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sábado, 20 de junio de 2026

Iván A. Goncharov: Oblómov

Idioma original: ruso

Título original: Обломов

Año de publicación: 1858

Traducción: Lydia Kúper de Velasco

Valoración: Recomendable


Volvemos por un rato a los grandes novelones rusos del XIX, en este caso con una obra de importante éxito en su época, admirada por el mismísimo Tolstoi y que sin embargo parece algo olvidada en los cánones que normalmente manejamos en España. Una historia en realidad bastante sencilla pero que en manos de un representante de tan ilustre entorno literario adquiere relevancia y extensión respetable.

Historia sencilla, sí, pero que nos deja bastantes cosas memorables, y algunas sorprendentes.

Oblomovismo

Ilia Ilich Oblómov es un terrateniente que apenas conoce sus propias tierras y en realidad no se ocupa de nada en absoluto: es el rey de la procrastinación, tiene siempre unas cuantas cosas en mente, que invariablemente son proyectos que nunca se materializan, gestiones que no se llevan a cabo, mejoras que se diluyen entre siesta y siesta. Al parecer, él no fue siempre así, de manera que podríamos buscarle algunos diagnósticos relacionados con desórdenes psicológicos. Pero la verdad es que Oblómov tampoco sufre, es perfectamente consciente de su abulia, en realidad no le agrada pero tampoco tiene ninguna intención real de emprender otros caminos. Él mismo bautiza su estatus como oblomovismo, una forma de vivir de la que él es el paradigma.

En alguna parte he leído que la prosa de Goncharov carece de humor, pero no es cierto en absoluto. La vida de nuestro personaje, casi siempre inmóvil en su habitación, disputando con su desagradable mayordomo y recibiendo algunas visitas, ofrece momentos muy cómicos y una considerable agudeza en el retrato de personajes, como ese Alexeiev que no es alto ni bajo, ni amable ni antipático, ni generoso ni tacaño, ni divertido ni aburrido. Alguien que parece personificar la media nacional en todo, y que además nunca contradice a nadie.

Otra vez el alma rusa

De esto ya hemos hablado al referirnos a otras obras de la literatura rusa de la época. La actitud en extremo pasiva de Oblómov puede perfectamente verse como una metáfora de la sociedad rusa, de su conformismo o nihilismo. La imagen es de enorme belleza en uno de los primeros capítulos, cuando Goncharov evoca las inmensas planicies en las que, más allá del lento discurrir de las estaciones, no hay grandes fenómenos meteorológicos ni accidentes geográficos, todo resulta estable y predecible, y el mismo paisaje invita a mantenerse uno mismo en ese estado contemplativo, sometido voluntariamente a esa fatalidad, lo mismo los mujiks en sus izbas que su señor en San Petersburgo.

El efecto resulta más potente al oponer a Oblómov la figura de su amigo Shtolz, alemán, inquieto, viajero, encantado de vivir y experimentar, el contrapunto occidental a la postración y la inmovilidad.

Por qué no el amor

El relato deriva pronto en algo que se parece a un folletín. Surge un amor inesperado como la oportunidad para abrir los ojos a otro mundo y Oblómov, ciertamente encantado con la novedad, se ve ante el reto de salir de su burbuja y disfrutar de lo mejor de la vida. Como no podía ser de otra forma, el idilio se extiende por cientos de páginas en las que el exceso narrativo y la obsesión por el detalle pueden hacer la lectura algo pesada, pero todo está tan bien relatado que a cambio de un poco de paciencia tenemos siempre el dibujo perfecto de cada actitud, de los vaivenes y la permanente inestabilidad de una relación naciente, sometida además a dos fuerzas poderosas y que actúan como complementarias: la personalidad de Oblómov, a veces no tan insólita como puede parecer, y los prejuicios de una sociedad que da poco margen a la espontaneidad.

El cuadro está tan bien descrito que seguimos con interés la historia de este amor endeble, y el ritmo moroso de la narración aumenta la ansiedad por conocer en qué terminará el complicado romance.

Desconcierto

Esto que viene ya es una opinión muy personal y con algún grado de spoiler. No me gusta nada la parte final del libro, una especie de apéndice innecesario que no solo desconecta del tronco de la historia, sino que introduce elementos incluso diría que algo dolorosos. Podría ser que Goncharov se haya decidido a poner en primer plano y con toda crudeza lo injusta que es la vida con determinado tipo de personas, cómo aquellos que se suponían amigos, enamorados o benefactores no tienen escrúpulo en arrinconar al débil para alcanzar la felicidad. La honestidad y el buen corazón quedan siempre en el recuerdo, pero la vida la disfrutan otros. En todo caso, todo rezuma una especie de desprecio fatalista hacia Oblómov, y lo peor es que el autor no parece en absoluto consciente de la afrenta, como si su única preocupación fuese redondear el relato de una forma aceptable para el lector.

A pesar de todo, y ya termino, nuestro Ilia Ilich es sin duda uno de esos personajes singularísimos e inolvidables que nos deja la literatura, como Bartleby, Dorian Gray o Bernarda Alba, entre otros bastantes aunque no tan numerosos, figuras irrepetibles a quienes alguien fue capaz de dar vida y dejar para siempre en nuestra memoria. 


miércoles, 6 de mayo de 2026

Johann Wolfgang von Goethe: Las afinidades electivas

Idioma original: alemán

Título original: Die Wahlverwandtschaften

Traducción: José María Valverde

Año de publicación: 1809

Valoración: Entre Recomendable y Está bien


Como es sabido, Goethe colaboró decisivamente en el nacimiento del movimiento romántico Sturm und Drang, y aportó a esta corriente literaria obras fundamentales como Las desventuras del joven Werther. Ciertamente, más adelante iría tomando caminos algo diferentes, pero si hiciésemos abstracción del intervalo de los más de treinta años transcurridos, se podría pensar que con Las afinidades electivas el gran autor alemán quiso someter a prueba al romanticismo con un test de estrés definitivo. 

De manera que, como si se tratase de un reality televisivo, coloca a una admirable pareja disfrutando de su castillo y sus tierras, y les introduce dos visitantes: el capitán, viejo amigo del marido, y una jovencita algo ensimismada que está bajo la protección de la esposa. Para qué queremos más, solo hay que esperar que salte la chispa por algún lado, o por varios a la vez. La vida del acomodado matrimonio va haciendo hueco a sus nuevos invitados, y las cosas se van moviendo, al principio de forma casi imperceptible, para ir cogiendo velocidad poco a poco, igual que en la naturaleza, explica Goethe por boca de sus personajes, los seres, incluso los objetos inanimados, muestran tendencia a unirse o repelerse con otros en función de fuerzas observables aunque no conocidas.

Estamos ante una especie de novela de tesis en torno al amor, y Goethe explora las distintas actitudes de sus personajes, la templanza de unos frente a la inmadurez y la emotividad desbocada de otros, el sturm y el drang se manifiestan con fuerza frente a la prudencia que podríamos definir como burguesa. Son perspectivas completamente diferentes ante las que el autor no toma partido pero, conscientemente o no, los personajes transmiten sensaciones dispares que llegan al lector: el arrebato amoroso que en su momento se puso en valor ahora se ve cómo desemboca en el capricho y la volubilidad que poco falta para que deriven en la pérdida de dignidad y el ridículo. 

La reflexión resulta interesante y bien desarrollada una vez que concluimos la lectura, pero ¿qué ocurre mientras pasamos las páginas? Pues que se suceden las parrafadas, largas explicaciones en un lenguaje con frecuencia afectado, y en definitiva un desarrollo lento y poco atractivo que transmite cierto aburrimiento hasta una parte final confusa y algo atropellada, en la que Goethe parece haber querido recuperar el tono de la tragedia romántica de años atrás. Me atrevería a decir que, desde el punto de vista narrativo, la obra tiene algunas deficiencias serias, como la aparición de personajes ajenos a la trama, que son unos cuantos y no aportan casi nada, y los varios estancamientos en torno al paisaje y pequeñas anécdotas poco relevantes.

El ritmo es irregular y le falta quizá precisión y vigor, que solo aparecen en ocasiones puntuales, lo cual puede ser hasta cierto punto fruto de la época, pero a nivel lector creo que todo esto pesa bastante hasta que uno es capaz de verlo con una cierta perspectiva. Otra cosa es que según los entendidos (hay un largo prólogo en el que se extienden sobre estos pormenores) la obra contiene buen número de guiños y mensajes semiocultos, incluidas alusiones oblicuas a los rosacruces y ciertos elementos esotéricos, que tal vez añaden interpretaciones quizá más ricas y de mayor interés para quien sea capaz de detectarlas. Por mi parte, entusiasta lector del Werther en mis años juveniles, como creo que corresponde, y del Fausto algo más adelante, me quedaré con estas dos obras geniales y dejaré Las afinidades electivas como una más en la colección, de la que no dejo de extraer algunas cosas interesantes, pero que queda  lejos de aquellas experiencias anteriores.

