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jueves, 15 de enero de 2026

Michelle De Kretser: Teoría y práctica

Idioma orginal: Inglés 
Título original: Theory and practice
Año de publicación: 2024
Traducción: Regina López Muñoz
Valoración: Bastante recomendable

Teoría, praxis y, también, poiesis. Porque, al igual que no resulta fácil vivir sin entrar en contradicción con las propias ideas, no es sencillo crear con esa tensión entre lo ideal y lo real.

Hecha esta tirando a pedante acotación inicial, hay que decir que Teoría y práctica es un texto que se abre con una "novela interruptus" que da paso a la verdadera novela, la protagonizada por Cindy, mujer joven y descendiente de ceilaneses, a partir de su traslado a Melbourne en 1986 con el fin de preparar su tesina La construcción de género en Virginia Woolf. 

Ese es el punto de partida, el hilo al que se irán incorporando personajes y con el que estos tejerán relaciones que pondrán a Cindy frente a sus propias contradicciones, ya sea en lo filosófico / académico, en lo artístico, en lo ideológico o en lo sentimental. Diferentes aspectos de la vida de la protagonista se verán atravesados por fuerzas antagónicas y harán que el texto pueda ser leído desde diferentes ópticas: novela de tesis, novela colonial, memoria personal o novela de formación. 

Creo que la primera y la última son las mejores forma de enfocar Teoría y práctica, ya que su protagonista llega a Melbourne con un importante bagaje intelectual (posestructuralismo, feminismo, literatura, etc) que la realidad hará, en cierta forma tambalearse. Ahí radica el principal poder de la novela, en poner en tela de juicio certezas propias y ajenas, en poner en duda las categorizaciones abstractas que se verán agitadas por el caos de la vida real y las relaciones de poder, ya sea en lo académico, en lo artístico o en lo sentimental, y que pondrán a Cindy y al lector frente a un espejo que nos devuelve una imagen no idealizada.

Al lector, sí, sea hombre o mujer ya que, aunque Teoría y práctica está escrito desde una óptica femenina y feminista, cualquiera puede y debe sentirse interpelado por el texto. 

domingo, 28 de septiembre de 2025

Dario Ferrari: Se acabó el recreo

Idioma original: italiano

Título original: La ricreazione è finita

Año de publicación: 2023

Traducción: Carlos Gumpert 

Valoración: bastante recomendable

Si hay algo más entretenido en la experiencia universitaria que dejar pasar las horas dulcemente en los bares o cafeterías de la facultad de turno, en vez de ir a clase (bueno, eso me han contado...) es enterarse de la gran cantidad de chismorreos, maledicencias y habladurías variadas (y centradas básicamente en el profesorado y sus alumnos/as más dilectos) que produce cualquiera de esos sagrados centros de conocimiento, ya se trate de la Universidad de Harvard o del último campus de provincias de alguna universidad autonómica de reciente creación. El cotilleo, el arribismo y, sobre todo, las luchas intestinas (o interuniversitarias, también) están servidas. Más aún quizás en Italia, que no sólo es la patria de la más antigua universidad del mundo, sino que en lo de la sutileza en los juegos de poder, el disimulo en el apuñalamiento por la espalda y el manejo del lenguaje (no sólo verbal) para decir lo contrario de lo que parece nos llevan siglos de ventaja a todos los demás. Que quizá sea un tópico, es cierto, ma è ben trovato

A Marcello Gori,  protagonista de la novela, sin embargo, parece que el rol de estudiante universitario le ha gustado tanto que ha procurado alargarlo todo lo posible, llevándole casi diez años sacar una licenciatura en Letras y aun por los pelos. Procrastinador casi profesional, devoto de la ley del mínimo esfuerzo y de la triquiñuela (resulta imposible no empatizar con este tipo), él mismo reconoce que su vida a los treinta no difiere mucho de la que llevaba a los dieciséis, en una perpetua huida hacia delante a lomos del síndrome de Peter Pan. Pero claro, todo tiene un límite y llega un momento que la cosa ya no puede alargarse más... es entonces cuando Marcello, gracias a un rebote inesperado, consigue una de las preciadas becas de doctorado en el departamento de Italianística Comparada (sic) de la Universidad de Pisa, bajo la dirección del venerado y casi omnisciente profesor Sacrosanti. La contrapartida a tan asombrosa chiripa es que éste le impone como tema de investigación la figura y obra de un escritor de segunda fila originario, como nuestro protagonista, de la cercana Viareggio, Tito Sella, muerto en la cárcel debido a su militancia -finalizada en un baño de sangre- en una suerte de Brigada Roja local, durante los célebres "años de plomo" en Italia. Y a ello que se pone, sin tener demasiada idea de cómo, nuestro amigo Marcello...

No quiero llamar a engaño: en realidad, tampoco es que ésta sea una novela de campus a la italiana o al menos no lo es tanto como puede sugerir la premisa (y mi arranque de esta reseña); es cierto que podemos encontrar salseo académico, rivalidades, y pasteleos... De hecho, podemos aprender mucho de como funcionan tan doctas instituciones gracias a los consejos que sus compañeros de doctorado, mucho más versados en el secreto funcionamiento del mundo académico, le dan al bisoño, pese a llevar media vida como estudiante, Marcello -impepinablemente divertidas o viceversa, las lecciones que le da el sabelotodo Pier Paolo sobre el adecuado uso de las notas a pie de página o las sutilezas del arte del elogio a los artículos y ponencias de los colegas/rivales de especialidad-, así como otros conocimientos más o menos útiles para quien quiera dedicarse a la más fútil labor investigadora u organizar un simposio de literatura. Esta narración de los entresijos del mundo universitario, en principio en un tono jocoso -si bien en algún momento se vuelve serio o incluso trágico- es además el marco para otras dos narraciones que podemos encontrar dentro de ella, dos "novelas dentro de la novela": la primera, muy clara y que ocupa un tercio del libro, es la biografía de Tito Sella conjeturada por Marcello -y que titula La Estantigua, como la supuesta autobiografía inédita del sujeto de su tesis-, centrada sobre todo en su proceso de radicalización política y su toma de compromiso con la lucha armada (o, en otras palabras, el proceso de enajenación que podía llevar a un joven vasco a ingresar en ETA, a un joven musulmán a dedicarse a la yihad o a un joven blanco norteamericano a elegir un rifle de su colección de armas y cargarse al líder de una facción nazi rival) y con darle un sentido a su propia vida. El tercer nivel narrativo que veo en la novela, menos evidente que el segundo, pero que transcurre en paralelo con éste o, al menos como contrapunto, es el que cuenta el proceso de maduración, de entrada en la edad adulta de nuestro protagonista-narrador -aunque yo no me atrevería a calificarla, exactamente, como "novela de crecimiento", porque recordemos que el tipo tiene ya treinta añazos-; lo irónico es que este trayecto irreversible hacia la adultez se produce mientras Marcello lleva a cabo su doctorado, que él empezó, justamente, para tratar de prolongar su condición estudiantil y, en su caso, irresponsable. Su maduración se debe, pues, al estudio de la vida y obra de Sella, pero también por una estancia en París que resulta bastante tópica (por suerte, no tanto como en Actos obscenos en lugar privado de Missiroli), amén de una serie de circunstancias luctuosas que, quieras que no, te hacen poner los pies sobre la tierra.

Por lo demás, los personajes resultan creíbles y sólidos, sin que tampoco el autor necesite dedicarles páginas y más páginas de introspección psicológica -un poco más, en todo caso, sobre Marcello y Tito Sella-; lo ambientes, perfectamente reconocibles (es decir, para quien conozca, por ejemplo, el laberinto mitterrandiano de la Biblioteca  Nacional de Francia) y las peripecias del protagonista, verosímiles en su avance lógico. En cuanto a la prosa de la novela, resulta cuidada pero sin perder su fluidez, denotando esa capacidad que tienen muchos escritores italianos -de hecho, el estilo de Ferrari me recuerda mucho al de Marco Malvaldi, que es de la misma zona, aunque quizás sus novelas sean menos ambiciosas-para resultar ágiles y livianos sin perder un ápice de densidad literaria ni de profundidad en el retrato psicológico, sociológico o histórico, en un análisis en el que lo divertido no está reñido con lo certero.  En este caso, más allá de la novela de formación que he comentado -o de maduración, más bien-, la indagación sobre el compromiso y sus consecuencias, que pueden ser trágicas pero también, en la mayoría de los casos, consiste en cerrar puertas que en nuestra juventud aún permanecen abiertas, en elegir un camino en el "jardín de los senderos que se bifurcan", que diría ya sabéis quién. Pues madurar y comprometerse es dejar morir el resto de posibilidades que se abrían ante nosotros, para poder vivir en una de ellas. Para saber si Marcello es capaz o no de aprenderlo, leed la novela. Otra cosa no, pero os prometo que no os arrepentiréis...

Nota final: Por lo visto, la ganadora del último premio Tusquets de novela, fallado recientemente (de hecho, mientras yo leía ésta otra), El corazón revolucionario del mundo de Francisco Serrano, también trata de un grupo armado ficticio de los años setenta. Asimismo, la película Una batalla tras otra de Paul Thomas Anderson (basada en la novela Vineland de Thomas Pynchon), también trata de un grupo armado revolucionario... Tal vez nos encontremos ante una nueva tendencia en alza... ¡Temblad, autores/as de romantasy!

jueves, 18 de septiembre de 2025

Naoki Matayoshi: Hibana (Metaentrada)

Idioma original: Japonés

Título original: Hibana (火花)

Traducción: Pendiente

Año de publicación: 2015

Valoración: Recomendable

Tengo sentimientos encontrados respecto a este libro.

