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martes, 28 de julio de 2026

Colaboración: La balada de Iza, de Magda Szabó

Idioma original: Húngaro 

Título original: Pilátus

Traducción: Mária Szijj y José Miguel González Trevejo

Año de publicación: 1963 

Valoración: Recomendable

Hay que reconocer que Magda Szabó es muy buena escritora. Leí hace años La puerta, y desde entonces he recordado su nombre. De modo que cuando encontré La Balada de Iza en la tienda de segunda mano de mi biblioteca local, no lo dudé y me hice con ella.

Y de nuevo una escritura limpia, elegante pero sin florituras, sin una palabra de más. Pero esta vez más incisiva, lacerante. Y es que La Balada de Iza es una historia cruel.

Iza es una mujer joven, guapa, respetada en su profesión de médico. Vive sola desde que, ante la sorpresa de todos, su marido la dejó. Cuando su padre muere, decide traerse a su madre a vivir con ella, y como es de esperar, la convivencia de estas dos mujeres, de generaciones y entornos muy distintos, es difícil. 

Como difícil es la novela que nos ocupa: difícil y durísima. Los temas que trata, los trata de frente. Con la bella prosa propia de la autora, sí, pero sin delicadeza. ¡Es increíble lo que consigue Szabó!

El tema del conflicto madre-hija es central, pero solo en la primera mitad del libro. La novela habla también de la vejez, con su soledad, la pérdida de independencia, y la dificultad de adaptarse a un mundo de cambios vertiginosos. Y también, aunque en menor medida, habla de las relaciones de pareja – a mí me parece que la autora podría haber profundizado más en este aspecto para que el retrato de sus personajes fuera más completo. 

De estos personajes vamos descubriendo sus motivaciones, sus defectos; los vemos sufrir y hacerse daño sin querer, y les entendemos… pero también nos espantan sus acciones. 

De todos ellos, el que es tratado con mayor dureza es el que da título a la novela – esto es, título en español, porque el título original es un lacónico “Pilatos” (ante lo cual he de decir que nunca deja de asombrarme la libertad creativa de algunos traductores). Todo lo que hace Iza es analizado sin compasión – casi diría que sin clemencia. Y si bien es cierto que el personaje resulta un poco antipático en su aparente perfección, creo que la autora se ensaña con ella, poniéndola en situaciones terribles. Quizás por eso hay quien considera que el libro es una crítica al feminismo que despuntaba cuando fue publicado, en los años 60: no hay que olvidar que Iza es una mujer independiente y moderna. Aunque quizás es todo lo contrario… Porque a medida que uno avanza en la lectura, surge la duda de si el “Pilatos” hace referencia a la propia Iza, que se lava las manos ante las situaciones que origina, o a las personas de su entorno, que no son sinceros con ella y no hacen nada para ayudarla.

La novela le deja a uno con una desazón incómoda. Yo la leí de forma compulsiva, pero no sé si sería cierto decir que la disfruté, más allá de lo puramente estilístico. Con todo, no puedo dejar de recomendar un libro que me hizo sentir tantas cosas tan diferentes.

Firmado: Yaiza P.

viernes, 24 de julio de 2026

Rita Halász: La honda respiración

Idioma original: Húngaro
Título original: Mély Levegő
Año de publicación: 2021
Traducción: Teresa Ruiz Rosas
Valoración: Recomendable

Después de que su marido Péter la estrangule tras una discusión, Veronika coge a sus dos hijas y se va a casa de su padre, a las afueras de Budapest. Ahora debe dilucidar si su relación era abusiva y decidir si quiere divorciarse; asimismo, aprovecha la ocasión para resucitar su pasión por el dibujo y liarse con un par de antiguos conocidos.

Este es el resumen de La honda respiración, novela de la húngara Rita Halász. De este debut literario destacaría su vigor narrativo, su acabado impresionista (que mezcla acción y diálogo, presente y pasado, recuerdos e imaginación) y su manejo temático (empático con la protagonista sin por ello idealizarla o simplificar conceptos como la negación, la culpa, el miedo al cambio, la insatisfacción vital y la maternidad). 

Los personajes de La honda respiración también me parecen dignos de señalar, ya que, aunque no son particularmente complejos ni memorables, se sienten muy humanos y vivos. Asimismo, me ha gustado cómo la novela aprovecha los cuentos que Veronika explica a sus hijas para que entiendan la situación entre ella y Péter.

La única pega que le pondría a La honda respiración es que la conversación que Veronika y su amiga Andi mantienen en el capítulo IX se antoja poco natural, incluso impostada. 

Sea como fuere, La honda respiración es un meritorio debut literario. Si bien no narra algo particularmente original, lo aborda desde una perspectiva honesta y con una técnica tan interesante como solvente.

miércoles, 10 de junio de 2026

László Krasznahorkai: Herscht 07769

Idioma original: Húngaro
Título original: Herscht 07769
Traducción: Adan Kovacsics
Año de publicación: 2021
Valoración: Recomendable (aunque no para todo el mundo)

Herscht 07769 de László Krasznahorkai es una novela agotadora, me ha recordado muchísimo a Tango Satánico, otra novela del mismo autor que también se despliega en un único párrafo monolítico interrumpido solamente por alguna pausa misericordiosa, de modo que aquellos que se zambullan en esta obra deben saber a qué atenerse, entender que saldrán de ella extenuados, comprender que ciertos pasajes les maravillarán pero que otros se les atragantarán, asumir que encontrarán repeticiones aquí y allá en el inagotable caudal de información, en este sentido, quizá Herscht 07769 no me parece una novela tan inspirada como Tango Satánico, ya que Krasznahorkai lograba hechizar, fascinar y absorber más al lector en ésta última, sea como fuere, Herscht 07769 abunda en virtudes, a fin de cuentas, su autor, Premio Nobel de Literatura de 2025, es uno de los narradores europeos más originales, algunas de las virtudes de Herscht 07769 son, por ejemplo, su asombrosa capacidad para lograr que el lector no se pierda pese a que el texto carece de pausas, su solvencia a la hora de lograr que se entienda siempre el tiempo o el sujeto de la oración interminable que atraviesa la novela, su intuitiva capacidad para establecer paralelismos entre los personajes o su astucia a la hora de urdir los enredos a los que diversas situaciones dan pie, llegados a este punto debería contaros de qué trata el argumento de Herscht 07769, la historia se sitúa en Kana, un pequeño pueblo de Turingia, cuya tranquilidad provinciana se ve amenazada por un grupo de neonazis liderado por el Jefe, quien es el mentor de Florian, el protagonista indiscutible de esta por otro lado novela coral, un huérfano tan gigantesco y fortachón como afable e ingenuo que está convencido de que el universo va a colapsar, obsesión que lo lleva a escribir una carta tras otra a la mismísima Angela Merkel para pedirle que haga algo al respecto, en fin, esta es la premisa de Herscht 07769, aunque ya digo que la cosa se complica a medida que la novela avanza, asimismo, los personajes secundarios se presentan y cobran cuerpo a fuego lento, las relaciones de unos con otros se establecen poco a poco, los temas se dibujan con parsimoniosa precisión y el humor de Krasznahorkai asoma la cabeza de vez en cuando, en resumen, Herscht 07769 es una lectura harto fatigosa, sin embargo, estoy seguro de que los lectores que la terminen sabrán apreciar la experiencia que supone y agradecerán las recompensas que ofrece, al igual que el excursionista que, tras una penosa ascensión, alcanza la cima de la montaña y puede deleitarse con unas vistas espectaculares.


También de László Krasznahorkai en ULAD: Aquí

viernes, 25 de octubre de 2024

Attila Veres: Negro tal vez

Idioma original: Húngaro
Título original: Éjféli iskolák A valóság helyreállítása
Traducción: Judit Faller / Andrés Cienfuegos
Año de publicación: 2008 / 2022
Valoración: Recomendable

Attila Veres publicó, en 2008 y 2022 respectivamente, dos antologías de corte oscuro. De éstas se nutre Negro tal vez, volumen editado en Estados Unidos en 2022 con cuya traducción al español del 2024 Sexto Piso da a conocer al autor húngaro en nuestra lengua.

Mariana Enríquez firma el prólogo de Negro tal vez. En él, la escritora argentina se declara admiradora de Veres, e incluso relaciona alguno de sus relatos con el incomparable Robert Aickman.

A mí, Negro tal vez me ha gustado bastante. A fin de cuentas, la calidad de los doce relatos que compila es, en general, notable, y la antología tiene cierta cohesión gracias a las similitudes de género, estilo y temática, así como por su inclinación hacia el humor negro. 

