lunes, 31 de agosto de 2026

Colaboración: El repartidor de Pekín, de Hu Anyan

Idioma original: chino

Título original: 我在北京送快递

Traducción: Javier Altayó

Año de publicación: 2023

Valoración: entre Está bien y Recomendable


Tenemos aquí un libro muy curioso. Fenómeno de ventas en su país de origen y aclamado en muchos otros, no es una novela de autoficción, ni tampoco una autobiografía, ni un libro de desarrollo profesional, ni un tratado filosófico: podría decirse que es todo eso a la vez, y que lo es como por casualidad. Pero ya sabemos que, en arte, lo que parece casualidad no suele tener nada de casual.

El Repartidor de Pekín cuenta la historia del propio escritor, que trabajaba durante una época como repartidor en Pekín, valga la redundancia. La primera mitad del libro se centra en esta época, y habla de las dificultades logísticas de su vida laboral, las dinámicas de empresa, las relaciones entre empleados, y las interacciones con los clientes. Como si de un diario se tratara, el autor nos cuenta anécdotas y reflexiones de su día a día, desgranando situaciones y persona(jes) con una mirada crítica (y autocrítica) pero compasiva y optimista. 

El resultado es sorprendentemente fascinante: uno no puede dejar de leer. ¿Por qué? ¿Cómo es posible que las nimiedades y miserias de la rutina de un hombre cualquiera nos enganchen? Yo creo que por dos motivos. Uno es el tema en sí mismo, con el que la gran mayoría de la gente se puede identificar: todos tenemos o hemos tenido colegas tramposos, reuniones superfluas, transacciones desagradables… y todos queremos ser felices a pesar de ello. Por eso, leer a Anyan es como tener una cámara oculta en nuestras propias vidas. Esto inevitablemente nos lleva a compararnos con él, y como el autor no se limita a dejarnos entrar en su realidad (eso sería como un vulgar Gran Hermano literario) sino que la analiza e intenta extraer de ella algún aprendizaje moral, el paralelismo nos obliga a aplicar a nuestras historias su misma perspectiva, a analizarnos como hace él y sacar conclusiones provechosas sobre nuestras propias andanzas. 

El otro motivo del “enganche” es el estilo coloquial y sencillo del autor. Es como si escribiera igual que habla, y es fácil entender lo que nos cuenta, sus reflexiones fluyen con las páginas. Parece como si estuviéramos leyendo cartas (bueno, emails, que esto es el s. XXI) de un amigo; teniendo en cuenta que estamos hablando de un libro de una cultura tan lejana a la nuestra, esto no es baladí. ¡Es tan cómodo de leer!

Pero – porque lamentablemente hay un “pero” – las virtudes del libro se diluyen en la segunda parte. Aunque el estilo se mantiene, el autor se limita a enumerar empleos y situaciones pasadas sin entrar en mucho análisis, y el resultado es una narración árida, casi técnica. De vez en cuando hay algún pasaje disonante que refresca la experiencia (por ejemplo, Anyan nos cuela un maravilloso mini-ensayo sobre la música Rock) pero en general la lectura se hace monótona. A mí me costó mantener el interés. 

El Repartidor de Pekín termina con una recapitulación sobre lo que el autor llama “otros aspectos de la vida”. Anyan reflexiona sobre el concepto de trabajo, sobre lo que significa la libertad, y sobre la aspiración de ser feliz. Son apenas cinco páginas, pero ¡qué densidad filosófica! La última frase es contundente: “Cuanto más vivo, más claro tengo que no vale la pena vivir enfadado y lleno de odio”. Es un bonito final para este libro tan diferente como irregular.  

Firmado: Yaiza P.


domingo, 30 de agosto de 2026

Claudia Amador: Altasangre

Idioma: español 

Año de publicación: 2026

Valoración: bastante recomendable (aqunque quizá no para todos los paladares)

He leído calificar esta novela como "gótico caribeño" (hay que aclarar que, hoy en día, parece que toda literatura de terror que no está escrita en inglés se considera como "gótico esto" o "gótico lo otro". Porque así suena más guay o por lo que sea). Es decir, que cualquiera pensaría que estamos ante un cruce entre el género de horror o terror de toda la vida y el realismo mágico. ¿Esto es así, realmente? Pues sí, pero no... Por un lado, es cierto que Altasangre recuerda, en cierto modo, a Cien años de soledad -habida cuenta, además, que la autora es colombiana-, pues también nos cuenta la historia de una peculiar dinastía familiar, los Vanterroso, dominados por la matriarca doña Julia, Señora de la Costa -Claudia Amador, además de colombiana, es natural de Barranquilla-; por otro lado, la novela nos remite a ficciones vampíricas poco ortodoxas y, más en concreto (o al menos a este servidor), a los cómics y pelis de Blade, pues aquí también encontramos todo un worldbuilding en el que el mundo está dominado por los vampiros considerados "purasangre". Aunque, en este caso, no se ocultan, sino que se encuentran bien visibles en lo alto de la pirámide social, económica y depredadora, hallándose por debajo los llamados "mixtos" y los simples humanos. 

Desde su mansión o sus aposentos del Altasangre Club -ahí tenemos el título-, doña Julia Vanterroso impera sobre todo este entramado social, aunque, poco confiada en el resto de su descendencia, ha puesto todas sus esperanzas de futuro en su nieta Julieta, que precisamente va a ser la Reina del carnaval de ese año, principal y esperado acontecimiento festivo de la Costa. ya veremos, y no adelanto más, cuales son sus intenciones para la niña. Una niña a la que su naturaleza convierte en extremadamente peligrosa, no sólo para los humanos, sino para los demás vampiros (ya os digo que esto me recuerda un poco a Blade). Ahora bien: no todo  van a ser vampiros y baños de sangre a raudales -de esos hay muchos, en todo caso-; en la novela también encontramos todo un despliegue de seres sobrenaturales: diablos y ángeles, presencias incorpóreas pero chismosas, fantasmas que se aparecen en sueños, espantosos mutantes, dioses primigenios... En fin, lo normal en una novela de "fantasía oscura" (porque tampoco estoy seguro de que a esta se la pueda calificar como "de terror", al menos no con todo  el sentido que se le da al género).  Todos ellos -y aquí encontramods, aún más, lo "caribeño" de la expresión "gótico caribeño"- moviéndose, bailando incluso, al ritmo de cumbias, rumbas, congas, bullarengues y demás música afrocaribeña... Porque la música, aunque no pueda oírse, sí se puede sentir en esta novela, y tiene una importancia fundamental...

Música que se deja sentir, incluso, o sobre todo, en la forma de escribir de Claudia Amador, un estilo exuberante, un tanto abarrocado aunque sin caer en un oscuro  conceptismo, de lo que la salva, sobre todo, la extrema ductilidad, la ágil movilidad de una prosaque transita sin dificultad ni rebozo entre lo folletinesco, lo simbólico y el habla popular, que gira y se contonea al ritmo de los tambores y al sonar de las trompetas, al arrullo de unas voces que hablan de amor, de despecho y de pérdida. Un estilo que, y aquí me voy a permitir una poca (más) de pedantería, quizás sea más heredero del de Alejo Carpentier que de un García Márquez...  (por su vertiente gore me ha recordado, a su vez, a La condesa sangrienta de Alejandra Pizarnik En todo caso, y a pesar de estar matizado por el humor -más sutil a lo largo de la novela, explícito en el último capítulo, a modo de coda, titulado Cómo quitarle la sangre a una prenda blanca-, entiendo que este despliegue carnavalesco -nunca mejor dicho- y pletórico de un cierto estilo literario pueda atragantársele a algunos lectores/as, más amantes del minimalismo o, simplemente, de las cosas más facilitas... Eso, unido a la , como ya he comentado, profusión sangrienta -y no sólo de sangre-, que puede repugnar a los estómagos más delicados, hace que no me atreva a recomendar esta novela para todo el mundo. Para los amantes del terror, lo fantástico y la diversión aparejada, por supuesto. Para los amantes de la buena literatura latinoaméricana y de la buena literatura en lengua castellana, también. 


sábado, 29 de agosto de 2026

Thomas Mann: Mario y el mago y otros relatos

Idioma original: alemán

Título original: Mario und der Zauberer

Traducción: J. Fontcuberta, J.A. Bravo, Martín Rivas

Año de publicación: el último, 1930

Valoración: Entre Recomendable y Está bien


Aunque Thomas Mann, además de esa obra excelsa que es La muerte en Venecia, asienta su fama en tochos de magnitud muy notable, su bibliografía se extiende mucho más allá de esos tres o cuatro grandes volúmenes. En tiempos recientes descubrí con placer Viaje por mar con Don Quijote y, habiendo disfrutado de la prosa exacta y elegante del maestro, me decido a rebuscar entre su narrativa más compacta, hasta que doy con este pequeño recopilatorio de tres relatos de mediana extensión.

Curiosamente, el libro incluye dos textos de una etapa relativamente temprana (1902 y 1903), más el que encabeza el volumen, que corresponde a un periodo de madurez, casi treinta años más tarde. En los dos primeros detectamos varios elementos que volveremos a encontrar más adelante, en especial en La montaña mágica, aunque también ecos que recuerdan a algunas otras obras.

