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lunes, 31 de marzo de 2025

Edogawa Rampo: La bestia entre las sombras

Idioma original: Japonés
Título original: 影の中の獣
Traducción (al catalán): Mei Gutiérrez
Año de publicación: 1928
Valoración: Recomendable (sobre todo para incondicionales de Edogawa Rampo y amantes de la literatura detectivesca)

He leído mucho al escritor japonés Edogawa Rampo. También he criticado (y bastante) varias de sus obras. Nunca lo hago con dureza, porque en el fondo me parecen extremadamente entretenidas y hay una enternecedora ingenuidad en ellas, pero me es imposible negar que a menudo obligan a suspender la incredulidad en demasía, o que apuestan por elementos argumentales inverosímiles.

Pues bien, La bestia entre las sombras es una excepción. Y es que esta novela corta es puro Rampo, pero sin los excesos algo pasados de rosca a los que el autor nos tiene acostumbrados en obras de inclinación "pulp" como La bestia ciega o El Lagarto Negro.

Hay un argumento enrevesado y muchos giros de tuerca en La bestia entre las sombras, cierto, pero en ningún momento pierden credibilidad. El erotismo permea la obra, de acuerdo, pero aunque es decadente, morboso y hasta me atrevería a decir que perverso, nunca llega a extremos ridículos y caricaturescos.

A esto hay que sumarle otros tres apartados en los que La bestia entre las sombras se antoja particularmente inspirada: su estructura (capaz de progresar la historia de manera orgánica y cerrar capítulos con suculentos "cliffhangers"), sus personajes (simples pero efectivos) y determinadas escenas en el clímax (pienso sobre todo en una potentísima, que recontextualiza por enésima vez la obra y deja una sensación de incertidumbre que roza la genialidad).

Poco más que añadir; sólo insistir en que La bestia entre las sombras me ha sorprendido, porque si bien mantiene la impronta autoral de Rampo y el encanto genuino de su literatura, refina la fórmula del autor. Y es que entrega una ficción pulida, verosímil y bien estructurada, un argumento y unos personajes plausibles, un misterio atractivamente sugerente, un romance exquisitamente oblicuo (y, visto en retrospectiva, sumamente trágico) y una visión del erotismo y la perversión madura y realista, aun si todo esto es en detrimento del toque "pulp" y "eroguro" que caracterizaba otras obras del nipón. 

De modo que recomiendo entusiastamente esta novela corta de Rampo, especialmente a los amantes de la literatura detectivesca. Y a quienes vayáis a leerla os doy un consejo: acudid a ella sin que nadie os destripe su argumento, pues merece la pena dejarse sorprender por sus constantes zarandeos. Eso sí, permitid que os abra el apetito con una pequeña sinopsis: 

Un escritor de novelas detectivescas soltero, cuya obra es «considerada (...) la más intelectual del género», conoce a una hermosa mujer llamada Shizuko, con quien entabla cierta amistad. Un día, Shizuko recurre a él en busca de ayuda. Y es que un antiguo amante despechado, Hirata, la ha encontrado y está decidido a vengarse. Para ello, le infundirá miedo mediante cartas obsesivas y se declara dispuesto al acoso e incluso al asesinato. Shizuko, que no puede acudir a su adinerado marido porque éste descubriría que su esposa no era virgen cuando se casaron, tiene que confiar entonces en el narrador de la historia. Y él aceptará el caso, por un lado porque quiere ayudar a su amiga, pero también porque Hirata resulta ser el hombre tras el pseudónimo de Shundei Õe, escritor de novelas detectivescas «sangrientas, astutas y malvadas» con quien siempre sintió cierta rivalidad literaria.


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viernes, 12 de abril de 2019

Edogawa Rampo: La bestia ciega


Idioma original: Japonés  
Título original: Mōjū 
Traductor: Daniel Aguilar 
Año de publicación: 1931
Valoración: Se deja leer 

La bestia ciega es una novela escrita por Hirai Tarō bajo el pseudónimo de Edogawa Rampo. Para los que no lo conozcáis, este autor es el máximo exponente literario del "eroguro", así como el padre de la narrativa de misterio y policiaca nipona. Por ahora sólo he podido disfrutar, además de La bestia ciega, sus Relatos japoneses de misterio e imaginación, antología bastante irregular que, no obstante, contiene algunas historias estupendas. 

Volvamos a La bestia ciega. En ella, Rampo narra los crímenes de un ciego obsesionado por la belleza del cuerpo femenino. Las tropelías de este señor empiezan con el secuestro de una bailarina, a la que retiene en una extraña habitación. Cuando el invidente descubra que matar le reporta placer, pero, no tardará en graduarse como asesino en serie: varias mujeres se convertirán en sus presas.

Probablemente, lo más atroz de este asunto sea el modo en que la bestia ciega exhibe en público los cuerpos desmembrados de sus víctimas. De hecho, la crudeza de estos pasajes es tal que el mismo Rampo solicitó que uno de los capítulos de la versión original fuera suprimido en las sucesivas ediciones de la novela. Huelga decir que la versión de Satori rescata este capítulo. ¡Y dejad que os diga que es de lo mejorcito de todo el libro, una auténtica pasada!

Aunque, llegados a este punto, aclaremos algo: no os creáis que las escenas truculentas de La bestia ciega son extremas. Para el lector contemporáneo, los niveles de casquería y "gore" de dichas escenas serán fácilmente manejables. Si acaso, el planteamiento conceptual de las mismas es lo verdaderamente repulsivo e incómodo, y no tanto la descripción de los hechos en sí.

Bien, ahora pasemos a los que, para mí, son los aspectos positivos del relato:  

  • El acabado global de esta novela, ingenuo pero decididamente entrañable. 
  • Algunas de las ideas de Rampo, a cada cual más desprejuicidada y canalla. Lástima, eso sí, que en la mayoría de los casos no estén del todo desarrolladas. 
  • La fascinación por lo monstruoso que destila esta historia.   
  • La perversión y el erotismo retorcido que supuran estas páginas.
  • El humor negro ocasional. Funciona todo el tiempo, aunque sea infantil para los parámetros actuales.
  • La reflexión sobre la belleza que sostiene el ciego, así como los cambios que su peculiar forma de pensar provocan en el concepto de arte de sus coetáneos.  
  • Los vagos apuntes históricos o sociológicos que la narración deja entrever. Ojalá se les hubiera dado una vinculación directa con el argumento de la novela, o, como mínimo, más presencia. 
  • Aunque el argumento es bastante cíclico y repite eventos y situaciones, Rampo logra imprimir variedad aquí y allá. El cambiante "modus operandi" con que el ciego dispone de los cadáveres de sus víctimas; la fluctuación de roles que supone la aparición de Reiko Ouchi, víctima que sospecha del asesino y le tiende una trampa, etc...   

Por otro lado, a La bestia ciega se le podría reprochar que: 

  • Adolece de estrategia narrativa: la historia está deslavazada y su estructura es tremendamente caótica. 
  • El ciego está desaprovechado, cuando te paras a pensar en ello. Su caracterización podría haberse expandido, pero el autor le hace repetir casi siempre las mismas escenas y diálogos. Por no hablar de que uno tiene la sensación de que dicha caracterización es inconsistente. 
  • Se da foco a ciertos personajes que, finalmente, acaban por no tener relevancia alguna para la trama, como Kimiko Sawa, la aprendiz de Ranko Mizuki, primera víctima de la bestia ciega.
  • Los diálogos (o monólogos, que también los hay) son la mar de simples. Encima, las voces de los distintos personajes no se diferencian las unas de las otras. Cuando tienes a unas viudas aburridas hablando igualito que un tío que está mal de la cabeza, es que algo falla. 
  • Incurre en algún eufemismo o elipsis en escenas de sexo o "gore". Y cuando se recrea en ellas, tampoco es que impresionen demasiado al lector de hoy en día, como ya he dicho. De todos modos, entiendo que en su momento pudieran ser chocantes. 
  • La figura del narrador es de lo más confusa. En primer lugar, su identidad nunca se esclarece. Hubiera preferido un narrador omnisciente y neutro a éste, que parece un cronista implicado en los hechos pero que, al mismo tiempo, se mantiene distanciado de los mismos. Para colmo, suelta alguna moralina y es tremendamente machacón en su forma de relatar los acontecimientos. También emplea epítetos exagerados o grandilocuentes. 
  • El retrato de la maldad humana es demasiado esquemático, al contrario que en otros trabajos de Rampo. El protagonista da juego como enajenado mental, no lo niego, pero quizás en un relato corto hubiera funcionado mejor, pues ese formato se presta a simplificaciones, al contrario que una novela.  

En cuanto a esta edición de La bestia ciega, no me queda otra que felicitar la labor de Satori. La ilustración de la cubierta, por ejemplo, es preciosa. Se la debemos a Suehiro Maruo, "mangaka" muy vinculado con el "eroguro". Es cierto que esta imagen no tiene una relación literal con el texto, pero consigue sugerir su esencia.

