“¿No nos compete a nosotros construir discursos y teorías que permitan que nunca descuidemos tal o cual aspecto, que nunca dejemos fuera del campo de la percepción o fuera del campo de acción ningún ámbito de opresión, ningún registro de dominación, ningún señalamiento de inferioridad, ninguna vergüenza asociada a la interpelación injuriosa?”.


Traducción: Georgina Fraser 

jueves, 24 de septiembre de 2020

Arthur Conan Doyle: La tragedia del Korosko

Idioma original: Inglés
Título original: A Desert Drama. Being The Tragedy Of The Korosko
Año de publicación: 1897, por entregas
Traducción: E. F. S. Alonso
Valoración: Entre recomendable y está bien




Un grupo de turistas es secuestrado por guerreros árabes durante una excursión por el desierto de Libia. De esta sencilla premisa se sirve Arthur Conan Doyle para escribir La tragedia del Korosko, una novela de aventuras narrada a modo de crónica periodística.

De ella destacaría:

  • Su brevedad. Se lee, literalmente, en una sentada. 
  • Su empaque. Aunque originalmente fue publicada por entregas, su nivel de planificación es muy alto. 
  • Su prosa, concisa y elegante. 
  • Su bien estructurada y adictiva trama.
  • Su mezcla de drama, acción y romance. 
  • Su inmersiva ambientación. Doyle es capaz de sumergirnos en el escenario, hacer que sintamos el asfixiante calor del sol o el frío de las noches, consigue que veamos los bellos colores que presenta el paisaje. 
  • Sus heterogéneos protagonistas. Los pasajeros del Korosko no son excesivamente memorables (a excepción, quizás, de Miss Adams), pero te caen simpático, están bien caracterizados, tienen interacciones interesantes e incluso experimentan cierto desarrollo a lo largo del relato. 
  • Sus audaces contrastes. Estas páginas superponen Occidente con Oriente, lo moderno con lo atávico, la civilización con la barbarie, la dignidad con la mezquindad, la paz con la violencia, la fe armoniosa con el fanatismo más agresivo... 

Por otro lado, querría señalar aquellos aspectos en que la novela no acaba de funcionar, pues no ha envejecido demasiado bien:

  • La atraviesan varios prejuicios raciales y religiosos, amén de sesgos ideológicos, propios de la época y el contexto en que fue concebida. Al inicio de la narración, tenía la impresión de que Doyle iba a parodiar las actitudes colonialistas y evangelizadoras de los países cristianos. Sin embargo, se va posicionando subrepticiamente (o eso me ha parecido a mí) a favor de la ocupación militar británica de Egipto, o de la preponderancia del Cristianismo por encima del Islam. 

Tampoco me convencen algunas de las decisiones argumentales que toma Doyle:

  • Su manejo de la tensión es, visto en retrospectiva, un tanto artificial. Hay alguna que otra muerte en el grupo protagonista, cierto, y sus integrantes sufren lo suyo, pero el desenlace positivo da la impresión de que el autor velaba extradiegéticamente por su seguridad en todo momento. 
  • Me parecen poco verosímiles las reacciones que los turistas tienen, dada su situación. Salvo alguna rencilla aislada, hacen piña, hasta podría decirse que se muestran altruistas y heroicos. Personalmente, no creo en la bondad humana, y menos todavía en que ésta aflore en situaciones límite. 
  • A esto sumamos que los únicos personajes buenos del relato son exclusivamente blancos (al guía de la excursión o algún aliado sorpresa se les retrata como gente que, si actúan con rectitud, es por interés y conveniencia) y queda clara la parcialidad de Doyle.
  • Los antagonistas de su historia son villanos irredimibles. Les podría haber humanizado un poco para que el conflicto no fuera tan maniqueo.
  • El tonillo ejemplarizante que da al texto es, a mi juicio, un desatino.  

En todo caso, es innegable que La tragedia del Korosko es una novela muy entretenida. La recomiendo encarecidamente, pese a sus defectillos. Defectillos que, admitámoslo, en su mayoría se detectan por culpa de nuestra perspectiva histórica, y que estoy seguro que sus lectores decimonónicos apenas percibieron. 

Ah, el propio Doyle convirtió La tragedia del Korosko en una obra de teatro. Además, existen un par de adaptaciones cinematográficas: una película muda de 1923 y otra, esta vez sonora, de 1932.


