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miércoles, 22 de enero de 2025

3 x 1 Ramón del Valle-Inclán: La guerra carlista

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1908-1909

Valoración: Recomendable



Dentro de la trayectoria literaria de don Ramón del Valle-Inclán la serie dedicada a la Guerra carlista es una especie de continuación de la etapa modernista de las Sonatas, aunque dejando asomar elementos que apuntan en otras direcciones. También podemos detectar datos que nos sitúan en el itinerario ideológico de Valle, pero vayamos al grano, que hay mucho que contar.

Aunque con el tiempo fue evolucionando hacia posiciones republicanas y finalmente cercanas al anarquismo, el autor gallego se encontraba inicialmente muy próximo al carlismo, no tanto por convicciones dinásticas como por su repudio al liberalismo y cierta identificación con las tradiciones y el alma rural de su tierra natal. Esto se aprecia muy bien en Los cruzados de la causa, la primera de las tres novelas del ciclo carlista y, en mi opinión, la más brillante. Manejando personajes que antes y después tendrían protagonismo en otras obras (el marqués de Bradomín, Montenegro y Cara de Plata, por ejemplo), la narración se centra en esa Galicia oscura y de rasgos primitivos más que tradicionales, poblada por nobles de pasado glorioso venidos a menos, jóvenes inflamados por convicciones conservadoras que comparten con aldeanos analfabetos, y siniestras monjas dispuestas a la acción en defensa de sus valores. 

El cuadro se presenta sumido en una atmósfera turbia de violencia y conspiración, una niebla misteriosa bajo la cual parecen reunirse fuerzas tan heterogéneas como coincidentes en el avance hacia un objetivo que, por encima de lo político, parece espiritual. El ambiente, tenso y asfixiante, recuerda a veces la fascinante oscuridad de Divinas palabras, anticipando la inmersión en ese mundo bárbaro.

El resplandor de la hoguera, cuya prosa recupera con más vigor elementos modernistas, traslada el escenario y algunos de sus personajes a Navarra, uno de los principales focos de resistencia carlista. En este punto Valle muestra un elenco más amplio de los combatientes, sin dejar de mostrar su arraigo con el mundo rural donde se desarrollan las escaramuzas bélicas. A mi juicio demasiados personajes, y episodios algo confusos que deslucen en alguna medida el conjunto porque pienso que lo narrativo no es el fuerte de Valle, hasta diría que no es lo que más le interesa. Disfruta dibujando tipos humanos, haciendo que evolucionen e interactúen, y así el relato de la guerra queda claramente en un segundo plano. Las descripciones y, sobre todo, los diálogos, son siempre lo más importante, hasta el punto de que parece perfectamente viable representar cualquiera de estas obras sobre un escenario (no sé si ha llegado a hacerse).

Aun así, este segundo libro nos deja caracterizaciones memorables, como la del héroe Miquelo Egoscue, y escenas brutales, tan valleinclanescas, como la de Roquito, cuyos ojos se abrasan mientras se esconde en una chimenea (y perdón por el espoiler). También aquí asoma tímidamente el personaje del cura Santa Cruz, que cobrará todo el protagonismo en la tercera entrega.

Efectivamente, en esta, Gerifaltes de antaño, el conocido guerrillero carlista eclipsa por igual al resto de personajes y el propio desarrollo de la acción. Santa Cruz es como un malo (o un héroe, según se mire) de película. Salido de una pequeña parroquia guipuzcoana, su razón de ser y de vivir no es otra que combatir a los liberales, la guerra se ha convertido en un fin en sí mismo, y sus habilidades para escapar, camuflarse o sembrar emboscadas solo son comparables a su inflexibilidad y falta de escrúpulos. Los lugareños se identifican con el héroe solitario aunque también le temen, y el carácter ingobernable del cura y la extensión del terror por sus seguidores terminan por unir a liberales y carlistas oficiales para combatirle. 

La semblanza de Valle no tiene apenas pliegues porque Santa Cruz, o no tiene fisuras, o si en algún momento muestra duda solo servirá para reafirmarse en su posición y optar por la solución más brutal. No es desde luego una caricatura, sino el dibujo de un personaje que parece sentir en sí mismo la cristalización de todos los valores tradicionales y la determinación de hacerlos triunfar sea cual sea el precio. Se puede decir que Valle disfruta manejando al cura guerrillero, viéndole evolucionar ocupando todo el espacio narrativo, y vuelve a dejar en un segundo plano el desarrollo de la guerra. Le interesa más descubrir al individuo que encarna una posición ideológica y espiritual llevada al extremo.

De manera que la trilogía (que estaba previsto ser completada con dos títulos más) puede atraer menos a quien busque una novela propiamente dicha o un relato descriptivo de carácter histórico, pero dejará satisfechos a los que admiramos a un maestro en descubrir el alma de las cosas a través de sus diálogos, sus personajes y sus atmósferas.

Otras obras de Ramón del Valle-Inclán reseñadas en ULADDivinas palabrasTirano BanderasLuces de bohemiaSonata de primaveraJardín peregrino (relatos dispersos y extraviados)


lunes, 4 de noviembre de 2024

Gonzalo Torrente Ballester: La boda de Chon Recalde

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1995

Valoración: Está bien


Yo creo que la obra de Gonzalo Torrente Ballester, que conozco parcialmente, tiene oscilaciones importantes sobre todo en lo que se refiere al grado de experimentación y al riesgo y potencia de sus argumentos. En concreto, creo que hay un cambio significativo desde que empieza a publicar en una muy famosa editorial allá por finales de los años 80. Puede ser un prejuicio por mi parte, y puede también que alguien me pueda rebatir citando obras que no conozco, pero me temo que por esa época don Gonzalo frena mucho o bastante en su ímpetu creativo, y se dedica a crear historias más bien convencionales con las que cualquier ciudadano medio puede entretenerse sin complicaciones y sin incomodarse por cuestiones de fondo ni de forma.

Lo que pasa es que Torrente sigue escribiendo maravillosamente, y es capaz de no perder nivel ya esté buscando caminos difíciles o se deje llevar por terrenos menos arriesgados. Entonces nos encontramos con historias de rasgos más convencionales que a lo mejor no emocionan tanto pero que brillan de otra manera gracias a la magia del autor. Por ahí se mueve esta novela, en la que nos situamos en una pequeña población gallega donde la aristocracia no se vincula a títulos nobiliarios sino a rangos de la oficialidad de la Armada, punto este en el que puede que esté asomando algo de la creatividad que Torrente se resiste a abandonar del todo.

Unos cuantos años después de terminada la Guerra civil vuelven al pueblo las dos hijas de un almirante republicano, prestigioso experto en la guerra naval, que fue fusilado en circunstancias poco claras por haber puesto en duda la victoria alemana. En general la gente sigue valorando más la pertenencia del finado a la élite militar que su desapego al Régimen, por lo que su familia sigue gozando del respeto mayoritario, pero siempre hay excepciones. Y hay también, como en otros lugares y épocas, una pugna por ascender en el escalafón social, en la que dos jóvenes de buen ver y en edad casadera son una competencia que algunas familias no pueden tolerar.

Porque esta es una sociedad en la que casar bien a una hija es una cuestión prioritaria, y en ese entorno singular casarla bien es buscarle un novio con ascendencia en lo alto del escalafón marítimo-castrense. Así que el argumento se desarrolla como podía hacerlo alguna serie de sobremesa en La 1: amores y desamores con jóvenes oficiales, madres que maniobran para favorecer a sus hijas, envidias y rencillas relacionadas con la peculiar segmentación social, pretendientes silenciosos, hermanos con miradas algo más amplias que se plantean huir de esa sociedad paleta.

Efectivamente, también es posible una lectura un poco más profunda que tocaría temas como el penoso papel de la mujer, predestinada a la búsqueda de un buen partido, o la persistencia del rechazo hacia los perdedores de la guerra aún reciente. En definitiva, un fondo crítico que podríamos considerar como políticamente correcto, explícito pero no sangrante, aceptable para el lector hacia el que entiendo que va dirigido el libro. Incluso he querido ver un asomo de atrevimiento y fantasía en esa estratificación social basada en méritos navales.

Todo bien suavecito, fácilmente digerible y moderadamente entretenido. Pero, claro, viniendo de la mano de Torrente Ballester, todo está tan bien narrado, tan perfectamente dosificado, con esa pizca de ironía y la prosa equilibrada, agradable y elegante, que compensa en buena medida lo melifluo de la historia. Da la sensación de que leer a este autor siempre es una experiencia gratificante, aunque se dedicase a escribir el Plan contable o la lista de la compra. La lástima es que, al menos en esta ocasión, en una de sus últimas obras, no se hubiese decidido a poner ese enorme talento al servicio de algo un poco más valiente.


sábado, 11 de mayo de 2024

Xosé Luis Méndez Ferrín: Arraianos

Idioma original: gallego
Título original: Arraianos
Traducción: Luisa Castro
Año de publicación: 1991
Valoración: Muy recomendable

(Aviso: He leído este libro en el gallego original, por lo que no puedo opinar sobre la traducción).

