viernes, 16 de octubre de 2026

Gunzou x Granta: Maru Ayase, Iko Idogawa, Natsuko Imamura, Yusuku Miyauchi, Tomoka Shibasaki, Kohei Toyonaga

A pesar de que las revistas ya no se venden en esas cosas del pasado llamas Kioskos, algunas librerías destinan un espacio para estos objetos que cada vez tienen menor razón de existir (su mayor inmediatez, con respecto a los libros, no puede competir con los satélites y la fibra óptica). Paseando por la librería de mi colonia (y digo paseo porque a qué otra cosa se va a una librería, pudiendo buscar y comprar todo en línea, incluso en negocios pequeños) me llamó la atención este número especial de la revista Gunzou, la cuál suelo comprar con regularidad.

Gunzou, una de las revistas literarias más importantes de Japón, hizo una colaboración con su homóloga británica, Granta. Las dos revistas comparten un modelo similar: acogen con mayor entusiasmo a escritores jóvenes, el premio que otorgan es un escaparate importante para escritores emergentes y han publicado a escritores que llegarían a ganar el Nobel.

Esta colaboración es de lo más interesante. Es una edición bilingüe, con los escritores japoneses traducidos al inglés, y los escritores no japoneses traducidos al japonés. Así que, si se pueden hacer de un número online, podrán leer lo más reciente de algunos escritores jóvenes que tal vez se hagan con el Nobel en algunas décadas. 

Maru Ayase: We are stars

Idioma original: Japonés

Título original: Watashitachi ha hoshi (私たちは星)

Traducción: Hayda Trowell

Año de publicación: 2026

Valoración: Decepcionante

El primer cuento de esta colección es una especie de slice of life. La protagonista nos cuenta, casi como en una entrada de diario, sus vicisitudes a lo largo de un día.

Una madre recoge a su hija de la escuela para luego ir a una plaza a comer con las otras mamás. Hablan sobre cuáles son las mejores opciones para que sus hijos realicen actividades extraescolares: inglés, música, natación, etc.

Intercaladas con las actividades normales de una madre con hijos pequeños, aparecen las reflexiones de la protagonista sobre temas más o menos relacionados con lo que ocurre a su alrededor y con lo que sucede en el mundo, sobre todo aquello que ve en las redes sociales. Al estrés de lidiar con las responsabilidades de su mundo inmediato se suman la incertidumbre, la desesperanza y la incomprensión que dejan a su paso las noticias.

El contraste es interesante. Y nos podemos preguntar ¿Qué importa decidirse por una escuela de inglés por sus grupos pequeños y atención personalizada cuando ese niño quizá no vaya a tener casa ni trabajo? En una de esas terminará volando en pedazos, envuelto en alguna guerra absurda fuera de su país. O encerrado en su cuarto, jugando videojuegos y comiendo ramen instantáneo. Tiene mucho potencial.

Sin embargo, el cuento no me gustó. La vida diaria que se nos relata, incluso con sus problemas, me resulta demasiado banal. Incluso tengo la duda de si todo esto pretende ser una sátira demasiado velada y simplemente no me da la cabeza para tanta sutileza.

Pareciera que la protagonista es perfectamente consciente de la burbuja en la que vive y, aunque las noticias sobre un bombardeo o alguna crisis humanitaria le producen cierta ansiedad, da la impresión de que no pretende hacer el más mínimo esfuerzo por entender mejor lo que está ocurriendo:

Los debates políticos eran un infierno. Personas de toda ideología y punto de vista posibles se lanzaban mutuamente dolor e ira, burlas y desprecio. El mundo se estaba volviendo peligrosamente inestable.

Creo que este fragmento resume muy bien esa idea de que uno debe preocuparse por lo que pasa en el mundo, aunque en el fondo le dé igual. En ningún momento se nos presenta una mirada verdaderamente alerta ni algún hecho concreto: los movimientos de ultraderecha, el empobrecimiento de la población en muchos países (incluido el de la protagonista), el genocidio en Gaza, etc. Lo único que percibe es que los debates políticos eran un infierno, personas de toda ideología y punto de vista posibles... Bla, bla, bla.

Después vienen algunas reflexiones absurdas sobre el lenguaje que, más que pensamientos de una mujer adulta enfrentándose a la complejidad del mundo, parecen ocurrencias de un niño de primaria (perdón, me alteré). Pero es que por momentos esta historia me pareció incluso ofensiva.

No porque un cuento tenga la obligación de ofrecer un análisis político profundo ni porque su protagonista deba comprender todos los males del mundo. Precisamente una de las virtudes de la literatura puede ser mostrarnos personajes confundidos, contradictorios o incapaces de procesar aquello que ocurre fuera de su pequeña esfera. El problema es que aquí el relato parece querer otorgarle una profundidad particular a esa angustia sin salir nunca de la superficie. La protagonista mira el desastre del mundo desde su teléfono, suspira un poco y continúa con sus preocupaciones cotidianas. Esa indiferencia disfrazada de sensibilidad podría haber sido precisamente el objeto de una sátira, pero al parecer esto pretende hacernos sentir mejor.

El cuento concluye con la protagonista despidiéndose de las mamás de los compañeros de escuela de su hija y llegando, de alguna manera, a la conclusión de que el mundo, después de todo, no es tan malo:

En este mundo que se tambalea, esas manos diciéndonos adiós eran como estrellas centelleantes.

Pfff.

