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lunes, 3 de agosto de 2026

Marina Tena Tena: Una casa sobre tus huesos

Idioma original: Español
Año de publicación: 2023
Valoración: Se deja leer < Está bien

Una casa sobre tus huesos, de Marina Tena Tena, ganó el I Premio Lestat organizado por la editorial Dimensiones Ocultas. Es una novela corta de terror que, a la manera de Angela Carter, adapta el cuento gótico de Barbazul. La protagoniza una niña perversa que recuerda vagamente a la Merricat Blackwood de Shirley Jackson. 

Si bien empieza fuerte y tiene intuiciones narrativas reivindicables (por ejemplo, su atmósfera o su leimotiv de las mentiras), se dilata en exceso, la adorna un toque poético no siempre bien integrado, entrega respuestas algo anticlimáticas y queda a la sombra de la literatura a la que homenajea. 

Narra la historia de Marga, una huérfana de madre que vive aislada del mundo con su padre en una casa protegida por altos muros de piedra y rodeada por un frondoso bosque. Marga tiene dos cosas terminantemente prohibidas: traspasar los muros que envuelven su casa y entrar en la habitación roja.

Ya he dicho que Una casa sobre tus huesos tiene varias virtudes: su inicio es muy potente, su atmósfera está bastante lograda y su prosa exhibe destellos líricos. A eso hay que añadir que tiene un par de escenas genuinamente impactantes. No obstante, creo que la novela desperdicia algunas de sus ideas, se antoja reiterativa a partir de su segunda mitad y se cierra sin mucha fuerza.

Sea como fuere, pese a sus defectillos y limitaciones resulta, gracias a su brevedad y modestas pretensiones, una lectura entretenida. Yo personalmente le seguiré la pista a su autora, muy prolífica pese a su juventud, cuyas premisas suelen por lo general llamarme la atención.

jueves, 16 de julio de 2026

Cristina Fernández Cubas: Lo que no se ve

Idioma original: Español  
Año de publicación: 2025
Valoración: Está bien
  
Lo que no se ve agrupa seis relatos de Cristina Fernández Cubas, escritora española que suele bordear el género fantástico y es conocida por sus ficciones sutilmente inquietantes. 

Aunque, a mi juicio, ninguna de las piezas de esta colección está a la altura de las obras maestras de la autora, todas son cuanto menos solventes, e incluso algunas ostentan una chispa. Las hermana su querencia por lo desasosegante, y, exceptuando a "¿De qué se habla en las fiestas?" y "La hermana china", la insinuación de que algo sobrenatural puede estar sucediendo.

Analicemos uno a uno los relatos de Lo que no se ve:

En "Tú Joan, yo Bette", dos hermanas ya ancianas juegan a representar su película favorita de juventud, atrayendo en el proceso a una presencia ominosa. Historia que tiene una escena espeluznante y un desenlace perturbador. A mi juicio, de lo mejor del conjunto.

En "¿De qué se habla en las fiestas?", una chica descubre su propia crueldad al analizar su relación con su compañera del instituto. Historia funcional, aunque demasiado simple.

En "Momonio", una mujer que evoca sus años universitarios recuerda cómo su grupo de amigos se desmanteló cuando intentaron invocar al Otro durante una borrachera. Quizá la historia que más me ha decepcionado del volumen, aunque admito que es porque pensaba que iba en una dirección y al final se acaba decantando por otra igual de válida pero que se antoja menos cruda y más formulaica.

En "La hermana china", dos hermanas con nombres de plantas ejercen la una sobre la otra un efecto harto curioso. Historia funcional, aunque demasiado simple.

En "Il Buco", un hombre maduro que ha viajado a una ciudad italiana para acompañar a su joven pareja accede a la zona en obras de una catedral, donde recibirá un mandato con consecuencias imprevistas. Historia que tiene una imaginería sugerente y unas implicaciones interesantes para el protagonista. A mi juicio, de lo mejor del conjunto.

En "Candela Viva", una mujer descubre, tras estar a punto de ser atropellada, que en su barrio hay un establecimiento muy singular. Efectivo, sobre todo en la creación de su atmósfera, aunque demasiado simple y lineal para mi gusto.

Resumiendo: los seis relatos de Lo que no se ve están bien. Sin embargo, palidecen al enfrentarlos a otros de Fernández Cubas, y sólo dos de ellos me parecen verdaderamente destacables.


También de Cristina Fernández Cubas en ULAD: Aquí

lunes, 13 de julio de 2026

Moa Romanova: Todo mal

Idioma original: sueco

Título original: Alltid fucka upp

Año de publicación: 2024

Traducción: Alba Pagán

Valoración: Está bien


De vez en cuando me gusta darme una vuelta por el mundo de la novela gráfica (cómic, o como quiera llamarse), que es un género que desconozco casi por completo. Y la verdad es que casi todo lo que ha caído en mis manos parece tener unos rasgos comunes bastante marcados: tono sombrío, soledad, violencia, problemas de identidad, falta de alternativas, lo que sería un punto de vista punk manifestado con frecuencia en un lenguaje expresionista. Supongo que tiene sentido si consideramos que el cómic pertenece básicamente a un ecosistema juvenil, y por tanto tiende a mostrar las amenazas que ese público siente sobre sí.

Por ese mismo camino se mueve este libro de la artista sueca Moa Romanova, subtitulado Un cómic goblin (Goblin girl en la versión inglesa), entendiendo goblin, digo yo, mejor en la acepción más urbana de vago o apático (le iría muy bien al Oblómov del que hablábamos hace unos días) que en la relacionada con la delincuencia, que de eso no hay aquí apenas nada. Moa, que parece autorretratarse en esta historia, es una chica joven, inadaptada y con cierto rasgo depresivo, que conoce por Tinder o similar a un famosillo cincuentón. Aunque este le ofrece financiar su actividad artística a cambio de nada, Moa no ve que esa relación le saque de su atonía, sino que más bien está contribuyendo a aumentar su confusión. Consejos de amigas, algunas fiestas y decisiones contradictorias forman el paisaje de la protagonista, posiblemente con algún problema de salud mental, o eso parece, pero también muy marcada por algo así como una pérdida absoluta de brújula con que orientarse.

Ni el personaje ni su situación son por tanto demasiado rompedores, ni siquiera novedosos, pero está bien transmitido ese ambiente de soledad profunda, incomodidad consigo misma y con el mundo. La sensación de camino sin salida o de laberinto incomprensible no conducen sin embargo a la desesperación, como podría esperarse, sino a una situación ciega, una especie de stand by en el que dibujar (de alguna manera autorretratarse) no parece siquiera una escapatoria, sino un simple acompañamiento.

Poco puedo decir del aspecto gráfico, que parece adoptar una especie de feísmo quizá para expresar con mayor contundencia el vacío y el desconcierto que rezuma todo el relato. No es por tanto una estética amable pero sí eficaz, porque rebosa expresividad solo a base de pequeños rasgos faciales, algo que me parece bastante meritorio. La atmósfera es en general oscura y algo desolada, lo que se subraya mediante unos cuantos planos amplios llenos de soledad, y apenas un par de tonos pálidos (rosa, azul) que se combinan con el blanco y negro básico.

Me parece entonces un relato correcto, sin más, que vuelve a incidir en temas clásicos, con un enfoque quizá más intimista y menos desgarrado de lo habitual, al que se agradece que evite ciertos excesos y la tentación de soluciones efectistas y demasiado fáciles.


viernes, 19 de junio de 2026

Luis Guallar: Cara de Muerto

Idioma original: Español
Año de publicación: 2014
Recomendable: Está bien

La editorial Tyrannosaurus Books tenía una colección harto curiosa. Se llamaba Monsters Unleashed y pretendía trasladar al papel la experiencia de estar viendo una película "grindhouse" a través de novelas "pulp" donde aparecieran monstruos de la literatura de terror clásica recontextualizados en ambientes y desarrollos propios del cine "explotation".

Y vaya si Cara de Muerto logra esto con creces, al llevar a la criatura creada por el doctor Frankenstein al Texas del lejano Oeste, enfrentarlo a marshalls y criminales, hacerle llevar sombrero y enseñarle a manejar armas de fuego.

