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miércoles, 30 de septiembre de 2020

Arturo Úslar Pietri: Un retrato en la geografía

Idioma original: Español
Idioma original: Español
Año de publicación: 1962
Valoración: Recomendable

Creo haber hablado en varias ocasiones de autores latinoamericanos que han sido "sobrepasados" por el fenómeno del boom. Uno de esos autores es el venezolano Arturo Úslar Pietri, bastante olvidado por estos lares pese a ser el autor, por ejemplo, de la magnífica "Las lanzas coloradas".

Publicada originalmente en 1962, mismo año en el que se publicaron, entre otras, Rayuela y Bomarzo, "Un retrato en la geografía" es la primera parte de lo que iba a ser una trilogía (El laberinto de Fortuna) y quedó finalmente reducido a un binomio que en breve completaremos con la reseña de "Estación de máscaras".

Aunque las primeras páginas de la novela pueden dar la impresión de estar ante una "novela sobre dictadores", debido a que en ellas encontramos a un general opositor encarcelado y una más o menos extensa enumeración de las diferentes revueltas, pronunciamientos, etc que dominaron la política venezolana de finales del XIX (principios del XX, del XXI...), "Un retrato en la geografía" se aleja rápidamente de la figura del caudillo de turno y se acerca a un retrato en tres dimensiones (política, económica y sentimental) de la clase media-alta venezolana. Aquí hay que mencionar que el propio Úslar procedía de una de esas familias de "alta alcurnia" y que a lo largo de su vida ostentó diversos cargos políticos de alta responsabilidad, por lo que cabe deducir que sabía de lo que hablaba.

Así, "Un retrato en la geografía", protagonizada por los miembros de la familia Collado y ambientada en torno a los convulsos años 1935-1938, en los últimos momentos de la dictadura de Gómez y en los meses posteriores a la muerte del tirano, ofrece varias lecturas no excluyentes entre sí:

- Como novela de formación, siendo Álvaro Collado, segundo hijo de la familia, su principal protagonista. 

- Como crítica político-social, fundamentalmente en la poco desarrollada parte económica. 

- Como "ensayo" sobre la "venezolaneidad" (perdón por la palabra), sobre cómo cada uno de los personajes lo ve, lo siente, lo interpreta y en función de ello actúa. 

Puestos a elegir, me quedo con la parte "formativa" de la novela, en la cual aparecen bien engarzados los dos aspectos, político y sentimental, que determinan la personalidad del protagonista y, sobre todo, con la parte "ensayística". Esta última me parece la más interesante, tanto por mostrarnos un país complejo, contradictorio y excesivo - desde luego, más complicado de lo que las noticias que llegan a Europa pueden sugerir - como por ofrecernos la posibilidad de acercarnos a su situación actual, aunque se trate de un texto de hace casi 60 años y de hechos ocurridos hace 85. Quizá las motivaciones no han cambiado tanto, pese a que puedan vestirse con otros ropajes; quizá de aquellos polvos, estos lodos.

"Se podría escribir una especie de novela surrealista sobre el petróleo en Venezuela"

"Para gobernarlo hay que tener mucho de cacique indio, como tenía Gómez, pero también mucho de técnico para poder llevar adelante la solución de los problemas reales" 

"Esa angustia por saber lo que somos es posiblemente hispanoamericana, pero esa exaltada manía de grandeza, esa esperanza en las soluciones mágicas, que está en el fondo de todos nosotros, es indudablemente nuestra"

"Los venezolanos no tenemos memoria y la experiencia no nos sirve absolutamente de nada..."

"Soportamos al caudillo sin pestañear, pero al hombre de pensamiento no le damos tregua"

En el lado menos positivo, y aunque parece que pueda entrar en contradicción con lo anterior, el escaso desarrollo de la parte económica, absorbida por la vertiente más política. Y es una pena porque los trapicheos a cuenta de una concesión petrolera (gracias, por otra parte, a la inestabilidad política) prometían mucho pero acaban, en cierto modo, arrinconados y pendientes de cierre. Una lástima, ya os digo, porque creo que si Úslar hubiese conseguido rematar esa parte de la trama, la novela sería aun mejor. Aunque igual convenga esperar a "Estación de máscaras" y ahí todo cobre sentido. Ya veremos.

