viernes, 28 de agosto de 2026

Vladimir Voinovich:Vida e insólitas aventuras del soldado Iván Chonkin

Título original: Vida e insólitas aventuras del soldado Ivan Chonkin

Idioma original: ruso

Traducción: Antonio Samons García

Año de publicación: 2006

Valoración: Muy recomendable


Reseñar este libro supone necesariamente ponerlo en contexto. Vida e insólitas aventuras de Ivan Chonkin se publicó originalmente en  París en 1974, pero la crítica mordaz al régimen soviético que destila el libro hizo que su autor, nacido en la república soviética de Tayikistán,  fuera expulsado de la URSS en 1980 y su publicación estuviera prohibida en su país  hasta después de la perestroika.

Voinovich fue un escritor cercano a las voces disidentes con el sistema comunista y estuvo siempre en el punto de mira de los servicios secretos y del gobierno soviético. La publicación de este libro le supuso ser expulsado de la Unión de escritores soviéticos, y una persecución continua del régimen soviético, que le retiró la ciudadanía y finalmente le expulsó del país.

En apariencia, el argumento puede resultar sencillo y cercano a una novela  costumbrista. En vísperas de la segunda guerra mundial un avión del ejército ruso se estrella a las afueras de la aldea de Krasnoie. Dado que no hay repuestos para arreglar el aparato y se debe solicitar un nuevo motor a las instancias superiores, los altos mandos del regimiento deciden enviar a un soldado para que custodie el aparato y evite actos de vandalismo. Como medio regimiento está de maniobras y el otro medio en la enfermería se decide enviar al soldado Chonkin "de escasa estatura, piernas zambas y orejas rojas". Por si los rasgos físicos no fueran suficientemente definitorios, Voinovich nos describe así la psicología del personaje: "Los pensamientos de Chonkin eran de naturaleza varia. Una atenta observación de la vida y de las leyes que la gobiernan le habían enseñado que en verano, de ordinario, hace calor, mientras que en invierno hace frío. A su cabeza acudió un segundo pensamiento, todavía más interesante y sustancial, pero en el acto mismo olvidó de que se trataba, y no consiguió recuperarlo por más esfuerzo que hizo".

Pues bien, este soldado más bien simplón, emparentado lejanamente con el soldado Svejk, es enviado a custodiar el aparato y abandonado a su suerte en la remota aldea. Aburrido y deseando integrarse en la vida local, Chonkin aprovecha la situación para emparejarse con una campesina local, Niura, que posee una vaca y un jabalí  como mascota. Nuestro soldado abandona alegremente su tarea de vigilancia y se dedica a plantar patatas, dar de comer a las gallinas y arar el huerto de su prometida.

Chonkin se integra alegremente en la vida local y a su alrededor iremos conociendo a la entrañable galería de aldeanos de Krasnoie. La llegada del soldado altera la apacible vida de la aldea y sirve a Voinovich para poner sobre la mesa todos los elementos que motivaron la prohibición de su libro: la ineficiencia del koljós local, la desidia laboral de los aldeanos, la ineptitud de los gobernantes locales y regionales, la incompetencia de los altos mandos militares y la adoración incondicional al líder supremo: "Stalin era un hombre inteligente, capaz de comprender a los demás y de ponerse en su lugar. No en vano el pueblo lo amaba. !Y que bien cantaba aquella canción, "Botas de fieltro"! Pero ¿por qué se le había puesto de pronto voz de mujer?".

Todos los acontecimientos de la vida diaria son tratados con ironía y sarcasmo. Una fina crítica a todos los estamentos sociales va deslizándose página a página y  episodios surrealistas, por absurdos, van acompañando la azarosa vida de nuestro héroe  que va tomando conciencia de la inutilidad de su presencia en la aldea: "Fuese por causa de la palmada recibida en la cabeza o por otra de índole no mecánica, algo en el cerebro de Chonkin se desplazó, y esa mutación dio nacimiento a la desasogante idea de que en aquel lugar se le estaba pasando en vano el tiempo, de que con él no contaba nadie y de que nadie sería enviado en su busca".