Iko Idogawa: Wasn't there a bigger bird

Idioma original: Japonés

Título original: Motto ookina tori ga ita hazu nan dakedo(もっと大きな鳥がいたはずなんだけど)

Traducción: Jesse Kirkgood

Año de publicación: 2026

Valoración: Recomendable

Este cuento es muy diferente de los demás de la colección en lo que respecta a su estilo. No es tan común encontrar este tipo de textos entre los escritores contemporáneos, quienes se han decantado, en su mayoría, por el ensimismamiento y la psicología de la interioridad.

En este caso, el cuento es prácticamente un párrafo continuo, narrado en tercera persona, pero siempre desde la perspectiva de un niño de primaria. El estilo se adecúa muy bien a esa mirada infantil y a la sucesión de momentos, impresiones y sensaciones nuevas que el protagonista todavía no es capaz de comprender del todo. Se nos muestran las impresiones y sensaciones más que un entendimiento de lo que ocurre.

El niño juega, tiene conflictos con otros niños, es víctima de bullying y convive con su familia. Aunque todas estas experiencias parecen atravesarlo inicialmente de una manera similar, casi sin jerarquías claras entre unas y otras, en un texto tan corto alcanzamos a percibir cómo su visión del mundo comienza a moldearse a partir de las circunstancias que lo rodean.

El cuento consigue además algo que me parece particularmente interesante: mostrarnos acontecimientos que para un adulto pueden tener significados muy evidentes, pero que el niño simplemente recibe como nuevas experiencias. Hay crueldad, miedo, amistad, violencia y relaciones familiares, pero todo nos llega filtrado por una conciencia que todavía no posee las herramientas para ordenar ni interpretar completamente lo que está viviendo.

Sin embargo, debido al estilo del texto, me perdí varias veces. Lo atribuyo también, al menos en parte, a las dificultades de la traducción: en japonés es frecuente omitir pronombres y, al no llamar constantemente a los personajes por su nombre, en algunos pasajes resulta difícil saber exactamente de quién se está hablando. Aunque creo que esto termina siendo secundario. El autor parece querer transmitirnos imágenes, sensaciones y pequeños momentos antes que construir un discurso claramente procesado por la razón, haciéndonos experimentar durante unas páginas la manera fragmentaria, inmediata y todavía incompleta en que percibe el mundo.

Natsuko Imamura: After today, that’s it

Idioma original: Japonés

Título original: Kyou de saigo (今日で最後)

Traducción: Lucy North

Año de publicación: 2026

Valoración: Se deja leer

El siguiente cuento va más por la línea de la que les platicaba hace rato: las ideas y sentimientos de una paria social.

Como no podía ser de otro modo, la protagonista encaja casi a la perfección en el estereotipo del personaje japonés contemporáneo: lleva una vida precaria, sobreviviendo al día con un sueldo de medio tiempo (aunque habría que detenernos un momento en las diferencias con Latinoamérica, porque, por Dios, ¿quién puede, ya no digamos vivir, sino siquiera sobrevivir con un salario de medio tiempo? Problemas de primer mundo), lidia con el aislamiento social y la depresión y, en este caso particular, se suma además un trastorno alimenticio (bulimia y anorexia).

Para un lector ajeno a este subgénero que podríamos llamar, provisionalmente, post-existencialismo japonés, el cuento resulta interesante. Vemos el contraste entre dos formas de vida dentro de una ciudad preapocalíptica como Tokio.

Por un lado está la protagonista, completamente alienada de la naturaleza, y no solo del entorno, sino también de sus propios instintos básicos de supervivencia. Carece de motivaciones, vive aislada y parece desplazarse por la ciudad siguiendo apenas una rutina mínima que le permite continuar existiendo.

Por otro lado, se nos presentan (claro, siempre desde los ojos de la misma protagonista) personajes que dedican su tiempo libre al alcohol, al ruido, al consumo y a una búsqueda constante de sobreestimulación.

Son, al final, dos formas distintas de una misma deshumanización. Unos se retraen hasta casi desaparecer y otros se saturan de estímulos para no tener que detenerse a pensar. En ambos casos, queda la impresión de una sociedad profundamente indolente, incapaz de ofrecer vínculos, propósito o siquiera una razón convincente para seguir participando en ella.

El cuento funciona mejor, para mí, como retrato de ese estado de ánimo que como historia propiamente dicha. No hay aquí una gran revelación ni una idea particularmente novedosa, sobre todo si uno ya ha leído varias obras japonesas contemporáneas construidas alrededor de la alienación, la precariedad y el aislamiento. Pero está bien contado, tiene una atmósfera consistente y logra transmitir con bastante eficacia esa sensación de estar viviendo en una ciudad inmensa, rodeado de personas y, al mismo tiempo, completamente solo.

Yusuke Miyaguchi: The man with seven genders

Idioma original: Japonés

Título original: Nanatsu no sei wo motsu otoko (七つの性を持つ男)

Traducción: Matt Treyvaud

Año de publicación: 2026

Valoración: Está bien

La diferencia de estilo de este escritor con respecto a los anteriores se entiende un poco mejor al conocer sus antecedentes. Miyauchi pasó buena parte de su infancia en Estados Unidos, adonde llegó con cuatro años y donde permaneció hasta los once o doce. Además, antes de dedicarse a la literatura trabajó durante unos ocho años como programador. De pronto, esta especie de pulp tecnológico, con hackers, corporaciones malvadas, conspiraciones, traiciones y personajes excéntricos, resulta bastante menos inesperada.

