lunes, 31 de marzo de 2025
Edogawa Rampo: La bestia entre las sombras
viernes, 12 de abril de 2019
Edogawa Rampo: La bestia ciega
Probablemente, lo más atroz de este asunto sea el modo en que la bestia ciega exhibe en público los cuerpos desmembrados de sus víctimas. De hecho, la crudeza de estos pasajes es tal que el mismo Rampo solicitó que uno de los capítulos de la versión original fuera suprimido en las sucesivas ediciones de la novela. Huelga decir que la versión de Satori rescata este capítulo. ¡Y dejad que os diga que es de lo mejorcito de todo el libro, una auténtica pasada!
Aunque, llegados a este punto, aclaremos algo: no os creáis que las escenas truculentas de La bestia ciega son extremas. Para el lector contemporáneo, los niveles de casquería y "gore" de dichas escenas serán fácilmente manejables. Si acaso, el planteamiento conceptual de las mismas es lo verdaderamente repulsivo e incómodo, y no tanto la descripción de los hechos en sí.
- El acabado global de esta novela, ingenuo pero decididamente entrañable.
- Algunas de las ideas de Rampo, a cada cual más desprejuicidada y canalla. Lástima, eso sí, que en la mayoría de los casos no estén del todo desarrolladas.
- La fascinación por lo monstruoso que destila esta historia.
- La perversión y el erotismo retorcido que supuran estas páginas.
- El humor negro ocasional. Funciona todo el tiempo, aunque sea infantil para los parámetros actuales.
- La reflexión sobre la belleza que sostiene el ciego, así como los cambios que su peculiar forma de pensar provocan en el concepto de arte de sus coetáneos.
- Los vagos apuntes históricos o sociológicos que la narración deja entrever. Ojalá se les hubiera dado una vinculación directa con el argumento de la novela, o, como mínimo, más presencia.
- Aunque el argumento es bastante cíclico y repite eventos y situaciones, Rampo logra imprimir variedad aquí y allá. El cambiante "modus operandi" con que el ciego dispone de los cadáveres de sus víctimas; la fluctuación de roles que supone la aparición de Reiko Ouchi, víctima que sospecha del asesino y le tiende una trampa, etc...
- Adolece de estrategia narrativa: la historia está deslavazada y su estructura es tremendamente caótica.
- El ciego está desaprovechado, cuando te paras a pensar en ello. Su caracterización podría haberse expandido, pero el autor le hace repetir casi siempre las mismas escenas y diálogos. Por no hablar de que uno tiene la sensación de que dicha caracterización es inconsistente.
- Se da foco a ciertos personajes que, finalmente, acaban por no tener relevancia alguna para la trama, como Kimiko Sawa, la aprendiz de Ranko Mizuki, primera víctima de la bestia ciega.
- Los diálogos (o monólogos, que también los hay) son la mar de simples. Encima, las voces de los distintos personajes no se diferencian las unas de las otras. Cuando tienes a unas viudas aburridas hablando igualito que un tío que está mal de la cabeza, es que algo falla.
- Incurre en algún eufemismo o elipsis en escenas de sexo o "gore". Y cuando se recrea en ellas, tampoco es que impresionen demasiado al lector de hoy en día, como ya he dicho. De todos modos, entiendo que en su momento pudieran ser chocantes.
- La figura del narrador es de lo más confusa. En primer lugar, su identidad nunca se esclarece. Hubiera preferido un narrador omnisciente y neutro a éste, que parece un cronista implicado en los hechos pero que, al mismo tiempo, se mantiene distanciado de los mismos. Para colmo, suelta alguna moralina y es tremendamente machacón en su forma de relatar los acontecimientos. También emplea epítetos exagerados o grandilocuentes.
- El retrato de la maldad humana es demasiado esquemático, al contrario que en otros trabajos de Rampo. El protagonista da juego como enajenado mental, no lo niego, pero quizás en un relato corto hubiera funcionado mejor, pues ese formato se presta a simplificaciones, al contrario que una novela.
Tampoco quiero dejar pasar la oportunidad de felicitar a Daniel Aguilar. Su traducción, directa del japonés, es fiel al material original. Tiene bastantes repeticiones (especialmente de conectores), pero entiendo que eso es síntoma de la prosa de Rampo. Por otro lado, las anotaciones a pie de página con que Aguilar ha salpicado esta obra son muy pertinentes. Y, finalmente, querría destacar el pequeño epílogo (también a cargo de Aguilar) en el que La bestia ciega se pone en relación con otros títulos de Rampo, así como con algunas adaptaciones cinematográficas y televisivas.