Cuando la situación parece estancada y nuestro héroe está integrado en la dinámica aldeana, estalla la Segunda Guerra Mundial y la convivencia se crispa. El ambiente general se enturbia y los engranajes del estado se ponen en marcha. A las altas esferas  llegan rumores indeterminados de que algo raro sucede con un avión y un soldado en una aldea pérdida. Primero, los agentes de la Institución, algo parecido al KGB, y luego el ejército ponen rumbo finalmente hacia Krasnoie y el caos más absoluto se adueña de la aldea.

En resumidas cuentas, Voinovich nos entrega un libro divertidísimo, con unos personajes memorables,  por el que sobrevuela una finísima e inteligente crítica encubierta al régimen soviético. Según muchos medios, la mejor novela satírica rusa del último medio siglo.


jueves, 27 de agosto de 2026

René Araya: Noche de los cristales rotos

Idioma original: español
Año de publicación: 2026
Valoración: entre recomendable y está bien (tirando más a lo segundo)

Este libro me hubiese gustado mucho más (bueno, tanto como mucho más no, pero quizás la valoración sería un recomendable alto) si no hubiese leído Vivir abajo. Como lo leí (y para más inri me pareció una novela apabullante, excepcional, un clásico moderno), y a riesgo de sonar inmisericorde e injusto, solo puedo decir que la inspiración es evidente por todos lados. No en la prosa (y hasta ahí nomás, porque ciertas construcciones sintácticas y semánticas son calcadas a la citada novela), pero sí en la premisa y estructura. 

Para empezar, la novela se divide en cinco partes: arrancamos con un paneo del argumento, en donde uno de los protagonistas, Zárate, un policía argentino, se obsesiona con una seguidilla de crímenes cuyas víctimas siempre parecen ser de River Plate y (siendo el único que establece esa conexión) judías. Para eso,  aunque sea hincha de Racing, se tatúa una esvástica en el hombro y se vuelve parte de La Doce, la barra pesada de Boca Juniors. De ahí saltamos unos años luego de la Segunda Guerra Mundial, donde el autor nos cuenta de un nazi fugitivo que se refugia en la casa de dos curas homosexuales italianos, cuyos mambos mentales serán de lo menos interesante de leer en toda la novela, ya que, en realidad, solo tiene importancia Kohl, el nazi, y su relativa transformación en un anónimo que escapa hacia rumbos latinoamericanos. Y de ahí desembocamos en la verdadera tríada de personajes de la novela: el ya citado Zárate, Olivera, un policía paraguayo que está perdidamente enamorado de la tercera pata de esta historia, Elisa Feldman, una cazadora de nazis que ayuda a Zárate a buscar al responsable de los crímenes y a la vez persigue su propia obsesión, la de encontrar la hemeroteca del horror en algún punto de Latinoamérica donde haya habido una dictadura, una vasta colección de cintas filmadas todas en campos de concentración, con interrogatorios, torturas detalladas y asesinatos, para cerrar con cierta explicación de todo lo sucedido y retomar personajes que parecían olvidados (personajes que, si el lector está atento, se adivinan su participación en el misterio clave del libro, el paradero de las cintas).

Como ven, hay gran parte de Vivir abajo en esta novela. El tema del horror, de la paranoia de los personajes, de cintas escondidas en sótanos (como un George Benett buscando a su padre en varias dictaduras latinoamericanas), de historias dentro de historias que llevan o no a algún lado, de conexiones insólitas entre la cultura y el miedo (por ejemplo, la comparación de las canchas de fútbol con los campos de concentración, de la que estoy bastante seguro que ya existía en Vivir abajo, o las citas permanentes a películas que redefinen la vida de los protagonistas), de personajes cultos que mágicamente conocen todo lo que sus interlocutores refieren (exceptuando a Olivera, que no sabe nada de nada salvo de dibujitos animados, el personaje mejor trazado) y que monologan constantemente en un esfuerzo de escapar de la soledad (el tema es que no basta con mencionar torturas y contar una historia ingeniosa para que automáticamente se convierta en una parábola de la mugre infinita de la humanidad). Pero en donde Faverón Patriau lo hace con naturalidad, incorporando sus influencias de manera orgánica (Bolaño, sobre todo, y hasta mejorándolo a mi gusto), acá todo se siente forzado, como si el autor hubiese pensado que hacer un copia y pega de ciertos temas y trucos literarios (ciertos diálogos, ciertas terminaciones de reflexiones parecen un manual de cómo tener el tono de otros autores) bastara para convertirla en una buena novela.

