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martes, 7 de enero de 2025

Alain Corbin: "Terra incognita"

Idioma original: francés

Título original: Terra incognita

Traducción: Marco Aurelio Galmarini

Año de publicación: 2020

Valoración: Entre recomendable y Está bien


Podría haber empezado diciendo que estamos ante un libro apasionante sobre el avance de los conocimientos sobre el planeta en los siglos XVIII y XIX, lo cual podría haber sido muy válido para adornar faja, contracubierta o solapa. Si desinflamos un poco la hipérbole, tampoco estaríamos muy lejos de una definición objetiva de este texto que examina, o eso pretende, algo tan inusual como la ignorancia (inusual como objeto de análisis, quiero decir), en este caso acerca de las características físicas de la Tierra. Como lo habitual es justamente lo contrario, analizar los descubrimientos que han ido configurando la ciencia, el cambio de foco parece muy atractivo para empezar.

Alain Corbin es un historiador conocido por adentrarse en lo que se llama historia de las sensibilidades, algo que, desde mi escaso conocimiento del asunto, creo bastante cercano a la microhistoria o historia de la mentalidad, es decir, la mirada puesta no tanto en los grandes personajes o eventos fundamentales como en la psicología y las percepciones de la población en general, el pueblo llano. En esta dirección se detiene el autor en cómo contemplaban los ciudadanos rasos este planeta nuestro, su geografía y su clima, la edad de la Tierra, los fenómenos geológicos más devastadores (volcanes, terremotos), la meteorología y sus consecuencias más extremas, la configuración de los mares y las montañas.

Lo más interesante del libro es precisamente esa exposición, que salpica los diversos capítulos, en torno a la concepción que la gente de a pie tenía acerca de estas realidades en la época analizada. Todavía seguían muy vigentes ideas de raíz religiosa, como las supuestas consecuencias del diluvio, y naturalmente el desconocimiento del medio abría la puerta a temores sobre el fin del mundo, ideas sobre paraísos ocultos en lugares remotos o presencias monstruosas. Gran parte de esta perspectiva se deriva del localismo: ante la dificultad en los desplazamientos y en la comunicación, la gente conocía razonablemente bien su entorno inmediato, especialmente en lo referido a los vientos o la lluvia, pero ignoraba por completo todo lo que ocurriese más allá de unos pocos kilómetros. Lo demás era Terra incognita, grandes manchas blancas en los mapas y sucesos extraños atribuidos a motivos sobrenaturales, o simplemente aceptados como una fatalidad. Todo lo cual tiene como consecuencia el terror ante lo desconocido, el planeta como un lugar hostil que aconseja no salir del terruño.

Los avances científicos, las exploraciones en tierras lejanas o en zonas montañosas, eran materia de estudio y discusión apasionada en círculos muy reducidos, y nada de esto llegaba a la mayoría de la población. El conocimiento va permeando muy poco a poco, de forma más acelerada desde mediados del siglo XIX, gracias a mejoras en la movilidad y la paulatina introducción de textos, algunos con gran repercusión popular, como las novelas de Julio Verne. La ignorancia va cediendo terreno y lo que son en principio descubrimientos a veces controvertidos y en ámbitos muy restringidos, van ganando terreno en capas más amplias de la población.

Todo esto es muy interesante, aunque a decir verdad creo que Corbin no da con la tecla para presentarlo en la forma adecuada. El libro se estructura en tres bloques cronológicos en cada uno de los cuales se exponen las ideas acerca de los mismos misterios: los Polos, los glaciares y las fosas marinas (uno de los puntos más curiosos), la montaña, los fenómenos meteorológicos, la geología y la hidrología, entre otros. Lo cual conduce, en mi opinión, a una excesiva fragmentación de las materias e impide una lectura más lineal, hasta llegar al punto de alejarse de lo que parecía el objetivo inicial. No es fácil examinar la evolución de la ignorancia sin adentrarse en un relato de los descubrimientos, y de esta manera el texto se aproxima por momentos a una historia convencional y pierde en ocasiones el atractivo que prometía.

