miércoles, 29 de julio de 2026
Martín Caparrós: Horror de Buenos Aires
miércoles, 17 de junio de 2026
Myriam Hache: La belleza del desastre
Año de publicación: 2026
Valoración: Recomendable
Esta es la novela de debut de Myriam Hache, joven autora nacida en Argentina y residente en España desde hace varios años. Y estos, que aparentemente son solo datos biográficos, son elementos clave para la novela porque La belleza del desastre tiene un claro componente generacional y porque la identidad personal (y su búsqueda) ocupan un lugar importante.
De entrada, La belleza del desastre es una road-movie medio apocalíptica en la que cuatro mujeres (Florencia, Jana, Rocío y Sara) viajan de Barcelona a Galicia huyendo de una nube tóxica que se aproxima a España. Digo de entrada porque el viaje no es solamente una huida de un peligro externo sino que tiene mucho de huida y/o búsqueda de uno mismo, de vía de refundación personal en un mundo convertido en fantasía transhumanista. Podemos, por tanto, poner tres referencias para ubicar la novela: Thelma y Louise, La carretera y En el camino.
Más allá de estas referencias, uno de los aspectos a mencionar de la novela es la elección de las dos narradoras, las primas Florencia y Jana, pintora aquella y escritora esta, que viajan (sí, más viajes) con las imágenes y la palabra a un pasado común que vuelve a repetirse, a un círculo desesperación - ilusión - fracaso - ansiedad del que se busca salir a través del amor, del sexo, de las drogas, facto de la fe y las flores azules, etc.
Y así los temas se abren porque esto, en realidad, no es una distopía ci-fi sino una novela de formación sobre pasados que se repiten, vidas no vividas, ilusiones traicionadas e intentos de redención. Sobre el miedo a ser uno mismo lejos de familia y orígenes, vaya.
Como aspectos más destacables de la novela hay que mencionar:
- La plasticidad de la prosa poética (algo hay del cine de David Lynch).
- El manejo de los tiempos a la hora de dibujar el mapa de las relaciones interpersonales entre las 4 principales protagonistas.
- El tratamiento del pasado como carga que se arrastra y de la que uno trata de deshacerse como buenamente puede.
- La atmósfera, medio onírica pero firmemente anclada en la realidad.
viernes, 12 de junio de 2026
Rodolfo Walsh: ¿Quién mató a Rosendo?
miércoles, 3 de junio de 2026
Antonio Di Benedetto: Absurdos
Año de publicación: 1978
Valoración: Muy recomendable
La de Antonio Di Benedetto me temo que es, lamentablemente, una batalla perdida en este blog. A pesar de mi perseverancia en ensalzar su talento, o casi nadie lo ha leído o, aún peor, los pocos que sí lo hayan hecho quizá no se adhieren a mis entusiasmos y prudentemente guardan silencio. Pero para ellos. Por mi parte, no por completista sino por deseo de disfrutar una vez más, descubro este nuevo título, que se adentra en el mundo del relato corto.
El volumen recoge narraciones de extensión irregular y origen diverso, algunas antiguas y ya publicadas por separado, otras más recientes. Encontramos a un Di Benedetto diferente del que ya conocemos de aquella extraordinaria trilogía que en realidad no es trilogía, aunque con trazas evidentes del talento que exhibía en sus obras mayores. Se podría decir que en estos textos conocemos mejor al autor, observamos cómo experimenta, busca caminos o simplemente se explaya libre de encorsetamientos, quizá hasta se permite licencias que no admitiría construyendo una novela.
Como es lógico en cualquier compilación de relatos, hay diversidad de escenarios, de técnicas y por supuesto de nivel, aunque muy poco o casi nada puede calificarse como prescindible. Ese presente férreo que tan bien maneja el autor es casi innegociable, aunque en alguna ocasión decide explorar otras posibilidades, hay una sorprendente presencia de animales en buena parte de los cuentos hasta bordear la fábula en un par de ocasiones, y se muestra con frecuencia el impacto de situaciones extremas, con frecuencia localizadas en las amplias y semidesérticas llanuras interiores argentinas que otros autores han trabajado también. Variedad de argumentos y de registros, pero siempre con un sello de calidad indiscutible.
