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martes, 19 de mayo de 2026

Manuel Moyano: El imperio de Yegorov

Idioma: español

Año de publicación: 2014

Valoración: recomendable

Hay novelas (y películas y ensayos, etc.) que comienzan por todo lo alto, para después ir perdiendo fuelle a medida que transcurre n sus páginas. Menos frecuente es el caso  contrario: libros que comienzan de una manera francamente mejorable, incluso penosa, pero que luego nos van atrapando con su prosa, con la historia que cuentan, hasta dejarnos noqueados con un final memorable (el principal ejemplo que se me ocurre es el de Madame Bovary, aunque ya sé que no es del agrado de todo el mundo). Por último, también ocurre a veces que la novela en cuestión tenga un gran comienzo o, cuando menos, intrigante y un final que deje picueto/a al lector o lectora, pero que en medio, en su estadio central sea, si no aburrido, más bien rutinario, de forma que se avanza más por hábito lector que por verdadero interés. Podría éste ser el caso de esta estupenda, por lo demás, El imperio de Yegorov... Pero digo que podría serlo porque no es lo ocurre con ella, exactamente, por tres razones principales, a mi entender:

  1. Su contenida extensión -menos de doscientas páginas-, que la convierten en una novelette muy fácil de leer y, sobre todo, facilita que ese decaimiento que comento (quizá sería más exacto hablar de cierta sensación de previsibilidad... que en este caso, además, resulta ser errónea) no llegue a cuajar en un desasimiento hacia la novela.
  2. La entretenida estructura narrativa, que podríamos considerar como espistolar -es decir, modernamente epistolar, a base de e-mails, además de informes, comentarios en blogs, fragmentos de noticieros o incluso la lista de dramatis personae, etc.-, que impide o dificulta cualquier atisbo de aburrimiento.
  3. Y, sobre todo, porque nos hayamos ante una de esas narraciones que no se completan (o no se entienden) hasta la última línea de texto -de forma literal, en este caso-; eso provoca que, a partir del momento en que se vislumbra el devenir de la historia, la lectura se vuelva aún más absorbente y acelerada. Se acabó cualquier tiempo muerto...

¿Pero de qué va esta novela, al fin y al cabo? Lo cierto es que no se puede -o se debe- contar mucho del argumento, para no espoilear a troche y moche (y que luego me llenéis los comentarios de justificadas quejas indignadas... Aunque, por otro lado, si no cuento nada también lo vais a hacer). La historia empieza en 1967, cuando un equipo de antropólogos japoneses, ayudados por un misionero español, se internan en la selva de Papúa-Nueva Guinea en busca del escurridizo y, en apariencia, no demasiado evolucionado pueblo de los hamulai. Una vez encontrados y ya conviviendo con ellos, la estudiante Izumi Fukada contrae un parásito cuya infección sólo puede paliarse gracias a una planta de la zona, según ha aprendido la sabiduría ancestral de los hamulai. El grupo retorna a Japón sin mayores problemas, pero este suceso deparará en el futuro consecuencias imprevisibles... A partir de esta premisa Moyano va tejiendo una urdimbre fascinante, una historia que transita entre la novela de aventuras, el noir, la ciencia-ficción, la distopía política, la ironía e incluso el body-horror (es fácil acordarse de alguna película de éxito reciente... aunque posterior, por cierto, a esta novela). Una novela que ya no podemos considerar una rara avis en el panorama de la literatura en español, cada vez más variado, tanto en las formas como en los temas que trata, pero sí que es lo suficientemente imaginativa y hasta sorprendente para merecer la atención de quien quiera disfrutar un rato -un ratito, que tampoco es tan larga, como ya he dicho- de una lectura cautivadora -sobre todo en ciertos tramos, ya digo también- y que deja un inmejorable sabor de boca.

martes, 21 de abril de 2026

Andy Weir: Proyecto Hail Mary

Idioma original: inglés

Título original: Project Hail Mary

Año de publicación: 2021

Traducción: Javier Guerrero Gimeno

Valoración: entre recomendable y está bien

La novela del momento o, por lo menos, yo la encuentro en todas partes, debido a la reciente película protagonizada por Ryan Gosling (que no he visto, así que nadie debe esperar aquí una comparativa entre peli y novela). Lo cual no deja de ser interesante,  puesto que, en teoría, nos encontramos ante lo que llaman "Ciencia Ficción dura", es decir, aquella en la que la parte científica debe tener una base real y tanto peso como la ficcional. Pero que nadie se asuste; en este caso; ya os digo que no es tan fiero el león como lo pintan...

Vamos antes con el argumento... del cual no puedo contar mucho, primero por no destripárselo a nadie y, sobre todo, porque la propia estructura narrativa está basada en no saber de qué va la cosa. Me explico: la novela comienza (estoy hablando de la primera página, así que no creo que se pueda considerar un spoiler) cuando nuestro protagonista despierta en un sitio desconocido para él y no sólo no recuerda qué hace allí, sino, más aún, ni siquera quien es... A partir de ahí, la trama se desarrolla en dos planos que se van alternando: por una parte, el tipo -no digo su nombre porque, en un principio, él mismo no sabe cual es- va descubriento el lugar que le rodea y sus características. En un segundo plano, poco a poco va recordando quién es y por qué se encuentra allí. En cualquier caso, no creo que se pueda considerar que desvelo demasiado si explico que la novela tiene que ver con un viaje espacial -la propia cubierta del libro lo deja bastante claro- con objeto de llevar a cabo una misión de suma importancia para la Humanidad. Y no diré más, no sea que se me llenen los comentarios de posibles lectores indignados...(también hay que tener en cuenta la bibliografía anterior del autor, pues su primera novela, El marciano, llevada también al cine con éxito por Ridley Scott, se desarrolla en Marte, cómo no).

Aparte de la peripecia espacial, lo más destacable de la novela es que el protagonista -puesto que la narración es en primera persona- va explicando todas las cuestiones técnicas, físicas, químicas y biológicas que van surgiendo durante su periplo. A este respecto debo decir que Weir hace un muy buen trabajo, ya que consigue que hasta un tío tan lerdo como yo para estas cosas entienda, más o menos, de lo que está hablando. Sobresaliente en didactismo, por tanto... la contrapartida es que esto condiciona el tono de toda la novela, me parece a mí; el libro se convieerte, en cierto modo, en una clase divertida de ciencias para chavales de secundaria, impartida por un profesor guay -lo que es, en realidad, el protagonista, además de biocientífico con amplios conocimientos de astrofísica, matemáticas e ingeniería y eventual cosmonauta, claro- y la historia en sí también responde un poco a ese perfil. no digo que resulte ingenua o tontorrona, pero sí es un buen ejemplo de feel good novel,  con un espíritu más blanco que la barba de Papá Noel. Que nadie espere aquí distopías deprimentes, oscuro cyberpunk o una parábola sobre la iniquidad humana... El prota, aunque muestra un sentido del humor -también bastante blanco- que se agradece en gran manera, es un personaje bastante plano, sin aristas: un tipo majo que hace lo que debe, pese a sus temores y siente una infinita curiosisdad científica. Además (y perdón por el spoiler), a partir de cierto momento la novela se convierte en una buddy story de lo más entrañable. No me extraña que Hollywood la haya llevado al cine...

Eso no significa que no merezca la pena leer este libro; al contrario. resulta muy entretenido y puede agradar tanto a los lectores/as habituales de Ciencia Ficción (aunque tampoco sé hasta qué punto la historia les puede parecer original y novedosa o algo ya visto) como a quienes no lo son. Que nadie busque aquí, por otra parte, la filigrana estilística o tan siquiera cierta audacia. La escritura de Proyecto Hail Mary resulta correcta y eficaz, pero poco más que eso; no busca el deslumbramiento del lector o lectora sino su complicidad,  ni la exploración de nuevos caminos -tampoco en lo argumental- sino que uno/a se sienta a gusto leyendo una historia amena, optimista y entrañable, pero sin caer 8aunque la bordea) en la moñez, que es el gran riesgo que acechaba. Weir consigue, sin embargo, que su novela se lea con agrado , sin dejar la sensación de haber perdido el tiempo. pereo hasta ahí; no creo que al menos en mi caso, me vaya a dejar huella. Si algún día veo la peli, ya os contaré...

Nota final: No entendía bien por qué en el título se había mantenido el nombre del proyecto en inglés (o en la película se había traducido en España por Proyecto Salvación, cuando la traducción más correcta sería "Proyecto Ave María" ¿Cristianofobia, quizás? ¿O es que David Bisbal tiene los derechos de la expresión?) hasta que me enteré que lo de Hail Mary (es decir, Ave María) se usa en el futbol americano para designar una jugada desesperada, cuando queda poco tiempo, consistente en tratar de pasar el balón a un receptor que se encuentre lo más lejos posible, a ver si hay suerte y anota. Si leéis la novela, entenderéis que eso tiene todo el sentido. Por cierto, que también hay un guiño con el apellido del protagonista; se ve que a Andy Weir le gustan estas cosas... (lo que me parece de perlas).

viernes, 17 de abril de 2026

Zoom: No tengo boca y debo gritar, de Harlan Ellison

Idioma originalinglés
Título originalI Have No Mouth, and I Must Scream
Año de publicación1967
Traducción: ¿?
Valoraciónrecomendable 

Con todo esto de la expansión de la Inteligencia Atrofiada (quiero decir, Inteligencia Artificial), y a raíz de un día en el que estaba aburrido y leí una lista de los peores villanos de la ficción, de los cuales figuraba AM (el ente central de esta obra de no más de veinte páginas), decidí embarcarme en este relato. Ya lo conocía de hace tiempo y su título me llamaba la atención (también tiene un juego de point and click de 1995, en el que se expanden los matices no explorados), pero no tenía ni idea del argumento en sí, por lo que la lectura fue una mezcla de expectativas por ser la referencia de muchas otras obras y de desconocimiento ante lo que me pudiera encontrar.