Otras obras de Goethe reseñadas en ULADFaustoLas desventuras del joven Werther

domingo, 19 de abril de 2026

Henrik Ibsen: El pato salvaje

Idioma original: noruego
Título original: Vildanden
Traducción: Cristina Gómez-Baggethun en castellano para Nórdica
Año de publicación: 1884
Valoración: muy recomendable


Creo que puedo decir, sin temor a equivocarme, que hay más gente que prefiere ver teatro antes que leerlo. O quizás no es un tema de que guste más o no, pero sí una práctica habitual. Y es que el teatro leído contiene un componente de dificultad lectora: la falta de definición de la ambientación, pues muchas veces, más allá de una pequeña descripción del lugar donde trascurre la escena, las obras de teatro se basan en el diálogo, por lo que la complejidad que tiene el lector en el ejercicio “visual” de imaginar la escena se agranda. Pero, aún y así, a los que nos gusta el teatro, a veces nos apetece también leerlo, quizás para recordar aquella obra ya vista en representación teatral, quizás para descubrir y vislumbrar cómo podría representarse. Y claro, dentro de los grandes autores teatrales, es impensable no mencionar a Henrik Ibsen.

En este texto del autor noruego, el relato empieza con un paisaje ya conocido y común en muchas de sus obras: una casa señorial regentada por una familia que ostenta cierto cargo de poder (una serrería y algunas minas, en este caso); también constituye una pieza fundamental el servicio que trabaja en la casa, así como algún personaje adicional que aparece de golpe después de cierto tiempo fuera y cuya presencia no es banal. Nada que sorprenda al lector a la hora de tejer el entramado argumental, pero es una sólida base para lo que Ibsen tiene pensado desarrollar en esta pieza teatral donde una serie de personajes entran y salen de la casa y van dejando pequeños detalles enigmáticos en las conversaciones entre ellos que llevan a sospechar que hay algo más profundo y parcialmente dejado de lado en sus relaciones que en algún momento hará acto de presencia con sus asociadas consecuencias.

A nivel estilístico Ibsen sabe cómo crear tensión; es en esas habladurías, rumores y chismorreos entre los diferentes personajes donde el lector se va haciendo la composición de lo que se está orquestando a bajo nivel: un entramado de intereses y secretos que el autor va sacando a la superficie poco a poco, dejando a su vez un rastro imborrable de mentiras enterradas bajo estratos de cotidianidad e intereses. Pero ahí, con marcado contraste, aparecen los ideales y los valores, siempre presentes en las obras de Ibsen; unos ideales a prueba de las relaciones que emergen y se erigen como inquebrantables a pesar de todos y de todos, que se esgrimen como una lanza rota en favor de la honestidad y la pureza, de la conducta impoluta e infranqueable, como el autor bien profesa al decir, en boca de unos de sus personajes, cuando uno le espeta a otro: «ha vuelto a colarse en una casa humilde reclamando el pago de las facturas de los ideales, y en esta casa no hay gente solvente». Así, esos valores son siempre presentes y esgrimidos sin tapujos, porque «de vez en cuando es útil profundizar en el lado oscuro de la existencia» a pesar de ser algo que, a su vez, pueda sembrar sentencias y tiranteces entre los personajes. 

Como en toda obra teatral, y más teniendo en cuenta su corta extensión, no conviene revelar el argumento ni, menos aún, su desarrollo, aunque viniendo de Ibsen, uno ya puede suponer que tanta tirantez no va a quedar en nada y que a veces la defensa a ultranza de los ideales acarrean consecuencias para las que uno no está preparado.


También de Henrik Ibsen en ULAD: Otras obras de Ibsen en ULAD:  Un enemigo del puebloCasa de muñecasLos pilares de la sociedadEspectrosJuan Gabriel Borkman

domingo, 15 de febrero de 2026

H.G. Wells: La isla del doctor Moreau

Idioma original: inglés
Título originalThe island of Doctor Moreau
Año de publicación: 1895
Traducción: José C. Vales
Valoración: recomendable alto


Vamos con otro clásico de la ciencia ficción, aunque este es uno de los casos donde no se muestran avances futuristas ni sociedades en el futuro ni nada por el estilo, sino que se centra en un aspecto fundamentalmente más cercano: lo que sucede cuando la ciencia se entrecruza con el deseo de ser Dios y jugar, mediante el poder conferido por esa razón, con especies "inferiores".

La novela inicia con el relato de Edward Pendrick, quien nos informará de un suceso que le ocurrió hace un tiempo y del cual tiene necesidad de ponerlo en palabras, aunque (para él, se entiende) sea un relato inverosímil. Asistimos, entonces, a la descripción de su viaje en barco, el posterior naufragio y rescate por parte de otro, donde conoceremos a Montgomery, el ayudante del afamado doctor Moreau. Wells ya nos da las primeras pistas de que el doctor no juega con todos los patitos en fila, sobre todo por la actitud del ayudante, entre receloso de su tarea y rendido ante la admiración por el doctor. También leemos la descripción de M´Ling, un ser en apariencia humano, extremadamente feo y con ojos rojos, pero pronto nos enteramos que en realidad es la Bestia más sofisticada de todas las creaciones del doctor Moreau (hasta comparte cierta amistad con Montgomery, a pesar de ser un trasunto de la relación amo-esclavo).

Cuando Wells hace la presentación del doctor Moreau (Pendrick recuerda haber leído acerca de él en los periódicos y de su exilio de la comunidad científica a raíz de las vivisecciones practicadas en los animales), lo revela como un doctor frío, metódico, que no tiene otro interés salvo el de aportar sus descubrimientos a la ciencia, a pesar del riesgo de que lo consideren perturbado (lo que vendría a ser uno de los primeros prototipos de genio loco y con una ética deleznable). El doctor le pide a Pendrick que no acceda a cierto recinto de la casa donde se alojan. Pendrick acepta, pero instantáneamente escucha gritos agonizantes en dicha habitación y decide alejarse para explorar la isla. Ahí encuentra a más Bestias, que tienen un comportamiento entre típico de animales (con una semejanza física similar a la de un cerdo) y a la vez demasiados ambiguos con la presencia de un simple humano. Al ver que lo persiguen, aturde en medio del pánico a uno y vuelve a casa, sin encontrar respuestas a lo que acaba de presenciar.

A partir de ahí la novela entra  en la cuestión moral de la intervención humana en las especies de la Naturaleza, sobre todo cuando nos enteramos que Moreau vivisecciona animales para tratar de conferirles rasgos humanos. Es por ello que las Bestias se reúnen en una caverna a recitar como una letanía La Ley, que impone pautas de comportamientos como no comer carne animal y a la vez recordatorios constantes (la repiten a cada rato) sobre el papel de Moreau como su Creador (dichas alabanzas le generan de todo menos vergüenza).

Es casi entrañable ver a los animales humanoides tratando de establecer jerarquías y de evitar a toda costa el animalismo inherente (hay un Bestia que casi cumple la función de sacerdote y orador, como si la necesidad de contar, aunque sea una proto-Biblia-, fuera la característica más importante del humano, y a la vez es aterrador ver que su mismo Creador se va deshumanizando a nuestros ojos, convencido de su importancia y de que la curiosidad y el empuje son los factores más importantes a la hora de aportar algo, más allá de toda convención acerca del bien y el mal. 

Si algo bueno tiene esta novela, es que las explicaciones técnicas tardan en llegar; a Wells no le preocupa tanto la posibilidad real de que los animales puedan llegar a pensar como humanos (incluso M´Ling, el más inteligente de todos, experimenta regresiones al animalismo), sino de si debemos adentrarnos en ese terreno. La novela funciona más a base de sugerencias e intuiciones y no tanto apelando a la racionalidad. Ciertamente hay un primitivismo en la actitud de todos los personajes: en la insania de Moreau, en la sumisión de Montgomery a través del alcohol y la resignación, en el patético intento de ser humano de M´Ling y en el acomodo confortable de Pendrick cuando le explican los secretos de la isla. En la citada explicación asistimos a un monólogo sin pasión, hasta corto para las características de este género; las maravillas del descubrimiento no afectan a Moreau, porque su corazón se ha corrompido en la búsqueda de otorgarles razón a sus criaturas. 

