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lunes, 23 de octubre de 2023

Re-reseña: Flann O´Brien: La saga del sagú de Slattery

Idioma original: inglés

Título original: Slattery´s sago saga

Traducción: Antonio Rivero Taravillo

Año de publicación: 1973

Valoración: Está muy bien para ser un interruptus


Hay que ver las trampas que tienen los idiomas, aunque sea de forma involuntaria. Resulta que en euskera sagu (sin el acento) significa ratón, y nada más ver el título no pude evitar asociar el libro a algo relacionado con un ratón, aunque parece bastante obvio que Flann O´Brien no sabía euskera. Claro, después de quedar deslumbrado con El tercer policía y un poco menos con En nadar-dos-pájaros, pensar en un libro sobre la saga de un ratón era algo realmente desilusionante. Y aunque mi cabeza intentaba sacarme de mi absurda obcecación, no conseguí quitármela del todo de encima hasta que no comprobé que sagú es una planta, una especie de palmera, y nada por tanto que corretee por los desvanes.

No obstante la muy evidente necesidad de la aclaración, diré que también me sirve para llenar un párrafo más, porque lo que hay que contar es más bien poco. Flann O´Brien fue un autor muy poco prolífico porque, al margen de artículos en prensa, solo escribió cinco novelas y pico. El pico es justamente La saga del sagú de Slattery, que no es que sea una novela inconclusa, sino que tiene el aspecto de trocito introductorio de algo bastante más voluminoso. Son poco más de ochenta páginas que apenas sirven para dejarnos con la miel en los labios, lamentando que el pobre O´Brien no viviese lo suficiente para desarrollarla más.

Un irlandés emigra a los Estados Unidos y tiene la gran suerte de que en sus tierras comienza a brotar el petróleo sin medida, con lo que rápidamente se hace muy rico. Por su parte su esposa, escocesa presbiteriana convertida de mala manera al catolicismo, impulsa el loco proyecto de eliminar por completo el cultivo de la patata del suelo irlandés, sustituyéndolo por nuestro ya conocido sagú, por lo visto más saludable y menos propenso a plagas como la que provocó la gran hambruna de mediados del XIX y la consiguiente emigración masiva. Tenemos algunos otros personajes, como el Slattery que luce en el título, que en la brevedad del fragmento quizá apuntan a un papel mucho más relevante. Pero lo que queda bien claro desde el principio es que todo va a ser un relato repleto de disparates, que sería imposible intuir desde estas pocas páginas (el subtítulo es Desde bajo tierra a la copa de los árboles, nada menos) y sobre todo, empapado en un humor corrosivo y con numerosas víctimas.

Un humor muy irlandés, bastante joyciano, con la mirada en el ombligo nacional, cómo no la religión (ese catolicismo insular frente al desprecio de sus severos vecinos), el alcoholismo, la fertilidad, y en definitiva la peculiar perspectiva de un pueblo fundido con sus raíces. Una crítica hacia dentro pero vista desde los otros, todo ello envuelto en ironía y ciertas pinceladas de absurdo, que parecen indicar que O´Brien proyectaba una novela bastante extensa y repleta de comicidad algo extravagante. 

Es decir, algo que parece muy alejado del sesgo surrealista de El tercer policía y del metaliterario de En nadar…, algo quizá algo menos exigente con el lector y menos rompedor, diríamos más asequible, aunque seguramente igual de bien construido y desarrollado con la prosa limpia y sobria del autor irlandés. Lo que a su vez pone de manifiesto la versatilidad de O´Brien para, sin abandonar ese gusto por el humor y la digresión heredero de Sterne, y también de Joyce, tocar diferentes registros, todo ellos, en mi opinión, con resultado exitoso.

Lo cierto es que nos quedamos un poco en estas sensaciones iniciales, porque el texto que nos ha llegado no alcanza para mucho más. Una pena quedarnos solo a las puertas con un autor tan interesante que podría haber dado mucho más.

