jueves, 30 de abril de 2026

Toni Sala: Escenaris

Idioma original: catalán
Título original: Escenaris
Traducción: sin traducción al castellano en el momento de publicar este reseña
Año de publicación: 2025
Valoración: recomendable


Había oído hablar muy bien de Toni Sala (especialmente de sus últimas obras tras su salto a l’Altra Editorial) por el hecho de poseer un estilo sólido, firme y que le valió el Premi de la Crítica de narrativa catalana en 2015. Así que, después de años bajo mi radar, tenía curiosidad por conocer su obra y ver qué ofrecía su escritura.

En esta novela, Toni Sala nos presenta a su personaje principal y protagonista de la historia: un actor famoso por haber protagonizado otrora una serie de películas de terror, pero actualmente venido a menos de manera que se gana la vida haciendo monólogos que tiene la costumbre de preparar mientras conduce su coche, sin un rumbo fijo, a parajes lejanos, para así poder pensar, aislarse y calmar los nervios habituales antes del directo. Pero, en uno de esos viajes, sufre un accidente que le lleva a estar postrado un tiempo en el hospital; es en esa estancia donde se le presenta un joven que afirma conocerle del día del accidente. A partir de ahí, sus vidas convergen y juntamente con la aparición de otro personaje protagonista de la historia forman el entramado personal sobre el que gira el libro.

Así, a grandes rasgos, este vendría a ser el planteamiento de un libro que, justamente, destaca más por lo que cuenta y cómo lo hace que por lo que sucede. Porque ahí es donde entra en juego lo que intuyo que es la principal virtud de este autor: un estilo directo, coloquial, desenfadado y lleno de desparpajo que se ejemplifica de manera diáfana a través de unos personajes que hablan rápido (muy rápido a veces) con un discurso torrencial que expone sin tapujos los pensamientos que corren por sus cabezas. Esta característica se pone de manifiesto rápidamente en el accidente del protagonista, narrado por diferentes puntos de vista por una serie de personajes a caballo entre la lucidez y el delirio, perseguidos por sus propios fantasmas, inundados por sus propias inseguridades en una especie de carrera entre la suerte y el infortunio; unos personajes que el autor los dibuja como seres solitarios en su mayoría, a menudo no por propia elección sino por el azar, la adversidad o un destino mal buscado. De esta manera, y a partir de ello, en una mezcla de relato a caballo entre la narrativa, la reflexión, la crítica y la introspección, el autor lanza órdagos contra la sociedad capitalista, hedonista, o la que ansía la búsqueda del cuerpo perfecto o de la vida artificialmente soñada, la que se rige por la estética o la superficialidad. Con este propósito, el autor centra el peso del libro en gran parte en el mundo que rodea a sus personajes, trazando un hilo muy marcado entre los grandes y múltiples problemas de la sociedad: desde la época olímpica, pasando por la crisis inmobiliaria, el excesivo turismo, la frustración por el resultado del proceso independentista catalán, y los problemas actuales como el auge de las plataformas digitales y la decadencia de las salas de exhibición de películas. 

Estilísticamente, el autor combina diferentes formatos y enfoques pues, de manera similar a la profesión del protagonista, hay episodios de este libro que consiste en principalmente monólogos donde se despliega la verborrea del autor (que en ocasiones emparejaría con David Foster Wallace por el extremo detalle de lo que narra, así como cierto descontrol y caos expositivo sobre los temas que trata) pero en los que también encontramos un estilo más convencional superada la mitad del libro donde quizá hay más trama y se centra más el desarrollo de la misma. En cuanto al tono que transmite, los protagonistas (o participantes) de la novela son personas pesimistas respecto a la sociedad actual, a la economía de los jóvenes o a la independencia; son personajes deconstruidos y a los que les embarga una creciente pérdida de identidad donde la muerte (por presencia o pensamiento) sobrevuela de manera no constante, pero si subyacente, personajes a los que parece que el futuro les ha abandonado y no tienen nada por delante que les pueda llenar la vida llegando al punto de afirmar que, «el suicidio, pasa por la cabeza como un corriente de aire, entra por una oreja y sale por la otra, pero puede haber una obstrucción y que se encaje, y entonces es una serpiente venenosa encerrada dentro de la cabeza».