No quiero únicamente criticarla por el lado de la comparación (porque parecerlo asegura un mínimo de calidad nada despreciable) ni quiero rebajar los méritos de una novela que, por sí sola, cuenta con cierta potencia reseñable, pero es inevitable. En contraposición, puedo decir que algunos relatos tienen originalidad y consiguen casi siempre el impacto buscado (la historia de los dentistas cazadores de nazis es buena), y la parte central del libro, donde los tres personajes van entrelazando sus tramas mediante fragmentaciones narrativas y saltos temporales, posee una buena técnica y escenas perturbadoras (la sección de la madre de Elisa siendo cuidadora de una obesa mórbida, por ejemplo). El problema es que Araya busca una circularidad (lo que Tom Spanbauer llamaría escritura peligrosa) que no consigue: la repetición de conceptos (el horror, las cintas, el nazismo, la contraposición del paradisiaco paisajismo latinoamericano con la maldad escondida, incluso frases y chistes que retoman otros personajes) no termina de funcionar porque siempre tenemos la sensación de que calcula dónde ponerlos, como una forma de avanzar la trama, y poco más. Entonces, le pongo esa valoración porque el libro es ameno (sacando la parte de los sacerdotes, que me parece larga al pedo y te hace pensar en abandonar la lectura), tiene buenos diálogos e ideas, pero falla en solidificar lo que hubiese sido una buena idea a costa de basarla casi punto por punto en otro libro de calidad superior. Una pena, porque, como dije al principio, si no hubiese leído ese libro, este me parecería un poco mejor.

miércoles, 26 de agosto de 2026

2x1: El truco de los espejos y Los trabajos de Hércules de Agatha Christie

Idioma original: 
inglés
Título original: They do it with mirrors o Murder with mirrors / The labours of Hercules
Traductor: C. Peraire del Molino / A. Soler Crespo  
Año de publicación: 1952 / 1947 
Valoración: está bien / muy recomendable 
 
El verano es un momento ideal para leer, o releer (como es el caso), aquello que se podría llamar comfort literature: aquella que no cambia el mundo ni revoluciona nuestra vida, pero que, precisamente por lo que tiene de conocido y de esperado, nos proporciona horas de placer y de entretenimiento. No voy a usar la expresión "placer culpable", porque no hay ningún motivo para sentirse culpable por aprovechar los días de vacaciones para tirarse a la bartola y leer un par de libros de esa maestra de la literatura policiaca, y de la vida en general, que es Agatha Christie
 
En esta ocasión han caído dos libros de la bonita colección publicada por la editorial Molino que he recuperado en casa de mis padres: una novela y una colección de cuentos (aunque formando un ciclo casi novelesco) que, además, presentan a los dos detectives más emblemáticos de la escritora, Miss Marple y Hércules Poirot respectivamente. Y aunque he disfrutado con los dos, porque leer a Agatha Christie es siempre reencontrarse con una maestra del género, debo decir que el segundo libro me ha gustado más que el primero.
 
El truco de los espejos es una novela bastante convencional dentro de la producción policiaca de su autora: en ella, Miss Marple se "autoinvita" a la casa de una antigua amiga, Carrie Louise, que vive en una mansión grandiosa que sirve, al mismo tiempo, como sede de un experimento correccional de jóvenes delincuentes. Alli se reúne el habitual coro de personajes secundarios, destinados a servir como sospechosos: el marido actual de Carrie Louise, los hijos de sus anteriores maridos, su nieta y su marido americano, la asistenta, el secretario... Y, como es de esperar, hay un asesinato, y una investigación, y todos los habituales trucos y giros del género. 
 
Aunque me lo pasé tan bien como siempre leyendo esta novela, no me dejó demasiado satisfecho, en primer lugar porque, como decía antes, es bastante "formulaica": la primera mitad de la novela se dedica a presentar con morosidad a todos los personajes y sus interacciones, algo que es marca de la casa de la escritora; después tiene lugar el crimen, y en la segunda mitad tanto Miss Marple como el inspector Curry interrogan a cada uno de los sospechosos, hasta reunir todas las piezas del puzzle. Hay aún un segundo crimen, antes de la esperada y esperable resolución final, como mandan los cánones. Es cierto que en las novelas "de género" parte del placer se basa en la repetición pero, en este caso, me faltó, también, ese elemento de sorpresa u originalidad que eleva una obra por encima de su molde. 
 