Por ponerle una pega a la edición de Satori, criticaría la sinopsis que han escogido para resumir al libro. Ésta promete una narración que versará sobre el ciego y la bailarina, y luego resulta que relato se expande en otras subtramas.
En definitiva, una novela recomendable para los amantes de la "pulp fiction" más genuina. De todos modos, tengo que reconocer que le falta algo. Incluso a un servidor, quien reivindica el género a capa y espada, le ha parecido una lectura un tanto regulera. Creo que el mayor problema de La bestia ciega es que en ocasiones parece tomarse muy en serio a sí misma. No todo el tiempo, claro, pero puntualmente, y eso rompe un poco la inmersión.
También de Edogawa Rampo en ULAD: El Lagarto Negro, La bestia entre las sombras, Crímenes selectos
jueves, 17 de octubre de 2019
Edogawa Rampo: El Lagarto Negro
Estos son, a mi juicio, los aspectos positivos del relato:
- Se lee de un tirón.
- No se toma en serio a sí mismo.
- Su acabado "naif".
- Sus toques de género negro.
- Las bizarradas "eroguro" que asoman de tanto en tanto.
- Las referencias a la cultura oriental.
- Los cuatro primeros capítulos y la escena de la persecución.
- El final, aunque es un tanto gratuito y pretencioso.
- Tiene errores de continuidad a punta pala. Por ejemplo: llegados a cierto punto, el narrador deja de referirse a madame Midorikawa como «el Ángel Negro». Así, de golpe. Y, ya que hablamos de apodos, Akechi comienza a llamar a su adversaria «Lagarto Negro», pese a no tener ninguna razón para hacerlo.
- Hay que suspender la incredulidad para tragarse algunas cosas. El detective comete varias torpezas absurdas, teniendo en cuenta que es un veterano experimentado; madame Midorikawa no se siente tan amenazante como debería; ambos personajes se disfrazan igual de rápido que Mortadelo; en una sola noche, un joven delincuente aprende a actuar como si fuera un erudito... ¿Sigo?
- Sus golpes de efecto se antojan rocambolescos cuando no directamente inverosímiles. Para colmo, la mayoría no son satisfactorios, pues Rampo nunca da pistas que permitan al lector atento predecirlos.
- Hay bastante acción a lo largo del relato, pero ésta pierde intensidad por culpa de un manejo infantil de la tensión y múltiples conveniencias.
- La homogeneidad de un par de voces acaba siendo un recurso tramposo con el que sembrar una duda facilona.
- Desaprovecha ocasiones en las que podría haber dado profundidad a los personajes. Por ejemplo, el sentimiento de culpabilidad que atormenta a Jun’ichi Amamiya, uno de los secuaces de madame Midorikawa, nunca se trae a colación tras la presentación del personaje. La mismísima Lagarto Negro padece una «curiosa enfermedad» (exhibicionismo), y este hecho apenas tiene peso narrativo. ¿Y qué hay de la supuesta admiración mutua que sienten Akechi y su rival, apenas insinuada?
- Es evidente que Rampo añade párrafos adicionales, especialmente después de un diálogo, con tal de prolongar los escuetos capítulos que componen este libro.
- Usa términos ridículos como «malhechor», «esbirros» o «trifulca».
La novela cuenta con adaptaciones en varios formatos: a la televisión, al manga, a teatro y al cine. De sus dos versiones a la gran pantalla, la más memorable es la que dirigió Kinji Fukasaku y guionizó Yukio Mishima. Este film se toma algunas licencias (aunque, por lo general, respeta la esencia y argumento del material original), por lo que funciona como complemento del mismo. De visionado imprescindible para los que nos encanta la "serie B" genuina. martes, 22 de junio de 2021
Edogawa Rampo: Crímenes selectos
Crímenes selectos compila seis relatos de Edogawa Rampo publicados originalmente entre 1924 y 1931. En todos ellos se aprecia la impronta del japonés: su prosa ramplona; su linealidad argumental; sus personajes un tanto simples; su truculenta imaginación; sus obsesiones (el doble, los espejos, el deseo, la locura, la muerte, lo sensorial...); y, por descontado, sus homenajes a la obra de Edgar Allan Poe. De clara filiación pulp, la condición de estas historietas impide que se les pueda reprochar que a veces les falte verosimilitud, caracterizaciones más complejas o mayor profundidad temática.