Hibana es la novela más vendida del siglo XXI en Japón y uno de los mayores bestsellers de la historia del país. Algo raro ya que no es una novela juvenil, thriller o de romance. Una pregunta que surge de inmediato al conocer este dato es: ¿por qué aún no se ha traducido al español? (Otro libro de Naoki, Érase una vez un libro, ya fue publicado en español por la editorial Plaza & Janés). El hecho de que esta novela haya conmovido a millones de japoneses basta para justificar una reseña exhaustiva en este blog, aunque todavía no se pueda leer en el idioma de Sor Juana Inés de la Cruz (no voy a decir Cervantes hasta que no devuelvan el oro).

¿De qué trata el libro?

Hibana es, en esencia, una novela de formación. El protagonista, Tokunaga, es un joven comediante en los comienzos de su carrera. En una de sus presentaciones conoce a Kamiya, un humorista más experimentado que termina convirtiéndose en su mentor. La novela relata el ascenso y caída de Tokunaga en el despiadado mundo del showbiz. Kamiya ejerce como consejero, pero su personalidad excéntrica y su purismo respecto a la comedia generan más problemas que certezas en Tokunaga, cuyo objetivo último es convertirse en un comediante exitoso.

Esta no es una historia feliz; el tono general de la novela se inclina más hacia lo agridulce.

A medida que avanza la historia, la relación entre Tokunaga y Kamiya se convierte en el eje de la novela. Kamiya, con su visión radical y casi ascética de la comedia, insiste en que el humor debe ser un arte puro, aunque ello signifique sacrificar fama, dinero e, incluso, la estabilidad personal. Tokunaga, por su parte, admira a su mentor, pero se siente atrapado entre la necesidad de sobrevivir en la industria del entretenimiento y el idealismo extremo de Kamiya.

El contraste entre ambos personajes es lo más destacable de la novela: mientras Tokunaga lucha por abrirse camino y alcanzar un reconocimiento que parece siempre esquivo, Kamiya se hunde en la marginalidad, víctima de sus propias obsesiones y de un mundo que no tiene lugar para un comediante incorruptible. El resultado es una relación ambivalente, de respeto, frustración y, finalmente, desencanto.

La novela no solo muestra las dificultades del oficio de comediante, sino también la precariedad de las relaciones humanas cuando están atravesadas por la ambición y la necesidad de encontrar un sentido a la propia vida. En ese sentido, Hibana se acerca más al retrato existencial que a una simple narración sobre la comedia y el espectáculo

¿Por qué no se ha traducido al español? Una conjetura.

Se suele decir que el género literario más difícil de traducir es la poesía. Yo discrepo. ¿Alguna vez han intentado contar un chiste en otro idioma? Es una experiencia frustrante: el simple hecho de tener que explicarlo hace que pierda todo sentido. La comedia me parece más intraducible aún que la poesía. Todos los elementos que la sostienen: el ritmo del idioma, las referencias locales, los juegos de palabras, los matices metalingüísticos; se diluyen al pasar de una lengua a otra. 

Si ya resulta una empresa heroica escribir con humor y conseguir que funcione en la lengua original, trasladarlo con fidelidad a otra es una tarea inconcebible. No es casualidad que muchas editoriales desistan de publicar novelas centradas en la comedia: más allá de la fama en su país de origen, la recepción internacional puede quedar gravemente comprometida. Hibana, una obra profundamente enraizada en la cultura de la comedia japonesa, enfrenta este obstáculo de manera radical. Para traducirla se necesitaría recrear los códigos culturales por completo.

Quizás esa sea una de las razones por las cuales la novela aún no ha llegado al español. Aunque, a mi parecer y de manera paradójica, esta misma dificultad es lo que hace que Hibana resulte fascinante: es un testimonio literario de un mundo que resulta prácticamente intraducible. Para muestra, un botón: Hibana fue traducida al inglés con el nombre de “Sparks”. Resultado, es una mierda (no, en serio, es horrible). He visto los comentarios en goodreads a la edición en inglés, hecha por lectores que desconocen el japonés, y muchos coinciden en que la novela es incomprensible, por decir lo menos.

¿En qué difiere el humor japonés del de los países hispanohablantes?   

(Como premisa, discutible pero no aquí, el humor en España y Latinoamérica es muy similar. Salvo gustos personales, se puede disfrutar por igual de un standupero colombiano, de una película española o de una batalla de freestyle en México).

Dejando de lado el humor escatológico o el slapstick que alimenta el estereotipo televisivo japonés de concursos y caídas aparatosas, la principal diferencia está en el peso que tiene el lenguaje mismo en la construcción de la risa. El humor japonés tiende a apoyarse en la sonoridad de las palabras, en los homónimos (los cuales abundan debido al menor número de fonemas en comparación con el español) en los dobles sentidos y en las expresiones regionales. El “chiste” no siempre se formula como una historia con remate, sino como un quiebre lingüístico que depende del timing y de la complicidad cultural. En este sentido, lo gracioso no se encuentra tanto en lo que se cuenta, sino en cómo se dice.

Dentro de esa tradición, el manzai ocupa un lugar central. Es una forma de comedia en dúo que remonta sus orígenes al período Edo, pero que se consolidó en el siglo XX con el auge de la televisión. En el manzai hay siempre dos figuras: el boke, encargado de decir disparates o cometer errores, y el tsukkomi, que corrige con brusquedad y devuelve la lógica al diálogo. Lo fascinante de esta dinámica es que el humor surge del ritmo vertiginoso del intercambio, de la precisión con que se encadenan los malentendidos y las réplicas. Un espectador japonés capta inmediatamente las sutilezas de esa cadencia. El boke y el tsukkomi deben estar perfectamente sincronizados; cualquier desfase arruina la risa. A diferencia de la stand-up comedy anglosajona o hispana, donde un solo comediante controla el ritmo y la tensión, en el manzai esa responsabilidad se reparte entre dos, generando una tensión dialéctica constante: la estupidez contra la cordura, el caos contra el orden, lo absurdo contra lo lógico.

Además, el manzai suele estar cargado de referencias locales, acentos regionales y giros idiomáticos que refuerzan la comicidad. Un boke de Osaka no suena igual que uno de Tokio, y para el público japonés esas diferencias son parte esencial de la experiencia humorística. Esto hace que la traducción sea doblemente complicada, no basta con trasladar las palabras, habría que recrear el mismo efecto de extrañeza y familiaridad en un público que no comparte esos códigos.

El declive del dúo cómico… salvo en Japón

En otras latitudes, la comedia en dúo parece una reliquia del pasado. Hubo épocas en que el formato era popular: basta recordar a Laurel y Hardy en el cine clásico, o a Chon y Chano en México, referentes del humor popular en la primera mitad del siglo XX. En España también existieron parejas célebres, como Tip y Coll, que durante décadas dominaron la televisión con su humor absurdo y minimalista. Pero con el tiempo, este estilo fue perdiendo vigencia frente al auge del stand-up, más flexible y adaptable a públicos diversos. Hoy, lo habitual es que un comediante se sostenga por sí mismo, dueño del escenario y de la palabra, sin necesidad de un compañero que marque el contrapunto. (Sin embargo, a raíz de la pandemia, los podcasts de comedia tuvieron un auge, donde el humor basado en conversaciones más o menos absurdas entre una pareja de personalidades disímiles (volviendo a la idea del straight man y del funny man) recobró su popularidad (por ejemplo: Bad friends, con Andrew Santino y Bobby Lee).

En Japón, en cambio, la tradición del dúo no solo se ha mantenido, sino que se ha consolidado como uno de los pilares de la cultura humorística. El manzai sigue siendo un formato central en festivales, concursos televisivos y programas de variedades. Programas como el M-1 Grand Prix, que desde el año 2001 premia al mejor dúo de comediantes del país, son auténticos fenómenos mediáticos seguidos por millones de espectadores. Y lo más sorprendente: la cantera de jóvenes manzaishi no deja de renovarse. Cada año surgen nuevas parejas con estilos frescos que van desde lo clásico hasta propuestas más experimentales, lo que demuestra que el manzai no es una reliquia, sino una tradición viva que dialoga con la contemporaneidad.

Esa vitalidad explica por qué una novela como Hibana logra conectar con un público masivo en Japón: no habla de un arte en vías de extinción, sino de una práctica cotidiana, cargada de resonancias emocionales para cualquier espectador que alguna vez se haya reído con un dúo cómico en televisión o en vivo. Tokunaga y Kamiya encarnan, en la ficción, esa tensión entre mantener vivo un género centenario y adaptarlo a un presente que exige novedad constante.

Conclusión

Más allá de sus debilidades narrativas, Hibana es un libro que no puede leerse únicamente desde criterios literarios. Su impacto cultural en Japón fue inmediato: millones de ejemplares vendidos, una adaptación a película y serie de Netflix (si quieren ver alguna, les recomiendo la serie; la película no vale la pena), discusiones sobre el sentido de la comedia como profesión, e incluso un redescubrimiento del manzai entre audiencias jóvenes. En ese contexto, la novela funciona como un espejo generacional; refleja las aspiraciones y frustraciones de quienes dedican su vida a un oficio que exige entrega total y, al mismo tiempo, condena a la precariedad y al anonimato a la gran mayoría de sus practicantes.

