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miércoles, 6 de mayo de 2026

Johann Wolfgang von Goethe: Las afinidades electivas

Idioma original: alemán

Título original: Die Wahlverwandtschaften

Traducción: José María Valverde

Año de publicación: 1809

Valoración: Entre Recomendable y Está bien


Como es sabido, Goethe colaboró decisivamente en el nacimiento del movimiento romántico Sturm und Drang, y aportó a esta corriente literaria obras fundamentales como Las desventuras del joven Werther. Ciertamente, más adelante iría tomando caminos algo diferentes, pero si hiciésemos abstracción del intervalo de los más de treinta años transcurridos, se podría pensar que con Las afinidades electivas el gran autor alemán quiso someter a prueba al romanticismo con un test de estrés definitivo. 

De manera que, como si se tratase de un reality televisivo, coloca a una admirable pareja disfrutando de su castillo y sus tierras, y les introduce dos visitantes: el capitán, viejo amigo del marido, y una jovencita algo ensimismada que está bajo la protección de la esposa. Para qué queremos más, solo hay que esperar que salte la chispa por algún lado, o por varios a la vez. La vida del acomodado matrimonio va haciendo hueco a sus nuevos invitados, y las cosas se van moviendo, al principio de forma casi imperceptible, para ir cogiendo velocidad poco a poco, igual que en la naturaleza, explica Goethe por boca de sus personajes, los seres, incluso los objetos inanimados, muestran tendencia a unirse o repelerse con otros en función de fuerzas observables aunque no conocidas.

Estamos ante una especie de novela de tesis en torno al amor, y Goethe explora las distintas actitudes de sus personajes, la templanza de unos frente a la inmadurez y la emotividad desbocada de otros, el sturm y el drang se manifiestan con fuerza frente a la prudencia que podríamos definir como burguesa. Son perspectivas completamente diferentes ante las que el autor no toma partido pero, conscientemente o no, los personajes transmiten sensaciones dispares que llegan al lector: el arrebato amoroso que en su momento se puso en valor ahora se ve cómo desemboca en el capricho y la volubilidad que poco falta para que deriven en la pérdida de dignidad y el ridículo. 

La reflexión resulta interesante y bien desarrollada una vez que concluimos la lectura, pero ¿qué ocurre mientras pasamos las páginas? Pues que se suceden las parrafadas, largas explicaciones en un lenguaje con frecuencia afectado, y en definitiva un desarrollo lento y poco atractivo que transmite cierto aburrimiento hasta una parte final confusa y algo atropellada, en la que Goethe parece haber querido recuperar el tono de la tragedia romántica de años atrás. Me atrevería a decir que, desde el punto de vista narrativo, la obra tiene algunas deficiencias serias, como la aparición de personajes ajenos a la trama, que son unos cuantos y no aportan casi nada, y los varios estancamientos en torno al paisaje y pequeñas anécdotas poco relevantes.

El ritmo es irregular y le falta quizá precisión y vigor, que solo aparecen en ocasiones puntuales, lo cual puede ser hasta cierto punto fruto de la época, pero a nivel lector creo que todo esto pesa bastante hasta que uno es capaz de verlo con una cierta perspectiva. Otra cosa es que según los entendidos (hay un largo prólogo en el que se extienden sobre estos pormenores) la obra contiene buen número de guiños y mensajes semiocultos, incluidas alusiones oblicuas a los rosacruces y ciertos elementos esotéricos, que tal vez añaden interpretaciones quizá más ricas y de mayor interés para quien sea capaz de detectarlas. Por mi parte, entusiasta lector del Werther en mis años juveniles, como creo que corresponde, y del Fausto algo más adelante, me quedaré con estas dos obras geniales y dejaré Las afinidades electivas como una más en la colección, de la que no dejo de extraer algunas cosas interesantes, pero que queda  lejos de aquellas experiencias anteriores.

Otras obras de Goethe reseñadas en ULADFaustoLas desventuras del joven Werther

miércoles, 1 de abril de 2026

Bernhard Schlink: El regreso

 Idioma original: alemán

Título original: Die Heimkehr

Traducción: Rosa Pilar Blanco

Año de publicación: 2007

Valoración: Está bien

Quizás, a primera vista, no les suene a ustedes el nombre del autor de este libro. Para ponerles un poco en contexto, Schlink escribió El lector que, sin duda, muchos de ustedes conocerán, bien por el libro, bien por su exitosa adaptación cinematográfica.

Schlink es escritor y jurista y, sin duda, esta ambivalencia provoca que, en muchos casos, la justicia, la culpa y la lucha entre el bien y el mal impregnen sus novelas, que se editan con regularidad en nuestro país.

En el caso de El regreso nos encontramos con la historia de un niño que, durante unas vacaciones con sus abuelos que se dedican a revisar galeradas para editar novelas baratas, descubre el manuscrito de un texto en el que un soldado alemán, que ha estado prisionero en Rusia, vuelve a su casa después de la guerra y descubre que su mujer tiene un niño y vive con otro hombre. La historia queda grabada en el subconsciente del niño, que crece y se convierte en editor literario. En un momento de crisis vital, puesto que su matrimonio ha fracasado y su trabajo no le motiva, decide agarrarse a la vieja historia y emprende una búsqueda tanto de los protagonistas como del autor de la novela. En ese contexto descubre que los relatos de soldados que vuelven al hogar tras la guerra son un género bastante habitual en la posguerra. Nuestro protagonista nunca conoció a su padre porque murió en la guerra y comienza a encontrar excesivas semejanzas entre lo que sucede en la novela y su propia vida.

Aquí el escritor alemán traza un paralelismo entre las circunstancias de la vuelta de esos soldados a su hogar  y el dilatado regreso de Ulises a Ítaca. Pone en boca del protagonista reflexiones sobre lo que significa el regreso y el deseo de venganza de los soldados que vuelven a su hogar y encuentran que su sitio está ocupado por un intruso, y lo equipara con la venganza que comete Ulises al volver a Ítaca y matar a los pretendientes de Penélope. Siendo estas reflexiones interesantes y oportunas con lo que nos quiere transmitir el autor, suponen un freno en el desarrollo de la historia que hace que nos distanciemos de la misma.

En una búsqueda que se antoja un tanto improbable, puesto que nuestro protagonista localiza de forma un tanto inverosímil tanto documentos como personas que pudieron coexistir con el autor del libro de su infancia,  va descubriendo inquietantes detalles sobre la vida de su padre y entiende que su madre no le ha contado toda la verdad sobre la vida y la muerte de su progenitor. La historia inicia un giro sorprendente, aunque previsible, y desemboca en un  final atropellado que no hace justicia al prometedor inicio de la novela.

Schlink desarrolla una novela de intriga, bien escrita y con una prosa correcta, aunque un poco fría y demasiado analítica. Se deja leer, pero no entusiasma. El autor alemán dilata los acontecimientos en demasía, de tal manera que las continuas reflexiones filosóficas y pseudojurídicas sitúan la novela en muchas ocasiones al borde del ensayo, para al final no ser una cosa ni la otra.  Quizás con cien páginas menos hubiera conseguido concentrar lo que nos quiere transmitir, saldríamos mucho más satisfechos de esta lectura y subiríamos un escalón en la valoración de esta novela.


También en Ulad: El lector


viernes, 20 de marzo de 2026

Alfred Kubin: La otra parte

Idioma original: Alemán
Título original: Die Andere Seite. Ein Phantasticher Roman
Traducción: Juan José del Solar
Año de publicación: 1909
Valoración: Obra maestra (aunque irregular y no necesariamente recomendable para todo el mundo)

La otra parte es una obra maestra de la literatura fantástica. El austríaco Alfred Kubin, conocido dibujante, grabador y pintor de estética expresionista, la escribió, al parecer, de manera convulsiva durante una crisis creativa como artista plástico.

Cubre la llegada y estancia de tres años de un narrador innominado en el Reino de los Sueños, un país fundado por por Claus Patera, amigo de juventud del protagonista. El Reino de los Sueños destaca por sus peculiares habitantes, costumbres, vestimenta, geografía, arquitectura, economía, etc... 

Aunque la novela arranca con algún que otro elemento maravilloso que roza lo mágico, no es hasta la segunda mitad que adquiere un marcado tono entre fantástico y onírico (o, mejor dicho, pesadillesco), y en su clímax ya se decanta abiertamente por lo espectral y apocalíptico. 

De ella me han sorprendido varias cosas:

  • La innegable calidad de su prosa (sensible o vigorosa según se tercie, demuestra que Kubin era tan hábil con la pluma como con el lápiz, el buril o el pincel). 
  • Su innegable creatividad.
  • Su lograda atmósfera (surrealista, difusa, inquietante y tenebrosa). 
  • Su absorbente argumento (salpicado de escenas memorables en su composición visual)
  • Sus fascinantes misterios (sobre todo el que cuestiona si Patera es el titiritero que mueve los hilos o una marioneta más). 
  •  Sus irrepetibles personajes (apenas perfilados, pero visualmente distinguibles los unos de los otros y capaces de dar mucho juego al interactuar entre ellos).
  • La frescura que aporta al conjunto la aparición de Hércules Bell, el americano que se opone a Patera y pretende destruir el Reino de los Sueños. 

