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sábado, 19 de abril de 2025

Marie Darrieussecq: Marranadas

Idioma original:
Francés
Título original: Truismes
Traducción: Javier Albiñana
Año de publicación: 1996
Valoración: Está bien

Marranadas es la novela corta con la que, en 1996, debutó a los 26 años la escritora francesa Marie Darrieussecq. Narra una historia transgresora y provocadora, dadas sus reflexiones en torno al ser humano, el trato que la sociedad dispensa a las mujeres y el deseo femenino. Incluso a día de hoy puede causar cierta incomodidad, y su contenido sexual, casi pornográfico, revolverá el estómago a los lectores menos avezados.   

En Marranadas seguimos los pasos de una bonita joven que se convierte en cerda conforme los hombres la objetivizan y se aprovechan de su cuerpo o de su ingenuidad. Por lo tanto, esta novela puede interpretarse como literatura fantástica que muestra una metamorfosis auténtica o como una metáfora política, no necesariamente sutil pero correctamente articulada.

La voz narrativa en primera persona tiene mucha fuerza, aunque a mi juicio podría haber adquirido más verosimilitud. A fin de cuentas, no me convence de que la protagonista tenga tan pocos estudios como asegura, dada la forma en que presenta determinadas oraciones e ideas.

En cuanto al argumento, diría que en general fluye adecuadamente y transmite con precisión temática sus reflexiones. Sin embargo, por momentos resulta algo reiterativo.  

Resumiendo: Marranadas es una novela con un subtexto audaz, una voz narrativa potente y un argumento bien desarrollado. Aun así, creo que algunos de sus apartados podrían haberse pulido. Sea como fuere, no deja de ser el debut de su autora, por lo que esta irregularidad es fácilmente perdonable.

sábado, 5 de abril de 2025

Karel Čapek: La fábrica de Absoluto

Idioma original: Checo
Título original: Továrna na absolutno
Año de publicación: 1922
Traducción: Rafael R. Ortega
Valoración: Recomendable

Imaginaos que existe una máquina revolucionaria llamada Karburátor, capaz de producir energía ilimitada combustionando sólo un poco de materia. Dicha máquina destruye la materia que la alimenta al completo, sin dejar residuo tangible alguno. Resultado de esto es que Dios, o el Absoluto, que se encuentra confinado en todas las cosas, queda liberado por el mundo, provocando exaltación mística, milagros de todo tipo y el colapso de la civilización tal y como la entendemos («el mundo se sacudía bajo el estruendo de los ejércitos, (...) las fronteras de los estados se retorcían como lombrices en la tierra, y todo se desmoronaba en ruinas», pg. 203).

Esta es la premisa de La fábrica de Absoluto, un clásico de la ciencia ficción con un interesantísimo concepto de base, grandes dosis de crítica social y generosas paletadas de humor. Sin duda, esta sátira se encuentra a la altura de otras de Karel Čapek, su autor, como la también genial La guerra de las salamandras.

Al igual que la mentada La guerra de las salamandras, por cierto, La fábrica de Absoluto es capaz de exprimir al máximo su premisa. También, al igual que la otra obra mencionada, ofrece una admirable visión panorámica del mundo en el que transcurre, porque, en ella, un cronista nos muestra cómo el Absoluto afecta a la gente, a la industria, a la religión, a la Iglesia, a la economía, a la medicina, a la causa proletaria, a distintos países, etc... Y lo hace a través de un puñado de personajes recurrentes, mostrando viñetas secundarias, describiendo «eventos aparentemente locales» (de los que «se puede extraer un gran caudal de acontecimientos históricos», pg. 191) o citando la opinión de varios intelectuales con respecto al Absoluto.

Semejante argumento permite a Čapek arrojar ideas de un ingenio asombroso en torno a Dios, la religión y la fe. Por ejemplo, sobre la relación entre los técnicos y Dios expresa lo siguiente de boca del ingeniero Rudolf Marek, inventor del Karburátor: «Yo no creo en nada. (...) No quiero creer. Siempre he sido ateo. He creído en la materia, en el progreso, y en nada más. Soy un hombre de ciencia (...); y la ciencia no puede aceptar la existencia de Dios. / (...) Es un caso de Él o la ciencia. No afirmo que Dios no exista; solo digo que no debería exitir o, al menos, que no debería mostrarse. Creo que la ciencia lo está desplazando poco a poco, o en todo caso impidiendo que se manifieste; y considero que esa es la misión importante de la ciencia.» (pg. 29)

Por su parte, G. H. Bondy, director de la Metallo-Electric Company, sirve a Čapek para entregar una perspectiva más permisiva sobre este tema: «Desde el punto de vista empresarial (...), es una cuestión indiferente. Si quiere existir (...), que exista. No somos mutuamente excluyentes.» (pg. 29)

Otra idea muy sugerente la dedica Čapek a la Iglesia. El obispo Linda afirma lo siguiente: «Señores, no se engañen pensando que la Iglesia trae a Dios al mundo. La Iglesia lo encierra, lo controla.» (pg. 46)

El elenco protagónico de La fábrica de Absoluto no es particularmente memorable. Esto, sin embargo, no molesta, pues ya hemos aclarado que esta es una novela de ideas, y que prioriza la construción de su mundo a la de sus personajes («Abandonemos el intento de psicologizar a los grandes hombres», dice el cronista en la pg. 180).

Sin embargo, hay que admitir que Bondy, quizá lo más parecido a un protagonista en esta obra, tiene cierta complejidad. Čapek lo usa para mostrar a un ser humano promedio (es decir, egoísta y plagado de defectos) rodeado de santos. 

Bondy explica a la que fuera su prometida: «Nunca podría casarme con una mujer capaz de leer mis pensamientos. Podría ser religiosa hasta el extremo, caritativa sin límites con los pobres; yo puedo permitírmelo, y además, eso me da buena publicidad. Soportaría incluso la virtud, Ellen, por amor a ti. Soportaría cualquier cosa. (...) Pero Ellen, ni los negocios ni la vida en sociedad son posibles sin pensamientos privados. Y el matrimonio, sobre todas las cosas, es inconcebible sin esos pensamientos ocultos.» (pg. 84)

El propio Bondy es eventualmente afectado por el Absoluto. A Marek le comenta al respecto: «Lo he superado, Rudy, lo he vencido. (...) Cuando me invadió, fue el momento más feliz de mi vida.» A continuación describe los síntomas: «Amor por el prójimo. (...) Estaba frenético de amor. Jamás hubiera creído que podía sentir algo así. (...) / Lo he expulsado. Como un zorro que se arranca una pata para liberarse de una trampa.» (pg. 122-123)

Ah, Bondy. Ya en el clímax de la novela (muy redondo, por cierto), afirma a alguien tan «independiente y experimentado» como él: el Absoluto «es el verdadero Dios. (...) pero (...) este verdadero Dios es demasiado grande. / (...) Es infinito. Ahí está el problema. Cada quien se apropia de una pequeña parte de Él y luego cree que posee el todo. (...) Para convencerse de que Dios les pertenece por completo, tienen que eliminar a cualquiera que piense lo contrario.» (pg. 200)

Poco más que añadir. Sólo reiterar que La fábrica de Absoluto es un clásico de la ciencia ficción que presenta y desarrolla un concepto interesante, que ostenta un cierre perfectamente redondo y que derrocha ideas y humor de una agudeza sorprendentes. Čapek en su máximo esplendor, señores.


También de Karel Čapek en ULAD: Aquí

miércoles, 27 de noviembre de 2024

Pacheco & Pacheco: Troll Corporation

Idioma: español

Año de publicación: por entregas, entre 2015 y 2017 en la revista digital Orgullo y Satisfacción. Como libro, 2018

Valoración: recomendable 

¿Todos sabemos lo que son los trolls, no? No me refiero obviamente, a los monstruos de las leyendas escandinavas o a los que le hacían en trabajo pesado a Sauron en El Señor de los Anillos, sino a esos usuarios/as de las redes sociales que, escondidos muchas veces tras seudónimos, se dedican a dar por saco al resto de la gente, tratando de molestar, irritar y desesperar con ánimo a veces interesado y muchas otras, simplemente por diversión propia... Hay gente pa tó, que diría el clásico (cuando digo redes sociales me refiero también a blogs como éste, aunque ahora ya hay pasado la época de esplendor de los mismos... Por otra parte, en este benemérito blog NUNCA hemos tenido trolls porque nuestros seguidores/as son gente no sólo leída, sino culta y amable como hay poca). 

Ahora bien, cuando pensamos en esta figura ya casi omnipresente del troll digital, seguramente se nos viene a la cabeza la imagen de un tipo en calzoncillos comiendo doritos frente al ordenador, mientras se hace pasar por una sensual jovencita para calentar al personal, lanza a troche y moche proclamas filofascistas o discute sin el menor rebozo sobre el tema que sea con los verdaderos expertos en la materia. Cierto, esa es la figura clásica, la el digamos troll "artesanal", ya casi entrañable frente al ejército de bots a sueldo o alquilado en países como la India o Rusia para formar parte de los ejércitos digitales que se ponen en pie de guerra, cual huestes de Mordor cuando hay elecciones con algún candidato populista en liza, desastres naturales que puedan ser utilizador para beneficio político de alguien o campañas contra los inmigrantes, las feministas, los ecologistas o quien sea que toque esa semana... (englobados bajo el socorrido calificativo de "buenistas").