Es impecable El juicio de Dios, una obra maestra de la tensión narrativa, desasosegante y muy visual, casi cinematográfica. Caballo en el salitral, otro de los relatos más longevos y conocidos, es una historia tan sencilla como impregnada de dramatismo, con una carga solo comparable a Pez, el texto más brutal, en el que el dolor y la impotencia llegan al lector por el camino de la pura casualidad, la mala suerte que no conviene ignorar y que tantas veces marca las vidas. El tono policial que tanto gusta a Di Benedetto y que ya asomaba en Los suicidas aparece también en el más intimista Cínico y ceniza, o en el espléndido Los reyunos. Aballay, otro de los más conocidos y llevado al cine, presenta la extraña penitencia de un hombre perseguido por la culpa y, muy lejos de ese terreno, Ítalo en Italia cierra el libro con el delicioso relato de un pequeño incidente veraniego.
Para los que les preocupen mucho estas cosas, habrá que reconocer que, frente a lo que parece exigir un relato corto, el cierre de algunas narraciones puede resultar algo previsible, o que los títulos son manifiestamente mejorables. Pero qué quieren que les diga, el despliegue de imaginación, la amplitud de repertorio y la modulación de los diferentes registros me parecen de un nivel excepcional, y dejan sin efecto cualquier pequeña debilidad. Es un Di Benedetto que, sin perder algunas de sus señas más personales, se muestra algo diferente, quizá más asequible que en textos de mayor extensión, a veces más arriesgado, pero siempre dejando claro un talentazo que en este caso le coloca, en mi opinión, al nivel de los mejores maestros del relato corto, y pongan ustedes ahí los nombre que más les gusten. Nadie sin ese genio sería capaz de decir de esta forma que la jauría de perros se quedó sin alimento:
'Mordiendo el aire quedaron los dientudos'
Háganse un favor y, en este mi cuarto intento, descubran a este autor fascinante.
Otras obras de Antonio Di Benedetto reseñadas en ULAD: Los suicidas, Zama, El silenciero
viernes, 15 de mayo de 2026
Fabio Martínez: La jugadora de pádel
martes, 28 de abril de 2026
Guillermo Martínez: Un crimen dialéctico
sábado, 25 de abril de 2026
Colaboración: 2 x 1 Antes que nada y Bue, de Martín Caparrós
Año de publicación: 2024 y 2025
Valoración: imprescindible para interesados
viernes, 24 de abril de 2026
Federico Axat: El día de mi muerte
Año de publicación: 2025
Valoración: Muy recomendable
martes, 14 de abril de 2026
Sara Gallardo: Pantalones azules
martes, 17 de marzo de 2026
Leila Sucari : Casi perra
Año de publicación: 2023
Valoración: está bien
Una mujer de mediana edad, de quien no conocemos nunca el nombre, se sube al tren en alguna ciudad argentina, para bajarse en la última parada, en un pueblo de nombre improbable. Allí se instala en un camping, junto al río y se dedica a recordar y olvidar una relación sentimental con un hombre -de éste sabremos que es su psiquiatra o psicoterapeuta- mientras lleva a cabo una especie de purga física por medio de una ¿degradación? ¿Deconstrucción? ¿Toma de conciencia de su condición animal y subsiguiente empoderamiento a través de la asunción de sus deseos femeninos? Yo que sé, la verdad... el caso es que tras pasar así toda la primera parte de la novela -muy corta, por lo demás- y cuando parece que la narración se ha estancado, la mujer se traslada -o la trasladan- a un pueblo cercano, más fantasmal o metafísico que el anterior, si cabe y allí, en su segunda mitad, la narración toma otros derroteros y el lector (o lectora, pues quizás la novela esté más pensada para un público femenino, autoconsciente y "echao p'alante", al estilo de buena parte de la literatura latinoamericana de más éxito en los últimos tiempos) llega a la conclusión que la primera parte de la historia no era sino una preparación para esta segunda, que es donde está el meollo de la narración y, sobre todo, de lo que pretende contarnos su autora...
