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sábado, 14 de febrero de 2026

Jorge Gundemar: La mujer que barría el desierto

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2016

Valoración: Decepcionante (por decir algo)

 

No sé, a veces creo que, por una razón u otra, me aproximo demasiado a los bordes del concepto de libro, y me surgen dudas de si algunas cosas deberían realmente tener una reseña en el blog. Pero bueno, si le hicimos un hueco al ilegible Manuscrito Voynich (excelente entrada, por cierto) o más recientemente le dedicamos un zoom al libelo de Quevedo, entiendo que el margen es suficientemente amplio. Este librito que traemos hoy no llega a ser ilegible, más bien al contrario, pero me temo que está en esa dudosa frontera de lo reseñable.

En algún momento y lugar que no recuerdo me entero de que existió una tal Maria Reiche, matemática y arqueóloga alemana que dedicó buen parte de su vida y enormes esfuerzos a estudiar las líneas de Nazca, ya saben, esa especie de inmensos dibujos trazados sobre el desierto peruano que les da el nombre. Un misterio de esos que fascinan a los amigos de lo paranormal, siempre dispuestos a buscarle explicaciones extraterrestres a todo lo que se sale de lo conocido. Me llamó la atención que esta mujer se dedicase durante tantos años a investigar casi en solitario semejante asunto, y me dispuse a buscar un libro sobre ella, no sobre las figuras, que cuentan con amplia bibliografía.

El resultado fue este librito del peruano Jorge Gundemar, afincado en España y por lo visto autor de algunos otros títulos. Librito porque es muy breve, y también sorprendente, porque en caracteres muy grandes, empieza con un diálogo entre un niño y su abuelo. Enseguida descubrimos que el abuelo está relatando su experiencia cuando en su infancia de pobreza se puso al servicio de la loca que barría el desierto con sus escobas.

A partir de ahí, en ese formato de relato familiar interrumpido por breves diálogos, se va desgranando muy por encima la historia de Maria Reiche, su llegada desde Alemania, su sorpresa ante la noticia de enormes y enigmáticas líneas trazadas en el desierto, y su inmediata dedicación a explorar e intentar desentrañar el misterio. No tendremos muchos más detalles de la vida de esta mujer, porque el texto se configura como una especie de cuento infantil, y aquí le asalta a uno alguna duda.

Supongo que la intención del autor no es hacer una pirueta estilística presentando en este formato un esbozo de biografía de un personaje tan singular. Seguramente, digo yo, lo que pretende es hacer llegar a los niños de su país una pequeña historia acerca de un patrimonio cultural desde luego bastante singular, y de paso presentar a la investigadora como alguien que, llegando de muy lejos, se interesó por ello. Hasta le compraríamos esa intención de construir un cuento divulgativo, con el nieto expectante y el abuelo narrando una experiencia única. Pero dudo bastante de que el público infantil se llegue a interesar de verdad por unos datos biográficos más bien poco llamativos, y además sobre las misteriosas figuras de Nazca hay en el libro tan poca información que tampoco creo que por ese camino fuese a llamar su atención.

Incluso se podría pensar que se trata de un trabajo de encargo para fomentar el conocimiento de las singularidades de la cultura nacional pero, si lo que queremos es encontrar información sobre el interesante personaje de Maria Reiche, creo que habrá que buscar por otros caminos. Así que nos quedamos con la extraña sensación de no saber bien lo que estamos leyendo, pero en todo caso me temo que la brevísima lectura no va a dejar satisfecho a casi nadie.

jueves, 30 de octubre de 2025

Colaboración: A la intemperie, de Roberto Bolaño

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2024

Valoración: Interesante (para completistas)


Seguramente pensarían ustedes que ya no quedaba ningún escrito de Roberto Bolaño por publicar. Craso error. Debolsillo, dado el seguimiento que tienen las novelas del escritor chileno en nuestro país, se ha preocupado de saciar las necesidades de los “bolañistas” publicando un volumen titulado A la intemperie. 

En este caso, no nos encontramos con una nueva novela inédita, puesto que a estas alturas los baúles están vacíos. Se trata de un volumen que recopila los artículos, columnas y reseñas que publicó Bolaño desde los años 70 hasta poco antes de su muerte. También se recogen prólogos a obras de otros autores y algunas conferencias y discursos.

