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domingo, 4 de diciembre de 2022

Ole Nymoen / Wolfgang M. Schmitt: Influencers

Idioma original: alemán

Título original: Die ideologie der werbekörper

Traducción: Lara Cortés Fernández

Año de publicación: 2022

Valoración: Muy recomendable


A estas alturas me parece innecesario explicar qué cosa es eso de influencer, algo que a su vez puede enlazarse con otros sufijos profesionales de moda, del tipo youtuber, instagrammer o tiktoker. Por introducirnos de alguna forma en el libro diría que Marx se ocupó sobre todo de la vertiente productiva del mecanismo capitalista, pero anduvo menos agudo, o las circunstancias no apuntaban tanto por ahí, a la hora de analizar su otra cara, que no obstante siempre ha sido fundamental: vender. Puede que en aquellos tiempos la venta de lo producido era algo que se daba por supuesto y que no implicaba consecuencias sociales importantes, pero claro, han pasado cerca de dos siglos y el mundo ha cambiado mucho. El mantra del capitalismo ha pasado a ser la acumulación y el crecimiento, y obviamente es necesario dar salida a todo ese producto, por absurdo o inútil que sea.

Así que, instalados en la era de internet, era ya momento de superar las viejas fórmulas del marketing, ideadas para medios como la prensa o la televisión, y era necesario sacarle partido a la nueva gallina de los huevos de oro. Y eso, adaptarse a los tiempos, mimetizarse con el entorno, el sistema siempre ha sabido hacerlo con maestría, de ahí su supervivencia. Cuando ya la gente se las sabe todas y desconfía de los voceros de la publicidad, qué mejor que recurrir a las nuevas estrellas de la comunicación, esos jóvenes que quizá entraron en la red con la intención más ingenua pero consiguieron conectar de pronto con miles de seguidores, casi siempre jóvenes, ansiosos de autenticidad, de espontaneidad, de verdad ajena a las viejas élites. Un bombón.

Todo esto que puede parecer tan aparatoso, quizá tan exagerado, no lo es en absoluto. Si leemos el magnífico trabajo de estos dos alemanes (uno de ellos, por cierto, podcaster) lo iremos viendo paso a paso, observando con detalle el proceso por el que el mercado insaciable se ha colado, a veces disimuladamente, otras con todo descaro, en las redes sociales que ahora reúnen a millones de potenciales consumidores tras una pantallita, no ya un complicado artefacto con cables, sino ese móvil que todos llevamos en el bolsillo, en la mano o colgado de una cuerda.

Sinceramente, yo esperaba un libro más bien ligero, lleno de anécdotas, seguramente con un cierto tono crítico, algo que podríamos identificar con esa crítica buenista que el neoliberalismo (en su versión más progre) ha aprendido a aceptar y asumir con entusiasmo porque, una vez más, permite verle un aspecto más humano, conectar con un público más exigente y, en definitiva, vender más, que es lo que interesa. Esto es lo que esperaba encontrar, pero el libro, aun siendo ameno y explicarse con una claridad diáfana (ya quisieran muchos ensayistas tener esa capacidad), no se queda en la superficie, profundiza en los fenómenos de comunicación que estamos viviendo y los sitúa en el plano ideológico: a qué responde la proliferación de jóvenes publicitando marcas, cómo opera la publicidad testimonial y cómo han evolucionado los factores de confianza y admiración, cómo se integra el mensaje publicitario en el proceso de exhibición de la propia vida diaria (muchas veces anodina), cómo se conjugan los mensajes de corrección política (diversidad, medio ambiente, solidaridad) con las exigencias del sistema. Diferentes vertientes desde las que observar este fenómeno de los influencers, pero mucho más allá, un análisis pormenorizado, sistemático y bien fundamentado de la ideología que subyace tras esta nueva moda.

Internet ha sido, de momento, el último camino para alcanzar el sueño americano. El acceso al éxito en la red a través de plataformas puede decirse que es, o ha sido, plenamente democrático, cualquier desconocido con talento o con suerte ha podido convertirse en una estrella de internet, y de ahí a contar con el patrocinio de marcas comerciales que les harán ricos además de famosos. El camino a ese mundo de oportunidades se ha ido poniendo cada vez más angosto, y hoy en día ya no resulta tan fácil auparse al éxito. Pero no hay que preocuparse, pronto el sistema encontrará otro nicho, un nuevo camino para crear más necesidad, multiplicar los consumidores, inducir a un mayor gasto.