Por todo ello, se trata de un libro difícil de reseñar y valorar porque es indudable que en él hay fragmentos donde el autor demuestra su calidad estilística (como por ejemplo cuando habla del suicidio), pero su tendencia a alargar en exceso las reflexiones, los monólogos o incluso las metáforas hace que esa intensidad inicial pierda fuerza y se diluya entre tantas palabras y alegorías. Si el autor fuera más mesurado a la hora de elegir que metáforas utilizar o cuando poner la pausa y cuando acelerar el ritmo, el resultado sería mucho más satisfactorio o logrado porque da la impresión de que una vez el autor encuentra el filón a través del cual desplegar su calidad no sabe ponerle freno ni contener su exposición. Parece que le sobra talento y le falta contención y mesura.

De todos modos, libro interesante y recomendable por los múltiples temas que el autor trata y por un estilo desenfado y atrevido. Y es que Sala va con todo y contra todos: contra la clase política, contra la especulación inmobiliaria, contra los que no defienden la lengua catalana ni la cultura. Es contundente y lúcido en su denuncia, no se corta y expone las miserias de la clase política y dirigente sin rodeos, así como también habla sin tapujos sobre la vida, la muerte, la paternidad o el feminismo, denunciando así cada uno de los pilares sobre los que se construye la vida, y sobre los que también se destruye.

miércoles, 29 de abril de 2026

Jean Philippe Postel:El affaire Arnolfini

 Idioma original: francés

Traducción: Manuel Arranz 

Año de publicación: 2023

Valoración: Recomendable


Este libro no es una novela. Tal como nos advierten en la portada, nos encontramos ante un erudito trabajo de investigación en el que Jean Philippe Postel intenta desvelarnos la cantidad ingente de secretos que esconde el cuadro "El matrimonio Arnolfini" pintado por Jan Van Eyck en 1434, que se exhibe en la National Gallery de Londres.

Todo en este cuadro esta envuelto en un halo de misterio. En primer lugar, se desconocen muchos detalles de la vida de Van Eyck y de las circunstancias en las que pintó esta obra maestra. También se ignora como llegó el cuadro desde el antiguo Álcazar de Madrid hasta la National Gallery de Londres. Y, finalmente, tampoco se sabe con certeza si la pareja retratada en la famosa tabla es realmente el matrimonio Arnolfini.

Por si esto fuera poco, el escritor francés nos invita a observar los detalles escondidos en el cuadro que, según nos aclara, pasan desapercibidos a la mayoría de visitantes de la pinacoteca inglesa, que raramente dedican más de dos o tres minutos a admirar la obra, ignorantes de los misterios que encierra. 

Postel, con aire sosegado y minucioso, va llamando nuestra atención sobre innumerables elementos que escapan al observador profano: ¿son realmente los Arnolfini el matrimonio del cuadro?, ¿por qué el marido parece estar prestando algún tipo de juramento?, ¿la esposa está embarazada?, ¿por qué en un cuadro tan extremadamente atento al detalle el perro no se ve reflejado en el espejo?

Así pues, más allá de admirar la maestría con la que el pintor flamenco realizó su obra y de disfrutar de la incuestionable belleza del cuadro, Postel nos va dando pistas sobre todas las incógnitas  no  resueltas  y nos ofrece posibles soluciones. No cae en la tentación de pretender que sus explicaciones sean incuestionables puesto que, como nos señala, hay muchos otros investigadores que han intentado ofrecer interpretaciones sobre los misterios no resueltos del cuadro y las señala en su ensayo, pero nos ofrece el fruto de sus indagaciones y nos invita a disfrutar de esta maravillosa pintura desde nuevos puntos de vista que no nos habíamos planteado. Quizás su mérito radica en que no resuelve las dudas, si no que nos pone frente a ellas para que nosotros tomemos nuestras propias decisiones.

El affaire Arnolfini es una lectura ágil, amena y muy bien documentada. Postel consigue transmitirnos su fascinación tanto por el prodigio artístico de la obra como por los innumerable secretos que parece albergar. Nos obliga a situarnos frente al cuadro, a redirigir nuestra mirada y a intentar resolver nosotros mismos todas esos enigmas que plantea. No se le puede pedir más a un librito de ciento sesenta páginas.







