lunes, 22 de enero de 2024
Ismail Kadaré: Tres minutos. Sobre el misterio de la llamada de Stalin a Pasternak
lunes, 1 de abril de 2019
Ismail Kadaré: Las mañanas del café Rostand
Idioma original: albanésTítulo original: Mengjeset në Kafe Rostand,motive të Parisit
Año de publicación: 2014
Valoración: Muy recomendable (para admiradores de Kadaré). Los demás... cada cual que decida.
¡Ah! los míticos cafés parisinos. Nadie puede quitarles ese halo romántico que les envuelve desde hace siglos ni olvidar esas figuras soñadoras consagradas por los impresionistas mirando por la ventana o escribiendo. El café es el pretexto y punto de arranque de esta obra inclasificable. No es extraño que los escritores albaneses, como los de todas las latitudes, se sientan atraídos por esos carismáticos lugares, tan propicios para la evasión como inmersos en la realidad más cruda. Aun así, me pregunto ¿qué ha llevado a un escritor tan reconocido como Ismail Kadaré a recopilar y llevar a la imprenta un puñado de escritos sin demasiada relación entre sí, pero que son un retrato de sí mismo? Porque esos retazos más o menos dispersos en origen conforman un mosaico que muestra la personalidad, vivencias, pensamientos, ideas, en fin, pasado y presente, no solo del escritor sino de todo un país, Albania, salpicado por constantes cataclismos que se describen bastante fielmente con solo unos cuantos rasgos. Y es ese conglomerado de historia y vivencias lo que me ha parecido fascinante.
“Cierto era que centenares de invitaciones no habrían bastado para hacerme venir, porque ninguna invitación de este mundo podía llegar al lugar donde residía desde hacía años, bajo tierra. Y menos aún llegar a desenterrarte y traerte a este lado. Y era normal que todo ello resultara increíble, puesto que nunca había sucedido que un muerto apareciera allá dónde se le esperaba, en el número 79 del bulevar Saint Germain.”
También de Ismail Kadaré: El cerco, El palacio de los sueños, La muñeca, El accidente, La pirámide, Abril quebrado
jueves, 19 de junio de 2014
Ismail Kadaré: La pirámide
Título original: Piramida
Año de publicación: 1992
Valoración: Muy recomendable
Confieso que tengo una debilidad por Kadaré: todo lo que leo de él me gusta. Él es mi eterno candidato al Nobel, y lo volverá a ser el año que viene, cuando, después de premiar a una mujer angloparlante, los sabios suecos piensen en premiar a un escritor masculino de una lengua minoritaria. He leído de él media docena de novelas, quizás incluso alguna más, y diría que sus obras gravitan entre dos polos: el retrato realista de la sociedad albanesa (en particular de su ley de honor o Kanun), como en Abril quebrado o Frías flores de marzo; y las parábolas más o menos declaradas sobre el totalitarismo, inspiradas por el régimen comunista de Hoxha (como la magistral El palacio de los sueños). Entre estos dos polos quedan otras obras difícilmente clasificables, como El accidente o El cerco, igualmente interesantes.
La pirámide se sitúa claramente en el segundo polo. Escrita tras la muerte de Hoxha y en plena descomposición del régimen comunista, esta es una novela alegórica sobre la megalomanía de los dictadores, su obsesión por el poder y el control social o el modo en el que la sociedad se vuelve cómplice de este poder, por la fuerza o, a veces, voluntariamente (por una especie de Síndrome de Estocolmo colectivo).
Todos estos temas, que estaban presentes en El palacio de los sueños (al que ahora me arrepiento de no haberle dado un "Imprescindible") reaparecen en La pirámide: el monumento, representación última de la megalomanía y el culto al individuo se transforma en un símbolo del poder (capaz de proyectar su sombra, metafóricamente, sobre cada individuo de Egipto), pero también, de un modo muy concreto, en un medio para controlar y someter a los súbditos de ese poder. Las conjuras (verdaderas o falsas), duramente reprimidas; la propaganda y sus consecuencias; la tortura y la muerte, constantes y omnipresentes, son elementos comunes al Egipto imaginado por Kadaré, y a la Albania de Hoxha (y a tantos otros regímenes totalitarios, como viene a sugerir el epílogo en que la pirámide se "reencarna" a través de los siglos y de los espacios).
Kadaré, en La pirámide como en El cerco, parece no tener problema para trasladarse a otro tiempo y adoptarlo como propio; no se debe esperar, en esta novela, sin embargo, rigor histórico en sentido estricto. Se trata, como hemos dicho, de una parábola, y lo que importa es por lo tanto el mensaje de la historia, no el detalle concreto. (Estoy seguro de que un egiptólogo que lea esta obra se tirará de los pelos cada dos páginas). Para quienes no somos especialistas en historia, y sí en cambio lectores apasionados de Kadaré, esta novela se disfruta gracias a una narración aparentemente simple, formalmente aséptica aunque no exenta de humor. No es El palacio de los sueños, pero no le anda muy lejos.
También de Ismaíl Kadaré en Un libro al día: Aquí
jueves, 19 de enero de 2017
Ismaíl Kadare: La muñeca
Título original: Kukulla
Traductora: María Roces Gonzále
Año de publicación: 2015
Valoración: está bien
Ismaíl Kadare es uno de esos escritores que aparecen siempre en las quinielas del Nobel; todos los años está en mi lista personal, por lo menos, y me parece que sería un gran candidato, aunque quizás consideraciones políticas (su posición dudosa en relación con la dictadura de Hoxhá) le alejen del Premio. Ya ganó, mientras tanto, el Premio Príncipe de Asturias, lo que le valió unos comentarios poco simpáticos por parte de Sánchez-Dragó que dejaron en ridículo... a Sánchez-Dragó.
Pero a lo que iba: Ismaíl Kadaré es un gran escritor, de la talla de los más elegantes y sorprendentes narradores contemporáneos; quizás por eso me ha decepcionado un poco esta novela / memoria, en la que se notan algunos de los ragos personales del escritor, pero a la que le falta, creo, algo de poso y desarrollo.
Esta obra narra una serie de episodios en la vida de la familia del escritor (hasta qué punto sean episodios reales o novelados no lo sé, y tampoco sé si importa mucho), empezando por el matrimonio improbable entre sus padres, de familias enfrentadas: los Dori y los Kadaré. A este matrimonio siguen largos años de enfrentamiento larvado entre la madre ("la muñeca") y su suegra, con el padre como juez que nunca llega a dictar sentencia sobre el conflicto; y después saltamos a algunas escenas de la juventud del escritor, sus primeros éxitos, sus inseguridades y su arrogancia infantil, siempre con la figura de la madre como eje estructurador (aunque sutil) del relato.