También de Arthur Conan Doyle en ULAD: Las aventuras de Sherlock HolmesCuentos de terror

martes, 24 de marzo de 2020

Richard Wright: Hijo nativo

Idioma original: Inglés
Título original: Native son
Año de publicación: 1940
Valoración: Recomendable

Hijo nativo es una novela de tesis. Sus dos primeras partes tienen elementos de "thriller", es cierto, pero no por ello dejan de poner un especial énfasis en el subtexto racial de la historia, así como en la exploración de temas tan literarios como la discriminación, la opresión, el miedo, la libertad o la culpa. Y la tercera parte acaba por cimentar, más si cabe, la voluntad didáctica de esta obra. De modo que reafirmo mi aseveración: Hijo nativo es una novela de tesis.

Bigger Thomas, un afroamericano de veinte años, empieza a trabajar para los Dalton, una familia blanca adinerada. Esa misma noche mata accidentalmente a la hija del matrimonio. Richard Wright desentraña en estas páginas la personalidad del joven, e intenta justificar (que no legitimar) los motivos subterráneos que le han impelido a caer en una espiral de engaños, violencia y muerte. 

En cuanto a aspectos positivos, señalar que Hijo nativo: 

  • Está bien escrito. La prosa de Wright, aunque ligera y dinámica, oculta una tremenda profundidad entre líneas.  
  • Tiene un protagonista complejo con el que no es difícil empatizar, pese al carácter repelente que ostenta y las atrocidades que perpetra.
  • Tiene una ambientación impecable, y los apuntes históricos que deja entrever reflejan perfectamente la época en que fue concebido. 
  • Articula sus mensajes y temas con acierto. Nunca simplifica nada ni cae en el maniqueísmo barato.
  • Promueve discusiones que, incluso a día de hoy y pese a todos los progresos sociales conquistados, pueden enriquecer la convivencia y el respeto. 
  • Es asequible, pues consigue balancear acertadamente un argumento entretenido con un trasfondo inteligente. 

Tampoco penséis que Hijo nativo está libre de defectos:

  • Como viene siendo habitual en las novelas de tesis, hay ocasiones en que su voluntad de transmitir un mensaje acaba entorpeciendo al argumento. Esto se ve reflejado en que algunas de sus reflexiones se repiten con demasiada insistencia. 
  • La ya mentada tercera parte del libro es excesivamente lenta. Y esto es algo a destacar, si tenemos en cuenta que yo he leído la versión reducida de la historia. 
  • Wright romantiza el comunismo (él simpatizaba con dicha ideología) y sus afiliados en estas páginas. De todos modos, es innegable que consigue mezclarlo orgánicamente en el asunto. 
  • Resulta narrativamente conveniente la forma en que Bigger se entera de ciertas cosas a lo largo de la historia. 

En resumidas cuentas, Hijo nativo es un clásico de la literatura afroamericana. Uno que es extraordinariamente popular en EEUU. No falta quien lo considera conflictivo en ese país, claro. Por un lado, los conservadores rancios de siempre. Pero también supuestos progresistas, que lo culpan por emplear "the N-Word", igual que a Matar a un ruiseñor. Vamos a ver, almas de cántaro, ¿qué palabra tenía que usar Wright para satisfaceros? ¿Debía renunciar a la fidelidad histórica porque os ofende un término racista empleado inercialmente en una obra que denuncia el racismo? ¡No me jodas, hombre! 

La novela ha sido adaptada al teatro y al cine en múltiples ocasiones. Sus tres versiones audiovisuales son, según parece, atroces. Espero que algún día se le haga justicia al material original en este medio.

Por último, sólo quiero destacar que Hijo nativo necesita urgentemente una reedición en nuestro idioma. Los ejemplares de segunda mano que pululan por internet están a un precio prohibitivo, y sería una auténtica lástima privar a los hispanohablantes de esta obra.   

miércoles, 26 de febrero de 2020

Roland Topor: En Joko celebra l'aniversari

Idioma original: Francés
Título original: Joko fête son anniversaire
Traducción (al catalán): Maria Garcia Soriano
Año de publicación: 1969
Valoración: Recomendable

Joko fête son anniversaire, novela breve ganadora del premio Les Deux-Magots en 1969, fue escrita por el inefable Roland Topor. ¿Cómo? ¿No os suena este escritor francés? Pues sabed que Topor, además de a la literatura, se dedicó a las artes visuales, a cantar y a dirigir, y que se juntó con creativos de la talla de Fernando Arrabal o Alejandro Jodorowski.