Y en verdad es mejor no ir con muchas expectativas. No es un relato épico o de tensión construida hasta el apogeo de la angustia y el terror y que se resuelva en una escena que le dé sentido a lo precedido. Se trata de una historia donde el narrador, Ted, describe todo con un tono apático, resignado. Y no es para menos.  Cien años después de la extinción de la humanidad en el holocausto nuclear provocado por AM (las siglas de Allied Mastercomputer), solo sobreviven (han sido seleccionados para sobrevivir) cinco individuos, cuatro hombres y una mujer. Estos se ven sometidos a torturas diarias por AM, una especie de super computadora militar que recorre todo el planeta a través de pasillos subterráneos y cavernas de todo tipo de biomas.

Lo que rescato del relato, y es lo que lo eleva a la categoría de recomendable, son sus páginas finales (finales es un decir, más bien los últimos párrafos, ya que cubren una temporalidad vertiginosa), cargadas de una mezcla potente de esperanza, terror y resignación suprema. Eso y la descripción de AM, un objeto lleno de odio en cada uno de sus códigos, y del cual podemos intuir, y el mismo narrador lo confirma, que lleva ese sentimiento tan profundo debido a su incapacidad de imaginar otra vida que no sea cumplir el rol que le fue asignado. Si bien Ted se convierte en alguien sin boca y queriendo gritar todo su horror, también AM está encerrado con los humanos, sin poder cambiar su destino y conformándose con tratarlos de juguetes.

Por otro lado, por más breve que sea el relato, las descripciones no terminan de imbuirnos en el ambiente. Las caracterizaciones de las torturas de AM rozan lo confuso y lo abstracto, y cuando emprenden el camino hacia unas cavernas de hielo en busca de comida enlatada, tampoco se nos hace partícipe de una epopeya o de un viaje significativo, o, aunque sea, del cansancio y el dolor de años de cada uno de los personajes. Es cierto que después de muchos años la angustia se encarna y casi no se siente, pero en la medida en que el villano está claramente definido y las desilusiones continuas a las que se ven sometidas (porque no han perdido esa capacidad), siento que las reacciones y diálogos apenas raspan la superficie de las ideas contenidas (supongo que por eso el creador decidió profundizar su historia en el juego mencionado y en otras obras que expanden su universo). Además, el famoso monólogo de AM es corto y repetitivo, como leer una sucesión de ceros y unos (bueno, quizás debido a la naturaleza de AM tenga sentido); pareciera que la fama adquirida fuera a raíz de referenciarlo a lo largo de todos estos años más que por su contenido real. 

En definitiva, es un buen cuento que nos sugiere mucho más de lo que nos cuenta, un futuro aterrador con un amo supremo incapaz de las bondades del humano y sí con muchas de sus miserias, pero que, de alguna forma, la última palabra la podemos tener nosotros.

jueves, 9 de abril de 2026

Michael Crichton: Parque Jurásico

Idioma original: inglés
Título original: Jurassic Park
Año de publicación: 1990
Traducción: Daniel Ricardo Yagolkowski
Valoración: entre recomendable y está bien

En verdad ya hubo un repaso de la trayectoria de Crichton. En esa entrada se hacía un balance de las virtudes (pocas) y defectos (bastantes) del autor, y me pareció que Parque Jurásico (por su popularidad, sí, pero también por otros elementos de la novela derivados del tratamiento de la ciencia ficción) ameritaba una reseña propia.

Diré, primero, que estoy de acuerdo con lo expuesto en la reseña ya mencionada. Los trucos de Crichton para mantener la atención del lector son de todo menos sutiles, y si te agarra un rapto de furia lectora para terminar el libro, como me pasó, te termina dando un leve dolor de cabeza ante las sucesivas escenas construidas exactamente de la misma forma, además de ciertas situaciones inverosímiles para justificar la llegada de los protagonistas a la isla (¿Alan Grant le va a contar todo lo que sabe a un desconocido sobre el patrón que financia sus excavaciones arqueológicas?). Es decir, se empieza con la (re)contextualización de los personajes en el ambiente, se introduce o se retoma la amenaza que los persigue y acaba el capítulo en otro punto de la isla y en una situación más o menos límite, y vuelta a empezar. Esto se agrava por el hecho de que, cuando la acción da comienzo, la trama se bifurca en tres o cuatro personajes diseminados por el territorio, por lo que hay tres peligros y tres formas de resolver la tensión (esto es lo que diría si no fuera porque son peligrosamente intercambiables).

La historia tarda como ciento cincuenta páginas en arrancar: uno diría que en un libro de casi cuatrocientas y de estas características lo primero es instaurar la tensión. En cambio, tenemos unas primeras páginas bien logradas en tono y hasta superiores en bestialidad con respecto a la película, y a partir de ahí pega un bajonazo hasta la entrada en escena de los animales que todos conocemos (quiero decir, cuando actúan en su esplendor y no solo desde la contemplación onanista de John Hammond, su creador, y entre perpleja y cautelosa desde los demás). Pero una vez que, como lector, supera la impresión de que el ritmo del libro navega mejor en los terrenos de la ciencia ficción dura (de hecho conlleva un alud de datos y un manejo de bioingeniería y teoría del caos que, siendo yo un neófito en esos temas, me parecieron lo suficientemente asequibles como para no leerlos en diagonal), se disfruta más el hecho de que a Crichton no le interesa mostrar en sí la amenaza de los dinosaurios, sino más bien los peligros de jugar a ser Dios. Si hace unas semanas mencionaba en la reseña de La isla del Doctor Moreau las críticas acerca de los intentos de superar los límites de la naturaleza, acá se hace un comentario incisivo sobre el manejo de las empresas a la hora de invertir en proyectos que transforman el paisaje de un país ajeno (Costa Rica), con la complicidad del gobierno local e ignorando las quejas de los habitantes, y sobre aquellos adinerados que, producto del aburrimiento y con ganas de cumplir sus fantasías, deciden omitir todo aviso en procura de su megalomanía. Y eso es un punto bastante fresco en una novela que fue un bestseller.

Más allá de la crítica, sutil y no tanto, la historia se lee en un suspiro. No considero que las escenas de acción estén descritas de una forma apoteósicas, ni que en algún momento se haya logrado una sensación parecida al terror (lo único logrado es la escena donde el nene engaña a un velociraptor con carne cruda y congelada para encerrarlo), pero cumplen su función y amenizan la trama. Los personajes son planos, sacando al matemático del grupo, Ian Malcolm, cínico y profundamente moral a la vez y poseedor de los mejores diálogos y monólogos, y a Hammond, el creador de la isla, por su, en apariencia, ingenua personalidad, para revelarse como un anciano déspota e ignorante que solo tiene ojos para sus creaciones. Ni siquiera el protagonista, Alan Grant, pasa de ser alguien que cumple con su rol de protector del grupo, y los nenes, aunque se comportan de forma creíble para su edad, bordean lo repelente en algunas ocasiones, sobre todo la nena, lo que perjudica bastante a la novela, ya que diálogo por medio encuentra la manera de estorbar lo que sucede con las peticiones más inoportunas, y en eso creo que Crichton no midió bien la línea entre el terror infantil y las ganas de ser protagonista sin razón aparente.

Creo que la película es bastante mejor, pero si uno lee esta novela, se encuentra con un planteo mucho más serio en cuanto a los peligros éticos y sociales de clonar especies extintas que la de su contraparte audiovisual, y hay suficientes elementos distintos como para despojarse de lo visto y encontrar una nueva perspectiva acerca del material.

Más sobre Crichton acá

martes, 10 de febrero de 2026

Michel Nieva: Ciencia ficción capitalista

Idioma: español

Año de publicación: 2025

Valoración: Muy recomendable (sobre todo para interesados)

Pequeño ensayo, de éstos a los que nos tiene bien acostumbrados Anagrama en los últimos años, del escritor y profesor argentino Michel Nieva (autor de las descacharrante La infancia del mundo pero asimismo de otros libros que ahondan en una visión latinoamericana o al menos argentina de la Ciencia ficción: los también ensayos de Tecnología y barbarie y Ficciones gauchopunks, que con ese título no creo que tarde mucho en leer). En el caso de Ciencia Ficción capitalista trata un tema que podría considerarse, en cierto modo, el reverso del resto de sus libros y cuya clave nos la da el subtítulo de este librito: Cómo los multimillonarios nos salvarán del fin del mundo. Huelga decir que es un subtítulo con vocación irónica... aunque quizá no del todo, como veremos.