Méndez Ferrín es una popular figura y gran referente de las letras gallegas que, de hecho, ostentó la presidencia de la Real Academia Galega, por lo que el nivel de expectación respecto a su obra se sitúa bastante alto. Veamos.

Este Arraianos es una colección de diez relatos breves pertenecientes a una época madura del autor, cuando este ya tenía algo más de medio siglo de vida y gran parte de su carrera realizada. Podemos entonces presuponer – y acertar con - un estilo maduro y elaborado, consistente y bien trabajado, donde se pueden observar claramente sus influencias.

Los arraianos del título hacen referencia al gentilicio de A Raia, región fronteriza entre España y Portugal, en la provincia de Ourense, de donde es oriundo el autor y donde toman lugar los relatos que aquí nos atañen, quizá lo único que tengan en común entre ellos. El tiempo donde tienen cabida oscila entre un par de siglos atrás y la posguerra civil, en la primera mitad del Siglo XX.

Si alguno de ustedes es seguidor de la literatura galaica, probablemente se habrá hecho eco de unos rasgos comunes – no tanto como para llamarlo un estilo propio – que comparten varios narradores gallegos, y en concreto varias obras suyas. Me refiero a una especie de realismo mágico a la gallega donde se juntan realidad y fantasía, mundo real y onírico, prosaísmo y superstición, dotado de sus propias reglas y coherencia interna, y que se nutre de un enraizado mundo mitológico muy propio que bebe del folklore gallego.

Méndez Ferrín no podía ser menos y, en esta colección de relatos se deja ver una transparente pátina de fantasía que los envuelve y los contagia en mayor o menor medida, convirtiéndose así – para mí gusto – en el punto fuerte del libro: esa estar y no estar, esa cuerda floja, la delgada línea que separa el mundo concreto y el abstracto.

Puede presumir el autor de estar ducho en el arte de la narración: el estilo varía en cada relato, desde la forma epistolar hasta el soliloquio interno, pasando por las narraciones oscilantes entre primera y tercera persona, por narrador omnisciente o por personaje secundario de la obra, todo ello, como he dicho antes, con gran coherencia y sin resultar forzado en ningún momento, añadiendo, al contrario, gran variedad a la lectura.

Los temas siempre bordean el mundo del ensueño: desde la reencarnación hasta la brujería (tema que protagoniza varios relatos), la soledad, y, sobre todo, la guerra y la venganza/rencor (como unidad indisoluble). Es en la violencia donde se rasgan las vestiduras mágicas y aparece el ser humano más brutal, sin velos tras los que esconder su salvajismo primitivo.

Es esta, en suma, una recopilación de relatos muy recomendables, en un conjunto bastante breve, y de los cuales estoy seguro que complacerán a casi cualquier perfil lector que se ponga con ellos.

viernes, 15 de diciembre de 2023

Colaboración: Mercería Merche, de Dolores Fragueiro

 Idioma original: castellano

Año de publicación: 2020

Valoración: Muy recomendable 


Que el año del Corona dio para mucho, no es ninguna sorpresa. 

Para mucho pensar, divagar y reírse, además de todo lo que ya sabemos.
 
Sí, porque dentro de la tragedia, la más fatal de las tragedias, siempre habrá sitio para el humor. Pocos libros nos recuerdan que esto es así, sin más. De primeras y como fragante ejemplo, me viene a la cabeza Lectura Fácil de la la gran Cristina. Y no es casualidad, porque este pequeño tesoro escondido (no sería un tesoro si no estuviera escondido; ya soy cansina porque este lema lo he repetido ya demasiadas veces, pero no sería un lema si…) que lleva por título Mercería Merche, recuerda a LF en el tono maldito y la actitud disparatada más allá del bien y del mal, y las ilustraciones estilo collage del libro, que ninguna de ellas tiene pérdida, aunque no tanto en el argumento. Mejor dicho, en los argumentos, porque se trata de varias historias, relatos por llamarlos de alguna manera, escritos por la misteriosa Dolores Fragueiro. Sin embargo, ahora que lo pienso, también hay algo de la tesis argumental de LF en algunas de las historias de Mercería Merche. Como la maravillosa escena de los “discapacitados” que dan un concierto y que transcribo un poco más abajo, y que tanto recuerda a las divinas “discapacitadas” de LF. Esta nativa de Cedeira, un pueblito muy particular de Ferrol, a ciencia cierta no leyó LF cuando escribió el libro (por aquello de la influencia)… la leyó mucho después y le encantó porque así me lo dijo ella misma. En todo caso, vale. Podrá ser una influencia pero inconsciente/sincrónica, algo muy común en tiempos empantallados. Y ya está, que perdure este aislamiento que envuelve a la isla antes de que llegue el turismo, que me animaría decir, dada la juventud de la escritora, en algún momento será. Los 5 primeros relatos que componen Mercería Merche:

1. Prólogo de Víctor Erice. (Lo crean o no lo crean, pero ni se les ocurra ser tan “omito la palabra fea” de comprarlo solo por este motivo, sería imperdonable).
2. El hámster del puma.
3. Mi animal protector es un percebe.
4. Objetiviwonder y los Crazybrothers.
5. Capítulo piloto de una sitcom con posibilidades.

Como yo soy mucho cuando hago crítica, de expresarme a través de una cita oportunísima y directa de la autora o autor en cuestión, transcribo unos diálogos de esos que una vez leídos, se llevan encima para toda la vida. Como una prenda que no se abandona nunca, aunque esté toda apolillada y huela ya, por más que la laves con el jabón de Marsella más bienoloroso, a mil demonios:

–No hay derecho! ¡No lo hay! ¡Yo debería poder bajar a las fiestas de mi pueblo, a disfrutar tranquilamente con los amigos de mi puto fin de semana libre! ¡Después de estarme rompiendo la puta espalda trabajando toda la puta semana ¡No es justo! No es justo bajar y encontrarse con esto! Os debería dar vergüenza utilizar a gente enferma para burlarse así de ellos, ¡de ellos y de nosotros! ¡Con niños delante! ¡En las fiestas de mi pueblo! ¡Os merecéis una paliza! – se desahogó el «yonki de fin de semana».
Tras el discursito, todo el mundo comenzó a corearlo de manera mucho más patética y descoordinada que los Crazybrothers y Objetiviwonder. Peska se levantó de la batería y pidió calma, pero rápidamente Manuel le quitó la palabra.
– Mi nombre es Manuel y estos son mis hermanos y mis amigos. Estoy aquí porque yo quiero. ¡Nadie me obliga! Me gusta la música y tanto yo como mis hermanos estamos disfrutando de hacer esto. Estamos cansados de que la gente nos trate de manera diferente, somos personas igual que vosotros y tenemos derecho a expresarnos como nos plazca. ¡Venga, hermanos! ¡Gritemos juntos! ¡Igualdad ¡Igualdad!...
Después de estas palabras los Crazybrothers comenzaron a gritar a la vez, enfadando al público, que no podía contenerse más ante el posible anonimato de una paliza multitudinaria.
– ¿Queréis igualdad? Pues os vamos a dar igualdad – gritó el padrazo farlopero que comenzó el debate. Mientras se armaba con un casquillo de cerveza y corría hacia el escenario.

Objetiviwonder y los Crazybrothers. PP. 67/68.

Lo dicho, que una buena cita del libro comentado, vale más que 10 páginas de análisis, o en muchas ocasiones: tostón. Con más motivo, si nos sirve para finalizar una reseña. 

Extraído de: Rosanna Moreda: Las 10 mejores maneras de hacer crítica sin provocar la muerte por aburrimiento al personal en el intento, (en vías de elaboración).

Firmado: Rosanna Moreda

domingo, 12 de noviembre de 2023

Manuel Rivas: En salvaje compañía


Idioma original:
gallego
Título original: En salvaxe compaña
Traducción: Manuel Rivas
Año de publicación: 1994
Valoración: Muy recomendable

(Aviso: He leído este libro en el gallego original, por lo que no puedo opinar sobre la traducción).

Es Manuel Rivas un autor bien conocido por el gran público: en los 90 se realizaron un par de películas basadas en relatos suyos que disfrutaron de gran éxito de crítica y público y lo llevaron a la fama más allá de las fronteras gallegas. Dato curioso es que quizá en la actualidad sea más conocido por ser el padre del actor Martiño Rivas, protagonista de una serie de televisión en la que encarna a otro conocido actor porno. La vida es así.

Al grano: En este libro, una de sus primeras novelas, Rivas hace gala y honor de poder presumir de ser el heredero legítimo de la narrativa mágica del Merlín de Álvaro Cunqueiro. Nos sumerge en una Galicia llena de realismo mágico, donde realidad y fantasía se mezclan de forma natural desembocando en un mundo onírico, hermosísimo y lleno de vida, donde las personas no desaparecen al morir sino que renacen reencarnados en animales y disfrutan de una nueva vida más primitiva (lógicamente), más salvaje, pero también disfrutable, metiendo también en la mezcla narrativa algo de mitología e historia de Galicia.