A todo lo anteriormente mencionado hay que agregar que La otra parte resuena particularmente con mis gustos como lector. A fin de cuentas, abunda en ideas extrañas, siniestras y terroríficas, presenta ocasionales destellos de humor negro y, en ciertos apartados, recuerda sobremanera a Franz Kafka (quien, de hecho, se inspiró en el universo de Kubin).

La novela puede interpretarse de muchas maneras; por ejemplo, como una desencantada fábula sobre el poder absoluto, la pérdida de la fe en la divinidad, lo azaroso del destino del hombre, lo postizo de las utopías, el colapso de las civilizaciones o lo infructuoso de la búsqueda de sentido. 

Apenas le pondría algunos reproches (minúsculos, advierto) a La otra parte

  • Que su voz narrativa se toma ciertas licencias (como por ejemplo mimetizarse con la perspectiva de Bell en un único capítulo) que escapan a las atribuciones de la primera persona.
  • Que su argumento a veces se estanca.
  • Que determinadas escenas carecen de transiciones. 
  • Que no separa unos cuantos párrafos en la tercera parte, capítulo VIII, que respirarían y se sentirían más orgánicos si así fuera.
  • Que emplea de forma desconcertante el verbo evolucionar en las páginas 267, 271 y 274.
  • Que su final se desinfla un poco (no porque le falte fuelle, sino porque no podemos evitar compararlo injustamente con la majestuosidad de aquello que lo precede).
  • Que se cierra con un capítulo abstracto que intenta dar (sin mucho éxito, a mi modo de entender) empaque al conjunto referenciando el dualismo pendular, concepto que aparece un puñado de veces a lo largo del texto pero que nunca acaba de cuajar.

En resumen: la novela de Kubin es a todas luces fruto de un talento artístico monstruoso. Pese a que tiene alguna aspereza, no creo que funcionara igual de bien si se la puliera respondiendo a criterios puramente literarios y narrativos. Y es que su textura irregular emula perfectamente a la de los sueños, con su lógica interna aplastante, su inquietante familiaridad y su esquivo significado y simbolismo.

La edición de La otra parte que yo he leído se la debemos a Siruela. Tiene tapa dura e incluye las cincuenta ilustraciones que el propio Kubin le dedicó a esta historia. La única pega que le pondría es que la imagen de la cubierta, un dibujo del autor titulado El último rey, está algo pixelada.


domingo, 22 de febrero de 2026

Thomas Bernhard: Trastorno

Idioma original: alemán

Título original: Verstörung

Traducción: Miguel Sáenz

Año de publicación: 1967

Valoración: Recomendable


Dentro de la obra narrativa de Thomas Bernhard Trastorno (1967) va en segunda posición, es decir, es su segunda novela, publicada ocho años antes de Corrección (1975), la única que conozco aparte de esta. Entre ambas publicó La calera (1970). No son datos que llamen la atención o que puedan interesar mucho al lector, ni es mi costumbre largar este muestrario de títulos y fechas, pero hay algo disonante en esta secuencia, ya verán.

Y es que Trastorno, aunque tiene una cierta unidad argumental, desde el punto vista estilístico muestra una ruptura fuera de lo común a la que no encuentro demasiada lógica. De forma que en el aspecto formal tenemos algo así como dos novelas independientes:

1. Personajes de la Austria profunda

Con un formato perfectamente convencional, Bernhard cuenta el periplo de un médico rural que, acompañado de su hijo, visita a diversos pacientes en la región austriaca de Estiria, repleta de bosques, montañas y valles profundos. El judío Bloch, la señora Ebenhöh, el industrial que vive con su hermanastra aislado del mundo, el hijo contrahecho de los guardeses del castillo, los Fochler con su molino incrustado en un barranco y con gran número de pájaros exóticos en una jaula. Es una ‘población básicamente enferma, propensa a la violencia y el desvarío, […] gentes del campo que degeneran en la brutalidad, […] un paisaje de profundos valles sin sol, pequeñas ciudades y abúlicos pueblos y mercados’. No es de extrañar que Bernhard no despertase precisamente la simpatía de buen número de compatriotas con semejantes opiniones.

Por momentos recuerda retratos inclementes de mundos rurales de otras tierras, pero aquí no se trata de personajes primitivos como los de las aldeas gallegas de Valle Inclán, o brumosos, intemporales y casi metafísicos como los de la Región de Juan Benet. No arrastran, que sepamos, traumas antiguos o extrañas taras, son individuos simplemente sometidos por ese entorno hostil y embrutecedor que los trastorna y deshumaniza generación tras generación, a la vez que les ata para siempre a esa tierra, naturaleza pura, maravillosa y aterradora al mismo tiempo.

La narración es poderosa, fluida, y diríamos perfectamente homologable, como si un artista abstracto decidiese demostrar que también sabe hacer pintura figurativa, y lo hace espléndidamente. Pero Bernhard, de repente, toma otro rumbo.

2. Saurau

El último paciente de la ronda es el príncipe Saurau, que habita con sus hermanas e hijas en el castillo que se yergue en lo alto del barranco. Necesita de un nuevo administrador para sus tierras, y Bernhard, que le concede la voz única en prácticamente todo lo que resta del libro, dedica once páginas a describir cómo un hombre se postulaba al puesto y fue finalmente rechazado, una simple entrevista de trabajo. La desproporción sugiere cierto desequilibrio en el protagonista-narrador, y promete por tanto sensaciones intensas. Saurau puede además resultar un personaje fascinante, solitario y sumido en inquietudes intelectuales, que lanza su disertación de forma fragmentada y en todas direcciones, la naturaleza del hombre, la posible traición de su hijo, la interacción con la naturaleza, el espíritu del castillo o la enfermedad moral de los pueblerinos, sus empleados, o de Austria entera. 

Ese torrente incontenible, el interminable monólogo del príncipe, hace inmediatamente pensar en el Roithamer de Corrección, y por eso esta segunda parte del libro es como un puente hacia la posterior novela de Bernhard. Se diría que el autor ha descubierto repentinamente otra forma de contar las cosas, abandona el convencionalismo anterior y se lanza sin freno por el nuevo camino. De ahí que surja la duda sobre esa novela intermedia que de momento no conozco.

Pero lo cierto es que al larguísimo speech no le veo la profundidad y la coherencia que, dentro de formato tan complejo, mostraba en Corrección. La perorata del príncipe es una sucesión de comentarios muy breves y con escasas conexiones, que bien podría ser simplemente el discurso de un demente, con poco que aportar al resto de la narración. Lo cual demuestra que el descubrimiento de una herramienta narrativa, por valiosa que pueda ser, no garantiza por sí misma un resultado brillante, algo que solo se consigue cuando se carga con el material y en la forma adecuados. Con todo, el libro no deja de ser estimable, con ese punto extraño que resulta atrayente siempre que estemos prevenidos: la lectura de Bernhard es estimulante, pero (afortunadamente) nunca sale gratis.


Otras obras de Thomas Bernhard reseñadas en ULAD: aquí

jueves, 27 de noviembre de 2025

Byung-Chul Han: El espíritu de la esperanza

Idioma original: alemán

Título original: Der Geist der Hoffnung

Traducción: Alberto Ciria

Año de publicación: 2024

Valoración: Decepcionante/Filosófico


‘Guerras, migraciones masivas, atentados, catástrofes climáticas, crisis y pandemias: escenarios apocalípticos muy diversos nos confrontan con una inminente amenaza de hundimiento y extinción [..] Sin embargo, de la desesperación más profunda nace también la esperanza más íntima. La esperanza nos abre tiempos futuros y espacio inéditos, en los que entramos soñando’. Bajo un título como El espíritu de la esperanza y con una contracubierta con semejante invocación, queremos pensar que Byung-Chul Han, él sí, ha dado con la tecla para ofrecernos el salvavidas que nos saque del marasmo en que nos hemos metido en este cuarto de siglo. Quizá por eso le acaban de dar un nuevo premio más, y hasta parece que se ha hecho un poco más popular.

Un preludio bastante largo nos deja un poco descolocados, porque empieza a referirse a raíces etimológicas y a enfrentar esa esperanza a diferentes conceptos, angustia, miedo, optimismo. Este deslindar el concepto parece algo muy profesoral y, aunque se prolonga más de lo esperable, espera uno que pronto se ponga el Sr. Han a explicarnos cómo podemos albergar esperanza en tiempos tan inciertos. Pero no. Lejos de bajar a nivel terrenal, el texto sigue navegando entre conceptos abstractos, presentando a buena parte del panteón de la filosofía alemana del último siglo, desde Heidegger a Adorno, Benjamin, Bloch o Arendt, incluyendo a algunos foráneos como Derrida, Camus o Václav Havel. Seguimos página tras página desglosando la culpa o la teoría del perdón, esperanza y acción, soñar dormido y soñar despierto, la reflexión prospectiva y retrospectiva.

