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martes, 7 de julio de 2026

Hugo Wilcken: LOW

Idioma original: inglés

Año de publicación: 2020

Traducción: Patricia Valero

Valoración: muy recomendable

¿Puede ya no un músico, sino un mero disco, ser objeto de un libro entero? Y aún así, dejar al lector esperando más, deseando que esas ciento cincuenta páginas fueran, no sé, el doble, que abarcaran más aspectos de la concepción del disco, de la grabación, de las tomas, de este u otro detalle que se decidió conservar aunque pareciera un error, del otro que se renunció a mejorar tras eternas tomas, porque hasta el perfeccionismo - y las horas invertidas en caros estudios de grabación, y las largas sesiones - tiene un límite.

 Y aún declarándome lo más alejado a la mitomanía que los tiempos habituales pueden tolerar, he de reconocer que, tras leer unas cuantas biografías de Bowie (alguna de ellas no reseñada aquí, los jefazos me advirtieron muy seriamente), todavía acudía compulsivamente a las menciones de lo que llamamos la Trilogía de Berlín, de la cual Low, objeto de este libro, es primera pieza y elemento absolutamente necesario en la comprensión estética y sonora de la evolución de la concepción sonora, desde que se publicó. Cualquiera interesado debería oir este disco y esforzarse en comprender el entorno de su producción, no solo sus resultados, y Hugo Wilcken se zambulle en unas cuantas biografías de Bowie (muchas de ellas publicadas en vida y centradas en su poderoso periodo de creatividad que acaba allá por los primeros ochenta) y extrae información. Aporta al libro un cierto pulso narrativo, casi novelesco. 

Bowie en la cresta de la ola tras haber asaltado el mercado americano con otro de sus disfraces creativos. En plena crisis personal a muchos niveles: su matrimonio con Angie (ésa Angie) hace aguas, está completamente enganchado a la cocaína, que condiciona su exhaustivo y caprichoso ritmo de trabajo. Siente curiosidad que se expande en todas direcciones: pintura, literatura, ocultismo. Está al día de todas las corrientes musicales, aunque sea para tomar de cada una lo que mejor apuntale su carrera. Se planta en Berlín acompañado de Iggy Pop, que es prácticamente su reverso estético, aunque este con lo que tiene problemas es con la heroína, reúne a algunos de sus secuaces habituales, como Brian Eno y a algunos que no lo son, graba un disco con una primera cara alterada de canciones cortas de ásperos y extraños ritmos funk y una segunda en la que congela el tiempo, como esos vídeos en las redes donde la gente lanza agua hirviendo a un aire a decenas de grados bajo cero, y esas cuatro canciones, apenas veinte minutos de música instrumental, abstracta, una mezcla de angustia y experimentación, conciben el sonido que, en segundo plano o en primero, debidamente insuflado de ritmos o asi, desnudo, marcará más de una generación. Todo ese proceso, desde que el sonido del disco es anticipado en grabaciones anteriores y hasta que el disco empieza a ser digerido por público y crítica. Claro que se puede despachar un disco en una docena de líneas y un par de etiquetas. Pero este disco no es Low. Todo lo que se pueda escribir sobre él sabrá a poco.

domingo, 29 de marzo de 2026

Malcolm Devlin: Y entonces desperté

Idioma original: Inglés
Título original: And Then I Woke Up
Año de publicación: 2022
Traducción: Mª Pilar San Román
Valoración: Recomendable

Y entonces desperté es una novela de terror tan sencilla como efectiva. Además de enfocar de manera refrescante los géneros del apocalipsis y los zombies, entrega un contundente mensaje, lo cual aporta profundidad y enjundia al conjunto.

Transcurre en un mundo devastado por infectados violentos. El elemento diferencial de esta historia es que dichos infectados no son zombies, sino que tienen la percepción de la realidad alterada y ven a otras personas como tal. Los protagonistas de la historia, Spence y Leila, dos infectados rehabilitados, gestionan su pasado de manera distinta. Spence siente una culpa que le impide aceptar la postiza redención que los compasivos organismos oficiales reservan para los rehabilitados. Leila, en cambio... Bueno, mejor dejo que esto lo averigüen los lectores.

Llegados a este punto, me gustaría destacar unos cuantos apartados de Y entonces desperté que me hubiera gustado que se plantearan de otro modo:

  • Si bien el mensaje de la novela la engrandece y está muy bien focalizado, es quizá algo obvio y lineal.
  • Pese a que los protagonistas están adecuadamente diferenciados y caracterizados, sería más fácil simpatizar con ellos si su personalidad y motivaciones se hubieran espesado un poco.
  • Ojalá se exploraran más las formas en las que el gobierno pretende conseguir que los infectados vayan despertando, aunque comprendo que la novela no persigue crear un mundo detallado, por lo que con esbozar unas cuantas ideas interesantes sobre esto ya es suficiente.

Sea como fuere, Y entonces desperté es una vuelta de tuerca de las historias, por lo general algo gastadas, de apocalipsis y zombies. Aunque advierto que lo que la diferencia de sus compañeras de género no es solamente su concepto original, sino que también su tono reflexivo y el hecho de priorizar la psicología de sus personajes a la acción.

La imagen de la cubierta de la edición al español de Y entonces desperté me encanta. Realizada por el artista digital Samuel Araya, plasma con absoluta maestría una escena crucial de la novela.  

viernes, 27 de marzo de 2026

2*1: Una madre trabajadora de Agnes Owens y Riesgo moral de Kate Jennings

2*1, sí. ¡Como si esto fuesen los siete días de oro de los gafapastas! Pero todo tiene su sentido. En este caso, dos son los lazos que ligan los libros hoy reseñados: su premisa (una mujer que, por motivos relacionados con la situación de sus respectivos maridos, ha de ponerse a trabajar) y su publicación en España por Muñeca Infinita. Ahora bien, no penséis que estoy va a ser una reseña comparada ni nada por el estilo; serán dos reseñas "independientes" de dos libros muy diferentes entre sí pero altamente recomendables. Empezamos.

Idioma original:
Inglés 
Titulo original: A working mother
Año de publicación:1994
Traducción: Blanca Gago
Valoración: Bastante recomendable

Apenas cuatro líneas de diálogo sirven para ponernos en situación sobre los dos personajes que protagonizarán esta novela: Betty y Adam, un matrimonio que no parece ir demasiado bien. Pero lo que parecía un drama sobre un matrimonio en descomposición resulta que, apenas 15 páginas después, se convierte en algo ligeramente diferente. Digamos que ese componente no desaparece (tristeza, soledad, alcohol, etc están presentes a lo largo de toda la novela), pero el tono del texto nos lleva al terreno de la "tragicomedia".

                                                    - Y mientras tanto, los hombres se morían
- Tú no. Ojalá te hubieras muerto
                        - Ojalá. Lo pienso cada vez que os veo a ti y a los mocosos en este vertedero 
 
Porque Una madre trabajadora es una novela oscurísima, ácida y llena de un humor negro profundamente british, en la que se juntan lo sórdido y lo patético, lo absurdo y lo triste. Tanto es así que la novela podría ser (y aquí me la juego), tanto por tono como por estructura, una sitcom británica que adaptara una obra de teatro de Tennessee Williams. O una especie de revisión oscura de Fleabag, la estupenda y recomendadísima serie protagonizada por Phoebe Waller-Bridge. 

No voy a entrar en detalles sobre el argumento porque implicaría destripar parte importante del atractivo de la novela, por lo que paso directamente a enumerar sus puntos fuertes:
  • los diálogos, con los que la autora describe situaciones y personajes, al tiempo que hace avanzar la trama. Se lleva la palma Betty, el personaje más logrado.
  • su ritmo, conseguido a través de breves escenas y de los comentados diálogos, con los que Owens se salta las "zonas de transición".
  • su capacidad de meter el dedo en la llaga desde una aparente ligereza. El amor, el sexo, las relaciones de poder, el papel de la mujer en la familia y en la sociedad, etc son otros temas que parecen en la novela.
  • el contraste entre sordidez y absurdo.
  • el final, contundente pero coherente con el desarrollo previo.
Quizá alguien pudiera decir que los personajes secundarios no están del todo bien construidos o que los saltos entre escenas son demasiado abruptos. Puede ser, pero me inclino a pensar que esto obedece más a la propia estructura de la obra que a un defecto "en sí". Optar por una novela más convencional podría dar mayor profundidad a esos personajes y mayor "continuidad" a la trama, pero creo que el texto perdería en frescura e inmediatez. Y no sé yo si compensaría, la verdad.

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Idioma original: Inglés  
Titulo original: Moral hazard
Año de publicación: 2002
Traducción: Esther Cruz Santaella
Valoración: Bastante recomendable

Voy a contar mi historia de la forma más directa que pueda, de lo más directa que me lo permitan los recuerdos torcidos que todos tenemos. Toda una declaración de intenciones que se cumple a lo largo de las 186 páginas de una novela en la que "conviven" la enfermedad degenerativa del marido de la narradora y la inserción de esta en el darwiniano entorno de la banca de inversión de Wall Street. Dos temas aparentemente antitéticos, pero que en manos de Jennings engarzan de forma convincente.

¿Cómo lo hace? Pues a través de breves capítulos en los que el escenario salta de la intimidad del hogar o del centro médico a la agitación del mundo de las altas finanzas y en los que su protagonista y narradora tiene la sensación de moverse entre dos formas de demencia.