Tampoco quiero dejar pasar la oportunidad de felicitar a Daniel Aguilar. Su traducción, directa del japonés, es fiel al material original. Tiene bastantes repeticiones (especialmente de conectores), pero entiendo que eso es síntoma de la prosa de Rampo. Por otro lado, las anotaciones a pie de página con que Aguilar ha salpicado esta obra son muy pertinentes. Y, finalmente, querría destacar el pequeño epílogo (también a cargo de Aguilar) en el que La bestia ciega se pone en relación con otros títulos de Rampo, así como con algunas adaptaciones cinematográficas y televisivas.

Por ponerle una pega a la edición de Satori, criticaría la sinopsis que han escogido para resumir al libro. Ésta promete una narración que versará sobre el ciego y la bailarina, y luego resulta que  relato se expande en otras subtramas.

En definitiva, una novela recomendable para los amantes de la "pulp fiction" más genuina. De todos modos, tengo que reconocer que le falta algo. Incluso a un servidor, quien reivindica el género a capa y espada, le ha parecido una lectura un tanto regulera. Creo que el mayor problema de La bestia ciega es que en ocasiones parece tomarse muy en serio a sí misma. No todo el tiempo, claro, pero puntualmente, y eso rompe un poco la inmersión.


También de Edogawa Rampo en ULAD: El Lagarto Negro, La bestia entre las sombrasCrímenes selectos

jueves, 17 de octubre de 2019

Edogawa Rampo: El Lagarto Negro

Idioma original: Japonés
Título original: Kurotokage (黒蜥蜴)
Traducción: Lourdes Porta
Año de publicación: 1934, por entregas
Valoración: Se deja leer

El Lagarto Negro es la novela más emblemática de Edogawa Rampo. Originalmente fue publicada por entregas, de modo que muchos de sus capítulos empiezan con un resumen de lo sucedido previamente o acaban en un angustioso "cliffhanger". Evidentemente, esta naturaleza folletinesca resta empaque a la historia, provoca reiteraciones innecesarias y promueve omisiones sonadísimas. Pese a todo, la obra funciona en tanto que entretenimiento "kitsch".

Su argumento es simple: el detective Kogorô Akechi tendrá que enfrentarse, en una batalla sin parangón, a madame Midorikawa, una peligrosa criminal. Estas páginas nos ofrecen el robo de un diamante, damiselas en apuros y un museo del terror. ¿Qué más podemos pedir los fans de la literatura "pulp"? Para nosotros es imposible no encariñarse con El Lagarto Negro; su ingenuidad y sus extravagancias resultan francamente conmovedoras.

Estos son, a mi juicio, los aspectos positivos del relato: 

  • Se lee de un tirón. 
  • No se toma en serio a sí mismo. 
  • Su acabado "naif". 
  • Sus toques de género negro.
  • Las bizarradas "eroguro" que asoman de tanto en tanto.
  • Las referencias a la cultura oriental. 
  • Los cuatro primeros capítulos y la escena de la persecución.
  • El final, aunque es un tanto gratuito y pretencioso.  

Por otro lado, es innegable que esta ficción está repleta de defectos: 

  • Tiene errores de continuidad a punta pala. Por ejemplo: llegados a cierto punto, el narrador deja de referirse a madame Midorikawa como «el Ángel Negro». Así, de golpe. Y, ya que hablamos de apodos, Akechi comienza a llamar a su adversaria «Lagarto Negro», pese a no tener ninguna razón para hacerlo.
  • Hay que suspender la incredulidad para tragarse algunas cosas. El detective comete varias torpezas absurdas, teniendo en cuenta que es un veterano experimentado; madame Midorikawa no se siente tan amenazante como debería; ambos personajes se disfrazan igual de rápido que Mortadelo; en una sola noche, un joven delincuente aprende a actuar como si fuera un erudito... ¿Sigo?
  • Sus golpes de efecto se antojan rocambolescos cuando no directamente inverosímiles. Para colmo, la mayoría no son satisfactorios, pues Rampo nunca da pistas que permitan al lector atento predecirlos.
  • Hay bastante acción a lo largo del relato, pero ésta pierde intensidad por culpa de un manejo infantil de la tensión y múltiples conveniencias. 
  • La homogeneidad de un par de voces acaba siendo un recurso tramposo con el que sembrar una duda facilona. 
  • Desaprovecha ocasiones en las que podría haber dado profundidad a los personajes. Por ejemplo, el sentimiento de culpabilidad que atormenta a Jun’ichi Amamiya, uno de los secuaces de madame Midorikawa, nunca se trae a colación tras la presentación del personaje. La mismísima Lagarto Negro padece una «curiosa enfermedad» (exhibicionismo), y este hecho apenas tiene peso narrativo. ¿Y qué hay de la supuesta admiración mutua que sienten Akechi y su rival, apenas insinuada?  
  • Es evidente que Rampo añade párrafos adicionales, especialmente después de un diálogo, con tal de prolongar los escuetos capítulos que componen este libro. 
  • Usa términos ridículos como «malhechor», «esbirros» o «trifulca».

La novela cuenta con adaptaciones en varios formatos: a la televisión, al manga, a teatro y al cine. De sus dos versiones a la gran pantalla, la más memorable es la que dirigió Kinji Fukasaku y guionizó Yukio Mishima. Este film se toma algunas licencias (aunque, por lo general, respeta la esencia y argumento del material original), por lo que funciona como complemento del mismo. De visionado imprescindible para los que nos encanta la "serie B" genuina.        


También de Edogawa Rampo en ULAD: La bestia ciega, La bestia entre las sombrasCrímenes selectos

martes, 22 de junio de 2021

Edogawa Rampo: Crímenes selectos

Idioma original:
Japonés
Traducción: Daniel Aguilar
Valoración: Está bien

Crímenes selectos compila seis relatos de Edogawa Rampo publicados originalmente entre 1924 y 1931. En todos ellos se aprecia la impronta del japonés: su prosa ramplona; su linealidad argumental; sus personajes un tanto simples; su truculenta imaginación; sus obsesiones (el doble, los espejos, el deseo, la locura, la muerte, lo sensorial...); y, por descontado, sus homenajes a la obra de Edgar Allan Poe. De clara filiación pulp, la condición de estas historietas impide que se les pueda reprochar que a veces les falte verosimilitud, caracterizaciones más complejas o mayor profundidad temática. 

"Gemelos" es la confesión de un condenado a muerte que se atribuye un crimen perfecto que nadie ha descubierto. Sin mucho fondo, funciona en tanto que pasatiempo endiabladamente entretenido. 

"Un sueño a pleno sol" no destaca en nada. Aun así, se deja leer. Cuenta cómo un comerciante afirma haber matado a su mujer y presume de tenerla en el escaparate de su tienda convertida en maniquí. Personalmente, considero que al final de esta pieza le hubiera beneficiado una mayor ambigüedad.

En "La butaca humana", una escritora recibe la inquietante carta de un admirador. Esta ficción es, a mi juicio, una de las mejores del autor. No sólo parte de un concepto bastante original, sino que perturba sin recurrir a efectismo alguno, al contrario de lo que sucede en su adaptación manga de Junji Ito.

"La llegada de O-Sei" termina de forma abrupta, pero construye una buena tensión durante sus compases iniciales. Narra un asesinato impecable llevado a cabo gracias al azar. 

"Bichos" es una detallada crónica que quizá peca de ser demasiado larga. En cualquier caso, tiene unos agradecidos toques de humor negro e imágenes bastante escabrosas vinculadas con la necrofilia y la descomposición. 

"Los extraordinarios crímenes del doctor Mera" es una joyita. No sólo secuestra nuestra atención desde el inicio, sino que alberga reflexiones interesantes, una atmósfera la mar de sugerente, escenas aterradoras y un desenlace sorprendente, amén de un cameo metaliterario del mismísimo Rampo. 

En resumen: los relatos agrupados en Crímenes selectos son intrigantes pese a su previsibilidad y, de tanto en tanto, exhiben picos notables. De modo que este volumen editado por Satori es altamente recomendable para los amantes del misterio.


También de Edogawa Rampo en ULAD: El Lagarto Negro, La bestia ciega, La bestia entre las sombras

jueves, 25 de diciembre de 2025

LO MEJOR DE 2025

Un año más llega a las pantallas de los lectores ULADianos la lista que importa, la que todos estaban esperando, la lista para acabar con todas las demás listas: lo mejor del año para nuestros reseñistas. ¡Deseamos a todos los que nos acompañan unas Felices Fiestas, y un 2026 cargado de buenas lecturas!
 
Oriol:

Resumen del año: No he leído ningún libro imprescindible (salvo, quizá, Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt). Aun así, he descubierto novelas, antologías y cómics notables, y he entrevistado a mi admirado Jared Roberts.