De hecho, esos dos mundos (Estados Unidos y las computadoras) aparecen constantemente en su obra. En entrevistas, Miyauchi ha dicho que conserva algo así como dos canales mentales, uno japonés y otro estadounidense, y que la diversidad racial del Nueva York de su infancia siempre le pareció, en sí misma, una situación bastante cercana a la ciencia ficción. También ha hablado de las dificultades que tuvo con el idioma y de las experiencias de discriminación racial que vivió durante esos años.

Por eso tampoco parece casual que en The Man with Seven Genders aparezcan cuestiones relacionadas con la integración racial, la pertenencia y la clasificación de las personas. No sé hasta qué punto Miyauchi pretende defender aquí una postura concreta sobre estos temas, pero sí parece evidente que le interesan desde hace tiempo. En Kabul no Sono, por ejemplo, la protagonista es una mujer estadounidense de ascendencia japonesa que debe enfrentarse tanto a la discriminación sufrida durante su infancia como a su propia relación conflictiva con la identidad japonesa; incluso aparece la historia de los campos de internamiento de japoneses en Estados Unidos.

No sé si todas las ideas terminan de cuajar en un cuento tan corto, pero se puede considerar como una parte más de su obra completa.

Tomoka Shibasaki: Nothing to do with it

Idioma original: Japonés

Título original: Nani mo shiteinai (なにもしていない)

Traducción: Eriko Ikeda Kay

Año de publicación: 2026

Valoración: Recomendable

Mi principal problema al tratar de entender este cuento es mi ignorancia de ciertas sutilezas de la historia contemporánea de Japón. El relato parece tener varias capas de lectura, de las cuales me da la impresión de que solo pude atravesar por completo una y me quedé a medio camino de la segunda, con la sensación de que había una profundidad mayor que apenas logré vislumbrar.

La primera capa es bastante sencilla: un cuento de formación. La historia de dos amigas que crecen en un barrio y de cómo su cotidianidad va cambiando de significado a medida que ellas también cambian. Los lugares son prácticamente los mismos, las personas continúan ahí y muchas de las cosas que hacen parecen no tener ninguna importancia; sin embargo, al pasar los años, aquello que antes era simplemente parte del paisaje empieza a adquirir otro significado. Hasta aquí todo bien. Es un cuento interesante, aunque tampoco nada fuera del otro mundo.

La segunda capa, donde me quedé a medias, tiene que ver con los nombres de los personajes y con los caracteres que componen Shōwa (昭和). La era Shōwa, que se extendió de 1926 a 1989, contiene dentro de sí periodos completamente distintos de la historia japonesa: el expansionismo y la guerra, la derrota, la ocupación estadounidense, la reconstrucción, el crecimiento económico acelerado y finalmente el Japón próspero de las décadas de 1970 y 1980. Es casi absurdo que una sola era abarque países tan diferentes entre sí. Yo, por ejemplo, nací precisamente en el último año de Shōwa y tengo 37 años.

Que esos caracteres aparezcan asociados con los personajes difícilmente parece accidental. Da la impresión de que las vidas de estas niñas y las transformaciones del barrio funcionan también como una versión diminuta de las transformaciones del país. Las personas envejecen, desaparecen, llegan otras; las casas cambian; ciertas costumbres dejan de tener sentido y aparecen otras nuevas. Aquí es donde siento que me falta información. Aunque conozco algo de la historia de Japón, no termino de comprender qué correspondencias concretas quiere establecer Shibasaki entre los personajes, sus nombres y las distintas etapas de Shōwa. No sé hasta qué punto debemos buscar una alegoría histórica precisa o si la autora simplemente quiere que esa historia permanezca solo como fondo. 

Y quizá exista todavía una tercera capa que se me escapó por completo. Muchas cosas del cuento parecen no tener nada que ver unas con otras: los juegos de las niñas, los perros, los vecinos, las historias familiares, el paso del tiempo, la historia de Japón. Ni idea.

Kohey Toyonaga: The ETC card is not inserted

Idioma original: Japonés

Título original: ETC kado ga sounyu sareteimasen (ETCカード挿入されていません)

Traducción: Kalau Almony

Año de publicación: 2026

Valoración: Recomendable

Este es el cuento más raro de la colección. Para que se den una idea, empieza siendo una especie de cuento de Raymond Carver sobre un doble de acción, para terminar convertido en uno de Cortázar, pero de los más delirantes. Definitivamente estamos ante una voz interesante dentro de la literatura japonesa contemporánea.

Toyonaga, además, parece tener cierta afición por este tipo de mezclas. Su obra anterior combina historia, violencia, cultura popular, fantasmas, hip-hop, graffiti, Ultraman, anime y referencias a Ghost in the Shell, sin preocuparse demasiado por mantener la coherencia. Es un autor joven, muchos lo consideran muy prometedor. Ya veremos.