Sabed también que Topor es autor de algunas de las ficciones más inquietantes jamás concebidas. Y si no, que se lo digan a Joko fête son anniversaire. Esta historia es desconcertante a más no poder. A ratos parece una diablura ociosa, una amalgama de absurdo y humor negro, y al instante siguiente se revela, quién sabe si engañosamente, como una fábula cargada de simbolismo.

En efecto, Joko fête son anniversaire puede leerse como una fábula. Una que critica a la clase dirigente, la cual parasita a los trabajadores. Una que denuncia la humillación que alguien está dispuesto a soportar con tal de llevar algo de comida a casa. Una cuyo mensaje seguiría vigente hoy día, pues en Barcelona no dejo de ver a turistas siendo transportados arriba y abajo con los "rickshaw" esos, la precariedad laboral campa a sus anchas y el pluriempleo degrada a quienes lo tienen que realizar porque no les queda otra. Pero insisto en que esta es sólo una posible lectura de Joko fête son anniversaire, obra, como digo, empañada por el absurdo y con una segunda mitad que cambia bastante de registro.   

Quizás lastra a este texto su mentada segunda mitad. No exprime todos los elementos sugeridos en su predecesora ni acaba de cerrarlos satisfactoriamente. De hecho, los justifica demasiado, y no creo que a una historia absurda le convenga semejante amago de lógica.

La crueldad que supuran estas páginas, por cierto, no es apta para cualquier estómago. Yo, que estoy acostumbrado a la violencia explícita y a la escatología más extrema, debo admitir que algunos capítulos se tornan extremadamente indigestos. Conste que no me quejo, ¿eh? En absoluto.

Poco más que añadir. Joko fête son anniversaire es una novela recomendable. Bueno, recomendable para aquellas personas que tienen un estómago fuerte y gustan de experimentos literarios algo rarunos. Inédita todavía al español, los que sabemos catalán tenemos la suerte de que ha sido el primer título publicado por la incipiente Extinció Edicions, editorial cuyo catálogo estará volcado a la difusión de obras preñadas de surrealismo, absurdo y humor negro. ¡Habéis elegido una opción inmejorable para inaugurar vuestra andadura, chicos!

jueves, 16 de enero de 2020

Colette: La vagabunda


Idioma original: francés
Título original: La vagabonde
Año de publicación: 1910
Valoración:Bastante recomendable



