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sábado, 16 de mayo de 2020

Paco Cerdà: El peón

Idioma original: español
Año de publicación: 2020
Valoración: recomendable

El peón es el segundo publicado por Paco Cerdà en la editorial Pepitas de Calabaza (después de Los últimos. Voces de la Laponia española), dos libros de crónica con un claro espíritu político pero temas y aproximaciones diferentes. Si en Los últimos se presentaba el problema del despoblamiento de la "España vaciada", tema que ha ganado bastante visibilidad en años recientes, en El peón se plantea un tema quizás más universal: el destino (trágico, épico o una mezcla de ambos) de los peones del poder, aquellos que se ven obligados a seguir sus designios, o que optan, desde la modesta posición del peón, por contrariarlo, asumiendo con ello muchas veces graves consecuencias.

El momento histórico concreto que sirve a Paco Cerdà de base para construir su crónica es la partida de ajedrez que un español, Arturo (o Arturito) Pomar y Bobby Fischer disputaron en Estocolmo en 1962; un improbable cruce de destinos entre un español empleado de Correos, niño prodigio aupado y utilizado por la propaganda franquista, que apuraba sus últimas oportunidades de llegar a la élite, y el famoso ajedrecista estadounidense, genial, arrogante y paranoico, hijo predilecto del FBI en la Guerra Fría, que después sería defenestado y perseguido por su país en décadas posteriores.

El peón es por tanto un libro de crónica, pero no a través de una lectura lineal o cronológica: el texto está construido con fragmentos de extensión variable (entre un párrafo y una decena de páginas), casi microrrelatos, dando como resultado una constelación de pequeños textos ligados por unas coordenadas espaciales, temporales, biográficas:
  • Un año: 1962
  • Dos países: Estados Unidos y España
  • Dos personajes: los ajedrecistas Artur(it)o Pomar y Bobby Fischer
Así, el texto se mueve, por seguir con la metáfora ajedrecística, como el caballo por el tablero: hacia adelante, hacia atrás, lateralmente, pero siempre volviendo a esa casilla central que estructura el libro: los 77 movimientos de la partida Pomar-Fischer, hasta su desenlace final. Encontramos así capítulos dedicados al desarrollo de la propia partida; otros en que se reconstruye la biografía de Pomar y Fischer, desde la infancia hasta el momento de su muerte; y otros, por fin, en que se presentan personajes o momentos significativos ocurridos durante el año 1962, tanto en España como en EE.UU., protagonizados por otros "peones": hombres y mujeres utilizados o manipulados por el poder, o que decidieron oponerse a él con grandes o pequeños gestos, pagando con la cárcel, el exilio, el oprobio o la vida: maquis, obreros, exiliados republicanos, soldados, estudiantes, intelectuales, miembros o dirigentes de movimientos sociales, sindicales, antirracistas, feministas o pacifistas en los paranoicos EE.UU. de la Guerra Fría o en la autocrática España de Franco.

Esta es, de hecho, la idea central del libro, de la cual Arturo Pomar y Bobby Fischer son los representantes fundamentales: la de que existe una dignidad profunda y poderosa en esa individualidad solitaria (pero también solidaria) del peón. Así lo explica el último párrafo del texto, en un último capítulo que es la explicitación (quizás incluso demasiado explícita) del impulso político del libro:
Lentos, pequeños, débiles, insignificantes; tantas veces manipulados, instrumentalizados. pobres juguetes del destino que no se entregaron ni se apartaron junto al camino, no puedo más y aquí me quedo. Todos se sabían peón. Algunos quizás soñándose dama. Pero sabiendo, todos, que nunca un peón es solo un peón.
Quizás se podría discutir si esta metáfora del peón (figura invisibilizada, manipulada o subestimada por el poder) se aplica igualmente a todos los personajes que atraviesan el texto; me cuesta un poco, por ejemplo, verlo aplicado a Dionisio Ridruejo, que si es cierto que en cierto momento cayó en desgracia del régimen franquista por pedir una mayor apertura y democracia, en otros momentos fue clara y decididamente un hombre próximo del poder (responsable de propaganda del bando nacional durante la Guerra Civil, nada menos). O, desde posiciones ideológicas diferentes, a Salvador Madariaga, que llegó a ser ministro de la Segunda República. Quizás (volviendo a las metáforas ajedrecísticas) se podría hablar de alfiles sacrificados en el fragor de la partida...