En este segundo pueblo la protagonista tiene una relación romántico-sexual-alucinada con Diamela, una lugareña lectora de las Metamorfosis de Ovidio y ahonda en su liberación/autorrealización a través de la rendición ante sus instintos animales -de ahí el curioso título de la novela y ya he contado demasiado_; es todo muy confuso, empero y no queda claro hasta que punto la protagonista y narradora -se me olvidaba decir que la historia está contada en primera persona- nos explica lo que sucede en la realidad física, lo que ocurre en su percepción o imaginación o lo que puede deberse a una dimensión mágica o mística de su devenir... Tampoco es que importe mucho, la verdad: lo mejor es no tratar de entenderlo todo a la perfección y dejarse llevar por la prosa, que en ocasiones es arrebatadora e incluso magnífica, con momentos de gran lirismo -el primer encuentro sexual entre las dos mujeres, por ejemplo-, aunque en otros bordea peligrosamente no ya lo inverosímil, pues este adjetivo se cierne sobre toda o gran parte de la novela, sino lo ridículo. De ahí que yo, desde mi modesta competencia crítica, no me sienta capaz de valorar con mayor entusiasmo este libro; a las páginas o párrafos que me han subyugado seguían otras que enfriaban bastante mi ánimo. Por otra parte, la convivencia continua entre reflexiones más o menos intelectualizadas y otras mucho más epidérmicas y hasta soeces, si bien sirven para retratar el evidente desequilibrio de la protagonista (ojo, que no digo que esté cucú bananas del todo, de hecho, ese desequilibrio, ese dejarse caer en un vórtice dionisíaco parece necesario para su deconstrucción, etc.), no hacen más fácil el avance en la lectura, sobre todo en algún momento en que la narración se encalla un poco, como ya digo.
No obstante, estoy seguro que a muchos lectores o puede que, sobre todo, lectoras, les puede interesas sobremanera esta nouvelle que por momentos resulta intensa y absorbente. Quizás quienes la lean desde fuera de Argentina tengan algún problema con el castellano en el que está escrita (he de confesar que siento debilidad no sólo por la literatura argentina sino, más aún, por la que está provista de numerosos argentinismos bien puestos, aunque a veces no los entienda del todo), pero no es un obstáculo invencible, ni siquiera relevante, creo yo. Y, teniendo en cuenta la extensión del libro, tampoco su lectura será una gran pérdida de tiempo para nadie, en caso de que no le agrade. Ánimo y buena suerte.
domingo, 15 de marzo de 2026
Colaboración: Un episodio en la vida del pintor viajero, de César Aira
Año de publicación: 2000
Valoración: Muy recomendable
El alemán Johann Moritz Rugendas puede no figurar entre los nombres de los grandes pintores del siglo XIX. Discípulo de Humboldt, fue un pintor que, en la mirada de Aira, se convierte en un eslabón perdido: posee la luz dramática de Turner y una audacia en el color y la línea que parece un Matisse avant la lettre. Por mucho tiempo se dijo que la atención que sus pinturas generaban no se debía a su técnica, sino a la belleza sin límites del paisaje americano. Aquí entra en acción César Aira, quien, aprovechando que el pintor viajero se reivindicaría en su paso por Argentina en un evento extraordinario, pone en marcha un relato histórico lleno de emociones, conciso e imprevisible.
Descendiente de pintores de batallas y víctima de la paz napoleónica, Rugendas sale de Europa e inicia una batalla interna en el Nuevo Mundo, acompañado de otro pintor: Krause. Sabe que su presente pasa por retratar los paisajes tropicales de los que Europa adolece, pero no tiene idea de su futuro. Quizá, hasta lo podría evadir desandando sus mismos pasos. Fruto de ese andar es la vasta cantidad de dibujos, los mismos que le generarían ingresos.
México y Brasil constituyen el grueso de su obra, con más de 3000 dibujos e ilustraciones (pero solo 118 totalmente terminados), aunque su fin último —ese que va más allá del dinero— estaba en Argentina: dibujar y gozar la serenidad de la luz del sur, pero deseando culposamente retratar antes un terremoto o la furia indígena de un malón. Sin embargo, el destino le dará el sobresalto que él busca de otra manera. Si Rugendas solo tenía el presente como herencia y sus manos y sus ojos como herramientas para subsistir, lo que vivirá entre San Luis y Mendoza lo dejará literalmente temblando, como a un niño recién parido. A partir de ahí, su verdadero rostro será el arte.