 

martes, 28 de abril de 2026

Guillermo Martínez: Un crimen dialéctico

Idioma original: español
Año de publicación: 2026
Valoración: entre recomendable y está bien (conociendo al autor, no tan previsible)

Página 2:
Otra vez uno de esos libros en donde Martínez va a demostrar su sapiencia matemática con el Teorema de Incompletitud de Gödel y homologar sus preceptos con las piernas de una chica, que puede ser menor (quiero decir, mucho menor) al narrador, o puede ser mayor (cuarentona o cincuentona) y que, generalmente, parte de la misma familia que la variante de chica menor y en ocasiones hasta se enamora de las dos (y tiene éxito con ambas. Hasta parece un chiste interno del autor, porque juro que en casi todos los libros siempre hay una apreciación de ese estilo); todo esto mechado con un drama que bordea lo policial clásico con lo filosófico. Sigamos leyendo, me digo (con ojos en blanco); quizás alojarse en un hostal con una señora de pasados rusos pero aún bellísima (del cual su esposo es el objetivo del narrador) y su hija veinteañera a punto de casarse (cuyo prometido tiene cierta tensión con su suegra, y no es la carnal), no signifique necesariamente nada amoroso.

Página 20:
Bueno, quizás por una vez Martínez se desvía de sus patrones y me va a entregar una historia más cercana a lo filosófico que al policial, habida cuenta que el narrador es un profesor (cómo no) que en su momento tuvo una beca en Oxford (cómo no) y formó parte de un grupo marxista cuya vinculación es eterna debido a un pacto en sus años mozos. Por ahora bien, mejor de lo que esperaba, más allá de algunas frases poco pulidas, casi escritas con cierto desgano, como enfocadas en la trama en vez de labrar las expresiones, y de que todos los personajes poseen una alta cultura (¿hace falta que si uno dice qué lindo el día, el otro, que es cualquier cosa menos un becado de Oxford, cite a Tolstoi porque sí?).

Página 40:
Ya las bases están delineadas. El narrador tiene que asesinar al anfitrión de la casa, el coronel, por conocer un secreto del candidato a presidente (trasunto de Raúl Alfonsín), un secreto bastante turbio, por lo que infiere el mismo coronel, y de yapa, por ser sospechoso de complicidad en la última dictadura argentina (a pesar de que diga que apenas vio cómo iba la mano se retirara por una cuestión de honor); a la vez, el narrador sostiene debates (graciosos, porque el otro lo basurea sutilmente) con un físico extranjero acerca de la inminente publicación de un artículo sobre cuánta capacidad de voluntad tiene realmente un individuo a la hora de reaccionar ante mecanismos programados. Parece no tener ninguna relación con la trama principal, pero en Martínez todos los datos son aprovechados posteriormente. Además, la esposa del coronel en realidad está enganchada (lo cual es un cambio agradable) con el cura del pueblo, bastante jovencito y con un discurso mucho más agresivo para los estándares de la iglesia.

Página 100:
Se pone raro. Para justificar su presencia, el narrador inventa que se encuentra ahí para observar a los nativos en sus rituales con un polvo que, en días de niebla extrema, posibilita contactar a los muertos de cada uno; justamente el narrador tiene a su padre desaparecido, y de a poco le empieza a convencer la idea de verlo para cerrar con un capítulo del pasado. Además, se ha hecho pasar por el cura para mandarle mails (¿mails a principios de los 80s en Argentina?) entre dramáticos y picantones a la esposa del coronel y así plantar la semilla de la discordia y hace prácticas de tiro con este último en lugares recónditos para afinar su puntería a la hora de matarlo. Todo esto, para el narrador, funciona como un gran tablero de ajedrez en el que cualquier cosa puede salir muy mal, y sintiéndose casi siempre como arrastrado por la fuerza del destino más que por su voluntad (de ahí, supongo, aunque me sigue pareciendo un aditivo algo innecesario, los debates).

Últimas páginas:
Lo mejor de la novela se encuentra en la trama secundaria de los nativos. Después de un viaje lisérgico, inesperado por la prosa y la situación en la carrera literaria de Martínez, el narrador presencia una escena definitoria para su vida. Pareciera que no va a aportar nada a la trama principal, pero haberse metido en semejante cambalache lo obliga a vomitar y esa es la última pieza (azarosa) para que todo termine de anudarse en una situación algo rocambolesca y por demás inverosímil, aunque justificado por la idea que recorre el libro acerca de la voluntad real. 