Tristán, inspirada en la leyenda clásica, presenta en el conocido marco de un sanatorio la eterna dualidad en el amor: el romántico (platónico, en apariencia imposible) frente al pragmático, entendiendo este último no ya como la relación de mera conveniencia o interés económico, sino como la consecuencia de la sensatez, la consideración de todas las variables, estabilidad, vida previsible, comodidad si se quiere, afecto seguro aunque sea tibio. En el otro lado de la balanza, la promesa de sensaciones intensas, el amor total, saciante, quizá obsesivo. En el trasluz está la poesía, el alma artística que admira la belleza con voracidad y lo interpreta como amor, un tema recurrente del autor que también aquí es tratado con sutileza y habilidad para dejar abiertas todas las posibles respuestas.

Tonio Kröger comienza como una prometedora novela de formación, examinando los sentimientos ambiguos de un jovencito de catorce años. Imposible no evocar al Tadzio de La muerte en Venecia, aunque sobre todo volvemos a tener delante la dicotomía presentada en Tristán, que en esta ocasión va aún más lejos. Se trata de enfrentar dos formas de vida, la del artista, excesivo, con su peculiar perspectiva, y la vida ‘dulce y trivial’ de muchachos rubicundos, sanos y felices, apegados a su visión burguesa y convencional del mundo. La deliciosa forma de narrar de Mann, fuertemente clásica, no puede ocultar una notable descompensación en el desarrollo de la historia, sumergiéndose sin recato en largas reflexiones en torno al arte y el artista, que pesan en exceso en el relato, como si arrastrase un ancla.

Hay que reconocer que el autor tiene esa tendencia a sobredimensionar la digresión, lo que a veces pone las cosas algo difíciles al lector. Este sesgo se manifiesta en parte también en Mario y el mago, que se inicia de forma brillante situándonos en un entorno vacacional de balnearios con cierto aire decadente. Es una narración de tono en apariencia ligero, conducido con maestría hasta desembocar en una larga escena circense que, si bien muestra igualmente cierta falta de medida, mantiene sin embargo la tensión, que va creciendo hasta coronarse en un final muy logrado.

Hay quien interpreta este relato como una alegoría del ascenso de los fascismos (recordemos la época en que se escribe) y más en concreto la construcción de liderazgos fundados en la mentira y la manipulación. Y aunque no suelo ser muy partidario de buscar capas de significado demasiado remotas, en este caso creo que es una lectura perfectamente lógica, como lo es también la exploración en la psicología de los personajes (mago y espectadores).

Tenemos por tanto altibajos en las tres propuestas, aún más lógico por corresponder a etapas muy diferentes, distintos tics muy propios de autor y atmósferas que claramente evocan algunas de sus obras más conocidas. Todo lo cual compone un volumen que combina lo disfrutable y lo tibio, aunque siempre sin dejar de admirar la naturalidad y elegancia de este autor. 

Otras obras de Thomas Mann reseñadas en ULADViaje por mar con don QuijoteLa muerte en VeneciaLa montaña mágica

viernes, 28 de agosto de 2026

Vladimir Voinovich:Vida e insólitas aventuras del soldado Iván Chonkin

Título original: Vida e insólitas aventuras del soldado Ivan Chonkin

Idioma original: ruso

Traducción: Antonio Samons García

Año de publicación: 2006

Valoración: Muy recomendable


Reseñar este libro supone necesariamente ponerlo en contexto. Vida e insólitas aventuras de Ivan Chonkin se publicó originalmente en  París en 1974, pero la crítica mordaz al régimen soviético que destila el libro hizo que su autor, nacido en la república soviética de Tayikistán,  fuera expulsado de la URSS en 1980 y su publicación estuviera prohibida en su país  hasta después de la perestroika.

Voinovich fue un escritor cercano a las voces disidentes con el sistema comunista y estuvo siempre en el punto de mira de los servicios secretos y del gobierno soviético. La publicación de este libro le supuso ser expulsado de la Unión de escritores soviéticos, y una persecución continua del régimen soviético, que le retiró la ciudadanía y finalmente le expulsó del país.

En apariencia, el argumento puede resultar sencillo y cercano a una novela  costumbrista. En vísperas de la segunda guerra mundial un avión del ejército ruso se estrella a las afueras de la aldea de Krasnoie. Dado que no hay repuestos para arreglar el aparato y se debe solicitar un nuevo motor a las instancias superiores, los altos mandos del regimiento deciden enviar a un soldado para que custodie el aparato y evite actos de vandalismo. Como medio regimiento está de maniobras y el otro medio en la enfermería se decide enviar al soldado Chonkin "de escasa estatura, piernas zambas y orejas rojas". Por si los rasgos físicos no fueran suficientemente definitorios, Voinovich nos describe así la psicología del personaje: "Los pensamientos de Chonkin eran de naturaleza varia. Una atenta observación de la vida y de las leyes que la gobiernan le habían enseñado que en verano, de ordinario, hace calor, mientras que en invierno hace frío. A su cabeza acudió un segundo pensamiento, todavía más interesante y sustancial, pero en el acto mismo olvidó de que se trataba, y no consiguió recuperarlo por más esfuerzo que hizo".

Pues bien, este soldado más bien simplón, emparentado lejanamente con el soldado Svejk, es enviado a custodiar el aparato y abandonado a su suerte en la remota aldea. Aburrido y deseando integrarse en la vida local, Chonkin aprovecha la situación para emparejarse con una campesina local, Niura, que posee una vaca y un jabalí  como mascota. Nuestro soldado abandona alegremente su tarea de vigilancia y se dedica a plantar patatas, dar de comer a las gallinas y arar el huerto de su prometida.

Chonkin se integra alegremente en la vida local y a su alrededor iremos conociendo a la entrañable galería de aldeanos de Krasnoie. La llegada del soldado altera la apacible vida de la aldea y sirve a Voinovich para poner sobre la mesa todos los elementos que motivaron la prohibición de su libro: la ineficiencia del koljós local, la desidia laboral de los aldeanos, la ineptitud de los gobernantes locales y regionales, la incompetencia de los altos mandos militares y la adoración incondicional al líder supremo: "Stalin era un hombre inteligente, capaz de comprender a los demás y de ponerse en su lugar. No en vano el pueblo lo amaba. !Y que bien cantaba aquella canción, "Botas de fieltro"! Pero ¿por qué se le había puesto de pronto voz de mujer?".

Todos los acontecimientos de la vida diaria son tratados con ironía y sarcasmo. Una fina crítica a todos los estamentos sociales va deslizándose página a página y  episodios surrealistas, por absurdos, van acompañando la azarosa vida de nuestro héroe  que va tomando conciencia de la inutilidad de su presencia en la aldea: "Fuese por causa de la palmada recibida en la cabeza o por otra de índole no mecánica, algo en el cerebro de Chonkin se desplazó, y esa mutación dio nacimiento a la desasogante idea de que en aquel lugar se le estaba pasando en vano el tiempo, de que con él no contaba nadie y de que nadie sería enviado en su busca".

Cuando la situación parece estancada y nuestro héroe está integrado en la dinámica aldeana, estalla la Segunda Guerra Mundial y la convivencia se crispa. El ambiente general se enturbia y los engranajes del estado se ponen en marcha. A las altas esferas  llegan rumores indeterminados de que algo raro sucede con un avión y un soldado en una aldea pérdida. Primero, los agentes de la Institución, algo parecido al KGB, y luego el ejército ponen rumbo finalmente hacia Krasnoie y el caos más absoluto se adueña de la aldea.

En resumidas cuentas, Voinovich nos entrega un libro divertidísimo, con unos personajes memorables,  por el que sobrevuela una finísima e inteligente crítica encubierta al régimen soviético. Según muchos medios, la mejor novela satírica rusa del último medio siglo.


jueves, 27 de agosto de 2026

René Araya: Noche de los cristales rotos

Idioma original: español
Año de publicación: 2026
Valoración: entre recomendable y está bien (tirando más a lo segundo)

Este libro me hubiese gustado mucho más (bueno, tanto como mucho más no, pero quizás la valoración sería un recomendable alto) si no hubiese leído Vivir abajo. Como lo leí (y para más inri me pareció una novela apabullante, excepcional, un clásico moderno), y a riesgo de sonar inmisericorde e injusto, solo puedo decir que la inspiración es evidente por todos lados. No en la prosa (y hasta ahí nomás, porque ciertas construcciones sintácticas y semánticas son calcadas a la citada novela), pero sí en la premisa y estructura. 

Para empezar, la novela se divide en cinco partes: arrancamos con un paneo del argumento, en donde uno de los protagonistas, Zárate, un policía argentino, se obsesiona con una seguidilla de crímenes cuyas víctimas siempre parecen ser de River Plate y (siendo el único que establece esa conexión) judías. Para eso,  aunque sea hincha de Racing, se tatúa una esvástica en el hombro y se vuelve parte de La Doce, la barra pesada de Boca Juniors. De ahí saltamos unos años luego de la Segunda Guerra Mundial, donde el autor nos cuenta de un nazi fugitivo que se refugia en la casa de dos curas homosexuales italianos, cuyos mambos mentales serán de lo menos interesante de leer en toda la novela, ya que, en realidad, solo tiene importancia Kohl, el nazi, y su relativa transformación en un anónimo que escapa hacia rumbos latinoamericanos. Y de ahí desembocamos en la verdadera tríada de personajes de la novela: el ya citado Zárate, Olivera, un policía paraguayo que está perdidamente enamorado de la tercera pata de esta historia, Elisa Feldman, una cazadora de nazis que ayuda a Zárate a buscar al responsable de los crímenes y a la vez persigue su propia obsesión, la de encontrar la hemeroteca del horror en algún punto de Latinoamérica donde haya habido una dictadura, una vasta colección de cintas filmadas todas en campos de concentración, con interrogatorios, torturas detalladas y asesinatos, para cerrar con cierta explicación de todo lo sucedido y retomar personajes que parecían olvidados (personajes que, si el lector está atento, se adivinan su participación en el misterio clave del libro, el paradero de las cintas).