Libros que parecen escritos específicamente para mí: The Machine Stories, de Jared Roberts, With Teeth, de Christian Wallis, Yongüein’s Massacre, de Myke Babylon, La pianista, de Elfriede Jelinek, La bestia entre las sombras, de Edogawa Rampo, La estancia oscura, de Leonard Cline, y Paperbacks from hell, de Grady Hendrix.
Novelas destacables: Gente adinerada, de Joyce Carol Oates, y Posesión, de A. S. Byatt.
Novelas que logran dar una visión panorámica de su mundo: El gusano, de Luis Carlos Barragán, y La fábrica de Absoluto, de Karel Čapek.
Antología destacada: Ni una palabra, de Caroline Blackwood.
Mejor novela gráfica: La formidable invasión mongola, de Shintaro Kago (aunque Insolitus Los reinos silenciosos, de VV.AA., están muy bien).
Mejor libro de no ficción: Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt.
Mejor volumen ecléctico: Madurar hacia la infancia, de Bruno Schulz.


Koldo:

Novelas: Minimosca, de Gustavo Faverón Patriau, Camino de sirga, de Jesús Moncada, y El siguiente en el paraíso de Marek Hlasko
Autobiografía (o similar): Antes que anochezca, de Reinaldo Arenas, En las kátorgas del zar, de H. Leyvik, y Triste tigre, de Neige Sinno
Cuentos: Cada lunes de aguas, de Juan Montiel, y Mentirosos enamorados, de Richard Yates
Viajes: Los viajes de Júpiter, de Ted Simon
Poesía: Mientras tanto cógeme la mano, de Kirmen Uribe
Crónica (o similar): No matarían ni una mosca, de Slavenka Drakulic

Juan:

Un 2025 muy prolífico en lecturas, aunque como de costumbre y curiosamente (ignoro la causa), las mejores concentradas sobre todo en la última parte del año. A saber:

Libros de miedito: HEX de Thomas Olde Heuvelt, Negro tal vez de Attila Veres y Fundido a negro de Jesús Cañadas (éste, en libertad provisional).
Noir a pleno sol: Los niños están mirando de Laird Koenig y Peter L. Dixon.
Distopía chanante: La infancia del mundo de Michel Nieva.
Distopía no tan chanante: Las indignas de Agustina Bazterrica.
Cómic Novela gráfica más divertida del año: Consumida de Alison Bechdel.
Biografía: Revelando a Vivian Maier de Ann Marks.
Ensayos del año: Quiero y no puedo de Raquel Peláez, Pornocracia de Jorge Dioni López y (quizás) Catedral de escombros de Pedro Torrijos...
Una batalla tras otra: Se acabó el recreo de Darío Ferrari, Operación Apolo de Sergi Moyano Hurtado, El corazón revolucionario del mundo de Francisco Serrano y Ovni 78 de los Wu Ming.
Novela por la que deberían darle al autor algún premio o algo: Tango satánico de László Krasznahorkai.

 

Francesc:

Ensayo: Sin centrarme en una obra específica, creo que el europeísmo escéptico/pragmático de Finkielkraut es algo que hay que reivindicar (porque hacerlo con Huxley ya sería demasiado, ¿no?)

Narrativa de largo: La obra de Catherine Lacey me ha ofrecido ciertas esperanzas.

Narrativa de corto: María Bastarós, una escritora que busca camorra (o sea, que no es de sofá, mantita y libro).

Expectativa superada (tanto con tan poco) :El comandante yanqui de David Grann

Expectativa defraudada (aunque temida): Sally Rooney en concreto con Intermezzo, pero creo que cualquiera serviría.

Comentario que no viene a cuento: alejaos, por favor, de libros que cuenten con esas irritantes fajas empeñadas en asignar y etiquetar. A la papelera, ya.

  

Marc:
Año flojo en cuanto a mi elección de las lecturas pero, aun y no habiendo acertado en general, sí hay algunos libros a destacar:

Libro del año: «Animals inexpressius», de Xavier Mas Craviotto
Ensayo del año: «La passió dels estranys», de Marina Garcés
Autobiografía del año: «Dietarios», de Mircea Cărtărescu
Experimentos exitoso del año: «La niña a la que le gustaban demasiado las cerillas», de Gaétan Soucy, por el estilo y lenguaje utilizados, y «El volumen del tiempo», de Solvej Balle, por planteamiento y argumento.
Reencuentros satisfactorios: Philip Roth, Jon Fosse, Henrik Ibsen
Caerán más libros de: Pol Guasch, Xavier Mas Craviotto, Siri Hustvedt, Jon Fosse
Propósitos para el 2026: aumentar el ritmo de lecturas, más poesía y recuperar algun clásico pendiente

Félix:
Resumen del año: bastante bien hasta mitad de año, leyendo un par de imprescindibles y, en general, de todo un poco. Luego decayó en frecuencia y calidad, aunque dejando, todavía, algún que otro libro muy recomendable.

Top 3 del año: 
- Bella del señor, de Albert Cohen.
- Minimosca, de Gustavo Faverón Patriau.
- Middlesex, de Jeffrey Eugenides, o El quinto hijo, de Doris Lessing.
Accésit: La higuera, de Ramiro Pinilla, Hacedor de estrellas, de Olaf Stapledon, o la serie el Cuarteto de Buru, de Pramoedya Ananta Toer.
Cuento del año: El cuento más hermoso del mundo, de Ruydard Kipling.
Ensayo del año: hago trampa porque es una relectura, pero la maravilla de Esculpir en el tiempo, de Andrei Tarkovski, no puede obviarse nunca.
Cómic del año: El Eternauta, de Oesterheld y Solano López.
Decepciones (sonadas): 
- El loco de Dios en el fin del mundo, de Javier Cercas (por el tema y las ínfulas que se carga el texto).
- La invención de todas las cosas, de Jorge Volpi (ni ganas de reseñarlo me dan).
- El ayudante, de Robert Walser.
Lo leí aunque casi lo tiro por la ventana: Cómo leer y por qué, de Harold Bloom.
Abandonos: Hay ríos en el cielo, de Elif Shakar (por tratarme de tonto varias veces).
Amor-odio excesivo: los dos libros de Renaissance, de J.J. Lucas.
Descubrimientos: Albert Cohen, Pramoedya Ananta Toer, Olaf Stapledon, Ramiro Pinilla.
Constatación de lo pésimo que es el marketing para la calidad de una obra: los pesos pesados de la literatura argentina contemporánea.
Esperanza del 2026: leer algo del calibre de Bella del señor o Minimosca.

Carlos:

En un año que en general ha sido de lecturas más bien flojas, esto es lo poco que he podido rescatar:

Novela: La aventura de un fotógrafo en La Plata, de Adolfo Bioy Casares; La guerra de nuestros antepasados, de Miguel Delibes; El evangelio según Jesucristo, de José Saramago. Al final tres clásicos, o casi.
Novela gráfica (y quizá descubrimiento del año)El color de las cosas, de Martin Panchaud
Novela corta: Relato soñado, de Arthur Schnitzler
Humor: Alacranes en su tinta, de Juan Bas
Autobiografía: Pretérito imperfecto, de Carlos Castilla del Pino
Música: Quadrophenia, de Àlex Oró
ClásicoEl crimen de Lord Arthur Savile, de Oscar Wilde
Ensayo ligero (pero muy logrado): La radio puesta, de Javier Montes
Libro de relatos: Lazos de familia, de Clarice Lispector (reseña en breve)
Y por no dejarlo con apariencia tan limitada, haré mención a otros tres que se quedaron cerca del galardón, quizá un pasito por detrás: La liebre con ojos de ámbar, de Edmund De Waal; El callejón de los milagros, de Naguib Mahfuz; Crónica de Dalkey, del admirado Flann O´Brien

Alain:
Este año, trabajar en el blog me produjo muchas satisfacciones: poder entrevistar a escritores y artistas, enfocarme en la lectura y la escritura, trabajar en una app del blog (solo disponible por el momento en App store, esperen un poco más para usarla en Android), y lo más importante, pertenecer a una comunidad de amantes de la literatura y de la creación humana. A pesar de que las vistas del blog son mínimas comparadas con booktokers, booktubers, bookstagramers…, hemos mantenido un año más la independencia y la honestidad en las reseñas. Cuando el internet y las redes sociales exploten debido a la inteligencia artificial y a los intereses de esos billonarios hijos de puta, aquí seguiremos. ¡Qué chinguen a su madre los que usan la IA para socavar la creatividad humana, y que chingue a su madre Elon Musk!