Colette (1873-1954). Otra autora de indudable calidad, espíritu libre y pionera en su época, que solo encontraremos en librerías de viejo, bibliotecas bien surtidas o, como mucho, en alguna estantería heredada. Quizá el nombre les suene por Gigí, su novela más conocida, adaptada al cine en 1944 y al teatro en alguna ocasión. Casada tres veces, protagonista de sonados escándalos, de personalidad polifacética –también fue bailarina y actriz de cabaret– y escritora más que prolífica con más de cuarenta títulos en su haber, llegaría a integrar –incluso a presidir– la prestigiosa Academia Goncourt y a obtener varias veces la Legión de Honor, el mayor galardón de Francia.
Tanto aisladamente como su obra completa ha sido traducida al castellano, las más recientes fueron Chéri y El trigo tierno. Hoy traigo aquí La vagabunda porque he pensado que entre tanto título recién salido del horno que pretende situarse en primer lugar del ranking dejando patidifuso al lector poco avezado, a veces hay que apostar por lo seguro. Y es que, aparte de escribir de maravilla –si obviamos adjetivos y expresiones, por almibarados, radicalmente pasados de moda– plantea cuestiones universales con la sinceridad y conocimiento de causa de quien ha vivido bastante. Aunque no podemos identificarla con Renée Néré, su protagonista, la autobiografía es, obviamente, su fuente de inspiración: (…decidí someter mi tarea de escritor al ritmo de mi existencia de artista. Lo raro es que lo lograra.”).
Nos creemos a Renée porque narra su historia en presente al albur de los acontecimientos, porque se describe a sí misma y a quienes la rodean, así como lugares y ambientes, con el mayor desparpajo y detalle y, por encima de todo, porque nos aporta un punto de vista que es exclusivamente suyo, pues sabe desnudarse tan bien por dentro que es fácil llegar a conocerla.
Superviviente de un primer matrimonio que la marcaría de por vida, entre otros motivos, por haberse apropiado el marido de la autoría de sus escritos, Colette crea un personaje dolorido, precozmente frustrado, que no es capaz de olvidar y empezar de nuevo, aunque a su modo, melancólico y autosuficiente, se siente más o menos feliz. Ambas, autora y personaje, se caracterizan por anteponer su afán de independencia a cualquier eventualidad que se presente, ambas creen que el sentido común, la capacidad de disfrutar de lo que ofrece la vida (arte, amistad, naturaleza… ) y de ofrecer al público sus propias dotes artísticas pueden resultar satisfactorios.
De un modo que parece casual, se nos ofrece un magnífico retrato de ambientes: el particular carácter de los actores de revista, la cicatería de los empresarios, la vulgaridad y sordidez de algunos entornos, las penalidades de una vida precaria. Paradójicamente, a su comprensible temor al futuro se une el agradable vértigo de la aventura y el disfrute de sentirse bohemio.
El argumento es muy simple y tiene una importancia relativa, así que me lo callo si no les importa. Destacaré que quien maneja los hilos de la trama es el (estupendamente caracterizado) personaje femenino, un personaje tan agudo como escéptico. Conocemos sus opiniones, vida pasada, previsiones de futuro y este, su momento vital. Renée y su soledad, que le desespera a ratos pero  que es requisito fundamental del escritor (“Escribir… Derramar con rabia toda la sensibilidad de sí misma sobre el papel tentador, tan de prisa, tan de prisa, que a veces la mano lucha y se encabrita, agotada por el dios impaciente que la conduce…”), Renée y su dignidad, que defiende a capa y espada, Renée y sus errores juveniles, Renée y su fuerza casi indestructible (“En mis horas buenas me digo y me repito alegremente que me gano la vida. El music-hall donde me convertí en mima, danzarina, hasta comediante, hizo de mí una pequeña comerciante honrada y dura.”). Y es que tuvo que reinventarse porque la sociedad que abandonó no aceptaba su petición de divorcio. Con estos elementos, desembocamos en una encrucijada que tarda en resolverse, y sin embargo el clímax se mantiene con un pulso tan firme que nunca llega a decaer.
Como ven, el mundo de 1910 retransmitido en directo, un mundo que, en efecto, es distinto del nuestro pero menos de lo que suponíamos. Por eso, casi cualquier cuestión relacionada con las mujeres que pueda surgir ahora mismo nos la muestra Renée a través de un cristal distinto: la realidad distorsionada por el tiempo, es decir, caricaturizada, que es la mejor forma de verla claramente. (“¿Qué demonios vas a hacer en esa galera…, ni siquiera eso, en esa barcaza-lavadero sólidamente anclada, donde se lava una ropa patriarcal?”).
Lo dicho, hay que recuperar a Colette, ella sí que era valiente.

Traducción: E. Piñas


También de Colette: Chéri, Dúo

miércoles, 9 de octubre de 2019

Tirant, basado en el Tirant lo Blanch de Joanot Martorell

Idioma: valenciano (o catalán)
Fecha de publicación: 1490 (2015 en el caso de esta adaptación)
Valoración: qué os voy a decir, xiquets i xiquetes... imprescindible como el chorizo en la paella (*)

Hoy, 9 de Octubre, dado que es la fecha en la que se celebra la entrada triunfal del rey don Jaime el Conquistador en la ciudad de Valencia (allá por 1238) y, de paso, su descubrimiento de la horchata, parece un día de lo más apropiado (**) para reseñar uno de los clasicorros, si no el clásico por excelencia, de las letras valencianas y, por ende, catalanas, además de universales: el Tirant lo Blanch o Los cinco libros del esforzado e invencible caballero Tirante el Blanco, de Joanot Martorell. Xé, què bo!