Como ven, hay gran parte de Vivir abajo en esta novela. El tema del horror, de la paranoia de los personajes, de cintas escondidas en sótanos (como un George Benett buscando a su padre en varias dictaduras latinoamericanas), de historias dentro de historias que llevan o no a algún lado, de conexiones insólitas entre la cultura y el miedo (por ejemplo, la comparación de las canchas de fútbol con los campos de concentración, de la que estoy bastante seguro que ya existía en Vivir abajo, o las citas permanentes a películas que redefinen la vida de los protagonistas), de personajes cultos que mágicamente conocen todo lo que sus interlocutores refieren (exceptuando a Olivera, que no sabe nada de nada salvo de dibujitos animados, el personaje mejor trazado) y que monologan constantemente en un esfuerzo de escapar de la soledad (el tema es que no basta con mencionar torturas y contar una historia ingeniosa para que automáticamente se convierta en una parábola de la mugre infinita de la humanidad). Pero en donde Faverón Patriau lo hace con naturalidad, incorporando sus influencias de manera orgánica (Bolaño, sobre todo, y hasta mejorándolo a mi gusto), acá todo se siente forzado, como si el autor hubiese pensado que hacer un copia y pega de ciertos temas y trucos literarios (ciertos diálogos, ciertas terminaciones de reflexiones parecen un manual de cómo tener el tono de otros autores) bastara para convertirla en una buena novela.

No quiero únicamente criticarla por el lado de la comparación (porque parecerlo asegura un mínimo de calidad nada despreciable) ni quiero rebajar los méritos de una novela que, por sí sola, cuenta con cierta potencia reseñable, pero es inevitable. En contraposición, puedo decir que algunos relatos tienen originalidad y consiguen casi siempre el impacto buscado (la historia de los dentistas cazadores de nazis es buena), y la parte central del libro, donde los tres personajes van entrelazando sus tramas mediante fragmentaciones narrativas y saltos temporales, posee una buena técnica y escenas perturbadoras (la sección de la madre de Elisa siendo cuidadora de una obesa mórbida, por ejemplo). El problema es que Araya busca una circularidad (lo que Tom Spanbauer llamaría escritura peligrosa) que no consigue: la repetición de conceptos (el horror, las cintas, el nazismo, la contraposición del paradisiaco paisajismo latinoamericano con la maldad escondida, incluso frases y chistes que retoman otros personajes) no termina de funcionar porque siempre tenemos la sensación de que calcula dónde ponerlos, como una forma de avanzar la trama, y poco más. Entonces, le pongo esa valoración porque el libro es ameno (sacando la parte de los sacerdotes, que me parece larga al pedo y te hace pensar en abandonar la lectura), tiene buenos diálogos e ideas, pero falla en solidificar lo que hubiese sido una buena idea a costa de basarla casi punto por punto en otro libro de calidad superior. Una pena, porque, como dije al principio, si no hubiese leído ese libro, este me parecería un poco mejor.

miércoles, 26 de agosto de 2026

2x1: El truco de los espejos y Los trabajos de Hércules de Agatha Christie

Idioma original: 
inglés
Título original: They do it with mirrors o Murder with mirrors / The labours of Hercules
Traductor: C. Peraire del Molino / A. Soler Crespo  
Año de publicación: 1952 / 1947 
Valoración: está bien / muy recomendable 
 
El verano es un momento ideal para leer, o releer (como es el caso), aquello que se podría llamar comfort literature: aquella que no cambia el mundo ni revoluciona nuestra vida, pero que, precisamente por lo que tiene de conocido y de esperado, nos proporciona horas de placer y de entretenimiento. No voy a usar la expresión "placer culpable", porque no hay ningún motivo para sentirse culpable por aprovechar los días de vacaciones para tirarse a la bartola y leer un par de libros de esa maestra de la literatura policiaca, y de la vida en general, que es Agatha Christie
 
En esta ocasión han caído dos libros de la bonita colección publicada por la editorial Molino que he recuperado en casa de mis padres: una novela y una colección de cuentos (aunque formando un ciclo casi novelesco) que, además, presentan a los dos detectives más emblemáticos de la escritora, Miss Marple y Hércules Poirot respectivamente. Y aunque he disfrutado con los dos, porque leer a Agatha Christie es siempre reencontrarse con una maestra del género, debo decir que el segundo libro me ha gustado más que el primero.
 
El truco de los espejos es una novela bastante convencional dentro de la producción policiaca de su autora: en ella, Miss Marple se "autoinvita" a la casa de una antigua amiga, Carrie Louise, que vive en una mansión grandiosa que sirve, al mismo tiempo, como sede de un experimento correccional de jóvenes delincuentes. Alli se reúne el habitual coro de personajes secundarios, destinados a servir como sospechosos: el marido actual de Carrie Louise, los hijos de sus anteriores maridos, su nieta y su marido americano, la asistenta, el secretario... Y, como es de esperar, hay un asesinato, y una investigación, y todos los habituales trucos y giros del género. 
 
Aunque me lo pasé tan bien como siempre leyendo esta novela, no me dejó demasiado satisfecho, en primer lugar porque, como decía antes, es bastante "formulaica": la primera mitad de la novela se dedica a presentar con morosidad a todos los personajes y sus interacciones, algo que es marca de la casa de la escritora; después tiene lugar el crimen, y en la segunda mitad tanto Miss Marple como el inspector Curry interrogan a cada uno de los sospechosos, hasta reunir todas las piezas del puzzle. Hay aún un segundo crimen, antes de la esperada y esperable resolución final, como mandan los cánones. Es cierto que en las novelas "de género" parte del placer se basa en la repetición pero, en este caso, me faltó, también, ese elemento de sorpresa u originalidad que eleva una obra por encima de su molde. 
 
El segundo motivo por el que la novela me dejó un poco frío fue que, en fin, sin querer dármelas de listo, conseguí adivinar cómo se había cometido el crimen desde bastante pronto, lo que es muy poco habitual en las novelas de Agatha Christie. "No puede ser tan obvio", pensé, esperando el sorprendente giro final, y genial, a la que nos acostumbra la autora. Así, cuando ese giro no llegó que quedé un poco "chof", por decirlo en términos técnicos.
 
En cambio Los trabajos de Hércules me pareció una pequeña joya y una genialidad de la escritora, que se basa en la homonimia de su detective Hércules Poirot con el héroe clásico para plantear doce casos que corresponden, de forma no siempre evidente, con cada uno de los doce "trabajos" originales ("El león de Nemea", "La hidra de Lerna", etc.), elegidos por el propio detective como cierre y culminación de su carrera. Es en ese sentido curioso ver a un Poirot crepuscular, famoso y respetado como una celebrity de su tiempo, que planea retirarse para dedicarse al cultivo de calabacines, ¿o quizás a una inesperada historia amorosa? Curiosamente, varios de estos casos parecen manifestar algunas preocupaciones sociales de la escritora (las drogas, los tabloides, las sectas), lo que da a algunas de estas historias un curioso aire didáctico.
 
Naturalmente, tratándose de cuentos de extensión relativamente breve no hay espacio para toda la exposición de personajes y ambientes, para los red herrings habituales o para investigaciones detalladas y minuciosas; son, más bien, chispazos de genio del detective, que en un corto espacio de tiempo tiene que abrirse paso entre apariencias y engaños, para desenmascarar a los auténticos culpables. Así, en las páginas de este volumen caben casos de chantaje, fraude, difamación, tráfico de drogas, robos y, por supuesto, asesinatos, en una secuencia de eventos entrelazados que llevarán a Poirot, como al Hércules clásico, a recorrer miles de kilómetros en busca de respuestas. Por otra parte, la continuidad narrativa de todos los casos, así como la reaparición de algún personaje secundario (y por supuesto, la analogía con el Hércules clásico), ayuda a que el volumen vaya más allá de la mera suma de cuentos independientes, para convertirse en una obra unitaria y coherente.
 
Solo puedo terminar agradeciendo a Agatha Christie por haberme proporcionado unas cuantas horas de entretenimiento, y por haberme trasladado a la época, cuando era más joven y tenía más pelo, en que leí estos libros por primera vez.
 

martes, 25 de agosto de 2026

Ingeborg Bachmann: Malina

Idioma original: alemán
Título original: Malina
Traducción: Isaberl Hernández
Año de publicación: 1971
Valoración: está bien


Esto no va a ser fácil. Porque la reseña de hoy trata sobre una obra altamente compleja, críptica y de estructura inconcreta. Porque la reputación de Ingeborg Bachmann la precede y está considerada como una de las autoras más relevantes de mediados del siglo XX e incluso fue nominada al Premio Nobel. Pero esos logros no significan que la lectura de su obra sea fácil ni satisfactoria ni tampoco placentera. Y en esas estamos, intentando cuadrar una reseña.