Y es por eso que ese mismo descubrimiento nos repugna y nos aleja de toda seducción. Es por eso que preferimos que Pendrick no elija quedarse con el trono de Moreau una vez que pasa lo inevitable y las criaturas, ya sin su Creador, regresan a su estado de naturaleza, y es por eso que lo entendemos cuando, a la vuelta de la civilización, nos considere a todos como humanos latentes de un animalismo reprimido por las convenciones sociales y a punto de explotar con cada paso. Wells nos informa y nos alerta de la necesidad de pensar qué hacen los avances, con qué mirada ética están sustentados y si realmente benefician a la sociedad y no son simplemente sadismo disfrazado de progreso y virtud.




jueves, 14 de agosto de 2025

Alejandro Sawa: Declaración de un vencido

Idioma original: Español
Año de publicación: 1886
Valoración: Entre recomendable y está bien

Alejandro Sawa, escritor bohemio de finales del siglo XIX e inicios del XX fuertemente influenciado por el decadentismo y el naturalismo, concibió la novela corta titulada Declaración de un vencido

Escrita a modo de autobiografía, Declaración de un vencido sigue los pasos de Carlos Alvarado, que abandona tanto su ciudad, Cádiz, como a sus comprensivos y adinerados progenitores, para ir a Madrid cuando apenas tiene dieciocho años. Allí espera encontrar un ambiente óptimo para desarrollar su vocación literaria. Sin embargo, se desencanta rápido. Una vez en «la corte de España» descubre que le desagrada el lugar, que el trabajo de periodista es incompatible con su honradez y que vender sus novelas y obras de teatro resulta extremadamente difícil. Asimismo, se enamora de una vecina mayor que él, que ya tiene dos hijas, y empeña las pocas cosas de valor que posee para mantenerlas a todas. Pero su amada lo abandona cuando descubre lo pobre que es, y entonces se entrega al alcohol y prostituye a una niña que lo adora y que deposita sus esperanzas en él. Finalmente, con veinte años, decide suicidarse, no sin antes escribir su historia, su «crónica de desventuras», para señalar al «rebaño social».

Carlos Alvarado, el protagonista de Declaración de un vencido, es un personaje fascinante. Aunque asume brevemente sus propios errores (por ejemplo, ocultar a sus padres la precariedad de su situación), culpa en general de su desgracia, miseria, penuria y degradación a la humanidad y a «la universal deshonra» «de las grandes poblaciones».

No en balde, Declaración de un vencido pretende ser una «pieza de acusación el día (...) en que se entable un proceso formal a la sociedad contemporánea». Y la verdad es que, pese a lo evidentes que son las equivocaciones, la autocompasión y el victimismo de nuestro protagonista, resulta difícil no concederle algo de razón. A fin de cuentas, «Los hipócritas dirán que he debido aceptar con gusto la opresión de mis desgracias, por el sagrado amor a Nuestro Señor Jesucristo y su Santísima Madre; los mojigatos, que he debido ocultar pudorosamente mi miseria, como quien se tapa una verruga; los prudentes, que he debido, por lo menos, aguardar más tiempo antes de matarme. Pero  a todos ellos les contesto que hablan de la desgracia, como a un hombre indocto que no hubiera nunca salido de Madrid se le ocurriría hablar de la China: por los mamarrachos que ha visto pintados en las vitelas de los abanicos; porque de otro modo, habiendo sufrido verdaderamente, no serían, ni hipócritas, ni mojigatos, ni prudentes. Serían, o imbéciles, o sublevados. A elegir.»

Como podéis intuir, Declaración de un vencido es una novela pesimista extremadamente trágica y amarga. Es, también, una novela de (de)formación, que retrata a un hombre acorralado hasta el extremo en que el suicidio es la única forma de terminar con el horror de la existencia, preservar sus últimos rescoldos de dignidad y elevar una «protesta contra la vida». Asimismo, es una novela de tesis, que describe cómo afecta la degradación moral y política de una época, y la desatención de los humanos a sus semejantes, a un individuo. Y, por último, es una novela que pretende servir de alerta, para que «algún joven corroído por la pasión de la gloria, ganoso de aventuras», tome «otros derroteros y otros caminos que los que yo he seguido».

Si bien he disfrutado mucho de Declaración de un vencido, le encuentro los mismos defectos que a otras obras de Sawa. Por un lado, que aunque está narrada con un estilo rico y expresivo, éste se antoja reiterativo y grandilocuente. Por otro, que adolece de un argumento tenue y unos personajes apenas esbozados, que son más bien una excusa para desplegar las ideas del autor. Pero estas ideas... ¡Qué ideas! Su trasfondo no siempre es objetivo, y la intensidad de su presentación es decididamente exagerada, pero precisamente por eso funcionan tan bien. Y es que, a la postre, no hay que tomarlas como otra cosa que las ideas del autor y su trasunto ficticio, envuletas en todo su subjetivo y apasionado esplendor.

Así pues, Declaración de un vencido es un clásico que conviene rescatar del olvido. Novela tan irregular como efectiva, tan anticuada como vigente, recomiendo leerla aunque sea por el vigor de la prosa de Sawa o por su potente último tercio (ese que retrata el envilecimiento de Carlos Alvarado). Pero cuidado, porque a más de uno puede reforzarle su visión fatalista de la mundo, o convencerlo de que «puesto que la sociedad era mi enemiga, mi más imperioso deber era sublevarme contra ella».


También de Alejandro Sawa en ULAD: Aquí

martes, 15 de julio de 2025

Wilkie Collins: El fantasma de John Jago

Idioma original:
Inglés
Título original: John Jago's Ghost
Traducción: Miguel Ángel Herranz
Año de publicación: 1874
Valoración: Prescindible

Un abogado londinense se toma un tiempo de descanso en la granja de Estados Unidos de un pariente de su madre. Aunque nuestro protagonista anhela paz y tranquilidad lejos de su exigente profesión, no las halla en absoluto. Al contrario: descubre que sus anfitriones no se llevan nada bien y es testigo de una desaparición que la opinión pública no tarda en tildar de asesinato.

Esta es la premisa de El fantasma de John Jago, novela corta de unas cien páginas. Su autor, Wilkie Collins, era sumamente habilidoso, por lo que está correctamente escrita. Sin embargo, da la sensación de que fue elaborada de una manera algo rutinaria y carece de la chispa de otras obras de Collins (quizá esté demasiado apegada a los hechos reales en los que se basa). Por lo tanto, no sólo es inferior a clásicos como La dama de blanco o La piedra lunar, sino que también se queda corta al compararla con propuestas menores tan entretenidas y solventes como El hotel encantado.

Ya digo que El fantasma de John Jago está correctamente escrita. Desgraciadamente, es una novela insulsa por culpa de su argumento lineal, sus personajes acartonados, su ambientación desaprovechada y su prosa meramente funcional. Algunos de sus apartados relucirían un poco si se hubiera puesto mayor esmero en ellos. Por ejemplo, el elenco principal de la obra podría enriquecerse con matices si no se situara en un marco puramente dicotómico, en el que sólo hay personas buenas o mezquinas. Asimismo, la trama despertaría más interés si no fuera tan sencilla y obvia, y si las pocas revelaciones que la salpican, como la que le hace John a Naomi, suvbirtieran las expectativas del lector, en vez de reafirmarlas.

Yo comparaba inevitablemente El fantasma de John Jago con La bestia en las sombras, de Edogawa Rampo. Ambas son novelas cortas con toques de misterio y romance en las que un protagonista varón trata de ayudar a una mujer de quien se ha enamorado. Sin embargo, en la obra del japonés la intriga y tensión están mucho más conseguidas, la atmósfera está mejor plasmada, las revelaciones son inesperadas y gratificantes en vez de previsibles, el argumento es harto complejo, el protagonista tiene una verdadera participación en la historia y todos los personajes ofrecen claroscuros.


También de Wilkie Collins en ULAD: Aquí

domingo, 11 de mayo de 2025

Oscar Wilde: El crimen de Lord Arthur Savile

Idioma original: inglés

Título original: Lord Arthur Savile´s Crime

Traducción: Colectivo Wilde BdL

Año de publicación: 1887

Valoración: Muy recomendable


Si bien hay excepciones, por lo general es gratificante volver a los clásicos. Aunque ninguno sepamos bien lo que son, digo yo que Oscar Wilde merece el calificativo sin lugar a dudas. Con una obra no muy extensa, y lo más celebrado ya reseñado en ULAD, hacemos una incursión en un pequeño relato con el que se podrá valorar si, como ocurre en algunos casos, el brillo se pierde en cuanto nos alejamos de los títulos más sobresalientes.

No, no se pierde. Lord Arthur Savile es un joven de buena posición que tiene a la vista la boda con Sibyl Merton, quien por su parte es una especie de novia perfecta. La cosa se tuerce cuando, en una de esas fiestas cursis de la época victoriana, un quiromante (quiromancista, en una traducción un poco dudosa) lee la mano a Lord Arthur y encuentra algo horrible que ni se atreve a desvelar hasta que se ve presionado a ello. La escena es todo potencia y misterio. El espanto visto en su futuro hace temer al joven por la relación con su novia, y se pone manos a la obra para corregir el desatino.