A medio camino de ambas modalidades, el troll individual y estas hordas digitales, encontramos la empresa que las hermanas Pacheco, Laura y Carmen, retratan en Troll Corporation: un negocio destinado a ofrecer servicio a quienes deseen fastidiar a la competencia, boicotear un producto, arruinar la campaña electoral de un rival político, o simplemente joder la marrana crear mal ambiente en las redes por interés personal o convicción ideológica.  previo pago de unos razonables emolumentos, el cliente tiene la seguridad de que su petición estará en manos de un grupo de profesionales selectos y, sobre todo, extremadamente competentes en su labor... Bueno, al menos eso es lo que vende la empresa, porque en realidad los empleados de la Troll Co. son personas de lo más común, más o menos bienintencionadas, que han de lidiar no sólo con un trabajo precario hacia el que sienten reparos éticos, sino con la burocracia de la empresa, la sevicia de sus jefes y la inseguridad laboral. Personajes típicos que se pueden encontrar en cualquier oficina, como el novato, la becaria  o  la empleada veterana incapaz de adaptarse a las inacabables novedades que se implementan en el mundo laboral... Y, sobre todo, la desalmada y lenguaraz jefa del departamento, que no tiene reparo alguno en decir las cosas tal y como son y menos aún en ejecutarlas tal y como se le ordena... todo un hallazgo cómico de las autoras del libro, me parece a mí.

Como es fácil de adivinar, la impronta humorística del libro no sólo se debe a la ironía -o, directamente, sátira- sobre toda esa ola de malismo que nos acosa desde las redes sociales y no digamos desde la prensa tradicional y la política (con variantes según donde miremos, pero con un objetivo común que hubiera complacido a Mussolini y a Goebbels, los inventores de todo esto); también se basa, en gran medida, en las relaciones interpersonales y, sobre todo, en la dinámica entre los compañeros de trabajo y de éstos con sus jefes, dinámica no siempre exenta (y, de hecho, tendente) a caer en el absurdo. The Office, para entendernos, serie culmen de la comedia televisiva y que, no me cabe duda alguna, sirvió de inspiración para estas viñetas...

La única pega que se le puede poner a este libro es que ha envejecido un tanto, pese a que no han transcurrido ni diez años desde que empezaron a publicarse sus viñetas; en os tiempos actuales dicho malismo (feliz término acuñado por el dibujante y humorista Mauro Entrialgo) ya no se esconde tras el anonimato de los trolls interneteros, sino, como ya he dicho, ha pasado a ser mainstream y se exhibe sin rebozo alguno. De hecho, se ha convertido en una fórmula segura para triunfar en la prensa, la literatura (recordemos a cierto eximio escritor y académico español muy dado a las trifulcas gratuitas), la televisión y la política. El troleo sin complejos le puede facilitar a cualquiera llegar a presidenta de la Comunidad de Madrid, la República argentina o, ¿por qué no? los propios Estados Unidos de América... el Cielo es el límite. Ante esta tendencia mundial que no tiene pinta de ir a remitir en breve, Troll Corporation se nos presenta, pues, casi como un documento histórico, el testimonio de una época prepandémica (aunque postcrisis económica) en la que todavía este tipo de comportamientos debían ocultarse para no suscitar el rechazo general. Ahora ya, ni eso. Estamos apañados...

sábado, 23 de noviembre de 2024

Edward Carey: Los secretos de Heap House (Trilogía Iremonger, libro I)

Idioma original: inglés

Título original: Heap House

Año de publicación: 2013

Traducción: Lucía Barahona Lorenzo

Valoración: Más que recomendable

Metemos en una coctelera un buen chorrazo de narrativa dickensiana con regusto a distopía steampunk, una medida de Georges Perec y media de Harry Potter. Un par de chorritos de Gerald Durrell y de Roald Dahl (un poco más de éste. si se quiere). Unas gotas de Michael Ende y un destilado de novela de terror, para darle aroma (me refiero a Grady Hendrix, no hay que pasarse y poner, por ejemplo, de King). Se agita todo bien (o se mezcla, yo qué sé, que tampoco soy James Bond...) y después se empapa bien de Downton Abbey o del más añejo Arriba y abajo un terrón de Wodehouse para que se deshaga sobre la mezcla. Sírvase el combinado en vaso largo, adornado con una peladura de Tim Burton para darle color (negro, en este caso) y un par de guindas: una de amor adolescente y otra de crítica social. Paladear con delectación pero sin demasiada demora, porque este cóctel no se puede tomar solo, sino acompañado de otros dos. Eso sí, el disfrute para quien lo beba está garantizado...

En fin, yo casi que dejaría la reseña aquí, pero entiendo que puede ser difícil comprender a qué viene tanta gansada elegir esta forma de hacerla. Así que, para todos y todas ustedes, fieles lectores de ULAD, aquí va el preceptivo resumen resumido: La Heap House del título y donde transcurre esta novela es una inmensa mansión victoriana -no en vano estamos en 1875- situado en una aún mucho más inmensa extensión cubierta de desechos, Iremonger Park, a las afueras de la siempre jubilosa Londres. En ella vive casi la totalidad de  a familia Iremonger, que han construido su fortuna, desde el humilde oficio de chatarreros de sus lejanos antepasados, haciéndose con los residuos de la cercana pero a la vez lejana metrópoli. Porque casi ninguno de los Iremonger sale en toda su vida de la mansión, donde viven con toda clase de comodidades aquellos que se consideran de pura sangre -de pura sangre Iremonger, se entiende, pues tienen la costumbre de casarse entre primos-, atendidos por un innumerable ejército de criados y sirvientas, también parientes, pero más lejanos. La división entre las dos castas, que viven, respectivamente, en la parte superior e inferior de la gran mansión parece inquebrantable hasta que llega para servir de criada la huérfana Lucy Tennan, poco dispuesta a aceptar las reglas sin más ni más. Y que encuentra su reflejo en el inseguro Clod Iremonger, joven miembro de lo más selecto de la familia que vive con el tormento, desde su nacimiento,de ser capaz de oír lo que dicen los objetos... Algo sumamente incómodo y hasta perturbador en esa casa, no sólo porque se yergue en mitad de un extenso basurero -de hecho, la propia mansión se compone de partes de otros edificios, recogidos aquí y allá- sino porque en esa peculiar familia a cada nuevo miembro se le asigna un objeto personal del que no pueden separarse jamás; el de Clod, por ejemplo, es un tapón de bañera universal. Los objetos son en gran medida, como puede verse, el alma, la médula de este libro; mi aplauso, por cierto, a la traductora, que sospecho habrá tenido que consultar un sinfín de diccionarios para poder ofrecernos la nomenclatura correcta de tan variado utillaje.

Con todo esto que he contado creo que ya es suficiente para animar a cualquiera a leer esta novela. Pero es que además puede encontrar un sinfín de personajes peculiares, espacios laberínticos, peligros insólitos, aventuras y romance... Quizás a alguien le pueda alejar la apariencia de novela juvenil que tiene, pero, en mi opinión, no lo es o no sólo (porque también puede resultar, sin duda una estupenda novela juvenil); en todo caso, garantizo, como ya he explicado antes, que se trata de un libro totalmente disfrutable. Su única pega: que estamos ante la primera parte de una trilogía. Ahora mismo ardo en deseos de leer las otras dos...      

Nota final: se me olvidaba comentar que en el libro hay multitud de ilustraciones, sobre todo retratos de muchos personajes, realizados por el propio autor de la novela. Todo un plus, creo yo.       

viernes, 23 de agosto de 2024

Emilia Pardo Bazán: Insolación

Idioma original: Español  
Año de publicación: 1889
Valoración: Se deja leer

Insolación es una novela breve cuya publicación provocó un verdadero escándalo. Trata sobre doña Asís, una joven viuda, hermosa y adinerada, que es seducida por un apuesto gaditano. 

Emilia Pardo Bazán, siempre contestataria, denunció en estas páginas a la hipócrita sociedad de su época, la cual favorecía al varón y practicaba una doble moral sexual. La escritora se mete, incluso, con aquellos hombres progresistas que solamente apoyaban la causa feminista de palabra.   

La faceta crítica de esta obra es, quizá, su mejor aspecto. Está bien expuesta, pues no resulta panfletaria; además, ha sido integrada en la historia a través del argumento y de las reflexiones de la protagonista y de su amigo Pardo. Sin embargo, una intencionalidad lograda no salva al conjunto. Y, dicho sea de paso, me hubiera gustado que Bazán la abordara sin tantos rodeos.

A fin de cuentas, muchas escenas podrían haberse condensado. O, puestos a respetar su extensión original, podrían haberse enfocado en dar una mayor caracterización de los personajes. La prosa de Bazán tampoco se libra de una reprimenda: es demasiado espesa, sobre todo para estándares contemporáneos. Vale que exhibe un dominio del lenguaje excepcional, vale que está salpicada de enjundiosas reflexiones y bellas metáforas, vale que es una gozada la polifonía que logra plasmar (respeta dialectos o registros de clase varios), pero es innegable que este acabado marcadamente decimonónico se antoja un tanto caduco en la actualidad (puede que ya lo fuera en su época). Insisto: una intencionalidad lograda no salva al conjunto. 


