Un libro al día
Cada día, una nueva reseña
viernes, 21 de agosto de 2026
Jack Ketchum: Temporada baja
jueves, 20 de agosto de 2026
Tom Sharpe: Una dama en apuros
Título original: Vintage Stuff
Año de publicación: 1982
Traducción: José Manuel Álvarez y Ángela Pérez
Valoración: está bien
Además de escritor de novelas desopilantes y activista antiapartheid en Sudáfrica, Tom Sharpe se dedicó profesionalmente a la enseñanza durante varios años de su vida y, como no podía ser de otra forma, las instituciones educativas británicas no escaparon a la disección inclemente y más que divertida de su mirada. desde la cuestionable formación profesional setentera en Wilt -recordemos las entrañables Mecánica tres o Carne Dos- como la no menos dudosa, aunque más prestigiosa, universidad en Zafarrancho en Cambridge y Becas flacas. No podía ser menos en el caso de una institución tan típicamente british como son los colegios privados más o menos elitistas -en el caso del que aparece en la novela, más bien menos-; en este caso el colegio que nos encontramos es el no demasiado brillante por sus resultados académicos Groxbourne, pero que tiene la ventaja de ser poco escrupuloso en la admisión de sus alumnos. Ventaja, al menos, para el infortunado señor Clyde-Browne-, exitoso abogado que tiene la desgracia -al menos, es lo que considera él, no así su esposa- de que su hijo Peregrine es un tanto... digamos peculiar: un chaval que sufre algún tipo de trastorno (hoy diríamos un TEA de nivel I o quizás II) que le hace entender cualquier frase, y no digamos ya orden, de forma estrictamente literal. Lo cual, unido a su envergadura y fortaleza física, cuando crece le convierten en un bigardo temible pero más tonto -para lo que no sean cuestiones prácticas, hay que reconocerlo- que una piedra (si habéis visto alguna peli de los Guardianes de la Galaxia, pensad en Drax el Destructor, pero con pinta de adolescente británico).
En el colegio el joven Sancho Peregrine encuentra a su Quijote, el profesor Glodstone, que viene a ser otro adolescente, pero madurito y con un ojo de cristal al que le han sorbido el seso las novelas de aventuras más populares en el Reino Unido a lo largo del siglo XX, como las de Bulldog Drummond o Biggles, de las que embebe también a Peregrine, mientras ansía vivir una aventura parecida a las de sus ídolos. La oportunidad aparecerá cuando otro profesor, Slymne, que se la tiene jurada por rivalidades personales, le tienda una trampa con la que le hace creer que la madre de otro de sus alumnos, la condesa de Montcon -el título tiene cierta guasa- precisa de su ayuda por estar en manos de unos facinerosos. Así que, ni cortos ni perezosos, hacia el castillo francés en el que reside la condesa se encaminan profesor y alumno, dispuestos a lo que sea con tal de vivir la aventura de su vida y rescatar a la dama en apuros del título en español. No hace falta haber leído muchas novelas de Tom Sharpe para adivinar que la cosa acaba como el rosario de la aurora. La trama, ante la estupefacción y la diversión del lector o lectora, se va alambicando y enredando en una serie de "catastróficas desdichas" hasta llegar al desastre final -en este caso, internacional... y no debo contar más-; es necesario decir que, como en la vida misma y a pesar de sus delirantes acciones, los personajes no acaban necesariamente de la mala manera que cabría esperar... no todos, por lo menos.
Ciertamente, no es ésta una novela exquisita y ni mucho menos "intelectual", no cabe esperar que acreciente el saber o incite a reflexionar sobre la complejidad del mundo y de las relaciones humanas (bueno, quizás un poco) en quien se decida a leerla. Pero, en cualquier caso, os lo aseguro: las risas están garantizadas.