Lo que se presentaba como un relato de misterio o un thriller psicológico adquiere sin embargo una coloración diferente, porque si algo tiene Wilde es una capacidad pasmosa para fundir lo trágico con lo cómico e ingenioso, algo que se parece un poco al humor negro sin serlo. En ningún momento se pierde la tensión insoportable del joven noble que ve su vida resquebrajarse, pero se presenta al lector con la destreza necesaria para sacarle una sonrisa y hacerle disfrutar con pequeñas agudezas muy británicas. Una especie de mezcla de dulce y salado en la proporción exacta para apreciar los dos sabores al mismo tiempo, disfrutando igualmente de la mezcla.

Al mismo tiempo, las escasas ochenta páginas del libro nos conducen por disparatadas peripecias que hacen pensar en cierta literatura policiaca también muy british, y situaciones ingeniosas que obligan a no perder de vista el punto de partida para que la narración no se nos quede en un simple divertimento. 

Esa sensación de ligereza puede restarle algo de empaque al relato pero es quizá también uno de los puntos más interesantes. Porque lo que de verdad me resulta más admirable es precisamente la capacidad para reunir elementos tan dispares de forma tan perfecta: el misterio de lo desconocido, el humor y la sutileza, la tensión por lo inesperado, la ingenuidad de los amores juveniles, y tal vez reflexiones más profundas sobre lo inexorable del destino, que sería quizá la interpretación digamos seria del conjunto. ¿Cómo hacer que toda esta amalgama funcione en un texto tan breve mientras deleita con el lenguaje y entretiene al lector? Claro, para eso hay que ser un grande de la literatura, y por eso los que lo fueron perduran a través del tiempo, y a veces los etiquetamos como clásicos.

P.D. Creo que ya lo comenté en otras ocasión: me gusta esta serie de Nórdica que no recuerdo si tiene un nombre, pero no acabo de entender lo de las ilustraciones. Hay que admitir que en este caso el libro tiene un sesgo humorístico indudable, pero tampoco creo que merezca dar la impresión de deslizamiento hacia la frivolidad.  


Unas cuantas obras de Oscar Wilde reseñadas en ULAD: aquí

lunes, 7 de abril de 2025

Henry James: La muerte del león

Idioma original: inglés

Título original: The Death of the Lion

Traducción: Eduardo Lago

Año de publicación: 1894

Valoración: Se deja leer


Supongo que mis colegas del blog estarán de acuerdo, pero quizá es algo que a nuestros lectores se les puede escapar: a veces no apetece reseñar un libro. Ocurre, o al menos me ocurre a mí, cuando el libro es ni fu ni fa, no despreciable pero tampoco ha dejado una huella importante (ahí encajaría a la perfección una expresión tan usual como ‘poco reseñable’), o cuando uno, por alguna razón, no encuentra demasiadas cosas que contar aparte de hacer una vulgar sinopsis. Pero esta especie de ligero malestar se me hace más patente cuando leo a un autor considerado más o menos clásico, que está en los cánones y por tanto debería aportarme cosas interesantes, pero al que no termino de encontrarle el punto atractivo. Todo esto podría muy bien ser la conclusión de la reseña, pero es obligado contar algo más, y a ver si así termino descubriendo el porqué de mi tibieza, indiferencia, decepción.

La muerte del león ('león' tiene en el mundo anglosajón la acepción coloquial de celebridad, o algo así) relata la relación entre un joven periodista y un escritor admirado aunque todavía algo lejos del éxito. Al primero se le ha encomendado entrevistar al autor, pero le es vetada su intención de hacer un reportaje de corte más personal que literario. El joven, presa de la admiración por el artista, se dedicará a intentar protegerle y preservar sus valores y su personalidad cuando se da cuenta de que hay gente que intenta convertirle en un personaje de la vida social, el típico famosillo que da lustre a fiestas y reuniones. De alguna manera, es la disociación entre lo público y lo privado, el escritor y la persona que está detrás.

Todo esto que he contado, que es un poco lo que da de sí esta novela corta, le lleva a James bastantes páginas, en las que hace gala de una prosa alambicada con la que intenta a cada paso profundizar en la psicología de los personajes, más en sus reflexiones que en sus acciones, que son más bien pocas, y obliga al lector a pararse en cada frase para entender y relacionar. No creo que James sea de esos autores que escriben para sí mismos, lo que suele ser motivo de ilegibilidad, pero al igual que el escritor, el artista en sentido amplio, tiene todo el derecho a esperar un esfuerzo de su público, éste tiene el mismo derecho a negarse a hacerlo. Queda por tanto ahí el aviso de que, si no nos apetece mucho entrar en ese juego, la lectura, al menos a la vista del libro al que me refiero, puede resultar poco o nada gratificante.

El ejemplar que manejo se completa con El rincón feliz, un relato que parece menor aunque a mí me ha resultado más atrayente. Con algunos tintes góticos, James presenta a un individuo que visita periódicamente la vieja casa familiar hasta que empieza a sospechar que aloja una extraña presencia. Sombras inexplicables, sonidos sutiles y puertas que se dejaron cerradas y aparecen abiertas dan paso a un crescendo de terror psicológico en el que se reúnen tenues recuerdos con una confusa sensación de desdoblamiento de personalidad. 

Todo lo cual tiene a su vez origen en la experiencia del propio James, norteamericano afincado en Europa y más adelante nacionalizado británico, que traslada al personaje la experiencia dual de dos mundos que considera muy diferentes. Cuando su protagonista regresa a Nueva York, se plantea la clásica duda sobre lo no vivido: qué hubiera sido de no haber emigrado, o bien de no haber regresado. Incluso si al abandonar una tierra (podríamos incluir cualquier otra circunstancia, el fin de una relación, por ejemplo) algo de nosotros permanece en el lugar de origen, ese reflejo de lo que quedó quizá en la casa familiar. Todo bajo una atmósfera bien conseguida cuando el autor se despoja, aunque sea parcialmente, del lenguaje moroso y algo barroco que tanto pesa en el relato anterior. Seguramente es por este camino por el que James consiguió evitar esa desconexión con el lector que he creído detectar en el primero de los relatos, y así parece que se aprecia en algunas de sus otras obras reseñadas en este blog, y que se pueden consultar aquí abajo.

Todas las reseñas sobre Henry James en ULAD: aquí


martes, 14 de enero de 2025

Jules Verne: Veinte mil leguas de viaje submarino

Idioma original: Francés 
Título original: Vingt mille lieues sous les mers
Traducción:
Íñigo Jauregui
Año de publicación: 1869
Valoración: Recomendable 

Sobran las presentaciones. ¿Quién no ha leído Veinte mil leguas de viaje submarino (o alguna de sus múltiples adaptaciones) en su infancia / adolescencia? ¿Quién no ha visto a Kirk Douglas haciendo frente al Capitán Nemo? ¿Hay algún otro autor del siglo XIX que sea tan relevante en la cultura popular?

Como creo que la inmensa mayoría de los lectores conoceréis de sobra el argumento de la novela, no me enrollo y paso a enumerar los que para mi son sus puntos fuertes y débiles.

En el lado favorable tengo que citar:

  • Las potencialidades del personaje de Nemo: Verne juega con la información que ofrece acerca del personaje, deja espacios en blanco que el lector debe imaginar y esto le confiere una poder de sugestión tremendo.
  • Las potencialidades de la trama, que hacen que Verne pueda optar por diferentes ramificaciones (aventuras, ciencia ficción, distopía, etc) a la hora de desarrollar la novela.
  • Las implicaciones político / filosóficas: ¿Es Nemo un libertador, un hombre que juega a ser un semiDios, un "superhombre" (aunque Nietzsche sea posterior), un pre-Kurz, ...?
  • Su vinculación a corrientes de pensamiento de la época: La novela fue publicada en 1870. Bien, Darwin formuló El origen de las especies 10 años antes, Edison inventó la bombilla 10 años después, el cine se inventó apenas 25 años más tarde, etc. Veinte mil leguas de viaje submarino es un claro reflejo de esa época, de la fascinación por lo imposible.
  • Su plasticidad y el poder de su imaginería, tanto en espacios interiores como exteriores.
  • Un comienzo estilo Moby Dick: No tengo ninguna duda de que Verne había leído la obra de Melville, lo que se aprecia en los primeros capítulos de la novela.
  • La traducción / edición de Nórdica: Se agradece volver a los clásicos y con ediciones modernas, con nuevas traducciones, formato "grande", papel de calidad, etc.
Puntos débiles:
  • Cierto desaprovechamiento del personaje de Nemo: Personaje con un potencial tremendo, queda en cierta forma infrautilizado, especialmente en lo que a su "prehistoria" se refiere.
  • El personaje de Conseil, que me resulta absolutamente prescindible.
  • Las interminables enumeraciones de flora y fauna, que rompen con el ritmo de la novela. En ocasiones, más parece un tratado de ictiología, zoología, botánica, geología o historia de la exploración que una novela propiamente dicha.
  • Exceso de didactismo, ligado probablemente a lo que citaba anteriormente acerca del espíritu de la época y de la fascinación por lo imposible. 
Por cierto, suele catalogarse a Verne como escritor de aventuras, ligero u orientado al público infantil y juvenil. ¡Error, al menos parcialmente! Aunque las escenas de "acción" o de ciencia-ficción pueden hacer pensar en un texto orientado hacia lectores más jóvenes, otras posibles lecturas del mismo, vinculadas más abismos interiores que exteriores, han de considerarse dirigidas a un público más adulto. Además, y pese a que pueda sonar a broma, posee una destacable veta poética.

