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miércoles, 4 de febrero de 2026

Clarice Lispector: Lazos de familia

Idioma original: portugués

Título original: Laços de Família

Traducción: Cristina Peri Rossi

Año de publicación: 1960

Valoración: Recomendable


La verdad es que no había oído hablar de Clarice Lispector hasta que varios de sus libros aterrizaron en ULAD, así que una vez más queda claro que aquí todos aprendemos de todos, o al menos soy yo el que aprende de todos. Casualmente cae en mis manos este Lazos de familia, que resulta ser un libro de relatos breves, lo cual no estoy seguro de que sea el medio más adecuado para testar a un escritor, pero es lo que hay. El libro se publica en 1960, cuando la autora brasileña, ucraniana de nacimiento, ya ha publicado algo de narrativa, incluyendo la que creo que es su primera y más celebrada novela, Cerca del corazón salvaje, escrita con solo veinticuatro años.

Ya puestos un poco en situación, podemos ir desgranando los distintos tipos de relatos que, con características bastante marcadas, componen el libro. Varios de ellos, colocados en la parte final, tienen un tinte muy de obra juvenil, con protagonistas adolescentes o poco menos, y un desarrollo más bien convencional. Narrados con pulcritud, son seguramente cuentos escritos años atrás que no aportan demasiado, con excepción de aquel (perdón por no recordar el título) que relata una agresión sexual, con un crescendo muy potente y una conclusión sobria que dan un resultado impecable.

Otro grupo de relatos se aproxima más a la fábula, con rasgos de humor y argumento más o menos insólito, como la historia de un perro, la más sorprendente de la mujer más pequeña del mundo, o aquella que tiene como protagonista a una gallina. Pasajes divertidos con un fondo simbólico resuelto con dignidad y eficacia.

Y quizá los cuentos más característicos, casi todos colocados al principio, son aquellos que hablan de historias cotidianas de mujeres, en tono intimista y algo brumoso, que bucean sentimientos e inseguridades que tienen que ver con el sufrimiento, el amor, la amistad o la soledad. Es escudriñar en la mente y el corazón de sus protagonistas, leer sus pensamientos y descubrir inseguridades, pequeñas envidias secretas o simplemente zonas de sombra que no conocemos pero que dejan cicatrices antiguas que no quieren ser borradas. Ocurre así en Feliz cumpleaños, uno de los relatos más brillantes, donde confluye la amargura de aquellas heridas con geniales golpes de humor.

Son finalmente narraciones que casi siempre carecen de desenlace, como trozos aleatorios de películas que se hubieran perdido: no sabemos qué hubo antes ni qué vendrá después, pero el cuadro es suficiente para transmitir emociones o definir personajes o parte de ellos. Y todo con la inconfundible seña de identidad de una prosa algo desconcertante, inexacta o improvisada, que provoca una sensación de frescura muy recomendable, a veces incluso con un punto excitante poco usual. Es en ocasiones una sintaxis forzada, en otras repeticiones o interrupciones que dan lugar a una expresión marcadamente personal a la que es difícil buscar parentescos, algo que hace de la lectura una experiencia gratificante aunque de vez en cuando, que todo hay que decirlo, peque de algún que otro exceso.


También de Clarice Lispector reseñado en ULADaquí

miércoles, 17 de septiembre de 2025

Giovana Madalosso: Suite Tokio

Idioma original: Portugués
Título original: Suíte Tóquio
Traducción: Diego Cepeda
Año de publicación: 2020
Valoración: Recomendable

Suite Tokio es una novela coral. Dos mujeres se alternan para narrarla en primera persona: Maju (niñera que se lleva consigo a Cora, la hija de cuatro años del matrimonio para el que trabaja) y Fernanda (madre de la pequeña ahogada por la vida doméstica, cuyo matrimonio se desmorona y halla refugio en su empleo como productora ejecutiva y en una aventura con una documentalista excéntrica).

La premisa de Suite Tokio, que a mí me ha recordado vagamente a la de la novela francesa Canción dulce de Leila Slimani, es la siguiente: un día, Maju secuestra a Cora. Tiene 44 años, al igual que Fernanda, y aunque cobra un sueldo decente, por culpa de su empleo como niñera interna vive prácticamente encerrada en una casa ajena, ha perdido a su pareja y se le ha pasado la oportunidad de ser madre de una hija propia.

El tema principal de Suite Tokio es, por supuesto, la maternidad: la biológica pero distante, encarnada por Fernanda, y la circunstancial pero afectiva, derivada del cuidado, encarnada por Maju y Cacá, el padre de Cora. «Un deseo que toda madre ha sentido, que su hijo desaparezca. Que muera por unos segundos», página 40. «Cacá tenía un don para la vida doméstica; había nacido para cuidar. Cuidar de lo que fuera, de los cactus, de nuestras jardineras, de Cora, de mi madre, de nuestros amigos, de la remodelación del apartamento, de nuetras cenas, de la receta de la cena. Yo no podría hacer todo lo que él hacía ni aunque quisiera, por lo menos no con la misma levedad (...). Y entendía que, de la misma manera en que yo debía ir lejos para florecer, él debía encorvarse sobre las pequeñas cosas», página 59. «Tener un hijo era una paliza tan fuerte que lanzaba a cada una a la esquina del ring, con estrellas volando en torno a la cabeza. Las madres se resbalaban en extremos, sin saber quiénes eran. O se anulaban sexualmente o su deseo se recrudecía. O se sumergían en el trabajo o no sabían qué más hacer con la vida (...). Tan inseguras en su tarea de madre que debían implosionar a sus semejantes. (...) Al descalificar a la otra, atenuamos nuestra sensación constante de ser pésimas madres», página 149. «Yo le había cogido cariño a Cora de una manera que nunca me había pasado con otros niños. (...) Pensé que ese amor prohibido de bebé y nana también era culpa de doña Fernanda. Ella había dejado a su hija en un rincón de la vida, y ahí en el rincón estaba yo», página 161. «Solo parí a Cora. Para ser madre, una persona tiene que adoptar al hijo después de que nace. La madre eres tú. Y Maju», página 219.

Otros temas, con menos peso que la maternidad, pero igual de relevantes, orbitan Suite Tokio:

  • El amor. «Tal vez las pasiones (...) sean devastadoras (...) porque enamorarse de otro es enamorarse de una nueva posibilidad de una misma», página 139.
  • El deseo femenino.
  • La desigualdad de clases. «Sé que mi abu Brígida me amaba porque hacía todo por mí, pero nunca escuché de su boca un te amo, nadie dice eso en el campo, es como si el amor fuera una cosa demasiado delicada para nosotros, una caja de bombones con papel de seda que solo algunas manos pueden abrir», páginas 143-44.
  • La alineación producida por las expectativas de género, sociales y culturales, etc... «Me quedé pensando de dónde venía la rabia que mi hija sentía por mí. Una rabia por ser subyugada, tal vez la misma que yo sentía por estar subyugada al papel de madre. Y Cora lo notaba. (...) Ella incluso debió percibir mi angustia por una decisión que también le afectaba. En esos días había recibido una oferta del canal de televisión en el que trabajaba para (...) volverme productora ejecutiva (...). Primero dije que no (...). Pero, claro, no estaba en paz con mi decisión. Era un cargo que quería y entendí que ser madre frustrada era un pésimo negocio (...)», página 41.