El segundo motivo por el que la novela me dejó un poco frío fue que, en fin, sin querer dármelas de listo, conseguí adivinar cómo se había cometido el crimen desde bastante pronto, lo que es muy poco habitual en las novelas de Agatha Christie. "No puede ser tan obvio", pensé, esperando el sorprendente giro final, y genial, a la que nos acostumbra la autora. Así, cuando ese giro no llegó que quedé un poco "chof", por decirlo en términos técnicos.
 
En cambio Los trabajos de Hércules me pareció una pequeña joya y una genialidad de la escritora, que se basa en la homonimia de su detective Hércules Poirot con el héroe clásico para plantear doce casos que corresponden, de forma no siempre evidente, con cada uno de los doce "trabajos" originales ("El león de Nemea", "La hidra de Lerna", etc.), elegidos por el propio detective como cierre y culminación de su carrera. Es en ese sentido curioso ver a un Poirot crepuscular, famoso y respetado como una celebrity de su tiempo, que planea retirarse para dedicarse al cultivo de calabacines, ¿o quizás a una inesperada historia amorosa? Curiosamente, varios de estos casos parecen manifestar algunas preocupaciones sociales de la escritora (las drogas, los tabloides, las sectas), lo que da a algunas de estas historias un curioso aire didáctico.
 
Naturalmente, tratándose de cuentos de extensión relativamente breve no hay espacio para toda la exposición de personajes y ambientes, para los red herrings habituales o para investigaciones detalladas y minuciosas; son, más bien, chispazos de genio del detective, que en un corto espacio de tiempo tiene que abrirse paso entre apariencias y engaños, para desenmascarar a los auténticos culpables. Así, en las páginas de este volumen caben casos de chantaje, fraude, difamación, tráfico de drogas, robos y, por supuesto, asesinatos, en una secuencia de eventos entrelazados que llevarán a Poirot, como al Hércules clásico, a recorrer miles de kilómetros en busca de respuestas. Por otra parte, la continuidad narrativa de todos los casos, así como la reaparición de algún personaje secundario (y por supuesto, la analogía con el Hércules clásico), ayuda a que el volumen vaya más allá de la mera suma de cuentos independientes, para convertirse en una obra unitaria y coherente.
 
Solo puedo terminar agradeciendo a Agatha Christie por haberme proporcionado unas cuantas horas de entretenimiento, y por haberme trasladado a la época, cuando era más joven y tenía más pelo, en que leí estos libros por primera vez.
 

martes, 25 de agosto de 2026

Ingeborg Bachmann: Malina

Idioma original: alemán
Título original: Malina
Traducción: Isaberl Hernández
Año de publicación: 1971
Valoración: está bien


Esto no va a ser fácil. Porque la reseña de hoy trata sobre una obra altamente compleja, críptica y de estructura inconcreta. Porque la reputación de Ingeborg Bachmann la precede y está considerada como una de las autoras más relevantes de mediados del siglo XX e incluso fue nominada al Premio Nobel. Pero esos logros no significan que la lectura de su obra sea fácil ni satisfactoria ni tampoco placentera. Y en esas estamos, intentando cuadrar una reseña.