Así pues, Cara de Muerto es una novela que da lo que promete: mezcla de "western" y terror, múltiples referencias a los amantes del segundo género, abundantes dosis de acción trepidante, sangre caudalosa y humor desacomplejado, personajes simples pero carismáticos y una prosa sencilla pero efectiva. Si uno acude a ella con las expectativas  adecuadas, la disfrutará sobremanera.

Ciertamente, el conjunto podría pulirse un pelín. La prosa, aunque ya digo que sobradamente efectiva, es mejorable en determinados pasajes, pues acusa de algunas repeticiones intrusivas y abusa del adjetivo «castigado». En cuanto al argumento, si bien funciona a la perfección a la hora de entregar escenas sangrientas e hilarantes y lograr que cojamos cariño al elenco protagónico, presenta una revelación que, al menos a mi juicio, era demasiado previsible.

Sea como fuere, Cara de Muerto es una novela simpática, extravagante y desacomplejada que cumple con lo que promete. Poco más, pienso yo, podemos pedir los fans del género de terror a sus iteraciones lúdicas sin otra pretensión que entretener.

jueves, 28 de mayo de 2026

Knut Hamsun: Por senderos que la maleza oculta

Idioma original: noruego
Título original: Paa gjengrodde stier
Traducción: Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo, para Nórdica
Año de publicación: 1949
Valoración: está bien


Sin querer entrar en el famoso y manido debate sobre si conviene separar autor y obra, en este caso es un tema inevitable puesto que el propio autor nos invita a ello en esta obra autobiográfica (y que sirve como colofón a su etapa literaria) en la que narra los últimos años de su vida, época durante la cual fue investigado por un delito de traición a la patria tras mostrar afinidad o simpatía hacia Hitler y el nazismo.

De esta manera, este relato autobiográfico empieza situándonos en el 26 de mayo de 1945, en Nørholm, cuando la policía acude al hogar de Hamsun para anunciarle un arresto domiciliario de treinta días, a los que sigue un ingreso a un hospital compuesto de un par de edificios (uno de los cuales es una pequeña casa en lo alto de un cerro) donde deberá hospedarse hasta el día de su juicio. Allí el autor pasa los días, sin demasiada distracción, afirmando que «leo, holgazaneo y hago solitarios». Sin embargo, al cabo de poco tiempo lo trasladan a Landvik, una residencia de ancianos, un cambio que no le desagrada y que confiesa que se trata de «un lugar ideal para mí. Puedo darme largos paseos sin que me digan nada de límites de la ciudad; aquí como, duermo y leo. También escribo un poco, pero no quiero mencionarlo para no irritar a nadie» (haciendo gala de su ácido sentido del humor, pues justamente estaba siendo investigado por sus escritos). A pesar de ello, no se encuentra plenamente a gusto, pues a diferencia de los ancianos que «solicitaron libremente el ingreso como el lugar más apropiado para pasar sus últimos días; yo, en cambio, he venido aquí con la ayuda de la policía, y estoy ingresado a la fuerza».

Con ello, este libro (indudablemente un texto menor dentro de la obra de Hamsun) muestra un autor en sus horas más bajas, en el último tramo de su vida cerca de los noventa años, una etapa que ya vive con cierto pesar y hastío, por su confinamiento, pero también por su estado físico, como muestra al afirmar que «estoy harto de mí mismo, no siento ningún deseo, ningún interés, ningún placer». Una rutina vital que contamina su obra, pues Hamsun admite sin reparo la nimiedad de los hechos que relata, justificándolo al afirmar que «todos los presos tienen que escribir sobre los dichosos sucesos de todos los días y esperar su sentencia, es lo único que tienen que hacer (…) por temor a lo que pudiera sucederme si escribiera sobre otra cosa»; un retiro vital y anímico envuelto de su día a día anodino, en el que «ahora lo que discutimos es el número de escalones de las escaleras, quién puede subirlas o bajarlas sin bastón, quién puede subirlas o bajarlas de dos en dos». Tampoco le acompaña su deteriorado estado físico para combatir tal hartazgo y aburrimiento, pues le afecta no únicamente en lo tocante a la sordera sino también a sus acuciantes problemas de vista. 

A pesar del tono bajo que utiliza en este texto, el autor nos deja pinceladas de su marcada personalidad, demostrando de nuevo el agrio sentido del humor que transmite en sus obras, y un fuerte carácter que demuestra en este caso por su indocilidad al sospechar que la intención del fiscal es que se considere demente y por tanto no responsable de sus actos, a lo que él combate y se reafirma en su responsabilidad porque confía en que el tiempo le dará la razón en su absolución. Así, considera que el aplazamiento de su juicio es un intento de especular con su vejez para evitar que se lleve a término, pues cree firmemente que saldrá ileso a pesar de que recela de la opinión de la gente y admite que «me vienen muy bien poder estará a solas conmigo mismo y no tener que preguntar una y otra vez qué me dice la gente».

Es innegable que el interés de este relato radica principalmente en conocer la etapa final del autor y en cómo pasa esos últimos años de su vida en una situación rutinaria, anodina y en evidente declive, esperando la sentencia del juicio que, a su modo de ver, debe absolverle. Y, con ello, probablemente la parte más interesante de esta obra es su tramo final en la que el autor transcribe su alegato de defensa basada en que las aproximaciones hacia el régimen de Hitler tenían como propósito conseguir situar a Noruega «en un lugar destacado de esa sociedad germánica mundial que se estaba fraguando». Así, según su opinión, su único propósito era conseguir un país mejor, aunque admite a su pesar que su actitud «no me llevó a nada bueno (…) me llevó a que ante los ojos y corazones de todo el mundo yo estaba traicionando a esa Noruega que quería elevar». Si eso es cierto o no, si ese era realmente su principal motivo e intención, cada cuál juzgará. Pero aquí hemos venido a valorar su obra y, en este caso, aunque no sea su mejor texto, sí sirve para conocer los últimos años de un autor que nos ha dejado obras encomiables como «Hambre» que quedarán para siempre en la historia de la gran literatura.

domingo, 24 de mayo de 2026

Víctor Amat: Psicología punk

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2022

Valoración: Está bien


Empezamos mal, con una segunda persona del singular que interpela al lector. No me gusta, ni siquiera aunque se utilizase como recurso literario, esa familiaridad para tratar a alguien que tiene tu libro en sus manos, lo que para ti, autor, debería ser motivo suficiente para mantener cierta distancia que no incluye tutearle ni compartir confidencias. Tampoco me agrada ese colegueo con el que se da la impresión de estar dirigiéndose a un adolescente, aderezado con un supuesto lenguaje de calle que con frecuencia recurre a los flipar, chungo, monguer o cagarla. Claro que Victor Amat (pone Victor sin tilde, y yo se lo respeto) hace uso de este instrumental para buscar a) cercanía al lector, como alguien que te habla acodado en la barra del bar, y b) cierta aura transgresora que se corresponde con eso de la psicología punk, que viene a ser una marca de la casa que le gusta pasear por el mundo.

Bueno, que tampoco se me enfade este señor, que fue boxeador profesional, lo cual le otorga un plus de respetabilidad además, también es verdad, de aportar una nota diferencial, que tampoco es frecuente encontrarse reunidas en una misma persona las figuras de psicólogo, boxeador y divulgador. 

Yendo por fin al grano podemos decir que el libro se inscribe en el subgénero, todavía poco concurrido aunque creciente, de los libros de autoayuda que abominan de los libros de autoayuda. Ya topé con otro hace tiempo, aunque el tono de aquel era más gamberro y digamos menos profesional. Porque la idea que subyace en todo el libro de Amat es despreciar lo que llama pensamiento naif, el buenismo positivo de Mr. Wonderful y los mensajes optimistas y/o escapistas que inundan las redes, y centrarse en algo quizá menos reconfortante pero psicológicamente más sano: no podemos hacerlo todo bien aunque lo deseemos al máximo y pongamos todas nuestra fuerzas al servicio de nuestros sueños, tenemos que ser capaces de asumir nuestras limitaciones, llevar con dignidad el fracaso y aceptar los golpes que inevitablemente nos van a ir cayendo.

