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sábado, 20 de junio de 2026

Iván A. Goncharov: Oblómov

Idioma original: ruso

Título original: Обломов

Año de publicación: 1858

Traducción: Lydia Kúper de Velasco

Valoración: Recomendable


Volvemos por un rato a los grandes novelones rusos del XIX, en este caso con una obra de importante éxito en su época, admirada por el mismísimo Tolstoi y que sin embargo parece algo olvidada en los cánones que normalmente manejamos en España. Una historia en realidad bastante sencilla pero que en manos de un representante de tan ilustre entorno literario adquiere relevancia y extensión respetable.

Historia sencilla, sí, pero que nos deja bastantes cosas memorables, y algunas sorprendentes.

Oblomovismo

Ilia Ilich Oblómov es un terrateniente que apenas conoce sus propias tierras y en realidad no se ocupa de nada en absoluto: es el rey de la procrastinación, tiene siempre unas cuantas cosas en mente, que invariablemente son proyectos que nunca se materializan, gestiones que no se llevan a cabo, mejoras que se diluyen entre siesta y siesta. Al parecer, él no fue siempre así, de manera que podríamos buscarle algunos diagnósticos relacionados con desórdenes psicológicos. Pero la verdad es que Oblómov tampoco sufre, es perfectamente consciente de su abulia, en realidad no le agrada pero tampoco tiene ninguna intención real de emprender otros caminos. Él mismo bautiza su estatus como oblomovismo, una forma de vivir de la que él es el paradigma.

En alguna parte he leído que la prosa de Goncharov carece de humor, pero no es cierto en absoluto. La vida de nuestro personaje, casi siempre inmóvil en su habitación, disputando con su desagradable mayordomo y recibiendo algunas visitas, ofrece momentos muy cómicos y una considerable agudeza en el retrato de personajes, como ese Alexeiev que no es alto ni bajo, ni amable ni antipático, ni generoso ni tacaño, ni divertido ni aburrido. Alguien que parece personificar la media nacional en todo, y que además nunca contradice a nadie.

Otra vez el alma rusa

De esto ya hemos hablado al referirnos a otras obras de la literatura rusa de la época. La actitud en extremo pasiva de Oblómov puede perfectamente verse como una metáfora de la sociedad rusa, de su conformismo o nihilismo. La imagen es de enorme belleza en uno de los primeros capítulos, cuando Goncharov evoca las inmensas planicies en las que, más allá del lento discurrir de las estaciones, no hay grandes fenómenos meteorológicos ni accidentes geográficos, todo resulta estable y predecible, y el mismo paisaje invita a mantenerse uno mismo en ese estado contemplativo, sometido voluntariamente a esa fatalidad, lo mismo los mujiks en sus izbas que su señor en San Petersburgo.

El efecto resulta más potente al oponer a Oblómov la figura de su amigo Shtolz, alemán, inquieto, viajero, encantado de vivir y experimentar, el contrapunto occidental a la postración y la inmovilidad.

Por qué no el amor

El relato deriva pronto en algo que se parece a un folletín. Surge un amor inesperado como la oportunidad para abrir los ojos a otro mundo y Oblómov, ciertamente encantado con la novedad, se ve ante el reto de salir de su burbuja y disfrutar de lo mejor de la vida. Como no podía ser de otra forma, el idilio se extiende por cientos de páginas en las que el exceso narrativo y la obsesión por el detalle pueden hacer la lectura algo pesada, pero todo está tan bien relatado que a cambio de un poco de paciencia tenemos siempre el dibujo perfecto de cada actitud, de los vaivenes y la permanente inestabilidad de una relación naciente, sometida además a dos fuerzas poderosas y que actúan como complementarias: la personalidad de Oblómov, a veces no tan insólita como puede parecer, y los prejuicios de una sociedad que da poco margen a la espontaneidad.

El cuadro está tan bien descrito que seguimos con interés la historia de este amor endeble, y el ritmo moroso de la narración aumenta la ansiedad por conocer en qué terminará el complicado romance.

Desconcierto

Esto que viene ya es una opinión muy personal y con algún grado de spoiler. No me gusta nada la parte final del libro, una especie de apéndice innecesario que no solo desconecta del tronco de la historia, sino que introduce elementos incluso diría que algo dolorosos. Podría ser que Goncharov se haya decidido a poner en primer plano y con toda crudeza lo injusta que es la vida con determinado tipo de personas, cómo aquellos que se suponían amigos, enamorados o benefactores no tienen escrúpulo en arrinconar al débil para alcanzar la felicidad. La honestidad y el buen corazón quedan siempre en el recuerdo, pero la vida la disfrutan otros. En todo caso, todo rezuma una especie de desprecio fatalista hacia Oblómov, y lo peor es que el autor no parece en absoluto consciente de la afrenta, como si su única preocupación fuese redondear el relato de una forma aceptable para el lector.

A pesar de todo, y ya termino, nuestro Ilia Ilich es sin duda uno de esos personajes singularísimos e inolvidables que nos deja la literatura, como Bartleby, Dorian Gray o Bernarda Alba, entre otros bastantes aunque no tan numerosos, figuras irrepetibles a quienes alguien fue capaz de dar vida y dejar para siempre en nuestra memoria. 


miércoles, 6 de mayo de 2026

Johann Wolfgang von Goethe: Las afinidades electivas

Idioma original: alemán

Título original: Die Wahlverwandtschaften

Traducción: José María Valverde

Año de publicación: 1809

Valoración: Entre Recomendable y Está bien


Como es sabido, Goethe colaboró decisivamente en el nacimiento del movimiento romántico Sturm und Drang, y aportó a esta corriente literaria obras fundamentales como Las desventuras del joven Werther. Ciertamente, más adelante iría tomando caminos algo diferentes, pero si hiciésemos abstracción del intervalo de los más de treinta años transcurridos, se podría pensar que con Las afinidades electivas el gran autor alemán quiso someter a prueba al romanticismo con un test de estrés definitivo. 

De manera que, como si se tratase de un reality televisivo, coloca a una admirable pareja disfrutando de su castillo y sus tierras, y les introduce dos visitantes: el capitán, viejo amigo del marido, y una jovencita algo ensimismada que está bajo la protección de la esposa. Para qué queremos más, solo hay que esperar que salte la chispa por algún lado, o por varios a la vez. La vida del acomodado matrimonio va haciendo hueco a sus nuevos invitados, y las cosas se van moviendo, al principio de forma casi imperceptible, para ir cogiendo velocidad poco a poco, igual que en la naturaleza, explica Goethe por boca de sus personajes, los seres, incluso los objetos inanimados, muestran tendencia a unirse o repelerse con otros en función de fuerzas observables aunque no conocidas.

Estamos ante una especie de novela de tesis en torno al amor, y Goethe explora las distintas actitudes de sus personajes, la templanza de unos frente a la inmadurez y la emotividad desbocada de otros, el sturm y el drang se manifiestan con fuerza frente a la prudencia que podríamos definir como burguesa. Son perspectivas completamente diferentes ante las que el autor no toma partido pero, conscientemente o no, los personajes transmiten sensaciones dispares que llegan al lector: el arrebato amoroso que en su momento se puso en valor ahora se ve cómo desemboca en el capricho y la volubilidad que poco falta para que deriven en la pérdida de dignidad y el ridículo. 

La reflexión resulta interesante y bien desarrollada una vez que concluimos la lectura, pero ¿qué ocurre mientras pasamos las páginas? Pues que se suceden las parrafadas, largas explicaciones en un lenguaje con frecuencia afectado, y en definitiva un desarrollo lento y poco atractivo que transmite cierto aburrimiento hasta una parte final confusa y algo atropellada, en la que Goethe parece haber querido recuperar el tono de la tragedia romántica de años atrás. Me atrevería a decir que, desde el punto de vista narrativo, la obra tiene algunas deficiencias serias, como la aparición de personajes ajenos a la trama, que son unos cuantos y no aportan casi nada, y los varios estancamientos en torno al paisaje y pequeñas anécdotas poco relevantes.

El ritmo es irregular y le falta quizá precisión y vigor, que solo aparecen en ocasiones puntuales, lo cual puede ser hasta cierto punto fruto de la época, pero a nivel lector creo que todo esto pesa bastante hasta que uno es capaz de verlo con una cierta perspectiva. Otra cosa es que según los entendidos (hay un largo prólogo en el que se extienden sobre estos pormenores) la obra contiene buen número de guiños y mensajes semiocultos, incluidas alusiones oblicuas a los rosacruces y ciertos elementos esotéricos, que tal vez añaden interpretaciones quizá más ricas y de mayor interés para quien sea capaz de detectarlas. Por mi parte, entusiasta lector del Werther en mis años juveniles, como creo que corresponde, y del Fausto algo más adelante, me quedaré con estas dos obras geniales y dejaré Las afinidades electivas como una más en la colección, de la que no dejo de extraer algunas cosas interesantes, pero que queda  lejos de aquellas experiencias anteriores.