Desde ese momento, pasa de lo científico a lo dinámico. En comparación con sus dibujos documentales de México y Brasil, La cautiva, producto de su estancia en Argentina, sacude el alma. Es estilo, belleza y movimiento. Pero no sabemos cómo se pintó, ni cuál era el estado del pintor. Leemos a Aira —imperturbable, analítico, extrañamente divertido— y él nos revela la funcionalidad del dolor. El sufrimiento no es una tragedia aquí, sino una droga que agudiza la percepción: Rugendas deja de ser un hombre para convertirse en un ojo mecánico, alejándose de su propia humanidad. Pintor y escritor se unen aquí por lo simple y firme de su ejecución, además de la simetría de sus vidas: uno plasmó las escenas que recorrió, el otro lo revivió al leer, imaginar y complementar su correspondencia.
Libro corto, personajes profundos, imágenes poderosas. Con oraciones sencillas, lejos de lugares comunes, cautiva al describir lo imponente de los Andes, la bravía de quienes los cruzan o la vorágine de un campo de batalla. Llama la atención la identidad entre los bocetos veloces de Rugendas y la famosa "fuga hacia adelante" de Aira. Ambos rechazan la corrección: el error se integra, la deformidad se acepta. Para ambos, lo importante no es la obra terminada, sino el movimiento continuo, la invención constante del presente para no tener que mirar atrás aunque el motor sea agua de amapolas.
Pero, sobre todo, Aira nos muestra, a través de Rugendas, que los viajes sí nos cambian, pero de maneras repentinas e imprevisibles. Más que un homenaje a la perseverancia, es la constatación de una obsesión. Aira nos enseña que el arte es una forma de vampirismo: Rugendas se deja consumir a sí mismo para capturar el paisaje. Al final, no nos queda el consuelo de la aventura, sino la certeza de que la realidad es tan alucinante que solo un monstruo, o un artista drogado, con herramientas que van más allá del lápiz y pincel, puede verla tal cual es.
Firmado: Arturo Jiménez Viveros
Otras obras de César Aira reseñadas en ULAD: aquí
miércoles, 11 de marzo de 2026
Silvana Vogt: El fino arte de crear monstruos
Año de publicación: 2025
Valoración: Entre Recomendable y Está bien
Aunque en la solapa del libro se define como ‘novela’, se podría decir que El fino arte de crear monstruos está en zona de transición entre novela y colección de relatos, aunque en mi opinión tiene más de lo segundo que de lo primero. Esta autora, argentina de nacimiento y afincada en Barcelona (de hecho, tiene algo publicado en catalán), presenta una serie de narraciones cortas que comparten protagonistas y guardan cierta coherencia cronológica, o esa sensación da, pero me parece difícil concluir que esto constituya una novela.
Una docena, quizá algo más, de relatos breves, episodios en la vida de Vidria, una niña que vive en la pequeña población de Morteros, que recuerda ligeramente a El Pensamiento, donde César Aira situaba una de sus últimas creaciones. Poco sabemos sobre en el entorno de Vidria, salvo que tiene un hermano quien al nacer la niña la tiró al cubo de la basura, y con el que no obstante comparte la protagonista ideas e iniciativas disparatadas. Estas ocurrencias, junto con las insólitos episodios que acontecen en el pueblo, son las que dan lugar a esos pequeños relatos que giran bajo títulos como ‘Segundo advenimiento con niña mutante’, ‘La indulgencia plenaria de las mandarinas’ o ‘El origen de la luz en la naturaleza de la máscara’.
El mismo ingenio que exhiben esos fantásticos rótulos se manifiesta en la narración, donde lo inverosímil despunta en cada página sin que lleguemos a tener claro, y eso es parte de la gracia, lo que es real y lo que no. Entonces es inevitable pensar en el realismo mágico y en el desproporcionado número de secuelas que ha ido dejando a un lado y otro del Atlántico. Eso de inventarse cosas extravagantes y mezclarlas en una narración convencional parece una buena solución para darle brillo, sorprender al lector y dar sensación de dominio sobre el medio. No es exactamente lo que hace Silvana Vogt, aunque indudablemente ese camino abierto facilita el tránsito.
