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sábado, 6 de junio de 2026

Llucia Ramis: Un metro cuadrado

Idioma original: español

Año de publicación: 2026

Valoración: muy recomendable

Es un poco inevitable que, vista la eficacia de su escritura, siempre le solicite en algún punto a Llucia Ramis que vaya un poco más allá y aborde directamente una obra íntegra de ficción. No porque lo que escriba en otros registros no sea satisfactorio, más bien por esa manía (personal, pero creo que no seré el único) de ver cómo ciertos escritores abordan el proceso creativo, una vez que en la obra que publican relacionada con sus vivencias, con su día a día, ya vemos que se maneja de forma brillante y solvente. Aunque quizás la alternativa fuera ese enorme páramo últimamente muy concurrido de la autoficción. Igual me callo, ¿no?

En Un metro cuadrado Llucia Ramis nos ofrece una mezcla entre ensayo en base a experiencias propias y diario de existencia alrededor de sus peripecias como inquilina de diversos pisos en varios barrios de Barcelona, encabezando cada capítulo con la ubicación de cada vivienda, algunos datos del edificio en que se emplazaba, y el alquiler que en cada periodo tuvo que abonar (y una ligera referencia de cómo sus ingresos derivados de su profesión no crecían al mismo ritmo que ese alquiler). Desde que, dado que en la isla de Mallorca no podía cursar la carrera de Periodismo, tuvo que llegar como una estudiante veinteañera (un piso en Sarrià perteneciente a unos familiares) hasta que, después de un periplo que incluyó París, Buenos Aires e incluso esporádicos regresos a Baleares, acaba hipotecándose en la compra de un pequeño piso en Barcelona. Estancias de diversas duraciones, en ocasiones conviviendo con amigas, compañeras de estudios, a veces con su pareja. Ramis intercala sus reflexiones, siempre en torno al concepto de casa como punto necesario de referencia para el ser humano, o eso dicen las leyes que debería ser así. También añade una bitácora intermitente de las relaciones de pareja que le acompañaron en cada momento.

Leer Un metro cuadrado es, sí, enormemente satisfactorio. Aunque también es, conforme la cercanía a sus circunstancias es mayor, proclive a cierto desasosiego. Por qué resulta todo tan caro, por qué una persona con un cierto peso en la escena literaria local se encuentra en tantos momentos en una precariedad forzada por la avaricia de los arrendadores, por la tacañería de sus empleadores, por la cosa esa del mercado. Veo, en la minuciosa bibliografía que Ramis nos aporta, al menos tres lecturas coincidentes que tratan, de forma frontal, estas mismas cuestiones: Pacheco, Amat y Dioni, entre otros, están desplegando una especie de ecosistema de denuncia de esas situaciones que Ramis expone aquí, y resulta espeluznante, porque la cosa va a más, ver que se genera tanta literatura (y buena, y certera) a costa de algo que debería ser pasto de prensa, pasto de debate parlamentario, pasto de promesas electorales de aquellas (...) que se cumplen. Pero, como demasiadas veces pasa, luego surgen las razones de alto rango que neutralizan la denuncia, que anestesian la rabia con la que esta se formula, que mitigan y relativizan, con lo que aquello que debería ser un aullido de protesta acaba siendo una tímida queja desde un rincón, una queja que aunque tenga una forma colectiva y coral, queda solapada y replicada con los inapelables argumentos que conocemos de sobras, muchos de ellos, dejad que me repita, incluyendo la palabra mercado. 

Reseñado de Ramis en ULAD: aquí

domingo, 21 de septiembre de 2025

Ron Kovic: Nacido el 4 de julio

Idioma original: Inglés 
Título original: Born on the Fourth of July
Año de publicación: 1976
Traducción: Ernesto C. Gardiner
Valoración: Bastante recomendable

No te preguntes lo que tu país puede hacer por ti, pregúntate qué puedes hacer por tu país. ¡Frasecita envenenada donde las haya, eh! Porque lo que parece (y quizá fuera dicho en ese sentido) una llamada al bien común encierra otra vertiente, la de convertir a toda una generación en carne de cañón en nombre del "sacrificio por la patria", de la "lucha contra el comunismo internacional", de los "valores norteamericanos" (de esos que bombardeaban con napalm paupérrimas aldeas vietnamitas), etc.

Es en esa contradicción y en la toma de conciencia por parte del autor del libro donde se sitúa el centro de este Nacido el 4 de julio, autobiografía de Ron Kovic que por ese motivo puede ser leída como una novela de formación y como la crónica de una generación perdida (somos una generación de violencia y locura, de indios muertos y vaqueros borrachos, de cañones de hierro llenos de cerillas).

Tres son los aspectos más destacables de este Johnny cogió su fusil del Vietnam, en el que se enfrentan los intentos de olvidar y la necesidad de contar:
  • su vertiente sociológica / antropológica. Los valores americanos, el sacrificio, la patria, el honor, la obligación de triunfar, la ultracompetitividad en casi cualquier ámbito, etc y eso de "de aquellos polvos, estos lodos".
  • el estilo y el ritmo en los capítulos centrados en la guerra. Frases breves y punzantes, como disparos de ametralladora, y ritmo casi cinematográfico para una narración cruda y sin artificios, pero impactante.
  • la alternancia de la primera y de la tercera persona, que separa a un Kovic de otro, que marca distancias. Puede parecer un recurso "fácil", pero es efectivo. 
Entre lo que menos me convence del libro están el excesivo peso de los recuerdos de infancia de Kovic, que resultan algo reiterativos en la construcción de la atmósfera de la época, y el exagerado protagonismo de las obsesiones sexuales. 

Pese a esto último, Nacido el 4 de julio es una más que interesante crónica y testimonio de un momento histórico y de un lugar no tan lejanos en el tiempo y en el espacio como podría parecer. Al fin y al cabo, 50 años después, jóvenes y no tan jóvenes siguen siendo carne para una picadora insaciable ante la indiferencia generalizada, los "otros", como en cualquier conflicto, siguen siendo deshumanizados, etc, etc. Y ahora, abrimos comentarios y paraguas, por si acaso.

jueves, 11 de septiembre de 2025

Victor Bockris/Gerard Malanga: Up-tight. La historia de la Velvet Underground

Idioma original: inglés

Título original: Up-tight

Traducción: Antón López 

Año de publicación: 2009 

Valoración: muy recomendable

Madres de libro, no serán, pero la Velvet Underground pasará a la historia como la referencia necesaria para entender la cultura rock en su perspectiva más ambiciosa: la que incluye sonido, imagen, influencia cultural de amplio alcance my actitud vital.

Antes de todo, por eso, reconocer que ese movimiento es, ya hace bastante, un cadáver tendido en una sala de autopsias frente al cual un montón de empresarios hacen las veces de forense e intentan sacar algún provecho, el último, de algún tejido, de alguna víscera.

Rock, entonces, es una palabra que ha sido desecada a la intemperie hasta extraerle cualquier implicación y convertirla en una etiqueta más. Solo un reducido interés mercantil en la industria de influencia anglosajona impide su inhumación definitiva.

Incluso esos esforzados tiktokers o instagramers que se empeñan en recuperar las colecciones de música de sus padres (espoleados, a lo mejor, por el dudoso resurgimiento del vinilo a precio de beluga) acabarán tirando la toalla ante lo incoherente de su planteamiento, reivindicando por igual a Alan Parsons y a los Talking Heads, a Fleetwood Mac y a Led Zeppelin.

Aunque series de máxima repercusión, como The Bear, se obstinen en rellenar de esos sonidos añejos su inexplicable última temporada.

Por eso, precisamente, leer Up-tight se presenta como una especie de ejercicio de rememoración de aquello que no volverá.

Oportunidades como leer este libro hay muy pocas. Una trama en avance, la correspondiente a la génesis de una banda, a su integración en su entorno - qué hay más estereotipadamente r'n'r que la ciudad de Nueva York - a la progresiva complicación de su carrera derivada, sobre todo, del conflicto de egos, hasta su atomización.

Más que una crónica de una banda, esto parece una tragedia por episodios, y cuando hablamos de los estereotipos del r'n'r, ninguno de los ingredientes básicos puede faltar.

Baste recordar que, fuera de este período de apenas una década que va de sus escarceos hasta su desaparición, los miembros (propios u honorarios) de la banda, tuvieron diversos finales de curiosos pelajes- Andy Warhol murió en un episodio con severos tintes de negligencia médica, o Nico, que falleció en Ibiza en un absurdo accidente de bicicleta. 

O sea: nada de glamourosas muertes, de engrosar el club de los 27, de llamar la atención de pacíficos vecindarios con la acumulación de furgones policiales a horas intempestivas.

Intentar penetrar en mentes tan diversas como las de Warhol (cuya figura en primer plano se difumina entre ser el ideólogo del grupo, el mentor de sus componentes, o cualquier otra cosa), John Cale o Lou Reed - sosteniendo una tenaz pelea de fondo por dominar la banda también nos es contrapesado con las oscuras aportaciones de los miembros menos mediáticos. 

Gozar con ese retahila de testimonios extraídos de entrevistas, confesiones, conversaciones (los autores parecen entrar y salir de la constelación cultural que el grupo aglutinaba).

No negaré que esa erótica queda un poco supeditada a esa condición.

O estaban allí o conocen a quien estuvo, y eso convierte su testimonio en esencial.

Rara vez se dispone de una crónica tan detallada y fehaciente de cómo un grupo de músicos inician una carrera, publican un primer disco que anticipa por lustros y décadas estilos musicales venideros (del dream-pop al after-punk, pasando por el punk), sufren un choque de egos entre sus componentes - incluso entre algunos que no lo son y acaba con su disolución.