Analicemos uno a uno dichos relatos:

En "Morder a un perro", un joven descubre que su novia se dedica a asaltar a perros y que, si quiere conservarla, deberá hacer lo mismo. Es sencillo pero potente, y aborda la oblicuidad de las relaciones de pareja, y la mentalidad contemporánea de que o eres un cazador o eres una presa, desde ángulos moderadamente originales.

"Ciudad de niebla"  nos pone a leer una minuciosa entrada de blog que persigue dos misterios inefables: un libro que jamás llegó a cristalizar y una elusiva banda underground cuya existencia resulta imposible de probar al cien por cien. Sorprende por la solvencia de su factura (sobre todo teniendo en cuenta la ambición de su formato) y por la creatividad de su premisa.

"El tiempo que le queda" trata de unos niños que quieren impedir que sus muñecos de peluche mueran o sufran, pero sólo complican las cosas. Tiene una premisa ingeniosa y aborda la incapacidad infantil por comprender la muerte y sobrellevar el luto a través de un prisma curioso. Aun así, podría haber exprimido mucho más su ambigüedad y su narrador no fiable.

"No es mamífero" va de un hombre y la relación que establece con su vecina. Está lejos de ser redondo; de hecho, presenta muchos ingredientes que no sabe integrar orgánicamente en el conjunto. Sin embargo, su desacomplejado desarrollo y sus extravagantes ideas contribuyen a que funcione en tanto que entretenimiento weird sin grandes pretensiones.

"Retorno a la escuela de medianoche" sobrevuela un pequeño pueblo que se dedica a cultivar una planta extraña, y a un joven de ciudad que intenta integrarse en él y superar la muerte de sus padres. Derrocha imaginación y tiene una sugerente vocación abstracta; sin embargo, para mi gusto se alarga un pelín más de lo necesario.

"Dormiremos en la nieve" nos hace acompañar a una pareja cuyas vacaciones en un spa devienen una auténtica pesadilla, probablemente porque la protagonista ha visto un anillo de compromiso y no quiere recibirlo. Tiene unas logradas atmósfera delirante e imaginería perturbadora.

"Multiplicado por cero" nos enfrenta al viaje de un oficinista a un país regido por entidades primigenias y las religiones que les rinden culto, donde los sacrificios de sangre, desapariciones y fenómenos paranormales son habituales. Tiene momentos brillantes y redobla en el humor negro que permea al volumen. Sin embargo, se me hizo innecesariamente largo, no logra dar el mismo nivel de creatividad y verosimilitud a su formato que "Ciudad de niebla" y se aleja de la crítica al turismo de masas o a lo lovecraftiano que en un inicio tanto prometía.

En "El complejo Ámbar", un excéntrico enólogo invita a unas cuantas personas a una degustación de bebidas que provocan efectos alucinantes a quienes las consumen. Empieza eficazmente como una imitación del mejor realismo sucio y poco a poco va introduciendo conceptos extraños. Asimismo, me han hecho sonreír sus tangenciales referencias a "Ciudad de niebla" y "No es mamífero". 

"La máquina de color sangre" nos presenta un mundo consumido por el absurdo, y un narrador innominado que venera (a la par que teme) a un siniestro y cruel «engranaje protector» que aísla la que antes fue su ciudad de los horrores imperantes. Reflexiona en torno al aciago futuro que nos espera mezclando elementos de la ficción distópica con el imaginario de los creepypastas.

"El cielo lleno de cuervos, y luego nada en absoluto" narra cómo un músico de heavy metal en decadencia se niega a ceder ante el demonio que le insta a «ocupar el lugar que le estaba destinado en el Trono de la Medianoche y desde allí liderar el ejército de los muertos contra el mundo». Es una auténtica delicia que me ha cautivado con su empaque, lirismo y voz narrativa. Su tierna indagación en torno a los perdedores y a los fracasaos vitales están ilustradas a través de un argumento harto original.

En "Está entre vosotros", los adoradores de una religión de corte lovecraftiano tienen que hacer concesiones para que su fe sea aceptada por el resto de húngaros. El desorden cronológico y el abultado elenco no impiden que la historia se lea con fluidez.

"Negro tal vez" narra cómo una familia de urbanitas se instala unos días en un pueblo rural para ayudar a los agricultores que los hospedan, imitar su estilo de vida y revivir las tradiciones. Es satisfactoriamente compacto. Aunque abunda en descripciones de bizarras cosechas y extraños rituales, al igual que "Retorno a la escuela de medianoche", no se recrea tanto en ellos, convirtiéndolos en más sugerentes y dejando espacio a otros apartados.

Resumiendo: Negro tal vez es una antología que hará las delicias de los amantes del terror (ya sea psicológico, rural o cósmico), lo fantástico, lo weird, lo oscuro y lo cáustico. Todos los relatos que compila son, cuanto menos, efectivos; algunos son notables, y otros rozan incluso la genialidad. Sólo por joyas como "Ciudad de niebla", para mí un clásico instantáneo, o el cuento que da nombre al volumen, ya vale la pena descubrir el universo de Veres.

lunes, 8 de enero de 2024

Sándor Márai: La herencia de Eszter

Idioma original: húngaro

Título original: Eszter Hagyateka

Traducción: Judit Xantus

Año de publicación: 1939

Valoración: Está bien

 

Como no lo tengo claro, al terminar la lectura voy a ver qué se ha dicho de otras obras de Sándor Márai en este blog, donde sé que tiene varias reseñas: pues nada, casi todo bueno, mayoría de Recomendables, lo que habla de autor sólido, seguramente con un estilo definido que mantiene a lo largo de su trayectoria, que quizá no entusiasma del todo pero que en general convence a lectores de paladar fino como son los lectores y reseñistas de ULAD, actuales y antiguos. Veo también que el libro se publicó a finales de los años 30, la etapa quizá más prolífica del autor, y no mucho antes de la que parece su novela más celebrada, El último encuentro.

Entonces me planteo que quizá he hecho algo mal, que no he leído con suficiente atención o que no he sabido detectar las cosas valiosas que el libro ofrecía. Porque, la verdad, me ha parecido más bien poca cosa, algo que me ha podido interesar en ciertos momentos pero que ha terminado dejándome más bien frío.

Hablamos de la herencia de Eszter, herencia en sentido más bien metafórico, porque esta mujer, que narra su historia en primera persona, no parece haber recibido mucho más que la vieja casa donde vive con Nunu, una de esas nodrizas que con el paso de los años forman plenamente parte de la familia. O no ha recibido más, o el resto se lo ha llevado Lajos, que de alguna manera es el protagonista indirecto del relato. Lajos era un tipo de esos que parecen tener luz propia, que atraen y conquistan con su sola presencia, distinguido, seductor, dicharachero, de exquisita educación y que siempre tiene algo que contar, que ofrecer, que pedir. Sobre todo esto último, porque el caballero, que va por la vida siempre en busca de aventuras y negocios infalibles, tiene una capacidad casi sobrenatural para sablear a todo el que se le aproxima. Préstamos, avales, joyas empeñadas, todo es poco para financiar su tren de vida y sus inversiones.

Pero, como era de temer, Eszter sigue enamorada del trilero, a pesar de que sus vidas han transcurrido separadas durante largos años, y cuando se anuncia su regreso, se agolpan las sensaciones y los recuerdos que la mujer, ya entrada en los cuarenta, nos relata con calma y como vencida por la fatalidad. En este sentido resulta un personaje triste y resignado, que parece no tener nada que poner en la balanza de la vida, solo esperar, vegetar y apenas removerse al son que toca el seductor reaparecido.

Claro está que el hecho de que los personajes no nos sean simpáticos no quiere decir que la narración no sea convincente. Pero es que parece que la grisura de Eszter, su inmovilismo y postración durante años, se transmiten al relato en su conjunto, y de esta forma las sensaciones que genera son siempre más que tenues, esclerotizadas. Si además consideramos que todo se desarrolla en interiores, parece que estemos ante una obra teatral del XIX, dominada por recuerdos y diálogos, todos ellos infructuosos, acerca de un amor juvenil que ha cicatrizado mal porque uno de sus protagonistas no ha sabido asumir una realidad que conoce de sobra.

Sí, el libro está escrito con pulcritud, con una prosa digna y clara que hace agradable la lectura, está claro que es el producto de un buen escritor, y habrá quien disfrute de las apesadumbradas cavilaciones de Eszter, quien esté expectante ante la aparición de un Lajos ya maduro y quizá cambiado, o a quien encandile la morosidad de esta historia un poco decimonónica. Personalmente me parece un relato anticuado, sin chispa ni profundidad, algo en lo que podemos invertir una tarde lluviosa pero que muy probablemente no nos provocará ninguna reacción ni nos dejará ninguna huella.