Vale, de acuerdo, antes de que alguien se me ponga tiquismiquis: este libro, no es el Tirant original ni completo; se trata de una adaptación y condensación hecha por el escritor Víctor Labrado en 2011. Vago que es uno, sí... pero vaya, si os parece me voy a pasar media vida leyendo los 587 capítulos del original, en valenciano del siglo XV, para hacer una reseñita, claro... y que conste que sí que he leído más de un capítulo de ésos (son cortitos, también hay que decirlo). En concreto, en este libro se han adaptado desde el capítulo CXV, cuando el emperador de Constantinopla pide ayuda militar al rey de Sicilia, hasta el CCXCIX, en el que Tirant abandona la ciudad en una galera rumbo a Berbería, desengañado tras un malentendido con la princesa Carmesina, que es su crush (bueno, algo más, que él bien que quería tema con ella). Por otro lado, y antes de seguir, algo sobre el título: por supuesto que este libro está traducido al castellano hace la tira  (de hecho, es célebre que se trata de uno de los que el cura y el barbero salvan del fuego, cuando queman la biblioteca que enloqueció a Alonso Quijano), pero convendremos en que, lo mismo que La plaça del Diamant se debe decir así, en catalán, como bien señaló Francesc en su reseña, Tirant lo Blanch (o Blanc) suena mejor, dónde va a parar, que Tirante el Blanco, que parece uno de los complementos que utiliza Pedrojota para hacerse el interesante (no de los que usa en la intimidad, no seáis malévolos). Pues eso.

Como ya digo, en esta edición resumida -de hermosas cubierta y contracubierta, por cierto, del, como es habitual, exquisito Fernando Vicente- se saltan todo el comienzo de la novela de Martorell: cómo Tirant, de la casa de Bretaña -entiéndase la Grande, no la otra- llega a convertirse en caballero y sus andanzas guerreando por diversos lugares del Mediterráneo. El libro comienza directamente, pues, cuando el rey de Sicilia envía a Tirant, acompañado de parientes y otros caballeros, en ayuda del emperador de Constantinopla, acosado por las tropas del Sultán y del Gran Turco. Tirant, nombrado Capitán Mayor del ejército imperial, se dedicará a combatirles haciendo gala de su valor y astucia, y también a su rival el Duque de Macedonia. Pero no son las hazañas bélicas lo más significativo de la novela, sino que donde está el tomate (al menos en esta adaptación es en las aventuras de tipo erótico-amoroso: nuestro buen Tirant se prenda de la princesa Camesina y trata de conquistar sus encantos con ayuda -en ocasiones de lo más proactiva- de la doncella Plaerdemivida. No es que a la princesa el gentil caballero le resultase indiferente -todo lo contrario-, pero como joven consciente de su posición mantenía cierta cautela , la cual Tirant trataba de quebrar con métodos y triquiñuelas que hoy no dudaríamos de calificar como acoso por no decir intento de violación... pero en fin, en aquellos tiempos tampoco se podían pedir peras al olmo: todo era de mucha picardía y mucha risa.

Porque, eso sí, nada de amor cortés y demás zarandajas medievales: aquí las manos van al pan y los amantes al catre o adonde se tercie (***). Y no sólo Tirant, sino también sus compadres, como su primo Diafebus o su escudero Hipólito, que le requiebra a la mismísima emperatriz, ya madurita pero de buen ver, según parece... Algo parecido puede decirse de los personajes femeninos, también proclives a satisfacer sus apetitos carnales; así, la pérfida viuda reposada se encapricha del bello Tirant y le tiende un engaño para que éste abandone su interés por la princesa y, en cambio le colme a ella de sus atenciones (no me negaréis que estoy siendo fino... más que en el libro, de hecho). A consecuencia de este engaño es por lo que el héroe abandona Constantinopla en una galera, para nunca más volver... ¿O sí?

Pues sí: después de nuevas aventuras en otros países -aventuras erotizantes, también- vuelve Tirant a Constantinopla y se reúne con Carmesina. ¿Triunfará por fin el amor? ¿Se casarán y serán felices y comerán perdices (y fartons, sobre todo) hasta el fin de sus días? Pues habrá que leerse el original entero, tetes... aunque sea en castellano, que está traducido desde 1511. ¿Merece la pena? Pues seguro que sí... si al mismo Cervantes y, según parece, a Vargas Llosa les flipó tanto, ¿cómo no os va a gustar a nosotros, egregios lectores de Un Libro Al Día, que tenéis un gusto mucho más sibarita y una sabiduría literaria más acerada que la de esos meros juntaletras? Venga, todo el mundo a leerlo... y cuando vayáis por el capítulo DLXXX o por ahí, me lo contáis ; )


(*) Es broma, valencianos; no me tiréis de lo alto del Micalet ni me obliguéis a escuchar los grandes éxitos de Camilo Sesto, per l'amor de Déu!