Anda: no había dicho que al margen de los dos componentes más destacados del grupo fueron Lou Reed y John Cale, estuvieron Maureen Tucker, discreta batería qua aún vive o Sterling Morrison, bajista fallecido hace décadas, y algunos otros músicos, productores, promotores, fotógrafos, etc. Sus entrevistas y opiniones se suceden en este libro que parece ser como una revista (con mucho componente gráfico) que se va actualizando a medida de que el planeta toma conciencia de su majestuosa importancia.

No es para menos.

Todo cuajado de anécdotas, de intervenciones que pueden parecer no venir al caso, pero que completan un retrato fresco, verídico casi hasta la desesperación.

En fin, que salvo que pienses que la música es una expresión artística de la que uno puede prescindir, esta es una recomendación entusiasta y sin paliativos.

domingo, 6 de abril de 2025

Rachel Cusk: Un trabajo para toda la vida

Idioma original: inglés.
Título original: A Life's Work.
Traducción: Catalina Martínez Muñoz.
Año de publicación: 2001-2007.
Valoración: se deja leer


Rachel Cusk escribió Un trabajo para toda la vida en el 2001. Quiero suponer que, entonces, era una escritora con poca repercusión y que necesitó, de alguna manera, compartir sus experiencias. Siguiendo con las suposiciones, cuando alguna de su obra posterior (alguna reseñada aquí) obtiene un reconocimiento más o menos generalizado (dentro de este liliputiense mundillo), se opera el consabido proceso de progresiva curiosidad del público por la obra anterior, la recuperación – previas cuestiones legales o burocráticas – de ésta, etc. Cuestión esta que es una cierta especialidad de Libros del Asteroide, notable editorial que suele presentar autores poco conocidos (actuales y no tanto) . En el marco de este proceder, recuperar esta obra más de dos décadas después de su primera publicación responde a esta lógica. Lo que no me ha cuadrado tanto es que la autora incorporara, ya en 2007, dos textos introductorios, que en esta edición se han incluido.

Porque estas dos introducciones desvirtúan la obra, parecen pretender justificarla y casi excusarse por su contenido, y hasta cierto punto condicionan su lectura, como si la autora renegara parcialmente de su escrito original, o necesitase explicar sus intenciones ante eventuales malas interpretaciones. Que parece ser que las hubo, en su momento. No había que esperar a que Elon Musk se hiciera con Twitter para destapar el odio, al parecer. Lo siento, pero mi opinión es que esto ni era necesario en 2007, y en 2025 ya es francamente prescindible.

Básicamente, Un trabajo para toda la vida es como un dietario algo desordenado de experiencias y reflexiones relacionadas tanto con las últimas fases del embarazo como con el parto y los primeros años de cuidado del niño. Está escrito, por lo tanto, en una obstinada primera persona, que es como suelen escribirse estos libros. Pero es que esas sensaciones que se manifiestan, desde las consecuencias físicas, inevitables, hasta el proceso mental, que me temo que también depara muchos lugares comunes, no me han aportado novedad alguna sobre lo que es una sensación universalmente experimentada y universalmente aceptada. Bueno: quizás no tan universalmente. No tantas madres desempeñan una profesión o una situación económica como la de Cusk, que les puede permitir disponer de canguros y cuidadoras (algo tendencioso, por cierto, el episodio del incidente con la cuidadora española). Entonces si esa percepción de la situación personal ocasiona esas sensaciones, si esa reflexión induce a sentimientos poco convencionales – el rechazo, el hastío, el agobio –pero esas circunstancias no los convierten en reprobables, sino en manifiestamente lógicos, Cusk inunda su corriente de conciencia de tópicos que, a pesar de su honestidad y sinceridad, parecen extraídos de una versión algo erudita y desganada de un diario de Bridget Jones, madre. Todo lo cual reduce el atractivo del texto.

Otros libros de Rachel Cusk reseñados en ULAD: aquí

miércoles, 29 de enero de 2025

Agustín Fernández Mallo: Madre de corazón atómico

Idioma original: español
Año de publicación: 2024.
Valoración:muy recomendable

 Madre de corazón atómico, empecemos por aclarar, es el libro más asequible de Fernández Mallo. Un autor que suele ser víctima de ciertas etiquetas que nunca sabemos si son atribuidas de forma solemne o con cierta ironía corrosiva: “postmoderno” “alternativo” “atrevido”. Depende de quién emplee ciertos apelativos, de los contextos de uso, algunos de ellos pueden parecer un encendido elogio (incuestionable, para mí, que tenga el mérito de situar cuestiones literarias en clave polémica, con lo adormecida que suele ser la escena local) o, por el contrario, desprender cierta sorna (de las minorías arremolinadas en sus ámbitos exclusivos de preservación de la pureza conceptual que solo ellos entienden). Pero uno puede (debería) leerle sin posicionarse de forma clara o exclusiva en un lado u otro de esta especie de dilema existencial. Mi experiencia con él es desigual, y ello obliga a la fuerza a coquetear con el territorio de la contradicción: sus obras oscilan entre el ejercicio de banalidad escorado hacia el pop hasta la glorificación irredenta de sus ídolos literarios (Borges, Sebald) ejecutada con los ineludibles pretextos eruditos que a tantos pueden crispar, pero aunque sus resultados puedan ser heterodoxos, no tengo duda de sus intenciones. Las de Madre de corazón atómico, cuya primera coartada contemporánea es tomar su título prestado de un álbum de Pink Floyd, son las de un escritor que ya cuenta con sobrada madurez en sus planteamientos como para que, en un eventual acceso a temas clásicos, se muestre seguro y desinhibido.

Porque este libro es un homenaje a la figura de su padre. A la manera del escritor, desviándose del foco central justo para que sus devaneos sean justificados y respetuosos, la pura estructura del libro ya muestra claramente en sus títulos (Antes, Después, Absolutamente después) que la muerte es el eje de la narración. Que eluda el consabido tono llorón y esquive el panegírico debe ser algo que consolide a Fernández Mallo como un muy buen escritor, al margen de los eventuales arqueos de ceja que puedan suscitar sus obras más osadas.Otra cosa (pero a ver si escritores canónicamente venerados como Vila-Matas no lo hacen también) es que algunas de sus obras traspasen límites que ofuscan a algunos - ser demasiado experimentales, cargar con alguna pretensión trans-género (literario, aclaro) o incluso perpetren algún sacrilegio. Pero aquí, en esta crónica personal cargada de anécdotas, de apuntes, de divagaciones, a lo que nos enfrentamos es a una narración vital, meditada pero espontánea, como un flujo constante que tiene amarras locales, como la habitación 405 en la que el escritor medita al pie de la cama en que su padre está en el hospital, y también enormes, y memorables salidas al espacio, con el escritor rememorando y evocando viajes tanto propios como ajenos, situaciones tanto lejanas como cercanas en el tiempo, e implicando hasta cierto punto al lector en esa especie de inevitable comunión inter-generacional a la que la vida parece empujarnos.

Apelar a Fernández Mallo de locuaz podría parecer un arma de doble filo. Aquí, por supuesto, están presentes muchos de sus trucos como escritor, desde la pura especulación verbal hasta el uso de ciertas metáforas eruditas. Están sus iconos y cierto coqueteo con la autoficción cuando entrevera tanta experiencia personal, sin intención de despistar o confundir. Las alusiones a otros canales al margen de la palabra escrita, desde su blog personal hasta imágenes propias de sus experiencias o de su vida profesional al margen de la literatura. También cierto compromiso social y un agradable aire de bitácora personal, con una perspectiva emocional pero nada plañidera. Son demasiados puntos a su favor para mantener el escepticismo, pero no hay que olvidar lo principal para los que por aquí transitamos: que leer este libro es una experiencia placentera.

 Otros libros de Fernández Mallo reseñados en ULAD aquí

lunes, 27 de mayo de 2024

Raynor Winn: El sendero de la sal


Idioma original:
inglés
Título original: The Salt Path. A memoir
Traducción: Lucía Barahona
Año de publicación: 2018
Valoración: está bien

 

Me resulta curioso que una editorial normalmente militante como Capitán Swing haya incorporado no sólo esa medallita (Best Seller internacional) sino también renunciado a su característica maquetación de portada para este libro. También, como no leí más que de soslayo la sinopsis pues mi interés surgió, creo, a raíz de algún comentario en Instagram, me sorprendió leer que no se trataba de una novela sino de una crónica personal de hechos que le sucedieron a la autora. Pero esto ya es un pequeño defecto propio, que peco de precipitación pues hay que cumplir semanalmente y ya, en caliente, acabado el libro, someterlo a un juicio inmediato, casi sin dejar que los rescoldos de su lectura se enfríen, no sea que me salga otra vez una pésima reseña.

