Mostrando entradas con la etiqueta historia novelada. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta historia novelada. Mostrar todas las entradas

miércoles, 14 de mayo de 2025

Edoardo De Angelis y Sandro Veronesi: Comandante

Idioma original: italiano

Título original: Comandante

Año de publicación: 2023

Traducción: Juan Manuel Salmerón Arjona

Valoración: recomendable 

Recomendable y, sobre todo, humanista y hasta entrañable novelita que recrea un hecho real, un episodio sucedido durante la II Guerra Mundial, cuando, en octubre de 1940 el submarino italiano Cappellini hundió en aguas del atlántico al carguero belga Kabalo que transportaba material militar británico (quizás el término "humanista" no sea el más apropiado para esta historia... o tal vez sí; seguid leyendo...). La peculiaridad de este suceso se debe a que, tras el exitoso ataque, el comandante del submarino, el veterano Salvatore Todaro, contraviniendo las órdenes del almirantazgo alemán, acudió en ayuda de los supervivientes, no ya una, sino en tres ocasiones -los cabos con los que remolcabna la lancha de los belgas se rompieron- llegando por fin a acogerles dentro del abarrotado submarino, con el objeto de trasladarles a las islas Azores, a pesar de que de esta forma su nave se convertía en un objetivo fácil para los aviones de la RAF.

Vale, ya digo que "humanista" o "humanitario", dado que se trata de una historia bélica y, además protagonizado por el bando de los malos (no sé si el otro era muy bueno, pero no tengo dudas de la iniquidad de los fascistas, aunque Todaro y sus hombres tampoco lo fueran), no es el adjetivo más adecuado, pero, sin duda, sí que es una historia muy humana, en el sentido en que se utiliza popularmente este término, ya que muestra un comportamiento cuando menos compasivo hacia los vencidos, pese a que momentos antes habían tratado de matarse unos a otros. Es entrañable, además  y hasta quizás algo naif, la razón que da el comandante del submarino para su decisión de rescatar y dar buen trato a los supervivientes del barco hundido: "Porque somos italianos" (el que esto escribe, que es italianófilo desde siempre, no puede por menos que sonreír satisfecho, pero, al mismo tiempo, recuereda que por aquel entonces detentaban el poder en Italia Mussolini y su banda de maleantes y que los métodos para obtenerlo y conservarlo fueron cualquier cosa menos "humanos" o "humanitarios". Y no eran menos italianos, aquéllos). Contribuye la empatía que se siente hacia los personajes el hecho de que la novela esté escrita desde multitud de puntos de vista, distintos tripulantes del submarino o la esposa de Todaro, pero también marinos del carguero belga, sobre todo el segundo de a bordo, un tal Reclerq, que, mira tú por dónde hablaba italiano y servía de intérprete entre los capitanes.

Hasta aquí, podemos decir que Comandante se trata de una novelita amena y fácil de leer -los capítulos son bastante breves, además- sobre un episodio de tantos, si bien peculiar, que ocurrieron durante la guerra mundial. Ahora bien, la intención de los autores del libro, el escritor Sandro Veronesi y el cineasta Edoardo De Angelis va o iba más allá de esto. A raíz de la crisis migratoria que tuvo lugar en el Mediterráneo central en 2019, con cientos de personas que trataban de llegar a las costas italianas ahogadas en el mar ante la prohibición de rescate por parte de las autoridades (si no me equivoco, el Ministro del Interior y Vicepresidente por aquel entonces, igual que ahora,  era el infame Salvini), en contra del criterio del propio almirante de la Guardia Costera, el intento de criminalización de las ONGs que acudían al rescate, la ola de xenofobia en la sociedad, etc., Veronesi creó con amigos suyos un movimiento que llamo "Cuerpos" para oponerse a la política al respecto del gobierno italiano. Entre estos amigos estaba el director de cine napolitano Edoardo De Angelis, con quien, al conocer el conmovedor antecedente que suponía la historia del comandante Todaro (de ahí, por cierto, que no resulte tan naíf, en realidad, la frase de "Somos italianos", sino cargada de intención ante los nacionalistas xenófobos), decidieron investigar sobre ella y, al cabo, escribir un guión de cine. Y no sólo un guión, sino también esta estupenda novela (que no es la novelización de aquel, que conste, sino una obra literaria por derecho propio).  La película, por cierto, se estrenó en 2023, con un apropiado y seguramente estupendo, como de costumbre (yo aún no la he visto) Pierfrancesco Favino como el comandante Salvatore Todaro.

viernes, 28 de julio de 2023

Fight Combo (y resopón de ULAD hace Historia): El affaire Martin Guerre

Existe un claro vínculo entre la Historia y la ficción, ya hablemos de literatura o de cine: a menudo, un escritor o escritora extrae de los estudios, documentos y manuales sobre algún hecho o personaje histórico la idea y el material para escribir una novela más o menos fiel a lo ocurrido en la realidad; de vez en cuando, una de estas novelas históricas es adaptada en el guion de una película que, a su vez, incrementa la popularidad tanto de la novela como del hecho histórico o personaje en cuestión. Éste suelo ser el camino habitual, pero, en alguna ocasión, el sentido de esta influencia se invierte, lo que deviene en un caso más interesante. Tal fue lo ocurrido con la figura de Martin Guerre, el joven hijo de un hacendado de un pueblo de los Pirineos, que un día decidió ausentarse de su casa por un tiempo para escapar del enojo de su padre, dejando atrás esposa e hijo. Cuando regresa, ocho años más tarde, parece haber cambiado su carácter -a mejor, eso sí- y todo el mundo le acoge con alegría. Sin embargo, en su esposa, Bertrande de Rols, y en su tío se instala poco a poco la sospecha de que ése no es su auténtico marido y acaban por denunciarlo por impostor, produciéndose el juicio subsiguiente.

A partir de noticias recogidas en diversos libros, desde el siglo XVI -bien es cierto que, entre otros, se habla de él en uno de los Ensayos de Montaigne, que asistió al juicio en Toulouse en 1560 y sobre todo en el que escribió uno de los jueces, Jean de Coras, aunque también en textos de Alexandre Dumas y Rubén Darío- la novelista americana Janet Lewis escribió, como primer título de una trilogía de novelas históricas dedicadas a controversias jurídicas por el uso abusivo de pruebas circunstanciales, La mujer de Martin Guerre, que sirvió de base para la película francesa El regreso de Martin Guerre (que luego tuvo un remake hollywoodiense, ambientado en la Guerra Civil estadounidense); como asesora del proyecto cinematográfico trabajó la historiadora Natalie Zemon Davis, quien, a raíz de su investigación para la película, publicó a su vez un libro, esta vez ya de Historia propiamente dicha, con, en principio, todos los requisitos académicos, titulado de igual manera.


Idioma original: inglés

Título original: The Wife of Martin Guerre

Año de publicación: 1941

Traducción: Antonio Iriarte

Valoración: recomendable

La mujer de Martin Guerre es un novela histórica -como ya digo, primera de una trilogía- que recrea los hechos fundamentales de esta suplantación y denuncia, pero es, antes que libro de Historia, una novela; en aras de una narración más ágil su autora obvió algunos aspectos del asunto, simplificó el proceso judicial y acentuó el dramatismo de un final apoteósico, aunque respetando en gran medida lo que sucedió en realidad, bien es cierto... Pero, sobre todo, otorgó el protagonismo, ya desde el propio título y una mayor hondura psicológica a la esposa de Martin, Bertrande de Rols, de la que se nos cuentan sus actos y pensamientos desde el día de su boda, a la tierna edad de once años, hasta la resolución del insólito asunto (que no voy a contar). No obstante, y pese a esa atención, no queda muy claro el motivo de su cambio de parecer respecto a su supuesto -o no- y recobrado -o tampoco- marido, más allá de su convicción por esclarecer la verdad, la defensa de su honestidad y de sus valores cristianos. Aún así, resulta, sin duda, un personaje de lo más interesante y hasta memorable.

Destacan también, en esta notable aunque corta novela, la reconstrucción, es de suponer que pormenorizada, de la vida campesina hace casi 500 años y, sobre todo, las maravillosas descripciones de la naturaleza y el efecto del paso del tiempo sobre ella que nos brinda Janet Lewis. Un punto fuerte de esta novela, que, no obstante y como ya he explicado, deja a un lado ciertos aspectos del asunto, que para se recogidos y explicados debieron esperar aún cuatro décadas más a que se escribiera...