Es algo que me recuerda a la reflexión de un conocido escritor que en una entrevista dijo algo así como que el mundo es un lugar peligroso. Se refería desde luego a asuntos bastante diferentes, pero apunta en una dirección similar. La vida se compone de momentos buenos y malos, de gente que ayuda y mucha otra que te zancadillea con mala intención o incluso sin ella, de sucesos, algunos inevitables, que nos van a reventar las ilusiones y la estabilidad, y hay que aprender a encajar y tomarnos nuestro tiempo para digerirlo. Es posiblemente una perogrullada, pero es quizá algo que cuesta admitir, sobre todo a la vista de tanta basura con la que nos acosan, a veces solo para obtener visitas o likes, otras para convertirnos en consumidores felices que no dejen de gastar.

Insisto en que en general no me agrada el tono del texto, pero hay que reconocer que resulta eficaz para transmitir el mensaje y también, por qué no decirlo, que hay algunos momentos en que lo clava exponiendo problemas relacionales sobre los que nunca antes había leído, y atina muy bien por ejemplo desmontando algunas tonterías sobre el supuesto entorno laboral idílico de ciertas tecnológicas. Tengo la sensación de que el acento transgresor va siendo más marcado según nos acercamos al final, lo que transmite frescura y sinceridad, de manera que el libro, sin llegar a tener demasiada envergadura ni a desprenderse del todo, no sé si a su pesar, de la etiqueta de libro de autoayuda, parece un trabajo honesto del que a lo mejor puede uno obtener algún provecho.

P.D: Acabo de darme cuenta de lo horrible que queda esa cubierta con lo de 9,95, lo siento... pero no voy a ponerme a buscar otra.

domingo, 17 de mayo de 2026

Maylis de Kerangal: Canoas

Idioma originalFrancés

Título original: Canoës

Traducción: Javier Albiñana Serraín

Año de publicación: 2021

Valoración: Está bien

Hay un dicho que reza: “No hagas de tu pasión tu trabajo”. Supongo que muchos de los seguidores de este blog son apasionados de la lectura y, por extensión, algunos también de la escritura. Pero al leer este tipo de libros siempre me viene a la cabeza la misma cuestión: ¿de qué escribe alguien que se ve obligado a escribir?


Fuera de unos pocos escritores consagrados, que pueden vivir cómodamente de sus regalías, la mayoría de quienes han hecho de la escritura su profesión están, de una u otra manera, obligados a escribir, independientemente de la disciplina y de las imposiciones propias del oficio. Incluso yo me veo impelido a escribir esto bajo un estricto calendario.


Como un músico que, agotado en medio de una larga gira, sube al escenario y aun así da un buen espectáculo, este libro me parece una obra escrita bajo la inercia de la profesión. Canoas está pulcramente escrito, con frases que me parecieron muy bellas (“Mi centro de gravedad se ha desplazado unos centímetros”, dice una niña al darse cuenta de que está madurando) y con algunas ideas o cuestionamientos perspicaces. Pero si tuviera que describir este libro de cuentos con unas pocas palabras, estas serían: falto de inspiración.


Los cuentos (y una novela corta) comparten un leitmotiv: las canoas y las voces. Personas silenciadas, voces perdidas, voces que se buscan, que se graban, que se deforman o que apenas consiguen abrirse paso entre el ruido del mundo. En ese sentido, el libro tiene una unidad temática clara, incluso elegante. Sin embargo, esa misma unidad no siempre alcanza para sostener el interés. Hay relatos que parecen más ejercicios de estilo que verdaderas exploraciones narrativas; textos construidos alrededor de una imagen sugerente, pero que no terminan de adquirir cuerpo.


Mi cuento favorito es “Nevermore”, donde unas artistas sonoras, casi brujas, se dedican a ir recolectando voces. El cuento tiene un interesante guiño a El cuervo, de Poe, y quizá sea donde mejor se combinan la extrañeza, la musicalidad de la prosa y esa obsesión por la voz como huella íntima de una persona. Ahí sí sentí que la premisa encontraba una forma propia.


Maylis de Kerangal es una escritora multipremiada, y en Canoas se nota por qué: la precisión de la frase, el cuidado del ritmo, la inteligencia con la que observa ciertos gestos mínimos. Pero también se nota, al menos para mí, una cierta falta de necesidad. No es un mal libro, ni mucho menos; está escrito con una solvencia que muchos autores envidiarían, pero no solo de pan vive el hombre.


Canoas me dejó la impresión de una obra correcta, elegante, por momentos luminosa, pero rara vez urgente. Un libro que se lee con interés, aunque difícilmente con entusiasmo.

Otras obras de Maylis de Kerangal en ULAD: Reparar a los vivos

domingo, 10 de mayo de 2026

Luis Bustos: Meseta

Idioma: español

Año de publicación: 2026

Valoración: está bien

Cómic de reciente aparición del reputado ilustrador y guionista Luis Bustos, de inequívoco sabor hispánico, si bien adaptado a los tiempos actuales. Me explico: la premisa es bastante sugerente, puesto que nos cuenta un viaje en coche compartido (tipo BlaBlaCar o lo que sea) entre Barcelona y Madrid, justo la noche en la que las calles están convulsas porque se ha producido un asesinato político y una parte del Ejército y la ultraderecha  amenazan con un golpe de Estado. En el coche se juntan los jóvenes Pablo y Viri, con el conductor, Ramón, que resulta ser un trasunto no demasiado disimulado del ínclito José Luis Torrente (para quienes nos lean desde fuera de España y no conozcan a este personaje cinematográfico, mi más sincera enhorabuena). Hasta aquí se diría que la narración del viaje era una metáfora de "las dos Españas", algo que tanto juego literario y ensayístico ha dado a lo largo de, como poco, los últimos noventa  años,  pero resulta que cierto incidente obliga a los viajeros a desviarse de su ruta y buscar refugio en un lugar apartado y bastante peculiar, en el que la historia evoluciona hacia el género de terror y fantástico, aun sin perder el carácter alegórico sobre el momento político actual (que, en realidad, no es exclusivo del Reino de España, sino de buena parte del mundo. Y de hecho, yo casi diría que en España el enfrentamiento político no está tan enconado como en otros sitios).

Ningún problema sobre está lectura alegórica -quizá, tan sólo, que sea demasiado obvia-, así como ningún problema en que derive hacia lo fantástico/esotérico (incluso muy al contrario, por mi parte). Mis objeciones a esta novela gráfica van más hacia el aspecto puramente narrativo; en mi opinión, la historia avanza a un ritmo, no digo que moroso, pero tampoco demasiado rápido, durante la primera parte del libro -pongamos que su primer tercio-, para que luego, en un lapso de tiempo que no parece muy largo, se precipiten los acontecimientos llenos de acción y hasta bastante truculentos. Esa compresión de la acción hace que, inevitablemente, el autor deba tirar de tópicos y de soluciones previsibles para resolver las situaciones, con lo que el conjunto se resiente de un cierto déjà vu. Una lástima, porque la premisa prometía bastante, pero creo que habría que haber dejado respirar un poco más a la historia, darle espacio para desarrollar ciertos de sus elementos que hubieran enriquecido el conjunto y no caer en lo más esperable. 

Por otro lado, y aunque pueda parecer un objeción fútil o anecdótica, no acabo de ver el por qué del título de Meseta (*), que es donde se supone se encuentra el lugar en el que trascurre casi toda la acción. Pero es que entre Barcelona y Madrid lo que hay, sobre todo, es la comunidad de Aragón, que en la Meseta, precisamente no está (ya sé lo que me dirán en los comentarios, que en esa ruta también se encuentra Guadalajara, pero es que, por lo que parece en la trama, el desvío se produce bastante más lejos de la capital de España... llamadme tiquismiquis, si queréis). Entiendo que se trata de una licencia narrativa que no tiene mayor importancia... excepto porque quizás (y sin quizás) el título trata de aludir a la España más rancia, centralista y retrógrada, de la misma forma, sospecho,  que  veladamente tratan de insinuar algunas personas cuando usan el eufemístico "mesetario/a" para no decir "castellano/a" o, más directamente, "madrileño/a" (lo cual no dejaría de tener cierta guasa, puesto que Bustos es de Madrid). Sólo puedo decir que si alguien utiliza el término "mesetario" para insinuar tales connotaciones, frente a las que tendrían otras zonas del Reino de España, se entiende, ni conoce bien la Meseta ni tampoco el resto de los territorios de España, creo yo...