Además de estos párrafos finales sobre la idea del peón (Arturo Pomar y Fischer como peones de sus regímenes; España como peón de los Estados Unidos, los individos como peones del poder), hay otro párrafo fundamental para entender el espíritu del libro: el primero del apartado de "Fuentes" que se incluye al final del texto. Dice así:

Este libro nació con la premisa de que ni una sola palabra atribuida a sus protagonistas ni el más nimio detalle de las historias narradas fueran producto de la imaginación del autor o de una recreación novelesca. Igual que ocurre con el ajedrez, la crónica no admite ni trampas ni atajas. Lo contrario es su jaque mate.
Esta es, se podría decir, la Poética de Paco Cerdà, que aplica en El peón y que sin duda también aplicó en Los últimos. Habrá, claro, autores de crónica que discrepen de esta exigencia extrema de veracidad (no de objetividad) en la construcción de una crónica; sería de hecho interesante saber lo que opinan autores como Ander Izagirre, Olga Rodríguez o Jorge Carrión, por ejemplo, en relación a esta premisa. Desde un punto de vista teórico, me parece un mandamiento de difícil cumplimiento, de forma que es casi imposible no ser pecador. El propio Paco Cerdà atribuye a los personajes que pueblan el texto pensamientos y sentimientos ("Está feliz", "Eso mismo piensa", "Te sientes grande"...), que ni la más exhasutiva documentación del FBI o la Stasi podría probar. Quizás la clave esté en la imposibilidad de crear una narración o una historia sin "novelar", en un grado o en otro - y en esa cuestión de grado estriba, creo, la diferencia entre la crónica o la ficción, no en categorías absolutas. Los propios historiadores llevan décadas, si no siglos, reflexionando sobre estas mismas cuestiones.

Porque, naturalmente, como ya he mencionado varias veces esta autoexigencia de veracidad radical no implica que el texto de Paco Cerdà no tenga una clara vocación política (y poética): dignificar y rescatar del olvido (en algunos casos, porque ya digo que no todos los "peones" del texto son iguales) la figura de determinados peones de la historia española y estadounidense; introducir en la Historia la historia, abrir grietas en los discursos construidos desde el poder de reyes y damas. Para ello recurre también a un estilo que parte de lo documental (se incluyen fragmentos de cartas, discursos, informes, artículos periodísticos), pero que se interna también en lo poético, en lo trágico y en lo épico (para mi gusto, a veces hasta demasiado, con una voz que llega a sonar algo impostada en determinados pasajes), reafirmando así que incluso la más estricta fidelidad a la verdad no está reñida con el compromiso o con la belleza. Y si no, que se lo digan a Svetlana Aleksiévich.

viernes, 14 de abril de 2023

Paco Cerdà: 14 de abril

Idioma: castellano (y algo de catalán)

Año de publicación: 2022

Valoración: recomendable

Dentro del calendario laico (incluso impío) y republicano español la fecha quizá más destacada es la del 14 de abril, aniversario de la proclamación de la II República, en 1931. Un acontecimiento celebrado e incluso idealizado por todo aquel ciudadano que reniega de la monarquía (y de la dictadura, como es obvio), más aún por    que se trató de una proclamación popular y hasta cierto punto  espontánea, como resultado no de un acuerdo entre las altas dignidades del estado o los próceres del país, y ni siquiera de un referéndum al respecto, como fue más tarde el caso de los actuales regímenes vigentes en Italia y Grecia, sino a raíz de unas elecciones municipales en las que los partidos republicanos vencieron en las ciudades con abrumadora mayoría. Eso sucedió el domingo 12 de abril del 31 y el martes 14 se proclamó la República, primero en Eibar y luego en multitud de localidades, por supuesto, también en Madrid, donde el rey Alfonso XIII hubo de renunciar al trono y partió hacia Cartagena, para abandonar España en barco.