Sin embargo, cuando se la saca de ese marco cultural, Hibana se enfrenta a sus limitaciones. La escritura de Matayoshi es correcta, incluso sensible en algunos pasajes, pero carece de la densidad narrativa que uno esperaría de una obra con tanta resonancia social. Además, las reflexiones filosóficas que se ponen en voz de Kamiya pueden ser algo superficiales. El manzai está presente como tema, pero no siempre como forma; el humor se describe más de lo que se encarna en el texto. Y el desenlace, anticlimático y absurdo, se siente más plano que revelador.

En resumen, Hibana es una novela cuya relevancia radica tanto en el fenómeno cultural que generó como en su valor literario. Puede que no sea una obra maestra en sentido estricto, pero sí es un documento único sobre una tradición cómica que sigue viva en Japón y que aquí adquiere un inesperado tono elegíaco. Dicho lo anterior, diría que el libro merece, al menos, la curiosidad de todo lector interesado en comprender qué mueve a reír (y a llorar) a una sociedad tan distante y, a la vez, tan próxima como la japonesa.

jueves, 10 de julio de 2025

Paulina Flores: La próxima vez que te vea, te mato

Idioma original: español

Año de publicación: 2025

Valoración: Entre recomendable y está bien

Una historia de amor sin moraleja.

Cada vez que leo autoficción, recuerdo el documental de Barbet Schroeder The Charles Bukowski Tapes. En uno de los episodios, un amigo le reclama a Bukowski haberlo retratado como un borracho violento en uno de sus cuentos, mientras que él mismo se mostraba como un ser magnánimo. “Fue completamente al revés”, le increpaba su amigo. Bukowski respondió tranquilo, como si fuera una obviedad: “En mis historias, yo siempre soy el héroe”. Creo que tenía razón. Leer autoficción (y ni hablar de escribirla) es un acto de fe. Bajo esas condiciones, veo innecesario considerar a la autoficción como una categoría independiente; llamémosle, simplemente, ficción.

En La próxima vez..., Paulina Flores nos cuenta la experiencia de Javiera (sería muy avaro de mi parte no derle el lugar de alter ego) como inmigrante chilena en Barcelona, primero como estudiante, luego como desempleada indocumentada. Además de lo que cabría esperar (choques culturales, aislamiento, nostalgia, etc.), se nos presenta una historia de amor. Pero amor amor, de esos que acaban en tragedia y muerte; ya saben de cuál. No se trata solo de un amor a la antigua: Javiera incursiona en el poliamor, lo cual, considerando que proviene del tercer mundo católico, resulta una aventura destinada al fracaso. Además, se relaciona con un catálogo de personajes, cada uno más extravagante que el anterior, lo que enriquece su mundo con ideas profundamente contrastantes respecto a su vida anterior.

La novela es breve, entretenida, e incluso tiene momentos reveladores. Es la segunda novela de Flores y, aunque se nota su juventud (referencias a la cultura pop millennial, reflexiones propias de una novela de formación, un tono desenfadado), también revela una escritura madura, aunque aún no se logre distinguir un estilo propio. (Por alguna razón, en la descripción del libro se lee “una voz a medio camino entre Violeta Parra y Bad Bunny”; no sé si eso es bueno o malo).

Por último, quisiera mencionar algunos reparos:

1. Entiendo que cada quien descubre el mundo a su manera y a su debido tiempo, pero esperaría que una protagonista inmadura, impulsiva, que descubre el mundo y el amor pasional, fuese una adolescente o una joven en sus veintes. Que la protagonista tenga 31 años me resultó un tanto anticlimático. Además, se relatan aventuras de secundaria, lo que deja un hueco en el curriculum de más de diez años (supongo que la escritora estaba demasiado ocupada con los estudios y el trabajo como para que le ocurriera algo interesante en ese periodo).

2. A falta de un mejor adjetivo en español, la trama me resultó, por momentos, demasiado edgy: pasiones exaltadas, intentos de asesinato y suicidio que rebasan mi gusto personal.

La próxima vez que te vea, te mato es una novela visceral más que confesional, que se mueve entre el drama amoroso y la búsqueda de identidad. Aunque su protagonista y sus decisiones pueden generar cierta resistencia, Flores logra construir una voz narrativa potente y honesta. Puede que no todos (digase yo) se identifiquen con el torbellino emocional que atraviesa Javiera, pero pocos quedarán indiferentes ante la intensidad con la que se cuenta su historia. Una apuesta arriesgada, con sus aciertos y excesos.


miércoles, 26 de marzo de 2025

Hermann Hesse: El juego de los abalorios

Idioma original: Alemán

Título original: Das Glasperlenspiel. Versuch einer Lebensbeschreibung des Magister Ludi Josef Knecht samt Knechts hinterlassenen Schriften

Traducción: Mariano S. Luque

Año de publicación: 1943

Valoración: Imprescindible

Este es un libro al que siempre regreso. Lo he leído cerca de diez veces y, en cada relectura, me conmueve de una manera distinta. Eso es lo asombroso de las buenas novelas de formación: podemos identificarnos con el personaje en diferentes momentos de nuestra vida y, al mismo tiempo, conservar cierta nostalgia por las etapas pasadas.

En esta novela, Hesse condensa muchas de las ideas que ya había planteado en obras anteriores: la crisis espiritual de Occidente, el misticismo oriental, el teatro mágico, el autodescubrimiento y el despertar de la conciencia. Además de ser una novela de formación, bien podría considerarse una quasi-distopía: se sitúa unos siglos en el futuro, después de una era de guerras y decadencia espiritual, la llamada “era folletinesca” (identificada con nuestro presente). En ese nuevo mundo, un reducido grupo de sabios, religiosos y científicos funda una orden, casi sectaria, destinada a conservar y a unificar los más elevados conocimientos de la humanidad, dotándolos de un marco tanto espiritual como histórico. Así nace Castalia, una sociedad aislada donde el arte y el saber humano se han cristalizado y se perpetúan mediante la repetición (por ejemplo, de piezas musicales) y la investigación de documentos antiguos. Sin embargo, no se crea nada nuevo: únicamente se estudian y se celebran las grandes obras del pasado (de aquí los 'repetidores'). Bajo ese espíritu, se concibe también el tesoro de la orden: el Juego de los Abalorios, un sistema que permite fusionar las distintas disciplinas, manipular sus principios y recrearse en sus infinitas conexiones.

El eje principal de la novela es Josef Knecht, un niño seleccionado para ser educado en una escuela de la orden. Se distingue por ser un estudiante carismático e inteligente, y progresa de forma destacada en las disciplinas académicas de rigor (matemáticas, latín, música, entre otras) hasta llegar a convertirse en un verdadero maestro del Juego. En el transcurso de su aprendizaje, además, entabla contacto con diversos personajes que le ofrecen perspectivas distintas del mundo y de la espiritualidad, como un ermitaño chino o un padre dominico. Su inusual educación y férrea disciplina lo conducen a los rangos más elevados de Castalia. A partir de ahí, y como suele suceder en las historias de Hesse, Joseph atraviesa varias crisis, experimenta descubrimientos y enfrenta dudas trascendentales que lo empujan a cuestionar no solo su lugar dentro de la orden, sino también el sentido de esta en el mundo.

Si bien la trama se desarrolla de manera fluida y atractiva, lo verdaderamente memorable en esta obra es la idea misma del Juego de los Abalorios. Hesse no ofrece descripciones exhaustivas sobre sus reglas ni detalla con precisión en qué consiste; en vez de ello, aporta indicios y compara el Juego con actividades artísticas o científicas ya conocidas. Esa indefinición resulta especialmente estimulante para la imaginación del lector, cualidad imprescindible en la buena literatura de ficción.

En el libro, el Juego de los Abalorios aparece como una sutil metáfora de la aspiración humana por encontrar un lenguaje universal que unifique todas las disciplinas del conocimiento y las artes. Hesse nos habla de una estructura casi musical que integra matemáticas, filosofía, ciencia y literatura. Los jugadores, auténticos eruditos, establecen conexiones simbólicas entre conceptos de orígenes tan dispares como la armonía de una fuga barroca y la lógica de una demostración geométrica. Esta naturaleza abstracta y dinámica del Juego lo convierte en una herramienta para trascender la mera acumulación de información, acercándose a la dimensión espiritual e intuitiva del saber. De este modo, el Juego de los Abalorios no solo refuerza la cohesión de la comunidad de Castalia, sino que encarna la búsqueda incesante de un conocimiento total que, si acaso, principalmente creado para la meditación y la contemplación pura. Es una idea realmente estimulante.

Leer El juego de los abalorios es adentrarse en una reflexión sobre el conflicto entre la búsqueda intelectual y la necesidad de involucrarse con la realidad que nos rodea. Para Hesse, el saber y la espiritualidad no son fines en sí mismos, sino medios para alcanzar un mayor entendimiento de nosotros mismos y de nuestro mundo.

Otras obras de Hermann Hesse en ULAD: El lobo esteparioDemianBajo las ruedas

martes, 10 de diciembre de 2024

Jesse Ball: Cómo provocar un incendio y por qué

Idioma original: inglés

Título original: How to set a fire and why

Traducción: Virginia Rech

Año de publicación: 2016

Valoración: muy recomendable 

Una novela de formación. Lucia, una adolescente prácticamente huérfana, se involucra con una célula cuasiterrorista, la sociedad del fuego, cuyo manifiesto ‘Cómo provocar un incendio y por qué’ se le presenta como una especie de addendum a los dogmáticos códigos legados por su padre: 

1. No hagas nada de lo que no estés orgulloso. 

2. No seas un robot.

3. No hay propiedad privada. 

Estos mandamientos, de claro corte anarquista, conducen a Lucia por un camino lleno de dilemas morales, los cuales son presentados de manera muy sutil por Ball, a través de la voz de una joven a la vez astuta e ingenua, con una inteligencia desbocada, más con una atracción por la deflagración, literal y metafórica.