Puede dar la impresión de que dentro de Riesgo moral hay dos novelas diferentes. No diría tanto ya que ambas comparten tono y cuentan con elementos comunes que son utilizados por la autora para lograr el engarce que comentaba anteriormente. El principal nexo de unión entre ambas "partes", además de la sensación citada en el párrafo anterior, es su carácter casi iniciático. La protagonista ha de aprender a convivir con la enfermedad y con un marido que cada vez se parece menos a quien fue no hace mucho tiempo y, al mismo tiempo, ha de aprender a moverse en un mundo absolutamente desconocido para ella y del que obtendrá valiosas lecciones.

Es normal que la parte "íntima" de la novela llegue de forma más directa. Jennings opta por el patetismo en lugar del espanto para mostrar el miedo y la soledad ante la enfermedad y la muerte. Pero hay momentos de luz, de ternura y amor que no palían el dolor, pero suponen un breve respiro. Jennings consigue emocionar sin caer en la sensiblería.

Por su parte, el lado financiero de la novela resulta algo más "áspero". Me gusta el retrato que ofrece del mundo laboral, demoledor y realista al mismo tiempo, así como la evolución de la protagonista en los 6 años que permanece en el mundillo, pero todo lo relacionado con intrigas más o menos políticas y el mundo de los derivados y opciones se me hace algo cuesta arriba, la verdad.

Pese a esta última salvedad, Riesgo moral supera con nota el examen y demuestra el buen ojo del editor para rescatar textos de los que nadie (o casi nadie) había oído hablar por estos lares.

jueves, 15 de enero de 2026

Michelle De Kretser: Teoría y práctica

Idioma orginal: Inglés 
Título original: Theory and practice
Año de publicación: 2024
Traducción: Regina López Muñoz
Valoración: Bastante recomendable

Teoría, praxis y, también, poiesis. Porque, al igual que no resulta fácil vivir sin entrar en contradicción con las propias ideas, no es sencillo crear con esa tensión entre lo ideal y lo real.

Hecha esta tirando a pedante acotación inicial, hay que decir que Teoría y práctica es un texto que se abre con una "novela interruptus" que da paso a la verdadera novela, la protagonizada por Cindy, mujer joven y descendiente de ceilaneses, a partir de su traslado a Melbourne en 1986 con el fin de preparar su tesina La construcción de género en Virginia Woolf. 

Ese es el punto de partida, el hilo al que se irán incorporando personajes y con el que estos tejerán relaciones que pondrán a Cindy frente a sus propias contradicciones, ya sea en lo filosófico / académico, en lo artístico, en lo ideológico o en lo sentimental. Diferentes aspectos de la vida de la protagonista se verán atravesados por fuerzas antagónicas y harán que el texto pueda ser leído desde diferentes ópticas: novela de tesis, novela colonial, memoria personal o novela de formación. 

Creo que la primera y la última son las mejores forma de enfocar Teoría y práctica, ya que su protagonista llega a Melbourne con un importante bagaje intelectual (posestructuralismo, feminismo, literatura, etc) que la realidad hará, en cierta forma tambalearse. Ahí radica el principal poder de la novela, en poner en tela de juicio certezas propias y ajenas, en poner en duda las categorizaciones abstractas que se verán agitadas por el caos de la vida real y las relaciones de poder, ya sea en lo académico, en lo artístico o en lo sentimental, y que pondrán a Cindy y al lector frente a un espejo que nos devuelve una imagen no idealizada.

Al lector, sí, sea hombre o mujer ya que, aunque Teoría y práctica está escrito desde una óptica femenina y feminista, cualquiera puede y debe sentirse interpelado por el texto. 

domingo, 5 de octubre de 2025

Colaboración: Patrick White: Las esferas del mandala

Idioma original: inglés

Título original: The solid mandala

Traducción: Elena Marengo

Año de publicación: 1966 

Valoración: entre recomendable y bastante recomendable


Suelo tener una mirada benigna sobre los ganadores del Nobel; por lo general, haber hecho caso de las recomendaciones me trajo muchas horas de felicidad y la sensación de asombro al descubrir autores de altísimo nivel que no hubiera descubierto por mi cuenta, ya sea por desconocimiento propio o por el olvido de la figura. Y es lo que me ocurrió con Patrick White cuando compré Las esferas del mandala en una edición hermosísima de la editorial El hilo de Ariadna y prologada por Coetzee (otro al que le tengo cariño).

La novela, muy deudora de las corrientes psicológicas del momento, se centra en la relación entre dos hermanos, Waldo y Arthur Brown. El primero es eso que los argentinos llamamos “un fantasma”, es decir, alguien que se cree cualitativamente superior al resto en base a méritos dudosos o inexistentes, pero que han construido toda una mitología personal a raíz de eso y cuyas actitudes se ven condicionadas por esa ilusión. No es un protagonista (digo protagonista porque, de las cuatro partes que componen el libro, es la más extensa) agradable, no hay nada que lo redima, es un resentido con el mundo y sobre todo con el otro protagonista, su propio hermano y mellizo, marcado con un leve retraso madurativo (en eso Patrick White lo desarrolla con maestría, porque a pesar de sus acciones y de cierta incomodidad ante su carencia de filtro para con la sociedad, dice y hace cosas humanas que excluyen a la masa australiana hipócrita, una masa con la que el propio autor, por lo visto, luchó toda su vida), ya que se ve obligado a cuidar de él en cada momento, con el desprecio que lo deja aterido.

Por el otro lado, Arthur Brown también es un gran personaje; primero se desarrolla ante nuestros ojos desde el punto de vista de Waldo, sospechando siempre que lo que dice no corresponde exactamente a la realidad, y luego, bajo su propio punto de vista, comprendemos que todo lo ocurrido por su mano contiene su lógica personal, incomprensible para los demás, pero perfectamente explicable para el lector, destapándose como el verdadero héroe espiritual de la novela. Esto es posible por la maestría del lenguaje de White, que imbrica la trama de sutilezas que van atándose como por medio de intuiciones, como si las pistas no fueran lo suficientemente claras, pero que, de alguna forma, al lector la revelación lo acomete de diversas maneras y sin esfuerzos aparentes.

No es una novela fácil de leer, en el sentido de que no hay acción prácticamente, no hay grandes sucesos (solo existen aquellos que uno puede sospechar que son un punto de quiebre para uno de los dos hermanos, ya sea por la potencia de la escena o por alguna frase nimia que termina explotando en el momento más inesperado) y no hay grandes avances en la personalidad de cada uno de los personajes. En ese sentido todos se encuentran definidos, cada uno encarna e internaliza el rol que cumple en esa sociedad y que cree que debe cumplirlo a expensas del bienestar personal y ajeno. Pero es una novela donde las capas se van completando a medida que se avanza; lo que se muestra en la primera parte (dos mujeres en un colectivo que analizan la relación de los hermanos) cobra sentido en la última escena o se resignifica con las nuevas piezas que se van introduciendo, como un Rashōmon psicológico. 

PD: No sé en el resto de los países, pero como vivo en Argentina, recomiendo mucho la colección “Biblioteca personal de J.M Coetzee” de la editorial El hilo de Ariadna. Son doce libros que dieron impulso, en palabras de Coetzee, a su escritura. Entre ellos se encuentran: el libro ya reseñado, El ayudante, Madame Bovary, La letra escarlata, etc, todos ellos a un precio inverosímil ($16.000 y algo, sacando a un par) para lo cuidada de la edición y la inaccesibilidad de comprar libros en este contexto del país. Aprovechen lo más rápido posible.

Firmado: Félix     

sábado, 30 de noviembre de 2024

Colaboración: Las llanuras, de Gerald Murnane

Idioma Original: inglés 

Título Original: The plains

Año de Publicación: 1982

Valoración: Imprescindible 


Aníbal cruzando los Alpes, de Turner, la Sonata para Piano no 14, de Beethoven o Doña Bárbara de Rómulo Gallegos son creaciones artísticas en donde se comprueba lo siguiente: la naturaleza ha sido uno de los principales motores del arte. ¿Cuántas montañas y volcanes, mares tempestuosos o noches estrelladas no han alimentado a poemas, pinturas o películas?

Australia, la tierra del escritor Gerald Murnane, no está exenta de paisajes seductores: selvas húmedas e indómitas, playas de ensueño y monolitos místicos, pero Las llanuras, nuestra novela en cuestión, se desarrolla en las planicies centrales. ¿Por qué este novelista escoge la monotonía de este lugar y no el mundo salvaje de las otras regiones? 

Las montañas imponentes tienen su fin ante la vista de quien contempla, el mar es interminable, pero volátil: solo las llanuras permanecen en su vastedad. Y es esta cualidad la que ha fascinado a sus habitantes, quienes han desarrollado mitos, artes y tradiciones en torno a ella, a tal grado que la inmensidad de las planicies y lo inexplorado de sus tierras simbolizan perfectamente la grandeza de su pueblo, que incluso delira con ser otra Australia independiente: no la de los canguros y koalas, sino la de las perdices y avutardas. Son ellos quienes afirman que solo hay algo mayor: la eternidad como planicie.

