viernes, 14 de agosto de 2026

Frode Grytten: El día que Nils Vik murió

Idioma original: noruego
Título original: Den dagen Nils Vik døde
Traducción: Alexandra Pujol Skjønhaug en catalán para L'altra editorial y Mariana Windingland en castellano para Anagrama
Año de publicación: 2023
Valoración: está bien


Hablemos de los inicios de los libros y su impacto, porque este libro empieza con una frase que sintetiza lo que será la novela: «a las cinco y cuarto de la mañana, Nils Vik abrió los ojos, y el último día de su vida empezó». A partir de ahí, el autor noruego Frode Grytten despliega una breve novela consistente en cómo despedirse de la vida a través del reencuentro con la misma en forma de recuerdos y actos de ternura. De esta manera, inicia su último día, por la mañana, el momento del día en que todo empieza, aunque para él, lo único que empieza es su final.

Con esta premisa clara y diáfana, el autor nos introduce al que será el personaje principal, Nils Vik, una persona de edad avanzada que vive solo en una casa llena de recuerdos, pues han vivido en ella tres generaciones. Así, en el que será el último día de su vida, Nils deja una nota a sus hijas indicando que se va de casa y que ya no volverá. Con este propósito, se levanta con la determinación de que este sea su último día de vida. Y todas y cada una de las acciones que llevará a cabo tienen como voluntad convertir esos aparentemente nimios gestos en pequeñas despedidas de la que han constituido la cotidianeidad de su vida. Por ello, Nils coge el coche y emprende la ruta hacia el fiordo, punto de partida y fin de su existencia.

A nivel estilístico, hay ciertos tintes en la historia y el tono que hacen que Grytten me recuerde a Fosse y su obra de teatro «Soy el viento», en esa huida hacia el fiordo como último viaje, en la oscuridad de la noche, abriéndose al mar como se abre uno a la muerte. Y también las compañías en tal viaje, que van asomando en apariencia de formas fantasmales, oníricas, a medio camino entre la imaginación y una realidad que se sabe que no es posible: su entorno más íntimo acercándose a él para acompañarle, para cobijarle, para mostrarle que no está solo en esa despedida, en ese último viaje, en la transición definitiva e irreversible hacia el final de la vida. Hay muchos ecos de Fosse en ello, aunque el tono aquí es más esperanzador, más luminoso, más limpio y alentador. No encontramos en este texto un gran pesar sino un agradecimiento a la vida, a todos y cada uno de los detalles y los momentos (incluso más efímeros o ínfimos) vividos. Porque esta novela es la constatación de que la vida la forman las pequeñas cosas, esos rituales que acompañan una realidad que de otra forma olvidaríamos, esa reiteración de acciones que nos anclan a la vida y nos recuerdan de manera clara e irrefutable quienes somos y donde pertenecemos. Es así, como a través de los recuerdos de las personas que han conformado su vida y en gran parte de las personas que ha transportado con el ferry que conocemos sus particulares vivencias, vamos descubriendo la personalidad y la vida de Nils. 

A pesar del prometedor enfoque y valioso propósito, el resultado no acaba de ser el esperado pues la incesante sucesión de personajes y su corta presencia en el relato provoca que cueste entrar en ninguna historia o empatizar con cualquiera de ellos. No existe apenas relación entre ellos y la interacción con Nils que recuerda es tan corta y efímera que parecen fragmentos que aparecen de manera fugaz, pero sin dejar un claro poso. Así, el libro podría ocupar doscientes páginas o mil y nos aportaría prácticamente lo mismo porque, además, ninguna de esos personajes parece tener más peso o interés que los demás. 

Afirma el protagonista en su último trayecto que «los muertos (…) casi se han convertido en una sola criatura, un solo ser. No se mueven, pero están vivos, pertenecen al pasado, pero existen ahora y aquí» y eso es algo que no debemos olvidar, pues aquellos que han formado parte de nuestras vidas siguen presentes en nosotros, y es de justicia que les hagamos un hueco en nuestro interior y los mantengamos vivos, de vez en cuando, cuando su recuerdo ya no nos cause dolor sino una afable y cálida compañía.

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