Más títulos (demasiado pocos) de Tom Sharpe reseñados en Un Libro Al Día: Wilt, Becas flacas, Lo peor de cada casa, Los Grope, La gran pesquisa
miércoles, 19 de agosto de 2026
Laura G. de Rivera: Esclavos del algoritmo
Año de publicación: 2025
Valoración: Está bien
Comentarios previos: supongo que es notorio que en este blog no nos gusta la IA, al menos en lo que pueda tocar a la literatura, la creatividad o la opinión, ni tan siquiera en funciones de acompañamiento o corrección. Personalmente no la he utilizado nunca, al menos de forma consciente, ni pienso hacerlo si puedo evitarlo. La segunda puntualización sería que ni siquiera distingo bien lo que es la IA de los algoritmos que gobiernan, entre otras muchas cosas, el funcionamiento de la mayoría de aplicaciones que utilizamos. Quiero entender que son dos cosas estrechamente relacionadas, pero ni siquiera la lectura de este libro me ha servido para clarificar conceptos.
Este es básicamente un libro de denuncia, como deja bien claro su título y subtítulo (‘Manual de resistencia’, ejem), es decir, ante un fenómeno-descubrimiento-herramienta rabiosamente actual, la periodista autora levanta la mano para alertar sobre sus peligros, sus sesgos, atropellos que implica, negocios multimillonarios que sustenta. La IA (y/o el algoritmo) no son cosas inocuas, dice Laura G. de Rivera, son instrumentos concebidos en primer lugar como un gran negocio del que se benefician los tecnoligarcas que todos conocemos y algunos que no, se nutre de los datos que nos han robado (y siguen robando) de todas nuestras comunicaciones privadas, muestra sesgos peligrosos hacia la radicalización política (vende siempre lo más llamativo), impulsa sin recato al consumo y la dependencia tecnológica, explota materias primas de países pobres además de a sus propios trabajadores, deriva en prácticas de videovigilancia masiva en perjuicio de la privacidad, consume enormes cantidades de recursos que agravan el cambio climático… y no sé cuántos horrores más.
Repito desde mi desconocimiento de ese mundo que no sé si todo esto es atribuible exactamente a la IA o a esos misteriosos algoritmos, pero tanto da. Hablamos de esa tecnología que tiene sorbido el seso a la gente con sus maquinitas cada vez más caras y sofisticadas, y de aplicaciones progresivamente más oscuras que escapan a nuestra comprensión hasta que alguien denuncia todo este tinglado. Muchos de estos denunciantes, investigadores, expertos en diversas materias, periodistas como la propia autora, y personajes como el famoso Edward Snowden siembran de citas más o menos apocalípticas el libro entero avisando de los peligros, denunciando el fabuloso negocio, llamando a esa resistencia que, la verdad, no tiene muchos visos de hacerse efectiva en una sociedad en la que somos
'Increíblemente lerdos a la hora de dejarnos embaucar por todo lo que huele a modernidad y moda'
Cierto, desde luego, cuando deglutimos una y otra vez anuncios según los cuales sin una aplicación adecuada (y conexión, datos) no es posible viajar, ni elegir un restaurante, estar conectado equivale a estar vivo y hay quien es ya incapaz de escribir un simple correo sin consultar a Chat GPT. Incluso hay quien se sirve de estas tecnologías para hablar de literatura, hay que ver.
Siempre está bien que haya quien levante estas banderas, que para captar la atención deben mostrar radicalidad y cierto grado de intransigencia. ¿Qué sería del mundo actual si hace medio siglo no hubieran nacido movimientos ecologistas y antinucleares mostrando los espantos de un planeta asfixiado por la voracidad de la industria contaminante y el crecimiento a cualquier precio? Otra cosa es que uno, ya al tanto de lo denunciable, para obtener información espere algo un poco más equidistante (ya, suena muy mal), unos datos con menor carga que nos permitan valorar mejor las ventajas e inconvenientes de lo que se nos ofrece. Además de lo que el libro pone encima de la mesa quisiera conocer, humilde profano, a qué utilidades se está abriendo la puerta en materia, qué se yo, de medicina, industria, investigación. Cosas en las que esos inventos, en algunos aspectos tan dañinos, pudieran servir para mejorar de verdad la vida de la gente.