(**) Además es el día en que se celebra Sant Donís, patrón de los enamorados en Valencia, por lo que resulta también de lo más propio, como ya se ve.

(***) Como decía el cura de aquel lugar de la Mancha, etc...: "Digoos verdad, señor compadre, que, por su estilo, es éste el mejor libro del mundo: aquí comen los caballeros, y duermen y mueren en las camas (...)" Y lo que no es dormir, añado yo...

Aquí también sale guapete

jueves, 14 de marzo de 2019

Angela Carter: La juguetería mágica

Idioma original: Inglés
Título original: The Magic Toyshop
Traductor: Carlos Peralta
Año de publicación: 1967
Valoración: Recomendable (con matices)



Melanie tiene quince años cuando sus padres fallecen. Junto a sus dos hermanos pequeños, Jonathon y Victoria, deberá abandonar una idílica casa rural para vivir con su tío Philip en el extrarradio de Londres. Él es un juguetero que domina con mano de hierro a su mujer, Margaret, una joven irlandesa muda, y a los hermanos de ésta, Finn y Francie.

Semejante premisa puede dar a entender que estamos ante un drama de huérfanos dickensiano. No andaríamos desencaminados: ciertamente, La juguetería mágica tiene mucho de este género. Sin embargo, también se aleja del realismo imperante en ese tipo de historias para regalarnos pasajes casi fantásticos.

Por otro lado, se podría decir que La juguetería mágica es una novela gótica actualizada; una que bebe del rico imaginario de los cuentos de hadas y de los mitos clásicos. Rinde especial homenaje a la historia de Barba Azul. Y de forma más certera, debo decir, que la descafeinada El coleccionista de libros de Alice Thompson, o el superficial "remake" de Amélie Nothomb.

Con La juguetería mágica, Angela Carter expresa su admiración por E. T. A. Hoffmann. El título del libro es ya una declaración de intenciones, con sus alusiones a la figura de los autómatas. Asimismo, es innegable que esta novela se adueña del concepto de lo siniestro (el "unheimlich"), para diseñar el escenario en el que la acción transcurre y generar la atmósfera adecuada con la que cobijar los eventos narrados.

Pero no os penséis que esta es una historia de terror. Ni de lejos. Alguna escena roza el horror, no lo niego, pero, al final, no hay cadáveres ocultos tras las puertas cerradas, ni los juguetes del tío cobran vida en ningún momento. El propósito de La juguetería mágica no es asustar al lector. Si acaso, pretende mostrar la transición que experimenta Melanie hacia la edad adulta. También quiere reivindicar la necesidad de derrocar cualquier tipo de opresión.

Me parece remarcable el feminismo que supura esta historia. No me extraña que a autoras de la talla de Joyce Carol Oates o Margaret Atwood se las perciba como deudoras de la obra de Carter. Sólo en La juguetería mágica se exploran el deseo y la sexualidad femenina, amén de la liberación de la mujer. No en balde, La juguetería mágica culmina con la aniquilación del orden patriarcal.

Pero también es cierto que su mensaje es más universal, y nos anima a todos, sea cual sea nuestro sexo, a que afrontemos nuestros miedos y a que no nos dejemos subyugar por nadie. Finn se revelará destruyendo un cisne de tío Phillip. Margaret, poniéndose el vestido y el collar que le ha regalado Melanie. Y ésta última, al reconocer sus verdaderos sentimientos, abrazar su floreciente sexualidad y cortar lazos con las responsabilidades asfixiantes que suponían sus hermanos pequeños. 

Llegados a este punto, pasemos a las que, para mí, son las virtudes del relato.