Esas dosis de fantasía, dispersas pero abundantes, otorgan a la narración una cierta aura, aunque a fin de cuentas se trata de episodios de la vida de aquella niña, cosas sorprendentes que casi siempre bordean la tragedia y cuyos límites con lo inverosímil son difícilmente distinguibles. Así que, visto desde otra perspectiva el libro constituye una especie de anecdotario, narrado con un tono ligeramente infantil muy logrado, con estilo a la vez fresco y elegante, algo que quizá no provoque un arrebato de placer literario pero deja la agradable sensación que proporciona lo bien hecho, lo curioso, digno y entretenido a partes iguales.
martes, 10 de febrero de 2026
Michel Nieva: Ciencia ficción capitalista
Año de publicación: 2025
Valoración: Muy recomendable (sobre todo para interesados)
Pequeño ensayo, de éstos a los que nos tiene bien acostumbrados Anagrama en los últimos años, del escritor y profesor argentino Michel Nieva (autor de las descacharrante La infancia del mundo pero asimismo de otros libros que ahondan en una visión latinoamericana o al menos argentina de la Ciencia ficción: los también ensayos de Tecnología y barbarie y Ficciones gauchopunks, que con ese título no creo que tarde mucho en leer). En el caso de Ciencia Ficción capitalista trata un tema que podría considerarse, en cierto modo, el reverso del resto de sus libros y cuya clave nos la da el subtítulo de este librito: Cómo los multimillonarios nos salvarán del fin del mundo. Huelga decir que es un subtítulo con vocación irónica... aunque quizá no del todo, como veremos.
El género literario de la Ciencia ficción ha sido considerado tradicionalmente, al menos por la "alta cultura", como un divertimento, un género menor que. más allá de la infancia y la adolescencia, sólo interesaba a los frikis, una excentricidad inofensiva. Sin embargo, como señala Nieva en su ensayito, las fabulaciones más o menos utópicas de los libros de Ci-Fi han servido no sólo de inspiración , sino de guía para muchos inventores, científicos y aun dirigentes políticos desde el siglo XIX -imposible, claro, dejar de mencionar a Verne o a Wells-; ahora, en cambio, quienes han tomado buena nota de las fantasías -o predicciones- de este tipo de libros y anuncian su intención de llevarlas a cabo son los magnates de la economía digital, los Musk, Zuckerberg, Thiel y compañía (lo mejor de cada casa, vaya). Los susodichos han adoptado como suyas las elucubraciones o incluso vaticinios de autores como Asimov, Clarke, Heinlein o Neal Stephenson, particularmente las que se refieren a dos asuntos: la prolongación de la vida humana -en particular, SU vida humana-, aspirando incluso a la inmortalidad, y la colonización del espacio exterior, empezando, claro está por la luna y Marte (por lo que sea, al que no leen estos tipos es a Philip K. Dick y su Desafío total). Como es evidente para cualquiera, más allá de los sueños fantásticos e incluso entrañables de los perennes lectores de Ciencia ficción que dicen ser, el objetivo de estos mangan... magnates es expandir el sistema capitalista más allá de lo límites terrestres y perpetuar la explotación y contaminación del medio ambiente a través del Universo, que no en vano es ilimitado. O dicho en palabras de Michel Nieva, que siempre serán más acertadas que las mías:
"(...)Una especulación sin límite que posibilita el tesoro imaginativo de la ciencia ficción capitalista. Porque cuando se afirma que la ciencia ficción pertenece al ámbito "especulaticvo", es esa capacidad de especulación la que las corporaciones traducen al mundo financiero. Y si los primeros autores del género reivindicaban una literatura que se fundiera con la ingeniería y la siderurgia, la ciencia ficción capitalista también vehiculiza la especulación de la literatura a la economía y las finanzas."
Por otra parte, el autor de este ensayo, latinoamericano él, después de todo, no puede dejar de prever la futura colonización del espacio con lo que supuso la colonización europea de América, su explotación a todos los niveles y los desastres humanitarios y ecológicos que ha conllevado y aún conlleva.
