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domingo, 26 de julio de 2026

Xavier Mas Craviotto: La llum subterrània

Idioma original: catalán
Título original: La llum subterrània
Traducción: sin traducción al castellano en el momento de publicar esta reseña
Año de publicación: 2023
Valoración: entre recomendable y muy recomendable


No es algo que creo que sorprenda al lector habitual de este blog si afirmo con rotundidad que, a mi parecer, Xavier Mas Cravitto es uno de los valores más prometedores que hay en la actual literatura catalana. Poseedor de una versatilidad creativa que le permite moverse perfectamente en diferentes formatos (poesía, novela o cuentos) su juventud le despoja de cualquier anquilosamiento y convierte cada libro en una oportunidad para llegar más lejos y mejor.

En este breve libro de poemas que le valió el premio de poesía Ausias March de Gandia en el año 2022, el autor trata sobre lo que vendría a ser el principal tema de su obra: las relaciones. Unas relaciones en sentido amplio: la relación entre personas, con el entorno o con uno mismo. Así podríamos, por extensión, hablar del encaje en la vida, en su más vasto sentido; un acoplamiento que (y como acostumbra a dejar entrever el autor) no parece fácil ni tampoco siempre placentero; por el contrario, uno lo vislumbra rocoso, astilloso, hasta incluso a veces árido y reseco; a veces esperanzador, también, pero en pocas ocasiones. Porque Mas Craviotto es muy hábil en explorar esos recovecos por donde la calma se escurre, esas grietas que filtran la paz interior y la vacían casi sin hacer ruido ni notarse su presencia o su ausencia, como cuando nos habla del silencio, que «llegó muy quieto, como cuando el cielo se nos vuelve blanco antes de la nevada y se nos confunde con el paisaje». Así, poco a poco, esa sensación de que falta algo, de que siempre falta algo va calando, de manera suave, con tono sedoso pero consistente, tejiendo como una especie de manto que nos envuelve y nos limita el movimiento. Por ello, en este poemario, el autor incide en los temas habituales: la no pertenencia, la eterna e infructuosa búsqueda de un lugar donde reposar los sentimientos, un sitio que pueda considerarse hogar, con la dificultad que eso conlleva pues habita en sus poemas una sensación de soledad y de cierto desánimo, aunque sin llegar a un abandono; hay indicios de tenue esperanza, tal vez aunque sea únicamente porque ya no queda nada más, quizá como ese último aliento, un último empeño para conseguir ver algo de luz en la oscuridad. Hay búsqueda, tal y como expone en uno de los poemas donde un personaje pide y reitera que «me gustaría tener un lugar donde volver». Esa es la idea que emana su texto, no solo la búsqueda de un lugar donde ir sino también de un lugar donde volver, expresando así una doble pérdida: la del pasado y la del futuro a la vez, un doble vacío que nos deja en la estrecha cornisa de un presente incierto.

Por todo ello, y siendo conocedor de la obra de Mas Craviotto, uno puede divisar y anticipar en este libro lo que vendría después en alguno de sus futuros textos, como cuando nos habla de «el cráneo inexpresivo de este mundo nuestro con los ojos llenos de no-mirar». Son esas caras inexpresivas que tan bien sabría transmitir después en su gran libro de relatos «Animals inexpressius», esos rostros casi inertes, de mirada vacía e indescifrable. O, también, cuando habla de relaciones y el sentimiento de soledad, de abandono, al afirmar que «como todo era tan lejano, no había distancias. Pero estábamos tú y yo, el barro en las uñas y en las manos, el batido que no para: y debajo, el mundo que callaba, el mundo que callaba y no sabíamos si aquel silencio era el silencio protector que hacen las madres o el mutismo sigiloso y traicionero que precede un disparo de bala», o cuando en una despedida triste y desolada, cuando ya no queda nada que decir, uno le dice al otro «márchate: las palabras renacerán cuando estés lejos». O también, cuando afirma con pesar y desespero, «que no es una cama, que es una fosa; que no es ciudad, que es cementerio; que no es un cubil, que es una gruta por debajo de los pies causándonos dolencia; que no es semilla, que es una larva anidándonos dentro con rabia muda (…) que es el ataúd, noche tras noche, haciéndonos de lecho».

También diré, y es algo que los que no estamos acostumbrados a leer poesía podemos agradecer, que en este libro el formato poético es libre, sin las constricciones típicas de las métricas; incluso en ocasiones se trata de prosa poética (o poesía novelada) por lo que, aunque sí encontramos las características de la poesía (sonoridad, exquisitez verbal, cuidada elección de las palabras, etc.) no nos topamos con el encorsetamiento ni las formalidades típicas de la poesía clásica. Aquí el estilo es más próximo a la poesía moderna, más libre, hasta el punto que incluso hay partes del texto en prosa y eso es algo que va en consonancia con lo que ha dicho el autor en alguna ocasión: que él parte de una idea en mente y es la idea la que elige la forma que debe tomar el texto (ya sea poesía, narrativa o cuento) porque, de algún modo, a pesar de que su obra está relacionada a nivel temático, emocional y estilístico, el cuerpo bajo la cual se nos aparece no siempre es el mismo, se adapta a lo que el texto demanda.

Dice Mas Cravitto en un fragmento de este libro que «de día ahuyentábamos los monstruos con rayos finos de tinta». Quizás en el fondo se trate de esto, de conseguir que las palabras expresen lo que llevamos dentro y expurguen los sedimentos del dolor como si fuera un exorcismo, para evitar que estratifiquen y nos aten a un fondo donde todo parece oscuro, inhóspito y solitario.

También de Xavier Mas Craviotto en ULAD: La mort lenta, La gran nàusea, Animals inexpressius, La pell del món

jueves, 23 de julio de 2026

Andrea Genovart: Consumir preferentemente


Idioma original:
catalán

Título original: Consum preferent

Año de publicación: 2023

Valoración: muy recomendable

Alba Giraldo Doménech (la combinación de apellidos de origen castellano y catalán no es nada gratuito, me parece, para empezar), protagonista absoluta de la novela, vomitando pedazos de salmón ahumado, que ha  engullido de forma compulsiva, y que su cuerpo no ha tolerado, como una especie de metáfora de la falta de adaptación a un teórico pequeño lujo que se ha permitido para cenar. Una imagen potente, conforme esa modesta inversión (8,75 €) se va a ir por el inodoro tras dejar un poso agrio, de placer efímero que revierte en arrepentimiento, en culpabilidad, en sensación de desamparo, una metáfora de desencanto de generación Z que puede, a primeras, resultar algo familiar para el lector de hoy.

Uy; ya tenemos otro testimonio en persona interpuesta, otra también agria queja que acabará haciendo aflorar las consabidas reivindicaciones generacionales sobre la falta de oportunidades, lo precario de todo, lo caro de todo, lo injusto de todo, lo desigual de todo, la presión de la gran ciudad como puzzle en el que no encajas, ay qué digo, como Tetris en el que los bloques caen pero no para alinearse sino para aplastarte, no, como árido paisaje en el que las multitudes - en las calles, en el transporte público, en pisos de pequeña superficie con espacios compartidos - solo hacen que exacerbar esa angustia, esa soledad, esa percepción de ser únicos entre un océano de borregos que acuden (con suerte) a un puesto de trabajo alimenticio por el que hay que dar las gracias varias veces al día. Mientras se observa como otros (con más suerte) te adelantan por los dos flancos, casi seguro de que si cambias de carril para ir más rápido ése pasará a ser el carril más lento. Por no hablar (2023) de la IA, esa que (2026) ya pronto generará sus prompts en función de tus consultas anteriores y arrinconará a tu cerebro con sus predicciones y sabrá qué te apetecerá consumir y cómo te sentará y (last but not least) si puedes permitírtelo.

Pues no. Genovart (que trabaja para algunas editoriales, pero publica su primera novela en Anagrama) dinamita esas preconcepciones con una novela muy bien planificada y con ciertos hallazgos estilísticos que le aportan una cierta musicalidad, como un mantra que (he leído su original en catalán) ha traído algun quebradero de cabeza en su traducción al castellano. Texto en catalán, contrapuntos extraidos del rico refranero castellano, seguramente herencia de los orígenes del personaje, seguramente testigo subliminal de la absoluta impureza del menguante catalán callejero de Barcelona, aquel que interactúa con la inmigración, con los ascendentes de procedencias peninsulares, con los expat, con los Erasmus, con los compañeros de piso, de trabajo, de borrachera asequible con latas de cerveza del paki, y que, desde los primeros párrafos, intercala esos refranes con total naturalidad y desparpajo, con una sensación desinhibida de que el bilingüismo es un hecho que hay que asumir, incluso porque los pasajes (menos) en inglés siempre surgen de referentes universales como letras de clásicos pop. 