Por finalizar con los aspectos más positivos de este cómic, es cierto que la trama acaba siendo precipitada y con un montón de tropos previsibles, pero se lee con presteza y agrado, dejando un regusto final asaz satisfactorio. A lo que no es ajeno la estupenda factura de las ilustraciones, con un magistral uso del claroscuro, amén de una audaz y estimulante composición de las páginas, en especial las que tratan de la parte más fantástica de la historia. En resumen: una narración que podría haber sido más redonda de haberse dilatado más, pero que, no obstante, resulta lo suficientemente interesante e incluso, en algún momento, absorbente, para merecer su lectura.


(*) Para nuestros lectores/as quizás hispanics pero no spaniards: en la Península Ibérica hablamos de la Meseta para referirnos a la Meseta Central, llanura que se encuentra a unos 600-800 metros de altitud y dividida a su vez en dos submesetas, Norte y Sur. En la primera se encuentra la Comunidad Autónoma de Castilla y León y en la otra, las de Castilla-La Mancha, Madrid y Extremadura.

También de este autor y reseñados en Un Libro AL Día: ¡García! 1 y 2


domingo, 26 de abril de 2026

Eugène Ionesco: La cantante calva

Idioma original: francés

Título original: La cantatrice chauve

Año de publicación (estreno): 1950

Valoración: Está bien, curioso


Apenas le hemos dado espacio en este blog al ‘Teatro del absurdo’, etiqueta aplicada  desde mediados del siglo pasado a un pequeño grupo de autores que desafiaron las normas (qué cosa tan apetecible) de la construcción dramática para montar extrañas obras en las que las personas se convertían en rinocerontes o dos mendigos dialogaban sin sentido bajo un árbol. Aparte de provocar la risa, y esto no siempre, la sucesión de escenas ridículas y diálogos disparatados tenían siempre una capa más o menos oculta que el espectador estaba invitado a descubrir, por lo general reflexiones sobre la vida y sobre el ser humano, frecuentemente el problema de la comunicación, la soledad, la muerte o el destino, cosas así. Si la verdadera intención del autor era en verdad abrir la puerta a esas profundidades o solo sorprender con extravagancias es algo no tan fácil de descubrir y que además variará según el autor y según la obra.

La cantante calva fue uno de los primeros títulos en formar parte de ese pequeño contingente, y sus rasgos encajan desde luego con el modelo. Dos parejas (matrimonios) de la burguesía inglesa comparten una velada, y no parecen tener mucho que decirse. Lanzan por turnos frases a veces inconexas, o se enzarzan ligeramente en discusiones particulares sin sentido. Este tipo de conversación sirve para identificarlos enseguida como personajes ridículos, vacíos, y su limitación mueve rápidamente a la risa.

La entrada de un par de personajes más abre el abanico a nuevos diálogos, también absurdos, en los que, aunque a veces apetezca, tampoco creo que debamos intentar buscar mensajes ocultos. Es lo que llamaríamos ‘hablar por hablar’, cómo llenar minutos de una reunión aburrida emitiendo sonidos más que transmitiendo algo. 

Desde el punto de vista cómico el cuadro quizá nos despierte alguna pequeña carcajada, y en este punto habrá que reconocer que una buena puesta en escena y la gracia de unos actores inspirados pueden levantar el texto a un nivel muy superior al que obtenemos de la lectura. De manera que no me queda más remedio que reconocer que ante obras así la experiencia del teatro leído puede resultar bastante más pobre.

Si queremos profundizar un poco más, aparte de algún rasgo crítico más o menos visible (la exclusión clasista de la pobre criada, la fascinación por el uniforme, aunque sea de un bombero), lo que tenemos es claramente una representación plástica de la incomunicación, en este caso, en el seno de cierta sociedad burguesa británica, pero válida también para cualquier otro entorno. Estamos eventualmente juntos pero quizá no tenemos tanto en común, puede que el propio lenguaje sea un obstáculo para interactuar porque lo usamos mal, o puede que incluso nuestra propia naturaleza levante barreras convirtiéndonos en pequeñas islas, como sugería John Donne.

Abriendo un poco el foco sobre este teatro del absurdo en su conjunto podemos ver que en gran parte es esta la perspectiva dominante. Por eso dibujan personajes tan convencionales que se transforman en cosas extrañas, que simplemente esperan a alguien que no saben quién es o que, como en este caso, terminan gritándose frases repetidas y completamente vacías de significado.

P.S.: Esta obrita tuvo en principio uno o dos títulos diferentes, pero al parecer Ionesco lo cambió por el definitivo porque un actor pronunció mal una frase (es cerca del final) y sonó como ‘cantante calva’ lo que no lo era. Cómo les hubiera gustado a los surrealistas o a los Dadá este hecho de titular una obra con la expresión de un simple error. 

Otras obras de Eugène Ionesco reseñadas en ULADRinoceronte


miércoles, 15 de abril de 2026

Mark Alan Miller: El tañido

Idioma original: Inglés
Título original: D
Traducción: Óscar Mariscal
Año de publicación: 19
Valoración: Está bien

El tañido es un volumen que incluye una novela corta y tres relatos. Los cuatro textos, escritos por Mark Alan Miller, pertenecen al terror; los dos primeros, de hecho, se adscriben en la mitología de Hellraiser, famosa franquicia del género originada por Clive Barker.

Empecemos hablando de novela corta que da título al conjunto. Escrita por Mark Alan Miller a partir de una idea original de Barker, se sitúa entre dos obras de éste: como secuela del relato "El corazón condenado" y como antesala de la novela Los evangelios escarlata

Llegados a este punto, debo aclarar que El tañido se apega más al canon cinematográfico de Hellraiser que al literario, pues Kirsty, su protagonista, es, al igual que su contraparte fílmica, hija de Larry Cotton (llamado Rory en "El corazón condenado"), en vez de su amiga, como sucedía en el relato de Barker.

El tañido transcurre treinta años después de los eventos narrados en "El corazón condenado". Kirsty, la única superviviente de la tragedia de la calle Lodovico, lleva desde entonces huyendo del infierno y los cenobitas. Sin embargo, su reencuentro con el temible Pinhead parece inevitable.

Quizá mi mayor queja con esta novela corta es que promete un banquete a los fans de Hellraiser pero luego apenas desarrolla nada de lo que presenta. Apenas da unas pinceladas sobre la vida de fugitiva de Kirsty, ni nos explica cómo ha aprendido a defenderse, si bien precariamente, de los poderes que la acechan. Tampoco indaga en las motivaciones de los pocos personajes secundarios que recorren el texto; las de madame Rembert y Walter, por ejemplo, me resultaron demasiado confusas.

El tañido le pondría tres pegas más. Primero, que el one-liner que le dedica Kirsty a Walter no encaja con su carácter. Segundo, que Pinhead se siente menos misterioso e imponente de lo que debería, por ser demasiado emocional, por recurrir a los puños, al igual que hacía en Los evangelios escarlata, y por ser combatido físicamente. Y por último, y esto aplica también a los tres textos de Alan Miller restantes compilados en este volumen, por tener una prosa que, si bien es funcional, tiende a poner más párrafos de los necesarios, a la manera de ciertos bestsellers.

El tañido lo sigue "Preparando el nido", relato algo sencillo pero decente que se puede leer como una historia autoconclusiva pero que tiene conexión con el texto al que sucede. En él, una mujer que ha sido embestida por un camión descubre que se ha convertido en una puerta a otro mundo, y nosotros como lectores sabemos que está gestando a la hija de Pinhead.

El siguiente relato, "Un garito diferente", mantiene el tono fantástico del conjunto, pero elude el terror y se decanta por el humor. Aunque me ha parecido un pelín más largo de lo estrictamente necesario, es disfrutable si acudes a él con las expectativas adecuadas. Su protagonista, hastiado con la gente y el trabajo, se cree desde siempre destinado a algo grande, y el encuentro con un mundo de criaturas extrañas puede ser el inicio de su nueva vida. Lamentablemente, la juerga nocturna que se corre con un centauro y un cíborg no termina siendo la divertida aventura que esperaba.

