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viernes, 20 de febrero de 2026

Reseña + entrevista: La vida interrumpida de Pedro Plaza Salvati

Idioma original: Español 

Año de publicación: 2025

Valoración: Está muy bien

Una vez más, el viaje. Y una vez más, el caminar. Caminar en la línea de un Walter Benjamin o de un Robert Walser (cargados, eso sí, de teléfono móvil para fotografiar y tomar notas) por una ciudad a la que se retorna, teóricamente por unos días pero finalmente, y debido al COVID-19, por algo más de un año.

El caminante esta vez se llama Pedro Plaza Salvati y la ciudad a la que regresa es una Caracas pandémica, distópica, tormentosa y opresiva, aunque también pueda llegar a ser, por momentos, surrealista y entrañable. 

El resultado de todo esto es la crónica de meses de observación y escritura, de un regreso inesperado, de los paseos o vagabundeos por la "nueva ciudad" que es la ciudad, al tiempo que el autor la (re)descubre, se redescubre y revive el pasado. Crónica, sí, aunque el autor se sirva de herramientas propias del cuento, de la novela o del ensayo y aunque, de hecho, los textos puedan funcionar como piezas separadas y ser leídos de diversas formas por el lector.

Es Plaza Salvati un caminante que encuentra más que busca, que observa, registra y continua caminando, y de ahí que los citados (re)descubrimientos se realicen a través de las cosas más pequeñas, cosas tan nimias como unos papeles arrojados a la basura, los libros con la firma de su anterior propietario, unos paseos por el parque, la vuelta al solar de la casa de sus abuelos, etc. 

Son esa mirada y esos puntos en los que el autor fija la atención los que hacen de La vida interrumpida una joya de lo pequeño. Porque a veces no es necesario poner el foco en los grandes temas o en los grandes acontecimientos históricos, sino que es lo aparentemente trivial lo que explica el mundo y sus cambios. Así, a través de esas imágenes o de esos sucesos, Plaza Salvati traza una crónica de la Caracas que fue, de la Caracas que es y de su propio pasado y presente. 

Ya puestos a elegir entre las 8 crónicas (+3 introducciones / epílogos), me gustaría citar algunas de ellas:

  • Salvar la bomba, con ecos de La autopista del Sur de Cortázar, texto en el que se pone claramente de manifiesto la paradójica situación de Venezuela, su nuevo orden social y su degradación, no sin un punto tragicómico.
  • El también cortazariano en el título Ciudad tomada, con el que se narran las diversas metamorfosis del país y del chavismo.
  • Un milagro literario. texto con el que cualquier bibliófilo se sentirá identificado.
  • Atención a la víctima y La pelea y el pasado, dos de los textos más emocionantes del conjunto por lo que tienen de entrelazamiento entre historia personal y familiar e "Historia".
Pero dejemos que sea el propio Pedro Plaza Salvati, quien nos cuente más acerca de estas crónicas pandémicas. ¡Muchas gracias, Pedro!



sábado, 12 de julio de 2025

Karina Sainz Borgo: El Tercer País

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2021

Valoración: Entre Recomendable y Está bien


El Tercer País es un cementerio, un camposanto alegal situado en alguna zona fronteriza, quizá entre Colombia y Venezuela, y gestionado por Visitación, una mujer negra que recoge y da sepultura a cadáveres de las localidades próximas, cuerpos de gente desconocida o sin medios para pagarse un enterramiento oficial. Al lugar llegan Angustias y su marido, huyendo como tantos otros de una epidemia de peste y cargando con sus dos hijos recién nacidos y recién muertos, cuyos ataúdes son sendas cajas de zapatos.

Toda esta crudeza nos va a acompañar sin respiro durante las casi trescientas páginas de este volumen a través de tierras inhóspitas y polvorientas donde el calor es una maldición y donde campan a sus anchas los personajes más abyectos y los más bajos impulsos del ser humano: la ambición del terrateniente, la cobardía del alcalde corrupto, la bestialidad de los paramilitares, la rapacería del juglar, la ignorancia, el miedo, la indiferencia, el ansia de sangre. Solo Visitación mantiene la dignidad y el apego a la vida en su extraño reducto, sin que conozcamos sus motivos ni su historia.

El ritmo de la narración es de una regularidad aplastante, con capítulos muy cortos que le dan cierto aire cinematográfico y la hacen adictiva, aunque a veces se permite algunos guiños que quieren sonar a García Márquez y cambios de perspectiva no del todo justificados. Pero fundamentalmente lo que la autora no quiere es perder la pulsión dramática, añadiendo horrores con precisión de cirujano: violaciones, perros feroces, incendios, amenazas, desapariciones y mucha sangre, la violencia como vicio, diversión, como forma de vida.

Ciertamente el libro está muy bien escrito, responde a un patrón claro y lo cumple a rajatabla sin un vacío y con total eficacia. También los personajes, al menos los principales, están bien definidos, aunque en mi opinión tienen más bien poca profundidad, es más, con el paso de las páginas empiezan a caer un tanto en el estereotipo. Y por este mismo camino viene mi principal crítica: me da que tanta crudeza en todas sus variantes, tantos personajes tan marcadamente despreciables, el tono tan brutal, casi apocalíptico, a la hora de describirnos ese mundo ¿no está conduciendo la narración por el camino del efectismo?

Es una impresión que solo surge cuando la lectura está bastante avanzada, pero me parece inevitable, porque todo, personajes, situaciones, entorno, prosa, parecen estar al servicio de un objetivo, que no es otro que buscar el mayor impacto, dejar al lector sin aliento y sumergido en la atmósfera viciada y cruel de esos parajes de la sierra infestados de maldad, pobreza y violencia. Sin dobleces ni recorrido, la narración se sostiene por sí sola en ese medio hostil y solo en él, y lo que empezaba pareciendo una aproximación interesante a la gran literatura latinoamericana se convierte en algo diferente, un producto muy bien hecho, eso sí, potente y construido con destreza, pero algo que igual se aproxima un tanto al mero entretenimiento.

También de Karina Sainz Borgo reseñado en ULADLa hija de la española

lunes, 5 de mayo de 2025

Reseña + entrevista: Venecos de Rodrigo Blanco Calderón

Idioma original: Español 

Año de publicación: 2025

Valoración: Está muy bien

Un avión despegando en un atardecer es la imagen de la cubierta diseñada por Paul Viejo para este Venecos del ya casi malagueño Rodrigo Blanco Calderón. Una clara metáfora a un exilio o a una emigración que, si bien está presente en la práctica totalidad de los trece relatos incluidos en este volumen, no tiene un lugar tan central como pudiera parecer. Es decir, la experiencia de la emigración está presente en los relatos pero no es fundamental para los personajes de los mismos; más bien se trata de seres que tratan de rehacerse de diversos fracasos, ya sean estos matrimoniales, laborales o artísticos, lo que otorga a los textos una universalidad que de otro modo quizá no tendrían.

No me quiero enrollar mucho porque lo que nos cuenta el autor en la entrevista que enlazamos en esta misma reseña es mucho más interesante que lo que yo pueda decir, pero sí quiero destacar algunos aspectos de los relatos de Rodrigo. Serían:

  • Su estructura. En casi todos los textos hay dos capas, una más visible y otra "subterránea" y me gusta mucho cómo el autor las maneja, cómo juega con ellas y cómo se entrelazan, ya sea de una forma más o menos sutil. Creo que el que mejor lo consigue es La vejez.
  • Las voces. Personas de diferentes sexos, edades, condiciones económicas y sociales, con voces perfectamente identificables y diferenciadas, protagonizan textos ambientados en lugares tan diversos como París, Caracas, Málaga o ese claustrofóbico y oscuro El Cráter.
  • Cierta tendencia al realismo "grotesco". Creo que este punto enlaza en cierta forma con esas dos capas de las que hablaba, en el sentido de que toda situación, por clara que parezca, esconde algo más o menos "oscuro". Claros ejemplos son Una vida distinta, Virgen de la impureza, Café Rostand, etc.
  • Las referencias literarias. Esto sé que no es una virtud per se, pero a mi me gustan estos autores y estos libros que dejan claras referencias y homenajes como las que Rodrigo hace en estos cuentos. Así, Kadaré, Camus, Roque Dalton, Sabato y Ovidio se asoman por estas páginas, con mención especial al estupendo y oscuro El extranjero.
  • Las referencias cinematográficas. Vale, no hablamos de Manuel Puig, pero aquí hay mucho y buen cine.
  • Los guiños a sus lectores. No sé si es algo buscado o no (incluso no sé si es algo "inventado" por mi), pero aquí hay rastros de The Night (con Darío Lancini) o de Simpatía (ay, El padrino)  
Poco más. Solo dar paso a la charla que mantengo con Rodrigo Blanco Calderón, al que agradezco enormemente su amabilidad.



