lunes, 25 de mayo de 2026
David Lynch: Lynch por Lynch
lunes, 9 de marzo de 2026
Reseña + entrevista: El patio maldito de Ivo Andric
Año de publicación: 2025 (*)
Traducción: Marc Casals
Valoración: Bastante recomendable
El patio maldito es el título de la novela breve que sirve de colofón (¡y de qué manera, oigan) a este volumen en el que se reúnen, además, quince relatos escritos en diferentes momentos de su vida por Ivo Andric, ganador del Nobel de Literatura del año 1961. Pese a su diferente origen temporal, los textos compilados para la ocasión por Xórdica forman un conjunto homogéneo, tanto por ambientación como por temática. Por si esto fuera poco, se observa la existencia de personajes que aparecen en varios relatos (Fray Petar, Fray Marko...) y de personajes que, con diferentes "máscaras", podríamos considerar un único personaje (Alija Dzerzelez, Mustafa Magiar, Celibi Hafiz, Karagoz...).
La citada homogeneidad del volumen procede, como digo, de la ambientación y la temática de los textos. La practica totalidad de los mismos trascurre en los años de la dominación otomana o del control austríaco sobre Bosnia. Es por tanto un pasado casi mítico el tiempo en el que trascurren unos textos que hablan de violencia y locura, de "replanteamientos vitales", de poder y arbitrariedad, de dudas, culpas y debilidades. Tiempos más o menos remotos, pero inquietudes y/o cuestiones absolutamente atemporales y universales.
Por otra parte, los protagonistas de los textos de Andric pueden dividirse en dos grandes grupos: los "turcos" y los franciscanos. Curiosa contraposición la de unos y otros y curiosa la diferente visión que tiene Andric de uno y otro grupo. Así como los "turcos" tienden a aparecer como seres mezquinos, rencorosos o violentos, la mirada sobre los franciscanos es mucho más piadosa, con momentos hasta humorísticos.
Lo que sí suele hermanar a los protagonistas de los textos de Andric es una desubicación o desarraigo casi permanente, en parte debido a esa configuración multicultural y multiétnica de un territorio agreste que es también personaje fundamental en los relatos incluidos en El patio maldito.
No voy a entrar en detalle en cada uno de ellos, pero sí comentaré brevemente los textos que, a mi juicio, son los más destacados:
- Muerte en la tekija de Sinan, relato sobre miedos y culpas difusas, autoflagelaciones y replanteamientos vitales tan tardíos como inútiles.
- La sed (especie de reverso de El patio maldito, quizá?), que muestra un nuevo replanteamiento vital en una situación dramática.
- Milagro en Olovo, quizá el relato más metafórico y ambiguo, el más sujeto a posibles interpretaciones.
- El torso, que podría ser considerado como el texto más abiertamente político del conjunto. Una historia extraña de debilidades y venganzas protagonizada por un caudillo sanguinario y febril ("turco, cómo no!)
- El patio maldito, desasosegante nouvelle que puede recordar a El palacio de los sueños de Kadaré. Historia dentro de la historia dentro de la historia (...) que trascurre dentro de una institución extraña y terrible gobernada por Karagoz, un personaje fascinante y contradictorio.
sábado, 21 de febrero de 2026
3x1: Colectivo juan de madre presenta nº1 y nº2 + Entrevista
viernes, 13 de febrero de 2026
Reseña + Entrevista: So Little Seen, de Jared Roberts
jueves, 11 de septiembre de 2025
Victor Bockris/Gerard Malanga: Up-tight. La historia de la Velvet Underground
Título original: Up-tight
Traducción: Antón López
Año de publicación: 2009
Valoración: muy recomendable
Madres de libro, no serán, pero la Velvet Underground pasará a la historia como la referencia necesaria para entender la cultura rock en su perspectiva más ambiciosa: la que incluye sonido, imagen, influencia cultural de amplio alcance my actitud vital.
Antes de todo, por eso, reconocer que ese movimiento es, ya hace bastante, un cadáver tendido en una sala de autopsias frente al cual un montón de empresarios hacen las veces de forense e intentan sacar algún provecho, el último, de algún tejido, de alguna víscera.