Aquí mi resumen del año:
Texto revelador: Historia general de las drogas, Antonio Escohotado.
Noir que me regresó la esperanza en este género: El gran desierto, James Ellroy.
Descubrimiento: La obra de Shintaro Kago (por cortesía de Oriol). Pueden ver una entrevista con él aquí.
Libro contra el que tenía un prejuicio y me sorprendió: The stand, Stephen King.
Decepción por hacerle caso a las voces de las masas: Cadaver esquisito, Agustina Basterrica.
Libro con sountrack: Héroes del Blues, Jazz y Country, Robert Crumb.
Relecturas que me conmueven como la primera vez: Mañana en la batalla piensa en mi, Javier Marías; El juego de Abalorios, Hermann Hesse; Música de cañerías, Charles Bukowski.
Adaptada al cine con spice lésbico: Arenas movedizas, Junichiro Tanizaki.
Decepción del año: Retratos de jazz, Haruki Murakami y Makoto Wada

José Miguel:
Estimados seguidores de Ulad, en estas fechas tan señaladas me llena de orgullo y satisfaccion entrar en vuestros hogares para dejaros mi lista de mejores lecturas del año.

Novelas:
Calabobos de Luis Mario. Original, delicada, poética.
Los recuerdos del porvenir de Elena Garro. Hipnótica. Cómo he podido desconocer esta maravilla? 
Cuentos:
60 relatos de Dino Buzzati. Inquietantes, desasogantes y muy bien escritos.
Cuentos de Pio Baroja. Sólo por la preciosidad de Mari Belcha, ya merece la pena volver a Baroja.
Ensayo:
Mapa de soledades de Juan Gomez Barcena. Barcena hace tiempo que dejo de ser una joven promesa. Siempre buscando nuevos temas y nuevos enfoques. Muy recomendable cualquier novela suya.
El hombre horizontal de Bruno Remaury. Cuestionando el espacio q ocupa el ser humano en este mundo enloquecido.
Clasico incontestable:
Almas muertas de Nicolai Gogol. Ahhhh, los rusos.
Decepciones (no hay que comprar a lo loco):
Bruno Schulz, Madurar hacia la infancia. En la pagina 429 nos da la clave de su escritura "el tema como siempre, sin importancia y dificil de narrar". Pues, no esperes a la pagina 429 para decirnoslo, avisanos en la 1.
Adan y Eva de Aarto Paasilina. Humor finlandes, no trasladable a estas latitudes. Si ellos se rien con esto, es que somos muy, pero que muy diferentes.

Pues eso es todo. 
Felices fiestas y buenas lecturas para el proximo año.

Santi:
Un año muy irregular en cuanto a lecturas: un verano inusualmente descansado en el que por fin pude leer hasta (casi) hartarme, y un resto del año usualmente ocupado en el que casi solo he (re)leído lo que me exigía mi trabajo. A pesar de ello, ha habido unas cuantas muy buenas lecturas, y otras más decepcionantes... Aquí va mi lista: 
 
Mejores novelas: Todo empieza con la sangre de Aixa de la Cruz, Limpia de Alia Trabucco Zerán, El acontecimiento de Annie Ernaux
Mejor 2x1: Literatura infantil de Alejandro Zambra y Linea nigra de  
Mejor cuento: "El ojo en la garganta", incluido en El buen mal de Samanta Schweblin
Mejor libro de poesía: Amor y pan de Paula Melchor 
Mejor ensayo: Lo que una ama de Miren Billelabeitia
Clásico recuperado: Tea rooms de Luisa Carnés
Clásico que no me convencióTodos los nombres de Saramago 
Decepción del año: La península de las casas vacías de David Uclés

martes, 15 de julio de 2025

Wilkie Collins: El fantasma de John Jago

Idioma original:
Inglés
Título original: John Jago's Ghost
Traducción: Miguel Ángel Herranz
Año de publicación: 1874
Valoración: Prescindible

Un abogado londinense se toma un tiempo de descanso en la granja de Estados Unidos de un pariente de su madre. Aunque nuestro protagonista anhela paz y tranquilidad lejos de su exigente profesión, no las halla en absoluto. Al contrario: descubre que sus anfitriones no se llevan nada bien y es testigo de una desaparición que la opinión pública no tarda en tildar de asesinato.

Esta es la premisa de El fantasma de John Jago, novela corta de unas cien páginas. Su autor, Wilkie Collins, era sumamente habilidoso, por lo que está correctamente escrita. Sin embargo, da la sensación de que fue elaborada de una manera algo rutinaria y carece de la chispa de otras obras de Collins (quizá esté demasiado apegada a los hechos reales en los que se basa). Por lo tanto, no sólo es inferior a clásicos como La dama de blanco o La piedra lunar, sino que también se queda corta al compararla con propuestas menores tan entretenidas y solventes como El hotel encantado.

Ya digo que El fantasma de John Jago está correctamente escrita. Desgraciadamente, es una novela insulsa por culpa de su argumento lineal, sus personajes acartonados, su ambientación desaprovechada y su prosa meramente funcional. Algunos de sus apartados relucirían un poco si se hubiera puesto mayor esmero en ellos. Por ejemplo, el elenco principal de la obra podría enriquecerse con matices si no se situara en un marco puramente dicotómico, en el que sólo hay personas buenas o mezquinas. Asimismo, la trama despertaría más interés si no fuera tan sencilla y obvia, y si las pocas revelaciones que la salpican, como la que le hace John a Naomi, suvbirtieran las expectativas del lector, en vez de reafirmarlas.

Yo comparaba inevitablemente El fantasma de John Jago con La bestia en las sombras, de Edogawa Rampo. Ambas son novelas cortas con toques de misterio y romance en las que un protagonista varón trata de ayudar a una mujer de quien se ha enamorado. Sin embargo, en la obra del japonés la intriga y tensión están mucho más conseguidas, la atmósfera está mejor plasmada, las revelaciones son inesperadas y gratificantes en vez de previsibles, el argumento es harto complejo, el protagonista tiene una verdadera participación en la historia y todos los personajes ofrecen claroscuros.


También de Wilkie Collins en ULAD: Aquí

sábado, 28 de agosto de 2021

VV.AA.: Aquelarre de cuentos

Idioma original:
Español
Año de publicación: 2021
Valoración: Recomendable


Aquelarre de cuentos es una antología que compila diecisiete ficciones. Diecisiete ficciones que han sido escritas en español por autoras de trece países distintos. Diecisiete ficciones que se relacionan con el terror moderno en sus más variados registros. Diecisiete ficciones que exploran cuestiones vinculadas con lo femenino (el salto a la adultez, el deseo, la maternidad, el encierro o la misoginia, entre otras). Diecisiete ficciones que, en conjunto, exhiben un nivel literario altísimo. Abordémoslas:

"El grito", de Mariana Torres, es un microrrelato de corte surrealista que funde la plasticidad de sus imágenes con su vocación metafórica. 

"La Hostería", de Mariana Enríquez, junta la represión sexual con los fantasmas provocados por la última dictadura argentina. 

"Susana", de Gabriela Arciniegas, retoma el motivo introducido en "El grito" (motivo que recuperará, a su vez, "En paz"). 

"Cantata", de Adriana Díaz Enciso, es una pieza sumamente inquietante que destaca por su opacidad conceptual y su lograda atmósfera. 

"Luto", de María Fernanda Ampuero, se lee con el corazón encogido, pues rebosa crueldad y violencia. Abstenerse estómagos delicados. 

"Los seis pies del gato", de Carmen Boullosa, trata sobre la maldad cotidiana y los ecos que ésta provoca.

"Matadora", de Solange Rodríguez Pappe, se disgrega en muchas direcciones para, finalmente, culminar en un potente clímax.

"Los maullidos", de Gemma Solsona Asensio, se narra a modo de crónica y denuncia de forma indirecta la opresión que sufrieron muchas niñas y jóvenes huérfanas durante el franquismo al ser internadas en las instituciones llamadas «centros para señoritas».

"La enana en el tren" y "En la silla de ruedas", de Ana María Shua, son dos ejercicios de surrealismo en formato breve.

"Las pisadas del hambre", de Ana María Fuster Lavín, es una historia de vampiros que logra rehuir lo convencional y tiene buenos momentos, aunque su acabado y estructura no me acaban de convencer.

"En paz", de Claudia Salazar Jiménez, resulta entretenido y alberga saludables dosis de humor negro.

"Cosita", de María del Carmen Pérez Cuadra, es tan perturbador como absurdo (conste que esto último lo digo como un halago).

"Afrodita", de Alicia Fenieux, presenta un detallado escenario distópico. Reflexiona acerca de la sexualización de las menores de edad y la delgada línea que separa el ocio voluntario de la presión de grupo. 

"María", de Alexandra Pagán Vélez, es muy lineal en su escueto planteamiento, pero alberga descripciones bastante asquerosas que harán las delicias de aquéllos a los que este tipo de cosas nos interesan. 

"La joya", de Daína Chaviano, parece salido de la pluma de un Edogawa Rampo occidentalizado y nos obsequia con un desenlace propio de uno de esos hentai directos a DVD de los noventa.  