Empieza el relato con una breve introducción que encajaría perfectamente en una obra de teatro, pues con un par de páginas la autora detalla la lista de los pocos personajes que intervendrán en este relato, así como sus más destacadas características. Así, tenemos a Ivan, nacido en Hungría pero que vive en Viena (lugar en el que transcurre la acción) y tiene un trabajo regular. También menciona a Béla y András, sus hijos de siete y cinco años, así como a Malina, que ha cumplido los cuarenta y es un autor empleado en el museo del ejército austriaco. Por último, se presenta a ella misma, de la que conocemos más bien poco pues su descripción es algo ambigua, mencionando principalmente que ha tenido varias profesiones (no mencionadas) así como diferentes hogares (de los que tampoco da ninguna información). A partir de aquí, empieza la novela con un inicio algo sorprendente, pues el relato empieza in media res y de manera introspectiva, a través de una narración en primera persona del singular con una protagonista sin nombre y que se dirige al lector de manera casi epistolar, como una suerte de confesión en un relato que podría acercarse más a un diario que a una novela. Y es que la protagonista de este texto (que podríamos ubicar hacia los años setenta del siglo pasado) nos cuenta su vida desde su absoluto punto de vista. Así, descubrimos que Malina y ella viven juntos, en una relación difícil pues, tal y como confiesa, «durante años mi relación con Malina consistió en desafortunados encuentros, malentendidos grandísimos y algunas estúpidas fantasías (…) de todas formas, desde el principio estuve siempre por debajo de él, y muy pronto tuve que haber sabido que se convertiría en mi perdición, que el puesto de Malina ya estaba ocupado por Malina antes de que él se instalara en mi vida». Así, somos conscientes de esta desigual relación de la que ella intenta evadirse a través de su relación con Ivan, un amante con el que intenta encontrarse cuando puede y, cuando no, al menos llamarle para poder charlar con él y conseguir así una posible vía de escape de una vida que se antoja opresiva a pesar de que con Ivan tampoco es muy diferente, pues tiene con él una relación altamente absorbente que la empuja a sacrificar plenamente su vida y a dejarla a expensas de él, y es que, tal y como afirma: «aunque seguro que Ivan ha sido criado para mí, nunca podré reivindicarlo exclusivamente para mí. Porque ha venido para que las consonantes vuelvan a ser sólidas y tangibles, para que las vocales vuelvan a abrirse y resuelven plenamente, para que las palabras vuelvan a brotar de mis labios, para restablecer las primeras relaciones destruidas y solucionar los problemas, y no me alejaré ni un punto de él, de que nuestras iniciales idénticas y envidiosas, con las que firmamos nuestras breves notas, coincidan, se sobrescriban». Así, en ese cegamiento del que la protagonista es consciente y que reconoce al afirmar que «en su presencia enmudezco (…) estoy agradecida de poder prepararle su bebida y la comida, de limpiarle los zapatos a escondidas de vez en cuando», ella intenta encontrar una salida, una esperanza.

Tras haber leído unas pocas páginas y a pesar de la alta calidad de la prosa de la autora, uno ya toma consciencia del primer escollo de la narrativa de Bachmann: el exceso de referencias a otros libros sin ninguna relación con esta obra y sus correspondientes notas al pie, lo que lastra la lectura y aporta más bien poco. Estas referencias a menuda son en relación a frases de libros que ha leído la autora, a edificios con los que la protagonista se encuentra en sus paseos, etc.… que quizá puedan interesar a eruditos o críticos literarios, pero para el lector convencional suponen más una molestia que una ayuda, pues añade una carga innecesaria a la lectura sin aportar información necesaria al argumento (a modo de ejemplo, la autora escribe «vendrá la muerte» y esta frase tiene una anotación a pie de página indicando que hace referencia a un poemario de Cesare Pevese). El segundo escollo con el que nos encontramos es la complejidad del texto; a pesar de que uno está más que avezado al monólogo interno y a sus posibles y derivados excursos, en este caso el texto se alimenta y se excede en el desorden y el desvarío, pues no se sabe muy bien qué relación hay entre la protagonista e Ivan así como con Malina. También el abuso del monólogo interior, de las reflexiones y los desvíos y los desajustes mentales de la protagonista no ayudan a su comprensión, ni a conocer cuál es el propósito de la novela ni qué pretende contar la autora con ella. Afortunadamente, una vez nos acostumbramos al estilo y a la narración, el propio ritmo agitado de la narración nos permite avanzar en la lectura de manera ágil y rápida y vamos entendiendo no tanto lo que sucede en la vida externa de la protagonista, como sí lo que transcurre en su interior, en un descenso al pozo de la locura que le causan conmoción y zozobra. Es en este momento, hacia el final del libro, donde uno no puede olvidar a Tove Divletsen y su obra «Las caras», pues nos adentramos en la psique de una mujer enferma que sufre el deterioro de su juicio y sus facultades mentales (algo que probablemente tiene su causa en el estado de la autora al escribirlo pues, como Divletsen, también estuvo internada en la etapa final de su vida en una clínica a causa de un ataque de nervios y fue también sometida a repetidos tratamientos médicos desarrollando una adicción a los medicamentos y psicofármacos).

Por todo ello, a pesar del propósito de la autora en construir un relato donde de manera tangencial denuncia temas de calado como la sociedad patriarcal y los efectos del holocausto o también la opresión y la cordura, la lectura del libro no ha conseguido atraerme pues su exceso de cripticidad, el argumento no lineal y la falta de un hilo narrativo claro y sus excesivas notas de página que aportan poco al relato, me han dejado con sensaciones encontradas y tan solo únicamente en el tramo final he podido disfrutar de él. En todo caso, contra gustos los colores así que quizás otros lectores habrán podido disfrutar más de esta novela inquietante, atrevida e innovadora en el que la narración sobre la enajenación, la opresión y la incapacidad de la protagonista para entender el mundo que la rodea son sus puntos más destacados.

lunes, 24 de agosto de 2026

Ignacio Peyró: El español que enamoró al mundo


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ioma original: español

Año de publicación: 2025

Valoración: muy recomendable

Primero, hagamos las debidas presentaciones. Julio Iglesias me repugna. Absolutamente. Desde su música, canción romántica reducida a susurros para ensoñaciones eróticas light, hasta sus influencias (quién puede perdonar a sus hordas de émulos, empezando por el nauseabundo Bertín Osborne) y ya no digamos su desacomplejada pose ideológica y su ostentosa existencia, sin perjuicio de su machismo recalcitrante, demostrable más allá de suposiciones recientes.

¿Y qué narices hago yo leyendo algo que se podría validar como una biografía suya?

Bueno, he de decir que lo primero que seduce del texto de Ignacio Peyró es cómo el autor establece distancias, de manera tan sutil como constante, esos contrapuntos, esas notas a pie de página, ese sarcasmo que recorre el texto, una ironía postmoderna de un autor que ya entiende que sabemos muchas de las cosas que va a explicar, que está tratando con un material que forma parte ya no del dominio público sino del imaginario generacional más básico, y que sabe que el lector no le perdonará que los elogios se extiendan más allá de lo que nos resulta confortable. Entonces, descontemos que hablará de su perseverancia para obtener un éxito global, descomunal, de sus hazañas de alcoba, excesivas, descontroladas, de sus esposas y novias, de sus líos con representantes que buscarán - esperando lo que haga falta - venganza. Aunque resulte que a su entorno, a todos aquellos que le catapultaron al éxito, rara vez se les recuerda por sus caras, si acaso por sus nombres, eran aquellos que estaban al lado o detrás, mientras él se ponía al frente e interpretaba (va, cantaba) sus omnipresentes éxitos, o, por ejecutar una reducción casi cacofónica, follaba y se forraba.

Obviamente los mejores tramos del libro son aquellos que acumulan nombres y pequeños detalles desconocidos que configuran su personalidad, que relatan su periodo glorioso, digamos hasta los años 90, no voy a revelar detalles, pues son esos párrafos, que Peyró escribe brillantemente desde una óptica ligeramente crítica, eso sí, sin especulaciones de caracter morboso que acercarían este texto a lo sensacionalista, pero dejando algunas piedras en el camino, algunas socavadas perlas que, sin tildar directamente a la estrella de mezquino, de avaricioso, sí que corroboran que este texto no pretende obtener su beneplácito en modo alguno, tanto menos cuando desmiente algunos aspectos que han sido convenientemente pulidos para dulcificar la historia del cantante. En consecuencia, ese tramo final, cuando Iglesias, ya con cierta edad, ha dejado de aparecer en público con frecuencia, y todo lo que se sabe de él es a través de la gestión administrativa de su fortuna, añadiendo que, con la estabilidad de su matrimonio, su vida sexual/sentimental ha abandonado el ritmo agotador de sus años dorados.