En definitiva, es mejor que el anterior libro de Martínez, que sí me había parecido un recalentado de sus grandes éxitos, y veo una intención de explorar otros temas, de salir de a poco del encorsetamiento en el que se encontraban sus libros, pero también detecto una escritura apurada y deslavazada, convencida ya del prestigio del autor y de que apretar algunos de sus botones comunes bastará para que el lector se quede contento. Pero Martínez es capaz de mucho más.


lunes, 27 de abril de 2026

Oriol Rodríguez/Yeray S. Iborra: Buscando a Rosalía


Idioma original:
español

Año de publicación: 2026

Valoración: recomendable

Los primeros párrafos de este libro juegan con los previsibles vericuetos que procura el ascenso a la fama. No a una fama cualquiera: a la fama global, a que los anuncios de tus discos se produzcan en olor de multitudes, con recepciones, con enormes pantallas de cuenta atrás, con la necesaria presencia de una masa de fans irredentos. Ese es el enorme salto del que Albert se queja. De una artista incipiente que invita personalmente a acudir a sus primeros conciertos y que, arropada por el mecanismo empresarial que se aferra al proceso productivo (y lucrativo), pasa a ser una imagen inalcanzable, un icono para acercarse al cual hay demasiadas barreras que franquear.

Otra cosa es que, con cuatro discos en el mercado, la tentación de escribir una biografía sobre una figura, a los 33 años, de semejante impacto global, sea demasiado poderosa, incluso ante la cruda realidad de que el mundo de la música, insaciablemente hambriento, devore a sus ídolos no tan a medida que estos crecen sino conforme algunos nuevos surgen y pugnan por desplazar a los otros de la mesa de las novedades. 

La tentación de que un texto así sea un panegírico también pesa lo suyo. Cuatro discos, diferentes, en los que ha apostado por un crisol de sonoridades, han dado ya pie a controversias en las que la envidia pesa lo suyo. O la mera crítica porque una estrella del pop no ajuste su forma de ser al canon que cada uno establece de como ha de ser. Como leo muchos (posiblemente demasiados) libros sobre música, sobre discos y sobre música, diré que Rosalía ha comprendido que intentar complacer a todo el mundo es la mejor garantía para fracasar. Y entonces se muestra, en la medida que le dejan, como un músico que expone su trabajo y lo explica lo suficiente y sin más pretensiones. Así que este libro simplemente, y quizás el no contar con un testimonio directo, se limita a recopilar y ordenar hechos sobre su carrera, lo bastante alejados de una crónica de su vida personal. que ya es bastante pasto de la prensa rosa - otro efecto colateral - como para superar la mera letanía de eventos y tomar una sana postura objetiva, sin desmerecer que sus dos autores proceden del mundo de la prensa especializada y, sin llegar a desprender un tufillo de fans, cuentan con el suficiente respaldo profesional para mantener sus apelativos alejados de la hipérbole. Quizás unos años más tarde dispongamos de textos aún más matizados, todo dependerá de futuros trabajos, de su gestión de la descomunal repercusión, de cómo la insana curiosidad sobre su vida personal sea algo con lo que pueda bregar. Seguramente habrá más libros sobre ella, pero este es honesto y, en la medida que es posible, objetivo y disfrutable.

domingo, 26 de abril de 2026

Eugène Ionesco: La cantante calva

Idioma original: francés

Título original: La cantatrice chauve

Año de publicación (estreno): 1950

Valoración: Está bien, curioso


Apenas le hemos dado espacio en este blog al ‘Teatro del absurdo’, etiqueta aplicada  desde mediados del siglo pasado a un pequeño grupo de autores que desafiaron las normas (qué cosa tan apetecible) de la construcción dramática para montar extrañas obras en las que las personas se convertían en rinocerontes o dos mendigos dialogaban sin sentido bajo un árbol. Aparte de provocar la risa, y esto no siempre, la sucesión de escenas ridículas y diálogos disparatados tenían siempre una capa más o menos oculta que el espectador estaba invitado a descubrir, por lo general reflexiones sobre la vida y sobre el ser humano, frecuentemente el problema de la comunicación, la soledad, la muerte o el destino, cosas así. Si la verdadera intención del autor era en verdad abrir la puerta a esas profundidades o solo sorprender con extravagancias es algo no tan fácil de descubrir y que además variará según el autor y según la obra.

La cantante calva fue uno de los primeros títulos en formar parte de ese pequeño contingente, y sus rasgos encajan desde luego con el modelo. Dos parejas (matrimonios) de la burguesía inglesa comparten una velada, y no parecen tener mucho que decirse. Lanzan por turnos frases a veces inconexas, o se enzarzan ligeramente en discusiones particulares sin sentido. Este tipo de conversación sirve para identificarlos enseguida como personajes ridículos, vacíos, y su limitación mueve rápidamente a la risa.