"El Ojo", de Liliana Colanzi, recuerda sobremanera a Carrie, pues contiene una turbia dinámica entre una madre y su hija, fanatismo religioso y puritanismo trasnochado. 

En resumen, Aquelarre de cuentos es un volumen agradecidamente ecléctico. La calidad promedio de los componentes del mismo es, cuanto menos, elevada. ¡Así da gusto participar en una misa negra!   

jueves, 14 de noviembre de 2024

Shintaro Kago: Fraction

Idioma original: Japonés
Título original: フラクション
Traducción: ¿?
Año de publicación: Entre 1998 y 2009
Valoración: Delirante
 
"Fraction" es una ida de olla que sólo un autor tan extravagante como el mangaka Shintaro Kago podría concebir. 

"Fraction" es, también, una joya del noveno arte. Al fin y al cabo es un cómic sumamente original, tiene algunos de los giros de guión más locos que he leído nunca y su componente metaliterario es muy audaz. Asimismo, su apartado gráfico es tan creativo y refinado como el de todas las obras de Kago.

En "Fraction" seguimos los pasos de Rebanador, un asesino en serie que se dedica a partir a mujeres por la mitad y que puede tener a un imitador; también seguimos a Mangaka (el propio Kago), que quiere dejar de ser reconocido como autor ero-guro y entregar un cómic de misterio que juegue con el espectador recurriendo a distintos trucos narrativos que desafíen los «prejuicios», «ideas preestablecidas» y «predisposiciones» de la gente (mostrando, por ejemplo, qué hay más allá del «marco» de las viñetas, cómo nos pueden engañar los «bocadillos», etc...).

"Fraction" subvierte toda clase de expectativas: aquellas derivadas  del género en el que se inscribe la historia (el misterio detectivesco) y aquellas que propicia el medio empleado para narrar dicho género (el cómic). Y, de paso, Kago subvierte también lo que la gente espera de él en tanto que autor ero-guro (es decir, «cadáveres, vísceras, mierdas, torturas, sadomaso»).

"Fraction" se publicó en 2009 junto a cuatro relatos que ya habían sido editados previamente. Dichos relatos combinan, al igual que su predecesor, el desmadre argumental y la estética repulsiva propias del ero-guro, aunque sin poner ambos apartados al servicio de exploraciones metaliterarias. En comparación con "Fraction" son algo sencillos, pero todos me han gustado. 

Quizá los más locos son "El retornado" (homenaje todavía más perverso que "La oruga" de Edogawa Rampo, su obvia inspiración) y "Colapso" (desquiciado estudio de personaje de una mujer). 

Por otro lado, "El súmmum de lo irritante" se mantiene bastante fiel al concepto de base (cosa que viene a ser poco habitual en Kago, tan proclive a dispersar sus historias en direcciones variopintas) y "Colapso" tiene una imaginería muy poderosa, pero lleva su prometedora premisa hacia el registro más cliché posible, el de lo psicológico.

En resumen: si sois amantes de la literatura gamberra en la que la violencia, el gore, la pornografía, el absurdo, el humor negro, la sátira, las ideas locas y los giros de guión se dan cita, el volumen Fraction os encantará; también os lo recomiendo a quienes busquéis en el arte (y en su lenguaje) un componente transgresor y autoreferencial. Bueno, seas quien seas, lee a Kago en general; créeme, no te va a decepcionar lo más mínimo.




También de Shintaro Kago en ULAD: Aquí

miércoles, 26 de febrero de 2025

Junichirō Tanizaki: Cuatro casos criminales

Idioma original: Japonés
Traducción: Rumi Sato
Año de publicación: 1918-1921
Valoración: Está bien

La editorial Satori sigue publicando la obra de juventud de Junichirō Tanizaki, como ya hiciera con El demonio y otros relatos. En esta ocasión, su antología Cuatro casos criminales compila cuatro historias cortas de misterio, intriga y suspense del autor japonés.

De estas historias sorprende el pulso narrativo de Tanizaki, capaz de zarandear de forma sumamente eficaz al lector de un lado a otro, pero permitiéndole siempre extraer sus propias conclusiones. También los atinados retratos psicológicos de sus protagonistas, generalmente varones, capaces de profunda introspección y propensos a una degradación física y moral deliberada.

En "El caso del baño Yanagi" (1918), un pintor acude a un abogado para que éste le ayude a dirimir si ha matado a su amante o no. Con semejante premisa, el relato logra captar el interés del lector desde las primeras páginas. Además, tiene ideas muy sugerentes (si bien no siempre desarrolladas) y alberga pasajes geniales (como los que desnudan la atribulada mente del joven K, o aquellos, de un acabado más onírico y atmosférico, que supuestamente transcurren en un fantasmagórico baño).

En "Por el camino" (1920), un detective privado aborda en plena calle a un oficinista y admite abiertamente que le está investigando. Es un relato a mi juicio algo lineal, pero llevado con maestría. Asimismo, soprende por la agudeza y sagacidad del detective, y por la forma en que, a través del diálogo, éste va arrinconando al asalariado.

En "El ladrón" (1921), un alumno becado de un instituto de élite es sospechoso de ser el perpetrador de una serie de robos acaecidos en su residencia. Me recuerda a otros relatos de Tanizaki (como por ejemplo "El criminal", "Una confesión" y "El odio"), en el sentido de que es un intenso y contundente retrato psicológico que, si bien me hubiera gustado ver insertado en un argumento mayor, funciona satisfactoriamente por sí solo y presenta una lógica interna la mar de retorcida.

En "Diablos a la luz del día" (1918), un escritor es invitado por un amigo adinerado, ocioso y mentalmente trastornado a acompañarle a presenciar la ejecución de un asesinato. Con este relato me sucede igual que con algunas obras de Edogawa Rampo: pese a que me parece disfrutable y muy entretenido, obliga a suspender la incredulidad en demasía y apuesta por elementos narrativos algo chirriantes (los personajes excéntricos, las deducciones detectivescas, la visión a día de hoy un tanto ingenua del erotismo perverso o los giros de tuerca rocambolescos).

Resumiendo: Cuatro casos criminales es una antología recomendable, sobre todo para los completistas de Tanizaki y los amantes de la literatura de suspense que enfatiza la oscuridad de la naturaleza humana. Sin embargo, hay que leerla teniendo en cuenta que, pese a pertenecer a un autor extremadamente talentoso, éste todavía estaba en su fase embrionaria cuando escribió los relatos que la componen. Y es que incluso el más logrado del conjunto (a mi juicio, "El ladrón") presenta alguna aspereza.


También de Junichirō Tanizaki en ULAD: Aquí

jueves, 20 de diciembre de 2018

Masako Togawa: La llave maestra

Idioma original: Japonés  
Título original: Ōinaru gen'ei 
Traductora: Susana Constante
Año de publicación: 1962
Valoración: Recomendable

La llave maestra fue galardonada con el prestigioso premio Edogawa Rampo. No es para menos, pues nos hallamos ante una novela extraordinaria (sobre todo si tenemos en cuenta que fue el debut literario de su autora, Masako Togawa): bella e intimista a la par que malsana y asfixiante.

Pero vamos por partes: ¿de qué trata este libro? Difícil de concretar; a fin de cuentas, La llave maestra escapa a cualquier etiqueta convencional. Por un lado estamos delante de una historia enfocada en la intriga, el misterio y la tensión. O sea, ante un thriller de toda la vida. Al mismo tiempo, se exploran temas mucho más “literarios” en estas páginas; temas como la soledad, el miedo al cambio o la invasión de la intimidad, que son presentados de forma sutil pero efectiva. De modo que la ópera prima de Togawa es en cierto modo una asequible (aunque atípica) novela negra, a la par que un ejercicio literario profundamente inteligente. Supongo que a esta naturaleza ambigua se debe su aceptación casi unánime entre público de todo tipo. 

Ubiquémonos. El relato transcurre en el Japón de los 1950s, un Japón derrotado y hasta cierto punto “invadido” por la cultura occidental. Para ser más exactos, transcurre en Ikebukuro, zona de Tokyo que en la posguerra inmediata se convirtió en lo que Focault denominaría un espacio heterotópico, dadas las transformaciones turbadoras y contradictorias que experimentó. Si destaco este contexto geográfico-histórico es porque lo creo relevante, y más adelante ahondaremos en su importancia simbólica dentro de La llave maestra.

También los Apartamentos K son un elemento significativo para el argumento de la novela, así como para los temas que ésta baraja. El viejo edificio, escenario en el que se desarrolla gran parte de la historia (y referencia al lugar donde la autora convivió de pequeña con su madre, por cierto), es un microcosmos harto peculiar. Tiene más de cien alojamientos, en los cuales solamente pueden vivir mujeres. Cierra su puerta principal a las once de la noche. Todos los visitantes que reciban las inquilinas deben quedar registrados en un libro que se guarda en recepción. Si la visita es un varón, hay que marcarle con una etiqueta numerada. 