Y lo que le acontece a Alba sí que podemos encajarlo en cierto estereotipo: trabajos precarios insuficientes para acometer un proyecto vital ajustado a ciertos patrones - ahorro, apareamiento, estabilidad, rutina que no por ser rutina deja de ser anhelada, un techo en el que refugiarse a dormitar o follar o ver una serie o leer algo, esas cosas tan nimias para muy poca gente, tan difícil para la mayoría a pesar de la formación, a pesar de la firmeza de una voluntad que se resiste a esperar la benevolencia de la fortuna, que alarga la mano para asir algo que ineludiblemente se aleja. Detrás de eso, el monólogo que se extiende por las ciento ochenta páginas, salpicado muy ocasionalmente de diálogos siempre esquemáticos, siempre revestidos de cierto aire casual que explica cómo todo va por dentro, cómo Alba anhela una situación en que pueda resolver ese montón de inseguridades - trabajos que no cuajan, pseudonoviazgos que no se consolidan, amistades siempre al borde de la ruptura por nimiedades, una peca o mancha en su rostro que acapara puntualmente la atención, sobre todo en sus chispeantes conversaciones con su madre. Una escapada veraniega al pueblo, falso punto y aparte en que tiene que ordenar sus ideas y desurbanizarse.

A Genovart habrá que seguirla de cerca: aventuro que futuras obras representen cambios de registro y que sabrá esquivar con eficacia cualquier cosa parecida a convertirse en cronista de la generación Z. También que su trayectoria vital y artística se capilarizará en sus textos sin acapararlos y monopolizarlos. Impresión o hipótesis a la que llego a la vista de la habilidad con que ha convertido Consumir preferentemente en un sutil alegato que piensa localmente y actúa globalmente. Frase de la que ya me arrepiento, pero con algo hay que cerrar la reseña.

sábado, 27 de junio de 2026

Oriol Vlak: Soc un gat

Idioma original: Català
Año de publicación: 2026
Valoración: Entretenido

Soc un gat es la historia de un gato que trata de salvar a un amigo recién conocido. En su periplo, recorrerá paisajes fantásticos, se le unirán extraños compañeros de viaje y salvará el mundo.

El primer cómic en solitario de Oriol Vlak es una ida de olla. Y es que, pese a la simpleza de su premisa y argumento, lo salpican un tono delirante, lógica absurda, ideas surrealistas, referencias artísticas, humor bonachón, personajes extravagantes y escenas de acción deudoras del manga, que confieren al conjunto un acabado de lo más alocado y gamberro.

Ya digo que el argumento de Soc un gat es bastante simple. Sin embargo, la gracia de éste se halla en el ángulo excéntrico desde el que se abordan los archiconocidos ingredientes que lo componen. Asimismo, ninguno de los personajes de este cómic destaca por tener una caracterización compleja. No obstante, Vlak logra que el lector se encariñe con ellos. 

Por otra parte, el apartado artístico de Soc un gat es una auténtica gozada. Aunque realizado con medios digitales (incluso superpone fotografías reales a las ilustraciones para algunos escenarios), logra unas texturas y un uso del color reminiscentes a los conseguidos con la pintura analógica.

Llegados a este punto, debo admitir que, en algunos apartados, Soc un gat hubiera podido pulirse. Por ejemplo, creo que su ritmo, aunque satisfactoriamente ágil, es a veces demasiado acelerado, cosa que impide que el argumento respire, los personajes se desarrollen y las situaciones calen. Además, si bien la mayoría de referencias artísticas que aparecen en el cómic funcionan a modo de mero guiño visual (la Cabeza de esqueleto con cigarro de Van Gogh, La gran ola de Kanagawa de Hokusai, el Castell Cartoixa de Vallparadís o el Museu Nacional de la Ciència i la Tècnica de Catalunya), las que citan a La naranja mecánica de Kubrick son a mi juicio algo intrusivas.

En conclusión: disfrutad de Soc un gat. No os dejéis amedrentar por el hecho de que lo que cuenta ya se ha visto con anterioridad, por su ritmo, ágil aunque quizás algo acelerado, por su final, bastante anticlimático, por alguna de sus referencias, que es un tanto intrusiva, ni por su villano, que acaba por perder toda su aura de misterio y amenaza. Centraos, en cambio, en las virtudes de este meritorio cómic de Vlak: ese mensaje a favor de la amistad, esos protagonistas a los que es imposible no coger cariño y esas ilustraciones enérgicas y coloridas.



jueves, 30 de abril de 2026

Toni Sala: Escenaris

Idioma original: catalán
Título original: Escenaris
Traducción: sin traducción al castellano en el momento de publicar este reseña
Año de publicación: 2025
Valoración: recomendable


Había oído hablar muy bien de Toni Sala (especialmente de sus últimas obras tras su salto a l’Altra Editorial) por el hecho de poseer un estilo sólido, firme y que le valió el Premi de la Crítica de narrativa catalana en 2015. Así que, después de años bajo mi radar, tenía curiosidad por conocer su obra y ver qué ofrecía su escritura.

En esta novela, Toni Sala nos presenta a su personaje principal y protagonista de la historia: un actor famoso por haber protagonizado otrora una serie de películas de terror, pero actualmente venido a menos de manera que se gana la vida haciendo monólogos que tiene la costumbre de preparar mientras conduce su coche, sin un rumbo fijo, a parajes lejanos, para así poder pensar, aislarse y calmar los nervios habituales antes del directo. Pero, en uno de esos viajes, sufre un accidente que le lleva a estar postrado un tiempo en el hospital; es en esa estancia donde se le presenta un joven que afirma conocerle del día del accidente. A partir de ahí, sus vidas convergen y juntamente con la aparición de otro personaje protagonista de la historia forman el entramado personal sobre el que gira el libro.

Así, a grandes rasgos, este vendría a ser el planteamiento de un libro que, justamente, destaca más por lo que cuenta y cómo lo hace que por lo que sucede. Porque ahí es donde entra en juego lo que intuyo que es la principal virtud de este autor: un estilo directo, coloquial, desenfadado y lleno de desparpajo que se ejemplifica de manera diáfana a través de unos personajes que hablan rápido (muy rápido a veces) con un discurso torrencial que expone sin tapujos los pensamientos que corren por sus cabezas. Esta característica se pone de manifiesto rápidamente en el accidente del protagonista, narrado por diferentes puntos de vista por una serie de personajes a caballo entre la lucidez y el delirio, perseguidos por sus propios fantasmas, inundados por sus propias inseguridades en una especie de carrera entre la suerte y el infortunio; unos personajes que el autor los dibuja como seres solitarios en su mayoría, a menudo no por propia elección sino por el azar, la adversidad o un destino mal buscado. De esta manera, y a partir de ello, en una mezcla de relato a caballo entre la narrativa, la reflexión, la crítica y la introspección, el autor lanza órdagos contra la sociedad capitalista, hedonista, o la que ansía la búsqueda del cuerpo perfecto o de la vida artificialmente soñada, la que se rige por la estética o la superficialidad. Con este propósito, el autor centra el peso del libro en gran parte en el mundo que rodea a sus personajes, trazando un hilo muy marcado entre los grandes y múltiples problemas de la sociedad: desde la época olímpica, pasando por la crisis inmobiliaria, el excesivo turismo, la frustración por el resultado del proceso independentista catalán, y los problemas actuales como el auge de las plataformas digitales y la decadencia de las salas de exhibición de películas. 

Estilísticamente, el autor combina diferentes formatos y enfoques pues, de manera similar a la profesión del protagonista, hay episodios de este libro que consiste en principalmente monólogos donde se despliega la verborrea del autor (que en ocasiones emparejaría con David Foster Wallace por el extremo detalle de lo que narra, así como cierto descontrol y caos expositivo sobre los temas que trata) pero en los que también encontramos un estilo más convencional superada la mitad del libro donde quizá hay más trama y se centra más el desarrollo de la misma. En cuanto al tono que transmite, los protagonistas (o participantes) de la novela son personas pesimistas respecto a la sociedad actual, a la economía de los jóvenes o a la independencia; son personajes deconstruidos y a los que les embarga una creciente pérdida de identidad donde la muerte (por presencia o pensamiento) sobrevuela de manera no constante, pero si subyacente, personajes a los que parece que el futuro les ha abandonado y no tienen nada por delante que les pueda llenar la vida llegando al punto de afirmar que, «el suicidio, pasa por la cabeza como un corriente de aire, entra por una oreja y sale por la otra, pero puede haber una obstrucción y que se encaje, y entonces es una serpiente venenosa encerrada dentro de la cabeza».

Por todo ello, se trata de un libro difícil de reseñar y valorar porque es indudable que en él hay fragmentos donde el autor demuestra su calidad estilística (como por ejemplo cuando habla del suicidio), pero su tendencia a alargar en exceso las reflexiones, los monólogos o incluso las metáforas hace que esa intensidad inicial pierda fuerza y se diluya entre tantas palabras y alegorías. Si el autor fuera más mesurado a la hora de elegir que metáforas utilizar o cuando poner la pausa y cuando acelerar el ritmo, el resultado sería mucho más satisfactorio o logrado porque da la impresión de que una vez el autor encuentra el filón a través del cual desplegar su calidad no sabe ponerle freno ni contener su exposición. Parece que le sobra talento y le falta contención y mesura.