Gracias a Peyró, entonces, que ha renunciado a ejecutar una biografía al uso y tampoco ha sucumbido a la especulación.

domingo, 23 de agosto de 2026

Lisa Tuttle: Nido de pesadillas

Idioma original: Inglés 


Título original: Nest of nightmares

Año de publicación: 1986, 2023

Traducción: Marian Womack

Valoración: Bastante recomendable 

Segunda aparición de Lisa Tuttle en este sacrosanto blog y segunda valoración más que favorable de su obra. Y si en la primera ocasión hablamos de Mi muerte, novela de unas 140 páginas, esta vez es el turno de Nido de pesadillas, colección de 13 relatos de alto nivel medio que guarda ciertas similitudes con la novela, especialmente en su aspecto onirico,  gótico y tenebroso.  

Hablamos de 13 textos de terror íntimo y perturbador, según dice la contracubierta. Eso es innegable pero yo diría que son textos sobre la soledad, la incomunicación o la confusión y sobre los efectos o consecuencias que estos tienen sobre los personajes, siempre femeninos, que los protagonizan. En este sentido, hay una frase en el relato Sun City que resume a la perfección el tono del volumen: No había razón para que estuviera allí, no en aquel edificio, ni en El Paso, ni en Texas, ni en esta vida. Pero ahí estaba, siguiendo adelante como si todo tuviese algún propósito.

Sea como fuere, el comienzo del volumen es realmente impactante. Nido de bichos es un relato magnífico tanto por el uso de la simbologia como por su construcción en base a diferentes paralelismos, Hamburguesas de carne de muñeca impacta por su sorprendente giro final y Bienes compartidos, mi relato favorito, deslumbra por su terrorífica simplicidad. 

Los siguientes relatos mantienen algo el nivel gracias a telarañas de vidas y deseos (Vuelo a Bizancio), a la hermosa tristeza de Recorriendo el laberinto, al terrible final de El dios caballo o a la atmósfera gótica de Necesidad.

Quizá cierta reiteración en los temas y obsesiones haga que el interés decaiga hacia el final del volumen (esta era mi sensación a medida que avanzaba). Afortunadamente, el brontiano relato El nido, fantasía "infantil" en el que la incomunicación y la simbología del nido juegan un papel fundamental, pone un broche final a la altura del conjunto y hace que la impresión que quede tras cerrar el libro sea más que favorable.

También de Lisa Tuttle en ULAD: Mi muerte

sábado, 22 de agosto de 2026

Olga Guirao: Adversarios admirables

Idioma original: español 

Año de publicación: 1996

Valoración: muy recomendable

No me gusta demasiado la idea del escritor que escribe por escribir. Tal vez conservo la visión romántica, y un poco ingenua, de que quien se atreve a escribir algo lo hace porque tiene algo que decir y considera que alguien más necesita escucharlo. Está de más aclarar que solo quienes tienen razón en esto logran contar historias interesantes, no sin el pequeño pero indispensable detalle de ser capaces de narrarlas de una manera mínimamente cautivadora.

Y aquí está el motivo de esta introducción. En muchas ocasiones pareciera que algunos escritores no tienen nada importante que decir y, aun así, se atreven a publicar. Dostoyevski, Chinaski y Hemingway escribían a partir de sus experiencias personales; incluso las buscaban, convencidos de que eran indispensables para sus obras. Al igual que yo, parecían creer que «los dioses traman desdichas y sufrimientos para los mortales con el fin de que las futuras generaciones tengan historias que cantar», y que solo las grandes historias merecen ser contadas.

Sin embargo, de vez en cuando me encuentro con autores que me obligan a cuestionar esta idea: escritores capaces de contar historias que, reducidas a su argumento, no podrían ser más triviales y que, aun así, están narradas con tal habilidad que la forma termina imponiéndose al fondo.

No puedo asegurarlo respecto a toda su obra, pero, al menos en este libro, creo que Olga Guirao es una de esas autoras.

El argumento de la novela no podría ser más baladí: una pareja atraviesa dificultades económicas, lo que agrava todavía más una relación ya deteriorada, marcada por infidelidades, mentiras y traiciones. Ya saben: el pan de cada día.

La autora no necesita recurrir a grandes acontecimientos, tragedias históricas ni personajes excepcionales para mantener el interés del lector. Le basta con observar de cerca el desgaste de una relación y narrar las pequeñas crueldades, frustraciones y contradicciones que se acumulan en la vida cotidiana. Lo que, contado de otra manera, podría parecer el argumento de una telenovela, adquiere aquí una profundidad inesperada.

El título, Adversarios admirables, resume bien la naturaleza de esa relación. Los protagonistas parecen conocerse lo suficiente como para identificar las debilidades del otro y utilizarlas en su contra. Hay entre ellos una mezcla de resentimiento, dependencia y fascinación, pero son enemigos que de alguna manera se necesitan.

Tal vez, después de todo, no sean únicamente las grandes desdichas concebidas por los dioses las que merecen convertirse en literatura. También están las pequeñas derrotas domésticas, los rencores acumulados y las mentiras que se dicen dos personas mientras comparten la misma casa. En manos de una escritora como Olga Guirao esto es posible.

viernes, 21 de agosto de 2026

Jack Ketchum: Temporada baja

Idioma original: Inglés
Título original: Off Season
Traducción: María Pérez de San Román
Año de publicación: 1980
Valoración: Está bien (aunque no para todo el mundo)

Imaginaos una película "slasher" con unos protagonistas que no son totalmente odiosos, un grupo de villanos numeroso y salvaje, varias muertes grotescas, un ritmo frenético y un tono completamente desesperanzador. Pues bien, esa película se asemejaría a Temporada baja, la primera novela del renombrado escritor de terror Jack Ketchum.

Dicha novela fue despiadadamente corregida y censurada por sus editores originales, quienes la consideraban demasiado violenta, sexual y desoladora (sobre todo por el clímax). Por suerte, La Biblioteca de Carfax tradujo al español una versión de la misma que, sin ser la primigenia (esta, desgraciadamente, se ha perdido para siempre), cumple los designios de Ketchum. Y eso implica que es más incómoda, macabra, brutal y cruel de lo que gustaría a ciertos meapilas.

Sin ser compleja o memorable, Temporada baja satisfará a los amantes del terror extremo. A fin de cuentas, su acción, aunque trepidante, permite conocer brevemente a los personajes y simpatizar con ellos; su clímax es deliciosamente despiadado; algunas de sus escenas estremecen por su nivel de perversidad y casquería; y sus protagonistas toman decisiones bastante inteligentes y se defienden razonablemente bien, teniendo en cuenta las circunstancias.

A mi juicio, Temporada baja tiene dos falencias. Por un lado, me chirría el enfoque sexual de la primera mitad de la historia (hay, por ejemplo, un personaje siendo victimizado por los villanos que se pone a pensar en su cuerpo desnudo de una manera erótica); si la novela no se tomara en serio a sí misma, o mantuviera dicho enfoque hasta el final, quizá no me molestaría demasiado, pero no es el caso.

También reprocharía a Temporada baja que obligue a suspender la incredulidad en demasía. ¿Cómo es que los caníbales no han sido descubiertos antes por las autoridades, pese a que nunca han sido discretos? ¿Cómo es que pueden sabotear un coche pero no parecen haber aprendido sobre los peligros de las armas de fuego?

En cualquier caso, Temporada baja da lo que promete pese a su irregularidad: una historia de supervivencia cruda y visceral que estremecerá a los lectores con el estómago delicado y hará relamerse a los partidarios del "splatterpunk", quienes encontrarán en estas páginas una de las semillas que ayudó al género a proliferar.


También de Jack Ketchum en ULAD: Aquí

jueves, 20 de agosto de 2026

Tom Sharpe: Una dama en apuros

Idioma original: inglés

Título original: Vintage Stuff

 Año de publicación: 1982

Traducción: José Manuel Álvarez y Ángela Pérez

Valoración: está bien

Además de escritor de novelas desopilantes y activista antiapartheid en Sudáfrica, Tom Sharpe se dedicó profesionalmente a la enseñanza durante varios años de su vida y, como no podía ser de otra forma, las instituciones educativas británicas no escaparon a la disección inclemente y más que divertida de su mirada. desde la cuestionable formación profesional setentera en Wilt -recordemos las entrañables Mecánica tres o Carne Dos- como la no menos dudosa, aunque más  prestigiosa, universidad en Zafarrancho en Cambridge y Becas flacas. No podía ser menos en el caso de una institución tan típicamente british como son los colegios privados más o menos elitistas -en el caso del que aparece en la novela, más bien menos-; en este caso el colegio que nos encontramos es el no demasiado brillante por sus resultados académicos Groxbourne, pero que tiene la ventaja de ser poco escrupuloso en la admisión de sus alumnos. Ventaja, al menos, para el infortunado señor Clyde-Browne-, exitoso abogado que tiene la desgracia -al menos, es lo que considera él, no así su esposa- de que su hijo Peregrine es un tanto... digamos peculiar: un chaval que sufre algún tipo de trastorno (hoy diríamos un TEA de nivel I o quizás II) que le hace entender cualquier frase, y no digamos ya orden, de forma estrictamente literal. Lo cual, unido a su envergadura y fortaleza física, cuando crece le convierten en un bigardo temible pero más tonto -para lo que no sean cuestiones prácticas, hay que reconocerlo- que una piedra (si habéis visto alguna peli de los Guardianes de la Galaxia, pensad en Drax el Destructor, pero con pinta de adolescente británico).