Cierra el volumen el relato que más me ha gustado, titulado "Lo que el cuerpo expulsa". Si bien no me parece particularmente original o solvente, agradezco la modesta frescura de su premisa y el giro de tuerca que se guarda en la chistera. Sigue los pasos de un hombre que debe saciar su apetito sobrenatural por la sangre menstrual durante una noche movidita.

Resumiendo, El tañido es una antología disfrutable. Sin embargo, aunque gustará a los fans del terror en general, y a los del universo de Hellraiser en particular, si acuden a ella con las expectativas adecuadas, mentiría si dijera que no se queda corta en algunos aspectos.

miércoles, 8 de abril de 2026

Kenji Ueda: Los secretos de la papelería Shihodo

Idioma original: japonés

Título original: 銀座「四宝堂」文房具店

Traducción: David Aguilar Gutiérrez

Año de publicación: 2025

Valoración: Está bien


En una elegante zona comercial de Tokio, el señor Takarada regenta una papelería, negocio que ahora mismo parece en vías de extinción, o al menos de reconversión hacia productos industriales masivos, regalos o merchandising. Cuando el mundo gira, en aparente camino sin retorno, hacia lo digital, en ese pequeño rincón se continúa cuidando los viejos productos, papel de diversos gramajes y rayados, sobres a juego, estilográficas y lápices con punta de pincel, cuadernos de diferentes formatos según el uso y la ocasión. En el piso superior hay incluso anaqueles con material reservado a situaciones especiales y un venerable escritorio donde el cliente puede redactar sus misivas alejado del mundo mientras saborea un té.

El escenario no puede ser más idóneo para el improbable supuesto de que alguien se decida a escribir, a mano y en papel, una carta a alguien especial que merece algo más que unas flores o un presente, alguien con quien quizá tenemos una cuenta pendiente que solo se puede saldar abriendo el corazón. Improbable pero posible, y aquí Ueda nos deja algunos casos: el oficinista que escribe a la abuela con quien se crio, la señorita de compañía que agradece a la madame sus enseñanzas para abrirse paso en la vida, la joven deportista enamorada del compañero de equipo, el empresario un poco calavera que intenta redimir sus deslices, o el cocinero que recuerda a su antiguo mentor. Personajes agradecidos, enamorados, arrepentidos, con relaciones que se mantienen, empiezan o terminan, pero que necesitan para expresarse el cauce que les proporciona la papelería Shihodo, con su calma y sus materiales nobles.

Cada uno de los cinco protagonistas termina, más pronto que tarde, contando su pequeña historia al señor Takarada, que escucha con paciencia e incluso se permite intervenir para intentar restaurar lo dañado, para lo que pone al servicio del cliente los productos más adecuados. Fluye la caligrafía y, cómo no, también las lágrimas, que el escribiente derrama sobre los ideogramas, porque estas son historias, ya lo habrán adivinado, saturadas de buenos sentimientos, recuerdos intensos e incomprensiones a superar. Estamos en terreno del feelgood, relatos amables en los que ningún personaje baja del aprobado en moralidad, y los desencuentros que genera la vida pueden, y deben, ser reparados con un arranque de sinceridad que se vacía en las tintas y los papeles de Takarada. 

El estilo con que lo expone Ueda hay que reconocer que va en perfecta consonancia con el contenido: prosa limpia, casi colegial, sin artificio de ninguna clase y explicándolo todo, lo que proporciona una sensación agradable siempre que uno no sea muy exigente con la técnica literaria. De esta forma, cuando se vuelve a casa después de un día de trabajo, o se disfruta de un ratito relajado el fin de semana, da gusto, hay que reconocerlo, tener en las manos algo tranquilo y afable, que se lee sin esfuerzo, pequeñas historias llenas de sentimientos nobles y errores disculpables, envuelto en la atmósfera casi mística de una vieja papelería donde se venden objetos periclitados por la modernidad.

El mundo parece más acogedor, recupera uno la confianza en el ser humano porque todavía quedan por ahí gentes generosas y agradecidas que buscan la mejor forma de hacer sentir bien a sus semejantes, lavar pequeñas culpas o apostar por una vida plena. El señor Takarada, siempre dispuesto, más ángel que comerciante, les ayudará a ellos y al lector mismo, que acabará sintiendo una especie de paz momentánea. Un lector que no habrá leído un gran libro ni habrá tenido que esforzarse en encontrar claves ocultas, pero bueno, de vez en cuando y sin abusar tampoco es malo dejarse llevar por la comodidad y los sentimientos puros.


miércoles, 1 de abril de 2026

Bernhard Schlink: El regreso

 Idioma original: alemán

Título original: Die Heimkehr

Traducción: Rosa Pilar Blanco

Año de publicación: 2007

Valoración: Está bien

Quizás, a primera vista, no les suene a ustedes el nombre del autor de este libro. Para ponerles un poco en contexto, Schlink escribió El lector que, sin duda, muchos de ustedes conocerán, bien por el libro, bien por su exitosa adaptación cinematográfica.

Schlink es escritor y jurista y, sin duda, esta ambivalencia provoca que, en muchos casos, la justicia, la culpa y la lucha entre el bien y el mal impregnen sus novelas, que se editan con regularidad en nuestro país.

En el caso de El regreso nos encontramos con la historia de un niño que, durante unas vacaciones con sus abuelos que se dedican a revisar galeradas para editar novelas baratas, descubre el manuscrito de un texto en el que un soldado alemán, que ha estado prisionero en Rusia, vuelve a su casa después de la guerra y descubre que su mujer tiene un niño y vive con otro hombre. La historia queda grabada en el subconsciente del niño, que crece y se convierte en editor literario. En un momento de crisis vital, puesto que su matrimonio ha fracasado y su trabajo no le motiva, decide agarrarse a la vieja historia y emprende una búsqueda tanto de los protagonistas como del autor de la novela. En ese contexto descubre que los relatos de soldados que vuelven al hogar tras la guerra son un género bastante habitual en la posguerra. Nuestro protagonista nunca conoció a su padre porque murió en la guerra y comienza a encontrar excesivas semejanzas entre lo que sucede en la novela y su propia vida.

Aquí el escritor alemán traza un paralelismo entre las circunstancias de la vuelta de esos soldados a su hogar  y el dilatado regreso de Ulises a Ítaca. Pone en boca del protagonista reflexiones sobre lo que significa el regreso y el deseo de venganza de los soldados que vuelven a su hogar y encuentran que su sitio está ocupado por un intruso, y lo equipara con la venganza que comete Ulises al volver a Ítaca y matar a los pretendientes de Penélope. Siendo estas reflexiones interesantes y oportunas con lo que nos quiere transmitir el autor, suponen un freno en el desarrollo de la historia que hace que nos distanciemos de la misma.

En una búsqueda que se antoja un tanto improbable, puesto que nuestro protagonista localiza de forma un tanto inverosímil tanto documentos como personas que pudieron coexistir con el autor del libro de su infancia,  va descubriendo inquietantes detalles sobre la vida de su padre y entiende que su madre no le ha contado toda la verdad sobre la vida y la muerte de su progenitor. La historia inicia un giro sorprendente, aunque previsible, y desemboca en un  final atropellado que no hace justicia al prometedor inicio de la novela.

Schlink desarrolla una novela de intriga, bien escrita y con una prosa correcta, aunque un poco fría y demasiado analítica. Se deja leer, pero no entusiasma. El autor alemán dilata los acontecimientos en demasía, de tal manera que las continuas reflexiones filosóficas y pseudojurídicas sitúan la novela en muchas ocasiones al borde del ensayo, para al final no ser una cosa ni la otra.  Quizás con cien páginas menos hubiera conseguido concentrar lo que nos quiere transmitir, saldríamos mucho más satisfechos de esta lectura y subiríamos un escalón en la valoración de esta novela.