En fin: de Suite Tokio me ha gustado su prosa, la tensión creciente de su argumento, sus personajes (incluso los secundarios tienen algún rasgo memorable) y sus reflexiones. No me extraña que la novela quedara finalista del Premio São Paulo de Literatura y del 63º Premio Jabuti.

sábado, 19 de julio de 2025

Ana Paula Maia: Búfalos salvajes

Idioma: Portugués
Título original: Búfalos Selvagens
Traducción: Mario Cámara
Año de publicación: 2024
Valoración: Se deja leer > Está bien

Búfalos salvajes es una novela breve de Ana Paula Maia. Aunque se puede, al igual que he hecho yo, leer de manera independiente, tiene continuidad con otras obras de la autora brasileña.

El argumento de Búfalos salvajes es simple, casi esquemático. Hay un grupo de conocidos que quieren abrir un matadero de búfalos. Para ello, alquilarán un terreno cuya otra mitad ocupa un circo, aparentemente involucrado en el asesinato de uno de sus payasos.

La prosa de Búfalos salvajes es extremadamente sobria (seca, incluso; a fin de cuentas, las frases de Maia son breves y repiten desacomplejadamente las palabras si hace falta), salvo por algún venazo poético ocasional. Puede resultar algo cansina durante las descripciones, pero funciona muy bien a la hora de transmitir varias reflexiones en torno a la muerte.

Da la sensación de que a los personajes de Búfalos salvajes les falta algo de cocción (aunque entiendo que esa sensación debe evaporarse por completo para quienes se hayan familiarizado con ellos en sus apariciones previas). Algo parecido suscede con ciertos eventos que se emplean de contexto o telón de fondo en la obra, como por ejemplo la epidemia, o que el padre Tomás se haya enfrentado a un demonio antes.


También de Ana Paula Maia en ULAD: Aquí

miércoles, 21 de mayo de 2025

Colaboración: El amor de los hombres solitarios, de Victor Heringer

Título original: O amor dos homens avulsos

Traducción: Francisco Cardemil Pérez

Año de publicación: 2024

Valoración: Muy recomendable


La mejor recomendación posible de esta novela la hace Zadie Smith en la solapa:

“Al terminarla, uno tiene el deseo de conocer de inmediato al joven que la escribió, estrechar con fuerza su mano y felicitarlo por el comienzo de una carrera brillante. Pero Victor Heringer ya no está. Se marchó dejando atrás este hermoso libro”.

Efectivamente, este libro es hermoso. Trágico, pero hermoso. Heringer nos cuenta una historia de descubrimiento de la vida, de la amistad y del deseo de un joven de familia acomodada de la periferia de Rio de Janeiro cuya apacible vida adolescente se ve alterada por la llegada a su casa de un joven adoptado por el que se sentirá irremediablemente atraído. Esa llegada trastocará la precaria estabilidad de una vida familiar oscurecida por las connivencias del padre con la dictadura y el desequilibrio mental de la madre, y marcará para siempre la trayectoria vital de Camilo, nuestro protagonista. 

Alrededor flota siempre el ambiente amenazador de la delincuencia, las drogas y la violencia física que asfixia la vida de los habitantes del suburbio en el que vive y del que intenta escapar y al que vuelve en un último intento de redimirse y de hallar un sentido a una vida que quedó paralizada por un trágico suceso. El diagnóstico de Camilo sobre su vida es demoledor: “Crecí más triste que una paloma. Me convertí en un adulto inútil, amargado y sucio. Apenas puedo encontrar belleza en las cosas”.

Con estos mimbres podríamos encontrarnos ante una historia que podría ser sombría, triste, descarnada, pero Heringer escribe con mucha ternura y delicadeza y arroja luminosidad y esperanza sobre unas vidas que transcurren al borde de la tragedia.

Efectivamente, es una pena que Heringer ya no esté con nosotros. Leer esta excelente novela puede ser nuestro mejor homenaje.

Firmado: José Miguel Martínez


sábado, 21 de diciembre de 2024

Rubem Fonseca: El salvaje de la ópera

Idioma original: portugués

Título original: O Selvagem da Ópera

Traducción: Mario Merlino

Año de publicación: 1994

Valoración: recomendable (tal vez un poco más para los amantes de la ópera)

Los huevos que hubo de tener ese brasileño para ponerse a las patadas con Giuseppe Verdi y Giacomo Puccini, presentando una ópera sobre un indígena americano, Il Guarany, en el Teatro alla Scala, y además, siendo recibida con éxito. Está es la historia de Antonio Carlos Gomes (nombre adecuado para ser músico brasileño), compositor que llevo la ópera desde las indias, de regreso al viejo continente.

El salvaje de la ópera es la biografía novelada de Carlos Gomes (así es, Fonseca no solo escribía novela negra). Aunque su estilo es reconocible, la gran diferencia entre este libro y sus célebres relatos cortos o sus novelas de detectives radica en el ritmo. Aquí, Fonseca se explaya con descripciones detalladas (excesivas para algunos) sobre el mundo del espectáculo europeo de finales del siglo XIX, los escenarios y las representaciones. Es evidente el amor que el autor sentía por la ópera, lo que puede resultar denso en ciertos pasajes para aquellos lectores más interesados en las tribulaciones personales de Carlos Gomes o en el desarrollo lineal de la trama.

Además de retratar el entorno artístico, Fonseca no solo describe el brillo y la pompa de las salas europeas, sino también el trasfondo político y las tensiones entre el antiguo orden imperial y las nuevas formas de organización republicana. Esta dualidad añade una dimensión histórica que complementa la trama musical.

Otro de los puntos centrales es el marcado contraste entre la vida de Carlos Gomes en su país y las dificultades que enfrentó en sus interacciones con la alta sociedad europea. En Brasil era un genio reconocido, un músico nacional de prestigio que se mantuvo fiel al emperador Dom Pedro II y a las viejas costumbres (incluso se negó a componer el himno nacional una vez que Brasil se convirtió en república, optando en cambio por crear una obra en honor al “descubrimiento de América”). En Europa, sin embargo, se encontraba en una posición mucho más incómoda: era visto como un indio exótico que debía presentarse impecablemente vestido y con el cabello planchado para no ser considerado un salvaje sacado de la selva a tamborazos.

Recomiendo este libro, particularmente para los amantes de la música clásica occidental en general y de la ópera en particular. Incluso les recomiendo acompañar la lectura com una arias de Rigoletto, La Traviata, o Il Guarany (o si pueden cantarlas, mejor). La experiencia puede ser tan enriquecedora como el propio texto (siempre se puede ser más mamador).


Otros libros de Rubem Fonseca en ULAD: El gran arteEl seminaristaVastas emociones y pensamientos imperfectosBufo y Spallanzani

sábado, 5 de octubre de 2024

Tatiana Salem Levy Vista Chinesa

Idioma original: portugués.
Título original: Vista Chinesa
Traducción: Mercedes Vaquero
Año de publicación: 2022
Valoración: entre recomendable y está bien

Libros como Vista Chinesa obligan a quien los lee con la intención de reseñarlos, de opinar sobre ellos, a un ejercicio de un cierto equilibrismo. El que supone balancear la obvia utilidad del texto en sí con su estricto valor desde un sentido estrictamente literario. Por supuesto, es una tesitura difícil. Se trata de una novela corta, apenas una hora y media de lectura, en la que la autora toma la voz de una amiga íntima, una arquitecta que, en medio de las preparaciones necesarias para los dos eventos deportivos que tuvieron lugar en Brasil (Juegos Olímpicos y Mundial de Fútbol) fue violada cuando salió a correr por un parque en las afueras de Río de Janeiro. Es una narración en primera persona interpuesta y es de una crudeza y realismo incuestionables, de hecho es una carta de la víctima a sus hijos, esa es la modalidad que usa la autora para describir todo el proceso. 