Todas las obras de Sándor Márai reseñadas en ULAD: aquí

jueves, 15 de junio de 2023

Gyula Krúdy: El premio de las damas

Idioma original: Húngaro
Título original: Asszonyságok díja
Año de publicación: 1919
Traducción: Adan Kovacsics
Valoración: Recomendable (aunque no para todo el mundo)

El premio de las damas es una propuesta literaria tan clásica como moderna, tan solemne como desprejuiciada, tan hermosa como sórdida, tan entretenida como profunda. Francamente, resulta complicado hablar de ella, así que empezaré estableciéndola brevemente: novela de unas doscientas sesenta páginas, escrita por un insigne aunque casi olvidado autor húngaro, que narra la vida del respetado János Czifra, hombre ya maduro que posee una funeraria.

De la multitud de virtudes que le he encontrado a esta obra, destacaría las siguientes:

  • La prosa. Derrocha exquisitez, precisión y expresividad.
  • El argumento. Nos lleva de un lado a otro con total naturalidad, pese a sus constantes cambios de registro y sus pasajes más densos.
  • Los personajes. En general son complejos e incluso hay algunos que experimentan un desarrollo la mar de satisfactorio.    
  • El escenario. Las minuciosas descripciones y la facilidad para retratar atmósferas de Krúdy le insuflan vida a Pest.
  • Las reflexiones. Destaco en especial aquellas que desmenuzan el erotismo, a los hombres casados o lo que significa ser humano.

Por otro lado, hay un par de elementos que lastran a El premio de las damas, al menos de cara al lector llamémoslo "mainstream":

  • Su extensión, dilatada en exceso como consecuencia del detallismo de que hace gala Krúdy. 
  • Por momentos, la estructura del libro se antoja algo episódica. 
  • El acabado opaco del conjunto, a nivel conceptual o temático, puede llegar a desorientar. 

En fin: El premio de las damas es una novela única. Quizá no gustará a todo el mundo, pero sin duda deleitará a aquellos que sepan paladear el lenguaje, sumergirse en una atmósfera lograda y encariñarse con personajes tan humanos que, antes que de tinta, parecen de carne y hueso.

miércoles, 14 de septiembre de 2022

​Rodney Garland: El corazón en el exilio

Idioma original: Inglés
Título original: The Heart in Exile
Traducción: Carlos Sanrune
Año de publicación: 1953
Valoración: Curioso

El corazón en el exilio, novela que el escritor húngaro Adam de Hegedus publicó bajo el muy británico pseudónimo de Rodney Garland, fue un "bestseller" en su época, pese a tocar un tema, el de la homosexualidad masculina, por entonces controvertido.

La historia aquí narrada es, hasta cierto punto, sencilla. El psiquiatra Tony Page investiga el suicidio de Julian Leclerc, con quien mantuvo un romance en la juventud y se introdujo en el mundo clandestino del Londres gay.

Como podéis intuir, esta premisa le debe mucho a la literatura detectivesca, por lo que entrega un misterio y suspense interesantes. Asimismo, permite al autor deleitarnos con una serie de caracterizaciones bastante logradas y un minucioso retrato del escenario.

A la obra de Garland sólo le reprocharía que en ocasiones se disgrega demasiado del argumento principal, que abusa del azar y la conveniencia (aunque esto último queda excusado, en cierto modo, al final del capítulo ocho) y que la trama del suicidio de Leclerc se cierra de forma algo anticlimática.

En resumen: El corazón en el exilio es una novela entretenida, con personajes trabajados y un subtexto rico. Si bien su visión está desfasada hoy día (de la homosexualidad, la moralidad, las relaciones entre hombres y mujeres o las diferencias de clases sociales), es un testimonio curioso y hasta cierto punto pionero que merece la pena conocer.

viernes, 1 de julio de 2022

Agota Kristof: ¿Dónde estás, Mathias?

Idioma original: francés
Título original: Où Es tu Mathias?
Traducción: Rubén Martín Giráldez, para Alpha Decay
Año de publicación: 2005 (textos de 1978 y principios años 90)
Valoración: muy recomendable


Hay autores que marcan de manera evidente la vida de un lector, y hay autores marcados de manera trágica por su propia vida. Agota Kristof, a quien considero una de las escritoras que mejor saben transmitir la tragedia vital, es un claro ejemplo de ello pues la huida de su país natal siendo niña (y que la autora describe y narra en su propia autobiografía «La analfabeta») marcó su vida pero también su estilo literario, un estilo marcado por la nostalgia, la ausencia y una terrible tristeza. 

En esta cortísima obra de apenas cincuenta páginas que incluye un relato corto («¿Dónde estás, Mathias?») y una pequeña pieza teatral («Line, el tiempo»), la autora muestra toda su calidad y los aspectos nucleares de su obra, pues es en ese hastío, en esa tristeza donde uno encuentra el estilo de Kristof, quien transmite de manera clara su visión nihilista en el siguiente diálogo de «¿Dónde estás, Mathias?», hablando de alguien que se hizo mayor que:

«tiene que atravesar la vida.
—¿La vida? ¿Por qué? Yo la atravesé y no encontré nada.
—Pero es que no hay nada que encontrar»

Así, en este relato que abre el libro, la autora nos presenta a Sandor, un niño triste y prácticamente abandonado, que ansía tener a alguien a su lado, incluso aunque sea alguien que no lo quiera porque «le habría encantado ser un niño mártir. Pero no lo era. Su padre nunca le pegaba (…) Le habría gustado que le dieran una bofetada. Para chillar. Para armar escándalo». Porque se encuentra solo, porque su mundo es un gran vacío en el que «los gallos siempre cantan demasiado temprano», donde los días son el infinito viviendo en una eterna repetición, aburrida e insulsa, que se constata al leer que «Sandor se sentó en la cama, bostezó. Y de repente recordó que su madre estaba muerta”. De esta manera, en las apenas veinte páginas del relato encontramos Kristof en su plenitud: protagonizado por un niño, pesimista, alicaído, en cierta manera cruel. La devastación y soledad emocional inunda un relato donde la crudeza toma forma de sueño y realidad, donde el abandono físico y emocional cobran fuerza y nos dirigen a un vacío en el que los encontramos solos y perdidos y únicamente nuestros sueños nos parecen acompañar en la caída al abismo irremediable que supone nuestra vida, una vida a la que hay que atravesar aun sabiendo que lo habrá nada al otro lado y puede que incluso tampoco en el camino.

El segundo relato del libro («Line, el tiempo») consta de una pequeña pieza teatral donde Kristof incide en la infancia, una infancia tremendamente madura y pesimista, de espíritu nihilista y devastadora. A ojos de Kristof, los niños que transitan por sus obras son terriblemente maduros, una madurez que les hace percibir una realidad de la que únicamente por la edad que tienen les es ajena, pero a la que observan con tristeza y pesar sabiendo que llegará un día en que será su presente, y la desolación ocupará sus trágicas vidas sin alicientes ni anhelos. Hay una nostalgia infinita en sus cortas vidas, mirando un futuro con aspecto de pasado que la autora, de manera clara y certera afirma en boca de su protagonista que «no has vuelto por mí. Has vuelto para encontrar la atmósfera de antaño, tu juventud, tus sueños, tus ilusiones».

Por todo ello, a pesar de su corta extensión, este libro es altamente recomendable, pues aporta al lector los principales elementos de la obra de Kristof y su inconfundible estilo marcado por una biografía que impregna sus relatos de tristeza, nostalgia, la búsqueda de un hogar que parece huir de sus protagonistas, empeñado en hallar un lugar en el que reposar sus almas cansadas, desgastadas y apesadumbradas. La desilusión y el pesar envuelve su obra a la vez que nos muestra que el camino vital nos lleva, una y otra vez, a un lugar donde nuestra mirada parece perderse en busca de un horizonte sin percatarnos que, por muy lejos que llegue la mirada, seguimos estando en el mismo sitio.

martes, 12 de mayo de 2020

Agota Kristof: El monstruo y otras obras

Idioma original: francés
Título original: Le Monstre et autres pièces
Traducción: José Ovejero
Año de publicación: 2007
Valoración: recomendable

En el panorama literario existen una serie de autores donde sus vivencias y experiencias vitales marcan de manera inexorable el contenido de su obra. Agota Kristof es, sin duda, uno de ellos, pues su vida, narrada perfectamente en su autobiografía «La analfabeta», se evidencia en sus libros. Y, a pesar de ser una autora conocida principalmente por sus novelas, sus inicios literarios se movieron en el terreno del teatro, un teatro que le ofrecía el escenario perfecto para compensar sus carencias con el francés (su idioma de acogida), y le proporcionaba una pequeña parcela (pues sus obras son muy breves) para hablarnos de la condición humana, el territorio y el desarraigo, la alteridad.