También en Ulad: El lector


martes, 24 de marzo de 2026

Josep Pla: La calle estrecha

Idioma original: catalán
Título original: El carrer estret
Año de publicación: 1951
Valoración: está bien


A veces, em medio de la vorágine prolífica de novedades que inundan librerías, redes sociales y medios de comunicación, hay que saber tomar un respiro. Y volver a los clásicos. Y, entre ellos, uno de los que tenía pendientes era Josep Pla, autor referente de la literatura catalana y uno de sus más importantes representantes en el siglo XX.

El autor, hábil cronista de la sociedad y dotado de una fina ironía, empieza con una rotunda declaración de principios artísticos en este texto a caballo entre novela y crónica social, y que el propio autor reafirma al declarar que «el hecho de que el público crea que les novelas deban tener un argumento no significa que la vida tenga uno. Esta necesidad del público es la que demuestra que la vida transportada el plano literario es una segregación informe, caótica, de imágenes. La fatiga que produce este desbarajuste incesante e incomprensible es el que hace desear una ordenación y una coherencia, a pesar de que sea artificial y totalmente inverosímil». Así, el autor ya deja claro lo que nos encontraremos (y también lo que no) en este texto y establece su intencionalidad y propósito a la hora de escribir este libro.

Fiel a su estilo característico basado en el retrato de la sociedad catalana de su época, Josep Pla despliega sus recursos literarios consistentes en la simplicidad, accesibilidad y claridad, para mirar y narrar la sociedad con un punto de ironía, pues su prosa destaca por la aparente sencillez de un lenguaje que, si bien denota que es de otra época, consigue que fluya de manera natural para desarrollar un argumento que es en sí de una diáfana llaneza: un señor de mediana edad se traslada a vivir a una pequeña localidad para ejercer como veterinario del pueblo tras la defunción de su antiguo encargado. Para ello, se establece en primer lugar en una pequeña posada, pero tras hablar con la viuda del veterinario decide instalarse en un piso situado en una calle pequeña del pueblo. A partir de esta sencilla premisa, el protagonista (narrador en primera persona) nos relata su día a día, sus conversaciones con la gente del pueblo y sus reflexiones sobre los aspectos cotidianos. 

Con un lenguaje sencillo y afable, como si fuera nuestro abuelo el que nos contara la vida de tiempos pasados, el autor nos traslada el día a día de un pueblo y lo hace con mucha cercanía y altas dosis de cotidianidad en una lectura que se hace entrañable, amena y próxima, mientras a su vez hace un retrato de las clases sociales existentes: burguesía, payeses, clase obrera. Así, el libro refleja las costumbres de los pequeños pueblos y su día a día, ocupando el tiempo con sus habladurías, sus pequeños intereses, chismorreos y pequeños acontecimientos. La vida que refleja es la propia de esas pequeñas aldeas, donde el peso del relato recae más en los pequeños detalles del día a día y las conversaciones que suscitan que no en una historia de peso que sostenga la narración. A su vez, y a través de estas pequeñas situaciones cotidianas, el autor también refleja las costumbres propias de la época como, por ejemplo, el hecho de que se espere que las mujeres encuentren marido y formen una familia, algo que se evidencia cuando, ante una mujer joven, uno de los personajes» le comenta que «te conviene (…) es buen chico. Tiene un oficio. Es trabajador». Por contra, aquellas mujeres solteras parecen incomodar al resto del pueblo que las ve no sé si como una amenaza o como un elemento ajeno a la sociedad.

Así, con un ritmo pausado, contemplativo (aunque quizás demasiado rutinario), Josep Pla se entretiene en la vida de las personas, en sus movimientos, en sus idas y venidas en los que se percibe ese elemento de secreto y de misterio de los pequeños pueblos que se nutre de suspicacias y recelos,  algo que uno consigue ocultar con el más simulado interés en las grandes ciudades (porque la propia densidad humana hace que los misterios que arrastran las personas sean invisibles), pero que en los pueblos donde el mundo se conoce es más difícil pues las noticias reales (o especialmente las imaginadas) que uno tiene de la otra gente son abundantes, innumerables y causa que en la vida en un pueblo uno tenga la sensación de sentirse observado, de sentir que existen siempre unos ojos que nos miran diluyendo así la vida privada y generando una atmósfera que para algunos es motivo de distracción mientras para otras es de asfixia especialmente para los recién llegados, algo que el protagonista constata «cuando uno cae en un pueblo en una de estas reuniones formadas por vivos. La forastería queda muy remarcada. El forastero tiene un aire de intruso en los primeros días es aceptado porque la novedad que implica su presencia distrae» porque «no hay ningún ser humano no hay nada que esté totalmente desprovisto de interés el teatro del mundo tan basto y diverso, tan matizado y sorprendente que sacar un rato cada día la cabeza por la ventana constituye un inagotable divertimento».

Con todo ello, y a pesar de que no se trata del tipo de literatura que acostumbro a leer y no es de las que encajaría dentro de mis preferencias (de ahí la valoración), sí que destaco de esta lectura la ironía que despierta Josep Pla a la hora de retratar los diferentes personajes que pueden existir en un pueblo pequeño, pues el autor afina su crítica cuando la dirige a ciertos aspectos a la sociedad, ya sea los chismosos, los que van de sabios, los ricos, los que tienen aspiraciones. El actor es hábil en la crítica y tiene momentos realmente ácidos y punzantes cuando dirige su mirada a estos personajes en un texto que va de menos a más de manera análoga a lo que le sucede a su protagonista, y es que uno al leerlo tiene sensación de que primero tiene que tomar el pulso al pueblo y después, una vez ya entra en conocimiento de las diferentes circunstancias y situaciones, puede empezar a ver los matices de cada uno de los personajes. Por ello, la lectura se disfruta realmente cuando ya el lector se ha puesto en situación y puede ver con los ojos del mismo protagonista las diferentes tipologías de ciudadanos y sus puntos fuertes y, especialmente, los débiles.

También de Josep Pla en ULAD: Viaje en autobúsUn viaje frustrado / Contrabando

sábado, 21 de marzo de 2026

Jordi Sevilla: Manifiesto por una democracia radical

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2024

Valoración: Está bien


Mientras escribo esto, hace ya algún tiempo, me entero de que Jordi Sevilla, que fue ministro y asesor del expresidente Rodríguez Zapatero, está presentando un manifiesto (que no es este del que vamos a hablar) de carácter crítico con la trayectoria reciente de su partido, lo que, como era de esperar, le ha supuesto empezar a recibir palos de algunos dirigentes poca dados al debate y la reflexión. Así que parece que a nuestro autor de hoy le gusta eso de escribir manifiestos y presentar propuestas o puntos de vista personales sobre la política, el mercado, el socialismo o la situación internacional, lo que se puede corroborar observando su bibliografía de los últimos diez o quince años.

El pasado 2024 Sevilla publicó este Manifiesto por una democracia radical de sonoro título que, qué quieren que les diga, tiene el aspecto de algo refrescante y vitamínico en este comienzo de 2026 cuando todo parece encresparse hasta el límite, vemos tambalearse la convivencia y desaparecer las estabilidades de décadas pasadas, arrastradas por la polarización, la corrupción y la mentira. Sin ánimo de ponerme apocalíptico, cuando los adversarios o discrepantes se convierten en enemigos a eliminar (aunque sea, de momento,  políticamente) y el mundo pasa a ser gobernado por payasos sin escrúpulos y con muchas armas, que alguien hable de recuperar principios y superar trincheras merece por lo menos unas horas de lectura.

Lo más valioso del libro es en mi opinión el análisis, que seguro que Sevilla ya ha expuesto en algún texto anterior, sobre cómo hemos llegado hasta aquí. Me parece brillante su exposición sobre la ‘revolución’ conservadora de los años 80-90 del siglo pasado, el derrumbe del sistema soviético y la convicción, bastante generalizada, de que finalmente el capitalismo (en su versión más feroz) había finalmente triunfado en el mundo. Desregulación y globalización traerían progresivamente y de manera natural la democracia al mundo entero, y así, tan sencillo, parecía llegado el ‘fin de la Historia’. 