También de Úslar Pietri en ULAD: Las lanzas coloradas La isla de Róbinson Estación de máscaras

jueves, 5 de noviembre de 2020

Arturo Úslar Pietri: Estación de máscaras

Idioma original: Español
Año de publicación: 1964
Valoración: Bastante recomendable

Si en "Un retrato en la geografía" nos encontrábamos con un relato protagonizado por los miembros de la familia Collado (sobre todo, por su hijo menor Álvaro), ambientado en los convulsos últimos años de la dictadura de Gómez y en los meses posteriores a la muerte del tirano (1935-1938 aproximadamente) y que ofrecía varias lecturas (novela de formación, crítica político-social y "ensayo" sobre la "venezolaneidad"), en "Estación de máscaras" nos encontramos con un texto más novelesco que se sitúa en el año 1948 y que es protagonizado, casi en exclusiva, por Álvaro Collado.

1948 es el año elegido por Collado para su retorno a Venezuela tras diez años de exilio que no hacen otra cosa que ahondar el abismo entre quienes quedaron y quien marchó, pese a que la situación, en el fondo, no haya cambiado tanto porque todo es un teatro con la constante repetición de un solo acto. Diez años para un regreso que es el punto de partida de una novela bastante mejor que su predecesora (o esa es mi impresión), tanto por ritmo, por historia, como por su mayor osadía técnica.

Si hablamos de la técnica de la novela, hemos de decir que "Estación de máscaras" juega, sobre todo en su primera mitad, con dos viajes (el retorno en barco y un recorrido en coche por una Caracas de Carnaval) de dos personajes (Álvaro Collado y Lázaro Agotángel) y un intervalo de diez años (1938-1948), para presentar situaciones y personajes y ubicarlos en el momento en el que transcurre la acción. Cambios de tiempo y cambios de narrador que unidos conforman un muy logrado cuadro en varios planos. Si a esto le añadimos que "Estación de máscaras" es una novela "cinematográfica", con escenas que semejan travellings muy bien resueltos, nos queda un novela más arriesgada que "Un retrato en la geografía".

En cuanto al ritmo y la historia, debemos hablar, obviamente, del contexto político. Este es fundamental, especialmente en la segunda mitad de la novela, pero no llega a centrar la narración como lo hacía en "Un retrato en la geografía". Así, "Estación de mascaras" es más un relato sobre el desarraigo, la imposibilidad o no de retornar, la erosión del tiempo, la dualidad pensamiento / acción o las más variadas pasiones humanas, enmarcado (eso sí) en un contexto sociopolítico muy concreto (el auge petrolero, las inestabilidad política, etc.). Por lo tanto, el alejamiento de lo "político-filosófico" y la mayor atención a lo estrictamente novelesco benefician de forma notable al texto, que gana en agilidad con respecto a su predecesora.

Todo lo anterior convierte a esta olvidadísima "Estación de máscaras" en una muy buena novela, emparentada de forma clara con otras obras de tiempos lejanos (es evidente el eco homérico) o no tan lejanos, como la magnífica "La ciudad y los perros".

También de Úslar Pietri en ULAD: Un retrato en la geografíaLa isla de Robinsón y Las lanzas coloradas

domingo, 19 de febrero de 2012

Arturo Uslar Pietri: Las lanzas coloradas

Idioma original: español
Año de publicación: 1930
Valoración: Muy recomendable

La literatura puede hacer muchas cosas con la historia: puede tomarla como fuente de inspiración, puede complementarla con pequeñas historias cotidianas, puede usarla como simple motivo narrativo... Puede respetarla y someterse a sus dictados sobre la "verdad histórica" (no vamos a entrar a discutir si eso existe o no), o puede manipularla y someterla a la "verdad poética", o dicho en otras palabras, modificar los hechos para conseguir el efecto estético deseado (y tiene todo el derecho a hacerlo, precisamente porque, como ya dijo Aristóteles, la literatura no es historia).