Idioma original: inglés

Título original: The Return of Martin Guerre

Año de publicación: 1983

Traducción: Helena Rotés Rull

Valoración: más que recomendable

A día de hoy, este libro de la historiadora norteamericana Natalie Z. Davis es el más conocido sobre este famoso affaire, cosa notable, al tratartse de un estudio histórico, propiamente dicho (de microhistoria, en realidad, siendo uno de sus ejemplos más célebres), con sus disquisiciones habituales, sutilezas -jurídicas, y religiosas, en este caso-, notas y lista interminable de referencias bibliográficas. pero, claro, tode este asunto tiene unas connotaciones y derivaciones tan fascinantes -la impostura, la identidad, la inquietante posibilidad de tener un döppelganger-, además de un carácter literario tan perfectamente estructurado desde el punto de vista narrativo, que no se pueden obviar. Sin embargo, hay también algunos puntos, puntualizaciones que no se pueden soslayar desde el rigor historiográfico, que la novela de Lewis no tocaba y es te libro, en cambio, desarrolla e incluso les concede gran importancia:
  • El origen vasco de Martin Guerre y su familia-oriundos de Hendaya y cuyo apellido proviene, al parecer, de Daguerre-, es decir, de una región del reino de Francia donde algunas costumbres y, sobre todo, la preservación y transmisón del patrimonio familiar son diferentes a las del condado de Foix, donde se asentaron.
  • Las disensiones religiosas de la época, inmediatamente anterior a las guerras de religión que asolaron Francia. En Gascuña, de hecho, la presencia protestante era muy importante y Davis insinúa que tal vez Bertrande pudiera haberse visto atraída por la Reforma (sin olvidar que el juez del caso que escribió el primer libro al respecto del mismo, Arrest Memorable, tenía simpatñias cada vez mayores por el protestantismo y, lo que es más, años más tarde acabó linchado por ello).
  • El papel mucho más ambiguo de Bertrande de Rols, a la que, por otro lado, se le da aquí menos protagonismo. Natalie Davis supone que , en realidad, estaba muy a gusto con su marido "nuevo" o "recobrado" (según) y que  si le denunció fue sólo al verse obligada a ello, pero que en secreto prefería perder el juicio.
Ésta es, precisamente, la principal objeción que se pone al libro de Davis y que hace arrugar el morro a algunos historiadores: que abundan las suposiciones, extrapolaciones, las "hipótesis que podemos dar por válidas", los sobrentendidos admisibles en una narración literaria, pero no tanto en una obra de tipo histórico. De hecho, en cierto modo se puede extender el análisis que hace esta autora del Arrest Memorable de Coras a su propio libro, cuyas "características esenciales" consistirían también "en su mezcla de estilos y de enfoques. Se trata de un libro sobre cuestiones legoles que cuestiona el funcionamiento de la ley; de un relato histórico que sugiere dudas sobre su propia veracidad (...) un texto a medio camino entre el cuento moral, la comedia y la tragedia(...) en el que los héroes parecen villanos y los villanos parecen héroes y en el que la historia se cuenta de dos maneras distintas al mismo tiempo".

Pero esa es, justamente, la clave de la fascinación que produce la peripecia de Martin Guerre y los libros (y películas) que se han basado en ella; la Historia vista no como una reliquia que acumula polvo en un museo, sino como un trozo palpitante de vida (perdón por el topicazo), una porción de la experiencia humana que nos concierne tanto a nosotros como aquellas gentes del siglo XVI en los Pirineos.

lunes, 1 de mayo de 2023

Maggie o'Farrell: El retrato de casada

Idioma original: inglés
Título original: The marriage portrait
Año de publicación: 2023
Traducción: Concha Cardeñoso
Valoración: Muy (muy) recomendable

El retrato de casada es lo más parecido a una historia de princesas, pero de las de verdad. Un relato que desgrana todas y cada una de las violencias a las que tenían que enfrentarse estas niñas (supuestamente privilegiadas) desde el momento en el que nacían: discriminación respecto a sus hermanos varones en la educación y oferta de esparcimiento, encierro, represión de las emociones e incapacitación para tomar la menor decisión sobre su vida o su cuerpo. Vendidas como yeguas de cría por su propia familia.

Resumen resumido: Florencia, año 1560. Lucrezia, la hija menor de los duques de la Toscana se casa con el duque de Ferrara, Alfonso II d’Este. Sería un titular anodino de no ser porque (1) ella tiene quince años y él veintiocho, (2) es la novia de sustitución de su hermana mayor, María, que ha fallecido de una infección en los pulmones, (3) la casan contra su voluntad y (4) en menos de un año ella habrá muerto en extrañas circunstancias.

Es la primera novela que leo de Maggie O’Farrell y lo hice casi por rendición, por haber escuchado tantas veces y de tantas bocas las bondades de sus libros. Y elegí este por ser el último, tratando de no dejarme influir por las expectativas. Pero tanto hubiera dado porque lo que está bien, está bien. Desde el punto de vista técnico, poco hay que decir: trama, tono, tempo, voz narrativa, punto de vista… fluye como un todo, un poderoso torrente narrativo que arrastra al lector desde los primeros párrafos. La autora sabe perfectamente lo que tiene entre manos. Y luego están aspectos tan determinantes como la sensibilidad y el acierto a la hora de trazar a los personajes, plantear los conflictos, definir una atmósfera, elegir cada palabra con rigor y mimo. Aquí reside para mí la auténtica magia de la novela. Cuando un párrafo dice muchas cosas pero la mitad de ellas no están escritas:
«Ahí, enfrente de ella, hay una cosa que no ha visto en su vida. Una cosa que jamás habría creído posible. Una cosa tan emocionante e inesperada que se lleva las manos a la boca.
Las macizas puertas de madera de la villa, abiertas de par en par.
No hay guardianes en la entrada. No hay soldados armados ni hombres de librea (…). Nada, nadie. Solo el portal abierto de par en par, a la vista de todos. (…). He aquí un edificio que no necesita reafirmar su poder (…), un lugar conforme consigo mismo y con sus alrededores.»
El retrato de casada está plagado de elementos remarcables, de grandes aciertos bien ejecutados que hacen de su lectura una experiencia inolvidable. Podría llenar páginas y páginas comentando detalladamente y a riesgo de hacer algún que otro spoiler. Pero me limitaré a exponer los aspectos que me han resultado más interesantes:
  • La personalidad de Lucrezia: víctima y heroína, inteligente y con una sensibilidad por encima de la media. Ha sobrevivido dignamente a una familia incapaz de mostrarle el menor aprecio y con solo quince años se va a vivir a una corte desconocida y hostil, casada con un señor que tiene la empatía (y que solo fuera eso) regular. Todas sus vivencias, desde su nacimiento hasta el desenlace de la novela conforman un tránsito genuino por su mente y por su alma. Lucrezia enamora con su vulnerabilidad y su fortaleza, y en mi opinión, es uno de los personajes literarios femeninos más maravillosos que he tenido ocasión de conocer.
  • El acierto en la elección y desarrollo del punto de vista focalizado. No solo sirve para conocer mejor a la protagonista, si no que es un recurso poderosísimo a la hora de mostrarnos algunas escenas mil veces repetidas en otras novelas pero desde un ángulo cargado de intencionalidad. La descripción del día de la boda, desde que Lucrezia se levanta hasta que, ya de noche, se sube al carruaje con su marido, es un pasaje estremecedor sobre el risible papel que tenían las novias en su propia boda. Otro ejemplo es cómo el lector percibe el sentir de la protagonista a través de los diferentes aspectos de la vida cotidiana, como podrían ser las sensaciones al probarse un nuevo y lujoso vestido:
«Un cuello alto le tapa el suyo, casi no puede mover la cabeza: las puntillas se le clavan en la garganta. Los brazos no se ven, están enfundados en unas enormes mangas abullonadas que suben por encima de los hombros y terminan justo por debajo de las muñecas: las manos parecen patitas blancas de ratón, inútiles, que asoman por debajo de los rizados y adornados puños. Nunca se había puesto nada semejante: la cintura la corta por la mitad, las enormes mangas y las faldas recogidas la hacen parecer intrascendente y leve como un junco. No reconoce a la persona que es con ese traje.»
  • Violencia y belleza. Las descripciones, las escenas, incluso la propia atmósfera de la novela, basculan en un sutil equilibrio entre ambos conceptos. El arte renacentista con sus pinturas, edificios, vestimentas, melodías, cánticos… conviven con la violencia despiadada de los gobernantes hacia cualquiera que tenga el menor gesto que pueda interpretarse contrario a su autoridad.
  • El papel de los criados y el resto de sirvientes al servicio de los poderosos. La novela refleja muy bien esa realidad paralela a la de los protagonistas y obtiene de ella grandes personajes secundarios que juegan un papel indispensable hasta en el menor de los acontecimientos, como es el caso de Sofía, el aya de Lucrezia.
Me gustaría decir algo en contra por aquello de ganar algo de credibilidad después de tantos juegos florales, pero no voy a inventarme nada y voy a sostener mi Muy (muy) recomendable ya que, tal como he comprobado, la novela resiste frente a las expectativas altas.

Otras obras de Maggie o'Farrell reseñadas en ULAD: Tiene que ser aquí, Hamnet, La primera mano que sostuvo la míaHamnet (Contrarreseña)

viernes, 14 de abril de 2023

Paco Cerdà: 14 de abril

Idioma: castellano (y algo de catalán)

Año de publicación: 2022

Valoración: recomendable

Dentro del calendario laico (incluso impío) y republicano español la fecha quizá más destacada es la del 14 de abril, aniversario de la proclamación de la II República, en 1931. Un acontecimiento celebrado e incluso idealizado por todo aquel ciudadano que reniega de la monarquía (y de la dictadura, como es obvio), más aún por    que se trató de una proclamación popular y hasta cierto punto  espontánea, como resultado no de un acuerdo entre las altas dignidades del estado o los próceres del país, y ni siquiera de un referéndum al respecto, como fue más tarde el caso de los actuales regímenes vigentes en Italia y Grecia, sino a raíz de unas elecciones municipales en las que los partidos republicanos vencieron en las ciudades con abrumadora mayoría. Eso sucedió el domingo 12 de abril del 31 y el martes 14 se proclamó la República, primero en Eibar y luego en multitud de localidades, por supuesto, también en Madrid, donde el rey Alfonso XIII hubo de renunciar al trono y partió hacia Cartagena, para abandonar España en barco.