Por tanto, es un acto de enorme valentía, una especie de catarsis, y sus intenciones son inapelablemente honestas: la denuncia, el testimonio, la descripción del duro proceso que se inicia cuando una mujer se encuentra en una situación así y lo tortuoso que es. Nada que oponer desde una perspectiva de un libro así en cuanto a necesario. Y mis reticencias no irían por ahí, comprendiendo lo pantanoso del asunto. Pero, ¿para qué esperar al epílogo del libro para que la víctima se decida a despojarse de su anonimato y acepte dar su nombre? No acabo de ver el sentido, si de lo que se trata es hasta cierto punto de denunciar no solo los hechos, sino el desagradable proceso al que se obliga, tanto bajo la coartada de la investigación como para el mero hecho de impartir justicia. Supongo que en todas partes responde a un cierto esquema en que hay que obtener todo lo que permita buscar al agresor. Los reconocimientos de los médicos forenses, el testimonio para la denuncia, las prospecciones de la investigación, el cerco de los posibles sospechosos: todo puede hacerse farragoso, pero no veo otra manera de acercarse a la verdad que esa. Supongo que se puede ver desde un prisma más frío o más sensible, pero lamentablemente, no creo que Brasil sea una excepción, es que ese proceso implica una intervención obligatoriamente funcionarial, donde la implicación emocional puede resultar incluso poco compatible. 

Todo ese recorrido en el cual Júlia ha de regresar a los hechos y revisitar sus sensaciones me ha parecido a veces previsible y a veces, por la interposición narrativa, poco realista o incluso, supongo que para mitigar el dolor, algo edulcorado. Puede que un testimonio directo, una narración más directa y descarnada le hubiera sentado mejor a las intenciones del libro. 

lunes, 24 de abril de 2023

Ailton Krenak: La vida no es útil

Idioma original: portugués
Título original: A vida não é útil
Traducción: Cecilia Palmeiro, para Eterna Cadencia
Año de publicación: 2020
Valoración: muy recomendable


Ahora que ya ha pasado cierto tiempo desde que la pandemia zarandeara nuestras vidas y el sistema sanitario y económico mundial, y después de haber constatado que ese suceso no nos ha hecho mejores como sociedad (diría que incluso ha ocurrido lo contrario) es bueno ver la visión de Ailton Krenak, uno de los grandes filósofos y chamanes indígenas de Latinoamérica, pues su lectura permite acercarnos a una realidad muy distinta de la nuestra. Y no, no se trata de un libro sobre la pandemia ni mucho menos, se trata de un ensayo sobre ecologismo y anticapitalismo por parte de una mente muy lúcida y crítica con la humanidad a partir de «conversaciones, conferencias y debates que luego fueron transcritos y editados».

Con esta premisa, y tal y como indica Natalia Brizuela en el prólogo, «Ailton nos recuerda a los humanos que debemos despertar del sinsentido comatoso en el que estamos sumergidos desde el inicio del proyecto colonial moderno, donde el orden, el progreso, el desarrollo, el consumismo y el capitalismo se han apoderado de nuestra existencia, dejándonos solo parcialmente vivos, y de hecho casi muertos» porque el autor brasileño es una figura destacada especialmente en su lucha por los derechos de la comunidad indígena ante la presión colonizadora y la devastación de la Tierra por parte de los blancos hasta el punto de afirmar que «mi vida solo cobrará sentido si soy capaz de redimir una identidad. ¿Qué es eso? Es afirmar la existencia y el derecho a la existencia de todos los indios de Brasil». Así, la implicación del autor con la defensa de las raíces de su pueblo es absoluta y esas raíces están plenamente arraigadas a un entorno, a una tierra. 

Así, el autor trata, en varios de los ensayos contenidos en este breve libro, sobre la relación de la humanidad con la tierra, especialmente desde la mirada cuidadora de la comunidad indígena que las habita, que convive con ella porque «todos nosotros ya fuimos algo más antes de ser personas». El autor entiende la vida como un único ser orgánicamente integrado, porque en nuestra relación con el mundo, «la conversación es entre humanos, todos los humanos, pero también (…) con los animales, las plantas, los ríos, las montañas y todos los antepasados». Todo forma parte de un solo ente, con quien debemos cohabitar y al que debemos cuidar. Por ello, el libro de Krenak rebosa ecologismo y se lamenta de lo poco que hace el ser humano para frenar la destrucción de los bosques y del planeta y critica lo que justamente hace en sentido contrario porque a pesar de que «mi decisión de no usar automóvil ni combustible fósil, de no consumir nada que aumente el calentamiento global, no cambia el hecho de que nos estamos derritiendo». 

De esta manera, el autor critica fieramente el capitalismo y la necesidad imperiosa por parte de la humanidad de poseer cuanto más posible, y lo más rápido que podamos, porque «somos adictos a la modernidad. La mayoría de los inventos son un intento de nosotros, humanos, para proyectarnos en la materia más allá de nuestros cuerpos. Eso nos da sensación de poder, de permanencia, la ilusión de que seguiremos existiendo» pero esto tiene grandes consecuencias porque ha llegado un momento en el que «parece que la idea de concentración de la riqueza llegó a su clímax. El poder y el capital entraron en un grado de acumulación tal que ya no hay separación entre la gestión financiera y política del mundo». El dinero gobierna y gestiona el mundo, y no al revés como debería ser. Y, la vida en este mundo, que se mide únicamente por lo conseguido, porque «esta sociedad de mercado en la que vivimos solo considera útil al ser humano cuando está produciendo (…) cuando el individuo deja de producir, se convierte en un gasto».

El autor es muy crítico con el mundo actual, pues confiesa en una suerte de lamento que «no consigo imaginarnos separados de la naturaleza» y asevera que «el planeta nos está diciendo: ‘Ustedes se volvieron locos, se olvidaron de quiénes son y ahora están perdidos pensando que han conquistado algo con sus juguetes’». Unos “juguetes” industriales, tecnológicos que acabaran justamente con nosotros, los que los hemos ideado soñando un mundo en grande, un mundo ambicioso lleno de imposibles que lo único que nos ha demostrado es que «nosotros somos mucho peor que este virus que está siendo demonizado como la plaga que vino a comerse el mundo. Somos nosotros la plaga que vino a devorar el mundo» y constata, con pesar, que «la ecología nació de la preocupación por el hecho de lo que buscamos en la naturaleza es finito, pero nuestro deseo es infinito, y si nuestro deseo no tiene límite, entonces vamos a comernos todo este planeta» porque el capitalismo es voraz, su hambre crece cada día, porque en su opinión formada desde su vida envuelta de la comunidad indígena, los blancos «esclavizaron tanto a los otros que ahora tienen que esclavizarse a sí mismos» en conseguir siempre más en una carrera sin fin.