En este volumen recopilatorio de cuatro de sus temas teatrales y, de manera similar, a como ya sucedía en «La hora gris y otras obras», la autora teje breves piezas teatrales en las que expone de manera sarcástica en ocasiones y surrealista en otras (incluso jugando con el absurdo) sus dudas y sus temores hacia uno mismo, pero también hacia una sociedad que mira de reojo a sus conciudadanos y, especialmente, a los extranjeros. Es inevitable recordar que Kristof, húngara, tras el pacto de Varsovia huyó a Austria a los veintiún años con su marido (implicado en la revolución contra el régimen pro-soviético) y su hija de cuatro meses y este hecho la marcó profundamente, tal y como cuenta en «La analfabeta». Por ello, sus obras teatrales son herederas de su vida y su pasado, de sus vivencias y experiencias, y así queda reflejado en las cuatro obras teatrales incluidas en este recopilatorio.

El monstruo (1974)
Empieza la obra con la presentación de los personajes y una declaración de intenciones, pues la autora evidencia que la potencia de su obra está radicalmente en los diálogos al afirmar, ya de entrada, que «la obra se compone de seis escenas y puede representarse sin decorado». Así, el decorado es algo superficial, una añadidura posible al texto que es el elemento central de la obra y donde radica lo que la autora quiere exponer.

Esta pieza teatral empieza con la aparición de un monstruo, al que todo el mundo teme hasta que se acostumbran a él. Bien, siendo precisos, todo el mundo a excepción de un único personaje que sigue en sus trece defendiendo que el monstruo es malo y deben matarle. Un monstruo al que tienen encerrado, pero que va creciendo, ensanchando el lugar donde está encerrado y, con ello, echando a la gente de sus casas, desplazándoles. En una simbología que hace referencia al territorio, a lo que creemos propio, a la inseguridad física, pero también emocional.

Sin contar más del desarrollo de la pieza teatral, Kristof utiliza la figura del monstruo para simbolizar lo diferente, lo que desconocemos, lo que tememos que acabe conformando y cambiando nuestras vidas; bajo este escenario solo hay dos opciones: acostumbrarse a él, o destruir todo aquello que el monstruo ha cambiado.

La carretera (1976):
En esta obra, Kristof nos sitúa en un escenario casi post apocalíptico donde toda la Tierra está cubierta de asfalto, de carreteras, y nada más. El sol, las flores, la hierba, los árboles e incluso las casas son simplemente recuerdo, o incluso leyendas que sus habitantes cuentan. Y en ese mundo, lleno de asfalto y carreteras, los personajes caminan y caminan, solo caminan, pues no conocen otra cosa que no sea caminar. Hacia dónde es lo de menos porque las carreteras no tienen salida. Así lo expone la autora en el propio texto al afirmar que «la carretera es la vida, el movimiento, es caminar» para continuar afirmando que «es preciso seguir... caminar... caminar… no morir… todavía no… todavía no.»

Así, en una clara analogía de la vida, Kristof nos plantea un símil entre las carreteras y los caminos con los que nos encontramos en la vida, de cómo seguimos su curso a veces sin pensar si otros caminos son posibles, si existe algo más de lo que vemos. Kristof despliega en esta obra, a pesar del pesimismo inicial, un mensaje de cierta esperanza, de alzar los ojos y aceptar otras vidas posibles.

La epidemia (1975):
En la que seguramente se trate de la obra más extraña de las cuatro que componen el libro, Kristof juega con el absurdo y los juegos de palabras, nutriendo la obra de diálogos llenos de malentendidos y sarcasmos, recordándome en ciertos momentos a «John y Joe».

En esta obra, una epidemia de suicidios se va extendiendo en el territorio, en un relato que oculta bajo su apariencia frívola un aura de tristeza y pesimismo, una falta de objetivos, intenciones y deseos de vivir, aunque la figura de un Convencedor luche para contrarrestarlo. Esta obra es una analogía de lo que probablemente vio Kristof en la sociedad de su infancia, una sociedad terriblemente marcada por las guerras y la miseria, sin expectativas ni futuro, donde la vida cada vez tenía menos sentido.

La expiación (1982):
En esta breve obra, Kristof narra la relación entre un músico ciego que pide limosna y un sordo. La autora utiliza la relación entre ambos para tratar sobre los actos realizados y si somos merecedores de la expiación de los mismos. Nos habla de responsabilidades, de actos y consecuencias.

Personalmente, «El monstruo» y «La expiación» son las dos obras que destacaría por encima del resto, aunque todas ellas tienen interés por el mensaje que subyace, más que por el estilo, y es que, a pesar de la diferencia en su enfoque y planteamiento, abordan el tema de la condición humana al hablar de la integridad, la identidad, la guerra y sus consecuencias. Estos ejes son claves para entender la obra de Kristof que vendría después del teatro, un teatro con el que se inició en la escritura al darse cuenta que podía utilizar frases cortas y no requería un excesivo dominio del vocabulario, elementos clave para empezar a escribir en una lengua extraña para ella como era el francés.

A pesar de que se trata de obras breves y en algún caso algo sintéticas, extrañas y de estilo sencillo sin muchas florituras ni alardes estilísticos, sí son piezas literarias clave para entender la obra que Kristof elaboraría después, así como para entender también que el pasado y la vida vivida por la autora son elementos nucleares e insoslayables a la hora de elaborar su obra literaria.

En Agota Kristof, la marca de su pasado influye de manera incuestionable en los temas sobre los que gira su obra y que, en mayor o menor medida son expuestos en estas obras: la soledad, el sentirse extraño, la guerra, la culpa, la crueldad y la violencia física o social, incluso aunque venga oculta bajo un disfraz de cómicos diálogos.

A veces la comedia o la ironía es la única vía para afrontar la dureza de la vida, y Kristof en todas estas obras escritas al principio de su carrera así lo demuestra acercándose, tras esos tintes sarcásticos, a la dificultad de una vida marcada por la huida y la dificultad en arraigar, de nuevo, a una tierra, una lengua, un hogar, y convertirse, pese a ello, en una autora clave de la literatura de finales del siglo XX.

miércoles, 22 de enero de 2020

Agota Kristof: La hora gris y otras obras

Idioma original: francés
Título original: L'heure grise et autres pièces
Traducción: José Ovejero
Año de publicación: 1998
Valoración: recomendable

Que afirme con rotundidad que Agota Kristof es una de mis autoras favoritas, creo que es algo que no debe sorprender al lector asiduo del blog, pues he(mos) reseñado todo lo que se había publicado hasta la fecha de la escritora húngara: biografía, cuentos, novela… Pero faltaba el teatro, no traducido hasta ahora al español (aunque sí hice un avance de un par de obras traducidas al catalán, «John y Joe» y «La última hora»). Y es una gran noticia, que debemos agradecer enormemente a la editorial Sitara, que una editorial se haya lanzado a la aventura de publicar las obras de teatro de Kristof, pues son de gran interés y permitirán al lector conocer con más profundidad a una autora de la que, básicamente, se conoce su principal obra: la trilogía de «Claus y Lucas».

En este volumen se incluyen cuatro de las obras de la autora. Además de las ya mencionadas (y reseñadas) «John y Joe» (1972) y «La última hora» (1975), se incluyen «La llave del ascensor» (1977) y «Pasa una rata» (1972), muy diferentes entre ellas en cuanto al argumento y la temática que abordan:

La llave del ascensor
Esta breve pieza teatral, la narración se inicia con el relato de la historia de una mujer que, alojada en una torre, contempla eternamente la llanura esperando la vuelta del joven amado. Esta historia es narrada por la protagonista del relato, una mujer encerrada en una habitación. Desde allí sólo divisa la llanura que se vislumbra desde las alturas de la casa en la que vive, aislada del resto del mundo y de cualquier población o vivienda. Su día a día consiste, principalmente, en esperar la vuelta del marido una vez termine su jornada laboral.

Sin explicar más del argumento, pues destriparía el desarrollo de la historia, está pieza trata sobre la ilusión y el deseo, sobre la correspondencia amorosa y la interpretación de la misma, sobre el dominio y el sometimiento de las voluntades y lo que hacemos por amor, o por autoengaño.

