Un libro al día
Cada día, una nueva reseña
sábado, 11 de julio de 2026
Anna Starobinets: El vado de los zorros
viernes, 10 de julio de 2026
Colaboración: Abejas grises, de Andréi Kurkov
Título original: Серые пчёлы
Traducción: Esther Cruz Santaella
Año de publicación: 2018
Valoración: Muy recomendable (alto?)
Hacía tiempo que una novela no me dejaba ese sabor de buena literatura, esa sensación certera de estar leyendo algo sólido, de calidad inapelable. Las Abejas grises del ucraniano Andréi Kurkov lo han conseguido.
El libro narra la historia de Serguei, un hombre de mediana edad, solitario y taciturno, que decide quedarse en su pueblo de la cuenca del Donetsk pese a los enfrentamientos con Rusia tras el llamado Euromaidán. Bueno, decir que “decide quedarse” quizás sea excesivo: se queda como por inercia, porque desde que su mujer se marchó llevándose a su hija con ella, Serguei tiene poca motivación para tomar decisiones tan grandes. Además, aunque casi todos los vecinos han abandonado el lugar, quedan algunas personas que le hacen el día a día más llevadero. Y luego están sus abejas: Serguei es apicultor, y sus abejas valen mucho para él, no solo porque le supongan una fuente de ingresos, sino también porque, a su manera le hacen compañía.
A pesar de la precaria situación de la zona, Serguei tiene una vida relativamente apacible. Sin embargo, cuando llega el verano y es el momento de que sus abejas vuelen libres, la realidad del conflicto militar le lleva a tomar la decisión, ahora sí de forma plenamente consciente, de irse a otra región menos peligrosa. Primero pasa un tiempo en otro pueblo ucraniano, y luego va a Crimea, a visitar a un amigo apicultor. Con el fin de la temporada, Serguei regresa a su pueblo, donde espera retomar su simple cotidianeidad.
Con este argumento podría pensarse que la novela está construida como una especie de road-trip, pero no es así: la primera mitad del libro transcurre en el pueblo de Serguei, e incluso cuando comienza su viaje, la atención no está puesta en los traslados. Podría pensarse también que es un libro de guerra, un libro político, pero tampoco es exactamente eso: la guerra está presente, por supuesto, mas solo como un marco circunstancial. De lo que habla esta novela es de la vida humana en sí misma, de lo difícil y absurda que es.
La historia está contada en tercera persona y desde el punto de vista del protagonista, al que, poco a poco, sin artificios, vamos conociendo a través de sus acciones y, sobre todo, de sus reflexiones. Por eso, aunque en la novela pasen muchas cosas, la sensación de acción es relativamente pequeña, el libro parece casi lento. Y sin embargo le atrapa a uno desde el principio. Porque ver el mundo con la mirada sencilla y sin pretensiones de Serguei es un ejercicio existencialista tan sincero que resulta fascinante. Sin sentimentalismo ni afectación, uno disfrutaría de él en cualquier contexto. Pero si además el contexto en cuestión es un conflicto bélico, las reflexiones de nuestro protagonista cobran una profundidad más allá de lo meramente anecdótico: nos ponen de frente a situaciones universales. Porque la guerra, desgraciadamente, es universal. Y la decencia, afortunadamente, también lo es.
Abejas grises deja un poso de melancolía optimista maravilloso. Esta es mi primera reseña en este blog y no me atrevo a darle la clasificación mayor de imprescindible. Lo dejo en un muy recomendable, ¡pero es un muy recomendable como una casa!
Firmado: Yaiza P.
jueves, 9 de julio de 2026
¡Giveaway! Kelly Link: A mí no me engañas
Título
original: Get in trouble
Traducción: Maia Figueroa Evans
Año de
publicación: 2015
Valoración: Recomendable
(Para el Giveaway, ir al final de la reseña)
Como explicaré más abajo, llegué a Kelly Link por recomendaciones de internet mientras buscaba, específicamente, literatura de terror reciente. Grave error. Debí haberme quedado con las recomendaciones de ULAD, como deberían hacer todos ustedes. Que, por cierto, también me llevó a leer algunos libros muy buenos (Fundido a negro, Vivir abajo, Hex), pero ninguno era exactamente lo que yo estaba buscando.
A mí no me engañas reúne nueve cuentos que, estirando bastante la liga, podrían catalogarse dentro del género de terror. Aunque quizá sería más justo decir que son cuentos extraños, inclasificables: a veces con un tono cómico, fantástico, romántico, melancólico, a veces deliberadamente absurdo.
Todos los cuentos me parecen bien escritos. Se nota el talento de Kelly Link como narradora y entiendo perfectamente por qué tantos lectores la consideran una autora original. Sin embargo, acaso por su extensión, por su apuesta por la ambigüedad o por esa voluntad de no cerrar del todo sus historias, la mayoría me parecieron más ejercicios de estilo, o divertimentos muy sofisticados, que cuentos verdaderamente sólidos.