La narración de Jesse Ball va al grano. Plantea las ideas con contundencia y valiendose de una mirada inocente, con cierta temeridad y descaro. La personalidad de Lucia sirve para hacer, de manera simultanea, una crítica y una defensa del anarquismo. Las consecuencia que enfrenta Lucia por sus acciones se presetan como consecuencia de vivir en una sociedad áltamente estructurada y opresiva. 

A lo largo de la novela, Ball explora la dualidad entre la búsqueda de libertad personal y las responsabilidades éticas que conlleva la pertenencia a un grupo radical. Lucía se debate constantemente entre su deseo de romper con las normas establecidas y el impacto de sus actos en quienes la rodean.

Además, la ambientación de la historia contribuye significativamente al tono general de la obra. Los escenarios urbanos, fríos y deshumanizados, sirven como un reflejo de la alienación que siente Lucía (por ejemplo, la descripción de la casa de lucía, con un formato interesante del texto). Las frases de Ball son ágiles y evocadoras, capturando tanto la belleza como la crudeza de los momentos más intensos de la protagonista.

De igual manera a cómo me referí a otro libro de Ball, sin duda una lectura estimulante.

Otras obras de Jesse ball reseñadas en ULAD: Los niños 6

Si no lo hicieron en la reseña anterior, dense un tiempo de ver la entrevista con Jesse Ball. 

sábado, 13 de julio de 2024

Caradog Prichard: Una noche de luna

Título original: Un nos ola leuad
Idioma original: Galés
Año de publicación: 1961
Traducción: Ismael Attrache
Valoración: Bastante recomendable

Dicen los expertos que esta es la mejor novela (entiendo que en lengua) galesa de todos los tiempos. No sé qué credibilidad puede tener semejante afirmación, pero lo que sí tengo claro es que Una noche de luna es una muy buena novela.

Y eso pese a que tiene un comienzo un tanto extraño. Al menos a mí me ha costado entrar en el libro. No sé si es la voz narrativa, el ritmo o el tono, pero las primeras páginas no acaban de engancharme. Por suerte, a medida que avanza el libro uno le va "cogiendo el tranquillo" a ese narrador no del todo fiable, va atando cabos, viendo cómo los diferentes episodios van encajando y llega a un final oscuro y precioso, al mismo tiempo, que acaba dejando con muy buen sabor de boca.

¿Pero de qué va el libro?, diréis. Bien, pues Una noche de luna es una novela de formación ambientada a principios del siglo XX en el minero norte de Gales, un texto en el narrador rememora una serie de episodios ocurridos al final de su infancia en una comunidad cerrada en la que diferentes violencias (física, sexual, económica...) y represiones desempeñan un papel fundamental.

Pese a estas sombras, en la novela también hay espacios de luz. Juegos infantiles, trastadas y accidentes conviven con ese mundo adulto y crean una combinación de humor, drama y tragedia que dan al libro un tono especial. 

Creo que esa mezcla es una de las cosas más destacadas del texto. Pero no es la única. Habría que citar también:

  • La evolución de la voz del narrador, algo fundamental en una novela de formación y que me parece muy conseguida.
  • Los interludios lírico/poéticos, claves para terminar de crear esa atmósfera de extrañamiento frente al mundo.
  • La melancolía sin nostalgia. No es lo mismo, ya sabéis.
  • El humor, con esos episodios como el partido de fútbol o el combate de boxeo que sirven para aligerar la carga opresiva del texto.

Por último, tengo que decir que este es un libro "exigente". A un narrador no demasiado fiable hay que sumar diversos planos, "entrometimientos" y "texturas" que hacen de un texto que podría parecer naif algo mucho más complejo. De hecho, creo que una segunda lectura descubriría capas y conexiones que seguro me han pasado desapercibidas. Con el tiempo, quizás.

P.S.: Caradog Prichard es uno de los nombres más molones que hayamos visto jamás. ¿O no?

jueves, 13 de junio de 2024

Juan Villoro: Materia dispuesta

Idioma original: Español

Año de publicación: 1996

Valoración: Entre está bien y recomendable

Publicada originalmente en 1996 y reeditada en 2022 por Almadía, Materia dispuesta es la segunda novela del prolífico Juan Villoro. Y si bien podríamos definirla, a grandes rasgos, como una novela de formación con ecos de La conjura de los necios, un análisis algo menos superficial nos llevaría a concluir que esta sería una definición, cuanto menos, incompleta.

Novela de formación: componente obvio e innegable, sí. Los siete capítulos que componen el libro recorren 28 años de la vida de Mauricio Guardiola, separados por dos temblores que sacuden la Ciudad de México (entre finales de los 50 y los primeros 80). Destaca en este sentido el recurso a la primera persona en los 3 primeros capítulos (voz infantil), a la tercera persona de los 3 últimos (voz adulta) y a la mezcla de ambas en el capítulo central que supone el paso de la infancia / adolescencia del protagonista.

Con ecos de La conjura de los necios. Lo grotesco, lo extraño y lo extravagante como parte fundamental de la gran tragicomedia de la vida. Desde la primera imagen, la de Mauricio Guardiola niño viendo a su padre follar con una de sus múltiples amantes, todo en la vida del Guardiola hijo girará en torno a círculos en los que no acaba de entrar.

Definición, cuanto menos, incompleta. Porque la novela habla también de diversas desubicaciones y búsquedas de una identidad y un sentido de pertenencia, de política, de ascenso social, de éxito y fracaso, etc, Y para ello es clave el personaje de Roberto, padre y antítesis de Mauricio. No es el único recurso a la contraposición del que se sirve Villoro: la doble vida de Roberto, la ubicación en los márgenes del barrio en que ambos residen, la ambigua sexualidad de Mauricio frente a lo "puro macho" de Roberto, el hermano "hiperactivo" frente al Mauricio contemplativo, la figura de la madre, etc. 

Todas estas figuras, además, dibujan un cuadro de la ciudad de México y de la sociedad mexicana de la época. Quizá aquí resida la principal "dificultad" para un lector no mexicano, en la incapacidad de aprehender las diversas referencias a la mexicanidad. Las líneas generales se captan (el machismo, la corrupción, el nepotismo, etc) pero me quedo con la sensación de que alguien más (dis)puesto en la materia le sacaría más jugo a la novela.

Un montón de libros de Juan Villoro en ULAD: AQUÍ

viernes, 22 de marzo de 2024

Genzaburo Yoshino: ¿Cómo vives?

Idioma original: japonés

Título original: Kimitachi ha dō ikiru ka (君たちはどう生きるか)

Traducción: Víctor Illera Kanaya

Año de publicación: 1948 (edición original sin censura en 1937)

Valoración: está bien


De los creadores de "Onda vital" y "A todo gas", nos llega la traducción de la más reciente y aclamada película de Studio Ghibli, "El niño y la Garza". En japonés, su título sería algo así como "¿Y ustedes, cómo viven?", pero pues en la película sale un niño y una garza, para qué complicarse.

Fuera de broma, esta vez se las tengo que dar por buena. El título de la película no nos dice nada a los que vivimos fuera de Japón. Sin embargo, para los habitantes de la isla, es un referente cultural. Hayao Miyazaki ha dicho en diversas entrevistas que a él le interesa hacer películas japonesas, para los japoneses. Y qué mejor manera de hacerlo que reinterpretando una obra arraigada en la cultura japonesa: “¿Cómo vives?”, de Genzaburo Yoshino. Spoiler alert, la única referencia directa de la película al libro está en el título. Si acaso, comparten temas de autodescubrimiento y comprensión del mundo.

En cuanto al libro, es una novela de formación centrada en Koperu, un estudiante de secundaria que navega por problemas éticos con la ayuda de su tío. Koperu es inquieto, emocional, curioso e inteligente, un modelo ideal de estudiante japonés. Su tío actúa como mentor, ofreciendo consuelo y orientación. El libro tiene algunos pasajes entretenidos sobre el estilo de vida durante la era Showa, además de algunos diálogos interesantes sobre temas científicos y dilemas morales. Uno de los aspectos a destacar es su accesibilidad. La novela está escrita de manera sencilla y clara, lo que la hace apta para lectores de todas las edades, razón por la cuál es casi de lectura obligatoria para los niños en Japón.

¿Cuál es el principal problema? Yo diría que es consecuencia directa de la intención del autor al escribir el libro. Originalmente estaba pensado como una especie de manual de ética para niños (principalmente de clase alta, según sus principales detractores). En lugar de presentar diálogos filosóficos y reflexiones introspectivas, como se pretende, el estilo narrativo de Yoshino es demasiado didáctico y moralista. Los personajes son simples vehículos de las ideas del autor, principalmente la figura del tío, el cuál es casi un sabio de moral intachable. 