En Las llanuras, Murnane nos presenta a un cineasta que llega a esta región con la finalidad de retratar su inmutabilidad. Tan explorador como ascético, pasará muchos años intentando cumplir su cometido: porque Murnane es más que aventuras, más que atardeceres indescriptibles y relaciones inefables: es una maraña creciente de posibilidades y detalles. El texto se vuelve una lucha contra las limitaciones del pensamiento y la consciencia. Murnane nos hará reflexionar a través del cineasta y los habitantes de las llanuras que lo que yo veo no es igual a lo que tú ves, y esto mismo se traslada a lo individual, porque lo que hoy veo y pienso no es lo mismo que lo que vi y pensé ayer.

Este abanico heterogéneo de percepciones hará que el cineasta observe cada elemento del paisaje y note la sutileza con que todo cambia en lo que parece inmutable. Basta que una hierba se mueva para que esas llanuras sean ya otra cosa. Nada permanece por vasto que sea. Perplejo por este descubrimiento, él pospone indefinidamente el rodaje de su película.

Pero los frutos de este desengaño también cambian. El cineasta pasa de la parálisis a la fascinación con una meditación sobre este mundo laberíntico e inasible. El “nada existe, si algo existe no lo podemos comunicar” de Gorgias es poéticamente reescrito y lanzado como una patada directa al corazón, como defendiéndose del ángel de Jacob, reconociendo su derrota, pero dejando un texto tan épico como esa lucha bíblica contra el ángel de Dios, con un lenguaje tan delicado y profundo que recuerda a Proust y que se se bifurca sin fin como un mapa dibujado por Borges.

Así, Murnane cambia el conocimiento por la contemplación: el protagonista teje una elegía de los límites y canta una oda a lo indecible. Echa por tierra cualquier itinerario porque de nada sirven en un mundo cambiante donde para viajar basta levantar la cabeza y dar un suspiro.

Ante la ausencia de lo definitivo, el cineasta podrá desertar de su película: Murnane jamás abandonará el arte. Del vértigo del cambio a la tranquilidad de la introspección, el texto fluirá como lo hará el cineasta: dejando de cuestionar y comenzando a vivir en carne propia la naturaleza. Solo así podrá disfrutar de su vida e iniciar un nuevo proyecto frente a otras dificultades (todo esto con un muy particular sentido del humor). Murnane logra una poética de lo contingente y en Las llanuras la bebemos extasiados sin riesgo de resaca. Estamos listos para recorrer cualquier mundo.

Firmado: Arturo Jiménez Viveros

martes, 16 de abril de 2024

Michael Winkler: Grimmish

Idioma original: Inglés
Título original: Grimmish
Año de publicación: 2021
Traducción: Eduardo Iriarte
Valoración: Está muy bien

"El hombre es la única criatura que inflige dolor por diversión, consciente de que es dolor" (Mark Twain)

Quiero abrir la reseña con esta cita de Mark Twain porque, aunque en otros sitios (si es que hay sitios que hayan leído y reseñado este libro) puedan decir que es, al menos en parte, novela(falsa)biografíaensayocrónicadocumental, creo que la mejor definición de Grimmish es la de artefacto posmoderno acerca del DOLOR. 

Parte nº 1: artefacto posmoderno. La reseña del propio libro es el capítulo 1 del libro (bucle infinito, vaya) y ya nos da una pista de que lo que vamos a leer va a ser, como poco, peculiar. En páginas posteriores, notas al pie que incluyen digresiones, aclaraciones, citas y reflexiones, informes médicos o policiales, crónicas periodísticas, diálogos surrealistas, ruptura de la cuarta pared, y de la "lógica narrativa" seaesoloquesea, etc confirman ese carácter peculiar del texto y hacen que este oscile entre lo divertido y lo profundo, entre lo realista y lo surrealista, pero mantenga al lector enganchado a sus páginas.

Parte nº 2: acerca del DOLOR. Sí, todo ello para hablar del dolor físico y no físico, del dolor propio y ajeno, de la violencia, de nuestra actitud hacia ella, y de formas de entender o no la masculinidad. No solo, eso; otros temas aparecen de forma tangencial en el libro, como la "australianidad", el papel de las palabras, etc, pero el epicentro del texto lo ocupa, sin duda, EL DOLOR.

Para ello, Winkler se sirve de Joe Grim, púgil italoamericano de cuarta fila pero con una resistencia sobrehumana al dolor y que anda de gira por Australia allá por 1908-1909, del tío Michael (si es que ese es su verdadero nombre), testigo / acompañante de la tourneé pugilística, y del propio narrador/autor.

Es Grim un personaje fascinante, un tipo que habla como un sabio, que actúa como un bruto y que es un profeta del dolor. Su trabajo hace que las primeras páginas se deslicen a lo que parece una novela biográfica con el boxeo como centro, pero Winkler pone en marcha la batidora, pasa de guardia diestra a guardia zurda, juega con los límites de la ficción, cambia las alturas del golpeo, pasa de lo novelesco a lo ensayístico, de la sangre y la acción a lo reflexivo, se refugia en las cuerdas y nos acaba desarbolando con un texto torrencial y sorprendente que constituye toda una sorpresa y un reto para los lectores que busquen emociones fuertes y textos que se sitúen en los márgenes de la literatura.

P.S.: Grimmish fue un libro autoeditado. Autoeditados del mundo: no perdáis la esperanza

domingo, 30 de abril de 2023

Nick Cave: Más extraño que la bondad

Idioma original: inglés

Título original: Stranger than Kindness

Traducción: Mariano Peyrou

Año de publicación: 2022

Valoración: Recomendable para fans, Curioso para el resto


No me contaría del todo entre esos fans para los que pienso que es recomendable el libro. Nick Cave me parece un artista interesante, le he visto en algunos conciertos, cuando era más gótico y salvaje (Cave, no yo), menos crooner, sé que ha escrito algún libro y que es un personaje algo extraño que tuvo su época de problemas con las drogas (eufemismo). No mucho más. 

El libro es ya sorprendente por su presentación, formato grande, tapas duras y más de kilo y medio de peso, que es una característica que no se suele tener en cuenta en un libro pero en este caso sí que es digna de mención. Por no hablar de la cubierta, con la reproducción de una pintura sumamente inquietante con dos Caves, que parecen padre e hijo pero solo por el tamaño y el ademán, porque vienen a tener una edad parecida, además de un aspecto que tiene más bien poco de humano, podrían ser muñecos de cera o replicantes de los modelos más primitivos. Por lo que dicen los créditos finales, parece que el libro está relacionado con cierta exposición celebrada en Copenhague en torno a este músico.

Iba a decir que el libro tiene dos partes, pero no sería correcto, en realidad solo tiene una: una amplia colección de fotos de objetos que tuvieron o tienen algún significado en la creación artística del autor australiano: dibujos y cuadros pintados por él mismo (algunos con su propia sangre) o por amigos o amantes; objetos encontrados o comprados en mercadillos, sobre todo figuras de índole religiosa (vírgenes, cristos); libretas hechas por el propio Cave o encargadas exprofeso para tomar anotaciones para sus canciones; fotografías personales, unas pocas de la infancia o de sus padres, otras de sus parejas o amigos; y sobre todo, un buen número de papeles con letras de canciones, casi siempre, claro está, garabateadas o llenas de tachaduras.

Con todo este material se va haciendo el lector una idea aproximada de la personalidad de este caballero, como supongo que es lo que se pretende. Parece un tipo excesivo en casi todo, con un punto maníaco y tanta necesidad de crear, de asimilar y expresar como de respirar. Sorprenden los diferentes rasgos de su escritura, el esperable caos de las anotaciones y la pulcritud con la que, una vez concluidas, pasaba a máquina las letras de las canciones y las pegaba en la misma libreta junto al borrador. Pero sobre todo llama la atención esa extraña mezcla entre la actitud punk y la religión que recorre todo el muestrario. No es solo la imaginería, vemos páginas de la Biblia subrayadas y frecuentes referencias en sus canciones a Dios o a la muerte, hay como una angustia por querer entender los mensajes, una obsesión por ese mundo de la fe al que él no pertenece pero que le atrae y le perturba. Una aleación que podemos detectar en otros artistas, pero que en este caso no presenta atisbo de broma o de ironía, sino que es como un fuego interior que uno puede apreciar escuchándole interpretar From Her to Eternity o Your funeral, my Trial, por ejemplo. Y es que Cave, cuando canta, es como un predicador, no sé si más furioso que atormentado o al revés.

Pero volviendo al libro, lo que las imágenes inspiran o sugieren lo confirma el escaso pero sobresaliente texto, un muy interesante ensayo firmado por Darcey Steinke titulado Dios está en casa. Sitúa la atracción de Cave por el mundo bíblico en paralelo a la influencia religiosa que recibió Elvis (uno de sus ídolos) en su juventud, incide en la presencia del mal, el perdón o los ángeles en la música y los libros de Cave y, sobre todo, disecciona pasajes de sus canciones y de sus dos extrañas novelas, la relación con los grupos de los que formó parte (fundamentalmente, The Birthday Party y The Bad Seeds, últimamente Grinderman), siempre desde una perspectiva casi filosófica, absolutamente alejada de la simple historieta del músico y sus andanzas. Un texto de mucho nivel en el que podemos encontrar referencias a Chéjov, Barthes, E.T.A. Hoffmann o William Blake, por poner algunos ejemplos. Aunque las imágenes que se nos muestran no nos interesasen en absoluto, este texto merece realmente la pena solo por sí mismo.