Es esa histórica jornada -una jornada alargada, en realidad, porque se extiende desde las 6 de la mañana hasta las primeras horas del día siguiente- la que nos cuenta Paco Cerdà en esta ¿novela? de no ficción o Historia novelizada, que resulta una narración vibrante, emocionante y hasta adrenalítica, por momentos. Cerdà nos lleva por diferentes escenarios en los que se desarrollaron los hechos: por supuesto, Eibar, Madrid y Barcelona, pero también Huelva, Granada, Salamanca, Jaca y Huesca  (recordemos que había habido un levantamiento republicano en el diciembre anterior), Tarragona, Palma, Cartagena... En ellos encontramos a personajes célebres, como el ya entonces general Franco, Unamuno, Santiago Carrillo, Josep Pla, la actriz Margarita Xirgú... o, por supuesto, el rey Alfonso XIII, pero también personas en absoluto conocidas para el gran público y, en ocasiones, ni siquiera para los especialistas en el tema, simples notas a pie de página en los libros de Historia, gente que vivó esa jornada excepcional o que murió en ella, como el Emilio con quien se abre y cierra el libro: Emilio Arauzo Honorio, un encuadernador muerto en Madrid a causa de las cargas de la Guardia Civil contra los manifestantes en la noche del 13 al 14, "la última víctima de la monarquía", se le llamó... aunque en el propio libro ya vemos que no fue el último; otras personas también cayeron en sucesos similares, antes de que el cambio de régimen político deviniera inevitable y el rey abandonara su reino al convertirse éste en república.

Paco Cerdá aborda esta ficcionalización (horroroso palabro, lo siento) de tal acontecimiento histórico centrándose, al a manera de Éric Vuillard en 14 de julio o ese otro escritor español tan patriotero sobre el 2 de mayo de 1808, en las vivencias individuales, luego parciales, del hecho, pero que dan una atinado panorama del conjunto, con pericia y talento más que suficiente para salir airoso del cometido. Sobre todo, de la difícil tarea de encontrar el punto justo entre el rigor histórico, la diferenciación de los personajes y su devenir, la amplitud de miras y el tono trascendente -incluso épico, aunque se trate más de una epicidad civil o popular, más que guerrera-; Tampoco olvida las puntadas líricas que encontramos en más de una ocasión... aunque aquí he de decir que tal vez se le vaya un poco la mano con lo lorquiano, en mi opinión. No es ésta, sin embargo, la única referencia poética que encontramos, tanto en castellano como en catalán o valenciano y resulta un placer ir descubriéndolas.

En conclusión, estamos ante una estupenda narración sobre un retazo de Historia, el nacimiento de la Segunda República española, que quizás haya quien juzgue como un momento ya trasnochado o apolillado, pero otros muchos consideramos perfectamente pertinente hoy en día. Porque, si se me permite expresar una aspiración política (que no tiene por qué coincidir con las del autor del libro ni, mucho menos, de mis compañeros de blog), en mi opinión la Tercera ya está tardando...


También de Paco Cerdà en Un Libro Al Día: El peón

jueves, 31 de marzo de 2022

Gioconda Belli: Las fiebres de la memoria

 Idioma original: español

Año de publicación: 2018

Valoración: Recomendable


Todos recordamos nombres de escritores que supieron combinar acción y literatura, de las escritoras que han hecho lo mismo apenas se habla, pero haberlas haylas: sin ir más lejos, la autora de esta novela, que ha destacado también en poesía y a la que conocía sobre todo por su activismo. Como sabemos, fue miembro del Frente Sandinista, ocupó varios cargos políticos cuando el movimiento accedió al poder y desde mediados de los 80 se dedicó exclusivamente a escribir. Su obra poética y narrativa es extensa y de una calidad indiscutible. La verdad, no me esperaba tanto, desde el uso tan particular de recursos novelescos y biográficos, hasta la exhaustiva documentación que, en lugar de abrumarle o de refugiarse en ella para inventar lo menos posible, (dos extremos en que se cae con demasiada frecuencia) le sirve de motor para urdir una trama la mar de atractiva protagonizada por un personaje cuyo carácter monolítico evoluciona y, empujado por las circunstancias, muestra una versatilidad tan inimaginable en un principio como convincente. El personaje existió, vivió en el siglo XIX y parece ser un antepasado auténtico de Belli, el truco del manuscrito encontrado está ya muy visto, pero solo lo usa en el Epílogo y con bastante gracia, por cierto. Sabe que no la creemos, pero un par de páginas más allá, valiéndose de los Agradecimientos, aclarará cómo se gestaron realmente estas falsas memorias. Y no les voy a contar lo que ocurre porque aquí la sorpresa tiene su importancia, adelanto que la trama es compleja, de fácil lectura y muy entretenida, que cuenta con abundantes y variados elementos folletinescos tan bien manejados y dosificados que no le restan categoría, al contrario. Me concentraré, pues, en sus puntos fuertes que son todos, en realidad, pero que intentaré resumir en diez por usar un número redondo.

El protagonista es, nada menos, que el duque Charles Laure Hugues Théobald Choiseul de Praslin, personaje real, heredero de una rancia dinastía francesa como se puede apreciar por la ristra de nombres que le adornan, y del castillo de Vaux-le-Vicomte, en las cercanías de París. Este noble se ocupaba de las tareas propias de su rango, como mantener la reputación de su estirpe, aumentar la suntuosidad de su mansión, jardines incluidos, traer nueve hijos al mundo (de momento), disfrutar de la compañía de la institutriz y poco más. Conviene saber que Belli le convierte en narrador y gracias a ese privilegio puede adelantarse a cualquier reproche que podamos hacerle, que serían unos cuantos. La acción comienza a mediados de siglo con un suceso muy grave que le conduce a un suicidio fallido primero y más tarde en fugitivo con la ayuda del rey Luis Felipe I de Orleans. Como no puede resucitar impunemente está condenado a vivir oculto, más o menos como el conde de Montecristo, al que se menciona varias veces, excepto por los deseos de venganza. Comienza así el ciclo de las aventuras que acabarán transformando su personalidad y le llevan de un país a otro: Inglaterra, Estados Unidos y, finalmente, Nicaragua. Gracias a estos viajes conoce a personajes relevantes de aquel tiempo, presencia avances científicos y sucesos conocidos y tiene al lector constantemente en vilo al contagiarnos su temor a ser descubierto. Esto, unido a lo incierto de su destino –ya que de repente no es nadie, un vagabundo sin oficio, beneficio ni lugar dónde vivir y, para colmo prófugo– añade un plus de intriga que se va manteniendo mientras nos preguntamos cómo se las arregla para vivir como un marqués. Sabemos quién le ayuda, pero esa adicción al lujo nos maravilla: salvando las distancias, podríamos compararle con nuestros pícaros.

La familia ocupa un lugar fundamental. En ella se produce la catástrofe y, aunque Praslin se mueve solo por el mundo nunca se desvincula de afectos y rencores, tampoco de castillo, posición y hasta de ayuda de cámara, que añora a menudo; aunque encuentra compañeros ocasionales nunca pasan de amistades efímeras, su mayor compañía es la memoria, la nostálgica y la que conlleva unos remordimientos que plantearán los primeros conflictos éticos, luego vendrán otros muchos, tanto ajenos como propios, que presentan dilemas interesantes resueltos, en general, con códigos distintos a los nuestros. Aún así, es evidente que la novela pertenece a este siglo, ya que no es fácil ocultar toda una trayectoria ideológica y cultural y la autora, de vez en cuando, aparece tras sus personajes. No demasiado a menudo, es cierto, y resulta bastante efectiva esa forma de retratar con solo unos cuantos rasgos, aunque a veces se caiga en el cliché, pero es que el interés de cada uno de ellos radica exclusivamente en su relación con la figura principal ya que como entidades independientes no tienen ninguna relevancia. Esto se aplica tanto a los personajes inventados como a los históricos, cuya intervención por cierto está estratégicamente situada añadiendo interés y credibilidad a la acción. Transitamos por los grandes acontecimientos, inventos y convulsiones de la época, también por la geografía, sostenida por abundantes datos y vívidas descripciones. Ambas, más que telón de fondo, condicionan directamente la narración. 

Y llegamos al desenlace, que además de parecer forzado reúne los grandes tópicos novelescos haciendo desmerecer un poco el conjunto. Sin embargo, ocurrió así, el duque, finalmente, sentó la cabeza de nuevo y tuvo otros seis descendientes, que añadidos a los nueve anteriores… Sumen ustedes. Eso suponiendo que la información que ha recogido la novelista sea tan verídica como ella supone. No es que desconfíe, pero suena tanto a las fábulas de siempre.

miércoles, 31 de marzo de 2021

Juan José Saer: Las nubes

Idioma original:
Español
Año de publicación: 1997
Valoración: Bastante recomendable

Algo conté en mi "Biografía lectora", publicada por aquí hace unos meses, de mi estancia en Argentina. Una de las cosas que más recuerdo de las librerías de la Avenida Corrientes es ver los escaparates y mesas "destacadas" llenas de libros de un tal Juan José Saer. Por aquel entonces mi bagaje era bastante más escaso y pensando, iluso de mi, que era el último autor de moda me volví para España sin ninguno de sus libros. Han tenido que pasar 15 años para darme cuenta del motivo: apenas un mes antes de mi llegada a Argentina, Juan José Saer fallecía en París sin haber cumplido los 70 años. 