El género literario de la Ciencia ficción ha sido considerado tradicionalmente, al menos por la "alta cultura", como un divertimento, un género menor que. más allá de la infancia y la adolescencia, sólo interesaba a los frikis, una excentricidad inofensiva. Sin embargo, como señala Nieva en su ensayito, las fabulaciones más o menos utópicas de los libros de Ci-Fi han servido no sólo de inspiración , sino de guía para muchos inventores, científicos y aun dirigentes políticos desde el siglo XIX -imposible, claro, dejar de mencionar a Verne o a Wells-; ahora, en cambio, quienes han tomado buena nota de las fantasías -o predicciones- de este tipo de libros y anuncian su intención de llevarlas a cabo son los magnates de la economía digital, los Musk, Zuckerberg, Thiel y compañía (lo mejor de cada casa, vaya). Los susodichos han adoptado como suyas las elucubraciones o incluso vaticinios de autores como AsimovClarkeHeinlein o Neal Stephenson, particularmente las que se refieren a dos asuntos: la prolongación de la vida humana -en particular, SU vida humana-, aspirando incluso a la inmortalidad, y la colonización del espacio exterior, empezando, claro está por la luna y Marte (por lo que sea, al que no leen estos tipos es a Philip K. Dick y su Desafío total). Como es evidente para cualquiera, más allá de los sueños fantásticos e incluso entrañables de los perennes lectores de Ciencia ficción que dicen ser, el objetivo de estos mangan... magnates es expandir el sistema capitalista más allá de lo límites terrestres y perpetuar la explotación y contaminación del medio ambiente a través del Universo, que no en vano es ilimitado. O dicho en palabras de Michel Nieva, que siempre serán más acertadas que las mías: 

"(...)Una especulación sin límite que posibilita el tesoro imaginativo de la ciencia ficción capitalista. Porque cuando se afirma que la ciencia ficción pertenece al ámbito "especulaticvo", es esa capacidad de especulación la que las corporaciones traducen al mundo financiero. Y si los primeros autores del género reivindicaban una literatura que se fundiera con la ingeniería y la siderurgia, la ciencia ficción capitalista también vehiculiza la especulación de la literatura a la economía y las finanzas."

Por otra parte, el autor de este ensayo, latinoamericano él, después de todo, no puede dejar de prever la futura colonización del espacio con lo que supuso la colonización europea de América, su explotación a todos los niveles y los desastres humanitarios y ecológicos que ha conllevado y aún conlleva. 

¿Hay alternativa a este futuro que nos aguarda, de manos de los millonarios tecnológicos de California? Nieva propone, por una parte, la adopción de una cosmovisión más integradora del planeta en el que vivimos y, por extensión, de los posibles mundos en los que puede llegar a vivir la Humanidad, a la manera de la que poseen, precisamente, los cada vez más escasos pueblos indígenas de América. Por otra parte, la alternativa a esa Ciencia ficción capitalista -o la visión capitalista de la Ci-Fi, si se prefiere-, es otra basada en ideologías diferentes, que la hegemonía actual del capitalismo neoliberal nos han hecho casi olvidar, pero que ahí aún están presentes: la utopía espacial socialista de Estrella roja, de Alexander Bogdánov o la especulación -certeza, en su caso- de los alienígenas como miembros de sociedades inevitablemente comunistas, por ser más avanzadas, según la concepción marxista que seguía el trotskista argentino J. Posadas, fundador de la Cuarta Internacional Posadista. 

Aunque quizás la solución no sea tan complicada, al menos por lo que respecta al ámbito literario, como demuestra el propio Nieva en un cuento -o la sinopsis de un cuento- que nos ofrece al final del librito, con un Elon Musk que ha llegado a los 500 años y ha colonizado Marte, pero sigue siendo igual de... (aquí, que cada cual ponga el calificativo que considere más adecuado).

Nota final: Esta semana, casualmente, el amigo Musk ha publicado en su red social un tweet (en respuesta a otro de Perro Sanxe, que también manda c***s) en el que explica que su empresa SpaceX va a concentrarse, antes de ir a Marte, en establecer una ciudad en la Luna, en el plazo de diez años... A ver si hay suerte y él mismo es su primer habitante...

También de este autor en Un Libro Al Día: La infancia del mundo

viernes, 23 de enero de 2026

Wu Ming: Ovni 78

Idioma original: italiano

Título original: Ufo 78

Año de publicación: 2022

Traducción: Juan Manuel Salmerón Arjona

Valoración: muy recomendable 

Italia, años 70; es decir, años de terrorismo (rojo y negro), drogas, comunas más o menos jipis, rock espacial/psicodélico, noticias sensacionalistas, supuestos avistamientos de ovnis... Elementos todos que pertenecen al zeitgeist de la época pero que resultan difíciles de encuadrar en la misma narración, quizás... Pues bien, los Wu Ming lo han conseguido -quiénes, si no-  en esta su última novela hasta la fecha (de hace ya tres años, pero publicada en 2025 en España.  

La acción se desarrolla en Roma, en Turín y en la comarca toscana de la Lunigiana, en el año 1978 (¡sorpresa!), en el que hubo más avistamientos de ovnis que nunca en Italia, aunque sea más recordado por otro suceso: el secuestro y posterior asesinato de Aldo Moro por parte de las Brigadas Rojas, algo que encontramos como transfondo de la acción de la novela. De hecho, está arranca, tras un prefacio en el que se nos cuenta otra desaparición misteriosa, unos años antes, cuando cuando se va a celebrar en Roma un congreso de ufología, justo el día en que secuestran al político democristiano. Allí acuden los aguerridos turineses del Grupo de Investigadores Ufólogos y Clipólogos Asociados de Turín -GIUCAT-, acompañados de una de las protagonistas del esta historia, la antropóloga Milena Cravero, que está estudiando a los aficionados a esta actividad. También otro de los protagonistas, el escritor de libros sobre los ovnis Martín Zanka, cuyo hijo Vincenzo, ex-heroinómano, vive en una comuna llamada Tanur, en un pueblo de la Lunigiana donde se encuentra también el misterioso monte Quarzerone, un lugar lleno de leyendas y avistamientos extraños y donde, unos años antes, se han producido unas desapariciones que obsesionan al subinspector Gheppio, de la Guardia Forestal, el último de los personaje principales. Lo que no quiere decir que el resto no tenga importancia, porque en esta historia todos tienen su momento y se les da la misma importancia, desde el ufófilo y germanófilo Jimmy Fruzzeti o su abuela, la "bruja" Jole, al ex-fascista Pardo o el veterano de guerra Capoferri... ¡Si hasta aparece, si bien sólo de pasada, el gran Franco Battiato! Y ya me diréis si un libro que recuerde y reivindique a Franco puede ser malo... (bueno, vale, me abstendré de hacer el chiste).

Por otra parte, es esta una novela que va mutando: lo que comienza como un relato sobre alienígenas, posibles abducciones e investigaciones al respecto, adquiere un tono de crónica política y sociológica para acabar como una suerte de noir rural (o de giallo, en este caso), pero sin perder tampoco los elementos anteriores. Es también la instantánea de un momento de cambio, un punto de inflexión en ese año en el que la izquierda italiana comenzó (o comenzó a ser palmario) su declive, representado en el desencanto del comunista Zanka (no olvidemos que el tema común de las novelas de este colectivo es, justamente, cómo se fueron torciendo los impulsos revolucionarios en los diferentes momentos históricos en los que habían o parecía que iban a triunfar).

Estamos también ante una metáfora (o quizá ni siquiera lo sea, de tan obvia) de cómo en la Italia de la Guerra Fría y, particularmente, de los "años de plomo", se distraía la atención de la población con unos hechos, mientras lo que estaba sucediendo era otra cosa. No sólo con los ovnis y la "fantaciencia" (como se dice en Italia), sino incluso con la actividad armada de ciertos grupos... En todo caso, es posible también, como se menciona en el libro, que esa gran ola de avistamientos de ovnis que tuvo lugar ese año tuviera mucho que ver con el cansancio de la ciudadanía ante una realidad social y política que les había dejado exhausta a la sociedad italiana, necesitada de una ilusión escapista o, más aún, de que vinieran unos seres extraordinarios que se los llevaran de allí a otro mundo donde no hubiera heroína, bombas, corrupción y latrocinio por doquier. Otra cosa es cuánto hubiera aguantado un italiano en un planeta donde, por ejemplo, hiciesen la carbonara con nata en vez de con huevo o le pusieran salsa boloñesa a los espaguetis... Ya os digo yo que se vuelve corriendo y rezongando contra esos barbari.

Más novelas de Wu Ming reseñadas en Un Libro Al Día: Manituana, El Ejército de los Sonámbulos, Proletkult. Y de Luther Blisset: Q

viernes, 2 de enero de 2026

Olaf Stapledon: Hacedor de estrellas

Título original: Star Maker
Año de publicación: 1937
Traducción: Gregorio Lemos
Valoración: muy recomedable (pero no para todos los gustos)

La verdad es que, aunque sea una novela totalmente recomendable y predecesora de muchos cambios que hoy vemos en el mundo, no podría ser entusiasta como para regalársela a todo el que se me cruce, como hago con Stoner, por ejemplo. Digamos ya que tiene un prólogo de Borges, y si a Borges le gustaba, que era, por lo general, un viejo odioso con mucha ironía, la novela debe de ser genial. El argumento tendría un punto si no fuera porque: 1) me enchufó La invención de Morel, que me resultó bastante floja, y; 2) hay que recordar que le gustaba todo lo filosófico y los palimpsestos áridos. Y por ahí anda Hacedor de estrellas en varios capítulos. De todas maneras, esta vez me inclino por la opinión de Borges.