Otras obras de Goethe reseñadas en ULADFaustoLas desventuras del joven Werther

martes, 21 de abril de 2026

Andy Weir: Proyecto Hail Mary

Idioma original: inglés

Título original: Project Hail Mary

Año de publicación: 2021

Traducción: Javier Guerrero Gimeno

Valoración: entre recomendable y está bien

La novela del momento o, por lo menos, yo la encuentro en todas partes, debido a la reciente película protagonizada por Ryan Gosling (que no he visto, así que nadie debe esperar aquí una comparativa entre peli y novela). Lo cual no deja de ser interesante,  puesto que, en teoría, nos encontramos ante lo que llaman "Ciencia Ficción dura", es decir, aquella en la que la parte científica debe tener una base real y tanto peso como la ficcional. Pero que nadie se asuste; en este caso; ya os digo que no es tan fiero el león como lo pintan...

Vamos antes con el argumento... del cual no puedo contar mucho, primero por no destripárselo a nadie y, sobre todo, porque la propia estructura narrativa está basada en no saber de qué va la cosa. Me explico: la novela comienza (estoy hablando de la primera página, así que no creo que se pueda considerar un spoiler) cuando nuestro protagonista despierta en un sitio desconocido para él y no sólo no recuerda qué hace allí, sino, más aún, ni siquera quien es... A partir de ahí, la trama se desarrolla en dos planos que se van alternando: por una parte, el tipo -no digo su nombre porque, en un principio, él mismo no sabe cual es- va descubriento el lugar que le rodea y sus características. En un segundo plano, poco a poco va recordando quién es y por qué se encuentra allí. En cualquier caso, no creo que se pueda considerar que desvelo demasiado si explico que la novela tiene que ver con un viaje espacial -la propia cubierta del libro lo deja bastante claro- con objeto de llevar a cabo una misión de suma importancia para la Humanidad. Y no diré más, no sea que se me llenen los comentarios de posibles lectores indignados...(también hay que tener en cuenta la bibliografía anterior del autor, pues su primera novela, El marciano, llevada también al cine con éxito por Ridley Scott, se desarrolla en Marte, cómo no).

Aparte de la peripecia espacial, lo más destacable de la novela es que el protagonista -puesto que la narración es en primera persona- va explicando todas las cuestiones técnicas, físicas, químicas y biológicas que van surgiendo durante su periplo. A este respecto debo decir que Weir hace un muy buen trabajo, ya que consigue que hasta un tío tan lerdo como yo para estas cosas entienda, más o menos, de lo que está hablando. Sobresaliente en didactismo, por tanto... la contrapartida es que esto condiciona el tono de toda la novela, me parece a mí; el libro se convieerte, en cierto modo, en una clase divertida de ciencias para chavales de secundaria, impartida por un profesor guay -lo que es, en realidad, el protagonista, además de biocientífico con amplios conocimientos de astrofísica, matemáticas e ingeniería y eventual cosmonauta, claro- y la historia en sí también responde un poco a ese perfil. no digo que resulte ingenua o tontorrona, pero sí es un buen ejemplo de feel good novel,  con un espíritu más blanco que la barba de Papá Noel. Que nadie espere aquí distopías deprimentes, oscuro cyberpunk o una parábola sobre la iniquidad humana... El prota, aunque muestra un sentido del humor -también bastante blanco- que se agradece en gran manera, es un personaje bastante plano, sin aristas: un tipo majo que hace lo que debe, pese a sus temores y siente una infinita curiosisdad científica. Además (y perdón por el spoiler), a partir de cierto momento la novela se convierte en una buddy story de lo más entrañable. No me extraña que Hollywood la haya llevado al cine...

Eso no significa que no merezca la pena leer este libro; al contrario. resulta muy entretenido y puede agradar tanto a los lectores/as habituales de Ciencia Ficción (aunque tampoco sé hasta qué punto la historia les puede parecer original y novedosa o algo ya visto) como a quienes no lo son. Que nadie busque aquí, por otra parte, la filigrana estilística o tan siquiera cierta audacia. La escritura de Proyecto Hail Mary resulta correcta y eficaz, pero poco más que eso; no busca el deslumbramiento del lector o lectora sino su complicidad,  ni la exploración de nuevos caminos -tampoco en lo argumental- sino que uno/a se sienta a gusto leyendo una historia amena, optimista y entrañable, pero sin caer 8aunque la bordea) en la moñez, que es el gran riesgo que acechaba. Weir consigue, sin embargo, que su novela se lea con agrado , sin dejar la sensación de haber perdido el tiempo. pereo hasta ahí; no creo que al menos en mi caso, me vaya a dejar huella. Si algún día veo la peli, ya os contaré...

Nota final: No entendía bien por qué en el título se había mantenido el nombre del proyecto en inglés (o en la película se había traducido en España por Proyecto Salvación, cuando la traducción más correcta sería "Proyecto Ave María" ¿Cristianofobia, quizás? ¿O es que David Bisbal tiene los derechos de la expresión?) hasta que me enteré que lo de Hail Mary (es decir, Ave María) se usa en el futbol americano para designar una jugada desesperada, cuando queda poco tiempo, consistente en tratar de pasar el balón a un receptor que se encuentre lo más lejos posible, a ver si hay suerte y anota. Si leéis la novela, entenderéis que eso tiene todo el sentido. Por cierto, que también hay un guiño con el apellido del protagonista; se ve que a Andy Weir le gustan estas cosas... (lo que me parece de perlas).

jueves, 9 de abril de 2026

Michael Crichton: Parque Jurásico

Idioma original: inglés
Título original: Jurassic Park
Año de publicación: 1990
Traducción: Daniel Ricardo Yagolkowski
Valoración: entre recomendable y está bien

En verdad ya hubo un repaso de la trayectoria de Crichton. En esa entrada se hacía un balance de las virtudes (pocas) y defectos (bastantes) del autor, y me pareció que Parque Jurásico (por su popularidad, sí, pero también por otros elementos de la novela derivados del tratamiento de la ciencia ficción) ameritaba una reseña propia.

Diré, primero, que estoy de acuerdo con lo expuesto en la reseña ya mencionada. Los trucos de Crichton para mantener la atención del lector son de todo menos sutiles, y si te agarra un rapto de furia lectora para terminar el libro, como me pasó, te termina dando un leve dolor de cabeza ante las sucesivas escenas construidas exactamente de la misma forma, además de ciertas situaciones inverosímiles para justificar la llegada de los protagonistas a la isla (¿Alan Grant le va a contar todo lo que sabe a un desconocido sobre el patrón que financia sus excavaciones arqueológicas?). Es decir, se empieza con la (re)contextualización de los personajes en el ambiente, se introduce o se retoma la amenaza que los persigue y acaba el capítulo en otro punto de la isla y en una situación más o menos límite, y vuelta a empezar. Esto se agrava por el hecho de que, cuando la acción da comienzo, la trama se bifurca en tres o cuatro personajes diseminados por el territorio, por lo que hay tres peligros y tres formas de resolver la tensión (esto es lo que diría si no fuera porque son peligrosamente intercambiables).

La historia tarda como ciento cincuenta páginas en arrancar: uno diría que en un libro de casi cuatrocientas y de estas características lo primero es instaurar la tensión. En cambio, tenemos unas primeras páginas bien logradas en tono y hasta superiores en bestialidad con respecto a la película, y a partir de ahí pega un bajonazo hasta la entrada en escena de los animales que todos conocemos (quiero decir, cuando actúan en su esplendor y no solo desde la contemplación onanista de John Hammond, su creador, y entre perpleja y cautelosa desde los demás). Pero una vez que, como lector, supera la impresión de que el ritmo del libro navega mejor en los terrenos de la ciencia ficción dura (de hecho conlleva un alud de datos y un manejo de bioingeniería y teoría del caos que, siendo yo un neófito en esos temas, me parecieron lo suficientemente asequibles como para no leerlos en diagonal), se disfruta más el hecho de que a Crichton no le interesa mostrar en sí la amenaza de los dinosaurios, sino más bien los peligros de jugar a ser Dios. Si hace unas semanas mencionaba en la reseña de La isla del Doctor Moreau las críticas acerca de los intentos de superar los límites de la naturaleza, acá se hace un comentario incisivo sobre el manejo de las empresas a la hora de invertir en proyectos que transforman el paisaje de un país ajeno (Costa Rica), con la complicidad del gobierno local e ignorando las quejas de los habitantes, y sobre aquellos adinerados que, producto del aburrimiento y con ganas de cumplir sus fantasías, deciden omitir todo aviso en procura de su megalomanía. Y eso es un punto bastante fresco en una novela que fue un bestseller.