Cada cual valorará todo esto, si es normal que muchos jóvenes (y algunos no tanto) exhiban a diario su vida privada, que otros muchísimos se mantengan atentos a presenciar escenas banales de sus ídolos, o que estos seguidores digieran sin el mínimo reparo las recomendaciones publicitarias que se les lanzan. Es lo que hay, y siempre podría ser peor. Pero sí recomiendo, con el entusiasmo que permite una reseña que quiere ser imparcial, una lectura como esta, que amplía horizontes y nos permite ver más cosas, colocar el fenómeno en su lugar y analizarlo desde el pensamiento crítico, algo que se nos vende envuelto en moralinas modernas, pero que en el fondo es cada vez más escaso, y por tanto más caro.


jueves, 28 de enero de 2021

Semana del ensayo #4: La economía WTF, de Tim O´Reilly

Idioma original: inglés
Título original: WTF
Traducción: Rebeca Bouvier Ballester
Año de publicación: 2018
Valoración: Interesante, 
Bastante recomendable

Y no paramos con lo de las cubiertas, eh? Aquí tenemos un caso flagrante de cómo una presentación espantosa (colores chillones, tipografía sensacionalista, latiguillos horteras) no solo puede hacer huir al lector más sosegado, sino que además desentona considerablemente con el propio contenido del libro. Menos mal que tienen ustedes un lector y reseñista que no se arredra ni siquiera ante el mal gusto. Porque, oiga, lo que tenemos delante no es el texto de autoayuda que parece para fanáticos de la tecnología o estudiantes de empresariales. Es bastante más, al menos a ratos, porque cuatrocientas páginas dan para mucho.

Tim O´Reilly es un señor formado en lenguas clásicas y fundador de una editorial de libros sobre informática que, como tantos otros, terminó abducido por ese mundo de la tecnología del que se convirtió en importante animador hasta ser designado con ese absurdo y manoseadísimo título de gurú, allá por Silicon Valley y entornos similares. De manera que este hombre sabe casi todo lo que hay que saber de estos temas, y a partir de ahí se dispone a explayarse, aparentemente, sobre cómo será el futuro gracias a la revolución tecnológica que vivimos. 

En principio tenemos más o menos lo que esperábamos: una exposición sobre la fase embrionaria del software, las tentativas para amarrar bajo patentes los sucesivos avances y el triunfo final de eso que se llama código abierto que, para los que no entendemos casi nada de esto, sería una especie de libertad de acceso más o menos generosa al código fuente, de manera que otros desarrolladores puedan modificarlo o mejorarlo. Estamos todavía dentro de lo que podríamos llamar género tecnológico-empresarial-norteamericano, con sus patologías habituales: cierta megalomanía, frenesí de nombres propios asociados a sus cargos directivos,  algunas dosis de egolatría, tics autoreferenciales y puntuales ráfagas de ingenuidad. Pero dejemos seguir a O´Reilly.

Este rollo del código abierto le lleva a mostrar su entusiasmo por el concepto de plataforma, o sea, un montaje tecnológico complicado que sirve de fundamento para articular nuevos negocios. Entre ellos (unos más ajustados a este peculiar modelo, y otros menos) aparecen nombres que a todos nos sonarán para bien o para menos bien, ya sea Google, Uber, Airbnb o Amazon, por citar los más conocidos. Las más brillantes de estas iniciativas reciben el simpático calificativo de unicornios, y muestran la cara más exitosa de lo que O´Reilly llama el momento WTF, el triunfo de la creatividad empresarial del siglo XXI de la mano de los recursos digitales. El autor explica los mecanismos de empresas sin empleados ni estructura (o casi), como Uber, la transformación de simples portales de venta on line en plataformas de alcance monstruoso (Amazon), o los algoritmos de Google para dar lugar a esos posicionamientos por lo que pelean publicistas e informáticos de todo el planeta (uno de los pasajes más interesantes). Se podría decir que el capitalismo ha encontrado su paradigma perfecto: generar volúmenes mareantes de ingresos convirtiendo a los trabajadores en ‘proveedores independientes’ y dejando que el mercado mismo sea el único en marcar los límites de lo aceptable.