Con estos antecedentes, como ustedes fácilmente comprenderán, el interés que pueda suscitar esta obra es muy relativo. La temática es muy dispersa y el estilo varía mucho entre los distintos escritos puesto que pertenecen a épocas muy dispares, por lo que la coherencia general de la obra brilla por su ausencia. 

En este sentido, quizás no resultan especialmente atractivos tantos relatos sobre ambientes y personajes de Blanes, su lugar de residencia, ni tampoco los numerosísimos artículos dedicados a autores chilenos que no son conocidos por estos pagos, pero lógicamente hay que situarlos en el contexto de los medios informativos, especialmente el Diari de Girona y Las Últimas noticias de Chile, en que fueron publicados. 

Mucho más interesantes son los artículos en los que habla de literatura. Aunque debe quedar claro que no son críticas literarias ni artículos de opinión. Bolaño introduce sus valoraciones, principal aunque no exclusivamente, de escritores españoles e hispanoamericanos, donde desgrana sus filias y fobias personales, con las que el lector podrá estar o no de acuerdo. El autor chileno ensalza entre los autores españoles a Javier Cercas, Javier Marías o Vila-Matas y nos recomienda encarecidamente que si nos gustan los cuentos “un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Lo repito una vez más, por si no ha quedado claro, a Cela y Umbral ni en pintura”. Y poco más adelante concluye que como cuentista “con Poe tendríamos de sobra”. No creo que Harold Bloom estuviera de acuerdo.

En cuanto a la literatura hispanoamericana deja claramente de manifiesto su predilección por los autores argentinos, especialmente Borges y Cortázar, y en cuanto a la literatura chilena, sobre todo destaca a Huidobro y Nicanor Parra, a los que dedica varios artículos. En cuanto a fobias, aquí queda su valoración de Isabel Allende: “su literatura es mala, viva, pero mala”.

En fin, un volumen que puede resultar útil para completistas a los que les guste coleccionar todo lo publicado por Bolaño, pero prescindible para todos los demás.

Firmado: José Miguel Martínez

Otras muchas obras de Roberto Bolaño reseñadas en ULADaquí


lunes, 23 de septiembre de 2024

Heinrich von Kleist: La marquesa de O... y otros cuentos

Idioma original: alemán

Título original: Die Marquise von O…

Traducción: Carmen Bravo Villasante

Año de publicación: 1807-1810

Valoración: Recomendable


A decir verdad, la valoración también podría ser Intenso, por ejemplo, porque así es todo en nuestro amigo Heinrich von Kleist, lo mismo en su (corta) vida que en su obra. En el primer aspecto, se podría decir que encarnó en toda su dimensión el concepto de romanticismo, del que fue uno de sus más destacados representantes. Heinrich tenía ese gen que le hace a uno sentirse destinado a escribir el libro definitivo, alcanzar el absoluto, llegar al último límite en todo lo que tiene que ver con las emociones, vivir la vida en toda su intensidad sin cálculo alguno, y morir en la forma que a todos se nos ocurre cuando hablamos de un personaje semejante. El fracaso de sus obras y el desprecio de sus contemporáneos son otros de los elementos que resultan inevitables en su trayectoria de autor atormentado y obsesivo, de manera que solo muchos años después de muerto empezó a apreciarse el valor de su obra. Vamos, que perfectamente puede decirse que su propia vida hubiera sido su mejor novela.

Hay que reconocer que tampoco sorprende que su prosa no agradase mucho a público y crítica. Escribe Kleist de forma un poco torrencial, con un manejo extraño de los signos de puntuación y un desequilibrio visible en el ritmo, que se remansa largamente hasta paralizar la acción y acelera de repente para acumular hechos que a veces se presentan fugaces o terminan absorbidos por una elipsis. Y sin embargo no deja de tener su gracia, como a veces ocurre con este tipo de escritores poco académicos, de estilo digamos libre, cuya forma de escribir parece transmitir sin filtros toda la pulsión que llena su cabeza y su corazón. No será una lectura exactamente placentera, pero sí deja una agradable sensación de frescura y sinceridad. Eso sí, hace doscientos años probablemente no se apreciaban estas virtudes de la misma forma.