Por completar los precedentes, esta  es una primera obra de una autora que, parece desprenderse también de ciertos comentarios en contraportada e incluso de los agradecimientos, decidió publicar su experiencia con ciertas intenciones de reciclaje profesional y obtuvo un éxito comercial de alcance, que, sin llegar a desconcertarme, si me provoca cierta sorpresa, pues si bien puedo llegar a estar de acuerdo con cierta definición - "una historia de esperanza" - su lectura no ha llegado a transmitirme una intención directa de reivindicar una actitud vital concreta, más que la constatación de la adaptabilidad a las situaciones como recurso lógico de cualquier individuo o, vamos a ser algo reduccionistas, especie animal. Raynor y Moth, su esposo con el que lleva décadas de matrimonio, sufren un duro avatar del destino y un juez los desposee de su casa, que gestionan como residencia turística. De golpe se ven a sí mismos sin hogar, sin trabajo, anegados de deudas, con edades difíciles, pasada la cincuentena, y con una circunstancia adicional: Moth, el marido, resulta diagnosticado de un raro trastorno neurológico incurable que no solo le acarreará dolores que le incapacitan para una vida cotidiana normal sino una perspectiva de un escaso tiempo de vida. Deciden recorrer a pie los mil y pocos kilómetros de la costa de Cornualles con sendas mochilas a cuestas, dormitando en una tienda precaria donde encuentren lugar cada noche y subsistiendo de una exigua ayuda semanal que van retirando en los cajeros de las poblaciones que van recorriendo. Cuestión que me genera mi primera suspicacia, que espero que nadie me replique de forma furibunda: ¿tienen dos hijos en edades universitarias y ninguno de ellos hace nada por evitar que sus padres puedan llevar a cabo una aventura tan dura e incierta? En todo caso, es una crónica personal y nadie dice que todo haya de ser coherente y completamente ceñido a una lógica. 

Porque entiendo que El sendero de la sal se interpreta en clave doblemente reivindicativa. O triplemente incluso. Lo implacable del sistema judicial ante las personas en situaciones de fragilidad, por un lado. Porque pasan de una existencia digna a la indigencia casi sin escalones intermedios. La persistencia del amor como elemento por encima de toda circunstancia, cuando la pareja decide mantenerse unida contra toda dificultad, incluso contra la advertencia médica de que ese peregrinaje por caminos costeros, por parajes inhóspitos y agrestes puede perjudicar la evolución de la enfermedad de Moth. Y el tercero, que lo siento pero ya desprende cierto tufillo, lo que se describe como "el poder regenerativo de la naturaleza", coartada esta que ya me despierta escepticismo pues ni esto es Walden ni cuenta que con el espíritu periodístico de Chatwin o Krakauer. La aventura es forzada y la pareja atraviesa sus vicisitudes en medio de precariedad, de condiciones difíciles, de situaciones al borde de la indignidad, no es que el texto refleje una queja constante pero sí un engañoso aire de buddy movie como si la población indigente o sin hogar tuviese un sentimiento colectivo de hermanamiento o, incluso, en un país asolado por el clasismo como el Reino Unido, todo el mundo estuviese dispuesto a ayudar a un par de personas mayores que trasiegan pesadas mochilas. Lo siento, esta parte no me la he creído, y en algún punto, pues lo más persistente del libro es su extensa y detallada descripción de los lugares y paisajes que ese sendero de mil kilómetros atraviesa, me ha parecido que esas excesivas trescientas páginas se escoran casi más hacia la guía de viajes o el folleto promocional que hacia el testimonio de la experiencia iniciática o casi catártica (qué superficiales somos por querer dormir a cubierto todas las noches) que el libro amaga, en su conjunto, en representar.

lunes, 29 de abril de 2024

Lucía Lijtmaer: Casi nada que ponerte


Idioma original:
español

Año de publicación: 2023 (reedición de un primer texto publicado en 2016)
Valoración:bastante recomendable

Lucía Lijtmaer (esta introducción empieza a ser algo repetitiva) es una presencia frecuente en los medios. Como crítica, como algo entre una tertuliana en ciertos circuitos alternativos, como agitadora cultural. Por supuesto, en sus artículos y sus libros, alguno de los cuales ya ha sido tratado aquí con una contundente opinión por parte de Beatriz: lectura obligada. Yo no voy a llegar tan lejos con esta, su primera obra publicada (oportunamente rescatada por Anagrama), pero he de decir que la sorpresa ha sido muy agradable. Lejos de encontrarme con una prosa condescendiente y proclive a la exhibición, se trata de un ejercicio honesto, casi osado para una primera obra, que abarca varios estilos.

Para empezar, podríamos emparentar Casi nada que ponerte con cierta corriente literaria que tiene que ver con la búsqueda de orígenes por parte de aquellos que viven lejos de sus lugares de procedencia. Lijtmaer se autodenomina catalana nacida en Argentina con apellido polaco (y judío, añade) y aunque el tono político no es el centro del relato, digamos que es una presencia subliminal constante y decidida por cuanto el relato se sitúa referencialmente en las consecuencias de las sucesivas oleadas provocadas por la inestabilidad en Argentina: la de las dictaduras, la del corralito. Lijtmaer regresa a su país de nacimiento para reportar la historia de Simón y Jorge, una pareja de empresarios del mundo de la moda que ya están en la fase de decadencia de su negocio y a los que, junto a otras personas (modelos, clientes) toma testimonio no solo de la evolución de la tienda en la que lo instalaron sino del propio itinerario de un país tan rico y atractivo como proclive a las convulsiones. El reportaje, básicamente constituído por entrevistas y diálogos, se articula en torno a las vicisitudes de la escritora en su regreso, año 2008, las evocaciones de las circunstancias que condujeron a que la familia se trasladara a Barcelona, no solo la suya sino la de otras familias argentinas, que salpimentan la narración y, paulatinamente, justifican una cierta paradoja: que el origen puede pesar en el corazón, pero la razón pesa lo suyo: Lijtmaer evoca esa Argentina en la que no ha vivido pero se reafirma en su decisión de mantenerse como está, que es lejos de ella en lo físico. Esos colosales trece mil kilómetros son mencionados en varias ocasiones.

Todo ello en casi doscientas páginas que se leen con interés, en las que Lijtmaer sortea hábilmente la inflamación, manteniendo un ritmo vivo y preciso, cuidando las formas de forma escrupulosa, lo cual descarta cualquier atisbo de oportunismo mediático. Estamos ante una narradora sincera, segura y sólida, cuya actitud se percibe claramente entre líneas, y este libro es cualquier cosa menos frívolo y ligero, al contrario, es un pretexto para un análisis particularmente acertado de esa nacionalidad, la argentina, que parece imprimir un cierto carácter.


lunes, 26 de febrero de 2024

Lea Ypi: Libre. El desafío de crecer en el fin de la historia



Idioma original: inglés
Título original: Free. Coming of Age at the End of History
Traducción: Cecilia Ceriani
Año de publicación: 2023
Valoración: muy recomendable.

 

Para la gran mayoría del planeta (no solo de sus vecinos de la vieja Europa) Albania fue, durante mucho tiempo, una especie de enigma absoluto, solo comparable al que, aún, y no sé si eso va a durar mucho tiempo, representa Corea del Norte. Un país aislado en su empecinamiento de representar un ejemplo de la aplicación de ciertos ideales que son, casi todos, perfectos en lo téorico y desastrosos en lo práctico (lo cual siempre se suele achacar a la naturaleza humana). Allá por el periodo posterior a la II Guerra Mundial y en el estéticamente fascinante periodo de la guerra fría, fue un pequeño territorio aislado, al lado de los Balcanes que se embarcó, liderado por uno de esos dudosos líderes, Enver Hoxha (que suelen compartir destino simbólico con otros dictadores cuando las enormes estatuas con sus efigies son abatidas entre alborozo general, y esas imágenes se constituyen en símbolos de la liberación de sus pueblos), en una suerte de regimen hermético, rechazando a partes iguales el imperialismo capitalista y el soviético.

Aunque la caída de este último fuera, pensemos que por capilaridad, lo que sumiría al país en una abrupta transición, no por casualidad contemporánea con la elevada inestabilidad en la zona que suele envolverse en el paraguas conceptual del conflicto de los Balcanes. Un aperturismo súbito y casi narcótico que sumió a sus habitantes en una desorientación de identidad que se redujo, en la práctica, a unas cuantas fotos sensacionalistas de buques llegando a puertos italianos repletos, sobre todo, de hombres de aspecto cansado y algo oscuro, como siempre, seguimos así, huyendo hacia un futuro mejor. 

Aún así, si a este humilde comentarista de lo cultural le preguntan por albaneses de origen, mi pareja de elegidos no puede ser más heterodoxa: Ismail Kadaré y Dua Lipa.

Lea Ypi ni siquiera figura en la escueta solapa de Libre como escritora, me atrevería a afirmar que, salvo que el éxito crítico de este libro provocara lo contrario, quedará como una especie de one hit wonder literaria, aunque es posible que se genere cierta curiosidad y se indague sobre artículos de perfil profesional, pues es profesora universitaria en Londres y Australia especializada en marxismo y teoría crítica, cuestión que surge en el texto y que aleja cierto fantasma al que este tipo de obras puede ser proclive. Ypi se declara marxista y este Libre no está escrito ni desde la nostalgia ni desde el rencor. Lo cual, como mi valoración ya os advertía, es un poderoso punto a favor. Ya desde la portada, una fotografía de una lata de Coca Cola vacía usada a modo de jarrón decorativo en una casa albanesa, se percibe lo que es Libre, y lo que justifica su subtítulo. El desafío de crecer en el fin de la historia. Pues Ypi es una niña, una adolescente que crece en un entorno que cambia a velocidad de vértigo. Que observa un mundo precario e hipercontrolado gobernado  por lo que poco cuesta verificar como absurdo: el racionamiento, las colas para acceder a los productos básicos, el control gubernamental especialmente (la envidia es la mejor espoleta para cualquier revolución) celoso en la  filtración de información respecto a lo que pasara más allá de sus fronteras. Una obsesión infantil: los albaneses aprendían italiano para ver frívolos programas de variedades de la RAI, porque otra obsesión de los regímenes dictatoriales es proclamar una especie de férrea moral pública donde cualquier desviación se contempla como un peligroso asomamiento a la posibilidad de la libertad de elección, individual y colectiva. 

