Título original: Berlin Noir
Años de publicación: Violetas de marzo, 1989; Pálido criminal, 1990; Réquiem alemán, 1991
Traducción: Isabel Merino
Valoración: muy recomendable
Hace ya unos cuántos años (cómo pasa el tiempo...) reseñé en este blog incomparable Praga mortal, una novela de la serie del detective alemán Bernie Gunther, escrita por el malogrado autor escocés Philip Kerr. No obstante, me quedó clavada la espinita de no haber empezado por reseñar la primera de la serie, y ni siquera alguna de las primeras, de la trilogía conocida como Berlín noir o Trilogía berlinesa pero hete aquí que llegó a mis manos, de forma un tanto azarosa, un volumen que reúne estas tres primeras novelas de Gunther, escritas en las últimas décadas del siglo pasado y me pareció una buena oportunidad para su relectura y reseña. Hay que explicar, de todos modos, que unos años después, en 2006, Kerr retomó la serie hasta completar el número de catorce novelas, ambientadas tanto en la época de dominio nazi como en la pre- y post-, es decir, entre los años 20 y finales de los 50 del siglo XX. No necesariamente en orden cronológico y tampoco se desarrollan todas en Berlín, sino que el bueno de Bernie -es un decir- se mueve también por otras ciudades del ámbito germánico, como Múnich, Viena o, ya lo he mencionado, Praga, como en territorios más lejanos: Grecia, Cuba o Argentina.
En ese ambiente turbio, por no decir otra cosa, que caracteriza a la época del nazismo (ya sé que muchos lo echan de menos, hoy en día), se desenvuelve, pues, el duro Bernie Gunther, ex-policía berlinés que une al cinismo y desencanto típicos (y tópicos) de los detectives privados del hardboiled americano, el sarcasmo y la rapidez mental que se dicen propios de los nativos de la capital alemana. Claro que ya se sabe que ese cinismo sarcástico suele ser una coraza defensiva para proteger un corazoncito de lo más sentimental (otro tópico) y lo mismo ocurre en el caso de Gunther; puede que se trate de un tipo duro y que trabaje en ocasiones para los jerarcas nazis -lo que no significa que le gusten... más bien, todo lo contrario-, pero en el fondo no deja de ser un buen tío que, en ocasiones, se arriesga por hacer lo correcto o, al menos, no convertirse en un canalla... no del todo.
Estas novelas, si bien se trata, ante todo, de narraciones propias del género negro, también resultan interesantes, sin duda, por su ambientación y cuidado detallismo histórico. Así, el título de la primera de las que componen esta trilogía, Violetas de marzo, hace referencia a los alemanes que se apuntaron al NSDP tras el triunfo de este partido, llamados así por los nazis "pata negra" (quiero decir, "para aria") que habían estado junto a Hitler desde el primer momento. La acción tiene lugar en 1936, cuando el régimen aún está afianzándose en el poder, aunque ya está más que claro el rumbo criminal que va a tomar, pero trata de darle al mundo una imagen "presentable" por medio de los JJ.OO. de ese año. En ese ambiente aún algo ambiguo, Bernie Gunther, especializado en la búsqueda de personas, es contratado por el industrial del acero Hermann Six para investigar la desaparición y posible asesinato de su hija y su yerno, así como para localizar un collar de diamantes robado. En su pesquisa Günther se verá mezclado con ciertos asuntos de la oligarquía nazi y deberá moverse tanto entre esas espinosas compañías como en el ambiente del crimen organizado berlinés o el campo de concentración de Dachau. Como ocurre con otras novelas de la serie (al menos las que yo he leído), encontramos descripciones pormenorizadas tanto de escenas de carácter sexual como de momentos de violencia extrema, aunque, en buena medida, lo que prevalece en la narración, como digo, es la cuidada recreación de aquella época y lugar, tan determinantes en la Historia contemporánea de Europa y del mundo.