También el contenido de los relatos explica por qué no fueron apreciados en su época. Esa intensidad que apuntaba como seña de identidad está del todo presente en la narración, en especial en La marquesa de O…, que debió escandalizar a las mentes bienpensantes de la época. La marquesa, viuda de buena posición social, está embarazada, y defiende por activa y por pasiva que no ha tenido relación alguna que pudiéramos establecer como origen de tal estado. Aunque no se explica la situación, la marquesa tampoco es estúpida y, con objeto de restablecer en lo posible su honor, anuncia en el periódico, de forma ingenua y bastante sorprendente, que se casará con el hombre que afirme ser el padre. Por supuesto ella recibe el repudio radical de su propia familia, en especial del severo padre, y por ahí asoma lleno de intenciones un cierto conde ruso perdida y un poco misteriosamente enamorado de la marquesa. Todo un extraño drama en el que no faltan algunas reacciones inexplicables de los personajes, un elemento chocante aunque de cierto atractivo que abunda también en el resto de relatos.

El amor, siempre sujeto a avatares complejos, es también el núcleo de otros dos cuentos, sorprendentemente situados en escenarios más bien exóticos para la época: el terremoto de Chile (imagino que el de Valparaíso de 1730) y la revolución haitiana de finales del XVIII. Amores arrebatados y profundos son sometidos a condiciones extremas, mezclados con tragedias y convulsiones sociales, y difícilmente van a terminar de forma feliz. Parece que siempre triunfa el mal: crímenes e imputaciones injustas se imponen a los sentimientos solidarios de los chilenos frente a la tragedia, y el odio y una violencia feroz ensombrecen las intenciones puras de los enamorados en el escenario brutal de la revuelta de los negros en la colonia francesa. Este relato, inocentemente titulado Los desposorios de Santo Domingo, aunque no tiene la sutileza de La marquesa de O..., me parece el mejor construido desde el punto de vista narrativo, con una progresión bien desarrollada, ingredientes de terror y suspense, y enredos y malentendidos de novela romántica. 

Menos relevante me parece La mendiga de Locarno que cierra el libro, un pequeño cuento con aires de misterio que trae a la memoria el episodio inicial que desencadena La bella y la bestia (versión Disney), quedando la duda de si Kleist pudo ser su inspiración, o fue él quien a su vez recogió la influencia de relatos más antiguos.

En todo caso, un pequeño librito que se lee en un pispás, con un prólogo bien interesante y muy adecuado para conocer el romanticismo literario alemán en carne viva.


También de Heinrich von Kleist reseñado en ULADMichael Kohlhaas


sábado, 14 de septiembre de 2024

J.R.R. Tolkien: La historia de Kullervo

Idioma original: inglés
Título original: The Story of Kullervo
Traducción: Martin Simonson
Año de publicación: 2010 (escrito en 1914-15)
Valoración: Recomendable para interesados (pero muy interesados)


Aunque el título de la entrada indique otra cosa, este libro que tenemos entre manos no es exactamente La historia de Kullervo ni su autor es J.R.R. Tolkien. O, mejor dicho, no es solo ese relato, obra desde luego del afamado autor inglés, sino más bien un estudio, un ensayo de Verlyn Flieger en torno a ese texto, que lo incluye íntegramente para después analizarlo con mucho detalle desde distintos puntos de vista. Algo así como algunas ediciones de Cátedra, donde el análisis es tan amplio y exhaustivo que casi arrincona el propio texto original.

Por lo visto Tolkien escribió La historia de Kullervo entre 1912 y 1916, es decir con alrededor de veinte años. Por esa época Tolkien había conocido la colección de antiguos cuentos finlandeses conocida como Kalevala, compilada por un tal Elias Lönnrot (por cierto, ¿no hay un personaje de Borges con ese mismo apellido?), texto que le impresionó hasta el punto de intentar aprender el idioma para leerlo en el original. No parece que tuviera mucho éxito en esa empresa, pero lo que sí hizo el joven Tolkien fue reinterpretar la epopeya convirtiéndola en un cuento, que es justamente el que luce en el título.