Diría que debería haber un punto medio entre la cruel disyuntiva entre la democracia liberal, que deja a todos a su libre albedrío aunque lleve a la autodestrucción y ese estado incautador y paternalista que decide hasta el gusto que debe tener tu dentífrico. Es una vieja controversia, pero Ypi no se solaza en ella. Habla de la infancia y la juventud como patria de las personas, escribe con eficacia y oficio sobre esa vida en la que el aparato estatal captaba acólitos para denunciar ya no disidencia, sino semilla o incipiencia de ésta, de los tímidos conatos de apertura cuando Hoxha fallece y su red de funcionariado es incapaz de contener el estallido de la voluntad del pueblo. Habla de todos los eufemismos empleados en las conversaciones del día a día para evitar afrontar una realidad incómoda y asfixiante. Lo hace de un modo cercano y confidente, sea de anécdotas intrascendentes o de cuestiones como la separación familiar o el desarraigo. Al margen de que el tema pueda resultar, décadas después, fascinante y de interés, el resultado literario ya es muy valioso por sí solo.

sábado, 3 de febrero de 2024

Isaac Sánchez: El de la batamanta

Idioma original: Español
Año de publicación: 2023
Valoración: Está bien

En mi adolescencia veía religiosamente todos los vídeos de Loulogio, uno de los primeros youtubers hispanos. Y aunque con el tiempo he ido distanciándome de su contenido audiovisual, pues mis intereses y sentido del humor han madurado en una dirección distinta a la de Isaac Sánchez, sigo teniéndole mucho cariño a aquel que se hallaba tras bizarradas como Televisión culturalLa mejor escena de ninjas de la historia del cine o Las alucinantes aventuras de Anselmo.  

¿Cómo no voy a sentir aprecio por Isaac? Le debo muchas horas de entretenimiento durante mi juventud. También valoro sobremanera que se distanciara paulatinamente de la figura de Loulogio y retomara su verdadera vocación: dibujar cómics.

De él ya leí Baños Pleamar. Y ahora he disfrutado de su siguiente novela gráfica, El de la batamanta. La cual me parece, al igual que su predecesora, irregular pero prometedora, y tiene también paletadas autobiográficas y humorísticas.

¿De qué trata? Pues bien, es un retrato de la vida actual del autor. Hace especial énfasis en su transición de estrella de YouTube a dibujante de cómics y lo muestra superando una crisis existencial-laboral-afectiva. El punto de partida, muy bien escogido, es la mudanza al barrio madrileño de Prosperidad. Hay algunos "gags" recurrentes bastante divertidos, un par de misterios curiosos y personajes que, sin ser complejos o memorables, logran que se les coja cariño. 

Quizá los apartados más logrados de El de la batamanta sean el sustrato emocional del argumento, la estructura narrativa y las originales transiciones que engarzan distintas secuencias. En cambio, la faceta gráfica se antoja algo inconsistente, y combina decisiones estilísticas muy ingeniosas con otras tirando a cuestionables. 

Sea como fuere, El de la batamanta es una novela gráfica ligera, divertida y puntualmente ocurrente. La recomiendo a los admiradores de Isaac que amen sus dotes de monologuista o su forma de relatar historias, presentes en el guión y la estructura de la obra respectivamente. También a profanos que simplemente amen el medio y quieran conocer a un autor que, cuando está inspirado, es capaz de realizar auténticos milagros en lo que a emotividad y despliegue visual atañe.




También de Isaac Sánchez en ULAD: Baños Pleamar

sábado, 6 de enero de 2024

Daniel Schreiber: La última copa

Idioma original: alemán
Título original: Nuchtern
Traducción: José Aníbal Campos
Año de publicación: 2020
Valoración: se deja leer

Reconozco que hay un clásico de la literatura alcohólica que me dejó absolutamente frío, hace ya algunos lustros. La leyenda del santo bebedor me pareció cansino, casi ingenuo y muy previsible. El matiz sobre las opiniones que el tiempo aporta igual me haría reconsiderar una nueva lectura. Pero, en general, reconozco que suelo dar oportunidades a los libros sobre adicciones, quizás, vete a saber, porque (con la excepción  de algunos excesos de juventud) jamás he caído en ellas, quizás más justo sea decir que no he caído en las que homologamos como dañinas. Convengamos que es una vertiente práctica del consumo literario: ponernos en la piel de aquellos que han experimentado lo que nosotros no. 

En este sentido, La última copa representaría una puesta al día bastante eficaz de perspectiva sobre al alcoholismo. La de un joven con cierto reconocimiento profesional - escritor, periodista - que cae en el vicio de forma progresiva pero consciente y, también de forma consciente, toma la determinación de salir de él y, ya puestos, de compartir esa experiencia, ese intento articulado de salida de la adicción. Aquí podriámos disertar sobre la hipocresía social arraigadísima que también funcionaba hasta hace unas décadas sobre el tabaco. Porque el alcohol es pernicioso pero las marcas de cerveza patrocinan festivales de música, equipos de fútbol, eventos de todo tipo. Qué decir de la erótica algo tiznada de clasismo de las vinotecas y las visitas a las bodegas, como si uno no pudiera coger un colocón con apenas tres copas de vino, después de  comprar la coartada cultural y tradicional de lo gastronómico y como si su graduación alcohólica fuese admisible porque cumplimos con ritos culinarios de nuestra sofisticada civilización. De los licores de alta graduación ya ni hablemos.

En fin, me iba del tema. El alcohol está arraigado en nuestra sociedad, cuenta con una industria que esquiva las normativas para promocionarse, expandirse y lavar su conciencia, y las cifras de muertos solo surgen de vez en cuando. Schreiber ofrece su experiencia, una experiencia algo estandarizada donde sucede lo que suele suceder: sutil presión social, fácil acceso, consumo público o privado sin levantar sospechas, reconocimiento de la adicción, búsqueda de ayuda, valoración del riesgo de recaída, etc, etc, etc.

Y ese es el problema; el "etc". Ese "etc" viene a significar que todo lo leído aquí puede ser leído en cualquier otro contexto, en otra situación y con otros protagonistas, muchos de ellos, ya puestos, con peores perspectivas vitales que un joven profesional de una nación que es una potencia de Occidente. O sea, Schreiber podría hablar de alcohol o de cómo le duele una muela o la pereza que le da ir al supermercado el fin de semana y todo parecería tan correcto, tan funcional, como intrascendente, como si no hubiera otros muchos a los que sucedan cosas que a los lectores no tienen por qué interesar. La cosa de la autoficción de que hablamos aquí hace años. Y aderezar esa experiencia disfrazándola de ensayo, y que ese ensayo evolucione y llegue a coquetear con, argh, la autoayuda en el momento que el autor ofrece su experiencia para quien pueda aprender o inspirarse en ella...



viernes, 7 de julio de 2023

Reseña a cuatro manos: El largo viaje, de Jorge Semprún

Idioma original: Francés
Título original: Le grand voyage
Año de publicación: 1963
Traducción: Jacqueline y Rafael Conté
Valoración: Muy recomendable 

El viaje al campo de concentración de Buchenwald "apenas" duró cuatro días y cinco noches, pero el antes, el durante y el después quedan grabados en la memoria de forma indeleble y dan sentido al título del libro escrito por Jorge Semprún (también conocido como Federico Sánchez), quien entre otras cosas fue guerrillero antifascista, superviviente de los campos de concentración, miembro del Comité Central del PCE, escritor, guionista, Ministro de Cultura en uno de los gobiernos de Felipe González, etc.

Centrándonos en el texto que hoy traemos a ULAD, lo primero que debemos aclarar es que El largo viaje no es un libro sobre la experiencia del campo de concentración. O, al menos, no es un libro cuyo centro lo ocupe la experiencia física del campo. Tampoco el viaje hace referencia al viaje "en sí", a ese traslado en un vagón de mercancías o de ganado con decenas de individuos hacinados, algunos muertos durante el trayecto, sino que se trata una especie de viaje interior en el que Semprún pasa revista a su experiencia desde que se enrola en la Resistencia hasta que, finalizada la guerra y liberados los campos, regresa al mundo exterior.

Así, el traslado a Buchenwald abre el libro y da pie a diferentes recuerdos, reflexiones, experiencias personales en las que predomina una visón subjetiva y fraccionaria que condiciona la estructura "desordenada" del texto, en el que no hallaremos apartados ni cronología precisa, y que lo separa de la crónica, tantas veces vista y leída, de los espantos de la época, y que lo sitúa en un lugar de excepción en la literatura concentracionaria.

Es evidente que el horror y la muerte están por todas partes y el libro es terrible y doloroso pero, como decíamos antes, el campo es más una presencia y un destino que sirven como ejes sobre el que pivota el texto. Y aunque pueda resultar llamativo el escaso espacio que el autor dedica a lo que es estrictamente la experiencia en Buchenwald (es extraño que alguien que lo ha vivido no emplee sin freno páginas y más páginas a describir las atrocidades, y quizá la única de ellas que relata con detalle es la matanza de un grupo de niños judíos descubiertos en un tren), la clave está en el tiempo. Por una parte, los diversos saltos temporales sirven para que Semprún ofrezca un amplio cuadro sobre la Europa de los años 30, 40 y 50; por otro, los años transcurridos desde los dramáticos acontecimientos sirven para ofrecer una mirada más "fría" o más analítica de la pudiera resultar al calor del momento. 