También de Rodrigo Blanco Calderón en ULAD: SimpatíaLos terneros y The night

miércoles, 16 de agosto de 2023

José Balza: Un hombre mira(n)do. Ejercicios narrativos

Idioma original: Español

Año de publicación: 2023 (textos entre 1962 y 2022)

Valoración: Recomendable 

Las ideas preconcebidas y esas cosas. Haber oído que Balza es, junto a Rafael Cadenas, el máximo exponente de las letras venezolanas actuales me lleva a pensar que Balza es escritor "difícil" o un "escritor de escritores". Quizá sea así en sus obras "mayores", como la recientemente publicada Persecución, pero si tuviera que basarme únicamente en el libro que hoy reseñamos, diría que Balza es un escritor "juguetón" que se atreve con todos los palos, distancias y registros. 

Cuarenta textos que abarcan un arco temporal de sesenta años y que van desde el microrrelato cercano a la poesía o al aforismo (Certeza, Diálogo o Final) hasta el relato más o menos histórico en el que se puede atisbar el germen de una novela mayor (Rodrigo el Capitán), pasando por coqueteos con el surrealismo, lo tenebroso o la ciencia ficción, sirven como acercamiento a la narrativa de Balza y nos descubren a un autor que por momentos semeja (o quizá rinda homenaje) a Onetti (ese Retrato en Curiapo me recuerda tanto a Larsen y a Santa María...), a Saer (en Nudos de agua), a Carpentier (en Mahome I) o a Uslar Pietri (en el ya comentado Rodrigo el Capitán).

Referencias alejadas entre sí, claro, que hablan de un libro que carece de "unicidad" en las influencias, ecos y temáticas. Aunque haya relatos conectados, por supuesto!. Así, la situación del país se deja ver en Un hombre mira(n)do, quizá el más osado desde el punto de vista estructural, o en El regalo o en El geógrafo Fessej ; cierta querencia por la muerte y el sexo se observan en dos de mis textos favoritos por su oscuridad y potencia, como son Praeputium, Sagitario danzando y también en Mille volte il di moro, e mille nasco; lo sobrenatural sobrevuela ¿Teléfono? o La ciudad doble.

Esto son solo asociaciones, relaciones que surgen quizá más en mi cabeza que en los propios textos. O no. En cualquier caso, lo fundamental es que este libro y estos textos me parecen un interesante primer acercamiento a la obra de Balza, una suerte de muestrario de capacidades que me lleva a interesarme por obras quizá más ambiciosas, más "compactas". No tardaré demasiado.

sábado, 10 de junio de 2023

Manuel Gerardo Sánchez: En verano duele más

Idioma original: Español

Año de publicación: 2023

Valoración: Recomendable

Creo haber dicho en más de una ocasión que casi toda novela contiene en su interior al menos un viaje. En esta ocasión, el viaje de Manuel Gerardo Sánchez en esta "En verano duele más" es doble: a través del espacio y el tiempo. 

Así, mientras el viaje espacial de esta novela nos traslada de Venezuela al Líbano en varias idas y venidas, el temporal nos lleva, y no necesariamente en este orden, desde el presente a la década de los 60, con estaciones de paso por los 70, 80, 90, etc.

Podríamos resumir el argumento en el retorno de Camille a Venezuela para, por un lado, acompañar a su padre en los últimos días de su enfermedad- y, por otro, realizar una larga rememoración (que funciona más como un balance que como un lamento) de un pasado que no es otra cosa que un catálogo de heridas y cicatrices. Ampliando un poco la información, "En verano duele más" es una novela sobre la familia, el amor, el deseo, la culpa y la memoria. 

Para tratar todos estos temas, el autor se sirve de una serie de dualidades (Líbano - Venezuela, Padre - Madre,  Pasado - Presente) e identidades en conflicto que provocan en los personajes dolorosos desgarramientos. Eso sí, siempre teniendo en cuenta que la memoria falsea y embriaga y que, a fin de cuentas, todo consiste en tejer a partir de cabos sueltos.

Creo que la principal virtud del libro radica en la exploración del deseo y de la culpa de su protagonista, especialmente en un tercio final superior al resto de la novela. Digamos que todas las ramificaciones iniciales que parecían no conducir a ninguna parte convergen en un punto que funciona como un big bang a la inversa. A partir de ahí, la trama se "centra" y la indagación es más profunda.

Otros puntos a destacar son la construcción del personaje de Anatole (padre de Camille) y la relación entre Anatole y la madre de Camille.

En fin, que podría haber hablado de aspectos mucho más explícitos e impactantes de la trama, de etiquetas LGTBI, etc, pero creo que eso sería un injusto ejercicio de reduccionismo. "En verano duele más" es bastante más que eso. Creo yo, vaya.

sábado, 8 de abril de 2023

María Elena Morán: Volver a cuándo

Idioma original: Español 

Año de publicación: 2023

Valoración: Está muy bien

Hace un tiempo dedicamos una (magnífica, ejem) metaentrada sobre emigración, literatura y exilio que podéis leer aquí. En ocasiones me ronda la idea de una segunda edición y uno de los nombres subrayados para una posible participación sería el de María Elena Morán, autora de esta estupenda novela que tiene como telón de fondo el exilio / emigración en la Venezuela (pos)chavista y que está protagonizada por una serie de personajes, y esto no suele ser habitual en la literatura sobre el tema, que inicialmente apoyaron la "revolución bolivariana" y que vieron como esta defraudaba sus expectativas ("El país, promesa zombi, es un derrumbe apuntalado con eslóganes de otras eras").

Por lo tanto, podemos emparentar en lo temático a Volver a cuándo con obras como La hija de la españolaSimpatíaPenínsulas rotas o Crema Paraíso, pero sin olvidar esa peculiaridad del punto de vista de los personajes desencantados de la revolución. Porque "¿Cuándo uno iba a pensar que algo tan bonito iba a usarse para vainas tan feas"?

Pero dejemos de lado el tema de la novela no vaya a ser que este acabe "comiéndose" al texto, algo que sería absolutamente injusto. Porque Volver a cuándo posee una serie de virtudes que la hacen elevarse por encima de otros aspectos. Así, destacaría:

  • Su clara voluntad literaria, que se manifiesta sobre todo en el uso de diferentes voces narrativas (1ª, 2ª, 3ª persona... monólogo interior, narrador omnisciente...) o en el manejo de distintos planos que juegan con dualidades tales como dentro / fuera, interior / exterior, vivos / muertos, lo cual permite ofrecer una visión bastante completa de los efectos del derrumbe.
  • El manejo de los silencios, especialmente en la primera parte de la novela.
  • Los personajes, con un perfil psicológico bien definido y creíble, alejado de maniqueísmos, y con voces absolutamente diferenciadas e identificables. 
  • La hilación de la trama propiamente novelesca, bien cerrada en sus diferentes líneas. Hay un momento, pongamos a los 3/4 de novela, que parece que la cosa toma un rumbo determinado con el que se dejan fuera ciertas subtramas, pero Morán vuelve a engarzarlas en el tramo final. 
  • El ritmo interno y externo.
En el lado menos positivo me queda la sensación de que la novela podría haber tenido algo más de recorrido. Si bien, como ya decía, la trama está bien desarrollada y cerrada, creo que la "prehistoria" de alguno de los personajes (especialmente el contradictorio Camilo) tiene más recorrido y sería útil para que los no venezolanos podamos acercarnos algo más al "fenómeno".

Pese a esto, queda la sensación final de haber leído una muy buena novela y de que, por una vez, un premio literario (el Café Gijón, en este caso) han dado en el clavo. Con los recelos que uno tiene hacia los premios literarios!

miércoles, 23 de febrero de 2022

VVAA: Escribir afuera. Cuentos de intemperies y querencias


Idioma original:
español

Año de publicación: 2021

Valoración: muy recomendable

En algún momento del pasado me lamenté de la escasa visibilidad de la literatura contemporánea venezolana, quizás con cierta ligereza, puede que por la abrumadora presencia de las de algunos otros países de Latinoamérica, puede que con cierta sensación de que Venezuela no estaba representada con tanta profusión, si acaso en los entornos promocionales más usuales, en fin, sin intención de justificar esa apreciación, sí que notaba en falta una representación más acorde, por decirlo de alguna manera, proporcional a su mero peso como país. 

Esta antología de autores venezolanos viene a contradecir de alguna manera mi afirmación. No menos de treinta autores aportan, cada uno, cuentos o relatos o como queráis llamarlos, y como elemento cohesionador estos relatos hablan de esa diáspora de la población del país, ese reagrupamiento de un estimable porcentaje que se ha ido repartiendo por el mundo. Aquí he de parar un poco para expresar mi opinión algo contradictoria sobre el tema: tan estúpido es quejarse de la politización de las corrientes culturales (que deberían, en un mundo utópico y estético, aislarse de las distorsiones de su entorno) como negar que la permeabilidad del creador a lo que sucede a su alrededor, en especial a lo que el poder hace que suceda, es necesaria para conseguir que las corrientes artísticas se constituyan en representaciones de las sociedades que las hospedan. 