Por último, hay que tener en cuenta que la edición que nos ha llegado es la edición revisada después de la segunda guerra mundial, por lo que se tuvo que retirar toda la propaganda imperialista, así como las críticas a Occidente. Probablemente esas ideas nos parecerían nefastas hoy en día, pero tal vez hiciera más interesante su lectura. La novela es un texto significativo que ha impactado a muchos lectores, y ya forma parte de la cultura japonesa, para bien o para mal. Sin embargo, alguien que la lea con el hype de la película de Miyazaki, va a quedar muy decepcionado.

jueves, 18 de enero de 2024

Aurora Venturini: Las primas

Idioma: español

Año de publicación: 2007

Valoración: bastante recomendable

Hay libros a los que las circunstancias, tanto de su venida al mundo como de quienes la han hecho posible, contribuyen a aumentar, si no su calidad, sí la leyenda que les acompaña, por así decirlo. Es lo que ocurre, por ejemplo con La conjura de los necios, de John Kennedy Toole, cuyo desdichado final todo el mundo conoce, o, menos célebre, pero dentro de la literatura en español, con El traductor, de Salvador Benesdra. Otro caso cuyas circunstancias resultan asimismo llamativas, aunque, por suerte, mucho más felices, es el de la autora también argentina Aurora Venturini, que se presentó y ganó con esta novela a un concurso literario en 2007, cuando la buena señora contaba ya con ochenta y cinco años de edad. Claro que no se trataba de una abuelita que se hubiese pasado la vida horneando galletas hasta que le había dado por escribir; amiga y colaboradora de Eva Perón en su juventud, vivó luego veinticinco años de "autoexilio" en París y frecuentado a la flor y nata de la intelectualidad existencialista, además de estudiar psicología, traducido a un buen puñado de los clásicos franceses, dar clases de filosofía a su vuelta en Argentina y publicado ensayos literarios, poemarios y novelas. Las primas era la sexta de éstas, de hecho. 

Cierto es que las peculiaridades biográficas de la autora, en este caso de una novela, no debería influirnos a la hora de apreciar (o no) la misma, pero, dado que han sucedido, resulta inevitable mencionarlas, aunque sólo sea para arrumbar prejuicios. Porque Las primas hace gala de una frescura y aun desparpajo que, por lo general, se suele asociar más bien y parece que de forma errónea, con el descaro de la juventud, aunque, por otro lado, está ambientada en los años 40 ó 50 del siglo pasado, por lo que hace referencia a las costumbres y mentalidad propias de aquella época en que la autora era joven, a su vez,  y no -o no tanto- del siglo XXI.

La novela, no demasiado extensa, está narrada por la protagonista, Yuna, linda muchacha y talentosa para la pintura, pero que es "medio minusválida" intelectual -son sus palabras, que conste-, algo que ella considera como una maldición familiar, puesto que tanto su hermana Betina, aquejada a su vez no sólo de una discapacidad mental, sino también física y bastante severa, como sus primas Carina y Petra, con alguna que otra peculiaridad física, la han heredado. Para remate, tampoco es que su tía Nené o sus tíos mellizos parezcan muy bien rematados... Yuna nos va contando las aventuras -o desventuras, más bien- de su familia con ese tono entre ingenuo, crudo y asombrado que suele atribuirse en las novelas a los niños y las personas con algún tipo de discapacidad cognitiva. Aquí hay que señalar que doña Aurora juega con cartas marcadas, porque es imposible no empatizar con una narradora con tales características (no cuesta mucho encontrar ejemplos en la literatura, siendo algunos de ellos, además, probablemente deudora de Las primas, como es el caso de Lectura fácil. También, aunque aquí la narradora sea una niña sin discapacidad, es evidente su influencia en otro de las novelas  españolas recientes más destacadas, Panza de burro). Más aún cuando ello contribuye a que todos o casi todos los episodios que nos cuenta estén teñidos de un evidente y a veces desbordante humor, incluso cuando asistimos a momentos tan luctuosos como -y perdón por el posible SPOILER- asesinatos, abusos sexuales o, simplemente, fallecimientos inesperados.  Sintiéndose culpable, eso sí, pero a menudo uno se parte de risa leyendo esta novela..

Sigamos: Yuna se alía con la mucho más espabilada Petra -igual hasta demasiado- para ir sorteando las zozobras de la vida y paliar su desconocimiento acerca de algunos aspectos fundamentales de la misma. Pero ésta es también una novela de crecimiento (tranquilos, que no voy a soltar la dichosa palabra alemana que empieza por "b"... aunque me cuesta) en la que asistimos a la evolución de la protagonista desde una infancia ignorante y, por qué no decirlo, bastante obtusa, a una juventud homologable o incluso mucho más competente a la de cualquier persona inteligente e independiente e su edad. La autora nos conduce con gran habilidad por este recorrido que, a la postre, resulta lo más importante de la novela, más incluso que las peripecias, por tremebundas aunque también cruelmente divertidas que sean, de una familia con una evidente disfuncionalidad (bueno, esto es lo que piensa la narradora, pero porque vive en la República Argentina y no en el Reino de España), marcada por un sino tragicómico.

El único pero que se le puede poner a la novela y que ha hecho que no me decida a otorgarle una valoración aún más alta es que el final me ha resultado demasiado precipitado. No digo que esté mal planteado o sea inverosímil, ya que está en la línea de verosimilitud de toda la historia, sea mucha o poca, según cada lector... pero da la impresión de que la narración concluye de esta forma más porque doña Aurora tenía necesidad de acabar la novela  -para presentarla al citado concurso o, simplemente, porque había llegado a una edad en la que no se puede confiar en dilatar mucho los proyectos- y no se lio más la cabeza, cuando, en mi opinión, el final quizás  habría necesitado un poco más de espacio, más aire que le dejase respirar  a gusto. Da lo mismo, en todo caso, Las primas resulta una novela altamente recomendable, por lo bien -y lo mal que lo pasa uno con ella y, por añadidura , que se lee en un suspiro, por divertida y ágil, lo que siempre es de agradecer. 

lunes, 27 de noviembre de 2023

Umberto Eco: Baudolino

Idioma original: italiano
Título original: Baudolino
Traducción: Helena Lozano Miralles
Año de publicación: 2000
Valoración: Muy recomendable

Debo empezar diciendo que me acerqué a esta obra que no conocía simplemente por ser de Umberto Eco; por no saber, ni siquiera conocía de su existencia. Sin embargo, había leído con anterioridad El nombre de la rosa y El péndulo de Foucault y, por decirlo de una manera ilustrativa, eso me había convencido para leer todo lo que pusiera Umberto Eco en el dorso, así fueran 50 libros.

Baudolino no llega a la altura de estos dos gigantes, pero sería una injusticia compararlos; basta cualquiera las otras dos obras maestras anteriormente citados para que nuestro semiólogo italiano favorito pasara a la historia. Pero ojo, eso no significa que este no sea un buen libro; como digo, simplemente no llega a la altura de las anteriores citadas.

En Baudolino, Eco nos cuenta la historia del personaje del mismo nombre, mentiroso por excelencia, pero tanto, tanto, que en ocasiones da la vuelta entera a la realidad y lo que inventa acaba por volverse real.

Empieza Baudolino contando este su historia y sus intrépidas aventuras al bizantino Nicetas Coniates, al cual utiliza como ellos mismos dicen como pergamino para contar su biografía. Esta parte comprende casi todo el título, salvo los capítulos finales en los que, Baudolino, al terminar de relatar su historia, se da cuenta de la importancia que han tenido ciertos momentos decisivos en su vida, hace propósito de enmienda, y, como dice el capítulo final, Baudolino se va.

Ambientada a principios del S. XIII, Baudolino cuenta a Nicetas (nos cuenta a nosotros, lectores) cómo pasó de ser hijo de campesinos a ser adoptado por el mismo Federico I; este procura darle la mejor educación posible, así que lo envía a París, donde se hace Baudolino rodear de una pandilla de sabios y tunantes (impagables) que le acompañarán durante largos años.

Es grande el cariño que siente Baudolino por su padre adoptivo, y trata de hacer siempre lo mejor para él y para el reino; sucede que a veces, maquillando un poco la verdad, se consiguen mejores resultados que dejándolo todo tal y como es en realidad. Huelga decir que ni Baudolino ni sus compinches tienen un mínimo de mesura y acaban por hacer temblar los cimientos más sólidos y sagrados de la cristiandad con sus mentiras. Pero eso sí, siempre con buenos fines, sin atisbo de ironía; no buscan lo mejor para ellos, sino para el emperador.

Una parte importante de la novela es la búsqueda del Preste Juan por parte de Baudolino y sus amigos, que, creyéndolo rey y sacerdote, imaginan como el apoyo perfecto para mantener a Federico I en el trono. Es la parte más aventurera de la obra, en la que nuestros amigos corren mil aventuras y se cruzan con todo tipo de gentes y criaturas.

¿Y el tono general de la obra? Pues Eco hace gala de sus amplios – amplísimos – conocimientos en la materia para sumergirnos en un mundo mágico y absurdo del que nunca sabemos hasta qué punto es real, y hasta qué punto es obra del fecundo magín del gran mentiroso.

Se nota que Eco disfrutó escribiendo el libro: maneja totalmente el mundo en el que se desarrolla la novela, tanto mezclando personajes inventados como utilizando personajes históricos para sus protagonistas. A la vez, utiliza leyendas existentes, así como hacer inventar a sus personajes nuevas leyendas que se han colado en nuestro mundo; se cruzan con todo tipo de personajes mitológicos semihumanos y mantienen también todo tipo de relación con ellos...