Cierto es que el autor es drástico en algunos planteamientos como cuando ataca a la escuela («una fábrica de locura») porque forma ingenieros, químicos que solo contribuirán a aumentar la destrucción del planeta aunque a veces intenten maquillarlo con avances envueltos en capas de supuesta sostenibilidad. Desde su visión ecologista y anticapitalista este pensamiento es perfectamente comprensible, aunque es discutible si lo tenemos en cuenta desde una visión dicotómica y global, pues no todo el progreso es nocivo ni perjudicial. Es aventurado expresarlo de manera tan taxativa, aunque a la vez comprensible.

Antes de que la falta de agua acabe por secar nuestras expectativas de vivir en comunión con un mundo al que estamos maltratando, debemos recapacitar hacia donde dirigimos el mundo (o mejor dicho, empujamos) y pensar en él, no únicamente como lugar donde habitamos sino también cohabitar con él y dejar de darle valor a todo, de medir nuestra vida por el progreso. Dice el autor que «La vida no tiene ninguna utilidad. La vida es tan maravillosa que nuestra mente trata de darle alguna utilidad, pero eso es una estupidez. La vida es fruición, es una danza». Dancemos pues, mientras esperamos que todo acabe.

lunes, 30 de enero de 2023

Clarice Lispector: Cerca del corazón salvaje

Idioma original: portugués
Título original: Perto do Coração Selvagem
Traducción: Josep Domènech Ponsatí (trad. al catalán para Club Editor) y Basilio Losada (trad. al castellano para Siruela)
Año de publicación: 1943
Valoración: recomendable


Creo poder afirmar, sin equivocarme demasiado, que es habitual descubrir un autor a través de su último libro publicado. Es el poder del mercado editorial, que nos lo muestran por doquier para captar nuestra atención. Solo cuando un autor ha calado fuertemente en nuestras vidas es cuando nos adentramos a buscar sus obras iniciales, sus primeras experiencias literarias. En este caso, Club Editor nos ha facilitado el camino publicando, justo ahora, el primer libro de Clarice Lispector después de haber publicado su magnífico «Un soplo de vida» y «La hora de la estrella» (precisamente sus dos últimas novelas). Así pues, parece que quieran cerrar un círculo, espero que para rellenarlo del resto de sus obras.

El libro empieza con la protagonista, Joana, narrando una situación familiar: está ella en su hogar, siendo aún pequeña, con su padre, y se aburre soberanamente. Y en el aburrimiento se activa la imaginación, y así empieza una narración con su voz interna en la que deambulan sus inquietudes e ilusiones. De esta manera, vemos que ya en esta primera novela de la autora, escrita cuando tenía únicamente veintitrés años, Lispector expone lo que iremos viendo a lo largo de su carrera literaria y es algo destacable pues evidencia que su pulsión por escribir parte de un sitio concreto y, tras más de treinta años escribiendo, los temas que tratan son los mismos; algo que invita a pensar que por más que reflexionemos sobre la condición humana, nunca llegaremos a conocer sus misterios.

Ya en el segundo capítulo hay un salto temporal y se nos muestra a Joana en edad madura, con sus mismas inquietudes, pero más pobladas de miedos pues «incluso ni el placer me puede dar tanto placer como el mal, pensaba ella con sorpresa. Sentía en su interior un animal perfecto, lleno de inconsecuencias, egoísmo y vitalidad». Y en ese pensamiento negativo, la influencia de su tía, alguien a quien «la bondad le hacían tener ganas de vomitar». Así, la protagonista, vive en la incerteza y el desasosiego, en un desencaje continuo en el mundo que constatará a lo largo de su vida, afirmando que «pierdo la consciencia, pero da igual: encuentro la mayor serenidad en la alucinación» y la necesidad de encontrar algo que la hiciera vibrar, que la hiciera sentir viva, confesando que «incluso sufrir era agradable, porque mientras se soportaba el sufrimiento más vil, uno también existía».

De esta manera, vemos en este texto que Lispector muestra los pilares básicos sobre los que construirá su obra posterior y se perciben en él sus inquietudes en torno a la autoconsciencia, al conocimiento de uno mismo, el deseo y la muerte y la eternidad. También se evidencia su obsesión respecto al encaje de uno en un mundo que de manera permanente permanece ajeno, extraño, hostil. Así, Lispector hace gala de su dominio del monólogo interno, de sus continuos cuestionamientos sobre realidad, vida, ilusión y sueños. 

Estructuralmente, el libro es un continuo salto temporal de manera que los episodios, especialmente en su primera mitad se suceden de manera discontinua y aleatoria, dificultando en alguna ocasión el seguimiento de una trama que a veces no está perfectamente definida. Así, vamos conociendo la infancia de la protagonista Joana, ya huérfana, viviendo con su tía y su tío en una relación fría y distante mientras que a la vez vemos su vida ya adulta en una relación con Otávio, no siempre fácil ni placentera y con la presencia puntual pero reiterativa de un profesor del que nunca llegó a olvidarse y que aparece de vez en cuando en sus recuerdos, en los momentos en los que su relación con Otávio mengua. Un Otávio estricto y riguroso, metódico, a quien le obsesiona el orden, muy distinto de ella en cuanto a caracteres, pues «aquello que lo fascinaba y asustaba de Joana era precisamente la libertad con la que vivía».

Cabe decir que es admirable la capacidad de Lispector se elaborar una primera novela con un texto de tamaña profundidad y complejidad, y que esta sea el origen y la semilla de su obra posterior. Es como si el camino estuviera trazado desde un inicio, pues se percibe el estilo de la autora ya en esta primera obra, un estilo que, aunque con matices en lo referente a la profundidad o algunos temas tratados, seguirá con ella durante toda su vida literaria. Bien es cierto, que se nota la falta de experiencia y madurez literaria al evidenciarse en un cierto desorden argumental aún y teniendo en cuenta que Lispector acostumbra a esbozar sus ideas de manera algo desorganizada que al final encajen en el texto, pero la redondez en conseguir que este hecho suceda de manera orgánica solo se consigue con la experiencia. Por ello, se nota aquí cierta falta de cohesión en un argumento que se sostiene principalmente en las dudas e inquietudes de Joana pero a las que le falta algo de empaque para, a partir de ellas, trazar un argumento que las acoja y las absorba como parte de la propia trama. Así, el texto tiene sus mejores momentos cuando la autora transmite sus inquietudes existenciales por encima de los episodios en los que intenta centrar el relato en una trama que a veces se les va de las manos.

En cualquier caso, Lispector muestra sus grandes dotes cuando habla de su necesidad de salir de los límites de la literatura y de su propio cuerpo, afirmando que «cuando me descubro en el fondo del espejo, me asusto. Apenas puedo creer que tenga limites, que sea recortada y definida. Me siento esparcida por el aire, pensando dentro de las criaturas, viviendo en las cosas más allá de mí misma» porque «el sueño es más completo que la realidad. La realidad, en su inconsciencia, no me deja respirar. Al final, ¿qué es lo que importa: vivir o saber que vivimos?». Y en las dudas existenciales siempre aparece ese punto de nostalgia, pues a pesar de que «no debo olvidarme, pensé, de que he sido feliz, de que soy feliz. Más de lo que es posible. Pero me he olvidado de ello, siempre me he olvidado de ello».

Por todo ello, es muy fácil reconocer en este libro a la Lispector de sus obras mayores y viene a confirmar que el talento existe en uno mismo y que, uno puede modelarlo y perfeccionarlo, pero cuando el talento se lleva dentro, es imposible de frenarlo. Ya lo dice la autora en el propio libro al hablar sobre la relación entre el genio y la inteligencia porque «el genio no es tanto una cuestión de poder intelectual, sino de la forma en la que se presenta este poder». Lispector es un claro ejemplo de ello, sabiendo transmitir a la perfección sus inquietudes. 