Desde el punto de vista lector, el relato no tiene un interés especial. En una de esas tragedias familiares, el padre de Kullervo es asesinado por Untamo, el malvado tío del joven, que posteriormente lo esclaviza y le hace objeto de diversos ultrajes, de los que el protagonista sale victorioso merced a sus poderes sobrenaturales. Tras diversas vicisitudes, que incluyen un incesto involuntario, conversaciones con una espada mágica y un plan para vengar al padre, el cuento queda inacabado.

Como Tolkien es todavía un escritor un poco verde, la recreación del mito de Kullervo es más bien un ejercicio de estilo, como para irse fogueando en los ambientes míticos que más tarde iría creando. Lo más interesante es quizá la tipificación del personaje que, lejos del héroe esperable en una epopeya, es un individuo torvo, físicamente poco agraciado, violento e incapaz de un sentimiento elevado. Por lo que conocemos más adelante, esta caracterización es una de las aportaciones más significativas del autor a las leyendas originales.

El resto del libro, como digo, es un trabajo entiendo que bastante concienzudo en torno a este relato y su significado dentro de la obra del autor. Se incluye una segunda versión del mismo texto, así como dos conferencias de Tolkien sobre el Kalevala (también muy similares entre sí), y numerosas y muy detalladas anotaciones sobre los distintos personajes, su relación con el original, las variaciones introducidas o los parentescos con el quenya, lengua que inventaría tiempo después. Igualmente, buen número de referencias a posteriores obras del autor británico, en especial El Silmarillion (ver enlace abajo), que al parecer están directamente influenciadas por la lectura de las leyendas finesas y el trabajo previo sobre Kullervo. También sabemos que Tolkien echaba de menos una mitología propiamente inglesa, y así se decidió a crearla él mismo a partir de diversas fuentes geográficamente cercanas, hasta concebir el espectacular ciclo de la Tierra Media que todos más o menos conocemos.

De forma que al relato en sí seguramente no le encontraremos demasiado atractivo, ni tan siquiera como mero entretenimiento, y el trabajo de Flieger, no obstante su alto grado de detalle y su posible valor como estudio de la obra de tan famoso autor, difícilmente creo que llegue a satisfacer al lector estándar. Así que si no es usted un apasionado, o mejor, un completista de Tolkien, igual es mejor que opte por otra lectura.  

 
Las principales obras de J.R.R. Tolkien reseñadas en ULADEl Silmarillion, El señor de los anillos, El hobbit

martes, 23 de enero de 2024

Jon López de Viñaspre: El clan de los increíbles

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2023

Valoración: Se deja leer


Aunque a alguien le pueda parecer lo contrario, no tengo prejuicios contra el relato corto. No es lo que más me atrae pero hay en este género ejemplos extraordinarios que todos conocemos. Pero es indudable que el formato tiene sus propios códigos, que no son los mismos que para la novela, y obligan a valorar cosas diferentes, esas que los maestros del género, en mi opinión un puñadito muy reducido, dominan a la perfección. Sin esos atributos decisivos, difíciles de formular pero fácilmente detectables cuando no están presentes, el cuento o relato breve queda en algo intrascendente y olvidable. Y entonces, aunque de casi todo se puede sacar algo aprovechable, en la mayoría de los casos solo lo detectamos en pequeñas dosis.

Con esto ya lo he dicho casi todo, creo yo. Jon López de Viñaspre (bilbaino de origen alavés, lo cual es casi un oxímoron) es promotor de la interesante editorial Lapislàtzuli, y autor de al menos una novela, además de la colección de relatos que constituye El clan de los increíbles. Aquí se trata concretamente de siete textos de extensión media, heterogéneos aunque de caracteres bastante reconocibles: buenas dosis de imaginación, lenguaje sencillo aunque con cierto gusto por el adorno, algunas gotas de algo que podríamos relacionar con el realismo mágico, personajes con un punto extravagante, entornos más bien intemporales y exóticos. Las historias son más bien de poco desarrollo y se utilizan para plantear situaciones en las que la vida pone a prueba al individuo, o es este quien la somete a juicio. Así, los improbables enamorados circenses de El increíble hombre bala, el marino de La leyenda de Inverglass, o el ermitaño eventual de La piedra.