jueves, 15 de octubre de 2026

Jesús Torbado: En el día de hoy

Idioma: español

Año de publicación: 1976

Valoración: recomendable

Cuenta la leyenda (y si non é vero, é ben trovato), que José Manuel Lara Sr., fundador de la Editorial y luego Grupo Planeta, que tenía fama de ser más listo que el hambre, encargó al escritor leonés Jesús Torbado esta novela, que debía esperar a ser publicada al fallecimiento del Generalísimo Franco, Caudillo de España por la Gracia de Dios, Salvador de la Patria, Centinela de Occidente, el que Sube las Cuestas que es un Contento,  etc. (ahora enseguida entenderéis por qué), con la idea de otorgarle el famoso premio Planeta (sí, amigos/as, el premio Planeta a veces ha sido amañado, aunque os parezca algo  inconcebible) y vender ejemplare como churros. El problema fue que el susodicho premio se otorga cada año la noche el 15 de octubre, festividad de Sta. Teresa y, por tanto, onomástica de la esposa de don José Manuel, pero el Generalísimo etc. falleció el 20 de noviembre de 1975, por más que para octubre ya estaba más p'allá que p'acá... Por lo tanto, hubo que esperar un año para poder concederle el Premio a esta novela, en 1976 (es decir, hace exactamente 50 años, que parece que fue ayer... bueno, no) y que, eso sí, ciertamente se vendió como churros en una feria de pueblo...

Pero, ¿por qué había que esperar a que Franco pasara a mejor vida (bueno, en su caso, mejor, tampoco)? Pues, motivos comerciales aparte, porque el argumento de la novela no dejaba de ser un tanto arriesgado, incluso en los últimos estertores del tardofranquismo: En el día de hoy noveliza una sugerente ucronía (que ha sido utilizada en otras narraciones, aunque posteriores a ésta, como El coleccionista de sellos de César Mallorquí, que parte de la misma premisa, si bien su desarrollo luego deriva hacia lo fantástico): en 1939 el ejército republicano español da un vuelco al devenir de la Guerra Civil -el Punto de Jonbar, en este caso, sería que Francia permite el transporte de armas por la frontera, justo a tiempo para que el desenlace de la Batalla del Ebro sea distinto al que fue en realidad- y derrota al llamado Ejército Nacional, franquista o faccioso, como gustéis... De ahí el título de la novela, que imita al último parte de guerra emitido por Franco, pero, en este caso, por el Presidente Manuel Azaña. 
Huelga decir que Madrid -que no París- era una fiesta... Y así comienza la novela, con el desfile de la victoria, al que asiste Ernest Hemingway, reportero de guerra y uno de los protagonistas de la novela, junto a su fotógrafo Alejo Rubio y la hermana de éste, Sim, así como Aniceto, el amante de la mujer. De la manos de estos personajes asistimos a sus encuentros con otros muchos, reales o ficticios y se nos va así componiendo el cuadro de aquella supuesta República triunfante sobre  los sublevados. El contrapunto lo dan los facciosos en el exilio, empezando por Franco, que se ha refugiado en La Habana de Batista -Serrano Suñer, por ejemplo, ha huido a Italia-, pero que se ve impelido a retornar a Europa para ver si puede volver a recomenzar la guerra con la ayuda de sus compinches nazis y fascistas -aquí aparece, como guest star, el propio Führer-, mientras en España, los exiguos vencedores tratan de recomponerse, consciente de que su libertad puede durar lo que tarde en deflagrar un conflicto mundial. En el bando franquista, sin embargo, hay una deriva, en está novela, hacía un tono melancólico (no digo nostálgico, cuidado) y el propio Franco se nos presenta como un personaje, si no trágico, al menos sí resignado ante el fatum.

La novela, son duda, agradará a los amantes de las ucronías, así como a los aficionados a estudiar ese desgarrón en la Historia de España (otro más), que supuso la Guerra Civil (bueno, a los que gustan de sacar a pasear las banderas del pollo o la Cruz de Borgoña igual no les agrada tanto...). Por ponerle algún pero, quizá sea un poco densa en cuanto a las referencias a personajes y acontecimientos que hoy, cincuenta años después de haber sido publicada -y, sobre todo, casi noventa años más tarde de la época en que está ambientada- ya sólo dominan, o casi, los historiadores especializados en el tema. No obstante, tanto por su proposición como por su estilo, lleno de diálogos y sin demasiadas florituras -recuerda un poco al de Baroja o, por la cantidad y descripción de los personajes que aparecen, a La colmena de Cela... De hecho, en cierto modo es también una Colmena alternativa- es una novela que se lee con su interés y soltura, un premio Planeta más que digno, sobre todo teniendo encuenta a lo que conceden el adelanto premio hoy en día. Detractores de Hemingway, sin embargo, mejor abstenerse...

miércoles, 14 de octubre de 2026

Iván Turgueniev: Rudin

Título original: Rudin

Idioma original: ruso

Traducción: Jesús García Gabaldón

Valoración: muy recomendable


Rudin es la primera novela del escritor ruso Iván Turgueniev. A pesar de ello, esta obra ya presenta muchas de las características que harán de Turgueniev uno de los mejores escritores de la literatura rusa: prosa elegante y precisa, musicalidad en las formas, meticulosidad en la descripción de los personajes y minucioso análisis de una sociedad rusa en proceso de transformación.

Precisamente este último aspecto es el que destaca en esta obra primeriza del escritor ruso. Los representantes de una indolente clase terrateniente rusa se dan cita en la casa de verano de la viuda Daria Mijailovna Lasunkaya. En un ambiente de plácidas conversaciones y reuniones intrascendentes en que van transcurriendo rutinariamente los días irrumpe un invitado, Dimitri Rudin, un joven sin oficio conocido, que hechiza con su presencia y elocuencia a todos los invitados de la aristócrata. 