La entrada de un par de personajes más abre el abanico a nuevos diálogos, también absurdos, en los que, aunque a veces apetezca, tampoco creo que debamos intentar buscar mensajes ocultos. Es lo que llamaríamos ‘hablar por hablar’, cómo llenar minutos de una reunión aburrida emitiendo sonidos más que transmitiendo algo. 

Desde el punto de vista cómico el cuadro quizá nos despierte alguna pequeña carcajada, y en este punto habrá que reconocer que una buena puesta en escena y la gracia de unos actores inspirados pueden levantar el texto a un nivel muy superior al que obtenemos de la lectura. De manera que no me queda más remedio que reconocer que ante obras así la experiencia del teatro leído puede resultar bastante más pobre.

Si queremos profundizar un poco más, aparte de algún rasgo crítico más o menos visible (la exclusión clasista de la pobre criada, la fascinación por el uniforme, aunque sea de un bombero), lo que tenemos es claramente una representación plástica de la incomunicación, en este caso, en el seno de cierta sociedad burguesa británica, pero válida también para cualquier otro entorno. Estamos eventualmente juntos pero quizá no tenemos tanto en común, puede que el propio lenguaje sea un obstáculo para interactuar porque lo usamos mal, o puede que incluso nuestra propia naturaleza levante barreras convirtiéndonos en pequeñas islas, como sugería John Donne.

Abriendo un poco el foco sobre este teatro del absurdo en su conjunto podemos ver que en gran parte es esta la perspectiva dominante. Por eso dibujan personajes tan convencionales que se transforman en cosas extrañas, que simplemente esperan a alguien que no saben quién es o que, como en este caso, terminan gritándose frases repetidas y completamente vacías de significado.

P.S.: Esta obrita tuvo en principio uno o dos títulos diferentes, pero al parecer Ionesco lo cambió por el definitivo porque un actor pronunció mal una frase (es cerca del final) y sonó como ‘cantante calva’ lo que no lo era. Cómo les hubiera gustado a los surrealistas o a los Dadá este hecho de titular una obra con la expresión de un simple error. 

Otras obras de Eugène Ionesco reseñadas en ULADRinoceronte


sábado, 25 de abril de 2026

Colaboración: 2 x 1 Antes que nada y Bue, de Martín Caparrós

 Idioma original: español

Año de publicación: 2024 y 2025

Valoración: imprescindible para interesados


La fase de su escritura en la que se encuentra Martín Caparrós es especialmente interesante. Viene de andar tras las huellas del hambre, de diseccionar las venas abiertas de América Latina que versó Galeano, de algún esfuerzo apabullante en el campo de la novela que él considera pasó desapercibido, de darle la vuelta al género de la crónica, de intentar reportar a toro pasado la creación del mundo. Todo se le ha hecho poco: su implicación, sus posiciones sin medias tintas; su apuesta por la literatura; las cabeceras de más prestigio; los charcos más embarrados. Todo empezó un día que le dejaron firmar en un diario y algo cambió el día que leyó por vez primera a su maestro Manuel Vicent. Continúa con sus artículos y sus polémicas, levantando polvo, abriendo frentes constantemente. Gramaticales, deontológicos, épicos. Se hace preguntas y las lanza al mundo sabiendo que él el primero no puede responderlas.

Y en el último año y medio han llovido con generosidad tres volúmenes en los que el argentino va más allá, pues si alguna profundidad abisal le quedaba por estudiar era la suya propia: es la que emite ultrasonidos desde las páginas de Antes que nada, donde repasa su vida, la interior y la pública, en los jirones que no se le han quedado en la selva del periodismo a ras de suelo que le ha caracterizado. Como los otros títulos, este último es monumental y ambicioso, y seguro que le dejó insatisfecho como tantas otras veces. Aquí hay mucha tela que cortar para aspirantes, ejercientes y fans, que a fin de cuentas son los que pueden aportar notas al pie, aunque a ver quién se las apuesta a Caparrós. Por lo pronto, estas memorias se tapan bien con cubiertas oscuras, como advirtiendo de ser el libro negro del autor, que deja bien claro que sorpresas te da la vida y por supuesto, que para contarlo hay que valer, también, y mucho. El camino de las favelas de Buenos Aires a las pacíficas afueras de Madrid ha sido retorcido y sorprendente.