En este contexto, sería estúpido partir de la premisa de que un libro de este tipo sea un artefacto de la disidencia. Sería estúpido pensar, tan formulaico como pensar que toda la intelectualidad es de izquierdas o todos los escritores son unos bohemios. Porque algunos de estos escritores forman parte de esa corriente migratoria (que ha acabado en Argentina, en Colombia, en Estados Unidos o en España) pero no son pocos los que han elegido quedarse en el país. Y ninguna de esas elecciones tiene que situarlos en un extremo o en el otro. Escriben sobre estar desplazados y esa temática cohesiona los relatos, de los cuales voy a optar por no destacarlos individualmente. Hay elementos fantásticos en algunos de ellos. Agradezco que la nostalgia, ese Ferrari que solo funciona marcha atrás, no sea un elemento protagónico. Me gusta cómo muchos de esos elementos comunes son cercanos: las relaciones de objetos, los recuerdos de las personas y los lugares, las no pocas menciones gastronómicas, cierta sensación cosmopolita que ha sido pulverizada (quizás el elemento crítico más velado: cómo pasar de una nación moderna y poderosa a un sitio donde todo se ha convertido en precario) por el abrumador peso de la realidad. Esa es la sensación más poderosa como lector. Ver que ninguno de los autores es falaz y dogmático en su planteamiento. Que, por generación espontánea, desprenden sensaciones coincidentes y que no hay desesperación sino una resignación latina a lo que se presenta y las pocas opciones que les quedan. Y entre tanto autor no todos van a ser componentes de esa minoría privilegiada que puede elegir dónde posa sus huesos en su huida. Ese promedio espeluzna: me temo que el poso en la memoria que esta lectura arroja es más eficaz que la crítica obstinada y descarnada. 



lunes, 22 de noviembre de 2021

Alejandro Padrón: París siempre valía la pena

Idioma original: Español
Año de publicación: 2021
Valoración: Recomendable

¿Habéis leído "París era una fiesta (A moveable feast)", las memorias parisinas de Hemingway? O,al menos, ¿os acordáis de "Midnight in Paris", la película de Woody Allen en la que Owen Wilson viaja en el tiempo y se encuentra con el propio Hemingway, el matrimonio Zelda y Francis Scott Fitzgerald, Gertrude Stein, etc? 

Opción A: habéis leído el libro y habéis visto la película.

Opción B: habéis leído el libro pero no habéis visto la película.

Opción C: habéis visto la película pero no habéis leído el libro.

Opción D: ni habéis leído el libro ni habéis leído la película.

Si tu respuesta es la A (y en menor medida la B o la C), quizá "París siempre valía la pena" no descubra nada nuevo pero servirá para imaginar, a través de la ficción o de la novelización de hechos reales, episodios apenas sugeridos o ignorados por Hemingway en sus memorias.

Si tu respuesta es la B o la C, el libro de Alejandro Padrón funcionará y tendrá su mayor valor como puesta en contexto de una generación y unos autores fundamentales en la literatura del siglo XX.

Si tu respuesta es la D (mal, muy mal), lee "París siempre valía la pena" porque ese compendio entre lo real, lo ideal y lo legendario será una lectura, al mismo tiempo, entretenida y didáctica. Además, ahora que se acercan la cenas y comidas familiares, podréis presumir ante vuestros cuñados de vuestros conocimientos sobre la bohemia parisina de los años 20.

Todo esto gracias a un texto que es, obviamente, un homenaje a la figura de Ernest Hemingway y que parte de una premisa si no 100% novedosa sí muy atractiva: la supuesta novela / memorias de Max Sterling, compañero de fatigas de Hemingway en sus años parisinos. 

Además de esta premisa, Padrón opta por una estructura audaz, con mucho de juego borgiano, en la que se juntan 3 narradores y 3 tiempos para una triple búsqueda (real, ideal y legendaria) de la figura del autor estadounidense. Lo anterior hace que el texto pueda ser leído, casi a partes iguales, como novela, diario o guía de viajes. Y aunque esta triple elección sirve adecuadamente al objetivo de ofrecernos una visión global del Hemingway persona(je) y demuestra un atrevimiento por parte del autor que es de agradecer, creo que una de esas tres patas flojea ligeramente. En concreto, me refiero al juego que se establece con uno de los narradores / personajes (Nicka Dams). Me da la impresión de ser un recurso algo trillado y que se estira de forma algo innecesaria. 

Pese a esto, he disfrutado de "París siempre valía la pena" y recomiendo su lectura acompañada, si es posible, de un acercamiento previo a las memorias del autor de "El viejo y el mar". Por eso de completar huecos, vaya.

P.S.: Me encanta la cubierta del libro, que incluye un fragmento de Paris by night (Konstantin Korovin)

miércoles, 20 de octubre de 2021

José Antonio Ramos Sucre: Insomnio

Idioma original: Español
Año de publicación: 2021 (recopilación de textos publicados originalmente entre 1925 y 1929)
Valoración: Muy recomendable

Pese a la brevedad de su obra, José Antonio Ramos Sucre (1890 – 1930) es, junto a Rómulo Gallegos, Julio Garmendia o Arturo Úslar Pietri, uno de los clásicos del siglo XX de las letras venezolanas. Apenas cinco libros - Trizas de papel (1921), Sobre las huellas de Humboldt (1923), La torre de timón (1925), El cielo de esmalte (1929) y Las formas del fuego (1929) - conforman la totalidad de la obra del cumanés, pero son más que suficientes para justificar tan alta consideración del autor.

Pero si son cinco los libros de Ramos Sucre y ninguno se titula "Insomnio", ¿ante qué carajo estamos?. Bien, pues es la recopilación de una serie de textos recogidos en sus tres obras finales y vinculados de forma más o menos directa con el insomnio que padeció el autor y que llevó a su suicidio. Abreviando, se trata de textos situados a medio camino entre la vigilia y el sueño, entre lo autobiográfico y lo onírico, pero siempre dotados de una oscura belleza amplificada por las imágenes y atmósferas creadas por el autor.

Ya la primera frase de Preludio, texto que abre la antología, da el tono general que encontraremos el “Insomnio”, que posteriormente se puede corroborar, por ejemplo, en los siguientes extractos de La nave de las almas o El desesperado:

Yo quisiera estar entre vacías tinieblas, porque el mundo lastima cruelmente mis sentidos y la vida me aflige, impertinente amada que me cuenta amarguras

Recuerdo apenas el lugar de mi ausencia. Una columna de fuego iluminaba el clima boreal. Yo me había perdido en un desierto de nieve.

He sentido el estupor y la felicidad de la muerte. Un aura deliciosa, viajera de otros mundos, solazaba mi frente e invitaba al canto de los cisnes del alba.

Por lo tanto, la escritura de Ramos Sucre nace de la experiencia personal y adopta un tono entre confesional y exorcizador que se va volviendo más angustioso, oscuro y críptico conforme avanza el tiempo. Así, en algunos de los poemas en prosa / microrrelatos / apuntes de diario / estampas (la frontera es difusa)  de La torre de Timón se puede apreciar una leve esperanza o un ligero toque de humor que desaparecen en El cielo de esmalte y Las formas de fuego.  

En cuanto a posibles referencias, pese a que en lo espaciotemporal la obra de Ramos Sucre podría ligarse a corrientes de vanguardia de la época, a mi me vienen a la cabeza un Isidore Ducasse (conde de Lautreamont) menos "bestia" o poetas románticos del siglo XIX. El tono tenue e irreal de sus textos, sus atmósferas cargadas de niebla, jinetes en la oscuridad, muerte y ensoñaciones que lo acercan a los "cuentos góticos", la infancia como momento clave, las referencias clásicas, etc sitúan a Ramos Sucre por encima de modas y experimentos más o menos efímeros y confieren a su obra una atemporalidad de la que es muestra evidente la influencia que puede observarse en autores de décadas posteriores. Igual es cosa mía, pero algo de Ramos Sucre hay en Silvina Ocampo, en Mariana Enríquez, etc.

Resumiendo: interesantísima y arriesgada (en los términos a los que me refería en la reciente reseña de Una novela que comienza de Macedonio Fernández) recuperación de un autor capital en las letras venezolanas que espero tenga los lectores y el reconocimiento que debería a este lado del charco. Sus textos lo merecen.

lunes, 6 de septiembre de 2021

Federico Vegas: Los años sin juicio

Idioma original: Español
Año de publicación: 2020
Valoración: Recomendable

El género carcelario tiene una larga tradición, ya sea como novela puramente de "aventuras", testimonio, crónica, ensayo, denuncia social, etc. En lo que a América Latina respecta, y "gracias" a su también extensa genealogía en déspotas y tiranos del más variado pelaje, podemos citar ejemplos como El Sexto (Arguedas), El beso de la mujer araña (Puig) o El mundo alucinante (Arenas). Pese a tratarse de un texto carcelario sui generis, es en esta tradición en la que habremos de insertar este "Los años sin juicio" del venezolano Federico Vegas, novela basada en hechos reales ocurridos durante los últimos años del "chavismo con Chávez".  