Entiendo que la ambigüedad puede ser necesaria cuando se quiere crear una atmósfera de aprensión. No todo misterio debe resolverse. Pero en muchos de estos cuentos sentí que la ambigüedad no intensificaba el horror, sino que lo sustituía. Las historias comienzan enrarecidas, avanzan con elegancia, acumulan elementos sugerentes y luego terminan más o menos en el mismo estado en que empezaron: sin un clímax claro, sin una transformación significativa y sin una consecuencia emocional realmente contundente.
Quizá el problema fue de expectativas. Yo llegué buscando un libro que me asustara, que me incomodara, que me obligara a prender la luz con cierta vergüenza. En cambio, encontré una colección inteligente, imaginativa y literariamente cuidada, pero mucho más interesada en la rareza que en el miedo.
Por cierto, la portada es horrible. No le hace justicia para nada a los cuentos.
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Aprovecho esta reseña para hablar un poco más sobre el horror como género literario.
Más allá del objetivo comercial de clasificar la ficción en distintos géneros, estas etiquetas resultan útiles cuando uno busca una experiencia específica. Si uno quiere echarse una lagrimita, ahí está el drama; si lo que busca es descubrir nuevos mundos y escapar de la realidad, la fantasía cumple muy bien su función. Pero yo me pregunto: ¿qué ha pasado con el horror?, ¿cuál es su objetivo en la actualidad?
No podemos negar que a nadie mayor de ocho años le da miedo Chucky, el muñeco diabólico, o Drácula. Cthulhu sirve más para generar mercancía de pulpos kawaii que para producir angustia cósmica, y Stephen King, más que asustarnos, parece a veces empeñado en explorar un catálogo de obsesiones sexuales bastante cuestionables.
Recuerdo esos años inocentes en los que películas como El aro o El exorcista sí lograban perturbarme. Pero, fuera del recurso barato del jump scare, me cuesta trabajo recordar alguna película reciente que realmente me haya dado miedo. Quizá Hereditary consiguió provocarme cierta aprensión. Pero incluso Obsession, que a mi gusto está sobrevalorada, me parece una creepypasta glorificada.
Y si las películas, con todos sus estímulos visuales y auditivos, apenas consiguen arrancarnos sobresaltos ocasionales, ni qué decir de la literatura, que depende casi por completo de la imaginación del lector.
Por eso me di a la tarea de buscar ficción de horror reciente, para ver si todavía le hacía honor a su género. Sin embargo, lo primero que encontré fue que el horror, por sí solo, parece ya no ser suficiente. Muchas obras necesitan mezclarse con otros elementos (humor, drama familiar, crítica social, investigación criminal, trauma psicológico) para volver más llevadera la lectura o para justificar su existencia más allá del simple intento de provocar miedo.
Tal vez el problema no está del todo en los libros. Tal vez el problema soy yo. Quizá la desensibilización producida por todo lo que veo a diario en internet ya me tiene el cerebro frito. Las escenas supuestamente perturbadoras, cuando no me parecen aburridas, terminan interesándome por otras razones: por la prosa, por la atmósfera, por el comentario social, por la construcción de personajes. Eso me pasa, por ejemplo, con los cuentos de Mariana Enriquez.
Tengo, por
lo tanto, algunas opiniones concretas sobre el género de horror:
- El horror propiamente dicho (es
decir, aquel cuyo objetivo principal es generar miedo en el lector) es, en
realidad, un subgénero de la literatura infantil. Dicho de otro modo: solo
los niños se asustan de verdad.
- El horror es un género muerto,
como las epopeyas.
- El horror es (y tal vez siempre
lo ha sido) una etiqueta que ha terminado por significar que una obra
incluye ciertos elementos reconocibles: muerte, locura, monstruos,
posesiones, casas embrujadas, cuerpos mutilados, entidades inexplicables,
etcétera. Sin embargo, esos elementos pueden utilizarse para evocar muchas
emociones distintas (incomodidad, tristeza, repulsión, fascinación,
angustia) sin que necesariamente produzcan miedo.
- Soy un ignorante y simplemente
no he leído una obra de terror realmente buena, por lo que más me valdría
cerrar la boca.
Y como no
estoy cerrado a la posibilidad de que este último punto sea el correcto, decidí
hacer este giveaway.
Quiero leer un libro que de verdad sea aterrador, perturbador, angustiante; uno que me obligue a aceptar que el problema no era el género, sino mi ignorancia. Así que esta vez la recomendación vendrá de ustedes.
Estos son
los términos y condiciones:
- Escriban en la sección de
comentarios el título y el autor del libro que recomiendan.
- Leeré todos los libros que
mencionen. Además, reseñaré en el blog aquellos que todavía no estén
presentes.
- La persona que recomiende un
libro capaz de generarme auténtico distrés emocional, miedo, incomodidad o
una crisis existencial medianamente respetable, será acreedora a un libro
o manga de su elección enviado desde Japón*.
Así que ya
saben: dejen sus recomendaciones. En breve les contaré cómo termina este
experimento y si termino aceptando públicamente que he estado hablando desde
la más absoluta ignorancia. De no lograr su objetivo, todos los que dejen
recomendaciones, sepan que me hicieron perder mi tiempo.