Más allá de la crítica, sutil y no tanto, la historia se lee en un suspiro. No considero que las escenas de acción estén descritas de una forma apoteósicas, ni que en algún momento se haya logrado una sensación parecida al terror (lo único logrado es la escena donde el nene engaña a un velociraptor con carne cruda y congelada para encerrarlo), pero cumplen su función y amenizan la trama. Los personajes son planos, sacando al matemático del grupo, Ian Malcolm, cínico y profundamente moral a la vez y poseedor de los mejores diálogos y monólogos, y a Hammond, el creador de la isla, por su, en apariencia, ingenua personalidad, para revelarse como un anciano déspota e ignorante que solo tiene ojos para sus creaciones. Ni siquiera el protagonista, Alan Grant, pasa de ser alguien que cumple con su rol de protector del grupo, y los nenes, aunque se comportan de forma creíble para su edad, bordean lo repelente en algunas ocasiones, sobre todo la nena, lo que perjudica bastante a la novela, ya que diálogo por medio encuentra la manera de estorbar lo que sucede con las peticiones más inoportunas, y en eso creo que Crichton no midió bien la línea entre el terror infantil y las ganas de ser protagonista sin razón aparente.

Creo que la película es bastante mejor, pero si uno lee esta novela, se encuentra con un planteo mucho más serio en cuanto a los peligros éticos y sociales de clonar especies extintas que la de su contraparte audiovisual, y hay suficientes elementos distintos como para despojarse de lo visto y encontrar una nueva perspectiva acerca del material.

Más sobre Crichton acá

jueves, 19 de marzo de 2026

Contrarreseña: Hamnet de Maggie O'Farrell

Idioma original: Inglés

Título original: Hamnet

Traducción: Concha Cardeñoso

Año de publicación: 2020

Valoración: Recomendable

Primero, coincido con la reseña original en lo esencial: la novela está bellamente escrita. Se percibe el trabajo y la atención al detalle en cada página. No tengo ningún reparo en lo que respecta a la forma. Si acaso, se ha elogiado mucho el ritmo y el uso de los saltos temporales; a mí me parecen un recurso innecesario, aunque no por ello le resten valor a la obra.

Mi problema con el libro va más allá de lo estrictamente literario. Tiene que ver, más bien, con el uso de un personaje histórico para manipular al lector. Y esto ocurre tanto en el plano del argumento como en el de la campaña publicitaria de la novela.

Para explicar el primer punto, puedo recurrir a otra obra como comparación. Cuando se estrenó Joker, de Todd Phillips, se utilizó un personaje conocido por todos para contar una historia determinada. Sin embargo, esa película bien podría haber narrado la vida de cualquier individuo desajustado (ahí está, por ejemplo, Taxi Driver) sin necesidad de encajar a la fuerza al Joker en ella (las partes que se entrecruzan con la historia de Batman no tienen ninguna relevancia). Pero el hecho de que sea el Joker garantiza las salas de cine llenas.

De igual manera, Hamnet podría haber sido simplemente la historia de un niño y de su madre. No cambiaría gran cosa si el padre fuera un granjero analfabeto cualquiera en vez de Shakespeare. Como en el caso de Joker, esa elección obliga a la autora a forzar ciertos elementos de la historia sin que ello resulte realmente necesario. En el posfacio, Maggie O’Farrell cuenta que decidió incorporar la historia de la epidemia para dar un sentido más ominoso a la muerte de Hamnet, pero esa decisión acaba sintiéndose añadida desde fuera, como una carga de significado que la novela no necesitaba para sostenerse.

Claro, en la ficción se valen muchos trucos, pero aquí el truco acaba por volverse el centro mismo de la propuesta. No estamos ante una novela que necesite de Shakespeare para pensar mejor el duelo, sino ante una novela que usa el nombre de Shakespeare para intensificar artificialmente su resonancia. El lector no solo lee la tragedia de una familia: lee, sobre todo, la tragedia de la familia de Shakespeare. Y esa diferencia importa, porque introduce de entrada una carga emocional y simbólica que la obra no se gana del todo por sí misma, sino que hereda del prestigio histórico y cultural de sus personajes. 

Dicho de otro modo: O’Farrell no parte de una situación novelesca y la desarrolla hasta volverla conmovedora, sino que parte de un material que ya llega rodeado de aura. El hijo muerto de Shakespeare, la posible cercanía entre Hamnet y Hamlet, la esposa relegada por la historia oficial, el genio ausente en Londres mientras la tragedia ocurre en un pueblucho. Todo ello compone un dispositivo casi perfecto para predisponer al lector a la emoción, a la reverencia y a la interpretación.

Y ahí entra el segundo punto: la campaña alrededor del libro. Porque Hamnet no se vendió solo como una novela notable, sino como una especie de revelación íntima sobre Shakespeare; casi como si O’Farrell hubiera iluminado una zona ciega del canon y devuelto voz a quienes la historia había silenciado. Esa operación es muy eficaz comercialmente, desde luego, pero también es discutible. No se nos ofrece únicamente una ficción: se nos invita a leerla con el prestigio suplementario de estar rozando una verdad emocional sobre el mayor escritor en lengua inglesa. La novela se beneficia así de un doble blindaje: por un lado, el prestigio literario de su prosa; por otro, el magnetismo casi inagotable de Shakespeare.

Mi objeción, entonces, no es que O’Farrell ficcionalice una vida ajena (la literatura lo ha hecho siempre y lo seguirá haciendo), sino que aquí la ficcionalización parece menos interesada en interrogar el pasado que en apropiarse de él para producir un efecto reconocible y rentable. Se toma una grieta de la historia, un dato sugestivo, y se construye a partir de él una maquinaria sentimental muy afinada. Pero una cosa es imaginar y otra explotar. Y en Hamnet, a ratos, la frontera entre ambas se vuelve borrosa.

Por eso tampoco termino de comprar una de las ideas más repetidas en torno a la novela: que rescata del olvido a Hathaway. En realidad, no rescata a una mujer histórica, sino que construye un personaje híbrido a partir de sensibilidades contemporáneas. Esa Agnes intuitiva, casi telúrica, ligada a los saberes naturales, marginada por un entorno masculino y por la posteridad del marido, responde demasiado bien a cierta imaginación actual del pasado. Es un personaje eficaz, sí, y por momentos incluso poderoso, pero también calculado. Más que una figura descubierta, parece una figura diseñada para encarnar una reivindicación legible y emocionalmente atractiva para el lector de hoy.

Nada de esto significa que la novela no funcione. Funciona, y muy bien, en muchos pasajes. Hay escenas de dolor, enfermedad y duelo que están narradas con una sensibilidad indudable. Pero precisamente por eso me resulta más frustrante: porque debajo de esa prosa excelente percibo una operación oportunista. Como si el libro no confiara del todo en la fuerza de su propia historia y hubiera necesitado apoyarse en la celebridad de Shakespeare para volverse imprescindible.

Pueden leer la reseña original aquíHamnet

Otros títulos de esta escritora reseñados en Un Libro Al Día: Tiene que ser aquíLa primera mano que sostuvo la míaEl retrato de casada

jueves, 1 de enero de 2026

Vercors: El silencio del mar

Idioma original: francés

Título original: Le silence de la mer et autres recits

Traducción: Cristina Peri Rossi

Año de publicación: 1942

Valoración: Bastante recomendable


El escritor parisino Jean Bruller, conocido como Vercors, empezó a escribir bajo la influencia de la II Guerra mundial y reunió posteriormente buen número de títulos publicados, de temática muy diversa, hasta bien entrados los años 80. En España es un autor prácticamente desconocido, y me atrevería a decir que con muy poca obra traducida. Sin lugar a dudas El silencio del mar es lo más famoso de su trayectoria literaria, posiblemente porque ha dado lugar a varias versiones cinematográficas, lo que siempre ayuda a la popularidad.

Es un relato muy breve, de apenas veinte páginas, podríamos decir que muy bien aprovechadas. Quizá a alguno le suene la historia: en la Francia recién ocupada, un hombre que convive con su sobrina es obligado a hospedar a un oficial alemán. La aversión de los anfitriones se traduce en un silencio total: la forma de resistencia, quizá la única posible y no necesariamente del todo segura, es no dirigir la palabra al invasor. Este, por su parte, se esfuerza por ser cortés y se muestra como un individuo culto y razonable, que admira a Francia e imagina un futuro brillante para los dos pueblos.

Una vez planteada la situación, se instala de inmediato una meseta de tensión e inestabilidad que obliga a estar al mínimo detalle para prever si puede desencadenarse algo trágico. La presencia de la joven incrementa las posibilidades de que ese algo estalle, en tanto que el tío se muestra más proclive a ceder ante las buenas maneras del ocupante. El equilibrio entre las diversas fuerzas divergentes está extraordinariamente conseguido, y hace que el lector se desespere creyendo ver indicios de un desenlace cuya llegada se demora sin piedad.