Tiene su mérito reunir tantos datos sobre los peligros de la tecnología y sus efectos indeseados, pero por ese mismo camino sería perfectamente posible (y a buen seguro se habrá hecho ya) denunciar el daño provocado por otras tantas realidades económicas que tienen también su lado oscuro, la moda, el turismo masivo, las distintas fuentes de energía, el negocio del fútbol, las grandes infraestructuras, el propio internet sin ir más lejos. ¿Nos negamos en redondo a todo ello, o más bien necesitaríamos conocerlo en todas sus perspectivas para poder valorarlo adecuadamente?
martes, 18 de agosto de 2026
Maryse Condé:Victoire, la madre de mi madre
Idioma original: francés
Traducción: Martha Asunción Alonso
Año de publicación: 2025
Valoración: Recomendable
La fallecida escritora antillana Maryse Condé tuvo el honor de conseguir el premio Nobel alternativo del año 2018 en una edición en la que el premio Nobel oficial no se concedió por un turbio asunto judicial.
Desde hace unos años la editorial Impedimenta ha recuperado la obra de Condé, obra que está profundamente enraizada con las vivencias de la escritora en la Antillas francesas, sobre todo con la isla de Guadalupe, de donde era originaria.
En esta ocasión, la escritora nos traslada en un ambiente, a menudo onírico, una vez más a Guadalupe para narrarnos la historia de su abuela materna, Victoire Elodie Quidal, una nativa que se convirtió en una cocinera de reconocido prestigio en su época. En un universo donde se mezclan negros, mulatos y blancos descendientes de los primeros colonizadores, Victoire supone una rareza porque su piel, como nos señala la escritora, es de una blancura australiana.
Victoire sólo se comunica en criollo. No aprendió francés, que era el idioma oficial en el archipiélago, y quizás por ello y por un carácter retraido que le impide comunicarse sobre todo con la clase dominante francesa, lleva una vida tranquila y silenciosa. Sin embargo, Victoire encuentra un lenguaje para comunicarse con los demás: es una cocinera prodigiosa y sus platos pasan a ser alabados por la burguesía francesa que acude a las reuniones que se celebran en el domicilio del matrimonio Walberg, lugar donde reside Victoire.
Las excelencias culinarias de Victoire y su extraño color de piel hace que sea una figura muy reconocible no sólo entre la élite blanca, sino entre los supersticiosos nativos de la isla.
Con un lenguaje muy cuidado y poético, a menudo incluyendo palabra criollas o incluso españolas, Maryse Condé nos irá narrando con mucho mimo y detalle los avatares de la azarosa vida de nuestra protagonista y, a través de su vida, iremos viendo las lentas trasformaciones del mundo colonialista en las Antillas francesas. Poco a poco los dueños blancos de las plantaciones de azúcar y café se verán obligados a ceder su dominio absoluto sobre la vida de los habitantes de las islas y una nueva generación, donde los negros son mayoría, irán accediendo a cargos de poder e irán cambiando las relaciones sociales en la isla.
Victoire no participará en esos cambios, no toma parte activa en la política, sus preocupaciones fundamentales son su ambigua relación con el matrimonio Walberg y su ilusión porque su hija Jeanne tenga la educación que ella no pudo tener y prospere en la vida. Precisamente su falta de entendimiento con su hija se convertirá en un trauma para Victoire que no consigue entender la falta de empatía que le muestra su hija prácticamente hasta el final de sus días. Jeanne no entiende, ni aprueba, la relación, eminentemente sexual, que Victoire mantiene con Boniface Walberg y la de amistad con su esposa Anne-Marie. En definitiva, Jeanne es plenamente consciente de la relación de subordinación que su madre tiene con sus patronos blancos y, al igual que una nueva generación más educada y preparada de habitantes negros busca cambiar las obsoletas relaciones de poder en Guadalupe.