Como se ve, nada que contribuya a sacarnos de la zozobra de los genocidios, aeronaves hostiles que sobrevuelan los cielos, o diversas especies de dictadorzuelos de ópera bufa desgraciadamente demasiado poderosos para tomarlos a broma. Tampoco me seduce precisamente ese estilo de frase breve y redonda que salpica el texto con insistencia: puede que simplemente sea la forma de expresarse del autor, pero da la impresión de buscar siempre la cita célebre, lo cual se confirma sospechosamente cuando uno escribe en el buscador Byung-Chul Han y la búsqueda más frecuente que se ofrece es ‘citas’ o ‘frases’.

Pero tampoco nos enfademos demasiado con este autor coreano afincado en Alemania. Esto no es en realidad otra cosa que un libro de filosofía, y Han disfruta tomando el hilo de algunos  de sus colegas y confrontando con otros, siempre en torno a ese concepto de esperanza, como podría haber sido cualquier otro. Y estas reflexiones (o discusiones, que también) son las que posicionan a los filósofos en su mundo particular, porque en definitiva es a lo que se dedican.

Así que desde ese punto de vista no me siento capaz de negarle valor al libro. El problema es otro: cuando estudiábamos filosofía se desplegaba un esfuerzo generalizado por convencernos de que aquello tenía una utilidad real, quizá a largo plazo, tal vez solo (y eso sería suficiente) para iluminar el espíritu y hacernos pensar, hacernos más humanos, y qué sé yo. Siendo muy sincero, y aunque esto pueda parecer una aberración, tengo que reconocer que me resulta muy difícil encontrarle utilidad a estas elucubraciones, como no sea en un plano casi completamente abstracto, como una pequeña semilla que, aunque la ignoremos, contribuye a hacer que la Humanidad sea un poco mejor (aunque no lo parezca).

P.D. En cualquier caso, lo mejor del libro son en mi opinión las varias reproducciones de pinturas de Anselm Kiefer que incluye, aunque es indudable que en el pequeño formato del libro lucen mucho menos grandiosas que a tamaño natural. Y tampoco tengo nada claro que sean lo más indicado para ilustrar un texto sobre la esperanza porque, a mí al menos, estas obras, aunque muy sugerentes, me mueven a sentimientos mucho menos luminosos.


Unas cuantas obras de Byung-Chul Han reseñadas en ULADaquí


miércoles, 3 de septiembre de 2025

Madres de libro: La pianista de Elfriede Jelinek

Idioma original: Alemán
Título original: Die Klavierspielerin
Año de publicación: 1983
Traducción (al catalán): Antònia Sabater
Valoración: Recomendable (aunque no para todo el mundo)

Erika es una mujer ya madura, que ha sido completamente anulada por su madre absorbente, posesiva y controladora. Un día descubre que Walter (uno de los alumnos a los que da clases de piano, diez años más joven que ella, atractivo, carismático, talentoso y deportista), se ha interesado por ella. Y aunque Erika es, en un inicio, incapaz de reciprocar a Walter (que tampoco es que esté genuinamente enamorado de ella ni la admire tanto como se repite a sí mismo, sino que sólo quiere usarla), la insistencia de su pretendiente hará que la maestra le dé una oportunidad. Pero el único amor al que Erika puede aspirar es uno viciado por su dependencia (si ya no la gobierna su madre, deberá ser Walter) y las fantasías sexuales provocadas por su represión y la pornografía.

Esta es la premisa de La pianista, novelón que escribió la Premio Nobel de Literatura de 2004 Elfriede Jelinek. Digo novelón porque, pese a su brevedad, abunda en detalles (la contraposición, que a su manera deviene superposición, entre arte y bajos instintos o entre el artista y las masas; el que Erika pueda hablar abiertamente de unas cosas y sólo a través de carta de otras; etc...). Digo novelón, también, porque su factura derrocha inteligencia y sentimiento.

De La pianista destacaría su elenco protagónico: Erika, su madre y Walter. Y aunque las caracterizaciones de estos tres personajes son bastante sencillas, sus abundantes claroscuros las dotan de una inusitada complejidad. 

Asimismo, las dinámicas entre estos tres personajes funcionan muy bien. Si bien son, al menos aparentemente, algo lineales (madre e hija, alumno y maestra, rivales que pretenden gobernar a Erika), adquieren espesura gracias a su naturaleza oblicua, sórdida, tóxica y contradictoria.

Estas dinámicas pivotan siempre en torno al amor. Un amor egoísta, enturbiado y viciado. Y es que, para La pianista, el amor (sobre todo el de hombres y mujeres, pero también el paternofilial) es una lucha, un combate, la cara bonita de la dependencia y la dominación; el amor es, en suma, la aniquilación. Bueno, las relaciones humanas en general las plasma como profundamente unilaterales y frustrantes.

La forma de narrar de Jelinek en La pianista también es fascinante. La mayoría de páginas de la novela resultan asombrosamente inspiradas y ostentan una calidad literaria y una riqueza estilística excepcionales. La prosa es plástica, intensa, capaz de mimetizarse con la atribulada mente de Erika y describir escenas magistralmente, como aquella en la que la protagonista espía a un hombre y una mujer mientras mantienen relaciones.

Aquí un ejemplo de la prosa de Jelinek, que hallamos en la página 130 de La pianista: «Atreta per la foscor, l'Erika s'endinsa per les quietes prades que s'escampen entre matolls, arbredes i canals. (...) Ara ve el parc d'atraccions; els llums fugaços brillen al lluny. Se senten trets, veus cantant victòria. Els adolescents xisclen alhora amb els aparells de lluita de les sales de joc o callen fent-ne anar d'altres que ja són prou estridents i llampegants. Decidida, l'Erika deixa enrere tot el renou, abans de permetre que se li acosti. Els llums temptegen cap a ella, no troben cap lloc per agafar-s'hi, li passen pel cap, que duu tapat amb un mocador de seda, rellisquen, li marquen un lamentable rastre de color humit al llarg de l'abric i cauen a terra, on moren en la brutícia. Ressonen petites explosions, però també l'han de deixar passar sense fer-li ni un forat. Són incapaces d'atreure-la, més aviat la repel·leixen. (...) Això no és per l'Erika.»

¿Es La pianista perfecta? Puede que no. Su argumento resulta algo tenue y por momentos repite machaconamente sus ideas. Además, los lectores que se sientan intimidados por los personajes autodestructivos, las interacciones oblicuas y la sexualidad depravada (la reprimida Erika ve películas porno, practica el voyerismo y la automutilación, etc...) quizá repudien esta novela. 

Aun así, es un librazo. Uno que disfrutaremos especialmente aquéllos que amamos la literatura oscura, capaz de elevar lo sórdido, lo turbio y lo vulgar con su mensaje y su manejo del lenguaje. Y es que su honestidad y brutalidad resonarán inevitablemente en nosotros. Sus reflexiones todavía nos carcomerán días después de volver la última página. Su prosa, inspirada, expresiva y plástica, nos deslumbrará. Y sus personajes (Erika, su madre y Walter) se alojarán en nuestra cabeza, quizá para siempre.

Existe una adaptación a la gran pantalla de La pianista. La película, del director Michael Haneke, salió en 2001 y es una obra de culto por derecho propio. Aunque el lenguaje cinematográfico es incapaz de trasladar la plasticidad de la prosa del material original, Haneke mantiene el tono perverso y la atmósfera asfixiante exprimiendo los recursos de su medio. Además, se toma algunas libertades argumentales que, a mi juicio, funcionan muy bien (como aprovechar a la alumna de Erika para establecer un paralelismo con ésta, hacer que el encaprichamiento juvenil de Walter por Erika sea más genuino, expandir hacia el hockey sobre hielo la faceta de deportista de Walter o decantarse por un final distinto pero igualmente sugerente). En el lado negativo del largometraje, señalaría que no perfila tan acertadamente la relación de Erika con su madre y con el sexo. 

viernes, 22 de agosto de 2025

Arthur Schnitzler: Relato soñado

Idioma original: alemán

Título original: Traumnovelle

Traducción: Miguel Ángel Vega Cernuda

Año de publicación: 1926

Valoración: Muy recomendable


Está bastante extendida la idea, yo creo que acertada, de que en la vida hay momentos en que el cuerpo, o más bien la cabeza, desdeña la estabilidad y pide acción. Se dice que ocurre no sé si hacia los cuarenta o cincuenta, más frecuentemente en los hombres (aunque yo creo que en ellos solo se manifiesta de forma más visible), y es cuando los más decididos se largan a emprender una nueva vida en un país tropical, el que puede se compra un descapotable, y la gran mayoría no pasa de un viaje un poco bobo con unos colegas, o sencillamente no hace nada en absoluto más que rumiar un descontento que no termina de entender.