Como decía, en La muñeca encontramos algunos rasgos que son típicos de la obra de Kadaré: los ambientes misteriosos de una Albania medieval y contemporánea al mismo tiempo; la ambigüedad con la que retrata personajes y situaciones, en particular la figura de "la muñeca", de la que no llegamos a saber si es tan frágil o tan ingenua como pretende aparentar; o la forma aparentemente espontánea, laberíntica que adoptan los textos de Kadaré (y en esto me recordaba particularmente a El accidente).
Y sin embargo, como también decía, me parece que esta es una obra pequeña, en extensión y en profundidad, que podría formar un capítulo de un libro más extenso de memorias, pero que tomado por sí solo no ha terminado de satisfacerme. Es un libro que apunta temas, personajes y anécdotas, pero no acaba de desarrollarlos: no hay duda de que el padre, "el gran Reformador" que está siempre planeando obras en la casa familiar, o la suegra, o la propia "muñeca", podrían haber dado origen a muchas más páginas divertidas, inquietantes o melancólicas. Pero quedan en cierto modo truncados, porque los vemos aparecer en el libro, y ganar consistencia, pero luego desaparecen y el texto pasa a otra cosa, a otros ambientes, a otros temas.
No cabe duda de que unas memorias de Kadaré serían un libro que haría salivar a muchos, entre otras cosas porque sería la ocasión para que el escritor diese su versión sobre los años de comunismo y dictadura en Albania. En ese sentido, La muñeca puede ser un aperitivo o un teaser (como se dice ahora). Habrá que esperar para ver, si los hay, los futuros desarrollos de estas memorias posibles.
También de Ismaíl Kadaré en Un libro al día: El cerco, Abril quebrado, El palacio de los sueños, El accidente, Réquiem por Linda B, La pirámide, Las mañanas del café Rostand
jueves, 5 de octubre de 2023
Ismail Kadaré:El general del ejército muerto
Título original: Gjenerali i ushtrisë së vdekur
Año de publicación: 1963
Traducción: Ramón Sánchez Lizarralde
Valoración: Imprescindible
Juguemos a pitonisos. En una hora se anuncia el ganador (o ganadora) del Nobel de Literatura 2023 y nuestra apuesta es Kadaré (además rima!!!!!). Cualquier sabe lo que decidirán los suecos, que son capaces hasta de dárselo a Joaquín Sabina, pero pase lo que pase ¡¡¡NOSOTROS TE QUEREMOS, ISMA (que hay confianza)!!!
El general del ejército muerto es la primera novela del albanés y ¡vaya primera novela! Oscura, turbia, irreal y absurda, sienta las bases y dibuja las principales obsesiones que recorrerán su obra posterior.
Se trata de una novela tenebrosa y de atmósfera pesadillesca (con algún destello de luz, como el de esa chica de impermeable azul que espera todas las tardes a su novio) cuyo argumento podría resumirse en la exhumación y repatriación, alrededor de 1963-65, de los restos mortales de soldados italianos fallecidos en Albania durante la Segunda Guerra Mundial.
Dos son los personajes que centran un relato en que ni lugares (salvo Tirana y alguna pequeña excepción) ni gentes poseen nombre propio: el general y el cura. Los efectos que sobre aquellos provoca la tarea que les has sido encomendada y el cambio en la percepción que de la misma tienen son el meollo de la novela: el paso del orgullo y la solemnidad a la indiferencia e incomprensión, los jirones del alma que ambos van dejando por un camino en el que la muerte, la locura y el absurdo son permanente presencia.
Si por algo creo que destaca está novela, más allá de la ya comentada evolución de los personajes, es por una atmósfera magníficamente construida por el autor. A una tarea macabra y medio delirante le acompañan un clima de mierda (lluvia, frío, nieve...), un paisaje agreste y hostil reflejo de un pueblo también agreste y hostil, aunque no siempre, con los visitantes. La combinación de todo ello funciona a la perfección y es un tercer personaje clave de la novela.
Puedes excavar y penetrar en su tierra fácilmente, pero en su espíritu, jamás.
Pero no todo es oscuridad en la novela. Un par de interludios, que trasladan la acción a un tiempo anterior, sirven para oxigenar el relato y para vincularlo a la oralidad que sobrevuela por la novela y que será pieza importante de la narrativa de Kadaré.
En resumen, una estupenda primera novela, preludio de una obra con un nivel medio altísimo y que posee, además de su calidad estrictamente literaria, el valor de ser testimonio de la más reciente historia europea. Más que suficiente para que los suecos le den de una puñetera vez el Nobel. Esperemos que hoy sea el día.
P.S.: Hay adaptación al cine de esta novela y los protagonistas son Marcello Mastroianni y Michel Piccoli. ¡Casi nada!
P.S. 2: Habrá que esperar, como mínimo, a 2024 para hablar del Nobel a Kadaré
Más libros de Ismaíl Kadaré reseñados en este blog: Las mañanas del café Rostand, La pirámide, La muñeca, Abril quebrado, Réquiem por Linda B., El Palacio de los Sueños, El cerco, El accidente, El ocaso de los dioses de la estepa
viernes, 29 de septiembre de 2023
Ismaíl Kadaré: El ocaso de los dioses de la estepa
Título original: Muzgu i perëndive të stepës
Año de publicación: 1978
Traducción: Ramón Sánchez Lizarralde
Valoración: más que recomendable
Lectores y amigues del blog, se acerca el día favorito de los cotillas amantes de la literatura, la Eurovisión de los gafapastas, que dijo no sé quién: la anual y no obstante ansiada concesión del premio Nobel. Cada cual hace sus apuestas, incluso literalmente (haceos un favor y no pongáis vuestro dinero en Houellebecq y mucho menos en el Murakami malo), lo mismo que yo, claro... Según mi método infalible (sobre el que algún día escribiré un libro que se venderá en la misma sección que los que aseguran enseñar cómo ganar a la ruleta o al Texas hold 'em), este año toca que ganer un escritor varón (puede ser no binarie, pero con pito aspecto masculino cisnormativo) y que no escriba en francés ni en inglés, que ya han empachado un poco a la Academia sueca. Mis favoritos, por tanto, descartado el japonés ful y cualquier africano (pues hace dos años se lo dieron a un caballero cuyo nombre no he conseguido aprender) serían: un rumano con pelazo, un húngaro de nombre no menos complicado o un albanés viejecito. Y claro, si se trata de escritores albaneses, no sé si habrá muchos más para escoger, pero a mí sólo se me ocurre uno; sí, amigues, el mismo al que este benemérito blog ha dedicado ya un porrón de reseñas, demostrando que a cansinos no nos gana nadie. Pues aquí tenéis otra, por si acaso...