También de Emilia Pardo Bazán en ULAD: Aquí

jueves, 25 de abril de 2024

Tom Benn: Sangre Oscura

Idioma original:
Inglés
Título original: Oxblood
Traducción: Olaia Rodríguez
Año de publicación: 2023
Valoración: Irregular, aunque decididamente recomendable 


Sangre Oscura ganó en 2022 el Sunday Time Charlotte Aitken. Sin duda, la novela de Tom Benn es digna de dicho galardón, que premia al mejor escritor joven del año en Reino Unido. A fin de cuentas ha sido resuelta con una solvencia nada desdeñable; además, aunque nunca llega a arriesgar demasiado, resulta ambiciosa tanto en la forma como en el fondo.

Trata sobre Jan, Carol y Nedra, tres mujeres pertenecientes a generaciones distintas que luchan, cada una a su manera, contra el legado criminal del apellido Dodds.

Varias son, a mi juicio, las virtudes de Sangre Oscura:

  • Su ambientación. Tanto el retrato social de los suburbios de Mánchester en los 1960s y 1980s como las descripciones sórdidas de viviendas o pubs dan verosimilitud al escenario y la atmósfera.  
  • Sus personajes. Se sienten creíbles, vivos; incluso aquellos más pasivos y de carácter apagado, como Carol, intrigan al lector y tienen la oportunidad de hacer un gran gesto hacia el clímax de la historia.
  • Su argumento. Narrado orgánicamente a través de un ir y venir entre presente y pasado, se guarda también algún que otro giro bajo la manga.
  • Los temas. La obra baraja con pasmosa facilidad cuestiones de clase y de género. De sus muchas aportaciones me quedo con esas que giran en torno a la sexualidad femenina, aprendidas por las malas por Jan en su búsqueda desesperada de amor.
  • Su prosa. La pluma del autor dota a determinados pasajes de gran calado emocional, potencia lírica y calidad estilística.

Resumiendo: Sangre Oscura es una buena novela, digna de galardones literarios prestigiosos. Aunque como lector se llega a admirar más que disfrutar, hay que admitir que derrocha logros. Quizá, eso sí, le pondría alguna pega; por ejemplo, que apenas explora su vocación "noir", que durante su primera mitad no queda claro en qué dirección se moverá el argumento y que el personaje de Jan eclipsa al resto.

domingo, 7 de enero de 2024

Ludwig Lewisohn: La llama vehemente. Historia de Stephen Scott

Idioma original:
Inglés
Título original: The Vehement Flame: The Story of Stephen Escott
Traducción: Martha Lucía Pulido 
Año de publicación: 1930
Valoración: Recomendable

Ludwig Lewisohn sacudió las consciencias en París el 1926 con la publicación de El caso del señor Crump, obra que de hecho fue censurada en EEUU. Cuatro años después, con La llama vehemente, el autor siguió agitando el avispero. 

Ambas novelas emplean un formato biográfico-retrospectivo, están muy bien escritas, presentan personajes verosímiles y barajan temas extremadamente complejos. Sin lugar a dudas, las recomiendo. Eso sí: creo que El caso del señor Crump es, con diferencia, la mejor de las dos. En cualquier caso, La llama vehemente tiene una calidad envidiable.

Debo advertir, no obstante, que es más reflexiva que su antecesora. Incluso podríamos considerarla una novela de tesis en toda regla, pues expone muchas ideas y, en ocasiones, ni siquiera se molesta en esconderlas argumentalmente. Principalmente indaga en torno al amor y el sexo, aunque de refilón aborda también el desencanto vital, la amistad, la hipocresía o la justicia. Asimismo, arremete contra el puritanismo (particularmente el estadounidense), la institución del matrimonio y la cama conyugal.

Precisamente, en la página 120 hay una estimulante crítica al puritanismo que rechaza la sexualidad: «por pura represión, la mayoría de la gente no está nunca en estado de comprender la verdadera naturaleza de sus reacciones afectivas. (...) Tal vez podamos decir que todavía no estamos completamente civilizados y que hay esperanza de que ese margen que separa lo bárbaros que somos de un estado de civilización absoluta sea cada vez más pequeño. Pero todavía no hemos emprendido ese camino. Sería más plausible creer que nuestra civilización reposa sobre falsos principios; que partimos de una interpretación errónea de nuestra verdadera naturaleza y que un análisis más profundo de nosotros mismos y del mundo desplazaría el centro del conflicto, y en lugar de hacernos marchitar como seres destinados al pecado, nos llevaría más bien a acusar las leyes bajo las cuales vivimos y a condenarlas por justas e inadaptadas.»

Asimismo, hay una diatriba sobre la cama conyugal en las páginas 121 y 122 que me gusta por su nivel de refinamiento formal y conceptual: «Me di cuenta entonces de lo que la costumbre de la cama conyugal puede tener de incómodo y de irritante. Lo sabía desde hace tiempo, pero nos hemos deformado tanto por la costumbre y por el sentimiento de lo que conviene y de lo que no conviene que rehusamos aceptarlo. Ese rechazo además tiene sus ventajas: no admitir una dificultad es como si uno no hubiera tenido consciencia de ella, lo que tiene como resultado minimizar el sufrimiento que esta hubiera podido causar. Pero no quiero generalizar, pues no me es imposible imaginar un amor conyugal tan armónico y lleno de delicias, tan lleno de admiración mutua que aun la habitual convención de la cama conyugal no sabría destuírlo. Pero nuestra vida amorosa, la de la pobre Dorothy y yo, al haber sido desde el comienzo un asunto incierto y estropeado, había dejado de dar color a nuestro corazón y a nuestros sentidos desde hacía tiempo. Éramos dos seres miserables obligados por lazos tan fuertes como implacables a una cercanía continua de nuestros cuerpos. Pero no era así como Dorothy veía la situación. Mi presencia representaba para ella una intensa impresión de seguridad, de posesión y de bienestar que una verdadera pasión sólo hubiera disipado o atormentado. En lo que a mí concernía, las cadenas de este acercamiento constante me parecían siempre cadenas... Es verdad que yo había, vaga y confusamente, pensado en reclamar camas gemelas o incluso en tener una habitación para mí, pero esa solicitud hubiera ultrajado su sentimiento de ternura entre esposos tanto como esa dulce impresión de propiedad que ella experimentaba frente a mí y que era su principal seguridad en la vida. Y como, a medida que los años pasaban, yo tenía menos y menos para darle, evitaba herirla hasta el máximo.»

Aunque los pasajes previamente citados os pueden dar una noción sobre el argumento de La llama vehemente, permitidme que os resuma sucintamente de qué trata esta novela. Gira alrededor de Stephen, quien se casa demasiado joven con Dorothy, una mujer poco compatible. Stephen no tardará en comprender que tanto sus propios prejuicios como los de su esposa los condenaron, a cada uno de distintinto modo, a una vida repleta de autoengaño y frustración. Junto a David, su amigo y eventualmente compañero de bufet, irá desentrañando los entresijos de las relaciones entre sexos y la impostura moral de su país.

Ya he dicho que La llama vehemente está muy bien escrita, presenta personajes verosímiles y baraja temas extremadamente complejos. A eso hay que añadir que sus reflexiones y apreciaciones de corte sociológico o psicológico se mantienen, por lo general, vigentes, aunque es innegable que unas pocas han quedado anticuadas o acusan cierto sesgo masculino. 

Otra virtud de La llama vehemente es que, pese a entender las grisallas y matices del amor, adopta una postura realista en torno al asunto, sin decantarse por lo almibarado ni tampoco plegarse al cinismo. De hecho, la novela es una apología incondicional al amor, pero una tan pasional como mesurada, tan temperamental como articulada. En este sentido, el narrador advierte a los «jóvenes», en la página 76, que aunque «han ganado esa lucha sana y libre que tenemos de considerar el amor» a «la imbecilidad puritana», ¿acaso «son más felices que nosotros? ¿No han despojado ustedes al amor de mucho, cuando nosotros lo sobrecargamos?» 

Por otra parte, criticaría algunos apartados de La llama vehemente. Por ejemplo, que su prosa caiga de vez en cuando en la reiteración intrusiva de ciertas palabras, que el protagonista y narrador enfatice en que trabará amistad con sus hijos pero nunca se haga hincapié en eso o que la cuarta parte del libro resulte algo pesada, pues queda sepultada por las conversaciones con Paul.

Sea como fuere, La llama vehemente es un novelón. Si bien no llega a la altura de El caso del señor Crump, gustará especialmente a los amantes de la literatura sugestiva que transmite ideas complejas y policausales, que introduce personajes bien perfilados y que se paladea a cada párrafo.


También de Ludwig Lewisohn en ULAD: El caso del señor Crump

jueves, 4 de enero de 2024

Mohamed Mbougar Sarr: Purs homes

Idioma original: francés
Título original: De purs hommes
Traducción: Oriol Valls en catalán para Més Llibres. Sin traducción al castellano en el momento de publicar la reseña.
Año de publicación: 2018
Valoración: recomendable


Hará cosa de un año aproximadamente reseñaba la última novela publicada de Mbougar Sarr, una novela ganadora del Goncourt la cual le convirtió en el primer autor senegalés en lograr tal reconocimiento y que me dejó un buen sabor de boca. Y, como sucede en estos casos, a partir de este éxito se están empezando a traducir sus obras anteriores como es el caso que nos ocupa.
 