Puestos a elegir, nos quedamos con esa vertiente reflexiva o introspectiva del texto en la que el autor se plantea cuestiones tales como la actitud de la gente "corriente" ante el horror o la influencia de las circunstancias sociales / personales a la hora de determinar en qué lado de la trinchera caemos, en la que Semprún muestra que las heridas del horror permanecen durante largo tiempo y determinan relaciones y vivencias futuras. Es curiosamente en ese terreno de la introspección donde encontramos algunas de las escenas más impresionantes: la visita a una casa con la única intención de observar el campo de concentración desde fuera, como lo vieron durante años aquellos campesinos mientras los internos morían apaleados o incinerados; la charla en una cárcel francesa con el guardián alemán, alguien aparentemente 'normal' que pudo haber caído en cualquiera de los bandos; o esa reflexión sobre cómo la idea de 'lo inconcebible' deja de tener sentido en cuanto alguien entra en un campo de exterminio.

No conocemos el tanto de ficción que puede haber en el texto, que entendemos que lo hay. Pero parece muy claro que la experiencia y las sensaciones vividas fueron tan poderosas que los años transcurridos hasta la publicación del libro, aunque las han podido deformar o enriquecer, de ninguna manera han hecho decaer la intensidad y honestidad de lo relatado. Por resumir, El largo viaje es uno de esos textos de obligada lectura, tanto por lo que supone de recorrido por la terrible historia de Europa en la primera mitad del siglo XX como por lo que representa dentro de la amplia literatura sobre los campos de concentración.

Firmado: Koldo y Carlos

Otras obras de Jorge Semprún en ULADViviré con su nombre, morirá con el míoLa escritura o la vida

sábado, 27 de agosto de 2022

Isaac Sánchez: Baños Pleamar

Idioma original: Español
Año de publicación: 2022
Valoración: Entre recomendable y está bien

Baños Pleamar es una novela gráfica de Isaac Sánchez. Narra, a modo de crónica, las visicitudes de la familia del autor. Se ambienta en la Badalona de los años 90.

Su apartado narrativo me parece reivindicable. La historia en conjunto emociona, hay capítulos muy bien escritos, su sentido del humor suele cuajar, los temas se exponen con claridad y el elenco de protagonistas ha sido adecuadamente caracterizado. Quizá, eso sí, le reprocharía que ciertas subtramas no llegan a fraguar nunca, pero son las más anecdóticas, por lo que tampoco se las echa en falta. 

Asimismo, su faceta gráfica no me ha acabado de convencer. El estilo artístico se antoja inconsistente, los escenarios y fondos pecan de indefinición, el uso del color tiende a la saturación. En cualquier caso, se compensa estas carencias con el acertado uso de referencias visuales y la originalidad de determinadas secuencias. 

Por todo lo dicho, Baños Pleamar es una obra recomendable. Sus defectillos se balancean gracias a una serie de virtudes nada desdeñables; sus enfoques autobiográfico y nostálgico adquieren interés apelando a lo universal. ¡Buen trabajo, Isaac!


También de Isaac Sánchez en ULAD: El de la batamanta

miércoles, 9 de febrero de 2022

Elena Gorokhova: Un montón de migajas

Idioma original: inglés

Título original: A Mountain of Crumbs

Año de publicación: 2010 (En castellano: 2019)

Valoración: Bastante recomendable



Una abuela sufre porque su nieta más pequeña llora ante el plato casi vacío. No tiene más para darle, no le puede llenar el estómago pero sí puede colmar su mirada. El hambre será la misma pero la niña no tendrá delante un trozo de pan seco y un terrón de azúcar sino dos platos, en uno un montón de migajas, en el otro una montañita de azúcar machacado, tardará más tiempo en pellizcar una a una todas esas menudencias y el engaño la mantendrá contenta hasta que su estómago vuelva a quejarse. Son estratagemas de la pobreza, presente en todas las sociedades, pero de la que se puede hablar con libertad, a no ser que el fingimiento (vranyo) constituya la base de la convivencia (“Oculta tus pensamientos –decía siempre mi abuela– lo que llevas dentro no lo puede tocar nadie”). Esta es la historia de la infancia y primera juventud de la autora, nacida en 1955 en el Leningrado soviético y criada en una hipocresía que detesta. Por eso, desde que tiene uso de razón su único objetivo es escapar y, de alguna forma más o menos consciente, a sus diez años pone en marcha un plan, banal en apariencia pero, tal como su padre intuía, muy inteligente: aprender inglés, el idioma del capitalismo.

A través de los perspicaces ojos de una niña y de una adulta joven, Gorokhova nos muestra cómo fueron las décadas de los 60-70 del siglo pasado en su país natal y sus precedentes: la Segunda Guerra Mundial basándose en las experiencias maternas. Y lo hace narrando hechos concretos, reviviendo situaciones, describiendo lugares y objetos, pero también, y de forma muy relevante, a través de metáforas. (“Qué extraño, me digo, que una palabra inglesa no tenga traducción. ¿Significa eso que los ingleses saben algo que nosotros no sabemos? ¿Acaso la misteriosa “privacidad” es un invento del capitalismo occidental, algo que a nosotros, herederos únicos de un brillante futuro, nos falta?”) Esa perspectiva, al principio necesariamente ingenua y luego cada vez más cínica según sus propias palabras, tiene su dosis de amargura, ciertamente, pero también de nostalgia y de un amor incuestionable al país y a la ciudad donde nació, sus monumentos, la naturaleza, estaciones del año, seres queridos, primeras experiencias y aprendizajes, en fin, todo lo que le ha conformado como la persona que es. No hay que dejarse engañar por esa costra crítica, difícil de disolver para el lector pero que encubre un evidente sentimiento de pérdida. Este es el elemento común a todos los relatos de inmigración. Pero, aunque estas memorias terminan con su partida y por tanto el asunto del desarraigo queda fuera de foco, el sentimiento de pérdida que siente la mujer que escribe, ya en la madurez, su apego a todo lo que dejó atrás queda patente a poco que sepamos leer entre líneas. El exilio le ha proporcionado un bienestar y una libertad de movimientos a los que no renunciaría por nada, ni siquiera por recuperar esas raíces que se arrancó de cuajo en su momento, pero la herida permanece más fresca de lo que querría reconocer y reconocerse.

Esto es tan incuestionable como que la trayectoria de Rusia y la de Elena/personaje están tan indisolublemente unidas, piel con piel, como dos siamesas, y eso hace imposible separarlas: (“Nacida tres años antes de que Rusia se convirtiera en la Unión Soviética, mi madre acabó siendo un reflejo de mi patria, autoritaria, protectora y difícil de abandonar”). Las peripecias que se narran en este relato de iniciación no muestran una historia individual sino la idiosincrasia e historia del país filtrándose a través de sus pensamientos. Cada reflexión, sentimiento o anécdota son el reflejo de unas circunstancias que no puede cambiar y que levantan ampollas en lo más hondo de sí misma. Su clarividencia, la fuerza de esas vivencias, el valor de universalidad que es capaz de atribuirles nos interesa y conmueve de principio a fin y a la vez le otorgan un carácter épico.

Amena, divertida, acida, sensible, ferozmente iconoclasta, sarcástica, precavida en su atrevimiento, así es la protagonista de esta biografía y la biografía en sí misma. Gorokhova ha necesitado muchos años para encontrar el enfoque adecuado a un texto catártico cuya existencia era más que necesaria. Pero queda algo más: la traducción, sería injusto olvidarme de ella. Solemos decir que un buen traductor es el que no se deja ver, y es la pura realidad en la mayor parte de los casos. Aquí, sin embargo, hacía falta una mano amiga que nos acompañara en nuestra trayectoria, nos explicara el significado de objetos, costumbres y dichos, fuera dándonos pistas en el mismo cuerpo de la obra sin necesidad de consultar montones de notas a pie de página. Y eso está logrado. Una lectura que fluye sin tropiezos superando barreras culturales, como si esa mujer que nos habla estuviera aquí mismo, al otro lado de una taza de café.

Traducción: Carles Andreu

lunes, 31 de enero de 2022

Philip Roth: Patrimonio. Una historia verdadera


Idioma original:  inglés

Título original: Patrimony. A true story.

Año de publicación: 1993

Traducción: Ramón Buenaventura

Valoración: muy recomendable

Haré un esfuerzo titánico por no blandir esta reseña al lamentablemente nutrido grupo de los escritores asidos a la nostalgia. Ese deprimente club que resulta ser el preferido de una estimable masa lectora. Pero es que Philip Roth consigue tratar un texto de un tema tan peliagudo (el declive físico y fallecimiento de su padre Herman Roth) combinando versatilidad como escritor y a la vez fidelidad al estilo que marcó su obra de ficción, obviamente eligiendo un tono aquí más comedido, pero sin caer en el artificio de la solemnidad sobrevenida, ese lastre que señala de forma implacable a los impostores (me ciño a mi promesa) que parecen sacar la caja de kleenex sobre la mesa cuando se ponen serios como para proclamar que ahora toca llorar.

Y puede que Philip Roth no cuente en su obra con ninguna descollante obra maestra de las que salen en las listas de los xxx mejores libros del siglo, pero ya va una serie de obras suyas que, en su conjunto, integran una aportación descomunal a la literatura contemporánea. Por compararlo con (este aún vivo) otro eterno aspirante al Nobel como Don De Lillo: Roth no tiene una obra tan brillante como Ruido de fondo ni tampoco una piedra en el zapato como Cosmopolis o Body Paint. Y menciono esta última porque cuando intenté leerla siempre acudía a mí un pensamiento algo incorrecto: ¿a mí que me importan las vidas de estos dos viejos? 