Curiosísimos personajes, mezcla también cómo no de realidad y fantasía, nos llevan por un relato doble donde los animales (anteriores moradores del pueblo de Arán, que no pueden ir al cielo ni al infierno por una admonición del párroco) nos sirven de testigos excepcionales, con el cuervo Toimil dando cuenta al Rey de las aventuras y desventuras de los aranenses (¿será este el gentilicio correcto? Me lo acabo de inventar?), interviniendo en sus destinos y dirigiendo el pueblo desde las alturas.

Una parte más tierna, donde el protagonismo recae en Simón y Misia, cada uno por su lado, seres más mágicos y ensimismados en su propio mundo, contrasta con el lado más sucio y realista de la parte de Rosa y su familia. La emigración, la resignación de lo que no pudo haber sido y no fue, así como la nostalgia, son telón de fondo de la narración. 

Debo decir que es esta crítica un resultado de una relectura: aunque ya había leído este libro hace años, no había sabido disfrutarlo apropiadamente (quizá por el momento, quizá por mi juventud) y me había quedado en el recuerdo un regusto amargo. Con el tiempo fui leyendo más de la obra de Rivas, tanto anterior como posterior a este libro, y me animé de nuevo con esta novela: ha valido mucho la pena, convirtiéndose en mi libro favorito de este escritor. Y los tiene muy buenos. Para mí gusto es en esta novela donde Manuel Rivas alcanza su mayor nivel literario: por su parte siempre podemos contar con una buena metáfora, con estilismos muy bien trabajados y oportunos, con un estilo preciosista pero efectivo: no se enquista en la floritura, sino que avanza en la entrega de información. Quizá sea este el rasgo que más me gusta de su escritura. 

Con Manuel Rivas siempre podemos contar con un nivel muy alto en general, pero es que en este libro estaba de dulce. Me corroboro en mi afirmación, es mi libro preferido de él.

Tiene una forma de escribir muy propia, con larguísimas secciones sin utilizar el punto, simplemente separando la información a base de comas, sin respiro, con un gran sentido de la estructura y el ritmo, en el estilo de Vargas Llosa en Los Cachorros, o tantos otros autores que utilizaron y utilizarán ese recurso antes y después que él, como por ejemplo estoy haciendo yo ahora mismo en este párrafo. Pero son en el caso de Rivas mucho más largos todavía, de páginas enteras. Y uno las lee sin darse cuenta, pasan como agua.

Es este un recurso arriesgado pero que el autor domina a la perfección, dando como resultado una velocidad narrativa que convierte la lectura en un fluir ligero y muy disfrutable.

En fin, muy recomendable alto.


Todos los libros de Manuel Rivas reseñados en la ULAD aquí.

lunes, 7 de agosto de 2023

Rodrigo Cortés: Verbolario

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2022

Valoración: Decepcionante


Veo un librito raro y me llama la atención, supongo que de eso se trata: formato pequeño, tapas duras, cubierta de aspecto antiguo, impostado pero bonito, como posmoderno. Hojeando un poco, parece una especie de diccionario, un juego de esos de buscarle las vueltas a las palabras o los sonidos, algo que podría sonar a Perec, tal vez. Madre mía, menuda intuición.

No, no era Perec, sino Rodrigo Cortés, un señor que resulta ser varias cosas algo heterogéneas, por ejemplo director de cine, entre cuyas películas solo conozco Buried (Enterrado), que por cierto me gustó bastante. Y colaborador (y reseñista, ups) en ABC, donde publica precisamente las píldoras que han constituido este libro. Como no leo el ABC tengo que suponer que de manera periódica, no sé si diaria, sale a la luz alguna de las definiciones satíricas que Cortés elabora sobre palabras usuales. Un espacio regular como la tira cómica, el faldón de las páginas económicas o el obituario, cosas así. Porque efectivamente, lo que tenemos entre manos es un pequeño diccionario sarcástico donde sacar punta a todo lo que se tercie, para entretener, exhibir el ingenio o quizá hacer pensar.

Si no recuerdo mal (lo cuenta en la introducción) son como mil quinientas entradas, de manera que, para empezar, quizá no es muy buena idea leerlo de un tirón, seguramente el formato más lógico es precisamente el de la viñeta diaria, un par de sorbos para pararse un momento e improvisar una sonrisa, o una pequeña reflexión. 

Pero ya puestos, la lectura completa lo que sí facilita es una perspectiva sobre el tono que muestra el autor, y la panorámica nos ofrece un cierto tufillo reaccionario que no solo se advierte en los términos más propensos (Hacienda, Liberalismo, Revolucionario) sino en aspectos de tipo más social y humano (esa dicotomía entre Hijo e Hija), o en una especie de moralina liberal-conservadora que recorre casi todo el libro. Se diría que los humanos somos siempre hipócritas, débiles, perezosos, cobardes, egoístas, nada hay de aprovechable porque las virtudes no son más que disfraces de los vicios, el engaño (y autoengaño) preside nuestro día a día, y no digamos cuando nos aproximamos a la política o a los gobernantes, siempre perniciosos, falsos, aprovechados de la estupidez de la masa. Me resisto a poner ejemplos porque no se trata de rebatir o discutir con el autor, estamos valorando un libro, y punto.

Naturalmente, como en todos estos formatos, se trata de poner en primer plano el ingenio (aunque Ingenio se defina como Desesperación (¿) y Facultad cultivada por quien carece de habilidades concretas), jugar a veces con los sonidos y buscar siempre la lectura insólita, la vuelta de tuerca al concepto, lo que en bastantes ocasiones, creo que demasiadas, deriva en un simple sorprender con el antónimo. Quizá es que la muestra es excesivamente grande, y así resulta complicado mantener el pulso de la originalidad y la idea punzante sin repeticiones o zonas grises. Realmente, bastante mérito tiene el autor con haber completado semejante colección como para exigirle mayor brillantez, y aun así no voy a negar que hay momentos de finura y gracia bastante apreciables.

De todas formas, confieso que estas cosas (greguerías, humoradas, aforismos, ocurrencias) no me gustan, y menos acumuladas en cantidad tan ingente. Así que en mi opinión lo más notable del libro son las ilustraciones, cuidadas y pertinentes, con el aire decimonónico de la cubierta. Y, para que el lector se haga una idea, me voy a permitir reproducir unos poquitos ejemplos, ni los mejores ni los peores, tomados al azar y ordenados de forma (casi) aleatoria:

Urgencia: Prisa debatible // 2. Apetencia inmediata

Látigo: Refuerzo argumental muy popular entre las personas que llevan botas

Ascensorista: Oficio que, en bancos y hoteles, presenta hoy más bajos que altos

Desliz: Desacierto que alcanza su punto de saturación

Reconoceré finalmente que la segunda definición de Decepción coincide del todo con la sensación que el libro me transmitió prácticamente sin más que abrirlo: Confirmación de un presentimiento.


martes, 25 de julio de 2023

Ledicia Costas: Infamia

Idioma original:
gallego
Título original: Infamia
Traducción: Ledicia Costas
Año de publicación: 2019
Valoración: Muy recomendable

(Aviso: He leído este libro en el gallego original, por lo que no puedo opinar sobre la traducción).

En esta novela negra, de suspense, thriller, o como quieran llamarlo, nos metemos en la piel de una joven profesora que llega al pueblo de Merlo para una sustitución en la universidad; allí será conocedora de un crimen sucedido hace veinticinco años y se relacionará con los involucrados en la tragedia.

Infamia es una novela coral, con narrador omnisciente, pero en la que nuestra historia se ciñe a lo vivido por Emma, la protagonista principal – aunque, como en tantas buenas obras, la protagonista no es una persona, sino algo más abstracto: en este caso, quizá, la tragedia en su sentido más amplio, no me refiero a una desgracia en concreto, si no en su concepto; todos los personajes arrastran traumas por experiencias pasadas -. La narración comienza con la llegada de Emma a Merlo y concluye con su partida; esto deja algunos cabos sueltos que me gustaría tratar más adelante.

En lo que al argumento concierne, Infamia es la historia de personas condenadas a vivir acarreando las consecuencias de su pasado; algunos lo llevan mejor, como Rubén (este personaje es quizá el peor retratado de la novela por su “maldad absoluta”, junto con el comisario: la verdad es que lo tienen todo para ser despreciables, en ese sentido sí que están muy bien dibujados); otros, como Emma, Sara, o, incluso, en algún aspecto Noel y Salva, no fueron las causantes de sus respectivas tragedias, pero deben aprender a convivir con ella – pequeño destripe y posterior divagación (perdónenme): ninguno lo ha conseguido, ¿quizá sea este el mensaje de la novela? ¿hay sucesos tan terribles, tan trágicos, tan determinantes para nuestra propia vida, que no nos podemos deshacer de ellos, ni siquiera podemos aprender a compatibilizarlos con una “existencia normal”, sea lo que sea eso? -; y, finalmente, aquellos a los que les corroe la culpa y arrastran una existencia – más o menos, según el caso – penitente, lánguida, como en tercera persona, personajes secundarios en la historia de una vida ajena – entre estos incluyo a los anteriormente mencionados Salva y Noel, así como a Lucas, hombre sensible y poeta torturado  -.