No sé cual será la relación actual de los lectores argentinos con Saer, pero en España (y pese al loable esfuerzo de Rayo Verde) creo que se trata de un autor injustamente desconocido y minoritario. ¡Y no será por nosotros, que ya hemos reseñado en ULAD unos cuantos libros de Juan José Saer!

El caso es que este "Las nubes", siendo quizá una novela algo menor (en comparación, por ejemplo, con La pesquisa o El entenado), es un muy buen libro que incide en algunas de las características de la obra saeriana. Veamos alguna de ellas:

  • La ruptura de fronteras en lo genérico. Lo que en un primer momento parece una novela acerca de un manuscrito no sabeos si real o no pasa a ser una novela histórica y, posteriormente, una crónica viajera que no acaba de perder su condición novelística ya que la tensión entre el héroe / protagonista y el mundo que le rodea no desaparece jamás
  • El lenguaje. En Saer no importa tanto el qué como el cómo, lo que nos lleva a sus eternas subordinadas que puntualizan, acotan o desarrollan una idea primigenia, que se descuelgan en ideas secundarias que acaban ocupando el lugar de las primeras. Ligado quizá a lo anterior, en Saer no importa tanto lo narrativo sino lo descriptivo. En este sentido, en "Las nubes" cobra especial importancia el paisaje (esa llanura desértica, desmesurada y vacía, monótona e inmensa, que va modificándose según la percepción de los personajes, está descrita de forma magnífica), lo que podría emparentar este texto con la novela "gauchesca". 
  • Lo histórico y lo político. En este caso, la acción trascurre en 1804, en los tiempos del Virreynato, aunque está narrada en un momento posterior. Y pese a que no se trate de un relato de la época del Virreynato, independencia, etc, sirve como telón de fondo y moldea en buena medida al héroe de la novela.
  • El no final. La narrativa de Saer, quizá por ese "no importar tanto el qué sino el cómo", se caracteriza por esos finales abiertos y "Las nubes" va en esa línea. Hay un final, sí, pero nada impactante ni sorprendente, un final que puede ser un nuevo comienzo.
Vale, pero ¿de qué va "Las nubes"? Pues es la crónica, no sabemos si real o imaginada, del viaje que un psiquiatra realiza desde la ciudad de Santa Fe hasta la ciudad de Buenos Aires con un convoy diverso y colorido formado por enfermos, soldados, gauchos, prostitutas, etc,. Es un texto, para mi, cargado de referencias bíblicas y con buenas dosis de humor que juega con los límites de la razón y la locura. Pero ya digo que esto no es tan importante. Lo fundamental es acercarse a Saer, zambullirse en su prosa y dejarse arrastrar por la corriente, aunque quizá no lleve a ningún sitio.

Un montón de obras de Saer reseñadas AQUÍ

miércoles, 22 de julio de 2020

Tochoweek IV #3 - Antonio Scurati: M. El hijo del siglo


Idioma original: italiano
Título original: M. Il figlio del secolo
Año de publicación: 2018
Traducción: Carlos Gumpert
Valoración: Bastante recomendable, sobre todo para interesados en el tema.

Ahora que todo el mundo es fascista o nadie lo es, según el día, parece un momento adecuado para echar un vistazo a las características de los auténticos fascistas, los fascistas "pata negra" (camisa negra, en este caso), aquellos hijos de la gran puta que tomaron el poder en Italia hace casi cien años, tras una campaña de asesinatos, violencia y desprecio por cualquier valor democrático, pero bendecidos por buena parte de la burguesía, grande y pequeña, buena parte del Ejército e incluso parte de la Iglesia Católica, que a fin de cuentas es lo que importa... Algo así debe de haber pensado el escritor y profesor Antonio Scurati, que sacó a la luz este libro coincidiendo, justamente, con el centenario de la fundación de los Fasci di Combatimento en marzo de 1919, en un local de la piazza del Santo Sepolcro de Milán y que narra los primeros años, toma de poder incluida, de este movimiento, hasta 1925, cuando el PNF y, sobre todo,  su "Duce" Mussolini ya se habían asentado en el poder, que sólo soltarían ya a cañonazos. Ésta, no es, por tanto, una biografía del inefable Benito desde que era un rapazuelo romañolo que correteaba por el pueblo de Predappio, hasta su luctuoso final, que todos conocemos, aunque también hay que avisar que M. El hombre del siglo no es, por lo visto, sino el primero de una trilogía que tal vez acabe por dar toda una vuelta a la figura de Mussolini... bueno, ejem, ya me entendéis.

He empleado antes la expresión "hijos de la gran puta" y aunque tal vez alguno de los lectores de esta reseña tiemble de indignación por ello (por ver mancillado tan sacrosanto blog, supongo, no por solidaridad con las prostitutas y sus hijos) no puedo sino reiterar tal epíteto, ante los desmanes llevados a cabo por esa gentuza y añadir los de asesinos, matones y, en más de un caso, psicópatas. Como disculpa, si es que la hay, ante los desafueros y el culto a la violencia de aquellos primeros fascistas, se puede mencionar que muchos provenían del recientemente victorioso en la Gran Guerra, pero con poco aprovechamiento, Real Ejército italiano; muchos, además, de las filas de los Osados (Arditi), los cuerpos de asalto de élite que habían campado a sus anchas durante la guerra, y al llegar la paz se habían quedado más colgados que un jamón de un gancho (eeh... perdón, que igual tampoco es la imagen más apropiada), provocando en ellos una inadaptación a la vida civil y un rencor no sólo personal, sino incluso social, dado que el pueblo italiano no se había mostrado demasiado entusiasta con la participación en la guerra y menos aún los socialistas (que, de hecho, habían expulsado de su partido y de manera ignominiosa al propio Mussolini en 1914 por ese mismo motivo), a partir del primer momento, enemigos declarados de los escuadristas de los fascios. De ahí ese espíritu paramilitar y esa devoción por la violencia, no ya como medio, sino como núcleo de su ideología que animó al fascismo desde un primer momento. Un partido que se presentaba como nuevo, joven, defensor de la acción antes que de la reflexión, de la toma del poder por las bravas antes que del juego político habitual.

Por supuesto, todo ese resquemor y frustración acabaron canalizados, mesmerizados, incluso, por la figura de Mussolini, "el hombre del siglo", el Duce, el superlativo, el primer ministro más joven de la Historia, destinado a redimir a Italia de su inoperancia y recuperar su destino imperial, un político sin duda inteligente, aunque sobre todo astuto; visionario, incluso, pero también traidor, oportunista, desesperado, que se aferra a su idea del fascismo cuando no le queda otra cosa, repudiado por sus antiguos compañeros socialistas, a los que trató de manipular como utilizaría después a los fascistas... Flanqueado en esta historia, además de por sus despiadados correligionarios -Cesare Rossi, Leandro Arpinati, el "chequista" Amérigo Dùmini, el brutal y burlón "generalísimo" de la Milicia, Ítalo Balbo...-, por dos figuras que le sirven de contrapunto: por una parte, el iluminado poeta D'Annunzio, su inspirador en tantas cosas (incluso en cierta tendencia hacia la fantochada); por otra, el hombre que pudo haber sido él, de permanecer fiel a sus primeros ideales, el socialista Giacomo Matteotti, mártir con vocación de serlo, se diría; Cristo sacrificado para salvar a Italia de sí misma...

Tampoco es que Scurati se dedique a hacer muchos juicios de valor sobre sus personajes: se limita a notificar los hechos -refrendados a menudo por pruebas documentales- y que cada cual juzgue y saque conclusiones. Esto no significa que el estilo del libro sea burocrático o notarial; muy al contrario, Scurati hace gala de una escritura rica y apasionada, casi enfática, y logra con ella que, si no tanto como empatizar con los personajes retratados (es difícil hacerlo con algunos malnacidos), sí que nos pongamos en situación con la debida apertura mental. Y, desde luego, consigue que algunos acontecimientos de la toma del poder por Mussolini e compagni los vivamos con no poca expectación, pese a saber lo que supuso aquello. Eso sí, tras más de 800 páginas con ellos, uno acaba un poco hartito de tanto fascista de mierda, eso también hay que decirlo...



También de Antonio Scurati y reseñado en Un Libro Al Día: El padre infiel

martes, 5 de mayo de 2020

Mario Vargas Llosa: Tiempos recios

Idioma original: Español
Año de publicación: 2019
Valoración: Entre está bien y recomendable

Tengo sensaciones contradictorias tras la lectura de "Tiempos recios". Por una parte, una relativa "alegría" tras comprobar que Vargas Llosa sigue siendo capaz de escribir novelas disfrutables; por otra, cierta tristeza tras comprobar que los tiempos de las grandes novelas de Don Mario no volverán (o eso creo). Porque "Tiempos recios" es una novela ágil. solvente y entretenida en las que Vargas Llosa utiliza algunos de los recursos que le dieron fama, aunque sin acercarse a cotas alcanzadas en obras como "La ciudad y los perros" o "La fiesta del chivo".

Precisamente con esta última guarda cierto parentesco, tanto en temática como en personajes. En esta ocasión, nos trasladamos a la Guatemala de la segunda mitad de los 40 y primera mitad de los 50, época de intentos democratizadores por parte de los gobiernos de Arévalo y Árbenz que se vieron torpedeados por los intereses y maniobras de la United Fruit, bananera que hacía y deshacía a su antojo en Centroamérica, y la CIA.