Y es una interesante metáfora acerca de que, muchas veces, aquello de lo nos quejamos o criticamos ha sido provocado, en gran parte, por nosotros mismos, aunque siempre es más fácil culpar a los demás de las desgracias de uno.

Pasa una rata
En esta pieza teatral, Kristof establece un juego de espejos en dos escenarios donde transcurre la acción de manera alterna. Manteniéndose fiel al teatro con pocos personajes y simplicidad escénica, la fuerza de la obra reside en la carga ideológica que transmite, aunque cabe destacar la interesante puesta en escena que plantea y el baile de personajes que aparecen.

En este caso, y sin entrar en detalles sobre lo que acontece, la obra transmite la dificultad de luchar por los ideales y como estos se conservan a lo largo del tiempo. Es interesante también ver la dualidad e los papeles entre ambos escenarios y el desarrollo final de la acción, pues como en toda obra de Kristof, deja lugar a interesantes planteamientos sobre quiénes somos y la importancia que damos a nuestros valores e ideales.

Si tenemos en cuenta la calidad de ambas piezas, así como también las dos obras ya reseñadas anteriormente, este libro es interesante por lo que plantea en cada una de sus obras,  pues tratan sobre la condición humana y platean profundas cuestiones morales que nos interpelan y provocan que nos autocuestionemos, así como ponen de manifiesto relieve que la soledad está muy cerca de nosotros, que las personas somos seres solitarios que, de una forma u otra, debemos buscar nuestro propio camino en una vida nada fácil, por las circunstancias, o por nuestra condición humana. Esta es la principal fuerza de la obra de Kristof, someternos a nuestras inquietudes y dudas internas, y reflexionar, a partir de ella, sobre nosotros mismos.

domingo, 27 de octubre de 2019

László Krasznahorkai: Tango satánico


Idioma original: Húngaro
Título original: Sátántangó
Traducción: Adan Kovacsics
Año de publicación: 1985
Valoración: Muy recomendable

Leer Tango satánico no es fácil. Uno avanza por esta novela exhausto, azotado por la lluvia, con los pies hundidos en el fango. Como he dicho, leer Tango satánico no es fácil. Quizá por esto llegar a su final resulte tan gratificante. Aunque, bien pensado, este final no es un verdadero final. Sólo un alto en el camino. Un alto que se hace en una fonda sórdida, donde se sirve alcohol barato, donde los parroquianos no tienen qué decirse. Un alto en una fonda llena de humo y miseria. Una fonda infestada de arañas. 

Leer Tango satánico no es fácil. En primer lugar, porque sus temas (el caos, la pobreza, la soledad, la decepción...) son extremadamente ásperos. Además, porque estilísticamente es un reto. Oraciones larguísimas; capítulos que son un único párrafo monolítico interrumpido solamente por alguna que otra pausa misericordiosa. Todo aderezado, eso sí, con un interesante subtexto político, religioso y existencialista. Con una potente imaginería. Con referencias a Kafka y a Beckett. Con un sentido del humor cáustico y descarnado. Con el magnetismo de Irimiás. 

En definitiva, pese a que no es fácil leerlo, Tango satánico es un novelón. Uno sorprendentemente redondo. Digo sorprendentemente porque László Krasznahorkai es ambicioso en forma y fondo y, aun así, logra estar a la altura de las expectativas. Digo sorprendentemente, también, porque esta es la ópera prima del autor. ¡Menudo talento tiene, el tío! De veras, puestos a buscarle defectos a este libro, sólo se me ocurre que algunos de los espaciados que fragmentan sus capítulos se antojan gratuitos. Nada más.

Por cierto, existe una adaptación cinematográfica de Tango satánico. La dirigió Bela Tarr, está en blanco y negro y dura la friolera de siete horas. Sin lugar a dudas, los creadores de culto se atraen unos a otros.



También de László Krasznahorkai en ULAD: Aquí

viernes, 26 de julio de 2019

Ádám Bodor: Los pájaros de Verhovina (Variaciones para los últimos días)

Idioma original: Húngaro
Titulo original: Verhovina madarai
Traducción: Adan Kovacsics
Año de publicación: 2019
Valoración: Bastante recomendable

Me sorprende la escasa repercusión que tienen, en general, los autores y libros que Acantilado se empeña (afortunadamente) en traernos desde Europa del Este. Es el caso, sin ir más lejos, de dos de las más recientes referencias de la editorial barcelonesa: el "Lealtades y traiciones" de Aleksandar Tisma y este "Los pájaros de Verhovina" de Ádám Bodor, dos buenos libros que han pasado absolutamente desapercibidos en la vorágine de las novedades, tanto es así que, salvo que aparezca algo en los días que transcurren desde que escribo la reseña hasta que se publica, no encontraréis en la "prensa especializada" ninguna mención a esta última obra. En fin, misterios del mundo editorial.

El caso es que este "Los pájaros de Verhovina" es un libro de lo más recomendable, aunque haya que reconocer que ni es un libro "agradable" ni Bodor es un escritor "fácil". Vaya, que requiere un pequeño esfuerzo por parte del lector para entrar en sus formas y en sus ritmos. Eso sí, el esfuerzo tendrá su recompensa, de verdad.

Si por algo destaca Bodor es por una escritura tremendamente seca, áspera y fría, en la que adornos estilísticos y concesiones a la galería brillan por su ausencia. Fondo y forma van indisolublemente unidos en él. Y es que la sobriedad narrativa parece ser imprescindible para hablar de un mundo cerrado y aislado (no solo geográficamente) como es el asentamiento de Jablonska Poliana en el que transcurre la historia o, más bien, las historias de "Los pájaros de Verhovina". Porque esta obra puede ser leída bien como novela, bien como relatos entrelazados. Los trece relatos que la componen comparten protagonistas, aunque cada uno de ellos tenga un personaje más o menos central, escenarios y atmósferas asfixiantes. En Jablonska Poliana no sucede nada. Sus habitantes viven unas vidas vacías en las que sus principales quehaceres son las rutinarias tareas en las que se enfrascan y la espera de la llegada de los mensajeros de un poder tan arbitrario como invisible.

- ¿Por qué? ¿Usted a dónde va?
- No lo sé. A donde me lleven
- ¿Y cuándo volverá?
- Nunca
- Pero, dígame algo para que lo entienda
Hizo un gesto de resignación con la mano

A pesar de la citada sobriedad de la escritura, y quizá debido a ese mundo cerrado que se representa y a la necesidad de hallar alguna forma de evasión para sus habitantes, encontramos multitud de referencias míticas y elementos que emparentan a "Los pájaros de Verhovina" con el realismo mágico. Ejemplo de lo primero es el omnipresente libro de Eronim Mox, que incluye desde recetas de cocina a historias sobre el pasado de Verhovina. Ejemplos de lo segundo serán personajes como Nika Karanika, mitad enfermera mitad bruja, y Klara Burszen, solterona que espera desde hace años la llegada de un nebuloso oficial húngaro, o imágenes como la del jabalí ahogado en una alberca o la de la chica embarazada durante casi dos años. 

La combinación de estos dos elementos, sobriedad y realismo "mágico", contribuye a crear una atmósfera al mismo tiempo sugerente y turbadora y hace de "Los pájaros de Verhovina" un libro oscuro y denso, reflejo de un mundo opresivo y de unas gentes resignadas a su desgracia que, pese a las posibles "dificultades iniciales" para el lector, merece más atención de la que hasta ahora se le ha dispensado.

También de Ádám Bodor en ULAD: La visita del arzobispo

jueves, 4 de abril de 2019

Agota Kristof: No importa

Idioma original: francés
Título original: C'est égal
Traducción: Julieta Carmona Lombardo
Año de publicación: 2005
Valoración: bastante recomendable

Confieso, ya de entrada, que siento una gran admiración por la autora húngara, a la que considero una de las voces más potentes de la literatura de finales del siglo XX e inicios del XXI. A pesar de empezar su carrera literaria escribiendo obras de teatro, su salto a la fama está estrechamente ligado a la publicación de «El gran cuaderno», su primera novela y uno de las obras que más me han impactado en mi vida lectora, pero no sería justo obviar el resto de su obra, pues sabe narrar como pocos un paisaje interior desolador, de tristeza y desarraigo, de una gran soledad.