Por todo ello, Merlo es, en resumen, una gran telaraña donde sus vecinos viven atrapados,  sobreviviendo como pueden mientras se degradan bajo el peso de la tragedia, la verdadera “culpable” de todo.

Quizá en algún momento haya unos comportamientos demasiado exagerados o incluso “peliculeros”, como el encontronazo en el pasillo de la facultad entre Emma y el comisario, o los excesos del cura y el sacristán; si fuesen un poco más comedidos sería más creíble, pero tampoco son tan desmedidos como para desligarnos de la narración. Lo que sí que no me gustó por fantasioso y fuera de lugar es el “futuro” de Blanca, si ustedes leen el libro me entenderán.

Ayuda mucho a la ambientación el ambiente sobrenatural de niebla y lluvia que tan bien encaja en el paisaje gallego; es una novela que, al igual que pasa con cierto tipo de música, no se disfruta igual en verano que en invierno, de día que de noche. Al leerla en verano, al son, he conseguido que no me afectara tan profundamente como, intuyo, podría suceder con un contexto invernal en consonancia con el clima de la novela. Ustedes, potenciales lectores, decidirán cuándo leerla (¡pero léanla!).

En cuanto a la duración, es bastante breve, lo cual no es necesariamente bueno: me hubiera gustado que fuera más larga, pero no para atar esos cabos sueltos a los que aludía antes, sino para permitirnos profundizar más en varios aspectos: a bote pronto, se me ocurren la relación entre Lucas y Emma, otro posible encontronazo de esta y el párroco, conocer más a Sara... lo malo que sucede con un libro tan bien escrito es que uno se queda con ganas de más.

Ledicia Costas  - flamante ganadora de la medalla Castelao – escribe muy bien, con figuras literarias muy afortunadas y preciosistas, lleva un ritmo que hace muy ligera la lectura y salta de un escenario a otro sin que se acuse falta de continuidad; es una lectura muy llevadera.

Por último en par de breves apuntes: se nos da a conocer al malogrado poeta Félix Francisco Casanova, muy presente en toda la narración, y qué buen acierto es la elección del título del libro: La palabra “infamia” representa una injusticia no cobrada, una impunidad mal entendida y una impotencia abrumadora en las víctimas. Así, breve, rotundo, funciona como un resumen muy eficaz.

lunes, 5 de junio de 2023

Reseña + entrevista: Las malas mujeres de Marilar Aleixandre

Idioma original:
gallego
Título original: As malas mulleres
Traductora: Marilar Aleixandre
Año de publicación: 2021
Valoración: Muy recomendable
 
A estas alturas, es probable que no haga falta ninguna introducción del libro que reseño, Las malas mujeres de Marilar Aleixandre: publicada en gallego en 2021 por Editorial Galaxia, ganó el Premio Blanco Amor y el Premio Nacional de Narrativa, poco antes de ser publicada en español, traducida por la propia autora, en la editorial Xordica. Y aunque este Premio Nacional pueda haber hecho que muchos la descubran (descubramos), lo cierto es que Marilar Aleixandre es una autora con una larga y consolidada carrera, que incluye publicaciones académicas en diversas áreas, literatura infantil y juvenil, poesía y novela, además de diversas traducciones al gallego.
 
En toda esta larga trayectoria, hay elementos que le confieren cohesión y coherencia; uno de ellos, sin duda, es un impulso feminista que también se encuentra en la base de Las malas mujeres, y en el que Marilar Aleixandre fue pionera, ya durante el tardofranquismo. Porque esta novela es la recuperación de una memoria perdida y casi completamente invisibilizada de dos grupos de mujeres: la de las mujeres presas en la cárcel de La Galera, en La Coruña, de quienes no se sabe prácticamente nada, ni siquiera sus nombres, mujeres pobres, marginales, excluidas y castigadas, sin voz ni justicia (más allá de la justicia cruel de los tribunales); y la de un grupo de mujeres liberales, que llegaron a alcanzar alguna pequeña cuota de poder en la sociedad española del siglo XIX, y que lucharon por mejorar las condiciones de vida de las mujeres del primer grupo.
 
Las malas mujeres es, así, una novela histórica, no solo por el periodo en el que se sitúa la acción (1863) sino también por la mezcla, podríamos decir que Galdosiana o Walterscottiana, de personajes históricos (cuyas acciones están en cualquier caso reconstruidas a través de la imaginación) con personajes ficticios pero verosímiles. De hecho, la novela incluye también documentos (como un "Reglamento de la casa de corrección para las mujeres de mal vivir", un "Contrato de maestras" o las cartas y escritos de Concepción Arenal) que le otorgan una mayor apariencia de veracidad al texto y que amplifican su significación, hasta convertirlo en el retrato de un colectivo, y no solo de dos mujeres de clases y destinos contrapuestos (Concha y Sisca).

Es cierto que la novela se construye, de hecho, fundamentalmente con una alternancia entre dos planos, ambos ligados con la cárcel de La Galera. Por una parte, el plano que reconstruye la vida de Concepción (o Concha) Arenal, en el periodo en que fue Visitadora de Prisiones, y en el que intentó, junto con las restantes componentes de la Sociedad de la Magdalena, dignificar las condiciones de las reclusas y ofrecerles una oportunidad a través de la alfabetización y el trabajo; y la de Sisca, una adolescente encarcelada por participar en un aborto clandestino (en una época en la que obviamente no los había de otro tipo), y que intenta navegar el tiempo de su condena entre la desesperación y la rabia.
 
Con todo, como decía antes, no son estas vidas las únicas que se muestran en Las malas mujeres. De hecho, se puede decir que esta es una novela polifónica, puesto que además de las historias y las voces de las dos protagonistas, y de los documentos ya mencionados, también se incluyen capítulos titulados "El mudo coro de las malas mujeres", en los que, al modo del teatro griego o del de Bertolt Brecht, las historias de varias mujeres son comentadas y amplificadas por un coro de voces femeninas. Y aún otra voz que se une al coro es la Rosalía de Castro, leída por las reclusas, no como ese monumento literario que hoy estudiamos en los manuales y que hay que venerar con respeto temeroso, sino como una poeta viva y cercana que consigue transmitir las vivencias y sufrimientos de las mujeres del pueblo, utilizando además su lengua, el gallego, para ello. 

No hay duda de que Las malas mujeres es una obra política, por la recuperación de la memoria de estas mujeres completamente borradas de la historia, o de aquellas mujeres que, como Concepción Arenal o Juana de Vega, lucharon por humanizar su vida y darles una oportunidad a través de la alfabetización o el trabajo digno; pero es, también, un texto literario poderoso y potente, hermoso y cruel, una obra con capítulos muy duros (el titulado "Lombrices" permanece sin duda en la memoria) y otros de un lirismo que se eleva hasta casi lo místico. Una obra más que recomendable, un Premio Nacional más que merecido, y una gran oportunidad para conocer la obra de una autora de trayectoria incuestionable.


Entrevista:
La siguiente entrevista fue grabada por zoom el día 31 de mayo de 2023. El sonido y la imagen están algo desincronizados, por algún motivo...
 


 

 

jueves, 2 de febrero de 2023

Ricardo Gómez: Bicis drogas oficinas

Idioma original: Español
Año de publicación: 2022
Valoración: alto y claro

"Bicis drogas oficinas" es un libro que puede clasificarse dentro de varias categorías (autobiografía, memorias, crónica, diario, ensayo...), pero creo que es más acertado si decimos que, básicamente, se trata de un texto que nos sitúa frente a nuestras incoherencias y contradicciones y lo hace destilando mala baba y humor negro por todos lados. Aquí no se libra ni el apuntador. Vaya, que yo si fuese el autor iría buscando abogado porque la lista de posibles "ofendidos" es interminable: los hijos de puta de los jefes, los no menos hijos de puta (además de retrasados) "heredaempresas", los globeros, el espíritu olímpico, los cuñados de cualquier tipo, las plataformas audiovisuales, las tradiciones gilipollescas, los grupos que vuelven, la industria musical, los sindicatos mayoritarios (y los no tanto), etc.

Joder, leyendo el parrado anterior cualquiera diría que el bueno de Ricardo Gómez es un amargado de la vida y que se está postulando para ser el nuevo Soto Ivars, Olmos o Pérez Reverte. ¡¡¡No!!! La diferencia es clara y está en el desparpajo y el humor negro como el carbón que se gasta y del que dan ejemplo las letras de Ciclos Iturgaiz, el penúltimo de sus proyectos musicales (buscad en Youtube y veréis que descojono, si os va ese tipo de humor).