No obstante creo que ofrece una perspectiva al menos parcialmente novedosa, y ayuda a sumergirnos en la psicología y el punto de vista de nuestros antepasados recientes. El mundo real debía ser para ellos mucho más pequeño que el que conocemos ahora, y fuera de ese ámbito la ignorancia se rellenaba con fantasía, mitos o creencias religiosas


viernes, 28 de julio de 2023

Fight Combo (y resopón de ULAD hace Historia): El affaire Martin Guerre

Existe un claro vínculo entre la Historia y la ficción, ya hablemos de literatura o de cine: a menudo, un escritor o escritora extrae de los estudios, documentos y manuales sobre algún hecho o personaje histórico la idea y el material para escribir una novela más o menos fiel a lo ocurrido en la realidad; de vez en cuando, una de estas novelas históricas es adaptada en el guion de una película que, a su vez, incrementa la popularidad tanto de la novela como del hecho histórico o personaje en cuestión. Éste suelo ser el camino habitual, pero, en alguna ocasión, el sentido de esta influencia se invierte, lo que deviene en un caso más interesante. Tal fue lo ocurrido con la figura de Martin Guerre, el joven hijo de un hacendado de un pueblo de los Pirineos, que un día decidió ausentarse de su casa por un tiempo para escapar del enojo de su padre, dejando atrás esposa e hijo. Cuando regresa, ocho años más tarde, parece haber cambiado su carácter -a mejor, eso sí- y todo el mundo le acoge con alegría. Sin embargo, en su esposa, Bertrande de Rols, y en su tío se instala poco a poco la sospecha de que ése no es su auténtico marido y acaban por denunciarlo por impostor, produciéndose el juicio subsiguiente.

A partir de noticias recogidas en diversos libros, desde el siglo XVI -bien es cierto que, entre otros, se habla de él en uno de los Ensayos de Montaigne, que asistió al juicio en Toulouse en 1560 y sobre todo en el que escribió uno de los jueces, Jean de Coras, aunque también en textos de Alexandre Dumas y Rubén Darío- la novelista americana Janet Lewis escribió, como primer título de una trilogía de novelas históricas dedicadas a controversias jurídicas por el uso abusivo de pruebas circunstanciales, La mujer de Martin Guerre, que sirvió de base para la película francesa El regreso de Martin Guerre (que luego tuvo un remake hollywoodiense, ambientado en la Guerra Civil estadounidense); como asesora del proyecto cinematográfico trabajó la historiadora Natalie Zemon Davis, quien, a raíz de su investigación para la película, publicó a su vez un libro, esta vez ya de Historia propiamente dicha, con, en principio, todos los requisitos académicos, titulado de igual manera.


Idioma original: inglés

Título original: The Wife of Martin Guerre

Año de publicación: 1941

Traducción: Antonio Iriarte

Valoración: recomendable

La mujer de Martin Guerre es un novela histórica -como ya digo, primera de una trilogía- que recrea los hechos fundamentales de esta suplantación y denuncia, pero es, antes que libro de Historia, una novela; en aras de una narración más ágil su autora obvió algunos aspectos del asunto, simplificó el proceso judicial y acentuó el dramatismo de un final apoteósico, aunque respetando en gran medida lo que sucedió en realidad, bien es cierto... Pero, sobre todo, otorgó el protagonismo, ya desde el propio título y una mayor hondura psicológica a la esposa de Martin, Bertrande de Rols, de la que se nos cuentan sus actos y pensamientos desde el día de su boda, a la tierna edad de once años, hasta la resolución del insólito asunto (que no voy a contar). No obstante, y pese a esa atención, no queda muy claro el motivo de su cambio de parecer respecto a su supuesto -o no- y recobrado -o tampoco- marido, más allá de su convicción por esclarecer la verdad, la defensa de su honestidad y de sus valores cristianos. Aún así, resulta, sin duda, un personaje de lo más interesante y hasta memorable.