Digo que es un texto sui generis porque, en contra de lo que suele ser habitual y de lo que uno podría pensar inicialmente, en "Los años sin juicio" no hay una historia tortuosa, no hay mártires, no hay épica. Obviamente, existe una denuncia de la arbitrariedad del poder, del absurdo, de la corrupción, la extorsión y el terror que campan a sus anchas en un país kafkiano, pero el protagonista y narrador de esta crónica novelada no es precisamente un hombre "íntegro"; al contrario, se trata de un personaje que juega en un tablero con unas reglas conocidas y que trata de obtener ventajas de esas mismas reglas.

Fruto de esa adaptación al contexto, de su situación económica y de la corrupción endémica del sistema es que los 3 años de permanencia en prisión y el texto que de ellos surge sea más "ejercicio de introspección y observación exterior" que catálogo de vejaciones y violencias. Porque "Los años sin juicio" combina esos dos componentes, el intimista y el contemplativo. 

Así, mientras que el aspecto intimista sirve para realizar un recorrido por los estados de ánimo por los que atraviesa el preso, desde el engreimiento hasta la autocompasión, y para acercarnos a la visión intramuros de temas como el sexo, la amistad o el amor, el aspecto que he dado en llamar contemplativo no es otra cosa que un completo catálogo de personajes / coro de tragedia griega, muchos de ellos de lo más grotesco y excesivo, que pueblan los dos lugares en los que es encerrado el preso. 

Y pese a que con la vertiente intimista de la novela Vegas construye un personaje complejo y contradictorio, he de decir que, quizá por parecerme aquel un enfoque algo más convencional o trillado,  me decanto por el segundo aspecto del texto, por ese acercamiento a la maldad ajena y ese intento de comprenderla que desplaza el centro del mismo al exterior del protagonista, que alivia y aligera el texto al tiempo que presenta a algunos personajes de lo más interesante. En el lado menos positivo, por su parte, la abundancia de "secundarios" hace que algunos resulten irrelevantes para el conjunto mientras que otros en los que se adivina un mayor potencial salen de escena dejándonos con ganas de más.

Así que pese a algún pequeño pero, creo que este "Los años sin juicio" es un texto recomendable en el que la acertada conjugación de lo personal y lo general y de lo novelesco y lo social permite el mantenimiento del ritmo y la tensión narrativa y una doble lectura que posiblemente amplíe nuestra visión sobre qué es Venezuela.

jueves, 5 de agosto de 2021

Leonardo Padrón. Tiempos feroces


Idioma original:
español

Año de publicación: 2021

Valoración: inflamado


En algún jardín peor me habré metido, pero he de reconocer que no es nada sencillo reseñar libros como este, cuando ya el mero hecho de prestarle atención y leerlo pueda parecer, pero no lo es, una toma de posición respecto a cierta polémica que parece eternizarse. Pues Venezuela es una de las palabras que, cansinamente, y al lado de Irán o Corea del Norte, acostumbran a blandir los políticos de derechas a la hora de criticar los planteamientos, el ideario, o las decisiones de los contrincantes de izquierdas. Una peligrosa banalización siempre producto de la generalización, pero efectiva a la hora de polarizar cualquier discurso, que, no hace falta pasearse por Twitter para comprobarlo, es el juego favorito de los debates actuales en todo medio.

Leonardo Padrón es una voz muy respetada del panorama literario venezolano. Un panorama, voy a quejarme, que no es tan conocido ni divulgado como el de sus países vecinos. No lo planteo como una queja amarga sino como una realidad. Tiempos feroces recoge un buen puñado de artículos publicados con diversos desarrollos pero con un fin común: la crítica feroz, como el titulo indica, hacia la realidad venezolana, realidad determinada lógicamente por las políticas aplicadas por Hugo Chávez y su inmediato sucesos Nicolás Maduro. Una crítica que toma diversos caminos pero siempre es velada y contundente, expuesta de forma tan vehemente y documentada (rara vez se eluden nombre y circunstancias concretas, cuando se trata de levantar testimonios) que su lectura, aún con el estilo dinámico, algo inflamado, pero de lectura ágil, acaba obrando en el lector neutro (así me definiría) cierta sensación de agobio u hostigamiento. Pues Padrón centra sus relatos en los perfiles de personas dañadas, perseguidas o represaliadas por el régimen., continua con la denuncia de hechos objetivos que centran su prisma, el deterioro de la seguridad en las calles, el empobrecimiento, la inflación galopante, la censura de los medios de comunicación no afines, y se escora en algún momento, compréndase mi término, hacia la soflama, apelando no en pocas ocasiones a una eventual organización unitaria de las fuerzas opositoras, como lo haría algún escritorzuelo de algunos medios cuando usa su columna para reivindicar sus creencias.

Lo cual no significa que no hablemos de una buena lectura. Pero que es imposible leer sin sentirse o conmovido por lo que describe o escéptico hacia su carga ideológica. Tras su lectura uno tiende a pensar que Venezuela es otro ejemplo más del poder corruptor del poder cuando este se ejerce de forma absoluta y descontrolada. Pero echaría de menos un texto que contrapesara esa sensación y que no fuera un artefacto propagandístico. La realidad es la del enorme número de venezolanos que han abandonado su país a la búsqueda de unas circunstancias más estables para sus existencias. Pero la realidad es, también, la de un país en el que aún se producen consultas electorales de las que salen elegidos quienes lo gobiernan. Incapaz de comulgar totalmente con alguna de las dos salidas de este laberinto, me gustaría eso, contrastar con obras que tomen la otra perspectiva.

domingo, 18 de julio de 2021

Israel Centeno: El arreo de los vientos

Idioma original: Español
Año de publicación: 2021
Valoración: Entre está bien y recomendable

Hay libros que bordean el abandono, libros en los que, ya sea por razón de estilo o por simple incapacidad de este lector para conectar con historia y personajes, uno no acaba de entrar. Algo así estaba ocurriendo con este "El arreo de los tiempos" del venezolano Israel Centeno en el que unos seres humano / mitológicos situados de sopetón entre lo mágico y lo real en una Caracas casi apocalíptica y en el que un lenguaje barroco, plagado de profusas descripciones, no terminaban de ayudar.

Afortunadamente, la narración gana ritmo con el transcurso de las páginas, los cabos sueltos se van uniendo gracias a finos hilos y lo que en un primer momento parecía inconexo y deslavazado va cobrando sentido. 

Así, "El arreo de los vientos" se convierte en la historia de sucesivas búsquedas y huidas a través del mal, la crueldad y la violencia en sus diferentes formas. Sus protagonistas (vampiros, brujas, filósofos...) vagarán a través del espacio y el tiempo en un recorrido que nos llevará desde los tiempos de la independencia hasta la Caracas del siglo XXI, pasando por Madrid, Moscú o el reino de Dahomey. Todo ello para construir una novela a medio camino entre la "ciencia-ficción" y el terror, un texto que podríamos calificar como de "gótico caribeño".

Es, en resumen, una novela circular con ecos de Borges o de las partes más oníricas de la trilogía "Cegador" del amigo Cartarescu, un texto en el que destaca, por encima de todo, la creación de imágenes y en el que son fundamentales la abolición, en cierta medida, de la realidad y el manejo de una serie de contrafiguras para hacer que el remolino de tiempos y lugares y los sucesivos viajes a través de portales y desconocidas dimensiones se sostengan y el libro acabe resultando bastante más interesante de lo que sus primeras páginas me hacían presagiar.

También de Israel Centeno en ULAD: Iniciaciones

lunes, 31 de mayo de 2021

Rodrigo Blanco Calderón: Simpatía

Idioma original: Español 
Año de publicación: 2021
Valoración: Bastante recomendable

Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera. Algo así, dependiendo de la traducción, viene a decir el comienzo de Ana Karenina. Ese parece ser, al menos en un primer momento y debido a un matrimonio que se derrumba y a una herencia cuanto menos extraña, el camino que va a seguir este Simpatía: el de una crónica familiar a las que tan acostumbrados nos tiene la literatura latinoamericana. Algo de eso hay, pero la cosa no es tan sencilla porque lo que se derrumba no es solo un matrimonio; tanto lo individual como lo colectivo, lo personal como lo nacional se vienen abajo y flota en el ambiente un aire de desastre y locura, de miedo y absurdo que todo lo impregna.  
Aquí, en cambio, uno siente una guerra pero no la ve. Y son los mismos desplazados, la gente misma, los que abandonan a sus perros. Eso es peor que colgarlos de un poste. Los abandonan para anunciar que se marchan de este infierno
Así que lo que en un primer momento puede ser una crónica familiar con toques de picaresca se complica. Surgen varias subtramas en las que nada es lo que parece, en las que los hechos van enredándose y entrelazándose,  y que convierten Simpatía en un "thriller político" o en una "novela de misterio", aunque no creo que el libro pueda o deba encuadrarse en una casilla determinada ya que Rodrigo juega con lo géneros como ya lo hicieron algunos de los nombres que aparecen en el texto (Borges, Bolaño, etc). Ese giro, ese convertir la novela en algo diferente y salir airoso del paso, especialmente en su parte final, es uno de los aspectos más significativos del texto. 

Otro punto favorable: el engarce entre la historia individual y la historia colectiva, entre la trama personal de Ulises y compañía y la historia reciente de Venezuela. Nuevamente la novela como metáfora de la sociedad del país.