A tener también en cuenta (y no saltarse) las notas finales con comentarios a las distintas ilustraciones, que nos ponen un poco en situación sobre el momento o las circunstancias en que aparecieron.

Hay que reconocer que el conjunto es algo bastante extraño, desproporcionado como el propio protagonista del material, quizá poco comprensible para quien no conozca de nada a Nick Cave, pero a poco que nos atraiga el personaje o su entorno, o por mera curiosidad, el libro bien merece al menos un vistazo.

 


martes, 18 de abril de 2023

Richard Flanagan: El mar vivo de los sueños despiertos

Idioma original: Inglés
Título original: The living sea of waking dreams
Traducción: Alberto Moyano
Año de publicación: 2020
Valoración: Recomendable

Si nos centramos en el envoltorio del texto, podríamos decir que "El mar vivo de los sueños despiertos" es una "distopía (no demasiado lejana, por otra parte) ecologista" o un relato "mccarthyano" (de Cormac, no del senador) en la onda de La carretera. Pero si vamos al meollo del asunto, creo que está novela no es otra cosa que un terrible relato de amor y de culpa. 

Estamos en una Tasmania, con algún que otro viaje a Sydney o Melbourne, que arde sin control y en la que tres hermanos asisten al progresivo deterioro de la salud de su madre. Sensación, por tanto, omnipresente de fin del mundo, de fin de la vida y ante la que los hermanos actúan de diferente forma. 

Así, Anna, Tommy y Terzo se convierten, en este orden, en los principales protagonistas de una novela basada en unos personajes muy bien construidos (y en el caso en Anna también deconstruido) que han de enfrentarse al presente cargando con la pesada mochila del pasado y con un futuro, como mínimo, incierto.

Por lo tanto, parte fundamental (y para mi la más destacada) de la novela es la indagación del autor en las relaciones familiares (maternofilial, entre los hermanos...) y la influencia de estas en las decisiones sobre la vida y la muerte. Y pese que el riesgo de caer en el melodrama siempre ronda este tipo de texto, Flanagan lo esquiva y ofrece páginas memorables cargadas de intimismo, ternura y dolor.

Pero la novela tiene otros planos paralelos, que no independientes. Al plano psicológico acompañan la ya citada "distopía ecológica" y un aspecto que podríamos vincular al realismo mágico. Ya digo que no son independientes a la "línea principal": de hecho, son fundamentales en el devenir de la misma, pero me queda la sensación de que si la novela se hubiese circunscrito a su aspecto más íntimo o psicológico, esta habría quedado más sencilla y (aún) más potente.

En cualquier caso, nada empaña la sensación final de haber leído una recomendable novela que aúna luz y oscuridad, ternura y desasoiego.


También de Richard Flanagan en ULAD: El camino estrecho al norte profundo

martes, 24 de noviembre de 2020

Kenneth Cook: Pánico al amanecer

Idioma original: Inglés
Título original: Wake in Fright
Traducción: Pedro Donoso
Año de publicación: 1961
Valoración: Recomendable

Pánico al amanecer es una novela breve de Kenneth Cook. De apenas doscientas páginas, concilia el entretenimiento con el fondo reflexivo y la factura artística. Narra una historia de autodestrucción y la atraviesan la alienación, la miseria, la crueldad y, sobre todo, la tristeza humana. Está plagada de ninfómanas, ludópatas y alcohólicos. Su premisa es la siguiente: John Grant se encuentra, de la noche a la mañana, sin dinero ni conocidos en medio de una tierra inhóspita.

Transcurre en el Oeste de Australia. Y dejad que os diga que Cook nos desplaza hasta ese escenario con pasmosa facilidad. Sentimos en nuestra propia piel el calor del sol, la soledad de la llanura, la pobreza moral y económica de sus pueblos y ciudades, el envilecimiento de sus habitantes. Olemos un disuasivo aroma a patatas fritas grasientas, participamos de brutales cacerías de canguros o montamos en trenes cuyo recorrido se prolonga durante horas. 

La prosa del autor, exenta de artificios, es muy inteligente en su manejo de varios recursos literarios. Naturalista y psicológica por lo general, consigue transmitir, en los pasajes pertinentes, un sesgo subjetivo o emociones abstractas; asimismo, imprime un adictivo suspense o una enriquecedora ambigüedad a la acción si se tercia.  

El desarrollo que experimenta el protagonista de esta ficción me ha parecido sumamente interesante. En un inicio nos es presentado como alguien racional, pero pronto presenciamos con impotencia que su falta de carácter y la ebriedad le llevan a la ruina. Y durante gran parte del relato parece que el bueno de Grant será incapaz de remontar, pero al final atisbamos un brillo de esperanza en el horizonte. Prefiero el fatalismo absoluto al desenlace agridulce con visos de mejora, pero en este caso agradezco que Cook le haya dado un cierre vagamente positivo a su héroe. Es un cierre redondo, dada su linealidad y coherencia. Es un cierre conmovedor, con una poderosa carga de redención y madurez.    

Hay quien afirma que la conclusión de esta novela es previsible. Admito que Cook recurre a ciertos personajes (Janette Hynes, Jock Crawford...) de un modo un tanto obvio, y que resuelve el conflicto de Grant de una manera, como ya he adelantado, algo lineal. Sin embargo, insisto en que el cierre del texto me ha parecido espléndido en su sencillez. 

Por supuesto, si Pánico al amanecer me ha gustado tanto es debido a los temas y mensajes que maneja, su prosa, su tono, su exótica ambientación, su argumento y los personajes a los que retrata. Puede que no estemos frente a literatura de alto voltaje, pero sí ante una digna muestra de que el entretenimiento no tiene por qué estar reñido con la calidad. 

Existe, por cierto, una adaptación cinematográfica de Pánico al amanecer, estrenada una década después de la publicación del libro. Elevada en la actualidad a la categoría de obra de culto, reproduce fielmente al material original. Para mi gusto no aporta demasiado, aunque es una buena traducción del trabajo de Cook al lenguaje audiovisual.

domingo, 23 de diciembre de 2018

Barbara Baynton: Estudios de lo salvaje

Idioma original: inglés
Título original: Bush studies
Año de publicación: 1902
Traducción: Pilar Adón
Valoración: Bastante recomendable (o más)

Un lejano vistazo a la portada de este libro va a trasladarnos una impresión equivocada. Una autora australiana de finales del XIX y principios del XX y un dibujo de lo que parecen las flores de una maceta o similar pueden sugerir un libro de relatos sobre la bucólica vida en el campo. Ahora bien, si nos acercamos hasta coger el libro en las manos, veremos que lo que creíamos unas alegres florecillas de jardín es, en realidad, un enmarañado conjunto de zarzas, cardos y flores espinosas en lo que parece una tenaz lucha por la supervivencia. Esto se asemeja mucho más a lo que hallaremos en los seis relatos que componen el libro ya que "Estudios de lo salvaje", rompiendo con las corrientes dominantes en la literatura anglosajona (y australiana) de la época, muestra con un realismo brutal las condiciones de vida, sobre todo de las mujeres, en el bush australiano. Tirando de Wikipedia, podríamos definir el bush como la región que separa la zona costera del gran desierto australiano y que se caracteriza por sus pobres suelos y su clima semidesértico. Esta región y sus habitantes, colonos llegados a Australia en el siglo XIX, fueron exaltados por la literatura de la época (ya sabéis, la lucha del hombre contra lo salvaje y desconocido, etc), pero la visión que Baynton nos ofrece es absolutamente desmitificadora.

En los relatos de "Estudios de lo salvaje" encontramos, fundamentalmente, mujeres que deben luchar no solo contra un territorio hostil, sino contra la miseria moral de unos hombres mezquinos y violentos, bestias salvajes sin escrúpulos que, al mismo tiempo que maltratan a sus mujeres, se aprovechan de ellas. No tuvo que ser cómodo leer esto para las gentes de comienzos del siglo XX.

Centrándonos en los seis relatos, quisiera destacar especialmente "La compañera de Squaker". Este es un relato especialmente brutal (dentro de la brutalidad que recorre todos ellos) en el que una mujer accidentada mientras trabaja en el campo es abandonada por todos, hombres ruines y mujeres egoístas, excepto por su perro, quien posee atributos mucho más humanos que los de los hombres. Es un relato crudísimo, plagado de violencia y con un final verdaderamente brillante. Ojo además a la presencia constante de esos animales mucho más fieles y cercanos que los propios hombres.

En "El instrumento elegido", otro de los mejores relatos del libro, volvemos a encontrar situaciones violentas y hombres mezquinos y supersticiosos. Es quizá el relato "menos clásico" en cuanto a la forma, con sus cambios de narrador y de tiempos, pero tiene una fuerza y una brutalidad vibrantes.

También quisiera destacar "Billy Skywonkie", otro relato salvaje en el que Baynton juega con maestría con el paralelismo entre el medio y las personas. Una prolongada sequía y el sacrificio de animales son metáforas perfectas para describir la miseria moral de la comunidad y la explotación sexual de las mujeres aborígenes o mestizas. Además del componente de género, Baynton añade el componente racial en este gran relato.

Ligeramente por debajo de los tres relatos indicados situaría "Una iglesia en la maleza", el relato más coral del volumen. En el se nos ofrece un retrato descarnado de una cerrada comunidad rural absolutamente alejada de cualquier clase de Arcadia. Al mismo nivel pondría "La soñadora", relato con tintes góticos que abre el volumen. En el, tras un comienzo casi bucólico, las cosas se van torciendo y su protagonista habrá de enfrentarse a sus propios miedos y temores, más peligrosos aun que un entorno hostil.