Sea como fuere, Veinte mil leguas de viaje submarino es una novela perfectamente disfrutable para un lector de 0 a 99 años, si bien la visión o interpretación que uno u otro puedan tener no puedan (ni deban) ser la misma.  Porque aunque podamos seguir asombrándonos ante la maravilla, ahora peinamos canas, arrastramos fracasos, aflicciones, desencantos y hasta martirios. Porque antes éramos, más bien, el profesor Aronnax, cronista inverosímil e historiador de cosas imposibles, o Ned Land y ahora somos el Capitán Nemo.

También de Jules Verne en ULAD:  Viaje al centro de la Tierra

viernes, 27 de diciembre de 2024

Fridtjof Nansen: La travesía de Groenlandia

Idioma original: Noruego (en sus múltiples
variantes)
Título original: Pa ski over Gronland
Año de publicación: 1890
Traducción: Mario Puertas
Valoración: Bastante recomendable

A finales del siglo XIX, y pese a nombres que ya forman parte del mito (Bellinghausen, Ross, Nordenskjold, etc), la exploración polar se encontraba "en pañales" y muchas terra incognita esperaban aún el momento de ser holladas por el ser humano. La historiografía y la literatura se han centrado en la carrera por los polos o en expediciones en las que la tragedia ocupa un lugar fundamental, ya sea como amenaza o como realidad. Bien, ya es hora de reivindicar otras expediciones y otros personajes.

El viaje que hoy os traemos a ULAD es el que Fridjtof Nansen (y cinco compañeros: los noruegos Sverdrup, Dietrichson y Kristiansen y los lapones Balto y Ravna) realizara en 1888 cruzando en esquís y trineo, por primera vez en la historia, el hielo continental groenlandes, partiendo desde la costa Este y llegando a Godthab (actual Nuuk) después de un par de meses.

Más allá del innegable valor que la travesía de Groenlandia tiene desde el punto de vista estrictamente "deportivo", el viaje de Nansen y sus compañeros tiene importancia por tratarse de una de las primeras expediciones modernas en cuanto a personal, logística, etc, así como por las relaciones que establece con los pobladores locales. En este sentido, creo que Knud Rasmussen bebe mucho de Nansen en su magnífica De la Groenlandia al Pacífico.

Pero como ya hemos dicho alguna vez, el viaje a través del hielo no comienza en el momento en el que Nansen y compañía pisan el hielo continental y, así, el libro de Nansen abarca desde la etapa de formación "polar" de Nansen hasta el invierno que hubieron de pasar en Godthab, pasando por aspectos logístico - organizativos de la expedición, historia de la exploración polar, el viaje de Noruega a Groenlandia (vía Islandia), el contacto con comunidades inuit o la propia travesía. 

Cuatro son las vertientes que, en mi opinión, conviven en el Nansen escritor y personaje y hacen del noruego uno de los exploradores más amables: la poética, la didáctica, el humanismo y la humorística. 

Las descripciones del feroz paisaje islandés, de las costas groenlandesas o de las auroras boreales no tienen nada que envidiar a las que pudieran trazar escritores "profesionales" 

Al encontrarnos en medio de fiordo, el ocaso del sol descendente acariciaba con su resplandor las montañas de basalto del Isafjord; sus laderas occidentales sonreían a la luz del atardecer, mientras las sombras frías se arrojaban, ocultándose en todas las grietas de los rellanos situados cerca de las cumbres y colándose en las hendiduras que el agua ha ido enterrando en la verticalidad de los laterales, dejando resaltar con más nitidez las singulares formaciones horizontales.

El carácter didáctico de Nansen y sus textos se deja ver en la parte dedicada a la logística de la expedición, en sus comentarios acerca del hielo, la geología, la vulcanología, etc. y, especialmente, en la recapitulación de anteriores expediciones por Groenlandia y en el aprendizaje obtenido de ellas.

Su vertiente humanista se percibe en la relación que establece con las comunidades con las que se cruza y con las que ha de convivir en el invierno de 1889, en cómo interactúa con ellos, en cómo observa y habla de sus costumbres, modos de organización social, etc. Son capítulos cercanos a lo antropológico y nos dejan una visión bastante avanzada en comparación con otros "prohombres polares" de la época bastante más cabroncetes. Otro punto que habla a favor de Nansen es el recurso a los testimonios de sus compañeros de travesía. No es tampoco muy habitual.

Y por último, el humor, que siempre sobrevuela la narración de Nansen. Ya sea en el barco que les lleva de Islandia a Groenlandia, en las peripecias de Balto y Ravna o en sus penalidades a través del hielo, Nansen se aleja de lo "épico" y opta por una vía más humorística y sorprendente.

Lo único que hace que la valoración no sea superior es, curiosamente, la parte de la travesía propiamente dicha. No sé si se debe a ese alejamiento de lo "épico" por parte de Nansen, pero me resulta algo reiterativa y aburrida. Al menos, si la ponemos en relación con otras partes del libro.

En cualquier caso, y como decían en Amanece que no es poco, en este pueblo lo que hay es verdadera devoción por Nansen. ¿O era por Faulkner?

P.S.: Me encantan los libros de viajes que incluyen fotografías, mapas, etc. En este caso, un montón de fotos tomadas por Nansen (y sin retocar, ojo) acompañan al texto y dan testimonio de la aventura.


miércoles, 4 de diciembre de 2024

Alejandro Sawa: Criadero de curas

Idioma original: Español 
Año de publicación: 1888
Valoración: Está bien (recomendable para interesados)

Criadero de curas es una «historia individual» que pretende referirse a algo más amplio. Es, también, «la inmolación cruenta de un niño a los fanatismos de sus padres» (y, añadiría yo, a los de un Estado confesional).

Narra la breve existencia de Manuel (o Manolito), un joven internado según el designio de sus difuntos progenitores en un seminario. La severidad de la vida religiosa, así como la indiferencia de los curas que se encargan de él, lo impelen a huir. Desgraciadamente, es localizado y castigado.

Como habréis podido intuir, Criadero de curas es rabiosamente anticlerical. Sawa acomete contra los curas sin darles tregua. «¡Bah! ¿Es por ventura que un sacerdote pueda querer sino a la sotana que lleva puesta?», inquiere despectivamente en la página 55. En la 57 se muestra todavía más implacable al afirmar que: «Es que eran malos. El amor a los santos les había absorbido y agotado el amor a la humanidad. Eran malos hasta ser peligrosos.» En las páginas 69 y 70 les acusa sin miramientos de ser «monstruosos» y «bestias carniceras».

Hay muchas similitudes entre Criadero de curas y Noche. Ambas novelas son de Alejandro Sawa, fueron escritas en 1888 y se adscriben al naturalismo. En ambas se arremete con virulencia contra la religión, la fe y, sobre todo, los representantes de éstas en la Tierra. Ambas tienen idénticas virtudes y acusan los mismos defectos.

El argumento de Criadero de curas, al igual que sucedía con el de Noche, está al servicio de las ideas de Sawa. Así pues, las ideas están en primer plano, y todo lo demás en el segundo. Es por eso que la historia es sumamente lineal, los personajes son bastante sencillos y el rol de éstos en el relato es a menudo más anecdótico de lo que sería menester (pienso, por ejemplo, en la nula participación que Federico, el amigo de Manolito, tiene en la trama).

La prosa de ambas novelas es muy parecida. Una prosa rica y expresiva en su forma, aunque a ratos algo reiterativa, grandilocuente y proclive a diluir la acción o el ritmo a causa de varias disertaciones.

En resumen: Criadero de cura es, al igual que lo era Noche, una novela imperfecta. Aun así, resulta sumamente atractiva como ejemplo paradigmático del naturalismo literario (con su cientifismo, su determinismo y su bestialización de ciertos personajes); también cumple en tanto que ficción contundente y reivindicativa, pese a la irregularidad de su ejecución y su mensaje.