Por casualidad (lo prometo), esta novelita, El ocaso de los dioses de la estepa, tiene también cierta relación con el premio Nobel: ambientada en 1958 en Moscú -aunque comienza durante las vacaciones estivales del protagonista, en una residencia para escritores en Letonia-, nos cuenta, de forma tal vez memorialística (no me atrevo a llamarlo "autoficción"), la estancia de un joven escritor albanés, trasunto del autor, supongo -si no directamente él mismo- en el Instiruti Gorki, de la Unión de Escritores Soviéticos, donde asiste a cursos literarios junto a otro montón de juntaletras letrtaheridos, de variados orígenes, edades y experiencias vitales. Justo es el otoño en el que se le concede el premio Nobel a Boris Pasternak, autor de la celebérrima Doctor Zhivago, ante lo que la maquinaria de propaganda del estado soviético -de la que forma parte dicha Unión de Escritores- se pone en marcha para denigrarle como traidor y obligarle a renunciar al premio (cosa que acabó sucediendo). El protagonista asiste a todo entre la distancia que le da su extranjería y la perspicacia de verle las costuras al régimen soviético, aunque más preocupado, en realidad, por sus cuitas amorosas y por el posible enfriamiento de las relaciones entre Albania y la URSS, algo que, sin duda, no puede sino afectar a su estancia en Moscú.
Debo decir que, en un principio, el argumento de esta novela no me interesaba demasiado, pues parecía que iba a ser más que nada una sucesión mejor o peor hilvanada de impresiones o recuerdos sobre su estancia en la Unión Soviética (pues, realmente, Kadaré estuvo estudiando y residiendo en el Instituto Gorki durante esa época), pero, ay, amigues, resulta que no sólo la novela está mucho mejor hilada de lo que sugería al comienzo y hay una relación causal, aunque no obvia, entre sus diferentes capítulos, sino que uno (yo) empieza a leerla y no puede dejarla. Porque Kadaré escribe de maravilla, mezclando las observaciones y reflexiones de "anónimo" protagonista, con límpidas descripciones y retratos fulgurantes, casi caricaturas con dos trazos de la fauna literaria o aspirante a serlo de la que está rodeado (de quienes he de admitir que no tengo ni idea, salvo que algunos sí que existieron de verdad, según San Google, mientras que de otros no he encontrado constancia), bañado todo con un aura de melancolía, pero también con un sentido del humor, en una variante de sorna más o menos suave, que lubrica la narración y ayudan a transitar por las partes más taciturnas e incluso trágicas. Sin olvidar, ya digo, que el magnífico dominio narrativo que demuestra Kadaré permite una lectura más ágil e intrigante de lo que podía esperarse en un principio.
En fin, que no hace falta estar superinteresado en la literatura albanesa o soviética, o en las vicisitudes políticas de la época postestalinistas para disfrutar de esta, para mía, al menos, absorvente novela, y cuanto antes, mejor, no sea que en unos días le den el Nobel a don Ismaíl y ya lleguemos tarde. Que sólo con este libro ya se lo merece más que el Murakami malo o el farsante de Michel, ya os lo digo yo...
Más libros de Ismaíl Kadaré reseñados en este blog: Las mañanas del café Rostand, La pirámide, La muñeca, Abril quebrado, Réquiem por Linda B., El Palacio de los Sueños, El cerco, El accidente
domingo, 29 de enero de 2012
Ismail Kadare: Abril quebrado

Idioma original: albanés
Título original: Prill i thyer
Año de publicación: 1978
Valoración: Recomendable
Entre las enormes virtudes de esta novela destacaré:
Una prosa magnética dotada de gran poderío visual impregnado de simbolismo.
Una gran capacidad de estructuración narrativa.
Una maestría indiscutible en la creación de personajes e historias, desarrollo de momentos narrativos y repaso de antecedentes.
Un profundo conocimiento de la sociedad que pretende retratar.
El acierto de recoger y trasladar una realidad sociológica terrible, además de poco conocida para el público no albanés, que despertará la curiosidad de cualquier lector.
En resumen, Kadaré es, sin ninguna duda, un excelente novelista.
Y sin embargo…
A pesar de que se lee con muchísimo interés, que es una delicia recrearse en las descripciones de la naturaleza, que cada alusión, cada imagen guarda otro significado además del evidente, de que nos sobrecoge por lo que tiene de reflexivo y de alusión a realidades terribles. A pesar de que es capaz de retratar lo irremediable, el enorme poder en una sociedad cerrada de tradición y oligarquía que, aliadas como suele ocurrir, ningún súbdito se atreve a poner en entredicho. A pesar de ser el espejo de la injusticia patente, de la crueldad que se respira, de la brutal represión y de la mutilación de los derechos humanos que supone tener determinado hasta el menor movimiento…
Con tantas bazas a su favor y aunque parezca mentira, Kadaré no ha construido la obra maestra que prometía en un principio.
O precisamente por eso.
Cuando se produce una ofensa a la honra o a la integridad física de algún miembro de una familia, el Kanun, código de honor albanés, obliga a restituirlo por medio de la venganza de sangre o besa. Gjorg, hijo de uno de los clanes, cuenta con un plazo para ejecutar esta venganza. Ésa es la razón de que el mes de abril quede para él trágicamente dividido en dos partes: la primera, en la que todavía no es el objetivo de los futuros vengadores y después, cuando su vida penda de un hilo y para salvarla se vea obligado a esconderse.
El cine, como no podía ser de otro modo, ha reclamado esta historia- Los resultados son Te paftuarit (Abril roto), dirigida por el albanés Kujtim Çashku en 1985 y Abril Despedaço 2001), del brasileño Walter Salles.