Rock, entonces, es una palabra que ha sido desecada a la intemperie hasta extraerle cualquier implicación y convertirla en una etiqueta más. Solo un reducido interés mercantil en la industria de influencia anglosajona impide su inhumación definitiva.
Incluso esos esforzados tiktokers o instagramers que se empeñan en recuperar las colecciones de música de sus padres (espoleados, a lo mejor, por el dudoso resurgimiento del vinilo a precio de beluga) acabarán tirando la toalla ante lo incoherente de su planteamiento, reivindicando por igual a Alan Parsons y a los Talking Heads, a Fleetwood Mac y a Led Zeppelin.
Aunque series de máxima repercusión, como The Bear, se obstinen en rellenar de esos sonidos añejos su inexplicable última temporada.
Por eso, precisamente, leer Up-tight se presenta como una especie de ejercicio de rememoración de aquello que no volverá.
Oportunidades como leer este libro hay muy pocas. Una trama en avance, la correspondiente a la génesis de una banda, a su integración en su entorno - qué hay más estereotipadamente r'n'r que la ciudad de Nueva York - a la progresiva complicación de su carrera derivada, sobre todo, del conflicto de egos, hasta su atomización.
Más que una crónica de una banda, esto parece una tragedia por episodios, y cuando hablamos de los estereotipos del r'n'r, ninguno de los ingredientes básicos puede faltar.
Baste recordar que, fuera de este período de apenas una década que va de sus escarceos hasta su desaparición, los miembros (propios u honorarios) de la banda, tuvieron diversos finales de curiosos pelajes- Andy Warhol murió en un episodio con severos tintes de negligencia médica, o Nico, que falleció en Ibiza en un absurdo accidente de bicicleta.
O sea: nada de glamourosas muertes, de engrosar el club de los 27, de llamar la atención de pacíficos vecindarios con la acumulación de furgones policiales a horas intempestivas.
Intentar penetrar en mentes tan diversas como las de Warhol (cuya figura en primer plano se difumina entre ser el ideólogo del grupo, el mentor de sus componentes, o cualquier otra cosa), John Cale o Lou Reed - sosteniendo una tenaz pelea de fondo por dominar la banda también nos es contrapesado con las oscuras aportaciones de los miembros menos mediáticos.
Gozar con ese retahila de testimonios extraídos de entrevistas, confesiones, conversaciones (los autores parecen entrar y salir de la constelación cultural que el grupo aglutinaba).
No negaré que esa erótica queda un poco supeditada a esa condición.
O estaban allí o conocen a quien estuvo, y eso convierte su testimonio en esencial.
Rara vez se dispone de una crónica tan detallada y fehaciente de cómo un grupo de músicos inician una carrera, publican un primer disco que anticipa por lustros y décadas estilos musicales venideros (del dream-pop al after-punk, pasando por el punk), sufren un choque de egos entre sus componentes - incluso entre algunos que no lo son y acaba con su disolución.
Anda: no había dicho que al margen de los dos componentes más destacados del grupo fueron Lou Reed y John Cale, estuvieron Maureen Tucker, discreta batería qua aún vive o Sterling Morrison, bajista fallecido hace décadas, y algunos otros músicos, productores, promotores, fotógrafos, etc. Sus entrevistas y opiniones se suceden en este libro que parece ser como una revista (con mucho componente gráfico) que se va actualizando a medida de que el planeta toma conciencia de su majestuosa importancia.
No es para menos.
Todo cuajado de anécdotas, de intervenciones que pueden parecer no venir al caso, pero que completan un retrato fresco, verídico casi hasta la desesperación.
En fin, que salvo que pienses que la música es una expresión artística de la que uno puede prescindir, esta es una recomendación entusiasta y sin paliativos.
miércoles, 25 de junio de 2025
¿Contrarreseña?: El mundo como supermercado de Michel Houellebecq
Año de publicación: 1998 (como libro)
Traducción y edición: Encarna Castejón
Valoración: Vaya morro que le echas, Michel...