Sin embargo, la posición de O´Reilly, o no es tan entusiasta como parece, o adquiere matizaciones según avanza el libro. Hay cierta preocupación porque este concepto libérrimo de internet, las redes sociales o los negocios nacidos de todo ello no terminen sirviendo más que a intereses mercantiles y que a la larga hasta puedan verse perjudicadas las altas expectativas de todo el sistema. Aunque reproduce una cita ajena, entiendo que O´Reilly lo suscribe, al menos en parte: ‘Las mejores mentes de mi generación están pensando en cómo hacer que la gente haga clic sobre anuncios. Vaya mierda’

No solo eso, sino que el autor se lanza a poner en cuestión uno de los principios inamovibles de las sociedades de capital: que su objetivo fundamental no puede ser otro que aumentar el valor para sus accionistas (algo que se repite como un mantra en las Escuelas de negocios). Con este cambio de tono, el libro se interna en un ámbito bastante sorprendente. O´Reilly hace una síntesis, muy compacta pero muy atinada, de los momentos clave de la economía desde el siglo XIX hasta la actualidad, analiza el impacto de la financiarización (palabro muy descriptivo aunque dudosamente correcto) de la economía en las últimas décadas y su traducción en un incremento de la desigualdad: desigualdad en la trayectoria de las empresas según se entreguen al juego de los mercados financieros (dice que la suya no lo ha hecho), y desigualdad, desbocada, en la renta de los individuos. Se apoya en muy numerosas citas a la vez que muestra una clarividencia que ya la quisieran muchos economistas (no digamos los políticos), con una influencia importante de las tesis de Thomas Piketty en El capital en el siglo XXIDigo que resulta sorprendente porque, además de que el tema se aleja un tanto de la exposición inicial, la perspectiva es bastante rompedora para alguien que parece un triunfador en ese peculiar mundillo. 

Insisto en que no son bobaditas de millonario con cargo de conciencia que dedica su fortuna a una filantropía difusa, suponemos que ahorrándose algunos impuestos por el camino. La exposición está muy bien argumentada y, aunque en el fondo entiendo que O´Reilly no pone en cuestión los fundamentos del sistema (pienso que sigue siendo un liberal a tiempo completo), seguramente para algunos de sus ávidos lectores terminará pareciendo un peligroso radical. La suya viene a ser la posición de lo que, parafraseando un poco, podríamos denominar capitalismo de rostro humano, una forma de defender el esquema general aunque potenciando, por su propia supervivencia, valores que interesan a la sociedad en su conjunto. Si nos ponemos cáusticos podríamos recordar que un gran colectivo de ciudadanos con un nivel de vida aceptable es también una gran masa de potenciales consumidores para retroalimentar el sistema, y algo de esto se deja leer entre líneas.

Pero no tengo por qué poner en duda la sinceridad del autor. Nos cuenta algunos entresijos interesantes de ese complicado mundo de las grandes tecnológicas, subraya una y otra vez el valor de la iniciativa y la creatividad, y defiende que los medios a nuestro alcance, que intuye crecerán de forma exponencial en el futuro, deben servir para empoderar a trabajadores de todo tipo, abrir nuevas perspectivas económicas y, en definitiva, en ese lenguaje tan geek-divulgativo, construir un mundo mejor para todos. Inteligente, bienintencionado, relativamente crítico, interesante, un libro que merece leerse a poco que susciten algo de curiosidad los variados temas que toca.

 

miércoles, 27 de febrero de 2019

Santiago Gerchunoff: Ironía On

Idioma: español
Año de publicación: 2019
Valoración: interesante

Acierta de pleno, en mi opinión, la editorial Anagrama con su colección Nuevos Cuadernos Anagrama, un serie de libritos a un precio módico en donde disertan sobre temas diversos escritores como Houellebecq, Marta Sanz o Sara Mesa o filósofos: Marina Garcés, Zizek, Santiago Gerchunoff... Éste último, por si no lo conocen, es un filósofo argentino residente en España, librero y tuitero impenitente que dedica al análisis y reivindicación de la ironía este su ensayo, el número 13 de esta colección (no sé si la coincidencia con este número de nefasta fama se podrá considerar irónica o no).

Sí, lo sé... El combo argentino+filósofo sólo suena un punto menos temible que el de argentino+psicólogo o... glups, el de argentino+entrenador de fútbol (es broma; no se me enfaden, amigos de la orilla occidental del Río de la Plata... Bueno y tampoco los de la oriental, por si acaso). Pero Gerchunoff, con buen criterio e impelido por la brevedad del formato -unas 70 páginas- mantiene alejada la proverbial verborrea locuacidad y además, expresa sus reflexiones con un lenguaje claro y comprensible para cualquiera, sin caer en el abuso del metalenguaje que tan caro les es a los filósofos, puesto que constituye una buena parte -por no decir la mayor- de su materia.