Destacan también, en esta notable aunque corta novela, la reconstrucción, es de suponer que pormenorizada, de la vida campesina hace casi 500 años y, sobre todo, las maravillosas descripciones de la naturaleza y el efecto del paso del tiempo sobre ella que nos brinda Janet Lewis. Un punto fuerte de esta novela, que, no obstante y como ya he explicado, deja a un lado ciertos aspectos del asunto, que para se recogidos y explicados debieron esperar aún cuatro décadas más a que se escribiera...


Idioma original: inglés

Título original: The Return of Martin Guerre

Año de publicación: 1983

Traducción: Helena Rotés Rull

Valoración: más que recomendable

A día de hoy, este libro de la historiadora norteamericana Natalie Z. Davis es el más conocido sobre este famoso affaire, cosa notable, al tratartse de un estudio histórico, propiamente dicho (de microhistoria, en realidad, siendo uno de sus ejemplos más célebres), con sus disquisiciones habituales, sutilezas -jurídicas, y religiosas, en este caso-, notas y lista interminable de referencias bibliográficas. pero, claro, tode este asunto tiene unas connotaciones y derivaciones tan fascinantes -la impostura, la identidad, la inquietante posibilidad de tener un döppelganger-, además de un carácter literario tan perfectamente estructurado desde el punto de vista narrativo, que no se pueden obviar. Sin embargo, hay también algunos puntos, puntualizaciones que no se pueden soslayar desde el rigor historiográfico, que la novela de Lewis no tocaba y es te libro, en cambio, desarrolla e incluso les concede gran importancia:
  • El origen vasco de Martin Guerre y su familia-oriundos de Hendaya y cuyo apellido proviene, al parecer, de Daguerre-, es decir, de una región del reino de Francia donde algunas costumbres y, sobre todo, la preservación y transmisón del patrimonio familiar son diferentes a las del condado de Foix, donde se asentaron.
  • Las disensiones religiosas de la época, inmediatamente anterior a las guerras de religión que asolaron Francia. En Gascuña, de hecho, la presencia protestante era muy importante y Davis insinúa que tal vez Bertrande pudiera haberse visto atraída por la Reforma (sin olvidar que el juez del caso que escribió el primer libro al respecto del mismo, Arrest Memorable, tenía simpatñias cada vez mayores por el protestantismo y, lo que es más, años más tarde acabó linchado por ello).
  • El papel mucho más ambiguo de Bertrande de Rols, a la que, por otro lado, se le da aquí menos protagonismo. Natalie Davis supone que , en realidad, estaba muy a gusto con su marido "nuevo" o "recobrado" (según) y que  si le denunció fue sólo al verse obligada a ello, pero que en secreto prefería perder el juicio.
Ésta es, precisamente, la principal objeción que se pone al libro de Davis y que hace arrugar el morro a algunos historiadores: que abundan las suposiciones, extrapolaciones, las "hipótesis que podemos dar por válidas", los sobrentendidos admisibles en una narración literaria, pero no tanto en una obra de tipo histórico. De hecho, en cierto modo se puede extender el análisis que hace esta autora del Arrest Memorable de Coras a su propio libro, cuyas "características esenciales" consistirían también "en su mezcla de estilos y de enfoques. Se trata de un libro sobre cuestiones legoles que cuestiona el funcionamiento de la ley; de un relato histórico que sugiere dudas sobre su propia veracidad (...) un texto a medio camino entre el cuento moral, la comedia y la tragedia(...) en el que los héroes parecen villanos y los villanos parecen héroes y en el que la historia se cuenta de dos maneras distintas al mismo tiempo".

Pero esa es, justamente, la clave de la fascinación que produce la peripecia de Martin Guerre y los libros (y películas) que se han basado en ella; la Historia vista no como una reliquia que acumula polvo en un museo, sino como un trozo palpitante de vida (perdón por el topicazo), una porción de la experiencia humana que nos concierne tanto a nosotros como aquellas gentes del siglo XVI en los Pirineos.

sábado, 22 de julio de 2023

ULAD hace Historia #6: La gran matanza de gatos y otros episodios en la historia de la cultura francesa, de Robert Darnton

Idioma original: inglés

Título original: The Great Cat Massacre and Other Episodes in French Cultural History 