En este recopilatorio de relatos escritos a lo largo de su vida, de extensión muy muy corta (en ocasiones tan solo un par de páginas), la autora tiene más que suficiente para dejar patente su calidad literaria y mostrar su parte más triste, más desoladora, más abandonada. Los relatos que «No importa» contiene, comparten todos ellos un marco sentimental rodeado de un aura de soledad, de necesidad de afecto, de falta de una calidez que le transmita una paz que no se vislumbra en ninguno de estos cuentos. Es habitual en la autora el tono afligido y triste y esta recopilación es una clara muestra de ello, pues este patrón se repite a lo largo de la historia y sus textos inciden en ello.

La prosa de Kristof sorprende en este libro, no por la frialdad ya habitual en la autora, sino por un desolador paisaje emocional que se mantiene a lo largo de todos los relatos, con seres absolutamente perdidos y alejados de cualquier afecto, pero en una constante búsqueda, casi un desespero, casi una súplica, de alguien no solo que nos quiera, sino incluso alguien a quien querer. Esa es la tristeza que rezuma y exuda en esas escasas cien páginas, con muchos personajes sin padre ni madre, muchos sin hermanos, alguno abandonado en un orfanato de pequeño (como el protagonista del relato «El buzón») que, ya de mayor, sueña y desea, día y noche, con que alguien le escribirá para recomponer esa familia partida en su nacimiento; hay quien solo ama la ciudad y sus calles, nadie más, nada más, y le dedica una canción al amor que siente por ellas (como encontramos en el relato «Las calles»). O el desespero absoluto del relato «La gran rueda», en esas líneas intensas donde el protagonista afirma «quiero que me desees, que tengas ganas de mí, que me ames, que me llames» para terminar con una frase inmensa: «Lo único que puede dar miedo, que puede hacer daño, es la vida y tú ya la conoces». Son todos ellos seres tristes, de una profunda nostalgia, que parecen abandonados, no únicamente por las personas, sino también por ellos mismos, y que transitan por las páginas de este libro, como el protagonista de «Las calles» lo hace por ellas, pero en este caso no hay amor ni enamoramiento, solo pérdida y desazón, desaliento y nostalgia.

Con un estilo sobrio, más cercano a las situaciones cotidianas y a la sencillez de «John y Joe» o «El último cliente» que a sus novelas más extensas, la prosa de Kristof se acerca en esta obra a los brevísimos relatos, casi monólogos, donde la propia vida de la autora parece la fuente de la que emana esa profunda soledad, en un intento prologado e interminable de la búsqueda de una infancia y un hogar cálido que no le fue fácil de encontrar, tras una vida difícil dedicada simplemente, como si fuera poco, a salir adelante ante las situaciones más adversas que su época y circunstancias le depararon, como narra perfectamente en su autobiografía «La analfabeta».

Como en todo libro de relatos, hay algunos que sobresalen por encima de los otros y destacaría principalmente «Las calles», «El buzón», «La gran rueda» y «El ladrón», aunque todos son interesantes. Y, a pesar de la diferencia existente entre los distintos cuentos, hay algo que comparten y es su tono emocional; los personajes que ocupan los relatos viven una vida desprovista de ilusión, pero sin dejar que el tormento les alcance plenamente, como personas sin alma, como espectros que deambulan por las calles sin esperanza, sin futuro, sin deseo. El «No importa» del título hace justicia a lo que nos encontramos en el libro, pues parece como si aquello que ocurre (o lo que no) no afecte a sus personajes, como si no hubiera ya un futuro que ofrezca un mínimo de esperanza, como si hubieran abandonado cualquier intento de conseguir aquello que desean, como si ya nada valiera realmente la pena, como si nada importara.

La prosa de este conjunto de relatos nos interpela claramente, y parece destinado a nosotros tanto como a la propia autora, en una reflexión constante sobre tiempos perdidos e ilusiones desperdiciadas en la esperanza casi eterna de encontrar la paz interna que la acerque, aunque sea de manera casi imperceptible, a lo que en la imaginación de la autora se asemeja a un posible hogar, físico y emocional.

También de Agota Kristof en ULAD: Claus y LucasAyerLa analfabeta La hora gris o el último cliente. John y Joe, El gran cuadernoLa hora gris y otras obrasEl monstruo y otras obras¿Dónde estás, Mathias?

jueves, 28 de marzo de 2019

Arthur Koestler: El Ártico desde la ventana de un zepelín

Idioma original: alemán
Título original: publicado dentro del libro Von weissen Nächten und roten Tagen
Año de publicación: 1931, como artículos en el diario Vossische Zeitung de Berlín; 1934, dentro del libro Von weissen Nächten und roten Tagen
Traducción: Francisco Uzcanga Meinecke
Valoración: está muy bien y, desde luego, de los más recomendable para amantes de las expediciones polares y /o los zepelines

Creo que no le estropearé a nadie la lectura de este libro si cuento de qué va, habida cuenta de que el spoiler, de haberlo, se encuentra ya en su propio título: en efecto, lo que cuenta este librito es una exploración del Ártico llevada a cabo desde un zepelín -en concreto el célebre y magnífico Graf Zeppelin LZ 127-, que tuvo lugar en 1931 y que contó entre sus miembros con el no menos célebre, al menos en tiempos posteriores periodista Arthur Koestler, como corresponsal del reputado diario berlinés Vossische Zeitung. La expedición, organizada por la asociación exploradora alemana Aeroartic, constituía un curioso ejemplo de acuerdo que quizá no pudiese darse en ninguna otra época: su principal financiadora era la Unión Soviética, pero también un millonario estadounidense aficionado a los vuelos polares y la Sociedad Filatélica Germana... (de todos modos, la idea original era aún más bizarra, pues fue cosa del magnate de la prensa Hearst, quien pretendía un encuentro en el Polo Norte entre el capitán Eckener, sucesor del conde Zeppelin, que comandaría el dirigible y un nieto de Julio Verne, que viajaría hasta allí en un submarino convenientemente rebautizado como Nautilus). Al final este curioso viaje -tampoco era el primero en este tipo de nave por el Círculo Polar Ártico- no llegaría más allá del paralelo 82 y su carácter sería eminentemente científico, sobre todo en los campos de la cartografía y la metereología, pero también contaría entre sus miembros con cameramen de cine y con el periodista Arthur Koestler, dispuesto a retransmitir a sus lectores las sensaciones y avatares de tan espectacular travesía. Koestler, a partir de sus artículos, recrearía el periplo en algunos capítulos de su libro De noches blancas y días rojos, los cuales ahora ha publicado en español Libros del K.O. como un volumen aparte.

Cabe decir que Koestler da cumplida cuenta de todo el viaje- en realidad, de poco más de una semana-, sobre todo teniendo en cuenta sus a la fuerza limitados conocimientos científicos. pero se defiende bastante bien con vívidas descripciones del paisaje y amenas explanaciones acerca de los progresos de la técnica y, de vez en cuando, sobre las ventajas y logros de la sociedad soviética, pues por entonces este periodista y escritor era un comunista convencido, igual que había sido un sionista entusiasta (luego dejaría de ser tanto una cosa como la otra). Al comienzo de su relato del viaje, de hecho, lanza algunas pullas ideológicas contra el doctor de la expedición, cuya querencia, al parecer iba más por la exaltación del volkgeist, la Heimat y esas cosas...(ya nos entendemos). Koestler, en origen Köstzler, era un húngaro de familia judía alemana.

Estas ironías, no obstante, son bastante inofensivas y hasta ingenuas, teniendo en cuenta el devenir político posterior en la vida de Koestler... De este libro queda sobre todo una imagen amable: un zeppelin sobrevolando en silencio la banquisa, llevando en su seno una variopinta tripulación de alemanes, rusos y norteamericanos, con un judío húngaro como testigo y cronista. Una imagen de un tiempo en apariencia más amable que el actual -enseguida se vería que aquella era sólo una apariencia-, que sugiere una suspensión del tiempo y la vulgaridad del mundo, como en una peli de Wes Anderson.

Para concluir este librito, y enlazando con el final de la crónica de Koestler, que hace unas sarcásticas observaciones sobre la "zepelinomanía" que acometió a la Alemania del periodo de entreguerras, que tomó a estos artefactos como uno de sus símbolos patrióticos -"El cigarro plateado se convirtió para el pequeñoburgués alemán en el cuerno mágico de la saga; lo hechizó para obligarle a elevar los ojos y la nariz hacia el cielo de tal modo que, en su ufana embriaguez, ni veía ni olía lo que pasaba abajo..."-, el traductor al castellano, Francisco Uzcanga Meinecke se extiende en un último y delicioso capítulo titulado justamente Zepelinada sobre la historia de los dirigibles rígidos en Alemania.