También de Alejandro Sawa en ULAD: Aquí

domingo, 10 de noviembre de 2024

Pedro Antonio de Alarcón: Narraciones inverosímiles. Selección

Idioma original: Español
Año de publicación: 1882
Valoración: Curioso

Pedro Antonio de Alarcón (1833-1891) fundó y colaboró con diversas publicaciones literarias, se batió en duelo con un venezolano que le acabó perdonando la vida, incursionó en política, fue nombrado académico y escribió tanto artículos periodísticos, relatos y novelas como diatribas contra la Corona, la Monarquía y la Iglesia.

De su ecléctica bibliografía narrativa, agrupada en tres tomos titulados respectivamente Cuentos amatorios, Historietas nacionales y Cuentos inverosímiles, destacaré algunos de los relatos de éste último volumen, que han sido rescatados por ediciones Insomnes en su particular Selección. Analicémoslos uno a uno: 

"El año en Spitzberg" nos presenta a un hombre que, tras matar a un rival amoroso, es abandonado a su suerte en una isla deshabitada y helada. La premisa y desarrollo de este relato de supervivencia son harto lineales, pero recomiendo leerlo sólo por la belleza de sus descripciones paisajísticas y por el atinado retrato psicológico que hace de un protagonista atormentado por el miedo a la muerte, la soledad y el tedio.

"El amigo de la muerte" narra el delirante encuentro de un zapatero con ésta última. Su extensión (que quizá rebasa la de un relato convencional para adentrarse en la de una novela breve) lastra un poco el ritmo del conjunto, pues por momentos parece que la idea central se estira en demasía. Aun así, resulta una lectura curiosa que hará las delicias a los amantes de la literatura de corte fantástico de la época.

"Los ojos negros" combina toques trágicos (adulterio, venganza...) con aventuras (duelos, batallas navales, naufragios...). Tildada de «historia escandinava imaginada por un andaluz» por el propio Alarcón, es francamente entretenida y satisfactoriamente intensa.

"La mujer alta" es un «cuento de miedo» típicamente decimonónico, en el cual una vieja horrenda preludia la muerte de los seres queridos de un ingeniero. La imaginería grotesca de su esperpéntica antagonista está muy conseguida, así como el suspenso y la tensión que logran alcanzar un par de escenas.

Como veis, los relatos compilados en estos Cuentos inverosímiles. Selección no tienen los personajes más memorables ni los argumentos más complejos. A eso hay que sumarle que su prosa, aunque a todas luces correcta, acusa algunos de los vicios de la literatura decimonónica; a saber, un estilo moroso y reiterativo. Sin embargo, la antología funciona e incluso constituye una lectura más fluida de lo que uno podría imaginar a priori. Además, relatos tan interesantes como "La mujer alta" conviene leerlos al menos una vez en la vida.

Por último querría alabar la labor de Insomnes. Y es que el mimo y oficio que la editorial ha depositado en Narraciones inverosímiles. Selección resulta asombroso. Para empezar destacaría el apartado gráfico del libro; sobre todo esas imágenes en blanco y negro acompañan a los relatos de Alarcón. También me gustan los paratextos que complementan el volumen, una introducción y un apéndice, pues contextualizan adecuadamente a la obra y el autor sin llegar a saturar al profano.

lunes, 28 de octubre de 2024

Robert W. Chambers: El Rey de Amarillo

Idioma original: inglés

Título original: The King in Yellow; The Mistery of Choice; The Maker of Moons

Año de publicación: los relatos originales, entre 1895 (The King in Yellow) y 1897. 2014, en el caso de esta recopilación.

Traducción: Marta Lila Murillo

Valoración: Está bastante bien. Recomendable para interesados

Es posible e incluso probable que más de uno y una de nuestros lectores haya leído u oído alguna vez términos como "El Rey de amarillo", "Hastur", "Carcosa" o "el lago de Hali"... Sin duda, le sonará a los admiradores/as de la obra de Lovecraft pero también a quienes hayan disfrutado (es un decir) de cierta serie policíaca que se desarrollaba, en su primera y mejor temporada, en los pantanos de Luisiana... Porque lo cierto es que todos estos nombres y la mitología que los acompaña han tenido más predicamento debido a las obras que han influenciado que a la propia obra original de Robert W. Chambers (y eso, sin olvidar que la creación de la ciudad de Carcosa o del lago de Hali se debe, anteriormente, a la pluma de Ambrose Bierce); de hecho, el Rey de amarillo se ha convertido en una referencia habitual en la literatura de horror y su estela sigue viva hasta ahora mismo (muy recientemente, por ejemplo, se ha publicado en España una recopilación, La maldición del Rey de amarillo, de apariciones de esta figura a lo largo del tiempo).

En el caso del volumen que nos ocupa hoy, publicado por la editorial Valdemar, se trata de una Antología de los relatos originales de El rey de amarillo, junto con el añadido de los que aparecieron en otras recopilaciones: The Mistery of Choice y The Maker of Moons, en donde no se menciona a tan ominoso personaje... Aunque digo personaje y eso no es del todo exacto, puesto que se trata de un libro en el que está publicada una obra de teatro de ese título y que conlleva la maldición de volver loco a aquel quien la lee (¿A alguien le suena algo parecido? ¿Nada, lovecraftianos del mundo?). Aunque, a pesar de este componente, digamos sobrenatural -y otros-, en realidad, los relatos que aparecen en este libro pueden adscribirse tanto al género fantástico, más o menos terrorífico, como al thriller o al noir... O incluso a una suerte de retrofuturismo involuntario; es lo que ocurre, sin ir más lejos, con el primero de ellos, El reparador de reputaciones, ambientado en un Nueva York 30 años posterior al momento de su publicación...

El peligroso libro y la mención a agunos de sus personajes, etc. hace su aparición en varios de los relatos que, por lo demás, no tienen relación entre sí , aunque tosdos, incluso aquellos en los que no aparece El rey de amarillo, detentan un innegable aire común, una pertenencia al mismo universo narrativo, por más que no se explicite. Así, un tono igualmente ominoso /macabro tienenlas narraciones siguientes: La máscara -ésta me ha recordado, en cierta manera, a Poe, aunque quizá sea tan sólo una impresión mía-, En el pasaje del dragón y El signo amarillo, mientras que La demoiselle d'Ys entraría, más bien, en los géneros romántico y fantástico -viaje en el tiempo incluído-, mientras que El creador de lunas nos presenta más bien lo que parece un thriller policíaco, aunque prcursor claro de la ficción pulp. Algo parecido ocurre con el último de los cuentos, La llave del dolor, aunque aquí el género que le sirve de base es el de aventuras. Una velada placentera, por su parte, podría considerarse como una peculiar historia de fantasmas, también ambientada en una Nueva York futura (es decir, para nosotros, pasada). Por último, hay un par de cuentos de tono y ambientación diferente, aún sin perder el tono macabro y sobrenatural, pues se desarrollan en un pueblecito de Bretaña (región apreciada por Chambers, que vivió varios años en Francia) en donde reside el pintor inglés Dick Darnel, que hace las vecez de "detective" en distintos asuntos; en el primero, que se nos narra en El emperador púrpura, sasistimos a una curiosa rivalidad entre coleecionistas de mariposas. El segundo de ellos,  El sacerdote negro presenta un corte corte más fantástico. Ambos cuentos son, a mi parecer, de lo mejor deleste volumen, sin desmerecer a algún otro, como Una velada placentera.

En todo caso, nos hallamos ante un escritor y unos cuentos que son una ineludible referencia dentro del género de horror, sobre todo por su influencia posterior. Tal vez no acaben de pillarles el tranquillo los lectores más generalistas (por decirlo de alguna manera), pero, sin duda, interesarán e incluso deleitarán a los amantes del género, aunque sólo sea por conocer de dónde viene la ominosa figura del Rey de amarillo.

lunes, 14 de octubre de 2024

Zoom: El vampiro de John William Polidori

Idioma original: inglés 

Título original: The Vampyre

Año de publicación: 1819

Traducción: en esta edición no consta

Valoración: imprescindible para fans del género. Para los demás, está bien

Les presento, damas y caballeros al primer y genuino vampiro, el que ha dado lugar a todos los que en la literatura, el cine o incluso los dibujos animados  han sido, el original e inimitable vampiro imaginado por John William Polidori, médico de Lord Byron, aquella legendaria noche del 18 de junio de 1816, "el año sin verano", en la Villa Diodati, a orillas del lago Leman, y que también vio nacer a otra mítica criatura de manos de Mary Wallstonecraft Godwin (aún por entonces), el llamado monstruo de Frank... ¿Cómo? ¿Que no? ¿¡Cómo que no!?

Pues no. O no del todo así, al menos. Para empezar, el de Polidori no es el primer vampiro que aparece en la literatura, aunque sí el arquetipo vampírico que más éxito ha tenido: el vampiro seductor, fascinante, de modales e incluso títulos aristocráticos, subyugador de mujeres y dominador de hombres... ¿A alguien le suena esta descripción?