En la segunda novela, Pálido criminal, ambientada dos años más tarde, Bernie Günther es requerido por el ínclito Reinhard Heydrich, jefe del SD -que ya aparece en la primera y, sobre todo, será un personaje central en Praga mortal- para descubrir a un asesino en serie que está matando mujeres en Berlín, puesto que Gunther ya resolvió un caso similar en sus tiempos de policía. Para ello, deberá reintegrarse en la Kripo o Policía criminal y trabajar con su antiguo compañero y ahora bien situado en el escalafón nazi, Arthur Nebe (éste también es un personaje real). La idea, en principio y aunque parezca contradictoria, es tratar de evitar las represalias, inoportunas en ese momento, contra los judíos, a quienes se echa la culpa de los crímenes, pero la cosa se enredará cuando Gunther comience a encontrar la implicación de dirigentes de las SS, sección Cuarto Milenio... quiero decir los más aficionados al esoterismo -para lo que deberá incluso visitar el célebre castillo de Wewelsburg, donde se juntaban para sus francachelas ocultistas-; dicho de otra forma, se verá metido en medio de una lucha por el poder dentro de la elite del III Reich.
La tercera de las novelas, Réquiem alemán, quizá la menos compacta narrativamente, a priori, de las tres, se sitúa en 1947, en plena y dura posguerra, primero en el Berlín ocupado por las cuatro potencias vencedoras, Un Bernie infelizmente casado se ve obligado a buscarse la vida tras pasar una temporada en un campo de prisioneros soviético, hasta que recibe el encargo, precisamente de un coronel soviético de MVD (anterior NKVD), de ayudar a exonerar a Emil Becker, antiguo compañero suyo en la policía, estraperlista y acusado de haber matado a un oficial estadounidense en Viena. Bernie se desplaza hasta la bella capital austríaca (sí, lo sé, la trama recuerda a cierta famosa película y subsiguiente novela, a la que, de hecho, hay una referencia en esta otra) para verse envuelto en una trama de espionaje, dentro de los primeros capítulos de la Guerra Fría y la caza de criminales de guerra como el jefe de la Gestapo Heinrich Müller. Es una novela, como he querido decir antes, menos absorbente que las otras dos, o quizás sería mejor decir menos atrayente, por más compleja o más inasible, dada la naturaleza de su argumento.
Como sea, en conjunto estas novelas, así como las que escribió Kerr posteriormente, son una muestra excelente del noir contemporáneo más duro, que lo mismo pueden agradar a los y las lectoras de este género como del histórico. Además, se puede decir que han creado casi un subgénero o al menos escuela: el de las narraciones policíaco-detectivescas durante la II Guerra Mundial en las que el investigador pertenece al bando perdedor (perdedor... de momento, porque cualquier día nos reescriben la Historia desde el poder "nostálgico" que parece en alza en este siglo XXI), como es el caso de las escritas por la italiana Ben Pastor o el español Ignacio del Valle (y seguro que existen más ejemplos). Las de Kerr, en todo caso, están escritas con un rigor y buen oficio ejemplares, sin detenerse en florituras pero sin hacer tampoco concesiones facilonas al lector que busque un best-seller sin más complicación. Cierto que las escenas de sexo le salían quizás un poco perretevertianas, pero, además de que tienen un aire algo socarrón, a Kerr -o a Gunther, ya que todas las novelas están contadas en primera persona- se lo perdonamos... Por lo demás, es imposible no tomarle afecto a este detective paradigmático que debe navegar siempre, entre las aguas más procelosas que imaginarse pueda. Quien las lea no dejará de disfrutar de sus a/desventuras y de la prosa de un escritor que merece no ser olvidado.
Nota final: Por su "tochez", este libro podría haber entrado perfectamente en la última Tochoweek, pero al tratarse de un volumen compuesto por tres novelas independientes, por más que compartan el mismo protagonista, me pareció que incluirlo podría haber sido hacer un poco de "trampa". Quien quiera, que tome esta reseña de hoy como una especie de coda al al Tochoweek VI, pues... y quien no quiera, pues que no lo haga, claro.


















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