Novela en la que realmente no ocurre nada y a la vez ocurre todo, inicia con el protagonista saliendo de casa hacia una colina para contemplar la noche despejada. Tal es la relajación y su maravilla ante el mundo que su consciencia se eleva de su cuerpo y abandona la Tierra. Lo que podría ser una premisa potente para una novela de ciencia ficción se convierte en un ensayo sobre las posibilidades de vida existentes en otros mundos, otras galaxias y otros espacios temporales. No me deja de sorprender la lucidez de Stapledon a la hora de narrar, con una prosa sequísima, de manual académico, pero a la vez cargada de honda sabiduría y de una tristeza infinita al comprobar que en todos lados se repite el ciclo de la historia humana, la invención de mundos distintos, de planos que están millones de años luz delante de nosotros. Todo ocurre, según el narrador, al mismo tiempo. De hecho, al final del libro adjunta tres gráficos para seguir la historia: uno por las edades galácticas, uno por edades del cosmos y otro, circular, que representa las dos mitades de la creación: inmatura y madura. 

Como se ve, estamos hablando de un manejo del tiempo que abarca desde el principio, como lo entendemos o llegamos a entender, y del fin, difícilmente definible a no ser que tengas una prodigiosa imaginación. Pero entre medio pasan muchísimas cosas más. El narrador, después de un largo y espeso capítulo que casi me hace abandonar la novela (se la pasa describiendo la forma de nuestra Vía Láctea y cómo se va alejando de ella) llega a un mundo conocido como La Otra Tierra, y ahí es donde la novela despega, porque en el curso de muchos años asistimos a la integración del narrador en su planeta, a la contemplación de la decadencia total de su sociedad a pesar de que sus habitantes son muchos más civilizados que nosotros, y de cómo entabla amistad con uno de ellos hasta el punto de compartir una consciencia y lograr que también inicie su viaje interestelar.

La novela, en general, sigue un patrón: hay un viaje, se llega a un mundo o a varios (no hay que olvidar que en todo momento es una consciencia), se analiza la sociedad del momento y se acelera el tiempo para mostrar el fin de la misma, desgranando todos los motivos por el cual una comunidad de seres se degrada hasta la violencia y las formas últimas de sobrevivencia (fue escrita en el período de entreguerras, pero casi ahí nomás estalla la Segunda Guerra Mundial, así que sus poderes oraculares fueron totalmente certeros).

Poco a poco va reclutando miembros de distintas galaxias hasta formar una especie de familia rodante en una casa rodante mental; el narrador ya no es un narrador individual, son todos los aventureros que escapan de su condición que los ataba a sus respectivos mundos. Y poco a poco, también, van reflexionando acerca de por qué se encuentran ahí, dónde está Dios (lo que ellos llaman Hacedor de Estrellas) y por qué pareciera que la extinción de todos los mundos y la llegada de la muerte inminente del cosmos es un plan perfectamente calculado.

A partir de cierto punto, la novela (¿ensayo narrativo?) deja de focalizarse en los mundos y galaxias para obsesionarse con el Hacedor de Estrellas y las implicancias morales de su existencia. A partir de ahí (y un poco antes, cuando la narración se convierte en abstracta por la mente colmena) entramos en un terreno filoso de transitar. Si bien el sentido de asombro no decae nunca, mérito muy grande del autor, cada vez cuesta imaginarse más las cosas que cuenta. Maneja elementos demasiados ambiciosos para que al lector le resulte accesible ponerse en la situación interestelar. Ya al final son escenas imposibles de comprender desde un punto de vista humano. Lo cual creo que le importó entre poco y nada a Stapledon, y está bien que así sea, porque no le interesa nuestra compresión, sino lo insignificante que somos (y cualquier otro ser vivo de otros mundo) ante la Creación.

Como no hay casi acción, solo un recorrido por los distintos puntos del cosmos, yo no diría que sea para todos los públicos. Cuesta entrar, mucho más cuando uno entiende que no será una novela común al uso, pero de ahí hasta el punto mencionado la lectura es puro placer aventurero y constatación asombrosa del genio del autor, capaz de predecir y acertar lo que ocurriría en nuestra historia actual. Pero se vuelve densa en el terreno filosófico-religioso, y ya para el final, aunque contemplamos extasiados la visión del autor, también queremos volver a casa. Y en parte creo que ese es el efecto de Stapledon: todo viaje tiene su fin, y la mayoría de ellos, si no es con la muerte, es con el regreso a casa, trastornados ante lo registrado. Stapledon corona así una novela épica, inabarcable en su concepción (toda la historia del cosmos), llena de reflexiones y con la sensación de haber asistido, con el espíritu del niño inocente pero asustado por los fantasmas, a una obra que toca demasiado de cerca cuestiones que pensábamos superadas.

viernes, 19 de diciembre de 2025

Alberto Chimal: Las máquinas enfermas

Idioma original: Español
Año de publicación: 2025
Valoración: Entre recomendable y está bien

Las máquinas enfermas es una colección del escritor mexicano Alberto Chimal. Incluye nueve relatos de ciencia ficción en los que se abordan preocupaciones del presente, vinculadas siempre a las nuevas tecnologías y, sobre todo, al advenimiento de los modelos generativos (los cuales, según el autor, no merecen el nombre de inteligencias artificiales).

Si bien los relatos de Las máquinas enfermas no son particularmente oscuros (ni siquiera los más apocalípticos del conjunto lo son), su aproximación tonal y temática se inclina hacia la incertidumbre e incluso el pesimismo. Aun así, entre sus muchas advertencias, podemos adivinar el brillo del espíritu humanista y la reivindicación de la creatividad e imaginación de las personas.

De los relatos de Las máquinas enfermas destacaría su cohesión (que logra eludir la uniformidad), su prosa (sencilla pero funcional) y sus temas (nítidos y satisfactoriamente articulados). Mis favoritos son "La madre del dragón" y el que da nombre al volumen, pues tienen narradores perfilados, y "Lili" (a mi juicio el mejor del volumen), por la ambición de su planteamiento, la solvencia de su ejecución, su inventiva premisa y su capacidad para resonar emocionalmente en el lector.


También de Alberto Chimal en ULAD: Aquí

lunes, 18 de agosto de 2025

VV.AA.: Trampa en Zarkass

Idioma original: Francés
Título original: Piège sur Zarkass
Traducción: Ma
Año de publicación: 20
Valoración: Recomendable

Trampa en Zarkass es un cómic entretenido, dinámico y divertido, solvente tanto en el guion de Yann como en el apartado gráfico de Didier Cassegrain. 

Lo protagonizan dos heroínas aparentemente incompatibles que acaban desarrollando una improbable amistad, está repleto de camaradería, acción, misterio y humor, se ambienta en un universo fascinante y abunda en dibujos increíbles (sobre todo los de especies alieníginas o paisajes.)

Está basado en Piège sur Zarkass, novela de ciencia ficción del escritor francés Stefan Wul, pero se toma algunas licencias con respecto al material original, como inviertir los roles de género (transforma a los protagonistas masculinos en mujeres, establece una raza humana en la que el poder es estrictamente femenino, etc...) o subvertir el sexismo típico en la ciencia ficción clásica. Esto último lo logra mediante su representación del matriarcado, la cual, lejos de caer en la retórica de género divisoria, sobrevuela la parodia. Y es que la mayoría de mujeres en estas páginas actúan como hombres estereotípicos (maldicen, insultan, cosifican a los varones, etc...).

Una pega que le pondría a Trampa en Zarkass, aunque es tan minúscula que para nada lastra al conjunto, es que la voz de Marcel no siempre resulta consistente, porque si bien se mantiene ruda y faltona todo el tiempo, de vez en cuando emplea palabras algo cultas que no le acaban de encajar.

Lo dicho: Trampa en Zarkass es un cómic estupendo. Editado, por cierto, en un precioso tomo integral por Nuevo Nueve*, que incluye tapa dura, páginas a color y bocetos e ilustraciones adicionales.


sábado, 26 de julio de 2025

Moebius: El garaje hermético

Idioma original: francés

Título original: Le Garage hermétique

Año de publicación: entre 1976 y 1979 por entregas en la revista Métal hurlant y ese último año, como recopilación, bajo el título Major Fatal

Traducción: Lucía Bermúdez Carballo 

Valoración: imprescindible

Repasando las reseñas de "libros con dibujitos", como dicen algunos filisteos, me he dado cuenta de que no había ninguno de Moebius, también conocido como Jean Giraud, una de las principales luminarias de la Bande Dessinée del siglo XX y comienzos de este XXI. Ni corto ni perezoso, me he puesto a remediar esta ausencia con una de sus obras más destacadas, lúdicas y, hasta cierto punto, inextricable: la celebérrima El garaje hermético.

Resumen resumido (si soy capaz): en el garaje -sí, amigues, lo del garaje no es una metáfora- de Jerry Cornelius el ingeniero Barnier destroza la nave de Jerry cuando el proyector de partículas de doble polarización cromática entra en resonancia con el calibra-niveles, así que huye para no afrontar la ira de su jefe, que se dirige de vuelta a bordo de su vehículo Bertrav 2000. A su vez, su antagonista, el legendario Mayor Gruber, creador de los mundos en que se desarrollan sus aventuras, deja su nave Ciguri al cuidado de su novia, la Damalvina para dirigirse al segundo nivel de la capital Armjouth a lomos de un mabro semiautomático, a fin de saber qué ha ocurrido con su espía Samuel Mohad, que pilotaba un robot gigante Star Metharo. El encuentro entre los dos adversarios, otrora amigos, no presagia nada bueno. Eso, sin olvidar la inquietante figura, aún presente, del Bakelita, a pesar de haber sido asesinado por Gruber...