De todos modos, libro interesante y recomendable por los múltiples temas que el autor trata y por un estilo desenfado y atrevido. Y es que Sala va con todo y contra todos: contra la clase política, contra la especulación inmobiliaria, contra los que no defienden la lengua catalana ni la cultura. Es contundente y lúcido en su denuncia, no se corta y expone las miserias de la clase política y dirigente sin rodeos, así como también habla sin tapujos sobre la vida, la muerte, la paternidad o el feminismo, denunciando así cada uno de los pilares sobre los que se construye la vida, y sobre los que también se destruye.

jueves, 2 de abril de 2026

Carlota Gurt: Els erms

Idioma original: catalán
Título original: Els erms
Traducción: traducción al castellano en proceso en el momento de escribir esta reseña
Año de publicación: 2026
Valoración: recomendable


Siempre he admirado de Carlota Gurt su carácter atrevido y su honestidad expositiva al hablar sobre el mundo de la literatura a través de sus incontables artículos en prensa. Y, también, su osadía al hacer el salto a la escritura después de décadas dedicada a la traducción (que no deja de ser también un tipo de trabajo como escritor). Y de ahí salieron sus cuentos (interesante primera incursión con “Cabalgar toda la noche”) y también su primera novela (“Sola”) que me sorprendió por su estilo.

En este libro, segunda novela de la autora, da la sensación de que deja algo de lado sus influencias literarias en cuanto estilo, pero sigue tratando los temas que acostumbra: las relaciones personales. Así, abandona levemente cierta crudeza expositiva, cierta tosquedad y aridez de sus anteriores obras, para pasar a una prosa más equilibrada, más accesible, más limpia, aunque sin que ello signifique que sea inferior, más bien al contrario: Gurt demuestra tener muchas tablas en el arte de narrar y es algo constatable ya desde sus primeras páginas en las que la autora consigue atraparte completamente en la historia a través de un tono desenfadado pero no desprovisto de calidad, tirando de socarronería pero a la vez de elaboradas metáforas con las que la autora demuestra poseer una gran variedad de recursos. Asimismo, el ritmo es alto, la tensión latente y la intriga mesurada. Pulso firme en la autora que parece tener claro dónde está, dónde quiere llegar y hasta dónde quiere narrar (y también qué quiere mantener oculto).

Argumentalmente, la autora nos presenta a los que serán sus dos personajes protagonistas, describiendo la relación que tienen entre ellas y situándolas en una fecha bastante emblemática (la Nochebuena) y un paraje de lo más particular: el pantano de Sau (cuya característica principal es que otrora se trataba de un pueblo que cubrieron para hacer el embalse y que, en los tiempos más secos, aun se puede observar con totalidad su iglesia que, por el contrario, se encuentra sumergida bajo el agua en tiempos lluviosos). Esta elección del escenario en el que arranca la narración no es casual, puesto que el entorno juega también un papel importante en el desarrollo de la trama, ya sea como ubicación donde trascurre parte de la historia, ya sea como también todo lo que conlleva a nivel metafórico y simbólico (lo que se muestra visible y lo que permanece oculto).

Así, los protagonistas de la historia son una pareja de adultos en su cincuentena: en primer lugar, Ramona que con su pelo negro, 1.83 de altura y elegancia natural llega al hotel del parador para pasar la Navidad. Y allí, en la entrada, topa con Faust, nuestro segundo protagonista, un hombre de elevado peso, baja estatura y que espera repantigado en un sofá de la entrada. El contraste en ambos es evidente, al menos a nivel físico, pues tal y como aprecia Faust, ella está «hecha de ángulos. Una escultura de Giacometti pintada por Picasso. No como él, que proviene salido de un cuadro de Botero. A Fausto no le gustan las mujeres de alambre». 

Establecida la premisa inicial, con un innegable gancho argumental tras el encuentro fortuito entre ambos, la historia traza dos narraciones paralelas para desgranar la vida de ambos personajes. Con ello, profundizamos en sus caracteres, sus pensamientos, sus pasados y sus inquietudes y desencantos, pero a la vez, a medida que avanza el libro, vamos despegándonos del engrudo que unía ambas historias y que contenía un innegable interés asociado por las discrepancias, las dicotomías, los márgenes del espectro a cada uno de los lados enfrentándose y encontrándose. El contraste entre ambos, tan evidente, tan preciso, servía de prometedor inicio para ver donde llevaba la historia, pero la autora lanza un salto temporal (algo abrupto en mi opinión) y establece una (des)conexión con cierto tiempo entre historias. Así, este libro es un libro que trata, más que de relaciones, de predicciones, de ilusiones, de conjeturas a partir de un encuentro fortuito y casual. Trata sobre como proyectamos en alguien a quién acabamos de conocer una idea de relación, una figura ficticia pero que, por contra (o precisamente gracias a ello) de apariencia muy real pues copa todo aquello que nos atrae y no damos la oportunidad a comprobar o rebatir. Así la autora construye ante los personajes un castillo de naipes aun dispuesto sobre un tapiz, una posibilidad infinita de ser aquello que queramos ser, aquello que buscamos. Porque en nuestra cabeza, todas las vidas imaginadas son posibles en ese momento inicial, todo lo que vivimos en ese instante no es el presente sino todos aquellos futuros que esperamos que surjan a partir de esa oportunidad. Y ese punto de partida, nos lleva a reflexiones sobre los comienzos (lo que me lleva al gran libro homónimo de Claire Marin): un momento donde existe todo, incluso lo malo, incluso lo que sí ya vemos, pero a lo que no le damos importancia porque en ese momento pensamos que probablemente quedará allí.

Por todo ello, y con todas las capas que la autora teje en este relato, se hace evidente que Carlota Gurt tiene oficio, tiene tablas a la hora de escribir; se nota y lo demuestra en la solidez de un estilo sin altibajos, con ritmo y calidad constante, manteniendo un equilibrio muy bien trabado entre alta literatura y una narrativa accesible, con el punto justo de metáforas sin excesos ni necesidad de demostrar nada. Pero, también es cierto, que la historia es muy irregular: de un arranque más que interesante, pasamos a una bifurcación en la que cuesta situarse al principio y la curiosidad despertada en cada una de las tramas se hace muy dispar lo que produce que el interés en el libro oscile de manera muy marcada entre ambas, haciendo que la irregularidad lastre la lectura y el lector se encuentre a medio camino entre el interés y la apatía, pues, a pesar de todos los temas que toca de manera tangencial (las parejas, el futuro, el trabajo, los móviles, la obsesión por el cuerpo, al sequía, los problemas de comunicación) al final parece que el argumento sea lo de menos y eso es algo, que al menos a mí, en este tipo de libros y especialmente por lo que el argumento apuntaba, sí es importante. Aún y así, este libro, con sus posibles puntos débiles, trata de manera bastante certera varios aspectos de la sociedad actual, especialmente la soledad y lo que hacemos para lidiar con ella. Y abre la puerta a creer que, a veces, es únicamente necesario un momento, un punto de enganche con una ilusión, para que nos llevemos esa relación con nosotros tanto tiempo como dejemos que nuestra imaginación nos conduzca hacia la búsqueda de una felicidad que puede que no encontremos en la realidad del día a día. 

Dice la autora que, «todo son ficciones dentro de nuestras cabezas, y el futuro también, una ficción más que nos contamos, las ficciones nos empujan adelante y nos permiten creer en lo que todavía no existe, y esta es la grandeza del ser humano», y es que, al fin y al cabo, lo que nos hace vivir y sentir son nuestros sueños e ilusiones. El resto, nos es ya conocido y no siempre ilusionante.

También de Carlota Gurt en ULAD: Cabalgar toda la nocheSolaBiografía del fuego

martes, 24 de marzo de 2026

Josep Pla: La calle estrecha

Idioma original: catalán
Título original: El carrer estret
Año de publicación: 1951
Valoración: está bien


A veces, em medio de la vorágine prolífica de novedades que inundan librerías, redes sociales y medios de comunicación, hay que saber tomar un respiro. Y volver a los clásicos. Y, entre ellos, uno de los que tenía pendientes era Josep Pla, autor referente de la literatura catalana y uno de sus más importantes representantes en el siglo XX.

El autor, hábil cronista de la sociedad y dotado de una fina ironía, empieza con una rotunda declaración de principios artísticos en este texto a caballo entre novela y crónica social, y que el propio autor reafirma al declarar que «el hecho de que el público crea que les novelas deban tener un argumento no significa que la vida tenga uno. Esta necesidad del público es la que demuestra que la vida transportada el plano literario es una segregación informe, caótica, de imágenes. La fatiga que produce este desbarajuste incesante e incomprensible es el que hace desear una ordenación y una coherencia, a pesar de que sea artificial y totalmente inverosímil». Así, el autor ya deja claro lo que nos encontraremos (y también lo que no) en este texto y establece su intencionalidad y propósito a la hora de escribir este libro.

Fiel a su estilo característico basado en el retrato de la sociedad catalana de su época, Josep Pla despliega sus recursos literarios consistentes en la simplicidad, accesibilidad y claridad, para mirar y narrar la sociedad con un punto de ironía, pues su prosa destaca por la aparente sencillez de un lenguaje que, si bien denota que es de otra época, consigue que fluya de manera natural para desarrollar un argumento que es en sí de una diáfana llaneza: un señor de mediana edad se traslada a vivir a una pequeña localidad para ejercer como veterinario del pueblo tras la defunción de su antiguo encargado. Para ello, se establece en primer lugar en una pequeña posada, pero tras hablar con la viuda del veterinario decide instalarse en un piso situado en una calle pequeña del pueblo. A partir de esta sencilla premisa, el protagonista (narrador en primera persona) nos relata su día a día, sus conversaciones con la gente del pueblo y sus reflexiones sobre los aspectos cotidianos. 