Quizá el punto de partida sea uno de los aspectos más destacados de la novela: el proceso de creación, a partir de una serie de mentiras repetidas de forma machacona y de jugar con los miedos de la población (o como dijo Goebbels, ese demócrata de toda la vida,  «una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad») de un estado de opinión contrario a Arévalo y Árbenz, que acabaría con la obligada renuncia de este a la presidencia de la República y la instauración de una serie de juntas militares, a cual más sanguinaria. O como escribió en el año 1928 Edward Bernays, uno de los ideólogos de la campaña anti-Árbenz (es decir, antidemocratización de Guatemala):
La consciente e inteligente manipulación de los hábitos organizados y las opiniones de las masas es un elemento importante de la sociedad democrática. Quienes manipulan este desconocido mecanismo de la sociedad constituyen un gobierno invisible que es el verdadero poder en nuestro país...La inteligente minoría necesita hacer un uso continuo y sistemático de la propaganda.
Una posterior "puesta en situación" acerca de la política guatemaltelca de la época da paso a la novelización de los hechos históricos, los cuales, por otra parte, fueron de lo más novelesco, con conspiraciones internacionales, asesinatos, traiciones, pronunciamientos militares, "líos de faldas", agentes secretos, mentiras.... Vargas Llosa consigue en "Tiempos recios" que la frontera entre realidad y ficción se difumine y lo hace, en buena medida, gracias al manejo de diferentes voces y saltos temporales que tanto éxito le dieran en el pasado. Estos recursos, además, permiten que el texto no sufra apenas altibajos en cuanto a ritmo, tensión e interés y que se lea con cierta facilidad aunque uno no tenga mucha idea de historia guatemalteca y centroamericana.

En el lado menos positivo, diría que esa lectura fácil juega en contra de "Tiempos recios". No es una cuestión de "elitismos" ni nada por el estilo, sino que uno sabe de lo que Vargas Llosa ha sido capaz y tiende a situar ahí, de manera injusta tal vez, el nivel de exigencia. Así, "Tiempos recios" parece demasiado para todos los públicos. Por ejemplo, en su vocabulario, demasiado "monocorde" y lejos de la variedad y riqueza de otras obras, en el tratamiento de los personajes, también excesivamente "planos" si exceptuamos el personaje (clave, por otro lado) de Marta Borrero, o en ciertas reiteraciones y sobreexplicaciones en la parte central del texto. 

Resumiendo, una novela que deja en el aire más preguntas que respuestas, centrada en los destinos particulares y su inserción en el curso de la Historia, entretenida y amena, con un buen manejo de los tiempos y la tensión, pero que podría haber sido mejor si Vargas Llosa se hubiera atrevido a asumir más riesgos y hubiese dado una vuelta de tuerca más a los recursos empleados.

Tambiénn de Mario Vargas Llosa en ULAD: La guerra del fin del mundoCinco esquinasLa ciudad y los perrosPantaleón y las visitadorasConversación en la CatedralEl sueño del celtaLa fiesta del chivo

martes, 31 de marzo de 2020

Álvaro Enrigue: Ahora me rindo y eso es todo

Idioma: español

Año de publicación: 2018

Valoración: recomendable


Hace ya algún tiempo (demasiado, lo sé, pero el tsundoku es lo que tiene) coincidieron en las mesas de novedades de las librerías españolas dos novelas históricas que, curiosamente, se desarrollaban en la misma parte del mundo pero en épocas diferentes, aunque más o menos consecutivas (*): una de ellas es Comanche, de Jesús Maeso de la Torre, novela de cubierta ferrerdalmauesca y hálito un tanto rocabareano (el que quiera, que me entienda...) que narra la lucha de los soldados de la caballería española del siglo XVIII, los llamados "dragones de cuera", contra los pérfidos indios comanche en el territorio que hoy es el Sudoeste de los Estados Unidos y en aquella época, parte del Imperio Español. Una lucha que tenía por objeto, además, proteger al pueblo apache, mucho más buenecitos por entonces (al menos, los lipán). reconozco que, de momento, no he sido capaz de terminar esta novela, y dejémoslo ahí... La segunda novela, que ocupa la reseña de hoy, es del mexicano Álvaro Enrigue y tiene un vuelo literario un poco más elevado: en este caso nos habal de la guerra de los últimos apaches libres -aquí su papel ha cambiado-, liderados por el legendario Gerónimo, contra las tropas tanto mexicanas como gringas, en ese inmenso territorio que se abría, casi desienrto entonces, a ambos lados del río Grande o Bravo del Norte, y que en este libro y en aquella época se concía como la Apachería.

En verdad, la trama de la novela se extiende desde los comienzos de la república mexicana, cuando Gerónimo era aún un niño llamado Goyahkla (Bostezo) y todos esos territorios formaban aún parte del recién nacido (o renacido) México, hasta su muerte en un campamento militar de Oklahoma en 1909, con un mayor detenimiento en la rendición en 1880, de los últimos apaches chiricahuas que, liderados por él y por el jefe Naiche, habían estado peleando contra los ejércitos mexicano y estadounidense, poniéndoles en jaque pese a la increíble desproporción de fuerzas: los apaches eeran unos 27, entre guerreros, ancianos, mujeres y niños. Todo está contado no tanto desde el punto de vista de los indios -aunque si que nos da un repaso a las figuras más destacadas de estas guerras apaches, como fueron, además de los jefes ya mencionados, otros como Victorio, Nana o el casi mítico Cochise- como de quienes les combatían o fueron espectadores de su lucha y posterior rendición; de hecho, la mitad del libro narra las vicisitudes del teniente coronel Zuloaga, de Chihuahua, para dirigir una improvisada y harto peculiar partida de rescate de una mujer mexicana secuestrada por el jefe Mangas Coloradas y sus bravos. También una buena parte está ocupada por el testimonio de los militares artífices de la rendición de Gerónimo. Y por último (y aquí tenemos el tributo, ya casi obligatorio, a la moda autoficcional que aún nos atormenta), el autor nos cuenta ciertas aventurillas de su propia vida durante la concepción de este libro, en especial el viaje que, junto a su familia, hizo desde Nuevo York, donde reside (ya se sabe que es condición muy recomendable para ser un escritor latinoamericano no vivir en Latinoamérica), hacia los estados del sudoeste de USA, pasando por el campamento militar que fue la última morada y tumba -en parte- de Gerónimo y otros célebres apaches. De este viaje volveré a tratar en breve, porque tiene cierta miga.

La idea de Enrigue era, sobre todo en la segunda mitad del libro, ir trenzando todas estas voces e hilos literarios para construir una narración coral y, desde luego, no lineal, sobre el destino final de los apaches chiricahuas, que él identifica con el proceso -por no decir guerra más o menos abierta- que comenzó con el descubrimiento y conquista del continente americano, hasta que, desde luego en Norteamérica, los pueblos indígenas quedaron arrinconados definitivamente por los de origen europeo, los "ojos blancos". También encontramos una cierta reivindicación del orgullo patrio mexicano e incluso de la mexicanidad de Gerónimo y compañía (lo que no deja de ser cuestionable, puesto que con quienes más se batieron el cobre los apaches, y a quienes más odiaban, en consecuencia, fue con el ejército mexicano, justamente). Todo esto está muy bien; el problema es que, salvo que hay algún momento en que esta combinación de voces o hilos narrativos funciona como supongo que pretendía el autor -al final, sobre todo-, pero también una parte del libro en el que esta forma de novelar resulta bastante confusa y sólo la salva el hecho, de que Enrigue es muy buen escritor: cuando toma una de estas líneas narrativas y la sigue sin interrumpirse a sí mismo, es capaz de llevar a cualquier lector por donde quiere, con su mezcla de cotidianidad histórica, épica trufada de ironía y humor (y, por cierto, qué delicia leer ese "castilla" de México, recreado, además, con una buena cantidad de arcaismos para al ocasión, o eso supongo).

Lo del viaje: resulta que Álvaro Enrigue está casado con la también escritora Valeria Luiselli y este viaje desde Nueva York es el mismo que inspiró el libro Desierto sonoro (ya reseñado en ULAD, por supuesto). Sin meternos a comparar ambas novelas, resulta curioso comprobar como una misma experiencia puede dar lugar a dos obras literarias diferentes, aunque quizás complementarias, en cierto modo.

(*) Por si a alguien le interesa, entretanto ha sido publicada la novela de Ignacio del Valle Coronado, sobre la conquista española de estos mismos territorios en el s. XVI, con muy buenas críticas.

Otros libros de Álvaro Enrigue reseñados en Un Libro AL Día: Muerte súbitaLa muerte de un instalador

jueves, 30 de mayo de 2019

Kaouther Adimi: Nuestras riquezas

Idioma original: francés
Título original: Nos richesses
Traducción: Manuel Arranz Lázaro (ed. en castellano) / Anna Casassas Figueras (ed. en catalán)
Año de publicación: 2017
Valoración: bastante recomendable

De vez en cuando, se produce el efecto sorpresa en el mundo editorial. El alto volumen de novedades que irrumpen diariamente en nuestro día a día, provoca que ciertos libros puedan pasar desapercibidos, eclipsados por el alud de novedades promocionadas por imponentes editoriales. Pero por suerte, el boca-oreja y la posibilidad de buscar la información en diferentes canales, digámosles blogs, digámosles redes sociales, compensan el efecto y permiten encontrar libros interesantes que, de otra manera, tendrían un recorrido efímero en la vida literaria. Este libro es un claro ejemplo de ello.