Eso es precisamente lo que hace Arturo Uslar Pietri en Las lanzas coloradas: partir de un episodio fundamental de la historia de la Independencia de Venezuela (la Batalla de La Victoria entre "realistas" -favorables a la corona española- y "patriotas" -favorables a la independencia-), y tomarse las libertades factuales que considera necesarias para construir una trama literaria acabada y redonda; la más importante de estas licencias es situar a Bolívar en un campo de batalla en el que nunca estuvo, consiguiendo así un efecto narrativo final que se habría perdido de seguir al pie de la letra el dictado de los hechos.

Pero al margen de estas licencias históricas, lo que Uslar Pietri escribió es una gran novela, una novela magnífica. A través de dos planos superpuestos (el público-histórico y el privado), consigue ofrecernos una visión completa de la sociedad venezolana en el momento de sumergirse en el torbellino de la guerra. Boves (cruelísimo general "godo") y sus siete mil lanceros, y Bolívar (el Libertador deseado) son los polos en el plano histórico; Fernando Fontas (abúlico terrateniente de provincias que solo se decide a apoyar a los republicanos cuando lo ha perdido todo) y Presentación Campos (su brutal mayordomo, esclavo ahora autoliberado y enrolado en las tropas españolistas) lo son en el privado.

La novela va creciendo a medida que avanzan las páginas: va creciendo en ritmo, en intensidad, en fuerza. Tras unos primeros capítulos sosegados y casi costumbristas, la acción se desboca desde el momento en que Presentación Campos decide rebelarse y entrar de cabeza en la guerra, empujando a Fernando Fontas a hacer lo mismo. Los dos últimos capítulos tienen la fuerza y la emotividad épica de una sinfonía romántica: las cargas de caballería, los cañones disparando constantes, lo individual armónicamente entrelazado con lo colectivo, la sangre volando por todas partes. (Me vienen a la cabeza, no puedo evitarlo, las imágenes de las escenas bélicas de las películas de El señor de los anillos).

Las lanzas coloradas es una grandísima novela, quizás injustamente ensombrecida por la enorme cantidad de grandísimas novelas que se escribieron en Hispanoamérica durante el siglo XX. Pero merece la pena, sobre todo para ver lo que es una "buena" novela histórica, y no muchas otras que pasan por ello hoy en día.

miércoles, 20 de octubre de 2021

José Antonio Ramos Sucre: Insomnio

Idioma original: Español
Año de publicación: 2021 (recopilación de textos publicados originalmente entre 1925 y 1929)
Valoración: Muy recomendable

Pese a la brevedad de su obra, José Antonio Ramos Sucre (1890 – 1930) es, junto a Rómulo Gallegos, Julio Garmendia o Arturo Úslar Pietri, uno de los clásicos del siglo XX de las letras venezolanas. Apenas cinco libros - Trizas de papel (1921), Sobre las huellas de Humboldt (1923), La torre de timón (1925), El cielo de esmalte (1929) y Las formas del fuego (1929) - conforman la totalidad de la obra del cumanés, pero son más que suficientes para justificar tan alta consideración del autor.

Pero si son cinco los libros de Ramos Sucre y ninguno se titula "Insomnio", ¿ante qué carajo estamos?. Bien, pues es la recopilación de una serie de textos recogidos en sus tres obras finales y vinculados de forma más o menos directa con el insomnio que padeció el autor y que llevó a su suicidio. Abreviando, se trata de textos situados a medio camino entre la vigilia y el sueño, entre lo autobiográfico y lo onírico, pero siempre dotados de una oscura belleza amplificada por las imágenes y atmósferas creadas por el autor.