El autor nos sitúa ya en un inicio en el suceso que será el desencadenante de toda la historia: nos encontramos en Dakar, en un momento histórico no determinado. Ndéne Gueye, un profesor de literatura de treinta y siete años crítico con la sociedad y poco conforme con los criterios con los que se imparte la enseñanza observa entre atónito, pasmado y horrorizado un vídeo en el que se ve cómo una turba desentierra un cuerpo del cementerio, sacándolo del foso, tirando del cuerpo hasta sacarlo de la tumba entre vítores y jaleos. El cadáver pertenece a un homosexual, quienes son «los únicos en este país a los que se les niega una tumba. Los únicos a los que se les niega a la vez la muerte y la vida». Este hecho, a todas luces inhumano, impacta de tal forma a Ndéne que se interesa por el caso hasta el punto de la obsesión queriendo, con los medios posibles, conocer más en profundidad quién era la persona víctima de tal atrocidad; un acto que, no únicamente le impacta a él, sino que causa un gran revuelo en toda la sociedad hasta el punto de que recibe una nota del ministerio informándole de que «a petición de diferentes organizaciones religiosas, tras los recientes sucesos violentos, se aconsejaba con todas las fuerzas a todos los profesores de letras, por su seguridad y en nombre de la preservación de nuestra cultura, ‘evitar el estudio de escritores la homosexualidad de los cuales era demostrada o incluso sospechada’». Los homosexuales, quienes «su sola presencia en la sociedad amenaza si cohesión y la moral; seres cuya sola existencia constituía un crimen contra la humanidad». De esta manera, Ndéne ve como toda su pasión por la enseñanza, por cambiar la manera de dar las clases, por intentar contagiar a sus alumnos de un sentido crítico topa con un sistema anquilosado y arcaico, tanto a nivel de profesorado como en el alumnado, haciéndose extensivo a su propio hogar regido por un padre imam de ideas radicales que afirma que «no se puede ser góor-jigéen aquí, en esta tierra donde han vivido tantos santos, y pretender descansar en un cementerio musulmán. Es impensable. Impensable».”

Con esta premisa, y como ya sucedía en su anterior más reciente obra «La más recóndita memoria de los hombres» en el que también el protagonista se obsesionaba con un escritor desaparecido, en este libro a partir del suceso ocasionado el protagonista se empieza a interesar para saber de quién se trata y con ello empieza la búsqueda de su identidad, a la vez que analiza y cuestiona la suya propia en relación al tema, en un acto reflexivo que colisiona con sus padres pues su religión hace que se mantengan en un punto radicalmente anclado a sus creencias, inamovible e inalterable. Con este trasfondo ideológico y social, el libro habla sobre la no aceptación y persecución de los homosexuales y la radicalización de una sociedad que se tiene por ser la única que nunca los ha aceptado entre ellos y que contrasta con los derechos y libertados de sus ciudadanos que queda perfectamente plasmado en boca de uno de ellos al afirmar que «no puedo decirte por qué me travestí la primera vez. Es una necesidad que tengo, el único momento en que tengo la sensación de vivir. Es mi libertad».

El protagonista, intrigado por el suceso, empieza a querer conocer otros homosexuales para saber cómo piensan acerca de ello, cómo algunos incluso tienen aceptación social y es a raíz de ello que el protagonista se ve obsesionado con su identidad y también la propia, indagando y reflexionando sobre la condición homosexual en su país, sus propias creencias y las de sus padres y amigos, intentando encontrar, también, su propia identidad y buscar un lugar entre la sociedad en la que sus ideas puedan encajar y también en sí mismo, pues tal y como indica su amiga Ângela «tienes miedo de descubrir alguna cosa que temes, o de no encontrar alguna cosa que esperas»; es en esta indagación sobre la persona desenterrada y si condición de homosexual que el protagonista se embarca a la búsqueda de su identidad a la vez que somete sus ideas a un debate constante que le fuerzan a posicionarse sobre un tema tan conflictivo a nivel social como el de la homosexualidad y los derechos de los gais en el Senegal. De esta manera, la aventura que emprende hacia la búsqueda de la comprensión halla en él mismo sus propias contradicciones y somete sus ideas y creencias a un escrutinio público y también privado en el que intenta hallar el equilibrio para vivir en paz con su sociedad, su familia e incluso con él mismo.

Por todo ello, se trata de un libro recomendable pues, a pesar de ser algo irregular en su desarrollo, va de menos a más cuando consigue dejar de lado sus explicaciones y teorías religiosas para centrarse en la individualidad, en los planteamientos personales y en la búsqueda e identificación de uno mismo. Es ahí donde el libro desata su potencial y la profundidad de las cuestiones planteadas y consigue llegar y conmover al lector.

También de Mohamed Mbougar Sarr en ULAD: La más recóndita memoria de los hombres

martes, 12 de diciembre de 2023

Edith Wharton: Estío

Idioma original: Inglés
Título original: Summer
Año de publicación: 1917
Traducción: Ana Isabel Sánchez
Valoración: Recomendable

Estío demuestra una sensibilidad excelsa y una factura irreprochable, como tantos otros clásicos con los que nos obsequió la ilustrísima Edith Wharton. Trata sobre Charity, una joven hermosa que vive en un pequeño pueblo junto al señor Royall, un abogado ya anciano que es su tutor. La vida de Charity sufre un cambio tras la llegada de Lucius, un arquitecto que viene de la ciudad y del que termina enamorándose. 

Supongo que esta premisa ya evidencia que Estío es una novela romántica y de formación. Asimismo, destacaría que funciona en tanto que retrato epocal lleno de crítica social, pues Wharton arremte en estas páginas, mediante sutiles dardos cargados de ironía, contra las constringentes e hipócritas comunidades rurales o la condescendiente altanería de la gente que ha visto mundo y tiene dinero.

La historia relatada por Wharton logra exprimir al máximo todos los elementos que introduce. A eso hay que añadirle que está sólidamente estructurada, es capaz de imprimir un ritmo ágil a su argumento, deja que el lector saque sus propias conclusiones sobre varios apartados y se cierra con un sugestivo final abierto.

Por otro lado, la prosa con que está escrita me parece notable. No sólo sabe mimetizarse perfectamente con la forma de pensar de Charity, pese a emplear un narrador en tercera persona; también se adapta al tono requerido por cada escena, atmósfera o sentimiento.     

Resulta imposible no cogerle cariño a la protagonista, especialmente cuando las vicisitudes que experimenta empiezan a zarandearla. La independencia y orgullo que le adivinamos en un inicio se invierten, pues tanto la sociedad como sus circustancias y elecciones la empujan a un carácter más pasivo y vulnerable.

El resto de personajes no son menos interesantes, pese a su papel secundario. Algunos tienen, incluso, una profundidad insospechada; pienso, por ejemplo, en el señor Royall o Ally, la amiga de Charity.

En fin: aunque Estío me ha parecido menos memorable que otras obras de Wharton, sigue siendo un clásico inmortal, escrito con oficio y corazón. Su exposición temática y desarrollo argumental son conducidos con suma maestría por la autora, y sus personajes han sido perfilados con tal destreza que casi podemos palparlos.


También de Edith Wharton en ULAD: Aquí

miércoles, 6 de diciembre de 2023

NOVELAS PIRAÑA #3: El unicornio de Javier Tomeo

Idioma original: Español
Año de publicación: 1971
Valoración: Recomendable (aunque no para todo el mundo)

Menuda sorpresa, El unicornio. Porque esta novela experimental de Javier Tomeo es, además de interesantísima, una experiencia lectora exquisita. No me extraña que ganara el Premio Ciudad de Barbastro en 1971, dada su calidad y vanguardismo.

Creo sinceramente que roza la perfección. Si hubiera rebasado las 150 páginas, quizá resultaría pesada o reiterativa; si su apuesta innovadora no estuviera tan bien expuesta, habría podido caer en lo hermético. Afortunadamente, la obra es redonda, y sale airosa de cuanto se propone.

Podríamos considerarla una sátira del Poder. Sobre todo, una que arremete contra el totalitarismo y se mofa de los dictadores y sus secuaces, a quienes retrata como hombrecillos ridículos o conspiradores que solamente quieren medrar y salvar su propio pellejo.

Divide la acción en tres planos, que empiezan nítidamente separados y progresivamente van fundiéndose en uno solo, ya sea porque interactúan en lo físico o porque dialogan temáticamente. Los tres planos son: 1) Una representación teatral ambientada en el reino de Vandalia, gobernado por el esperpéntico duque Tancredo IV. 2) Los nueve espectadores que la están observando (a los que fuerzas invisibles y un acomodador que sigue órdenes mantienen prisioneros en sus localidades). 3) Varias calles más abajo, un hombre y una mujer intentan amarse infructuosamente en un cuarto que pasa de «rojo» a «camaleón», «multicolor» y «de todos los colores del mundo».