Es esa histórica jornada -una jornada alargada, en realidad, porque se extiende desde las 6 de la mañana hasta las primeras horas del día siguiente- la que nos cuenta Paco Cerdà en esta ¿novela? de no ficción o Historia novelizada, que resulta una narración vibrante, emocionante y hasta adrenalítica, por momentos. Cerdà nos lleva por diferentes escenarios en los que se desarrollaron los hechos: por supuesto, Eibar, Madrid y Barcelona, pero también Huelva, Granada, Salamanca, Jaca y Huesca  (recordemos que había habido un levantamiento republicano en el diciembre anterior), Tarragona, Palma, Cartagena... En ellos encontramos a personajes célebres, como el ya entonces general Franco, Unamuno, Santiago Carrillo, Josep Pla, la actriz Margarita Xirgú... o, por supuesto, el rey Alfonso XIII, pero también personas en absoluto conocidas para el gran público y, en ocasiones, ni siquiera para los especialistas en el tema, simples notas a pie de página en los libros de Historia, gente que vivó esa jornada excepcional o que murió en ella, como el Emilio con quien se abre y cierra el libro: Emilio Arauzo Honorio, un encuadernador muerto en Madrid a causa de las cargas de la Guardia Civil contra los manifestantes en la noche del 13 al 14, "la última víctima de la monarquía", se le llamó... aunque en el propio libro ya vemos que no fue el último; otras personas también cayeron en sucesos similares, antes de que el cambio de régimen político deviniera inevitable y el rey abandonara su reino al convertirse éste en república.

Paco Cerdá aborda esta ficcionalización (horroroso palabro, lo siento) de tal acontecimiento histórico centrándose, al a manera de Éric Vuillard en 14 de julio o ese otro escritor español tan patriotero sobre el 2 de mayo de 1808, en las vivencias individuales, luego parciales, del hecho, pero que dan una atinado panorama del conjunto, con pericia y talento más que suficiente para salir airoso del cometido. Sobre todo, de la difícil tarea de encontrar el punto justo entre el rigor histórico, la diferenciación de los personajes y su devenir, la amplitud de miras y el tono trascendente -incluso épico, aunque se trate más de una epicidad civil o popular, más que guerrera-; Tampoco olvida las puntadas líricas que encontramos en más de una ocasión... aunque aquí he de decir que tal vez se le vaya un poco la mano con lo lorquiano, en mi opinión. No es ésta, sin embargo, la única referencia poética que encontramos, tanto en castellano como en catalán o valenciano y resulta un placer ir descubriéndolas.

En conclusión, estamos ante una estupenda narración sobre un retazo de Historia, el nacimiento de la Segunda República española, que quizás haya quien juzgue como un momento ya trasnochado o apolillado, pero otros muchos consideramos perfectamente pertinente hoy en día. Porque, si se me permite expresar una aspiración política (que no tiene por qué coincidir con las del autor del libro ni, mucho menos, de mis compañeros de blog), en mi opinión la Tercera ya está tardando...


También de Paco Cerdà en Un Libro Al Día: El peón

martes, 14 de octubre de 2025

Paco Cerdà: Presentes

Idioma original: Español
Año de publicación: 2024
Valoración: Recomendable

Quede este canto como recuerdo de tantas vidas perdidas, de aquel país echado a perder.

Esta es la frase que cierra Presentes, libro de no ficción con el que Paco Cerdà continúa la senda explorada en El Peón y en 14 de abril. En esta ocasión, nos trasladamos a los últimos días de noviembre de 1939, a los 11 días y 10 noches (y 470 kilómetros) en los que tuvo lugar una de las ceremonias más inverosímiles (y mira que este país ha tenido ceremonias inverosímiles) de la historia de España, un acto megalómano y operación propagandística en el que se funden militarismo y religión. Hablamos del cortejo fúnebre de José Antonio Primo de Rivera (el Josean para los amiguis), del traslado de sus restos mortales desde Alicante hasta El Escorial.

El primer capítulo del libro es impactante. A la potencia visual y narrativa de los hechos en sí se suma el estilo que utiliza el autor: frase breve cual paso marcial, mirada poética, atmósfera tenebrosa como los cuadros de El Greco o ciertas pinturas de Goya. Y uno piensa que todo va a seguir por esa vía, que este libro va a ser una especie de Mientras Agonizo patrio montado por Leni Riefensthal, pero NO.

Porque Presentes se construye en dos planos contrapuestos: el de los presentes oficiales y el los escondidos. Porque en este libro hay mucho de memoria y homenaje, de retrato coral de unos años terroríficos. Y para ello Cerdà opta por estructurar el texto a modo de "tríptico diario": por cada día, una primera parte con el cortejo en sí y unas segunda y tercera parte en las que el autor pone el foco en personajes, anónimos o no, que de una forma u otra viven o mueren en esos días de posguerra. 

