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martes, 14 de julio de 2026

Julian Barnes: Despedidas

Idioma original: inglés 

Título original: Departure(s)

Año de publicación: 2026

Traducción: Jaime Zulaika

Valoración: recomendable

Si alguien lo recuerda, en la reseña dedicada a Mis cambios de opinión, comentaba que ese libro no  era el último que iba a publicar Julian Barnes, que a su ya respetable edad une el padecimiento de una grave, aunque cronificada enfermedad. Así pues, el último, de verdad, es éste al que dedicamos la reseña de hoy, convenientemente titulado Despedidas (aunque yo prefiero el título original, Departure(s), que en inglés tienen el sentido de "salidas" o "nuevos rumbos", que me parece más adecuado).

La trama -si es que existe alguna- de este libro (me resisto a llamarlo novela) resulta, cuando menos, bastante escurridiza: digamos que, en principio, Barnes nos cuenta la historia de amor/desamor de dos amigos suyos, en dos momentos de sus vidas separados por un intervalo de cuarenta años. Pero también encontramos una crónica del diagnóstico de la enfermedad que padece -un cáncer de la sangre, neoplasia mieloproliferativa, que no lo matará, pero le acompañará hasta su muerte-, disgresiones sobre la memoria -sobre todo de lo que se conoce como IAM: Involuntary Autobiographical Memory-, digresiones sobre la muerte, digresiones sobre la literatura -en especial la francesa, que ya se sabe que M. Barnes es un notorio francófilo-, sobre la percepción que los perros tienen de sí mismos, sobre la asimetría en las relaciones amorosas, sobre... en fin, lo que sea, porque si en algo es especialista este escritor es en lo de digredir, algo que se le da de maravilla (de hecho, algunos de sus libros, entre ellos el más célebre, El loro de Flaubert, no dejan de ser sino una digresión detrás de otra). Ningún problema, pues, excepto que, quizás, en algún momento se desdibuja un tanto los temas centrales del ibro, que vienen a ser los que ya he mencionado: el amor, la vejez, la memoria y la muerte (tiene su lógica, primero porque ya son temas tratados anteriormente por Barnes en otros títulos, pero, además, porque eas de suponer que ocupan bastante los pensamientos de cualquier persona, sea escritor o no, de ochenta años y con un cáncer "incurable,  aunque tratable" ya de por vida). Con todos estos asuntos y más, de los que, en apariencia, va saltando de uno a otro sin orden ni conciertos, en realidad Barnes va tejiendo una urdimbre a base de divagaciones, reflexiones, recuerdos, hasta que el lector (este lector, al menos, que probablemente esea más obtuso que otros) se da cuenta de que todo va formando un cuadro, un tapiz que probablemente el autor ya tenía en mente desde que comenzó a escribir el libro, pero que ha preferido mostrarnos poco a poco, por medio de una conversación amistosa y ligera, entre viejos camaradas. Este tono amable y poco dramático, aun cuando se estén tratando cuestiones de la vida bastante graves, o incluso espinosas, es una especialidad de Barnes, como sabrá quien ya haya frecuentado su obra y, la verdad, se agradece que sea el elegido, de nuevo para éste su último libro.

Un segundo aspecto del libro, algo más delicado para éste vuestro servidor, es el gran e incuestionable peso que tiene en el mismo lo que podríamos denominar "el aspecto autobiográfico" (obvio eufemismo para no tener que recordar la palabra maldita: autoficc...bueno, ya sabéis). Pero, bueno, es verdad, por otr parte, que lo de la autoficcetc. no es sólo una moda a seguir para Barners, sino que toda su obra esta llena de referencias a sí mismo y sus circunstancias. Y, qué coño, es el último libro de Julian Barnes, que tiene ya ochenta años y un cácer "incurable pero tratable". Hasta yo lo puedo (y lo debo). pasar por alto, así que no problem...

En fin, como ya sabrá más de uno y una de nuestros amables lectores/as, el próximo mes de octubre este escritor recibirá el Premio Princesa de Asturias de las Letras, artefacto propagandístico de la monarquía española que, por una vez, sirve para algo (*). Quien quiera y pueda acercarse al teatro Campoamor de Oviedo tendrá la oportunidad de despedirse en persona, siquiera a distancia, de este nuestro estimado.  autor. Pera para ellos y ellas, así como para el resto de nosotros, la despedida no es definitiva: nos quedan la lectura y la reslectura de todos los demás libros que ha escrito y la sensación, la ilusión, si se quiere, de estar dialognado con un amigo amable y ocurrente, al menos mientra dure esa lectura. Por eso al menos yo no me despediré aún de Julian Barnes, sino que esto será, en todo caso, un "hasta pronto". Y, sobre todo, muchas gracias por todo lo escrito: ha sido y continuará siendo, un placer.

(*) Se trata, si se quiere, de un premio de consolación aunque magro, por no haber recibido el Nobel, para el que, en mi opinión, Julian Barnes había acumulado más méritos que Ishiguro, escritor de su misma generación... Ahora, bien, el propio Barnes, cuando es requerido al respecto, suele recordar que a Ismail Kadaré tampoco se lo concedieron y eso sí que supone una injusticia...

También del ya añorado Julian Barnes en ULAD: Todos éstos

viernes, 3 de julio de 2026

Tochoweek VI #5 Joe Abercrombie: Los diablos

Idioma original: inglés

Título original: The Devils

Año de publicación: 2025

Traducción: Manu Viciano

Valoración: sin duda, recomendable

Para quien no lo sepa y quizá le interese, el británico Joe Abercrombie es considerado el actual "rey del grimdark", que no es una desviación del black metal escandinavo (bueno, igual un poco sí), ni una práctica sexual extrema y esotérica (bueno, un poco también), sino el género de "Espada y Brujería" de toda la vida, pero en el que sus personajes se lanzan a rebozarse en las más bajas pasiones, tanto del alma como del cuerp (incluyendo aquellas funciones corporales cuya descripción o incluso mención suele evitarse en la ficción), el lenguaje poco apropiado para personas con cierta sensibilidad y, claro está, la violencia desatada y sin elipsis narrativas que valgan... Vamos, que se lo pasan pirata y más aún quién escribe tanto desafuero. En este caso, con un éxito considerable, además. A ver quién convence a Mr. Abercrombie de que deje de hacerlo...

El argumento de la novela, en todo caso, no resulta especialmente original en su planteamiento, aunque sí más en su desarrollo: en una suerte de Edad Media distópica -en la que, por ejemplo, los Santos Lugares han sido tomados por los elfos- es descubierta en las calles de la Ciudad Santa una pilluela que resulta ser la princesa Alexia, heredera del Trono Serpentino de Troya. Para que pueda desplazarse hasta allí y reclamarla, la papisa niña Benedicta la encomienda a la protección de la Capilla de la Santa Conveniencia, un heterogéneo grupo bajo el supuesto mando del bisoño hermano Díaz y que reúne a un guerrero inmortal, una aventurera impenitente, un nigromante jactancioso, un viejo barón vampiro, una elfa que puede hacerse. invisible y una vikinga licántropa. Por el camino, deberán enfrentarse a multitud de peligros, en forma sobre todo de mercenarios, engendros mutantes o poderosas hechiceras... En fin, lo normal.

Como se ve, el tropo es bastante habitual, aunque quizás más en el cine o el cómic que en la literatura: la reunión de un grupo de personajes de dudosa moralidad e incluso naturaleza, con el fin de llevar a término una misión más o menos honorable y de forma más o menos voluntaria (lo hemos visto desde en Los siete samuráis o Los siete magníficos a Los doce del patíbulo. Por no recordar La Liga de los Hombres Extraordinarios, El escuadrón suicida, etc.). La gracia consiste en juntar a personalidades diversas, que puedan chocar pero también forjar insólitas camaraderías, pese a sus diferencias y a la sevicia que se les supone a los miembros de la malhadada Capilla -y eso, por no hablar de romances no menos insólitos-; ése, sin duda, constituye uno de los puntos fuertes de la novela, las relaciones que se establecen entre los personajes y sus correspondientes dinámicas -básicamente, a base de bromas, pullas e indirectas-, aunque también, en algún momento, se pueden hacer un poco reiterativas y hasta innecesarias. El otro punto fuerte, además de la aventura en sí -bastante trepidante, por momentos- sería, como seguramente alguien haya adivinado ya, el sentido del humor, que recorre toda la narración de principio a fin y distingue sobremanera a esta novela de otras del subgénero grimdark


También, seguramente, habrá quien se haya dado cuenta a estas alturas: Los diablos resulta ser, básicamente, una versión más bien espuria de El Señor de los Anillos, sólo que aquí, en vez de tener que llevar el Anillo de Poder al Monte del Destino para destruirlo, la Compañía... es decir, la Capilla de la Santa Conveniencia ha de acompañar a una improbable princesa a conquistar el trono de un imperio. Y sus componentes son mucho más proclives al fornicio, claro (aunque a saber lo que no quiso contarnos Tolkien... que, después de todo, eso del segundo desayuno suena a que necesitaban recuperar energías por algún motivo) y a la efusión gore, más o menos justificada... La novela, en todo caso, resulta de lo más entretenida, por más que, en algún momento, un tanto previsible, También es menos oscura de lo que requieren los canones del grimdark; de hecho, los miembros y miembras del la capilla, por más que sean calificados -incluso por ellos mismos-, como "monstruos", acaban por resultar entrañables y parecen unos colegas bastante presentables, perfectos para ayudar en una mudanza o, yo qué sé, desmembrar a una partida de esbirros mutantes. El estilo, además, es bastante ágil y mundano, lleno de coloquialismos y chascarrillos que permiten que las ochocientas paginacas de que consta el tocho pasen en un santiamén (bueno, es un decir). Lectura perfecta, pues,  para disfrutar de ello en verano; huelga decir que siempre que el género sea del agrado del lector o lectora, claro.