He comentado que el autor del libro es un contumaz tuitero y eso es algo que, en este caso, trasciende la simple anécdota, puesto que, por una parte, el título del libro proviene del socorrido hashtag #IroniaOn, empleado para señalar que el tweet se debe interpretar como tal. Y por otro lado, a este título le sigue el epígrafe Una defensa de la conversación pública de masas, que para Gerchunoff es la que, hoy en día, se produce a través de las redes sociales y que por ello es de verdad democrática. Porque una de las características de la ironía, según Gerchunoff, es que tiene un carácter eminentemente político, al tratarse de una conversación permanente en la que toman parte todos los ciudadanos que lo deseen, no sólo una élite. Otra característica de la ironía, según el autor es la humildad, puesto que parte de una posición de debilidad frente al fuerte o el discurso del poder. La ironía, además, es reaccionaria -en el sentido de "reactiva"-; no puede fundar ni afirmar ningún mensaje, sólo teaccionar ante un poder ya fundado. En este sentido, Gerchunoff emparenta la ironía con el liberalismo -que según Carl Schmitt, es reaccionario-, la ideología fundamental en la representación política moderna, que tampoco afirma (como hacen otras ideologías), sino que limita.

En realidad, todo este discurso se entiende mejor atendiendo al origen del propio término "ironía": en la antigua comedia griega, era lo que hacía el eiron, un personaje que acompañaba al alazon, charlatán sabio y poderoso, y limitaba su fatuidad con comentarios mordaces. La alusión a la Grecia Antigua no es sólo etimológica, sino que también se toma como primera referencia la figura del ironista #1 de la filosofía, el socarrón hasta la muerte de Sócrates, pero también las obras de Kierkegaard -De los papeles de alguien que todavía vive. Sobre el concepto de ironía- y del sin par David Foster Wallace -en este caso, como representante egregio de los "nuevos conservadores" (la etiqueta no se refiere al posicionamiento político) que se quejan del exceso de ironía en el discurso público y en la sociedad contemporánea, en general-; asimismo, se hace mención a otros autores menos conocidos por el gran público (es decir, por mí), como Michael Oakeshott o Richard Rorty...

En cualquier caso, a pesar de tan sesudas referencias, ya digo que el librito se lee con facilidad y deja bastante clara la postura del autor -a favor de la ironía, en general, y sobre todo la inherente a la conversación en las redes sociales-; lo peor que se puede decir de él es que sabe a poco y, aunque hay un último capítulo, Antídoto y paradigma,  a modo de recapitulación, algunos conceptos y disquisiciones pedirían un mayor desarrollo. Quizás para cuando hagan Ironía On. La película... ; )

miércoles, 21 de febrero de 2018

2x1: Los peligros de internet (El desengaño de internet y Arden las redes)

Evgeny Morozov: El desengaño de internet. Los mitos de la libertad en la red

Idioma original: inglés

Título original: The net delusion
Traductor: Eduardo G. Murillo
Año de publicación: 2011
Valoración: recomendable

Quien no conozca a Evgeny Morozov por sus artículos en innumerables medios (entre ellos El País), puede empezar a hacerse una idea siguiéndole a través de su cuenta de twitter; no son necesarios muchos twits para darse cuenta de cuál es su tema favorito, por no decir su único tema: la tecnología, y más concretamente la interpretación ideológica del uso de la tecnología. Sus blancos favoritos son los "gurús" de Silicon Valley, que prometen que si les damos todos nuestros datos, nuestras contraseñas, nuestra localización exacta y nuestras fotografías y vídeos, crearán con ellas un mundo maravilloso, democrático y vegano (en vez de, por ejemplo, vender todos esos datos a otras empresas, usarlos para fines de marketing o, dios no lo quiera, entregarlos al gobierno de turno cuando este lo pida).


Estas obsesiones están muy presentes en su primer libro, The net delusion, cuyo título traducido al español, El desengaño de internet, es algo equívoco; quizás debería haberse traducido como The God delusion, de Richard Dawkins, como El espejismo de internet. Porque la palabra delusion, y esta es una de las claves del libro, hace referencia a un autoengaño, a una ilusión o fantasía que hace ver cosas maravillosas donde no existen. En este caso, el engaño del que habla Morozov es el "ciberutopismo": la idea de que más internet equivale a más democracia; de que implantar banda ancha equivale a implantar libertad (como en el siglo XIX construir ferrocarriles significaba difundir civilización), o que cualquier problema político, social o económico puede tener una solución meramente tecnológica, independientemente del contexto (lo que Morozov llama "internetcentrismo").