Empieza el relato con una breve introducción que encajaría perfectamente en una obra de teatro, pues con un par de páginas la autora detalla la lista de los pocos personajes que intervendrán en este relato, así como sus más destacadas características. Así, tenemos a Ivan, nacido en Hungría pero que vive en Viena (lugar en el que transcurre la acción) y tiene un trabajo regular. También menciona a Béla y András, sus hijos de siete y cinco años, así como a Malina, que ha cumplido los cuarenta y es un autor empleado en el museo del ejército austriaco. Por último, se presenta a ella misma, de la que conocemos más bien poco pues su descripción es algo ambigua, mencionando principalmente que ha tenido varias profesiones (no mencionadas) así como diferentes hogares (de los que tampoco da ninguna información). A partir de aquí, empieza la novela con un inicio algo sorprendente, pues el relato empieza in media res y de manera introspectiva, a través de una narración en primera persona del singular con una protagonista sin nombre y que se dirige al lector de manera casi epistolar, como una suerte de confesión en un relato que podría acercarse más a un diario que a una novela. Y es que la protagonista de este texto (que podríamos ubicar hacia los años setenta del siglo pasado) nos cuenta su vida desde su absoluto punto de vista. Así, descubrimos que Malina y ella viven juntos, en una relación difícil pues, tal y como confiesa, «durante años mi relación con Malina consistió en desafortunados encuentros, malentendidos grandísimos y algunas estúpidas fantasías (…) de todas formas, desde el principio estuve siempre por debajo de él, y muy pronto tuve que haber sabido que se convertiría en mi perdición, que el puesto de Malina ya estaba ocupado por Malina antes de que él se instalara en mi vida». Así, somos conscientes de esta desigual relación de la que ella intenta evadirse a través de su relación con Ivan, un amante con el que intenta encontrarse cuando puede y, cuando no, al menos llamarle para poder charlar con él y conseguir así una posible vía de escape de una vida que se antoja opresiva a pesar de que con Ivan tampoco es muy diferente, pues tiene con él una relación altamente absorbente que la empuja a sacrificar plenamente su vida y a dejarla a expensas de él, y es que, tal y como afirma: «aunque seguro que Ivan ha sido criado para mí, nunca podré reivindicarlo exclusivamente para mí. Porque ha venido para que las consonantes vuelvan a ser sólidas y tangibles, para que las vocales vuelvan a abrirse y resuelven plenamente, para que las palabras vuelvan a brotar de mis labios, para restablecer las primeras relaciones destruidas y solucionar los problemas, y no me alejaré ni un punto de él, de que nuestras iniciales idénticas y envidiosas, con las que firmamos nuestras breves notas, coincidan, se sobrescriban». Así, en ese cegamiento del que la protagonista es consciente y que reconoce al afirmar que «en su presencia enmudezco (…) estoy agradecida de poder prepararle su bebida y la comida, de limpiarle los zapatos a escondidas de vez en cuando», ella intenta encontrar una salida, una esperanza.

Tras haber leído unas pocas páginas y a pesar de la alta calidad de la prosa de la autora, uno ya toma consciencia del primer escollo de la narrativa de Bachmann: el exceso de referencias a otros libros sin ninguna relación con esta obra y sus correspondientes notas al pie, lo que lastra la lectura y aporta más bien poco. Estas referencias a menuda son en relación a frases de libros que ha leído la autora, a edificios con los que la protagonista se encuentra en sus paseos, etc.… que quizá puedan interesar a eruditos o críticos literarios, pero para el lector convencional suponen más una molestia que una ayuda, pues añade una carga innecesaria a la lectura sin aportar información necesaria al argumento (a modo de ejemplo, la autora escribe «vendrá la muerte» y esta frase tiene una anotación a pie de página indicando que hace referencia a un poemario de Cesare Pevese). El segundo escollo con el que nos encontramos es la complejidad del texto; a pesar de que uno está más que avezado al monólogo interno y a sus posibles y derivados excursos, en este caso el texto se alimenta y se excede en el desorden y el desvarío, pues no se sabe muy bien qué relación hay entre la protagonista e Ivan así como con Malina. También el abuso del monólogo interior, de las reflexiones y los desvíos y los desajustes mentales de la protagonista no ayudan a su comprensión, ni a conocer cuál es el propósito de la novela ni qué pretende contar la autora con ella. Afortunadamente, una vez nos acostumbramos al estilo y a la narración, el propio ritmo agitado de la narración nos permite avanzar en la lectura de manera ágil y rápida y vamos entendiendo no tanto lo que sucede en la vida externa de la protagonista, como sí lo que transcurre en su interior, en un descenso al pozo de la locura que le causan conmoción y zozobra. Es en este momento, hacia el final del libro, donde uno no puede olvidar a Tove Divletsen y su obra «Las caras», pues nos adentramos en la psique de una mujer enferma que sufre el deterioro de su juicio y sus facultades mentales (algo que probablemente tiene su causa en el estado de la autora al escribirlo pues, como Divletsen, también estuvo internada en la etapa final de su vida en una clínica a causa de un ataque de nervios y fue también sometida a repetidos tratamientos médicos desarrollando una adicción a los medicamentos y psicofármacos).