¿La mayor pega? Que yo pensaba que era una sola novela y resulta que se trata de la primera parte de una trilogía -aunque autoconclusiva, al menos-; habrá que leerse las otras dos partes, cuando se publiquen. Tampoco es que vaya a ser un sacrificio hacerlo, en todo caso...

viernes, 27 de marzo de 2026

2*1: Una madre trabajadora de Agnes Owens y Riesgo moral de Kate Jennings

2*1, sí. ¡Como si esto fuesen los siete días de oro de los gafapastas! Pero todo tiene su sentido. En este caso, dos son los lazos que ligan los libros hoy reseñados: su premisa (una mujer que, por motivos relacionados con la situación de sus respectivos maridos, ha de ponerse a trabajar) y su publicación en España por Muñeca Infinita. Ahora bien, no penséis que estoy va a ser una reseña comparada ni nada por el estilo; serán dos reseñas "independientes" de dos libros muy diferentes entre sí pero altamente recomendables. Empezamos.

Idioma original:
Inglés 
Titulo original: A working mother
Año de publicación:1994
Traducción: Blanca Gago
Valoración: Bastante recomendable

Apenas cuatro líneas de diálogo sirven para ponernos en situación sobre los dos personajes que protagonizarán esta novela: Betty y Adam, un matrimonio que no parece ir demasiado bien. Pero lo que parecía un drama sobre un matrimonio en descomposición resulta que, apenas 15 páginas después, se convierte en algo ligeramente diferente. Digamos que ese componente no desaparece (tristeza, soledad, alcohol, etc están presentes a lo largo de toda la novela), pero el tono del texto nos lleva al terreno de la "tragicomedia".

                                                    - Y mientras tanto, los hombres se morían
- Tú no. Ojalá te hubieras muerto
                        - Ojalá. Lo pienso cada vez que os veo a ti y a los mocosos en este vertedero 
 
Porque Una madre trabajadora es una novela oscurísima, ácida y llena de un humor negro profundamente british, en la que se juntan lo sórdido y lo patético, lo absurdo y lo triste. Tanto es así que la novela podría ser (y aquí me la juego), tanto por tono como por estructura, una sitcom británica que adaptara una obra de teatro de Tennessee Williams. O una especie de revisión oscura de Fleabag, la estupenda y recomendadísima serie protagonizada por Phoebe Waller-Bridge. 

No voy a entrar en detalles sobre el argumento porque implicaría destripar parte importante del atractivo de la novela, por lo que paso directamente a enumerar sus puntos fuertes:
  • los diálogos, con los que la autora describe situaciones y personajes, al tiempo que hace avanzar la trama. Se lleva la palma Betty, el personaje más logrado.
  • su ritmo, conseguido a través de breves escenas y de los comentados diálogos, con los que Owens se salta las "zonas de transición".
  • su capacidad de meter el dedo en la llaga desde una aparente ligereza. El amor, el sexo, las relaciones de poder, el papel de la mujer en la familia y en la sociedad, etc son otros temas que parecen en la novela.
  • el contraste entre sordidez y absurdo.
  • el final, contundente pero coherente con el desarrollo previo.
Quizá alguien pudiera decir que los personajes secundarios no están del todo bien construidos o que los saltos entre escenas son demasiado abruptos. Puede ser, pero me inclino a pensar que esto obedece más a la propia estructura de la obra que a un defecto "en sí". Optar por una novela más convencional podría dar mayor profundidad a esos personajes y mayor "continuidad" a la trama, pero creo que el texto perdería en frescura e inmediatez. Y no sé yo si compensaría, la verdad.

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Idioma original: Inglés  
Titulo original: Moral hazard
Año de publicación: 2002
Traducción: Esther Cruz Santaella
Valoración: Bastante recomendable

Voy a contar mi historia de la forma más directa que pueda, de lo más directa que me lo permitan los recuerdos torcidos que todos tenemos. Toda una declaración de intenciones que se cumple a lo largo de las 186 páginas de una novela en la que "conviven" la enfermedad degenerativa del marido de la narradora y la inserción de esta en el darwiniano entorno de la banca de inversión de Wall Street. Dos temas aparentemente antitéticos, pero que en manos de Jennings engarzan de forma convincente.

¿Cómo lo hace? Pues a través de breves capítulos en los que el escenario salta de la intimidad del hogar o del centro médico a la agitación del mundo de las altas finanzas y en los que su protagonista y narradora tiene la sensación de moverse entre dos formas de demencia.

Puede dar la impresión de que dentro de Riesgo moral hay dos novelas diferentes. No diría tanto ya que ambas comparten tono y cuentan con elementos comunes que son utilizados por la autora para lograr el engarce que comentaba anteriormente. El principal nexo de unión entre ambas "partes", además de la sensación citada en el párrafo anterior, es su carácter casi iniciático. La protagonista ha de aprender a convivir con la enfermedad y con un marido que cada vez se parece menos a quien fue no hace mucho tiempo y, al mismo tiempo, ha de aprender a moverse en un mundo absolutamente desconocido para ella y del que obtendrá valiosas lecciones.

Es normal que la parte "íntima" de la novela llegue de forma más directa. Jennings opta por el patetismo en lugar del espanto para mostrar el miedo y la soledad ante la enfermedad y la muerte. Pero hay momentos de luz, de ternura y amor que no palían el dolor, pero suponen un breve respiro. Jennings consigue emocionar sin caer en la sensiblería.

Por su parte, el lado financiero de la novela resulta algo más "áspero". Me gusta el retrato que ofrece del mundo laboral, demoledor y realista al mismo tiempo, así como la evolución de la protagonista en los 6 años que permanece en el mundillo, pero todo lo relacionado con intrigas más o menos políticas y el mundo de los derivados y opciones se me hace algo cuesta arriba, la verdad.

Pese a esta última salvedad, Riesgo moral supera con nota el examen y demuestra el buen ojo del editor para rescatar textos de los que nadie (o casi nadie) había oído hablar por estos lares.

jueves, 11 de diciembre de 2025

Malcolm Lowry: Ultramarina

Idioma original: inglés

Título original: Ultramarine

Traducción: Jaime Zulaika

Año de publicación: 1933

Valoración: Se deja leer

 

Es admirable hasta qué punto nos fascinan las aventuras marítimas, no digamos en medios audiovisuales, pero también en el mundo de los libros la literatura oceánica ocupa seguramente miles de volúmenes de todas las épocas y bajo todos los enfoques. Debe ser la vulnerabilidad del navío, un puntito minúsculo perdido en la inmensidad del mar, azotado a veces por tempestades monstruosas, el aislamiento de los viajeros, las distancias que en otras épocas solo podían medirse en meses, la aventura de descubrimientos insólitos.

Pues he aquí que Malcolm Lowry, autor británico más famoso por su novela Bajo el volcán, con notables problemas con el alcohol y tendencias autodestructivas, escribe su primera obra con solo veinticuatro años, justamente sobre su experiencia en un viaje de diez meses en un carguero. El joven burgués Lowry, que ya apuntaba hacia la insatisfacción permanente y las tormentas interiores, se embarca sin más motivo que vivir algo intenso, la intención de  descubrir quizá más cosas de sí mismo que de latitudes exóticas, y probarse en un medio duro, rodeado por gentes curtidas que de inmediato le desprecian porque ha hecho perder su trabajo a otro aprendiz, y su padre le ha llevado a los muelles en un lujoso automóvil.

La principal peculiaridad del libro es que realmente se parece poco a todo lo demás que conocemos de esa literatura marinera: no sabemos cuál es la trayectoria del viaje (apenas que recala en un par de puertos asiáticos), ni tenemos noticia de acontecimientos relevantes (la tormenta, situaciones de peligro o incertidumbre, movidas entre la tripulación), ni parecen interesar demasiado reflexiones en torno a  los paisajes, la soledad, el aburrimiento, el miedo o la excitación derivados de la distancia, la perspectiva del regreso, cuestiones que parecerían oportunas en estas circunstancias.