¿Hay alternativa a este futuro que nos aguarda, de manos de los millonarios tecnológicos de California? Nieva propone, por una parte, la adopción de una cosmovisión más integradora del planeta en el que vivimos y, por extensión, de los posibles mundos en los que puede llegar a vivir la Humanidad, a la manera de la que poseen, precisamente, los cada vez más escasos pueblos indígenas de América. Por otra parte, la alternativa a esa Ciencia ficción capitalista -o la visión capitalista de la Ci-Fi, si se prefiere-, es otra basada en ideologías diferentes, que la hegemonía actual del capitalismo neoliberal nos han hecho casi olvidar, pero que ahí aún están presentes: la utopía espacial socialista de Estrella roja, de Alexander Bogdánov o la especulación -certeza, en su caso- de los alienígenas como miembros de sociedades inevitablemente comunistas, por ser más avanzadas, según la concepción marxista que seguía el trotskista argentino J. Posadas, fundador de la Cuarta Internacional Posadista.
Aunque quizás la solución no sea tan complicada, al menos por lo que respecta al ámbito literario, como demuestra el propio Nieva en un cuento -o la sinopsis de un cuento- que nos ofrece al final del librito, con un Elon Musk que ha llegado a los 500 años y ha colonizado Marte, pero sigue siendo igual de... (aquí, que cada cual ponga el calificativo que considere más adecuado).
Nota final: Esta semana, casualmente, el amigo Musk ha publicado en su red social un tweet (en respuesta a otro de Perro Sanxe, que también manda c***s) en el que explica que su empresa SpaceX va a concentrarse, antes de ir a Marte, en establecer una ciudad en la Luna, en el plazo de diez años... A ver si hay suerte y él mismo es su primer habitante...
También de este autor en Un Libro Al Día: La infancia del mundo
jueves, 5 de febrero de 2026
Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López: El Eternauta
La historia en sí arranca a finales de los años cincuenta en Vicente López, perteneciente al Gran Buenos Aires. Salvo, Favalli y un par de amigos más se encuentran jugando truco cuando de repente se corta la luz y se ve, en el exterior, una tormenta de nieve que demostrará ser mortal al instante, pues las ventanas de los vecinos se abren y la sustancia los mata con el mínimo roce. A partir de ahí surgen las preguntas lógicas: cómo llegó, quién más queda aparte del grupo, cómo pertrecharse y sobrevivir, etc. Fabrican los icónicos trajes que aíslan la piel y salen en búsqueda de recursos y personas.
domingo, 11 de enero de 2026
Alan Pauls: Fallar otra vez
Año de publicación: 2022
sábado, 8 de noviembre de 2025
Pola Oloixarac: Bad Hombre
Idioma original: español
Año de publicación: 2024
Valoración: recomendable
Mucho tiempo desde que reseñé (con no demasiado buen recuerdo) mi primera lectura de Oloixarac. Doce años, cuestión que, permitidme este pequeño paréntesis de solipsismo pseudonostálgico, me produce cierto pasmo, aparte del consabido tópico del tiempo cómo pasa blablabla, también sobre el hecho de que no haya sido una autora que haya inundado el mercado, justo en una época que su perfil, por los motivos que sea, es proclive a una cierta incontinencia que el mercado literario, tal como es hoy, asimila con cierto agrado (y algo de cosdencendencia).
En todo caso, y a la vista de mis valoraciones, este ritmo, esta dosificación, entiendo que consciente y premeditada, creo que le sientan bien a su obra. Quizás, no soy capaz de aportar una explicación coherente, obre de forma retrospectiva. Leída Bad hombre tengo un cierto regusto agridulce, una sensación algo incómoda de haber sido demasiado duro anteriormente. Pero recomendar Bad hombre no es en modo alguno un mecanismo de compensación.
Para empezar, esta es una novela mucho más insertada en el presente de lo que me parecieron las otras, y su desarrollo, aún con esa tonalidad algo bolañiana consistente en saltar en escenario y tiempo y pensar que esa dispersión acaba conformando un mosaico, como esas pinturas que toman otra forma si nos alejamos de ellas, su desarrollo, repito, es coherente, casi lineal, no exageremos pues hablamos de una autora permeable no solo a sus influencias (insertadas, sobre todo hacia el final del libro) sino al propio momento literario actual, que suele arquear la ceja cuando una obra se adscribe al clásico cánon narrativo. Oloixarac ha creado una línea de confluencia con tintes de auto-ficción (tintes tan marcados que uno estaría tentado por llamar a esto crónica autobiográfica), pero creo que no. Supongo que es otro juego con el lector interponerse en medio de círculos literarios, grupos de Whatsapp, talleres creativos, y sacar a relucir los trapos sucios que pueden surgir en este submundo, o encastrar situaciones de la reciente iconografía desde la explosión de las RRSS. Aquí tenemos hashtags, cancelación, fake news, todo lo que haga falta para apuntalar el pretexto de la novela: la existencia de los bad hombres a qué Trump aludía (el tiempo, again) en la campaña de su primer mandato. Tenemos entonces algunos ejemplos de seres masculinos que actúan de manera tóxica con los seres femeninos, y, aunque ciertos detalles al final de la novela puedan suscitar alguna duda, una cierta dinámica que puede ser tan disfrutada por la indudable pericia narrativa de la autora como puesta en solfa tildándola de algún ligero deje oportunista.