¡Ay, por fin, una reseña de un libro de nuestro admirado Michel Houellebecq, con las ganas que yo le tenía! Porque sabed que en este blog tenemos auténtica devoción por este escritor, de tal manera que resulta imposible conseguir turno para reseñar alguno de sus libros; en cuanto se avisa de que va a aparecer uno nuevo, mis compañeros se lanzan sobre él cual pirañas sobre una res herida que trate de cruzar algún afluente del Orinoco... Aunque supongo que debería aclarar antes que nada los interrogantes del título de la reseña porque merecéis una explicación y como alcalde vuestro que soy... quiero decir como autor de la misma que soy, os la voy a dar:
Como bien saben mis compañeros de blog (y aquí dejo el tono sarcástico), soy algo reticente a la obra y la figura literaria de Michel Thomas, de soltero Houellebecq (bueno, de soltera su abuela, quiero decir), aunque, ya que una cosa no quita la otra, como actor cómico-patético me parece genial. Ahora bien, si algo me enorgullezco de ser es ecuánime (más o menos) y, a raíz de cierta conversación, pensé que, después de todo, tampoco había leído tanto de este tío... A lo mejor resultaba que me había topado con lo peor de su producción y el resto de su obra era excelsa, o, por lo menos, interesante. Claro que hombre precavido vale por dos; tampoco me iba a poner a leer un tochaco como Plataforma o El mapa y el territorio que, aparte de ser gordos, ya estaban reseñados en este magnérrimo blog (where else?); la solución la encontré en este mucho más delgadito al tiempo que variado El mundo como supermercado que, además, contaba con la ventaja de haber pasado por debajo del radar depredador houellebecquiano de mis compañeros. La ocasión la pintaban calva, como decían nuestros abuelos y los personajes de Bruguera...
Ahora bien, ¿seguro que este libro aún no había sido reseñado en este blog? Como soy un profesional de esto del reseñismo, investigué un poco. Resulta que el compañero Francesc Bon había publicado, hace más de diez años el libro de nuestro autor Intervenciones, valorándolo, siempre generoso nuestro Francesc, "como muy recomendable". Con la mosca bailando detrás de mi oreja, consulté el título original de este libro, que resultó ser Interventions 2 y el del libro que yo pretendía reseñar, que... a ver si alguien lo adivina... Mais oui, mes amis: también Interventions! Bueno, no pasa nada, pensé, puesto que el de Francesc fue publicado originalmente en 2009 y el mío, en 1998: simplemente, uno es la continuación del otro y ya está. Todo en orden en el ecosistema literario. Ahora bien, un somero examen de los índices de ambos libros me indicó que... tenían el mismo contenido en un 50% -y, consecuentemente casi el doble de páginas el uno que el otro-; es decir, que Michel y sus editores (no quiero atribuirle toda la responsabilidad de la estafa estratagema) habían tomado el primer libro que, por otra parte, es una recopilación de artículos del autor ya publicados -en su mayor parte en Lettres Françaises o en Les Inrockuptibles, amén de otras cosas, le habían añadido toda una serie de artículos -y otras cosas- publicados entre 1998 y 2009 y chimpún, todo listo para que sus adoradores seguidores pasaran por caja. Y si esto os parece ya mucho morro (también habrá a quien le parezca una práctica honesta, ya lo sé... supongo que porque compraron sólo el segundo libro), resulta que en ambos volúmenes nos encontramos con que se incluyeron tres entrevistas suyas con diversos medios en el primer Interventions y tres en el segundo... ¡Es decir, que el sinvergüenza genio de Michel incluyó, como creación propia y con dos coj... todo el cuajo, entrevistas que le hicieron en Art press o L'Humanité! Lo tengo que reconocer: me quito el sombrero ante semejante jeta de hormigón armado... ¡Qué digo: de titanio! ¡De adamantium! (*)