Las contradicciones de este escenario son especialmente fascinantes. En algún momento, esta residencia para mujeres fue novedosa, pero en la actualidad ha quedado completamente desfasada; sus ritos y normas, que se siguen cumpliendo por condescendencia e inercia, son anacrónicos; a su manera es una cárcel, aunque los Apartamentos K se erigieran en un inicio para proteger a las mujeres que iban a cobijar durante los difíciles años de posguerra. Otra aspecto interesante de este edificio es que fue el primero en Japón en utilizar una llave maestra. Actualmente, este objeto se ha convertido en una amenaza, pues alguien lo ha robado y, en consecuencia, la intimidad de las residentes ha quedado comprometida. 

El argumento de La llave maestra pivota alrededor de la desaparición de susodicha llave durante la mayoría de la historia. Asimismo, hay otras subtramas en esta novela, las cuales gravitan en torno al secuestro de un niño mestizo, el robo de un violín o el desplazamiento de unos centímetros que los Apartamentos K van a experimentar para que se ensanche la calle de enfrente. Gracias a la destreza de Togawa, todas estas subtramas acabarán por confluir al final, con un par de giros sorprendentes muy logrados. Ah, si hago hincapié en los elementos que dinamizan estas tramas y subtramas (la llave, el niño, el violín, el desplazamiento) es porque no dejan de ser excusas narrativas, preñadas de simbolismo, con las que la autora va trabajando los temas que recorren las páginas de esta novela.

Por ejemplo, el desplazamiento del edificio es empleado para ilustrar el miedo al cambio de las residentes, así como la posibilidad de que una tradición como la de la milenaria cultura japonesa pueda ser apartada y substituida por otra. ¿Qué hay del niño secuestrado? Hijo de una japonesa y un militar americano, simboliza el horror ante la “ocupación” del Japón de posguerra efectuada por Occidente. Y qué decir del violín: un Guarnieri di Cremona, un valioso objeto extranjero con un atractivo turbador. Todos estos elementos remiten ineluctablemente al Ikebukuro contradictorio y forcejeante del que os hablaba hace un rato

La historia de La llave maestra se nos cuenta a través de varios puntos de vista, dando voz a diferentes residentes de los Apartamentos K. Este formato coral enriquece el rompecabezas que es esta novela, y añade de paso ángulos inesperados al meollo. Exceptuando dos capítulos, escritos en primera persona, todos los demás son descritos por un narrador omnisciente. La presentación de los acontecimientos no es lineal, lo cual ayuda también a ir dosificando las pistas que Togawa quiere ir soltando poco a poco. 

Ninguno de los personajes de La llave maestra es extremadamente memorable, pero al menos se intenta caracterizar a la mayoría de protagonistas. Que no son pocas, precisamente. La psicología de estas mujeres, aunque tratada de forma superficial, tiene uno o dos rasgos propios que la distingue de la del resto. Además, su condición de personajes solitarios, recluidos en el pasado, que guardan celosamente sus secretos más inconfesables, y la potencial interacción que se puede establecer entre varias de ellas, ya las vuelve atractivas para el lector, sin necesidad de que sean muy complejas de manera individual. 

Debo añadir, llegados a este punto, que el estilo de la autora no acaba de funcionar del todo. Se la nota bisoña con el lenguaje, y es incapaz de aprovechar todas sus posibilidades. Por desgracia, esta inexperiencia, que en otro tipo de ficciones puede jugar a favor de la historia, compromete algunos pasajes de La llave maestra. Pero bueno, este pequeño defecto apenas molesta en el desarrollo de la novela. Tampoco es especialmente problemático, pese a que no deja de ser notorio, el que el manejo de los temas sea algo irregular. Lo que sí puede tirar atrás a más de uno es la dificultad que supone para un occidental memorizar la enorme cantidad de nombres y apellidos japoneses que salpican esta obra.  

En definitiva, La llave maestra es un libro rebosante de buenas ideas que, aun cuando éstas estén parcialmente desmerecidas en el resultado final, vale la pena descubrir. Y la tremenda ambición que supone abordar semejante argumento, así como tratar de refilón los temas que Togawa toca, es algo digno de admiración (recordemos aquí que ésta es su primera novela).


Post Scriptum: Ojalá alguna editorial se ponga manos a la obra y empiece a editar a Togawa. Solamente hay tres novelas suyas publicadas en España, y actualmente es difícil conseguirlas sin tirar de internet o librerías de ocasión. Inconcebible, lo sé. 

jueves, 26 de marzo de 2026

Akimitsu Takagi: El misterio de la mujer tatuada

Idioma original: japonés

Título original: 刺青殺人事件 (Shisei Satsujin Jiken)

Año de publicación: 1948

Traducción: (del inglés) Eduardo Hojman

Valoración: bastante recomendable

Hoy en día los tatuajes son algo tan extendido y aceptado en nuestra sociedad que ya se los hacen hasta los chavales de la ESO (y los de Primaria, casi por poco), amén de jóvenes y mayores de toda clase y condición. pero antaño eran algo exclusivo de oficios un tanto aventureros (marineros y soldados, por ejemplo) y, sobre todo, de gentes de mal vivir o, al menos, que rondaban los ambientes del malevaje. Lo mismo que en Occidente ocurría en Japón, a pesar del maravilloso nivel artístico alcanzado por el irezumi o tatuaje tradicional, pero que se asociaba a  quienes se dedicaban a oficios arriesgados como bomberos o trabajadores de la construcción y, por otras razones, a los célebres yakuza. Con el punto añadido del erotismo, puesto que en la tradición japonesa los tatuajes más apreciados son de grandes dimensiones, en ocasiones de cuerpo entero o casi y sólo pueden apreciarse sobre los cuerpos desnudos.

Ahora bien, si hoy en día la percepción social hacia los tatuajes, aquí y allí, ha cambiado por fuer de la moda, en 1947, al poco de acabar la II G. M. en Japón seguían viéndose como algo más bien marginal y túrbido -y, de hecho, la prohibición de dedicarse a tatuar seguía vigente por entonces -; lo interesante, por supuesto, es que esa práctica o afición, incluso pulsión, en algunos casos, conformaba un submundo muy particular, entre lo artístico, lo exquisito y lo opaco que resultaba de lo  más estimulante, desde un punto de vista narrativo. De ahí que la primera novela policiaca de Akimitsu Takagi, el considerado "Simenon japonés" (aunque creo que esto también se dice de su mentor, Edogawa Rampo), partiendo de una idea de lo más sugerente: en el asolado Tokio de la posguerra, que trataba de volver a la normalidad entre ruinas y escasez, se producen unos crímenes que parecen tener como objetivo apropiarse de la piel tatuada de las personas asesinadas. En el primero de los asesinatos se ve envuelto el joven médico Kenzo Matsushita, quien nos servirá de guía lo largo de toda la novela, pues además es hermano del comisario de la policía criminal Daiyu Matsushita y amigo de otro forense, el antiguo "Niño Genio", Kyosuke Kamizu, que viene a ser el Sherlock Holmes de esta historia (de hecho, esta novela es la primera de una serie protagonizada por él). 

Con estas premisa, sin duda se podría escribir un thriller erótico/truculento -y aquí encontramos ambos aspectos, de lo sensual al gore, pues después de todo, los autores japoneses son consumados intérpretes de ambas suertes-, así como una "novela problema", con misterio de cuarto cerrado incluido, que también se trata de eso. Pero, además y antes que los subgéneros mencionados, éste es un noir diríamos que clásico -o casi, debido a su ambientación- con femme fatale y todo... Es decir, que Takagi jugó con la combinación de estas diversas modalidades del género, lo que no resulta fácil, pero a él le salió bastante bien, con el atractivo añadido de, ya digo, sumergirnos en un mundo hermético, en una subcultura cerrada incluso para la mayoría de los japoneses de aquella época y que resulta o puede resultar de lo más estimulante y estremecedor al mismo tiempo. Todo bañado, ya digo, por un aura de sensualidad y, por momentos, con un toque onírico -quizás debido al estilo con que describe el autor ciertos elementos que aparecen en la novela, pero también a circunstancias de la trama-; digamos, por entendernos, que si se hiciera una adaptación de este libro al cine  (creo que no existe aún), el resultado podría ser algo así como una clasica película de detectives  de la Hammer, dirigida por Kurosawa y con la trama de una peli de Park Chan-wook, pero dándole un aire al Terciopelo Azul de David Lynch y a la estilizada brutalidad de Se7en o El silencio de los corderos... (perdón, quizás sean demasiadas referencias cinematográficas para la reseña de un libros).