Otras obras de Pola Oloixarac reseñadas en ULAD: aquí
lunes, 3 de noviembre de 2025
César Aira: En El Pensamiento
Año de publicación: 2024
Valoración: Recomendable
No sé si a alguien más le pasa, pero a mí valorar lecturas de César Aira me parece bastante complicado, quizá porque le leo muy de cuando en cuando. Me parece que escribe extraordinariamente bien, con capacidad para crear las atmósferas adecuadas, jugar al despiste con facilidad pasmosa y talentazo para sacar petróleo de cualquier cosa por insignificante que parezca. Todo esto solo lo puede conseguir un escritor con técnica y sensibilidad que brotan con naturalidad y llevan la palabra justa al lugar adecuado para construir narraciones siempre inteligentes y a veces de enorme belleza.
Si alguien se ha fijado en la mayúscula del título se habrá dado cuenta de que El Pensamiento es un lugar, en concreto un pueblito minúsculo, una pequeña aldea construida en torno a una estación del ferrocarril que une (o unía, no sé) Rosario con Puerto Belgrano. La estación y cuatro casas, rodeado todo ello por inmensos paisajes despoblados, un lugar real que Aira seguramente conocía, ya que nació en Coronel Pringles, localidad cercana y ya de más entidad. El relato se centra en los recuerdos de quien fue un niño en El Pensamiento, justamente el año anterior a emigrar a la pequeña ciudad vecina.
La llegada de un joven preceptor y la misteriosa desaparición de una locomotora son los hilos conductores de la historia. Si es que se puede llamar así, porque lo que tenemos son multitud de imágenes, sonidos y sensaciones grabadas en el recuerdo del niño, percepciones de un mundo visto desde su óptica, de dimensiones ajustadas a su escala, y de una ingenuidad que muy poco a poco va cediendo al contacto con el mundo adulto. La memoria se va entrelazando con la fantasía (el ángel que rellena los tinteros al amanecer), el descubrimiento de pequeñas claves racionales (las vías que parecen juntarse en la lejanía) o de pautas de comportamiento (el grupo en un picnic), mientras el autor se deja a ratos llevar por algo próximo a la prosa poética.
Pero, claro, es César Aira, y ese ramalazo dura poco, porque donde disfruta de verdad es integrando propuestas dispares, sin orden aparente, simplemente porque fluyen así, aparecen y desaparecen dejando al lector en una deliciosa duda. Así, el relato parece cobrar vida propia ofreciendo variantes posibles que quizá no conduzcan a nada, pero que dejan la sensación de literatura de gran nivel, y el mismo lenguaje se transforma en pocas líneas de algo que roza el surrealismo a la aspereza de un catálogo técnico. El relato se asoma al pasado del niño incluso físicamente, como observando un pequeño escenario de juguete en el que podría interactuar. Todo es un moderado placer en el que ya importa poco la historia de la aldea ferroviaria, y nos basta con disfrutar de la frase exacta, del quiebro sutil e inesperado o de la atmósfera tenue de un pasado en blanco y negro, hasta que el autor nos vuelve a sorprender con un final algo abrupto que le deja a uno estupefacto.