En el colegio el joven Sancho Peregrine encuentra a su Quijote, el profesor Glodstone, que viene a ser otro adolescente, pero madurito y con un ojo de cristal al que le han sorbido el seso las novelas de aventuras más populares en el Reino Unido a lo largo del siglo XX, como las de Bulldog Drummond o Biggles, de las que embebe también a Peregrine, mientras ansía vivir una aventura parecida a las de sus ídolos. La oportunidad aparecerá cuando otro profesor, Slymne, que se la tiene jurada por rivalidades personales, le tienda una trampa con la que le hace creer que la madre de otro de sus alumnos, la condesa de Montcon -el título tiene cierta guasa- precisa de su ayuda por estar en manos de unos facinerosos. Así que, ni cortos ni perezosos, hacia el castillo francés en el que reside la condesa se encaminan profesor y alumno, dispuestos a lo que sea con tal de vivir la aventura de su vida y rescatar a la dama en apuros del título en español. No hace falta haber leído muchas novelas de Tom Sharpe para adivinar que la cosa acaba como el rosario de la aurora. La trama, ante la estupefacción y la diversión del lector o lectora, se va alambicando y enredando en una serie de "catastróficas desdichas" hasta llegar al desastre final -en este caso, internacional... y no debo contar más-; es necesario decir que, como en la vida misma y a pesar de sus delirantes acciones, los personajes no acaban necesariamente de la mala manera que cabría esperar... no todos, por lo menos.  

Ciertamente, no es ésta una novela exquisita y ni mucho menos "intelectual", no cabe esperar que acreciente el saber o incite a reflexionar sobre la complejidad del mundo y de las relaciones humanas (bueno, quizás un poco) en quien se decida a leerla. Pero, en cualquier caso, os lo aseguro: las risas están garantizadas.

Más títulos (demasiado pocos) de Tom Sharpe reseñados en Un Libro Al Día: Wilt, Becas flacas, Lo peor de cada casa, Los Grope, La gran pesquisa

miércoles, 19 de agosto de 2026

Laura G. de Rivera: Esclavos del algoritmo

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2025

Valoración: Está bien


Comentarios previos: supongo que es notorio que en este blog no nos gusta la IA, al menos en lo que pueda tocar a la literatura, la creatividad o la opinión, ni tan siquiera en funciones de acompañamiento o corrección. Personalmente no la he utilizado nunca, al menos de forma consciente, ni pienso hacerlo si puedo evitarlo. La segunda puntualización sería que ni siquiera distingo bien lo que es la IA de los algoritmos que gobiernan, entre otras muchas cosas, el funcionamiento de la mayoría de aplicaciones que utilizamos. Quiero entender que son dos cosas estrechamente relacionadas, pero ni siquiera la lectura de este libro me ha servido para clarificar conceptos. 

Este es básicamente un libro de denuncia, como deja bien claro su título y subtítulo (‘Manual de resistencia’, ejem), es decir, ante un fenómeno-descubrimiento-herramienta rabiosamente actual, la periodista autora levanta la mano para alertar sobre sus peligros, sus sesgos, atropellos que implica, negocios multimillonarios que sustenta. La IA (y/o el algoritmo) no son cosas inocuas, dice Laura G. de Rivera, son instrumentos concebidos en primer lugar como un gran negocio del que se benefician los tecnoligarcas que todos conocemos y algunos que no, se nutre de los datos que nos han robado (y siguen robando) de todas nuestras comunicaciones privadas, muestra sesgos peligrosos hacia la radicalización política (vende siempre lo más llamativo), impulsa sin recato al consumo y la dependencia tecnológica, explota materias primas de países pobres además de a sus propios trabajadores, deriva en prácticas de videovigilancia masiva en perjuicio de la privacidad, consume enormes cantidades de recursos que agravan el cambio climático… y no sé cuántos horrores más.

Repito desde mi desconocimiento de ese mundo que no sé si todo esto es atribuible exactamente a la IA o a esos misteriosos algoritmos, pero tanto da. Hablamos de esa tecnología que tiene sorbido el seso a la gente con sus maquinitas cada vez más caras y sofisticadas, y de aplicaciones progresivamente más oscuras que escapan a nuestra comprensión hasta que alguien denuncia todo este tinglado. Muchos de estos denunciantes, investigadores, expertos en diversas materias, periodistas como la propia autora, y personajes como el famoso Edward Snowden siembran de citas más o menos apocalípticas el libro entero avisando de los peligros, denunciando el fabuloso negocio, llamando a esa resistencia que, la verdad, no tiene muchos visos de hacerse efectiva en una sociedad en la que somos 

'Increíblemente lerdos a la hora de dejarnos embaucar por todo lo que huele a modernidad y moda'

Cierto, desde luego, cuando deglutimos una y otra vez anuncios según los cuales sin una aplicación adecuada (y conexión, datos) no es posible viajar, ni elegir un restaurante, estar conectado equivale a estar vivo y hay quien es ya incapaz de escribir un simple correo sin consultar a Chat GPT. Incluso hay quien se sirve de estas tecnologías para hablar de literatura, hay que ver.

Siempre está bien que haya quien levante estas banderas, que para captar la atención deben mostrar radicalidad y cierto grado de intransigencia. ¿Qué sería del mundo actual si hace medio siglo no hubieran nacido movimientos ecologistas y antinucleares mostrando los espantos de un planeta asfixiado por la voracidad de la industria contaminante y el crecimiento a cualquier precio? Otra cosa es que uno, ya al tanto de lo denunciable, para obtener información espere algo un poco más equidistante (ya, suena muy mal), unos datos con menor carga que nos permitan valorar mejor las ventajas e inconvenientes de lo que se nos ofrece. Además de lo que el libro pone encima de la mesa quisiera conocer, humilde profano, a qué utilidades se está abriendo la puerta en materia, qué se yo, de medicina, industria, investigación. Cosas en las que esos inventos, en algunos aspectos tan dañinos, pudieran servir para mejorar de verdad la vida de la gente.

Tiene su mérito reunir tantos datos sobre los peligros de la tecnología y sus efectos indeseados, pero por ese mismo camino sería perfectamente posible (y a buen seguro se habrá hecho ya) denunciar el daño provocado por otras tantas realidades económicas que tienen también su lado oscuro, la moda, el turismo masivo, las distintas fuentes de energía, el negocio del fútbol, las grandes infraestructuras, el propio internet sin ir más lejos. ¿Nos negamos en redondo a todo ello, o más bien necesitaríamos conocerlo en todas sus perspectivas para poder valorarlo adecuadamente?


martes, 18 de agosto de 2026

Maryse Condé:Victoire, la madre de mi madre

 Título original: Victoire, les saveurs et les mots

Idioma original: francés

Traducción: Martha Asunción Alonso

Año de publicación: 2025

Valoración: Recomendable


La fallecida escritora antillana Maryse Condé tuvo el honor de conseguir el premio Nobel alternativo del año 2018 en una edición en la que el premio Nobel oficial no se concedió por un turbio asunto judicial.

Desde hace unos años la editorial Impedimenta ha recuperado la obra de Condé, obra que está profundamente enraizada con las vivencias de la escritora en la Antillas francesas, sobre todo con la isla de Guadalupe, de donde era originaria.

En esta ocasión, la escritora nos traslada en un ambiente, a menudo onírico, una vez más a Guadalupe para narrarnos la historia de su abuela materna, Victoire Elodie Quidal, una nativa que se convirtió en una cocinera de reconocido prestigio en su época. En un universo donde se mezclan negros, mulatos y blancos descendientes de los primeros colonizadores, Victoire supone una rareza porque su piel, como nos señala la escritora, es de una blancura australiana. 

Victoire sólo se comunica en criollo. No aprendió francés, que era el idioma oficial en el archipiélago, y quizás por ello y por un carácter retraido que le impide comunicarse sobre todo con la clase dominante francesa, lleva una vida tranquila y silenciosa. Sin embargo, Victoire encuentra un lenguaje para comunicarse con los demás: es una cocinera prodigiosa y sus platos pasan a ser alabados por la burguesía francesa que acude a las reuniones que se celebran en el domicilio del matrimonio Walberg, lugar donde reside Victoire. 

Las excelencias culinarias de Victoire y su extraño color de piel hace que sea una figura muy reconocible no sólo entre la élite blanca, sino entre los supersticiosos nativos de la isla.

Con un lenguaje muy cuidado y poético, a menudo incluyendo palabra criollas o incluso españolas, Maryse Condé nos irá narrando con mucho mimo y detalle los avatares de la azarosa vida de nuestra protagonista y, a través de su vida, iremos viendo las lentas trasformaciones del mundo colonialista en las Antillas francesas. Poco a poco los dueños blancos de las plantaciones de azúcar y café se verán obligados a ceder su dominio absoluto sobre la vida de los habitantes de las islas y una nueva generación, donde los negros son mayoría, irán accediendo a cargos de poder e irán cambiando las relaciones sociales en la isla.

Victoire no participará en esos cambios, no toma parte activa en la política, sus preocupaciones fundamentales son su ambigua relación con el matrimonio Walberg y su ilusión porque su hija Jeanne tenga la educación que ella no pudo tener y prospere en la vida. Precisamente su falta de entendimiento con su hija se convertirá en un trauma para Victoire que no consigue entender la falta de empatía que le muestra su hija prácticamente hasta el final de sus días. Jeanne no entiende, ni aprueba, la relación, eminentemente sexual, que Victoire mantiene con Boniface Walberg y la de amistad  con su esposa Anne-Marie. En definitiva, Jeanne es plenamente consciente de la relación de subordinación que su madre tiene con sus patronos blancos y, al igual que una nueva generación más educada y preparada de habitantes negros busca cambiar las obsoletas relaciones de poder en Guadalupe.