Si hablamos de una pareja más o menos estable y con una trayectoria ya larga, quizá esa relación es el primer pilar en tambalearse. Aunque no se haya llegado al hastío o a lo que podríamos llamar desamor, ni se haya uno llegado a plantear nada disruptivo, puede que nos ronde una sensación o sintamos una pequeña punzada, impulsos que pueden tener origen en una imagen, una voz o una simple broma, que de repente provocan un pequeño cortocircuito. Todo puede quedar solamente ahí, pero también es posible que anide para brotar en algún momento posterior. En el caso de Albertine el detonante, todavía algo inocente, es la visión de un joven en un viaje por Dinamarca, una anécdota seguida de un sueño o de un juego de la imaginación, que suele venir encadenado. Albertine se lo cuenta a su marido Fridolin (vale, nombre de helado para niños, pero dejémoslo estar), y provoca una reacción en cadena que ninguno de los dos seguramente había podido sospechar.

Fridolin se encuentra dolido en su autoestima y un poco celoso, pero por encima de todo sorprendido y desbordado por sentimientos desconocidos, y se lanza en busca de aventuras. Casi sin quererlo estas le salen al paso una tras otra y, aunque decidido en su propósito, parece que ha perdido un poco el manejo de los tiempos, hasta que tiene la oportunidad de acudir a la reunión de  una especie de sociedad secreta. Aquí empieza a asomar un peligro real, pero también emociones intensas con un indudable sesgo sexual: disfraces, máscaras, mujeres desnudas, ritos extraños, el colmo de lo que un alma ansiosa de emociones podría desear.

Sí, claro, más de uno ya estará pensando en Eyes wide shut, la obra póstuma de Kubrick que justamente está basada en el libro de Schnitzler. Estéticamente impecable, cómo no, la película capta a la perfección la atmósfera inestable que sugiere la narración, ese deambular hacia lo desconocido casi por inercia, la mezcla de temor y decisión inquebrantable que domina al protagonista, la duda permanente sobre si Albertine está pasando por lo mismo, o es todo una alucinación. Para quienes conozcan la película también hay que decir que tiene bastante de deconstrucción del relato, donde los elementos fundamentales se barajan y mezclan al servicio de un guion menos respetuoso en su conjunto que en cada uno de los escenarios. O al menos es lo que ahora soy capaz de recordar, aunque debería volver a verla.

Por su parte, el libro, que es de lo que venimos a hablar aquí, transmite una sensación algo diferente, localizada en un nivel más íntimo donde se profundiza mejor en la psicología de Fridolin y Albertine. Con una prosa a veces algo borrosa, Schnitzler parece mostrar cómo no solo importa y nos afecta lo que realmente ocurre, sino lo que por alguna razón no llegó a ser real, incluso lo que solamente fue soñado, sin que en ocasiones llegue a estar del todo claro a cuál de estas categorías pertenece lo que tenemos en nuestra cabeza.

Otras obras de Arthur Schnitzler reseñadas en ULADLa señorita ElseLa cacatúa verdeEl teniente Gustl


jueves, 26 de junio de 2025

Colaboración: El campo, de Robert Seethaler

Idioma original: alemán

Título original: Das Feld

Traducción: Ana Guelbenzu

Año de publicación: 2024

Valoración: Recomendable


Harry Stevens, un anciano alemán residente en el pueblo de Paulstadt, disfruta paseando cada tarde entre las tumbas del cementerio, un lugar al que los vecinos llaman “el campo”, los días que hace buen tiempo. Cuando se cansa, se sienta a la sombra de un viejo abedul, y deja vagar sus pensamientos. A veces, cree oír hablar a los muertos, aunque no llega a captar más que palabras sueltas, y se pregunta cuál será el objeto de sus conversaciones. A muchos los conoce o, mejor dicho, los conoció. Fueron obreros, comerciantes, dependientes y políticos del pueblo que, a buen seguro, tienen muchas cosas que contarnos sobre su vida y, claro, sobre su muerte.

Quizás sólo en ese último momento, como dice nuestro protagonista “sería razonable que un ser humano pudiera emitir un juicio definitivo sobre su vida”.

Y eso es lo que hace Seethaler en este libro. Dar la palabra a veintinueve vecinos de Paulstadt que nos hablan de cómo vivieron y cómo murieron.  Es un universo pequeño y cerrado y, en muchas ocasiones, inevitablemente, las historias de algunos personajes se entrelazan con las de otros creando un universo en el que vemos como respira toda la comunidad. Hay historias de amor, odio, soledad, esperanza, venganza, ilusión o crueldad. Cada capítulo no deja de ser más que un reflejo de la condición humana. 

Seethaler se propone, y lo consigue, que comprendamos a cada uno de los personajes que nos presenta. Son personajes normales y corrientes, como usted y como yo, con sus pequeñas alegrías y tristezas, que toman decisiones, acertadas o equivocadas, que dirigen su vida, y a menudo su muerte, en una determinada dirección. 

No me resisto a incorporar el fragmento final de un capítulo. Unas líneas ilustrativas del tono poético en que se mueve el escritor alemán:

“En mi memoria ya no paró de llover, el mundo se vino abajo. Ahora yazco aquí, entre mis padres. No ha sido un camino largo, pero se está tranquilo, y algunas noches oigo a lo lejos un gemido, leve al principio, aunque constante como el llanto de un niño, que luego crece y se vuelve más intenso y penetrante, hasta llenar la noche. Yo me quedo quieto y escucho aullar a los lobos hasta que su aullido se interrumpe”.

Seethaler escribe con elegancia y sobriedad y transmite ternura hacia los personajes que retrata. Algunos merecen unas líneas, otros varias páginas, pero todos han constituido el tejido vivo de Paulstadt y todos tienen cosas que contarnos.

Como señaló el propio novelista alemán en alguna entrevista: “cada hombre es el héroe de su propia historia”.  

                                                                                                                  Firmado: José Miguel Martínez

También de Robert Seethaler reseñado en ULADEl vendedor de tabaco

viernes, 13 de junio de 2025

Bernd Brunner: Vivir en horizontal

Idioma original: alemán

Título original: Die Kunst des Liegens. Handbuch der horizontalen Lebensform

Traducción: José Aníbal Campos González

Año de publicación: 2012

Valoración: Curioso


No sé si existe alguna estadística fiable sobre cuántos libros se han publicado a lo largo de la historia. Son sin duda miles, quizá cientos de miles, desde las culturas más remotas hasta la misma actualidad, en todas las lenguas habidas y por haber, en todas las épocas y formatos, pergaminos, opúsculos, cartas, catecismos, tocando todos los géneros conocidos y sus derivaciones. Y en todo ese diluvio de libros se han tocado todos los temas, ya sea desde la ficción o desde la voluntad de transmitir conocimientos sobre cualquier asunto. Así que seguro que ha habido precedentes, el mismo Bernd Brunner cita algunos, pero no serán muchos los textos que se refieran a algo tan humano como una postura, la posición del cuerpo en la que todos los humanos que fueron, son y serán hemos pasado una buena parte de nuestra vida. Unos más que otros, es verdad, y por razones muy diversas. Pero en definitiva algo que nos une sin remedio y sin excepciones: todos estamos cada cierto tiempo en posición horizontal.

Desde luego, se puede construir un libro entero sobre esto tan obvio y tan conocido, pero tampoco es tan fácil. ¿De qué hablamos? ¿Empezamos con nuestros antepasados acurrucados en cuevas, o avanzamos hacia camastros rudimentarios construidos con algo de paja o ramas? ¿Hablamos de la costumbre romana, no sé si también griega, de comer recostados? ¿Quizá algo parecido a una historia de la cama, con sus modificaciones estructurales o la importancia de su colocación según el feng shui? ¿Tocamos la segmentación social o política para ver al poderoso repantingado mientras los súbditos permanecían de pie? Pues sí, todos estos asuntos los toca el libro, juntos con muchos otros relacionados con el sueño, sus horarios y aspectos médicos, las posturas idóneas para bebés y las preferidas en el lecho compartido, la influencia de Oriente en las rudas costumbres europeas, aparatos absurdos asociados  (al menos teóricamente) al descanso y la relajación.

Como se ve, es una fuente inagotable de cuestiones que podríamos obtener de una sencilla brainstorming, porque a todos se nos pueden ocurrir mil ideas relacionadas con la posición horizontal del ser humano. 

Muchas de ellas las desgrana el autor a los largo de unos treinta capítulos, de tres o cuatro páginas cada uno, en los que va revisando con una pizca de humor, más bien poquito, tantos puntos de vista posibles. La lectura es agradable, ligera, quizá demasiado ligera, porque, siendo sinceros, el tema sí que es original pero también bastante intrascendente. La consecuencia es que leemos digamos con agrado pero sin mucho interés, invitando el texto a detenerse en algún detalle curioso y poco más. 