No me enrollo más y paso a enumerar las que, para mí, son las principales virtudes y defectos del libro. Entre las primeras hay que hablar de:

  • El ingente trabajo de documentación 
  • Su innegable y evidente voluntad literaria pese a su también evidente cercanía a la crónica y al documental.
  • El manejo de diferentes registros y voces. Si bien siempre dominados por la prosa poética, los textos de Presentes aúnan el lenguaje barroco, encendido o arcaizante de escritores abiertamente fascistas con herramientas ligadas a la modernidad.
  • La emoción que se desprende de varios de los textos. Destacan, en este sentido, Los 47, Miguelillo y Matilde.
En el lado no tan favorable tengo que mencionar:
  • Cierto desaprovechamiento del ya comentado potencial visual y narrativo que tiene el propio cortejo fúnebre.
  • Una leve sensación de agotamiento a medida que me acercaba al final, debido a la estructura elegida y textos quizá algo prescindibles.
  • El escaso peso de lo ensayístico / analítico, en lo referente sobre todo a la construcción del mito, del vaciado del hombre y sus ideas (sean estas las que sean) y de su utilización por el régimen franquista. Sé que sería otro libro pero, una vez que se insinúa en el texto, me hubiese gustado más profundización. 
Entonces, ¿qué? ¿Es un libro que merece ser Premio Nacional de Narrativa o no? Pues no es mala novela, ni mucho menos, pero la verdad es que me sorprende que no haya mejores obras escritas por autores españoles. De hecho, para mi las hay y reseñadas las tenéis en el blog.

También de Paco Cerdà en ULAD: 14 de abril y El peón

sábado, 10 de febrero de 2018

Reseña + Entrevista: Los últimos. Voces de la Laponia española de Paco Cerdà

Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: Recomendable

Algo hay en el ambiente: un retorno, o al menos un interés por lo rural que no se veía en el panorama literario y editorial español, probablemente, desde que con la Transición nos sentimos europeos, modernos, cosmopolitas, que es como decir "urbanitas". Al boom crítico y de ventas de Intemperie de Jesús Carrasco le siguieron por otras novelas que se desarrollan en ambientes rurales, a menudo opresivos, siempre aislados de la "civilización": Por si se va la luz de Lara Moreno; Alabanza de Alberto Olmos, Si quieres puedes quedarte a ti de Txani Rodríguez... Y ahí está, por supuesto, el ensayo La España vacía de Sergio del Molino, que es como primo o hermano de este Los últimos de Paco Cerdà, con el que comparte un tema fundamental: el despoblamiento del interior español.

Los últimos. Voces de la Laponia española es un largo paseo por una de las áreas más despobladas de Europa, la denominada "Serranía Celtibérica": una zona amplísima (más de 60.000 kilómetros cuadrados) repartida por las provincias de Guadalajara, Teruel, Cuenca, Valencia, Castellón, Zaragoza, Soria, La Rioja, Burgos y Segovia, con una densidad de algo más de siete habitantes por kilómetro cuadrado; casi los mismos que la gélida Laponia, en el extremo norte de Europa.


A lo largo de esta larga crónica o reportaje, Paco Cerdà visita cada una de esas provincias, asciende hasta algunos de los pueblos más inaccesibles y despoblados (algunos, con uno, cuatro, veinte habitantes en invierno) y entrevista a personas muy diferentes que han elegido quedarse, o volver, a estos paradisíacos infiernos de aislamiento: agricultores, maestros, monjes, escritores, pastores, entrenadores de fútbol de categoría regional, artistas, activistas... Todos ellos cuentan una historia similar: la del abandono progresivo de los pueblos y de las formas de vida tradicionales, un abandono apoyado o ignorado por las instituciones; una "demotanasia", en palabras de la investigadora Pilar Burillo.

En algo se nota que este es un libro escrito por un periodista: en que en él encontramos una descripción minuciosa del terreno y del paisaje, y muchas entrevistas con los propios habitantes de la Laponia española, pero no un intento de proponer grandes tesis o soluciones mágicas al problema, imponiendo una voz autorial omnisciente. Es notable, por otra parte, el respeto y la consideración del escritor hacia los habitantes de estos pueblos (muchos de ellos luchando, como quijotes apasionados, contra los elementos y contra las instituciones), sin caer por ello en la idealización new age de la vida rural, ni en la mirada paternalista del que "se rebaja" a salir de la ciudad para entrevistar a los "nativos". Como dice uno de los entrevistados, "estoy harta de que me estudien, que parecemos bichos raros".