En uno de los capítulos, y a través del monólogo interior del intendente de la sangre, se nos revela el funcionamiento general de esa sociedad rural. Entre los ayudantes del príncipe se encuentran también el intendente de la tierra, que recoge los ingresos procedentes de las cosechas, el de los ganados y pastos, el de las minas, el de los molinos… Pero un intendente de la sangre ¿qué es lo que recauda? Pues nada menos que la llamada tasa de la sangre , es decir, los ingresos que generan las venganzas, sustanciosos hasta hace poco y que, debido a la fuerza de los tiempos, empiezan a disminuir de forma alarmante. Si antes el intendente de la sangre era el que más ganaba de todos, ahora sucede al revés. Cada vez hay menos venganzas, y esto es inadmisible. La ruina. Por eso, la mirada del príncipe “parecía decir: tú eres el intendente de la sangre, debes por tanto ser el principal instigador de la venganza, tú has de ser quien la incite, la despierte y la exacerbe si se debilita o adormece.”
Las tierras labradas y las abandonadas se alternan dependiendo de a qué familia o familias les toque el turno de vengarse. La kulla (o vivienda) de enclaustramiento es el lugar dónde se encierran los que no pueden labrar sus tierras porque tienen una venganza pendiente.
Los médicos no están allí para sanar a nadie – de eso ya se encargan los propios campesinos usando sus remedios tradicionales – su función no es otra que poner precio a las heridas que se infringen unos a otros.
Hacia el final de la novela, la forastera, Diana, en un descuido, entra en un lugar en el que nadie, ni los varones más poderosos del lugar, se atreverían a internarse.
¿Qué pasó allí?
Kadaré no debería ocultarlo ya que hace suponer al lector que ni siquiera él es capaz de aventurar ninguna hipótesis y eso es algo que un narrador omnisciente no se puede permitir. El detalle inverosímil lo encuentro en la fascinación de Diana por Gjorg. Tal como lo presenta me parece tan artificial, tan novelesco en el peor sentido de la palabra, que da la impresión de que esos pocos momentos de la novela la rebajan, no están a la altura del resto. La coherencia quedaría a salvo si sólo describiese admiración por el físico, pero esa deslumbramiento causado por un extraño con quien no se ha cruzado una palabra es más propia de una literatura de calidad muy inferior.
Tanto la riqueza, la complejidad social y humana que se intuye en la sociedad que retrata (una sociedad tan peculiar que merece que se desentrañen sus misterios, que se pongan al descubierto sus secretos más recónditos, las pautas de comportamiento, los pensamientos, los temores, los comportamientos, las costumbres) todo eso se pierde o se diluye en hábiles simplificaciones. La novela acaba mucho antes de lo que debiera, con un desenlace tan brusco que oculta gran parte de los hechos, resultando incluso inverosímil lo que queda al descubierto finalmente. La introducción de personajes ajenos a la comunidad (la pareja de recién casados), que a priori, podría parecer un buen procedimiento para observar con ojos nuevos una sociedad ancestral, acaba siendo un simple truco del autor para allanarse el camino, ya que se escuda en ellos para no internarse todo lo que debería en los entresijos de la vida de los autóctonos contentándose con mostrar únicamente la superficie.
Y a pesar de todo ¿cómo no recomendarla?
Todas las reseñas de Ismaíl Kadaré en ULAD: Aquí
domingo, 15 de diciembre de 2013
Ismaíl Kadaré: Réquiem por Linda B.
Todo esto Kadaré nos lo explica con un lenguaje triste y resignado. Como queriendo traspasar al papel ese gris turbio y huérfano en que el estado totalitario convierte la vida de sus súbditos. Hasta el punto de que alguno de ellos crea que una enfermedad puede representar un paso a la liberación. Hasta el punto de que cada individuo lo sea porque le es muy difícil encontrar seres a los que pueda mostrarse sin miedos.
También de Ismaíl Kadaré en UnLibroAlDía: Aquí
jueves, 16 de abril de 2026
Ismaíl Kadaré: Frías flores de marzo
Título original: Lulet e ftohta të marsit
Traducción: Ramón Sánchez Lizarralde
Año de publicación: 2000
Valoración: Muy recomendable
Cuando por los motivos que sean desaparece un régimen autocrático que ha durado cuarenta años se producen a nivel social reacciones dispares no fáciles de prever. No estamos hablando de España, sino de Albania, ese pequeño país donde arraigan costumbres ancestrales que se mezclan con múltiples influencias culturales y religiosas. Si el régimen se caracterizaba por el aislacionismo, el culto a la personalidad y el hermetismo más radical, la puerta que se abre deja correr vientos que incorporan, en desorden y entremezclados, ideas y valores de un pasado que parece remoto y un futuro que no es fácil de entender.
El relato sitúa ese momento, o más bien algún tiempo posterior, en una pequeña población rural del norte montañoso, donde Mark, un pintor de poco éxito, mantiene una relación con su modelo femenina. Aunque el nuevo tiempo no parece impedir que cada cual continúe con sus rutinas, es inevitable que surjan brechas, a veces sucesos, otras solamente rumores, que disparen la perplejidad en gentes acostumbradas a un sistema donde todo funciona aparentemente sin sobresaltos. El pintor sería ese ciudadano medio, centrado en su trabajo y sus amores, que tiene dificultades para entender a dónde lleva el nuevo rumbo.
Puede que el asalto a un Banco, al parecer inimaginable en el régimen comunista, o la costumbre femenina de depilarse ciertas partes del cuerpo, sean signos de la modernidad que llega de Europa junto a unos misteriosos funcionarios de la OSCE. Pero al mismo tiempo parecen resucitar, y de forma muy tangible, antiguos códigos como el Kanun, el pago de las ofensas con la sangre, brutales sentencias cuyos orígenes hay que ir a buscar a la Edad Media, tal vez más lejos aún. Aires occidentales irrumpen por tanto al mismo tiempo que los arcanos arraigados en las más viejas tradiciones del país, quizá por ello se rumorea que los nuevos dirigentes realizan visitas secretas a un misterioso archivo del Estado oculto en las montañas.
Pero lo más atrayente de todo esto no es que esté narrado con elegancia y precisión, que también, sino que mantiene en todo momento la figura del pintor como espectador, en general descreído pero también estupefacto ante las novedades, sin llegar a ser capaz de coger postura. Es por tanto un relato con un corazón intimista, que personaliza en un hombre corriente la desubicación y la duda. Esa vida provinciana que seguramente quiere mantener inalterable, centrada en sus pinturas y su amante, no puede sin embargo quedar ajena a los acontecimientos y a la pérdida de certezas.