La historia que nos cuenta Kaouther Adimi es una historia pensada por y para quién no concibe un mundo sin libros, y para ello ha escrito una obra que gira en torno a este mundo, que a muchos de nosotros nos apasiona. Una historia de libros y librerías, de editoriales y lectores, de ilusiones y dificultades, y siempre, con una mirada con aires de nostalgia hacia un pasado donde la cultura era tratada de manera diferente, menos comercial, más pasional, más vocacional. Y para ello, la autora se basa en un caso real para hablar de libros y literatura, narrando la trayectoria de Edmond Charlot, uno de los editores clave en las letras francesas durante el siglo XX, añadiendo pinceladas de ficción a una historia real que ya por sí misma tuvo un peso importante en la historia de la literatura.

Para cubrir todos estos aspectos, Adimi alterna hábilmente la narración entre dos momentos temporales; por una parte, la de un joven Edmond que, con veintiún años y una, cada vez más, creciente admiración por los libros hace que nazca en él el deseo de abrir una librería, pequeña, donde se vendan y se presten libros, pero también un lugar que ofrezca un espacio para compartir su pasión y que en él se puedan encontrar autores y lectores de todos los países, formando una comunidad, casi una familia, todos unidos por el amor a las letras. Así, a modo de dietario, nos hace partícipes de la ilusión del joven en crear un espacio desde la nada, y llenarlo de letras y sueños, de textos y conversaciones, de autores y lectores, con las dificultades para salir adelante en su pequeño local, manteniéndose fiel a su idea, vendiendo, prestando, exponiendo y editando únicamente aquello que «es capaz de defender delante la prensa y los lectores», tal y como afirma el propio protagonista. Estos episodios del libro son bellísimos, donde destaca el brillante estilo narrativo de la autora, contagiando desde la primera palabra esa misma devoción que siente el joven librero al abrir las puertas de la librería. Asistimos al frenesí y somos copartícipes de la ilusión del protagonista, pues la narración rezuma una intensidad y una sensibilidad de la que es imposible quedar al margen. Y, por otra parte, esta narración se combina con un relato en presente, en el día en que cierra la librería tras años de funcionamiento, y los días posteriores en los que la librería debe ser vaciada para dar espacio a un nuevo local, un nuevo comercio. Ahí entra en acción el segundo gran protagonista de la historia, el joven Ryad, cuyos intereses e inquietudes son claramente distantes y antagónicas a las del joven Edmond, cuando tenía su misma edad.

Estructuralmente, la narración en dos momentos temporales es sumamente acertada, pues el dietario que narra el pasado va recorriendo meses y años de manera rápida, y nos hace partícipes de la ilusión y el desengaño, de la esperanza y la frustración, de los avances y retrocesos en la bella intención de levantar un negocio y hacerlo desde el amor absoluto a las letras. Así, recorremos un paisaje literario que nos lleva a Camus, a Stein, a Saint-Exupéry, y vemos como la literatura crece, se ensancha hacia los más íntimos recovecos de la pasión del protagonista. Y la habilidad y delicadeza narrativa hace que soñemos con él, que fantaseemos con un mundo de posibles, donde las letras ocupen cada espacio posible, donde autores, editores, lectores, distribuidores se encuentren y compartan su gran amor por la literatura. Y, en claro contraste con ese pasado, la narración en presente, episodios tristes donde la librería se vacía, sin reparo, sin sentimiento, a manos de un joven Ryad para quien los libros no importan, no significan nada; alguien quien los infravalora y aparta, quien los menosprecia y los olvida, y, sobretodo, olvida aquello que representan, aquello que permiten, aquello que emanan: todo lo imaginable.

Pero el libro es mucho más que eso, pues también nos hace testigos de la dificultad que supone arrancar un negocio, y encima durante la Segunda Guerra Mundial, con sus consecuencias económicas y los problemas asociados a la escasez de recursos, de materiales, de inestabilidad, para enlazar, justo después, con la guerra de Independencia de Argelia y, al fin, con su liberación. De esta manera, el libro nos habla también del componente personal y social en tiempos convulsos, pues nos habla de revueltas y revoluciones, de dificultades y penurias, de sueños y tristezas, de esperanzas y decepciones, de auge y momentos de esplendor, pero también de descenso y fracasos. Nos habla de la vida, de editores y libreros, y de libros, y de sueños.

Este libro es un canto de amor infinito, ilimitado e inquebrantable al mundo literario, al de los editores y libreros, que luchan día a día para ofrecernos a los lectores lo mejor que pueden darnos: un universo de posibilidades, de sitios reales e imaginarios por descubrir. Porque es entre los libros, y en las librerías, donde nos sentimos como en casa, es en ese espacio íntimo donde nos vemos reflejados, nos identificamos, formando parte de ese bonito universo donde las letras ocupan los pequeños espacios que el limitado tiempo deja a nuestras vidas. Larga vida a las librerías que fomentan el espíritu de comunidad, larga vida a los libreros que mantienen nuestras ilusiones, larga vida a los editores que arriesgan; en definitiva, larga vida a las letras.

También de Kaouther Adimi en ULAD: El reverso de los demás

viernes, 22 de febrero de 2019

Christopher Isherwood: Adiós a Berlín


Idioma original: Inglés
Título original: Goodbye to Berlin
Año de publicación: 1939
Traducción: Jaime Gil de Biedma (1967) Al catalán: Jordi Arbonès i Montull y  Josep Cornudella i Defis  (2016)
Valoración: Muy recomendable

Empecé a ir al acecho de Adiós a Berlín porque sabía que era la novela en la que se basaba –en realidad, apenas sirvió de inspiración- a la película Cabaret, que rodó Bob Fosse en 1972 con una estelar Liza Mineli de protagonista. Descubrir que existía una versión en castellano firmada por Jaime Gil de Biedma aumentó considerablemente el aliciente –y cómo se hace notar la mano del poeta barcelonés. Adiós a Berlín en castellano arranca y suena así: “En lo hondo la calle, pesada y pomposa, bajo mi ventana.”-.

El género cabaretero, con su corrosiva y contagiosa capacidad de sacarnos los colores a las personas convencionales y a los momentos esdrújulos y confusos –como la Europa de entreguerras o la actual- me parece por supuesto una manera deliciosa de hacer reír y de hacer sentir. De quien no albergaba ni remota idea era de Christopher Isherwood (Chesire, Reino Unido, 1904 / California, EE.UU., 1986), apenas que, como W.H Auden, Anthony Burgess o Stephen Stender, formó parte de esa extraordinaria ola de escritores británicos, cultos y sagaces, homosexuales y mundanos, brillantes y transgresores, que produjeron magnífica literatura. Con estos mimbres, desde luego, Adiós a Berlín debía valer la pena. Y así ha sido.

Aunque no se trata estrictamente de una novela al uso -escrita en 1939 juega ya con la hoy apabullante y omnipresente autoficción- puesto que se presenta formalmente como memoria de una experiencia vivida, la de la estancia del propio autor en el Berlín de finales de la década de los 20 y los primeros años 30. En la capital de la República de Weimar, en los momentos previos a la llegada –vía elecciones democráticas, no lo olvidemos- del Partido Nazi alemán al Gobierno, cuando todavía parecía que aquellos estúpidos y grotescos salvadores de la patria no eran más que una broma estúpida que no iba a ninguna parte. Pero el gran disparate fue a más, no se desvaneció: “Dentro de pocos días, pensé, habremos perdido toda afinidad con el noventa y nueve por ciento de la población mundial, con los hombres y las mujeres que se ganan el pan, que aseguran sus vidas y se preocupan por el porvenir de sus hijos. Es posible que en la edad Media las gentes sintiesen algo así cuando creían haber vendido su alma al diablo, era una curiosa sensación estimulante, y no desagradable, pero al mismo tiempo me sentía ligeramente asustado”.

Desde luego, Sally Bowles, el personaje que Liza Minelli encarnaría en el celuloide, es un lujo, inspirado a su vez en la persona de Jean Ross, una cabaretera, modelo, activista y escritora nacida en Alejandría en 1911 con la que Christopher Isherwood coincidió y trabó amistad en sus noches berlinesas. Su dieta apenas incluía criadillas y huevos batidos y su fascinante personalidad se basaba en una atractiva y arrolladora simbiosis de ingenuidad y ambición, de simplicidad y hedonismo: “Tenía una voz sorprendentemente baja y bronca y cantaba mal, sin la menor expresión, con las manos pegadas al cuerpo, y sin embargo resultaba impresionante a su manera, debido a lo extraño de su aspecto y a su aire de no importarle un pito lo que el público opinase”. La atmósfera que desprende la novela es precisamente esa, la de unos personajes aferrándose a la dicha de vivir en un momento en que todo está diabolicamente dispuesto para estallar y hacerse añicos.

El elenco de personajes que pululan por las páginas de Adiós a Berlín incluye unos cuantos miembros de la acomodada familia judía Landauer, así como también la proletaria y aria familia de los Nowak, a los que Christopher Isherwood alquila media buhardilla que le permitía compartir las noches con Otto, y unos cuantos chaperos, buscavidas, idealistas, estafadores, cabareteros y artistas de medio pelo. Gentes arruinadas, desesperadas, supervivientes en una urbe enloquecida y sin rumbo, sin apenas esperanza en el porvenir pero dispuesta a aprovechar cada instante.