Por contraposición a la inmovilista sociedad que representan Daria Mijailovna y sus invitados, Rudin supone una entrada de aire fresco que viene a remover la conciencia de unos personajes para  quienes cualquier cambio en la sociedad rusa está vedado: "No seré yo quien defienda la civilización. No necesita mi defensa. Quería decir que todos esos ataques a los sistemas, a los juicios generales, resultan especialmente irritantes porque junto con los sistemas, la gente niega todo el conocimiento; la ciencia y la fe en ella significan fe en uno mismo, en sus propias fuerzas. Y la gente necesita esa fe: no puede vivir sólo de impresiones y hace mal al temer al pensamiento y no tener fe en él. El escepticismo siempre se distinguió por su esterilidad e impotencia".

La elegancia y la vehemencia con que Rudin defiende sus ideas encandilan en un principio a todos los participantes en las veladas de la casa de campo, pero alguno de sus contertulios comienzan a comprender su verdadero carácter. Nuestro protagonista enamorará a la joven hija de la aristócrata, pero alguno de los invitados sospecha de sus intenciones: "Lo cierto es que las palabras de Rudin se quedan en eso, en palabras, y nunca se convierten en hechos; y mientras tanto, esas mismas palabras pueden llevar a la ruina a un corazón joven".

Efectivamente, Rudin  va levantando falsas expectativas en quienes le escuchan, pero finalmente no es capaz de tomar decisiones sobre su propia vida ni sobre la vida de los demás. Representa una generación  que, desde un punto idealista, critica el orden social en que lleva siglos anclada Rusia, pero no es capaz de dar un paso adelante y llevar a la práctica ese cambio que propugna. Como señala uno de sus amigos que le conoce desde su juventud: "él había leído bastante, pero leía libros de filosofía, y su cabeza estaba organizada de tal manera que de lo que leía inmediatamente extraía el sentido general, llegaba hasta la raíz de las cosas y desde allí irradiaba en todas las direcciones los lúcidos y justos hilos del pensamiento, descubriendo perspectivas espirituales... Nos sentíamos como si fuéramos depositarios de la eterna verdad, como si fuéramos sus instrumentos, llamados a realizar algo grande. ¿No le resulta ridículo todo esto?".

Esa falta de iniciativa, incluso desde el punto de vista de las relaciones sentimentales, hará que Rudin, que  ha estado invitado en la casa de la aristócrata, tenga que escapar de  forma vergonzosa de la casa de su anfitriona y llevar una vida errática sobre la que nuestro protagonista arroja, muchos años más tarde, un juicio demoledor: "Sí, la Naturaleza me concedió muchos dones; sin embargo, moriré sin haber realizado nada digno de mis fuerzas, sin dejar tras de mí ninguna huella benéfica. Toda mi riqueza caerá en balde y no veré los frutos de mis semillas...Terminaré sacrificándome por algo absurdo, en lo que ni siquiera crea...".

En resumidas cuentas, bajo la apariencia de una novela sentimental se desarrolla una elaborada trama en la que Turgueniev realiza un análisis exhaustivo  de una sociedad en lucha entre la tradición y la modernidad. Critica la superficialidad y falta de compromiso de los terratenientes rusos y la contrapone al idealismo y la búsqueda de la belleza del personaje de Rudin. Todo ello recurriendo a una estructura narrativa extraordinariamente rica en la que a pesar de presentarnos a los personajes prácticamente en un único entorno, la casa de la aristócrata, como si de una obra de teatro se tratara, recurre a técnicas más complejas cuando lo requiere: al monólogo interior, cuando nos presenta la psicología de los numerosos  personajes de la obra o al flashback, cuando nos retrotrae a la juventud de nuestro protagonista.

Una novela conmovedora, exigente y de una belleza incuestionable.






martes, 13 de octubre de 2026

Jeff Burger: Cohen por Cohen. Entrevistas y encuentros con Leonard Cohen

Idioma original: inglés
Título original: Leonard Cohen on Leonard Cohen
Año de publicación: 2014
Traducción: Martín Abadía
Valoración: imprescindible para fans

Lo mejor de los libros sobre música y/o músicos es cuando el objeto de interés tiene una personalidad y una imaginería exclusiva; ya sabés de quién está hablando el libro apenas lees una frase del músico analizado. Eso sucede con muy pocos, y Cohen es uno de ellos.

Volviendo a mi género favorito dentro de este tipo de libros, el de las entrevistas, este es un libro plagado de ellas. Se intercalan con semblanzas de Cohen, extractos de otras entrevistas sobre algún tema puntual (donde encontraremos varias joyas) o comentarios de los entrevistadores años después de que se efectuó la misma, pero en su mayoría son preguntas (por suerte no estúpidas u obvias como la mayoría, aunque en un libro de esta extensión, casi 700 páginas, es imposible no encontrar alguna repetición, sobre todo en relación a dos o tres temas puntuales: la sexualidad, la religión y la depresión) y respuestas, que oscilan entre la respuesta más cortante y de la que no sabemos si tomar en serio o no, a verdaderos monólogos de pura clase coheniana, llenas de sabiduría y humor. De hecho, para ser catalogado como "El príncipe de la desesperación", y aunque ciertamente en algunas entrevistas se atisba una gran angustia, todo está rebozado con toneladas de humor elegante e irónico, lo que hace todo el asunto más llevadero, ya que en varias ocasiones la solemnidad tiene una fuerte impronta. Jeff Burger, que realmente es un compilador y editor de las amplias entrevistas que sostuvo Cohen en los cincuenta años de carrera musical, hace un gran trabajo al presentarnos, cronológicamente y con breves apuntes a cada una de ellas, las entrevistas que puedan aportar al personaje analizado, no importa si es un dato mínimo o entrevistas en las que se habla de todo.