Con un lenguaje sencillo y afable, como si fuera nuestro abuelo el que nos contara la vida de tiempos pasados, el autor nos traslada el día a día de un pueblo y lo hace con mucha cercanía y altas dosis de cotidianidad en una lectura que se hace entrañable, amena y próxima, mientras a su vez hace un retrato de las clases sociales existentes: burguesía, payeses, clase obrera. Así, el libro refleja las costumbres de los pequeños pueblos y su día a día, ocupando el tiempo con sus habladurías, sus pequeños intereses, chismorreos y pequeños acontecimientos. La vida que refleja es la propia de esas pequeñas aldeas, donde el peso del relato recae más en los pequeños detalles del día a día y las conversaciones que suscitan que no en una historia de peso que sostenga la narración. A su vez, y a través de estas pequeñas situaciones cotidianas, el autor también refleja las costumbres propias de la época como, por ejemplo, el hecho de que se espere que las mujeres encuentren marido y formen una familia, algo que se evidencia cuando, ante una mujer joven, uno de los personajes» le comenta que «te conviene (…) es buen chico. Tiene un oficio. Es trabajador». Por contra, aquellas mujeres solteras parecen incomodar al resto del pueblo que las ve no sé si como una amenaza o como un elemento ajeno a la sociedad.

Así, con un ritmo pausado, contemplativo (aunque quizás demasiado rutinario), Josep Pla se entretiene en la vida de las personas, en sus movimientos, en sus idas y venidas en los que se percibe ese elemento de secreto y de misterio de los pequeños pueblos que se nutre de suspicacias y recelos,  algo que uno consigue ocultar con el más simulado interés en las grandes ciudades (porque la propia densidad humana hace que los misterios que arrastran las personas sean invisibles), pero que en los pueblos donde el mundo se conoce es más difícil pues las noticias reales (o especialmente las imaginadas) que uno tiene de la otra gente son abundantes, innumerables y causa que en la vida en un pueblo uno tenga la sensación de sentirse observado, de sentir que existen siempre unos ojos que nos miran diluyendo así la vida privada y generando una atmósfera que para algunos es motivo de distracción mientras para otras es de asfixia especialmente para los recién llegados, algo que el protagonista constata «cuando uno cae en un pueblo en una de estas reuniones formadas por vivos. La forastería queda muy remarcada. El forastero tiene un aire de intruso en los primeros días es aceptado porque la novedad que implica su presencia distrae» porque «no hay ningún ser humano no hay nada que esté totalmente desprovisto de interés el teatro del mundo tan basto y diverso, tan matizado y sorprendente que sacar un rato cada día la cabeza por la ventana constituye un inagotable divertimento».

Con todo ello, y a pesar de que no se trata del tipo de literatura que acostumbro a leer y no es de las que encajaría dentro de mis preferencias (de ahí la valoración), sí que destaco de esta lectura la ironía que despierta Josep Pla a la hora de retratar los diferentes personajes que pueden existir en un pueblo pequeño, pues el autor afina su crítica cuando la dirige a ciertos aspectos a la sociedad, ya sea los chismosos, los que van de sabios, los ricos, los que tienen aspiraciones. El actor es hábil en la crítica y tiene momentos realmente ácidos y punzantes cuando dirige su mirada a estos personajes en un texto que va de menos a más de manera análoga a lo que le sucede a su protagonista, y es que uno al leerlo tiene sensación de que primero tiene que tomar el pulso al pueblo y después, una vez ya entra en conocimiento de las diferentes circunstancias y situaciones, puede empezar a ver los matices de cada uno de los personajes. Por ello, la lectura se disfruta realmente cuando ya el lector se ha puesto en situación y puede ver con los ojos del mismo protagonista las diferentes tipologías de ciudadanos y sus puntos fuertes y, especialmente, los débiles.

También de Josep Pla en ULAD: Viaje en autobúsUn viaje frustrado / Contrabando

sábado, 14 de marzo de 2026

Eva Baltasar: Peces

Idioma original: catalán
Título original: Peixos
Traducción: Unai Velasco en castellano para Random House
Año de publicación: 2026
Valoración: entre recomendable y muy recomendable


En poco tiempo, Eva Baltasar se ha erigido una de las figuras clave de la nueva generación de autores catalanes que, tras su paso por la poesía, han dado un salto a la novela. Ahí, en ese privilegiado grupo, encontramos también a Irene Solà, Pol Guasch y Xavier Mas Craviotto, un grupo selecto de quienes no acostumbro a perderme ni uno de sus libros. Y, en el caso de Baltasar, tenía interés para ver su evolución, tras unos dos primeros libros magníficos («Permafrost» y «Boulder») y otros dos algo más irregulares, aunque con notables destellos de calidad especialmente en «Ocaso y fascinación» (donde además hacia un paso adelante en cuanto a atrevimiento y riesgos tomados).

En el libro que nos ocupa, la autora empieza en una suerte de juego al despiste con su propia biografía, pues la protagonista, también escritora, narra en primera persona sus sensaciones a la hora de visitar pueblos y ciudades para presentar sus libros. Así, y sin saber hasta qué punto la novela revela visos autobiográficos, la historia arranca cuando la protagonista nos cuenta cómo, deambulando entre las pequeñas calles de un pueblo, se encuentra frente a una roulotte (en lo que parece un claro guiño a su anterior novela «Boulder») donde una mujer vende pescado frito y, sin más (como si realmente hiciera falta algo más), se enamora al instante de la dependienta. Un flechazo, un enamoramiento a primera vista, un amor de aquellos que «tanto da si es el más largo o el más breve, y tanto da si trae paz o trae guerra (…) puede ser el mejor. Puede ser el peor. Puede ser un amor correspondido o un amor solitario (…) eso da igual. Este amor empieza así, con una absoluta convicción», con la tremenda, rotunda y absoluta seguridad de que «es ella»; un impulso inexorable, implacable, irrebatible, irrenunciable, de aquellos que dejan huella porque «una vez has sentido algo así es igual si acabas solo, si el enamoramiento se va o eres tú quien te apartas de él. El amor que teníais pervive, son las raíces tozudas que se han quedado sin árbol». Pero ya se sabe que el enamoramiento no es siempre certero y no siempre es correspondido, porque en ocasiones uno yerra al confiar en la intuición y nuestra protagonista es víctima de ello pues rápidamente se percata de que Victoria es una persona seca, áspera, dura. Alguien que no da concesiones, es hermética y no da pistas ni lanza señuelos. Es directa. Y contundente. Es «una mujer a la que nunca le ha hecho falta seducir a nadie» y la protagonista es plenamente consciente de ello al reconocer que «había llegado a mi vida como una horda, para tomar y poseer».

Una vez analizado el arranque del libro, vemos que, estilísticamente, es innegable que Eva Baltasar es plenamente conocedora de sus grandes habilidades al tocar aquellos puntos de nuestra sensibilidad donde nos sentimos atraídos y cautivados, pero a su vez también inquietos, volátiles, frágiles y vulnerables. Su lenguaje y ritmo narrativo le permiten colocar al lector en el mismo plano que su protagonista, en esa relación desigual de clara desventaja emocional. Para ello, utiliza también un recurso útil al dirigirse en ocasiones directamente al lector en una narración en primera persona con aires de una misiva, que lo busca y lo tienta para explicarse, pero con un tono que pide comprensión, casi expresando una disculpa o un arrepentimiento, casi clamando una absolución por el error en la decisión. Así, el lector empatiza al instante con las sensaciones que emanan de su protagonista y percibe ciertas notas de continuidad respecto al final de su anterior libro («Ocaso y fascinación») por el tono, por lo que desprende y lo que apuntaba en esas pocas páginas finales sintiendo de manera orgánica, casi epidérmica, un aire de hostilidad, de rechazo, de dominio, de una brusquedad rozando el desprecio que, en esta ocasión, proviene no solo de la pareja protagonista sino también de su propio entorno ambiental: un lugar inhóspito que, análogamente, emana esas mismas sensaciones a través de los diferentes elementos que las rodean: los animales, la vegetación, la casa, la amante. De esta manera, la autora teje un claro paralelismo entre la casa y las sensaciones que desprende y las de su propietaria Victoria: ambas transmiten inquietud, frialdad, tosquedad y una extraña sensación de inquietud, tensión y un ambiente oprimido, cerrado y opresivo (que se evidencia cuando indica que el jardín está repleto de hierba alta, hiedras… que «suben enérgicas y gigantes»); también con la aparición de un perro, grande, misterioso, siempre inquietante, con una agresividad contenida, a la espera, latente, avizor, acechante. O, también, la presencia constante de la muerte, en los peces, en los animales. En todo ello, hay cierto aspecto en el tono utilizado por Baltasar que recuerda en parte a Carlota Gurt y su libro «Sola», por la visceralidad con la que narra la pasión desatada en la que aparecen los instintos más primarios en un desborde de sentimientos y emociones que irradia de manera orgánica, visceral, física y carnal. O también de Núria Bendicho y sus «Tierra muertas», por cómo se palpa la tierra, la naturaleza en su lado más seco, cruel y atemorizante. 

Con este texto, Eva Baltasar ha escrito una historia de amor. También una historia de abandono. O una historia de soledad. O quizás una historia de necesidades. Una historia de pasión. De lujuria. Pero también de invisibilidad. De silencios. De abusos. De toxicidad. De debilidades, pero también de atrevimientos. Esta es una novela que trata de pasiones, de límites entre el amor y el desamor, entre la voluntad de poseer y la dificultad de escapar, de arrebatos y de calma (que no tranquilidad), de deseos y temores. De la vida, en sus extremos más pasionales, más impulsivos.

