Un libro al día
Cada día, una nueva reseña
martes, 14 de abril de 2026
Sara Gallardo: Pantalones azules
lunes, 13 de abril de 2026
Thomas Olde Heuvelt: Oráculo
Título original: Orakel
Año de publicación: 2021
Traducción: al inglés, Moshe Gilula; del inglés al español, Ana Isabel Sánchez
Valoración: entre recomendable y está bien
Última novela, hasta la fecha, del autor de la estupenda y terrorífica HEX que no sólo resulta tener un transfondo de lo más holandés posible (y sí, en este caso digo holandés más que neerlandés), sino que ya comienza echando mano de un par de clichés: un par de adolescentes que, al dirigirse a clase en bicicleta, encuentran un sorprendente hallazgo en un campo de tulipanes -bueno, vale, como es casi invierno, de bulbos de tulipanes, pero lo mismo da-; sólo faltan un par de molinos de viento y una oronda y rubia campesina con zuecos... El hallazgo de los chicos tampoco es una nadería, sino nada menos que un navío desaparecido trescientos años atrás y que vuelve a aparecer ahí tirado en medio de un campo. Y qué tiene la bastante inquietante característica de que todos aquellos que entra por su escotilla de proa no vuelve a salir... Desaparecen, además, mientras suena la fantasmal campana de a bordo. El barco, cómo no, se llama el Oráculo - y la finca donde aparece, por cierto, tiene el premonitorio nombre de El Fin de Todo Hombre-; con este sugerente comienzo, cabe esperar, sin duda, una historia de terror de las de poner los pelos como escarpias, ¿no?
Pues no. O, mejor dicho, sí pero no... Porque, si bien nos encontramos, sin duda, ante una novela de terror fantástico -o viceversa-, Oráculo no se queda en eso, puesto que muta por momentos hacia un thriller "de espías", cuando del hallazgo se hace cargo una opaca sección de los servicios secretos neerlandeses llamada Noviembre-6; a una novela juvenil, ya que el principal protagonista es Luca, uno de los chicos que encuentra el barco, de trece años e incluso, en cierto modo, se trata de una secuela de HEX, lo que no quiere decir continuación, porque el otro protagonista más destacado de la historia -dentro, eso sí, de un montón de personajes- es nada menos que Robert Grim, que les sonará a quines hayan leído la primera novela de Heuvelt (la primera traducida al castellano, al menos). Tranquis quienes no lo hayan hecho, porque no es para nada necesario (aunque sí conveniente) para seguir ésta.
El terror que nos ofrece la novela también cambia a lo largo de la historia, pues si en un principio, cuando se producen las inexplicables desapariciones, podríamos hablar incluso de un "terror metafísico" (con todas las comillas del mundo, por favor), para luego encontrar otro más epidérmico y, por último, casi un "horror cósmico" lovecraftiano, combinado, además, con un atavismo bastante sorprendente.... En fin, que quizás por esta ensalada de terrores cambiantes me da la impresión que la novela puede no ser del agrado total de los devotos del género más puro... o quizá se deba más bien a lo que he mencionado que tiene el libro de thriller de espías e incluso de acción y que puede despistar un poco al personal terroadicto más recalcitrante. Puede que me equivoque y espero que así sea, en todo caso. De lo que sí estoy seguro es que esta novela puede agradar también y mucho, a los seguidores del género fantástico (no necesariamente terrorífico, quiero decir) y también a un público de gusto más general, por qué no.
Un último apunte: en mi reseña de HEX comentaba que en esa novela había pocos personajes femeninos (aparte de la bruja alrededor de quien gira la historia, claro) y aún menos encontrábamos en ECO, en todo caso, en lo que yo llegué a leer. No ocurre lo mismo en Oráculo, en donde encontramos una paridad entre personajes masculinos y femeninos, con bastante protagonismo de algunas de éstas, además. Otra cosa es si estos personajes femeninos están mejor o peor tratados o responden a ciertos tópicos, como le he oído comentar a cierta youtuber, pero bueno, parece que Thomas Olde Heuvelt está más atento a este detalle. Claro que igual su siguiente novela se desarrolla en un monasterio de monjes cartujos y me tengo que callar...
También de Thomas Olde Heuvelt en Un Libro al Día: HEX
domingo, 12 de abril de 2026
David Toop: Océano de sonido
Título original: Ocean of Sound
Año de publicación: 1995
Traducción: Tadeo Lima
Valoración: recomendable (pero indigesto para no iniciados)
Vaya, con los motores de búsqueda. Al intentar obtener la foto de portada que es potestativo añadir a cada una de nuestras puntuales reseñas, veo que una de las clasificaciones de Oceáno de sonido es "antropología".
Pretexto más que oportuno para negar ante el gran jurado que esta sea otra reseña sobre música o músicos, aunque tampoco voy a haceros comulgar con ruedas de molino. Su autor, David Toop, no se conforma con ser, él mismo, músico.