Porque  estos chismes serían en gran medida objeto de la propaganda nacionalista alemana e incluso quizás, aunque no fuera culpa suya, símbolos de la época del ascenso nazi al poder y su descenso hacia la locura bélica, lo sé, pero qué queréis que os diga: molan un montón, ¿o no? (aunque reconozco que siento una pizca de remordimiento: quizás debí dejar la reseña de este libro a mi compañero Koldo, que es a quien le pirra esto de expediciones polares y demás... Por otro lado, a mí me encantan los zepelines, así que la cosa está empatada. Y una reseña es una reseña... Lo siento, Koldo, pero #NoMercy!). Como decía uno de los poemas de un concurso convocado para exaltar la figura del conde Ferdinand von Zeppelin: "Cada niño, incluso el más pequeñín/ balbucea ya el nombre de Zeppelin". Pues eso.





Otros títulos de Mr. Koestler reseñados en Un Libro Al Día: El cero y el infinito, Llegada y salida

miércoles, 2 de enero de 2019

Agota Kristof: La hora gris o el último cliente. John y Joe

Idioma original: francés
Título original: L'Heure grise ou le dernier client. John et Joe
Traducción: Sergi Pàmies (edición en catalán)
Año de publicación: 1984 y 1972 (respectivamente)
Valoración: bastante recomendable

De vez en cuando, uno se da cuenta de que existen ciertas rarezas en la literatura que, por motivos que uno no alcanza a entender, no han tenido la repercusión que se merecen. Y es algo extraño cuando eso ocurre en la obra de Agota Kristof, para mí una de las voces más potentes de la literatura de finales del siglo XX y principios del XXI, y concretamente en este libro, muy desconocido en nuestra tierras (incluso diría que no está ni traducido al castellano). El libro que nos ocupa, de reducidísimo tamaño, contiene dos obras teatrales de la autora de «El gran cuaderno» (o de la trilogía «Claus y Lucas», entre otras grandes obras). Y aunque probablemente la obra teatral de la autora húngara sea poco conocida, es más que interesante y pido ya desde aquí que alguna editorial valiente se lance a editarla, pues creo que está descatalogada. Hecha la petición, vamos a la reseña de ambas obras.

La hora gris o el último cliente
En esta pequeña novela de teatro, la escritora abunda en sus relatos sobre el alma humana, sus pasiones, sus dudas, sus remordimientos. Fiel a su estilo duro y directo, en esta obra la autora nos traslada a una pequeña habitación donde una prostituta y su cliente tienen un encuentro, y sitúa la acción en el diálogo que se establece entre ambos. Así, el relato gira en torno al sentimiento de soledad, a la necesidad de afecto, pero especialmente de sentirse deseado y casi necesario, tratando de eludir la soledad, aunque sea a costa de comprar los servicios de una mujer que lo mantiene en vilo, atrapado en su dicotomía de casi odio a sí mismo por ser esclavo de esa necesidad que le lleva a volver al mismo lugar, aun sabiendo que es ficticio, irreal, forzado, falso. Y en el autoengaño de uno, ella aprovecha para dominarlo a su antojo, mientras sueña con una vida que ya no existe ni existirá, y maldice un pasado del que aún es esclava. Hay mucha soledad en este relato, a pesar de que los sueños les permitan escapar, aunque sea temporalmente, de la tragedia de sus vidas; en este ambiente desolado y triste la autora se desenvuelve a la perfección, pues domina perfectamente estos aspectos de la condición humana.

John y Joe
En esta segunda pieza teatral, un encuentro entre dos amigos conforma la base de esta pequeña obra que trata, en apariencia, sobre una situación casi cómica, pero va mucho más allá si la analizamos en profundidad. Este relato se sostiene mediante un diálogo aparentemente absurdo (un diálogo de besugos, podríamos decir), aunque en realidad, la autora se sirve de tres escenas entre los dos protagonistas para tratar sobre la justicia, la amistad y la apariencia, pero también sobre el ansia de sentirse rico. Así, hablan sobre qué hace que los ricos sean ricos, qué les lleva a ello y, en la disquisición, los protagonistas quieren sentirse como tales. De esta manera, la competitividad y el absurdo abundan en el relato, pues viene a ser un diálogo sin ningún sentido hasta que ocurre algo. A partir de ahí, la obra trata sobre la relación entre ambos amigos, y en qué se basa en el fondo una relación amistosa, pues, por una situación no buscada, ponen a prueba su relación debido a la voluntad y deseo de aparentar ser personas más potentadas. La fábula, a través de una aparente absurdidad dialéctica, trata sobre la riqueza que radica en la propia relación, y en la insignificancia de la vida cuando únicamente se posee dinero. La pobreza de los ricos, o la riqueza de los pobres, que, en este último caso, a falta de recursos para disfrutar de otros placeres, buscan a alguien con quien compartir el tiempo, encontrando en ello lo que posiblemente sea una de las mayores riquezas.

Comparativamente, el primer relato es muy superior al segundo, en riqueza narrativa, en descripción, recreación, escenificación y ritmo, aunque cabe decir que el segundo tiene la particularidad de ser el primer texto publicado por la autora, y resulta sorprendente, pues, realmente, es de un estilo totalmente diferente al resto de su obra publicada. Ahí radica el principal interés en este relato, pues, a pesar de no tener la calidad a la que estamos acostumbrados en Kristof, sí se ve en él cierta maldad y un primer análisis sobre la condición humana que, a la larga, sería el objeto central del resto de su obra, siempre oscura, pesimista, triste y melancólica, pero de un inmenso interés literario.

También de Agota Kristof en ULAD: La analfabeta, Ayer, Claus y Lucas, El gran cuadernoNo importaLa hora gris y otras obrasLa hora gris o el último cliente, El monstruo y otras obras¿Dónde estás, Mathias?

sábado, 29 de septiembre de 2018

Stephen Vizinczey: En brazos de la mujer madura


Idioma original: inglés
Título original: In Praise of Older Women
Año de publicación: 1965
Traducción: Ana Mª De La Fuente
Valoración: muy recomendable

Antes de que la colonización de la terminología anglosajona generara el término "cougar" o de que Pornhub popularizara eso de las "MILF", varias décadas antes, Stephen Vizinczey publicó este panegírico de las relaciones descompensadas en edad, una especie de reverso de Lolita aún manteniendo el punto de vista masculino, un libro que hoy escandalizaría (apreciación que me limito a apuntar sin atisbo de opinión por mi parte) no por su procacidad en lenguaje y en situaciones descritas, sino por su inequívoca incorrección al otorgar, en todo momento, o esa es mi percepción, un papel nulo a la mujer en la elección de sus parejas sexuales. 
Pero eran los tiempos que corrían. Y eso se toleraba o se aplaudía en las películas de James Bond, perdonad la frivolidad del ejemplo, pero eran tiempos peores, seguro, porque la clave en que las cosas se analizaban, cuando se hacía, era la de una desigualdad arraigada por siglos.
Hoy, En brazos de la mujer madura limita a esa cuestión la posibilidad de escándalo. Porque una reproducción de una señora tendida de espaldas, añeja portada, a estas alturas lo único que puede procurarte son miradas furtivas en el autobús, o las que te puede provocar su título, adecuado y descriptivo como ninguno. Pero los pelos y señales en los encuentros sexuales, la literalidad de la mecánica física, para bien o para mal, y a edades tempranas, ya la conocemos bastante. 
Vizinczey nos regala unas cuantas páginas excelsas. Las de la formación de András Vajda, alter-ego en este juego de equívocos que coincide detalle por detalle con muchos de los hitos de la trayectoria vital del propio escritor. Nacido en Hungría "el mismo año que Hitler accedió al poder", buscándose la vida en el país tomado por las tropas americanas, tras la ocupación y caída de los nazis, luego haciendo lo propio con los rusos ya incorporando el país a su área de influencia (y dedicándoles no pocas frases trufadas por el rencor), siendo objeto de dudas en lo que concierne a su pureza política, finalmente participando en la sofocada y reprimida revolución de 1956, luego ya obligado a exiliarse y a vagar como refugiado hasta, y aquí termina el libro, acabar en la Universidad de Ann Arbor, Michigan. 
Es inevitable que la novela acuse algo de reiteración en sus trazos principales, que son las aventuras que, desde bien temprana edad (el mocoso de doce años que está concertando encuentros entre los soldados americanos y las mujeres de mediana edad que han de tirar adelante en una post-guerra particularmente dura), queda fascinado ante lo que considera que es una verdad inapelable: que no quiere saber nada con las chicas de su edad, que prefiere a las mujeres mayores por su experiencia física y por su actitud vital, una preferencia que Vizinczey explica en textos que no eluden cierto sarcasmo y cierta prepotencia que hoy sería difícil justificar.
A pesar de ello, su enorme facilidad de lectura y la convicción de la prosa lo alejan de cierto perfil de panfletos heteroeróticos tan á la page hoy en día, incluso lo apartan de ciertos clásicos de literatura a la búsqueda del escándalo y la obscenidad gratuita. No se me malinterprete. Vizinczey quería explicar esa historia con ciertos tonos de picaresca y a veces ciertas dosis de crueldad. Diría que Vian anda correteando por ahí y que, en un momento dado, alguna de esas expresiones ligeramente sobradas acabarían aflorando en alguna novela de Roth.