Lo único que ocupa la mente de Dana Hilliot (protagonista y trasunto del autor) son tres cosas:

  • Su novia Janet, relación de toda la vida, en la que piensa a todas horas. La añora, recuerda su perfume, su voz, escenas vividas, paisajes compartidos. Amor romántico, total, incondicional.
  • Las escalas en los puertos ofrecen sexo a mansalva, el tópico de los sórdidos burdeles para marineros. Hilliot se resiste porque piensa siempre en Janet, aunque la tentación es muy fuerte. La otra opción de desparrame es el alcohol en cantidades sobrehumanas, un problema que el propio Lowry llevaba encima como queda dicho.
  • Ganarse el respeto de la tripulación era la obsesión permanente del joven. A veces se acobarda, y otras se decide a mostrarse temerario o brutal para impresionar a sus compañeros

Del resto del viaje, como decía antes, no nos llegan apenas noticias, porque a Lowry tampoco parece interesarle demasiado. De manera que el relato se resuelve entre largas reflexiones (recuerdos, deseos) en torno a la amada, y un interminable registro de charlas entre marineros, conversaciones medio interrumpidas mientras se juega una partida de algo, maldiciones y proyectos de juergas en el próximo puerto, batallitas de otras épocas y otras naves, todo entremezclado hasta parecer una sola voz, un sonido de fondo emitido por individuos que forman un colectivo indistinguible.

La verdad es que este esquema de monólogos y voz coral con muy poca acción real transmite cierta sensación de sinceridad, Lowry está grabando lo que realmente le importa y uno se siente un poco en su propia piel, entiende la intensidad de sus sentimientos y su zozobra, nunca mejor dicho, al reunir lo que parecen certezas indiscutibles con una especie de ansia abstracta por algo todavía no identificado. Otra cosa es que estas sensaciones sean suficientes para sostener un relato, que es a fin de cuentas de lo que se trata. Aunque la novela no es larga, no dejan de ser demasiadas páginas de obsesiones e introspección algo monótonas que hacen que no sea fácil mantener el interés.


También de Malcolm Lowry reseñado en ULADBajo el volcán

domingo, 5 de octubre de 2025

Colaboración: Patrick White: Las esferas del mandala

Idioma original: inglés

Título original: The solid mandala

Traducción: Elena Marengo

Año de publicación: 1966 

Valoración: entre recomendable y bastante recomendable


Suelo tener una mirada benigna sobre los ganadores del Nobel; por lo general, haber hecho caso de las recomendaciones me trajo muchas horas de felicidad y la sensación de asombro al descubrir autores de altísimo nivel que no hubiera descubierto por mi cuenta, ya sea por desconocimiento propio o por el olvido de la figura. Y es lo que me ocurrió con Patrick White cuando compré Las esferas del mandala en una edición hermosísima de la editorial El hilo de Ariadna y prologada por Coetzee (otro al que le tengo cariño).

La novela, muy deudora de las corrientes psicológicas del momento, se centra en la relación entre dos hermanos, Waldo y Arthur Brown. El primero es eso que los argentinos llamamos “un fantasma”, es decir, alguien que se cree cualitativamente superior al resto en base a méritos dudosos o inexistentes, pero que han construido toda una mitología personal a raíz de eso y cuyas actitudes se ven condicionadas por esa ilusión. No es un protagonista (digo protagonista porque, de las cuatro partes que componen el libro, es la más extensa) agradable, no hay nada que lo redima, es un resentido con el mundo y sobre todo con el otro protagonista, su propio hermano y mellizo, marcado con un leve retraso madurativo (en eso Patrick White lo desarrolla con maestría, porque a pesar de sus acciones y de cierta incomodidad ante su carencia de filtro para con la sociedad, dice y hace cosas humanas que excluyen a la masa australiana hipócrita, una masa con la que el propio autor, por lo visto, luchó toda su vida), ya que se ve obligado a cuidar de él en cada momento, con el desprecio que lo deja aterido.

Por el otro lado, Arthur Brown también es un gran personaje; primero se desarrolla ante nuestros ojos desde el punto de vista de Waldo, sospechando siempre que lo que dice no corresponde exactamente a la realidad, y luego, bajo su propio punto de vista, comprendemos que todo lo ocurrido por su mano contiene su lógica personal, incomprensible para los demás, pero perfectamente explicable para el lector, destapándose como el verdadero héroe espiritual de la novela. Esto es posible por la maestría del lenguaje de White, que imbrica la trama de sutilezas que van atándose como por medio de intuiciones, como si las pistas no fueran lo suficientemente claras, pero que, de alguna forma, al lector la revelación lo acomete de diversas maneras y sin esfuerzos aparentes.

No es una novela fácil de leer, en el sentido de que no hay acción prácticamente, no hay grandes sucesos (solo existen aquellos que uno puede sospechar que son un punto de quiebre para uno de los dos hermanos, ya sea por la potencia de la escena o por alguna frase nimia que termina explotando en el momento más inesperado) y no hay grandes avances en la personalidad de cada uno de los personajes. En ese sentido todos se encuentran definidos, cada uno encarna e internaliza el rol que cumple en esa sociedad y que cree que debe cumplirlo a expensas del bienestar personal y ajeno. Pero es una novela donde las capas se van completando a medida que se avanza; lo que se muestra en la primera parte (dos mujeres en un colectivo que analizan la relación de los hermanos) cobra sentido en la última escena o se resignifica con las nuevas piezas que se van introduciendo, como un Rashōmon psicológico. 

PD: No sé en el resto de los países, pero como vivo en Argentina, recomiendo mucho la colección “Biblioteca personal de J.M Coetzee” de la editorial El hilo de Ariadna. Son doce libros que dieron impulso, en palabras de Coetzee, a su escritura. Entre ellos se encuentran: el libro ya reseñado, El ayudante, Madame Bovary, La letra escarlata, etc, todos ellos a un precio inverosímil ($16.000 y algo, sacando a un par) para lo cuidada de la edición y la inaccesibilidad de comprar libros en este contexto del país. Aprovechen lo más rápido posible.

Firmado: Félix     

jueves, 2 de octubre de 2025

Mary Renault: Alejandro Magno

Idioma original: inglés

Título original: The Nature of Alexander

Traducción: Horacio González Trejo

Año de publicación: 1991

Valoración: Está bien


La escritora inglesa Mary Renault es autora de un puñado de obras entre las que destacan las de corte histórico ambientadas en la Grecia clásica, en particular su trilogía sobre Alejandro Magno. Tras las dos primeras entregas de este ciclo (Fuego del paraíso y El muchacho persa, creo que las más conocidas), publicó la biografía de Alejandro que vamos a comentar, alguien diría que para dar lustre a su conocimiento de aquel mundo sobre el que estaba novelando con cierto éxito. Y por lo que se ve, lo consigue con buena nota.

Basándose en las fuentes griegas y romanas más reconocidas (Plutarco, Rufo Quinto Curcio), y añadiendo algunas aportaciones propias, el libro es una biografía canónica expuesta con la precisión cronológica posible, que arranca desde los tiempos de Filipo, padre del héroe y quien le asignó las primeras responsabilidades bélicas cuando todavía era un adolescente. Alejandro se impone en la sucesión de un reino cuyo liderazgo se resolvía históricamente mediante dagas y envenenamientos, y rápidamente se gana el apoyo incondicional del ejército para iniciar sus formidables conquistas.  Por no extendernos demasiado, recordemos que comienza sometiendo a las díscolas ciudades griegas, pasando después al continente asiático para dominar a continuación Persia y amplios territorios de Asia central, y terminar llegando a la India.

Lo que llamaba aportaciones propias de Mary Renault se traducen sobre todo en una peculiar subjetividad que pondera sin medida las virtudes de Alejandro (valiente, empático, generoso, incansable, digno, inteligente, y así indefinidamente) y no deja pasar la oportunidad de rebatir cualquier atisbo de flaqueza: si se muestra sanguinario es por la seguridad del imperio, si se emborracha hasta las trancas solo está siguiendo la costumbre macedonia, si toma decisiones equivocadas es por falta de datos, si se aficiona a los fastos orientales es por integrar mejor el imperio. 

Me temo que más de un historiador habrá despotricado a gusto contra una autora que más parece estar escribiendo el panegírico de un ser querido. La verdad es que sobre el texto entero sobrevuela esa especie de fascinación por el personaje que encaja mejor con el perfil de un aficionado que con el rigor de un profesional. Incluso se pueden detectar ciertas disfunciones en la redacción, metáforas algo extrañas y frases confusas, que sospecho que la traducción no ha contribuido precisamente a clarificar.