Reseña original: aquí

Otras obras de Flann O´Brien reseñadas en ULADEl tercer policíaLa boca pobreEn Nadar-Dos-PájarosLa vida duraCrónica de Dalkey


viernes, 17 de diciembre de 2021

Flann O'Brien: La saga del sagú de Slattery

 Idioma original: inglés

Título original: Slattery's sago saga

Año de publicación: 1973 (póstuma)

Valoración: Más que recomendable (de haber mantenido el mismo nivel)


Flann O’Brien es uno de los muchos seudónimos –más bien especie de heterónimos al estilo de Pessoa– de Brian O’Nolan, un escritor y articulista admirado por Borges, Graham Greene, Joyce o Beckett, y este texto, de haber vivido él lo suficiente, habría sido una novela. Su temprana muerte lo convirtió en relato inacabado, pero lo que aporta bastó para que se publicase enseguida tal como lo había dejado su autor. Es verdad que en un principio nadie se arriesgó a independizarlo, siempre se agrupaba con otras piezas cortas suyas hasta que alguien decidió lanzarlo como obra con entidad propia, y pienso que fue un acierto.

Claro que si se animan a leerlo tienen que estar prevenidos, porque el lector de La saga del sagú tiende a enfrascarse tanto en la trama, se siente tan cómodo en la comarca irlandesa dónde tiene lugar la acción y entre esos personajes tan estrafalarios, que no repara en que apenas le quedan un par de páginas. De repente, y en pleno disfrute, tenemos que frenar en seco y nos quedamos parpadeando. ¿Ya? Pues sí, el estado de salud de una persona no entiende de proyectos. Así que tienen que estar preparados, fijarse en el grosor de lo que queda y no ilusionarse con que podrán prever el resto de la historia. A esta le faltan, probablemente, más de sus tres cuartas partes, lo que supone muchas otras escenas hilarantes y un desenlace probablemente sorpresivo que jamás podremos leer, pero eso no debe ser obstáculo para que degustemos las que han sobrevivido. Eso sí, les aseguro que no se trata de un borrador, que su contenido es tan regular, coherente y su forma tan cuidada como los de cualquier obra concluida, incluso mejor que muchas de ellas.

Lo que van a encontrar es humor absurdo, crítica social e imaginación a raudales, todo ello marca de la casa, y unos personajes tan entrañables como obsesivos. Lo mejor de todo es que las manías recurrentes no proceden de sus mentes retorcidas sino más bien de un estatus social y unas preocupaciones colectivas, llámenlos prejuicios si quieren, que determinan su forma de ver la vida, de vivirla y, en algún caso, de resolver conflictos que afectan a todos. ¿Conocen a alguien que siendo –o sintiéndose– millonario decide comprar todo el terreno cultivable de un país con el único propósito de beneficiar a otro? Naturalmente, quien se sacrificaría sería Irlanda y el gran ganador ¡oh sorpresa! nada menos que USA, que se libraría de la presencia irlandesa gracias a la complicidad (y al dinero) de un irlandés. Podemos deducir que aquí no se salva nadie, ni de un lado ni del otro. Estos y otros personajes, cuyas descacharrantes ideas y acciones nos provocarán carcajadas constantes se posicionan claramente, señalan desajustes importantes, desvelan, por una parte, una mentalidad anclada en la tradición e inamovible (cazurros los llamaríamos por aquí), por otra, una tendencia a idear proyectos delirantes derrochando cantidades desorbitadas. Adivinen, si pueden, quién es quién. Fácil ¿verdad?

Bien, pues el tono ácido no se ciñe exclusivamente a los hechos, alcanza incluso a patronímicos y topónimos. En cuanto al asunto central es, como era de prever, fundamentalmente económico. Petróleo y patatas. El primero quiere eliminar de la faz de Irlanda a las segundas y para lograrlo la gran MacPherson –escocesa, por cierto– ha concebido su demencial proyecto. ¿Empieza a apetecerles el menú? Pues esto no es más que el punto de partida.  Por desgracia, el estado de Texas no tuvo tiempo de convertirse en escenario más que de forma muy indirecta, pero O’Brien planeaba que dos tercios de la novela tuvieran lugar allí. Y hasta soñaba con que la llevase al cine nada menos que John Huston.

Otras obras del autor: Re-reseñaLa vida dura, La boca pobre, El tercer policía, En-Nadar-Dos-PájarosCrónica de Dalkey