El caso es que Takagi consiguió combinar todos estos elementos de una forma cuando menos amena y, en algún  momento, incluso fascinante. Cierto es que se le puede atribuir una cierta parsimonia narrativa, propia de la época en la que se escribió la novela y que, como historia de misterio, despista un poco que el Sherlock Holmes o Poirot de turno no aparezca hasta el último tercio del libro, pera luego resolver el misterio sin apenas despeinarse -bueno, sí que se despeina un poco, cosa insólita en él, por lo demás-; así, aunque sus deducciones no resultan forzadas, sí algo artificiosas. Dicho de otro modo: quizá el final no sea un Deus ex machina, pero sí un Kamizu ex machina... Da lo mismo: estos no son más que detalles, pequeñas objeciones a una novela, por lo demás estupenda, interesante e insólita. Ojalá esta editorial u otra siga publicando en España los libros de este escritor porque realmente creo que merecerá la pena leerlos.

Nota para quienes hayan leído la novela o para quienes no lo hayan hecho, pero no les importe arriesgarse a un spoiler que, en realidad, no lo es: Por lo visto, en el Museo de Patología Médica de la Universidad de Tokio sí que existe la colección de tatuajes que aparece en este libro, aunque no está abierta al público (por suerte, pienso yo, aunque entiendo que habrá a quien le gustaría verla). El iniciador de la misma fue, al parecer, un tal doctor Fukushi Masaichi, a quien no cuesta reconocer como el inspirador del profesor Hayakawa de la novela.

sábado, 21 de febrero de 2026

3x1: Colectivo juan de madre presenta nº1 y nº2 + Entrevista

Quienes me conocen saben que Colectivo juan de madre presenta es una de mis editoriales de cabecera. Cuando la descubrí, allá por el 2001, me fascinó la calidad de su presentación, la unicidad de su catálogo y el amor por la literatura que emanaba.

Desde entonces he seguido con interés la evolución de este proyecto. He lamentado el (desgraciadamente comprensible) paso de las tiradas limitadas y los buenos materiales a la impresión y distribución con Amazon. He abrazado su transición del bizarro con algo de casquería y escatología al splatterpunk más salvaje. También he asistido a sus informales presentaciones, intimado con sus enigmáticos fundadores y publicado una novela bajo su amparo.

Hoy traigo una reseña de sus dos primeras publicaciones: Los abigarrados mundos de Takeshi García-Ashirogi, de (por supuesto) Takeshi García-Ashirogi, y Arcanos del antiguo estado, de O.L.G.A. Equis. 

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Idioma original: Español
Año de publicación: 2019
Valoración: Delirante

Una reliquia única. Esto es Los abigarrados mundos de Takeshi García-Ashirogi, el primer libro que una de mis editoriales fetiche, Colectivo juan de madre presenta, publicó. Un libro de tirada limitada, del que yo poseo uno de los pocos ejemplares que llegaron a circular. 

Un objeto precioso. El continente de Los abigarrados mundos de Takeshi García-Ashirogi es espléndido. Sobre todo destacaría los materiales que componen el libro, y el hecho de que esté profusamente ilustrado. Se nota que pertenece a la época en que la casa, emborrachada de ilusión, ambición y buen hacer, apostaba por todo lo alto, quizá a expensas del beneficio económico razonable, y no imprimía y distribuía su catálogo, como ahora, a través de Amazon.

Las surrealistas ilustraciones. Son un auténtico deleite visual a todo color y engalanan la cubierta, las sobrecubiertas y el interior de Los abigarrados mundos de Takeshi García-Ashirogi. El artista Riot Über Alles emula en ellas la técnica del collage al recortar y superponer imágenes digitales. También distorsiona y modifica a su antojo el material de base, e imprime unas transparencias y texturas al conjunto, de una manera que el oficio analógico jamás permitiría.

El hilarante prólogo. Escrito por Riot Über Alles, es profundamente metarreferencial, contextualiza (de una forma deliberadamente engañosa) la obra y nos saca varias sonrisas gracias a su empleo del humor y la hipérbole. 

Una antología delirante. Los abigarrados mundos de Takeshi García-Ashirogi agrupa siete relatos breves, formal y temáticamente variados, que giran en torno a conceptos de lo más extravagantes. Arranca con fuerza gracias al contundente y retorcido "La antigua sinceridad", en el que una actriz y guionista porno compra una máquina del tiempo. "El ataque de los belenes vivientes", que muestra una suerte de parque temático religioso siendo atacado por yihadistas, resulta competente y divertido, aunque no alcanza el nivel de su predecesor. "El hombre utópico" llega a buen puerto pese a tomarse un pelín más en serio e incluso logra conmover con una historia de un hijo que va desapareciendo (literalmente) tras la muerte de su madre. "La dentadura postiza de Alicia Crisálida no poseía colmillos", una bizarrada en la que una licántropa frugívora y activista derroca una empresa, concatena una idea seductoramente alocada tras otra. "Esther, nuestra inmaculada genocida", disfrutona ocurrencia de humor negro que leí por primera vez en la antología Valores Familiares, muestra a una joven jaredí que se somete ante un proceso de gestación subrogada con irónico desenlace. "Los irreconciliables hermanos Spencer" aplica ingredientes reminiscentes al rebuscadamente entrañable Edogawa Rampo a una trama detectivesca (por lo demás algo previsible), en la que un detective persigue a un asesino en serie que arrebata a sus víctimas los órganos que el cuerpo humano tiene repetidos. "De por qué me hice Lutier", una especie de fábula que trenza tres tragedias, cierra el volumen con una nota melancólica.

Un autor imposible. Debemos Los abigarrados mundos de Takeshi García-Ashirogi a un anciano, hijo de padre hispano y madre japonesa, que vive en Estados Unidos y que asegura haber escrito más de siete mil obras. Si éstas son tan buenas como los relatos compilados en esta antología, o los de ese genial pastiche titulado El sheriff Goodman contra Pinhead y otras espeluznantes aventuras en el lejano oeste, esperemos que se sigan publicando, a ser posible con tanto mimo y dedicación como lo hizo Colectivo juan de madre presenta.



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Idioma original: Español
Año de publicación: 2019
Valoración: Delirante y totalmente inclasificable

Arcanos del antiguo estado es una de esas colecciones de relatos a las que el adjetivo heterogéneo le queda corto. Y es que la gamberrada inclasificable (porque no hay mejor forma de referirse a esta antología) de O.L.G.A. Equis agrupa siete relatos, muy variados en factura, temática e intenciones, cuya prosa, surrealismo (o quizá bizarro) y humor dota de cierta unidad.

Abordémoslos uno a uno. "Nunca sabes ni cuándo ni cómo" es una joya, quintaesencia del bizarro más hilarantemente absurdo, sensualmente escatológico e imprevisiblemente profundo. Digo que este relato es imprevisiblemente profundo porque la historia de amor entre un joven y una fosa común sirve a O.L.G.A. Equis para explorar cuestiones tan elevadas como la paternidad, el madurar, el enamorarse, el matrimonio y las pantanosas relaciones (literalmente) entre cónyuges. Otras virtudes que le encuentro son la pasmosa facilidad con la que concatena ideas, imágenes, personajes, escenarios y dinámicas increíblemente creativas y cómo se apuntala en un mundo apenas esbozado, pero a todas luces presente.

"Un pijama estampado de accidente de tráfico en autopista" demuestra que O.L.G.A. Equis puede sacar jugo de cualquier concepto, por aparentemente pequeño en escala y ambición que sea. Y es que este relato, en el que el narrador abre un regalo, inicia con una curiosa tesis sociológica y estalla súbitamente hasta derrumbar todo a su alrededor (literalmente).

"Extracto —98—" es un imaginativo ejercicio con el que O.L.G.A. Equis parece mofarse del revisionismo ocioso y de quienes sobrepiensan una obra de arte y hacen malabares intelectuales y retóricos para acomodarla a sus propios sesgos y convicciones ideológicas. La transcripción de una reunión entre personas de lo más dispares que creen haber hallado mensajes cifrados en las obras de Cánovas del Castillo evidencia que, si quieres, puedes ver (literalmente).

"Botas de cuero encerado" es sorprendentemente conmovedor, pues narra la tensión entre una madre y su hijo, quien lleva años atormentado por cosas que le ha oído decir a sus espaldas. Este relato, de vocación abiertamente metafórica, se cierra sin entregar una respuesta clara ni al protagonista ni al lector, aunque dejando claro que en su interior anida una verdad esquiva y profunda, por cuya revelación hay que excavar como quien desprende capas y capas de desecho de unas botas (literalmente). La finura de su prosa, su atención al detalle, la plausibilidad del protagonista y el enigmático significado del conjunto me hacen creer que, si bien no es mi favorito del conjunto, es el mejor objetivamente hablando. 