¿Está todo clarinete, no? Bueno, he de decir que yo he hecho una labor previa de desbroce para poder explicároslo, puesto que en el libro es todo aún más confuso e improvisado. Y digo improvisado porque es así como Moebius fue creando este cómic, sin apenas planificación, simplemente tratando de darle continuidad a las páginas, pero de forma un tanto tangencial y enigmática. Al menos, hasta que llegamos al final y lo entendemos -más o menos- todo. Aunque tampoco es que importe mucho entender o no entender lo que pasa; aquí de lo que se trata es de disfrutar, de dejarse llevar por el despliegue de imaginación, de humor y aventuras que encontramos en estas páginas. Además, claro, del preciosista trazo de las ilustraciones de este autor. Una historia -e historieta- de Ciencia-Ficción tal vez diferente a lo que se suele esperar del género, pero no por ello menos verosímil (quizás incluso más); un alarde, en todo caso, de libertad creativa que, como toda la obra de este creador fundamental, ha tenido una influencia indudable en el cómic y el cine posteriores, pese a su carácter, precisamente, algo hermético (sorry).

Sin duda, éste es un libro imprescindible por derecho propio, pero también como crisol -igual que los demás de Jean Giraud/Moebius, claro- de tantas tendencias artísticas y sociales, tantas inquietudes y hallazgos que tuvieron lugar en el siglo XX que no debemos olvidar en este XXI que comienza ya a estar un tanto pagado de sí mismo, me parece. Y no sé si estamos para tirar cohetes.





lunes, 30 de junio de 2025

Jeremy Robert Johnson: Ciudad revientacráneos

Idioma original: Inglés
Título original: Skullcrack City
Año de publicación: 2015
Traducción: Hugo Camacho
Valoración: Recomendable para raritos

En Ciudad revientacráneos hay un poco de todo: un antihéroe drogadicto, una conspiración sobrenatural que amenaza al mundo entero, penes retorcidos, monstruos come cerebros, famosetes que someten sus cuerpos a insospechadas alteraciones físicas, armas que afectan al cuerpo humano de formas la mar de peculiares, etc...

La novela, de Jeremy Robert Johnson, es entretenida, dinámica y moderadamente original. Se lee en un suspiro, de tan adictivo que es su argumento, y combina con asombrosa solvencia "thriller", acción, crimen, ciencia ficción, terror, bizarro, romance, humor y los excesos de la serie B más genuina.

Trata sobre S. P. Doyle, quien, después de servir durante trece años a un banco, decide estafarlo. Para ello sucumbe a su adicción a la hexadrina, droga que le permite llevar a cabo su plan sin apenas descansar. Doyle pronto desentrañará una conspiración a gran escala y se verá obligado a elegir bando en una guerra que lleva años gestándose en las sombras.

De Ciudad revientacráneos destacaría:

  • Su expansión del universo explorado por el autor en su relato "La Liga de los Céroes".
  • Algunas de sus ideas, creativas, alocadas y desacomplejadas.
  • Su humor, por lo general razonablemente efectivo y protagonista de momentos brillantes.
  • El pasaje dedicado a relatar el escalofriante pasado del doctor Tikoshi.
  • El arco de personaje que experimenta Doyle, un tanto abrupto pero hábilmente planteado.

Por otro lado, señalaría algunas cosillas que, aunque no lastran significativamente al conjunto, me han hecho fruncir el ceño durante la lectura:

  • La irregularidad de su ritmo, que no logra mantener todo el tiempo el mismo nivel de interés.
  • El romance entre Doyle y Dara, aunque bien llevado y convincente, es en esencia algo forzado y cliché. Personalmente, hubiera preferido que el amor de Doyle fuera unilateral y no correspondido.
  • Las armas extravagantes que aparecen en estas páginas son bastante creativas, pero me hubiera gustado que se usaran más a menudo, y ver otros tipos.

Sea como fuere, Ciudad revientacráneos es un pastiche adictivo y desacomplejado que nos hará pasar un rato estupendo, al igual que lo hace la serie B más absurda, macarra y sangrienta que, de tan buena que es, puede incluso tomarse un pelín en serio a sí misma con éxito.


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martes, 20 de mayo de 2025

Junji Ito: Black Paradox

Título original: Burakku Paradokusu
Idioma original: Japonés
Año de publicación: 2007
Traducción: ¿?
Valoración: Recomendable

Cuatro desconocidos emprenden un viaje con la intención de suicidarse. De esta premisa parte el mangaka de terror Junji Ito para configurar su novela gráfica de seis capítulos Black Paradox

La historia, que en un inicio parecía relativamente sencilla y lineal, enseguida se retuerce y bifurca. Ito entrega a través de ella varias ideas, a cual más alocada, y logra que éstas queden integradas en el conjunto. Así pues, Black Paradox es un pastiche de horror y ciencia ficción en el que hay un poco de todo: "doppelgängers", "body horror", portales a otra dimensión, científicos sin escrúpulos, etc...  

Sin que el argumento, el elenco protagónico ni el el dibujo de Black Paradox lleguen a figurar entre los mejores de Ito (el listón está demasiado alto), este es sin duda un manga interesante y bien resuelto que gustará especialmente a los amantes del género de terror y a los completistas del autor japonés.


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lunes, 28 de abril de 2025

Olga Ravn: Los empleados

Idioma original: danés

Título original: De ansatte

Año de publicación: 2018

Traducción: Victoria Alonso

Valoración: para mí, recomendable

Si digo que esta novela supone una deconstrucción posmoderna de la ciencia-ficción cultivada por Stanislaw Lem y Philip K. Dick, más de uno y una entre quienes nos leen se mosquearán por: 

  1. Considerarme un pedantuelo gafapástico con ganas de dar la nota.
  2. Considerarme un hereje provocador con ganas de dar la nota.
  3. Considerarme un gilipuertas, sin más. Con ganas de dar la nota, eso sí...
Y probablemente todas las opciones sean ciertas. Pero es que, además, estaría mintiendo o, cuando menos, siendo bastante inexacto porque:
  1. No hay ninguna deconstrucción, sino que nos encontramos ante una narración fragmentada en múltiples testimonios emitidos por un número igualmente indeterminado de declarantes y que, en principio, pueden dar una apariencia caótica, pero que  en verdad nos van guiando de manera firme por toda la narración, hasta su desenlace.
  2. Cierto que es una novela de Ciencia-Ficción "blanda" que deriva por momentos hacia una metafísica algo difusa, expresando los personajes -es decir, los declarantes o testigos a los que me he referido- sus dudas sobre su identidad, la fiabilidad de sus recuerdos  o la finalidad de su misión. Si esto no os recuerda a la narrativa de Lem y de Dick, indiscutibles -y fundamentales- autores de Ciencia-Ficción, ya me diréis...
  3. Por otra parte, tanto Philip K. Dick como Stanislaw Lem ya resultan suficientemente posmodernos-; de hecho, no se puede serlo más-, aunque sus nombres no se encuentren en los tratados de literatura "seria". Así que hacer una deconstrucción, construcción o doble tirabuzón de sus obras sería redundante.
Resumen resumido: la nave seis mil, procedente de la Tierra, se encuentra cerca del ¿planeta? llamado Reciente Descubrimiento, con el propósito de recoger posibles hallazgos -objetos- y trasladarlos a la nave. Tales objetos, de imprecisa naturaleza -no queda claro si se trata de seres vivos o no, o siquiera si se pueden definir de esta forma- se custodian en salas que bien se podrían considerar museísticas -algunos de estos objetos se dirían más instalaciones de arte contemporáneo que entes extraterrestres- y ejercen una difusa pero innegable influencia sobre los tripulantes de la nave que entran ellas. Tripulantes o, mejor aún, empleados, entre los que se encuentran tanto humanos como otros de apariencia humana, fabricados ya adultos y dotados de un software que incluye falsos recuerdos (¿a alguien le suena esta idea?); tanto unos como otros van prestando sus testimonios a un comité encargado por la empresa u organismo que les ha enviado allí -Homebase- de investigar y/o registrar lo que acontece en la nave. O tal vez se trate de un procedimiento estándar de Recursos Humanos - es decir, humanos y con apariencia humana-, que cosas más raras se han visto, incluso en nuestra prosaica realidad; en todo caso, son estos testimonios los que componen la novela, a modo de pequeños "capítulos" (lo entrecomillo porque tampoco es que se trate de eso, exactamente, ya digo que con una apariencia más desordenada de lo que lo están, en realidad,

Es cierto que esta premisa lo mismo valdría para una novela de Ci-Fi más especulativa u otra con un tono humorístico, de terror, ciberpunk o lo que sea... Pero lo que hace Olga Ravn es, en primer lugar, dotarla de un tono sutilmente poético, en el que cobran gran importancia las impresiones sensoriales, tanto las inmediatas, parece que estimuladas por los objetos, como aquéllas que han quedado impresas en la memoria de los empleados. En segundo término, más que en las peripecias espaciales de los tripulantes de la nave seis mil la novela se centra en las relaciones entre ellos y, sobre todo, en la asunción o alienación de su humanidad por unos y otros; los humanos parecen cada vez sentir menos su condición, mientras que sus compañeros de apariencia humana van tomando conciencia de serlo...  