Pues con Roth esto no ha sucedido: Patrimonio, que para más inri es una obra de corte autobiográfico, ergo no cuenta con la licencia creativa de diseñar personajes que atraigan al lector, nos presenta a un anciano de ochenta y seis años que lleva varios años viudo. Que empieza a apreciar el deterioro físico y que se muestra reticente a generar molestias, aceptando a regañadientes (y por el camino comportándose como un hombre algo arrogante y escéptico) someterse al cruel vía crucis de los especialistas médicos hasta que, a pesar de los denodados y piadosos esfuerzos de los familiares por atenuar las malas noticias, conoce sin lugar a dudas su condición de enfermo de muy mala expectativa. Nos presenta a Philip Roth, su hijo, bregando con la situación, encargándose en primera persona de los aspectos logísticos, absorto en ello hasta el punto de ser incapaz de leer, de escribir, representando un papel realista y cariacontecido, no abrumado, no angustiado, sino dando testimonio de una envidiable madurez que trasluce en una prosa espléndida, de una naturalidad y una pasmosa cercanía con el lector. Un lector que no puede ser universal, porque este no es un libro para cualquier ocasión ni para todas las circunstancias, pero que asiste aquí, de una manera inesperada, a un magistral ejercicio de introspección.

Otros libros de Philip Roth en ULAD: aquí

martes, 20 de julio de 2021

Anna Wiener: Valle inquietante

Idioma original: inglés

Título original: Uncanny Valley

Año de publicación: 2021

Traducción: Javier Calvo

Valoración: está bien

Por casualidades de la vida, conozco a algún joven emprendedor que, malentendiendo el mensaje tan extendido en el capitalismo a ultranza más reciente, se ha lanzado tan a lo loco a abrazar el nuevo maná (la independencia financiera) que puede que acabe con sus huesos en la cárcel, si no escrupulosamente destrozados por alguien, encargado por otro alguien a quien se le haya agotado la paciencia cuando no recupera el capital de cierta inversión que iba a ser la garantía de su riqueza. Ese mensaje se ha instaurado incluso en la cultura popular: C Tangana habla de Gucci, de Lambos, de Porsches, y a los adolescentes los intimidan por la calle para conseguir dinero para una chaqueta de chándal Armani. No sé si ello se llama dejarse seducir o sucumbir,  no sé si tanto icono mal entendido deja escapar mensajes que nada tienen que ver con lo comúnmente aceptado, no negaré que sea un estereotipo de las sociedades occidentales, de formarse lo mejor posible para ganarse la vida dignamente, esperando que el esfuerzo y el talento de uno sea reconocido lo suficiente para subsistir. 

Lamentablemente esto no es lo que se preconiza. Y me hubiera gustado que Anna Wiener fuera algo más clara y contundente en su crítica, o que esa sensación fuera más diáfana y decidida. Wiener hace una crónica de su periodo laboral en el entorno de las start-up. Esas empresas del ámbito informático que se creaban al amparo de la explosión tecnológica y sus sucesivas detonaciones. Internet, los smartphones, las Apps, las redes sociales, los buscadores, cada vez que estudiantes con talento u olfato u originalidad para proyectar sus inquietudes, lo que sea, conseguían (en rondas de financiación, en captaciones de mecenazgo, en intereses de los todopoderosos grupos implantados en el sector - una pista, sin algunos de ellos ni yo escribiría esto ni tú lo leerías) escandalosas cifras de dinero, millones de dólares a cambio de apenas códigos surgidos de su cabeza. muchas de ellas herramientas que el profano no tiene idea de para qué sirven, pero hablamos de una especie de locura colectiva, el descubrimiento de un nuevo pretexto no solo para hurgar el bolsillo del usuario sino para mantener la mano permanentemente en ella. Wiener surge del romántico mundo de la edición y su trayectoria profesional la acaba llevando, saltando al mundo de las mencionadas start-up donde 1) ganará más dinero del que cree incluso merecer 2) constatará que sus jefes no suelen ser más que los que podrían ser amigos o compañeros de carrera que han tenido la suerte de tener, o saber vender, una idea antes que nadie 3) que ese es un mundo dominado por los varones, que no dejan de comportarse como los nerds que siempre serían, pero con a) inversores que presionan para obtener beneficios b) competidores que les zancadillean c) valores éticos y sociales que, para progresar, tienen que ser puestos en un rincón y observados solo de vez en cuando.

Y Wiener llena esas 300 páginas de crónica con sus reflexiones de joven profesional ligeramente desubicada y sus eternas ganas de poder dedicarse a algo más éticamente estético, pero ah, el dinero. Las altas nóminas, las ventajas sociales, el atípico glamour de estar en el centro del mundo, todo el pack parece ser seductor, pero Wiener hace patente su desubicación tanto desde una óptica de encaje profesional como desde el aspecto personal. Una situación que no pocos podrían suscribir pero con algo hay que ganarse la vida. Opta por el circunloquio (lógicamente para evitar eventuales acciones legales) a la hora de mencionar a las grandes compañías del sector: Amazon, Google, Facebook, Microsoft se esconden tras definiciones obvias. Pero sus dardos no son envenenados. Apenas cierta corriente reivindicativa sobre la escasa paridad de géneros especialmente en las altas esferas. Una tenue denuncia del modus operandi de las empresas, sobre todo en lo concerniente a la protección de datos y el uso de estos como mayor activo de muchas compañías. Una sospecha con olor a fenómeno viral, como si no supiéramos que nuestras búsquedas, historiales, etc. están interconectados. Bien explicado, convenientemente salteado con escasas experiencias de su vida personal. Supongo que una manera como otra de sugerir que los draconianos horarios exigidos por esas corporaciones apenas dejan resquicio al ocio, y que este suele andar aparejado con los excesos propios de las tiernas edades de los protagonistas. No es que el libro no me haya resultado revelador o incluso confirmador de ciertas sospechas, pero me da la impresión que el impacto es realmente escaso para tanta carrerilla.

lunes, 21 de junio de 2021

Jorge Carrión: Lo viral


Idioma original: español

Año de publicación: 2020

Valoración: bastante recomendable


Pues me ha gustado mucho este Lo viral de Jorge Carrión. Y que no os suene tibia la valoración: bastante recomendable se queda muy cerca del muy recomendable simplemente porque me ha parecido que a Carrión le ha faltado un punto de ambición (quizás otro formato, unas decenas más de páginas) para coronar a este libro entre sus mejores ensayos o lo que sea, y puede que ese sacrificio lo haya hecho en aras de la inmediatez, que no en vano (igual que Zizek con Pandemia!) los libros que han situado la situación del COVID-19 en el centro de sus temáticas lo han hecho muy conscientes de que (entre oleadas, toques de queda y ritmos de vacunación) la actualidad mutaba constantemente y cualquier texto corría el riesgo de quedar obsoleto en apenas unas semanas. Y Carrión, casi siempre un narrador/cronista/ensayista dado a la contundencia en sus afirmaciones (que aquí también se halla presente, y yo le he obedecido leyendo y reseñando Aqui) se muestra vulnerable, no quizás frágil o timorato sino más bien acojonado por el devenir de los hechos. 

Estructurado como un diario sumamente ágil e interesante, le agradezco a Carrión que su obsesión reflejada en Contra Amazon se limite aquí a unas ligeras reverberaciones y que haya centrado el texto en su experiencia personal: el 13 de Marzo de 2020, día en que se decreta el Estado de Alarma en el estado español, a partir del cual la población empezará a incorporar a velocidad de vértigo todo tipo de conceptos relacionados con la epidemiología hace las veces, hacia la mitad del texto, de punto de inflexión entre un texto premonitorio, cuajado de experiencias previas en el ámbito cultural, donde se aborda el concepto antiguamente conocido como viralidad (sobredivulgación, usualmente vía Internet y RRSS de algún tipo de hecho informativo, muy habitualmente sesgado o directamente falso) a través de un nutrido reguero de recomendaciones y comentarios. Un diario que Carrión declara no haberse iniciado con la misma intención con la que acabó. Porque Carrión, uno (se me ocurren pocos más, no me obstino en nombrarlos) de los culos más inquietos del panorama cultural peninsular, cambia el tono, ya lo había cambiado a finales de febrero a medida que las noticias se hacían inquietantes, y se convierte, como muchos de nosotros, en una persona (en su caso, siendo capaz de transmitirlo en sus textos) agobiada y superada por una realidad que va a dejar, a parte del trágico balance de víctimas, poco más en la humanidad que una experiencia que explicar y que acumular. Por hastío, por rebeldía, por necesidad de recuperar ese ¿equilibrio? anterior, la sociedad corre a recuperar su existencia anterior en la medida de lo posible, y, lamentémonos si queremos, pero es así, tomando cada centímetro que se cede de las libertades cercenadas. Horarios, aforos, asistencia a lugares y eventos, progresivo decaimiento de prohibiciones y limitaciones.

Carrión no llega hasta tan lejos. El diario se corta y se publica hasta mayo de 2020, fecha en que se acuña un nuevo y pomposo concepto (la Nueva Normalidad) y en el que Carrión da por concluida la fase dura del proceso. Quedan fuera, y he de decir que no me importaría nada asistir a un Lo viral 2.0, toda la esperanzadora cuestión de las vacunas, el toque de queda, las oleadas tras el verano... Pero Carrión encaja el golpe de y testifica la adaptación forzada de los hábitos de consumo cultural, el ingenio de algunos creadores, la alternativa del hogar confinado como centro de producción, y de todo ello, intercalando experiencia personal desacomplejada y análisis cultural de alto calado, extrae un texto exógeno, dinámico, esperanzado y despojado de obsesiones. Y tan logrado que, a diferencia de Zizek, me niego a otorgarle fecha de caducidad.


lunes, 19 de abril de 2021

Kim Thúy: Ru

Idioma original: francés

Título original: Ru

Traducción: Julián Rodríguez

Año de publicación: 2009 (en castellano, 2020)

Valoración: Recomendable alto


Sobre la guerra de Vietnam hemos leído y, sobre todo, visto ya muchas cosas, siempre, o casi, desde la perspectiva norteamericana: el horror de una guerra salvaje, el calor y la jungla enloquecedora, el enemigo taimado y sanguinario, las atrocidades propias y ajenas en una contienda en la que el Tío Sam nunca debió meterse, según entendió un floreciente movimiento pacifista. Lo que ya nos es menos conocido es la suerte que pudo correr la población civil, la tragedia de un país dividido no solo por una frontera sino por un abismo de odios irreductibles, sectarismo primitivo y sangrantes diferencias de clase. Aunque realmente tampoco nos es difícil imaginar algo parecido sin equivocarnos mucho, a fin de cuentas hablamos de una guerra civil, con el desgarro que siempre lleva consigo.