Estaba pensando que para César Aira esto de escribir libros debe ser una especie de juego, algo a lo que él juega desde luego muy bien, a base de ir soltando textos casi siempre muy breves donde se explaya como a él le apetece, ahora más bromista, luego más metaliterario, después más poético o reflexivo. Tiene repertorio, mucho, creatividad, a toneladas, escribe magníficamente y domina los resortes, de manera que todo le sale bien. Pero a uno le queda la duda de saber lo que daría de sí levantando algo de más empaque, una historia menos espontánea y más elaborada. Puede que de esta forma se convirtiese en un autor más convencional y se perdiese así la gracia de lo que hace. O tal vez podríamos descubrir a un absoluto genio que sumar a la lista de seis, ocho o diez autores latinoamericanos top que podamos tener en la cabeza. Podría ser una cosa o la contraria, veríamos, pero lo cierto es que don César no parece que esté por la labor.
lunes, 6 de octubre de 2025
Agustina Bazterrica: Diecinueve garras y un pájaro oscuro
Año de publicación: 2020
Valoración: entre recomendable y está bien
Libro de relatos -diecinueve, claro; lo del "pájaro oscuro"... en fin, hay que leerlo para comprenderlo-, fruto de la perturbadora pluma de la argentina Agustina Bazterrica. Relatos cortos, por lo general, y de estilo y resultado bastante desigual, aunque todos comparten un tono inquietante, más o menos explícito y, en conjunto, dejan un poso de intranquilidad o, cuando menos, cierto incomodo. No obstante, quizá (o al menos en mi opinión), los relatos más logrados que nos presenta esta compilación sean aquéllos con una vocación humorística más evidente: me refiero, por ejemplo a Rosa Bombón, escrito en forma de instrucciones para superar una ruptura amorosa; Anita y la felicidad -historia de amor entre un tal Pablo y su novia Anita, que él sospecha que es un alien- y Teicher vs. Nietzsche, la enemistad entre un hincha de Boca y el gato de su ex-mujer.
También con un componente de humor, pero resultados menos satisfactorios, creo yo, encontramos Sin lágrimas, que cuenta el soterrado duelo entre un tipo que acude a los funerales de desconocidos para hacer reír a la gente y una mujer que acude para explayarse llorando a gusto; Roberto, donde una niña nos explica que tiene un conejo entre las piernas (sic) y La continuada igualdad de la circunferencia, en el que la inclinación surrealista del relato deviene un tanto gore...
Hay otros cuentos en los que el humor no está presente -en algún caso, más bien todo lo contrario- o no de forma tan evidente, pero cuyo resultado también es notable e incluso excelente: hablo, en concreto, del que abre el libro, Las cajas de Unamuno, en el que la pasajera de un taxi especula con que el taxista sea un asesino en serio (nada que ver con el escritor bilbaíno, en principio); Lavavajillas, donde una acomodada joven que vive en la Nueva York de los años 60 ve la realidad de una forma muy distinta a los demás; la muy tremenda Tierra, que cuenta la desesperación de una niña junto a la tumba de su padre; la excelente, para mi gusto, Arquitectura, nada más -y nada menos- que la descripción y definición de una iglesia y, sobre todo, el último y angustioso cuento (y uno de los mejores del libro) Las solitarias, en el que una mujer queda atrapada sola en el metro -el subte, para ser más exacto- en Nochevieja.
Por último, encontramos una serie de relatos cuyo resultado deja más que desear, a mi entender, aunque hay que reconocer que en muchos de ellos -también en algunos de los anteriores- Bazterrica ha explorado o, cuando menos, jugado con el aspecto formal -de todas maneras, en general esta escritora tiene cierta tendencia a narrarnos sus historias desde puntos de vista u ópticas inusuales-; esta originalidad a veces juega en favor de los relatos y otras, no tanto, pero es de justicia reconocerle el mérito (al menos yo lo juzgo como tal). Sería el caso de Elena-Marie Sandoz, donde utiliza la enfermiza tendencia a la repetición del protagonista y narrador. En Simetría perfecta, nos detalla cómo un tipo cocina un plato, pero no entendemos el sentido del relato hasta casi el final, mientras que Los muertos está contado por un niño que ha perdido a su madre. Por fin, encontramos también el abarrocamiento estilístico de Infierno y La lentitud del placer (esto... ¿Cuántos relatos llevo ya?), el tremendismo de Un agujero esconde una casa (vale, diecisiete), la desolación, en segunda persona, de Un sonido liviano, rápido y espantoso (dieciocho, ya casi...) y el simbolismo onírico del microrrelato El aliento del lobo (diecinueve).,
Bueno, pues ya estaría.
También de Agustina Bazterrica y reseñados en Un Libro Al Día: Cadáver exquisito, Las indignas

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