Las únicas cosas que se le podría reprochar a El unicornio son que su argumento está, por momentos, algo desconyuntado, y que introduce demasiados personajes como para profundizar en todos ellos. No obstante, la osadía de su planteamiento, la eficacia de su atmósfera, lo certero de sus denuncias y sus aromas kafkianos hacen que las mentadas limitaciones apenas lastren al conjunto.

Así pues: una premisa sumamente original ejecutada con pasmosa solvencia, narraciones simultáneas, personajes extravagantes, diálogos delirantes, mucho simbolismo, paletadas de humor y audaz crítica social. Esto y más, mucho más, encontraréis en la joyita de Tomeo, la cual no será del gusto de todos los lectores pero hará las delicias a los amantes del absurdo que valoren el riesgo formal y la intencionalidad artística.
 

También de Javier Tomeo en ULAD: Aquí

lunes, 14 de agosto de 2023

James Alan McPherson: Espacio vital

Idioma original: Inglés
Título original: Elbow Room
Traducción: Gemma Deza Guil
Año de publicación: 1978
Valoración: Recomendable (o algo más)

James Alan McPherson se convirtió, en 1978, el primer autor afroamericano en recibir un premio Pulitzer en la categoría de ficción. Su literatura, hasta ahora inédita al español, es sumamente valiosa, ya que transpira reflexiones la mar de estimulantes.

Espacio vital, antología de McPherson originalmente titulada Elbow Room que la editorial consonni ha traducido y publicado, compila doce relatos. La calidad promedio de dichos relatos es sobresaliente, de modo que me cuesta decantarme por alguno de ellos. Sólo el tercero, del que hablaré más adelante, me ha parecido bastante flojo, al menos en comparación con el resto.

En fin, que todos los relatos de Espacio vital abordan, con compromiso político pero sin por ello caer en el maniqueísmo o perder el sentido del humor, la experiencia afroamericana. Así pues, giran en torno a la desigualdad, la discriminación, los prejuicios, el racismo, la pobreza y la comunidad, aunque también tratan temas más amplios y universales, como el amor o la empatía.

Sus protagonistas (generalmente varones negros) son tan complejos como los personajes secundarios que les acompañan. Nunca nos son descritos de forma artificialmente halagüeña; siempre tienen defectos, miedos y angustias que los humanizan.

En ocasiones narran en primera persona, lo cual propicia que McPherson plasme sus voces y carácteres con suma eficacia. Me maravilla, por ejemplo, cómo el autor refleja timidez en "Por qué me gusta la música country", afecto ambivalente en "Historia de un hombre muerto", racismo casi inconsciente en "Soy estadounidense" o cinismo vulnerable en "Lo suficiente para la ciudad".

La prosa de McPherson destaca, además de por mimetizarse con el registro de sus narradores en primera persona, por manifiestar la pluralidad fonética y las diferencias de clase de multitud de secundarios. Asimismo, recuerda estilísticamente a escritores de la talla de Raymond Carver, pues opta por eliminar todo detalle superfluo y minimiza los alardes retóricos. Cosa que no impide, evidentemente, que nos sorprenda con pasajes conmovedores, metáforas agudísimas o meditaciones brillantes.

Llegados a este punto, dejad que me detenga en cada uno de los relatos:

  • En "Por qué me gusta la música country", un hombre rememora un antiguo amor de la infancia. Da una forma y textura la mar de artísticas a una premisa simple.
  • En "Historia de un hombre muerto", el protagonista, que ha prosperado, lamenta las decisiones de su primo. La crueldad y las tendencias autodestructivas del antagonista provocan escenas increíblemente tensas.  
  •  En "La bala de plata", un joven cobarde quiere unirse a una banda, pero antes debe atracar un bar restaurante para demostrar de qué pasta está hecho. Resulta entretenido de leer, aunque palidece en relación con los demás, ya que presenta situaciones tarantinescas, personajes caricaturescos, un subtexto apenas esbozado y un humor algo burdo.
  • En "Los fieles", el negocio de un barbero que se niega a modernizarse agoniza. Fascina su capacidad para cristalizar multitud de cosas en poquísimo espacio.
  • En "Problemas de arte", un abogado blanco debe defender a una mujer de color acusada de conducir bajo los efectos del alcohol. Si bien el desarrollo y el clímax son relativamente planos, la manera en la que McPherson los comunica los dota de interés. 
  • En "Historia de una cicatriz", un hombre pregunta a una mujer por qué tiene el rostro marcado. Juega adecuadamente con las expecativas del lector pero prima siempre la calidad del texto al giro.
  • En "Soy estadounidense", un turista descubre que un ladrón ha robado a los japoneses de la habitación contigua. Su sentido del humor es deliciosamente sutil.
  • En "Viudas y huérfanas", un profesor asiste a una velada de ricachones donde una antigua alumna (y novia) recibe un premio. Cóctel melancólico y ácido.
  • En "Una barra de pan", la comunidad se alza en contra de un comerciante que vende más caro en la tienda de su barrio. Un autor menos habilidoso jamás hubiera logrado desplegar el conflicto con tanta madurez, ni equilibrar las perspectivas y escoger imágenes simbólicas con idéntico acierto.
  • En "Lo suficiente para la ciudad", un cínico permite que religiosos de diversos credos acudan a su casa e intenten captarlo con tal de poder burlarse de ellos. El formato y el sarcasmo que desprende me parecen magníficos.
  • En "Una historia de fondo", un juez recapitula para concluir si un negro que ha disparado a su jefe es culpable. Su estructura fragmentaria y cierre circular son impecables. 
  • En "Espacio vital", un escritor habla sobre un matrimonio interracial. Joyita cuyos toques filosóficos y metaliterarios ensalzan un núcleo que ya era intrínsecamente potente.

Para ir terminando, sólo insistiré en que Espacio vital es una antología sobresaliente. Por si todavía no os hubiera convencido de ello, dejad que copie uno de los cientos de párrafos destacables que nos regalan estas páginas: «Virginia Valentine había salido de Warren unos diez años antes, montada en la cresta de una gran ola de campesinos fugados. Para las personas como ella, encarceladas durante generaciones, el mundo exterior ofrecía un horizonte absolutamente nítido y lleno de opciones dulces. Muchos no supieron encajar la libertad y se movían de un sitio para otro como locos, como mascotas largamente encadenadas que anticipaban los tirones de sus correas. Algunos se suicidaron. Otros, buscando la seguridad, entraron corriendo en otras prisiones. Pero unos pocos, como Virginia, alzaron el vuelo cual águilas aristocráticas en busca de altos picos desocupados en los que construir sus nidos.»

domingo, 25 de junio de 2023

Antonis Samarakis: El fallo

Idioma original: Griego
Título original: Το λάθος
Año de publicación: 1965
Traducción: Margarita Ramírez-Montesinos / Rufino Cuesta Moreno
Valoración: Entre recomendable y está bien

En un país imaginario cuyo nombre no llegamos a saber, un hombre es detenido por la Brigada Especial, una especie de policía secreta. La razón: mientras toma un café, un activista contrario al Régimen le ha pisado el pie, lo cual ha desencadenado un breve intercambio de palabras entre ambos.

Este es el inicio de El fallo. A partir de aquí, la novela del griego Antonis Samarakis juega constantemente con las expectativas del lector (e incluso de sus propios personajes): ¿es el detenido verdaderamente culpable o un mero «ciudadano pacífico»? ¿Tuvo su conversación algún significado oculto? ¿Qué quiso expresar cuando dibujó dos círculos en una servilleta? 

El fallo se encasilla en el suspense, pues Samarakis desvela la información poco a poco: ahora entrega un giro de tuerca que cambia el contexto de las cosas, luego desordena cronológicamente los eventos para añadir datos importantes, a continuación juega con la primera y tercera persona para hacer que el narrador de turno dé más o menos explicaciones, seguidamente inicia un capítulo con un párrafo que nos pone en alerta para sólo al cabo de un rato tranquilizarnos. Es gracias al control del autor que hasta terminar la historia no sabemos todos los detalles de la misma, y mucho menos las implicaciones de dichos detalles.

También podríamos englobar a El fallo dentro de la literatura con crítica política. Y es que Samarakis denuncia a los gobiernos totalitarios y represivos. Para muestra, un botón: asegura que para gobiernos así «Solo hay dos tipos de personas: las que están con el Régimen y las que no están con el Régimen. Para ser un enemigo del Régimen no es necesario haber actuado contra el Régimen. ¡Basta con no estar con el Régimen, con no haber dado pruebas manifiestas de adhesión al Régimen!» (página 54) Más adelante sigue desarrollando esta idea: «Si no tienes pruebas de haber participado de modo activo en pro del Régimen, el simple hecho de ser un ciudadano pacífico no solo carece de relevancia, sino que es incluso un argumento que se vuelve en tu contra.» (página 60)

Los funcionarios del Estado que siguen órdenes ciegamente en esa clase de regímenes tampoco se libran de los comentarios de Samarakis, quien afirma que «el primer requisito de un agente del Servicio Especial, es que ponga todo su afán, todo su celo, en conocer cuanto ocurre fuera del Servicio, del mismo modo que jamás debe sentir la más mínima curiosidad por lo que ocurre dentro.» (página 45) Otro apunte acertadísimo ligado con el anterior: «para el Servicio Especial y cuantos están a sus órdenes, solo tiene validez una filosofía muy peculiar, según la cual los hombres no se dividen en buenos y malos, honrados y no honrados, ni en tantas otras clasificaciones inútiles (…). Para un inspector del Servicio Especial (…) o se está con el Régimen o no se está con el Régimen. (…) El secreto, la llave del éxito y de la paz interior, no solo para el Régimen, sino para el individuo, consiste en simplificar cosas.» (página 61)

Por cierto, el estilo empleado por Samarakis en El fallo recuerda sobremanera al de Kurt Vonnegut: personajes con alguna pequeña excentricidad, diálogos cargados de ingenio, prosa sencilla y ágil, información desordenada y uso de modismos (felicidades a los traductores, por introducirlos sin que la obra pierda la identidad original).