Otra cosa es que todo esto, que tampoco tenía en cuenta la cultura y la idiosincrasia de más allá de las fronteras de Occidente, se fuese fraguando en manos de un mercado salvaje que no tardó mucho en reventar las costuras con la crisis financiera de 2008, que dejó millones de damnificados en las clases medias y trabajadoras, germen de algunos fenómenos que después han seguido engordando. El principal de ellos el populismo, al que el autor dedica buen número de páginas, y sobre el que no creo necesarias mayores explicaciones: también de izquierdas, pero sobre todo de ultraderecha, es una ola que recoge el descontento que se había ido enquistando y, con tintes mesiánicos y eslóganes sencillos dirigidos a lo emocional, provocan la polarización cada vez más extrema, con el disparate, el alarido y el eslogan como guías de la acción política.

Me sorprende hasta cierto punto que el libro ignore prácticamente por completo fenómenos de nuestro tiempo que han podido también contribuir (en realidad o como excusa) a este auge del populismo, como el terrorismo islamista o los movimientos migratorios, pero quiero entender que Sevilla ha querido ser muy cauteloso con estos temas, sabedor de que en su target lector (gente progresista, liberales, con ciertas convicciones humanistas) son asuntos que pueden resultar bastante espinosos.

Pero claro, lo que nos interesa son sobre todo las recetas, la fórmula para avanzar hacia eso que llama democracia radical, que suponemos que es un estadio evolucionado del viejo sistema occidental, la democracia parlamentaria, liberal, el Estado de Derecho, un paso adelante para recuperar sus principios básicos y la conexión perdida con la ciudadanía. La verdad es que aquí el Manifiesto se pone un poco melifluo y no ofrece novedades demasiado llamativas: mayor transparencia y supresión de privilegios de los políticos, avances en la igualdad social para que la democracia tenga una base real, profundización en el feminismo, búsqueda de consensos contra el cambio climático, liberación del mandato imperativo, correcciones en el mercado para reducir la desigualdad, gobernanza transnacional (¿¿¿¿????). 

Salvo algunas alusiones más concretas referidas específicamente a España (ciertos cambios constitucionales) todo suena a generalidades tantas veces escuchadas, derroche de voluntarismo idealista, todo bien razonado y a veces innecesariamente repetido, pero con escaso anclaje con la lamentable realidad actual, como sacar la paloma con la rama de olivo y entonar himnos a la paz en medio de una lluvia de misiles. Creía uno, ingenuamente desde luego, que se podría encontrar alguna propuesta, ideas que invitasen a engancharse a una posibilidad de salir de este marasmo, una luz entre el humo que se vende y el fango de la sobreactuación, pero me temo que si queremos algo más que buenas intenciones habrá que buscar en otros sitios. 


martes, 17 de marzo de 2026

Leila Sucari : Casi perra

Idioma: español 

Año de publicación: 2023

Valoración: está bien

Una mujer de mediana edad, de quien no conocemos nunca el nombre, se sube al tren en alguna ciudad argentina, para bajarse en la última parada, en un pueblo de nombre improbable. Allí se instala en un camping, junto al río y se dedica a recordar y olvidar una relación sentimental con un hombre -de éste sabremos que es su psiquiatra o psicoterapeuta- mientras lleva a cabo una especie de purga física por medio de una ¿degradación? ¿Deconstrucción? ¿Toma de conciencia de su  condición animal y subsiguiente empoderamiento a través de la asunción de sus deseos femeninos? Yo que sé, la verdad... el caso es que tras pasar así toda la primera parte de la novela  -muy corta, por lo demás- y cuando parece que la narración se ha estancado, la mujer se traslada -o la trasladan- a un pueblo cercano, más fantasmal o metafísico que el anterior, si cabe y allí, en su segunda mitad, la narración toma otros derroteros y el lector (o lectora, pues quizás la novela esté más pensada para un público femenino, autoconsciente  y "echao p'alante", al estilo de buena parte de la literatura latinoamericana de más éxito en los últimos tiempos) llega a la conclusión que la primera parte de la historia no era sino una preparación para esta segunda, que es donde está el meollo de la narración y, sobre todo, de lo que pretende contarnos su autora...

En este segundo pueblo la protagonista tiene una relación romántico-sexual-alucinada con Diamela, una lugareña lectora de las Metamorfosis de Ovidio y ahonda en su liberación/autorrealización a través de la rendición ante sus instintos animales -de ahí el curioso título de la novela y ya he contado demasiado_; es todo muy confuso, empero y no queda claro hasta que punto la protagonista y narradora -se me olvidaba decir que la historia está contada en primera persona- nos explica lo que sucede en la realidad física, lo que ocurre en su percepción o imaginación o lo que puede deberse a una dimensión mágica o mística de su devenir... Tampoco es que importe mucho, la verdad: lo mejor es no tratar de entenderlo todo a la perfección y dejarse llevar por la prosa, que en ocasiones es arrebatadora e incluso magnífica, con momentos de gran lirismo -el primer encuentro sexual entre las dos mujeres, por ejemplo-, aunque en otros bordea peligrosamente no ya lo inverosímil, pues este adjetivo se cierne sobre toda o gran parte de la novela, sino lo ridículo. De ahí que yo, desde mi modesta competencia crítica, no me sienta capaz de valorar con mayor entusiasmo este libro; a las páginas o párrafos que me han subyugado seguían otras que enfriaban bastante mi ánimo. Por otra parte, la convivencia continua entre reflexiones más o menos intelectualizadas y otras mucho más epidérmicas y hasta soeces, si bien sirven para retratar el evidente desequilibrio de la protagonista (ojo, que no digo que esté cucú bananas del todo, de hecho, ese desequilibrio, ese dejarse caer en un vórtice dionisíaco parece necesario para su deconstrucción, etc.), no hacen más fácil el avance en la lectura, sobre todo en algún momento en que la narración se encalla un poco, como ya digo.

No obstante, estoy seguro que a muchos lectores o puede que, sobre todo, lectoras, les puede interesas sobremanera esta nouvelle que por momentos resulta intensa y absorbente. Quizás quienes la lean desde fuera de Argentina tengan algún problema con el castellano en el que está escrita (he de confesar que siento debilidad no sólo por la literatura argentina sino, más aún, por la que está provista de numerosos argentinismos bien puestos, aunque a veces no los entienda del todo), pero no es un obstáculo invencible, ni siquiera relevante, creo yo. Y, teniendo en cuenta la extensión del libro, tampoco su lectura será una gran pérdida de tiempo para nadie, en caso de que no le agrade. Ánimo y buena suerte.

martes, 10 de marzo de 2026

Bernard Taylor: Dulce amor, dulce muerte

Idioma original: Inglés 
Título original: Sweetheart, Sweetheart
Año de publicación: 1977
Traducción: David Alcaraz Millán
Valoración: Está bien

Dulce amor, dulce muerte es una novela de terror de Bernard Taylor. Fácil de leer y competente, se antoja, eso sí, un tanto anticuada, más larga de lo necesario y mejorable en los apartados de la verosimilitud, la tensión y el miedo. Narra una historia de fantasmas bastante clásica, que si bien no resulta particularmente original, logra sorprender al lector con uno de los dos giros de tuerca que se guarda en la chistera. 

Sigue los pasos de David, un profesor inglés que reside junto a Shelagh, su pareja, en Nueva York. Un día, David tiene la premonición de que algo le ha ocurrido a su hermano gemelo, Colin. Cuando regresa a Inglaterra para aclarar las cosas descubre una terrible verdad: tanto Colin como su joven esposa, Helen, han muerto de forma repentina. Además, Helen le ha legado Gerrard’s Hill, su idílica casa de campo, por una razón que ignora. Mientras intenta desentrañar lo sucedido preguntando a la gente del pueblo sin mucho éxito y empieza a sospechar que una presencia sobrenatural permea su recién adquirida propiedad, llega Shelagh, provocando unos celos de ultratumba con fatídicas consecuencias.

A mi juicio, el mayor defecto de Dulce amor, dulce muerte es que se toma demasiado tiempo para plantear, desarrollar y resolver sus misterios. Aprecio como el que más los argumentos que se cuecen a fuego lento, pero el de la novela de Taylor no justifica ni su extensión ni la morosidad excesiva con que entrega ciertos detalles.

Tampoco me han convencido las reacciones y decisiones de determinados personajes. La manera de afrontar y responder a los acontecimientos del protagonista, por ejemplo, me parece muy poco creíble, por más que el autor se empeñe en justificarla.