El relato, con toda su sencillez y brevedad, bien merece el honor del título, porque es de largo lo mejor del libro. El resto de las narraciones se ambienta en su mayor parte en la misma época de la ocupación nazi de Francia, a veces desde la óptica de unos oficiales desmoralizados por el colaboracionismo de Pétain, escenas oníricas (de pesadilla) de campos de concentración, o la disyuntiva de renunciar al arte y la estética en tanto persista la maldad del ser humano.

En esta línea, el cuento más interesante del resto de la colección es La imprenta de Verdún, donde Vercors hace un buen dibujo de parte de la sociedad francesa, colaboracionistas, antiguos combatientes y judíos, que convivían pacíficamente, empiezan a ver sus posiciones removidas por el nazismo, y se ven obligados a pronunciamientos que nunca hubieran imaginado. De igual forma que en El silencio del mar, da la impresión de que el autor intenta buscar, en medio de la barbarie, puntos de aproximación entre las personas, conexiones, por mínimas que sean, que muestren el lado humano del adversario. 

El único relato que se aparta del tema común es Este día, en el que un niño pasea con su padre por el bosque. Es un paseo repetido montones de veces, pero esta vez es algo diferente. El padre aprieta su mano más de lo normal, las paradas habituales cambian imperceptiblemente, los gestos, los comentarios, los puntos de atención tienen algo diferente que el niño percibe y que le inquieta. La narración es impecable, nuevamente resulta admirable la sensibilidad de Vercors para detectar cada movimiento y su repercusión en el estado de ánimo del niño, y nada puede evitar que termine uno con un nudo en la garganta. 

Como casi inevitablemente ocurre con los libros de relatos, en este domina también la irregularidad, con dos o tres narraciones muy por encima de las demás, y el resto a un nivel menor, en el que cada lector puede a lo mejor encontrar cosas interesantes. Pero el conjunto resulta de un nivel bastante estimable.


lunes, 13 de octubre de 2025

2x1: Strange Houses y Strange Pictures de Uketsu

Idioma original: japonés

Título original: 変な家 (Henna ie)

Año de publicación: 2021

Traducción: Sandra Ruiz Morilla

Valoración: Se deja leer (a duras penas)

¿Conoce alguien a un famoso youtuber que esconde su identidad tras una sudadera negra y una máscara blanca? No, no me refiero al soplagaitas aquél que se hace o hacía llamar Un Tío Blanco Hetero (a decir verdad, no sé si aún sigue con sus patochadas sacando vídeos), sino a un "creador de contenido" japonés conocido por Uketsu, de quien no se sabe la identidad y que se dedica a contar historias de misterio, con un toque weird e incluso de terror (bueno, ya os adelante que tampoco mucho). Por lo visto su video más visto en internet fue uno (este) sobre una casa cuyo extraño plano le movía a hacer ciertas indagaciones que desvelaban el terrible secreto que ocultaba. Como buen youtuber, adalid de los medios digitales, Uketsu enseguida escribió un libro -así, a la antigua, de papel con sus tapitas, etc.-, Strange Houses, que es uno de los que se reseñan hoy en este blog y cuyo éxito llevó luego a que se hiciese una no menos exitosa película en Japón. Movido por la curiosidad ante esta supuesto hit del terror psicológico, según diversos y entusiasmados medios que reflejaron su publicación en España, este mismo año (quiero pensar que de forma desinteresada y profesional) y movido por mi vocación de servicio a los seguidores y seguidoras de este vuestro blog que confían en nosotros para una prescripción acertada de lecturas, me puse a ello y le dedique al libro unas cuantas horas de mi vida que no recuperaré jamás...

Os resumo brevemente: el narrador -se supone que es el propio Uketsu- recibe la petición de consejo por parte de un amigo que está pensando en comprar cierta casa, pero hay algo que le parece raro. El narrador, a su vez, pide ayuda a un tercer amigo, que es arquitecto y, por lo que se ve, el más espabilado de los tres. Bueno, espabilado y fantasioso, porque a partir del análisis del plano de la casa saca unas deducciones totalmente gratuitas sobre circunstancias y sucesos luctuosos que pueden haber sucedido allí. Pero fijaos que ojo tiene el tipo, de nombre Kurihara -y que también aparece en la segunda novela que reseño hoy-, que en cuanto se le ocurre una hipótesis, por disparatada que sea, ésta pasa a ser automáticamente cierta, sin que nadie plantee posibilidades alternativas ni se intente comprobar por medio de algún tipo de pruebas... el método hipotético-deductivo más riguroso, vaya. es decir, más riguroso para programas tipo Cuarto Milenio, donde si sale un locatis diciendo que los chemtrails se deben a que nos fumigan con nanobots desde aviones o que la Tierra es plana y si te arrimas mucho al borde te caes, se da por buena la teoría y santas pascuas. Pues aquí lo mismo... Para que luego el asunto acabe siendo un culebrón familiar truculento, desestimando la novela, por desgracia, algunas posibilidades más inquietantes pero también más interesantes que parecían plantearse al principio. Una lástima, aunque ya os lo digo: eso no es lo peor...

Lo peor es que el libro parece haber sido escrito por y para lectores retr... bisoños. pero que muy bisoños... (es de suponer que el público mayoritario del canal de YouTube de Uketsu sean adolescentes, pero, coño, los adolescentes no tienen por qué ser tontos del culo y menos aún los que leen). Está escrito con una prosa supersencillita -los diálogos, incluso como si se tratara del guion de una película u obra de teatro-, sin el menor intento de utilizar recursos literarios que no sean los más básicos, una repetición constante de ideas (como en los programas de true crime, para entendernos, de los que supongo que Uketsu también tiene bastante influencia) y con muchas, muchas ilustraciones de los planos de las casas de las que se habla y que se supone ocultan la clave de un terrible secreto (terrible y totalmente inverosímil, os adelanto), con todo lo que se cuenta en el texto bien señaladito no sea que los lectores y lectoras, más acostumbrados, supongo, al lenguaje audiovisual, se pierdan con tanta palabrería... La ventaja de esta poca exigencia es que la novela se lee bastante rápido y el bochorno (quizás exagero; digamos la incomodidad) dura poco.

En fin, que si buscáis una historia de misterio con su punto de horror que os vuele la cabeza o incluso una novelilla de crímenes para pasar el rato... hacedlo en otro sitio, hacedme caso, porque con este libro vais a perder, si no el dinero (yo lo he sacado de la biblio, qué os creíais), al menos seguro que el tiempo...

Nota casi final: al parecer, hay una continuación o ampliación de este libro, aún no traducido al español (por fortuna), con once planos, nada menos, de strange houses de éstas... Vamos, no lo toco ni con un palo.


               Idioma original: japonés

               Título original: 変な絵 (Henna e)

               Año de publicación: 2022

               Traducción: Sandra Ruiz Morilla

               Valoración: Un poco mejor que el otro


Pues entonces, os preguntaréis y no sin razón: ¿a qué viene que hayas leído también Strange Pictures, la segunda novela del tal Uketsu? Os debo una explicación y esa explicación que os debo os la voy a dar... Debido a tres motivos fundamentales, a saber:

    1. Que soy más bueno que las pesetas y pensé que el amigo Uketsu, que parece buen chaval detrás de su máscara de asesino de slasher, merecía que le diera otra oportunidad, a ver si había mejorado como escritor.
    2. Que soy más bueno que el arroz con leche y pensé que los lectores/as de este blog merecen que haga el sacrificio de leer libros de dudosa calidad para poder advertirles de qué deben mantenerse alejados/as, por su bien.
    3. Que soy más bueno que... vale, que también lo había sacado de la biblioteca y ya, total, de perdidos al río... Así que me puse a leer esta otra novela perpetrada por el mismo youtuber misterioso, etc. y, mira por dónde, resulta que no está tan mal. O, en todo caso, está mejor que la anterior (tampoco era difícil). Parece que Uketsu habrá asistido a las clases de algún taller literario (o contratado un ghostwriter más competente) porque el resultado, sin ser tampoco para dedicarle una mascletà fallera, se lee con bastante más interés y hasta agrado que en el caso anterior.
En esta ocasión la cosa no va de hacer deducciones peregrinas a partir de planos de casas con truco, sino de hacer deducciones peregrinas a partir de dibujos que ha realizado alguno de los personajes de la novela. Entiéndaseme: las deducciones son igual de gratuitas y traídas por los pelos, por más que alguna de ellas pretenda basarse en las teorías psicológicas al respecto, pero aceptada la premisa de que Uketsu no se come mucho el tarro deductivo y menos aún busca una verosimilitud (que sus seguidores, además, seguro que ya le han otorgado de entrada), al menos ha sido capaz de componer una trama igualmente truculenta que en la novela anterior pero más creíble, aunque sea un tanto propia de película de sobremesa dominguera de Antena 3. Pero se le puede perdonar porque no da tanta vergüenza ajena como en Strange Houses. además, la estructura de la narración tiene cierto interés: en principio la novela está compuesta de cuatro capítulos  que parecen corresponder a relatos independientes unos de otros; a partir de un momento de la verdad, aunque determinado, sin embargo, queda claro que son cuatro partes o vertientes de la misma historia y componen en conjunto una novela de crímenes, drama(s) familiar(es) mediante... de esta forma, se logra mantener la atención del lector sin necesidad de cliffhangers forzados ni demás trucos bestselleros. La cosa no le sale mal del todo, a decir verdad.