Más: los personajes. Toca regresar al texto de la novela (a la página 178). Si algo te enseña Francis Ford Coppola es que en una buena película no hay personajes secundarios. Todos sus personajes, en caso de emergencia, por decirlo de alguna manera, deberían poder cargar con el peso de la historia. Estas frases vienen como anillo al dedo a Simpatía. La acción recae en Ulises Khan (o Kan) pero la casi totalidad de los personajes "secundarios" podrían ocupar ese lugar central. Serían novelas diferentes, claro, pero serían novelas tan interesantes o más que esta. El ejemplo más claro, para mi, es el del General Ayala, suegro de Ulises. Pero no es el único: los Aponte, Nadine...tienen enjundia más que suficiente para ser protagonistas absolutos.

Volviendo a Bolaño (¿otra vez? - sí), podría ocurrir algo así como el caso de Auxilio Lacouture. De todas formas, ya encontramos algo de esta autorreferencialidad en Simpatía cuando aparece, en una breve pero fundamental escena, el psiquiátra forense Miguel Ardiles, uno de los protagonistas centrales de The Night.

Y hablando de The Night, y aunque sé que las comparaciones son odiosas, creo que Simpatía es un pelín inferior a aquella. O, si no inferior, sí menos arriesgada, menos atrevida en el aspecto formal. Esto no quita que Simpatía, historia de orfandades, sospechas y pasadizos ambientada en un mar de mierda, sea una novela más que recomendable y que Rodrigo Blanco Calderón sea un autor de referencia del que, por edad y por lo ya leído hasta ahora, oiremos hablar mucho y bien en el futuro. Eso espero.

También de Rodrigo Blanco Calderón en ULAD: Los terneros y The Night

jueves, 29 de abril de 2021

Reseña + Entrevista: "Caracas muerde" de Héctor Torres

Idioma original: Español
Año de publicación: 2012
Valoración: Está muy bien

Dice Héctor Torres en "¿Cómo se les llama a los que nacen en Chivacoa?" que A Caracas no se la habita, se la padece. Y parece que no puede ser de otra forma en una ciudad estrepitosa y salvaje que tiene el dudoso honor de figurar siempre en los primeros puestos de los rankings de ciudades más violentas del mundo, en una ciudad en la que la violencia, la arbitrariedad y el abuso están absolutamente normalizados e institucionalizados, en una ciudad en la que conviven la inquietud, el hastío y el miedo perpetuo con una permanente "huida hacia adelante" y en la que la vida se ha convertido en una ruleta rusa (o, tal vez, venezolana)

Todos estos temas aparecen en los 30 textos, a medio camino entre la crónica y el relato, que componen "Caracas muerde". Crónica y relato entrelazados en los que es fundamental el papel del narrador omnisciente que nos pone en situación, que aporta una serie de datos reales (cifras, estadísticas, noticias...) que dan pie o se entretejen con la ficción para conformar unos textos que hablan de la relación violencia - poder -  Poder, de la paranoia y la esperanza, del miedo y la rabia, de vidas anónimas afectadas, de una u otra manera, por esa angustia cotidiana.

Si tuviera que decantarme por una como principal virtud del libro, diría que esta es la forma en la que el autor lo enfoca. Creo que la estructuración en breves "cronicarrelatos" y la individualización de los efectos de la violencia funcionan a la perfección y dotan al texto de una fuerza mayor de la que tendría si se hubiese optado por algo más "genérico". No sé, parece que impresiona más cuando se pone rostro a la desgracia que cuando de habla de miles de muerto en un terremoto en Irán, ¿no?

Pero "Caracas muerde" tiene otras virtudes. Los textos poseen lo que podríamos llamar una potente voluntad literaria. En ellos se observan diferentes estilos, influencias y mecanismos para acercarnos a la realidad: el tono periodístico, el relato casi borgiano, lo cinematográfico, lo tragicómico,  lo crítico, etc. En fin, pese a que el libro es "monotemático", el punto de vista varía a lo largo del texto y el autor sale airoso de las incursiones que realiza por diversos territorios, en buena medida gracias al ritmo que imprime. 

Vinculado a lo anterior está los diferentes registros que maneja en autor, en los que se combinan el lenguaje "de calle" (con sus venezonalismos, claro, pero sin que la lectura resulte especialmente complicada para el lector ajeno a ellos), aunque no por ello exento de licencias literarias entre las que cabe destaca la metáfora, el aforismo, etc.

Todo lo anterior confiere a "Caracas muerde" su carácter híbrido (en varios sentido) y hace de él un texto mucho más complejo y arriesgado en lo formal de lo que inicialmente podría sugerir. Y si a esto le añadimos la crudeza de las historias narradas, nos queda un libro muy pero que muy recomendable, desde luego.

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Dicho esto, transcribimos a continuación un pequeño cuestionario al que Héctor Torres ha tenido la enorme amabilidad de contestar y de hacerlo así. ¡Disfrutad!:

ULAD: Caracas ostenta desde hace décadas (o eso al menos creo recordar) uno de los índices de criminalidad más altos del mundo. Aquí imagino que entrarán en juego factores económicos, políticos, “culturales”, etc. ¿Cuál sería, en tu opinión, el peso de esos factores?

H.T.: Es posible que haya en todo eso ciertos valores culturales, como cierto culto a la viveza y a sentirse por encima de las leyes. Eso de que las leyes y el buen comportamiento son para los gallos (gente ingenua). Pero sin duda el peso más importante recae sobre la podredumbre del sistema judicial en todos sus ámbitos. Algo que arrastramos, desde antes del chavismo, de que el cumplimiento de la ley es para los pendejos. Y a eso se le agrega la laxitud de las “autoridades” con respecto a las pequeñas faltas. La incapacidad, por parte del encargado de hacer cumplir la ley, de ver que en la pequeña falta se está generando un hueco en el sistema, que irá escalando hacia faltas más graves y hacia los delitos contra las personas y las propiedades. En Venezuela no hay estrategias claras de seguridad ciudadana. Más bien, demasiado civilizado es un país en el que los policías están atendiendo sus negocios en lugar de proteger al ciudadano. Eso, cuando los ves.

ULAD: Pregunta supongo que recurrente: ¿Cómo ha afectado al chavismo a esos índices? ¿Cómo han “evolucionado” los delitos en la época Chávez – Maduro?

Muchísimo. El chavismo es una versión reloaded de todas las taras que traía Venezuela en el ejercicio del poder. La primera señal de alerta fue la militarización de la función policial. Chávez viene de un cuartel y piensa que el cuartel funciona de forma ideal. Pero, además de que eso es una fantasía propia de un rango medio delirante, la vida en la calle tiene dinámicas distintas que la de los cuarteles. Allí comenzó todo. Luego, la policía se corrompió hasta los huesos, al punto de que difícilmente queda algo rescatable en esas instituciones. Agréguesele a eso las criminales políticas del chavismo de “pacificación” de barrios, acentuado durante el período de Maduro: pactar con las bandas delictivas de los barrios para que la policía no entre en sus territorios, a cambio de que sean ellos los que establezcan el control (usualmente político) de los mismos. Es lo que llaman bajo el eufemismo de “Zonas de paz” Es la desintegración del Estado. De hecho, durante la época en que los secuestros express eran una práctica muy extendida, los testimonios de las víctimas hablan de unas operaciones sospechosamente muy bien organizadas.

ULAD: ¿Cuál es la relación del caraqueño de a pie con la violencia y con la ciudad? ¿Cómo puede sobrellevar el miedo?

H.T.: El caraqueño vive en permanente estado de suspicacia. Cuando estuve en Madrid, en diciembre de 2019, descubrí cuánto ha avanzado el daño en la psique del caraqueño. Cuando caminaba por una calle solitaria, a las 12 de la noche, de vuelta al apartamento en el que me estaba quedando, y sentir una aprensión muy fuerte cuando sentía que alguien venía una cuadra detrás de mí, es una muestra de nuestra profunda relación con la desconfianza y el miedo. Lo que pasa es que el venezolano, en general, suele ser muy sociable y dado al contacto físico y a la alegría. Eso genera un cierto equilibrio. Pero, sí, para el caraqueño ninguna cautela será suficiente.

ULAD: En su caso, pese a todo lo que cuenta en el libro, se observa una mirada empática o “cariñosa” hacia la ciudad y sus habitantes. ¿Puede ser algo así como el recuerdo del primer amor (y perdón por la cursilería)?

H.T.: Jajaja. Nada que perdonar. Yo soy cursi. De hecho, ser cursi es la nueva forma de ser punk, en tiempos en que todo el mundo quiere ser malo. Ahora, con respecto a la pregunta, yo creo que la mirada compasiva es fundamental para entenderse con el mundo exterior, si se trata de intentar comprenderlo. En mi opinión no se puede dar cuenta de los hechos que nos rodean ni de los tiempos que nos tocaron vivir sin intentar comprenderlos. Y eso pasa por una mirada compasiva y, de hecho, le agregaría, con un ánimo melancólico: Aceptar el mundo como es y sentir compasión por los personajes de esa película incesante, que no tienen ni idea de para qué están en el escenario. Solo así siento que afloran esos mecanismos ocultos que hace andar la vida.