Dice Lispector, hablando de su protagonista, que «durante unos segundos largos y profundos supo aquel espacio de vida era una mezcla de lo que ya había vivido y de lo que aún tenía que vivir, todo fundido y eterno». Al leer esta obra pasa algo parecido, podemos ver en él toda su obra, la ya escrita y la que le quedaba por escribir.

viernes, 30 de diciembre de 2022

Ana Paula Maia: De cada quinientos un alma

Idioma original: Portugués
Título original: De cada quinhentos uma alma
Traducción: Mario Cámara
Año de publicación: 2021
Valoración: Recomendable

Esta es la tercera novela que leo de la brasileña Ana Paula Maia y creo que ya es suficiente para afirmar que estamos ante una narradora muy personal y con un universo completamente identificable. De hecho, las tres comparten atmósferas, escenarios y personajes un poco al estilo de autores como Onetti o Faulkner.

La primera frase de la novela (El fin del mundo está del otro lado de la puerta, pero todavía el no lo sabe) ya nos pone en situación. Algo similar al apocalipsis se cierne sobre la región en la que se mueven Edgar Wilson, Bronco Gil y Tomás, tres soldados contra la escasez y el aislamiento que conviven de una u otra manera con la muerte. 

Nuevamente nos encontramos con personajes en situaciones limite: hombres que mueren, hombres que matan, hombres que contemplan cómo una epidemia acaba con los animales y se contagia a los humanos, hombres que descubren a mitad de la novela que, además de la propio epidemia, algo más turbio y oscuro sucede en la zona. 

Por lo tanto, De cada quinientos un alma es una novela que podría ser una mezcla de misterio,  distopia o ficción especulativa que trae a la cabeza a La carretera de McCarthy o La sequía de Ballard, solo por poner un par de ejemplos.

En cuanto al estilo, la prosa de Maia es seca y, hasta cierto punto, hostil, con una fuerte presencia de lo sensorial y cargada de frases breves que contribuyen a fortalecer la carga apocalíptica del texto. Y pese a que se trata de una novela en la que predominan atmósferas e imágenes, también se observa en ella una buena construcción y desarrollo de personajes.

Dicho esto, me gustaría ver cómo se maneja Maia en un registro diferente. Las tres novelas suyas que he leído están "cortadas por el mismo patrón" y creo que tiene capacidad como para salirse de ese mundo y llevarnos a otros territorios. A ver si se anima!

También de Ana Paula Maia en ULAD: De ganados y de hombres

jueves, 21 de julio de 2022

Clarice Lispector: La hora de la estrella

Idioma original: portugués
Título original: A hora da estrela
Traducción: Josep Domènech Ponsatí (trad. al catalán para Club Editor) y Ana Poljak (trad. al castallano para Ediciones Siruela)
Año de publicación: 1977
Valoración: entre recomendable y muy recomendable


De estilo muy marcado y diría que inconfundible, la literatura de Lispector envuelve la propia literatura. En esta obra, la última publicada por la autora un mes antes de su muerte, nos sitúa de nuevo en un plano metaobservador, pues nos ubica justo encima del hombro del propio escritor del relato, añadiendo a la relación entre autor y personaje(s) una capa siempre interesante a la propia creación con el diálogo constante entre lector y autor.

La autora parte de una «Dedicatoria del autor» donde a modo de prefacio se confiesa afirmando que «yo medito sin palabras y sobre la nada. Lo que me perturba la vida es escribir» a lo que añade que «se trata de un libro inacabado porque le falta respuesta. Respuesta que espero que alguien en el mundo me dé». De esta manera, y como haría de manera similar en «Un soplo de vida» (su obra póstuma escrita poco después), en este libro la autora se encarna en un escritor, Rodrigo, quien se convierte en su alter ego a través del cual se nos dirige y nos traslada sus dudas e inquietudes en el proceso narrativo. Así, Lispector da voz al creador (de personajes, de mundos, de vida y de muerte) de la narración y somete y tensa la relación entre escritor y personajes, a los que supuestamente da vida (si bien en manos de Lispector cobran vida propia). Así, en este continuo debate entre obra y autor, los personajes parecen ansiar dominar el relato, salirse de un esquema que se ofrece difuso pero inmaculado, impolutamente abierto a la fortuna de sus personajes y el escritor lucha con ellos y con él mismo en una tensión constante para que cobren vida sin que sea propia, porque ya el propio Rodrigo confiesa que «mientras tenga preguntas y no haya respuesta continuaré escribiendo». 

Lispector admite que sus personajes se van formando mientras piensa en ellos, les da forma a la vez que el autor da forma al libro. Así, en el centro de su creación, Rodrigo dibuja y moldea su personaje central, Macabéa, una nordestina (como la propia Lispector), un ser prácticamente indefenso, alguien quien «apenas tiene un cuerpo para vender, nadir la quiere, es virgen e inocua, nadie la echa de menos» y teje en torno a ella un relato desde el que la idea, le da vida y la guía en sus desventuras, acompañándola para no dejarla sola, para no abandonarla como todos han hecho porque «nada en ella era iridiscente (…) no tenía ese algo delicado que se llama encanto. Solo yo la veo encantadora. Solo yo, su autor, la amo». Pero Macabéa, a pesar de su carácter frágil, sobresale entre aquellos que la rodean. Vive entre prostitutas, pero ella es mecanógrafa. Así se rebela contra un mundo que le ha tocado en suerte (o en desgracia) y se debate entre un porvenir desalentador y el anhelo de una vida mejor a la vez que conoce a Olímpico, «un diablo ganador y vital», un chico duro, agresivo, de carácter violento aunque contenido, con malas intenciones pero disimuladas a través de un supuesto refinamiento. «Olímpico era un camorrista (…) haber matado y robado hacía que no fuera ‘un simple mierda’, eso le daba cierta categoría». Ella percibe ese fondo oscuro pero ¿quién es ella para juzgar y para elegir? Ella sueña en voz alta, viste su vida de ilusiones. Él las destruye, las aplaca, la devuelve a la realidad con aterrizajes bruscos porque «Olímpico quizá veía que Macabéa no tenía la fuerza de la raza, era un subproducto».

Estilísticamente, el relato empieza desde la reflexión consciente, con un ritmo pausado; Rodrigo se autoimpone un ritmo de escritura lento pues, a pesar de que tiene ganas de llegar al final de la historia, necesita ir poco a poco pues «ni yo mismo sé todavía cómo acabará todo» y confiesa sin tapujos que «sospecho que toda esta cháchara la hago únicamente para aplazar la pobreza de la historia, porque tengo miedo». Así, escribe sin prisas, descubriendo la historia a medida que avanza en ella y sin premura porque «sé perfectamente que cada día es un día robado a la muerte» y que «aquello que madura del todo se puede pudrir». Esta parte inicial es su mejor parte, en el debate entre autor y personaje, entre destino, voluntad y albedrío, más que la propia historia contada.