"Pensar / decir / hacer" va de menos a más hasta convertirse en una de las cimas narrativas del volumen. Lo que en un inicio parece un relato sobre los problemas de comunicación de una pareja deviene en la entrañablemente tragicómica comunión de dos almas. Un desempleado deambula por la ciudad tras discutir con su pareja y no tarda en comprender que no sólo ella no lo entiende, sino que ni siquiera un joven semidesnudo conspiranoico lo hace, pero los dos harán un esfuerzo por conectar y traban una curiosa amistad, tan unilateral como recíproca.

"En todo es todo" es un monólogo de alguien que cree (literalmente) en todo, incluso en lo contrario de ese todo. Con él, O.L.G.A. Equis exhibe nuevamente cómo puede exprimir los conceptos más sencillos, y expandirlos en todas las direcciones, tanto las intuitivas como las refrescantemente inéditas.

"El hombre y los roqueros" es lo más parecido a entender qué es el ciclo de la vida para O.L.G.A. Equis. A fin de cuentas, el relato trata sobre un protagonista que es vendido por su padrastro a un grupo de roqueros, quienes llevan al secuestrado a un garaje y no hacen nada con él salvo contemplarlo (literalmente) durante días, luego, ya convertido en hombre, es liberado, y, finalmente, es linchado en un parque por un grupo de padres que lo acusan de pedófilo. Esta extravagante oda a la inacción es una crítica a la multitud incapaz de aceptar a quien la practica, y me ha deslumbrado por dos párrafos que describen a la madre y padrastro del protagonista y parecen sacados de un Alejandro Sawa trasnochado.

En definitiva, Arcanos del antiguo estado es una miscelánea tan desconcertante como cautivadora. Puede que no sea para todo el mundo. Sin embargo, a raritos, iconoclastas y desprejuiciados como un servidor, les fascinará. Incluso puede resultar atractiva para lectores más serios, dada la calidad de la prosa de O.L.G.A. Equis y la dignidad apabullante que permea esta gamberrada.

Ah, Arcanos del antiguo estado viene engalanada con unas magníficas ilustraciones de Riot Über Alles, en las que rostros deformados, desfigurados y fragmentados nos recuerdan que los textos que acompañan son, a la postre, una especie de reflejo distorsionado nuestro.


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Tras prender fuego a la cueva donde moran los editores de Colectivo juan de madre presenta y obligarles a salir reptando al exterior, he aprovechado para hacerles unas preguntas, que han respondido con suma amabilidad y bajo su propio riesgo:

ULAD: ¿Cuándo fundasteis Colectivo juan de madre presenta? ¿Con qué propósito?

R: La formamos un mediodía a principios de 2019, creo recordar, durante un vermut-picoteo en mi casa, subiditos de etanol. Y no "fundamos" nada propiamente hablando, porque de lo que se habló fue, en un principio, la gestión de una —¡una!— publicación literaria ilustrada que pedía ver la luz a través de un canal autogestionado y con un 100% de control sobre los contenidos y la ejecución editorial: hablo del nº1 de la colección, Los abigarrados mundos de Takeshi García-Ashirogui

D: Sí, creo que fue tal cual así. Aunque creo recordar que muy pronto nos vinimos arriba y consideramos la posibilidad de aprovechar el impulso para montar una micro-editorial a nuestra manera. Esto es, un sitio en el que acoger los proyectos más locos, bizarros, splatterpunks, sin necesidad de habilidades literarias canónicas, con mucho cuidado por las relaciones entre editorxs y autorxs, y mucho amor por la "baja" cultura.

ULAD: ¿Podéis explicar brevemente de dónde proviene el nombre de la editorial?

D: Creo que quisimos aprovechar que la “marca” Colectivo juan de madre ya tenía cierto recorrido en el underground literario, y hacer una especie de Alfred Hitchcock Presenta, pero del punk.  

ULAD: ¿Cómo definiríais la literatura que tan insensatamente esparcís por las calles?

R: Marginal. Honesta. Improbable. Divertida. Libre de pretensiones. Oscura. Antiacadémica por defecto. De género. Chocante. No necesariamente innovadora, pero sí fresca.

ULAD: ¿Qué habéis aprendido gracias a este proyecto? ¿La experiencia ha sido estimulante de alguna manera inesperada? ¿Ha acarreado también algún que otro bajón?

R: Para mí, ha sido y sigue siendo un chute de aire fresco que me mantiene activo no solo como agitador cultural, sino también como escritor e ilustrador: todo han sido alegrías y aportaciones positivas, a excepción de lo de Fundición Adecco, una anécdota aislada por lo negativa y desagradable que resultó.

D: Ah, sí, los Adecco… Resulta que sacamos un libro firmado por un tal Fundición Adecco que, de manera azarosa, llegó a manos de un trabajador de la empresa Adecco original, y se conoce que no les hizo gracia el chiste y nos amenazaron con tirarnos toda su caballería legal si no retirábamos el libro. Valientes matones están hechos… Pero, por o demás, como dice Riot, todo han sido alegrías.

ULAD: Colectivo juan de madre presenta ha ido mutando con el tiempo. En primer lugar, ha virado de la literatura bizarra con humor negro, toques escatológicos y dosis de sangre al splatterpunk desacomplejado. Asimismo, sus autores, aun manteniendo la tradición del pseudónimo, ya no están ocultos tras varias capas de enmascaramiento. Por no hablar del cambio que supuso a nivel logístico la impresión y distribución por Amazon, o la integración en la editorial hermana Pathosformel. ¿Qué podéis decir de esta evolución?

R: Lo de la evolución hacia el splatterpunk ha sido, en buena parte, lo que nos ha ido sucediendo según nos adentrábamos en nuestra posición de editores (por llamarnos de algún modo): nuestros gustos personales como lectorxs, lo que hemos ido conociendo y compartiendo con otrxs editorxs amigxs, lo que nos ha ido rodeando al paso ha sido el splatterpunk, el gore y otras formas de terror extremo, pero yo creo que nunca hemos abandonado la senda del bizarro. A mí personalmente me sigue interesando, y a título personal mis obras dentro de la editorial nunca han dejado de tener una parte muy importante de bizarro y rarunez galopante. Por no hablar del humor negro, ingrediente indispensable tanto en Colectivo juan de madre presenta como en la vida misma. 

Lo de Amazon, por otra parte, es una decisión práctica: nuestra anterior manera de hacer las cosas se tornó económicamente insostenible. No me hace demasiada gracia trabajar con Satanás himself, pero quiero pensar que nos estamos aprovechando del medio para nuestro propio beneficio y el de la distribución de un tipo de literatura sin apenas visibilidad en el mercado estándar.

D: Y unirnos con Pathosformel resultó de lo más sencillo y natural. Somos colegas, estábamos interesados en las mismas movidas, a la práctica, ya colaborábamos en mil cosas. Tan solo era hacerlo oficial, como esa pareja que pasa por vicaría tras vivir veinte años juntos. Joder, y fue un orgullo pasar a ser una colección de Pathosformel… la editorial que publica a Edward Lee!!!!
 
ULAD: Algunas de mis historias favoritas de tiempos recientes las habéis publicado vosotros. Le tengo mucho cariño a Batido de gato o Polipiel, novelas tan irregulares como geniales. También me volaron la cabeza varios relatos de vuestras antologías: "Nunca sabes ni cuándo ni cómo" y "Pensar / decir / hacer", de  Arcanos del antiguo estado, o "Un apartamento en tu colon", de La 4Chan Generation. ¿Vosotros tenéis obras predilectas dentro de vuestro propio catálogo?

D: Estoy de acuerdo con lo de Batido de gato, me flipa. Y destacaré dos más (aunque todas me flipen, sino no las habríamos publicado, claro) por motivos concretos: Oler hierro por ser la última hasta la fecha y contener una de las escenas de violencia más bestia que he leído nunca, y Tres ritos cenobitas, porque no tuvo casi repercusión y me parece un artefacto poético y filosófico brutal.

R: Difícil de decir! A mí me gusta todo lo que publicamos, cada pieza a su manera. Sé que la respuesta suena un poco complaciente y templada, pero es la verdad! Mira, lo que sí te puedo decir es que, a nivel de portadista e ilustrador, con los volúmenes que me lo he gozado a lo grande son Los abigarrados mundos de Takeshi García-Ashirogui y El amor edípico contra la lujuria sadomasona. También me lo pasé muy bien ilustrando la portada de Tres Ritos Cenobitas, debido a mi devoción de fanboy a la mitología de Clive Barker.

ULAD: ¿Podéis recomendar otras editoriales, obras o autores a lectores raritos, iconoclastas y desprejuiciados que sintonicen con vuestra literatura y se queden con ganas de más?

D: En primer lugar querría destacar a Orciny Press, que abrió el camino. Después ahí están los de Dimensiones Ocultas, sus libros me parecen super bonitos. En Colombia, Ediciones Vestigio sacan cosas de la leche. Y no nos olvidemos de la Biblioteca de Carfax, lujazo de catálogo. Y, así, como debilidad personal, está Satori Ficción, que sacan marcianadas japos que siempre valen la pena.