Por último, "Mano tullida", la única historia protagonizada exclusivamente por hombres, quizá sea el relato más flojo. En el, soledad, miedo y ruindad en un medio poblado de presencias casi fantasmales darán pie a una nueva historia violenta y cruel, aunque personalmente me transmite menos fuerza que los ya indicados.

En resumen, "Estudios de lo salvaje" reúne seis relatos en los que Baynton nos ofrece una versión desmitificadora de la lucha del ser humano contra los elementos en un territorio inhóspito y hostil: una visión llena de soledad, violencia y muerte narrada con un realismo brutal y algún que otro tinte gótico. Altamente recomendable.

martes, 19 de junio de 2018

Joan Lindsay: Picnic en Hanging Rock

Idioma original: Inglés 
Título original: Picnic at Hanging Rock 
Traductora: Pilar Adón 
Año de publicación: 1967
Valoración: Imprescindible

Las alumnas del colegio femenino Appleyard están de picnic el día de San Valentín de 1900 en Hanging Rock, una formación rocosa situada al sur de Australia. Esta bucólica estampa se resquebraja cuando desaparecen tres de las chicas y una de las profesoras que las acompañaba. Todo intento de búsqueda es infructuoso, y las pocas pistas que los investigadores tienen sólo consiguen ensanchar todavía más el misterio que rodea al caso.

Con esta premisa, Joan Lindsay elabora una novela que confundió a todos sus lectores por igual. ¿Acaso los eventos retratados en estas páginas sucedieron realmente? Podría ser: a fin de cuentas, el propio texto se autodefine como una “crónica” del Misterio del Colegio. Por otro lado, ¿qué sucedió con las desaparecidas? ¿Se extraviaron? ¿Las secuestraron o asesinaron? ¿Quizás hubo agentes sobrenaturales implicados en el asunto? Todas estas dudas son comprensibles, dado el carácter ambiguo del libro al que nos enfrentamos. Incluso la autora se dedicó a marear la perdiz; en las entrevistas que concedía nunca respondía con claridad, probablemente encantada con el desconcierto ocasionado.

Personalmente, me ha fascinado esta ambigüedad que las páginas de Picnic en Hanging Rock supuran. Aunque el misterio que rebosa la novela no es nada complaciente, está dosificado con tanta inteligencia que su cualidad inaprensible jamás supone un problema. Lindsay no se recrea en dicho misterio, simplemente lo deja intuir e inmediatamente después se pone a hablar de cómo cambia la vida a varios personajes. Sobre todo, la de Sara, amiga de una de las estudiantes desaparecidas, la de Mike, un aristócrata de procedencia británica, y la de la directora del colegio Appleyard; pero ya iremos a eso. En definitiva, el enigma inescrutable de Picnic en Hanging Rock, así como el final abierto de la historiano frustran al lector, porque lejos están de ser el enfoque principal del libro. Al fin y al cabo, no nos hallamos ante una novela de misterio, si no ante un libro sobre el misterio. Es por eso que, por tentador que sea, en ningún momento debemos enmarcar esta novela gótica dentro del género de terror. Al menos, dentro del terror al uso. Y es que Picnic en Hanging Rock es más desasosegante que terrorífica. 

La exploración de lo desconocido y sus consecuencias en los seres humanos no es, sin embargo, el único interés del libro. Picnic en Hanging Rock también nos propone interpretaciones sobre otros temas. Por ejemplo, la convivencia de binarios antagónicos, plasmada en la diferencia que existe entre el colegio femenino Appleyard y la naturaleza. Desarrollemos un poco más esta lectura. Appleyard y su directora representan la disciplina, el orden y el raciocinio, mientras que Hanging Rock simboliza lo anárquico e imprevisible. En otras palabras, el caos absoluto. No en balde, el tiempo pierde su cualidad reguladora en la formación rocosa, y, como ya hemos adelantado, hay personas que cambian drásticamente por culpa de la influencia de ese lugar.

Ahora quedémonos un momento en el cambio que Hanging Rock (o, más bien dicho, la desaparición que allí sucede) impone a dos de los protagonistas de la novela. Podríamos empezar hablando de la transformación que sufre la directora. Su compostura se ve puesta a prueba tras el fatídico San Valentín, al ser acosada constantemente por los medios de comunicación, los familiares de las desaparecidas o sus propios trabajadores. Así, esa mujer comedida se va tornando en un ser nervioso que acaba por caer en el alcoholismo. Las desapariciones también sirven de catalizador para Mike, un joven que estaba en Hanging Rock al mismo tiempo que transcurría el picnic. A lo largo de esta historia lo veremos madurar como persona, de un modo oscuro e irreparable. Repito: el caos.

Como se habrá podido entrever, este es un relato sugestivo y evocador. Sexualidad, madurez, civilización... Estos son solamente algunos de los temas a los que nos remite. Me detengo aquí porque no me veo capacitado para seguir analizando las capas y capas que envuelven este texto; con tal de despertar todavía más vuestra curiosidad, me limitaré a añadir que en él también se puede entrever una meditación sobre la independencia de Australia y la lucha de clases. De modo que por trasfondo que no quede. 

Por cierto, la parte formal de Picnic en Hanging Rock no se queda a la zaga con respecto al contenido. La prosa de la que hace gala Lindsay es excelente. Elegante y sofisticada, aunque sencilla. Ágil, pero nunca superficial. Además, la narración está regada de frases lapidarias y un humor irónico y refinado que se usa puntualmente para hacer algo de crítica social. Una auténtica delicia, vamos.

Y sobre la editorial que recupera esta obra de culto, Impedimenta, decir que nos ha entregado un producto con el intachable acabado al que nos tiene acostumbrados. Una cubierta espectacular y motivos ornamentales a color, compuestos por graciosas volutas, son dos de las muchas sorpresas que nos deparan estas páginas. Por si fuera poco, la editorial ha tenido el buen tino de omitir una versión de Picnic en Hanging Rock con un final del todo decepcionante. Porque sí, hay una versión de esta obra que la acercaba al thriller paranormal. No sé qué sobre el "dream time" de los aborígenes, un fenómeno espacio-temporal que detiene las agujas del reloj y difumina la realidad. O sea, un completo despropósito, si lo comparas con este otro resultado, en que nadie es capaz de ofrecer una explicación remotamente convincente al Misterio del Colegio... Ni falta que hace. 

Dice Miguel Cane, en una magnífica “Introducción”, que hay dos tipos de lector potencial para Picnic en Hanging Rock: “el que sabe dónde se adentra” y el “inocente que llega a  este paraje sin imaginar las consecuencias”. Yo pertenecía al segundo tipo. Bueno, miento. En realidad, algo sabía de esta extraña obra antes de empezar a leerla. Había oído que era una novela de culto, que la historia entremezclaba la realidad y la ficción, que su adaptación cinematográfica había sido un tremendo éxito (como lo será, probablemente, la serie, estrenada este mismo mes en España). O sea, que ya sabía algunas cosas sobre Picnic en Hanging Rock.

Pero creedme cuando os digo que esta información apenas te sirve una vez empiezas a ascender por la empinada ladera de Hanging Rock. La mochila pesa, y debes despojarte de ella. Además, total, para qué la necesitas: no te aporta nada. A tu alrededor, todo es distinto a lo que podías esperar. Nada podría, ni podrá, prevenirte de lo que tiene que suceder. Debes experimentarlo por ti mismo.  

Y dejad que os dé un aviso: este libro es de los que dejan una huella indeleble en el lector. Ya nunca se podrá acudir virgen a esta obra, que te marca como si de un tatuaje se tratara. Para bien (en cada reelectura, uno puede buscar nuevas interpretaciones de forma más consicente) y para mal (se pierde el factor sorpresa, tan agradecido). ¡Así que todos a leer Picnic en Hanging Rock ya mismo! Prometido: depara todo tipo de placeres a los lectores más exquisitos.   

domingo, 20 de mayo de 2018

Peter Carey: La verdadera historia de la banda de Kelly


Idioma original: inglés
Título original: True History of the Kelly gang 
Año de publicación: 2001
Traducción: Enrique de Hériz
Valoración: recomendable

Señoras señores, les aclaro. Que no tiene que ver historia novelada con novela histórica. Que lo segundo es una de las lacras de la literatura y lo primero es algo que escasea y que está a distancia y vale la pena. Que no es lo del azul grisáceo y el gris azulado. Que no. Que cuando Carey (otro del que habré de leer más) toma la voz de Jed Kelly y emplea ese vocabulario básico, ese tono rasposo, esa carencia de signos de puntuación a la que puede costar algo acostumbrarse,  no lo hace con la intención del lucimiento que lastra a los pesados que emplean cinco años en documentarse para entregar un tocho que tarda cinco años en leerse mientras nos deleitan con las historias de la pedrería que cubría el manto de armiño de un rey del siglo XI. No, no y no. Carey se integra y se mimetiza con el personaje y su único devaneo con el rigor per se es esa curiosa división del libro en legajos como para dar la apariencia de alguien hallando un tesoro literario enterrado en algún baúl que se ha salvado de la basura, y revelándolo. Es la máxima licencia visible porque desde las primeras páginas nos va a trincar de la pechera y nos va  a arrastrar por los áridos lodos del Salvaje Oeste australiano, donde no hay apaches sino irlandeses, donde no hay búfalos sino canguros, pero al margen de esos detalles casi de atrezzo todo lo demás es puro western y pura historia de bandoleros de gatillo fácil, de duras historias personales de esas que acaban con la gente proclamando que la cabra tira al monte.