Resulta demoledor el juicio que Condé pone en labios de Victoire sobre su relación con su hija: "Sé que no eres feliz, a pesar de tu casa de dos plantas, tu diamante de compromiso, tu alianza tallada y ese joyero que Auguste no deja de abarrotar. Es por mi culpa. Sí, mi culpa y de nadie más. Lo eché todo a perder en el mismo momento en que te di el pecho. En lugar de fortaleza, mi leche te transmitió mis penas y mis miedos. Y todavía hoy sigo envenenándote la vida. Supongo que siempre lo he hecho, aunque mi intención fuera buena. Te merecerías una madre mejor".

Maryse Condé  radiografía la sociedad en la que vivió su abuela y dentro de ese  contexto hace un retrato a veces, cruel, a veces tierno, de la vida que le tocó vivir. No busca dotar de un carácter mítico a la figura de su abuela. Se trata de un relato sincero y emotivo de unas personas y una época a la que nos invita a asomarnos  y que Condé nos retrata con suma emotividad y delicadeza.

lunes, 17 de agosto de 2026

Doris Lessing: El cuaderno dorado

Idioma original: inglés
Título original: The Golden Notebook
Año de publicación: 1962
Traducción: Helena Valentí
Valoración: casi imprescindible

De esta novela se pueden decir muchas cosas y quizás todas válidas: novela psicológica, feminista, marxista, crítica también con las corrientes mencionadas, un complejo poliédrico de personajes contradictorios que hacen y deshacen página tras página, sin observar una (marcada) lógica o desarrollo en sus actos hasta recién los últimos capítulos, y eso solo con la protagonista. Para ser publicada en los años sesenta, se observa, a nivel superficial, una libertad extremada para todas las acciones y pensamientos, como si no existiera consecuencias, pero a la vez, en un nivel subterráneo, estas mismas acciones y pensamientos revelan la profunda necesidad de despojarse de las cadenas de la sociedad, sin lograrlo apenas, y hasta encontrando en esa rigidez un cierto confort para enfrentar y/o asimilar la alienación personal y social.

Pero antes de profundizar, abordemos primero el argumento de esta novela (que funciona como uno de los mejores ejemplos de novelas-dentro de-novelas): Anna Wulf, escritora de cierto renombre por Las fronteras de la guerra, que le permite un sustento relativamente cómodo con su hija Janet (nacida de una relación con un compañero comunista en la que nunca hubo amor), vive con Molly, una actriz de teatro, y su hijo Tommy, un muchacho taciturno que a lo largo de la novela probará adoptar distintas máscaras para encajar, sin que ninguna le sirva, y protagonista de casi todas las escenas incómodas (no por destapar trapos sucios, sino por su actitud volada en los diálogos, de los que nunca sabremos bien el objetivo de ellos). Molly tiene un ex-marido, Richard, que constantemente trata de reclutar a Tommy y de hacer que pruebe un poco más de vida (más que nada empresarial), alejada de la mirada hippie e izquierdista que comparten tanto Molly como su compañera Anna.

Este arranque, contenido bajo el subtítulo de Mujeres libres, es dificultoso a pesar de ser prácticamente una obra de teatro, ya que apenas hay descripción y sí puro diálogo. Lo que en principio parece tratarse de la relación entre Molly y Richard bajo las dualidades de dependencia/liberación, capitalismo/comunismo, hombre/mujer, se revela como un compendio de cinco partes repartidas a lo largo de la novela, y que en realidad funcionan como pausa y bajada a tierra de la verdadera historia: la de los cuadernos de Anna Wulf, que, al sentirse fragmentada en su personalidad y visión del mundo, dando tumbos con los hombres y nunca satisfecha con las sesiones de terapia ni las historias que inventa, divide sus pensamientos en diversos cuadernos, representados cada uno con un color: así, uno  significa la parte política, otro las posibles historias que podrían llegar a convertirse en una novela, otro la parte cotidiana de Anna, casi un diario, otro las sesiones con la terapeuta, otro con recortes de periódicos para destacar los hechos acontecidos en el resto del mundo, y que le sirven un poco para sacar la cabeza del ombligo. Estos cuadernos son largos y comprenden lo central de la novela; es lo que nos permite a Anna y por qué hace lo que hace. Acá se encuentra de todo, desde el pensamiento más abyecto (y al que seguro más de uno le sorprende que Lessing haya ido tan lejos, sin ningún tipo de tapujos y a costa de acarrearle muchas críticas) hasta las páginas más tristes y resignadas sobre la posibilidad de una revolución en una ciudad en el sur africano.

A partir de acá, cada lector puede preferir un tipo de cuaderno. A mí, el que más me sedujo, es esa invención (y trasposición de la vida de Anna) de una historia en donde una novelista se enamora de un casado, y en el transcurso de esa relación se dan reflexiones brillantes, arrolladoras, sobre el amor, sobre las reacciones de hombres y mujeres, sobre la naturaleza original o pervertida de ellas, todo esto mientras aprendemos, en la parte de Mujeres libres, lo que ocurre en realidad con Anna y cómo procesa ella el impacto de lo vivido (la relación con Molly, con Tommy, con Richard, con otros hombres en los que no puede encontrar su felicidad). Otro cuaderno interesante es donde transcribe todas las excusas que pone Anna para que no conviertan su novela exitosa en una película, mostrando que los mandatarios no entienden la novela y la quieren simplificar en una simple historia de (no) amor, que lo es, pero que es de todo menos simple. En contraposición, la parte de los sueños y la terapeuta se me hizo pesada, pero entiendo que es propio de la época en la que se escribió la novela, cuando los sueños representaban inherentemente la personalidad del escritor y sus personajes.

Es por eso que explicar el título de la novela sería incurrir en un adelanto clave de la novela; el porqué del cuaderno dorado se devela casi al final, y viene a representar el clímax de la trama; tanto Anna como sus lectores (nosotros) muestran su plenitud solo cuando se han leído y analizado cada sección del alma de Anna. Lessing nos dice que no somos ni lo uno ni lo otro, y el que quiera reducirnos a una simple etiqueta se equivoca profundamente. A medida que avanzamos, vemos a Anna cada vez más frustrada con las posiciones adoptadas de hace años, la vemos lidiar con la culpa que supone enfrentarse a lo que uno cree o creía, la vemos en la disyuntiva de elegir la soledad o la compañía, aun cuando esta compañía sea interesada o descuidada o simplemente mediocre.

¿Por qué no es un imprescindible, a pesar de que lo merecería? Porque no deja de ser una novela de ideas más que de personajes. Si bien la transformación de Anna puede transformarnos (sobre todo al final, luego de varias páginas áridas en las que parece que Lessing pierde el control de la historia), el resto de los personajes están construidos sobre cierta función y premisa para demostrarnos algo, atados a la intención de la narradora mas que a sus propias vidas, y ahí el lector puede concordar o no con la visión de Lessing sobre lo que representan esos personajes en el mundo, pero difícilmente alcancen a conmovernos. De todas formas, es un novelón, de ambición y prosa superior a casi todo lo escrito, y del cual se nota que la autora plasmó todo lo que tenía en un intento de cambiar la realidad, a pesar de que muchas veces, en el mamotreto que es el libro, se vea resignada a aceptar que no logrará hacerlo. Pero conmigo lo hizo. Y esta, entonces, es una de las lecturas del año.

Más de Doris Lessing acá

domingo, 16 de agosto de 2026

Anne Plantagenet. Desaparición inquietante de una mujer de cincuenta y seis años

 

Idioma original: francés

Título original: Disparition inquiétante d'une femme de 56 ans

Año de publicación: 2024

Traducción: Juan Vivanco

Valoración: muy recomendable

Una razón más por la que uno ha de vagar entre pasillos en las librerías o en las bibliotecas sin sentido y sin prejuicios. Encontrarme con un excelente texto como éste, que ha resultado ser una de las mejores lecturas de los últimos tiempos. Plantagenet sabe conjugar a la percepción las perspectivas para afrontar una situación muy delicada. Porque este libro habla de una persona con la que la autora demuestra una cierta afinidad, desde sus primeras páginas. 

Letizia Storti, empleada en una fábrica de medicamentos en una población francesa, mujer de origen italiano que, en su mediana edad, se encuentra en ese gris anonimato, tras haber sufrido en el pasado discriminación por la condición (inmigrante, incapacitada) de su madre. Accede a un modesto acceso de fama cuando, tras acudir a varios casting, es seleccionada para un modesto papel en una película. En ese papel representará algo muy cercano a su realidad. Será una activa integrante en unas protestas laborales, en una encarnizada lucha (en la ficción, luego la realidad le procurará algo parecido) entre empresa y trabajadores, para evitar el cierre de una fábrica. 

Es a través de ese contacto como Letizia traba cierta amistad con la autora. Que, sin ser una relación intensa o continua, va sabiendo de ella, de como su existencia tras ese leve acceso a algo parecido a un sueño personal va entrando en una espiral de desesperación, que acaban, apenas unos años tras ese papel, y tras varios intentos, con el suicidio de Letizia. 