Pero bueno, por mucho que me regocije el arte de Houellebecq para sacarle los cuartos a los primaveras de sus fans, lo importante, después de todo, es si este El mundo como supermercado merece también ese estupendérrimo "muy recomendable" que el bueno de Francesc le otorgó a su ¿segunda? parte. Pues no sé qué deciros, que es la forma educada de expresar que sí lo sé: ni de coña. Igual los artículos de entre 1998 y 2009 que se añadieron eran la repanocha, pero éstos de aquí a mi me parecen más bien normalitos, en el mejor de los casos, por no decir flojillos y erráticos. O flojillos y rutinarios, que es peor. Alguno, es cierto, me resulta más original y hasta resultón, como La arquitectura contemporánea como vector de aceleración de desplazamientos -el título, además de bueno, resulta muy houellebecquiano, pero no esconde ninguna metáfora: trata exactamente de eso-; el elogio del cine mudo que es La mirada perdida o El absurdo creador, sobre la obras del Jean Cohen Structure du langage poétique. Esta tampoco es la única ocasión en la que el caradura de emprendedor Michel (se me están acabando los sinónimos) monetiza, como se dice ahora, los favores que le hizo a otros artistas amiguetes (quiero suponer): Opera Bianca consiste en una serie de poemas para una instalación móvil y sonora de 1997. Por lo demás, en el bloque Tiempos muertos coexisten artículos más sugerentes, como la semblanza de la escritora feminista radical Valerie Solanas -la tipa que disparó contra Andy Warhol- en ¿Para qué sirven los hombres? con relatos más o menos ocurrentes -La reducción de la edad de jubilación- o auténticas chorradas, como El alemán, donde el escritor francés descubre oh, sorpresa, que hay localidades de la costa española llenas de alemanes jubilados (imagino que le jodió ir a un Mercadona a comprar sobrasada y encontrarse con tanto boche, por más que trate de emular a Céline, sin conseguirlo). En definitiva, un pot-pourri de textos reciclados al que le viene que ni pintado tal denominación (me quedo, eso sí, sin leer lo que opina Houellebecq de la pedofilia, lo que aparece en la "segunda parte" del libro... pero mirad, creo que puedo pasar sin saberlo).
No puedo acabar la reseña sin aludir al artículo con el que abre ambos volúmenes, publicado originalmente en 1992 en Lettres françaises y provocativamente titulado Jacques Prévert es un imbécil -supongo yo que para provocar el "escándalo" entre la intelectualidad literaria francesa, a la que se le suele o solía hacer el culo gaseosa con estas chiquilladas-; francamente, no sé si monsieur Prévert, uno de los poetas franceses más populares del siglo XX era un imbécil (yo diría que no) y, como pretende Houellebecq, de ahí su gran éxito, ya que, por ende, gustaría a los imbéciles que componen la gran masa de la población (yo diría que tampoco). Sólo quiero recordar que por aquel entonces el amigo Michel también trataba de descollar como poeticastro, (que imagino sería su gran ilusión) para acabar, más de treinta años después y con su figura literaria ya amortizada, como un enfant terrible de baratillo, relleno en las quinielas para el Nobel y actor cómico-patético (más lo segundo que lo primero, pero ya digo que ni tan mal). El Nobel no lo conseguirá, pero puede que, algún día, el Óscar sí se lo den... O el Razzie, que también sería apropiado.
(*) Ojocuidao, que resulta que el gran Michel Houellebecq, ese genio del marketing personal, ese águila del selfcoaching y de sacarle los cuartos hasta a las piedras, que deja en bragas a los cryptobros, los technobros y los gymbros, lo volvió a hacer: existe un tercer libro, Más intervenciones, compuesto por... a ver si adivináis: los textos que ya salen en los dos primeros más unos cuantos textos igualmente recuperados de la papelera de diversos medios y... ¡tachán: nada menos que tres nuevas entrevistas (una de ellas con Frédéric Beigbeder, otro que tal baila)! Michel, lo debo admitir, no eres un genio: eres el puto Mesias.