Pero aun así, hay que reconocer que el libro funciona, al menos si uno no es demasiado exigente en cuanto a objetividad. La narración es amena y vivaz, con descripciones muy plásticas, y por momentos se siente uno parte de esas arriesgadas expediciones por tierras inhóspitas, aventuras que parecen más fantásticas por cuanto en principio carecen de límite establecido, ausencia que por otra parte será lo que detenga finalmente la interminable expedición. Lástima que ese poco disimulado deslumbramiento por el personaje le reste al relato solidez y cierta credibilidad de la que quizá no tendría por qué carecer.


domingo, 6 de julio de 2025

Spike Milligan: Mala pinta

Idioma original: inglés

Título original: Puckoon

Año de publicación: 1963

Traducción: Julia Osuna

Valoración: entre recomendable y está bien

En la irladérrima localidad de Puckoon, que por su pintoresquismo, mayor aún que el de Innisfree, habría hecho las delicias de John Ford, el advenimiento de la República de Irlanda resultó un acontecimiento gozoso, por razones obvias, a la par que perturbador, pues los miembros del comité encargado de trazar la frontera entre la nueva república y el Reino Unido, hartos ya de no llegar a un acuerdo y deseosos de irse al pub, decidieron tirar por la calle de enmedio, que casualmente pasaba por el citado pueblo de Puckoon y, sobre todo, por algunos de sus lugares más emblemáticos , como el pub local -que quedó dividido entre el territorio irlandés, mayoritario pero con los precios de las bebidas alcohólicas más altos y un rincón británico, más barato y, por lo que sea, más concurrido- o el cementerio, que quedó en el territorio de Su Graciosa Majestad, con el consiguiente trastorno para los vivos y aun los muertos irlandeses.

¿Me ha salido un parrafito más bien largo y algo abarrocado, verdad?, Bueno, pero es que cierto abarrocamiento, por no decir una afectación forzada, es precisamente el estilo predominante en la novela, trufado tanto con expresiones que imitan el habla popular, como con  sorprendentes hallazgos que podríamos considerar poéticos ..  además de un recurso "metaliterario" (quizás sea excesivo utilizar este término), con alguna que otra ruptura de la "cuarta pared", por decirlo así. Todo ello, de forma paradójica (o no), al servicio de una historia evidentemente humorística que, sin renunciar en ningún a la ironía, tiende al absurdo, la astracanada y el slapstick literario... Así, nos podemos encontrar desde difuntos que deben sacarse el pasaporte para poder ser enterrados o contrabando de ataúdes hasta verdaderos  cataclismos en los que se ven envueltos miembros del IRA vestidos de romanos, militares británicos retirados y tropas de granujientos boy-scouts. Por no hablar de cierta pantera negra, claro...

Spike Milligan fue un humorista indo-anglo-irlandés -lo de "indo" es porque nació en la India, hijo de un oficial del Ejército británico, cuyo recuerdo, por cierto da lugar a unas hermosas páginas de este libro-, muy popular en los años 60, al parecer (lo digo porque yo no lo conocía), colega de Peter Sellers -de hecho, hay momentos catastróficos en esta novela que parecen sacados de El guateque... O viceversa- y maestro, según decían ellos, de los mismísimos Monty Python, nada menos. Me creo que, como dice su nota biográfica, fuera una de las grandes figuras del, por otro lado, muy concurrido humor británico porque está novela está plagada de personajes peculiares, momentos hilarantes e incluso crítica social. Quizás su único problema es que el autor se recrea tanto en la descripción de esos personajes peculiares y de los momentos hilarantes que la crítica social y, más aún, la propia trama de la novela quedan un tanto deslucidas... Pero vaya, al menos las risas están aseguradas, lo que, tal y como están las cosas del mundo (y tal y como estaban cuando apareció el libro, hace más de sesenta años), ya me parece bastante.

martes, 17 de junio de 2025

Tom Sharpe: La gran pesquisa

Idioma original: inglés

Título original: The Great Pursuit

Año de publicación: 1977

Traducción: Mónica Martín Berdagué

Valoración: recomendable 

Por lo general, trato de huir de las novelas protagonizadas por escritores (propósito harto difícil de cumplir, pues muchos autores/as parecen pensar que no existe otro oficio digno de reflejarse en la ficción); ahora bien, otra cosa son los libros que hablan del mundillo literario -editores, agentes, e incluso la crítica-, que suelen resultar de lo más divertido, al tratarse de un tema bastante proclive al humor y la ironía... por no decir la sátira, como es el caso (1).

Este libro del gran Tom Sharpe, de hecho, trata del periplo de otra novela titulada, de forma digamos que un tanto grandilocuente, Deteneos, oh hombres, ante la virgen, que un buen día llega a la londinense agencia literaria Frensic & Futtle, remitida por un abogado de Oxford, ya que su autor o autora desea  permanecer en el más estricto anonimato, presumiblemente por el carácter escandaloso del libro, que narra el romance y, con particular detenimiento, las relaciones sexuales entre un adolescente y una señora octogenaria... Es decir, que se trata de una novela con unas extraordinarias posibilidades comerciales (en los años 70, cuando se publicó La gran pesquisa, la literatura con sexo en grandes cantidades y, a ser posible, algo escabroso, era la que más vendía... quiero pensar que es algo que ya no sucede), así que el agente literario Frederick Frensic monta toda una estrategia para conseguir sacar un pastizal por ella a la editorial americana Hutchmeyer. Con el pequeño inconveniente, claro está, que debe presentar a un autor que la firme y ponga la cara, por lo que Frensic echa mano de Peter Piper, un pobre letraherido al que lleva años representando -o, mejor dicho, no representando, puesto que no hay forma de colocar su novela autoficcional-, llegando a embarcarlo hacia EE.UU. junto a su socia, Sonia Futtle, para hacer la obligada promoción. Y aquí es cuando las cosas se comienzan a torcer de manera incontrolable y, más aún, imprevista, sobre todo cuando entra en escena la recauchutada, a la par que desquiciada, Baby, la esposa de Hutchmeyer. 

No voy a contar nada más, primero, porque no quiero hacer espoilers, pero, sobre todo, porque la trama de la novela se vuelve tan enrevesada y delirante que me resulta imposible resumirla. De todos modos, para quien le parezca todo un argumento inverosímil, recordemos recientes casos de escritores/as que han utilizado con éxito seudónimos para permanecer en la sombra, como Elena Ferrante o incluso quienes han sido representados en público por sosías, como ocurrió en la igualmente increíble, pero cierta, historia de J.T. LeRoy. Por lo que se refiere a la trama de esta novela, su premisa podría ser perfectamente plausible, aunque Sharpe, fiel a su estilo, la lleve hacia el más desaforado delirio humorístico, si bien es cierto, creo yo, que tampoco se trata del libro más desopilante de este autor. No obstante, posee la suficiente carga de humor y mala leche como para provocar no ya la sonrisa, sino más de una carcajada -en especial, al menos según mi opinión, los capítulos que se desarrollan en Bibliopolis, Alabama, villorrio de irónicamente apropiado nombre-; cierto es que se trata de un humor hoy en día un pelín incorrecto (o, en cambio,  correctísimo, tal y como pintan las cosas en el mundo, últimamente) y. así, encontramos ciertas dosis de lo que habrá quien considere homo y transfobia, rechufla hacia los pueblos oprimidos, bodyshaming -en especial, gordofobia, o como se diga-, recurrente edadismo y hasta burla a los sentimientos religiosos (2). No lo voy a negar, pero hay que tener en cuenta que se trata de una novela humorística de hace casi medio siglo y, sobre todo, de Tom Sharpe. Y a los libros de Tom Sharpe, ya se sabe, hay que venir llorado, meado y cagado. No queda otra.

En cualquier caso, lo más interesante de La gran pesquisa es que, además de ser una ácida sátira sobre el mundillo literario -repito: escritores, editores, agentes y hasta la crítica (3)- en ella encontramos también todo un juego metaliterario sobre la propia naturaleza de la literatura y su creación, hacia dónde debe encaminarse y por qué, etc. Que estemos ante una novela de humor de hace tanto tiempo no cambia las cosas, porque, de hecho, las cosas apenas han cambiado en todo este tiempo.

(1) Más aún ahora que estamos en plena temporada de Ferias del libro y eventos por el estilo, en las que al interés mercantil y político se une la egolatría de los juntaletras escritores /as, como bien se comenta en este vídeo que podéis ver en nuestro estupendérrimo canal de YouTube (sí, también tenemos uno, ¿qué os creíais?) 

(2) De racismo, en cambio, no hay trazas, quizás porque, como es bien sabido, Sharpe fue educado, durante su niñez y adolescencia, en las ideas nazis, que luego rechazó en su edad adulta, sobre todo tras emigrar por un tiempo a Sudáfrica... Lástima que no ocurra lo mismo con todos los personajes públicos provenientes de ese país, y no estoy pensando en nadie (o sí).