"Gemelos" es la confesión de un condenado a muerte que se atribuye un crimen perfecto que nadie ha descubierto. Sin mucho fondo, funciona en tanto que pasatiempo endiabladamente entretenido.
"Un sueño a pleno sol" no destaca en nada. Aun así, se deja leer. Cuenta cómo un comerciante afirma haber matado a su mujer y presume de tenerla en el escaparate de su tienda convertida en maniquí. Personalmente, considero que al final de esta pieza le hubiera beneficiado una mayor ambigüedad.
En "La butaca humana", una escritora recibe la inquietante carta de un admirador. Esta ficción es, a mi juicio, una de las mejores del autor. No sólo parte de un concepto bastante original, sino que perturba sin recurrir a efectismo alguno, al contrario de lo que sucede en su adaptación manga de Junji Ito.
"La llegada de O-Sei" termina de forma abrupta, pero construye una buena tensión durante sus compases iniciales. Narra un asesinato impecable llevado a cabo gracias al azar.
"Bichos" es una detallada crónica que quizá peca de ser demasiado larga. En cualquier caso, tiene unos agradecidos toques de humor negro e imágenes bastante escabrosas vinculadas con la necrofilia y la descomposición.
"Los extraordinarios crímenes del doctor Mera" es una joyita. No sólo secuestra nuestra atención desde el inicio, sino que alberga reflexiones interesantes, una atmósfera la mar de sugerente, escenas aterradoras y un desenlace sorprendente, amén de un cameo metaliterario del mismísimo Rampo.
En resumen: los relatos agrupados en Crímenes selectos son intrigantes pese a su previsibilidad y, de tanto en tanto, exhiben picos notables. De modo que este volumen editado por Satori es altamente recomendable para los amantes del misterio.
También de Edogawa Rampo en ULAD: El Lagarto Negro, La bestia ciega, La bestia entre las sombras
jueves, 25 de diciembre de 2025
LO MEJOR DE 2025
Francesc:
Ensayo: Sin centrarme en una obra específica, creo que el europeísmo escéptico/pragmático de Finkielkraut es algo que hay que reivindicar (porque hacerlo con Huxley ya sería demasiado, ¿no?)
Narrativa de largo: La obra de Catherine Lacey me ha ofrecido ciertas esperanzas.
Narrativa de corto: María Bastarós, una escritora que busca camorra (o sea, que no es de sofá, mantita y libro).
Expectativa superada (tanto con tan poco) :El comandante yanqui de David Grann
Expectativa defraudada (aunque temida): Sally Rooney en concreto con Intermezzo, pero creo que cualquiera serviría.
Comentario que no viene a cuento: alejaos, por favor, de libros que cuenten con esas irritantes fajas empeñadas en asignar y etiquetar. A la papelera, ya.
martes, 15 de julio de 2025
Wilkie Collins: El fantasma de John Jago
sábado, 28 de agosto de 2021
VV.AA.: Aquelarre de cuentos
"La enana en el tren" y "En la silla de ruedas", de Ana María Shua, son dos ejercicios de surrealismo en formato breve.
"Las pisadas del hambre", de Ana María Fuster Lavín, es una historia de vampiros que logra rehuir lo convencional y tiene buenos momentos, aunque su acabado y estructura no me acaban de convencer.
"En paz", de Claudia Salazar Jiménez, resulta entretenido y alberga saludables dosis de humor negro.
"Cosita", de María del Carmen Pérez Cuadra, es tan perturbador como absurdo (conste que esto último lo digo como un halago).
"Afrodita", de Alicia Fenieux, presenta un detallado escenario distópico. Reflexiona acerca de la sexualización de las menores de edad y la delgada línea que separa el ocio voluntario de la presión de grupo.
"María", de Alexandra Pagán Vélez, es muy lineal en su escueto planteamiento, pero alberga descripciones bastante asquerosas que harán las delicias de aquéllos a los que este tipo de cosas nos interesan.
"La joya", de Daína Chaviano, parece salido de la pluma de un Edogawa Rampo occidentalizado y nos obsequia con un desenlace propio de uno de esos hentai directos a DVD de los noventa.
"El Ojo", de Liliana Colanzi, recuerda sobremanera a Carrie, pues contiene una turbia dinámica entre una madre y su hija, fanatismo religioso y puritanismo trasnochado.