Por lo demás, ya digo que el estilo literario ha mejorado bastante con respecto a la novela anterior y sin denotar una prosa preciosista, sino simplemente eficaz, se lee con bastante más alivio por ahorrarnos la spanish shame. Los personajes están más trabajados (tampoco era difícil), incluso con cierta profundidad psicológica, en algún caso. La trama detectivesca tiene también interés, aunque las pistas a través de los dibujos -también repetidos a lo largo del libro una y otra vez, con diagramas explicativos, además, para que nadie se pierda- están bastante traídas por los pelos, pero, en fin, también lo estaban las de las novelas de Sherlock Holmes. Aunque el maestro de Uketsu en esto de la novela policiaca es su compatriota Edogawa Rampo... y por lo que he leído en las reseñas del compañero Oriol, se nota.

En todo caso, mi consejo está claro: si alguien está interesado/a en leer alguna cosa de este autor que se esconde en las sombras interneteras, mejor decidirse por la novela de los dibujitos que por la de las casas (ya puestos, ¿por qué los títulos de la edición española son en inglés, si en el original están en japonés? Mí no entender...). O pasad directamente a su canal de YouTube, que, como también es en japonés, no os enteraréis de mucho (bueno, nuestro Alain sí) e igual hasta salís ganando...

domingo, 21 de septiembre de 2025

Ron Kovic: Nacido el 4 de julio

Idioma original: Inglés 
Título original: Born on the Fourth of July
Año de publicación: 1976
Traducción: Ernesto C. Gardiner
Valoración: Bastante recomendable

No te preguntes lo que tu país puede hacer por ti, pregúntate qué puedes hacer por tu país. ¡Frasecita envenenada donde las haya, eh! Porque lo que parece (y quizá fuera dicho en ese sentido) una llamada al bien común encierra otra vertiente, la de convertir a toda una generación en carne de cañón en nombre del "sacrificio por la patria", de la "lucha contra el comunismo internacional", de los "valores norteamericanos" (de esos que bombardeaban con napalm paupérrimas aldeas vietnamitas), etc.

Es en esa contradicción y en la toma de conciencia por parte del autor del libro donde se sitúa el centro de este Nacido el 4 de julio, autobiografía de Ron Kovic que por ese motivo puede ser leída como una novela de formación y como la crónica de una generación perdida (somos una generación de violencia y locura, de indios muertos y vaqueros borrachos, de cañones de hierro llenos de cerillas).

Tres son los aspectos más destacables de este Johnny cogió su fusil del Vietnam, en el que se enfrentan los intentos de olvidar y la necesidad de contar:
  • su vertiente sociológica / antropológica. Los valores americanos, el sacrificio, la patria, el honor, la obligación de triunfar, la ultracompetitividad en casi cualquier ámbito, etc y eso de "de aquellos polvos, estos lodos".
  • el estilo y el ritmo en los capítulos centrados en la guerra. Frases breves y punzantes, como disparos de ametralladora, y ritmo casi cinematográfico para una narración cruda y sin artificios, pero impactante.
  • la alternancia de la primera y de la tercera persona, que separa a un Kovic de otro, que marca distancias. Puede parecer un recurso "fácil", pero es efectivo. 
Entre lo que menos me convence del libro están el excesivo peso de los recuerdos de infancia de Kovic, que resultan algo reiterativos en la construcción de la atmósfera de la época, y el exagerado protagonismo de las obsesiones sexuales. 

Pese a esto último, Nacido el 4 de julio es una más que interesante crónica y testimonio de un momento histórico y de un lugar no tan lejanos en el tiempo y en el espacio como podría parecer. Al fin y al cabo, 50 años después, jóvenes y no tan jóvenes siguen siendo carne para una picadora insaciable ante la indiferencia generalizada, los "otros", como en cualquier conflicto, siguen siendo deshumanizados, etc, etc. Y ahora, abrimos comentarios y paraguas, por si acaso.

miércoles, 3 de septiembre de 2025

Madres de libro: La pianista de Elfriede Jelinek

Idioma original: Alemán
Título original: Die Klavierspielerin
Año de publicación: 1983
Traducción (al catalán): Antònia Sabater
Valoración: Recomendable (aunque no para todo el mundo)

Erika es una mujer ya madura, que ha sido completamente anulada por su madre absorbente, posesiva y controladora. Un día descubre que Walter (uno de los alumnos a los que da clases de piano, diez años más joven que ella, atractivo, carismático, talentoso y deportista), se ha interesado por ella. Y aunque Erika es, en un inicio, incapaz de reciprocar a Walter (que tampoco es que esté genuinamente enamorado de ella ni la admire tanto como se repite a sí mismo, sino que sólo quiere usarla), la insistencia de su pretendiente hará que la maestra le dé una oportunidad. Pero el único amor al que Erika puede aspirar es uno viciado por su dependencia (si ya no la gobierna su madre, deberá ser Walter) y las fantasías sexuales provocadas por su represión y la pornografía.

Esta es la premisa de La pianista, novelón que escribió la Premio Nobel de Literatura de 2004 Elfriede Jelinek. Digo novelón porque, pese a su brevedad, abunda en detalles (la contraposición, que a su manera deviene superposición, entre arte y bajos instintos o entre el artista y las masas; el que Erika pueda hablar abiertamente de unas cosas y sólo a través de carta de otras; etc...). Digo novelón, también, porque su factura derrocha inteligencia y sentimiento.

De La pianista destacaría su elenco protagónico: Erika, su madre y Walter. Y aunque las caracterizaciones de estos tres personajes son bastante sencillas, sus abundantes claroscuros las dotan de una inusitada complejidad. 

Asimismo, las dinámicas entre estos tres personajes funcionan muy bien. Si bien son, al menos aparentemente, algo lineales (madre e hija, alumno y maestra, rivales que pretenden gobernar a Erika), adquieren espesura gracias a su naturaleza oblicua, sórdida, tóxica y contradictoria.

Estas dinámicas pivotan siempre en torno al amor. Un amor egoísta, enturbiado y viciado. Y es que, para La pianista, el amor (sobre todo el de hombres y mujeres, pero también el paternofilial) es una lucha, un combate, la cara bonita de la dependencia y la dominación; el amor es, en suma, la aniquilación. Bueno, las relaciones humanas en general las plasma como profundamente unilaterales y frustrantes.

La forma de narrar de Jelinek en La pianista también es fascinante. La mayoría de páginas de la novela resultan asombrosamente inspiradas y ostentan una calidad literaria y una riqueza estilística excepcionales. La prosa es plástica, intensa, capaz de mimetizarse con la atribulada mente de Erika y describir escenas magistralmente, como aquella en la que la protagonista espía a un hombre y una mujer mientras mantienen relaciones.

Aquí un ejemplo de la prosa de Jelinek, que hallamos en la página 130 de La pianista: «Atreta per la foscor, l'Erika s'endinsa per les quietes prades que s'escampen entre matolls, arbredes i canals. (...) Ara ve el parc d'atraccions; els llums fugaços brillen al lluny. Se senten trets, veus cantant victòria. Els adolescents xisclen alhora amb els aparells de lluita de les sales de joc o callen fent-ne anar d'altres que ja són prou estridents i llampegants. Decidida, l'Erika deixa enrere tot el renou, abans de permetre que se li acosti. Els llums temptegen cap a ella, no troben cap lloc per agafar-s'hi, li passen pel cap, que duu tapat amb un mocador de seda, rellisquen, li marquen un lamentable rastre de color humit al llarg de l'abric i cauen a terra, on moren en la brutícia. Ressonen petites explosions, però també l'han de deixar passar sense fer-li ni un forat. Són incapaces d'atreure-la, més aviat la repel·leixen. (...) Això no és per l'Erika.»

¿Es La pianista perfecta? Puede que no. Su argumento resulta algo tenue y por momentos repite machaconamente sus ideas. Además, los lectores que se sientan intimidados por los personajes autodestructivos, las interacciones oblicuas y la sexualidad depravada (la reprimida Erika ve películas porno, practica el voyerismo y la automutilación, etc...) quizá repudien esta novela. 

Aun así, es un librazo. Uno que disfrutaremos especialmente aquéllos que amamos la literatura oscura, capaz de elevar lo sórdido, lo turbio y lo vulgar con su mensaje y su manejo del lenguaje. Y es que su honestidad y brutalidad resonarán inevitablemente en nosotros. Sus reflexiones todavía nos carcomerán días después de volver la última página. Su prosa, inspirada, expresiva y plástica, nos deslumbrará. Y sus personajes (Erika, su madre y Walter) se alojarán en nuestra cabeza, quizá para siempre.