Ya la primera frase de Preludio, texto que abre la antología, da el tono general que encontraremos el “Insomnio”, que posteriormente se puede corroborar, por ejemplo, en los siguientes extractos de La nave de las almas o El desesperado:

Yo quisiera estar entre vacías tinieblas, porque el mundo lastima cruelmente mis sentidos y la vida me aflige, impertinente amada que me cuenta amarguras

Recuerdo apenas el lugar de mi ausencia. Una columna de fuego iluminaba el clima boreal. Yo me había perdido en un desierto de nieve.

He sentido el estupor y la felicidad de la muerte. Un aura deliciosa, viajera de otros mundos, solazaba mi frente e invitaba al canto de los cisnes del alba.

Por lo tanto, la escritura de Ramos Sucre nace de la experiencia personal y adopta un tono entre confesional y exorcizador que se va volviendo más angustioso, oscuro y críptico conforme avanza el tiempo. Así, en algunos de los poemas en prosa / microrrelatos / apuntes de diario / estampas (la frontera es difusa)  de La torre de Timón se puede apreciar una leve esperanza o un ligero toque de humor que desaparecen en El cielo de esmalte y Las formas de fuego.  

En cuanto a posibles referencias, pese a que en lo espaciotemporal la obra de Ramos Sucre podría ligarse a corrientes de vanguardia de la época, a mi me vienen a la cabeza un Isidore Ducasse (conde de Lautreamont) menos "bestia" o poetas románticos del siglo XIX. El tono tenue e irreal de sus textos, sus atmósferas cargadas de niebla, jinetes en la oscuridad, muerte y ensoñaciones que lo acercan a los "cuentos góticos", la infancia como momento clave, las referencias clásicas, etc sitúan a Ramos Sucre por encima de modas y experimentos más o menos efímeros y confieren a su obra una atemporalidad de la que es muestra evidente la influencia que puede observarse en autores de décadas posteriores. Igual es cosa mía, pero algo de Ramos Sucre hay en Silvina Ocampo, en Mariana Enríquez, etc.

Resumiendo: interesantísima y arriesgada (en los términos a los que me refería en la reciente reseña de Una novela que comienza de Macedonio Fernández) recuperación de un autor capital en las letras venezolanas que espero tenga los lectores y el reconocimiento que debería a este lado del charco. Sus textos lo merecen.

martes, 14 de julio de 2020

Reseña + Entrevista: "Crema Paraíso", de Camilo Pino

Idioma original: Español
Año de publicación: 2020
Valoración: Más que recomendable

Una invitación para acudir a un reality show, mezcla de "Quién sabe dónde" "Gran Hermano", que emite una televisión alemana es el punto de partida de la disparatada comedia de equívocos que es esta "Crema Paraíso" del venezolano Camilo Pino. Aunque "Crema Paraíso" no es solo eso. Es también, entre otras cosas, la crónica de un desencanto generacional y una nueva vuelta de tuerca al dilema entre "alta" y "baja" cultura, a los mecanismos que determinan esta clasificación y a la línea que separa el éxito y el fracaso.

Para que los ingredientes de esta mezcla tan ecléctica no exploten, Pino sitúa la novela en dos tiempos con dos narradores diferenciados y la construye en base a personajes y situaciones contrapuestas y a mucho humor inglés (pero de ese que juega con lo grotesco) con toques caribeños. 

Un ejemplo: Los personajes de Emiliano Dubuc (50 años, jugador compulsivo de Candy Crush que vive en Miami en una situación económica más bien precaria) y Alfonso Dubuc (mejor poeta venezolano de su generación y padre acechado por la culpa convertido, con el tiempo, en un viejo verde al que la cabeza parece no regirle demasiado bien). 

Otro: La estancia de Alfonso Dubuc, a comienzos de los 80, en el Primer Congreso de Escritores Latinoamericanos de La Habana. Viaje y estancia entre lo tragicómico, lo patético y lo delirante finalizados de forma abrupta y sorprendente que suponen, al mismo tiempo, un fracaso, una pérdida de la inocencia y el definitivo despegue de Dubuc como poeta. Hasta ese momento, no era otra cosa que un poetilla de segunda o tercera fila que, de golpe y porrazo, comienza a "codearse" con Ernesto Cardenal (ojo a cómo aparece caracterizado), Mario Benedetti o Fidel Castro y a publicar en destacadas revistas y editoriales.