En un monólogo agotador y falto de puntuación por exigencias del guion, vamos pasando uno por uno por los hitos de la vida de Jed Kelly, histórico bandolero y asaltante y atracador de diligencias de la Australia más inhóspita. Tipo al que la vida le ha negado casi todo en su niñez. Un padre encarcelado, una madre desorientada y sojuzgada por todos los hombres que, incluyendo a su marido, la han vejado y humillado hasta el punto de ser una mera huésped de hijo tras otro, de hermanos y hermanas. Una espiral de resultados previsibles donde será asistimos a la maduración a golpes de Sed Kelly, líder la banda que ha ido aprendiendo de otros bandoleros (algunos de ellos emparejados por esa madre que es el centro de gravedad al que el protagonista siempre regresa, tiñendo la historia de tonalidades edípicas), las diversas fechorías- robo de caballos, asalto de carros, atraco de bancos- por las cuales se erigirá en un icono local, alguien que sale en la prensa y de cuyas andanzas se habla.

Problema que limita este libro: casi 500 páginas son muchas para una historia tan claramente previsible (se ve que el tal Kelly es una especie de leyenda en Australia, y que Carey noveló su vida, supongo basándose en documentación, pero esta claro que permitiéndose licencias creativas), y en mi experiencia lectora ya me he encontrado bastantes ejemplos de villanos que lo han sido como consecuencia de la injusticia o incluso de la arbitrariedad de que quienes tienen que impartir justicia se inventen los delitos con los que puedan incriminarles (esto me suena mucho hoy en día). Héroes que han acabado sin otro remedio que ser villanos los hay en obras de Bunker, de Tolstoi, de Cercas, de Von Kleist, y ya no digamos si aún vamos más atrás en el tiempo. De hecho, La verdadera historia de la banda de Kelly tiene un poderoso aroma homérico. Y no digo, porque al final me inclino por recomendar esta novela, que la historia no sea potente y que Carey no sea solvente en su papel de narrador. Tan solvente como que en algún momento parece que estemos oyendo a esa estricta primera persona. Pero tanta reiteración disipa el entusiasmo inicial, y allá por la página 400 uno ya pide la hora al árbitro, porque, perdonad la broma, el partido ya sabemos cómo va a acabar.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Charlotte Wood: En estado salvaje

Idioma original: inglés
Título original: The Natural Way of Things
Año de publicación: 2016
Valoración: recomendable

Vamos siendo testigos, cada vez de manera más frecuente, de la aparición de obras que rompen el molde de lo socialmente cómodo, de aquello a lo que estamos acostumbrados y tendemos a aceptar sin pensar demasiado en ello. La reflexión, el cuestionarse la realidad que nos rodea, el plantearnos no únicamente la idoneidad de nuestro mundo, sino los extremos a los que puede llegar si seguimos ciertas tendencias o corrientes sociales es parte de las funciones de la cultura, más allá del entretenimiento que produce su propio consumo. Uno se entretiene cuando lee, pero es cuando termina el libro cuando se da cuenta de lo que va más allá de la pura diversión; hay otro nivel, que va dejando capas de una reflexión que se cuece interiormente.

Esta entrada de la reseña, algo más extensa de lo habitual, es para introducir un punto de reflexión previo a la lectura y hacer de contrapunto a la inmediatez y contundencia con la que la autora nos pone en situación justo al empezar el libro. Ya en un inicio, dirigido directamente a nuestras emociones primarias y sin andarse por las ramas, la autora nos sitúa ya de entrada en una habitación prácticamente vacía, de colores neutros, ausencia de objetos, casi aséptica, desnuda. En ella, dos mujeres sufren desorientación, no saben cómo han llegado hasta allí, qué quieren de ellas y qué hacen en ese lugar. Van vestidas de forma igual, sienten el mismo pavor, el mismo miedo. Están reclusas y apartadas de la sociedad.

Este inicio directo y contundente marca el camino de lo que nos traerá la historia. La autora transmite perfectamente la angustia de sus protagonistas, consiguiendo que el lector sufra con ellas en cada página mientras avanza en la lectura, queriendo conocer qué ha ocurrido, pero también qué está sucediendo. El tempo, la escenificación, todo encaja, está perfectamente calculado para lograr su efecto. Y lo consigue, especialmente en la primera mitad del libro. Así, nos encontramos con diez mujeres apresadas sin saber por qué lo están, como han llegado allí y qué quieren de ellas; la vida que les deparan sus secuestradores es un infierno de crueldad, deshumanización, sometimiento; maltratadas física y psicológicamente, desnutridas, rapadas al cero, drogadas, impedidas en la comunicación entre ellas, humilladas... El libro transmite una gran angustia, miedo, terror y desaliento... Charlotte Wood sabe narrar, sabe crear un aura de pánico, sabe cómo generar tensión, preocupación e inquietud.

A partir de la segunda mitad del libro, la narración decrece en ritmo, más orientada a una visión sociológica, de adaptación y superación, en diferentes aspectos y diferentes formas. Los retratos de las diferentes protagonistas abren un abanico de, no únicamente diferentes maneras de ser, sino también de grados de culpabilidad y grados de resistencia ante la adversidad. La lucha o el abandono, la disputa o el sometimiento, la venganza o la sumisión, el compañerismo o la individualidad. Así, encontramos las diferentes dualidades de la capacidad humana entre el amplio mosaico de personajes, donde hay una presencia siempre evidente de desesperación y soledad.

El propósito de la autora con este libro es el de reflejar una sociedad heteropatriacral claramente discriminatoria y ofensiva, que subyuga la voluntad de las mujeres a los deseos del hombre. La autora se sirve de este escenario para reflejar un mundo donde las mujeres son culpadas por la sociedad; consideradas culpables por haber protestado por los abusos en los que se han visto sometidas y así, al culparlas a ellas, encubrir y disculpar los hechos perpetrados por los hombres, volcando la culpa sobre las mujeres por denunciarlo. Así, el libro utiliza este marco mental para ubicar diez mujeres, todas ellas envueltas en algún episodio relacionado con escándalos sexuales o con la sexualización de su imagen, para ubicarlas y recluirlas un sitio donde ellas son despojadas de toda posible sexualidad, convertidas en seres casi inhumanos y tratadas como animales; rapadas al cero, vestidas iguales y en mínimas condiciones higiénicas rodeadas de suciedad. Sin elementos para mantener una adecuada higiene personal y con una gran ausencia de intimidad, son convertidas prácticamente en animales a manos de sus carceleros, quienes pretenden que ellas pierdan toda autoestima. Sin ánimo de explicar lo que ocurre sino lo que pretende, es evidente que el libro realiza una dura crítica a la sociedad y a la perversión humana que denigra a las mujeres simplemente por ejercer una libertad a la que deberían poder aspirar sin tener que ser sometidas a juicio por ello.

Como nota curiosa y alarmante, cabe indicar que este libro está basado en una institución que realmente existió en Australia en las décadas sesenta y setenta como aparente reformatorio de las consideradas malas conductas, pero que en realidad funcionaba como centro de castigo. La denuncia de la culpabilización de las mujeres por los abusos cometidos sobre ellas es el principal mensaje que la autora quiere transmitir en esta distopía. Y, ciertamente, esta narración pone de manifiesto algo que vemos demasiado a menudo: la culpabilización de las víctimas y la exención de los culpables. Lo vemos en titulares blanqueados en periódicos , donde las muertes de las mujeres a manos de sus parejas son suavizadas contando que «una mujer ha muerto en una disputa doméstica», como si fuera por un efecto causal o fortuito; las típicas justificaciones en respuesta a abusos alegando la forma de vestir o supuestos malentendidos al interpretar ciertas señales; esas típicas excusas que para algunos sirven para mirar hacia otro lado cuando realmente deberían condenar el delito y acusar al culpable. Lamentablemente estas escenas las vemos y ocurren en nuestros días, demasiadas veces; porque una sola vez ya es demasiado. Y sucede en nuestros países, en nuestra sociedad. Y si ocurre es porque, además de quien lo comete, hay quien lo permite. Y ambas cosas son imperdonables.

martes, 5 de septiembre de 2017

Reseña interruptus: Richard Flanagan: El camino estrecho al norte profundo

Idioma original: inglés
Título original: The Narrow Road to the Deep North
Año de publicación: 2013
Valoración: decepcionante

Tenía que pasar, algún día. Uno siempre intenta acertar en la elección de los libros a leer. Leemos mucho, leemos casi de todo, nos informamos, nos interesamos, nos preocupamos por escoger libros que sean buenos. Y a veces, a pesar de todo ello, a pesar de las buenas opiniones que se pueden encontrar, de los consejos de gente en quién confías, de saber que fue un libro ganador del Man Booker Prize, y a pesar de haberlo intentado con ganas, no una sino dos veces, uno acaba abandonando la lectura al tercio del libro, con la sensación de que no, que no gusta, que no atrapa, que no encaja en lo que uno espera de un libro. No sé si soy yo o es él, no sé si no estamos hechos el uno para el otro, pero con la cantidad de libros buenos que hay, con el tiempo limitado del que uno dispone, a veces (pocas en mi caso) uno cree que la mejor elección es el abandono. Y, aún así, siempre queda la sensación de dudar si la opción elegida ha sido la adecuada, si tantas críticas positivas pueden ser contrarías a la propia; pero sí, aún así, me reafirmo en mi decisión de abandonarlo. Podría ser que alguno de vosotros o vosotras me convenza de lo contrario y es posible que la mayoría lo intente. Y me gustaría que fuera así, porque demostraría que, como hemos visto en el blog varías veces, contra gustos no hay nada escrito. Y en eso también consiste reseñar y hacerlo, aunque sea, a medio libro (o un tercio en este caso). Exponer opiniones y abrir debates, todo enriquece el mundo literario, que en el fondo es de lo que se trata.