Existe una adaptación a la gran pantalla de La pianista. La película, del director Michael Haneke, salió en 2001 y es una obra de culto por derecho propio. Aunque el lenguaje cinematográfico es incapaz de trasladar la plasticidad de la prosa del material original, Haneke mantiene el tono perverso y la atmósfera asfixiante exprimiendo los recursos de su medio. Además, se toma algunas libertades argumentales que, a mi juicio, funcionan muy bien (como aprovechar a la alumna de Erika para establecer un paralelismo con ésta, hacer que el encaprichamiento juvenil de Walter por Erika sea más genuino, expandir hacia el hockey sobre hielo la faceta de deportista de Walter o decantarse por un final distinto pero igualmente sugerente). En el lado negativo del largometraje, señalaría que no perfila tan acertadamente la relación de Erika con su madre y con el sexo. 

viernes, 22 de agosto de 2025

Arthur Schnitzler: Relato soñado

Idioma original: alemán

Título original: Traumnovelle

Traducción: Miguel Ángel Vega Cernuda

Año de publicación: 1926

Valoración: Muy recomendable


Está bastante extendida la idea, yo creo que acertada, de que en la vida hay momentos en que el cuerpo, o más bien la cabeza, desdeña la estabilidad y pide acción. Se dice que ocurre no sé si hacia los cuarenta o cincuenta, más frecuentemente en los hombres (aunque yo creo que en ellos solo se manifiesta de forma más visible), y es cuando los más decididos se largan a emprender una nueva vida en un país tropical, el que puede se compra un descapotable, y la gran mayoría no pasa de un viaje un poco bobo con unos colegas, o sencillamente no hace nada en absoluto más que rumiar un descontento que no termina de entender.

Si hablamos de una pareja más o menos estable y con una trayectoria ya larga, quizá esa relación es el primer pilar en tambalearse. Aunque no se haya llegado al hastío o a lo que podríamos llamar desamor, ni se haya uno llegado a plantear nada disruptivo, puede que nos ronde una sensación o sintamos una pequeña punzada, impulsos que pueden tener origen en una imagen, una voz o una simple broma, que de repente provocan un pequeño cortocircuito. Todo puede quedar solamente ahí, pero también es posible que anide para brotar en algún momento posterior. En el caso de Albertine el detonante, todavía algo inocente, es la visión de un joven en un viaje por Dinamarca, una anécdota seguida de un sueño o de un juego de la imaginación, que suele venir encadenado. Albertine se lo cuenta a su marido Fridolin (vale, nombre de helado para niños, pero dejémoslo estar), y provoca una reacción en cadena que ninguno de los dos seguramente había podido sospechar.

Fridolin se encuentra dolido en su autoestima y un poco celoso, pero por encima de todo sorprendido y desbordado por sentimientos desconocidos, y se lanza en busca de aventuras. Casi sin quererlo estas le salen al paso una tras otra y, aunque decidido en su propósito, parece que ha perdido un poco el manejo de los tiempos, hasta que tiene la oportunidad de acudir a la reunión de  una especie de sociedad secreta. Aquí empieza a asomar un peligro real, pero también emociones intensas con un indudable sesgo sexual: disfraces, máscaras, mujeres desnudas, ritos extraños, el colmo de lo que un alma ansiosa de emociones podría desear.

Sí, claro, más de uno ya estará pensando en Eyes wide shut, la obra póstuma de Kubrick que justamente está basada en el libro de Schnitzler. Estéticamente impecable, cómo no, la película capta a la perfección la atmósfera inestable que sugiere la narración, ese deambular hacia lo desconocido casi por inercia, la mezcla de temor y decisión inquebrantable que domina al protagonista, la duda permanente sobre si Albertine está pasando por lo mismo, o es todo una alucinación. Para quienes conozcan la película también hay que decir que tiene bastante de deconstrucción del relato, donde los elementos fundamentales se barajan y mezclan al servicio de un guion menos respetuoso en su conjunto que en cada uno de los escenarios. O al menos es lo que ahora soy capaz de recordar, aunque debería volver a verla.

Por su parte, el libro, que es de lo que venimos a hablar aquí, transmite una sensación algo diferente, localizada en un nivel más íntimo donde se profundiza mejor en la psicología de Fridolin y Albertine. Con una prosa a veces algo borrosa, Schnitzler parece mostrar cómo no solo importa y nos afecta lo que realmente ocurre, sino lo que por alguna razón no llegó a ser real, incluso lo que solamente fue soñado, sin que en ocasiones llegue a estar del todo claro a cuál de estas categorías pertenece lo que tenemos en nuestra cabeza.

Otras obras de Arthur Schnitzler reseñadas en ULADLa señorita ElseLa cacatúa verdeEl teniente Gustl


sábado, 9 de agosto de 2025

Ignacio Aldecoa: Con el viento solano

Idioma: español 

Año de publicación: 1956

Valoración: muy recomendable

El pasado día 24 de julio se cumplió el centenario del nacimiento del insigne escritor vasco Ignacio Aldecoa e Isasi (la vena literaria le venía por parte de madre, presumo). Como en este blog somos rebeldes,  independientes y hasta iconoclastas decidimos celebrarlo no cuando tocaba, sino unos cuantos días más tarde (bueno, vale, que se nos pasó... Es decir, que se me pasó a mí). Así pues, aquí va, en su honor, la reseña de una novela de Ignacio Aldecoa... Al que, increíblemente, aún no habíamos dedicado una entrada en el blog. Nunca es tarde para hacer lo correcto, empero.

Con el viento solano es una de las pocas pero intensas novelas que escribió, la crónica de una huida, una road-novel que se desarrolla en los años 50, por los campos toledanos, las ferias de los pueblos, el laberinto urbano que es Madrid... Sebastián es un gitano de Talavera que, a resultas de una trifulca de borrachos, se escapa de la Guardia Civil, con trágico resultado. Busca ayuda en los amigos y la familia, pero la recibe, sobre todo, de los extraños que va encontrando por el camino, un camino que precede al de Kerouac y que va transformando al protagonista, en principio un holgazán y pendenciero, en un personaje trágico, casi existencialista, un extranjero en el mundo que le rodea, como un personaje de Camus. Las historia, no obstante, tiene sobre todo trazas de novela negra un tanto inusual, de noir ibérico que transcurre por los bordes de una sociedad que apenas salía de la miseria, de una época triste y cutre, por más que ahora se empeñen en glorificar algunos que no la vivieron. La España de los bares de mala muerte y las prostitutas, de los pueblos medio derruido, anclados en el tiempo y de los trotamundos que los recorren tratando de malabares la vida. De los perdedores, marginales y desesperados. O resignados... Novela, por cierto, que es, más que la segunda parte, el reverso, incluso, en su estructura, en cierto modo, de la anterior de este escritor, El fulgor y la sangre, en la que las esposas de unos guardias civiles reciben la noticia de la muerte de uno de sus maridos.

El autor echa mano para ello de un léxico que hoy nos puede parecer periclitado o incluso exótico de tan caduco, pero que hace setenta años  (y menos) sin duda aún seguía en uso: el lenguaje cervantino  del campo castellano, el propio de oficios ya desaparecido, las formas de cortesía o, simplemente, las mañas para medirse entre hombres en una época sin redes sociales, con menos prisa y más sociabilidad aunque también desconfianza ante el forastero. Un léxico que, sobre todo el referente a los animales, a los campos, puede no sonar tan natural en Aldecoa (hijo de una familia burguesa de Vitoria, después de todo) como en Delibes, por ejemplo, pero tampoco resulta extemporáneo, pues, como ya digo, aún continuaba siendo el lenguaje de su tiempo; esta novela no es ni un pastiche ni una reconstrucción filológica. No es Intemperie, para entendernos (dicho con todo el respeto por mi parte). Parecido ocurre con los diálogos en los que se hace más presente el argot callejero y noctámbulo, casi agermanado (aunque sospecho que esto lo conocía Aldecoa más de primera mano); ha cambiado tanto que hoy nos resulta casi ininteligible a los que hablamos el castellano de España (no digamos de otras latitudes), pero, sin duda, corresponde a ese momento y a esa realidad concreta. Curiosamente, el léxico que se entiende mejor, en ocasiones, es el de los términos procedentes del caló y que ya han permeado hacia el acervo común del idioma... En todo caso, aparte del recurso a una terminología específica, ya sea rural o maleva, destaca en la novela la precisión con la que está escrita, sobre todo en lo referente a las descripciones, donde cada palabra está en el lugar que le corresponde y no podría cambiarse por otra, en las que el autor hace gala, además de una cierta audacia narrativa, aquí y allá, que contrasta con el estilo general, mucho más seco, aun sin llegar a lo austero, que encontramos a lo largo de toda  la novela.