Traducción: Carlos Valdés

Año de publicación: 1984

Valoración: Muy recomendable


Usualmente, la enseñanza de la Historia se ha asociado a reyes, guerras, conquistas, revoluciones, fechas y lugares, es decir, lo que llamaríamos Historia política. A ello se han ido añadiendo elementos como la economía o los cambios sociales, el arte y la cultura. No basta con el relato de batallas y alianzas o rupturas entre gobernantes, importa la sociedad, el pensamiento, los avances científicos. Pero hay algo más, otras perspectivas a ras de tierra, lo que últimamente se denomina microhistoria, y Robert Darnton (norteamericano pero muy afrancesado él) llama Historia de la mentalité, que sin mucho esfuerzo traducimos como la mentalidad, la idiosincrasia de los ciudadanos, cómo piensan y sienten, cómo razonan, qué cosas les emocionan o les sublevan, qué tienen a su alrededor, a partir de hechos o documentos muy concretos que en principio pasarían inadvertidos. Darnton se sitúa en la Francia del siglo XVIII, su especialidad, el Siglo de las Luces, las últimas décadas del Antiguo Régimen, el tiempo de la Enciclopedia, cuando fermenta la Revolución.

Es un asunto difícil, claro, meterse en la cabeza de personas que vivieron hace trescientos años, a quienes solo podemos aproximarnos, y únicamente mediante indicios, a través de noticias o documentos alejados de la retórica oficial, materiales directamente relacionados con personas anónimas, campesinos, artesanos o estudiantes que dejan en ellos el reflejo de una sensibilidad colectiva. El autor lo intenta a través de seis pequeños ensayos en torno a otros tantos documentos muy singulares:

  • Los cuentos de Charles Perrault en relación con otras variantes, así como con la tradición oral
  • El relato de un impresor sobre una matanza de gatos (la que aporta el muy llamativo título) en un barrio de París
  • La detallada descripción que un ciudadano hace sobre la ciudad de Montpellier
  • Un informe policial sobre los escritores franceses del momento
  • El árbol del conocimiento descrito en la Enciclopedia
  • Los pedidos de libros de un joven lector a una editorial suiza

Reconoce Darnton que la empresa tiene sus riesgos, porque cabe la tentación de generalizar a partir de testimonios no extrapolables a lo colectivo, pero ahí está el trabajo del historiador, desbrozar lo excepcional para encontrar el camino correcto hacia lo que es realmente significativo para definir la personalidad de la sociedad en un momento determinado. El resultado me parece espectacular.

Por señalar muy por encima algunas de las aportaciones del libro, quedémonos de momento con una pequeña descripción de la sociedad del momento:

Los campesinos (…) habitaban un mundo de madrastras y huérfanos, de trabajo cruel e interminable, y de emociones brutales, crudas y reprimidas. 

Por eso los cuentos recuperados de la tradición oral, reflejando esa realidad, están repletos de crueldad en grado muy superior a lo recopilado por Perrault, y mayor aún que en las adaptaciones posteriores de los hermanos Grimm, por ejemplo.

La vida es 'sórdida, brutal y breve', y la picaresca es un arma para intentar sobrellevarla, nunca una tendencia a subvertir el orden establecido.  La brutalidad se muestra igualmente en la matanza de gatos, surgida un poco por casualidad a partir de unas desavenencias entre el patrón y los trabajadores de una imprenta. Tampoco hay sin embargo una auténtica voluntad de rebelión, sino más bien una gran gamberrada en la que los gatos (animal siempre asociado con el misterio y las desgracias) llevaron la peor parte, en un episodio que por otra parte tampoco era tan excepcional en una sociedad en la que, con pocas excepciones, los animales no son precisamente objeto de respeto.

Sirvan estas dos pinceladas como muestras más gráficas del contenido del libro, aunque se incide también en cuestiones de orden quizá más intelectual. Un peculiar informe policial, que más que un seguimiento de posibles actividades revolucionarias, que también, es una especie de estudio casero que incluye el estilo, fisionomía y entorno social de un montón de escritores, sirve para presentar la realidad del mundo de las letras, ajeno entonces al moderno concepto de mercado editorial, y donde era impensable no contar con un ‘padrino’. O las algo ingenuas descripciones de la sociedad de Montpellier, que dan para un análisis de la estratificación social vista desde un pequeño burgués de provincias.