De El fallo valoro especialmente que sea una crítica política alejada de fórmulas todavía efectivas pero ya muy gastadas. En vez de mostrar la brutalidad del Régimen mediante un interrogatorio convencional (eufemismo de sesión de tortura), Samarakis opta por una situación mucho más rocambolesca; en vez de mostrar la alineación de los agentes a través de villanos unidimensionales, traza a un par de antagonistas tirando a anodinos.  

Le encuentro otras virtudes a El fallo. Por ejemplo, que sus personajes, aún rozando la caricatura, nunca se sientan como tal. O que su mensaje político, pese a bordear peligrosamente lo panfletario, logre trascender el maniqueísmo barato para focalizarse en el humanismo innegociable. O que aborde la tragedia casi siempre desde el prisma del absurdo y el humor, y la exprese a través de una prosa desenfadada y ligera. Todo esto resta solemnidad (que no seriedad) al conjunto.   

Por otro lado, admito que El fallo se me ha hecho un pelín larga. Aun así, no puedo decir que le sobren páginas. Y es que su acción pausada, sus diálogos cotidianos, ciertas repeticiones o relatar la misma escena desde diversas perspectivas son requisitos indispensables para que Samarakis provoque el efecto deseado. 

Resumiendo: El fallo es una novela reivindicable, pues entrega un mensaje humanista, hace alarde de una sensibilidad muy interesante y toma caminos poco trillados. Quizá pueda hacerse algo larga e incluso hay quien pensará que durante varios pasajes no cuenta nada, pero si uno se deja llevar por la propuesta de Samarakis, se sentirá conmovido por sus reflexiones, su manera de transmitirlas y su final.

viernes, 3 de marzo de 2023

Reseña + Entrevista: Noche, de Alejandro Sawa

Idioma original: Español 
Año de publicación: 1888
Valoración: Está bien (recomendable para interesados)

Alejandro Sawa escribió Noche en 1888, siguiendo la corriente naturalista que imperaba entonces. Su novela, un decadente tapiz de la España finisecular, abunda en ambientes sórdidos, personajes miserables y escenas incómodas. 

Relata la descomposición de la familia de don Francisco y doña Dolores, dos devotos llenos de contradicciones. Él asfixia a los suyos al encerrarlos en casa y exigirles los más estrictos valores religiosos. Ella se pliega a los designios de su marido, incluso en los momentos en que debería plantarle cara para defender a sus hijos.

El argumento de Noche está al servicio de las ideas de Sawa. Ideas que, aunque reiterativas y a ratos excesivamente enfáticas, funcionan por la enérgica forma en que son comunicadas. Ideas que indagan en torno a la hipocresía de una civilización que se pretende moral, el cristianismo, los pros y contras de la libertad, la paternidad, el sufrimiento, la pobreza, el machismo y el deseo. 

Ideas que nos hacen plantearnos una serie de preguntas. Por ejemplo: ¿puede un ser humano alcanzar la virtud de los catecismos? En caso afirmativo, ¿a qué costa? Más aún: ¿es lícito imponer dicha virtud? Sobre todo teniendo en cuenta que la gente que la anhela o vela por ella suele instrumentarla egoístamente. Por no mencionar que lo que muchas culturas consideran tentaciones, herejías o blasfemias son en realidad mecanismos biológicos que nunca deberían reprimirse.

Insisto: Sawa mete cucharada constantemente. Castizo afrancesado, reivindicador de la «vida», azote de los biempensantes, rabiosamente anticlerical, sorprendentemente empático con el papel al que su sociedad relegaba a las mujeres, suelta perlitas como la que sigue: «¡Oh, madre Naturaleza! ¡Oh, santo instinto de fecundación (...)! ¡Tú eres el solo placer completo que existe sobre la tierra! (...) Por ti, sin el auxilio de ningún factor psicológico, de ninguna clase de alma espiritual e invisible, la vida es fecunda y eterna. Te niegan y te condenan, sin embargo, los cursis y los tontos, el confuso pelotón humano. Es que blasfeman de ese modo. Y en cambio, a nosotros que te afirmamos, ¡oh, Naturaleza!, nos llaman ateos.» (página 139)

Ya veis a qué me refería con lo de ideas excesivamente enfáticas. Pero tampoco ignoremos otros pasajes, planteados con idéntica expresividad pero mucha menos grandilocuencia. Adjunto uno que me gusta particularmente, por lo atmósferico que es: «Había vuelto el mal tiempo, los días frigídisimos del mes de diciembre. Se manifestaba el cielo como una injuria permanente contra la humanidad, y eso hasta el punto de que solo dejaba de llover cuando a los lagrimones como garbanzos con que la lluvia azotaba la ciudad, sustituía la nieve, unos copos de nieve anchos como cuartillas de papel blanco que dejaran caer desde una gran altura. / La circulación por las calles, ofreciendo molestias y aun peligros, se había restringido considerablemente, y solo algún que otro miserable o algún perro vagabundo eran los osados a salir de sus casas, deslizándose en toda la extensión de las aceras, más semejantes a fantasmas que van o vienen de los infiernos (...). Allí donde nieve se derretía, quedaban enormes barrizales intransitables, y sin luz arriba ni sosiego abajo, envueltos por el color gris del horizonte, eran aquellos los días malos en que la desesperación es un consuelo y la muerte una promesa cariñosa; los días en que cualquiera que sea la organización y el temperamento de la criatura humana, se reconoce por todos que lo más difícil es vivir. (...) / Por fin, a las siete de la mañana, (...) se hizo la luz diurna por completo. (...) En Londres mismo se hubiera cubierto de ridículo aquel sol que simulaba alumbrar a Madrid, como quien cumple deber penoso, y se fastidia de consiguiente, y solo se preocuopa de salir del paso. Un sol cochino, al que maldito lo que tenían que agradecer las vegetaciones ni los hombres.» (páginas 105-06)

A continuación querría destacar el apartado menos logrado de la novela: la irregularidad del conjunto. Porque ni el tono es consistente, ni la prosa presenta siempre el mismo nivel de inspiración ni la trama fluye igual de orgánicamente. A esto hay que añadir escollos adicionales: cierta tendencia al melodrama, descripciones abultadas, afectación en los diálogos o las intervenciones del autor/narrador, reiteración de conceptos, una estructura caótica, etc... 

Resumiendo: Noche es imperfecta. Aun así, posee un encanto innegable. No sólo la recomiendo por las reflexiones (alejadas de la moralina fácil) que suscita, su afilado sentido de la ironía o la calidad de determinados pasajes; también por ser el producto de un lúcido retratista de su época que no podemos, no debemos, dejar caer en el olvido.

Por último, dejad que alabe la labor de amarilloNoche es su primera publicación, y la verdad es que la editorial apunta maneras. Sin duda, el libro exhibe oficio y es, como se nos asegura en uno de sus últimos paratextos, «hijo del esfuerzo y la ilusión.»


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A continuación adjuntamos un pequeño cuestionario que Ester Vallejo, editora de amarillo, ha respondido con suma amabilidad:

ULAD: Para quienes no te conozcan, ¿cómo te presentarías?
 
E.V.: Soy una enamorada de los libros y la literatura, siempre han formado parte de mi vida, desde niña. Mi abuela materna siempre que venía a casa nos traía a mi hermano y a mí un cuento -o un tebeo-, y un bollo, decía que así alimentábamos el cuerpo y el espíritu, todo en uno. Aún conservo en mi biblioteca libros de mis primeros años, incluso libros que formaron parte de la infancia de mi padre, son un tesoro. Posteriormente, en etapas más complicadas como fue la adolescencia -con los cambios e inseguridades propios de la edad-, fueron mi mayor apoyo, lo más mío, lo que constituía -yo ya lo sabía-, algo inherente a mi persona, y que me daba seguridad. Le debo mucho a los libros.

ULAD: ¿Qué te ha impulsado a montar una editorial en los tiempos que corren?
 