Una novela que, de haber sido escrita en inglés, por ejemplo, y ambientada en el profundo Sur o en el Medio Oeste norteamericano, sería sin duda un clásico del género negro, ambientada en la España mesetaria de los 50, no deja de ser una curiosidad con tintes de novela social de un autor interesado por los ambientes singulares que se daban en la sociedad de su época -el boxeo, los toros, la pesca- y, más que nada, en las gentes que se movían a ellos -también, por cierto, resulta insólito para la época que pusiera como protagonista a un hombre de etnia gitana  y que incluso le dote de un aura de antihéroe trágico, más allá de crimen que haya cometido-; una novela, en todo caso, de una intensidad, una casta y un respeto hacia el desamparo, hacia quien ya no le queda nada, que merece la pena descubrir y reivindicar. Hay que leer a Aldecoa, hacedme caso, aunque hasta ahora no nos hayamos acordado de él en el blog... Pero os prometo que volverá.

Nota final: esa misma semana de julio (que, curiosamente, es la misma en la que se desarrolla la trama de Con el viento solano) también se cumplió el 150 aniversario del nacimiento de Antonio Machado. Como a este poeta, sin duda uno de los mejores en lengua castellana, si que le hemos dedicado más de una reseña, no hace falta insistir en ello, pero, al menos, que quede constancia aquí.

miércoles, 23 de julio de 2025

Eiji Uchida: Midnight swan

Idioma originalJaponés

Título original: Middonaito  suwan (ミッドナイトスワン)

Traducción: Asuka Ozumi (al portugués)

Año de publicación: 2020

Valoración: Se deja leer

Sé perfectamente que este blog está dedicado principalmente a la literatura escrita en (o traducida al) español, aunque también se han reseñado obras escritas en otros idiomas hablados en España o sus alrededores, incluso sin traducción al castellano. Espero no estar estirando demasiado la liga con esta reseña. Sin embargo, con el auge reciente de la literatura asiática traducida al español (espero sinceramente que no sea solo resultado del uso indiscriminado de la inteligencia artificial), estoy seguro de que pronto encontrarán este libro en las estanterías de su librería favorita, en un perfecto castellano castizo (y espero también que la portada no recurra a algún cliché japonés, como un hombre vestido con kimono y maquillado como geisha). De cualquier forma, pueden ver la película en Netflix.

Midnight Swan cuenta la historia de dos marginadas: Ichika, una estudiante de secundaria, víctima de abuso y con una madre alcohólica; y Nagisa, una mujer transgénero que trabaja en un club nocturno. Debido a los problemas de su madre, Ichika tiene que mudarse temporalmente al diminuto apartamento de su tía (que desde su perspectiva es su tío) en Tokio, complicando aún más la ya precaria situación de Nagisa, quien sobrevive con dificultades económicas, gastos por medicamentos y deudas. La trama no es especialmente original: ambas deben luchar contra su precariedad para lograr algo más que sobrevivir. Ichika encuentra refugio en el ballet, típicamente reservado a clases altas, mientras que Nagisa, inicialmente renuente, desarrolla sentimientos que podrían considerarse maternales hacia Ichika. Este nuevo vínculo, cuidar a Ichika y ayudarla a superar el abandono de su madre, otorga un sentido renovado a su vida.

El problema con el libro (y aún más con la película) es que ninguno de los personajes protagonistas es desarrollado hasta sus últimas consecuencias. Considerando que una de ellas es transgénero, hubiese sido enriquecedor profundizar en las dificultades específicas que enfrenta esta comunidad, especialmente como trabajadoras del entretenimiento para adultos en una sociedad donde aún es tabú (la película incluso roza peligrosamente la caricaturización). Otros temas sensibles como la incursión de adolescentes en el entretenimiento adulto, el maltrato infantil y las adicciones también son tratados superficialmente. Sin embargo, debo reconocer que, a pesar de esta superficialidad generalizada, los atisbos del mundo de los llamados new-half (término utilizado para referirse a las mujeres transgénero en la industria del entretenimiento para adultos) son suficientes para justificar la lectura.

Por último, un comentario breve sobre la adaptación cinematográfica: es pésima. Las actuaciones son exageradas y sobreactuadas (¿por qué tantas películas japonesas y coreanas caen en esto?). Algunas locaciones resultan interesantes, como los departamentos empobrecidos en pleno centro de la metrópoli o el interior de los clubes nocturnos. No obstante, las escenas de baile carecen de originalidad. En general, resulta una adaptación bastante mediocre.

viernes, 11 de julio de 2025

A. S. Byatt: Posesión

Idioma original: Inglés
Título original: Possession
Traducción: María Luisa Balseiro
Año de publicación: 1990
Valoración: Recomendable

Menudo librazo es Posesión. No me extraña que ganara el Premio Booker de Ficción de 1990. Y es que la novela de A. S. Byatt lo tiene todo: por un lado derrocha calidad y ambición, pero también resulta amena y entretenida; asimismo, apela a lectores sibaritas sin por ello dejar de complacer a quienes buscan escapismo.

La premisa de Posesión es sencilla: dos académicos investigan el rastro documental de la vida amorosa (previamente desconocida) de los poetas victorianos ficticios Randolph Henry Ash y Christabel LaMotte. Pero Byatt exprime dicha premisa al máximo, y la ramifica en direcciones de lo más interesantes. 

Así, la investigación de Roland Mitchell y Maud Bailey no sólo sirve para desarrollar el romance de Ash y LaMotte, sino que también permite examinar la relación de los primeros, indagar en torno al afán por saber y el amor, asomarnos a los entresijos de los especialistas en literatura inglesa (con sus obsesiones, rencillas y extravagancias) y descubrir el complejo universo poético de dos autores inventados.

La estructura de Posesión incorpora registros variados, que le dan una textura y estructura únicas al texto: además de prosa hallamos cartas, diarios o textos poéticos y narrativos.

El elenco de Posesión es fascinante y complejo. De él destaco a Michell y Bailey (por las dinámicas que su alianza va generando) y a LaMotte (cuya obra, tierna a la par que siniestra, me recuerda a la de autoras como Lucy Clifford, aunque el personaje parece basado en la poetisa Christina Rossetti).

Sólo le pondría una pega a Posesión. Y es que, al menos a mi juicio, su último tercio flojea. En él, Byatt logra reunir a casi todo el elenco y enlazar múltiples subtramas, cosa que tiene su mérito. Sin embargo, su resolución y revelaciones son algo tramposas y no están a la altura, o esa impresión tuve yo, de todo aquello que las precede.

Sea como fuere, Posesión es una novela arriesgada y apasionante harto recomendable, que gustará tanto a lectores exigentes como a otros más casuales. Tiene una factura estilística exquisita, toques de misterio, investigación y romance, un elenco bien trazado, un ambicioso manejo temático y un elegante sentido del humor británico. 

Ah, Posesión fue adaptada al cine bajo el mismo nombre en 2002, y se transmitió serializada en la radio de 2011 a 2012.

viernes, 6 de junio de 2025

Zoom: Almuerzo en el café Gotham de Stephen King

Idioma original: inglés

Título original: Lunch at the Gotham Café

Año de publicación: 1995 (dentro de la antología Dark Love)

Traducción: Íñigo Jáuregui

Valoración: está bien (muy bien con las ilustraciones)

En Almuerzo en el café Gotham no sale Batman (recordemos que Gotham es uno de los sobrenombres de la ciudad de Nueva York) pero sí un personaje tan chiflado como el Joker. Que tampoco sale, claro: el Rey no necesita apropiarse de personajes ajenos para sus creaciones, que bastante abundan ya en tipos peculiares, atormentados y conflictivos, por no mencionar a las criaturas terroríficas que pueblan sus narraciones.

Resumen resumido: Steve Davis es un exitoso profesional de la Gran Manzana al que no le va tan bien en su vida privada; de hecho, un día llega a casa y se encuentra con que su esposa Diane le ha abandonado y quiere el divorcio. pronto se pone en contacto con él el abogado de, con quien concierta una cita para almorzar, con el objetivo, por parte de Steve, de ver de nuevo a su mujer y tratar de convencerla para vuelva con él. La cosa, no es difícil de adivinar, descarrila un poquito para acabar convirtiéndose en una auténtica pesadilla para los presentes.

Cuento no demasiado largo, publicado en primer lugar, junto a los de otros autores, en la antología Dark Love y un año más tarde, en 2002, en la recopilación Todo es eventual: 14 relatos oscuros y que se aleja un tanto de lo que solemos esperar de las obras de King: aquí no encontramos presencias preternatural ni personajes con poderes paranormales. Por el contrario, y no quiero hacer spoilers, este relato casi lo podemos incluir más bien dentro del subgénero splatter, dada la profusión de sangre y violencia, o, cuando menos, dentro del subgénero gamberrada por parte del Rey, que sospecho se lo pasó cual gorrino en lodazal escribiéndolo... 