El inicio de este último relato, La piedra, es uno de los momentos más poderosos del libro, cuando Joaquín, decidido a buscar ‘todas las incertidumbres de este mundo’, trepa hasta una de las peñas más elevadas del macizo de Montserrat para permanecer allí, en solitario, durante tiempo indefinido, en una imagen que recuerda al Simón del Desierto en su columna. La cosa tiene cierto tono de parábola bíblica con toques zen, sin olvidar citas de Queen y Lou Reed, ciertamente un cóctel algo extraño. Otra cosa es que ese impacto inicial vaya quedando diluido en el relato como una buena idea a la que le falta continuidad. Esta misma inconsistencia la observamos en todos los demás títulos, siempre con un núcleo atractivo, más o menos original, alrededor del cual se dan demasiadas vueltas sin que termine de tener un desarrollo que lleve a alguna parte. Son como pequeñas novelas en las que nunca terminan de ocurrir cosas decisivas.

Desde este punto de vista narrativo, quizá el más redondo de los relatos sea el último, Los formidables Rocktabour, donde se reúnen algunos personajes presentados antes, y por el que desfilan viejas glorias del circo para una última actuación. Así que, aunque bien escrito y lleno de imaginación, al libro habría que buscarle cualidades en esos destellos de brillantez que iluminan los cuentos, como la enfermedad de Kantuta, que no puede evitar leer sin pausa un libro tras otro (tomad nota, reseñistas y lectores del blog), o los disparatados intentos de suicidio del poeta Otavio. Son momentos que atrapan la atención, que sorprenden, pero que desgraciadamente quedan casi siempre envueltos en una hojarasca de nombres, lugares y personajes que confunden más que aportan, un revoltijo de fantasía que se acaba tragando lo que pudo ser un desarrollo interesante.

No creo que el autor, aparte de la novela a que me refería al principio, haya escrito mucho más. Puede ser lo que le falta, ese punto de madurez para construir un itinerario narrativo sólido. Habrá que esperar a ver lo que es capaz de hacer más adelante, porque no le falta imaginación, tiene capacidad para sorprender y no se corta a la hora de exhibir materiales heterogéneos. El poso que vaya adquiriendo y el fruto del trabajo como escritor tendrá que demostrarlos.

Y por si a alguien le interesa escuchar al autor hablando en torno al libro, puede dedicarle unos minutos a la entrevista que se muestra en este enlace


viernes, 1 de julio de 2022

Agota Kristof: ¿Dónde estás, Mathias?

Idioma original: francés
Título original: Où Es tu Mathias?
Traducción: Rubén Martín Giráldez, para Alpha Decay
Año de publicación: 2005 (textos de 1978 y principios años 90)
Valoración: muy recomendable


Hay autores que marcan de manera evidente la vida de un lector, y hay autores marcados de manera trágica por su propia vida. Agota Kristof, a quien considero una de las escritoras que mejor saben transmitir la tragedia vital, es un claro ejemplo de ello pues la huida de su país natal siendo niña (y que la autora describe y narra en su propia autobiografía «La analfabeta») marcó su vida pero también su estilo literario, un estilo marcado por la nostalgia, la ausencia y una terrible tristeza. 

En esta cortísima obra de apenas cincuenta páginas que incluye un relato corto («¿Dónde estás, Mathias?») y una pequeña pieza teatral («Line, el tiempo»), la autora muestra toda su calidad y los aspectos nucleares de su obra, pues es en ese hastío, en esa tristeza donde uno encuentra el estilo de Kristof, quien transmite de manera clara su visión nihilista en el siguiente diálogo de «¿Dónde estás, Mathias?», hablando de alguien que se hizo mayor que:

«tiene que atravesar la vida.
—¿La vida? ¿Por qué? Yo la atravesé y no encontré nada.
—Pero es que no hay nada que encontrar»