E.V.: amarillo editora nace de una ilusión que venía forjándose desde hace años. Siempre supe que quería dedicarme a algo que tuviera que ver con los libros. Me formé como bibliotecaria y empecé desde muy joven a trabajar en una librería. He sido librera durante veinticinco años felices, aunque siempre tuve la curiosidad de saber qué había al otro lado del proceso de comercialización de los libros, es decir, qué sucede antes de que el libro llegue al librero, cómo se hace un libro, en definitiva. Hace unos años decidí formarme en este sentido, en principio solo por capricho, como aprendizaje personal. Estuve dos años largos aprendiendo un montón de cosas y poco a poco me empezó a picar el gusanillo de trabajar en una editorial. Tuve que preparar un trabajo de fin de máster y me involucré tanto en el proyecto que cuando terminé, mis objetivos habían cambiado. Quería montar mi propia editorial. No obstante, el proyecto estuvo un año en un cajón, en parte por la situación social, pandemia mediante, y en parte porque dejar un trabajo seguro, con buenas condiciones, y empezar yo sola un proyecto desde cero me parecía una locura. Al final el deseo fue más fuerte que cualquier otro planteamiento y en octubre del 2022 dejé todo y empecé con amarillo.

ULAD: ¿Cuál es tu visión para amarillo editora? ¿Qué catálogo, ritmo de publicación y estética tienes en mente?

E.V.: amarillo editora está dirigida a un público adulto al que quisiera ofrecer literatura interesante, de calidad. Mi idea para el catálogo es, por un lado, rescatar obras y autores de los siglos XIX y XX que en su día fueron importantes pero que hoy día están algo olvidados o descatalogados, y por otro publicar autores más actuales que tengan una trayectoria literaria interesante a sus espaldas pero que no sean muy conocidos. Me interesa en principio cualquier género, de momento he arrancado con novelas pero me gusta mucho el ensayo, la biografía y la literatura de viajes, y me encantaría en el futuro incluir libros en el catálogo que sigan esta línea. Intento buscar el equilibrio, obras de calidad que a la vez puedan interesar al lector de hoy, un lector abrumado por las tecnologías, las prisas y la inmediatez de la sociedad actual. La editorial no deja de ser una empresa que necesita equilibrar la parte puramente literaria con la parte económica, si quiere sobrevivir. En fin, el tiempo dirá, yo de momento aprendo cada día algo nuevo lo cual, para mí, es un lujo maravilloso.
 
En cuanto al ritmo de producción, amarillo es una editorial pequeñita, así es que el ritmo de producción será tranquilo. Mi objetivo es llegar a 6 títulos el primer año y más adelante alrededor de 8 títulos anuales. Ya veremos, producir cada libro supone mucho trabajo y cada libro es cuidado hasta el milímetro, revisando, corrigiendo, etc. Para mí el libro es un todo, continente y contenido. Cuento con algunos colaboradores externos para labores de diseño, maquetación, corrección, etc. La estética de los libros es algo para mí fundamental. Quisiera que el público lector (y ahí incluyo a los libreros, uno de los puntos clave de todo el proyecto), asociara el nombre de la editorial a un aspecto concreto y a una forma de trabajar. Los libros de momento tendrán el color amarillo como estética fundamental, con cubiertas modernas y atractivas, a la vez que sencillas y elegantes, que acerquen los textos de hace cien años al lector de hoy día.

Como decía, un aspecto muy importante que quiero cuidar es la relación de amarillo con las librerías. Afortunadamente cuento con una excelente distribuidora que hará que los libros de amarillo lleguen a las librerías de todo el territorio nacional. Las librerías son un punto clave para que todo el trabajo previo de editores, autores, traductores y demás personas implicadas en el proceso de creación de un libro tenga sentido. Son el nexo entre el libro y el lector final, si el libro no llega al lector, todo el trabajo anterior carece de sentido. Hay que mimar a nuestros libreros y libreras, su trabajo es extraordinario y fundamental en la sociedad actual.

ULAD: ¿Hay algún libro que te haga especial ilusión rescatar del olvido? Asimismo, ¿existen obras que crees que encajarían perfectamente en amarillo pero por la razón que sea no podrás publicar?
 
E.V.: Alguno hay, algún autor que me encantaría publicar y que de hecho he intentado pero que no he conseguido. Para publicar primero hay que comprar los derechos si el autor no es del dominio público y a veces una editorial que empieza no puede llegar a ofrecer los mismos recursos que una editorial grande, o que una editorial consolidada con un engranaje ya en marcha. De momento me he quedado con las ganas de algún título que no ha podido ser, pero no desisto, quizá en unos años esté en condiciones de volver a intentarlo.

ULAD: ¿Por qué has decidido iniciar tu andadura en el mundo editorial con Noche, de Alejandro Sawa?
 
E.V.: ¡Ay, Sawa! Cuando era estudiante en el instituto tratamos como lectura obligatoria Luces de bohemia de Valle-Inclán (ignoro si sigue siendo lectura obligada). Como es sabido, Valle se inspiró en el propio Sawa para construir su personaje protagonista Max Estrella. Recuerdo que el profesor nos contó un poco sobre Sawa, quién fue y cómo fue su vida. Yo me enamoré del personaje y desde entonces siempre me resultó atractivo. Posteriormente he leído su obra, no muy extensa porque murió joven, y traerle de nuevo hoy día me hacía ilusión. Todas las semanas paso delante de la casa en donde murió, en la calle Conde Duque de Madrid, y resulta emocionante pensar que has contribuido un poquito a que su obra siga con nosotros. Durante todos estos años otras editoriales han ido publicando de vez en cuando alguno de sus títulos y de este modo nuevos lectores podrán saber quién fue. Sawa fue un autor que nunca se plegó a censuras ni convencionalismos, amaba el Arte y la Belleza por encima de todo, vivió sus «años dorados» -como él mismo los denominaba-, en el París de principios de siglo, y dejó su impronta en la sociedad de su momento. Pero su forma de ser y de vivir eran poco prácticas y acabó su vida arruinado y enfermo. Si a alguien le interesa su figura, recomiendo absolutamente la espléndida biografía de la profesora Amelina Correa, Alejandro Sawa. Luces de bohemia, un placer de lectura.

ULAD: ¿Puedes adelantar qué está por venir en amarillo?

E.V.: Lo próximo serán dos autoras interesantísimas y muy valoradas en su momento: Dolores Medio, ganadora del Premio Nadal en 1952, y Elisabeth Mulder, una mujer extraordinaria en su tiempo, con un bagaje cultural y vital nada comunes en la España de los años cuarenta. De Medio publicaré El pez sigue flotando, una novela sobre la clase media española en los años cincuenta, en plena dictadura. De Mulder rescatamos Alba Grey, una estupenda novela que en su día tuvo mucho éxito de público y crítica, y en donde lo mejor son, sin duda, sus personajes bien construidos, lo cual es una de las señas de identidad de la obra de esta autora. Y seguiremos…


También de Alejandro Sawa en ULAD: Aquí

martes, 24 de enero de 2023

Ward Thomas: Extraño en la tierra

Idioma original: Inglés
Título original: Stranger in the land
Año de publicación: 1949
Traducción: Carlos Sanrune
Valoración: Recomendable

Extraño en la tierra se publicó originalmente en 1949 en Estados Unidos; apareció también al año siguiente en Inglaterra. Desde entonces había caído en el olvido. La editorial Amistades Particulares, haciendo gala de su labor de arqueóloga de la literatura LGTB más marginal, la ha recuperado, traduciéndola por primera vez al español.

La novela de Ward Thomas (pseudónimo de Edward Thomas McNamara) es tremendamente adictiva. Yo leí sus trescientas y pico páginas de letra chiquitita en apenas tres días.

Narra la vida de Raymond, un joven profesor homosexual que ama «contra las reglas de la naturaleza, contra el beneplácito social y a pesar de la resistencia de su propio espíritu» (pg. 111). El objeto de su devoción es Terry, un hermoso muchacho de la calle que se niega a trabajar, alcohólico precoz vinculado con los bajos fondos. Terry aprovechará una caza de homosexuales ejercida por las autoridades locales para chantajear a Raymond.  

¿Qué decir de esta obra? Me ha enganchado con su trama y me ha seducido con su cuidada prosa, su minuciosa ambientación, sus sugerentes temas, la evolución psicológica de su protagonista o la complejidad de sus personajes, dinámicas y conflictos. 

Detengámonos un momento en los mentados personajes. Raymond, por ejemplo; es muy fácil empatizar con él, porque además de sensible, inteligente y tranquilo, es repelente, contradictorio y autodestructivo. ¿Cómo no sentir cariño ante sus defectos: su pedantería, su dogmatismo intelectual, su condescendencia, su desidia laboral, su miopía interesada a la hora de tratar con Terry o su completamente gratuita misoginia? ¿Cómo no conmovernos ante sus pequeños arcos de redención, o lamentar su degradación en determinados aspectos?    

Ahora recalemos en los temas barajados por Ward. Uno de ellos sería que la sexualidad es intrínsecamente despreciable. Otro: que la sociedad es hipócrita a la hora de juzgar la sexualidad de ciertos individuos, pero aun así resulta conveniente plegarse a los designios de la multitud. Adjunto a continuación varios pasajes que indagan en torno a estas ideas, para que comprendáis la riqueza de las mismas:

  1. «Ningún hombre podía esperar escapar al castigo derivado sus placeres, y cuando las preferencias peculiares de un individuo eran calificadas arbitrariamente de "vicios" por la mayoría de sus conciudadanos, el castigo era siempre muy desproporcionado con respecto al placer. Nunca valía la pena (...) saltarse los prejuicios del rebaño y desafiar la venganza de la moral de la masa» (pg. 104).
  2. «Iba a matarse no por lo que él creía, sino por lo que otros hombres creían, no porque la vida le pareciera intolerable por su monstruosidad sexual, sino porque ellos se la harían intolerable. Ellos creían que la muerte era el único destino apropiado para criaturas como él, y él iba a complacer el sentido del decoro que ellos imponían. No importaba (...) que siempre hubiera tolerado las aberraciones eróticas del grupo; ellos no toleraban su especial aberración, y toda la libertad que él mantenía ante los pecados de ellos no contaba para nada. El grupo no pedía tolerancia al individuo: exigía conformidad» (pg. 201-202). 
  3. «La felicidad no era para aquellos que vivían en oposición a los patrones aprobados de la socidad» (pg. 206).