Lispector narra desde la oscuridad de unos personajes que se debaten de manera constante sobre quienes son, sobre su futuro, sobre la vida y la muerte. Ya afirma la autora, en boca de Rodrigo, que «mi fuerza se halla en la soledad. No tengo miedo de lluvias tempestuosas ni de grandes ventadas alzadas, porque yo también soy la oscuridad de la noche». En boca de Rodrigo afirma que «lo que escribiré ya debe estar escrito de algún modo en mí» y que «escribo porque soy un desesperado y estoy cansado, no soporto más la rutina de serme» y afirma que «la tristeza era una alegría fracasada». Y para ello construye esta historia, y «trataré de hacer, contra mi costumbre, una historia con inicio, desarrollo y ‘gran finale’ seguido de silencia y de lluvia que cae». Lispector consigue su propósito, y tiñe el retrato de unos personajes y de una lluvia que, aunque fina, cala sus huesos por ser constante, continua, y sin poder atisbar ni cuando empezó ni cuando terminará.

lunes, 14 de febrero de 2022

Marina Amaral & Dan Jones: El mundo en llamas

Idioma original: inglés

Título original: The World Aflame. The Long War, 1914-1945

Año de publicación: 2020

Traducción: Javier Romero Muñoz

Valoración: de lo más recomendable (sobre todo para interesados)

No solemos reseñar en este blog libros de fotografía y quizás deberíamos hacerlo más. En el caso que nos ocupa hoy he de aclarar (sobre todo para los desconfiados que puedan pensar que ésta es una forma facilona de cubrir una reseña) que no se trata "tan sólo" de una compilación de fotografías, pues cada una de las doscientas que aparecen viene acompañada de un prolijo texto explicativo. Y, además, tampoco se trata de unas fotografías "normales", sino de fotos en blanco y negro adecuadamente coloreadas -casi "resucitadas", diría yo- por la artista especializada en la coloración digital Marina Amaral, de quien quizás nuestros lectores ya conozcan su obra; junto con el historiador y periodista británico Dan Jones, con quien también elaboró un libro anterior, El color del tiempo, la brasileña Amaral firma aquí un libro extraordinario; que recoge imágenes de la primera mitad del siglo XX, desde los años que precedieron a la Primera Guerra Mundial a los juicios de Núremberg que saldaron cuentas -pocas- tras la Segunda. Por supuesto, también las de los decisivos años del periodo de entreguerras... El criterio para concebir el libro ha sido, como recoge el subtítulo, considerar ambas guerras mundiales como dos actos de una sola, como pensaban Churchill y De Gaulle, aunque sea un criterio que no hayan seguido la mayoría de los historiadores. En todo caso, creo que se trata de una elección "artística" o literaria más que historiográfica, a pesar de que  tiene su sentido. Tranquilos, en todo caso, los fans de la Historia militar, porque en este volumen se recogen las batallas y acciones más destacadas de estos conflictos.

En estas fotos, restauradas, por decirlo así, con gran rigor histórico, las hay de todo tipo, desde retratos de personalidades de la época: Churchill, Scott Fitzgerald, Trotsky, Atatürk, Alan Turing, Lawence de Arabia... o, cómo no, los inevitables Hitler y Mussolini, a personas corrientes, víctimas de las trágicas circunstancias que les tocó vivir... Vemos  también momentos que reflejan, de forma más o menos representativa, sucesos de aquellos añor. revueltas y revoluciones, crisis económicas, etc. pero, como es lógico, predominan las fotografías  de tema bélico, y no sólo sobre las dos conflagraciones mundiales, sino también de otras más locales: la guerra del Rif, la chino-japonesa o, por supuesto, la Guerra Civil española. Debo decir que, lógicamente, encontramos aquí fotos de muertos o heridos por la guerra, pero en general no son demasiado truculentas, salvo alguna excepción... tampoco se han seleccionado para este libro las fotos más célebres o emblemáticas de cada suceso, sino otras menos conocidas, aunque igualmente representativas; así, por ejemplo, no aparece la icónica fotografía de los marines alzando la bandera estadounidense en Iwo Jima, sino una posterior, en la que esa primera bandera es sustituida por otra más grande. tampoco la conocida foto de la bandera soviética sobre las ruinas de Berlín, sino otra similar, etc. Por otro lado, se recogen varias fotografías que atestiguan la labor de las mujeres en aquellos turbulentos tiempos y sus progresos en el campo político y laboral. 

Hay además un reconocimiento constante, en cualquier caso, a los y las fotógrafas que tomaron estas imágenes, contándonos en ocasiones sus peripecias y las circunstancias en que se tomó cada fotografía: desde el escritor y activista por los derechos humanos alemán Armin T. Wegner, que atestiguó el genocidio de los armenios del Imperio Otomano a los norteamericanos Ralph Morse, que se chupó toda la II G. M. para la revista Life, John Florea o Robert F. Sargent, de la Guardia Costera, que desembarcó y tomó fotos en Omaha Beach el Día D... Un lugar destacado tiene un retrato del mítico Robert Capa, junto a Hemingway y el chófer que les llevó a París durante la liberación de la ciudad.

Entre todas esas fotografías, ¿cuáles pueden ser nuestras favoritas? En mi caso, creo que dos que retratan a unas niñas: la de Ángeles González, refugiada madrileña de 7 años que protege son gesto airado sus pobres alimentos de la cámara de la norteamericana Margaret Boarke White, durante nuestra Guerra Civil (y que sale en la cubierta de la edición original, por cierto) y las creo que bastante conocidas fotografías de ingreso en Auschwitz de la joven polaca Czesława Kwoska, asesinada en ese campo en 1943.; ambas fotos no pueden sino despertar la ternura y conmiseración de cualquiera que las contemple. Por otro lado, no sé cuáles serán las favoritas de los autores del libro, pero sospecho que la de Marina Amaral podría ser ésta que retrata a Anna Coleman Ladd, una pintora de máscaras protésicas para los soldados que habían sufrido desfiguraciones faciales durante la Gran Guerra, de cobre esmaltado y pintado con colores naturales e incluso vello facial. Lo digo porque es una actividad que guarda alguna concomitancia con la que hace ella...


No puedo resistirme a finalizar esta ya larga reseña reproduciendo unas palabras del prólogo del libro, que quizás no plazcan a todos quienes las lean, pero que me parecen de lo más pertinentes:

"Este libro también es una advertencia. Mientras escribimos estas líneas, vuelven a marchar en todo el mundo el fascismo, el nacionalismo, el populismo, el antisemitismo, el odio, los prejuicios y las políticas de exclusión, división y aislamiento. Que lo que ven aquí sea recordatorio de adónde conduce todo eso. El mundo es frágil. hace falta menos de los que pensamos para sumirlo en llamas."

martes, 19 de octubre de 2021

Jorge Amado: Tereza Batista cansada de guerra

 Idioma original: portugués

Título original: Tereza Batista Cansada de Guerra

Año de publicación: 1972

Valoración: Imprescindible



Antes de entrar en materia enfocando al personaje –grandísimo personaje, por cierto– su carácter, vida y milagros, no me resisto a hablarles de su creador, a quien admiro hasta el infinito y más allá desde la primera novela suya que leí, y ya van unas cuantas. Jorge Amado (1912-2001) fue un escritor brasileño que no pueden ignorar si aman las emociones fuertes, los contenidos de gran crudeza transmitidos de forma amable, los textos sólidos literariamente hablando, si aprecian el humanismo de quien nos habla a través de la ficción –un humanismo perfectamente identificable que recurre a artimañas como  socarronería, ironía, cambios de opinión según el dueño de los pensamientos que muestra, y otras muchas formas de manifestar su postura sin incordiar demasiado a los lectores. También si disfrutan con las historias complejas, repletas de personajes de diferente relevancia –muchísimos secundarios, por cierto– que se retratan tanto a ellos mismos como a la sociedad de la que forman parte. Hablo de esos novelones, casi inacabables, que nos parecen eternos al principio y, tras varios centenares de páginas, no querríamos abandonar nunca, que finalmente  nos dejan un gusto agridulce y que quizá recordemos y recomendemos durante años y años.