Otro más: El reality show, que supone el reencuentro de Alfonso con Beata Schultz, con quien mantuvo un breve "affaire" durante el citado Congreso habanero. Esta parte es la más disparatada de todas y con la que más me he podido reír. Situaciones equívocas, absurdas, grotescas y rocambolescas que acaban cerrando el círculo de los hechos ocurridos años atrás.

En el lado positivo de la novela destacaría, por encima de todo, su frenético ritmo. 250 páginas plagadas de personajes que no son lo que parecen, que se leen "fácil", que pasan en un santiamén y que, al mismo tiempo que divierten (y mucho), dejan una serie de temas en el aire sobre las que igual tendríamos que dar un par de vueltas. En el menos positivo, creo que la parte final está algo desaprovechada. Me he reído un montón con las peripecias alemanas de los Dubuc, con sus historietas casi surrealistas, y me da la sensación de que podrían haber dado más juego. O quizá es solo que me lo estaba pasando en grande y me jodió que terminara.

Pese a esto último, buen sabor de boca el que me ha dejado este "Crema Paraíso" y su limonada frappé.

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Y ahora, un breve cuestionario al que Camilo Pino accedió amablemente a contestar. ¡Muchísimas gracias, Camilo!

ULAD: En la reseña definimos "Crema Paraíso" (como descripción general, aunque es mucho más que eso) como "disparatada comedia de equívocos con mucho humor inglés y toques caribeños". ¿Cómo la definiría Camilo Pino?

C.P.: Esa frase captura el espíritu de la novela. Agregaría que hay una lógica dentro del delirio, que es una novela de padre e hijo, que el padre es un gran poeta, y el hijo un joven obsesionado con el dinero, y que se embarcan en dos viajes, uno hacia la América Latina de principios de los ochenta, cuando todavía se podía creer en la revolución cubana, y otro, en el presente, a las profundidades del entretenimiento basura en Europa y los Estados Unidos. Y que en el camino se tropiezan con la poesía, pero no una poesía luminosa, sino más bien dionisíaca y errática, avergonzada de su belleza. Pero si tuviéramos que resumir todo en una frase, me quedaría con la tuya.

ULAD: En la novela se juega con el concepto de éxito y fracaso y con la construcción de aquel. En su opinión, ¿en qué medida depende el éxito o el fracaso de una obra o autor de elementos "extraliterarios"?

C.P.: A corto plazo, mucho, muchísimo. Hay elementos “extraliterarios” que pueden determinar la recepción inicial de una obra: el padrinazgo de una persona famosa o respetada por los lectores, el gusto del momento, tener una fuerte presencia en las redes sociales, ganarse un premio reconocido, contar con el apoyo de una campaña de mercadeo, hasta la personalidad de un autor pueden hacer despegar un libro. Lo difícil es mantenerlo vivo, que se lea más allá de ese impulso inicial y sobre todo, que establezca una conexión real con un grupo de lectores.

Yo creo que con el tiempo los libros malos desaparecen y que muchos de los buenos van haciendo su camino por sí mismos, a veces muy lentamente. También creo que los elementos extraliterarios son necesarios, inevitables, y que toca convivir con ellos. Lo importante es que los escritores no olvidemos que nuestra responsabilidad final es para con la escritura, que el resto es accesorio.

ULAD: Siguiendo un poco con lo anterior, la imagen que se da del "establishment literario latinoamericano" de los años 80 no es demasiado positiva. ¿Qué le parece el "establisment" de 2020? Y, ahora que vive en los Estados Unidos, ¿qué diferencias hay entre el "establishment" estadounidense y el venezolano?