¿A quién no le va a gustar un baptisterio romano del siglo I una novela en la que unos poetas se convierten en estrategas de un ejército formado por esciápodos, sátiros, blemias y panocios? Además de otras criaturas más pacíficas como Hipatias, o más irracionales, como basiliscos o quimeras. No falta de nada, oiga.

Pero como suele pasar, este tipo de libros con tantísimas referencias se disfruta más cuánto más se sepa de la historia de la época y es posible pasar por alto los numerosos chistes internos en los que gusta prodigarse Eco. A mí me ha pasado, Wikipedia me ha ayudado mucho a “completar” la lectura.

Como nota final, y haciendo referencia también a esto último, la traductora se reserva unas páginas para explicarnos algunas de las dificultades con las que se tuvo que enfrentar, y, créanme, no parece un trabajo fácil. Me da la sensación de que la forma de jugar que tiene Eco con el lenguaje, mezclando el piamontés y distintos dialectos, no es nada fácil de traducir a ningún idioma.

Resumiendo: Como dije al principio, ¿recomendable? Mucho. ¿A la altura de otras obras de Eco? No, pero, como dije, no sería justo pedirle que mantuviera ese nivel.


Todo lo de Umberto Eco reseñado en la ULAD aquí.

viernes, 3 de noviembre de 2023

Severo Sarduy: Cocuyo

Idioma original: Español

Año de publicación: 1990

Valoración: Bastante recomendable

¡Qué cosas esto de las ideas preconcebidas (y de la ignorancia, para qué nos vamos a engañar)!. Uno sabía que Sarduy fue crítico de arte en París y pensaba que su narrativa sería sesuda, complicada, tirando a pesada por exceso de seriedad. Algo de eso hay, sobre todo en lo referente a la complejidad de la novela, pero me llama muchísimo la atención lo divertido, burlesco y zumbón que es Cocuyo. No nos adelantemos.

Resulta sencillo en apariencia resumir el argumento de Cocuyo. Vendría a ser una novela de (de)formación en la que se narra, de una forma tremendamente particular (¿podríamos decir novela de (de)formación alucinatoria?, el paso de la infancia a la adolescencia y edad adulta de su protagonista. Claro que hay formas y formas de enfocar lo anterior, y en el caso de Sarduy creo que tiene mucho que ver con su experiencia personal.

Ambientada en la época de Batista, que coincide en el tiempo con la infancia y adolescencia de Sarduy,  Cocuyo combina referencias clásicas y contemporáneas y hace uso de lo grotesco, lo absurdo, lo escatológico y lo mórbido para mostrarnos los espejos deformantes de la realidad de los que hablaba Valle Inclán. Entre las referencias clásicas, destaca la novela picaresca española (Cocuyo es un claro Lazarillo tropical); entre las más o menos contemporáneas, Borges (siempre), Lezama Lima + Carpentier y Oulipo, por la combinación de lo real y lo onírico, por el empleo de la sexualidad, por lo barroco de las descripciones y por el humor absurdo, escatológico, grotesco y muy vinculado al lenguaje, respectivamente. 

No sé si debería decir esto, pero los capítulos 9 y 10 (La desilusión y Azulejos, con osamenta rumbera) me traen a la cabeza ciertos pasajes de la trilogía Cegador de Cartarescu. En concreto, esos que ocurren en cierto templo de Nueva Orleans, si no recuerdo mal. Vamos, que si Cartarescu no ha leído Cocuyo...

Sigo. Otros aspectos aun no citados pero que serían importantes en la novela, como por ejemplo:

  • las referencias al cuerpo y al sexo, y siempre relacionados con el deseo o la aspiración de ser otro por parte de Cocuyo, quien esperaba a alguien pero sabía con certeza que nadie iba a llegar.  
  • lo pictórico. Puede parecer una obviedad, siendo Sarduy crítico de arte, pero resulta necesario mencionar la plasticidad de las descripciones, lo terriblemente visual de muchos pasajes de la novela.
  • lo sensorial: olores, colores, sabores, texturas... Mierda, semen, sudor, sangre, fachadas decrépitas, fruta podrida, el mar... 
  • el lenguaje, plagado de cubanismos que pueden condicionar la lectura y muy conectado con compatriotas de Sarduy ya citados.
En resumen, una novela aparentemente sencilla en lo argumental pero compleja en lo formal que no es posible recomendar a cualquier lector (abstenerse delicados y fans de las tramas lineales y "mascaditas"), si bien no me cabe duda de que los seguidores de autores y tendencias mencionados con anterioridad encontrarán, igual que yo, más que recomendable. 

P.S.: Si bien Severo Sarduy fue publicado por Tusquets hace ya unos cuantos años, la reseña se refiere a la nueva edición del texto (con prólogo y notas al pie) llevada a cabo por Amarillo Editora, que todo hay que decirlo, oigan.

domingo, 12 de febrero de 2023

Álvaro Pombo: Santander, 1936

Idioma original: Español 

Año de publicación: 2023

Valoración: Bastante recomendable

Suelo dejar que pasen unos cuantos días (tampoco demasiados porque la memoria a veces juega malas pasadas) desde que termino un libro hasta que escribo la reseña. por aquello de que el el libro repose y la opinión se asiente. Pues bien, en el caso de "Santander, 1936" el tiempo transcurrido ha hecho que el libro crezca en mi cabeza. Una primera impresión más bien tibia ha dejado paso a una opinión más que favorable y creo que esto se debe a que el libro posee más capas de las que una primera lectura puede sugerir.

En líneas generales, podríamos decir que "Santander, 1936" es la novelización de una serie de sucesos reales en los que se vieron inmersos Álvaro Pombo Caller, tío del autor, y Cayo Pombo Ybarra, abuelo del autor (y padre de Alvarín). en el marco de la España del final de la Segunda República y de los primeros meses de la Guerra Civil.

Pero más allá de esto, en realidad "Santander, 1936" es una novela psicológica de formación (en una doble vía) que, al mismo tiempo, puede tener lectura de novela histórica.  Digo novela histórica porque, al fin y al cabo, se trata de la recreación de un momento histórico en un lugar concreto a través de personajes reales, ya sean de la esfera privada o pública, que se ve contextualizada por la inserción de artículos, discursos, etc; digo novela de formación, y no solo de Alvarín sino también de Cayo, porque son los diferentes acontecimientos (íntimos, familiares, políticos, etc) los que determinan su carácter, sus actos, sus filias y sus fobias y hacen de ambos dos magníficos personajes con todas sus contradicciones a cuestas; y digo novela psicológica porque no importa tanto la acción, que apenas se precipita en el tercio final, como los resortes que mueven a los personajes, sus dudas, sus conversaciones, etc.

He mencionado la dualidad que existe en la novela entre lo público y lo privado, entre lo íntimo y lo político. No es la única dualidad porque ahí están la división "rojos - azules" o la contraposición padre - madre, pero creo que el mayor acierto de Pombo es la utilización de dos espacios complementarios pero antagónicos (la casa o el interior, espacio de calma, entendimiento y conversación, frente a un exterior tumultuoso y violento en el que predomina la dialéctica de los puños y las pistolas) para hablarnos de una relación padre - hijo que, pese a situarse en las antípodas en lo político (azañista aquel, falangista este, alta burguesía local venida a menos en los dos casos), dialogan en busca de una especie de "tercera vía".

Esta relación paternofilial es la base sobre la que se sustenta el texto y es otro de los grandes puntos a favor del autor, gracias a una amplia gama de grises que me llevan, por momentos, a dudar de si ambos son dos inocentes, dos estúpidos, dos santos o dos contemplativos con " espíritu gregario".

Por último, me gustaría destacar un último capítulo profundamente bello y triste, al mismo tiempo.

En el lado quizá no tan positivo, alguna que otra pequeña licencia o intromisión del narrador que chirrían ligeramente, la por momentos peculiar sintaxis (coño, mis primos de Santander no hablan así y no son unos niños precisamente) y el desaprovechamiento de un personaje como el tío Gabriel, que me llama profundamente la atención. 

También de Álvaro Pombo en ULAD: Una ventana al norteEl héroe de las mansardas de Mansard

jueves, 29 de septiembre de 2022

Luis Salvago: Los lugares verdes

Idioma original: Español
Año de publicación: 2022
Valoración: Está bien

Nos trasladamos en esta ocasión a Afganistán de la mano de Luis Salvago, suboficial del Ejército del Aire y escritor (ahí es nada), y de esta Los lugares verdes en la que asistimos a una historia envuelta en los velos de lo local pero absolutamente universal. Los velos de lo local hacen referencia al paisaje geográfico, social y cultural, protagonistas todos ellos de la novela, y lo universal se observa en unos personajes marcados por la culpa, el miedo, el dolor, la venganza, las presencias impalpables, etc.

La vida es eso: afectos que aparecen, que desaparecen, y entre unos y otros, en ese tortuoso camino, mediamos nosotros, iguales o diferentes, calculando el valor de lo que amamos, esforzándonos en olvidar todo aquello que una vez fue referencia y luego fue obstáculo

Tres son los vértices del triángulo en lo que a personajes se refiere (Ismail, Najimulah y Saira) y dos son los opuestos que los dos últimos encarnan (los equívocos y lo prohibido frente a las certezas y lo preestablecido) en un texto que no deja de ser una novela de formación, más allá de su apariencia hasta cierto punto folletinesca como si de un Brokeback Mountain afgano se tratara.

Porque Los lugares verdes es la historia de un amor prohibido (buscad en internet "bacha posh" y alucinad) en un contexto como el Kabul postalibán (o pretalibán, también), pero es también la historia de una toma de conciencia.