Así, en este relato que abre el libro, la autora nos presenta a Sandor, un niño triste y prácticamente abandonado, que ansía tener a alguien a su lado, incluso aunque sea alguien que no lo quiera porque «le habría encantado ser un niño mártir. Pero no lo era. Su padre nunca le pegaba (…) Le habría gustado que le dieran una bofetada. Para chillar. Para armar escándalo». Porque se encuentra solo, porque su mundo es un gran vacío en el que «los gallos siempre cantan demasiado temprano», donde los días son el infinito viviendo en una eterna repetición, aburrida e insulsa, que se constata al leer que «Sandor se sentó en la cama, bostezó. Y de repente recordó que su madre estaba muerta”. De esta manera, en las apenas veinte páginas del relato encontramos Kristof en su plenitud: protagonizado por un niño, pesimista, alicaído, en cierta manera cruel. La devastación y soledad emocional inunda un relato donde la crudeza toma forma de sueño y realidad, donde el abandono físico y emocional cobran fuerza y nos dirigen a un vacío en el que los encontramos solos y perdidos y únicamente nuestros sueños nos parecen acompañar en la caída al abismo irremediable que supone nuestra vida, una vida a la que hay que atravesar aun sabiendo que lo habrá nada al otro lado y puede que incluso tampoco en el camino.

El segundo relato del libro («Line, el tiempo») consta de una pequeña pieza teatral donde Kristof incide en la infancia, una infancia tremendamente madura y pesimista, de espíritu nihilista y devastadora. A ojos de Kristof, los niños que transitan por sus obras son terriblemente maduros, una madurez que les hace percibir una realidad de la que únicamente por la edad que tienen les es ajena, pero a la que observan con tristeza y pesar sabiendo que llegará un día en que será su presente, y la desolación ocupará sus trágicas vidas sin alicientes ni anhelos. Hay una nostalgia infinita en sus cortas vidas, mirando un futuro con aspecto de pasado que la autora, de manera clara y certera afirma en boca de su protagonista que «no has vuelto por mí. Has vuelto para encontrar la atmósfera de antaño, tu juventud, tus sueños, tus ilusiones».

Por todo ello, a pesar de su corta extensión, este libro es altamente recomendable, pues aporta al lector los principales elementos de la obra de Kristof y su inconfundible estilo marcado por una biografía que impregna sus relatos de tristeza, nostalgia, la búsqueda de un hogar que parece huir de sus protagonistas, empeñado en hallar un lugar en el que reposar sus almas cansadas, desgastadas y apesadumbradas. La desilusión y el pesar envuelve su obra a la vez que nos muestra que el camino vital nos lleva, una y otra vez, a un lugar donde nuestra mirada parece perderse en busca de un horizonte sin percatarnos que, por muy lejos que llegue la mirada, seguimos estando en el mismo sitio.

viernes, 4 de febrero de 2022

Julio Cortázar: Bestiario

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1951

Valoración: Imprescindible


Hay tanto escrito sobre Julio Cortázar, y especialmente sobre su narrativa breve, que me parece difícil aportar mucho más con esta reseña. Hace casi exactamente un año hablé aquí mismo de Las armas secretas, su tercer libro de relatos, publicado ocho años después de Bestiario, la opera prima en la que el autor explica que ha encontrado qué es lo que quiere decir y cómo (algo así, porque no encuentro la cita textual). Ocurre a veces que un escritor genial da en el clavo con su primera obra y más tarde su carrera toma derroteros diversos, evolucionando, ganando brillantez o diluyéndose en la mediocridad, según los casos. No creo que Cortázar haya seguido este último camino, pero sí que en este primer trabajo llegó a un nivel difícil de igualar, al menos en el formato de relato corto.

Los ocho textos de Bestiario se mueven en terrenos que los conocedores de la narrativa breve del autor argentino distinguirán enseguida: personajes en principio corrientes, situaciones más o menos cotidianas, van derivando poco a poco hacia lo inverosímil, lo inexplicable o lo fantástico. Nada espectacular, todo muy normal, como si esa fusión entre realidad y fantasía fuese cosa del día a día. Es quizá la sensación que deja la lectura cuando pasamos la última página o, mejor, unos cuantos días después: quizá no todo lo que percibimos a diario es tan sencillo y racional, y puede que las situaciones que conocemos en el libro tampoco sean en realidad tan excepcionales, que lo que existe de verdad es un mundo híbrido en que la realidad vulgar que percibimos a diario está acompañada por fenómenos  que normalmente no detectamos pero están ahí. Cortázar nos muestra algunos ejemplos, y por eso nos invade una cierta inquietud, una incomodidad al observar nuestra vida diaria tintada de colores extraños.