Pero ojo, Morozov no es el típico "ludita" que piensa que internet es malo, que los móviles nos esclavizan o que estábamos mejor sin televisión. Su crítica se enfoca muy concretamente en el ciberutopismo, que lleva por una parte a exagerar la importancia relativa de las tecnologías en revoluciones como la Primavera Árabe o las revueltas en Irán; y por otra parte produce políticas simplistas o mal direccionadas, que obvian el hecho de que "los malos" (por decirlo así) también pueden usar una mayor implantación de internet y de las redes sociales para controlar más y mejor a sus ciudadanos.


El libro de Morozov ofrece multitud de ejemplos concretos, tanto de citas que muestran que el ciberutopismo alcanza a las más altas esferas (por ejemplo, Hillary Clinton aparece en multitud de ocasiones defendiendo que más internet equivale a más libertad), como de eventos políticos reales o posibles que cuestionan esta opinión, desde Irán a China o a los propios Estados Unidos. El mayor problema que tiene el libro es que es excesivamente prolijo, y a veces hasta repetitivo; la idea central es necesaria y está magníficamente apoyada en datos; pero el lector se cansa de leer una y otra vez la misma idea (en voz de Morozov o en voces ajenas) y de encontrar decenas de ejemplos para demostrar lo mismo, o incluso el mismo ejemplo varias veces a lo largo del libro.


En todo caso, como antídoto contra los discursos eLibertarios (que a veces esconden, consciente o inconscientemente, un capitalismo neoliberal) y frente a la idea de internet como panacea, este sigue siendo un libro necesario.


Juan Soto Ivars: Arden las redes. La postcensura y el nuevo mundo virtual

Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: recomendable como diagnóstico, decepcionante como análisis


Si Morozov puede ser un autor menos conocido para quien no se mueva en ámbitos tecnológicos, Juan Soto Ivars en cambio es probable que no necesite presentación para casi nadie que tenga Twitter en España: novelista, articulista, ensayista y twitero amado y odiado por igual, Soto Ivars se ha hecho un hueco (también en la Fundeu) como opinador ácido e irreverente, que levanta tantas pasiones como ampollas. Y también Soto Ivars, como Morozov, tiene un tema obsesivo en el último año (además de Cataluña); en este caso, se trata de los linchamientos digitales.


Arden las redes trata precisamente de estos momentos, que suelen terminar por aparecer en los periódicos con esa expresión tan manida, en que una persona privada o pública hace un comentario desafortunado en las redes sociales, y el resto de internet, como jauría justiciera, se le lanza encima exigiendo justicia, o más que justicia, venganza. Soto Ivars recolecta una buena colección de casos nacionales e internacionales, algunos de ellos bastante conocidos (el caso Zapata, Vigalondo, la escritora de libros infantiles María Frisa...), algunos de los cuales tuvieron consecuencias perdurables para sus protagonistas: pérdida de empleo, ostracismo digital, multas, juicios...


Como diagnóstico, Arden las redes me parece un libro recomendable: cada vez que veamos que un "tuitstar" republica un twit con una opinión estúpida o con un insulto despreciable, deberíamos esperar primero a conocer toda la información relevante, y no solo el titular, y después recordar que detrás de esos twits hay una persona que ha cometido un error, claro, pero que seguramente no merece (ni posiblemente está preparado para asumir) el odio, el desprecio y la humillación de miles de personas gritándole con una @ junto a su nombre. Si la opinión traspasa el ámbito de lo despreciable para entrar en lo delictivo, debe ser sin duda castigado, pero no condenado a arrastrar el oprobio de por vida (e internet tiene una memoria muy cruel). También conviene recordar que la libertad de expresión es una vía de dos sentidos: si no nos gusta que censuren a los que piensan como nosotros, no debemos querer censurar a quien piensa diferente (siempre que esa opinión no se transforme en injuria, agresión o exaltación del odio).


En cambio, el libro me parece mucho más flojo si lo tomamos no como advertencia, sino como análisis. Soto Ivars basa todo su argumento en dos conceptos: "poscensura" y "guerra cultural". La "poscensura" es la coerción para no expresar opiniones, no por miedo a una censura organizada y oficial, sino a la reprobación social de tus contactos digitales; la "guerra cultural" (y el término no es de Soto Ivars sino de James Davison Hunter) se refiere a una lucha por el control del discurso cultural/político, entre, básicamente, conservadores y progresistas (o "liberales", en el sentido anglosajón, que es distinto del español).