Pero bien, aquí va el porqué de mi decisión: el libro narra la historia del australiano Dorrigo Evans, prisionero de guerra en la Segunda Guerra Mundial en el frente japonés y quien, sin proponérselo, ve como le van ascendiendo dentro del grupo de prisioneros hasta hacerlo responsable de cien hombres a quienes debe dar ejemplo por su comportamiento, a su pesar. Considerándose a sí mismo como una persona de carácter débil, se siente con la responsabilidad de velar por la vida del resto de prisioneros en la construcción del ferrocarril que uniría Tasmania y Birmania (denominado "Ferrocarril de la muerte"). La forma que los australianos tratan a los prisioneros japoneses y los castigos inflingidos es la misma que aplicarían a unos esclavos: castigos corporales y torturas mentales, y el uso de los prisioneros como mano de obra condenada a trabajos forzados. A la vez, intentan que los físicamente fuertes se encuentren en condiciones para que su estado de ánimo y corporal redunde en un mejor y más productivo trabajo. Esta es una parte de la historia, contada en dos momentos temporales diferentes. En paralelo, se explica lo sucedido años después, se nos narra la vida de Dorrigo Evans y la relación amorosa que tiene con una mujer quien, a la vez, está casada con su tío. En esta parte, contada de forma alternada a la corrspondiente a la época en la que el protagonista es prisionero, asistimos a las dificultades con las que se encuentra para mantener la relación y a las dudas existentes entre los amantes.

Si bien la temática y el planteamiento de la historia son interesantes, no le encuentro mucho más atractivo. Pasadas las más de ciento cincuenta páginas no consigo conectar con la historia ni con el personaje. El autor explica hechos que van sucediendo, pero a trompicones, sin continuidad. De hecho, el libro parece un conjunto de recuerdos expuestos, muchas veces, sin un orden concreto.

En lo positivo, es fácil encontrar algun punto fuerte; hay momentos donde la crueldad en los tratos a los prisioneros puede ser muy dura y escalofriante y es bueno exponerla para hacernos conscientes de ella, pero cuando uno no conecta con un personaje que encuentra plano, insulso, soso y sin ningún interés, es difícil. Si además lo que ocurre no invita a que te creas la historia, lo hace aún más complicado, como cuando, a modo de ejemplo, el protagonista se enamora perdidamente de una mujer y, al cabo de cierto tiempo (no mucho), se la encuentra de nuevo y ni la reconoce. Cuesta de creer, ¿verdad? Además, la prosa utilizada es excesivamente cargante, buscando en exceso la belleza en sus frases haciendo que suene forzado, empalagoso. A modo de ejemplos:

"Las sombras llegaron más tarde, en forma de un antebrazo erguido cuyo contorno negro se agitaba en la grasienta luz de una lámpara de queroseno."

"Dorrigo se mecía de aquí para allá y se imaginaba convertido en una rama de aquellos eucaliptos negros que se agitaban sin descanso, peinando el vasto cielo azul que se extendía sobre su cabeza. Percibía el olor de la corteza húmeda y las hojas marchitas, veía en las alturas a los clanes de loris almizcleros verdirrojos graznando alegremente. Atendía, embelesado, al canto de los carrizos y los melífagos, a la estridente llamada de los picanzos grises, punteada por el constante traqueteo de los cascos de Gracie y los crujidos y tintineos de los aparejos de cuero, las varas de madera y las cadenas de hierro de la carreta, todo un universo de sensaciones que recuperaba en sueños."

Es evidente que no está mal escrito, para nada. Pero para mí, hay un excesivo detalle que lo que principalmente aporta es una demostración de la capacidad lingüística del autor. Y eso, a veces, no va emparejado con conseguir que la lectura sea interesante, sino al contrario.

En fin, que a pesar de que el libro intenta trasmitir las condiciones infrahumanas de los prisioneros de guerra y las consecuencias y traumas para aquellos que las sobrevivieron, no consiguió despertar mi interés. Y me sabe mal que así sea, y más a sabiendas que está basado en las experiencias del padre del propio autor. Pero uno debe ser honesto en las reseñas y exponer lo que siente al leer los libros. Conclusión: a pesar de la riqueza de su prosa no pude seguir con el libro, me aburría profundamente. Y lamento que así sea.


También de Richard Flanagan en ULAD: El mar vivo de los sueños despiertos

sábado, 1 de abril de 2017

Saroo Brierley: Un largo camino a casa

Idioma original: inglés
Título original: A Long Way Home / Lion
Año de publicación: 2013
Valoración: interesante

No soy nada aficionado a leer memorias ni (auto)biografías: así a bote pronto solo recuerdo haber leído Mi último suspiro de Buñuel; la magnífica La escritura o la vida de Jorge Semprún y, hace muchos años, Confieso que he vivido, de Neruda. Y poco más. Me acuerdo de ver, en Irlanda y Reino Unido, estanterías enteras dedicadas a (auto)biografías de personajes famosos, desde Tony Blair a David Beckham, y pensar: "buf, qué pereza". Y tampoco habría leído esta si no fuera porque estoy dando una asignatura sobre "narrativa de viajes" con un foco importante en la India, y este libro, y la película que se rodó a partir de él, me servía para discutir algunos temas.

Para quien no se sitúe aún, Un largo camino a casa es el libro autobiográfico en el que se basó la película Lion, estrenada el año pasado, con Dev Patel (el chico de Slumdog Millionaire) en el papel de Saroo. El libro narra la vida del autor, Saroo Brierley, desde que con cinco años se queda dormido en un tren de largo recorrido y se ve separado de su familia biológica en un pueblo remoto de la India; hasta el momento en que, muchos años más tarde, y después de haber sido adoptado por una familia australiana, decide intentar reencontrar a su madre y a sus hermanos, usando Google Earth y los recuerdos fragmentarios del momento de la separación. (Voy a intentar no desvelar si lo consigue o no, para quien no haya leído el libro o visto la película).


Más allá de la "historia humana" (sic), que desde el principio lo tenía todo para convertirse en un melodrama de tintes hollywoodienses, uno de los aspectos que me parecen más interesantes es el proceso por el que esta historia se ha ido transformando, sucesivamente, en programa de televisión, libro y película; un proceso en el que la no-ficción va atravesando cada vez más filtros e intermediarios, y aumentan, legítimamente, las dudas sobre la veracidad o fidelidad de lo que se nos presenta.

En el programa de televisión, las cámaras grababan la vuelta de Saroo a su aldea natal (aunque el hecho mismo de haber cámaras ya afecta, claro, a la espontaneidad y naturalidad de todos los intervinientes); en el libro, Saroo, convertido en una celebrity (por lo menos en Australia) y ayudado, imagino, por profesionales de Penguin, escribe sus memorias, seleccionando, ordenando, comentando y, quién sabe, dulcificando o alterando sus recuerdos, procesos que son inevitables en cualquier escritura autobiográfica, y más aún en una destinada a un mercado comercial. En la película, la disneyficación de la historia es evidente, sobre todo en segunda mitad del metraje: se añaden una subtrama romántica (que en el libro ocupa dos páginas aproximadamente); el personaje atormentado de su hermano adoptivo Mantosh (que en el libro es mencionado en dos capítulos y de pasada) o la relación de adoración hacia su hermano Guddu (cuando en realidad con quien Saroo tenía una relación más próxima era con su hermana más pequeña, Shekila).

No se trata de exigir verdad absoluta, porque ni eso existe, ni tiene por qué ser la finalidad de la literatura (incluso la memorialística). Se trata solo de estar críticamente atentos a los trucos empleados para convencernos de que "esto pasó así", trucos que son, curiosamente, similares en el libro y en la película. En el caso del libro, naturalmente, está la identidad [aparente] entre autor, narrador y personaje; pero además tenemos, al final, unas fotografías reales del propio Saroo, desde que ingresa en un orfanato indio hasta que vuelve a la India ya convertido en adulto. En la película, además del clásico mensaje inicial ("Basado en una historia real"), antes de los créditos finales se recuperan algunos segundos del metraje grabado por la televisión australiana, así como algunas fotografías auténticas de Saroo (muchas, tomadas directamente del libro). También la ficción, por ejemplo en la obra de G. W. Sebald, se ha valido ocasionalmente de estos trucos para convencernos de que "esto pasó así", por no hablar de la oleada de obras autoficcionales que nos inundan, y en las que la desconfianza crítica tiene que ser todavía mayor.