Y sin embargo, aunque esta es una crónica o un ensayo fundamentalmente periodístico, es también un libro con un estilo muy cuidado, cargado de imágenes, metáforas, un léxico riquísimo y adaptado al tema. También son abundantes las referencias literarias: a Llamazares y Cervera, pero también a Rulfo, a García Márquez, a Machado, a Cervantes. El párrafo con el que se inicia el texto es un buen ejemplo de este estilo:
"Vine a Motos porque me dijeron que acá vivía un solo habitante, un tal Matías López. Vine a buscar la zona cero de la despoblación, el punto justo donde el tumor de la soledad se trasmuta en metástasis de la desolación. Vine un domingo a mediodía buscando a un pastor soltero llamado Matías. Pero no hallé más que silencio y soledad. No encontré otra cosa que un no-lugar en un no-tiempo, una encrucijada geográfica y mental alejada de toda coordenada conocida"
De hecho, quizás la principal pega que se le pueda poner al libro sea que este estilo se alambica demasiado en ocasiones, perjudicando a la lectura del texto, o la insistencia en ofrecer datos numéricos de densidad poblacional, datos imprescindibles en un texto sobre este tema, pero que llegan a aturdir en algunos fragmentos. Las mejores páginas, en cambio, me parece, son aquellas en las que el autor dialoga con algunos de los habitantes de los pueblos, que transmiten una sabiduría dura y escéptica, y una voluntad férrea y afilada.

Este es, en definitiva, un libro político en su diagnóstico de un problema acuciante, apuntando al capitalismo salvaje y al desinterés institucional como causas de un deterioro progresivo. Si es un deterioro inevitable o irreversible, lo dirá el tiempo.

Entrevista con Paco Cerdà

¿Qué te llevó a querer escribir este libro? ¿Cómo/cuándo/por qué se te ocurrió la idea?

El libro nació a partir de la sensación de abandono, desolación y desigualdad que sentí al visitar una pequeña aldea valenciana con menos de diez habitantes. Viajé allí para hablar con sus vecinos y elaborar un reportaje dominical sobre la despoblación para mi periódico, Levante-EMV. Sin embargo, lo que iba a ser un reportaje dominical sembró en mí la idea de que sería bonito echarme a la carretera para recorrer todo este extenso territorio, con calma y sin prisas, para buscar las voces de sus resistentes, de esos últimos pobladores: últimos porque en muchos casos no tienen relevo generacional y su pueblo morirá con ellos, y últimos también porque representan la última preocupación de instituciones, empresas y ciudadanos de esta España desmemoriada con su pasado rural.


¿Cómo fue el proceso de investigación para el libro? Debiste de pasar unas cuantas horas conduciendo por carreteras terroríficas... ¿Cuánto tiempo te llevó reunir el material?

Fueron 2.500 kilómetros recorridos, la inmensa mayoría de ellos por carreteras muy modestas. El viaje fue en invierno, porque es cuando más auténtico es este territorio y no hay residentes puntuales de verano, y visité muchos pueblos pequeños, la gran mayoría de ellos con menos de cien habitantes. Recorrí las zonas montañosas y más apartadas de las provincias englobadas dentro de esta Serranía Celtibérica o Laponia del Sur: Guadalajara, Teruel, La Rioja, Burgos, Valencia, Cuenca, Zaragoza, Soria, Segovia y Castelló. Fueron muchas horas de conducción, es cierto. Con Manolo García sonando en el coche y la mirada alucinada al ver tantos paisajes bellos, de una belleza que a veces parecía de postal inanimada. Y eso es lo que dolía.


Este libro realiza un diagnóstico, pero no prescribe ningún tratamiento: hay iniciativas (casi) individuales, muy voluntariosas, pero no soluciones estructurales para el problema de la Laponia española. ¿Hay solución, o la despoblación es un proceso irreversible e inevitable?

Tal vez sea la pregunta que más me han hecho. ¿Cuál es la solución? Y yo siempre respondo dos cosas. Primero: no sé cuál es la solución. Solo soy un cronista, muy alejado de esos tertulianos que todo lo saben. Conviene tener humildad: mi objetivo era relatar, contar, aquello que me tenían que decir esas voces que pocos se molestan en oír: el pastor que vive solo como único habitante de su pedanía; el maestro que cerrará el colegio del pueblo porque el curso siguiente no habrá alumnos suficientes; el pueblo donde solo vive un niño; el prior de un monasterio que reflexiona sobre el silencio, a veces con regusto a muerte, que abunda en estas tierras; el repoblador que ha vuelto a habitar una aldea abandonada, sin luz eléctrica, a base de agallas, conciencia y utopía; la mujer que regresa a su aldea natal, deshabitada desde hace un cuarto de siglo y toda llena de zarzas y maleza, y se le encoge el alma por ver cómo se desmorona el paisaje de su infancia; el equipo de fútbol del pueblo más pequeño de su provincia, que lucha contra viento y marea por resistir. Es una recopilación de historias humanas para retratar la gran historia humana que está olvidando este país: el abandono del medio rural más despoblado. Porque nada tiene que ver un pueblo de 2.000 habitantes con uno de 57 vecinos. Y segundo: no sé si hay solución: lo que sé seguro es que dejar morir este patrimonio cultural que representa nuestro entramado rural es una barbaridad que no podemos permitirnos como sociedad.  