La eterna comedia humana aconteciendo en un local como el Lady Windamere de la Tauentzienstrasse, escrita ¡en 1939! con abundante ironía, mordacidad y humanidad: “Para ser una demi mondaine parecía tener escaso tacto y sentido del negocio: perdió un largo rato insinuándose a un señor de edad que claramente hubiese preferido charlar con el barman”. O capturada en sabrosos diálogos sin desperdicio:
“-El otro día estuve en Hiddensee y no había más que judíos. ¡Da gusto volver aquí y ver verdaderos tipos nórdicos!

-Vamos a la otra playa, propuso enseguida Otto. Esta es aburridísima. No hay nadie.

-Vete tú si quieres, replicó Peter furiosamente sarcástico: Me temo que yo me sentiría un tanto fuera de lugar. Una de mis abuelas era medio española”.

sábado, 9 de febrero de 2019

Jacques Chessex: El vampiro de Ropraz

Idioma original: francés
Título original: Le vampire de Ropraz
Año de publicación: 2007
Traducción: Jaime Zulaika
Valoración: recomendable

Curioso lo de este Jacques Chessex: durante años, uno de los más notorios escritores suizos, autor de un montón de libros, entre novelas, relatos, ensayos y poemarios, ganador del premio Goncourt en 1973 por El ogro (también el Goncourt de poesía) y de otros prestigiosos premios del ámbito francófono... Y además, pintor (relacionado en España con Antonio Saura). Sin embargo, hasta donde yo he encontrado, sólo se ha publicado en castellano aquella El ogro y esta otra novelita, El vampiro de Ropraz. Lo que no deja de sorprenderme porque tras leerla, me queda de lo más evidente que Chessex era un muy buen escritor (digo era, porque falleció en 2009 de una manera algo chocante: de un infarto, en una bibliotaca pública, en la que daba una conferencia, cuando alguien del público le recriminó su apoyo a Roman Polanski, arrestado entonces por la policía suiza).

El vampiro de Ropraz es, en efecto, una buena novela corta, a la que quizá se le puede hacer el reproche, preciamente de resultar demasiado corta-no llega a las 100 páginas- ; en realidad tampoco sé hasta qué punto se le puede considerar una novela, puesto que pertenece a ese género, tan en boga en los últimos años (y, aunque no sólo, con especial fruición entre escritores en lengua francesa, como Carrère, Echenoz, Binet o Deville) consistente en tomar un hecho, generalmente no demasiado conocido, o a un personaje real y novelar su peripecia. Supongo que habrá ya un término, a ser posible en francés...algo así como "roman verité" para esta tendencia, ya casi escuela, literaria, pero lo desconozco (se ruega a los filológos o historiadores de la literatura que se puedan dejar caer por este blog, si es que hay alguno, que me saquen de dudas). En este caso, el hecho real, más real que en un telefilme de Antena 3, ocurrió en 1903, en unos pueblos del cantón helvético de Vaud, cerca de Lausanne, aunque en lo que por entonces podríamos llamar la "Suiza profunda" -el primer capítulo del libro es bastante contundente, al respecto- sucedieron unos hechos de lo más escabroso y hasta horripilantes: las tumbas de unas jóvenes recién fallecidas fueron profanadas y sus cuerpos mancillados y mutilados de forma brutal. Abstenerse de esta lectura los espíritus sensibles, por cierto...

(Aviso: no sé si lo siguiente se puede considerar un "spoil... perdón, "estropeamiento", dado que se trata de hechos históricos, pero por si acaso lo comento). El primer villorrio donde sucedió fue Ropraz, de ahí el título, pero la cosa se repitió hasta que fue detenido un sospechoso bastante ad hoc y cuya figura despertó pasiones bastante extremadas -y en todos los sentidos-, así como el interés médico y, por supuesto, periodístico de la época. Un sospechoso de ser "el vampiro de Ropraz" que (y pido perdón por el nuevo "spoiler", si lo hubiera) tuvo además un fin bastante curioso, según sugiere el autor del libro. En fin, lo más interesante de la novela, amén de la muy buena prosa que gastaba el señor Chessex, es la incerticumbre en la que nos deja el escritor sobre el presunto culpable: ¿ha sido el autor de tan vomitivos hechos o no?, se pregunta el lector durante buena parte del libro. Pues cada cual ha de decidirlo y, sobre todo, asumir con responsabilidad la decisión tomada. Aplíquese esto a casos judiciales presentes, pasados o futuros que nos pillen más cerca.

Nota de ruego final: ya podía alguna editorial  recuperar para el lector en español la obra de este escritor. Si no Anagrama, quizás alguna de las muchas y buenas independientes (Impedimenta o Libros del Asteroide, por mencionar las más conocidas), pues creo que encajaría perfectamente en su catálogo. En fin, ahí lo dejo...

martes, 6 de noviembre de 2018

Andrea Barrett: La fiebre negra


Idioma original: inglés
Título original: Ship fever
Año de publicación: 1996
Traducción: Magdalena Palmer
Valoración: Entre recomendable y está bien

Curioso libro este, una compilación de relatos que en 1996 se llevó uno de esos premios molones que conceden los norteamericanos y que establece como nexo de unión de todos ellos el protagonismo o, al menos, la referencia a científicos, ya sean reales o ficticios, dedicados a la biología, desde naturalistas del siglo XVIII a modernos bioquímicos. También en casi todos hay un protagonismo o importante presencia de personajes femeninos (supongo que por estas razones se ha puesto en la cubierta de la edición española la foto de una científica... sólo que se trata de la física austríaca Lise Meitner, descubridora de la fisión nuclear y uno de los más escandalosos "olvidos" de posibles premiadas con el Nobel).

No son los únicos puntos en común de los relatos: todos ellos comparten un tono melancólico, un cierto desencanto sobre las vicisitudes y los resultados, rara vez en consonancia con las expectativas, de la existencia humana. Desde la esposa de un profesor universitario que acaba por despreciar a su marido en La carta de Mendel a la segunda mujer de un hombre de negocios que no encuentra su lugar ni en su nueva familia ni en la de origen, de Soroche; del prestigioso científico al que la vejez arrebata los éxitos que puede haber conseguido en su vida -El discípulo inglés- al joven naturalista que intuye que nunca triunfará, de Aves sin patas. Tanto los adúlteros a los que ni siquiera entregarse a una pasión , trastocando la vida de sus respectivas familias, logra salvar de la insatisfacción en La zona litoral, como las hermanas Malburg, del relato con ese mismo título, un par de bioquímicas a medio camino entre el rigor científico y lo inasible de lo arcano, cuyas relaciones familiares resultan bastante desconcertantes (reconozco que es el cuento que me ha gustado menos... demasiados ingredientes en la receta para un gusto tan deslavazado), son ejemplos de una sorda desdicha, más o menos resignada. En realidad, el único cuento que parece conceder algo de esperanza a sus personajes es Rara Avis, donde unas inglesas, en pleno siglo XVIII, deciden mandar al diablo las convenciones sociales y dedicarse a lo que más les gusta, el estudio de la naturaleza, algo en principio vetado para su sexo.

Dejo para el final el último relato, justamente, que da título a todo este volumen y que, en realidad, se trata casi de una novela corta; en mi opinión, es sin duda el mejor de todo el libro. La fiebre negra se refiere al tifus, en este caso a la epidemia de tal enfermedad que tuvo lugar en Canadá en 1847, desencadenada por la afluencia de miles de paupérrimos inmigrantes irlandeses que huían de la hambruna de la patata. La historia está contada desde el punto de vista del joven médico que Quebec Lauchlin Grant y de una de sus pacientes, Nora Kynd y resulta tanto muy lograda en ritmo y estilo como ajustada en intensidad y sensibilidad, sin adoptar, o poco, en el aire desasistido que caracteriza a otros de estos relatos. Una pequeña novela que, además, resulta muy interesante para reflexionar sobre las migraciones y las fronteras, de ahora y de tiempos pasados; su lectura me parece que sería de lo más conveniente para todos aquellos progenitores que han decidido seguir con sus hijos la moda antivacunas de los últimos tiempos. 

martes, 25 de septiembre de 2018

Manuel de Pedrolo: La tierra prohibida (II)

Os pongo en situación: hará cosa de mes y medio reseñé las dos novelas que inauguran La tierra prohibida, tetralogía de Manuel de Pedrolo considerada por muchos como una de sus mejores obras. Esas piezas me dejaron un sabor agridulce; mientras que con la lectura de la primera quedé bastante indiferente, la segunda me encantó. Y dejadme adelantar que, por desgracia, las dos últimas novelas de la tetralogía reinciden en los defectos que ya se adivinaban en Las puertas del pasado y son incapaces de alcanzar los logros que en su momento cosechara La palabra de los verdugos.

Pero, antes que nada, aclaremos un par de cosas. Estamos, de nuevo, ante dos textos autónomos que, al mismo tiempo, se complementan. No estamos, sin embargo (o así me lo ha parecido a mí, oye) ante un mosaico compuesto por crónicas amargas vinculadas con lo dura que es la vida para el catalanismo en la Barcelona de posguerra. Sí, ya sé que eso es lo que se nos prometía en un principio, pero es que, en las historias compiladas en este segundo volumen, no me ha parecido ver en casi ningún momento la amenaza represiva del franquisimo. Al menos, plasmada con un mínimo de contundencia. Pedrolo se empeña en meter otro tipo de conflictos, como tensiones sexuales, en la trama. Los cuales, por si os lo preguntabais, distraen.