Porque Ricardo es un tipo inquieto: (ex)sindicalista, (ex)músico, escritor y ciclista aficionado que adora a las Vainica Doble (odio eterno a quien no ame a las Vainica) y a Jonathan Richman (mi favorita es "I am a little dinosaur, por si a alguien le interesa). De ahí el título del libro y los temas que lo estructuran  y de los que habla abiertamente. Oficinas y bicis ocupan la mayoría de las páginas (drogas hay menos, salvo que consideremos los geles de cafeina o comerle la polla al jefe como estupefacientes) y permiten una doble vertiente social e intimista que funciona bastante bien y que a quienes crecieron en según qué zonas de Euskal Herria (Goierri, Margen Izquierda/Encartaciones, etc) en los 80 seguro que les trae a la cabeza miles de cosas.

Dicho esto, sí que queda la sensación de cierto caos en el texto, como si se fuera saltando de un tema a otro un poco sin orden ni concierto. Vale que no estamos leyendo a Faulkner (ni puta falta que hace) pero creo que el autor sigue demasiado a rajatabla eso de "escribir como si tuviese la certeza de que no habrá un mañana y no tuviera nada que perder (...) y lo que pudieran decir de mi me importara una puta mierda". 

En cualquier caso, el libro llega, hace reír cuando hay que reír (aunque sea a costa de mirarnos en el espejo deformante de la realidad), pensar cuando toca pensar y llorar cuando no queda otra que llorar. Eso es más que suficiente.

P.S.: ¿La historia de la juventud del padre del autor en Brasil podría ser el germen del quinto libro, Ricardo?

domingo, 13 de marzo de 2022

Bibiana Candia: Azucre

Idioma: español

Año de publicación: 2021

Valoración: Más que recomendable

El océano es una laguna Estigia que separa a los vivos de los muertos, aunque a veces sea difícil discernir en qué orilla están unos y otros. Los campos de caña se convierten en mares en los que ahogarse sin remedio, por más que se bracee, que s pelee contra ellos. El paraíso no es sino el reverso del Infierno, o quizá ni siquiera eso, sino una mera ilusión, porque el Paraíso no existe, aunque nos parezca que vemos ángeles danzando a sones de una muñeira...

En 1852, mil setecientos jóvenes gallegos fueron embarcados rumbo a Cuba para trabajar en las plantaciones y los ingenios azucareros, en una operación urdida por un tal Feijóo de Sotomayor. Los rapaces, afrontaron el desarraigo y la incertidumbre del azaroso viaje a través del Atlántico con la esperanza de ganar un dinero que enviar a sus casa y que les permitiese una vida lejos de la miseria, pero lo que no sabían es que los planes del pérfido Feijóo (lo siento, no me he podido resistir a poner esto...) eran convertirlos en esclavos de facto, en las mismas condiciones que los negros traídos de África o incluso peores, porque en esa época éstops ya tenían la posibilidad, por remota que fuera, de comprar su libertad.

Bibiana Candia nos cuenta la epopeya -así la subtitula, con acierto- de estos jóvenes  en una novela breve, pero por ello aún más intensa, desde que abandonan sus aldeas hasta el imprevisto final que acaban teniendo sus aventuras. Contado todo de forma concisa , pero elocuente y acertada, con un lenguaje que en ocasiones bordea lo poético pero sin dejarse caer en su ensimismamiento y en el que se nos habla de la esperanza y el miedo, de la añoranza por lo que se queda atrás, pero también por lo que esperamos nos aguarde más adelante, de las tormentas interiores que cada cual arrostra en la vida...
 "El mundo es pequeño pero grande a la vez, la distancia recorrida no es una línea recta y larga. A veces, muchas veces, es un abismo del que no se vuelve nu aunque uno regrese al punto de partida."

Si algún defecto se puede achacar a la novela es, precisamente, su brevedad, que nos dé a degustar la intensidad de su sabor, para luego terminar cuando más afición le estamos cogiendo. Porque a partir de un cierto momento los acontecimientos se precipitan y el final nos deja con  ganas de saber más o con más detenimiento, de las desventuras de Orestes, de Rañeta, del Tísico, del Comido y el gemelo -aunque de alguno sí llegamos a saber cómo acaba-; en todo caso, siempre es preferible que un libro nos deje con ganas de más que de menos y en ese sentido la autora cumple perfectamente con tal propósito. Lástima que el del lector, el de este lector al menos, que es disfrutar cuanto más, mejor, no se cumpla en igual medida o, mejor dicho, se cumpla, pero se vea truncado... Habrá que esperar a que repita este logro; ojalá pronto.


lunes, 5 de julio de 2021

Gonzalo Torrente Ballester: La isla de los jacintos cortados

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1980

Valoración: Casi imprescindible


Habrá que reconocer que muchas veces empezamos la lectura de libro con prejuicios, es inevitable. No ocultaré, por ejemplo, que llevaba una buena mochila repleta de ellos en mi único acercamiento a nuestro queridísimo Paulo Coelho, y también en alguna que otra ocasión. Pero ahora me refiero a prejuicios positivos. Evidentemente releemos a un autor cuando nos ha gustado algún libro suyo, y de alguna manera confiamos en su talento,  queremos confirmar aquella apuesta que salió tan bien. A veces, también es verdad, esa ilusión se nos chafa, el gran escritor decepciona, porque se repite, porque esta vez no acertó, se dejó llevar por el éxito. Esto ocurre mucho menos con los grandes, por eso lo son, y don Gonzalo Torrente Ballester es uno de ellos, uno de los más grandes.

Hace algún tiempo, en la reseña a uno de sus libros, y demasiado influido por el recuerdo de lecturas recientes, tuve la osadía de calificarle como ‘autor poco dado a la fantasía’, o algo así, y recibí de un comentarista un zasca muy bien dado, que además se completaba con la recomendación precisamente de este libro que traemos, así que, desde la distancia, le agradezco enormemente el chopo. Porque sí, Torrente tiene una cara más bien realista y clásica, pero cuando hace aflorar justamente eso, la fantasía, es difícil de igualar. Y si no, vean.

En un entorno de intelectuales vinculados a la Historia, un erudito cree haber descubierto que Napoleón no existió, que fue un simple invento para responder a las necesidades políticas del momento. Un compañero de cátedra, el narrador, se interesa por la historia y desarrolla una peculiar línea de investigación, basada en la observación del fuego de una chimenea. A todo ello se superpone el enamoramiento de este profesor hacia una joven y brillante discípula, que es a su vez pareja del peculiar descubridor, con quien mantiene una relación algo especial. Cualquiera de los dos niveles narrativos sería suficiente en manos de este autor para alimentar un relato de por sí poderoso y lleno de matices interesantes, pero aquí los tenemos entremezclados, indisolubles, enriqueciéndose mutuamente hasta componer una novela de complejidad más aparente que real y de enorme belleza.

La fantasía, claro, esa virtud que muy equivocadamente me atreví a echar en falta, resulta que no solo está presente de manera desbordante, sino que es el corazón mismo de la obra. En las largas horas escrutando de dónde pudo surgir la extraordinaria invención del emperador francés Torrente nos lleva a la mediterránea isla de La Gorgona, en la que tiene lugar lo que llamaríamos una revolución conservadora, una antiRevolución francesa que termina con la victoria de un general leproso que gobierna desde la soledad de su castillo, secundado por su ministro, el irreductible Ascanio Aldobrandini, uno de esos personajes que queda para siempre en la memoria. Las intrigas políticas se cruzan con diversos lances amorosos, intereses económicos y estratégicos, y con la presencia de singulares personajes de nombres equívocos y personalidades a caballo entre los dos lados de la historia, el acontecido en la isla a finales del siglo XVIII, y el actual, protagonizado por el narrador y el más bien hipotético triángulo del que forma parte.

En este segundo campo disfrutamos de la inmensa sutileza con que se trata la relación del profesor –un hombre más o menos maduro- con la joven historiadora, donde a cada paso se deja ver la pugna entre lo intelectual y lo emocional (también entre realidad y ficción) sin que en ningún momento adquiera el aspecto de una lucha, aunque en realidad lo sea. La inteligencia no doblega al sentimiento, sino que lo integra, intenta manejarlo, dirigirlo, y en esa larga carta de amor que es el libro entero, muestra su victoria que es a la vez una derrota.

Pero en ese largo camino de las más de cuatrocientas páginas tenemos ocasión de asistir a párrafos tan maravillosos como este en que el narrador explica

‘las particularidades de mi método, tan exquisitamente acientífico, tan rigurosamente poético, de averiguar los hechos por la contemplación del fuego, procedimiento de oscura cuanto arcaica reputación, propio del tiempo de los reyes por derecho propio y de los magos llamados sabios, los todopoderosos’

Este párrafo, como otros muchos, con esa cadencia ligeramente antigua de Torrente Ballester, con su prosa medida en la que la belleza se deja ver con una naturalidad que parece silvestre, la ironía es como una tenue música de fondo, y el erotismo (en esta novela quizá más marcado que de costumbre) late en cada página, a veces disfrazado, a veces asomando con más decisión; este párrafo, digo, es una pequeña muestra de un libro lleno de recursos administrados con maestría, de lectura grata, a ratos hipnótica, que nos conduce con sencillez por los entresijos entre dos mundos, el de lo real y el de lo imaginado, o mejor, entre dos planos, a veces indistinguibles, de una única realidad, que es justamente eso, la propia fantasía.