Por todo ello, a pesar del propósito de la autora en construir un relato donde de manera tangencial denuncia temas de calado como la sociedad patriarcal y los efectos del holocausto o también la opresión y la cordura, la lectura del libro no ha conseguido atraerme pues su exceso de cripticidad, el argumento no lineal y la falta de un hilo narrativo claro y sus excesivas notas de página que aportan poco al relato, me han dejado con sensaciones encontradas y tan solo únicamente en el tramo final he podido disfrutar de él. En todo caso, contra gustos los colores así que quizás otros lectores habrán podido disfrutar más de esta novela inquietante, atrevida e innovadora en el que la narración sobre la enajenación, la opresión y la incapacidad de la protagonista para entender el mundo que la rodea son sus puntos más destacados.

lunes, 24 de agosto de 2026

Ignacio Peyró: El español que enamoró al mundo


Id
ioma original: español

Año de publicación: 2025

Valoración: muy recomendable

Primero, hagamos las debidas presentaciones. Julio Iglesias me repugna. Absolutamente. Desde su música, canción romántica reducida a susurros para ensoñaciones eróticas light, hasta sus influencias (quién puede perdonar a sus hordas de émulos, empezando por el nauseabundo Bertín Osborne) y ya no digamos su desacomplejada pose ideológica y su ostentosa existencia, sin perjuicio de su machismo recalcitrante, demostrable más allá de suposiciones recientes.

¿Y qué narices hago yo leyendo algo que se podría validar como una biografía suya?

Bueno, he de decir que lo primero que seduce del texto de Ignacio Peyró es cómo el autor establece distancias, de manera tan sutil como constante, esos contrapuntos, esas notas a pie de página, ese sarcasmo que recorre el texto, una ironía postmoderna de un autor que ya entiende que sabemos muchas de las cosas que va a explicar, que está tratando con un material que forma parte ya no del dominio público sino del imaginario generacional más básico, y que sabe que el lector no le perdonará que los elogios se extiendan más allá de lo que nos resulta confortable. Entonces, descontemos que hablará de su perseverancia para obtener un éxito global, descomunal, de sus hazañas de alcoba, excesivas, descontroladas, de sus esposas y novias, de sus líos con representantes que buscarán - esperando lo que haga falta - venganza. Aunque resulte que a su entorno, a todos aquellos que le catapultaron al éxito, rara vez se les recuerda por sus caras, si acaso por sus nombres, eran aquellos que estaban al lado o detrás, mientras él se ponía al frente e interpretaba (va, cantaba) sus omnipresentes éxitos, o, por ejecutar una reducción casi cacofónica, follaba y se forraba.

Obviamente los mejores tramos del libro son aquellos que acumulan nombres y pequeños detalles desconocidos que configuran su personalidad, que relatan su periodo glorioso, digamos hasta los años 90, no voy a revelar detalles, pues son esos párrafos, que Peyró escribe brillantemente desde una óptica ligeramente crítica, eso sí, sin especulaciones de caracter morboso que acercarían este texto a lo sensacionalista, pero dejando algunas piedras en el camino, algunas socavadas perlas que, sin tildar directamente a la estrella de mezquino, de avaricioso, sí que corroboran que este texto no pretende obtener su beneplácito en modo alguno, tanto menos cuando desmiente algunos aspectos que han sido convenientemente pulidos para dulcificar la historia del cantante. En consecuencia, ese tramo final, cuando Iglesias, ya con cierta edad, ha dejado de aparecer en público con frecuencia, y todo lo que se sabe de él es a través de la gestión administrativa de su fortuna, añadiendo que, con la estabilidad de su matrimonio, su vida sexual/sentimental ha abandonado el ritmo agotador de sus años dorados.

Gracias a Peyró, entonces, que ha renunciado a ejecutar una biografía al uso y tampoco ha sucumbido a la especulación.

domingo, 23 de agosto de 2026

Lisa Tuttle: Nido de pesadillas

Idioma original: Inglés 


Título original: Nest of nightmares

Año de publicación: 1986, 2023

Traducción: Marian Womack

Valoración: Bastante recomendable 

Segunda aparición de Lisa Tuttle en este sacrosanto blog y segunda valoración más que favorable de su obra. Y si en la primera ocasión hablamos de Mi muerte, novela de unas 140 páginas, esta vez es el turno de Nido de pesadillas, colección de 13 relatos de alto nivel medio que guarda ciertas similitudes con la novela, especialmente en su aspecto onirico,  gótico y tenebroso.  