Me temo que el asunto no da para mucho más, aparte de comentarios de algún cariz humorístico, porque si de esto alguien pretende hacer un análisis antropológico o cultural de más enjundia tal vez podría estar provocando que el lector quede traspuesto, ya sea en esa posición horizontal o en alguna alternativa, con variantes llámese butaca, sofá, hamaca, tumbona o a ras de tierra, bajo un árbol sobre la hierba, o en la arena de la playa.


miércoles, 15 de enero de 2025

Thomas Mann: Viaje por mar con Don Quijote

Idioma original: alemán

Título original: Meerfahrt mit Don Quijote

Traducción: Genoveva Dieterich

Año de publicación: 1945 (escrito en 1934)

Valoración: Recomendable alto


Se podría reflexionar sobre el peso que en un libro puede llegar a tener el talento del autor, quiero decir, hasta qué punto una mano diestra es capaz de levantar cualquier texto, se trate de lo que se trate. No es sólo la prosa, el estilo o la elegancia, es la cadencia, la sabiduría para contar cosas con el tono exacto, hacer que el libro interese y tenerlo controlado, equilibrado y en el punto que pide el texto. Eso se hace con técnica, con trabajo, claro, pero me sigue pareciendo que la materia prima es insustituible, y es lo que hace que el libro rezume naturalidad y parezca escrito sin esfuerzo. Con todo esto no puedo ya ocultar que me encanta Thomas Mann, en especial el de Muerte en Venecia, aunque de vez en cuando se deje llevar por la frase excesivamente rizada o las digresiones se le vayan a veces de las manos. 

Esas cualidades que apuntaba me atrevería a decir que se dejan ver especialmente en obritas menores, cuando el escritor no se está planteando crear algo importante y parece dejar fluir el texto como un mero entretenimiento. Viaje por mar con Don Quijote es una especie de pequeño diario, unos pocos días, escrito en una de las varias travesías marítimas que Mann realizó con su esposa Katia entre Europa y Nueva York. Podríamos pensar en algo parecido al crucero que David Foster Wallace contó en aquel corrosivo librito, pero las similitudes se reducen a la presencia en un barco surcando la inmensidad del mar (cómo se puede escribir dos cosas tan diferentes, e igualmente atinadas, a partir de un mismo motivo).

Thomas Mann no se propone nada concreto relatando su experiencia oceánica. Se limita a contar pequeñas anécdotas, a describir de pasada el ambiente de los salones o la cubierta, o apuntes rápidos sobre la meteorología cambiante. Lo demás son reflexiones que se van encadenando sin más planificación que lo que surge espontáneamente sobre el papel en blanco, y donde queda un papel importante para su lectura de cabecera, que naturalmente es el Don Quijote que luce en el título.

Tampoco es un ensayo sobre el libro de Cervantes, sino comentarios que brotan al hilo de la lectura. Mann se admira no solo de la personalidad de Don Quijote, sino de cómo evoluciona, cómo trata el autor a su personaje, se extiende algo más en torno a la viva defensa que Cervantes hace de su obra frente a la impostura del libro de Avellaneda, o el peso del personaje original frente a la caricatura de loco divertido que todos, en alguna medida, tenemos interiorizado. Las opiniones del autor alemán son de tal finura y profundidad que uno es consciente de que ha conectado por completo con el clásico. Todo ello, expresado en pequeñas píldoras y sin orden aparente lleva a sentir que está uno embarcado con el propio Mann, compartiendo con él un café y cambiando impresiones sobre el Quijote o, mejor dicho, escuchando embelesado sus reflexiones.

No todo se reduce a Cervantes. El pequeño diario incluye comentarios, siempre relajados y elegantes, sobre la propia singladura, sensaciones sobre la sobrecogedora pequeñez frente al océano inmenso, la distorsión de la perspectiva producto del aislamiento y la lejanía, o curiosidades como la llamada diaria a un progresivo cambio de hora y el equívoco de vivir dos veces el mismo tramo horario. El relato se extiende en ocasiones hacia asuntos aparentemente banales, como el contenido deliberadamente amable de la información que se hace circular en la nave (el crucero como mundo independiente de la realidad exterior), y en otras se adentra en reflexiones de calado que sin problema alguno podrían aplicarse a nuestro siglo XXI, como cuando apunta “¡Ah, la humanidad! Su progreso espiritual-moral queda detrás de su progreso técnico, anda muy rezagado”.

Pero ni en esos momentos toca el autor asuntos especialmente sensibles, lo que resulta llamativo en el complicado contexto de los años 30. Se diría que Mann esquiva cuestiones espinosas que sí tocará en otras obras, ahora es como quien, al igual que esas hojas informativas del crucero, al sentirse en un medio hostil, intenta centrarse en asuntos amables o al menos inofensivos. De esta forma, el libro transmite al mismo tiempo agudeza y relajación, y permite disfrutar de un autor que sea en el formato que sea, siempre parece capaz de escribir bien.

Otras obras de Thomas Mann reseñadas en ULAD: La muerte en VeneciaLa montaña mágica


domingo, 5 de enero de 2025

Colaboración: De umbral en umbral, de Paul Celan

Idioma original: Alemán

Título original: Von Schwelle zu Schwelle

Año de publicación: 1955

Traducción: Jesús Munárriz

Valoración: Muy recomendable / Imprescindible


No es fácil que un libro de poemas te alcance y te deslumbre; más si lo lees traducido; y más aún si el original se escribe en una lengua tan distinta al castellano como el alemán. Los que, con alguna frecuencia, leemos Poesía conocemos esa sensación, ese interno convencimiento de saber que la sugerencia, el misterio es inescindible del idioma; que, en fin, hay ahí dentro algo que no captas, que se escapa por cuidadoso que sea el trabajo de traducción. En nuestro caso, según consta en las Notas a los poemas, la traducción “ha sido depurada, corregida y revisada a fondo, en busca de esa fidelidad al original que, si nunca es posible en poesía, en el caso de Celan es especialmente imposible.” No sé cuánto ha respetado Munárriz la dicción original ni cuánto ha sacrificado en pos del ritmo, pero el resultado del texto sorprende gratamente.   

La vida de Paul Celan (anagrama de Antschel – Ancel, su apellido real) transcurre entre 1920, año en que nace en una familia judía de habla alemana en Czernowitz – Rumamía (hoy Chernivsti, Ucrania) y París, ciudad que ve acabar su vida antes de cumplidos los 50, cuando se arrojar al Sena desde el puente Mirabeau, el mismo al que dedicara un famoso poema Gillaume Apollinaire. 

De umbral en umbral es la segunda obra del autor y está, simplemente, plagada de belleza. Los versos son armónicos, aunque parecen venir preñados de asechanzas: “En el azul / pronuncia una palabra arbórea promisora de sombra / y el nombre de tu amor / sus sílabas añade.” No hay poemas largos. Cada texto es un pespunte de armonía elevado a una cima: “Esta es una palabra que caminó junto a las palabras / una palabra a imagen del silencio, / enramada de hierbaluisa y pena.” 

La tragedia marcó –a la postre, seguramente de forma irremisible- la juventud del autor, obligado a abandonar sus estudios universitarios y que pierde a sus padres en campos de concentración alemanes. En París también pierde un hijo al poco de nacer. 

Sin embargo, el libro no presenta –al menos en apariencia- poemas desesperados, ni trasluce la intranquilidad sonora o el desequilibrio visible que los hitos de un pasado desdichado pudieran sugerir. Los versos de Celan, aun no exentos de tensión controlada, son primeramente bellos, y las imágenes se suceden en un conjunto ordenado y sensible, si bien no ajeno al dolor. El poeta busca, más allá de cualquier cosa, crear belleza, y vaya si lo consigue.  

Algunos versos rozan la perfección y adveran que Celan es parada obligatoria en el itinerario del lector de Poesía moderna: “En el nombre del primero de los tres, / que gritó / cuando hubo que vivir allí donde antes que él ya estuvo su palabra, / en el nombre del segundo, que miró y lloró, / en el nombre del tercero, que blancas / piedras apiló en el centro / te absuelvo / del amén que nos aturde (…) / ¡Tú sigues siendo, sigues siendo / la hija de una muerta / consagrada al no de mi añoranza…!”

¿Qué añadir tras estos versos, que no los emborronen? Paul Celan: no se lo pierdan. 

Firmado: Francisco Marín


lunes, 2 de diciembre de 2024

Byung-Chul Han: La crisis de la narración

Idioma original: alemán
Título original: Die Krise der Narration
Traducción: David Torres en catalán y Alberto Ciria en castellano para Herder Editorial
Año de publicación: 2023
Valoración: recomendable

Quienes hayan seguido mínimamente la trayectoria profesional y literaria del filósofo surcoreano, se habrán percatado que centra su reflexión y discurso acerca de la sociedad actual y la pérdida de valores, ya no únicamente en sentido personal e individual sino también colectivo. En este caso, el autor aborda la crisis narrativa, no en lo que refiere al tema literario sino en el aspecto discursivo de cada uno de nosotros.