La narración gana todavía brillo con la inserción, a modo de contrapunto, de algunas fascinantes historias que entroncan con viejas leyendas locales (la mujer obligada a casarse con una serpiente) o griegas (el robo de la inmortalidad), relatos espléndidamente desarrollados y que mueven a la reflexión sobre ese país que, sin saberlo siquiera, ha pasado de la estabilidad plomiza y asfixiante de un régimen opaco y hermético a la convulsión de verse ante un horizonte desconocido en el que se desatan fuerzas que escapan a todo control: las que irrumpen desde la modernidad de los vecinos europeos y las que brotan de las mismas montañas, de lo más profundo de un pasado no tan olvidado.
Un relato en el que se combinan con maestría los efectos de todos estos vientos con la perspectiva del individuo acostumbrado a su mundo estrecho, el bienestar inconsciente de quien está acostumbrado a cuidar solamente su propia vida, sus rutinas y sus pequeños placeres. No es fácil montar un relato equilibrado e inteligente con estos ingredientes, y doy fe de que Kadaré lo consigue con nota muy alta.
jueves, 25 de junio de 2009
Ismail Kadare: El palacio de los sueños
Idioma original: AlbanésTítulo original: Nënpunësi i pallatit të ëndrrave
Año de publicación: 1981
Valoración: Muy recomendable
Ismail Kadare (o Kadaré, con acentuación francesa), el reciente Premio Príncipe de Asturias de las Letras, es un escritor relativamente poco conocido en nuestro país -al menos hasta ahora-. Yo no había oído hablar de él hasta hace aproximadamente dos años, cuando una amiga me recomendó y me prestó El palacio de los sueños, que está considerada como una de sus obras más importantes. Me encantó.
El palacio de los sueños tiene un aire a El Castillo, de Kafka, y aunque Kadare niega considerarse un disidente del régimen comunista, podría considerarse como una alegoría de los extremos a los que llega el poder absoluto. Situado en la capital del Imperio Otomano, narra la historia de Mark-Alem, un hombre que, después de mucho intentarlo, logra entrar a trabajar en el Palacio, en el que se analizan los sueños de todos los súbditos en busca de señales de rebelión o disidencia. Los sueños son estudiados, clasificados y seleccionados, y cada semana se elige un Sueño con mayúsculas que, debidamente interpretado, condicionará las decisiones del Sultán.
La sensación que deja la novela es agobiante, desasosegante, alucinatoria. El universo gris y opresivo en que se mueve Mark-Alem es, como decía antes, propiamente kafkiano, y su ascenso a través de la escala jerárquica del palacio, igual de inexplicable que la sentencia contra K. en El proceso. La novela incluye también varios pasajes oníricos (como corresponde al tema, pero también a las preferencias de Kadaré, que huye siempre del realismo) que contribuyen a acentuar esa sensación de desaliento y desorientación que comparte en protagonista y el lector.
Hace poco he leído otra obra suya, Frías flores de marzo, que también me ha parecido muy interesante. Tenemos la suerte de que Alianza está publicando buena parte de la obra de Kadare en formato de bolsillo, así que ya sabéis, corred a vuestra librería más cercana antes de que se agote...
También de Ismaíl Kadaré en Un libro al día: El cerco, Abril quebrado, El palacio de los sueños, El accidente, Réquiem por Linda B, La pirámide, Las mañanas del café Rostand
lunes, 18 de diciembre de 2023
2023 en libros. El único veredicto que vale
No podemos dar paso a la lista sin antes recordar lo que para nosotros ha sido la peor noticia que nos ha podido dejar este 2023: el fallecimiento, en el mes de agosto, de nuestro compañero Emilio. Las reseñas que dejó programadas y que hemos ido publicando estos últimos meses dan idea de lo que para Emilio fueron sus mejores lecturas del año.
Sin más, aquí tenéis nuestro dictamen
El veredicto de Koldo (por ahora):
- Relecturas del año: La insoportable levedad del ser (Milan Kundera), El general del ejército muerto (Ismail Kadaré) y Las muertas (Jorge Ibargüengoitia).
- Crónicas y Memorias para desmemoriados: El largo viaje (Jorge Semprún) y Sonámbulos (Christopher Clark).
- Biografías: Último tren a Memphis: La construcción del mito y La destrucción del hombre (Peter Guralnick) y Alexandra Kollontai (Helene Carrere D'Encausse).
- Libro de viajes: De la Groenlandia al Pacífico (Knud Rasmussen).
- Novelas piraña: Los de Bilbao nacen donde quieren (María Larrea), Kudryavka, Perra de pelo rizado (Xenia García) y Vivir deprisa (Brigitte Giraud).
- Zoom: El occiso (María Virginia Estenssoro).
- Literatura y ciencia: MANIAC (Benjamín Labatut)
- Novela escrita por hijo de escritor ultramegafamoso que no desmerece a la obra de su padre: El volcán (Klaus Mann).
- Relecturas del año: Nuestros antepasados y Palomar del inconmensurable Italo Calvino.
- Librazos con dibujitos: Ronson de César Sebastián, Primavera para Madrid de Magius, y From Hell de Alan Moore y Eddie Campbell.
- Culebrones familiares (nazi-familiar y chino-familiar, respectivamente): La fábrica de canallas de Chris Kraus y Bélver Yin de Jesús Ferrero.
- Novela policiaca y de miedito (o viceversa): Dientes rojos de Jesús Cañadas.
- Novela histórica y de miedito (o viceversa): El Terror de Dan Simmonds.
- Novela sólo de miedito (más o menos): Acércate de Sara Gran.
- Novelas cortas pero matonas: Trenes rigurosamente vigilados de Bohumil Hrabal y El ocaso de los dioses de la estepa de Ismaíl Kadaré y Guerra de Louis-Ferdinand Céline.
- Libros de (se supone que) no ficción: Una salida honrosa de Éric Vuillard, Meditaciones de cine de Quentin Tarantino y El malestar de las ciudades de Jorge Dioni López.
- Libro más esperado del año (y no es porque sea del padre fundador de este blog): El edificio, de Santi Pérez Isasi.
- Leeré en 2024 (con permiso de la autoridad y si el tiempo no lo impide): lo nuevo de Mónica Ojeda.
- Mejor novela: La sumisa de Fiódor M. Dostoievski.