En segundo lugar, no está tan claro que este relato surgiera aquella famosa noche, cuando Lord Byron propuso a sus compañeros la escritura de sendos cuentos de terror,-al parecer, tras la estimulante lectura del libro Fantasmagoriana, de gran éxito por entonces-; por lo visto, Polidori escribió o al menos pergeñó otro cuento y fue con posterioridad a esa noche cuando compuso El vampiro, a partir de una idea lanzada... por el propio Byron. Porque esa es otra: a pesar de que la primera edición se publicó con la autoría del poeta romántico por excelencia -¿artimaña de los editores para vender más ejemplares, quizá?- no hay duda de la autoría por parte de su médico personal -por breve tiempo-, Polidori. Pero asi la idea original pudo deberse a Lord Byron o no, lo que sí está claro es que él fue la inspiración `para el vampiro de la historia, un noble que causaba sensación en los salones y demás reuniones sociales, especialmente entre las damas, a las que seducía, "utilizaba" (esto suena un poco antiguo, ya lo sé) y luego dejaba tiradas como a un kleenex... más o menos, de lo que se acusaba a Byron en su época (aunque no llegara a beber la sangre de sus "víctimas", que se sepa). Más aún: incluso el nombre del vampiro, Lord Ruthven es una alusión directa a Byron, pues es el nombre que éste recibía en Glenarvon, un roman à clef escrita por Caroline Lamb, amante despechada de éste y parecida ese mismo año. Siguiendo su ejemplo, parece que lo que Polidori escribió fue, ante todo, una venganza contra su eventual patrón, con quien no se llevaba demasiado bien.

Ahora bien, ¿a quién le importa todo esto? Si el infeliz Polidori se ha llevado la gloria por haber creado a todo un arquetipo clásico no ya del género de terror, sino de toda la literatura y lo hizo como una invectiva contra su antiguo jefe, eclipsando, si no la fama de su nombre, sí la de su obra, bien está, después de las burlas y desdenes que hubo de soportar de Byron y sus amigos pijos. Y con esop, además, ya es bastante, porque la novelita en sí -relato largo, más bien- tampoco es que dé para mucho: en ella, el tal Lord Ruthven, después de fascinar a la sociedad londinense, se embarca en un viaje por la exótica Europa continental junto con un joven más bien pánfilo llamado Aubrey -exactamente igual que hicieron Byron y Polidori, casualmente- ; pánfilo y todo, Aubrey acaba descubriendo, aunque sea tarde, que su compañero de viaje no es sino un infame vampiro.... y no os cuento más porque, pese a que, como ya digo, la novela es breve, aún hay algún que otro plot-twist interesante.

El estilo, como cabe suponer en una obra literaria de hace doscientos años, por gótica que sea, resulta hoy en día un tanto relamido y no menos enfático, pero se deja leer con facilidad y aun gusto por un lector actual estándar (yo mismo, por ejemplo). En cualquier caso, el libro se lee en un ratillo...Así que no sé a qué estáis esperando para echarle un ojo: recordad que antes que Bram Stoker, antes que Anne Rice y antes, claro, que Stephen King, estuvo John William Polidori, quizá no el primero, pero desde luego no el último de los creadores de vampiros.

¡Ah, y esta edición cuenta con un prólogo de Mariana Enriquez, que no me negaréis que es un plus!



Como la cubierta de la edición que he leído es bastante sosa, reproduzco aquí también la de la primera vez que se publicó la novela, en la que los cucos editores atribuyeron la autoría a Lord Byron. En honor a la verdad, éste de inmediato negó haberla escrito, pero, dadas sus palabras poco amables, cabe sospechar que más porque se daba cuenta del dardo sátirico que lanzaba contra él que por fair-play entre escritores...

jueves, 10 de octubre de 2024

VV.AA. : Paseando con fantasmas

Idioma original: inglés y francés

Año de publicación: entre 1773 y 1836. Como antología de relatos, 2012

Traducción: Marian Womack

Valoración: recomendable para interesados 

Ya que se acerca Halloween, vamos pues con otros de los personajes  (debería llamarlo "entes", más bien) emblemáticos del mundo sobrenatural y, según los casos, terroríficos. Especialmente populares para disfrazarse, además, por lo sencillo que resulta: basta con hacerle un par de agujeros a una sábana vieja, y p'alante... (quien no me crea, que vea la película A ghost story... interesante, por otra parte). Estoy hablando, cómo no, de los fantasmas. Pero de de unos fantasmas cualquiera, de novela pulp o película de Disney, sino de los que imaginaron toda una serie de escritores de la época seminal del género de terror, Los amantes de lo macabro y los arbotantes, lo tenebroso y el arco apuntado... los góticos. No los que van de negro con piercings, sino los que escribían cosas de (más o menos) miedito hace cosa de doscientos y pico de años.

Porque antes que nada, aviso: lo importante de esta recopilación de relatos escritos en el siglo XVIII y primera mitad del XIX no es el título, Paseando con fantasmas -aunque fantasmas, haylos-, sino el epígrafe posterior: Antología del cuento gótico. Lo comento porque éste es el nexo de unión de todos ellos, su pertenencia a una tendencia literaria que se dio entre los dos siglos mencionados (aunque con ramificaciones e influencia posterior que perdura hasta hoy), más que el hecho de que se trate de historias de espectros, porque el caso es que no en todos los cuentos aquí reunidos aparecen estas apariciones sobrenaturales -sí en muchos-, sino que en otros el ingrediente terrorífico, por así decirlo, se confía, sin más a lo macabro, pero no necesariamente a algo venido del más allá. Permitidme que,  a este respecto, reproduzca aquí las palabras del prologuista del libro, David Roas, que así no tengo que trabajar resultan mucho más pertinentes que las mías:

"Un rápido listado de los principales rasgos que caracterizan a la novela gótica revela la importante dimensión de lo terrorífico y lo macabro en este tipo de historias: apariciones fantasmales y otros fenómenos fantásticos, crímenes y acciones sanguinarias de todo tipo (desde el sadismo desaforado hasta la necrofilia, pasando por la violación), misterios terroríficos (que no siempre tienen que desembocar en lo sobrenatural); maldiciones, gemidos, murmullos, gritos, chirridos y demás sonidos inquietantes; lo que podríamos llamar lo 'terrorífico arquitectónico' (espacios cerrados y amenazantes, habitualmente en ruinas, como castillos)..."

A lo que yo añado, si se me permite (algo habrá que decir), una sobredosis folletinesca de pasiones desbordadas -amorosas y de todo tipo- , secretos de familia, encuentros y desencuentros, contadas con un estilo enfático, alambicado y, en ocasiones, excesivo. Lo habitual en la época, vaya... 

 A la mayor parte de los autores/as que aparecen en esta recopilación de relatos, no obstante, no los conocen ya ni en su casa a la hora de la ouija. Algunos sí, empero, aquí encontramos, por ejemplo, un cuento obra de Lord Byron, nada menos -El enterramiento (1816), sobre un viaje que hace el protagonista con un tal August Darvell por tierras otomanas... cómo no-; otro de su amiga y hoy en día aún más célebre Mary Shelley, El sueño, de 1832 (no, no va de un científico que sueña que crea a un monstruo con cachos de cadáveres, sino de una dificultosa historia de amor durante el reinado de Enrique IV, entre una condesa católica y el hijo de un enemigo protestante); también del autor de lqa que se considera obra cumbre del gótico, Melmoth el errabundo, Charles Maturin, aquí con El castillo de Leixlip (1825), ambientada en la Irlanda del siglo XVIII y que posee un punto metaficcional, al contarnos una historia dentro de otra historia dentro de otra historia más... o William M. Thackeray, quien dicho sea de paso, escribió el cuento que a mí me ha gustado más de este compilación, el muy divertido La apuesta del diablo (1836), lleno de un humor muy británico sobre las vicisitudes del alma de Sir Roger Rollo.

No están tampoco nada mal otro viaje infernal, La expedición al Infierno (1936), de James Hogg, que nos relata el sueño del cochero de Edimburgo George Dobson, en el que lleva a unos clientes al Inframundo o el anónimo de 1819 Danza macabra, un cuento al estilo de los hermanos Grimm en el que un gaitero mágico interpreta una "danza de la Muerte". Aunque el numero de relatos recogidos en el libro asciende a dieciocho, mencionaré aquí ya sólo otra que me ha parecido harto curiosa: Andreas Vesalius, el anatomista, de Petrus Borel (1833) en el que el célebre científico del siglo XVI ha de afrontar las iras del siempre castizo pueblo de Madrid, receloso de sus pecaminosas prácticas científicas.