En este ensayo, el autor nos habla de la narración en su aspecto más global y genérico, una narración necesaria que se va perdiendo y, con la pérdida, también lo hace nuestra identificación como sociedad puesto que «las narraciones son generadoras de comunidad. El storytelling, por otro lado, sólo crea communities. La community es la comunidad en forma de mercancía. Consta de consumidores». Así, el autor critica el propósito de la narrativa actual, pues realmente el «storytelling es storyselling: explicar historias es venderlas». Por ello, afirma el autor que «en nuestra vida diaria cada vez nos explicamos menos historias. La comunicación como intercambio de informaciones paraliza la narración de historias» de manera que nuestro discurso se construye principalmente de aportación de datos, pero sin una correlación o análisis que desarrolle una historia al trasmitirlos. Con este enfoque, el autor también incide en la vida narrada y lo relaciona con la felicidad, que no es un «acaecimiento puntual. Es como un cometa con una cola muy larga que llega hasta el pasado». Así, el autor evoca a la memoria y hace especial mención a la obra de Proust y Heideger quienes combatieron «la atrofia temporal, la amenaza de la desintegración del tiempo» y, citando al autor alemán, nos recuerda su teoría en la que afirma que «el hombre no va existiendo en cada momento. No es un ser de instantes. La existencia le abarca todo el lapso que se extiende desde el nacimiento hasta la muerte. A causa de la falta de orientación externa, porque no hay anclajes narrativos en el ser, tiene que salir de uno mismo la fuerza para contraer el lapso entre nacimiento y muerte, y convertirlo en una unidad viviente que penetre y comprenda todos los acontecimientos y todos los hechos». Así, continuando con sus alusiones a Heideger, el autor indica que hay que intentar que la existencia «no se desintegre en realidades momentáneas de vivencias que se van sucediendo y van despareciendo», una existencia amenazada con la facilidad en la que tomamos instantáneas de nuestra realidad, cada vez más expuesta e inmortalizada en una tecnología que favorece una digitalización que «agrava la atrofia del tiempo. La realidad se desintegra en informaciones con un margen de actualidad muy reducido». Con este propósito, y enlazando la tecnología con su uso, el autor habla también de las redes sociales y cita las stories de Instagram afirmando que «son una simple sucesión de instantáneas que no narran nada. En realidad, no son más que informaciones visuales que desparecen rápidamente. No queda nada», así como de las selfies, que «no sirven para recordar, sino para comunicar», en un enfoque que ya compartió en «La expulsión de lo distinto» y que aquí reincide al afirmar que «la vida no se puede narrar en forma de acontecimientos cuantificables» en un mal uso que potencia y engrandece el narcisismo, ese gran peligro que «elimina la mirada, es decir, al otro, y lo sustituye por una imagen especular imaginaria».

Afirma que autor que «el recuerdo no es una repetición mecánica de aquello que se ha vivido, sino una narración que continuamente hay que volver a explicar. Los recuerdos forzosamente tienen vacíos (…); cuando todo lo vivido (…) está disponible, el recuerdo desaparece (…) Quien quiere narrar o recordar tiene que poder olvidar u omitir muchas cosas. La sociedad de la trasparencia significa el final de la narración y del recuerdo» y apuntala esta tesis afirmando que «es la narración lo que eleva la vida por encima de la mera facticidad, per encima de su desnudez. Narrar consiste en hacer que el transcurso del tiempo tenga sentido, consiste en dar al tiempo un principio y un final. Sin narración, la vida es meramente aditiva».

Con este libro el autor nos invita a la reflexión y nos interpela afirmando que «tendríamos que ser conscientes que, en el fondo, pensar no es otra cosa que narrar, y que el pensamiento avanza con pasos narrativos». Así, tenemos que reivindicar el poder de la narración, y no dejar que el storytelling se convierta en un storyselling que nos encierre en nosotros mismos, limitándonos a otros mundos, otras narraciones, otras formas de vida.

martes, 5 de noviembre de 2024

Unica Zürn: Primavera sombría

Idioma original: Alemán
Título original: Dunkler Frühling
Traducción: Alba Lacaba Herrero / Raquel Vicedo
Año de publicación: 1967
Valoración: Entre recomendable y está bien

Primavera sombría, escrita por la dibujante, poeta y narradora alemana adscrita al surrealismo Unica Zürn, es una novela de fuerte carácter autobiográfico. Nos zambulle en la vida de una niña privada de afecto y amor que despierta apetitos sadomasoquistas y que, en su desesperación, frustración y soledad, termina suicidándose. Plasma el erotismo y la sexualidad incipientes de la protagonista como un aprendizaje traumático, crudo y desgarrador. 

Se lee con una fluidez extraordinaria, beneficiada sin duda por la fascinación morbosa que irradia. Pero no os penséis que su único valor es el impacto de su temática, porque también presenta cualidades notables; pienso en el atinado retrato psicológico que hace de su protagonista, en la intensidad de ciertas escenas (por ejemplo la de la visita al extranjero) y en su deliciosamente cruel y empapado de humor negro desenlace.

La única pega que le pondría a Primavera sombría es que parece escrita al vuelo. Con esto no quiero decir que esté mal redactada, porque por lo general el estilo cumple e incluso en determinados pasajes está particularmente inspirado. Sin embargo, la obra da la impresión de borrador, lo cual confiere al conjunto una innegable expresividad pero actúa en detrimento del argumento y los personajes (ambos apartados carecen de enfoque, nitidez y cocción).

En efecto, aunque el argumento de Primavera sombría funciona, no sigue una dirección clara, ni desarrolla muchos de los elementos que baraja. Algo parecido sucede con los personajes de la novela, que, a excepción de la protagonista, están esbozados con trazos un tanto endebles; tampoco me convencen las dinámicas e interacciones del elenco, pues no siempre se insinúan adecuadamente. El hermano es, quizá, uno de los secundarios más desaprovechados, pues nunca llegamos a entender su actitud cruel, violenta e hipervigilante.  

En resumidas cuentas, Primavera sombría es, pese a sus defectos, una novela interesante. Es la clase de literatura introspectiva, turbia, oblicua e incómoda que maravillaba a los surrealistas y que, en cambio, hubiera provocado un rechazo visceral en los nazis, quienes sin duda la habrían tildado de arte degenerado.

Por cierto, el prólogo que Lurdes Martínez firma para la edición de Pepitas de calabaza de Primavera sombría me ha encantado. No sólo es muy completo, pues abarca la biografía de Zürn, su obra, sus problemas mentales y su relación con Hans Bellmer, entre otras cosas relevantes, sino que lo hace desde un ángulo de refrescante objetividad.

sábado, 12 de octubre de 2024

Joseph Roth: Job. Historia de un hombre sencillo

Idioma original: Alemán
Título original: Hiob 
Traducción (al catalán): Judith Vilar
Año de publicación: 1930
Valoración: Entre recomendable y está bien

Job, de Joseph Roth, es una novela formidable. Una que cuenta una historia sencilla pero emotiva con una prosa también sencilla pero expresiva y vigorosa, cuyos temas, tono y argumento me han recordado poderosamente a los de varias obras de mi admirado Isaac Bashevis Singer.

Su primera mitad transcurre sobre todo en Zuchnov, una villa miserable de Rusia; la segunda parte, en cambio, sucede Nueva York, Estados Unidos. La protagonizan Mendel Singer, un judío devoto, su mujer y sus tres hijos.

Cada uno de los personajes del elenco principal está adecuadamente caracterizado. Incluso algún secundario desfila con la cabeza bien alta, pese al escaso foco que se le da; es el caso, por ejemplo, de Sameschkin, que tiene unas dinámicas muy interesantes con Deborah, la mujer de Mendel, y comparte una escena conmovedora con éste último.

Muchísimos temas se barajan en Job: el sufrimiento del desgraciado, el distanciamiento conyugal, el envejecimiento, la ambivalencia hacia los hijos, la melancolía del apátrida, el choque con la idiosincrasia americana, el desencanto con Dios... Dichos temas se tratan con humildad, pero sin subestimarlos, y se abordan desde la siempre cambiante perspectiva de los personajes, así como en función del tono que impregna la novela en cada momento (sobre todo agridulce o trágico).

El estilo narrativo de Roth es, como adelantaba más arriba, muy potente. Engañosamente sencillo, emplea varios recursos a su favor (como el de la repetición) y regala pasajes, descripciones o reflexiones de gran calado.