En todo caso, si ha merecido una reseña en Un Libro Al Día no es sólo por lo divertido que puede ser o la bien conocida excelencia de la pluma (es un decir) de su autor, sino porque fue publicado hace pocos años de forma independiente por la editorial Nørdica, con unas no menos divertidas y, en cualquier caso, estupendas ilustraciones de Javier Olivares, que convierten a éste en un libro único y muy, muy disfrutable. Para muestra, un botón:

Nota: Al parecer, este relato fue adaptado a un cortometraje en 2005, con cameo del propio King incluido.

Muchas más obras de y sobre Stephen King reseñadas: aquí

miércoles, 14 de mayo de 2025

Edoardo De Angelis y Sandro Veronesi: Comandante

Idioma original: italiano

Título original: Comandante

Año de publicación: 2023

Traducción: Juan Manuel Salmerón Arjona

Valoración: recomendable 

Recomendable y, sobre todo, humanista y hasta entrañable novelita que recrea un hecho real, un episodio sucedido durante la II Guerra Mundial, cuando, en octubre de 1940 el submarino italiano Cappellini hundió en aguas del atlántico al carguero belga Kabalo que transportaba material militar británico (quizás el término "humanista" no sea el más apropiado para esta historia... o tal vez sí; seguid leyendo...). La peculiaridad de este suceso se debe a que, tras el exitoso ataque, el comandante del submarino, el veterano Salvatore Todaro, contraviniendo las órdenes del almirantazgo alemán, acudió en ayuda de los supervivientes, no ya una, sino en tres ocasiones -los cabos con los que remolcabna la lancha de los belgas se rompieron- llegando por fin a acogerles dentro del abarrotado submarino, con el objeto de trasladarles a las islas Azores, a pesar de que de esta forma su nave se convertía en un objetivo fácil para los aviones de la RAF.

Vale, ya digo que "humanista" o "humanitario", dado que se trata de una historia bélica y, además protagonizado por el bando de los malos (no sé si el otro era muy bueno, pero no tengo dudas de la iniquidad de los fascistas, aunque Todaro y sus hombres tampoco lo fueran), no es el adjetivo más adecuado, pero, sin duda, sí que es una historia muy humana, en el sentido en que se utiliza popularmente este término, ya que muestra un comportamiento cuando menos compasivo hacia los vencidos, pese a que momentos antes habían tratado de matarse unos a otros. Es entrañable, además  y hasta quizás algo naif, la razón que da el comandante del submarino para su decisión de rescatar y dar buen trato a los supervivientes del barco hundido: "Porque somos italianos" (el que esto escribe, que es italianófilo desde siempre, no puede por menos que sonreír satisfecho, pero, al mismo tiempo, recuereda que por aquel entonces detentaban el poder en Italia Mussolini y su banda de maleantes y que los métodos para obtenerlo y conservarlo fueron cualquier cosa menos "humanos" o "humanitarios". Y no eran menos italianos, aquéllos). Contribuye la empatía que se siente hacia los personajes el hecho de que la novela esté escrita desde multitud de puntos de vista, distintos tripulantes del submarino o la esposa de Todaro, pero también marinos del carguero belga, sobre todo el segundo de a bordo, un tal Reclerq, que, mira tú por dónde hablaba italiano y servía de intérprete entre los capitanes.

Hasta aquí, podemos decir que Comandante se trata de una novelita amena y fácil de leer -los capítulos son bastante breves, además- sobre un episodio de tantos, si bien peculiar, que ocurrieron durante la guerra mundial. Ahora bien, la intención de los autores del libro, el escritor Sandro Veronesi y el cineasta Edoardo De Angelis va o iba más allá de esto. A raíz de la crisis migratoria que tuvo lugar en el Mediterráneo central en 2019, con cientos de personas que trataban de llegar a las costas italianas ahogadas en el mar ante la prohibición de rescate por parte de las autoridades (si no me equivoco, el Ministro del Interior y Vicepresidente por aquel entonces, igual que ahora,  era el infame Salvini), en contra del criterio del propio almirante de la Guardia Costera, el intento de criminalización de las ONGs que acudían al rescate, la ola de xenofobia en la sociedad, etc., Veronesi creó con amigos suyos un movimiento que llamo "Cuerpos" para oponerse a la política al respecto del gobierno italiano. Entre estos amigos estaba el director de cine napolitano Edoardo De Angelis, con quien, al conocer el conmovedor antecedente que suponía la historia del comandante Todaro (de ahí, por cierto, que no resulte tan naíf, en realidad, la frase de "Somos italianos", sino cargada de intención ante los nacionalistas xenófobos), decidieron investigar sobre ella y, al cabo, escribir un guión de cine. Y no sólo un guión, sino también esta estupenda novela (que no es la novelización de aquel, que conste, sino una obra literaria por derecho propio).  La película, por cierto, se estrenó en 2023, con un apropiado y seguramente estupendo, como de costumbre (yo aún no la he visto) Pierfrancesco Favino como el comandante Salvatore Todaro.

jueves, 20 de marzo de 2025

Padres de libro: Nacido dos veces de Giuseppe Pontiggia

Idioma original: italiano

Título original: Nati due Volte

Año de publicación: 2000

Traducción: Elena de Grau Aznar

Valoración: entre recomendable y está bien

Giuseppe Pontiggia fue un escritor italiano, además de crítico literario y docente, que gozó de cierto predicamento en España (supongo que en su país, aún más) a finales del siglo pasado, pero del que, fallecido hace más de veinte años, parece que no se habla demasiado hoy en día. No está de más, por tanto, recordarlo en este afamado e influyente blog sin abuela, y un buen motivo para ello es este Nacido dos veces, uno de sus últimos libros, que trata de las vivencias de un padre con un hijo discapacitado debido a una parálisis cerebral -teraparesia espástica distónica, para ser exactos- y su relación con éste, aunque no sólo. Es más, el libro está trufado de  reflexiones -a veces casi aforismos- sobre distintos temas, como las distintas estrategias educativas (*), el acoso sexual o, simplemente, las reacciones, prejuicios, dudas y demás conductas humanas. 

De hecho, son estas observaciones, a veces bien prolijas, sobre el carácter y comportamiento de las personas que el padre/narrador va encontrando en el periplo que supone criar a su hijo -desde el director del colegio a la maestra, pasando por distintos médicos y terapeutas- lo que parece constituir el grueso de buena parte del libro y lo que cuenta sobre la relación directa con su hijo queda reservada, sobre todo, a la época de adolescencia y juventud de éste -es cierto que el propio padre reconoce que quien más se ocupaba del chaval durante su niñez era la madre, ayudada por abuelas y abuelo-; el caso es que, si bien es cierto que estos comentarios y hasta digresiones resultan muy interesante y a menudo acertadas, uno no puede evitar preguntarse, durante el primer tercio o incluso mitad del libro, que pasa con el hijo, al que sólo conocemos de forma indirecta. Esta impresión se corrige, no obstante, más adelante. 

Podría suponerse que nos encontramos ante una obra de autoficción, dado que Pontiggia también fue profesor, como el protagonista/narrador y, sobre todo, tenía un hijo con esa misma discapacidad. Ahora bien, hay detalles que nos indica que el libro, con tener bastante de "auto-", tiene más de "-ficción"; por ejemplo, ni el chico, ni la madre ni el propio narrador se llaman como sus modelos en la vida real. Y, sobre todo,  en la  novela el chico -Paolo, mientras que el hijo del autor es Andrea- tiene un hermano -celoso de él-, lo que en la vida real no sucedió. O que el padre tenga una amante, algo que, de ocurrir en la realidad, supongo yo que Pontiggia no habría confesado tan alegremente en un libro. De hecho, el propio escritor, según su viuda, insistía en el carácter novelístico del libro (lógicamente, si quería ocultar algún desliz, dirá alguno/a... pero no seamos mal pensados, que Pontiggia tenía cara de buena persona).

En fin, que el libro se puede resumir, sobre todo, en las lecciones de vida que el narrador -vale, bueno... alter ego del autor, si se quiere- va aprendiendo del trato con su hijo y de la batalla de ambos y de todos la familia por afrontar la discapacidad -en verdad, del hermano celoso, no mucho, puesto que tampoco sabemos nada más de él. Podemos suponer que se crio sólo, el pobre chaval-, así como de las enseñanzas y reflexiones que le provoca el trato con el prójimo, a raíz de esta circunstancia tan particular, se entiende... Es decir, las elucubraciones de un escritor que, si se tratara de alguien más indocumentado que Giuseppe Pontiggia, resultarían superfluas y puede que hasta algo irritantes, pero que, en este caso,  se leen con sumo interés, ganas y agrado.

(*) Aunque sea un tema colateral en el libro, resulta bastante  lúcido y revelador lo que pensaba el narrador (es decir Pontiggia) hace 25 años sobre el estado de la enseñanza en Italia, a su vez ya veinte o veinticinco años atrás... Curiosamente parecido a lo que ocurre en España y supongo que en muchos otros sitios, ahora mismo.