ULAD: Yendo al aspecto más literario, me llama mucho la atención la triple condición híbrida de “Caracas muerde”. Por un lado, resulta curiosa la mezcla de crónica y relato (dos géneros con fuerte arraigo en América Latina, además). Al menos para un lector ajeno a Caracas, da la impresión de que la realidad es la base para un desarrollo ficcional posterior (o simultáneo). ¿Cuánto hay de cada uno de los géneros en “Caracas muerde”?

H.T. Todo intento de sujetar la realidad a través de la literatura termina por producir una pieza de ficción. Es inevitable. Al menos, así lo veo. De hecho, cuando somos testigos de un hecho y lo evocamos ya inevitablemente lo ordenamos contaminado por nuestra visión del mundo, que es decir por nuestros valores acerca del mundo. Por eso toda historia, por mucho que quiera apegarse a los hechos, es una representación de la realidad. Un objeto estético que sirva para afianzar la visión que uno tiene del mundo. Aferrarse a la pureza de la realidad es, desde mi punto de vista, inútil, porque desde que lo ordenamos y contamos, el hecho dejó de ser aquello para ser esto. Entonces, si de todos modos ya se va a contaminar de ficción, no veo por qué empobrecer la pieza literaria cuando se le puede enriquecer. Ezra Pound decía que la literatura es el lenguaje cargado de sentido. En todo caso, creo que hay dos tendencias en eso de contar la realidad: atender a un riguroso apego a los hechos o atender a un riguroso apego al efecto. Ya que la literatura, para mí, es una manera de entenderme con el mundo, pues yo no tengo mayor problema en sacrificar los hechos con miras a potenciar el efecto. En ese sentido, como buen fabulador, llega un punto en que no sé cuánto de imaginación y cuánto de testimonio de la realidad pura hay en cada historia que termina en mi cabeza.

ULAD: Por otro lado, pese a ser textos más o menos “monotemáticos”, en ellos observan técnicas que van casi de lo estrictamente periodístico a lo cinematográfico, pasando por lo levemente humorístico. ¿Cómo se fue modelando ese material inicial para darle una forma u otra?

H.T.: Creo que cada texto iba exigiendo su tratamiento. Es un pulso para comunicar un hallazgo al lector, pero teniendo mucha conciencia de que la fórmula de todo texto que será publicado tiene en el lector un elemento fundamental. Entonces, en ese diálogo con el lector imaginario de cada una de esas historias se imponía una estrategia distinta. No ser muy cruel en un momento, o sacudirle la modorra, o atenuar el horror, o ponerlo en perspectiva para que pueda verlo en toda su dimensión… Cada momento exige una forma de decir, así como pensamos la estrategia ante cada situación en que tenemos que comunicarnos con otro: desde pedir un aumento de sueldo hasta decirle al vecino que te tiene harto con la música.

ULAD: Por último, el habla coloquial o el “slang” caraqueño y el lenguaje más “poética” conviven a la perfección en el texto y en gran medida gracias a la posición del narrador a lo largo del mismo. ¿Qué determinó la elección de ese tipo de narrador en concreto?

H.T.: Creo que tiene relación con lo anterior. La voz del narrador inevitablemente tiene una íntima relación con la voz del autor. Yo soy ese punto intermedio en que en efecto vengo de un hogar de una mujer que crió a sus hijos sola, y crecí en esa frontera donde termina la ciudad y comienza la vida sin ley de los barrios. Ese punto medio, que no creció siendo un tipo duro pero tampoco podía darse el lujo de sentirse demasiado protegido. Y creo que, de una forma u otra, eso es característico de la caraqueñidad: las niñas que estudian en colegios de monjas son “malandras” y los muchachos que se crían en barrios pueden ir a la universidad (bueno, podían. El chavismo se encargó de destruir la universidad pública). Entonces, como en ciertos espacios todo el mundo convive más o menos con todo el mundo, todo el mundo se maneja con slang independientemente de su condición socioeconómica o educativa.

ULAD: A lo largo del texto se menciona en varias ocasiones a Borges y casualmente uno de los textos que más me ha gustado es el “Como en un Aleph de pesadilla”, pero también me parece ver cosas de Carver y el realismo sucio estadounidense. ¿Pueden ser estas influencias una metáfora perfecta del carácter bipolar de ciudad?

H.T.: Sí, una observación muy aguda. Es posible. Y eso es Caracas: la vida en todo su esplendor. Esa belleza y ese espanto al cual se refiere Rilke en un solo lugar. En todo caso, Borges es un amuleto de la buena prosa del cual no me he podido zafar. Creo que, indistintamente del tono, en ambos casos hay un apego profundo a la belleza y a la eficacia del lenguaje.

ULAD: Para terminar, ¿la realidad supera a la ficción en Caracas?

H.T.: Sin ninguna duda. En general, creo que Latinoamérica es la región donde la ficción palidece por falta de imaginación. En ciudades de México, Colombia o Venezuela cualquier ciudadano común ha visto en la vida real una violencia que un ciudadano promedio de una ciudad más sosegada solo ha visto en la televisión. Que “las autoridades” saquen de la cárcel a un peligroso delincuente para que le arrebate a otro el control de un barrio, porque se puso demasiado independiente, y que al no lograrlo, tras tres días de intensos tiroteos, lo hayan liquidado, eso supera cualquier fantasía de crónica negra que se le pueda ocurrir a un guionista. Y ese cuento corrió por las redes hace poco en Caracas acerca de un enfrentamiento en Petare. Que sea rigurosamente cierto es irrelevante. La gente lo puede creer y eso basta para que sea realidad.

jueves, 5 de noviembre de 2020

Arturo Úslar Pietri: Estación de máscaras

Idioma original: Español
Año de publicación: 1964
Valoración: Bastante recomendable

Si en "Un retrato en la geografía" nos encontrábamos con un relato protagonizado por los miembros de la familia Collado (sobre todo, por su hijo menor Álvaro), ambientado en los convulsos últimos años de la dictadura de Gómez y en los meses posteriores a la muerte del tirano (1935-1938 aproximadamente) y que ofrecía varias lecturas (novela de formación, crítica político-social y "ensayo" sobre la "venezolaneidad"), en "Estación de máscaras" nos encontramos con un texto más novelesco que se sitúa en el año 1948 y que es protagonizado, casi en exclusiva, por Álvaro Collado.

1948 es el año elegido por Collado para su retorno a Venezuela tras diez años de exilio que no hacen otra cosa que ahondar el abismo entre quienes quedaron y quien marchó, pese a que la situación, en el fondo, no haya cambiado tanto porque todo es un teatro con la constante repetición de un solo acto. Diez años para un regreso que es el punto de partida de una novela bastante mejor que su predecesora (o esa es mi impresión), tanto por ritmo, por historia, como por su mayor osadía técnica.

Si hablamos de la técnica de la novela, hemos de decir que "Estación de máscaras" juega, sobre todo en su primera mitad, con dos viajes (el retorno en barco y un recorrido en coche por una Caracas de Carnaval) de dos personajes (Álvaro Collado y Lázaro Agotángel) y un intervalo de diez años (1938-1948), para presentar situaciones y personajes y ubicarlos en el momento en el que transcurre la acción. Cambios de tiempo y cambios de narrador que unidos conforman un muy logrado cuadro en varios planos. Si a esto le añadimos que "Estación de máscaras" es una novela "cinematográfica", con escenas que semejan travellings muy bien resueltos, nos queda un novela más arriesgada que "Un retrato en la geografía".

En cuanto al ritmo y la historia, debemos hablar, obviamente, del contexto político. Este es fundamental, especialmente en la segunda mitad de la novela, pero no llega a centrar la narración como lo hacía en "Un retrato en la geografía". Así, "Estación de mascaras" es más un relato sobre el desarraigo, la imposibilidad o no de retornar, la erosión del tiempo, la dualidad pensamiento / acción o las más variadas pasiones humanas, enmarcado (eso sí) en un contexto sociopolítico muy concreto (el auge petrolero, las inestabilidad política, etc.). Por lo tanto, el alejamiento de lo "político-filosófico" y la mayor atención a lo estrictamente novelesco benefician de forma notable al texto, que gana en agilidad con respecto a su predecesora.

Todo lo anterior convierte a esta olvidadísima "Estación de máscaras" en una muy buena novela, emparentada de forma clara con otras obras de tiempos lejanos (es evidente el eco homérico) o no tan lejanos, como la magnífica "La ciudad y los perros".

También de Úslar Pietri en ULAD: Un retrato en la geografíaLa isla de Robinsón y Las lanzas coloradas

miércoles, 30 de septiembre de 2020

Arturo Úslar Pietri: Un retrato en la geografía

Idioma original: Español
Idioma original: Español
Año de publicación: 1962
Valoración: Recomendable

Creo haber hablado en varias ocasiones de autores latinoamericanos que han sido "sobrepasados" por el fenómeno del boom. Uno de esos autores es el venezolano Arturo Úslar Pietri, bastante olvidado por estos lares pese a ser el autor, por ejemplo, de la magnífica "Las lanzas coloradas".