* Limitado a países de habla hispana donde llegue el servicio del Express Mail Service (EMS).
miércoles, 8 de julio de 2026
António Lobo Antunes: El orden natural de las cosas
martes, 7 de julio de 2026
Hugo Wilcken: LOW
Año de publicación: 2020
Traducción: Patricia Valero
Valoración: muy recomendable
¿Puede ya no un músico, sino un mero disco, ser objeto de un libro entero? Y aún así, dejar al lector esperando más, deseando que esas ciento cincuenta páginas fueran, no sé, el doble, que abarcaran más aspectos de la concepción del disco, de la grabación, de las tomas, de este u otro detalle que se decidió conservar aunque pareciera un error, del otro que se renunció a mejorar tras eternas tomas, porque hasta el perfeccionismo - y las horas invertidas en caros estudios de grabación, y las largas sesiones - tiene un límite.
Y aún declarándome lo más alejado a la mitomanía que los tiempos habituales pueden tolerar, he de reconocer que, tras leer unas cuantas biografías de Bowie (alguna de ellas no reseñada aquí, los jefazos me advirtieron muy seriamente), todavía acudía compulsivamente a las menciones de lo que llamamos la Trilogía de Berlín, de la cual Low, objeto de este libro, es primera pieza y elemento absolutamente necesario en la comprensión estética y sonora de la evolución de la concepción sonora, desde que se publicó. Cualquiera interesado debería oir este disco y esforzarse en comprender el entorno de su producción, no solo sus resultados, y Hugo Wilcken se zambulle en unas cuantas biografías de Bowie (muchas de ellas publicadas en vida y centradas en su poderoso periodo de creatividad que acaba allá por los primeros ochenta) y extrae información. Aporta al libro un cierto pulso narrativo, casi novelesco.
Bowie en la cresta de la ola tras haber asaltado el mercado americano con otro de sus disfraces creativos. En plena crisis personal a muchos niveles: su matrimonio con Angie (ésa Angie) hace aguas, está completamente enganchado a la cocaína, que condiciona su exhaustivo y caprichoso ritmo de trabajo. Siente curiosidad que se expande en todas direcciones: pintura, literatura, ocultismo. Está al día de todas las corrientes musicales, aunque sea para tomar de cada una lo que mejor apuntale su carrera. Se planta en Berlín acompañado de Iggy Pop, que es prácticamente su reverso estético, aunque este con lo que tiene problemas es con la heroína, reúne a algunos de sus secuaces habituales, como Brian Eno y a algunos que no lo son, graba un disco con una primera cara alterada de canciones cortas de ásperos y extraños ritmos funk y una segunda en la que congela el tiempo, como esos vídeos en las redes donde la gente lanza agua hirviendo a un aire a decenas de grados bajo cero, y esas cuatro canciones, apenas veinte minutos de música instrumental, abstracta, una mezcla de angustia y experimentación, conciben el sonido que, en segundo plano o en primero, debidamente insuflado de ritmos o asi, desnudo, marcará más de una generación. Todo ese proceso, desde que el sonido del disco es anticipado en grabaciones anteriores y hasta que el disco empieza a ser digerido por público y crítica. Claro que se puede despachar un disco en una docena de líneas y un par de etiquetas. Pero este disco no es Low. Todo lo que se pueda escribir sobre él sabrá a poco.
lunes, 6 de julio de 2026
Solvej Balle: El volumen del tiempo III
Título original: Om Udregning af Rumfang, III
Traducción: Victoria Alonso en castellano y Maria Rosich en catalán, ambos en Anagrama.
Año de publicación: 2021
Valoración: recomendable
domingo, 5 de julio de 2026
Tochoweek VI #7 Ted Simon: Los viajes de Júpiter
- su carácter multidisciplinar. Diría que no es algo buscado por Ted Simon, pero tantos lugares y tanto tiempo dan pie a que el libro pueda funcionar también como fotoperiodismo (magníficas las fotos que acompañan al texto), como crónica (por ejemplo, sobre los cambios y contrastes en la Libia de Gadafi, sobre la era del petróleo y la tecnología o sobre las diferencias entre los jóvenes de Fortaleza y los campesinos de Iguatú), como novela "chusca" de Graham Greene (esos problemas en Brasil...) o como versión motera de Lost in Translation en la sobreabundancia material y de estímulos en L.A.
- la innegable voluntad poético / literaria presente en muchas de las descripciones,
- el continuo replanteamiento del sentido y el significado del viaje y, SOBRE TODO,
- la mirada del autor sobre la multitud de "historias mínimas" de las que es testigo durante el viaje. Hay mil ejemplos (Arthur y Ruth Thompson, últimos granjeros blancos en Kenia, el Padre Walsh en Fortaleza, Bob y Annie, los camioneros australianos que esperan que baje el nivel del río...). No son historias "acabadas", pero poseen el encanto de las cosas apenas vistas por la ventana, de las imágenes que entran en tu vida y poco después desaparecen como fantasmas del pasado.