Una de las virtudes del libro es respetar lo rural y sus habitantes, sin caer en la exaltación neorrural desinformada. ¿Cuál es tu relación personal con lo rural? ¿Lo añoras, o te horroriza? ¿Te irías a vivir a un pueblo de 40 habitantes?

Gracias por ese elogio: es el mayor halago que puedo recibir. No es ya solo el respeto. Para mí, como periodista y como persona, es fundamental mostrar empatía con la persona o la realidad que tienes delante. Yo nací en un pueblo y pasé en él toda mi infancia y adolescencia. Vuelvo allí cada fin de semana. Mi lugar favorito del mundo se llama Morella, y ojalá algún día cumpla el sueño de vivir allí. Siento una enorme admiración por lo rural, sí: miro las manos de mi padre, que es agricultor, y siento un íntimo orgullo. Soy un devoto de las tradiciones y de la cultura popular, durante tantos siglos marginada. Y admiro la capacidad de resistencia que demuestran los habitantes de la España más despoblada que no se han plegado a los intereses generales y siguen en sus pueblos con valores en extinción dignos de encomio: ausencia de consumismo estéril y de tecnoadicción uniformizante, comunión con la naturaleza y ritmos más humanos. Son los únicos, tal vez, que hoy no siguen al rebaño del capitalismo. Pero ese amor y esa admiración que yo siento por esta realidad, que sin duda están en el germen de Los últimos, no debe confundirse con pintar una Arcadia feliz, una estampa bucólica de los pueblos donde todo son bondades. Porque entonces estamos cayendo en la trampa: invisibilizamos el conflicto político que hay en dejar morir a los pueblos más pequeños. Una de las voces que aparece en el libro, el escritor Alfons Cervera, lo sintetiza a la perfección: Ni esto es la Toscana ni es Belfast: ni es el paraíso ni todo es conflicto. Y bajo ese patrón me he guiado.


¿A qué crees que se debe este interés por lo rural en el panorama editorial español? Tu ensayo, el de Sergio del Molino, novelas como Intemperie, Por si se va la luz...

Sinceramente, no lo sé. Puedo responder por mí: necesitaba contribuir con un grito periodístico, con un libro de combate, a denunciar un abandono silencioso. Y de lo que más orgulloso estoy, más allá de las cuatro ediciones que lleva el libro o de haber recibido una enorme atención mediática (¡hasta Le Monde se ha hecho eco del libro y del problema), es que mi crónica sirvió de catalizador para que el presidente valenciano Ximo Puig haya impulsado un ambicioso plan de medidas contra la despoblación del interior valenciano. Me llamó un día y me dijo: “Has conseguido lo que querías: vamos a impulsar una Agenda Valenciana Antidespoblament”. Solo con eso, el trabajo ya está amortizado.  


Algo que destaca en tu libro es el estilo con el que está escrito, que es mucho más cuidado y "literario" que la mayoría de libros de ensayo, me atrevería a decir. ¿Tienes alma de literato? ¿Sigues o te sientes influido por algún escritor en particular?

Muchas gracias por el elogio, es un honor viniendo de vosotros. Los últimos es una crónica, un gran reportaje, y siempre he creído que el buen periodismo ha de estar bien escrito. Al menos es lo que yo intento. Hay excelentes reporteros a los que admiro: desde David Remnick a Martín Caparrós o el Gay Talese de antes de la polémica con su último libro. Años luz nos separan, claro. Y si me pides un escritor vivo y no me vale acogerme a Kafka, Pessoa y Rulfo, me quedó con Gonzalo Hidalgo Bayal: no hay nadie al que admire más, por su prosa, por su exquisito lenguaje, por sus historias profundas y, no menos importante, por su humildad. Ahí está la base de este oficio de ver, oír, sentir y contar.