Publicada originalmente en 1962, mismo año en el que se publicaron, entre otras, Rayuela y Bomarzo, "Un retrato en la geografía" es la primera parte de lo que iba a ser una trilogía (El laberinto de Fortuna) y quedó finalmente reducido a un binomio que en breve completaremos con la reseña de "Estación de máscaras".

Aunque las primeras páginas de la novela pueden dar la impresión de estar ante una "novela sobre dictadores", debido a que en ellas encontramos a un general opositor encarcelado y una más o menos extensa enumeración de las diferentes revueltas, pronunciamientos, etc que dominaron la política venezolana de finales del XIX (principios del XX, del XXI...), "Un retrato en la geografía" se aleja rápidamente de la figura del caudillo de turno y se acerca a un retrato en tres dimensiones (política, económica y sentimental) de la clase media-alta venezolana. Aquí hay que mencionar que el propio Úslar procedía de una de esas familias de "alta alcurnia" y que a lo largo de su vida ostentó diversos cargos políticos de alta responsabilidad, por lo que cabe deducir que sabía de lo que hablaba.

Así, "Un retrato en la geografía", protagonizada por los miembros de la familia Collado y ambientada en torno a los convulsos años 1935-1938, en los últimos momentos de la dictadura de Gómez y en los meses posteriores a la muerte del tirano, ofrece varias lecturas no excluyentes entre sí:

- Como novela de formación, siendo Álvaro Collado, segundo hijo de la familia, su principal protagonista. 

- Como crítica político-social, fundamentalmente en la poco desarrollada parte económica. 

- Como "ensayo" sobre la "venezolaneidad" (perdón por la palabra), sobre cómo cada uno de los personajes lo ve, lo siente, lo interpreta y en función de ello actúa. 

Puestos a elegir, me quedo con la parte "formativa" de la novela, en la cual aparecen bien engarzados los dos aspectos, político y sentimental, que determinan la personalidad del protagonista y, sobre todo, con la parte "ensayística". Esta última me parece la más interesante, tanto por mostrarnos un país complejo, contradictorio y excesivo - desde luego, más complicado de lo que las noticias que llegan a Europa pueden sugerir - como por ofrecernos la posibilidad de acercarnos a su situación actual, aunque se trate de un texto de hace casi 60 años y de hechos ocurridos hace 85. Quizá las motivaciones no han cambiado tanto, pese a que puedan vestirse con otros ropajes; quizá de aquellos polvos, estos lodos.

"Se podría escribir una especie de novela surrealista sobre el petróleo en Venezuela"

"Para gobernarlo hay que tener mucho de cacique indio, como tenía Gómez, pero también mucho de técnico para poder llevar adelante la solución de los problemas reales" 

"Esa angustia por saber lo que somos es posiblemente hispanoamericana, pero esa exaltada manía de grandeza, esa esperanza en las soluciones mágicas, que está en el fondo de todos nosotros, es indudablemente nuestra"

"Los venezolanos no tenemos memoria y la experiencia no nos sirve absolutamente de nada..."

"Soportamos al caudillo sin pestañear, pero al hombre de pensamiento no le damos tregua"

En el lado menos positivo, y aunque parece que pueda entrar en contradicción con lo anterior, el escaso desarrollo de la parte económica, absorbida por la vertiente más política. Y es una pena porque los trapicheos a cuenta de una concesión petrolera (gracias, por otra parte, a la inestabilidad política) prometían mucho pero acaban, en cierto modo, arrinconados y pendientes de cierre. Una lástima, ya os digo, porque creo que si Úslar hubiese conseguido rematar esa parte de la trama, la novela sería aun mejor. Aunque igual convenga esperar a "Estación de máscaras" y ahí todo cobre sentido. Ya veremos.

También de Úslar Pietri en ULAD: Las lanzas coloradas La isla de Róbinson Estación de máscaras

viernes, 18 de septiembre de 2020

Magdalena López: Penínsulas rotas

Idioma original:
español 
Año de publicación: 2020
Valoración: recomendable 

Los lectores más regulares y veteranos de ULAD quizás reconozcan el nombre de Magdalena López, porque ella misma fue, en el pasado colaboradora ocasional del blog, con contribuciones relativas sobre todo a la literatura caribeña, en la que es una destacada y reconocida especialista. Sobre este espacio geográfico, político y cultural, que incluye también la Venezuela de la que es originaria, ha publicado ensayos académicos y antologías literarias.

Y este contexto geográfico es también el que vertebra su primera novela, publicada con el significativo título de Penínsulas rotas. En efecto, la familia Garcés-Gil, que está en el centro de la narrativa, está estrechamente vinculada no solo con la historia venezolana del siglo XX y XXI (desde la dictadura de Pérez Jiménez hasta el ascenso del chavismo), sino también con la del resto de países caribeños (sobre todo Nicaragua, muerto ya Sandino y con Anastasio Somoza en el poder) e incluso con la historia de la Península Ibérica, ya que uno de los personajes estuvo implicado en la Operación Dulcinea, que pretendía lograr la derrota de las dictaduras de Franco y Salazar secuestrando el barco Santa María y llevándolo hasta una de las colonias portuguesas en África.
 
En primer plano, sin embargo, lo que tenemos es una saga familiar, encabezada por el teniente Garcés Acosta y la rebelde abuela Eloísa, y que se amplía hasta los cuatro primos de la última generación, e incluyendo a La Maligna, una de sus tías, que despojada de nombre parece querer apropiarse de todo lo que no le pertenece. Es una familia plagada de abandonos y suspicacias, donde abundan los deseos de control y de poder, pero también de rebeldía y libertad, con voluntades fuertemente enfrentadas y una necesidad de cariño y reconocimiento muchas veces insatisfecha. La cita que sirve de epígrafe a la novela parece referirse a esta necesidad de recomponer una familia quebrada (como también, sin duda, un territorio resquebrajado por la violencia política):

Break a vase, and the love that reassembles the fragments is stronger than the love which took its symmetry for granted when it was whole. (Derek Walcott)
 
Penínsulas rotas es ambiciosa en su estructura y en su técnica narrativa. La primera sección, que es sin duda la más ágil, ambiciosa y lograda de la novela, alterna voces y tiempos, desde 1945 hasta 2020, con breves capítulos escritos desde las perspectivas de la abuela Eloísa, la nieta Delfina, el tío Salvador, el primo Rodrigo o incluso la perra Bonita. Esta visión poliédrica nos permite conocer la historia de la familia, sobre todo en la segunda mitad del siglo XX, y también las diversas personalidades, ideologías y creencias de los personajes que la forman. 
 
Tras una sección más breve que sirve de entreacto, compuesta por las cartas enviadas por Salvador desde el Liceo Militar de La Grita, la tercera y última parte (centrada en la década 2001-2010, época de la instauración del chavismo en el poder) adoptan la voz de una de las nietas la abuela Eloísa, que se reúne con el resto de la familia con motivo del funeral del abuelo, el teniente Garcés, cerrando así en cierto modo el círculo narrativo. Esta sustitución de la narrativa coral por la primera persona puede representar ese deseo de "reconstruir el jarrón roto", alcanzando una cicatrización difícil de las heridas y de las identidades, si bien la propia narradora de esta tercera sección también está atravesada por sus propias heridas y resquebrajamientos. Es difícil decir, así, si la conclusión de la novela es un final o punto y seguido, un happy ending o un capítulo más en un proceso que nunca puede cerrarse completamente, porque no hay identidad (individual o colectviva) que no contenga fracturas o excluya restos.

No hay duda de que Penínsulas rotas, a pesar de su estilo desenfadado, con una oralidad muy venezolana, es una novela exigente, sobre todo para un lector español probablemente no tan familiarizado con la historia política de Venezuela y del Caribe; precisamente por eso se han introducido dos pequeños apoyos: un árbol genealógico de la familia Garcés-Gil (lo que le da a la novela un aire decimonónico o macondiano que el texto se ocupa de desmentir), y un prólogo en el que la autora ofrece un rápido resumen de los trazos fundamentales de la historia de la región, presentando algunos de sus personajes, movimientos y momentos esenciales. Con estos apoyos, y con los hilos y pistas que Magdalena López ofrece a lo largo del texto, el lector acaba por conseguir reconstruir, el jarrón roto de la saga familiar y de la historia venezolana y caribeña reciente.

martes, 14 de julio de 2020

Reseña + Entrevista: "Crema Paraíso", de Camilo Pino

Idioma original: Español
Año de publicación: 2020
Valoración: Más que recomendable

Una invitación para acudir a un reality show, mezcla de "Quién sabe dónde" "Gran Hermano", que emite una televisión alemana es el punto de partida de la disparatada comedia de equívocos que es esta "Crema Paraíso" del venezolano Camilo Pino. Aunque "Crema Paraíso" no es solo eso. Es también, entre otras cosas, la crónica de un desencanto generacional y una nueva vuelta de tuerca al dilema entre "alta" y "baja" cultura, a los mecanismos que determinan esta clasificación y a la línea que separa el éxito y el fracaso.