El ensayo en torno a la Enciclopedia, quizá el de lectura más ardua, ahonda en su aportación el sistema del conocimiento humano y su contraste con los conceptos anteriores de Bacon y Chambers. Y finalmente, la abundante correspondencia del joven ansioso de lecturas permite indagar nada menos que en la forma de leer de los franceses en el siglo XVIII: 

Nada puede ser más erróneo (…) que suponer que la gente siempre ha leído como lo hacemos hoy en día. (…), y comprender cómo leían entonces es comprender cómo pensaban.

Cuestión sumamente interesante, incluido el propio formato de los libros y el número de títulos disponibles, que se completa con una amplia exposición de las reacciones populares a la obra narrativa de Rousseau, llena de emotividad, y muy alejada de su aportación a la filosofía política.

Es Robert Darnton uno de los más importantes especialistas del mundo en la Francia de la época a la que nos estamos refiriendo, y es una maravilla contemplar con qué profundidad y rigor examina y analiza cada una de las cuestiones. Como es también un placer volver a tener entre manos, muchos años después, una exquisita publicación de la venerable editorial Fondo de Cultura Económica. Qué más se puede pedir para, a través de este puñado de trabajos, entender un poco mejor a quienes vivieron hace más de dos siglos y, ganando un poco de humildad, asumir que se movían en un mundo muy diferente, con códigos y valores que no deben ser juzgados en base a los parámetros actuales.


jueves, 20 de julio de 2023

ULAD hace Historia #4 El queso y los gusanos de Carlo Ginzburg

Idioma original: italiano

Título original: Il formagio e i vermi

Año de publicación: 1976

Traducción: Francisco Martín

Valoración: bastante recomendable (aunque quizá algo ríspido para quien no sea lector habitual de Historia)

Pese a lo que tal vez alguien pueda pensar,  debido a su curioso título (enseguida voy con eso), éste es un libro de Historia comme il faut, con su excelente contextualización, sus -muchas- notas a pie de página y su abundante bibliografía. Es más, se trata de la obra señera de la corriente historiográfica conocida como "microhistoria", escrita por su más conspicuo practicante, el prestigioso historiador italiano Carlo Ginzburg. Tal microhistoria es una tendencia o rama de la Historia social que consiste en centrarse en algún acontecimiento o personaje del pasado, en principio secundario o incluso marginal y analizarlo, como si se estudiars con una lupa o microscopio, hasta poder extraer conclusiones  y generalizaciones que se puedan relacionar con los grandes procesos y cambios históricos; de esta forma, el estudio de los sucesos individuales ayudan a entender la verdadera dimensión del desarrollo de los sucesos históricos. Es una tendencia que ha tenido (aunque no sólo y en esta semana en la que ULAD hace Historia os vamos a mostrar más de un ejemplo), especial predicamento en Italia,hasta el punto de que incluso la cultivaron, en cierto modo, escritores de narrativa o ensayo, como Leonardo Sciascia en La bruja y el capitán.

En el caso de este célebre estudio, quizás el más emblemático de esta modalidad historiográfica, Carlo Ginzburg se centró en la figura de Domenico Scandella, alias Menocchio, un molinero del pueblo friulano de Montereale, que en 1584 fue procesado por el Santo Oficio debido a una denuncia -tal vez del párroco del pueblo- por haber pronunciado "palabras heréticas impías sobre Cristo". Durante este proceso y el que tuvo de nuevo lugar en 1599 , cuyas actas el historiador analiza pormenorizadamente, punto por punto, los inquisidores asistieron, atónitos, al despliegue cosmogónico y religioso que Menocchio -cuya aspiración era poder debatir con papas y emperadores, pero se conformaba con los doctos miembros del Tribunal- hacía ante ellos: una mezcla de, más que elementos luteranos, como se temía los inquisidores, anabaptistas, más panteísmo, universalismo, lecturas religiosas -o no- interpretadas según su libre albedrío, razonamientos propios más o menos coherentes y, al fondo del todo, según código Ginzburg, la presencia de una religión secular campesina, fuertemente materialist y transmitida por medio de la tradición oral, al menos hasta la aparición de la Contrarreforma, en los países católicos. Sirva como ejemplo del resultado -ya llego, por fin-, la imagen del queso y los gusanos: según Menocchio, Dios no había creado el mundo, sino que éste se habría generado a partir deun caos primigenio, semejante a la leche cuajada que da lugar al queso y del que habrían surgido el propio Dios y los ángeles, como los gusanos que aparecen en este queso. Imaginemos por un momento la cara que pusieron los señores inquisidores...