Aunque el término "poscensura" es el que más discusión ha provocado y el que ha sido peor recibido (probablemente porque estamos ya hartos de tanto "post"), mi mayor problema se sitúa en el segundo término, que me parece tan problemático como el "choque de civilizaciones" de Huntington. En primer lugar, porque crea dos polos monolíticos donde no los hay (sobre todo en el espectro político de la izquierda, tan aficionado a luchas fratricidas); y sobre todo porque parece situar en un estatuto de igualdad al poder y al contrapoder, a la cultura y la contracultura, a la lucha por determinados derechos, y al rechazo a estos derechos; al feminismo y al antifeminismo (por ejemplo), o a quien defiende los derechos de los homosexuales y a quien los ataca.

También, y este es otro problema importande del libro de Soto Ivars, porque no diferencia de forma suficientemente clara las explosiones espontáneas de indignación (que no por espontáneas son más justificables), de aquellas que responden claramente a intereses partidistas, como en el caso de Guillermo Zapata y de los titiriteros. Tampoco distingue claramente entre quienes hablan desde una posición de hegemonía cultural (Javier Marías o Pérez Reverte, por ejemplo) y quienes lo hacen desde una posición más periférica y por lo tanto más vulnerable; dicho con otras palabras, el libro parece decir que son igual de graves y peligrosos los insultos que pueda recibir Pérez Reverte por escribir una columna machista, que los insultos machistas o racistas que pueda recibir una activista de los derechos de las mujeres negras por parte del ejército de trolls de forocoches. Ambos insultos existen, y en grandes cantidades, pero ni todos reciben el mismo trato ni todos tienen la misma visibilidad (como tampoco se paga igual, por ejemplo, insultar a una víctima de ETA que a una víctima del Franquismo o del 11-M).


Lo mejor que podría pasar es que Arden las redes nos hiciera más conscientes de que a veces en internet nos comportamos como una masa enfurecida con antorchas y tridentes, un comportamiento gregario y cobarde que fuera de internet (no digo "en la vida real", porque internet también es real) nos resultaría repugnante. Lo peor que podría pasar es que se creyese que, efectivamente, la guerra cultural lo explica todo, que todo es "poscensura" (¡caca!), y que por lo tanto no hace falta ni analizar nada más; porque en esa línea, Arden las redes se queda claramente corto.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Andreu Veà: Cómo creamos internet

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2013
Valoración: Se deja leer (pero, si no es usted un experto, igual ni lo intente)

Llama la atención esa primera persona del plural del título, no? Se puede pensar en un uso de cortesía en el que se atribuyera la autoría a todo el colectivo al que se da voz en el libro. Pero más bien creo que el Dr. Veà se incluye sin lugar a dudas en ese amplio grupo de creadores de internet, que para eso no ahorra protagonismo a lo largo de todo el volumen, como luego veremos. Parece ser que este señor tuvo cierto papel en la introducción de la red en España, aunque no sé hasta qué punto eso justificaría su inclusión en el ámbito de sus 'creadores'. Pero dejemoslo ahí.

Tirando de trazo muy muy grueso, se puede decir que internet empezó a gestarse a finales de la década de 1960, vamos, mientras arrasaban los Beatles y hervían los movimientos estudiantiles, hay que ver. En esa época, un organismo dependiente del Departamento de Defensa norteamericano (DARPA) promovió la creación de una red, parece que por motivos meramente militares, aunque Veà lo niega varias veces. La iniciativa fue acogida con entusiasmo por varias Universidades, y diversos grupos de técnicos se pusieron en marcha, hasta la creación de ARPAnet. La mecha estaba ya encendida, y de ese núcleo fueron surgiendo estudios y avances en informática e ingeniería de comunicaciones, hasta conectar aquella red con otras, y constituir lo que propiamente es internet.

Por medio hay un sinfín de aportaciones técnicas, de las que me he quedado con conceptos como la conmutación de paquetes o los protocolos TCP/IP, y otros más conocidos como el correo electrónico, el registro de dominios o la web. Lo más notable es que todo este conglomerado de avances interrelacionados, que para los profanos resulta absolutamente incomprensible, se fue gestando de forma casi espontánea, a veces a iniciativa de un pequeño grupo en una Universidad, de un técnico en sus ratos libres, o de científicos de organismos completamente ajenos al proyecto inicial (como el CERN europeo). Así que la historia de internet tiene algo de silvestre, incorporando de forma abierta múltiples fuentes y centros de actividad, todo ello con carácter totalmente técnico, y por tanto muy difícil de ubicar y valorar por alguien ajeno a ese mundillo.