Para que los ingredientes de esta mezcla tan ecléctica no exploten, Pino sitúa la novela en dos tiempos con dos narradores diferenciados y la construye en base a personajes y situaciones contrapuestas y a mucho humor inglés (pero de ese que juega con lo grotesco) con toques caribeños. 

Un ejemplo: Los personajes de Emiliano Dubuc (50 años, jugador compulsivo de Candy Crush que vive en Miami en una situación económica más bien precaria) y Alfonso Dubuc (mejor poeta venezolano de su generación y padre acechado por la culpa convertido, con el tiempo, en un viejo verde al que la cabeza parece no regirle demasiado bien). 

Otro: La estancia de Alfonso Dubuc, a comienzos de los 80, en el Primer Congreso de Escritores Latinoamericanos de La Habana. Viaje y estancia entre lo tragicómico, lo patético y lo delirante finalizados de forma abrupta y sorprendente que suponen, al mismo tiempo, un fracaso, una pérdida de la inocencia y el definitivo despegue de Dubuc como poeta. Hasta ese momento, no era otra cosa que un poetilla de segunda o tercera fila que, de golpe y porrazo, comienza a "codearse" con Ernesto Cardenal (ojo a cómo aparece caracterizado), Mario Benedetti o Fidel Castro y a publicar en destacadas revistas y editoriales.

Otro más: El reality show, que supone el reencuentro de Alfonso con Beata Schultz, con quien mantuvo un breve "affaire" durante el citado Congreso habanero. Esta parte es la más disparatada de todas y con la que más me he podido reír. Situaciones equívocas, absurdas, grotescas y rocambolescas que acaban cerrando el círculo de los hechos ocurridos años atrás.

En el lado positivo de la novela destacaría, por encima de todo, su frenético ritmo. 250 páginas plagadas de personajes que no son lo que parecen, que se leen "fácil", que pasan en un santiamén y que, al mismo tiempo que divierten (y mucho), dejan una serie de temas en el aire sobre las que igual tendríamos que dar un par de vueltas. En el menos positivo, creo que la parte final está algo desaprovechada. Me he reído un montón con las peripecias alemanas de los Dubuc, con sus historietas casi surrealistas, y me da la sensación de que podrían haber dado más juego. O quizá es solo que me lo estaba pasando en grande y me jodió que terminara.

Pese a esto último, buen sabor de boca el que me ha dejado este "Crema Paraíso" y su limonada frappé.

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Y ahora, un breve cuestionario al que Camilo Pino accedió amablemente a contestar. ¡Muchísimas gracias, Camilo!

ULAD: En la reseña definimos "Crema Paraíso" (como descripción general, aunque es mucho más que eso) como "disparatada comedia de equívocos con mucho humor inglés y toques caribeños". ¿Cómo la definiría Camilo Pino?

C.P.: Esa frase captura el espíritu de la novela. Agregaría que hay una lógica dentro del delirio, que es una novela de padre e hijo, que el padre es un gran poeta, y el hijo un joven obsesionado con el dinero, y que se embarcan en dos viajes, uno hacia la América Latina de principios de los ochenta, cuando todavía se podía creer en la revolución cubana, y otro, en el presente, a las profundidades del entretenimiento basura en Europa y los Estados Unidos. Y que en el camino se tropiezan con la poesía, pero no una poesía luminosa, sino más bien dionisíaca y errática, avergonzada de su belleza. Pero si tuviéramos que resumir todo en una frase, me quedaría con la tuya.

ULAD: En la novela se juega con el concepto de éxito y fracaso y con la construcción de aquel. En su opinión, ¿en qué medida depende el éxito o el fracaso de una obra o autor de elementos "extraliterarios"?

C.P.: A corto plazo, mucho, muchísimo. Hay elementos “extraliterarios” que pueden determinar la recepción inicial de una obra: el padrinazgo de una persona famosa o respetada por los lectores, el gusto del momento, tener una fuerte presencia en las redes sociales, ganarse un premio reconocido, contar con el apoyo de una campaña de mercadeo, hasta la personalidad de un autor pueden hacer despegar un libro. Lo difícil es mantenerlo vivo, que se lea más allá de ese impulso inicial y sobre todo, que establezca una conexión real con un grupo de lectores.

Yo creo que con el tiempo los libros malos desaparecen y que muchos de los buenos van haciendo su camino por sí mismos, a veces muy lentamente. También creo que los elementos extraliterarios son necesarios, inevitables, y que toca convivir con ellos. Lo importante es que los escritores no olvidemos que nuestra responsabilidad final es para con la escritura, que el resto es accesorio.

ULAD: Siguiendo un poco con lo anterior, la imagen que se da del "establishment literario latinoamericano" de los años 80 no es demasiado positiva. ¿Qué le parece el "establisment" de 2020? Y, ahora que vive en los Estados Unidos, ¿qué diferencias hay entre el "establishment" estadounidense y el venezolano?

C.P.: Vivo en Miami, una ciudad que, como dice Hernán Vera Álvarez, detesta a los intelectuales. Los escritores aquí somos como borrachitos que nos reunimos escondidos en las dos librerías independientes de la ciudad. Aunque hay que admitir que somos disciplinados y persistentes. De hecho, hay grupos como Suburbano, que editan y producen eventos y que han logrado crear una comunidad literaria en español. Y también está la Feria del libro de Miami, que tiene un programa en español bastante decente. Pero la verdad es que el gran mundo literario estadounidense orbita en otra galaxia que gira alrededor de Nueva York y que ignora por completo la producción en español.

En cuanto al mundo literario venezolano, pues está pasando un proceso de transformación muy grande. La industria editorial está diezmada y un porcentaje enorme de los escritores, quizás la mayoría, vivimos en el extranjero. Han pasado dos cosas: Nos hemos internacionalizado y nos hemos desplazado al mundo digital, con todo lo que eso implica. Aunque supongo que la industria en pleno se está moviendo a Internet de una manera u otra. Quizás nos estemos adelantando.

ULAD: Asistimos en la novela al desencanto o la desafección de Dubuc hacia la Revolución cubana, al tiempo que otros autores permanecen, bien por comodidad o cobardía, a su sombra. ¿Puede ser extrapolable a la situación actual de Venezuela? ¿Puede, en este sentido, constituir el texto un llamado a cierta parte de la intelectualidad latinoamericana o europea?

C.P.: No hay dictador sin juglar. Piensa en los futuristas, o en poetas como Ezra Pound, que se entregaron de cuerpo y alma al fascismo. Yo escribo sobre los escritores latinoamericanos revolucionarios y su complicidad con los hermanos Castro, porque es una realidad que conozco bien y que sufro directamente, pero siempre ha habido complicidad entre una clase intelectual y el régimen dictatorial de turno.

Y es cierto, esa complicidad prevalece en muchas instituciones culturales y académicas de Europa y lo Estados Unidos. La izquierda caviar, o Disney, o exquisita (la tradición es larga y por eso tiene tantos nombres) ha hecho un daño enorme, en algunos casos irreparable y no estoy hablando de censura o de la marginación sistemática de ciertos escritores, estoy hablando de hambre, violencia y muerte. Disculpa lo afectado, pero es así.

ULAD: Por último, asistimos a un auge de la literatura venezolana en los últimos tiempos. Al menos en España, podemos acceder a la obra de Rodrigo Blanco, de Juan Carlos Méndez Guédez, Alberto Barrera, Karina Sainz Borgo, un tal Camilo Pino...y se ha recuperado la obra de autores como Teresa de la Parra, Victoria de Stefano o Úslar Pietri. Pese a que son autores muy diferentes entre sí, ¿podemos hablar de un "miniboom" venezolano?

C.P.: Yo creo que sí, que se puede hablar un pequeño boom. Barrera Tyszka abrió en camino con La enfermedad y luego con Patria o muerte y desde entonces se está publicando y leyendo más literatura venezolana fuera del país. Dicen que las crisis son grandes fuentes de material literario, y quizás esa sea una de las explicaciones (desafortunadamente). El otro motivo puede ser la internacionalización de los escritores y lectores venezolanos. Pero teorizar sobre estos fenómenos siempre es arriesgado. Lo que sí te puedo decir es que sería estupendo pasar de pequeño boom, a boom de verdad.

ULAD: La pregunta más seria e importante de todas: ¿Realmente merecía Dylan el Nobel?


C.P.: No más que el poeta Dubuc. A ver, Dylan es un gran artista, un excelente músico. Sus letras son buenas, pero no son superiores a la producción de cualquier poeta medianamente decente. Y por lo que veo, el Nobel lo traía sin cuidado. Ni siquiera se presentó en la ceremonia y parece que se copió la mitad del discurso de aceptación. Con tanto escritor de calidad pasando trabajo en el mundo, es injusto otorgarle un Nobel a un cantante famoso y millonario. Esa decisión la tomó un jurado desconectado con la realidad. Fíjate en lo que pasó después. El Nobel perdió un montón de credibilidad y terminó enredándose en escándalos más disparatados que los de Crema Paraíso.