Una de sus consecuencias más habituales –y que también aquí conocemos bien- es el exilio, la huida de quienes se sienten amenazados por la guerra misma o por sus vencedores, esa estampa a veces de familias enteras, otras de niños solos, enviados a cualquier parte donde se supusiera que estarían más seguros. Aunque desconozco hasta qué punto este libro puede incorporar elementos de ficción (que yo creo que ninguno, o muy pocos), parece ser que Kim Thúy pertenecía a una familia bien, incluso algo más que bien, de Saigon, que con el acceso al poder de los comunistas no dudan en escapar para salvar su vida y lo que se pudiera de su patrimonio.

La peripecia resulta, como cabe esperar, bastante terrorífica, con gran número de personas hacinadas en barcos en condiciones deplorables, sin una idea exacta de a dónde van a ir a parar y esperando a cada minuto el ataque de piratas que se entiende que no tendrán muchos miramientos con bienes o personas. Llega finalmente el asentamiento de los refugiados en Canadá, donde reciben buen trato y luchan por iniciar una nueva vida en lugar tan extraño y lejano, donde el frío y la nieve han sustituido de golpe el clima monzónico, las costumbres y el idioma chocan con sus tradiciones, y cualquier trabajo será bueno para intentar salir adelante. El shock de abandonar la tierra, de enfrentarse a una cultura diferente y tener que luchar por sobrevivir, el desarraigo y la estupefacción ante lo desconocido hacen que Kim pierda el habla al tiempo que se asombra ante los cuerpos tan diferentes de aquellos desconocidos occidentales.

Ese es un poco el relato lineal que pudo haber sido Ru de haber tenido el formato digamos convencional de una crónica autobiográfica. En definitiva, algo no muy diferente de lo que hemos podido leer con ocasión de tantas otras penalidades de gentes expulsadas por la guerra o el hambre. Sin embargo, el libro tiene en mi opinión un interés adicional. No se trata de una narración cronológica, sino de una colección de imágenes aisladas, pequeñas píldoras de recuerdos entremezclados que muestran sensaciones, momentos o reflexiones que se acumulan en desorden, como una caja llena de fotos que examinamos de forma aleatoria, sin que todavía hayan llegado a componer un álbum. El conjunto proyecta así un cuadro complejo, a veces contradictorio, por el que discurren la nostalgia, el miedo y los secretos familiares, un collage que va saltando en el tiempo y en el espacio pero que, si nos fijamos en los detalles, está muy bien construido, con hilos a veces poco visibles, en ocasiones buscando los contrastes o dejando que fluyan secuencias sutilmente relacionadas. No creo que esto sea fruto de la simple intuición, me parece que hay detrás mucha reflexión y buenas dosis de talento para organizar un puzle con todo el sentido.

Quizá lo que más llama la atención es el estilo. La primera impresión es la de una prosa que se acerca a lo poético, contenida e intimista, como de quien no quiere transmitir un exceso de emociones ante estímulos tan fuertes como los que se suponen en una situación tan dolorosa. Contemplamos pequeñas inyecciones de imágenes que se ofrecen con solo lo imprescindible para que sea el lector quien por sí mismo evalúe el sufrimiento que llevan consigo. Ese contraste entre el medio y el mensaje es una técnica narrativa que no es nueva en absoluto, pero que la autora pone en práctica con tanta destreza como naturalidad. Ejemplo:

´Las carreteras estaban sembradas de profundas grietas. Los rebeldes comunistas las minaban por la noche y los militares proamericanos desactivaban las minas durante el día. A veces, una estallaba. Entonces, era preciso esperar a que los militares taparan los agujeros y recogieran los restos humanos. Un día, una mujer quedó destrozada, rodeada de flores de calabaza amarillas, diseminadas, desmenuzadas. Sin duda iba camino del mercado para venderlas. Tal vez encontraran también el cuerpo de su bebé al borde de la carretera’.

Al hilo de esa contención (podríamos decir autocontrol) y esa naturalidad la sensación que gana terreno es la de una rara frialdad. Resulta difícil pensar que esas experiencias traumáticas puedan describirse como lo hace Thúy sin que hayan sido asimiladas y digeridas para formar parte del pasado y solo del pasado, algo que forma parte del equipaje, que no se olvida y de lo que se sacan enseñanzas (lecciones que intenta transmitir a sus hijos), pero que no es un lastre, que no condiciona el presente o el futuro. Kim parece revestida de una coraza, tal vez es algo genético, o la fortaleza de quien ha tocado fondo, o que de alguna manera se ha mimetizado absolutamente en el mundo occidental que le acogió: ‘Ya no tenía derecho a llamarme vietnamita porque había perdido su fragilidad, su incertidumbre, sus miedos’.

Es un proceso que estremece un poco, tanto o casi tanto como el relato de los horrores vividos, y trasladado al libro produce un efecto emocionante, ligeramente hipnótico, que le da un valor especial, el de alguien que ni se regodea en el sufrimiento ni hace bandera (exhibición) de la fortaleza y la superación. Sin hipérboles ni adjetivaciones grandilocuentes. Esto ya es mucho, visto lo que se lee por ahí. Si ese aplomo se combina con la destreza necesaria para componer un relato muy personal, preciso y equilibrado, el resultado es un texto que merece realmente la pena. 


sábado, 20 de marzo de 2021

Peter Hook: The Haçienda. Cómo no dirigir un club

Idioma original: inglés

Título original: The Haçienda. How not to run a club

Año de publicación: 2010

Traducción: Federico Corriente

Valoración: bastante recomendable 

Aclaraciones preliminares: ni Peter Hook va a desarrollar una  carrera  literaria ni el estilo de este libro tiene lo más mínimo de depurado (de hecho, más de una expresión es pura jerga) ni, por supuesto, tiene la más remota pretensión de auparse a lista alguna o selección ni siquiera del opinador literario más snob o cool o dilettante.

Con lo que ahora he de dedicar los siguientes párrafos (tranquilo, no serán muchos que hoy es sábado y hay cosas que hacer) a explicar por qué me ha parecido un libro tan divertido y estoy valorando si ese bastante recomendable no debería ser un muy, pero prefiero no exponerme a los puristas y definir un poco de qué trata antes de entrar en valoraciones osadas basadas en argumentos más peregrinos.

Presentemos al autor: Peter Hook tocaba el bajo en dos de las bandas más influyentes de la música: Joy Division y New Order. Era el tipo que se dejaba el cinto de colgar el instrumento tan largo que este prácticamente quedaba a dos palmos del suelo y se veía obligado a tocar encorvado, sin mirar al público en una especie de característico ensimismamiento forzado. Cientos de bajistas han imitado tan característica pose pero pocos han sido capaces de obtener su personal burbujeo sonoro. Pero The Haçienda... no es un libro sobre música. Es un libro escrito por un tipo que se hizo célebre como músico y componente de esas bandas para pasar a tomar todas las decisiones equivocadas, que es lo que aquí narra y relaciona y que muy bien pudiera resumirse con la frase aquella de zapatero a tus zapatos. En este libro, que cubre con cierto lujo de detalles (relaciones de los eventos organizados jalonan los capítulos dedicados a cada año, junto a deprimentes balances económicos que muestran el descorazonador devenir del negocio) el recorrido vital de The Haçienda, emblemático club  situado en Manchester que el sello Factory promovió, financiado casi exclusivamente con los beneficios procedentes de las ventas de los discos de las bandas mencionadas y los de las respectivas giras, Hook detalla, desde la fina ironía del título presente en cada página, cómo esos músicos se meten, aconsejados por cierta euforia situacional en la que el ímpetu juvenil tendrá algo que ver, a propietarios y gestores de un club de enorme éxito e influencia. Una sala de conciertos/discoteca/punto de encuentro de la juventud que enlaza la angustia del post-punk con el hedonismo inducido por las drogas sintéticas de la era pre-acid y desde allí hacia adelante y sin freno. El propio Hook habla del club más como usuario y eventual empleado de sí mismo cuando en realidad debería ser un serio señor que se pone traje y corbata una vez al año para acudir a la junta de accionistas. Pero ello no es posible. No por actitud de rock star, de la que Hook carece, simplemente porque Hook, y sus compañeros de banda, se han visto envueltos en una idea que les ha parecido fenomenal, por encima de inversiones excesivas en eventos, en toda clase de instalaciones, en DJs, en bandas de escasa convocatoria, en aparatosos montajes audiovisuales de nula convocatoria.