Quizá, eso sí, Job sea una obra ligeramente inferior a otras similares. Como estudio de personaje centrado especialmente en Mendel es menos completo y matizado de lo que podría haber sido. Como ficción que gira en torno a lo judío tampoco acaba de alcanzar toda la profundidad posible. Sea como fuere, esto no impide que estemos ante una novela formidable que hace gala de una prosa magnífica, un elenco sólido y unas reflexiones maduras.


También de Joseph Roth en ULAD: Aquí

lunes, 23 de septiembre de 2024

Heinrich von Kleist: La marquesa de O... y otros cuentos

Idioma original: alemán

Título original: Die Marquise von O…

Traducción: Carmen Bravo Villasante

Año de publicación: 1807-1810

Valoración: Recomendable


A decir verdad, la valoración también podría ser Intenso, por ejemplo, porque así es todo en nuestro amigo Heinrich von Kleist, lo mismo en su (corta) vida que en su obra. En el primer aspecto, se podría decir que encarnó en toda su dimensión el concepto de romanticismo, del que fue uno de sus más destacados representantes. Heinrich tenía ese gen que le hace a uno sentirse destinado a escribir el libro definitivo, alcanzar el absoluto, llegar al último límite en todo lo que tiene que ver con las emociones, vivir la vida en toda su intensidad sin cálculo alguno, y morir en la forma que a todos se nos ocurre cuando hablamos de un personaje semejante. El fracaso de sus obras y el desprecio de sus contemporáneos son otros de los elementos que resultan inevitables en su trayectoria de autor atormentado y obsesivo, de manera que solo muchos años después de muerto empezó a apreciarse el valor de su obra. Vamos, que perfectamente puede decirse que su propia vida hubiera sido su mejor novela.

Hay que reconocer que tampoco sorprende que su prosa no agradase mucho a público y crítica. Escribe Kleist de forma un poco torrencial, con un manejo extraño de los signos de puntuación y un desequilibrio visible en el ritmo, que se remansa largamente hasta paralizar la acción y acelera de repente para acumular hechos que a veces se presentan fugaces o terminan absorbidos por una elipsis. Y sin embargo no deja de tener su gracia, como a veces ocurre con este tipo de escritores poco académicos, de estilo digamos libre, cuya forma de escribir parece transmitir sin filtros toda la pulsión que llena su cabeza y su corazón. No será una lectura exactamente placentera, pero sí deja una agradable sensación de frescura y sinceridad. Eso sí, hace doscientos años probablemente no se apreciaban estas virtudes de la misma forma.

También el contenido de los relatos explica por qué no fueron apreciados en su época. Esa intensidad que apuntaba como seña de identidad está del todo presente en la narración, en especial en La marquesa de O…, que debió escandalizar a las mentes bienpensantes de la época. La marquesa, viuda de buena posición social, está embarazada, y defiende por activa y por pasiva que no ha tenido relación alguna que pudiéramos establecer como origen de tal estado. Aunque no se explica la situación, la marquesa tampoco es estúpida y, con objeto de restablecer en lo posible su honor, anuncia en el periódico, de forma ingenua y bastante sorprendente, que se casará con el hombre que afirme ser el padre. Por supuesto ella recibe el repudio radical de su propia familia, en especial del severo padre, y por ahí asoma lleno de intenciones un cierto conde ruso perdida y un poco misteriosamente enamorado de la marquesa. Todo un extraño drama en el que no faltan algunas reacciones inexplicables de los personajes, un elemento chocante aunque de cierto atractivo que abunda también en el resto de relatos.

El amor, siempre sujeto a avatares complejos, es también el núcleo de otros dos cuentos, sorprendentemente situados en escenarios más bien exóticos para la época: el terremoto de Chile (imagino que el de Valparaíso de 1730) y la revolución haitiana de finales del XVIII. Amores arrebatados y profundos son sometidos a condiciones extremas, mezclados con tragedias y convulsiones sociales, y difícilmente van a terminar de forma feliz. Parece que siempre triunfa el mal: crímenes e imputaciones injustas se imponen a los sentimientos solidarios de los chilenos frente a la tragedia, y el odio y una violencia feroz ensombrecen las intenciones puras de los enamorados en el escenario brutal de la revuelta de los negros en la colonia francesa. Este relato, inocentemente titulado Los desposorios de Santo Domingo, aunque no tiene la sutileza de La marquesa de O..., me parece el mejor construido desde el punto de vista narrativo, con una progresión bien desarrollada, ingredientes de terror y suspense, y enredos y malentendidos de novela romántica. 

Menos relevante me parece La mendiga de Locarno que cierra el libro, un pequeño cuento con aires de misterio que trae a la memoria el episodio inicial que desencadena La bella y la bestia (versión Disney), quedando la duda de si Kleist pudo ser su inspiración, o fue él quien a su vez recogió la influencia de relatos más antiguos.

En todo caso, un pequeño librito que se lee en un pispás, con un prólogo bien interesante y muy adecuado para conocer el romanticismo literario alemán en carne viva.


También de Heinrich von Kleist reseñado en ULADMichael Kohlhaas


viernes, 21 de junio de 2024

Erika y Klaus Mann: El milagro de España. Crónica de un viaje en 1938

Idioma original (de los artículos): Alemán

Año de publicación: 2024 (el libro), 1938 (los artículos)

Traducción: Carlos Fortea e Isabel García Adánez

Valoración: Recomendable

Es innegable la importancia que la guerra civil española tuvo y tiene en la cultura popular. Decenas (o centenares) de novelas, ensayos, comics, series, documentales, películas, etc se han acercado al tema desde los más variados ángulos. Dicho esto, y sin negar la importancia de la ficción o los estudios históricos, creo que es fundamental acudir a autores que tuvieron la ocasión de presenciar in situ (parte de) la contienda.

Dentro de este grupo, "llama la atención" la cantidad de periodistas alemanes que cubrieron y/o participaron en la guerra: Alfred Kantorowicz, Ernst Toller, Egon Erwin Kisch, etc. En este grupo hay que incluir a Erika y Klaus Mann, hijos del celebérrimo Thomas Mann y exiliados de la Alemania nazi desde 1933.

Los 13 artículos recopilados en este pequeño volumen de apenas 120 páginas tienen su origen en las tres semanas (23/06/1938 a 14/07/1938) que los hermanos Mann estuvieron en la España republicana, siendo Barcelona, Tortosa, Valencia y Madrid los lugares por donde se movieron.

Seis son los textos de Klaus, cinco los de Erika y dos los escritos a cuatro manos. En todos ellos se observan aspectos comunes que oscilan entre la indignación y la compasión y que dan cuenta de la fe y esperanza en el triunfo del bando republicano, el asombro ante la resistencia de la ciudad de Madrid, el reconocimiento del esfuerzo en materia de educación y formación por parte de la República (pedagogía vs demagogia, etc).

Pero más que estos puntos comunes me interesan ciertas diferencias entre los textos de uno y otro y algunas notas que creo que son 100% actuales (recordemos que estamos a unos días de unas elecciones legislativas en Francia en las que la ultraderecha parte como favorita).

En lo que a las diferencias se refiere, los textos de Erika son más íntimos y personales que los de Klaus. Erika pone su mirada más en los pequeños detalles, en las pequeñas cosas y en la cotidianeidad que asoman en medio de la destrucción y el horror. Además, se permite licencias más literarias, como observamos en este párrafo:

Siempre es una impresión extrañamente horrible y conmovedora ver a la gran ciudad encogerse como un animal atemorizado cuando las luces se apagan en segundos, la gente desaparece de las casa, cuando no hay más que miedo y tinieblas.

En cuanto a la vigencia de los textos, resultan interesantes las reflexiones de ambos en lo que a "comprar el marco mental del enemigo" o al sentido y objetivo de la lucha se refiere. Ese dilema pacifismo / guerra en una situación de excepcionalidad es algo que lleva a los autores al cuestionamiento de sus propias convicciones.

Dicho esto, si alguien busca profundidad o un análisis completo de "cómos y porqués", que se olvide de El milagro de España. Son textos escritos en la urgencia del momento y con un objetivo muy claro, el del hacer un llamamiento desesperado a la implicación de pueblos y potencias democráticas. Ahora bien, si se busca un testimonio de primera mano, subjetivo (obviamente) sin ser panfletario, y que no requiera del lector que se estruje las meninges, esta puede ser una buena opción. 

También de Klaus Mann en ULAD: El volcán

jueves, 16 de mayo de 2024

Karl Schlögel: Terror y utopía. Moscú en 1937

Idioma original: Alemán 
Título original: Terror und traum
Año de de publicación: 2008
Traducción: José Aníbal Campos
Valoración: Casi imprenscindible

Dos metáforas constituyen el capítulo inicial y final de esta mastodóntica obra de poco más de 1000 páginas con la que el profesor alemán Karl Schlögel dibuja un panóptico del Moscú y la Unión Soviética en el tristemente célebre año de 1937. No son decisiones casuales, obviamente. 