C.P.: Vivo en Miami, una ciudad que, como dice Hernán Vera Álvarez, detesta a los intelectuales. Los escritores aquí somos como borrachitos que nos reunimos escondidos en las dos librerías independientes de la ciudad. Aunque hay que admitir que somos disciplinados y persistentes. De hecho, hay grupos como Suburbano, que editan y producen eventos y que han logrado crear una comunidad literaria en español. Y también está la Feria del libro de Miami, que tiene un programa en español bastante decente. Pero la verdad es que el gran mundo literario estadounidense orbita en otra galaxia que gira alrededor de Nueva York y que ignora por completo la producción en español.

En cuanto al mundo literario venezolano, pues está pasando un proceso de transformación muy grande. La industria editorial está diezmada y un porcentaje enorme de los escritores, quizás la mayoría, vivimos en el extranjero. Han pasado dos cosas: Nos hemos internacionalizado y nos hemos desplazado al mundo digital, con todo lo que eso implica. Aunque supongo que la industria en pleno se está moviendo a Internet de una manera u otra. Quizás nos estemos adelantando.

ULAD: Asistimos en la novela al desencanto o la desafección de Dubuc hacia la Revolución cubana, al tiempo que otros autores permanecen, bien por comodidad o cobardía, a su sombra. ¿Puede ser extrapolable a la situación actual de Venezuela? ¿Puede, en este sentido, constituir el texto un llamado a cierta parte de la intelectualidad latinoamericana o europea?

C.P.: No hay dictador sin juglar. Piensa en los futuristas, o en poetas como Ezra Pound, que se entregaron de cuerpo y alma al fascismo. Yo escribo sobre los escritores latinoamericanos revolucionarios y su complicidad con los hermanos Castro, porque es una realidad que conozco bien y que sufro directamente, pero siempre ha habido complicidad entre una clase intelectual y el régimen dictatorial de turno.

Y es cierto, esa complicidad prevalece en muchas instituciones culturales y académicas de Europa y lo Estados Unidos. La izquierda caviar, o Disney, o exquisita (la tradición es larga y por eso tiene tantos nombres) ha hecho un daño enorme, en algunos casos irreparable y no estoy hablando de censura o de la marginación sistemática de ciertos escritores, estoy hablando de hambre, violencia y muerte. Disculpa lo afectado, pero es así.

ULAD: Por último, asistimos a un auge de la literatura venezolana en los últimos tiempos. Al menos en España, podemos acceder a la obra de Rodrigo Blanco, de Juan Carlos Méndez Guédez, Alberto Barrera, Karina Sainz Borgo, un tal Camilo Pino...y se ha recuperado la obra de autores como Teresa de la Parra, Victoria de Stefano o Úslar Pietri. Pese a que son autores muy diferentes entre sí, ¿podemos hablar de un "miniboom" venezolano?

C.P.: Yo creo que sí, que se puede hablar un pequeño boom. Barrera Tyszka abrió en camino con La enfermedad y luego con Patria o muerte y desde entonces se está publicando y leyendo más literatura venezolana fuera del país. Dicen que las crisis son grandes fuentes de material literario, y quizás esa sea una de las explicaciones (desafortunadamente). El otro motivo puede ser la internacionalización de los escritores y lectores venezolanos. Pero teorizar sobre estos fenómenos siempre es arriesgado. Lo que sí te puedo decir es que sería estupendo pasar de pequeño boom, a boom de verdad.

ULAD: La pregunta más seria e importante de todas: ¿Realmente merecía Dylan el Nobel?


C.P.: No más que el poeta Dubuc. A ver, Dylan es un gran artista, un excelente músico. Sus letras son buenas, pero no son superiores a la producción de cualquier poeta medianamente decente. Y por lo que veo, el Nobel lo traía sin cuidado. Ni siquiera se presentó en la ceremonia y parece que se copió la mitad del discurso de aceptación. Con tanto escritor de calidad pasando trabajo en el mundo, es injusto otorgarle un Nobel a un cantante famoso y millonario. Esa decisión la tomó un jurado desconectado con la realidad. Fíjate en lo que pasó después. El Nobel perdió un montón de credibilidad y terminó enredándose en escándalos más disparatados que los de Crema Paraíso.