A mi juicio, el punto flaco de Extraño en la tierra es su extensión, ya que la novela podría podarse significativamente. Contiene párrafos sobre el subtexto, la introspección del protagonista o la descripción del entorno excesivamente dilatados o directamente redundantes; todos ellos aportan, claro, pero oblicuamente. Contiene, también, diálogos abultados, reflexiones tangenciales y escenas omitibles.  

Otros defectillos lastran, aunque en menor medida, la obra de Ward: un último tercio que se hace algo cuesta arriba y un desenlace que se antoja anticlimático. 

No os llevéis una impresión errónea; pese a su margen de mejora, recomiendo esta joyita. Sus virtudes compensan con creces sus limitadas carencias. Y si bien es cierto que su extensión amedrenta a la hora de abordarla de nuevo, al menos en un periodo de tiempo breve, es innegable que no me arrepiento de haberla encontrado.

miércoles, 18 de enero de 2023

Byung-Chul Han: La expulsión de lo distinto

Idioma original: alemán
Título original: Die Austreibung des Anderen
Traducción: Alberto Ciria
Año de publicación: 2016
Valoración: muy recomendable


Confieso ya de entrada, que los libros que analizan, en clave de ensayo, nuestra sociedad y el mundo en el que nos encontramos despiertan mi interés. Y más aún si lo hacen mediante una crítica sin paliativos al egoísmo y narcisismo que, cuál veneno o virus letal, nos contagia y nos envuelve, nos adormece en un largo letargo envuelto de objetos y vacuidades que nos distraen de nuestro propósito vital que, a mi entender, no debería ser otro que el de (auto)conocernos y enriquecer nuestros conocimientos y nuestra sociedad.

En este conjunto de reflexiones acerca de diferentes aspectos en torno a la alteridad que el autor descompone en doce capítulos, Byung-Chul Han explora nuestra relación con lo distinto, con "el otro" pero que, a la vez, no deja de ser una relación con nosotros mismos. Y para ello, debemos conocernos y conocer el mundo que nos rodea, entendiendo “mundo” como lugar habitado por personas con las que no siempre coincidiremos en nuestra visión del mismo.

Por ello, en un mundo cada vez más parecido y uniforme, Byung-Chul Han asevera que «el terror de lo igual alcanza hoy todos los ámbitos vitales. Viajamos por todas las partes sin tener ninguna experiencia. Uno se entera de todo sin adquirir ningún conocimiento». Así, deambulamos por la vida sin tener consciencia (entendiendo consciencia a un acto que requiere de reflexión) de la misma ni de una necesaria interrelación con los demás, pues «la interconexión digital total y la comunicación total no facilitan el encuentro con otros. Más bien sirven para encontrar personas iguales y que piensan igual, haciéndonos pasar de largo ante los desconocidos y quienes son distintos, y se encargan de que nuestro horizonte de experiencias se vuelva cada vez más estrecho. Nos enredan en un inacabable bucle del yo». En nuestros tiempos de fácil acceso a la información, se puede constatar que su fácil acceso es a la vez su limitación, pues «la información simplemente está disponible. El saber en un sentido enfático, por el contrario, es un proceso lento y largo» e incluso, en el universo de los metadatos, suponen un saber muy escaso pues «con la ayuda de macrodatos se averiguan correlaciones (…) La correlación es la forma de saber más primitiva, ni siquiera está en condiciones de averiguar la relación causal (…) La pregunta por el porqué está aquí de más. Es decir, no se comprende nada. Pero saber es comprender».

En el amplio alcance que supone la comunicación digital, el autor nos habla sobre las redes sociales y el uso que se hace de ellas, pues «la comunicación digital (…) propicia una comunicación expansiva y despersonalizada que no precisa interlocutor personal, mirada ni voz. (…) Las redes sociales no fomentan forzosamente la cultura de la discusión. A menudo los manejan las pasiones» creando así un lugar de confrontación y no de crecimiento algo que es aprovechado por los populismos. Respecto a este aspecto, cabe decir que ciertas ideas que arroja el pensador son controvertidas y con las que podríamos divergir pues aunque afirma que «el nacionalismo que hoy vuelve a despertar, la nueva derecha o el movimiento identitario son asimismo reacciones reflejas al dominio de lo global», también afirma que «no es casualidad que los seguidores de la nueva derecha no solo sean xenófobos, sino también críticos del capitalismo» (algo que a mi modo de ver no es cierto, o al menos no lo es en todos los territorios). Más acertado está, a mi entender, cuando habla de la economía de la atención pues «totaliza el tiempo del yo» en una búsqueda constante de la atención, ese gran bien del que disponemos y que es objeto de deseo de las corporaciones como ya apuntaba James Williams en «Clics contra la humanidad».

En mi opinión, el autor se muestra especialmente lúcido y acertado cuando habla de la sociedad actual y su alta tendencia al narcisismo, propulsado por un consumismo que viene aupado del neoliberalismo. Un consumismo que pretende alimentar una autenticidad pero que nos convierte en sus esclavos, pues tal y como afirma Byung-Chul Han, «como estrategia neoliberal de producción, la autenticidad genera diferencias comercializables (…) Los individuos expresan su autenticidad sobre todo mediante el consumo. El imperativo de la autenticidad no conduce a la formación de un individuo autónomo y soberano.  Lo que sucede es, más bien, que el comercio lo acapara por completo» y que desvirtúa el concepto de autenticidad porque «el imperativo de autenticidad desarrolla una obligación para consigo mismo, una coerción a cuestionarse permanente a sí mismo, a vigilarse a sí mismo, a estar al acecho de sí mismo, a asediarse a sí mismo. Con ello intensifica la referencia narcisista». En este aspecto, la relación entre la sociedad actual y el narcisismo imperante recuerda al ensayo de Lluís Calvo «Els llegats» así como nos viene también a la memoria el ensayo «Calla y paga» de Inés García López en el que la autora aborda el impacto del capitalismo y la relación entre objeto y sujeto o a Ingrid Guardiola y su «El ojo y la navaja» en el que explora la relación entre el individuo y las imágenes mostradas en las redes. En este aspecto, Byung-Chul Han (como Inés García López) cita a Lacan para sostener su opinión y afirma que «el sujeto narcisista solo pervive el mundo en las matizaciones de sí mismo. La consecuencia fatal de ello es que el otro desaparece». Así, expulsamos al otro de nuestro mundo, dirigimos la mirada hacia nosotros mismos reduciendo así el mundo a nuestra propia imagen, algo que se evidencia por «la adicción a los selfies» pues «no tiene mucho que ver con el sano amor a sí mismo: no es otra cosa que la marcha en vacío de un yo narcisista que se ha quedado solo (…) Los selfies son el yo en formas vacías». 

Byung-Chul Han también dirige su mirada a la cultura y al arte como elemento disruptivo y que de manera denunciativa exhibe Jeff Koons en sus obras, pues «muestran unas imágenes que reflejan nuestra sociedad, que se ha convertido en unos grandes almacenes». Un arte que «se amalgama por completo con la cultura del consumo». Y, hablando de arte, el autor cita también a Adorno quien defiende la extrañeza del mundo afirmando que «quien percibe el mundo de otro modo que no sea como algo extraño no lo percibe en absoluto» de manera que «para Adorno no habría ningún arte que haga sentirse a gusto» y critica la sociedad actual, una sociedad del «me gusta» para quien «todo se vuelve complaciente, incluso el arte. Hoy hemos olvidado de asombrarnos». En este aspecto, el autor ahonda específicamente en la literatura y defiende especialmente la poesía pues «el poema es un acontecimiento dialógico. La comunicación actual es fuertemente narcisista. Se produce sin ningún tú, sin invocar al otro. En el poema, por el contrario, yo y tú se engendran mutuamente».

Para terminar, hago mías unas palabras del escritor francés Michel Butor, citado por Byung-Chul Han, quien «constata una crisis contemporánea de la literatura y la concibe como una crisis de espíritu», pues «hace diez o veinte años que ya no sucede casi nada en la literatura. Hay un aluvión de publicaciones, pero un parón intelectual». Creo que el autor tiene bastante razón en esta afirmación, pues particularmente cada vez me es más difícil encontrar un gran libro de narrativa actual. Por el contrario, me encuentro más a gusto (que no cómodo) en los ensayos como este pues nos invitan a la reflexión y a la ardua tarea de intentar comprender algo mejor este cambiante, consumista y narcisista mundo que, por fortuna o por desgracia, estamos construyendo entre todos.