Cada decisión es más catastrófica y el local acaba siendo definido como "el agujero al que van todos los beneficios de la banda". Nada de músicos entregados al lujo y al dispendio como premio a la brillantez de sus logros artísticos, más bien una pandilla de pringaos que no saben diferenciar sus ganas de diversión de su faceta de forzados y esperpénticos hombres de negocios, rodeados de profesionales que les recriminan sus acciones, capeando problemas con policía, autoridades, suministradores, bandas de traficantes, delincuencia local, problemas de seguridad, descontrol de los asistentes. La evolución del club acaba resultando tan patética y deprimente en su resultado económico como brillante en su influencia global. Y Hook lo explica de una manera tan cercana, sincera y resignada que voy a perdonarle todas sus carencias. Pocas veces me lo había pasado mejor leyendo un libro.

martes, 20 de octubre de 2020

Elizabeth Duval: Reina

Idioma original: español

Año de publicación: 2020

Valoración: interesante, pero ingenuo

Declaro abiertamente que empecé a leer Reina con la mejor de las actitudes, cuestión que no negaré que pueda ser un paraguas protector: hay libros cuyo contexto parecen obligar a un pronunciamiento favorable a priori. Autora joven (creo que no mencionaba tal circunstancia desde que reseñé a Jenn Diaz, ha llovido mucho), perteneciente a ese pujante universo LGTB, notable activista y de popularidad ascendiente que se ha ganado a pulso con las más variopintas pinceladas de presencia mediática. Actualmente, estrenada la veintena, residente en París donde cursa un doble grado en esas carreras que, se dice aquí y lo considero muy triste, abocan al paro, una de ellas, claro, Filosofía.

Digamos que un escenario propicio para esperar cualquier cosa, incluyendo, por supuesto, descaro, osadía, prepotencia, contundencia, intimidad, sea en lo personal, sea en lo meramente intelectual, sea en lo estrictamente literario. Porque Reina es, primero de todo, un diario de una estudiante fuera de su ciudad natal (Alcalá de Henares), y ya sabemos, otro estereotipo, lo que es la vida de los estudiantes ubicados en las grandes ciudades europeas, cuajada de fiestas, de relaciones, de libertad de movimiento, etc. (a no ser, ejem, que se presente una pandemia). 

Todas estas cuestiones, por supuesto, posteriores al, para mí, desprendimiento necesario de la primera capa de la novela. Ya reseñando a Paul B. Preciado, al que se dedican algunas páginas de este libro, anoté la conveniente separación del proceso fisiológico de la adecuación de género como elemento temático, como manera de desnudar el hecho, despierte la lógica curiosidad a cierto lector, del núcleo literario, de la expresión artística pura del autor. Y agradezco a Duval que haya limitado la presencia de ese hecho a dos párrafos, casi gemelos, en los que enumera su toma periódica de fármacos que permiten su transición. Permiten evitar la elusión, ahuyentan a los morbosos que aquí no encontrarán carnaza, y encuentran su acomodo. Pero también, por contraste, aislan, de forma algo cruel, la falta de fuerza de algunos de los planteamientos. Reina pasa a ser, entonces, una especie de "bitácora de Erasmus", reducido a los vaivenes de una estudiante de primeros cursos de carrera en una ciudad fascinante, con sus devaneos emocionales, sus relaciones de amistad, sus escarceos sexuales resueltos, sorprendentemente, de forma algo pacata, desde luego muy poco lúbrica (para ser lectora confesa de Houellebecq), en general, demasiado cercano para mi comodidad crítica a una letanía de encuentros, diálogos y elucubraciones de aromas tardoadolescentes, que desprenden, demasiado a menudo, cierto aroma algo pretencioso, influencia segura de sus estudios en Filosofía y Literatura, con su oportuno namedropping y su lógica querencia por rematar párrafos con expresiones en francés, no siempre entendibles, no siempre necesarias.

¿Significa ello que el libro no me ha gustado? Pues no exactamente: significa que si Duval tiene la intención de que la literatura sea, digamos, su expresión artística o su ocupación principal, deberá, tiempo desde luego tiene por delante, desenfocar su obra de su mera existencia y de su experiencia propia. Dudo que tan pronto quiera encasillarse como alternativa de autoayuda a la comunidad trans. Desprenderse también de esa capa, la ligeramente narcisista por la cual se cuela esa percepción, la de que es una chica joven e intelectual que abandera un cierto activismo en el que encontrará curiosos y aduladores que van a aplaudirla por todo su envoltorio y quizás, siento decirlo así, prescindan de buscar mucha profundidad literaria.

Las veinte páginas finales, por cierto, en las que la autora se enfrasca en una suerte de ensayo de justificación/coartada de la concepción y desarrollo del libro, confirman, gracias S.P.I. por la oportuna asistencia en las sensaciones sobre la obra, que la novela no acaba de hilvanarse como tal: una mera yuxtaposición de 140 páginas de diario algo frívolo más 20 páginas de relativa (relativa: 20 años) empanada intelectual.

sábado, 5 de septiembre de 2020

Edmund De Waal: El oro blanco

Idioma original: inglés
Título original: The White Road
Traducción: Ramon Buenaventura
Año de publicación: 2016
Valoración: está bien


Me acerqué a IKEA, como media humanidad cuando regresa de veraneo y empieza a ver cosas en casa que habría que cambiar. Naturalmente, vajillas mermadas por inoportunas roturas son una de ellas, y unos platitos la mar de resultones a 0,50 € son una tentación asequible, aunque veremos qué tal resisten su tránsito por microondas y lavavajillas. Me quedo mirando su impoluta blancura inicial, recién sacados de la caja, y pienso en el libro que ando leyendo, ese en el que me está costando algo avanzar, me he planteado una rutina de 50 páginas diarias, compatible con el ajetreo del regreso al trabajo, con las obligaciones domésticas, con una creciente necesidad de destinar  minutos al dolce far niente (viendo videos de cocina, leer prensa deportiva desde que Messi dice que se va me resulta algo desasosegante), pero ni eso, no voy a espoilear, bastante he dicho ya en la valoración.
IKEA es, supongo, ahora mismo, el emblema de Suecia frente al Universo, y no me extrañaría nada que, si la ingeniería financiera y la creatividad contable lo permiten, sea también una importante fuente de ingresos para las arcas del estado del país escandinavo. De IKEA me vienen a la cabeza varias cosas. Que su propietario fue relativamente famoso (aunque no sabría reconocerlo en una foto) por a) haberse descubierto algún tipo de simpatías juveniles con el filonazismo b) haberse divulgado su alcoholismo y c) haberse manifestado que, a pesar de atesorar enorme su fortuna, llevaba una vida espartana del tipo de usar ropa low cost y viajar en transporte público.
Respecto a Suecia, siempre me extrañó que lo mismo, lo de ser una fuente de ingresos, se atribuyó a ABBA, famoso cuarteto musical al que cargaría las culpas de que siga alargándose esa tortura perpetua que es Eurovision, la normalización vía Europa de los divorcios (explicados en su hit The winner takes it all) y la horrorosa congoja de oír la frase Chiquitita dime por qué, carne de karaoke e innegable resorte de disuasión para que millones de alemanes, ingleses y demás norteeuroopeos que visitan nuestras playas se planteen aprender palabra alguna en ninguno de los ricos idiomas peninsulares.
También me extrañó que SAAB, reputada y cara sueca de automóviles, cerrara, mientras VOLVO sigue fabricando. Hace ya muchos años que un amigo que tenía un abuelo con posibles me explicó que su abuelo iba a comprarse uno de esos pues la docilidad de sus suspensiones le iban muy bien a cierto problemilla de cervicales.

Pues eso: más de 500 páginas explicando la obsesión de una persona, alfarero es la profesión de De Waal aparte de escritor, por su profesión y por la mística de los materiales empleados. Yo, que veo algo de cerámica o una vasija en cualquier estancia ajena que pueda ocupar y lo alejo todo lo posible de eventuales torpezas propias o de la gente que me acompaña. Yo, que no dormiría en la misma estancia que la pieza más pequeña del catálogo de Lladró. No es que De Waal (joder, el corrector no deja de ponerme Wall, esto es peor que los cazurros que llaman Johnny Deep a Johnny Depp, hay que crear YA una asociación contra esa gente) no es que De Waal, insisto (¿por qué me voy tanto por las ramas?) no sea eficaz en esa descripción, incluso puntilloso, y que no desaproveche la oportunidad de insertar secuencias históricas que vienen al cuento, que revelan, al hilo de la fascinación de determinados mandatarios por el producto en cuestión (objetos de porcelana de todo tipo) por su tenencia y acumulación, cuestiones notables en la historia de los últimos siglos, con una palpitante sensación de lucha de clases : el artesano vs el tirano, el productor vs el mecenas, etc. Todo eso está bien, pero este que escribe aún conserva la duda sobre si esto es literatura en el sentido digamos, purista, o mera crónica o casi reportaje, pero entonces, ay, asaltan los cimientos los artículos de cierto tipo con bandana y solamente pienso que las comparaciones son odiosas. Precisamente esa fina frontera la planteaba hoy Juan Pablo Villalobos en un Tweet. A mí este tomo no me ha conmovido como para compartir con su autor ni siquiera el sentimiento de fondo, incluso en ocasiones lo he apreciado demasiado reverencial, como nostálgico de aquellas épocas pretéritas en las que los artesanos necesitaban a sus clientes de clase alta para encontrar algún sentido a la vida. Se aprecia el estilo, se degusta esa erudición circunscrita a la historia particular. No sé si un contable escribirá sobre sus balances, un futbolista sobre sus entrenos y sus goles, escribid cualquier profesión y sus productos resultantes, De Waal es eficaz en llamar la atención, pero 500 páginas son muchas y esa atención, al menos la mía, no ha conseguido mantenerla.

También de Edmund De Waal reseñado en ULADLa liebre con ojos de ámbar