(3) Hoy en día habría añadido, supongo, a booktubers e influencers, con un especial hincapié en la obsesión por los likes y el número de seguidores en las redes, que determina muchas veces a quién se publica y a quién no.

Otras novelas del gran Tom Sharpe reseñadas en Un Libro Al Día: WiltLos GropeBecas flacasLo peor de cada casa

domingo, 11 de mayo de 2025

Oscar Wilde: El crimen de Lord Arthur Savile

Idioma original: inglés

Título original: Lord Arthur Savile´s Crime

Traducción: Colectivo Wilde BdL

Año de publicación: 1887

Valoración: Muy recomendable


Si bien hay excepciones, por lo general es gratificante volver a los clásicos. Aunque ninguno sepamos bien lo que son, digo yo que Oscar Wilde merece el calificativo sin lugar a dudas. Con una obra no muy extensa, y lo más celebrado ya reseñado en ULAD, hacemos una incursión en un pequeño relato con el que se podrá valorar si, como ocurre en algunos casos, el brillo se pierde en cuanto nos alejamos de los títulos más sobresalientes.

No, no se pierde. Lord Arthur Savile es un joven de buena posición que tiene a la vista la boda con Sibyl Merton, quien por su parte es una especie de novia perfecta. La cosa se tuerce cuando, en una de esas fiestas cursis de la época victoriana, un quiromante (quiromancista, en una traducción un poco dudosa) lee la mano a Lord Arthur y encuentra algo horrible que ni se atreve a desvelar hasta que se ve presionado a ello. La escena es todo potencia y misterio. El espanto visto en su futuro hace temer al joven por la relación con su novia, y se pone manos a la obra para corregir el desatino.

Lo que se presentaba como un relato de misterio o un thriller psicológico adquiere sin embargo una coloración diferente, porque si algo tiene Wilde es una capacidad pasmosa para fundir lo trágico con lo cómico e ingenioso, algo que se parece un poco al humor negro sin serlo. En ningún momento se pierde la tensión insoportable del joven noble que ve su vida resquebrajarse, pero se presenta al lector con la destreza necesaria para sacarle una sonrisa y hacerle disfrutar con pequeñas agudezas muy británicas. Una especie de mezcla de dulce y salado en la proporción exacta para apreciar los dos sabores al mismo tiempo, disfrutando igualmente de la mezcla.

Al mismo tiempo, las escasas ochenta páginas del libro nos conducen por disparatadas peripecias que hacen pensar en cierta literatura policiaca también muy british, y situaciones ingeniosas que obligan a no perder de vista el punto de partida para que la narración no se nos quede en un simple divertimento. 

Esa sensación de ligereza puede restarle algo de empaque al relato pero es quizá también uno de los puntos más interesantes. Porque lo que de verdad me resulta más admirable es precisamente la capacidad para reunir elementos tan dispares de forma tan perfecta: el misterio de lo desconocido, el humor y la sutileza, la tensión por lo inesperado, la ingenuidad de los amores juveniles, y tal vez reflexiones más profundas sobre lo inexorable del destino, que sería quizá la interpretación digamos seria del conjunto. ¿Cómo hacer que toda esta amalgama funcione en un texto tan breve mientras deleita con el lenguaje y entretiene al lector? Claro, para eso hay que ser un grande de la literatura, y por eso los que lo fueron perduran a través del tiempo, y a veces los etiquetamos como clásicos.

P.D. Creo que ya lo comenté en otras ocasión: me gusta esta serie de Nórdica que no recuerdo si tiene un nombre, pero no acabo de entender lo de las ilustraciones. Hay que admitir que en este caso el libro tiene un sesgo humorístico indudable, pero tampoco creo que merezca dar la impresión de deslizamiento hacia la frivolidad.  


Unas cuantas obras de Oscar Wilde reseñadas en ULAD: aquí

martes, 29 de abril de 2025

Siân James: Aquella tarde

Idioma original: Inglés
Título original: One afternoon
Año de publicación: 1975
Traducción: Esther Cruz Santaella
Valoración: Bastante recomendable

Este libro podría titularse "A year in the life", más o menos como la archiconocida canción de los Beatles. Porque un año es lo que transcurre entre el comienzo y el final de la novela, entre el momento en que Anna, viuda de unos 35 años y con 3 hijas, se encuentra con Charlie y el momento en que... No, tranquilos, que no desvelaré nada.

Lo anterior podría indicar que Aquella tarde es una novela romántica al uso y, en cierta forma, en sus páginas iniciales lo es. Mujer conoce a hombre (o viceversa), primeras semanas emocionantes y agotadoras, deseo y dudas sobre el pasado y el presente, cierto distanciamiento con las hijas, etc. Pero la novela es algo mucho más amplio y más complejo que todo lo anterior. Fundamentalmente, por tres motivos.

El primero de ellos es que, sin olvidar en ningún momento que Aquella tarde tiene en su centro la relación entre Anna y Charlie, esta explora en otras relaciones familiares. Especialmente bien tratada me parece la relación de Anna con su padre.

El segundo es su vinculación al momento histórico en el que está escrito. Se trata de una novela del año 1975 y han pasado apenas 7 años de mayo del 68, la revolución sexual, etc. Pero una viuda que se "lía" con un hombre algo más joven es algo que no todo el mundo está dispuesto a aceptar. A veces, incluso, ni su propia protagonista.

El tercero y más importante, y en cierta medida vinculado al punto anterior, es que Aquella tarde es una novela de formación / toma de conciencia por lo que supone de revelación sobre el pasado, sobre anteriores relaciones propias y ajenas, sobre el descubrimiento de tiempos e historias que quizá no nos pertenecen del todo, sobre cómo a veces decidimos cosas de manera instintiva y luego buscamos motivos que respalden esa decisión.

Los citados motivos dotan de complejidad, por tanto, a un personaje protagonista y a una novela que crecen, especialmente, en su segunda mitad y que solo se ve "lastrada", a mi entender, por ciertos pasajes algo melodramáticos y por esas voces infantiles tan difíciles de conseguir. Lo sé, tengo un problema con los libros que incluyen voces infantiles. Ya me pasó con Helena o el mar de verano y, en menor medida, con El príncipe destronado. ¿Será grave, doctor?

lunes, 7 de abril de 2025

Henry James: La muerte del león

Idioma original: inglés

Título original: The Death of the Lion

Traducción: Eduardo Lago

Año de publicación: 1894

Valoración: Se deja leer


Supongo que mis colegas del blog estarán de acuerdo, pero quizá es algo que a nuestros lectores se les puede escapar: a veces no apetece reseñar un libro. Ocurre, o al menos me ocurre a mí, cuando el libro es ni fu ni fa, no despreciable pero tampoco ha dejado una huella importante (ahí encajaría a la perfección una expresión tan usual como ‘poco reseñable’), o cuando uno, por alguna razón, no encuentra demasiadas cosas que contar aparte de hacer una vulgar sinopsis. Pero esta especie de ligero malestar se me hace más patente cuando leo a un autor considerado más o menos clásico, que está en los cánones y por tanto debería aportarme cosas interesantes, pero al que no termino de encontrarle el punto atractivo. Todo esto podría muy bien ser la conclusión de la reseña, pero es obligado contar algo más, y a ver si así termino descubriendo el porqué de mi tibieza, indiferencia, decepción.

La muerte del león ('león' tiene en el mundo anglosajón la acepción coloquial de celebridad, o algo así) relata la relación entre un joven periodista y un escritor admirado aunque todavía algo lejos del éxito. Al primero se le ha encomendado entrevistar al autor, pero le es vetada su intención de hacer un reportaje de corte más personal que literario. El joven, presa de la admiración por el artista, se dedicará a intentar protegerle y preservar sus valores y su personalidad cuando se da cuenta de que hay gente que intenta convertirle en un personaje de la vida social, el típico famosillo que da lustre a fiestas y reuniones. De alguna manera, es la disociación entre lo público y lo privado, el escritor y la persona que está detrás.

Todo esto que he contado, que es un poco lo que da de sí esta novela corta, le lleva a James bastantes páginas, en las que hace gala de una prosa alambicada con la que intenta a cada paso profundizar en la psicología de los personajes, más en sus reflexiones que en sus acciones, que son más bien pocas, y obliga al lector a pararse en cada frase para entender y relacionar. No creo que James sea de esos autores que escriben para sí mismos, lo que suele ser motivo de ilegibilidad, pero al igual que el escritor, el artista en sentido amplio, tiene todo el derecho a esperar un esfuerzo de su público, éste tiene el mismo derecho a negarse a hacerlo. Queda por tanto ahí el aviso de que, si no nos apetece mucho entrar en ese juego, la lectura, al menos a la vista del libro al que me refiero, puede resultar poco o nada gratificante.