viernes, 27 de julio de 2018

Magda Szabó: El corzo

Resultado de imagen de el corzo magda szaboIdioma original: húngaro
Título original: Az őz 
Año de publicación: 1959 (En español: 2018)
Valoración: Recomendable




Aunque Magda Szabó (1917-2007) tiene en su haber unas sesenta obras de géneros diversos solo cinco de ellas se han traducido al castellano. Y ni siquiera han servido para darla a conocer aquí, quizá porque no se la ha promocionado lo suficiente. 
La ideología le pasó factura ya en 1947, cuando daba sus primeros pasos en el mundo literario y antes incluso de haber publicado ficción, al serle negado un premio de poesía poco después de haberlo ganado. Durante algunos años, se mantuvo voluntariamente en silencio como forma de protesta por la situación política de entonces, dedicándose en exclusiva a la enseñanza. Por ese motivo, sus primeras obras obtuvieron una acogida más bien fría. Solo tras la publicación de El corzo en Alemania -con la ayuda de Hermann Hesse- llegaría por fin el éxito, pero también su inclusión en la lista de autores disidentes.
El corzo no es, desde luego, una novela amable. Eszter narra en primera persona una vida de intenso trabajo, de privaciones, de envidia por la prosperidad que la rodea, pero también de energía, vitalidad y una brillantez poco común, cualidades de las que ella no parece ser muy consciente. Lo será, más adelante, de su rotundo éxito como actriz, del reconocimiento que ha conseguido, pero entonces la amargura ya se habrá instalado en su carácter y le impedirá disfrutar de lo adquirido.
Escrita con un estilo intimista, la novela alterna constantemente el presente con recuerdos de distintas épocas, introduce personajes sin presentarlos ni describirlos y no da demasiadas pistas de lo que está relatando. Gracias a este logradísimo flujo de conciencia penetramos en la confusa mente de quien ha crecido en el resentimiento y el deseo de venganza por culpa del hambre y la miseria, a pesar de su ascendencia aristocrática y de las prometedoras carreras de sus padres. Porque nada de eso cuenta en un país donde la honestidad y la fidelidad a los principios impiden disfrutar de una vida digna. Y si el idealismo produce tanto sufrimiento lo que genera es justo lo contrario: un carácter frío, pragmático e  hipócritamente transgresor. La crítica al régimen de  entonces es más que evidente.
En ese corzo que le fascinaba de niña, Eszter consumará una de sus primeras venganzas. Pero habrá más, y la víctima escogida será esa vecina que lo tuvo todo: dinero, mimos, unos padres saludables y un aspecto de niña rica, sin preocupaciones, que puede permitirse el lujo de ser sosa y hasta inepta. Pero la auténtica rivalidad aparece mucho más tarde, cuando la frustración encuentre un campo de batalla donde tiene asegurado el éxito.
Szabó ha construido un personaje francamente antipático. No es que no entendamos sus motivos, pero igual que ella es incapaz de ponerse en la piel de nadie, al lector no le apetece ponerse en la suya. Lo que más me ha impresionado es que está construida de una pieza. No evoluciona. Ni ella ni nadie. Cada individuo se mantiene en su papel, reacciona siempre de la misma manera, al menos en la mente de esa narradora que de objetiva tiene más bien poco pero cuyas impresiones nunca podremos contrastar. El texto entero resulta frío, tan enrevesado como los pensamientos de Eszter y tan obcecado como ella misma. La acción apenas avanza como si siempre tropezase con el mismo escollo; la información se amplía gradualmente, en círculos concéntricos, hasta el final, cuando la circunstancia que da sentido a los hechos a la vez que los mantiene en suspenso da un vuelco repentino y todo cambia. Todo menos la protagonista, que pase lo que pase nunca dejará de ser como es.

De la misma autora: La puerta

domingo, 3 de junio de 2018

Agota Kristof: La analfabeta

Idioma original: francés
Título original: L'analfabète. Récit autobiographique
Traducción: Juli Peradejordi (edición en castellano), Montserrat Solé (edición en catalán)
Año de publicación: 2004
Valoración: muy recomendable

Fiel a su estilo directo y rudo, Agota Kristof nos cuenta, en este corto relato autobiográfico, sus memorias desde que era pequeña hasta su edad adulta, centrándolo en gran parte en su vertiente literaria, y en la dificultad que supuso tener que emigrar de su Hungría natal a Suiza.

De esta manera, la autora empieza explicándonos los comienzos de su afición por la lectura, una afición que por muchos era considerada una pérdida de tiempo, una manera de no hacer las cosas que sí merecían la pena (cualquier cosa, de hecho, era más útil que leer, a ojos de la mayoría de su entorno). Esa afición por la lectura que proviene de cuando era pequeña y la castigaban en el aula donde su padre daba clases, obligada a sentarse en la última fila con los libros como única compañía. Y, claro está, la consecuencia más directa de la pasión por la lectura: su afición a la escritura, una devoción que le suponía una vía de escape de un mundo que, en ocasiones, se le hacía muy cuesta arriba por las circunstancias vividas. Así, rememorando esos días, la autora transmite perfectamente la capacidad de la escritura como salvación, como medio para soportar el dolor. Una ventana al mundo, una oportunidad de evadirse de la solitud en la que se hallaba durante sus días en el internado.

Poniéndonos en antecedentes, pues una biografía debe ir acompañada del momento histórico vivido, Kristof nos narra la dificultad de la vida en los años cincuenta, en su Hungría natal, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial y cuando todo el país era pobre, cuando pasaban hambre y frío, cuando las ganas de seguir viviendo era prácticamente todo aquello que se tenía. Y las consecuencias de ello en una sociedad arruinada también mentalmente, provocando en los niños una dificultad para aprender a causa de la falta de interés de los profesores, obligados a enseñar ruso tras la ocupación militar, con una desgana tal que hace que la autora no tenga reparos en afirmar que «de las escuelas sale una generación de ignorantes». La autora centra gran parte de sus críticas a este aspecto, pues con la finalización de la guerra vino la obligación e imposición del ruso, que castigó de igual manera todos los estamentos sociales. Así, Kristof vierte sus críticas hacia Stalin, por ahogar las culturas de los países del este y sus identidades nacionales. Y con ello, la necesidad de huir, la dificultad de escapar del propio país, una dificultad también mental pues, más allá de las penurias en la travesía hacia la salvación, uno toma consciencia, tras la huida clandestina, de haber perdido el sentimiento de pertenencia a un pueblo; todo aquello que se pierde cuando uno es obligado a emigrar, si se es afortunado a cambio de una mejora en aspectos materiales, supone un precio a pagar muy elevado: la nostalgia de sentirse parte de algo, la añoranza a la familia y a los amigos, en una inmersión ineludible a un vacío diario, constante. El libro, aunque extremadamente breve, narra lo suficiente para poder percibir la dificultad en la que vivió la generación de la autora en los países del este, y es un bello ejemplo del espíritu de superación de aquellos que utilizan la imaginación y la perseverancia para escapar del triste mundo que los rodea e intentar conseguir una vida mejor.

Esta obra es un relato en recuerdo de la vida de la autora, pero también de la de tantas personas obligadas a huir de su país. «La analfabeta» del título hace referencia a aquellas personas que llegan a un país sin conocer el idioma, sin entenderlo, sin ser capaces de leer un texto, a pesar de dominar una lengua materna que ha dejado de serles útil. El relato es duro por su carga emocional pero tambien ejemplar por el espíritu de superación que transmite, por la valentía de la autora en levantarse cuando las circunstancias la forzaban continuamente a la caída, por la voluntad irreductible en estudiar y querer aprender para poder dejar de ser una analfabeta y ser así capaz de conseguir superar los obstáculos impuestos por las circunstancias, hasta conseguir saltar la barrera lingüística para finalmente alcanzar el futuro soñado: ser otra vez escritora.

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