Resulta demoledor el juicio que Condé pone en labios de Victoire sobre su relación con su hija: "Sé que no eres feliz, a pesar de tu casa de dos plantas, tu diamante de compromiso, tu alianza tallada y ese joyero que Auguste no deja de abarrotar. Es por mi culpa. Sí, mi culpa y de nadie más. Lo eché todo a perder en el mismo momento en que te di el pecho. En lugar de fortaleza, mi leche te transmitió mis penas y mis miedos. Y todavía hoy sigo envenenándote la vida. Supongo que siempre lo he hecho, aunque mi intención fuera buena. Te merecerías una madre mejor".
Maryse Condé radiografía la sociedad en la que vivió su abuela y dentro de ese contexto hace un retrato a veces, cruel, a veces tierno, de la vida que le tocó vivir. No busca dotar de un carácter mítico a la figura de su abuela. Se trata de un relato sincero y emotivo de unas personas y una época a la que nos invita a asomarnos y que Condé nos retrata con suma emotividad y delicadeza.
lunes, 17 de agosto de 2026
Doris Lessing: El cuaderno dorado
domingo, 16 de agosto de 2026
Anne Plantagenet. Desaparición inquietante de una mujer de cincuenta y seis años
Idioma original: francés
Título original: Disparition inquiétante d'une femme de 56 ans
Año de publicación: 2024
Traducción: Juan Vivanco
Valoración: muy recomendable
Una razón más por la que uno ha de vagar entre pasillos en las librerías o en las bibliotecas sin sentido y sin prejuicios. Encontrarme con un excelente texto como éste, que ha resultado ser una de las mejores lecturas de los últimos tiempos. Plantagenet sabe conjugar a la percepción las perspectivas para afrontar una situación muy delicada. Porque este libro habla de una persona con la que la autora demuestra una cierta afinidad, desde sus primeras páginas.
Letizia Storti, empleada en una fábrica de medicamentos en una población francesa, mujer de origen italiano que, en su mediana edad, se encuentra en ese gris anonimato, tras haber sufrido en el pasado discriminación por la condición (inmigrante, incapacitada) de su madre. Accede a un modesto acceso de fama cuando, tras acudir a varios casting, es seleccionada para un modesto papel en una película. En ese papel representará algo muy cercano a su realidad. Será una activa integrante en unas protestas laborales, en una encarnizada lucha (en la ficción, luego la realidad le procurará algo parecido) entre empresa y trabajadores, para evitar el cierre de una fábrica.
Es a través de ese contacto como Letizia traba cierta amistad con la autora. Que, sin ser una relación intensa o continua, va sabiendo de ella, de como su existencia tras ese leve acceso a algo parecido a un sueño personal va entrando en una espiral de desesperación, que acaban, apenas unos años tras ese papel, y tras varios intentos, con el suicidio de Letizia.
Pero esto no se trata de recrear morbo ni de ensañarse en los hechos per se. Plantagenet traza un colosal retrato que es extrapolable en muchos sentidos. Sobre todo desde la perspectiva de la dinámica de clases: Storti es una mujer que se enfrenta por igual a una corporación y a un entorno que ha tomado una actitud de pasividad hostil cruel y matizada. Ha representado a sus compañeros en reivindicaciones sindicales porque sus principios han prevalecido sobre cualquier actitud egoísta. Ha sido silenciada e ignorada. Y su participación en la película ha representado un respiro, una ruptura con una situación que la está aniquilando lentamente. Luego, por diversas cuestiones, ha languidecido y ha sido ignorada y dejada de lado.
Magnífico retrato que, tristemente, es aplicable a muchas más personas de las que nos parece.
sábado, 15 de agosto de 2026
Colaboración: Gertrudis y Claudio, de John Updike
Título original: Gertrude and Claudius
Traducción: Jordi Fibla
Año de publicación: 2000
Valoración: Está bien
Siempre tuve ganas de leer a John Updike, y por fin me he puesto a ello. Aunque no sé si he empezado por su mejor obra. ¡Y eso que la cosa prometía! Porque se trata nada menos que de la precuela de Hamlet, la celebérrima obra shakesperiana. Pero no consigue el autor que su propuesta despegue.