La primera, la elección de un análisis de El maestro y Margarita de Bulgakov (nota mental nº1: tengo que releerla y reseñarla) como apertura de la obra, resulta de la estructura que posteriormente adoptará Terror y utopía, de ese vuelo con el que Bulgakov y Schlögel tratan de aprehender la totalidad de la vida moscovita pasados veinte años del triunfo de la Revolución. Pero no solo eso porque, al igual que ocurre en la novela, en Terror y utopía lo insólito ya no es extraordinario.

La segunda, la elección del gigantesco Palacio de los Soviets de Boris Iofán que debía construirse sobre los restos de la demolida Catedral del Cristo Redentor y que finalmente resultó inacabado (en parte por la invasión alemana), sirve como perfecta metáfora del destino de la URSS.

Entre medias, como ya digo, treinta y ocho capítulos que recorren casi todos los ámbitos de la vida de un año que ha pasado a la Historia por los Procesos de Moscú, pero que encierra aspectos que quizá han quedado olvidados o infravalorados a la luz de las terribles purgas y matanzas que asolaron al país en esos años (y anteriores y posteriores, ojo) y de las que los 3 Procesos de Moscú son solo un porcentaje ínfimo. Porque Moscú en 1937 no se agota en lo político.

Habla así Schlögel de un país y un momento histórico que quizá hayan sido simplificados en años posteriores, pero que esconden una complejidad que hace de Moscú y de 1937 un lugar y un tiempo tan terrible como fascinante, al menos para mí. De esta forma, conocemos un país que constituye un inmenso laboratorio social, que se encuentra inmerso en una serie de cambios demográficos debidos a la colectivización forzosa y a la industrialización, que resulta una sociedad de arenas movedizas que un Partido debilitado por purgas y nepotismos parece incapaz de controlar, pero también un país que juega con la modernidad en lo artístico / cultural, que avanza como pocos lugares lo habrán hecho en tan breve espacio de tiempo.

Moscú en 1937 es un lugar y un tiempo de síntesis y de homogeneización pero también de crisis, de permanente estado de excepción, con un poder debilitado en sus cimientos, con un orden social en equilibrio precario, etc. Cambios y coyunturas que provocan ese nuevo orden social del que el Censo de 1937 (de cara a las elecciones de diciembre) se hace eco, del que el Plan General de Reconstrucción de Moscú (1935) es reflejo, y que supone un cambio de paradigma en todos los ámbitos: económico, cultural, artístico, laboral, político, o incluso físico, etc. Nada escapa a este nuevo país que se construye, a esta nueva identidad que desde las altas instancias se intenta crear, y para ello sirven el arte, los nuevos medios de masas, la propaganda, los desfiles los descubrimientos geográficos, etc y, sobre todo, la violencia política. Porque nada mejor que un enemigo más o menos imaginario contra el que "unir fuerzas".

Todo esto es lo que muestra Schlögel en este monumental Terror y utopía. Para ello se sirve de archivos y publicaciones de la época, de actas, de estudios posteriores, de testimonios de extranjeros (destacan los de Lion Feuchtwanger y el embajador estadounidense Joseph Davies) o de nacionales como Yelena Bulgakova. 

Si con algo me tuviera que quedar de Terror y utopía, además de con el mérito del autor en hacer que una lectura de unas 1000 páginas (y de un tema tan denso) sea relativamente amena, es con esa visión global que va más allá de reduccionismos y que hace que el libro funcione tanto como ensayo sociopolítico, reportaje cultural o novela de terror (considerando "la parte de los crímenes" de 2666 como novela de terror). Moscú en 1937 es, al mismo tiempo, laboratorio social, campo de reclutamiento y vanguardia de corrientes artísticas y culturales, pero casi nada de esto es algo aislado. Moscú en 1937 no se agota en lo político pero lo político "infecta" casi todos los campos.

En el lado menos positivo, tengo la impresión de que Schlögel deja fuera el culto a la personalidad de Stalin. Se cita, aparece por ahí, pero quisiera saber cómo se forja, cuáles son los mecanismos que llevan a un pueblo a una ceguera tal que permita atrocidades semejantes es algo que merecería más espacio en el texto. Digo yo.

En cualquier caso, creo que Terror y utopía es un texto imprescindible para cualquier interesado en la materia, un hilo del que tirar hacia otras lecturas que profundicen o completen (Bulgakov, Platonov, Robert Conquest, Feuchtwanger, Bujarin, Ordzhonikidze, cine o arquitectura soviético, la construcción del canal Volga-Moscova, literatura concentracionaria, etc) lo ya apuntado en el texto. Tarea hay por delante.

miércoles, 3 de abril de 2024

Werner Herzog: Cada uno por su lado y Dios contra todos. Memorias

Idioma original: Alemán 
Título original: Jeder für sich und Gott gegen alle - Erinnerungen
Año de publicación: 2022
Traducción: Marina Bornas
Valoración: Imprescindible (hala, ahí tenéis)

Werner Herzog, ese tipo extraño y solitario, adicto a las historias peculiares, es uno de los máximos exponentes del cine del último cuarto del siglo XX y su "trilogía" Nosferatu - Aguirre, la cólera de Dios - Fitzcarraldo forma una especie de Santísima Trinidad cinematográfica para mi. Esto es un arma de doble filo; las expectativas no siempre se ven cumplidas y uno puede terminar, aunque sea de forma injusta, algo decepcionado. Vamos, un poco lo que me ocurrió con Conquista de lo inútil, diario de rodaje de Fitzcarraldo. 

En el caso de Cada uno por su lado y Dios contra todos las expectativas se han visto superadas, hasta el punto de que puedo afirmar, aunque aún estemos en el mes de abril, que este libro figurará en mi lista de "lo mejor del año 2024". Y, además, lo voy a razonar.

Siguiendo un orden por lo general cronológico, Herzog va entrelazando vida y obra en un texto que puede ser leído, obviamente, como autobiografía, pero también como novela de formación, novela de aventuras o crónica de viajes. 

Quien tenga interés en su cine, ya sea de ficción o documental, encontrará en estas páginas algunas de las claves que se observarán en su obra. En este sentido, hay dos frase determinantes: "lo que vimos de niños lo sigo viendo hoy" "hay una serie de motivos recurrentes en mi cine que casi siempre se basan en experiencias de la vida real". La infancia y adolescencia como claves que condicionan y explican el futuro, como punto de partida de un primer tercio del texto de lo más bernhardiano, con quien el autor comparte tiempo y espacio; la vida como escenario.

Entre lo anecdótico y el contexto sociopolítico de la época, la infancia y adolescencia a finales de la Segunda Guerra Mundial, las complejas relaciones familiares, su devoción por dos de sus hermanos, su pasión por el fútbol, su etapa escolar, sus diferentes formas de buscar la trascendencia (a través los viajes, de la religión, etc) configuran una novela de formación que puede ser leída, perfectamente, por alguien que no conozca la obra del alemán. Interesantísimo retrato de un tiempo y un lugar muy determinados, pero por ello profundamente universal, posee por sí solo un alto valor literario.

A medida que avanza el libro y que Werner Herzog se hace adulto, el texto se centra en el cine. Desde aquellos comienzos autodidactas y autofinanciados hasta los últimos documentales, pasando por sus adaptaciones operísticas, el autor repasa sus diferentes proyectos, fallidos o no. Siempre caminando por la cuerda floja y siempre atraído por historias al límite y personajes extravagantes, Herzog desgrana historias de sus rodajes, de sus relaciones con diferentes miembros de su equipo (Klaus Kinski (cómo no), Walter Saxer, etc) y con personajes tan sumamente interesantes como Bruce Chatwin, Mike Tyson (!!!) o Reinhold Messner. Es esta vertiente del texto la que lo sitúa más cerca de la novela de aventuras y la crónica de viajes, además de historia del cine, por supuesto. 

Su parte final, en cambio, pasa a centrarse en aspectos más confesionales e íntimos, más reflexivos o ensayísticos. Lo personal y familiar se unen a sus visiones de futuro y cierran el círculo que comienza con una epifanía de juventud.

Tres son, especialmente, las cosas que más me gustan de las memorias de Werner Herzog:
  1. Ya lo he comentado, pero el texto trasciende lo meramente personal y este me parece fundamental en libros de este tipo.
  2. Que no haya "ajustes de cuentas". Con una vida de este tipo y con la multitud de gente con la que se ha cruzado Herzog, sus memorias podrían haber tomado derroteros más sensacionalistas. No lo hacen y se agradece.
  3. El ritmo. Herzog nos mantiene pegados a las páginas del libro y maneja la tensión narrativa a la perfección. Resulta sorprendente, por la escasez de casos, que el autor maneje dos lenguajes tan diferentes como el literario y el cinematográfico con tanta soltura y solvencia.
En fin. Creo que lo todo anterior sirve para dar una imagen general de lo que son estas memorias y de los motivos de la valoración, ¿no os parece?