En resumen, Aquelarre de cuentos es un volumen agradecidamente ecléctico. La calidad promedio de los componentes del mismo es, cuanto menos, elevada. ¡Así da gusto participar en una misa negra!
jueves, 14 de noviembre de 2024
Shintaro Kago: Fraction
miércoles, 26 de febrero de 2025
Junichirō Tanizaki: Cuatro casos criminales
La editorial Satori sigue publicando la obra de juventud de Junichirō Tanizaki, como ya hiciera con El demonio y otros relatos. En esta ocasión, su antología Cuatro casos criminales compila cuatro historias cortas de misterio, intriga y suspense del autor japonés.
En "El caso del baño Yanagi" (1918), un pintor acude a un abogado para que éste le ayude a dirimir si ha matado a su amante o no. Con semejante premisa, el relato logra captar el interés del lector desde las primeras páginas. Además, tiene ideas muy sugerentes (si bien no siempre desarrolladas) y alberga pasajes geniales (como los que desnudan la atribulada mente del joven K, o aquellos, de un acabado más onírico y atmosférico, que supuestamente transcurren en un fantasmagórico baño).
En "Por el camino" (1920), un detective privado aborda en plena calle a un oficinista y admite abiertamente que le está investigando. Es un relato a mi juicio algo lineal, pero llevado con maestría. Asimismo, soprende por la agudeza y sagacidad del detective, y por la forma en que, a través del diálogo, éste va arrinconando al asalariado.
En "El ladrón" (1921), un alumno becado de un instituto de élite es sospechoso de ser el perpetrador de una serie de robos acaecidos en su residencia. Me recuerda a otros relatos de Tanizaki (como por ejemplo "El criminal", "Una confesión" y "El odio"), en el sentido de que es un intenso y contundente retrato psicológico que, si bien me hubiera gustado ver insertado en un argumento mayor, funciona satisfactoriamente por sí solo y presenta una lógica interna la mar de retorcida.
En "Diablos a la luz del día" (1918), un escritor es invitado por un amigo adinerado, ocioso y mentalmente trastornado a acompañarle a presenciar la ejecución de un asesinato. Con este relato me sucede igual que con algunas obras de Edogawa Rampo: pese a que me parece disfrutable y muy entretenido, obliga a suspender la incredulidad en demasía y apuesta por elementos narrativos algo chirriantes (los personajes excéntricos, las deducciones detectivescas, la visión a día de hoy un tanto ingenua del erotismo perverso o los giros de tuerca rocambolescos).
Resumiendo: Cuatro casos criminales es una antología recomendable, sobre todo para los completistas de Tanizaki y los amantes de la literatura de suspense que enfatiza la oscuridad de la naturaleza humana. Sin embargo, hay que leerla teniendo en cuenta que, pese a pertenecer a un autor extremadamente talentoso, éste todavía estaba en su fase embrionaria cuando escribió los relatos que la componen. Y es que incluso el más logrado del conjunto (a mi juicio, "El ladrón") presenta alguna aspereza.
También de Junichirō Tanizaki en ULAD: Aquí
jueves, 20 de diciembre de 2018
Masako Togawa: La llave maestra
Idioma original: Japonés Título original: Ōinaru gen'ei
Traductora: Susana Constante
Año de publicación: 1962
Valoración: Recomendable
También los Apartamentos K son un elemento significativo para el argumento de la novela, así como para los temas que ésta baraja. El viejo edificio, escenario en el que se desarrolla gran parte de la historia (y referencia al lugar donde la autora convivió de pequeña con su madre, por cierto), es un microcosmos harto peculiar. Tiene más de cien alojamientos, en los cuales solamente pueden vivir mujeres. Cierra su puerta principal a las once de la noche. Todos los visitantes que reciban las inquilinas deben quedar registrados en un libro que se guarda en recepción. Si la visita es un varón, hay que marcarle con una etiqueta numerada.
Post Scriptum: Ojalá alguna editorial se ponga manos a la obra y empiece a editar a Togawa. Solamente hay tres novelas suyas publicadas en España, y actualmente es difícil conseguirlas sin tirar de internet o librerías de ocasión. Inconcebible, lo sé.
jueves, 26 de marzo de 2026
Akimitsu Takagi: El misterio de la mujer tatuada
Título original: 刺青殺人事件 (Shisei Satsujin Jiken)
Año de publicación: 1948
Traducción: (del inglés) Eduardo Hojman
Valoración: bastante recomendable