Dice Eva Baltasar que «el cuerpo de un escritor solo conoce una emoción, la exaltación. Y ni tan siquiera es suya, pertenece a la escritura. Llega con ella, se va con ella y deja al escritor exhausto y con el trabajo por deshacer». Y, en este punto justo, es donde el lector le ofrece una continuidad, pues esta historia es de las que se queda dentro y nos hace reflexionar sobre si, en ocasiones, las pasiones se erigen como compañeras del alma o se convierten en sus implacables verdugos.

También de Eva Baltasar en ULAD: Permagel, BoulderMamutOcaso y fascinación

jueves, 29 de enero de 2026

Pol Guasch: Reliquia

Idioma original: catalán
Título original: Relíquia
Traducción: Unai Velasco, para Anagrama
Año de publicación: 2026
Valoración: entre recomendable y muy recomendable


Como se dice en algunes ocasiones cuando se habla de grandes escritores, de Pol Guasch me leería hasta su lista de la compra. Su inmenso talento que exhibe en cada uno de sus poemas, artículos o libros, hace que para mí sea un autor de referencia y uno de los grandes talentos de la literatura catalana.

En esta ocasión, Guasch deja de lado la ficción para esgrimir un relato muy personal, muy íntimo, en el que narra un suceso que le ha marcado profundamente: el suicidio de su padre a los cuarenta y cuatro años cuando él tenía solo quince. Un suicidio que nadie previó, que nadie presagió y que les dejó un terrible vacío, más por lo que no rellenó en vida que por lo que se vislumbraba en el futuro. Una ausencia que abre el libro, de manera honesta y triste, cuando ya en su primera frase, el autor confiesa: «Habría agradecido una nota. Doblada en cuatro, con erratas y palabras borradas, en una hoja reciclada de otro día, en un pedazo cualquiera de papel, en una servilleta vieja, sobre una carta abierta, da igual, una nota antes de hacerlo», aunque reconoce, con cierta resignación, «que a veces no hay frases finales para cerrar nada, para terminar, que a veces no hay palabras acertadas para huir». Así, Pol Guasch escribe este libro diez años después del suicidio de su padre, diez años que dan para mucha reflexión y búsqueda de recuerdos, diez años para constatar «que amar consiste en acumular estratos que sedimentan uno tras otro y que cada amor nuevo descansa sobre las ruinas de uno antiguo. Diez años para reconocer que tú fuiste el primer estrato de todos. Diez años para asumir que tendremos que esforzarnos terriblemente para olvidar lo que hemos amado de alguien».

Con este estilo directo pero sentido, conmovedor y emotivo, Pol Guasch se nos abre en canal (o más bien en un torrente emocional) en el que narra la muerte de su padre desde el dolor del vacío que deja. Un suicidio que llena un futuro de lagunas, un paisaje por colorear, un sinfín de preguntas sin respuesta y de conversaciones no iniciadas. Y, en la búsqueda de motivos, un intento de acercamiento, de emular sus gestos o aficiones, porque «copiarte era una forma de acercarme a ti. También de admirarte. Un intento de entenderte, seguramente: pensaba que, si hacía lo mismo, podría llegar a sentir lo que sentías, que solo hacía falta esperar, repetir y esperar». Un intento infructuoso que le lleva a buscar nuevas vías, nuevas formas, para alcanzarlo, para comprenderlo, de manera que Guasch opta por buscar más allá de él y de ellos y, por ello, se encamina a mezclar reflexiones, notas biográficas de autores conocidos que travesaron circunstancias similares con retazos de su propio pasado. Unas memorias que le sirven para recordar no tanto a su padre sino a sí mismo; un tiempo pretérito que recuerda para traerlo nuevamente al presente, intentando encontrar en sí mismo respuestas y rellenar pasajes del pasado, para no olvidar, para retomar y para completar quien es hora con quién fue. De esta manera, el autor se escuda y se arropa en textos y biografías de autores que también se suicidaron para encontrar en ellos aquellas palabras que le faltan para explicar lo sucedido, para comprender a su padre y qué le llevó al suicidio y entender a la vez sus propios sentimientos y emociones, un amparo en su tristeza y dolor causado por la incapacidad en entender y de entenderse tras un suicidio que les deja sin, tan siquiera, una carta de despedida, quien sabe si porque aquello «significaba que el último pensamiento no había sido para nosotros», o quizás porque «ya debías de saber que un largo silencio, al final, también es un lugar donde descansar, una zona donde los demás escogen las palabras con las que querrían recordarte». Quizás este era el motivo, quizás.

De esta manera, Pol Guasch se adentra en la historia familiar de manera terriblemente íntima y personal para intentar comprender el suicidio de su padre, y lo hace con una aproximación que le surge de manera orgánica: a través de otros escritores que han pasado por lo mismo. Y esa es la magia de la historia: cómo la literatura, los libros, los autores que nos envuelven pueden ser de ayuda en ese difícil proceso de entender a los que ya no están, a nuestras personas más cercanas, a nosotros mismos. Ahí radica el submensaje de esta obra: cómo la literatura nos ayuda a lidiar con nuestras vidas, nuestros obstáculos, nuestros pensamientos y, a la postre, con nosotros mismos. Un texto a caballo entre la memoria y referencias de biografías de autores con el que Pol Guasch despliega su talento pero especialmente su sensibilidad para tejer un relato que conmueve, que nos hace reflexionar sobre la vida y su ausencia, porque la muerte no es nada en sí misma sino la carencia de momentos por vivir, de conversaciones pendientes, de intuiciones no corroboradas, de miradas que no encuentran réplica más allá de la que podamos darnos a nosotros mismos a sabiendas de que siempre nos quedaremos cortos en palabras y en afectos.

viernes, 28 de noviembre de 2025

Xavier Mas Craviotto: Animals inexpressius

Idioma original: catalán
Título original: Animals inexpressius
Traducción: sin traducción al castellano en el momento de publicar esta reseña
Año de publicación: 2025
Valoración: muy recomendable


Hay talentos que, ya de bien jóvenes, destacan por tener una sensibilidad especial a la hora de escribir, ya sea una novela, relatos cortos o poesía. Pero hay autores que justamente su paso por todas las disciplinas literarias (y especialmente la poesía) les otorga un valor adicional no siempre al alcance de todos. Porque es difícil destacar en cada una de esas facetas, pero Mas Craviotto lo consigue, pues este libro de relatos (su primer recopilatorio) se suma a los éxitos en clave de calidad literaria que consiguió con las novelas o sus poemas. Veamos lo que nos ofrece en esta antología.

El libro que nos ocupa nos presenta una recopilación de diez relatos, de duraciones entre las cincuenta páginas el más largo y catorce el más corto, escritos todos ellos en una misma época. Y, como en todo libro de relatos que se precie, todos ellos tienen algo en común, un hilo conductor que permite al lector hilvanar las diferentes historias para que, también en conjunto, tengan sentido, que a su manera se puedan entender como una continuación uno del otro, no ya a nivel argumental sino a nivel emocional, casi sensorial que los conecta de manera orgánica y natural. En este caso, el nexo común a todos ellos es la inercia, una inercia que empuja a los personajes a seguir con unas vidas que no perciben ya como propias, sometidas a una desconexión permanente ya sea de la pareja, del mundo, del futuro o incluso de su propia vida. Así, los personajes que protagonizan los relatos se ven arrastrados por una cotidianeidad de la que no saben cómo escapar, por unas expectativas que les empujan adelante sin ver (o pretendiendo no hacerlo) el abismo que se abre ante sus vidas; un abismo que sortean como pueden, empujando los días, uno a uno, intentando así salvar el escollo que les niega la felicidad, sin tener en cuenta que, en cada decisión, la cuerda que los sostiene es más débil, más fina, casi un hilillo en el que agarrarse justo antes de la caída final que no siempre se produce, aunque quizás paradójicamente sería esa su salvación.

Para no extenderme demasiado, no desgranaré cada uno de los relatos porque, además, con ello, hurtaría a los futuros lectores parte del encanto que tienen de manera intrínseca los relatos: la contundencia de esa ventana temporal que se abre in media res a una historia y que nos permite ser testigos por un corto espacio de tiempo de unas vidas que uno percibe más amplias de las que se nos refleja. Y es que, en parte, ese es uno de los puntos fuertes de las grandes narraciones en el genero de los cuentos: la capacidad del autor en dejarnos ver, a través de unas pocas páginas, unos personajes que por lo que se insinúa en el relato tienen vidas previas y posteriores al momento narrado, podemos intuir su pasado y su futuro fuera del cuento convirtiéndonos momentáneamente en testigos temporales de sus vivencias. A pesar de ello, sí diré que mis preferidos son el primero de ellos («La noche atrapada dentro del retrovisor») en la que el autor teje un relato duro, intenso, con una tensión palpable que se extiende como un manto a lo largo del relato. Una historia de vacíos, de silencios, pero sobre todo de una inercia que empuja a sus personajes hacia un abismo, cada uno el suyo, con su propio interminable fondo al que ni la oscuridad propia de los propios temores les hace apartarse de un borde que les tienta absorbiéndoles hacia un agujero existencial en sus vidas. También me ha parecido sublime el relato «El laberinto», sobre un niño prodigio, que conoce todas las banderas de los países del mundo, sus capitales y la forma de sus países. Un niño incomprendido por los padres porque ven que en su cerebro hay como una especie de laberinto donde se encuentra todo lo que recuerda y que, a diferencia de ellos que «sólo tenemos una calle», su hijo nació «con una ciudad en la cabeza». Un niño inteligente con unos ojos que «eran de alguien que había entendido la vida mucho mejor que los adultos. Alguien que había entendido el mundo y se aburría porque ya no había nada que hacer en el mundo, cuando lo has entendido». También resulta sobrecogedor el relato «El día que desapareció el Sol» o también triste y desesperanzador «El iceberg».