Otras obras de Gonzalo Torrente Ballester en ULADLos cuadernos de un vate vagoLa saga/fuga de J.B.La muerte del decanoFilomeno, a mi pesar

domingo, 21 de febrero de 2021

Camilo José Cela: San Camilo, 1936

Idioma original: castellano

Título original: Vísperas, festividad y octava de San Camilo del año 1936 en Madrid

Año de publicación: 1969

Valoración: Recomendable


Sobre Camilo José Cela y su personaje hemos hablado ya aquí en varias ocasiones, así que dejaré de lado ese aspecto. Centrándome estrictamente en su faceta de escritor, hay algo que me llama la atención y que en mi opinión engrandece su mérito, porque es una cualidad no demasiado habitual: su capacidad para tocar palos bastante diversos desde el punto de vista formal, como esos (no muchos) actores difíciles de encasillar que poseen registros muy diferentes. Al menos en una etapa inicial (pero muy amplia), Cela brilla primero con el tremendismo de Pascual Duarte (una poderosa vuelta de tuerca a cierto realismo rural), se aproxima a la prosa poética y algún grado de experimentación estructural (Pabellón de reposo), construye un interesante modelo de novela coral (La colmena) y se pasea por el intimismo de un monólogo femenino (Mrs. Caldwell habla con su hijo), además de alguna obra más que no conozco pero que, por referencias, creo que también incorporan elementos muy alejados de los anteriores. O sea, interesante versatilidad, desde luego con mayor o menor acierto según los casos, y sin que pueda afirmar si continuó más allá de los años 70 del siglo pasado porque no he leído nada de él posterior a esas fechas.

Con esta pequeña chapa pretendo ubicar mínimamente la novela de hoy porque, como veremos, presenta también algunas cosas novedosas en la carrera del escritor junto con otras que entroncan con títulos anteriores, y parece servir de punto de apoyo a la apuesta por lo más arriesgado y hermético que vendría poco después con Oficio de tinieblas 5.

El San Camilo es una narración situada en unos pocos días anteriores y posteriores al levantamiento militar de 1936. El escenario es el Madrid de los prostíbulos y las aventuras sexuales, gente corriente vista desde la perspectiva de lo que a veces se conocía como ‘vida privada’, el encuentro de los amantes en un meublé, el respetable caballero que tiene su entretenimiento semanal en el burdel, los estudiantes que buscan desahogo, las hermanas que no pierden ocasión de explayarse. Un enorme mosaico de decenas de actores en el mercado, remunerado o no, del sexo, dibujado con precisión un poco al estilo de La colmena, sin dejar que ninguno cobre protagonismo, como si no interesasen sus circunstancias personales (profesión, clase social) sino su simple presencia para componer ese cuadro. No hay tampoco sordidez ni violencia ni crítica. Es un telón de fondo de gentes que viven ese aspecto lúbrico de la vida con naturalidad y cierta despreocupación.

En ese bullicio multitudinario (que puede llegar a saturar al lector, es cierto) se empieza a colar la realidad histórica de los acontecimientos que precedieron a la sublevación del 18 de julio, y ahí, como una grieta cada vez más inquietante y profunda, contemplamos los dos crímenes tradicionalmente considerados como desencadenantes inmediatos de los acontecimientos: el asesinato del teniente Castillo y, poco después, el de Calvo Sotelo. Asistimos a esos acontecimientos desde fuera, como si fuéramos parte de ese gran elenco del Madrid nocturno, simples espectadores de hechos terribles pero que todavía se perciben como lejanos. Porque sobre ese frenesí de polvos y magreos se extienden con rapidez el temor y la incertidumbre frente al ambiente cada vez más enrarecido de las calles, y la vida alegre –una especie de Belle Époque cutre- se empieza a teñir de gris. El tono es cada vez más oscuro cuando llega a conocerse la insurrección y se multiplican las noticias contradictorias sobre su éxito o fracaso, el apoyo de unos u otros altos mandos, o las decisiones (o indecisiones) del Gobierno. Con la mecha de la guerra ya encendida, el asalto al cuartel de la Montaña es el punto donde confluye el destino de buena parte de esos personajes, unos en un bando y otros en el otro, y algunos simplemente arrastrados por las circunstancias, con aquella vida disipada como tragada por un enorme desagüe.

Con estos pocos episodios concentrados en escasos días, asistimos al derrumbe de aquel mundo que, aunque imperfecto, representaba la cotidianeidad que ahora se resquebraja, la irrupción del enfrentamiento y la muerte como seguramente nunca lo pudieron sospechar aquellos personajes. Porque en definitiva son ellos los protagonistas del libro, no seres anónimos sino simples ciudadanos con sus identidades y sus trayectorias, aunque su misión parezca reducida a componer el decorado en el que insertar la tragedia de la guerra. En medio de todo ese material, disperso pero colectivamente uniforme, encontramos retazos del monólogo interior de un joven (quizá el propio Cela, que pronto sería movilizado) que se enfrenta a un espejo, reflexionando sobre sí mismo y su destino. En cierto sentido con un claro eco de la ya muy lejana generación del 98, con la recurrente alusión al sinsentido del enfrentamiento y la fatalidad de un país que parece siempre abocado al desastre. 

El esquema está muy conseguido, con una dosificación casi matemática de cada personaje para que ninguno descompense el conjunto, y la incisión progresiva de los acontecimientos que en poco tiempo van a cambiar sus vidas, o directamente a acabar con ellas. Y desde el punto de vista formal, en esa especie de búsqueda de nuevos espacios narrativos a la que me refería al principio, parece que Cela se apunta a la corriente de experimentación que en España habían desarrollado Martín-Santos, Goytisolo o el primer Guelbenzu, por ejemplo, aunque ciertamente con unos cuantos años de retraso. En realidad, al margen de la laxitud en el manejo de los signos de puntuación y de ese ritmo en aluvión, los riesgos que asume tampoco son demasiado importantes, y el libro permite una lectura convencional sin ningún problema. En este sentido, digamos que Cela llega tarde a la modernidad y lo hace, de momento, con bastante contención.

No deberíamos dejarnos influenciar por prejuicios ni intimidar por el aspecto monolítico de las páginas, ni siquiera deberíamos dejarnos vencer por la un poco cansina carga sexual (y, no sin cierto esfuerzo, hasta se le pueden perdonar arranques de homofobia rampante). Desde luego tiene defectos, pero en general San Camilo, 1936 me parece un buen libro, diferente, relativamente atrevido y que ofrece una perspectiva interesante de esos episodios históricos decisivos que hemos visto relatados de tantas formas y con tan variadas intenciones.

P.S: Por cierto que, aunque el santoral no es precisamente mi fuerte, creo que la festividad de San Camilo de Lelis es el 14 de julio, y no el 18 como dice Cela. Bueno, tal vez una pequeña licencia literaria.

Otras obras de Camilo José Cela en ULADLa colmenaPabellón de reposoLa familia de Pascual Duarte

lunes, 5 de octubre de 2020

celso castro: las brujas

Idioma: español
Año de publicación: 2020
Valoración: está bastante bien

celso castro, ya sabéis, y si no, os lo cuento, es ese escritor gallego que tiene rota la tecla de las mayúsculas del ordenador... No, es broma: cierto que no utiliza las letras mayúsculas, pero, al parecer, se debe a una costumbre como poeta (ya se sabe que para escribir poesía conviene pasarse un poco por el forro las normas ortotipográficas); aunque, en verdad, parece más probable que esa ausencia de mayúsculas tenga por objetivo imprimirle mayor velocidad, un ritmo aún más vivo a los monólogos o soliloquios con los que este autor compone sus novelas, al menos gasta donde yo he leído, Porque tal parece ser la especialidad de castro: monólogos soltados por chicos jóvenes, poco más que adolescentes, que oscilan entre un tono coloquial y algún toque de pedantería, como suele suceder con los jóvenes (y no tan jóvenes... ejem) un poco leídos y un bastante inadaptados, y que van desgranando su vida y circunstancias.

En este caso, el protagonista-narrador se trata de un chico coruñés, que nos va narrando -o a un interlocutor que no conocemos- su devenir es un a familia sin padre y en la que tanto su madre como hermano mayor sentían, o eso cuenta, cierta animadversión hacia él. El cariño y la comprensión los encuentra en su tía laura y en algún amigo no menos peculiar, y el amor y el sexo, en lorena, hija de una conocida bruja de la ciudad y con poderes brujeriles ella misma, con la que comienza una relación de ¿noviazgo? ya en la infancia, escarceos eróticos incluidos, que después retoman en su adolescencia. Esta relación, junto con la establecida desde siempre con su familia, son las que articulan toda la novela-monólogo, bastante breve, por lo demás. No hay mucho más, aparte de la sensación, creciente por momentos, de que todo el soliloquio, el relato del joven o al menos sus elementos sobrenaturales, se deben a un desequilibrio mental del narrador-protagonista.