En fin, que si lo que buscáis es una buena ración de fantasmas, ruinas de la grandeza de otro tiempo, romanticismo exacerbado, momentos macabros, personajes sobrepasados, pasiones y sentimientos llevados al límite... podéis meteros un rato en Twitter... perdón, X o leer este libro. Yo os aconsejo esto último; saldréis ganando en cultura, entretenimiento y no le haréis ganar dinero al cenutrio de su dueño.

lunes, 23 de septiembre de 2024

Heinrich von Kleist: La marquesa de O... y otros cuentos

Idioma original: alemán

Título original: Die Marquise von O…

Traducción: Carmen Bravo Villasante

Año de publicación: 1807-1810

Valoración: Recomendable


A decir verdad, la valoración también podría ser Intenso, por ejemplo, porque así es todo en nuestro amigo Heinrich von Kleist, lo mismo en su (corta) vida que en su obra. En el primer aspecto, se podría decir que encarnó en toda su dimensión el concepto de romanticismo, del que fue uno de sus más destacados representantes. Heinrich tenía ese gen que le hace a uno sentirse destinado a escribir el libro definitivo, alcanzar el absoluto, llegar al último límite en todo lo que tiene que ver con las emociones, vivir la vida en toda su intensidad sin cálculo alguno, y morir en la forma que a todos se nos ocurre cuando hablamos de un personaje semejante. El fracaso de sus obras y el desprecio de sus contemporáneos son otros de los elementos que resultan inevitables en su trayectoria de autor atormentado y obsesivo, de manera que solo muchos años después de muerto empezó a apreciarse el valor de su obra. Vamos, que perfectamente puede decirse que su propia vida hubiera sido su mejor novela.

Hay que reconocer que tampoco sorprende que su prosa no agradase mucho a público y crítica. Escribe Kleist de forma un poco torrencial, con un manejo extraño de los signos de puntuación y un desequilibrio visible en el ritmo, que se remansa largamente hasta paralizar la acción y acelera de repente para acumular hechos que a veces se presentan fugaces o terminan absorbidos por una elipsis. Y sin embargo no deja de tener su gracia, como a veces ocurre con este tipo de escritores poco académicos, de estilo digamos libre, cuya forma de escribir parece transmitir sin filtros toda la pulsión que llena su cabeza y su corazón. No será una lectura exactamente placentera, pero sí deja una agradable sensación de frescura y sinceridad. Eso sí, hace doscientos años probablemente no se apreciaban estas virtudes de la misma forma.

También el contenido de los relatos explica por qué no fueron apreciados en su época. Esa intensidad que apuntaba como seña de identidad está del todo presente en la narración, en especial en La marquesa de O…, que debió escandalizar a las mentes bienpensantes de la época. La marquesa, viuda de buena posición social, está embarazada, y defiende por activa y por pasiva que no ha tenido relación alguna que pudiéramos establecer como origen de tal estado. Aunque no se explica la situación, la marquesa tampoco es estúpida y, con objeto de restablecer en lo posible su honor, anuncia en el periódico, de forma ingenua y bastante sorprendente, que se casará con el hombre que afirme ser el padre. Por supuesto ella recibe el repudio radical de su propia familia, en especial del severo padre, y por ahí asoma lleno de intenciones un cierto conde ruso perdida y un poco misteriosamente enamorado de la marquesa. Todo un extraño drama en el que no faltan algunas reacciones inexplicables de los personajes, un elemento chocante aunque de cierto atractivo que abunda también en el resto de relatos.

El amor, siempre sujeto a avatares complejos, es también el núcleo de otros dos cuentos, sorprendentemente situados en escenarios más bien exóticos para la época: el terremoto de Chile (imagino que el de Valparaíso de 1730) y la revolución haitiana de finales del XVIII. Amores arrebatados y profundos son sometidos a condiciones extremas, mezclados con tragedias y convulsiones sociales, y difícilmente van a terminar de forma feliz. Parece que siempre triunfa el mal: crímenes e imputaciones injustas se imponen a los sentimientos solidarios de los chilenos frente a la tragedia, y el odio y una violencia feroz ensombrecen las intenciones puras de los enamorados en el escenario brutal de la revuelta de los negros en la colonia francesa. Este relato, inocentemente titulado Los desposorios de Santo Domingo, aunque no tiene la sutileza de La marquesa de O..., me parece el mejor construido desde el punto de vista narrativo, con una progresión bien desarrollada, ingredientes de terror y suspense, y enredos y malentendidos de novela romántica. 

Menos relevante me parece La mendiga de Locarno que cierra el libro, un pequeño cuento con aires de misterio que trae a la memoria el episodio inicial que desencadena La bella y la bestia (versión Disney), quedando la duda de si Kleist pudo ser su inspiración, o fue él quien a su vez recogió la influencia de relatos más antiguos.

En todo caso, un pequeño librito que se lee en un pispás, con un prólogo bien interesante y muy adecuado para conocer el romanticismo literario alemán en carne viva.


También de Heinrich von Kleist reseñado en ULADMichael Kohlhaas


jueves, 12 de septiembre de 2024

Henrik Ibsen: Espectros

Idioma original: noruego
Título original: Gengangere
Traducción: Cristina Gómez-Baggethun (en castellano para Nórdica)
Año de publicación: 1881
Valoración: está bien


Siempre supone cierta dificultad reseñar obras de teatro en su formato literario, pues uno debe recrear mentalmente escenarios y espacios y gran parte del texto se centra en los diálogos entre personajes por lo que el lector debe estar dispuesto a casi formar parte de un imaginario elenco actoral y entrar mentalmente en el escenario. Y el éxito de tal empresa depende en gran parte de la propia historia narrada.

En esta obra, escrita a finales del siglo XIX, intervienen únicamente cinco personajes y se descompone en tres actos correspondientes a los habituales momentos narrativos (introducción, nudo y desenlace). La historia empieza con una escena entre Regina (la asistencia de la señora Alving) y su padre, quien pretende convencerla de que deje el hogar donde está realizando las tareas domésticas y marche a vivir con él para trabajar en una especie de mesón para marineros. La chica descarta la propuesta ya que no se fía del negocio que tienen pensado hacer su padre ni tampoco de él, pues es alguien de vida algo errática. En paralelo, vemos como Osvald, el hijo de la señora Alving, ha vuelto de un viaje al extranjero y se encuentra a su madre hablando con el reverendo del pueblo acerca de la construcción de un asilo financiado por ella. La aparición del hijo y los detalles de su vida en el extranjero alarman al reverendo, pues la mentalidad del joven ha cambiado desde que se fue, abandonando las costumbres más arcaicas y cerradas para ver la sociedad desde un punto de vista más abierto; así, Osvald defiende que las parejas puedan tener hijos sin casarse y convivir en un mismo hogar, ideas con las que su madre está de acuerdo pero que enervan al reverendo, quien le discute sus ideas y conceptos sobre la libertad afirmando que «en esta vida es pura rebeldía esperar la felicidad. ¿Qué derecho tenemos las personas a ser felices? No, señora, ¡lo que tenemos que hacer es cumplir con nuestro deber!». Unas ideas anticuadas que reafirma, hablando a la mujer de su difunto marido y la vida de excesos que llevaba, al decir que «una esposa no ha de erigirse en juez de su marido. Tenía usted la obligación de llevar con humildad la cruz que una voluntad superior había considerado oportuno concederle». A partir de esa puesta en escena y conflicto candente, se desarrolla la acción en un continuo contraste entre mentalidades e ideologías al que se añade situaciones del pasado de los implicados que provocan no pocas discusiones y revelaciones que ponen en riesgo el frágil equilibrio familiar y social de los personajes. 

Como ya ha demostrado es múltiples ocasiones, Ibsen sabe encontrar los conflictos sociales y morales de sus personajes y los somete a momentos de confrontación, mostrando de esta manera las costumbres de una sociedad que se va abriendo a nuevas ideas y visiones del mundo. No podemos olvidar que estamos a finales del siglo XIX, una época en que las ideas de Ibsen colisionaban de lleno en una sociedad donde el modelo de familia (con gran influencia de la religión) era poco menos que intocable por lo que su valentía y atrevimiento le otorgan aún más valor de lo que el propio texto merece. Por ello, a pesar de que no es una de sus mejores obras, Ibsen siempre debe tener un espacio destacado en nuestro bagaje lector, pues la influencia de su obra en la historia de la dramaturgia es incuestionable.

Tal y como dice una de las protagonistas en el texto, en plena confesión al reverendo, «he tenido la sensación de estar viendo espectros. Aunque yo diría que espectros somos todos (…) y no solo porque carguemos con la herencia de nuestros padres. Tenemos además muchas opiniones viejas y muertas». Y no le falta razón, pues la herencia de nuestro pasado sigue presente en nosotros, a veces con valores nobles y vigentes, pero también con mentalidades encerradas y arcaicas que conviene enterrar para que no asomen e impidan avanzar en derechos y libertades.