(A continuación haré un resumen de la trama de la novela; si no conocen la obra de Shakespeare, aviso de que este resumen trae spoilers.)
Gertrudis y Claudio son, respectivamente, la madre del príncipe Hamlet y el hermano de su padre, y la novela que nos ocupa, como es de esperar, trata de ellos. La historia comienza con una Gertrudis muy joven a la que su padre, rey de Dinamarca, casa con un príncipe en un matrimonio claramente político. La unión es fructífera y la pareja tiene un hijo, Hamlet. Sin embargo, Gertrudis no ama a su marido. En realidad, durante buena parte del libro, Gertrudis no ama a nadie, ni siquiera a su pequeño. No obstante, su vida en el palacio de Elsinor transcurre de manera apacible, aunque monótona.
Claudio es el cuñado de Gertrudis, y lleva una existencia opuesta: viaja constantemente por tierras lejanas, conociendo culturas exóticas, y volviendo a Dinamarca solo de vez en cuando para cumplir con sus obligaciones administrativas. En estos regresos suyos, comparte sus andanzas con la reina, que en su aislada soledad le escucha con avidez y curiosidad.
Poco a poco, como es previsible, Claudio y Gertrudis se van acercando, hasta el punto en que descubren que entre ellos hay amor. Los dos son cautelosos, conscientes de lo difícil de su situación, y no será hasta su madurez cuando se dejen llevar por sus sentimientos. A la vejez, viruelas.
Después de un tiempo, el rey descubre que su esposa le es infiel con su hermano, lo cual lleva a que este decida asesinarle. La novela, en fin, termina con la boda de Gertrudis y Claudio, que es el punto de partida de la obra de Shakespeare.
El libro, de poco más de 200 páginas, está estructurado en tres partes, correspondientes a distintas etapas de la vida de sus personajes. La primera se centra en el arreglo y el desarrollo del matrimonio de Gertrudis, y es bastante lenta. El ritmo cambia cuando aparece Claudio, en la segunda parte, y de repente es hasta precipitado. Y llegamos así a la tercera y última parte, que es muy corta, casi apresurada.
En cada parte, los nombres de los protagonistas son diferentes: primero son arcaicos, luego se van modernizando, y finalmente se latinizan y coinciden con los del Hamlet de Shakespeare. Imagino que el autor pretende con esto (re)contextualizar la historia en la Escandinavia medieval, pero en mi opinión lo que consigue, aparte de parecer un poco pretencioso, es que el paso de una etapa a otra resulte poco fluido. Tampoco ayuda que el estilo narrativo sea algo ostentoso y con muchas florituras (lo que los anglosajones llaman “prosa violeta”; qué curioso el uso de colores en clasificaciones literarias, ¿no?).
La narración, en tercera persona y por un narrador omnisciente, se ocupa sobre todo de Gertrudis y sus sentimientos: conoceremos sus dudas, sus anhelos y sus frustraciones. De otros personajes, especialmente de Claudio, conoceremos algo también; de los dos Hamlets, padre e hijo, sabremos muy poco, sorprendentemente.
La idea de humanizar a estos personajes es interesante, pero los personajes en sí mismos no terminan de serlo: uno tiene la impresión de que son superficiales, gente rica que se aburre y se complica la vida. Pfff. A mí la novela me pareció un cruce entre El amante de Lady Chatterley y El león en invierno, pero sin alcanzar la profundidad de ninguna de las dos.
Gertrudis y Claudio quiere ser demasiadas cosas a la vez – ejercicio académico, cuento erótico, revisión de un clásico, novela histórica – y al final no se sabe qué es. Con todo, diría que el libro vale la pena por lo curioso de la propuesta: después de leerlo, la historia contada por Shakespeare se ve con otros ojos. Por eso, está bien. Pero poco más.
Firmado: Yaiza P.