- Otras novelas sumamente reivindicables: La llave de Junichirō Tanizaki, El premio de las damas de Gyula Krúdy, El caminante de Natsume Soseki, Mar de fondo de Patricia Higsmith, La fortaleza de Meša Selimović, Estío de Edith Wharton, Cowboy de medianoche de James Leo Herlihy y Bestias de Joyce Carol Oates.
- Mejores antologías: Avió en vol ras de J. G. Ballard, El signo de los tiempos de Oda Sakunosakue, Espacio vital de James Alan McPherson y La companyia dels llops de Angela Carter.
- Experiencias lectoras extravagantes, curiosas e intensas: Modulorama de VV.AA., La estatua que tiembla de Tamara Romero, El frasquito de Luis Gusmán, El unicornio de Javier Tomeo y Tres ritos cenobitas de Helen Bakú.
- Gamberradas que parecen escritas para mí: Cromosoma Splatter de VV.AA., Polipiel de Alba Lucero y El sheriff Goodman contra Pinhead... de Takeshi García-Ashirogi.
- Clásico que ha envejecido bastante bien: El estudiante de Salamanca de José de Espronceda (también recomiendo sobremanera su adaptación al cómic titulada Montemar).
- Clásico que no me ha encandilado: Prometeo encadenado de Esquilo.
- Cero sorpresas en no ficción, aunque El arte de tener razón de Arthur Schopenhauer tiene su gracia y enjundia.
- Recuerdos que prevalecen sin excesivo esfuerzo, o sea, MUY BIEN: Material de construcción de Eider Rodríguez, o cómo lidiar bien, literariamente, con la pérdida, y Les voltes del món de Tuli Márquez, a ver si el mundo editorial se entera del talento de este hombre y se le traduce al español.
- Demasiados ensayos que se han quedado a medias o que me ha dado la impresión de que no conectan profundamente con la realidad, así que no los mencionaré. La realidad no lo pone fácil, cambiando cada dos por tres.
- Alguna biografía musical que tiene más pulsación narrativa que mucha narrativa, como Bobby Gillespie en Un chaval del barrio o Jarvis Cocker en Buen Pop Mal Pop
- Extraño reencuentro por partida doble con Houellebecq, del cual Unos meses de mi vida me ha mostrado una sorprendente actitud frágil y victimista. Curioso que su acercamiento a sí mismo le haya hecho desenfocar su aguda visión de la sociedad.
- Y a ver si las cosas mejoran. O sea, que los tótems atinen o que las eternas promesas se consoliden. Ya, por favor.
- Novela española del año: La mala costumbre de Alana Portero
- Mejores novelas hispanoamericanas: Tengo miedo torero de Pedro Lemebel y El invencible verano de Liliana, de Cristina Rivera Garza
- Mejor novela portuguesa: Luanda, Lisboa, Paraíso de Djaimilia Pereira de Almeida
- Novela internacional (y necesaria): Un detalle menor de Adania Shibli
- Bastante ciencia ficción, nacional e internacional: Así se pierde la guerra del tiempo de Amal El-Mohar y Max Gladstone; El árbol viene de Munir Hachemi, De nuevo centauro de Katixa Agirre
- Relectura del año: Ehun metro (Cien metros) de Ramón Saizarbitoria.
- Decepción del año (sobre todo por lo exagerado que fue el hype): Los destrozos de Bret Easton Ellis
- Podio de la Novela: Los suicidas, de Antonio Di Benedetto (oro), Corrección, de Thomas Bernhard (plata, reseña en unos días), Las ciegas hormigas, de Ramiro Pinilla (bronce)
- Clásicos y Teatro: poca cosa, y como para no celebrarlo demasiado: Eneida, de Virgilio, y La ópera de cuatro cuartos, de Bertolt Brecht
- Ciencia: Las diez claves de la realidad, de Frank Wilczek
- Música y mundillo cultural: Bulbancha, de Jacobo Rivero
- Historia: La gran matanza de gatos y otros episodios en la historia de la cultura francesa, de Robert Darnton
- Viajes: Sesenta semanas en el trópico, de Antonio Escohotado
- Literatura bélica: ex-aequo Sin novedad en el frente, de Erich Maria Remarque, y La batalla del Ebro, de Jorge M. Reverte
- Pensamiento/Sociología: El gran teatro del mundo, de Philipp Blom
- Arte: 20 toneladas, de Luis Izquierdo-Mosso
- Libro del año: «Un caballero en Moscú», de Amor Towles
- Ensayo del año: «La supervivencia de los más ricos», de Douglas Rushkoff
- Grandes consolidaciones en narrativa: Xavier Mas Craviotto, por «La pell del món»
- Descubrimientos del año (autores): Byung-Chul Han con «La expulsión de lo distinto»
- Caerán más libros de: Clarice Lispector, Siri Hustvedt, Amor Towles, Paul Auster
- Propósitos para el 2024: más poesía, continuar con más ensayo y reencontrarme con la narrativa tras un año sin grandes lecturas
miércoles, 25 de agosto de 2010
Ismaíl Kadaré: El cerco
Idioma original: albanésTítulo original: Rrethimi
Año de publicación: 1970
Valoración: Muy recomendable
Con Ismail Kadare me pasa algo que casi me parece preocupante: todo lo que leo de él me gusta. Me encantó El Palacio de los Sueños, lo primero que leí de él, y que es una kafkiana alegoría sobre el poder y sus paranoias; Frías flores de marzo me pareció fascinante, por su mezcla de literatura de género y leyenda albanesa; El accidente, que en comparación con las otras es probablemente la más floja, sigue siendo sin embargo una indagación literaria y sentimental muy interesante; y El cerco, la última de sus novelas publicada en nuestro idioma, la he devorado en dos días y me ha dejado la sensación de una obra magnífica, que cumple a la perfección todo lo que se propone.
El cerco tiene una historia editorial interesante, que nos relata el traductor en el prólogo de la versión española: publicada por primera vez con el título de La fortaleza (aunque Kadare le había puesto el título de Los tambores de la lluvia), y mutilada por la censura, la novela fue reescrita por el autor en 1994, ya en el exilio, recuperando varias escenas eróticas y referencias religiosas que habían sido suprimidas en la versión censurada. Es esta nueva redacción de la obra la que recibe el título de El cerco, y la que se publica traducida al español (aunque existía una traducción española de la versión corta, publicada en 1974).