Entre los aspectos más destacados del texto cabe mencionar:
  • Lo personajes de Ismail y Najimulah, los más completos y complejos, los más trabajados en mi opinión.
  • La conjunción entre naturaleza, paisaje urbano y personajes.
  • El tratamiento otorgado a las diferentes violencias que atraviesan el texto
  • El tono lánguido y el ritmo de la novela en una primera mitad en la que la acción y el lirismo funcionan adecuadamente
 En el lado menos positivo habría que citar:
  • Ciertas reiteraciones en la segunda mitad del texto que rompen ese ritmo inicial
  • La impresión de que muchos personajes hablan de forma muy parecida
  • Un exceso de afectación en determinadas escenas 
  • El final de algunas de las tramas secundarias, demasiado "sencillo" 
En resumen, novela algo irregular que supone el acercamiento a una realidad muy muy particular que no deja de esconder sentimientos completamente reconocibles para todos. 

sábado, 26 de febrero de 2022

Helen Weinzweig: Vestido negro y collar de perlas

Idioma original: Inglés
Título original: Basic black with pearls
Año de publicación: 1980
Traducción: Vanesa García Cazorla
Valoración: Bastante recomendable

Esta novela no es lo que parece. Empezando por una cubierta que recuerda a Audrey Hepburn en Breakfast at Tiffany's, "Vestido negro con collar de perlas" engaña. O tal vez no. En sus primeras páginas hallamos dos amantes, uno de ellos espía, códigos secretos, identidades falsas, disfraces, pistas, viajes en el espacio y en el tiempo... Todo ello para narrar, en apariencia, la historia de una relación extramatrimonial, la búsqueda permanente de algo más seguro.

Pero en uno de los viajes, Shirley Kaszenbowski va a parar a Toronto, ciudad en la que vivía con su marido y sus dos hijos y que está minada por los artefactos explosivos de la memoria. En su constante vagabundeo por la ciudad a la espera del encuentro con su amante (todo un arte eso de la espera), pasado y presente comenzarán a mezclarse en un permanente ida y vuelta que provocará un giro radical (o tal vez no tan radical, según se lea) en la novela ya que lo que parecía una búsqueda "exterior" se convierte en una búsqueda "interior" y lo que era una novela de "misterio" en el más amplio sentido de la palabra se convierte en la intimista novela de formación (y da igual que ella tenga ya más de 40 años, que parece que las novelas de formación tienen que ser de jovencitos) de su protagonista.

O quizá yo esté equivocado (es posible) porque Shirley no resulta una narradora fiable y algunas pistas que va dejando a lo largo del texto, narrado en primera persona, sugieren que algo puede no funcionar del todo bien.

Esta escasa fiabilidad de la narradora hace que la novela haya de ser leída con cierta atención, al tiempo que confiere al texto un carácter fragmentario y entrecortado, abierto a diferentes lecturas. Ahí radica una de las principales virtudes del texto: en esa multiplicidad de posibles lecturas tanto en forma como en fondo, favorecidas por la adopción por parte de la autora de una postura más "sugerente" que "explicativa". Además, la magnífica exploración del mundo interior de una mujer ya adulta con una vida perfectamente reconocible hace de este "Vestido negro y collar de perlas" una lectura más que recomendable. 

sábado, 27 de noviembre de 2021

Marina Yuszczuk: La inocencia

Idioma original: Español 
Año de publicación: 2017
Valoración: Bastante recomendable

"La inocencia" es el segundo libro de Marina Yuszczuk que leo y supone la confirmación de uno de mis descubrimientos literarios del año debido, fundamentalmente, a su capacidad para cambiar de registro sin que la calidad del texto y el interés que el mismo despierta se vea afectados. 

Si "La sed" era una novela dual, relacionada con lo fantástico en su primera mitad y mucho más intimista en la segunda, que hablaba de la muerte, de relaciones maternofiliales, del miedo, el dolor y la soledad, "La inocencia" se trata de un texto próximo a la novela de formación en el que el peso de lo intimista es mucho mayor, tanto es así que ciertas pistas de la parte final del texto parecen indicar que estamos ante una novela autobiográfica. En cualquier caso, esto último no resulta relevante ya que el texto consigue trascender la (posible) experiencia personal.

Todo lo anterior puede parecer algo extraño después de leer unas primeras páginas, esas que hablan del ingreso de la madre de la narradora y protagonista en una "secta", que podrían sugerir que estamos ante una versión argentina de Carrie. Algo de eso hay, sobre todo en la importancia de la relación de la protagonista de "La inocencia" y de "Carrie" con su cuerpo, pero con el paso de las páginas el peso de la novela queda en la propia narradora, quien nos habla de la relación con su madre y de una doble vida, entre la religión y el "resto del mundo". 

Esta dualidad, esta escisión que supone la coexistencia de un mundo cerrado como el de la secta y las múltiples posibilidades del mundo exterior a esta, así como los efectos que suponen sobre la narradora y protagonista es uno de los aspectos más reseñables de la novela. Otros puntos a destacar son la evolución personal de la protagonista desde la infancia a la juventud, pasando por una adolescencia tumultuosa en el que la culpa juega un papel clave, su relación a lo largo de los años con el cuerpo y el sexo y la búsqueda de un sentido de pertenencia en sus más variadas formas. Todo esto, obviamente, ligado de forma indisoluble a la escisión de la que hablaba y a una memoria armada con materiales tan escasos que a uno no le queda otra que generalizar.

En el lado menos positivo, quizá solamente estaría el escaso desarrollo de un personaje clave como es la madre. Obviamente, el hecho de hacer recaer el centro de la novela en la propia narradora hace que la madre quede un poco "desplazada", pero creo que su historia tiene potencial suficiente como para que nos quedemos con ganas de una imagen más completa y compleja de ella. 

Pese a esto, el regusto que deja la novela es más que positivo, hasta el punto de plantearme el acercamiento a la poesía de Yuszczuk, publicada hace no demasiado tiempo en España. Que me atreva ya será otra cosa.

También de Marina Yuszczuk en ULAD: La sed

sábado, 17 de octubre de 2020

Miguel Delibes: El camino

Idioma original: Español
Año de publicación: 1950
Valoración: Muy recomendable alto

Se cumplen hoy 100 años del nacimiento de Don Miguel Delibes, uno de los grandes de las letras españolas del siglo XX, y en ULAD lo celebramos leyendo y reseñando "El camino", tercera novela del vallisoletano. 

Publicada en 1950, cuando Delibes contaba únicamente con 30 años, "El camino" es una novela dotada de una belleza sencilla, emparentada en cierta forma con el neorrealismo italiano y con la novela existencialista, en la que un suceso tan "nimio" como la partida de Daniel, el Mochuelo, de su valle natal a la ciudad con el fin de "progresar" es el punto de partida para una historia en la que se alternan dos tiempos y varias posibles lecturas. 

Los tiempos serían el presente constituido por la noche previa a la partida y el pasado formado por los recuerdos, imágenes y sensaciones que las historias de los vecinos de la aldea dejan en Daniel. Así, pasado y presente aparecen unidos en lo que puede y debe ser leído como novela de formación ("los grandes raramente se percatan del dolor acerbo y sutil de los pequeños", "el poder de decisión le llega a un hombre cuando ya no le hace falta para nada"...), pero también como retrato costumbrista de la España rural de la posguerra, como novela social "en ciernes" o anunciadora de las posteriores "Las ratas" o "Los santos inocentes", como novela picaresca, etc.

Más allá de estas posibles lecturas, varios son los aspectos que destacaría de la novela:

  • La elección de narrador omnisciente. No es infrecuente el uso de la primera persona en este tipo de narraciones protagonizadas por niños, pese a que el riesgo de caer en "impostura" es grande. Aquí Delibes opta por la tercera persona para la reconstrucción, desde la óptica de Daniel, de la historia del valle y de la vida del propio Daniel. Con esto consigue, al mismo tiempo, transmitir veracidad y cercanía.
  • El final de la inocencia, magníficamente dibujados a través de los sucesivos descubrimientos que, voluntariamente o no, realiza Daniel.
  • Los personajes. "El camino" es, por encima de todo, una novela de personajes (como tantas otras de Delibes, por otro lado). Y no solo Daniel, el Mochuelo, con su desasosiego cósmico, o Roque, el Moñigo, o Germán, el Tiñoso, sino que los secundarios también contribuyen a la creación de ese pequeño mundo a escala que es el valle.
  • La representación del mundo rural. El riesgo de caer en la idealización de la infancia y de su mundo es evidente, pero Delibes lo esquiva presentando un mundo rural lleno de claroscuros. Pese a que las descripciones de paisajes sí que transmiten la sensación de "Arcadia feliz", los personajes y situaciones reflejan la variedad de sentimientos, virtudes y defectos que podemos ver en cualquier persona, lugar y tiempo, lo que hace de "El camino" una novela atemporal.
  • Novela sensorial. Por todos es conocido el amor de Delibes por la naturaleza, lo que se traduce en que "El camino" sea una novela con olor a heno, a hierba recién cortada, a moñiga, etc.
  • Last but no least, el humor y la ironía. Creo que este es uno de los aspectos más sorprendentes de la novela. Y es que el comienzo de la novela no parece presagiar nada similar, pero muchos de los personajes y situaciones tienen un punto entre lo trágico, lo cómico y pícaro. Sirven de ejemplo las travesuras de los capítulos XIV y XV o las andanzas de las Guindillas, de Quino, el Manco y demás.
Ya paro. Esto se me esta yendo de las manos, pero el centenario de Miguel Delibes y un libro tan tierno y lacónico como "El camino" lo merecen. ¡Larga vida a la obra de Delibes!