El ejemplar que manejo se completa con El rincón feliz, un relato que parece menor aunque a mí me ha resultado más atrayente. Con algunos tintes góticos, James presenta a un individuo que visita periódicamente la vieja casa familiar hasta que empieza a sospechar que aloja una extraña presencia. Sombras inexplicables, sonidos sutiles y puertas que se dejaron cerradas y aparecen abiertas dan paso a un crescendo de terror psicológico en el que se reúnen tenues recuerdos con una confusa sensación de desdoblamiento de personalidad. 

Todo lo cual tiene a su vez origen en la experiencia del propio James, norteamericano afincado en Europa y más adelante nacionalizado británico, que traslada al personaje la experiencia dual de dos mundos que considera muy diferentes. Cuando su protagonista regresa a Nueva York, se plantea la clásica duda sobre lo no vivido: qué hubiera sido de no haber emigrado, o bien de no haber regresado. Incluso si al abandonar una tierra (podríamos incluir cualquier otra circunstancia, el fin de una relación, por ejemplo) algo de nosotros permanece en el lugar de origen, ese reflejo de lo que quedó quizá en la casa familiar. Todo bajo una atmósfera bien conseguida cuando el autor se despoja, aunque sea parcialmente, del lenguaje moroso y algo barroco que tanto pesa en el relato anterior. Seguramente es por este camino por el que James consiguió evitar esa desconexión con el lector que he creído detectar en el primero de los relatos, y así parece que se aprecia en algunas de sus otras obras reseñadas en este blog, y que se pueden consultar aquí abajo.

Todas las reseñas sobre Henry James en ULAD: aquí


jueves, 27 de febrero de 2025

Paul Collier. El club de la miseria


Idioma original: inglés
Título original: The Bottom Billion
Traducción: Víctor V. Úbeda.
Año de publicación: 2007
Valoración: interesante

A lo mejor ese "interesante" algo tibio podría ser acompañado de un "pero bastante deprimente" en función de como, casi dos décadas después, está el mundo. Sobre todo por lo que se produce justo el año en que se publica. Una enésima crisis global que agudiza las desigualdades, añadamos un nuevo estirón de la población mundial que se produce, especialmente, en alguno de los países que más aparecen en este texto, y puede resultar desasosegante pensar que las premisas del libro siguen vigentes, que muchos de los casos que se citan en él siguen pendientes de resolver, en fin, que el texto podría publicarse justo ahora sin grandes cambios estructurales. De hecho, cuenta con una continuación que intentaré leer, aunque no sé si un contenido adicional justificaría una vuelta al tema en forma de una nueva reseña. 

Acudo a El club de la miseria pues se le menciona en varias veces en La última colonia como uno de los textos a los que acudir para comprobar el desigual (o sea: muy malo para muchísimos, aceptable o bueno para unos pocos) devenir de las naciones africanas, una vez su descolonización, aunque fuera sobre el papel, se hizo efectiva, y sus gobiernos eran elegidos en procesos más o menos claros y preferentemente por sus habitantes (carraspeo muy profundo). El resultado es desolador y Collier, que como Sands es fundamentalmente un cargo técnico, en este caso en bancos, instituciones universitarias o adyacentes a la administración, intenta, con la ayuda de especialistas en la matería - economía - tanto de ámbito global como local, desarrollar un texto estructurado abordando, de forma pragmática y algo desoladora, cuáles son los problemas a que se enfrentan - tiempo presente, me temo -los Estados que, a pesar, entendemos, de todos los intentos, no han conseguido sacar a sus poblaciones de la miseria y la precariedad. Relacionar estos problemas nos lleva a territorios temidos y conocidos: desde el factor climático y la dependencia de las ubicaciones geográficas propias y de los países vecinos hasta la pobreza de las infraestructuras, de los sistemas sanitarios y educativos, la trampa de la dependencia de un determinado recurso propio y su proceso extractivo, y, claro, la inestabilidad política y la tendencia a arreglar las cosas a golpes de estado, de tanque o de machete. Y, last but not least, la corrupción que lo pringa todo.

Collier expone datos objetivos y, reitero que este es casi un texto técnico, un estudio con planteamientos y conclusiones, conduce hacia ciertos planteamientos que pueden resultar chocantes: desde la crítica a partes iguales a autoritarismos de izquierda y derecha hasta la defensa, cautelosa pero defensa, de las intervenciones militares de alcance preciso y limitado en casos justificados (...).

No negaré que la lectura resulta un tanto desoladora, especialmente si uno pertenece a uno de esos países, en vez de a los confortables hogares de Occidente, pero sus crecimientos demográficos, su ebullición como continente, muchos pequeños factores ya se suman para que tengamos claro que mirar hacia otro lado ya hace tiempo que ha dejado de ser una opción.

domingo, 23 de febrero de 2025

Edmund De Waal: La liebre con ojos de ámbar

Idioma original: inglés

Título original: The Hare with Amber Eyes

Traducción: Marcelo Cohen

Año de publicación: 2010

Valoración: Recomendable 


Los netsuke son miniaturas japonesas con origen en el siglo XVII, quizá aún más antiguo, que representan personas, objetos o animales en materiales nobles, maderas, mármol, jade, marfil, cosas así. Aunque ahora podamos ver en cualquier sitio porquerías de plástico fabricadas en serie, originariamente eran manufacturas, piezas de artesanía que fascinaron a los europeos que empezaron a llegar a Japón, en especial desde mediados del siglo XIX. En círculos artísticos se puso de moda el japonismo, una corriente que mostraba su admiración por lo ‘nuevo’ que se descubría en aquel lejano país. La pintura asumió con más entusiasmo la novedad, pero fue también objeto de deseo de coleccionistas con posibles. Una gran vitrina con 264 netsuke es la excusa que utiliza Edmund de Waal para contarnos una larga crónica familiar.

Los Ephrussi son una familia judía originaria de Odessa que, con buen olfato para los negocios, amasa una gran fortuna en poco tiempo, expandiéndose por París, Viena, Berlín o Londres. Entre ellos Charles, quizá por vivir en París, es el más interesado en el arte, adquiriendo buen número de obras y manteniendo intensa relación con buena parte de los impresionistas: Degas, Pisarro, Manet o Renoir. Atraído él también por el japonismo, adquiere la importante colección de miniaturas y las incorpora a su lujosa vivienda parisina. En esta primera parte del libro se detiene el autor en largas descripciones de las estancias familiares, los objetos adquiridos, los cuadros comprados a sus amigos, la decoración, el mobiliario. Encontramos entonces algunas interesantes reflexiones sobre las manufacturas, su tacto, su peso, los rasgos que los individualizan:

‘También recuerdo si un objeto me invitó a tocarlo con toda la mano o solo con los dedos, o si pedía que uno se apartara. Ciertas cosas están en el mundo para ser mirada a distancia, no manejadas con torpeza’.

Toda una filosofía del objeto, su especificidad y su forma de estar en el espacio, cosas que casan bien con la dedicación del autor a la cerámica. Reflexiones desde luego singulares y disfrutables, como para detenerse a valorarlas, aunque a veces da la sensación de que De Waal pierde un tanto la perspectiva de que está escribiendo una crónica familiar, porque escribe sin medida y se demora en todo lo que le apetece. Es lo que hace que esta parte inicial resulte a veces algo pesada.

Pero los netsuke emprenden un primer viaje hacia Viena, y en el relato se van introduciendo nuevos elementos, algo más alejados de la estética y más próximos a la vida real. En Europa el antisemitismo siempre latente brota poco a poco pero de forma bien visible, y los judíos ricos, hasta entonces bien integrados en la alta sociedad, empiezan a ser vistos con recelo. La Primera Guerra mundial, con las penurias del momento y la posterior de derrota y disolución del Imperio austro-húngaro se abate también sobre los privilegiados Ephrussi y, terminada la contienda, ser judío empieza a ser realmente un problema. Se suceden los pogromos, y el auge del nazismo, el Anschluss y el inicio de la nueva guerra terminan definitivamente con su bienestar. 

El libro adquiere un ritmo y una intensidad que antes no habíamos disfrutado, y se convierte en una crónica de crudeza cada vez mayor, en paralelo a los acontecimientos. El palacio saqueado y convertido en centro de mando nazi, la familia desmembrada por media Europa, la atmósfera espesa del miedo en las calles, son imágenes que no dejan de impresionar a pesar de ser tantas veces vistas. Los judíos Ephrussi, especialmente en Viena, tienen que lidiar con el horror y agarrarse a lo que puedan para simplemente sobrevivir. Eso los que pueden, porque algunos de los que no consiguen escapar terminan sus días en campos de exterminio.

Sorprendentemente no ha sido el fin de los netsuke que, salvados de forma inverosímil, parecen querer constituir el último reducto físico del antiguo esplendor familiar, y pasan a la siguiente generación en una ubicación totalmente diferente, diríamos en un mundo nuevo y lejano. Las miniaturas son el último testimonio de una forma de vida barrida por la Historia, el hilo que une pasado y presente. Porque el libro, además del relato de la saga familiar y crónica de más de un siglo de Europa, es también una reflexión sobre la memoria, qué queda cuando las personas van desapareciendo y todo cambia, o qué quedaría si, por casualidad, cierto joven no se hubiera dedicado, unas cuantas décadas más tarde, a indagar, descubrir y reconstruir, y dejarlo todo escrito en un libro.