  • La atmósfera a lo Hoffmann. 
  • Su ambientación. O bueno, gran parte de la misma, porque si bien es cierto que Carter describe minuciosamente la casa del tío Phillip, o el parque abandonado al que van Melanie y Finn, no dice casi nada de la tienda o el taller del juguetero. 
  • El villano de turno, Phillip Flower, es verdaderamente temible, pese a que su caracterización no recurre jamás a efectismos de ninguna clase. 
  • La potencia de las imágenes propuestas en La juguetería mágica es brutal. Incluso cuando éstas son insinuadas, o apenas entrevistas. 
  • La sutileza con la que esta novela aborda los temas que trata merece todos mis respetos. El despertar sexual de Melanie, por ejemplo, jamás cae en la obscenidad gratuita, ni se explica mediante lugares comunes. 
  • Hay que destacar el inteligente uso que Carter hace del simbolismo. La mayoría de elementos empleados en esta narración tienen su porqué. El manzano despierta reminiscencias bíblicas, y alude al paraíso y a la transgresión de Eva; el vestido de novia que usa Melanie, el mudismo y el collar de tía Margaret, los títeres de Philip, también aportan capas de significado.

Hasta aquí, todo bien. Lástima que el final no esté a la altura de las circunstancias. En primer lugar, porque introduce una pieza en el juego que no había sido anticipada previamente. Encima, es abrupto, anti-climático y está regado con algunos de los peores diálogos de toda la novela. Tampoco me convence demasiado el apartado formal de La juguetería mágica. A todas luces, le falta algo de empaque.

  • No me gusta cómo está organizado el relato. A veces, Carter salta de una escena a otra sin que el texto pueda respirar debidamente, y en esos momentos, la comprensión de lo que estamos leyendo se dificulta. Por otro lado, las oraciones que componen algunos párrafos tampoco siguen un curso orgánico.
  • En las primeras páginas hay excesos barrocos que más adelante apenas vuelven a aparecer. Entiendo que la intención de Carter era contrastar las descripciones más poéticas del inicio de la narración con aquellas más apegadas a la realidad propias del final de la misma, pero la transición de un proceder a otro no me convence. 
  • La precisión de algunas metáforas es abrumadora, pero hay tantas a lo largo y ancho de la novela que acaban siendo cargantes. Además, no todas funcionan igual de bien. 
  • Tampoco todas las referencias literarias que se usan son pertinentes. Se invoca a Edgar Allan Poe o a Moby Dick, por ejemplo, sin venir a cuento. Carter estudió filología inglesa, y es por ello que las alusiones a autores clásicos (también a pintores y, en menor medida, a la cultura pop) son abundantes en esta obra. 

En cuanto a la edición de Sexto Piso, recalcar que es preciosa, pero:

  • La imagen de la cubierta no consigue, a mi juicio, transmitir el horror latente de los cuentos de hadas (ya sabéis, esas historias aparentemente infantiles que en realidad ocultan duras lecciones de vida). Parece, más bien, querer darlo a entender superficialmente con motivos "spooky" tales como calaveras o ratones. 
  • Emplea la traducción deficiente con la que Minotauro publicó esta novela por primera vez, allá en 1996. 

Resumiendo: en La juguetería mágicasegunda novela de Carter, ya se intuye que esta escritora tiene una voz muy personal, aunque todavía le falte madurarla bastante. Por lo general, este es un libro interesante. Algo indefinido, quizás, pero una lectura recomendable de todos modos, dada la originalidad de su propuesta y la solvencia de muchos de sus apartados.  

Un año después de su publicación ganó el premio John Llewellyn Rhys. También ha sido adaptado al cine y al teatro. Actualmente es considerado por muchos como una obra de culto. No es para menos: la misma autora es reivindicada a menudo desde círculos injustamente minoritarios.


miércoles, 11 de abril de 2018

Mijail Bulgakov: Corazón de perro

Resultado de imagen de corazon de perro bulgakov amazonIdioma original: ruso
Título original: Собачье сердце, Sobach'e serdtse
Año de publicación: 1925
Valoración: Muy recomendable