Quizás lo más interesante para nosotros, amigos y amigas bibliófilos y hasta bibliómanos, sea que buena parte de estas ideas, de su "corpus teológico", por así decirlo, proviniera de sus, si no abundantes, sí recurrentes lecturas, pues resulta que Menocchio era un lector voraz de los libros que caían en sus manos; sobre todo, el muy cristianó Florilegio de la Biblia, pero también el medieval libro de los Viajes de John Mandeville y el Decamerón. Y, probablemente, según Ginzburg, puede que también la Divina Comedia, De Trinitatus erroribus de Serveto (es decir, Miguel Servet) y hasta el Corán.  De esta heterogénea lista de lecturas y otras ( es notable, por cierto, la relativa abundancia de libros que circulaban por esa zona rural en aquella época si bien se encuentra cercana a Venecia), según el bueno de Menocchio había extraído sus ideas,"que habían nacido del aislamiento, por el solo contacto con los libros". Es decir lo mismo que le pasó a un famoso personaje de ficción  contemporáneo suyo, sólo que a don Alonso Quijano sus lecturas le impelieron a convertirse en caballero andante, mientras que al molinero friulano las suyas le sugirieron la aspiración de ser un profeta, nada menos.

De todas formas, el autor de este libro le resta importancia a la influencia de esas lecturas en el pensamiento de Menocchio, y considera que "(...) como hemos visto, él proyectaba sobre la página impresa elementos extraídos de la tradición oral"; es decir, de ese sustrato de creencias populares a las que Ginzburg concede la mayor importancia: "Es esa tradición, profundamente enraizada en la campiña europea, lo que explica la tenaz persistencia de una religión campesina intolerante ante dogmas y ceremonias, vinculada a los ritmos de la naturaleza, fundamentalmente precristiana. Era frecuentemente un auténtico extrañamiento del cristianismo (...)". Es más, para ilustrar esta tesis, también nos presenta dos casos contemporáneos al de Menocchio y más o menos análogos de otras regiones de Italia: el del poeta popular de Lucca llamado Scolio y el de otro molinero, Pighino Baroni, de la Romaña.

En cualquier caso y también independientemente de lo delirantes que nos puedan parecer estas u otras ideas religiosas (o todas), Menocchio  no deja de ser un mártir de la libertad de pensamiento y expresión. Porque -y  lamento si alguien considera esto como spoiler, pero, después de todo, hablamos de un caso que es Historia- y pese a haberse retratado y pasar unos años en prisión, nuestro molinero volvió a las andadas, expresando de nuevo en público sus heréticas opiniones, de forma que volvió a ser detenido y procesado por la Inquisición en 1599. Con la mala fortuna, esta vez, de ser condenado a muerte y ejecutado, casi a la vez que otro pensador heterodoxo mucho más conocido, Giordano Bruno, lo era en Roma. Y todo por tener unas ideas más o menos extravagantes, pero propias, consideradas heréticas y peligrosas por el poder, pero que hoy no llamarían la atención en las redes sociales entre tanto terraplanista, conspiranoico e illuminati varios (e incluso serían consideradas un ejemplo de mesura). Por suerte, en nuestra sociedad occidental ya no existe el peligro de ser procesado ni encarcelado por leer libros y sacar nuestras propias conclusiones es sobre la religión, por ejemplo, y expresarlas en público, y es es algo que ya no va a volver a pasar, ¿verdad? ¿VERDAD?