La amenaza, lo inusual que acecha o que simplemente se hace presente, puede tener su origen en cosas tangibles (animales desconocidos, o bien situados fuera de contexto), en comportamientos humanos, o en sensaciones que bien podrían ser fruto de estímulos reales o de obsesiones personales (aunque a veces sean compartidas). Igualmente podríamos descubrir sentidos metafóricos, o podemos quedarnos con la literalidad de lo narrado, dejándonos arrastrar por esa corriente, casi imperceptible, que Cortázar hace funcionar hasta que, sin darnos cuenta, ya estamos sumergidos en esa atmósfera equívoca de la que no podremos escapar.

Así, uno tras otro, los ocho relatos nos llevan por uno u otro camino a esos mundos desasosegantes, dejando sensaciones de estupefacción, admiración, aturdimiento, entusiasmo, todo ello de forma indisoluble, como solo una obra maestra es capaz de cargar al lector.

Ah, bueno, ya, los ocho relatos. Pues solo una pincelada, por colorear un poco la reseña. Sobre Casa tomada ya hablamos en aquella reseña colectiva que quizá alguien recuerde, y creo que no es posible añadir nada más. Circe también tuvo su lugar en el blog, y casi me arriesgaría a decir que es el mejor del repertorio, con esa sospecha que crece con lentitud, casi imperceptible pero también inexorable, al mismo tiempo que parece tomar caminos divergentes, o quizá no tanto.

Casi me arrepiento de haber dicho que era mi favorito, porque los demás no le van a la zaga. Carta a una señorita de Paris lo protagoniza un individuo que cuida del apartamento de una mujer en su ausencia. El hombre tiene la peculiaridad de que, de tanto en tanto, vomita pequeños conejitos vivos; pero eso es solo lo más aparatoso, porque al buen hombre se le complican las cosas y no alcanza a mantener cierto orden en su vida. Tampoco lo consigue Alina, la protagonista de Lejana, aunque en su caso el motivo son extrañas percepciones de frío y desamparo que de alguna manera le relacionan con la ciudad de Budapest.

Si los sentidos engañan o en realidad conectan con algo que es muy real, aunque incomprensible, es algo que también le ocurre en Las puertas del cielo al viudo Mauro, a quien sus amigos insisten en distraer para mitigar el dolor por la muerte de la esposa. Y en Ómnibus son los comportamientos de personas normales los que siembran el estupor primero y el temor después a alguien que sencillamente sube a un autobús. Y los animales, no olvidemos a los animales. Los hay, aunque poco visibles, en la oscura historia de Circe, pero de forma mucho más física en Cefalea: las mancuspias (esos neologismos que tanto gustan a Cortázar) son animales valiosos aunque su presencia supone ciertos riesgos para la salud, riesgos que pueden multiplicarse si por algún infortunio dejan de recibir los cuidados necesarios.

Nos queda finalmente el tigre de Bestiario, la presencia imponente, misteriosa e inexplicada, un habitante más de la casa, como quien tiene su fantasma particular con el que convive sin problemas graves. ¿Es el tigre solo una alegoría de los secretos, la turbiedad profunda, voluntariamente ignorada, que reside en la vida aparentemente corriente de una familia? ¿Tal vez la joven Isabel es en el fondo consciente de que los habitantes de la casa no se diferencian mucho de las hormigas con las que se entretienen en sus juegos?

Den todas las vueltas que quieran, interprétenlo como mejor les parezca, o mejor, no lo interpreten de ninguna manera: disfruten de la creatividad, de la prosa natural y sin adornos, del ritmo exacto con el que se debe escribir un relato breve. Y dejen que sus personajes, sus situaciones, sigan revoloteando por su cabeza durante mucho tiempo. En definitiva, disfruten de la lectura.

Unas cuantas obras de Julio Cortázar en ULAD: aquí 


sábado, 30 de octubre de 2021

Zoom: José María Merino: El desertor, El niño lobo del cine Mari, La última carta de Charlotte

 Idioma original: español

Año de publicación: 1982 (como parte de Cuentos del reino secreto) y 2002 (en Días imaginarios)

Valoración: Muy recomendable


El suspense nos atrapa.