Andreu Veà, presidente en España de Internet Society, creo que apoyado en su propia tesis doctoral, se lanza a elaborar este ‘libro para curiosos’ (creo que es el término textual que utiliza), es decir, dirigido a gente como un servidor, cuyos conocimientos apenas alcanzan más allá de reiniciar el ordenador cuando se bloquea, y cosas así, tan primarias. Y aquí viene el problema. Porque de entrada tenemos unas 100 páginas con una descripción más o menos detallada del proceso histórico al que me he referido, todo bastante confuso, con escasas explicaciones y cierto desorden. Y a partir de ahí otras 300 (sí, 300, no me he equivocado) con unas cuarenta entrevistas a muchos de aquellos pioneros, basadas en un cuestionario de ocho o diez preguntas estándar, de modo que cada uno de los entrevistados se explaya a su gusto sobre mil y un detalles de los que apenas entendemos nada. A veces las entrevistas se prolongan ocho o diez páginas, generalmente con cierto grado de autobombo, y siempre incorporando una foto del profesor Veà con cada uno de los interesados. Bien para dar fe de la realidad de los encuentros, o tal vez por la cosa egocéntrica a que me refería al principio. 

De manera que la dificultad con que tropezamos no es desdeñable: nos tragamos un tocho de considerables dimensiones sin que apenas nos podamos hacer una idea cabal sobre la historia de este invento, naufragando sin remedio entre cientos de términos técnicos desconocidos y miles de siglas de organismos misteriosos (ah, esa monstruosa querencia norteamericana por las siglas), con lo que la lectura termina por hacerse aburrida, interminable, imposible de digerir y –salvo lectores irreductibles, como quien esto suscribe- seguramente abocada al abandono por desesperación.

En definitiva, me aventuro a suponer que el Dr. Veà, orgulloso de su tesis y con el inmenso material de las entrevistas entre manos, se decidió a convertirlo en libro. Con el pretexto teórico del ‘libro para curiosos’, algún avispado editor hizo de él un volumen de formato casi lujoso, tapas duras, papel de calidad, página semicuadrada y presentación tipo revista o anuario, con numerosas fotografías –incluidas, claro, muchas del propio autor. Y, claro, precio en consonancia: cerca de los 50 euretes. Ah, bueno, sí, le añadimos una especie de somera introducción para que adquiera más empaque y, ale, tochazo destinado a lucir en la estantería del teleco con inquietudes.

Desde este punto de vista y para ese target, el libro cumple su función, es bonito y atesora un trabajo de campo impresionante, con montañas de datos y anécdotas. Pero no es desde luego un libro de historia, ni se molesta en explicar conceptos a los no iniciados, ni tiene rigor expositivo ni auténtica elaboración de datos o un discurso coherente. Y fíjate que al final del volumen hay algunos cuadros cronológicos muy claros con los hitos fundamentales. Se podrían haber utilizado como esqueleto de un relato tal vez interesante para los profanos, pero habría que haberlo trabajado mucho más, con otro enfoque y un objetivo diferente. Pero, venga, don Andreu, tiene usted los conocimientos y el material: póngase a la tarea.

PS: Si alguien tiene curiosidad, también hay una página web dedicada al libro. Si le echa el lector un vistazo, advertirá el carácter rudamente comercial de todo el asunto.

viernes, 4 de febrero de 2011

Escritores en Twitter

Como en otros ámbitos, también en las "relaciones públicas" internet está contribuyendo a disminuir los intermediarios. El contacto entre escritores y público, hasta hace poco, estaba limitado a firmas de libros, ferias y otros eventos sociales o culturales organizados por editoriales, agentes o instituciones. Ahora, gracias a Twitter o (en menor medida) a facebook, los autores (como los cantantes, los directores de cine, los chefs, los futbolistas) tiene una ocasión única para entrar en contacto directo con su público, recibir sus opiniones, sus comentarios, sus elogios y sus críticas, y responder a ellas, si quieren.

Y sin embargo, da la impresión de que no son muchos los escritores consagrados que se han lanzado a aprovechar esta oportunidad. No desde luego en España, donde el escritor-twittero más destacado y activo es Arturo Pérez-Reverte (fue famosa la polémica provocada por sus tuits sobre la despedida del ministro Moratinos). En cambio, otros escritores que sí han utilizado internet como medio de promoción y contacto, como Espido Freire, Juan José Millás o Lucía Echebarría, se mantienen alejados del mundillo twitter, al menos por ahora.