Desde el punto de vista narrativo, El cerco es probablemente la más sencilla de las novelas de Kadare (que yo he leído hasta ahora): narra el asedio de una fortaleza albanesa por parte de las tropas otomanas durante el reinado de Jorge Castriota-Scanderberg, principalmente desde el punto de vista de los invasores (el bajá, el intendente general, el arquitecto, el cronista, el poeta, las mujeres del harén del bajá), aunque con breves episodios que presentan la visión de los asediados. El desarrollo implacable y crudamente poético de la acción, y los continuos cambios de foco y de punto de vista hacen que la lectura sea especialmente agradable (aunque lo que se narra no siempre lo sea).
Resulta complicado hacer una interpretación política de esta novela (algo que es mucho más sencillo con El palacio de los sueños). De hecho, la exaltación de la defensa de los albaneses podría interpretarse como un canto nacionalista que la dictadura de Hoxha podría asumir sin problemas; aunque también se ha interpretado como un retrato de, precisamente, el aislacionismo y la autarquía de Albania durante la dictadura... En todo caso, Kadare ha repetido en varias ocasiones que él no es un disidente ni un militante político, sino solo un escritor en un régimen en que la disidencia no era posible (algo que otros niegan y que, al parecer, le ha valido críticas en su propio país una vez lograda la democracia). En fin, que cada cual piense lo que quiera...
También de Ismaíl Kadaré en Un libro al día: El cerco, Abril quebrado, El palacio de los sueños, El accidente, Réquiem por Linda B, La pirámide, Las mañanas del café Rostand
viernes, 30 de abril de 2010
Ismail Kadare: El accidente
Título original: Aksidenti
Año de publicación: 2008
Valoración: recomendable
Siempre había tenido a Sánchez-Dragó por un ególatra y un insustancial, pero mis sospechas se confirmaron con sus declaraciones después de que, con él como miembro del jurado, se le concediera el Premio Príncipe de Asturias a Ismail Kadare. "Es una extravagancia"; "Hemos premiado al escritor más importante de Albania, lo que no sé es si hay otros", dijo, entre otras lindezas. Quizás debería haber esperado, antes de ponerse a soltar boutades, a leer algunas de las novelas de este novelista sorprendente y cautivador, y que, en mi modesta opinión, se encuentra muy por encima de Haruki Murakami, uno de los autores por los que abogaba el bueno de Sánchez-Dragó. Por ejemplo, podría leer esta novela que acaba de ser publicada en nuestro país, y que contiene una mezcla de intriga policiaca, novela romántica y relato sobrenatural.
El accidente comienza, como era de esperar, con un accidente de tráfico, en el que mueren Besfort Y. y su amante, Rovena; y narra, a través (supuestamente) de la investigación forense posterior, las últimas semanas de la pareja, que se reúne tormentosamente en diversas ciudades europeas. De las tres partes de que consta la novela, la primera y la última componen el marco narrativo policiaco; la segunda, la más larga, reconstruye la historia de amor de los amantes, su éxtasis inicial y su descenso hacia la autodestrucción (emocional y física, en este caso), incluyendo un simpático -aunque narrativamente chocante- homenaje a El curioso impertinente, de Cervantes. La tercera parte, que debería ser la conclusión, introduce en cambio nuevos interrogantes sobre la trama: ¿tal vez las cosas no son lo que parecen? ¿Quizás la historia no ocurrió como se nos ha contado desde el comienzo?
Desde luego, en una novela de Kadare uno nunca va a encontrar lo mismo de siempre. Para mi gusto, Kadare podría juntarse a Kundera y Kertesz (todos con K, kuriosamente) en una terna de escritores capaz de sugerir reflexiones mucho más amplias que las historias concretas que narran; aunque Kadare lo hace de manera sutil e implícita, mientras que los otros dos son mucho más explícitos. En este caso, por ejemplo, se percibe, tenue pero innegablemente, que los destinos de Besfort y de Rovena están unidos a los de su propio país, Albania: la guerra, los crímenes, la relación con el resto de Europa...
Es verdad que El accidente no es, quizás, la mejor novela de Kadare: a mí me gustaron más El palacio de los sueños o Frías flores de marzo. Pero aun así, sigue siendo una novela magnífica, muy superior a la media, que creo que no decepcionará a ningún lector. Salvo, claro, a Sánchez-Dragó...
Todas las reseñas sobre Ismaíl Kadaré en ULAD: Aquí
lunes, 9 de marzo de 2026
Reseña + entrevista: El patio maldito de Ivo Andric
Año de publicación: 2025 (*)
Traducción: Marc Casals
Valoración: Bastante recomendable
El patio maldito es el título de la novela breve que sirve de colofón (¡y de qué manera, oigan) a este volumen en el que se reúnen, además, quince relatos escritos en diferentes momentos de su vida por Ivo Andric, ganador del Nobel de Literatura del año 1961. Pese a su diferente origen temporal, los textos compilados para la ocasión por Xórdica forman un conjunto homogéneo, tanto por ambientación como por temática. Por si esto fuera poco, se observa la existencia de personajes que aparecen en varios relatos (Fray Petar, Fray Marko...) y de personajes que, con diferentes "máscaras", podríamos considerar un único personaje (Alija Dzerzelez, Mustafa Magiar, Celibi Hafiz, Karagoz...).
La citada homogeneidad del volumen procede, como digo, de la ambientación y la temática de los textos. La practica totalidad de los mismos trascurre en los años de la dominación otomana o del control austríaco sobre Bosnia. Es por tanto un pasado casi mítico el tiempo en el que trascurren unos textos que hablan de violencia y locura, de "replanteamientos vitales", de poder y arbitrariedad, de dudas, culpas y debilidades. Tiempos más o menos remotos, pero inquietudes y/o cuestiones absolutamente atemporales y universales.
Por otra parte, los protagonistas de los textos de Andric pueden dividirse en dos grandes grupos: los "turcos" y los franciscanos. Curiosa contraposición la de unos y otros y curiosa la diferente visión que tiene Andric de uno y otro grupo. Así como los "turcos" tienden a aparecer como seres mezquinos, rencorosos o violentos, la mirada sobre los franciscanos es mucho más piadosa, con momentos hasta humorísticos.
Lo que sí suele hermanar a los protagonistas de los textos de Andric es una desubicación o desarraigo casi permanente, en parte debido a esa configuración multicultural y multiétnica de un territorio agreste que es también personaje fundamental en los relatos incluidos en El patio maldito.
No voy a entrar en detalle en cada uno de ellos, pero sí comentaré brevemente los textos que, a mi juicio, son los más destacados:
- Muerte en la tekija de Sinan, relato sobre miedos y culpas difusas, autoflagelaciones y replanteamientos vitales tan tardíos como inútiles.