La última crítica negativa que le haría a Dulce amor, dulce muerte es que la tensión y miedo que consigue evocar están algo diluidos y se resienten ocasionalmente por culpa de la falta de verosimilitud del conjunto. A mí personalmente me cuesta sentir que David es consciente del peligro que corre Shelagh cuando no hace lo imposible para mantenerla alejada de la casa, o cuando no se anima a contarle la verdad.

Llegados a este punto, puede parecer que Dulce amor, dulce muerte me ha parecido una novela algo floja. Sin embargo, debo aclarar que no es el caso. Reafirmo que es competente, y que tiene otras virtudes, como el hecho de que se lea con agrado pese a sus puntuales asperezas, que los personajes, pese a su sencillez, nos caigan simpáticos, que uno de sus dos giros de tuerca resulta sorprendente y que la manera en la que Taylor conecta el inicio de la novela con el final es sumamente eficaz.

viernes, 6 de marzo de 2026

Ali Smith: Gliff

Idioma original: inglés
Título original: Gliff
Traducción: Dolors Udina en catalán para Raig Verd y Magdalena Palmer en castellano para Nórdica
Año de publicación: 2024
Valoración: está bien


Llegué a la literatura de Ali Smith con mucho interés; su cuarteto estacional me parecía muy interesante y el resultado de sus lecturas fue altamente satisfactorio. Lamentablemente, lo que ha venido después no ha terminado de encajarme, pues en ocasiones encuentro que le falta redondez y, en otras, creo que peca por exceso de simbología o alegorías. Este libro lo ubicaría en este último caso.

Tal y como nos tiene acostumbrados la autora escocesa, el libro arranca fuerte y directo, con un inicio prometedor que sitúa a la familia protagonista del texto en su propia casa, sorprendiéndose al encontrar que los límites de su hogar han sido marcados en su exterior. Su sorpresa llega acompañada de indignación, pues «alguien había pintado una línea roja en el suelo alrededor de nuestra casa», algo que les causa extrañeza a la vez que incomodidad y la autora es hábil transmitiendo al lector esa misma sensación que nos llega acompañada de un presagio que denota un clima enrarecido, tenso e inquietante; además, la situación no parece tener fácil solución porque, por añadidura, su madre se halla en una suerte de residencia por lo que no puede ayudarles a gestionar esta angustiante situación.

Una vez establecida la premisa y sin entrar a desgranar el argumento, vemos rápidamente que en esta novela Ali Smith sigue incidiendo en sus temas habituales: la IA, el uso de móviles y pantallas, la pérdida de valores de la sociedad o la amenaza constante de una especie de totalitarismo que amenaza las vidas de sus protagonistas. De esta manera, orquestando el argumento en torno a estos temas ya recurrentes en la obra de la autora, Ali Smith se vuelve más críptica que nunca, y teje una trama argumental centrada en una familia de hermanos que se encuentran inmersos en una sociedad totalitaria que les expropia las casas sin ni siquiera saber cuándo, ni por qué, ni tan solo por quien. Así, ellos (y otras personas en situaciones parecidas) luchan contra el sistema, un orden rígido y totalitario que coarta las libertades de la gente a todos los niveles, incluso restringiendo la libertad de pensamiento y eliminando cualquier iniciativa popular o civil que pretenda cambiar las cosas, forzándoles a perpetuar el discurso establecido «porque cambiar lo que estaban haciendo quería decir que no ganarían tanto dinero». 

Así, en esta novela de cariz marcadamente distópico, las autoridades dictaminan y clasifican, organizan y separan, establecen y segregan, para facilitar su control, para simplificar su gobierno, para someter a sus ciudadanos. Este aspecto es claramente descrito por la autora cuando afirma que «toda la gente que vive aquí, incluyendo los niños asilvestrados, en aquel momento eran no-verificables. Lo eran, esencialmente, por culpa de las palabras. Una persona había estado no-verificada por decir en voz alta que una guerra era una guerra cuando no estaba permitido nombrarla guerra. Otra persona se había visto declarada no-verificable para escribir en línea que el asesinato de mucha gente por parte de otra gente era un genocidio (…) otra había estado no-verificada para hablar en una protesta sobre el derecho de las personas a protestar». Así, el estado ordena, clasifica y discrimina. Y aparta. Y excluye.

De esta manera, y a pesar de que el enfoque es interesante pues trata los temas habituales de la autora en pro a la denuncia contra la restricción de libertades y a la lucha contra la discriminación en un amplio espectro, y a pesar también de que uno esté ya acostumbrado a que las novelas de Ali Smith tengan un punto críptico que causa que el mundo donde se desarrollan sus personajes sea nebuloso y algo irreal, en este caso considero que la autora lo lleva excesivamente al extremo porque, a diferencia de sus anteriores libros donde el argumento estaba trazado (ni que fuera grosso modo) para tratar, a partir de él, una serie de temas en los que su afilada prosa discurría fácilmente lanzando dardos a diestro y siniestro, aquí va demasiado por vía libre, sin un hilo conductor que sostenga sus denuncias e incomodidades sociales o políticas y sin una gran profundización en sus personajes que permita una ya no identificación, pero al menos sí una empatía.

Por todo ello, y a pesar de que leer a Ali Smith siempre es un reto a la vez que una ventana abierta desde la que unas políticas autoritarias pretenden entrar en nuestras vidas, en este caso no he disfrutado como esperaba con su lectura por un argumento excesivamente fragmentado que únicamente en su tramo final consigue alinear. En cualquier caso, y a pesar de ello, uno puede siempre sacar algo de provecho en esta autora, aunque en ocasiones tenga que surfear en un texto un tanto precipitado y anárquico.

lunes, 2 de febrero de 2026

Gesualdo Bufalino:El hombre invadido y otras invenciones

Idioma original: Italiano

Título original: L'uomo invaso e altre invenzioni

Traducción: Joaquín Jordá

Año de publicación: 1986

Valoración: Está bien (con destellos excelentes)

Una de las mayores bondades de pertenecer a este blog es la necesidad de buscar (“descubrir” es una palabra que solo usan los narcisistas) nuevos autores (es decir, nuevos para mí) para mantener engrasados los engranes del cerebro.

Como se me dificulta la exploración directa en librerías, me veo obligado a navegar (¿ya nadie usa esa palabra, verdad?) por internet hasta encontrar algo que me llame la atención. Y qué mejor señuelo que un nombre que parece sacado de la comedia del arte: Bufalino.

Mi valoración de esta colección es el promedio de todos los cuentos, precisamente, a medias. Muchos cuentos parecen concebidos como un divertimento: juegos de erudición, relecturas de mitos, pequeñas trampas formales. Pero entre esos ejercicios se cuelan otros textos que me parecen geniales. De estos, destaco algunos.

 - El hombre invadido. El cuento que da título al volumen funciona como una declaración de intenciones: el yo como territorio ocupado. Aquí Bufalino sugiere que la identidad está llena de agujeros: entran recuerdos ajenos, deseos que uno no pidió, obsesiones que se instalan como huéspedes.

 - El retorno de Eurídice. Una reimaginación del mito. Mi favorito del libro. Aquí se notan los chispazos (desafortunadamente no un fulgor constante) de genialidad que tiene Bufalino. Esta frase es una prueba: “Se miró los pies, le dolían. Si es que puede doler el escaso aire de que están hechas las sombras.”

 - Gorgias y el escriba sabeo. Un cuento que juega con la palabra como poder y como engaño: lo que se escribe no solo registra el mundo, lo fabrica; lo que se argumenta no solo convence, también deforma. El final, perfecto.

 - La salida del arca. La historia de Noé y su barco suele cortarse donde conviene: como en las historias de amor, a nadie le importa lo que pase después. Pero aquí el “después” es lo esencial. Cuando el diluvio termina, la esperanza deja paso al desasosiego. El mundo salvado ya no es el mundo conocido, y la salvación trae su propia resaca moral. Sobrevivir también puede ser una forma de condena.

Este libro me dejó una impresión ambivalente. Bufalino no siempre apunta al mismo blanco. A veces se queda en el ingenio (que entretiene, sí, pero se disipa rápido); y otras veces, una sola imagen basta para justificar el cuento.