Demasiados libros de Michel Houellebecq reseñados: aquí
jueves, 6 de febrero de 2025
Reseña + Entrevista: The Machine Stories, de Jared Roberts
sábado, 4 de enero de 2025
Reseña + Entrevista: El palacio infinito, de Shintaro Kago
lunes, 30 de septiembre de 2024
Martín de Ugalde: Hablando con Chillida
Año de publicación: 1975
Valoración: recomendable para interesados
Supongo que casi todo el mundo sabe quién es Eduardo Chillida, escultor vasco cuya obra, con frecuencia de grandes dimensiones, está esparcida por medio mundo, buen parte de ella en espacios públicos. Por su parte, con muy pocas excepciones, Martín de Ugalde les resultará un nombre completamente desconocido. Es un escritor que pasó buena parte de su vida en el exilio, retornando a Euskadi tras el fin del franquismo, cuando adquirió cierta notoriedad como autor de libros de temática vasca, entre ellos alguno de entrevistas con personajes del país, entre los que se inscribe este texto con el testimonio directo del artista.
La vida de Chillida también transcurrió parcialmente en el extranjero, aunque por motivos profesionales y no políticos. Su figura, ampliamente reconocida sobre todo a partir de los años 70 del siglo pasado, fue sin embargo importante desde mucho antes, cuando formó parte de Gaur, un grupo de artistas vascos (Oteiza, Zumeta, Mendiburu…) que impulsaron una profunda renovación de las artes plásticas, trascendiendo el ámbito local y nacional. En la larga charla el escultor cuenta algunos episodios familiares y anécdotas acerca de sus obras, pero sobre todo habla del proceso creativo, la forma de sentir y trabajar los distintos materiales, la búsqueda del espacio vacío que rodea y se inserta en el objeto, o la intención de crear cosas que se integren en el entorno y pasen a ser de dominio público. Naturalmente, muchas cosas para llenar unas 170 páginas, aunque se echan de menos algunos asuntos.
Para empezar, aunque el libro se reedita varias veces, la entrevista deduzco (porque Ugalde no lo dice) que tuvo lugar en 1975. Para entonces, por poner un ejemplo, el famoso Peine del Viento de Donostia-San Sebastián todavía no estaba en pie, ni imaginado siquiera el polémico vaciado de la montaña de Tindaya, y faltaba aún mucho para el conocido rifirrafe con Oteiza. Es decir, que la etapa digamos de mayor visibilidad pública del artista, y por tanto quizá la más atractiva para el profano, queda fuera del texto, que se centra así en un periodo y una temática más íntimos, con informaciones interesantes aunque algo más árido.
Por otra parte, aunque supongo que Martín de Ugalde se habrá trabajado previamente la entrevista, no puede ocultar que sus conocimientos de arte son bastante limitados. De manera que la mayor parte del tiempo se limita a dar continuidad a las reflexiones de Chillida, cuando no a insistir, de forma un poco obsesiva, en asuntos identitarios que en mi opinión solo tienen un peso relativo en la obra del escultor. Cuando toca hablar propiamente de arte, Ugalde se pierde bastante o sale del paso recurriendo a razonamientos intencionadamente abstractos que ni el entrevistado llega a entender. Al no conducir correctamente la conversación, nos perdemos algunos datos interesantes sobre esa etapa inicial en la que Chillida avanza en su proceso de maduración.
No obstante estas carencias, encontramos desde luego ideas de gran interés, como la insistencia en separar la creatividad de la técnica, desaprender lo que se domina para poder explorar nuevos caminos, la relación del artista con los materiales que utiliza, o el entronque con su entorno cultural. Porque, aunque haya quien siga pensando lo contrario, para ser un creador reconocido en todo el mundo durante décadas no basta con inventarse un hierro retorcido o una mole de piedra colgada de un cable: hay muchas horas de reflexión y trabajo, mucha creatividad intentando buscar el camino entre bocetos, materiales y descartes. Pensémoslo un poco cuando veamos obras que a lo mejor no entendemos o no nos dicen nada. Leyendo a un tipo inteligente y sensato como Chillida podemos verlo más claro.
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