Corazón es lo que pone este escritor en lo que toca y ahí está la clave de su magia. Un corazón escéptico, crítico, ácido, sarcástico e irónico, cuyo objetivo fundamental es satirizar, con todos los recursos a su alcance, un régimen –el soviético– cuya implantación coincide casualmente con sus primeros pasos literarios. A Bulgakov lo conocemos sobre todo por El maestro y Margarita, considerada una de las obras fundamentales del período. Esta que comentamos fue, como aquella, prohibida por su carácter antirrevolucionario, aunque se tradujo al inglés en 1968 y circuló clandestinamente desde que fue escrita (1925) hasta 1987, fecha de su publicación oficial en Rusia. A partir de entonces, ha sido analizada con exhaustividad, celebrada unánimemente y adaptada a cine, teatro y ópera.
Es difícil rastrear todas las influencias que han dado lugar a una obra concreta, a veces ni siquiera el propio escritor es consciente de algunas. Claro que en este caso hay pistas más que evidentes: desde el Fausto de Goethe y piezas cortas cervantinas como El perro hablador, hasta productos típicos del momento, muy propicio a indagar sobre regresiones (La metamormofosis) o sobre humanoides fabricados artificialmente (Frankestein), igual que desde hace décadas a los autores contemporáneos les da por especular sobre la inteligencia artificial y su eventual posibilidad de dominar al hombre.
Las escenas  de la novela están descritas con precisión cinematográfica y son tan delirantes que no pueden por menos que impactarnos. Desde el principio nos ponemos fácilmente en la piel de Bola, un can algo atípico que nació dotado de una gran capacidad de observación –a pesar de lo cual arrastra una precaria existencia de perro vagabundo–, comprende a grandes rasgos el idioma y es capaz de interpretar con cierta exactitud las señales que emite su entorno.
El doctor Filip Filipovich empieza alojando en su mansión a un Bola todavía sin inteligencia humana que sabe apreciar las ventajas del encierro. Pues “¿qué es la libertad? Un humo, un espejismo, una ficción… Un delirio de esos funestos demócratas”. Con el tiempo pondrá en juego toda su pericia de cirujano e investigador para llevar a cabo el gran experimento: convertir en humano a un Bola agonizante, casi tanto como la sociedad rusa previa a la revolución bolchevique. Y el éxito parece indiscutible, solo se ha cometido un fallo: no haber estudiado antes el carácter y trayectoria vital del individuo cuyos órganos convertirían al perro en algo parecido a un ser humano. Pues, igual que cualquier hipófisis no sirve para efectuar una transformación satisfactoria, no todos los modelos de sociedad son idóneos para convivir en paz y armonía, en particular esos esquemas socialistas de los que el autor abominaba. Y esta –según su tesis– ha llegado a ser tan monstruosa como un hombre construido a partir del cuerpo de un perro y del cerebro de un delincuente.
Pero el fallo no es achacable solo al médico (o a los ideólogos de la revolución rusa), ya que, una vez puesta en práctica, aparecen nuevos personajes dispuestos a convertirla –todavía más, si cabe– en una aberración en toda regla. Se trata de la evolución del nuevo régimen, cuyos artífices –representados por esa comunidad de vecinos encabezada por un tal Schwonder, que acaba dotando a Bola (cuya reciente humanización requiere de una libertad que hasta ahora no había necesitado) de nombre oficial, capacidad jurídica y hasta de un puesto de responsabilidad– contribuyen a degenerar al máximo.
Este paralelismo está desarrollado con una lógica impecable, incluso en las situaciones más absurdas, y con una descacharrante parsimonia. Pero, paralelamente al metafórico, existe otro nivel más literal, en el que el “comité de administración del edificio” es quien dice ser, y visita la casa-clínica del profesor Preobajenski para exigir una redistribución del espacio acusándole de ocupar “una superficie excesiva”, amenaza que este consigue eludir con una simple llamada a uno de sus contactos. En definitiva, a través de Filip Filipovich –que no está dispuesto a renunciar a su condición de burgués pese a quien pese– y sus “principios contrarrevolucionarios”, Bulgakov acusa al nuevo orden establecido de adulterar bebidas, favorecer los abusos de poder, el tráfico de influencias, los servicios deficientes, el hurto generalizado, los subterfugios para conseguir objetivos etc. echando así un vistazo rápido al politiqueo, en este caso a pequeña escala, que empezaba a normalizarse en el país.
El talento dramático de Bulgakov se pone aquí de manifiesto, ya que casi toda la novela tiene lugar en la residencia del doctor, mediante una sucesión de entradas y salidas de escena, parlamentos repletos de significado a cargo de un reparto reducido, descripciones escenográficas y teatrales golpes de efecto. No es de extrañar, pues, que exista versión cinematográfica –de nacionalidad italiana, estrenada en 1976– y televisiva, emitida en Rusia en 1988. Lástima que la traducción de la edición que manejo, a cargo de Helena S. Kriukova y Vicente Cazcarra, sea más visible de lo necesario.