En esta recopilación, Mas Cravitto ha bordado un libro a través de un conjunto de textos enlazados, no solo simbólicamente sino también sutilmente a través de puntos de unión argumentales entre ellos, que desprenden violencia, alguna vez física, alguna vez psicológica pero siempre interior, por la frustración de no haber conseguido una vida mejor, por no haberse rebelado en los momentos en que la vida lo exigía o demandaba, por ser demasiado débil o demasiado fuerte, por una pérdida o por un exceso, por uno mismo o por los demás. Violencia contenida o explícita que rodea a sus personajes, así como lo hace también la desesperación o la tristeza, todas rodeadas en un abrazo letal que lo arrastra y los condena. No hay redención, no hay una brecha por lo que la luz pueda asomar y mostrar un nuevo camino, todos parecen perdidos y condenados a una vida que no quieren, pero de la que no consiguen encontrar escapatoria porque, tal y como dice el autor en uno de los cuentos, «es cabrona la inercia. Hace que dejes de entender cosas. Hace que dejes de entender las cosas porque antes ha hecho que dejes de hacerte preguntas. Dejas de preguntarte por qué haces lo que haces, qué sentido tiene todo lo que te envuelve. Entonces sí que estás muerto». Una muerte muy presente en los relatos, pues en uno de ellos afirma, sabiamente, que «las personas que amamos no se mueren solo una vez. Se mueren muchas veces. Cada vez que las recordamos vuelven a morirse. Una y otra vez. Infatigablemente. La muerte no se cansa nunca».

Para terminar, dijo el autor, en una charla en la que participé, que cuando empieza a escribir un nuevo texto no parte de un propósito sobre en qué campo situará el texto: deja que la idea le venga a la mente y luego busca qué cuerpo encaja mejor con la idea. Y, una vez leídas varias de sus obras, no me cabe duda de que todas ellas encajan como un guante, aunque no siempre de seda.

También de Xavier Mas Craviotto en ULAD: La mort lentaLa gran nàusea, La pell del mónLa llum subterrània

jueves, 9 de octubre de 2025

Íngrid Guardiola: La servidumbre de los protocolos

Idioma original: catalán
Título original: La servitud dels protocols
Traducción: Cristina Zelich en castellano para Arcàdia
Año de publicación: 2025
Valoración: recomendable


En los tiempos actuales donde la IA y las plataformas sobreocupan nuestras vidas, y a pesar de haber leído últimamente no pocos ensayos sobre el tema, la publicación de este libro por parte de Íngrid Guardiola brindaba una buena oportunidad de conocer qué nos presentaba después de su más que interesante ensayo «El ojo y la navaja».

Ya en su comienzo, la autora nos habla del protocolo y su significado, afirmando que «se trata de una pauta informática que permite que dos máquinas se comuniquen entre ellas, o una pauta humana que hace posible que un humano se comunique con otro humano a través de un dispositivo o un acuerdo». Así, «los protocolos pueden adoptar un carácter sociocultural (…) o constituir una obligación, tener un carácter normativo» lo cual, aplicándolo a términos prácticos, nos lleva a «un ensayo que parte de la pregunta sobre qué consecuencias tiene el hecho de automatizar cada vez más todas nuestras decisiones, relaciones, intercambios semióticos o afectos a través de dispositivos tecnológicos, pero también de la maquinaria administrativocultural que fomenta la rivalidad social, el rendimiento extremo y las dependencias de la tecnología y sus aplicaciones», de tal manera que «la servitud de los protocolos aborda la relación entre la tecnología y el cuerpo, los gestos y lenguajes con los cuales nos expresamos como individuos y como masa: pero, a la vez, habla de la necesidad de volver a desear».

Visto el propósito del ensayo, Guardiola aborda este campo desde diversos ángulos en los que los protocolos acaban (redi)rigiendo nuestro comportamiento en lugar de estar a nuestro servicio. Unos protocolos orientados a guiarnos hacia donde quienes los implementan quieren: un entorno cada vez más competitivo, capitalista y consumista. Por ello y parafraseando a Deleuze, la autora afirma que «la rivalidad se justifica a través de la meritocracia. Cuando la corporación sustituye la escuela, entonces el “perpetual training” (la formación permanente) se instaura como modelo educativo principal, con su control continuo». Así, Guardiola ahonda en esta línea cuando asevera sin tapujos que LinkedIn y su sistema de recomendar «gente a la que puede que conozcas, de manera que funciona de celestina, selecciona objetos de deseo, personas con perfiles y rangos sociales similares, y los dispone en la bandeja del timeline. La diferencia entre la gente que puedes conocer y la que tendrías que conocer no es clara. ¿Quién lo dictamina? El algoritmo hace de prescriptor, confirma la coincidencia (…) esta cultura del casting actualiza las antiguas historias del patito feo (…) genera unas dinámicas de castigo y recompensa, violenta los cuerpos y el ánimo», pues «de hecho, hace de la rivalidad un motor social» a lo que Guardiola sentencia al citar a John Bergen quien en 1972 afirmó que «la envidia es un motor social, y la tarea de la publicidad es producirla, modificar las relaciones sociales».

La autora catalana incide en el perverso diseño que las compañías tecnológicas hacen de en productos pues claramente van destinados únicamente a conseguir la atención del usuario de manera que «el capitalismo aplica métodos de adiestramiento conductistas próximos a los domadores de animales, juega con las esperanzas y las recompensas. El algoritmo se adapta a las circunstancias de cada uno y opera como una máquina de refuerzo positivo o negativo, de manera que, al final, ya no podemos hablar de adaptación al entorno sino del hecho que es el algoritmo quien acaba creando el entorno y las circunstancias de los usuarios. El gran hallazgo de las plataformas sociales es hacer de la información y la comunicación el nexo de todas las relaciones humanas y hacer posible la extracción económica de todo este proceso comunicativo y emocional» y todos somos sufrimos las consecuencias a la vez que somos la causa tal y como constata la autora citando La Boétie y su discurso ‘La servitud voluntaria’ (1576) donde se preguntaba por la razón de ser de los tiranos y afirmaba: «‘de dónde ha sacado los ojos con los que os espía, si no se los habéis entregado vosotros’?. El tirano tipo que describe podrían ser hoy en día las grandes compañías como Apple, Facebook, Microsoft, Google, Amazon o Alibaba». Así, «el capitalismo de hoy en día, que podríamos denominar narcocapitalismo o neurocapitalismo, expropia la energía de los ciudadanos a través de todo tipo de mecanismos (plataformas sociales, gimnasios, aplicaciones diversas, IA…) y la utiliza como materia prima. La recompensa del individuo es neurológica: la segregación de endorfinas, también denominadas ‘hormonas de la felicidad’ a cambio de conexión, de interacción virtual».

Y, cómo no podía ser de otra manera en un ensayo en los que se trata el uso, función e intereses de las plataformas digitales y el entorno tecnológica que las conforma, la autora también lanza un aviso sobre la IA y la necesidad de legislarla con sentido humanista y prudente, pues «los algoritmos trasladan el perfil genérico, étnico y sociocultural de quien los ha programado». Asimismo, avisa del riesgo de abusar de ellas pues nos empobrece a nivel cognitivo y evolutivo, pues «la velocidad de los cambios históricos prevé que nos lleve a posicionar mejor las máquinas que los humanos en la comprensión de los contextos, pero los humanos tienen la experiencia y la posibilidad de una búsqueda más errática, la cual puede afrontarse con más profundidad en los márgenes» de manera que, paradójicamente, es nuestra capacidad de equivocarnos (o al encontrar resultados menos adecuados a lo que buscábamos) lo que nos hace superiores a las máquinas pues a veces es justamente en los márgenes del conocimiento donde entendemos la complejidad y el alcance de lo que estamos tratando de entender. Igualmente, nos habla sobre las herramientas de la IA para modificar y analizar los rostros, los peligros que conlleva no únicamente a nivel personal con relación a la aceptación de uno mismo sino también policial con los múltiples datos biométricos que almacenan las grandes corporaciones.

Por todo lo que expone y de la manera como lo trata, y a pesar de que, como en todo ensayo en ocasiones hay cierta reiteración de ideas (que por otra parte ayudan a su ahondamiento) este ensayo es recomendable, pues analiza, de manera profunda pero accesible el entorno tecnosociológico en el que nos encontramos y los riesgos a los que estamos sometidos y que, justamente con nuestro comportamiento y uso, estamos alimentando.