Hablamos de 13 textos de terror íntimo y perturbador, según dice la contracubierta. Eso es innegable pero yo diría que son textos sobre la soledad, la incomunicación o la confusión y sobre los efectos o consecuencias que estos tienen sobre los personajes, siempre femeninos, que los protagonizan. En este sentido, hay una frase en el relato Sun City que resume a la perfección el tono del volumen: No había razón para que estuviera allí, no en aquel edificio, ni en El Paso, ni en Texas, ni en esta vida. Pero ahí estaba, siguiendo adelante como si todo tuviese algún propósito.

Sea como fuere, el comienzo del volumen es realmente impactante. Nido de bichos es un relato magnífico tanto por el uso de la simbologia como por su construcción en base a diferentes paralelismos, Hamburguesas de carne de muñeca impacta por su sorprendente giro final y Bienes compartidos, mi relato favorito, deslumbra por su terrorífica simplicidad. 

Los siguientes relatos mantienen algo el nivel gracias a telarañas de vidas y deseos (Vuelo a Bizancio), a la hermosa tristeza de Recorriendo el laberinto, al terrible final de El dios caballo o a la atmósfera gótica de Necesidad.

Quizá cierta reiteración en los temas y obsesiones haga que el interés decaiga hacia el final del volumen (esta era mi sensación a medida que avanzaba). Afortunadamente, el brontiano relato El nido, fantasía "infantil" en el que la incomunicación y la simbología del nido juegan un papel fundamental, pone un broche final a la altura del conjunto y hace que la impresión que quede tras cerrar el libro sea más que favorable.

También de Lisa Tuttle en ULAD: Mi muerte

sábado, 22 de agosto de 2026

Olga Guirao: Adversarios admirables

Idioma original: español 

Año de publicación: 1996

Valoración: muy recomendable

No me gusta demasiado la idea del escritor que escribe por escribir. Tal vez conservo la visión romántica, y un poco ingenua, de que quien se atreve a escribir algo lo hace porque tiene algo que decir y considera que alguien más necesita escucharlo. Está de más aclarar que solo quienes tienen razón en esto logran contar historias interesantes, no sin el pequeño pero indispensable detalle de ser capaces de narrarlas de una manera mínimamente cautivadora.

Y aquí está el motivo de esta introducción. En muchas ocasiones pareciera que algunos escritores no tienen nada importante que decir y, aun así, se atreven a publicar. Dostoyevski, Chinaski y Hemingway escribían a partir de sus experiencias personales; incluso las buscaban, convencidos de que eran indispensables para sus obras. Al igual que yo, parecían creer que «los dioses traman desdichas y sufrimientos para los mortales con el fin de que las futuras generaciones tengan historias que cantar», y que solo las grandes historias merecen ser contadas.

Sin embargo, de vez en cuando me encuentro con autores que me obligan a cuestionar esta idea: escritores capaces de contar historias que, reducidas a su argumento, no podrían ser más triviales y que, aun así, están narradas con tal habilidad que la forma termina imponiéndose al fondo.

No puedo asegurarlo respecto a toda su obra, pero, al menos en este libro, creo que Olga Guirao es una de esas autoras.

El argumento de la novela no podría ser más baladí: una pareja atraviesa dificultades económicas, lo que agrava todavía más una relación ya deteriorada, marcada por infidelidades, mentiras y traiciones. Ya saben: el pan de cada día.

La autora no necesita recurrir a grandes acontecimientos, tragedias históricas ni personajes excepcionales para mantener el interés del lector. Le basta con observar de cerca el desgaste de una relación y narrar las pequeñas crueldades, frustraciones y contradicciones que se acumulan en la vida cotidiana. Lo que, contado de otra manera, podría parecer el argumento de una telenovela, adquiere aquí una profundidad inesperada.

El título, Adversarios admirables, resume bien la naturaleza de esa relación. Los protagonistas parecen conocerse lo suficiente como para identificar las debilidades del otro y utilizarlas en su contra. Hay entre ellos una mezcla de resentimiento, dependencia y fascinación, pero son enemigos que de alguna manera se necesitan.

Tal vez, después de todo, no sean únicamente las grandes desdichas concebidas por los dioses las que merecen convertirse en literatura. También están las pequeñas derrotas domésticas, los rencores acumulados y las mentiras que se dicen dos personas mientras comparten la misma casa. En manos de una escritora como Olga Guirao esto es posible.