También es una de las más reputadas firmas de la crítica musical, con intervenciones en varios medios aunque la que me ha resultado siempre más notable es su colaboración con la veterana revista The Wire, impertérrita biblia de la música más experimental y arriesgada (reto a cualquiera que crea saber algo de música a investigar si conoce a más de un par de sus designaciones de los cincuenta discos del año, cualquiera de ellos) a la par que, glups, elitista e incluso tan obstinada en descubrir oscuros artistas y grabaciones recónditas que, no pocas veces, condena a sus lectores a imaginar, más que a disfrutar, los discos comentados.
Pero hubo un tiempo, allá por las últimas décadas del siglo XX, en que una corriente relativamente popular coincidió con la vanguardia. Y Toop se encontró en la cresta de la ola allí y seguro que fue muy excitante esa coincidencia, pero este no se trata de un libro celebratorio y condescendiente, sino más bien de un exhaustivo - en su medida - ensayo sobre uno de los aspectos más oscuros pero influyentes de la historia de la música: el sonido ambient, y sus ramificaciones. Aquí aparece el aspecto antropológico y algunos aspectos de este libro pueden hacernos pensar si el autor no se ha tomado el tema demasiado en serio y una cuestión puramente sonora ha pasado a disponer de tanto alcance. Porque podemos empezar hablando de Debussy, pues una de las premisas del libro pasa por usar las tecnologías de grabación, registro y edición sonora como un elemento casi central en el proceso compositivo, y acabar hablando de conciertos de cigarras en los árboles de algún paraje remoto, pues aquí también se escribe mucho sobre grabaciones de campo, sonidos generados tanto por la naturaleza como por la tecnología - y han pasado treinta años desde su publicación -, y Toop demuestra disponer de un amplio ángulo cultural pues, lejos de ceñirse a lo puramente sonoro aquí hay también mucha especulación de otros ámbitos culturales. Toop nombra a Pynchon, a Joseph Conrad, a David Lynch, y ese discurrir no suena forzado sino natural. Aunque se mencione a oscuros músicos de culto como LaMonte Young, Terry Riley o Brian Eno, el recorrido de este libro, con el pretexto de analizar esos entornos sonoros que pueden, a primeras, no parecernos exactamente musicales en el sentido que solemos interpretar, resulta fascinante, interesante y paradójicamente exótico.
sábado, 11 de abril de 2026
Cory Doctorow: Mierdificación
Título original: Enshittification: Why Everything Suddenly Got Worse and What to Do About It
Traducción: Enrique Maldonado Roldán, en castellano para Capitán Swing
Año de publicación: 2025
Valoración: recomendable
viernes, 10 de abril de 2026
Fulgencio Argüelles: El desván de las musas dormidas
Año de publicación: 2025
Valoración: Muy recomendable
Resulta desconcertante la poca visibilidad que tiene Fulgencio Argüelles dentro de la narrativa española contemporánea. El escritor asturiano entrega unas novelas de una musicalidad asombrosa. Son textos dotados de un estilo eminentemente poético, minuciosos en las descripciones, precisos en la utilización del lenguaje y ricos en metáforas. Sin embargo, sus libros permanecen en la esfera de unos cuantos incondicionales que le seguimos desde maravillas como El palacio azul de los ingenieros belgas o Noches de luna rota.
El desván de las musas dormidas transita por el territorio de la autoficcion. Nos relata, en primera persona, la infancia y adolescencia de un niño en un pueblo de la comarca minera asturiana en la década de los años sesenta del siglo pasado. En las vivencias de este niño se cruzan las vidas de familiares, amigos e innumerables vecinos del pueblo que forman un microcosmos que Argüelles nos transmite de forma entrañable. Ninguno de los personajes que desfilan por la historia tienen nombre, ni siquiera nuestro protagonista, se les describe por sus profesiones, pero tienen conciencia de pertenecer a una colectividad en la que todos se conocen y se respetan a pesar, en muchos casos, de sus insalvables distancias ideológicas.
Dentro de ese entramado la figura del padre se erige en una referencia vital para nuestro protagonista. Hombre culto, aquejado de frecuentes dolores de cabeza que derivan en ataques de epilepsia, arrastra una existencia anodina en un entorno que le resulta ajeno. En su juventud fue un estudiante brillante, obtuvo treinta y dos matrículas de honor como descubre secretamente nuestro protagonista, pero parece resignado a trabajar limpiando carbón y ocasionalmente compite con el maestro del pueblo e imparte clases particulares en el desván de la casa familiar.
El padre intenta huir de ese destino gris participando o impulsando todas las actividades culturales o recreativas que se celebran en el pueblo. Sin embargo, el niño advierte señales de alarma en esa actitud: "Su luz era inútil en un mundo demasiado oscuro. Su voz clamaba sin éxito en el desierto. Había equivocado su destino y su brillo era un grito de socorro, un suspiro de culpa, y se fue volviendo pálido poco a poco hasta apagarse. Sus musas se habían quedado dormidas en el desván".