Pero tampoco en el panorama internacional son mayoría los escritores twitteros: por ahora, hemos conseguido localizar a Margaret Atwood, Paulo Coelho, Anne Rice, Neil Gaiman, Alejandro Jodorowsky, Chuck Palahniuk o Bret Easton Ellis. J. K. Rowling, la autora de Harry Potter, tiene cuenta en twitter, pero desde hace año y medio solo la utiliza para confirmar que realmente se trata de ella, pero que ahora mismo no tiene tiempo de tuitear nada. Aquí hay otra lista más extensa de escritores en twitter, pero yo, sinceramente, no conozco casi a ninguno.

Entonces, ¿a qué se debe esta ausencia de escritores en twitter? Porque en otras áreas (humoristas, cantantes, actores) tengo la impresión de que está bastante más extendido. ¿Es que el mundo de las letras es especialmente refractario a las innovaciones tecnológicas? ¿Influye la edad de la mayoría de los escritores consagrados, ya talluditos? ¿Son los agentes quienes les desaconsejan este tipo de contacto directo? ¿Tienen los escritores miedo a la pérdida de tiempo que conlleva mantener una cuenta de twitter verdaderamente activa? ¿O es que los escritores se consideran demasiado importantes para mezclarse directamente con su público directamente y sin filtros?

¿Conocéis vosotros algún otro escritor, español o extranjero, que esté en Twitter?

martes, 30 de junio de 2009

Otros blogs sobre literatura

Por supuesto, este blog nuestro sobre libros no es ni mucho menos el único sobre literatura que hay en la red (como puede verse por ejemplo en los rankings de Wikio y de Alianzo). Esta es nuestra breve y personal selección. Nos habremos dejado muchos, claro, pero para eso están también los comentarios, para que nos recomendéis aquellos blogs literarios que vosotros sigáis.

Papel en blanco: Está considerado probablemente como el blog más completo sobre literatura en español. Escrito por seis autores, mezcla recomendaciones de libros con noticias sobre el mundo editorial, los premios literarios o efemérides. Precisamente por la mezcla de temas (está escrito por seis autores distintos, lo que siempre ayuda a dar variedad), resulta muy interesante y entretenido.

Lecturalia (blog): Lecturalia es una página web muy completa, con información sobre autores, libros, premios, novedades editoriales, etc., que también incluye un blog sobre literatura escrito por varios autores -pero fundamentalmente por Alfredo Álamo-. Suele componerse fundamentalmente de reseñas de libros, aunque también incluye reflexiones generales sobre noticias, géneros, autores...

Regina ExLibris: Un blog bastante divertido escrito por una librera que cuenta historias de su trabajo, y las utiliza generalmente para comentar o recomendar algún libro, ya sean novedades como ella última novela de Stieg Larsson, o clásicos como Otra vuelta de tuerca, de Henry James.

La tormenta en un vaso: Este blog se subtitula "un buen libro cada día", y aunque realmente no llegue a cumplir esta promesa, ofrece recomendaciones originales e interesantes de libros que se alejan de las lecturas más habituales o comerciales -incluyendo unas cuantas reseñas de poesía...

Encuentros de lecturas: Un blog ya veterano (se lleva publicando desde 2005) en el que también aparecen fundamentalmente reseñas de libros curiosos. Está encabezado por una cita de Auden que merece la pena recordar: "Reseñar libros malos no es sólo una pérdida de tiempo, sino también un peligro para el carácter"

Librosfera: Otro blog personal sobre literatura, que suele incluir curiosidades, ilustraciones, dibujos...

El blog de libros y bitios: Escrito por José Antonio Millán, uno de los expertos más reconocidos de España en temas de edición digital (y no sólo digital), el blog de Libros y Bitios -que por cierto forma parte de Libros y Bitios, una página con mucha más información- suele tratar temas relacionados con las editoriales, los nuevos medios de distribución de contenidos, la edición digital, la tipografía...

Los futuros del libro: Otro blog dedicado fundamentalmente a temas de edición digital y nuevas tecnologías, con reflexiones generalmente muy completas y especializadas.

Ficta Eloquentia: Un blog especializado en Literatura del Renacimiento (desgraciadamente lleva unos meses parado) pero que también suele incluir mucha información sobre nuevos soportes editoriales, investigación literaria, tipografía o bibliotecas (analógicas y digitales).

El bibliómano: Un blog interesante porque, a diferencia de la mayoría de los anteriores, presta especial atención al libro como objeto. Pese a su título, un blog para bibliófilos.