Por decir ejemplos, podemos encontrar una extensa conversación de cincuenta páginas donde se exploran a fondo las raíces judías de Cohen, y se nota el entusiasmo, tanto del entrevistador como del entrevistado, en los descubrimientos que van haciendo, lo que evita esa capa de vergüenza ajena cuando se habla de algo tan íntimo como la familia. En otra, encontramos el análisis de la composición lírica/musical del artista, lo que se agradece ya que no es un tema que se suela tratar en este género (es más fácil irse por el chisme...); en general, y como mencioné, las entrevistas se vertebran en esos puntos claves, y cada uno de ello evoluciona de acuerdo a la década en la que nos encontremos (Jeff Burguer lo divide en cuatro partes: 60s y 70s, 80s, 90s, y el nuevo milenio); mientras más avanzamos a la actualidad, más nos encontramos con un Cohen vulnerable, dispuesto a profundizar en lo que le sucede, casi siempre con la seguridad que el entrevistador lo va a escuchar impasible para luego saltar con otra pregunta programada, pero de igual forma necesitado de expresarse. La depresión, sobre todo, es un factor en esta vida colmada de experiencias, y causa principal de decisiones tan rocambolescas como aliarse con Phil Spector o irse a un monasterio por siete años. Pero Cohen no hace una montaña de eso, y aunque a veces, en las dos primeras décadas, puede pasar como un pedante o como un jocoso con mal gusto, luego se toma a sí mismo a la chacota, y uno no puede evitar intuir que bajo esa personalidad, que Cohen mismo reconoce como "la portada que leen todos", hay una profunda angustia y creatividad motoras.

En conclusión, para los fans de Cohen este es un grandísimo libro, plagado de frases que incitan a subrayarlas y a releerlas varias veces hasta asimilarlas. Pocos artistas hay con una personalidad apabullante y una sabiduría que obliga al lector/oyente a prestarle atención, porque sus versos y su voz son pepitas de oro entre la mediocridad imperante.

Más de Leonard Cohen: Libro del anhelo

lunes, 12 de octubre de 2026

Jon Fosse: Hotel Vaim

Idioma original: nynorsk
Título original: Vaim Hotel
Traducción: Meritzell Savany en catalán para Galàxia Gutenberg y Cristina Gómez-baggethun en castellano para Random House
Año de publicación: 2026
Valoración: entre recomendable y muy recomendable


De los muchos aspectos que destacaría de la literatura de Fosse, su principal característica es la gran capacidad del autor para mantener la atención en una prosa basada en su mayor parte en el monólogo interno. Y, en este segundo volumen de una suerte de trilogía cuyo nexo principal es Vaim, el pequeño pueblo donde trascurre la historia, el autor se atreve en dar un paso más en su estilo y se adentra a un terreno situado entre el misterio y el onirismo.
 
Con este propósito, Fosse empieza el relato a partir del solitario viaje en coche de un hombre cargado únicamente con un par de maletas quien va conduciendo sin ningún destino en mente hasta que, casi de golpe, se encuentra con la necesidad de parar para descansar. Encontrándose en paraje desconocido, descubre un hotel en el que poder reposar antes de proseguir su viaje y decide alojarse, por casualidad o por azar, en el hotel de Vaim sin saber tan siquiera hasta cuando se prolongará su estancia. Pero, una vez allí, el desconcierto toma protagonismo y sorprende al visitante, pues la recepcionista del hotel parece reconocerlo e incluso se alegra de verlo, aunque él desconoce el porqué. Bien es cierto que el protagonista fue medianamente famoso años atrás, pero esa no parece ser la causa de tal recepción provista de una cordialidad aparentemente extrema. A partir de este enigmático (a la vez que cautivador) inicio, Jon Fosse despliega su talento bifurcándolo en dos vertientes, pues establece una suerte de monólogo interno que va alternando con charlas entre el protagonista y Brita, la recepcionista del hotel, y que podría parecer un diálogo de besugos por la absurdez aparente en su contenido, pero que deja entrever en su trasfondo el alma dos seres que se encuentran solos en esta vida y que, por un motivo u otro, necesitan encontrarse.

De esta manera, el autor enlaza esta segunda novela de la trilogía con su predecesora, situando el Hotel Vain justo delante de la droguería que copaba el protagonismo en el primer volumen; así, Fosse establece una relación entre ambos textos y también, en cierto modo, entre sus personajes aunque no de manera muy clara, tal y como el protagonista constata y admite al afirmar que «empezaba a tener la sensación de que en esa habitación que había cogido en el Hotel Vain me quedaría bastante tiempo, que alguna cosa me lo decía». Así, el autor despierta la curiosidad en el lector, de igual manera a lo que le sucede a su protagonista y es a partir de ahí que Fosse empieza a tejer una serie de paralelismos entre ambas novelas, en la que los personajes aparecen y desaparecen o incluso se confunden, estableciendo de esta manera una novela de espejos en los que nos protagonistas se ven a ellos mismos desde diferentes perspectivas y ángulos como sucede, por poner un ejemplo, cuando expone que el protagonista ve una barca en el muelle de nombre Eline y vislumbra alguien cerca que tiene su misma edad y que incluso le parece que lo conoce porque hay en él algo que le resulta familiar de igual manera que ciertos aldeanos parecen reconocerlo, aunque no saben muy bien el porqué.