Nuestro protagonista abandonará el pueblo para estudiar en un internado y asistimos al lento derrumbe del universo que le cobijaba. Lejos quedan aquellos tiempos en que "los desvanes eran enormes y las infancias duraban una eternidad". De alguna manera está reviviendo las circunstancias en las que su padre reordenó su historia personal y luchará denodadamente por no seguir su misma dirección. El miedo, la soledad y el vértigo ante el inexorable paso del tiempo le desconciertan : "Casi nada era lo que parecía, y demasiadas cosas ocurrían para mantenerlas en secreto, y algunas palabras tomaron significados nuevos sin abandonar los que ya tenían, y comenzaron a llegarme ideas diferentes sobre el futuro, y entendí por fin aquel refrán que tanto había repetido mi abuela, cada cosa son dos cosas"
Argüelles nos entrega un relato evocador, donde la añoranza y los recuerdos se convierten en los verdaderos protagonistas de la historia. Construye lo que él denomina una "literatura de la tierra" y nos invita a asomarnos a ese mundo que nos retrata con una belleza deslumbrante. Es literatura de altísima calidad y, desgraciadamente, no tiene el reconocimiento que se merece.
jueves, 9 de abril de 2026
Michael Crichton: Parque Jurásico
miércoles, 8 de abril de 2026
Kenji Ueda: Los secretos de la papelería Shihodo
Título original: 銀座「四宝堂」文房具店
Traducción: David Aguilar Gutiérrez
Año de publicación: 2025
Valoración: Está bien
En una elegante zona comercial de Tokio, el señor Takarada regenta una papelería, negocio que ahora mismo parece en vías de extinción, o al menos de reconversión hacia productos industriales masivos, regalos o merchandising. Cuando el mundo gira, en aparente camino sin retorno, hacia lo digital, en ese pequeño rincón se continúa cuidando los viejos productos, papel de diversos gramajes y rayados, sobres a juego, estilográficas y lápices con punta de pincel, cuadernos de diferentes formatos según el uso y la ocasión. En el piso superior hay incluso anaqueles con material reservado a situaciones especiales y un venerable escritorio donde el cliente puede redactar sus misivas alejado del mundo mientras saborea un té.
El escenario no puede ser más idóneo para el improbable supuesto de que alguien se decida a escribir, a mano y en papel, una carta a alguien especial que merece algo más que unas flores o un presente, alguien con quien quizá tenemos una cuenta pendiente que solo se puede saldar abriendo el corazón. Improbable pero posible, y aquí Ueda nos deja algunos casos: el oficinista que escribe a la abuela con quien se crio, la señorita de compañía que agradece a la madame sus enseñanzas para abrirse paso en la vida, la joven deportista enamorada del compañero de equipo, el empresario un poco calavera que intenta redimir sus deslices, o el cocinero que recuerda a su antiguo mentor. Personajes agradecidos, enamorados, arrepentidos, con relaciones que se mantienen, empiezan o terminan, pero que necesitan para expresarse el cauce que les proporciona la papelería Shihodo, con su calma y sus materiales nobles.
Cada uno de los cinco protagonistas termina, más pronto que tarde, contando su pequeña historia al señor Takarada, que escucha con paciencia e incluso se permite intervenir para intentar restaurar lo dañado, para lo que pone al servicio del cliente los productos más adecuados. Fluye la caligrafía y, cómo no, también las lágrimas, que el escribiente derrama sobre los ideogramas, porque estas son historias, ya lo habrán adivinado, saturadas de buenos sentimientos, recuerdos intensos e incomprensiones a superar. Estamos en terreno del feelgood, relatos amables en los que ningún personaje baja del aprobado en moralidad, y los desencuentros que genera la vida pueden, y deben, ser reparados con un arranque de sinceridad que se vacía en las tintas y los papeles de Takarada.
El estilo con que lo expone Ueda hay que reconocer que va en perfecta consonancia con el contenido: prosa limpia, casi colegial, sin artificio de ninguna clase y explicándolo todo, lo que proporciona una sensación agradable siempre que uno no sea muy exigente con la técnica literaria. De esta forma, cuando se vuelve a casa después de un día de trabajo, o se disfruta de un ratito relajado el fin de semana, da gusto, hay que reconocerlo, tener en las manos algo tranquilo y afable, que se lee sin esfuerzo, pequeñas historias llenas de sentimientos nobles y errores disculpables, envuelto en la atmósfera casi mística de una vieja papelería donde se venden objetos periclitados por la modernidad.
El mundo parece más acogedor, recupera uno la confianza en el ser humano porque todavía quedan por ahí gentes generosas y agradecidas que buscan la mejor forma de hacer sentir bien a sus semejantes, lavar pequeñas culpas o apostar por una vida plena. El señor Takarada, siempre dispuesto, más ángel que comerciante, les ayudará a ellos y al lector mismo, que acabará sintiendo una especie de paz momentánea. Un lector que no habrá leído un gran libro ni habrá tenido que esforzarse en encontrar claves ocultas, pero bueno, de vez en cuando y sin abusar tampoco es malo dejarse llevar por la comodidad y los sentimientos puros.