Pero esto no se trata de recrear morbo ni de ensañarse en los hechos per se. Plantagenet traza un colosal retrato que es extrapolable en muchos sentidos. Sobre todo desde la perspectiva de la dinámica de clases: Storti es una mujer que se enfrenta por igual a una corporación y a un entorno que ha tomado una actitud de pasividad hostil cruel y matizada. Ha representado a sus compañeros en reivindicaciones sindicales porque sus principios han prevalecido sobre cualquier actitud egoísta. Ha sido silenciada e ignorada. Y su participación en la película ha representado un respiro, una ruptura con una situación que la está aniquilando lentamente. Luego, por diversas cuestiones, ha languidecido y ha sido ignorada y dejada de lado.

Magnífico retrato que, tristemente, es aplicable a muchas más personas de las que nos parece.

sábado, 15 de agosto de 2026

Colaboración: Gertrudis y Claudio, de John Updike

Idioma original: Inglés

Título original: Gertrude and Claudius

Traducción: Jordi Fibla

Año de publicación: 2000

Valoración: Está bien


Siempre tuve ganas de leer a John Updike, y por fin me he puesto a ello. Aunque no sé si he empezado por su mejor obra. ¡Y eso que la cosa prometía! Porque se trata nada menos que de la precuela de Hamlet, la celebérrima obra shakesperiana. Pero no consigue el autor que su propuesta despegue. 

(A continuación haré un resumen de la trama de la novela; si no conocen la obra de Shakespeare, aviso de que este resumen trae spoilers.)

Gertrudis y Claudio son, respectivamente, la madre del príncipe Hamlet y el hermano de su padre, y la novela que nos ocupa, como es de esperar, trata de ellos. La historia comienza con una Gertrudis muy joven a la que su padre, rey de Dinamarca, casa con un príncipe en un matrimonio claramente político. La unión es fructífera y la pareja tiene un hijo, Hamlet. Sin embargo, Gertrudis no ama a su marido. En realidad, durante buena parte del libro, Gertrudis no ama a nadie, ni siquiera a su pequeño. No obstante, su vida en el palacio de Elsinor transcurre de manera apacible, aunque monótona.   

Claudio es el cuñado de Gertrudis, y lleva una existencia opuesta: viaja constantemente por tierras lejanas, conociendo culturas exóticas, y volviendo a Dinamarca solo de vez en cuando para cumplir con sus obligaciones administrativas. En estos regresos suyos, comparte sus andanzas con la reina, que en su aislada soledad le escucha con avidez y curiosidad.

Poco a poco, como es previsible, Claudio y Gertrudis se van acercando, hasta el punto en que descubren que entre ellos hay amor. Los dos son cautelosos, conscientes de lo difícil de su situación, y no será hasta su madurez cuando se dejen llevar por sus sentimientos. A la vejez, viruelas. 

Después de un tiempo, el rey descubre que su esposa le es infiel con su hermano, lo cual lleva a que este decida asesinarle. La novela, en fin, termina con la boda de Gertrudis y Claudio, que es el punto de partida de la obra de Shakespeare. 

El libro, de poco más de 200 páginas, está estructurado en tres partes, correspondientes a distintas etapas de la vida de sus personajes. La primera se centra en el arreglo y el desarrollo del matrimonio de Gertrudis, y es bastante lenta. El ritmo cambia cuando aparece Claudio, en la segunda parte, y de repente es hasta precipitado. Y llegamos así a la tercera y última parte, que es muy corta, casi apresurada. 

En cada parte, los nombres de los protagonistas son diferentes: primero son arcaicos, luego se van modernizando, y finalmente se latinizan y coinciden con los del Hamlet de Shakespeare. Imagino que el autor pretende con esto (re)contextualizar la historia en la Escandinavia medieval, pero en mi opinión lo que consigue, aparte de parecer un poco pretencioso, es que el paso de una etapa a otra resulte poco fluido. Tampoco ayuda que el estilo narrativo sea algo ostentoso y con muchas florituras (lo que los anglosajones llaman “prosa violeta”; qué curioso el uso de colores en clasificaciones literarias, ¿no?). 

La narración, en tercera persona y por un narrador omnisciente, se ocupa sobre todo de Gertrudis y sus sentimientos: conoceremos sus dudas, sus anhelos y sus frustraciones. De otros personajes, especialmente de Claudio, conoceremos algo también; de los dos Hamlets, padre e hijo, sabremos muy poco, sorprendentemente. 

La idea de humanizar a estos personajes es interesante, pero los personajes en sí mismos no terminan de serlo: uno tiene la impresión de que son superficiales, gente rica que se aburre y se complica la vida. Pfff. A mí la novela me pareció un cruce entre El amante de Lady Chatterley y El león en invierno, pero sin alcanzar la profundidad de ninguna de las dos. 

Gertrudis y Claudio quiere ser demasiadas cosas a la vez – ejercicio académico, cuento erótico, revisión de un clásico, novela histórica – y al final no se sabe qué es. Con todo, diría que el libro vale la pena por lo curioso de la propuesta: después de leerlo, la historia contada por Shakespeare se ve con otros ojos. Por eso, está bien. Pero poco más.

Firmado: Yaiza P.


También de John Updike reseñado en ULADCorre, ConejoTerrorista

viernes, 14 de agosto de 2026

Frode Grytten: El día que Nils Vik murió

Idioma original: noruego
Título original: Den dagen Nils Vik døde
Traducción: Alexandra Pujol Skjønhaug en catalán para L'altra editorial y Mariana Windingland en castellano para Anagrama
Año de publicación: 2023
Valoración: está bien


Hablemos de los inicios de los libros y su impacto, porque este libro empieza con una frase que sintetiza lo que será la novela: «a las cinco y cuarto de la mañana, Nils Vik abrió los ojos, y el último día de su vida empezó». A partir de ahí, el autor noruego Frode Grytten despliega una breve novela consistente en cómo despedirse de la vida a través del reencuentro con la misma en forma de recuerdos y actos de ternura. De esta manera, inicia su último día, por la mañana, el momento del día en que todo empieza, aunque para él, lo único que empieza es su final.

Con esta premisa clara y diáfana, el autor nos introduce al que será el personaje principal, Nils Vik, una persona de edad avanzada que vive solo en una casa llena de recuerdos, pues han vivido en ella tres generaciones. Así, en el que será el último día de su vida, Nils deja una nota a sus hijas indicando que se va de casa y que ya no volverá. Con este propósito, se levanta con la determinación de que este sea su último día de vida. Y todas y cada una de las acciones que llevará a cabo tienen como voluntad convertir esos aparentemente nimios gestos en pequeñas despedidas de la que han constituido la cotidianeidad de su vida. Por ello, Nils coge el coche y emprende la ruta hacia el fiordo, punto de partida y fin de su existencia.

A nivel estilístico, hay ciertos tintes en la historia y el tono que hacen que Grytten me recuerde a Fosse y su obra de teatro «Soy el viento», en esa huida hacia el fiordo como último viaje, en la oscuridad de la noche, abriéndose al mar como se abre uno a la muerte. Y también las compañías en tal viaje, que van asomando en apariencia de formas fantasmales, oníricas, a medio camino entre la imaginación y una realidad que se sabe que no es posible: su entorno más íntimo acercándose a él para acompañarle, para cobijarle, para mostrarle que no está solo en esa despedida, en ese último viaje, en la transición definitiva e irreversible hacia el final de la vida. Hay muchos ecos de Fosse en ello, aunque el tono aquí es más esperanzador, más luminoso, más limpio y alentador. No encontramos en este texto un gran pesar sino un agradecimiento a la vida, a todos y cada uno de los detalles y los momentos (incluso más efímeros o ínfimos) vividos. Porque esta novela es la constatación de que la vida la forman las pequeñas cosas, esos rituales que acompañan una realidad que de otra forma olvidaríamos, esa reiteración de acciones que nos anclan a la vida y nos recuerdan de manera clara e irrefutable quienes somos y donde pertenecemos. Es así, como a través de los recuerdos de las personas que han conformado su vida y en gran parte de las personas que ha transportado con el ferry que conocemos sus particulares vivencias, vamos descubriendo la personalidad y la vida de Nils. 

A pesar del prometedor enfoque y valioso propósito, el resultado no acaba de ser el esperado pues la incesante sucesión de personajes y su corta presencia en el relato provoca que cueste entrar en ninguna historia o empatizar con cualquiera de ellos. No existe apenas relación entre ellos y la interacción con Nils que recuerda es tan corta y efímera que parecen fragmentos que aparecen de manera fugaz, pero sin dejar un claro poso. Así, el libro podría ocupar doscientes páginas o mil y nos aportaría prácticamente lo mismo porque, además, ninguna de esos personajes parece tener más peso o interés que los demás. 

Afirma el protagonista en su último trayecto que «los muertos (…) casi se han convertido en una sola criatura, un solo ser. No se mueven, pero están vivos, pertenecen al pasado, pero existen ahora y aquí» y eso es algo que no debemos olvidar, pues aquellos que han formado parte de nuestras vidas siguen presentes en nosotros, y es de justicia que les hagamos un hueco en nuestro interior y los mantengamos vivos, de vez en cuando, cuando su recuerdo ya no nos cause dolor sino una afable y cálida compañía.