Y eso que lo más interesante de la novela, en mi opinión, es justamente esa mezcla de la típica, más o menos, novela de formación de un adolescente incomprendido (me estoy acordando de Crónica del alba, de Ramón J. Sender, por ejemplo, pero hay mil ejemplos) con el elemento sobrenatural de los poderes de lorena, la presencia de espíritus, etc. Sobre todo, la combinación funciona de maravilla en a parte que se refiere a la infancia de los personajes, que se podría considerar un relato completo en sí mismo. Ahora bien, en mi opinión también, castro no le saca todo el provecho a esa interesante asociación y prefiere tirar más por el tema familiar, el desorden psicológico del muchacho -no sólo de él, pero no quiero espoilear la novela-, y su extrañamiento o poca integración en la sociedad en la que vive. Lo mejor; que toda su narración está trufada también de toques de humor, de ironía socarrona que resultan de lo más refrescante y le quitan hierro a una historia que, de otro modo, parecería abocada al drama y la desesperanza más ceniza.


Otras novelas de celso castro reseñadas en Un Libro Al Día: el afinador de habitaciones

domingo, 20 de septiembre de 2020

Gonzalo Torrente Ballester: Los cuadernos de un vate vago

 
Idioma original: castellano
Año de publicación: 1982
Valoración: Está bien

Hasta ahora había leído libros de muy diferente origen y formato; pero no recuerdo haber conocido un texto procedente de grabaciones de voz en un magnetófono (puede que haya quien no sepa lo que es un magnetófono, pero para eso está la Wikipedia). Es justo lo que son estas reflexiones de don Gonzalo, registradas desde 1961 hasta 1972, para las más antiguas de las cuales (supongo que luego se iría modernizando) utilizó un Geloso, ingenio italiano bien bonito, uno de cuyo modelos aún hoy tengo el honor de poseer en mi casa (foto de por ahí abajo).

Por lo visto, al autor de Los gozos y las sombras y La saga/fuga de J.B. le hizo gracia la aparición de semejante aparato, y decidió entretenerse con él y de paso sacarle alguna utilidad. Por lo que se deduce del libro, Torrente utilizó las grabaciones sobre todo como apoyo a su trabajo literario, pero el formato hace que resulte inevitable una segunda función, seguramente no buscada, como diván de psicólogo. Son las dos vertientes que conviven en el texto, y que paso a exponer brevemente.

El periodo que abarcan las cintas es quizá el menos productivo en la trayectoria del autor. Buena parte de sus reflexiones están registradas durante sus largas estancias en Estados Unidos, donde ejerce como profesor de Universidad, y el hombre siente su creatividad atascada. Parece ser que no es muy amigo de tomar notas, y todo fluye en su cabeza, van y vienen ideas sobre sus personajes, la forma de encajarlos en el argumento y los distintos rumbos que este puede adoptar. Algunas le cuadran con lo previsto, otras le obligan a rehacer el trabajo o le hacen cambiar de dirección, y bastantes de ellas simplemente se le olvidan. Este hombre no parece ser el escritor profesional que se impone un horario para sentarse frente a la hoja en blanco y obligarse a trabajar. O sea que viene a ser una especie de anti-Murakami, ese metódico caballero a quien solo parece faltar un software de control laboral para fichar al inicio y al final de su jornada. Nada estajanovista, Torrente es un hombre normal, que siente la necesidad de escribir pero a quien muchas veces le puede la desgana y la pereza (de ahí el adjetivo del título). 

En esta época, aparte de otras obras menores, se encuentra pergeñando lo que luego sería La saga/fuga –iniciada con materiales de Campana y piedra, que creo que no llegó a publicarse como tal-, y ahí estaba precisamente mi principal foco de atención. Me interesaba saber cómo este autor tan poco dado a la fantasía y la experimentación se decidió por explorar caminos tan diferentes en esta obra. Pues en fin, curiosidad insatisfecha, porque en las reflexiones de Los cuadernos… no hay una sola pista sobre el tema, como si don Gonzalo no estuviese haciendo nada demasiado diferente de lo anterior y posterior. Así que desde este punto de vista –muy particular, lo reconozco- el libro decepciona las expectativas; no así si nos contentamos con escudriñar un poco en el proceso creativo, cómo se van fraguando las tramas o cómo percibe el autor el crecimiento de su obra, cómo los personajes van cobrando vida, enriqueciéndose o incorporando nuevos caracteres que a lo mejor cambian su fisionomía y exigen un replanteamiento del relato.

El otro aspecto que encierra el texto es indudablemente el personal. Como apuntaba antes, la confesión personal no es para nada el objetivo con que el autor gallego emplea el magnetófono, pero es imposible que no se filtre en horas y horas de grabaciones, muchas de ellas realizadas lejos de su tierra y su familia. Las cuitas de Torrente Ballester se van colando en los mensajes poco a poco, y en ocasiones adquieren un tinte bastante sombrío. Estamos ante el escritor que pasa por problemas económicos (o sea, un modelo bastante corriente), ya mayorcito (sobre los sesenta o poco menos), que siente el cansancio de las largas temporadas solo en Nueva York, va notando su salud poco a poco más deteriorada y se siente con frecuencia bloqueado en su trabajo y hasta se diría que aburrido. El hombre hace cálculos  sobre el tiempo que le falta para cobrar unos trienios y sobre las fechas en que ha de entregar su material para recibir algo del editor. Reflexiones propias de cualquier currante, pero que, no sé por qué, muchas veces no asociamos a un escritor.

Así que, bueno, es el típico libro para muy interesados en a) el proceso creativo, b) el autor en concreto, o c) lo que pasa por la cabeza de un tipo normal que se dedica a la literatura. Porque eso es lo que transparenta en el fondo de estas peculiares grabaciones: un señor mayor que, al mismo tiempo que se inventa historias y personajes, piensa con preocupación en cómo quedará su familia cuando él falte, echa de menos su casa y su país, y tiene que dedicarse a cosas que no le satisfacen del todo para ir tirando. Como usted y como yo. El oropel de los homenajes y el dinerillo de los premios vendría unos años después, pero él no lo sabía. 


Otras obras de Gonzalo Torrente Ballester en ULAD: La saga/fuga de J.B.La muerte del decanoFilomeno, a mi pesarLa isla de los jacintos cortados

domingo, 15 de marzo de 2020

Gonzalo Torrente Ballester: Filomeno, a mi pesar

Idioma original: castellano
Año de publicación: 1988
Valoración: Entre Recomendable y Está bien

Cuando un escritor digamos bien considerado se presenta al premio Planeta ocurren cosas extrañas. Como que se oculte tras un (casi siempre ridículo) pseudónimo para ocultar su personalidad y evitar que el jurado valore la obra ad hominem, cuando todo el mundo sabe (no los entendidos, lo publican los medios) quién es el autor. Conste que esto no lo hizo don Gonzalo Torrente Ballester cuando presentó este libro en 1988, como tampoco lo había hecho Juan Benet ocho años antes, pero sí Bryce Echenique, por poner un ejemplo. Otra cosa que parece inevitable es que esa novela candidata cuente con una especie de sesgo Planeta, que, sea cual sea la trayectoria del autor, venga adaptada a un estilo determinado, esquivando riesgos e innovación, refugiándose en un modelo confortable que a nadie incomode. Benet –que encima no ganó- lo hizo con una especie de versión descafeinada de sus complejas narraciones anteriores. ¿Se apuntó también el gran Torrente Ballester a esta metamorfosis mercantil?

La historia de Filomeno resulta un tanto desconcertante. Su propio nombre, además de suscitar a su portador un rechazo bastante comprensible, se diría además que está dibujando la dicotomía de su origen familiar. Frente al Filomeno impuesto por el padre (un intelectual gallego sin pedigrí), el joven adopta en ocasiones el Ademar procedente de la rama materna, entroncada con la alta alcurnia portuguesa. La dualidad se materializa también en dos propiedades inmobiliarias diferenciadas, una a cada lado del Miño: una buena casa en un pueblo gallego, un soberbio pazo en el lado portugués. Cada ámbito tiene también su propia atmósfera: la tradicional y aristocrática al sur, la burguesa y diríamos más progresista al norte. Las dos vertientes tienen sin embargo zonas comunes que convergen en Filomeno, la afición por el sexo femenino y cierta vocación literaria.