Habitualmente, cuando nos preguntamos qué es lo que importa, si el autor o las obras que ha dejado, nos referimos a esas personalidades poco atractivas, que nos decepcionan cuando conocemos sus hazañas, ideología o temperamento. En este caso ocurre lo contrario: encontramos unidas la excelencia personal y la literaria, y esto no es nada frecuente. Amado dejó un legado extenso, coherente y magnífico protagonizado por antihéroes, marginados, expulsados de la sociedad, pasto de maltratos e injusticias a cargo de prebostes y sinvergüenzas de medio pelo, con frecuencia, pícaros ellos mismos. Sus historias se leen con pasión, como si las estuviéramos viviendo en carne propia ya que, aparte de su interés, están narradas con gracia, con una prosa sencilla y juguetona que cambia de enfoque y de sintaxis a cada momento, evitando la monotonía y con un desenfado tal que parece estarnos hablando al oído. Por tanto, dificultad de lenguaje ninguna, la alteración de la cronología se subsana con información suficiente; sus explicaciones nunca abruman debido a la variedad de recursos que saca de la chistera continuamente para divertirnos. Lo curioso es que sabemos cómo piensa Amado en cada momento, aunque no dé su opinión, solo con mostrarnos la realidad en todas sus facetas o los pensamientos de unos y de otros ante los diversos conflictos éticos que plantea, y aún así no nos condiciona, él solo muestra, luego cada uno es muy libre. Por eso, su forma tan personal de presentar los hechos puede confundir a algún lector. En otras palabras, quien no esté de acuerdo con él se va a sentir reforzado pues, igual que en la vida real, encontrará argumentos a favor. Todo tiene doble cara, este narrador es un mero intermediario que, por mucho que muestre sus cartas, siempre deja elegir.

No es difícil ponerse en el lugar de Tereza Batista, a quien conocemos con trece años y  abandonamos otros tantos más tarde. Sus desventuras nos sobrecogen, su fuerza y resistencia nos fuerzan a admirarla. No pienso relatar aquí esas vivencias, que son las de las mujeres en general, sobre todo las de clases no favorecidas en nada, básicamente lo que tiene que pasar la gente de segunda para que los de primera vivan como príncipes. A Tereza la vendieron con trece años los familiares que la cuidaban porque era huérfana y bonita, una conducta que no puede sorprendernos porque está ocurriendo en todo el mundo, y cada día más. Pero la novela comienza in media res, con ella bailando en un cabaret y defendiendo a quien está peor aún. Antes y después de eso le ocurren muchas cosas, unas muy malas y otras no tan buenas como ella creía, pero por comparación con lo anterior debió pensar que vivía en un paraíso. El tono del relato va variando. Es cierto que la mayor parte del tiempo todo gira en torno a su figura. Hasta ese último capítulo, tan lleno de sabor local, de ambiente festivo, heroísmo, lucha contra la injusticia y, sobre todo, repleto de magia, de dioses engendrados en la tierra, de personalidades místicas y hasta de milagros producidos a la vista de todos. En este punto, sin dejar de centrarse en Tereza, el argumento ha adquirido un tono mucho más coral y una dimensión cercana a la épica. Queda por saber (y sabremos) si en algún momento llegó a ser libre.

Se preguntarán quién es ella, por qué es interesante su vida. He visto –y durante muchas páginas lo he creído un fallo– que la protagonista reúne muchas cualidades, demasiadas para tratarse de una obra realista.  Es guapísima, trabajadora, honrada, valiente, inteligente, simpática, educada, con una personalidad a prueba de bombas, solidaria etc. Esto no parece muy verosímil. Pero es que la novela no es realista en absoluto, lo puede parecer al principio, y desde luego pinta una realidad crudísima que no tiene nada de fantástico, pero según vamos avanzando encontramos elementos de otra índole. En primer lugar, el personaje ya no vive, aquello sucedió años ha, y desde entonces se ha ido fabricando un mito a la medida de las necesidades de la gente. Esta elemento mítico aparece también de forma expresa: en cancioncillas o rimas, en los títulos de las secciones, en sobrenombres que Tereza ha ido recibiendo con el tiempo, en el triunfo de su sola persona contra la epidemia más mortífera del siglo y, más directamente, en esos capítulos en cursiva donde alguien  que está investigando (¿el autor?) hace preguntas a algún testigo, no de primera mano, claro, sino receptáculo de versiones recogidas aquí y allá. Mítica es la identificación explícita de Tereza con el pueblo brasileño y mítico es también, sin duda, ese final que, por supuesto, no pienso adelantarles.

Otras obras de Jorge Amado: Capitanes de la arena,

miércoles, 14 de julio de 2021

Clarice Lispector: Un soplo de vida

Idioma original: portugués
Título original: Um sopro de vida
Traducción: Josep Domènech Ponsatí (ed. en catalán) y Mario Merlino (ed. en castellano)
Año de publicación: 1978
Valoración: entre recomendable y muy recomendable

Hay decisiones editoriales que, si bien son algo arriesgadas, su resultado final justifica sobradamente la elección tomada. Este es un claro ejemplo de ello, pues este magnífico libro de Clarice Lispector, si bien fue terminado de escribir en vísperas de la muerte de la autora, su edición y publicación no llegaría hasta un tiempo más tarde, después de la recopilación y ordenación de los manuscritos por parte de amiga y secretaria Olga Borelli. El resultado es un libro realmente interesante, y un digno legado a una escritora de un talento descomunal.

El libro consiste en una suerte de diálogo entre un escritor y Ángela Pralini, la protagonista que él ha creado para su relato, una conversación que se establece con un punto de partida meridianamente neutro, virgen, como prólogo a una aventura de (auto)conocimiento que se desarrollará a lo largo de todo el libro y que parte desde la duda y la incerteza del escritor sobre él mismo y sobre su obra, porque «escribo como si tuviera que salvar la vida de alguien. Probablemente mi propia vida», porque el escritor (más que probable alter ego de la propia autora) se encuentran en un episodio vital en el que la duda aflora, porque «el día transcurre fuera sin más ni más, y hay abismos de silencio en mí». Y el escritor, consciente de esos silencios y de lo que significan, se confiesa al lector afirmando que «tengo miedo de escribir. Es tan peligroso. Quien lo ha intentado lo sabe. Peligro de hurgar en lo que está oculto, pues el mundo no está en la superficie, está oculto en sus raíces sumergidas en las profundidades del mar. Para escribir tengo que instalarme en el vacío. Es en este vacío donde existo intuitivamente.».