Da igual cuándo hayamos nacido, los relatos que se convirtieron en patrimonio de todos forman parte de nuestras fantasías y temores, ya se trate de leyendas ancestrales, de cuentos infantiles derivados de ellas o de cualquier otro formato moderno.

Da igual dónde hayamos nacido. Si no hemos escuchado esas historias a la luz de la lumbre, en invierno, entre pucheros y atizadores, nos los habrán contado de niños o los habremos visto en televisión.

Da igual que no creamos en nada inmaterial. Aunque nos consideremos escépticos, los espíritus sobrevuelan nuestra existencia, nos harán temblar y disfrutar porque los acontecimientos extraordinarios, nos guste o no, siempre van a estar en nuestra mente. Por eso, lo mejor será encontrarles forma artística, como han hecho tantos escritores, pintores y cineastas haciéndonos pasar tan buenos ratos.

No podemos vivir sin el mundo de ultratumba porque la fantasía viene a sustituir algo mágico y misterioso que cada uno alimenta dentro de sí sabiéndolo o no. Y es que forma parte de nuestra naturaleza, por eso los géneros de misterio, terror o suspense no van a pasar nunca de moda. Se avecinan, además, fechas propicias; esta es la época del año que nos invita a sobrevolar la realidad, levitando de alguna forma, para encarar el nuevo invierno y todo lo que este nos traiga.

Así que todo encaja. Ayer, José María Merino, uno de nuestros más ilustres autores del género fantástico, obtuvo el Premio Nacional de las Letras del año en curso. Cuarenta de su vida, nada menos, inquietando y haciendo soñar a sus lectores bien merecen los múltiples reconocimientos obtenidos a lo largo de una carrera que todavía continúa y muy activamente.

Merino es miembro de la RAE desde 2008 y un destacado novelista que ha cultivado todos los géneros, pero es en el relato corto donde se revela como maestro indiscutible, y de entre todos los que ha escrito hasta ahora, El desertor es un ejemplo modélico. Situado en plena guerra civil española, se pone en la piel de la esposa de un combatiente y, con gran economía de recursos, se nos muestra su vida cotidiana, la soledad sentida desde que él se fue así como el ambiente del pueblo a grandes rasgos. Afortunadamente, el soldado vuelve a casa, como desertor pero está allí por fin. Y es que, en realidad, ¿qué es desertar, una traición, una rebelión justa? Para quien él lo significa todo, esos son detalles sin importancia.

La vida sigue, ahora de forma clandestina. No parece ocurrir nada fuera de lo común, solo de vez en cuando una palabra, un detalle que no encaja, adelanta lo que vendrá después. Los silencios, tanto el de la gente como el de la mujer y, por supuesto, el del propios autor, están llenos de sobreentendidos. Así que no seré yo quien venga a deshacer tanta discreción. Lo pueden leer en un momento pues ni siquiera ocupa diez páginas.  

Otra muestra del dominio de la narrativa breve de Merino sería El niño lobo del cine Mari, una pieza que aúna elementos fantásticos, algo de misterio y una efusiva apología del entretenimiento y la evasión. Trata sobre un chico en estado catatónico al que encuentran en un cine que va a ser derruido. 

Pese a no ser un cuento redondo, revela la posición del autor frente al escapismo: bienvenido sea éste, aunque nos absorba hasta el punto de convertirnos en un niño imperecedero encerrado en las vastas llanuras de nuestra propia imaginación. 

En La última carta de CharlotteMerino recrea una misiva de Charlotte Brönte a su amiga Ellen Nussey en la que le cuenta un sueño premonitoria a su propia y cercana muerte, en el que se reúne con sus hermanas y hermano para retomar la felicidad que les deparaba sus imaginación en los días de su niñez y juventud. Una carta que es una delicada aceptación de la muerte, pero también una celebración de la vida y que nos ofrece una muestra del  Merino más embebido en lo literario, en su papel de "hombre de letras" y erudito al que no podemos sino felicitar y aplaudir.

Oriol, Juan y Montuenga

Otras obras de José María Merino reseñadas en ULAD: Cuentos del Barrio del Refugio, El río del Edén