También de Edmund De Waal en ULADEl oro blanco

viernes, 14 de febrero de 2025

Agatha Christie: Asesinato en Mesopotamia

Idioma original: inglés

Título original: Murder in Mesopotamia

Traducción: Ángel Soler Crespo

Año de publicación: 1936

Valoración: Recomendable para fans

En estos tiempos en que estamos, cerca de un siglo desde sus primeras publicaciones, poco más se puede decir sobre Agatha Christie. Pocos autores habrá cuya obra sea tan conocida, tanto a través de sus libros como, sobre todo, creo yo, gracias a sus múltiples versiones cinematográficas. La autora británica es un poco el paradigma de la novela policiaca, con sus crímenes y sus misterios y, cómo no, con sus peculiares investigadores, ya sea Miss Marple o Hercule Poirot.

Asesinato en Mesopotamia es una obra bastante temprana, ambientada en Irak, una región que Christie conocía de primera mano tras su segundo matrimonio con un arqueólogo. En alguna de sus estancias en aquel país se le debió ocurrir la posibilidad de que ellos mismos, arqueólogo y novelista, pudieran ser los protagonistas de una de sus tramas. Efectivamente, el desencadenante de los hechos se localiza en unas excavaciones, donde el científico al mando y su esposa conviven con un equipo de trabajo más o menos convencional, hombres y mujeres cuyas peculiaridades iremos descubriendo a partir de un crimen.

El esquema no se aparta un milímetro del que podemos tener interiorizado: un asesinato sorprendente en un grupo humano de apariencia inocente, elucubraciones entre los presentes, aparición casual del astuto detective, en este caso Poirot, investigaciones y recopilación de datos que parecen banales, y finalmente la larga sesión de puesta en común en la que se hace la luz sobre asunto tan impenetrable, momento en el cual el criminal no tiene más remedio que admitir su culpa.

Realmente es admirable cómo Christie consigue hilvanar todos los detalles, más que la construcción de una novela es un ejercicio de ingenio puro, un trabajo de orfebrería en el que todo debe encajar exactamente en su lugar. Desde luego el objetivo lo alcanza de forma sobresaliente, y no es de extrañar que varias generaciones de lectores y espectadores hayan quedado admirados ante semejante perfección.

Encontraríamos también algunos otros elementos apreciables desde el punto de vista narrativo: el entorno, al que no se dedica mucha atención, pero resulta bien definido; el dibujo de personajes, que siempre sabe dejar una zona opaca para hacer dudar al lector; o la figura chocante del investigador, un tipo casi cómico este Poirot, que no obstante su origen belga parece el más británico de los personajes. Tampoco dejaré de comentar que hay en el texto un cierto deje de racismo, definiendo a los iraquíes como indígenas, subrayando su carácter perezoso y mostrando indignación por la suciedad, por ejemplo. En la época en que se escribe el libro a estas objeciones que hoy pueden parecer muy obvias no se les prestaba desde luego la misma atención, y esa visión un poco por encima del hombro resultaba bastante coherente en una región bajo dominio inglés.

Resulta difícil mantener el concepto de novela en relación con este tipo de relatos. Como casi todos los de esta autora hay un predominio casi absoluto del diálogo, y el libro podría sin ningún problema representarse como una obra de teatro, lo que seguramente se ha llevado a cabo en alguna ocasión. Desde este punto de vista, en tanto que obra narrativa, no puede decirse que tenga un gran valor. Su mérito reside en lo que realmente es: un entretenimiento, un juego si se quiere, construido con maestría, y que da al lector exactamente lo que va buscando, intriga, alguna sorpresa, y la invitación a cierto ejercicio intelectual en el que la autora, como es muy lógico, siempre lleva las de ganar.

También de Agatha Christie reseñado en ULADaquí

miércoles, 12 de febrero de 2025

Christian Wallis: With Teeth

Idioma original: Inglés
Título original: With Teeth
Año de publicación: 2024
Valoración: Recomendable (especialmente para amantes de los "creepypastas")

Llevo años defendiendo que hay mucho talento entre los escritores de "creepypastas", y el tiempo me ha acabado dando la razón. Algunos de quienes se iniciaron en este nicho del terror literario de internet lo han demostrado concibiendo historias de género sobresalientes; otros, saltando a grandes proyectos (como la autora de la de por sí genial Borrasca al convertirse en guionista de la miniserie The haunting of Hill House).

Sin duda, Christian Wallis es uno de los talentos reivindicables surgidos en este mundillo. Yo lo descubrí gracias a que, a principios de 2024, el canal de YouTube The Dark Somnium, dedicado a locutar "creepypastas", narró dos de sus historias de terror, bajo el título unitario de "My Wife Has Taken Our Roleplaying Too Far". La originalidad del formato y argumento de ambas me cautivaron sobremanera. 

Al cabo de unos meses, tras saber que Wallis tenía una antología publicada, decidí comprarla para comprobar si el autor era capaz de mantener ese nivel en otras ficciones. Y, habiendo leído los trece relatos compilados en With teeth, puedo asegurar que así es. 

Estos trece relatos exhiben rasgos "creepypasteros" en su factura, premisas e imaginería horrorífica, a los que dotan de una inusitada creatividad y calidad. Por ejemplo, en "Annedale" se mencionan interesantes rituales ocultistas, pero no se permite que dominen el argumento. En "The Bunker" se exploran unas ruinas, pero el protagonista tiene motivos sólidos para hacerlo pese a que su instinto le suplica que huya de ese lugar. En "A Private Exhibition" hay obras de arte fotorealistas, pero semejante detalle tiene sentido para la trama.

Además, estos trece relatos son satisfactoriamente eclécticos. Aunque todos ellos tienen una querencia por lo sobrenatural y comparten un tono angustioso y desesperanzado, presentan situaciones y temas de lo más variados.

Analicémolos uno a uno: 

En "Annedale", el cuidador de un edificio abandonado va desentrañando información sobre el lugar, los innumerables horrores que encierra y las personas que atrae. Abunda en ideas interesantes y se cierra con un giro de tuerca muy astuto.

En "The Bunker", un hombre que busca a su perro entra en el bunker bajo tierra en el que desapareció una familia de siete. Construye impecablemente la atmósfera y la tensión.

En "Pretend Play", el marido de una mujer quiere ser tratado como un niño pequeño. De lo mejor del volumen con diferencia. Es una de las historias que conforman el binomio que me dio a conocer a Wallis, presentada aquí sin su secuela. Aunque el cambio de perspectiva de dicha secuela dota al conjunto de interés, su omisión en esta antología no molesta lo más mínimo, porque el relato original es muy potente por sí mismo.

En "The Dealer", el camello de unos ricachones acaba sirviendo a unos seres sobrenaturales. Este relato es, comparado con otros, bastante simple. Aun así, funciona dentro de sus modestas pretensiones. Además, estaba destinado a gustarme, pues parece inspirado en la mitología cenobita (tanto literaria como fílmica) de Clive Barker.  

En "A Private Exhibition", una bailarina llama la atención de una poderosa entidad. Su premisa y desarrollo son, junto con los de "Pretend Play", de los más originales del volumen. Sin duda, se cuenta entre mis relatos favoritos.

Tanto en "The Workshop" como en "The Temple in the Lake", un grupo de científicos se topa con algo pavoroso. El primer relato está ambientado en las tundras heladas; el segundo, de clara influencia lovecraftiana, en el fondo marino abisal. Ambos son sencillos pero resultan endiabladamente entretenidos de leer. Además, evidencian una vez más el pulso narrativo que Wallis derrocha como autor de género.

En "Pompilidae", un soltero enamorado de su vecina es incapaz de percibir los detalles perturbadores que la rodean. Este relato destaca por su humor (el tono cómico, casi inexistente en el resto del volumen, impregna sus páginas), algo caricaturesco pero sin lugar a dudas simpático y refrescante. 

En "Zolg", una criatura con forma de huevo atormenta a una desdichada familia. Extremadamente retorcido desde el inicio, durante el desenlace se supera todavía más.

Tanto en el mundo de "My Eldrich Friends" como en el de "The Hunt" y "A Better Place" existen agencias dedicadas a contener y ocultar lo sobrenatural. En el primero de estos tres relatos, por ejemplo, seguimos los pasos de alguien que se dedica a encarcelar a «eldritch abominations and ancient gods». En el segundo, en cambio, a dos cazadores de unas criaturas llamadas «mimic», que parecen estar evolucionando con el tiempo. Y en el tercero, al cuidador de niños humanos que, dada su edad, no saben manejar adecuadamente sus poderes. Quizá mi favorito de este grupo sea "The Hunt", por su alocada imaginería, pero admito que todos funcionan muy bien y tienen implicaciones perturbadoras, pues plasman mundos repletos de pavorosos horrores contra los que los hombres se encuentran siempre en clara desventaja. 