El resultado es una novela un tanto inasible -sobre todo al principio-, recorrida por un aliento poético, sin que éste llegue a estomagar o a condicionar en exceso la lectura. pero sí que deja un poso en la misma, un aire entre existencialista y onírico que puede resultar del gusto de muchos lectores 7as, aunque también espantar a otros. de ahí la valoración que he puesto  en esta reseña; no se trata de que , en mi opinión, esta novela sea recomendable (obviamente, siempre es según mi opinión), sino que me parece recomendable para gente que tenga un gusto y un interés no digo similares a los míos, pero sí en sintonía con ellos y, sobre todo, en sintonía con lo que nos propone Olga Ravn. A quien así le ocurra, la novela no le decepcionará.

sábado, 5 de abril de 2025

Karel Čapek: La fábrica de Absoluto

Idioma original: Checo
Título original: Továrna na absolutno
Año de publicación: 1922
Traducción: Rafael R. Ortega
Valoración: Recomendable

Imaginaos que existe una máquina revolucionaria llamada Karburátor, capaz de producir energía ilimitada combustionando sólo un poco de materia. Dicha máquina destruye la materia que la alimenta al completo, sin dejar residuo tangible alguno. Resultado de esto es que Dios, o el Absoluto, que se encuentra confinado en todas las cosas, queda liberado por el mundo, provocando exaltación mística, milagros de todo tipo y el colapso de la civilización tal y como la entendemos («el mundo se sacudía bajo el estruendo de los ejércitos, (...) las fronteras de los estados se retorcían como lombrices en la tierra, y todo se desmoronaba en ruinas», pg. 203).

Esta es la premisa de La fábrica de Absoluto, un clásico de la ciencia ficción con un interesantísimo concepto de base, grandes dosis de crítica social y generosas paletadas de humor. Sin duda, esta sátira se encuentra a la altura de otras de Karel Čapek, su autor, como la también genial La guerra de las salamandras.

Al igual que la mentada La guerra de las salamandras, por cierto, La fábrica de Absoluto es capaz de exprimir al máximo su premisa. También, al igual que la otra obra mencionada, ofrece una admirable visión panorámica del mundo en el que transcurre, porque, en ella, un cronista nos muestra cómo el Absoluto afecta a la gente, a la industria, a la religión, a la Iglesia, a la economía, a la medicina, a la causa proletaria, a distintos países, etc... Y lo hace a través de un puñado de personajes recurrentes, mostrando viñetas secundarias, describiendo «eventos aparentemente locales» (de los que «se puede extraer un gran caudal de acontecimientos históricos», pg. 191) o citando la opinión de varios intelectuales con respecto al Absoluto.

Semejante argumento permite a Čapek arrojar ideas de un ingenio asombroso en torno a Dios, la religión y la fe. Por ejemplo, sobre la relación entre los técnicos y Dios expresa lo siguiente de boca del ingeniero Rudolf Marek, inventor del Karburátor: «Yo no creo en nada. (...) No quiero creer. Siempre he sido ateo. He creído en la materia, en el progreso, y en nada más. Soy un hombre de ciencia (...); y la ciencia no puede aceptar la existencia de Dios. / (...) Es un caso de Él o la ciencia. No afirmo que Dios no exista; solo digo que no debería exitir o, al menos, que no debería mostrarse. Creo que la ciencia lo está desplazando poco a poco, o en todo caso impidiendo que se manifieste; y considero que esa es la misión importante de la ciencia.» (pg. 29)

Por su parte, G. H. Bondy, director de la Metallo-Electric Company, sirve a Čapek para entregar una perspectiva más permisiva sobre este tema: «Desde el punto de vista empresarial (...), es una cuestión indiferente. Si quiere existir (...), que exista. No somos mutuamente excluyentes.» (pg. 29)

Otra idea muy sugerente la dedica Čapek a la Iglesia. El obispo Linda afirma lo siguiente: «Señores, no se engañen pensando que la Iglesia trae a Dios al mundo. La Iglesia lo encierra, lo controla.» (pg. 46)

El elenco protagónico de La fábrica de Absoluto no es particularmente memorable. Esto, sin embargo, no molesta, pues ya hemos aclarado que esta es una novela de ideas, y que prioriza la construción de su mundo a la de sus personajes («Abandonemos el intento de psicologizar a los grandes hombres», dice el cronista en la pg. 180).

Sin embargo, hay que admitir que Bondy, quizá lo más parecido a un protagonista en esta obra, tiene cierta complejidad. Čapek lo usa para mostrar a un ser humano promedio (es decir, egoísta y plagado de defectos) rodeado de santos. 

Bondy explica a la que fuera su prometida: «Nunca podría casarme con una mujer capaz de leer mis pensamientos. Podría ser religiosa hasta el extremo, caritativa sin límites con los pobres; yo puedo permitírmelo, y además, eso me da buena publicidad. Soportaría incluso la virtud, Ellen, por amor a ti. Soportaría cualquier cosa. (...) Pero Ellen, ni los negocios ni la vida en sociedad son posibles sin pensamientos privados. Y el matrimonio, sobre todas las cosas, es inconcebible sin esos pensamientos ocultos.» (pg. 84)

El propio Bondy es eventualmente afectado por el Absoluto. A Marek le comenta al respecto: «Lo he superado, Rudy, lo he vencido. (...) Cuando me invadió, fue el momento más feliz de mi vida.» A continuación describe los síntomas: «Amor por el prójimo. (...) Estaba frenético de amor. Jamás hubiera creído que podía sentir algo así. (...) / Lo he expulsado. Como un zorro que se arranca una pata para liberarse de una trampa.» (pg. 122-123)

Ah, Bondy. Ya en el clímax de la novela (muy redondo, por cierto), afirma a alguien tan «independiente y experimentado» como él: el Absoluto «es el verdadero Dios. (...) pero (...) este verdadero Dios es demasiado grande. / (...) Es infinito. Ahí está el problema. Cada quien se apropia de una pequeña parte de Él y luego cree que posee el todo. (...) Para convencerse de que Dios les pertenece por completo, tienen que eliminar a cualquiera que piense lo contrario.» (pg. 200)

Poco más que añadir. Sólo reiterar que La fábrica de Absoluto es un clásico de la ciencia ficción que presenta y desarrolla un concepto interesante, que ostenta un cierre perfectamente redondo y que derrocha ideas y humor de una agudeza sorprendentes. Čapek en su máximo esplendor, señores.


También de Karel Čapek en ULAD: Aquí

viernes, 28 de febrero de 2025

Michel Nieva: La infancia del mundo

Idioma: español

Año de publicación: 2023

Valoración: más que recomendable (sobro todo si eres como Oriol)

Para el año 2272 el calentamiento global habrá provocado una temperatura media en la Tierra de 90º C, los hielos polares se habrán, lógicamente, derretido, provocando la consiguiente elevación del nivel de los mares y en el caso de la República Argentina (saludos desde aquí a nuestros lectores de aquel país), al menos la mitad de su territorio, incluido el conurbano bonaerense,  estará sumergido bajo las aguas. En los terrenos aún emergidos, otrora Pampa, el clima será tropical, con una media de 40º C todo el año y, de hecho, se encontrarán a orillas del llamado Caribe Pampeano, por donde, como si se tratará de un nuevo Panamá, transcurrirá el Canal Interoceánico. Sin embargo, a orillas de este mar no estarán las comunidades más prósperas de la nación -más bien al contrario-, que se encontrarán a orillas del llamado Caribe Antártico, ocupado antes por la banquisa del continente helado y ahora por resorts turísticos y explotaciones mineras, explotados ambos recursos por compañías transplanetarias como la AIS-Influenza Financial Services-YPF, que saca beneficios incluso -o sobre todo- de la especulación a costa de los innumerables virus mutantes que proliferan en la Tierra...

En fin, podría seguir aún un rato enumerando las predicciones científico-técnicas y político-sociales de esta novela de Ci-Fi/distopía, muy logradas aunque, por desgracia, poco imaginativas, dado que todo indica que vamos de cabeza hacia un futuro parecido... Ahora bien, lo que le otorga originalidad, frescura y, por qué no decirlo, mala baba a esta ficción (de momento) es la elección del protagonista, que no es un tipo cualquiera, sino un niño. Y no un niño cualquiera sino el niño dengue, un mutante nacido de una mujer, pero con todo el aspecto de un mosquito gigante (ahora ya se empieza a comprender el por qué de esa cubierta un poco y aún bastante repulsiva que le han puesto a este libro, ¿no?). Como cabe suponer, el pobre niño dengue sufre durante su infancia no ya el asco y el desprecio, sino el acoso de sus compañeritos de cole y de la sociedad en general, pese a que vive en la tampoco demasiado refinada población de Victorica. Sin embargo, según el niño va creciendo, se ve que las hormonas o simplemente la rabia acumulada le hace rebelarse contra su dickensiano sino y comienza a tomarse la venganza por su propia mano pata, primero contra sus congéneres otros infantes y luego contra la Humanidad, en general. Y ahí (y perdón si es un spoiler) comienza la escabechina un t tano gore que hará las delicias de los lectores y lectoras más raritos (y no miro a nadie...).