Estableciendo el principal escenario del relato en el hotel, allí el protagonista es víctima y testigo de situaciones curiosas y enigmáticas, con objetos personales suyos que aparecen y desparecen o también en encuentros cercanos al surrealismo entre él y el misterioso personaje de Brita, siempre en medio de las confusiones y tretas que enloquecen y enfadan al protagonista pues continuamente le hacen dudar de su propio raciocinio y le someten al límite de la cordura. Estilísticamente, el estilo de Fosse se deja entrever en los diálogos que se establecen entre personajes y que, en esta ocasión, tienen una cadencia y una tendencia a la repetición de frases que me llevan recuerdos a Haruki Murakami en esos encuentros entre personajes misteriosos que más que un contraste de opiniones se asemejan más la dilatación de una conversación con uno mismo, como si al decir la frase se escuchara el eco interno que permite al que la ha pronunciado reflexionar y apuntalar lo que acaba de decir. Por ello, hay cierto aire de misterio lynchiano en esta novela que la hacen algo diferente a las anteriores, pues existe en el relato una atmósfera en el que parece que se está cociendo algo, rozando lo onírico, pero no desde un punto de vista que augura un peligro sino más parecido a una calma tensa, algo que se hace evidente cuando el protagonista, analizando la situación en la que se encuentra, infiere que «pensé después, que el Hotel Vaim, el Café Vaim y la Droguería de Vaim eran tres establecimientos bien peculiares, y si me gustaba o no que fueran tan peculiares, pues todavía no lo había decidido, y es que era prácticamente como si, tanto en un lugar como en el otro, hubiera algo irreal» a la vez que encuentra algo atrayente en ese hotel, pues el protagonista constata y admite que «empezaba a tener la sensación de que en esa habitación que había cogido en el Hotel Vain me quedaría bastante tiempo, que alguna cosa me lo decía».

Con este enigmático texto, Jon Fosse nos vuelve a cautivar con una novela que expone nuestros miedos y recelos ante una realidad que quizás no es tan clara como nos parece y en la que los personajes que aparecen y desaparecen juegan con el protagonista de igual modo que el autor hace con el lector, distrayendo y desviando la atención hacia esos puntos en los que hacernos dudar de lo que vemos, de los demás e incluso de nosotros mismos y nuestras percepciones sobre lo que nos rodea.

domingo, 11 de octubre de 2026

3*1 en "no ficción": El arte de viajar sin moverse del sitio de Hilario J. Rodríguez, Regreso a Viena. Diario de 1946 de Hilda Spiel y La frase infinita de Aldo Gargani

Idioma original: Español
Año de publicación: 2026
Valoración: Bastante recomendable

Hace unos días comentaba con mi pareja que esto de viajar se nos está yendo de la manos, que todo parece una competición por ver quién ha visitado más países, quién ha ido a un destino más "exótico", quién tiene más likes en sus redes, etc. Todo para terminar comprando en las mismas franquicias de mierda, comiendo en las mimas cadenas de comida rápida, etc. ¿Dónde quedó, entonces, eso de viajar para perdernos, para iluminarnos o perfeccionarnos, para cuestionar certezas o experimentar con las dudas? Algo de eso se habla en este El arte de viajar sin moverse del sitio, breve y sorprendente ensayo de Hilario J. Rodríguez en el que el autor huye de lo "académico" para, como las guías Petit Planete, ofrecer un ensayo abierto, poroso y flexible, con intersecciones a veces descabelladas y notas al pie (¿o acaso debería decir desvíos o senderos que se bifurcan?) que podrían ser otros textos, otros libros, otros viajes.

Y así el autor habla del viaje y de viajar, pero como un ir más allá en el que caben muchos viajes diferentes: viajes imaginarios, viajes forzosos (emigración), viajes "inútiles" (¡que viva siempre hacer cosas "inútiles"!), viajes vegetales. 

Podría decir también que el viaje que propone Hilario J. Rodríguez es un "circuito cultural" con parada y fonda en la literatura (Borges, Piglia, Sebald, Schalansky, Herzog...), el cine (Herzog, Kurosawa...), la arquitectura (Speer y compañía), etc. Al fin y al cabo, el viaje y el arte en sus diferentes formas no son otra cosa que mirar, especular e interpretar símbolos.

Pero lo que sí tengo seguro es que El arte de viajar sin moverse del sitio es un elogio de la imaginación y de la cultura como motores de la vida, un recorrido construido a partir de referencias y asociaciones que, lejos de resultar un ejercicio de pedantería, se insertan a la perfección en esa ampliación del conocimiento que debería suponer cualquier buen viaje.

También de Hilario J. Rodríguez en ULAD: Construyendo Babel

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Título original: Rückkehr nach Wien. Tagebuch 1946 
Idioma original: Alemán
Año de publicación: 2026
Traducción: Pilar Mantilla
Valoración: Bastante recomendable

Pasamos de viajar sin moverse del sitio a viajar para volver al lugar en el que uno nació y que hubo de abandonar por razones políticas. El retorno y lo que eso supone para el retornado (todo lo que Nolan podría haber explorado en su versión de La Odisea y no quiso / supo / pudo hacer) son la base del diario de Hilde Spiel, periodista austríaca exiliada en Londres y que regresa en 1946 a la Viena ocupada por los vencedores.