También de Íngrid Guardiola en ULAD: El ojo y la navaja

lunes, 8 de septiembre de 2025

Jesús Moncada: Camino de sirga

Idioma original: Catalán
Título original: Camí de sirga
Año de publicación: 1988
Traducción: Joaquín Jordá
Valoración: Casi imprescindible 

La lectura de las primeras página de Camino de sirga podría llevarnos a influencias tales como Bearn o la sala de muñecas y El Gatopardo. Ya sabéis, aquello de un mundo y una clase social en descomposición, etc. 

Pero a medida que avanzamos en la lectura vemos que la novela tiene un componente social o político (o socioeconómico) que aquellas no poseían y es así como las referencias más cercanas  pasan a ser García Márquez, mi adorado Ramiro Pinilla o Faulkner. Macondo, Getxo, Yoknapathawpha (y Mequinenza), lugares literarios reales o ficcionados alrededor de los cuales representar el mundo y su Historia.

En el caso que hoy nos ocupa, Camino de sirga es una crónica novelada (también podríamos, hasta cierto punto, etiquetarla como novela histórica) de la localidad de Mequinenza, sepultada bajo las aguas por la construcción de unos pantanos allá por 1971. 

Es precisamente el comienzo de la demolición de los edificios de la localidad el punto de partida de un desfile de fantasmas que, gracias a la arquitectura espectral y confusa de la memoria, nos llevará por todo el siglo XX (Primera Guerra Mundial, guerra civil, posguerra). 

Dos ríos, el Ebro y el Segre, y dos minerales, el carbón y el lignito, organizan la vida económica y social de la cuidad. Así, burgueses y trabajadores, navegantes y mineros, señorones, criadas, proletarios... completan un fresco completísimo del siglo XX en España (una vez más, aquello tan barojiano de hablar de tu aldea para hablar del mundo) pintado a través de decenas de historias y personajes en las que predominan la tragedia y el humor. Es este ultimo punto otra de las diferencias que encontramos entre Jesús Moncada de autores y obras ya citadas.

Pero si por algo destaca Camino de sirga es por ambición, estilo y ritmo: ambición por resumir en 350 páginas los últimos 100 años de una localidad a través de multitud de historias individuales, estilo por utilizar una prosa en la que combina, con igual acierto, la novela "de época" con la novela social y ritmo por mezclar todos estos ingredientes y hacer que la novela se disfrute y se lea en un suspiro.

Quizá, y solo quizá, habrá quien pueda acusar a Moncada de posicionarse ideológicamente, de tomar claro partido, etc. Bueno, puede que no sea su libro y punto, pero yo tengo bien claro que la de Moncada es literatura de altísima calidad, literatura contra la muerte y el olvido, literatura de la "periferia de la periferia" (sí, tetes, en la Franja de Poniente se habla y se escribe en catalán), pero sobre todo profundamente universal.

sábado, 5 de julio de 2025

Edgar Cotes i Argelich: Un àngel cruel

Idioma original: Català
Año de publicación: 2023
Valoración: Está bien

Un àngel cruel, de Edgar Cotes i Argelich, es una novela breve de terror sobrenatural. En ella, un padre y sus hijos abandonan Barcelona (después de vivir una tragedia familiar y el confinamiento causado por el Covid 19) y se trasladan a un pueblo rural de Lleida. Su intención es dejar atrás el pasado, afrontar un futuro mejor y liberarse de sus respectivos fantasmas. Sin embargo, su nueva causa alberga una fuerza ominosa que se aprovechará de sus conflictos personales y tensiones internas.

Vaya por delante que Un àngel cruel me ha gustado. Es breve, está escrita con solvencia y se lee con interés. No obstante, reconozco que su inicio me ha parecido mucho mejor que su desenlace, que su desarrollo es demasiado lineal, que sus personajes (tanto protagonistas como villanos) son demasiado básicos y que la revelación de su misterio principal, sin caer en lo anticlimático, resulta algo decepcionante.

Entre los apartados más logrados de Un àngel cruel destacaría dos. El primero sería las voces narrativas que permean la obra. No sólo resultan moderadamente originales, pues pertenecen a una especie de narradores omniscientes diegéticos (cuyas identidades me niego a revelar) que hablan en segunda persona e interpelan directamente a los protagonistas, sino que también permiten relatar el argumento desde distintas perspectivas y explorar la psicología de los personajes.

La segunda virtud de Un àngel cruel, mucho más discreta que la anterior pero aun así reivindicable, es su trasfondo catártico. Y es que Cotes la aprovecha para abordar (entre otros muchos temas, como la muerte de una madre, el amor de adolescencia o la reconciliación entre padres e hijos) el del acoso escolar, puesto que él lo vivió de pequeño y sabe dotarlo de una nada desdeñable autenticidad. 

En definitiva, Un àngel cruel es una novela entretenida, ágil y solvente, que hace gala de algún apartado particularmente logrado. Si bien se hubiera beneficiado, al menos a mi juicio, de una mayor profundidad de su elenco y argumento, y de una mayor intensidad en su imaginería terrorífica, funciona a la perfección como historia sencilla.   

sábado, 31 de mayo de 2025

Marta Orriols: A l’altra banda de la por

Idioma original: Catalán
Año de publicación: 2025
Valoración: Entre recomendable y está bien

A l'altra banda de la por sigue los pasos de Joana, una mujer ya madura a la que le gusta el arte y nadar, que tiene dos hijos y que trabaja como restauradora y conservadora en el MNAC. 

La novela de de Marta Orriols está bien escrita y es rica en reflexiones. Logra imprimir trascendencia a lo anodino, lo trivial y lo cotidiano con sumo acierto, además de apreciar la belleza de las cosas y los consuelos que nos proporcionan los demás, sin caer en ese afán grandilocuente y dignificador de otras obras similares. Asimismo, derrocha humanidad y madurez, y, pese a transmitir un mensaje positivo, no teme mostrar el lado negativo o decepcionante de la existencia, ni la cualidad oblicua y contradictoria del ser humano.

Dicho mensaje positivo es, precisamente, lo que más me ha gustado de A l'altra banda de la por. O, más que el mensaje positivo en sí, la grisalla que lo acompaña. Y es que éste reividinca las relaciones afectivas (con un ex marido, con un amante a quien apenas ves, con unos hijos que te ven como una pesada...), y el placer que podemos hallar en las pequeñas victorias diarias («Ressucitar un gerani, aconseguir unes entrades, regalar-les», pg. 262), pero siempre lo hace, insisto, sin caer en lo grandilocuente y dignificador.

También debo resaltar las perlas de sabiduría que salpican A l’altra banda de la por. Citaré sólo una, aunque podría elegir entre decenas: «Els fills eren l’oportunitat de reviure sensacions que havien quedat enterrades en el passat», pg. 190.

Otro aspecto de A l’altra banda de la por que me ha cautivado es la complejidad de las relaciones entre Joana y el resto de personajes. Complejidad presente especialmente en las interacciones que mantiene con Biel, el padre de sus hijos (con quien se sigue llevando bien y al que todavía quiere pese a  que están separados), con Mateu, catalán con quien intimó breve pero intensamente en el extranjero, o con sus difuntos padres.

Si bien podría ponerle algunas pegas a A l’altra banda de la por, adelanto que son tan insignificantes que en ningún momento lastran significativamente al conjunto. La primera tiene que ver con la prosa de Orriols; y es que tengo al sensación de que algunos de sus párrafos podrían subdividirse en varios, porque el bloque no siempre aporta información relacionada. 

La segunda pega: que la voz narrativa de A l’altra banda de la por no sólo aporta poco al interpelar al lector, sino que, además, dicho recurso estilístico resulta algo confuso. A mi juicio, se usa de manera tan esporádica que no deviene relevante. Además, en un inicio parece que pretende subrayar la universalidad de la obra, enfatizar cómo Joana es, pese a sus particularidades, parecida en el fondo al resto de seres humanos («Tot ella era, en realitat, el que som sempre tots nosaltres», pg. 125); sin embargo, en momentos concretos, la forma en que la voz narrativa interpela al lector parece resignificar estérilmente tanto al narrador como al propio lector (pg. 39, 51, 52, 180, etc...). 

La tercera pega que le pondría A l’altra banda de la por es que aborda temas de actualidad que, para mi gusto, sobran, y que a la larga quizá hagan que la obra no envejezca tan bien (pienso, por ejemplo, en la relación entre la protagonista y las redes sociales o el true crime, apenas esbozadas a modo de análisis sociológico y amago de caracterización). De hecho, Orriols baraja tantos temas (amor, maternidad, envejecimiento, orfandad, arte, machismo, cambio climático...) que no todos tienen la misma relevancia, interés, efectividad o ejecución.

Sea como fuere, A l'altra banda de la por es una novela madura y solvente, tanto en la forma como en el fondo. Conviene leerla y dejar que sus páginas resuenen en nosotros. Yo, por ejemplo, que nunca me he casado, y todavía menos divorciado, me he conmovido con la forma en que Joana habla de su relación con su ex marido. A modo de cierre, adjunto algunos pasajes que hablan sobre esto:

«Qui sap si, en l'atreviment que implicava una separació, ella no havia considerat que allò no tenia per què ser reversible. / No va calcular els danys col·laterals: que els sopars i aquells amics (...) es dissoldrien i s'anirien fent incòmodes (...). No va calcular tampoc que hi hauria una dona que no seria ella amb la rodonesa d'una panxa plena d'un fill que tampoc seria el seu (...)», pg. 177.