En "The Derelict", un grupo de amigos se topa con un barco abandonado. La construcción de ciertas escenas escalofriantes es magnífica.
  
Poco más que añadir. With Teeth es un festín de horror sobrenatural, repleto de criaturas pavorosas, destinos sumamente crueles para sus víctimas y escenas de tensión y suspense perfectamente construidas. 

Todos los relatos que contiene me han parecido muy dignos. Los mejores, a mi juicio, son "Annedale", "Pretend Play" y "A Private Exhibition", dada su creatividad. Luego hay ejercicios de género más convencionales en comparación, pero igualmente logrados, como "The Bunker", "The Temple in the Lake" o "The Derelict" (también, aunque en menor medida, "The Dealer" y "The Workshop"). En "My Eldrich Friends" o "The Hunt" se nos presentan mundos tan sugerentes que darían para escribir novelas enteras. En "Zolg" o en "A Better Place" se exploran conceptos deliciosamente retorcidos. Y "Pompilidae" hace gala de un humor simpatiquísimo.

Como he dicho antes, las piezas de esta antología siguen los patrones estereotípicos de los "creepypastas", pero logran refinar ese tipo de literatura. En primer lugar, porque entregan formatos, premisas y monstruos creativos. También porque son más sutiles de lo habitural, no dependen tanto de la truculencia de sus escenas o de un golpe de efecto durante el clímax, y dotan a sus protagonistas de cierta profundidad psicológica.

La única pega que le pondría a estos relatos es lo desinspirados que se sienten sus títulos. Los que tenían cuando se publicaron originalmente en Reddit no es que fueran mucho mejores; de hecho, seguían las convenciones "creepypasteras" y se antojaban exagerados o efectistas. Pero los que ostentan ahora en With Teeth, más cercanos a los de la narrativa breve convencional, son sumamente genéricos. Así, "I found the bunker of a prepper family who went missing three years ago" o "I’m an Arctic explorer and I found an abandoned toy workshop", se han bautizado ahora como "The Bunker" o "The Workshop".

El otro tirón de orejas amistoso que le haría a la antología de Wallis se debe a su desmerecedora edición. Empecemos con el libro como objeto. Jamás lo habría adquirido por culpa de su desangelada cubierta, de no ir persuadido de antemano gracias a la calidad de "My Wife Has Taken Our Roleplaying Too Far". Y es que la ilustración que la cubierta de With Teeth exhibe, a todas luces realizada con Inteligencia Artificial, es bastante cutre. Y de la tipografía escogida para el título mejor no hablamos. Los materiales del libro en sí también son baratillos, pero eso, aunque frustrante, es comprensible, teniendo en cuenta que el ejemplar lo imprime y distribuye Amazon.

domingo, 27 de octubre de 2024

Susie Boyt: Amada y perdida

Idioma original: Inglés
Título original: Loved and missed
Traducción: Magdalena Palmer
Año de publicación: 2021
Valoración: Recomendable (o algo más)

La delgada línea roja no es solo la película de Terrence Malick. En literatura vendría a ser la frontera que separa el melodrama lacrimógeno y sensiblero del drama, el alambre del cual te despeñas con todo el equipo si das un paso en falso. Digo esto porque Susie Boyt bordea el peligro en varias ocasiones, parece que está a punto de perder pie pero, como una buen funambulista, recupera el equilibrio, esquiva la caída y lleva la novela a buen puerto.

Y es que los ingredientes, ya de entrada, parecen un poco de "telefilme de Antena 3 los domingos por la tarde": tres mujeres (abuela, madre e hija / Ruth, Eleanor y Lily), drogas y abandono. Por suerte, esto no cae en manos de un guionista cutre y cae en manos de Susie Boyt, quien acierta con el tono general de la novela y con la construcción de personajes y relaciones entre ellos, alcanzando momentos realmente notables. Así, vergüenza, arrepentimiento, compasión, dolor, culpa, sororidad, anhelos de intimidad y familiaridad recorren una novela con tres partes bien diferenciadas en lo argumental. 

La primera de ellas, y la más destacada en mi opinión, está más centrada en la relación maternofilial: qué hacer, cómo afrontar una situación como la que ha de encarar Ruth, cómo vivir con una cotidianeidad en la que se mezclan una tristeza infinita con pequeños rayos de esperanza, etc. El enfoque que Boyt da al tema y el personaje de Ruth, tratados ambos con mucha sensibilidad por parte de la autora, hacen de las primeras 150 páginas algo muy recomendable.

El problema, para mi, es que hay un momento en la novela en que Eleanor sale prácticamente del foco y la acción se centra en Ruth y Lily, adquiriendo un toque sensiblero que hace que esté a punto de descarrilar. La anterior indagación en la relación Ruth / Eleanor pasa a segundo plano y deja con la sensación de camino desaprovechado.

Afortunadamente, una nueva vuelta de tuerca en las páginas finales, un último giro que vuelve a poner en primer plano las relaciones maternofiliales (aunque sea desde otro punto de vista) hace que la novela remonte y uno acabe, pese a su crudeza, con buen sabor de boca.

Así que resumiendo, una novela muy british en tono y ambientes, extremadamente dura, con buenos personajes, narrada con sensibilidad, sin sensiblerías (al menor en su mayor parte) y sin caer en reduccionismos absurdos. Un buen libro, sí.

viernes, 27 de septiembre de 2024

Hanif Kureishi. El regalo de Gabriel


Idioma original: inglés
Título original: Gabriel's gift
Traducción: Mauricio Bach
Año de publicación: 2001
Valoración: recomendable

Exponiéndome a que esta reseña merezca el subtítulo de lamento de boomer, habrá que reconocer que el modo de vida rock, tal como podía concebirse en 2001, ya no digamos en 1973, ahora nos resulta caduco y envejecido. A pesar de los denodados esfuerzos por mantener su espíritu vivo (aunque sólo sea eso), la actitud hacia la vida, contemplada como influencia del fenómeno, se encuentra en un receso absoluto e indisolublemente unida a algunas generaciones que ya han empezado a perder influencia en la dominación  global. El tiempo ha sido un canalla, por supuesto, pero también las costumbres y, en general, el modo de vida ya no occidental sino global, la urgencia, la oferta de entretenimiento, la pérdida de influencia anglocéntrica, las diferentes ambiciones, todo ha evolucionado de forma que el estereotipo, algo ingenuo y romántico, ha quedado desfasado. Por supuesto, la voracidad del capitalismo a la hora de asimilar y fagocitar aquello que puede ser explotado dentro de límites controlados. Creo que ya he mencionado en alguna ocasión esa banalización manifiesta a través de camisetas de Ramones, de Nirvana, de Guns'n'Roses. La admiración por un estilo musical reducida a una fase de la post adolescencia.

El regalo de Gabriel es una novela cuyo trasfondo es ya este escenario en decadencia. Gabriel es hijo de una pareja de viejas glorias, un adolescente que sueña con ser cineasta mientras convive con su madre, rodeada de hombres de poco fiar que vienen y van, separada de su padre, bajista de rock en paro tras un accidente en escena, pero que conserva, a pesar de su clara función de segundón, contactos con lo más granado del star system. Como Lester Jones, obvio trasunto de David Bowie o Marc Bolan, ése sí una gloria de alto nivel que regala a Gabriel un dibujo suyo, en una visita que este le hace junto a su padre. Para la pareja en desmoronamiento, saber de ese regalo representa una posibilidad de hacerse con algo de dinero, y la pugna patética por hacerse con el dibujo y poder venderlo como obvio fetiche de coleccionista los lanza a una inesperada carrera por hacerse con la atención del menor, que acumula no solo sus propios problemas, sino alguna situación curiosa: se comunica con su hermano gemelo ya fallecido.

Kureishi brega con un planteamiento algo forzado y cuyo recorrido se define demasiado pronto, con lo que su resolución no es exactamente el objetivo del libro. Como testimonio de esa generación a la que el nihilismo o los excesos parecen representar una justificación para todo un recorrido vital, hay que decir que El regalo de Gabriel acusa el paso del tiempo y nos sitúa en un universo de mitomanía y culto a un estilo de vida que hoy nos parece extemporáneo. Incluso desde una coartada de novela psicológica (la imagen del hermano fallecido solo puede explicarse así), la hipotética brecha generacional donde el hijo parece el más maduro del triángulo familiar no acaba de convencerme. En todo caso, su lectura desprende cierta calidez ligeramente nostálgica por la que no puedo sentir repulsa. Simplemente, el mundo ya no es así.

Sobre Kureishi en ULAD: aquí