Hasta ahí, podríamos estar hablando de un simple despiporre más o menos splatterpunk -tampoco llega a tanto-, pero además la novela adquiere otra dimensión debido a la segunda línea narrativa, la que conduce otro personaje importante, otro niño apodado el Dulce -uno, que por cierto, le toca los coj... dípteros al pobre niño dengue-, enganchado a un juego de realidad virtual llamado Cristianos vs. Indios y que, para enredarlo todo, le roba cierta mercancía muy rara y peligrosa a su hermano, contrabandista en el Canal Interoceánico, con imprevisibles consecuencias. Las aventuras del Dulce permitirán a la novela meterse en un tráfago metaliterario muy sugerente y sobre todo, inesperado en una novela relativamente breve.

No quiero entrar en más detalles, porque buena parte del interés de esta novela está en las sorpresas continuas que nos va deparando su lectura. Sólo decir que buena parte de la comicidad que posee se debe al empleo por parte de su autor de un lenguaje muy elaborado, decimonónico, podríamos decir, que contrasta con las barbaridades y despropósitos que nos van desgranando. No sé si la novela se puede considerar dentro del género bizarro o no (tampoco sé si lo bizarro tiene unas características rígidas e inamovibles para su definición, pero resultaría paradójico); doctores tiene la Iglesia bizarra que lo sabrán mejor que yo... Pero me siento obligado a advertir al lector o lectora más o menos normalito/a (también si existe algo así) de dónde se mete si se decide a leer este libro... Que se lo va a pasar pirata, eso también os lo digo...

jueves, 6 de febrero de 2025

Reseña + Entrevista: The Machine Stories, de Jared Roberts

Idioma original: Inglés
Año de publicación: 2024
Valoración: Recomendable (aunque no para todo el mundo)

Jared Roberts es uno de mis escritores de creepypastas favoritos. Su prosa no es la más cuidada, ni sus personajes los más complejos. Pero su obra, publicada originalmente en su mayoría en el foro nosleep de Reddit, es creativa y personal (pues mezcla elementos weird con terror y ciencia ficción), además de desconcertante y desasosegante de un modo único e inimitable. Ah, y tiene algunos planteamientos, ideas y giros extremadamente alocados. 

Así que, cuando supe que Roberts había publicado The Machine Stories, la compré sin pensarlo un segundo. Quería apoyar a tan talentoso autor, e incluso estaba dispuesto a hacerlo a pesar de que su antología la imprimiera y distribuyera Amazon, adoleciera de una cubierta horrenda hecha con IA y compilara algunos relatos que yo ya conocía, pues los había escuchado locutados en YouTube.

¡Y cuánto me alegro de haber adquirido The Machine Stories! Al fin y al cabo, es un festín para los incondicionales de Roberts; también es una toma de contacto inmejorable para todo aquel que quiera adentrarse en su universo surreal y enigmático, o una buena adquisición para los amantes de la literatura extraña que no le teman a la complejidad y la ambigüedad. 

Los doce textos compilados en The Machine Stories tienen una calidad bastante homogénea. El único que no me ha gustado, pues me ha parecido muy pobre en su simpleza y linealidad, ha sido "More Channels". "Push the Blue Botton", por su parte, tiene un planteamiento interesante, pero no lo desarrolla de forma convincente y recuerda vagamente a una parte de La ciudad de Mario Levrero mucho más lograda. "The Arkansas Sleep Experiments", la interpretación de Roberts de uno de los subgéneros fundacionales de los creepypastas, resulta efectivo, pero se queda corto en impronta autoral e intensidad argumental cuando lo comparamos con otras obras del escritor.

De los demás textos, insisto en que todos ellos muy dignos, destacaría si acaso, por su absoluta genialidad, la novela corta "The Hidden Webpage", por su protagonista, "The Trees Are Not What They Seem" y, por su atractivo formato (se concibió para ser narrado en un podcast) y sus giros, "Sunburn".

Los textos de The Machine Stories parten de la misma premisa: personas corrientes con vidas anodinas se ven súbitamente envueltas en una serie de eventos bizarros. En ellos hay también una serie de elementos recurrentes: memorias de las que no te puedes fiar o directamente alteradas, angustia existencial y universos paralelos. Además, todos desdibujan la realidad con tanto éxito (o quizá es que la percepción de los protagonistas es errónea) que, al terminarlos, resulta imposible saber qué ha sucedido realmente. 

Teniendo este contenido y estética unificadores en cuenta, uno podría pensar que, leídos de corrido, los textos de The Machine Stories se antojarían reiterativos. Sin embargo, la inagotable inventiva de su autor convierte a cada uno de ellos en una experiencia distinta.

Dejad que os hable un poco de mis favoritos: 

"The Hidden Webpage" inaugura el volumen. Es, sin duda, un clásico de los creepypastas. Uno extremadamente original, capaz de apilar detalles extraños (aparentemente interconectados pero cuya lógica interna somos incapaces de establecer) con suma facilidad, erigir una atmósfera muy lograda e incrementar la tensión paulatinamente. Uno que se apropia de una imagen tan ridícula como lo son dos hombres disfrazados de abeja y hace que ésta te provoque un escalofrío. 

"The Trees Are Not What They Seem" es creativo, intenso y atmosférico. Ciertamente, resulta menos original que "The Hidden Webpage", y su manera de amontonar detalles extraños sin dar tregua al lector o a los personajes no fluye tan orgánicamente como en esa genialidad inspirada. Aun así, me parece un relato muy recomendable, y tiene la particularidad de que su protagonista es más proactivo y tiene una personalidad más marcada de lo habitual en la obra de Roberts.

"Sunburn" cierra la antología. Y lo hace por todo lo alto, con una historia redactada a modo de guion que sabe llevar su premisa hasta límites insospechados. Roberts en estado puro, señores.

Ahora permitid que liste algunos pasajes del libro:

«If you've been on the internet long enough you learn that. There's evil out there. Not the child porn or torture videos. Something deeper. Something hidden in all the code and connections.» ("The Hidden Webpage", página 10)

«When something dies, (...) there’s just this emptiness there. I think sometimes that emptiness can get filled with something else. Maybe that might look to us like a ghost. It’s nothing we should have anything to do with.» ("An Old-Fashioned Ghost Story?", página 128)

«(...) natural selection has nothing to do with with truth and everything to do with survival. It’s as reasonable to think we survive by being constantly deceived as to belive we survive by knowing reality as it is. Maybe we were naturally selected to detect the world all wrong.» ("We Built a Machine that Told Us Everything We Wanted", página 137)

Poco más que añadir. The Machine Stories no gustará a todo el mundo. Al fin y al cabo, los textos que compila son, al igual que la mayoría de Roberts, sumamente desconcertantes (incluso diría que herméticos), y suelen cerrarse con finales abiertos que pueden frustrar a cierto tipo de lectores. 

Aun así, esta antología autopublicada hará las delicias a los amantes de la literatura de lo extraño. Porque Roberts es uno de sus mejores cultivadores, y no sabéis lo afortunados que somos de que mucha de su obra se pueda leer o escuchar en internet de manera totalmente gratuita. Ojalá saque otro libro pronto para poder seguir apoyando su carrera; evidentemente, lo compraré sin pensarlo dos veces, aunque me gustaría que en esta ocasión el autor cuidara la edición (¡si hace falta hago yo la ilustración de cubierta!), no se decantara tanto por los elementos de ciencia ficción e incluyera más textos inéditos.


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A continuación adjuntamos un pequeño cuestionario que Roberts ha respondido con suma amabilidad:

ULAD: ¡Hola, Jared! ¿Cómo estás? Soy un gran admirador de tu obra y me hace mucha ilusión poder entrevistarte. En primer lugar querría preguntarte cómo te definirías en tanto que autor. ¿A qué género te adscribes y a qué público quieres llegar?

J.R.: Definir mi obra me provoca ansiedad, pues al hacerlo corro el riesgo de gafarla. Como cuando notas que las cosas están yendo bien y luego dejan de hacerlo. O cuando descubres que eres un escritor de terror e inmediatamente no puedes escribir nada que dé miedo. Así que intento no darle muchas vueltas. 

Escribo situaciones que nacen de sentimientos, fantasías y percepeciones de experiencias propias. Quiero captar sentimientos para que podamos hablar sobre ellos. Creo que a todos nos interesa la vida interior, especialmente la oscura. Supongo que el éxito de A24 prueba que mi público no es tan de nicho como en un inicio llegué a pensar. La gente busca complejidad, honestidad y sombras.

ULAD: ¿Qué obras te inspiran? 

J.R.: Miro muchas películas. Sobre todo de terror. Y dramas lentos y sombríos, como Paterson y Manchester by the Sea. También me gusta la TV. Twin Peaks. Y esa serie de los 90 llamada Millennium.

En cuanto a literatura. Thomas Bernhard supuso una revelación la primera vez que lo leí. También me gusta mucho John Updike. Y esa novela extraña titulada A Voyage to Arcturus es una gran influencia.

El misticismo católico también me inspira. Estuve a punto de convertirme en un monje benedictino. Cuando tenía 18, leí a Teresa de Ávila, Teresa de Lisieux, Juan de la Cruz, Pseudo-Dionysus, Augustine, Evagrius Ponticus, Ángela de Foligno, etc... Ahora soy ateo, pero católico al mismo tiempo.

ULAD: ¿Cuál es tu trayectoria como escritor?

J.R.: No tengo mucho bagaje como escritor. Estudié filosofía. Dirijo una PMO (Oficina de Gestión de Proyectos). Escribo porque lo necesito, porque es una pasión, un propósito.