Sospecho que no es esto lo que interesa a la mayor parte de los lectores, que lo que buscan es emocionarse con una historia verídica de miseria, dolor y superación (un objetivo, por otra parte, perfectamente legítimo). Para este tipo de lectura, Un largo camino a casa es un libro efectivo (más efectivo que la película, me atrevo a decir), precisamente por su desnudez estilística y narrativa: salvo por una disposición de la acción destinada a crear suspense (por ejemplo, con su principio in media res y su inevitable flashback posterior), la obra cuenta la vida de Saroo con pocas digresiones y muy pocas florituras. Quizás se extiende demasiado en la parte final, después del viaje de vuelta a la India que es, al fin y al cabo, el clímax natural de la narración, pero hasta ese punto consigue mantener el interés y el suspense con una trama dickensiana de niños perdidos y diferencias de raza y clase. El contexto indio y australiano, que añade exotismo y misterio, también ayuda.

lunes, 25 de julio de 2016

Semana del best-seller #1: La ladrona de libros, de Markus Zusak

Idioma original: inglés
Título original: The Book Thief
Años de publicación: 2005
Traducción: Laura Martín de Dios
Valoración: entre recomendable y está bien

No sé si este libro es el más adecuado para reseñar en una "Semana de best-seller"; al menos, no sé si se corresponde a la idea previa que yo tenía de este tipo de libros: novelas "tochas" pero fáciles de leer, que tratan temas atractivos y/o espectaculares, por medio de tramas intrigantes y personajes impactantes, de lo más adecuados para pasar las horas en la playa o al lado de la piscina (con la adecuada protección solar, por favor). Una cosa ligerita, vamos... pero, para empezar, esta novela comienza con la muerte de un niño, así en crudo. Para continuar, está narrada, además, por la mismísima Muerte, lo que no deja de conferirle cierto interés, aunque sea a título informativo. Y la historia que nos cuenta se desarrolla en la Alemania del III Reich, uno de los momentos más dados a situaciones trágicas, brutales y luctuosas, así que no sé yo si leerlo en la tumbona de la piscina... Pero, por otro lado, resulta que la la novela de Zusak sí que cumple algunos de los requisitos que se suelen señalar en un best-seller: capítulos cortos -luego, fáciles de leer-, párrafos cortos y de sintaxis no muy complicada -luego, fáciles de leer-; léxico nada rebuscado -luego... bueno, ya saben-... Y sobre todo, en las librerías ocupa un lugar junto a los best-sellers e incluso algunas ediciones tienen esas palabras mágicas en su cubierta... nada más que añadir al respecto, pues.

Bueno, al turrón de una vez: la "ladrona de libros" del título no es otra que una niña alemana llamada Liesel, hija de un comunista represaliado y una madre desesperada, que en 1939 es acogida por un matrimonio de clase humilde de una localidad cercana a Munich: los Hubermann; Rosa, de buen fondo pero mano muy suelta y lengua más suelta todavía y Hans, un pintor de brocha gorda y acordeonista, de buen fondo, forma y comportamiento, aunque algo tendente a la dispersión. La peculiar familia se completa -aunque los Hubermann ya han criado a sus propios hijos- con un añadido posterior algo peliagudo: Max, un judío luchador que lee -precisamente- el Mein Kampf  y que es ocultado por los Hubermann para intentar sustraerle de las consecuencias del dichoso libro. El panorama se completa con un golfillo amigo de Liesel, Rudy Steiner, y otros peculiares personajes de la Himmelstrasse de Molching, donde viven todos.

Vale: niños, guerra, judíos, nazis... cualquier lector avispado ya se puede suponer por qué cauces va a discurrir esta novela. Con alguna particularidad, eso sí: una es, como ya he comentado, que está narrada por la propia Muerte (como personaje de ficción,  algo sobrevalorada, pienso yo). En segundo lugar, que la narración no es exactamente lineal -léase "convencional"-, sino rota por algún que otro flash forward que le da cierta vidilla, amén de frecuentes paradas, a modo de "mojones miliarios", para insertar comentarios o anotaciones de la narradora-Muerte (tampoco nos volvamos locos: olvídense quien espere encontrar aquí un remedo de DFW; estas "paradas" se deben sobre todo a que el libro parece estar destinado, en un principio, al público juvenil, al que a menudo se le dan respiros de este tipo para que las narraciones largas como ésta no se les hagan bola). Por último está el elemento más importante (al menos para nosotros, los libroadictos) y que da título a la novela, como ya he explicado: la pequeña Liesel es una auténtica bibliófila y, dada su humilde condición social, no duda en hacerse con algún que otro libro de forma poco ortodoxa -además de los regalados, que alguno también hay-... Pero no pensemos que los roba en El Corte Inglés o la FNAC, como cualquier hijo de vecino (ni mucho menos se los descarga por la patilla, claro); no, las circunstancias con las que se hace con los ejemplares que conforman su pequeña biblioteca son mucho más complicadas y, en más de una ocasión, incluso trágicas. Lo interesante, además, es que esta pasión clepto-bibliófila es la que estructura, en cierto modo, toda la historia.

En suma, una novela más o menos entretenida -quizás la narración se vuelve un poco morosa en algún momento-, con un ambientación parece que bien documentada sobre la vida cotidiana en Alemania durante la II Guerra Mundial y con menos almíbar del que cabría esperar a priori. Ahora bien, quizás su estilo no acabe de satisfacer al lector acostumbrado a formas narrativas más complejas (sin pretender caer en esnobismos, que conste), aunque sí me parece adecuada como una manera de introducirse en la literatura más "adulta" para el público al que ya digo que, en principio, iba destinado el libro, los adolescentes (o young adults, como ahora prefiere denominarles la industria editorial): ¡de aquí al Tito Marcel, nenes y nenas!

(Por tal causa, esa valoración, por si a alguien le parece ambigua).


martes, 12 de abril de 2016

David Rieff: Contra la memoria

Idioma original: inglés
Título original: Against Remembrance
Año de publicación: 2012
Traducción: Aurelio Major
Valoración: Recomendable

Al que piense que transgredir en 2016 le convierte en transgresor vamos a enviarlo al montón de los que no quieren ser del montón.
No es porque me parezca mal la propuesta de Rieff. Pero en los tiempos de la hiperinformación, de la prensa entregada a los grupos del poder, del sesgo ideológico en los sistemas educativos, me vais a perdonar que diga una auténtica perogrullada. Y es que uno puede encontrar cientos de ejemplos de lo que quiera y que vengan a reafirmar sus planteamientos. Cualquiera puede hacerlo y cómo no va a hacerlo un señor de cierta élite intelectual con tal de cimentar un ameno ensayo de algo más de 100 páginas, cuyo resumen sería el contradecir de raíz esa vieja máxima que, palabra arriba palabra abajo, llevamos décadas oyendo.

"El pueblo que ignora su pasado está condenado a repetirlo"

Pues Rieff enarbola ejemplos de lo contrario. De que nos convendría más olvidar aspectos del pasado y centrarnos en consensuar el futuro. De que con el diálogo a todos lados. Algún ejemploa obvio (qué cantado estaba que aquí iba a mencionarse el nazismo), alguno sumamente cercano, la cuestión que sigue tan presente de las fosas comunes del franquismo, Garzón y las cunetas. Y lo que dice Rieff no es que no se ignore en el pasado, sino que éste no sirva siempre de base para la toma de las grandes decisiones o para constituir la espina dorsal de un discurso político. Qué simple y de qué buen rollito, que uno mire atrás sin ira (esto lo he escrito hace poco en otra reseña) y que comprenda y hasta casi empatice con las tropelías del pasado de los antagonistas, que diga que el tiempo cure todas las heridas y, llegado el caso, organice una comida de hermandad en la que en cada mesa habrá un tríptico con una serie de canciones de Lennon que cantaremos.
Pues, señor Rieff, la cosa no siempre funciona así. Las cosas no siempre funcionan de una manera determinada. Hay cosas que hay que tenerlas muy presentes porque hay que olvidarlas para siempre. Toma oxímoron. Se me ocurren cuatro o cinco y no voy a exponerlas para no darme un baño de populismo. Que uno decida, individuo o sociedad, no tener siempre ciertos temas sobre el tapete es sumamente diferente. Que uno piense en términos prácticos que no se puede eternizar una confrontación, seguro que si es político le va a procurar unos cuantos votos de cara a la galería. Otra cosa es cuando uno se pone delante de una urna y ese día se acuerda de alguna cosa en concreto más que de otra. Con lo cual el ensayo de David Rieff es lo que pone en las notas, polémico, porque un ensayo lleno de verdades absolutas sería casi lo más parecido a una basurita de esas que firma Coelho y el mundo no es así, y hasta podría polemizar diciendo que no sé si por suerte o por desgracia. Vamos. Por cada croata victima de la represalia cuando los serbios no les permitían ejercer su derecho a decidir puedo recordar a un ustacha pasando por las armas a los que no querían convertirse, y por cada defensor de un mundo sin fronteras puedo recordarle lo altas que son las vallas de Ceuta y Melilla y que estoy seguro que las cuchillas están ahí para que los que se encaraman puedan cortar la pizza. Mientras tanto, puede que le dé una segunda lectura a este libro y me apunte unos cuantos argumentos inequívocamente razonables. Con tanta tertulia política en televisión, citar este libro (o hasta las citas de este libro) a uno le garantiza aplausos a cientos y soportes incondicionales a decenas.