Por lo tanto, el viaje como regreso a los lugares y personas de la infancia, adolescencia y juventud, pero también a los cambios operados en ambos y en la persona que retorna por los años de nazismo y guerra. Estos dos elementos son inseparables de la mirada con la que Spiel contempla la ciudad y hacen que el texto transite de lo íntimo a lo político, de los "pequeños seres" a los "grandes nombres".

Esa transversalidad es uno de los puntos fuertes del texto. Otros serían la indagación de Spiel sobre la identidad del retornado o el cuestionamiento de los procesos políticos en esos primeros momentos de transición. 

Ochenta años han pasado del retorno de Spiel a Viena y un poco más del final de la Segunda Guerra Mundial. Leamos a Spiel (pero también a Primo Levi o a tantos otros), leamos estos testimonios del horror y el terror. Nunca es tarde, de verdad.

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Título original: L'arte de esistere contro i fatti 
Idioma original: Italiano
Año de publicación: 1990
Traducción: Pilar González Rodríguez
Valoración: Recomendable para interesados

De la mano de Spiel y de la Austria de posguerra llegamos a Bernhard, a Bachmann y a este ensayo publicado por Ediciones del Subsuelo. Bernhard y Bachmann son dos de los escritores austríacos más importantes de la segunda mitad del siglo XX (aquel nació en 1931 y esta en 1926). Además, Bernhard y Spiel se escribían y para muestra una carta de 1971 en la que aquel habla de Wittgenstein. ¿Qué, no os parece suficiente? 

Sea como fuere, el caso es que La frase infinita sí que es un ensayo "académico". Al fin y al cabo su autor fue profesor de Estética e Historia de la Filosofía en la Universidad de Pisa. Y así como El arte de viajar sin moverse del sitio tomaba desvíos y caminos aparentemente alejados del centro del texto, el de Gargani se expande, digamos, en vertical y hacia abajo, como un taladro que penetrara en la escritura de Bernhard y Bachmann.

Es, por tanto, un texto denso y complejo en el que las referencias ineludibles son Wittgenstein y Musil, en el que ética y estética se conjugan para elevar la utopía del lenguaje sobre un mundo en ruinas, en el que muestra cómo, partiendo de actitudes y premisas diferentes, ambos autores comparten la idea de la imposibilidad de comunicar, del pensamiento narrado como ejercicio crítico. 

De lo anterior podéis deducir que La frase infinita es un texto "árido" que, además, cae en ciertas reiteraciones. Eso sí, quien se interese en (y guste de) la literatura de dos gigantes como Thomas Bernhard y/o Ingeborg Bachmann lo encontrará recomendable, claro que sí.

sábado, 10 de octubre de 2026

Eileen Chang: Incienso y otros cuentos

Idioma original: Chino

Traducción al castellano: Anne-Hélène Suárez

Año de publicación: 1943-44

Valoración: Está bien


La escritora china Zhang Ai-ling, más conocida por la versión anglosajona de su nombre, Eileen Chang, nació a principios del s. XX en el seno de una familia aristocrática de Shanghái, una ciudad portuaria que por aquella época era de las más modernas de Asia, y en la que el imperialismo británico y las concesiones extranjeras provocaban grandes desigualdades. Chang recibió una educación cosmopolita y bilingüe, pero tuvo una infancia difícil, con un padre violento y adicto al opio. Además le tocó vivir la Segunda Guerra Mundial, y después la revolución comunista, con lo que decidió marcharse. Fue primero a Hong Kong y más tarde a los Estados Unidos, donde pasaría el resto de su vida.

Empezó a escribir estando aún en China, durante la ocupación japonesa, y sus cuentos destilan decadencia, melancolía y pesimismo. Sabiendo en qué contexto pasaron sus primeras décadas de vida, no es de extrañar.

Las historias de Chang hablan de la dificultad de comunicarse y amar en medio de presiones sociales y diferencias de clase. Son historias tristes, sin final feliz. Los ambientes son elegantes, igual que el lenguaje de la autora, pero sus personajes son desdichados, y no tienen expectativas de dejar de serlo. El tono es siempre tenso y desasosegante. Algunos episodios son de una violencia apabullante.

Los relatos están presentados por un narrador que rompe lo que se conoce como “cuarta pared”: nos invita a “escucharle” mientras quema unos granos de incienso, o mientras prepara un té. Los cuentos durarían lo mismo que estas actividades. Este formato nos hace adentrarnos en el mundo de Chang, que convierte así sus historias en confidencias. Pese a esto, no dejan de resultar ajenas. A mí en todo caso me resultó difícil identificarme con el sufrimiento de los personajes de estos cuentos. Quizás sea porque la autora, aunque los trate con compasión, mantiene la distancia. O quizás se deba a mi lejanía de su cultura, porque los sentimientos que describe son sin duda universales, pero la perspectiva no lo es: es una perspectiva extraña, exótica en esencia (y no en forma, como pueda ser a veces la perspectiva que intentan dar los escritores occidentales a sus novelas de ambientación oriental). En este sentido, leer a Chang es una experiencia enriquecedora, aunque a mí me pareciera emocionalmente estéril.

El sabor que dejan estos relatos es amargo. Están muy bien escritos y su lectura es interesante, pero ¡qué desconsuelo!  


Otro libro de Eileen Chang reseñado por ULAD: Un amor que destruye ciudades.