Antes que nada puede complementarse con artículos y entrevistas recientes, pero sobre todo con los otros dos pequeños tomos que han aparecido en estos meses, Bue y La verdadera vida de José Hernández, que son pura evocación en blanco y negro. Reversos bien camuflados de Buenos Aires y de canto al padre del Martín Fierro, Caparrós vierte en ellos no el análisis sino el aliento, y no la nostalgia sino la melancolía, como tan bien distinguiría su querido Vicent. En estos casos no es tan torrencial la escritura como la emoción, pero no perdamos ripio.

Sobre la triada asoma la firmeza de una vocación, en estos tiempos líquidos de rapidez y demora, cuanto más deprisa más despacio, de prosa deslavazada y piezas sin adscripción. No caigamos en el tópico del autor hecho género. Llamemos a las cosas por sus nombres: memorias, novela y poesía. Caparrós prescinde aquí, al menos directamente, de las crónicas que lo han destacado y que en conjunto se erigieron en monumentos: LacrónicaEl HambreEl mundo entoncesÑaméricaEl interiorLarga distancia y su secuela La guerra moderna... Periodismo que si no fundó, al menos creó escuela en una hilera de seguidores que lo practican alrededor del mundo. La crónica va y viene con las épocas. Esas piedras angulares están ahí, para quien quiera volver a ellas. En rigor, algunos podrían llamar a esos libros recopilaciones. No errarían.

No es el caso de los que nos ocupan hoy. Es vertiginoso pensar no ya que alguien pueda ser tan fértil, sino qué torrente creativo en tan poco tiempo puede dar lugar a obras apuntaladas como estas. Una en su largo aliento, otra en su justa medida, otra en la virtuosidad del verso. ¿Qué escuelas de escritura ni qué inteligencias artificiales ni qué giros argumentales? Lengua charlatana, seguridad, nada que perder pero nada que alcanzar. Entrevistas promocionales donde se denuncia la manera balzaquiana para homenajear a Balzac con los mismos libros que se promocionan. Por responsabilidad, la llamada al orden debe ser por parte de los dos: de Balzac y de Caparrós. Larga vida al escritor y lo escrito: el momento es curioso, los juegos de espejos son gratificantes y se espera que la fábrica no detenga su producción. Mientras tanto, siempre queda releer.

Firmado: César

También de Martín Caparrós reseñado en ULAD: aquí

 

viernes, 24 de abril de 2026

Federico Axat: El día de mi muerte

Idioma original: Español

Año de publicación: 2025

Valoración: Muy recomendable

Así de entrada, lo que me hizo darle la valoración de Muy recomendable a este libro fue la vuelta de tuerca que Axat le da al ya muy gastado subgénero de los viajes en el tiempo. Así que, para cualquiera que disfrute de este tipo de pajas mentales, es una lectura más que recomendable.

Lo que sigue no es exactamente un spoiler, pero, a mi parecer, mientras menos sepas, mejor. Por eso seré parco en esta reseña. Bueno, pensándolo mejor, no diré nada de la trama, porque cualquier cosa que contara sería básicamente lo mismo que ya aparece en la contraportada.

Lo que sí puedo decir, y quizá sirva para animarte a leerlo, es que la historia resulta desconcertante en el mejor sentido de la palabra. Cada capítulo obliga a detenerse y a reconsiderar cómo encaja lo que uno acaba de leer con todo lo anterior. Perdón por ser tan vago, pero realmente no puedo decir mucho más: la novela está construida casi por completo sobre la incertidumbre.

Claro que eso también hace que la relectura pierda parte de su valor. Pero incluso si solo se lee una vez, la experiencia vale la pena.

Uno de los pocos peros que le pondría al libro es que, aunque su principal atractivo radica en el interesante enfoque que propone para los saltos espacio-temporales, y cómo se desenrolla la trama, no logra evitar del todo ciertas paradojas (incoherencias) temporales. Y, cuando aparece alguna inconsistencia, recurre al truco más barato del género: las líneas temporales paralelas.

Aun así, eso puede pasarse por alto. Es un libro muy entretenido, de esos que te mantienen armando y desarmando piezas en la cabeza hasta el final. Es el tipo de historia que quedaría perfecta como serie de televisión. Me encanta ver que las historias de este género escritas en español no le piden nada a esos nórdicos (¡no les da la lengua para escribir el Quijote!).