Un montón de libros de Miguel Delibes reseñados AQUÍ

lunes, 5 de octubre de 2020

celso castro: las brujas

Idioma: español
Año de publicación: 2020
Valoración: está bastante bien

celso castro, ya sabéis, y si no, os lo cuento, es ese escritor gallego que tiene rota la tecla de las mayúsculas del ordenador... No, es broma: cierto que no utiliza las letras mayúsculas, pero, al parecer, se debe a una costumbre como poeta (ya se sabe que para escribir poesía conviene pasarse un poco por el forro las normas ortotipográficas); aunque, en verdad, parece más probable que esa ausencia de mayúsculas tenga por objetivo imprimirle mayor velocidad, un ritmo aún más vivo a los monólogos o soliloquios con los que este autor compone sus novelas, al menos gasta donde yo he leído, Porque tal parece ser la especialidad de castro: monólogos soltados por chicos jóvenes, poco más que adolescentes, que oscilan entre un tono coloquial y algún toque de pedantería, como suele suceder con los jóvenes (y no tan jóvenes... ejem) un poco leídos y un bastante inadaptados, y que van desgranando su vida y circunstancias.

En este caso, el protagonista-narrador se trata de un chico coruñés, que nos va narrando -o a un interlocutor que no conocemos- su devenir es un a familia sin padre y en la que tanto su madre como hermano mayor sentían, o eso cuenta, cierta animadversión hacia él. El cariño y la comprensión los encuentra en su tía laura y en algún amigo no menos peculiar, y el amor y el sexo, en lorena, hija de una conocida bruja de la ciudad y con poderes brujeriles ella misma, con la que comienza una relación de ¿noviazgo? ya en la infancia, escarceos eróticos incluidos, que después retoman en su adolescencia. Esta relación, junto con la establecida desde siempre con su familia, son las que articulan toda la novela-monólogo, bastante breve, por lo demás. No hay mucho más, aparte de la sensación, creciente por momentos, de que todo el soliloquio, el relato del joven o al menos sus elementos sobrenaturales, se deben a un desequilibrio mental del narrador-protagonista.

Y eso que lo más interesante de la novela, en mi opinión, es justamente esa mezcla de la típica, más o menos, novela de formación de un adolescente incomprendido (me estoy acordando de Crónica del alba, de Ramón J. Sender, por ejemplo, pero hay mil ejemplos) con el elemento sobrenatural de los poderes de lorena, la presencia de espíritus, etc. Sobre todo, la combinación funciona de maravilla en a parte que se refiere a la infancia de los personajes, que se podría considerar un relato completo en sí mismo. Ahora bien, en mi opinión también, castro no le saca todo el provecho a esa interesante asociación y prefiere tirar más por el tema familiar, el desorden psicológico del muchacho -no sólo de él, pero no quiero espoilear la novela-, y su extrañamiento o poca integración en la sociedad en la que vive. Lo mejor; que toda su narración está trufada también de toques de humor, de ironía socarrona que resultan de lo más refrescante y le quitan hierro a una historia que, de otro modo, parecería abocada al drama y la desesperanza más ceniza.


Otras novelas de celso castro reseñadas en Un Libro Al Día: el afinador de habitaciones

domingo, 15 de marzo de 2020

Gonzalo Torrente Ballester: Filomeno, a mi pesar

Idioma original: castellano
Año de publicación: 1988
Valoración: Entre Recomendable y Está bien

Cuando un escritor digamos bien considerado se presenta al premio Planeta ocurren cosas extrañas. Como que se oculte tras un (casi siempre ridículo) pseudónimo para ocultar su personalidad y evitar que el jurado valore la obra ad hominem, cuando todo el mundo sabe (no los entendidos, lo publican los medios) quién es el autor. Conste que esto no lo hizo don Gonzalo Torrente Ballester cuando presentó este libro en 1988, como tampoco lo había hecho Juan Benet ocho años antes, pero sí Bryce Echenique, por poner un ejemplo. Otra cosa que parece inevitable es que esa novela candidata cuente con una especie de sesgo Planeta, que, sea cual sea la trayectoria del autor, venga adaptada a un estilo determinado, esquivando riesgos e innovación, refugiándose en un modelo confortable que a nadie incomode. Benet –que encima no ganó- lo hizo con una especie de versión descafeinada de sus complejas narraciones anteriores. ¿Se apuntó también el gran Torrente Ballester a esta metamorfosis mercantil?

La historia de Filomeno resulta un tanto desconcertante. Su propio nombre, además de suscitar a su portador un rechazo bastante comprensible, se diría además que está dibujando la dicotomía de su origen familiar. Frente al Filomeno impuesto por el padre (un intelectual gallego sin pedigrí), el joven adopta en ocasiones el Ademar procedente de la rama materna, entroncada con la alta alcurnia portuguesa. La dualidad se materializa también en dos propiedades inmobiliarias diferenciadas, una a cada lado del Miño: una buena casa en un pueblo gallego, un soberbio pazo en el lado portugués. Cada ámbito tiene también su propia atmósfera: la tradicional y aristocrática al sur, la burguesa y diríamos más progresista al norte. Las dos vertientes tienen sin embargo zonas comunes que convergen en Filomeno, la afición por el sexo femenino y cierta vocación literaria.

No hay propiamente confrontación entre esos dos mundos (estéticamente no muy diferentes), sino algo así como una fluctuación, la oscilación entre dos imanes. El problema –y aquí surge el primer desconcierto- es que la cuestión solo queda apuntada al principio del libro, pero casi nada sabremos de ella hasta el final. Lo que pronto cobra vida es una novela de formación casi canónica, que va llevando a Filomeno por Madrid, Londres y París, y vuelta al terruño familiar, como estudiante o desempeñando distintos oficios, pero siempre con algún personaje femenino que concentra la atención. Ninguna imagen más atinada que la de una novia en cada puerto. Todo lo cual se sigue con interés al principio pero, visto desde la página trescientos y pico, aumenta el estupor del lector. ¿Es esta sucesión de aventuras amorosas todo lo que ha venido a contarnos don Gonzalo?

Sensaciones contradictorias, porque la prosa de Torrente es tan sabia, fluye con tanta naturalidad siempre teñida de ironía, que hace que la lectura siga siendo un placer aunque con muchas páginas avanzadas tengamos la sensación de que el argumento suena a hueco. Y aún descubrimos más virtudes, porque de tanto en tanto asistimos a momentos deslumbrantes, como la inigualable caracterización de un viejo militar inglés, refugiado en sus pequeñas extravagancias y en el confort de su exclusivo club londinense; o la estremecedora historia de Ursula, en la que el terror no nace en una mente criminal sino en un bucle de dolor y locura. Unos cuantos episodios que se desarrollan poco antes y durante los primeros compases de la Segunda Guerra mundial son también una buena crónica del momento histórico, narrada desde el punto de vista de un outsider, perplejo ante un mundo que estalla sin entender muy bien por qué.

No es fácil entonces saber a qué carta quedarse porque, como decía, esto está impecablemente escrito, con un ritmo narrativo impecable, pero si miramos bien, este itinerario de Filomeno podría muy bien constituir una serie de relatos independientes, autoconclusivos, con poca más hilazón que su único protagonista, ese chico salido de las nieblas galaico-portuguesas por el que los años van pasando, pero del que no terminamos de saber si está madurando o cómo está cambiando, si es que lo está haciendo.

Esta impresión se acentúa si cabe en el último tramo, que podríamos definir como de vuelta a los orígenes, donde encontramos de nuevo cosas contradictorias: por una parte, instalada la historia en la postguerra española, don Gonzalo se despacha a gusto con las fuerzas vivas del franquismo. Naturalmente, no es una crítica social o política, sino la visión mordaz del entorno caciquil en que los vencedores han instalado a sus peones más cutres (cierto es que el libro se publicó en 1988, o sea, en un momento ya nada comprometido, pero aun así puede servir para despejar dudas sobre las inclinaciones políticas del autor o su supuesta tibieza anterior). En este contexto encontramos también la que quizá es la escena más inolvidable del libro, un memorable entierro que no vale contar, hay que leerlo. 

Pero tampoco se queda uno del todo conforme. El relato parece haberse instalado es una especie de costumbrismo mordaz (muy gallego), divertido, con buen dibujo de personajes, pero que igual se nos queda un poco chato. Y nuestro Filomeno, hasta entonces más o menos interesante en su constante indefinición, parece experimentar, en su verbo, en sus actitudes, una transformación imprevista y no explicada, que resulta poco convincente.

En general, el libro tiene un cierto aire a Los gozos y las sombras, se mueve en el campo del realismo, en las atmósferas lluviosas y sombrías del noroeste peninsular, poblado con generosidad por los lances amorosos, aunque menos intensos que en la famosa trilogía. Pero desde mi punto de vista, quizá demasiado condicionado, tiene seguramente un lastre fundamental: venir de la misma pluma que escribió La saga/fuga de J.B. ¿Dónde ha quedado la fantasía, el riesgo, la transgresión, que dieron lugar a semejante desparrame literario? Es lo que tiene haber escrito una obra maestra: que cualquier otra cosa que se haga, aunque sea digna –y esta lo es- palidece quizá en exceso. ¿O es tal vez el sesgo Planeta?