Y ya que hablo de tensiones sexuales, dejadme destacar algo. ¿Tengo que creerme a todos estos personajes, tanto masculinos como femeninos, sumergidos en una lujuria desacomplejada y abierta? ¿En esa época? Y, repito, ¿en esas circunstancias? Uf, no sé. Si Pedrolo se hubiera limitado a abordar este tema únicamente en Las puertas del pasado, probablemente no se me hubiera atragantado tanto. Pero verlo reflejado de forma tan descarada en dos de las cuatro novelas que componen La tierra prohibida es algo excesivo. Digo yo, vamos. 


Las fronteras interiores


Idioma original: Catalán
Título original: Les fronteres interiors
Año de publicación: 1977
Valoración: Se deja leer  

Las fronteras interiores es una especie de Lolita pero sin protagonista fascinante ni prosa cuidada. Un profesor, casado y con hijos, despierta el interés de una de sus alumnas. Y poco más tengo que añadir, salvo que hay en esta historia alguna que otra situación que ya es inverosímil de por sí, y que se hace todavía menos creíble según la lógica interna del relato y la visión panorámica de la tetralogía entera. Quizás el mayor lastre de Las fronteras interiores sean sus diálogos, igual de parsimoniosos que en el resto de las novelas que componen la tetralogía, pero aquí empapados de una banalidad cargante. 


La noche horizontal 

Idioma original: Catalán
Título original: La nit horitzontal 
Año de publicación: 1977
Valoración: Se deja leer 

A mi juicio, La noche horizontal sería mejor si se le hubieran añadido elementos de novela negra (género que tan bien se le daba a Pedrolo), ya que eso le habría granjeado un argumento más dinámico. Aunque, bien pensado, la premisa de La noche horizontal es, ya de por sí, interesante hasta cierto punto. Una célula resiste en secreto al invasor. Suena bien, ¿no? Pues sí, pero es en el apartado de la ejecución de esta premisa donde la novela flaquea. No es para menos: dicha ejecución transcurre con lentitud y es salpicada por pocos eventos. Si al menos hubiera algún personaje carismático capaz de mover el argumento... Y no, no me sirve Jordi Orsil para este propósito. Casi, pero termina siendo un quiero y no puedo.  


En definitiva, La tierra prohibida ha sido una lectura decepcionante. Tiene un innegable valor histórico, así como un relativo valor literario, pero lejos está de ser esa obra maestra de la que todo el mundo me hablaba. Ni dentro de la producción del autor, ni en el esquema global de la novela catalana de posguerra, logra despuntar demasiado. O al menos, eso me parece a mí. Porque si uno lee reseñas como las que le dedica Xavier Serrahima, no queda ninguna duda respecto a que para otros, esta tetralogía cumple de sobras con los objetivos con que Pedrolo la concibió.

De todos modos, que nadie piense que yo le resto méritos. La tierra prohibida es valiente, pero casi me parece más comprometida con temas sociales (como la aceptación de la homosexualidad, por poner un ejemplo), que políticos. Sobre todo en esta segunda parte de la tetralogía, donde los temas políticos se van diluyendo (en el peor de los casos) o repitiendo estérilmente (como sucede al abordar, por enésima vez, el tema del exilio).

Y, para colmo, en la prosa de que hace gala La tierra prohibida se nota la prisa con la que Pedrolo la redactó. Francamente, una lástima esta premura, y más teniendo en cuenta la cuidada edición, actualización de la prosa a un catalán más contemporáneo y difusión con que se ha engalanado esta tetralogía ahora que se la ha reeditado después de tanto tiempo. 


También de Manuel de Pedrolo en ULAD: Mecanoscrito del segundo origen, Juego sucio, CrucifeminacióLa tierra prohibida (I)

miércoles, 13 de junio de 2018

Manuel de Pedrolo: La tierra prohibida (I)


La tierra prohibida es, tristemente, una de las obras más desconocidas de Manuel de Pedrolo. Digo tristemente porque su merecida fama ha sido eclipsada por otros libros (a mi modo de ver inferiores) del autor; libros como, por ejemplo, el simplón Juego sucio. Pero es lo que hay: determinadas circunstancias han contribuido a que La tierra prohibida sea mayoritariamente ignorada. En primer lugar, el hecho de que, contrariamente a otros productos de Pedrolo, esta obra esté menos enfocada hacia el consumo de masas. Y, sobre todo, que llevara 40 años sin editarse. ¡Ya iba siendo hora de que alguien la recuperara! Además, no se me ocurre un mejor homenaje para el centenario Pedrolo que este, la verdad. Buen trabajo, Comanegra.  

Pero, ¿qué es La tierra prohibida? Estamos ante una tetralogía escrita en catalán. Y en plena dictadura franquista. No es para menos: Pedrolo, independentista confeso, estaba muy comprometido con la lengua y la cultura catalanas. Terminó las piezas que conforman este ciclo en un solo año, el 1957; tardarían otros veinte en ser publicadas.

Todas las novelas de La tierra prohibida abarcan la Barcelona de los 50, ciudad sumergida de lleno en las dinámicas de la posguerra. Están escritas con una prosa realista y son autoconclusivas, aunque los personajes y eventos que retratan están interconectados. Las historias mantienen un tema principal: la resistencia catalanista en una tierra ocupada por las tropas enemigas. O, más bien, la supervivencia catalanista.

Que nadie se engañe. La guerra civil española fue un conflicto fratricida, y ninguno de los bandos combatientes está exento de reproches. Pedrolo lo sabe, y explica esta situación con honestidad. Se posiciona ideológicamente a favor de los republicanos, y en concreto, de los anarquistas catalanistas, vale, pero no le tiembla el pulso a la hora de hacer sana autocrítica. Y es por esto que esta tetralogía tiene un mensaje tan incómodo. Para empezar, porque arremete agresivamente contra el discurso conquistador de la España franquista. Y, al mismo tiempo, porque no mitifica los ideales con los que comulga el autor. De todos modos, esto ya lo veremos más adelante...  

En la entrada de hoy reseñaré Las puertas del pasado y La palabra de los verdugos, las dos primeras novelas del ciclo. Ambas vienen precedidas por un prólogo de Patricia Gabancho en el volumen conmemorativo de la ya mencionada editorial Comanegra. 


Las puertas del pasado


Idioma original: Catalán
Título original: Les portes del passat
Año de publicación: 1977
Valoración: Está bien 

La primera novela de la tetralogía, Las puertas del pasado, funciona a modo de introducción. A través de la perspectiva de Jesús, un exiliado que regresa a la Cataluña ocupada, se nos presenta al resto de personajes que protagonizarán las entregas posteriores del ciclo. Hasta aquí todo bien, pero ciertos elementos inflan este texto de forma artificial. Pedrolo divaga en él acerca de la condición humana y el sexo. Por supuesto, el tema principal de la obra se resiente por culpa de estas interferencias. A ver, tampoco exijo una novela monotemática (y menos si habla de política, ¡qué horror!), pero a Pedrolo le hubiera ido bien dosificar más esos dos frentes, con tal de hacerlos complementarios, y no tan protagonistas por separado. Y es que:

  • Se explora al sexo con un nivel de detalle excesivo que distrae del mensaje principal. Y, por cierto, leer sobre sexo en catalán se me antoja muy raro, aunque no se emplee para describirlo un registro muy culto o florido. No sé, manías mías, supongo. 
  • Las puertas del pasado también aprovecha para explorar la naturaleza humana, pero a veces sin que venga a cuento. De hecho, la mayoría de personajes son abordados con detalles de los que podría haberse prescindido. Si bien es cierto que estos apuntes ayudan a humanizarlos y caracterizarlos, acaban dispersando más el mensaje de la historia, abriendo frentes que no son trabajados.

En fin, que estas derivas son una lástima. Está claro que la historia podría haber sido redonda. De hecho, se ve que Pedrolo planifica con esmero todos los sucesos que la atraviesan, con tal de darle un cierre perfecto. Cierre, por cierto, anticipado en cierto modo de forma simbólica al inicio de la narración. 

La palabra de los verdugos 


Idioma original: Catalán
Título original: La paraula dels botxins  
Año de publicación: 1977
Valoración: Recomendable  

Esta es una novela "teatral", pues presenta a unos personajes de carácter muy contundente y unos escenarios muy acotados. Fijaos si los escenarios son acotados que La palabra de los verdugos transcurre, casi íntegramente, en una comisaría. Para más inri, las situaciones son también repetidas y repetitivas: interrogatorios donde se formulan las mismas preguntas una y otra vez, en un bucle de pesadilla. Y Pedrolo logra evitar que, pese a este minimalismo escénico y argumental, nos aburramos.

La palabra de los verdugos va sobre Mateu, un hombre que ha prosperado tras la guerra civil. Antiguo líder de una patrulla que, durante el conflicto, se encargaba de eliminar a disidentes políticos en el territorio republicano, ahora ha sido delatado y debe saldar cuentas en una comisaría del Régimen. 

Como decía, entretenida pese a su escasa acción, y de lectura muy ágil. Encima, el tema está mejor llevado en este texto que en su predecesor. No es sólo que esté más focalizado, sino que, además, adquiere mayor complejidad: los matices del asunto empiezan a aflorar de forma más acentuada todavía que en Las puertas del pasado, lo cual es de agradecer en cualquier obra que trate sobre política.