ULAD: ¿Qué ha supuesto autopublicar The Machine Stories, tu primer libro? ¿Tienes algún otro proyecto en mente, literario o de otra índole?

J.R.: No me ha gustado publicar The Machine Stories. Supuso una capitulación, porque nunca quise autopublicar. Sin embargo, suspendieron mi cuenta de Reddit por un tiempo (ya la he recuperado) y pensé que debía preservar de alguna manera las historias que subí ahí por si acaso. 

Estoy trabjando en múltiples proyectos. Es uno de mis defectos. Estoy enfangado con tres guiones. Uno de ellos, sobre "The Hidden Webpage". Un talent manager de Hollywood me lo pidió hace ocho años, pero la cagué. Por entonces no estaba preparado. También estoy escribiendo una novela, que ya tengo a medias. Y otra antología. ¡Eres el primero en saberlo, sin contar a mi mujer! Asimismo, querría montar un podcast con las últimas historias que he escrito. Y tengo listo un ensayo monstruoso basado la historia y cultura de una de mis pasiones, los estudios de internet.

ULAD: He visto que, entre tus referentes, citas a Robert Aickman, John Carpenter y David Lynch. ¿Puede que, en tu literatura, también haya algo de Philip K. Dick, y de escritores de terror contemporáneo (ya sea de otros cultivadores de nosleep y creepypastas o de autores como Thomas Ligotti o Michael Wehunt)?

J.R.: Realmente sólo he leído una novela de Philip K. Dick, Valis. Fue hace años, y me gustó mucho. En esa novela, Dick retrata eventos e ideas cósmicos al hacer que afecten la vida de un tipo corriente. Eso me impresionó sobremanera, aunque no lo consideraría una influencia. Pero corrígeme si me equivoco, ¡no dejes que me autoengañe! 

Sobre los otros autores. No he leído a Thomas Ligotti, y no conocía a Michael Wehunt. ¿Te suena el concepto alemán del zeitgeist? Quizá nuestras similitudes se deban a ello. Distintas personas llegarán a los mismos sentimientos e ideas, y acabarán reflejándolos en obras similares, pues la época y el contexto geográfico lo propician.

ULAD: Tus ficciones dejan entrever una visión del mundo y del hombre muy específicas. Hablan de universos incognoscibles y hostiles, llenos de eventos y conexiones que tus protagonistas apenas pueden asimilar o comprender, en los que gobiernan fuerzas aterradoramente poderosas. ¿Esta aproximación existencial es meramente literaria o, al igual que la de H. P. Lovecraft se nutría del materialismo y miedo a lo desconocido del autor, la tuya tiene raíces en creencias personales?

J.R.: Bueno, en la mayoría de mis historias abordo la memoria. A grandes rasgos, la memoria construye nuestro mundo. Si recuerdas a tus padres como abusivos, incluso si no lo eran, esto tendrá consecuencias en tu vida. Yo mismo he tenido memorias de cosas raras que otra gente niega que hayan sucedido. No sé. Todo esto se coló en mis historias. Algunas están más interesadas en plasmar la extrañeza y la liminalidad. Nada de lo que he escrito es puramente litetario.

ULAD: Ya que he mencionado a Lovecraft, me gustaría saber si te sientes influenciado por él de algún modo. Superficialmente, creo que vuestra obra no tiene nada que ver la una con la otra. Sin embargo, al menos en mi opinión, compartís temas y recursos narrativos. Uno de dichos temas sería la representación de un universo hostil hacia el ser humano repleto de fuerzas que escapan a nuestra comprensión. Y un recurso narrativo, el usar protagonistas con poca personalidad y proactividad para acentuar su universalidad e indefensión.

J.R.: Hmm, bueno, ciertamente disfruto sus historias. Me gusta bastante, por ejemplo, Dreams in the Witch House, donde los ángulos de la habitación no tienen sentido matemáticamente. ¿Qué es más inherente al orden del universo que las matemáticas? El protagonista atraviesa un mal ángulo o algo así, y luego se concatenan una serie de imágenes delirantes que te obligan a forcejear para darles sentido. Así que supongo que Lovecraft me influye en cierto modo. 

Me gusta cómo rompe las reglas. No le importa la narrativa convencional. Exploraba, ante todo, sus sentimientos. Antes de él, la gente ya sentía el horror cósmico. Más inmigrantes de lo habitual llegaban a ciudades históricamente insulares. Einstein nos descubría cosas nuevas sobre el universo. El universo devino enorme y complicado y abrumador. Las historias de Lovecraft transmutan los sentimientos de su mundo provinciano y de sus intereses siendo opacados por la inmensidad del universo. 

A pesar de que mucha gente a día de hoy la disfruta superficialmente, su obra nos permitió crear un vocabulario para un sentimiento concreto, el del horror cósmico. Y estoy seguro de que muchos de sus lectores identificarán sus propios sentimientos gracias a su obra. Esto es lo que pretendo lograr yo. Querría enriquecer el entendimiento de nuestra vida interior al imbuirlo en mis historias.

Y es cierto que mis protagonistas son poco proactivos (exceptuando el de "The Trees Are Not What They Seem", que tiene mucha personalidad). Quizá esto es algo en lo que emulo a Lovecraft. 

ULAD: He notado que muchas de tus historias están contextualizadas por una mitología propia y comparten elementos, aunque de una manera tan críptica que al lector le cuesta hacerse una visión panorámica nítida. ¿Tienes muy trabajado ese universo englobador, o te limitas a interconectar superficialmente tus ficciones?

J.R.: En la mayoría de casos, establezco esas conexiones según me parece. A veces tengo una noción más clara de cómo conectan las cosas, como en "The Trees Are Not What They Seem". Pero, al contrario que J. R. R. Tolkien, no dibujo mapas ni establezco genealogías antes de empezar a escribir. ¡Eso me volvería loco!

ULAD: Se puede extraer una lectura simbólica a tus textos. A "The Hidden Webpage", por ejemplo, el cómo internet puede absorver nuestra vida por completo; a "Remember that David Lynch movie, Dune? About that", "How to Lose Friends and Terrify People" o "Three Visits to a Hidden Tribe", el cómo familiares o amigos devienen irreconocibles. ¿Sueles tener en cuenta un núcleo temático alrededor del cual desarrollar tus historias?

J.R.: Yo forcejeo más bien con impresiones y sentimientos, que supongo que son similares a un tema. Pero señalar ese tema, o mejor dicho, buscar la palabra que lo defina, es trabajo de los críticos literarios. A ellos se les da bien. 

Mis temas provienen de la sección de mi paisaje interior que en ese momento quiera explorar. Me gusta pensar que otras personas tienen pensamientos y sentimientos similares a los míos, porque si no, todo es en vano. Todos tenemos pensamos y sentimos cosas que no sabemos cómo definir o expresar. 

O sea, ¿sabes lo que es el ASMR? Yo sentí eso toda mi vida, pero hasta que se popularizó en YouTube no fui capaz de ponerle un nombre. Durante dos décadas estuve intentando transmitir a otros ese cosquilleo placentero sin éxito alguno.

ULAD: Me ha parecido que tu antología The Machine Stories, aunque adscrita como la mayoría de tu obra dentro del género de terror, se decanta bastante hacia la ciencia ficción. En ella no hay solamente otras dimensiones y entidades cósmicas, sino que también tecnología futuristas y experimentos imposibles. ¿Fue el toque de ciencia ficción un criterio a la hora de seleccionar varios de los relatos que la compondrían? ¿Cómo decidiste qué historias la conformarían y en qué orden las situarías?

J.R.: No me gusta recurrir a lo sobrenatural en mis historias, quizá porque no creo en ello. Pero sí que creo que el mundo natural es inmensamente más complejo de lo que suponemos, y que el poder de la tecnología será cada vez más aterrador. Así que la tecnología misteriosa sustituye a demonios y fantasmas para mí. The Machine Stories agrupa historias con máquinas que distorsionan la realidad, nunca para bien. A veces de forma maliciosa, y otras no tanto, aunque siempre como las entidades amorales del Gran Colisionador de Hadrones de Lovecraft.

ULAD: Hay personas a las que tu literatura no les atrae. La consideran demasiado hermética. Tampoco les gusta que les obligue a estar atentos a múltiples pistas y detalles, ni que tenga finales abiertos y ambiguos. ¿Por qué decidiste abanderar este tipo de ficción? ¿Cómo la reivindicarías ante gente reticente?

J.R.: ¡Hermética! Me encanta esta palabra. 

A ver, ninguna obra de arte gustará a todo el mundo. Scorsese odia el cine de Marvel. A mí me encanta Deadpool y en cambio jamás miraré The Irishman. Mi película favorita del año pasado fue Hundreds of Beavers, pero poca gente se tragará  una comedia de dos horas grabada como una película muda.

Por mucho que disfruto las historias bien atadas y con un desenlace definido, no me siento cómodo escribiéndolas, porque al hacerlo siento como si estuviera jugando con figuras de acción. Movamos este juguete de plástico aquí y este otro allá y hagamos que peleen y fin. Cuando yo escribo historias misteriosas y ambiguas, me siento confiado en lo que hago. Estoy hablando de la realidad en toda su escurridiza gloria. No de plástico. Aunque entiendo que, a veces, demasiada vaguedad puede ser frustrante y pretenciosa. Yo mismo fui incapaz de terminar Skinamarink.


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