- La sed (especie de reverso de El patio maldito, quizá?), que muestra un nuevo replanteamiento vital en una situación dramática.
- Milagro en Olovo, quizá el relato más metafórico y ambiguo, el más sujeto a posibles interpretaciones.
- El torso, que podría ser considerado como el texto más abiertamente político del conjunto. Una historia extraña de debilidades y venganzas protagonizada por un caudillo sanguinario y febril ("turco, cómo no!)
- El patio maldito, desasosegante nouvelle que puede recordar a El palacio de los sueños de Kadaré. Historia dentro de la historia dentro de la historia (...) que trascurre dentro de una institución extraña y terrible gobernada por Karagoz, un personaje fascinante y contradictorio.
sábado, 23 de enero de 2010
Martin Amis: El segundo avión
Título original: The Second Plane
Año de publicación: 2008
Valoración: recomendable
Hay temas sobre los que cualquier cosa que se escriba, va a ser polémica: si gusta a unos, no va a gustar a otros; así que ponerse a escribir sobre ellos es un acto de compromiso con uno mismo y con la necesidad de pensar y disentir públicamente. En este caso, Martin Amis, uno de los escritores más reconocidos y polémicos de Gran Bretaña, se atreve con uno de estos temas: la relación entre Occidente y el mundo islámico después de los atentados del 11-S.
Y lo cierto es que, en mi opinión, casi todo lo que dice Martin Amis en este libro es razonable: denuncia el islamismo radical y el terrorismo internacional; ataca a la administración Bush y, en menor medida, a Tony Blair por organizar una guerra sobre premisas falsas y sin tener muy claro cómo querían acabarla; ataca también a los intelectuales europeos que, queriendo huir del imperialismo yanqui, terminan apoyando -implícita o explícitamente- a grupos fundamentalistas violentos.
En fin, todo muy moderado y muy meditado, diría yo; muy lejos de otras declaraciones anteriores (no incluidas en el libro), que parece imposible que sean del mismo autor, en las que llegó a decir que "La comunidad musulmana debe sufrir hasta que ponga su casa en orden. ¿Qué tipo de sufrimiento? Impedirles viajar. Deportación -o algo más". El que estas declaraciones nacieran de la indignación por un atentado terrorista frustrado no las disculpa, son desde luego incomprensibles e injustificables, y más en un intelectual que se dice de izquierdas como Amis.
Desde el punto de vista literario, lo mejor del libro son los dos relatos que incluye: "En el Palacio del Fin" y "Los últimos días de Mohamed Atta"; sobre todo el primero, sobre la vida de los dobles de Sadam Hussein, que, salvando las distancias, recuerda a relatos de Borges, de Kafka, o al Palacio de los sueños de Kadaré.
En fin, El segundo avión no pasará a la historia como un monumento del pensamiento occidental; ni siquiera como una joya literaria, aunque esté, como era de esperar, muy bien escrito. Pero es un libro valiente y comprometido, y aunque no siempre estemos de acuerdo con lo que Amis dice, conviene recordar que tiene todo el derecho a decirlo.
También de Martin Amis en ULAD: Aquí
lunes, 5 de mayo de 2025
Reseña + entrevista: Venecos de Rodrigo Blanco Calderón
Año de publicación: 2025
Valoración: Está muy bien
Un avión despegando en un atardecer es la imagen de la cubierta diseñada por Paul Viejo para este Venecos del ya casi malagueño Rodrigo Blanco Calderón. Una clara metáfora a un exilio o a una emigración que, si bien está presente en la práctica totalidad de los trece relatos incluidos en este volumen, no tiene un lugar tan central como pudiera parecer. Es decir, la experiencia de la emigración está presente en los relatos pero no es fundamental para los personajes de los mismos; más bien se trata de seres que tratan de rehacerse de diversos fracasos, ya sean estos matrimoniales, laborales o artísticos, lo que otorga a los textos una universalidad que de otro modo quizá no tendrían.
No me quiero enrollar mucho porque lo que nos cuenta el autor en la entrevista que enlazamos en esta misma reseña es mucho más interesante que lo que yo pueda decir, pero sí quiero destacar algunos aspectos de los relatos de Rodrigo. Serían:
- Su estructura. En casi todos los textos hay dos capas, una más visible y otra "subterránea" y me gusta mucho cómo el autor las maneja, cómo juega con ellas y cómo se entrelazan, ya sea de una forma más o menos sutil. Creo que el que mejor lo consigue es La vejez.
- Las voces. Personas de diferentes sexos, edades, condiciones económicas y sociales, con voces perfectamente identificables y diferenciadas, protagonizan textos ambientados en lugares tan diversos como París, Caracas, Málaga o ese claustrofóbico y oscuro El Cráter.
- Cierta tendencia al realismo "grotesco". Creo que este punto enlaza en cierta forma con esas dos capas de las que hablaba, en el sentido de que toda situación, por clara que parezca, esconde algo más o menos "oscuro". Claros ejemplos son Una vida distinta, Virgen de la impureza, Café Rostand, etc.
- Las referencias literarias. Esto sé que no es una virtud per se, pero a mi me gustan estos autores y estos libros que dejan claras referencias y homenajes como las que Rodrigo hace en estos cuentos. Así, Kadaré, Camus, Roque Dalton, Sabato y Ovidio se asoman por estas páginas, con mención especial al estupendo y oscuro El extranjero.
- Las referencias cinematográficas. Vale, no hablamos de Manuel Puig, pero aquí hay mucho y buen cine.
- Los guiños a sus lectores. No sé si es algo buscado o no (incluso no sé si es algo "inventado" por mi), pero aquí hay rastros de The Night (con Darío Lancini) o de Simpatía (ay, El padrino)
domingo, 2 de marzo de 2025
Svetislav Basara: La leyenda de los ciclistas
Título original: Fama o biciklistima
Año de publicación: 1988
Traducción: Juan Cristóbal Díaz
Valoración: Fuera de concurso
La perspectiva de un hombre de cincuenta años ataviado con un polvoriento atuendo deportivo debía de llamar la atención. Tal vez fuera mi aspecto atractivo lo que inclinó la balanza a la hora de salir elegido como profeta: resultaba verdaderamente llamativo. Los profetas están llamados a profetizar y el pueblo a perseguir a los profetas. Así funciona el mundo.



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