No hay propiamente confrontación entre esos dos mundos (estéticamente no muy diferentes), sino algo así como una fluctuación, la oscilación entre dos imanes. El problema –y aquí surge el primer desconcierto- es que la cuestión solo queda apuntada al principio del libro, pero casi nada sabremos de ella hasta el final. Lo que pronto cobra vida es una novela de formación casi canónica, que va llevando a Filomeno por Madrid, Londres y París, y vuelta al terruño familiar, como estudiante o desempeñando distintos oficios, pero siempre con algún personaje femenino que concentra la atención. Ninguna imagen más atinada que la de una novia en cada puerto. Todo lo cual se sigue con interés al principio pero, visto desde la página trescientos y pico, aumenta el estupor del lector. ¿Es esta sucesión de aventuras amorosas todo lo que ha venido a contarnos don Gonzalo?

Sensaciones contradictorias, porque la prosa de Torrente es tan sabia, fluye con tanta naturalidad siempre teñida de ironía, que hace que la lectura siga siendo un placer aunque con muchas páginas avanzadas tengamos la sensación de que el argumento suena a hueco. Y aún descubrimos más virtudes, porque de tanto en tanto asistimos a momentos deslumbrantes, como la inigualable caracterización de un viejo militar inglés, refugiado en sus pequeñas extravagancias y en el confort de su exclusivo club londinense; o la estremecedora historia de Ursula, en la que el terror no nace en una mente criminal sino en un bucle de dolor y locura. Unos cuantos episodios que se desarrollan poco antes y durante los primeros compases de la Segunda Guerra mundial son también una buena crónica del momento histórico, narrada desde el punto de vista de un outsider, perplejo ante un mundo que estalla sin entender muy bien por qué.

No es fácil entonces saber a qué carta quedarse porque, como decía, esto está impecablemente escrito, con un ritmo narrativo impecable, pero si miramos bien, este itinerario de Filomeno podría muy bien constituir una serie de relatos independientes, autoconclusivos, con poca más hilazón que su único protagonista, ese chico salido de las nieblas galaico-portuguesas por el que los años van pasando, pero del que no terminamos de saber si está madurando o cómo está cambiando, si es que lo está haciendo.

Esta impresión se acentúa si cabe en el último tramo, que podríamos definir como de vuelta a los orígenes, donde encontramos de nuevo cosas contradictorias: por una parte, instalada la historia en la postguerra española, don Gonzalo se despacha a gusto con las fuerzas vivas del franquismo. Naturalmente, no es una crítica social o política, sino la visión mordaz del entorno caciquil en que los vencedores han instalado a sus peones más cutres (cierto es que el libro se publicó en 1988, o sea, en un momento ya nada comprometido, pero aun así puede servir para despejar dudas sobre las inclinaciones políticas del autor o su supuesta tibieza anterior). En este contexto encontramos también la que quizá es la escena más inolvidable del libro, un memorable entierro que no vale contar, hay que leerlo. 

Pero tampoco se queda uno del todo conforme. El relato parece haberse instalado es una especie de costumbrismo mordaz (muy gallego), divertido, con buen dibujo de personajes, pero que igual se nos queda un poco chato. Y nuestro Filomeno, hasta entonces más o menos interesante en su constante indefinición, parece experimentar, en su verbo, en sus actitudes, una transformación imprevista y no explicada, que resulta poco convincente.

En general, el libro tiene un cierto aire a Los gozos y las sombras, se mueve en el campo del realismo, en las atmósferas lluviosas y sombrías del noroeste peninsular, poblado con generosidad por los lances amorosos, aunque menos intensos que en la famosa trilogía. Pero desde mi punto de vista, quizá demasiado condicionado, tiene seguramente un lastre fundamental: venir de la misma pluma que escribió La saga/fuga de J.B. ¿Dónde ha quedado la fantasía, el riesgo, la transgresión, que dieron lugar a semejante desparrame literario? Es lo que tiene haber escrito una obra maestra: que cualquier otra cosa que se haga, aunque sea digna –y esta lo es- palidece quizá en exceso. ¿O es tal vez el sesgo Planeta?


viernes, 2 de agosto de 2019

Camilo José Cela: Pabellón de reposo

Idioma original: castellano
Año de publicación: 1944 (un año antes, por entregas)
Valoración: Está bien

Lo siento, pero no puedo empezar a hablar de un libro de Camilo José Cela sin dejar claro que este caballero me caía gordísimo. Era Cela uno de los representantes de esa estirpe de artistas mediáticos que se construyeron su personaje y supieron sacarle todo el partido, lo cual despierta mi antipatía y, en mi humilde opinión, les hace perder crédito. No citaré otros nombres –los hay, y varios, también en la actualidad- pero en el caso de Cela, su connivencia con el franquismo (desconozco el alcance real, y tampoco me interesa mucho) y su eclosión en la época de la televisión única pregonando bufonadas sin gracia le hicieron acreedor a mi rechazo y consiguiente exclusión de mi lista de lecturas. Pero como todo aquello queda ya afortunadamente muy lejos, pues nada, dejemos por un momento los prejuicios, al menos para dar una oportunidad a una obra de la que había oído hablar pero que no conocía.

Dentro de la prolongada, bastante abundante, muy variada y creo que enormemente irregular trayectoria del autor gallego, Pabellón de reposo aparece poco después de la célebre (con razón) La Familia de Pascual Duarte, todavía inmersa en el realismo y muy lejos de la experimentación que ensayó años más tarde. Con un innegable parentesco, al menos en el escenario, con La montaña mágica de Thomas Mann (1924), y más notorio aún con The Straw, de Eugene O´Neill (1922), la obra de Cela es un compendio de reflexiones de un grupo de enfermos terminales en un sanatorio para tuberculosos. Personas de diferente edad y condición social dejan constancia escrita de sus sentimientos en esas difíciles circunstancias, aislados del mundo exterior y carcomidos por la enfermedad.

En esa fase final los siete pacientes van dejando sus impresiones sobre el entorno, la vida que dejaron fuera, sus temores y esperanzas, los tratamientos que se les proponen, o sobre sus propios compañeros de pabellón. Reflexiones a veces amargas, otras cargadas de ingenuidad, más centradas en la vida que en la muerte, y con una característica casi permanente: por encima de la añoranza de lo perdido o de las dudosas perspectivas sobre el futuro, los enfermos hablan casi siempre en torno al presente. Con escasas excepciones, parecen individuos que hubieran asumido el aislamiento y la incertidumbre que les ha tocado vivir, sin hacerse demasiadas preguntas y sin dejarse dominar por las debilidades que se dirían naturales, el anhelo o la desesperación. Tanto han asimilado la situación que (recurso ya visto otras veces) pierden sus nombres y se llaman entre sí por el número de habitación.

Como seguramente se puede ir deduciendo, aunque los pacientes son muy diferentes en edad, situación personal o circunstancias sociales, las voces no son demasiado diferentes. Es el primer elemento que choca desde el punto de vista narrativo. Como la génesis del relato se encuentra en una experiencia personal del autor (como creo que también lo fue en caso de O´Neill), da la impresión de que Cela ha trasladado a este peculiar colectivo sus propias sensaciones, diversificando con algunos matices para individualizar a los personales, sin conseguirlo del todo. Y así apenas encontramos rastro de lo que serían reacciones dispares según la personalidad del enfermo, es decir, el predominio de la tristeza, del miedo, de la esperanza o de la ira, según los casos. Todos parecen pensar y sentir de una forma demasiado homogénea.

No es solo el contenido de esas reflexiones, también su forma es poco menos que intercambiable, y en mi opinión más bien poco adecuada a lo que se quiere transmitir. Vale que alguno de los personajes se deje llevar en su agonía por la vena poética, pero no es creíble que lo hagan todos ellos. Apenas ningún momento de desgarro, nadie recurre a la exclamación ni transcribe un diálogo, casi no encontramos una anécdota, ¿puede no haber ruptura en el estilo de siete personajes que escriben libremente durante varios días? Y no, tampoco busquemos subtexto ni vanguardismo que dispensen este extraño efecto. Estamos en la vía realista.

Lo que ocurre es que la estructura de la narración resulta determinante en el resultado. Formalmente el esquema está bien diseñado, pero me atrevería a decir que peca de inmadurez.  Se diría que Cela toma la idea central, decide desarrollarla en esas dos rondas sucesivas de voces, lo que es una apuesta valiente y hasta atractiva, pero no acierta con los elementos que esa estructura exigía: profundizar mucho más en los personajes, darles tonalidad y lenguaje bien definidos, hacer funcionar el conjunto como tal y no como mera suma de testimonios. Seguramente por haber recurrido al formato de textos escritos, es ahí donde el relato pierde credibilidad, resulta forzado y muy lejos de la naturalidad que destilaba Pascual Duarte. Unos años más tarde, en La colmena sí dio con el mecanismo correcto de una novela coral.

Con todo, es cierto que hay algunos momentos de intensidad bien construida, y habrá quien disfrute de esa prosa en mi opinión excesivamente poética, pero el texto se queda a medias, tal vez por incoherencia entre el objetivo y los medios empleados, quizá por excesivamente ambicioso.

También de Camilo José Cela en ULAD: La familia de Pascual DuarteLa colmenaSan Camilo 1936