«L'entesa no era possible sota un mateix sostre. (...) Sota un mateix sostre es provoquen les preguntes més difícils, sovint es desperten l'egoisme, la defensa dels defectes propis (...). A fora, però, podien seguir protegint-se, respectant-se, cuidant-se. A fora era un bon lloc on estimar-se.», pg. 250.

«És lenta amb els sentiments. Per què hauria de deixar-se arrossegar pel ritme desenfrenat de la vida i girar full? Podria estar-se enganxada a l'estima del pare dels seus fills i a l'atracció del Mateu la resta de la seva vida. En tindria prou i li semblaria molt.», pg. 261.


También de Marta Orriols en ULAD: Aquí

martes, 22 de abril de 2025

Ricard Ruiz Garzón: Wollstonecraft. El principi és sempre avui

Idioma original: Catalán
Año de publicación: 2025
Valoración: Está bien (sobre todo para adolescentes)

Wollstonecraft. El principi és sempre avui es una novela con tintes históricos, de aventuras, de misterio, de terror y de romance. Podríamos considerarla una biografía (convenientemente ficcionada, por supuesto), de Mary Wollstonecraft, pionera del feminismo, testigo de la Revolución Francesa y madre de Mary Shelley, a la par que un "bildungsroman" que tiene por protagonista (mal que le pese a ella, que tanto quiere relegarse a un segundo plano para enfocarse en su señora) a su sirvienta Margueritte.

De las virtudes de Wollstonecraft. El principi és sempre avui destacaría:

  • Ricard Ruiz Garzón, autor de la novela, debió documentarse profusamente para escribirla. No sólo adapta admirablemente la biografía y personalidad de Mary W. a su argumento (al igual que otro material histórico, como las pinturas de Henry Fuseli), sino que también logra plasmar convincentemente la época y los escenarios.
  • La prosa , por lo general sencilla y ágil, en determinados pasajes cumple extremadamente bien. Sólo ha habido un momento en el que ha roto mi inmersión (aunque admito que esto es un problema que tengo yo con el catalán, y es que no me parece un idioma versátil a la hora de insultar o mostrarse grosero).

En cuanto a apartados no necesariamente negativos, pero sí menos logrados, señalaría que:

  • El tono del conjunto es un tanto titubeante, pues oscila entre lo desenfadado y lo serio, lo realista y lo fantástico, lo adulto y lo juvenil.
  • Cierto aroma a literatura juvenil permea la novela (ese mensaje didáctico sobre la valía de las mujeres, ese alegato por la ayuda desinteresada, esos toques de aventura, misterio, terror y romance, el diseño de determinados personajes...). Lo cual no molesta intrínsecamente, aunque resulta algo chocante, porque ni la sinopsis ni la promoción del libro lo habían anticipado.
  • Margueritte, una huérfana de dieciséis años, es torpe hasta extremos exagerados. Entiendo que ese rasgo es deliberado, pero en ocasiones se me ha hecho muy poco creíble.
 
Sea como fuere, Wollstonecraft. El principi és sempre avui es un libro disfrutable, y creo que supondría una lectura gratificante y enriquecedora para adolescentes.


lunes, 24 de marzo de 2025

Marina Garcés: La pasión de los extraños

Idioma original: catalán y castellano
Título original: La passió dels estranys / La pasión de los extraños
Año de publicación: 2025
Valoración: entre recomendable y muy recomendable


A lo largo de mi vida siempre he tenido un marcado interés en aquellos ámbitos relacionados con el conocimiento de uno mismo pero también sobre el mundo que nos rodea, siendo la filosofía una disciplina que cubre marcadamente estos objetivos acercándose a ellos de manera racional. Pero claro, la profundidad que a menudo encontramos en los textos de este campo puede suponer un escollo a quién pretenda aproximarse a ellos. Por suerte, Marina Garcés sabe encajar su vocación didáctica con los amplios conocimientos que otorga y el resultado es un libro accesible en su mayor parte a la vez que sumamente interesante.

A pesar de un título que puede llevar a cierta confusión, el ensayo trata sobre la amistad, desde su significado desde tiempos pretéritos hasta su concepción actual. Ya en el prólogo la autora confiesa cierto recelo del típico concepto de amistad afirmando que «la confianza y el confort con el que mucha gente se refiere a sus amigos me despierta una alarma que no sé si es una señal de sospecha o de envidia». Un recelo que se basa en su percepción de que «la amistad es un espacio de relaciones tan inquietante como temible, afectado por un deseo y un miedo que escapan a lo que podemos llegar a denominar: el deseo de ser amados porque sí y el miedo de no serlo». Con ello, afirma la autora que «este libro se propone recorrer los márgenes de la escritura sobre la amistad, recorriendo sus hilos conceptuales, pero también adentrándose en sus vacíos».

En su análisis sobre la amistad, Garcés afirma que se está reduciendo la amistad a la «condición de remedio terapéutico: salvavidas de una vida huérfana y refugio de una vida amenazada. Después de años dando todas las vueltas posibles al amor, la pareja y las relaciones sexuales, la amistad aparece en los medios de comunicación, los apartados de psicología de los periódicos, a las páginas web de autoayuda y en investigaciones académicas como la poción mágica que puede curar todos los males de este tiempo en que vivimos: la soledad y el malestar» y esto va en contra de la naturaleza genuina de la amistad, pues «los amigos y las amigas no existen como un medio para un fin, sino que son, precisamente, aquellos seres únicos que amamos por ellos mismos. No responden a ninguna capacidad productiva ni reproductiva que los justifique» de manera que las relaciones de amistad no están asociadas a ninguna función ni están subordinada a ninguna finalidad, «la amistad es un bien muy preciado precisamente porque lo que nos importa de ella no se reduce a su utilidad ni a los beneficios que nos puedan proporcionar los amigos». Por ello, reincide en esta premisa básica e innegociable: «si la amistad es definida como aquella relación afectiva que no puede tener ningún otro fin que ella misma, si es un amor que debe mantenerse libre de cualquier forma de necesidad, solo aquellos que pueden considerarse libres en este sentido pueden aspirar a ser perfectamente amigos». Por ello, «todas las relaciones que implican dependencia, emocional o material, son enemigas de la amistad porque ponen en duda tanto la libertad en la que se basa el ejercicio de la virtud como la reciprocidad entre iguales. La amistad, y esta es la tercera constante, es el amor a la libertad del otro. Es compromiso, pero no obligación».

La autora traza así un marcado terreno para su ensayo y despliega sus reflexiones de manera diáfana y con vocación expositiva. De todos modos, como ocurre en todo ensayo, hay partes más interesantes que otras, así como hay momentos más accesibles que otros y debo reconocer que el libro pierde parte su atractivo cuando abandona la idea de la amistad que comúnmente podemos tener para explicar su evolución a través de la historia y de su significado a través de la religión o la filosofía. Ahí entra en un terreno más complejo que por concepto o por creencia (o falta de) se vuelve más pantanoso y encallado; son párrafos en los que Garcés habla sobre la amistad exhibiendo su amplio bagaje intelectual y profundiza verticalmente en su significado a través de las tesis de San Tomás de Aquino, Agustín de Hipona, Hannah Arendt, Thomas Hobbes, Carl Schmitt o Aristóteles. De todos modos, superado ese ligero “bache” por el análisis histórico, la autora se centra en cómo la amistad nos influye como personas, como las relaciones que tenemos nos afectan y nos hacen tomar consciencia de nuestra manera de ser así como de ellas mismas en contextos diferentes a los de la individualidad de la relación cerrada que puntualmente suponen. Así, parte de los recelos indicados al principio, se fundamentan al lanzar la siguiente reflexión: «¿cuántas veces hemos podido sentir que los nuevos amigos de nuestros parientes, o incluso de nuestros amigos, ejercen algún tipo de hechizo sobre ellos que no nos deja tranquilos o, incluso, del cual llegamos a sospechar? De la misma manera, puede resultar violento ver el comportamiento de un amigo o amiga con otras amistades porque se nos aparece como un extraño. No solo imita otros gestos sociales, hábitos o maneras de hablar que nos distancian. Lo que es inquietante es que vemos aparecer otra persona en alguien que creíamos conocer».

Afirma la autora que «la pasión por el amigo o amiga, la pasión entre amigos, no es el deseo de lo que es el otro, sino la inclinación por su manera de estar en el mundo»; quizá es por eso por lo que los amamos a la vez que nos causan cierta envidia y porque también, en el fondo, nos sirven de contrapunto y de espejo a través del cual (auto)cuestionarnos. Por ello, asevera que «nos conocemos y desconocemos a través de los amigos» y no puedo estar más de acuerdo con ella: es a través de las conversaciones y las relaciones con nuestros amigos donde (re)conocemos nuestra personalidad, nuestras afinidades y temores, pero también los pilares y estructuras mentales y emocionales que sustentan nuestro ser. Es en esas relaciones donde nos sentimos seguros a veces y en otras notamos que zozobramos pues siempre hay en ellas cierto terreno inexplorado; de todos modos, y a pesar de ello, es en esas contadas amistades y la atracción que generan donde buscamos un armonioso equilibrio entre el confort de lo conocido y la desconfianza de lo extraño.

También de Marina Garcés en ULAD: El tiempo de la promesa