Con este propósito, el escritor crea un personaje que debe construir y entender a medida que conversa con él, y que le sirve de espejo en el que ver reflejada su propia personalidad porque ya el propio escritor asegura que «Ángela se asemeja mucho a mi contrario». Por ello, no se trata de un libro fácil ni para un público amplio; Lispector juega con el lector porque juega con ella misma, juega a dibujarse y a encontrarse, pero juega también a perderse para conocerse más, a explorar dentro de ella misma para comprenderse mejor, y eso solo puede producirse partiendo desde un punto desdibujado y sin un horizonte fijo, porque «escribir es una indagación», porque «escribo para aprender. Me he escogido a mí mismo y a mi personaje —Ángela Pralini— porque a lo mejor, a través de nosotros, podré entender esta carencia de definición de la vida». Por ello, el propio escritor afirma que «Ángela es más que yo mismo. Ángela no sabe que es un personaje. Por otro lado, puede que yo sea el personaje de mí mismo (…) Ángela es mi necesidad» y «me pregunto si he creado a Ángela para poder tener un diálogo conmigo mismo. La he inventado porque necesito inventarme».

De esta manera, con un enfoque crípticamente reflexivo, las palabras que brotan de la mente de la autora aparecen y flotan, esperando unos breves instantes en el limbo de la conciencia hasta reposar definitivamente en un texto que ordena su exposición a la vez que nos desordena por dentro, buscando en el propio texto a la autora que no se esconde pero sí se camufla en un alter ego elegido para retratarse a sí misma desde fuera y así poderse observar y narrarse, porque mientras el escritor narrador vive su vida encerrado en sí mismo, Ángela es lo opuesto, es la liberación, es alguien sociable, alguien con todo el potencial y todas las opciones que el autor se autolimita y restringe; «Ángela, ágil, graciosa, llena del repique de campanas. Yo como si estuviera atado a un destino. Ángela con la ligereza de quien no tiene ningún fin», porque «Ángela se va haciendo continuamente y no tienen ningún compromiso con su propia vida, ni con la literatura ni con ningún arte».

Lispector, consciente de su débil estado de salud al escribir este libro, nos habla a través del autor afirmando, y dirigiéndose a Ángela, que «sabe que solo una vez será llamada y escogida. Cuando la Muerte quiera. A Ángela no le gustaría. Ahora bien, por lo que hace referencia a mí, ya estoy preparado y casi a punto para ser llamado». Y mientras la voz del Autor se apaga y se va hundiendo en una triste realidad que le acecha y le carcome, la de Ángela va creciendo, soltando su indefinición inicial, se levanta y vuela libre sin topes ni límites que la aten a ningún impedimento, ni tan siquiera a los del propio autor que la empieza a sentir lejana, descontrolada, inalcanzable, como si se escapara de unas manos que otrora tensaran unas riendas que se vuelven ya flácidas, rotas y desvanecidas en manos de su creador, de su ideólogo, de su autor.

Así, el libro consiste en esos diálogos constantes entre autor y Ángela en el que las dudas existenciales recaen sobre el autor, mientras que Ángela tiene un concepto muy claro y definido sobre ella misma porque el escritor es consciente que, en el fondo, «Ángela fue creada, pero ahora me toca a mí hacerme un hombre nuevo». Así, paradójicamente, es Ángela avanza incontrolable hacia alguien perfectamente definido, que sabe quién es y cómo es, mientras que el autor nada en el desconcierto constante y se ve superado por la afirmación incesante de su propio personaje. Las certezas de ella tienen como reflejo las dudas de él, porque «tuve que inventar un ser que fuera todo mío. Pero lo que ocurre es que ella está ganando demasiada fuerza».

«Ángela —si realmente pudiera escribir— expondría ideas en sucio, porque es incapaz de dirigirse a un posible lector con el desorden espontáneo que utiliza en este libro»; es así como la autora utiliza un alter ego para reflejar en el propio libro el estilo que su personaje utilizaría en el caso de escribir. De esta manera, el libro traza una línea invisible entre el proceso que va del pensamiento a la escritura y cuestiona de forma metaliteraria el propio acto de escribir y el resultado que de él se pretende conseguir. Así Lispector se disocia en Ángela y su autor para establecer los parámetros bajo los cuales se forma una obra, en concepto, ejecución y resultado, componiendo un relato cohesionado en el cual no existe división entre autor y lector sino que su relato forma parte del conjunto que conforma el propio universo creativo.

Por ello, el libro que ha escrito Lispector es una confesión sobre el sentido de la escritura, sobre cómo este va intrínsecamente ligado a los sentimientos y a la propia persona. La escritura como acto de existir. La escritura como acto de sentir. Inseparable lo uno de lo otro, la escritura toma cuerpo en los textos de Lispector y une sentimientos con palabras, tejiendo un relato en torno a la imbricación entre el arte de escribir como apéndice, como extensión, al acto de sentir y de existir porque «quiero escribir con palabras tan ligadas las unas con las otras que no haya intervalos entre ellas y yo», porque «escribiendo únicamente una línea a veces es suficiente para salvar el corazón de uno mismo».

En esta obra póstuma de Lispector, escrita en sus momentos finales cuando padecía el cáncer que acabó con su vida, la autora no pone un punto final a su carrera, sino justo lo contrario: es un punto de partida, un punto que parte del ahora y aquí, pues «no empiezas por el principio, empiezas por el medio, empiezas por el instante de hoy» (y que enlaza con el it de «Agua Viva»); es la desconstrucción de una vida que utilizando la figura de un escritor y su protagonista sirven a la autora para recomponerse desde el inicio, empezar de nuevo, desplegar un lienzo en blanco sobre el que esbozar, como si pudiera comenzar de nuevo, su vida, sus temores, indagando en quien es y quien quiere ser. No es una mirada atrás de la vida de la propia autora, sino un nuevo punto de partida, un nuevo inicio, un nuevo comienzo surgido desde una nada, desde el ahora sin tener en cuenta el antes; cómo la propia autora expone afirmando que «para poder escribir, antes tengo que liberarme de las palabras»; la autora hace lo propio con ella misma, despojándose de su propia existencia para poder entenderse. Una vida iniciada de golpe, como un despertar que aparece justo en el momento en que su existencia se acercaba al sueño eterno.

Dice Lispector, en boca del escritor protagonista, que «yo, como escritor que soy, esparzo semillas»; unas semillas que, de caer en tierra fértil, arraigan en uno mismo y hacen que brote con fuerza el ansia de la lectura. Lispector es una de las grandes autoras, no cabe duda, y así como afirma, con extrema belleza y atino que «la mariposa es un pétalo que vuela», dejemos que su vuelo repose en nosotros mientras, bajo su aparente suavidad, se nos desvele un torrente inalcanzable de verdades duras y certeras que buscan «para cada palabra el crujido inconsciente de un sentimiento conmovedor» en una vida difícil y compleja de la que a veces, como última opción, nos queda «refugiarnos en la locura, porque con la razón no nos basta».

sábado, 27 de febrero de 2021

Clarice Lispector: Agua viva

Idioma original: portugués
Título original: Água viva
Traducción: Elena Losada
Año de publicación: 1973
Valoración: muy recomendable

Hay autores que, por motivos que se me escapan, no caen cerca de los círculos en los que nos movemos habitualmente para encontrar libros que nos llamen la atención y que no se queden únicamente en eso, sino que consigan que, una vez terminada su lectura, acabemos maldiciéndonos por no haber sido capaces de percatarnos de su existencia. Pero nunca es tarde si queda tiempo para remediarlo. Y aquí estamos leyendo a Clarice Lispector pues, gracias a que hace poco se cumplió el centenario de su nacimiento, se vuelve a hablar de ella. Algo que nunca debió dejar de hacerse.

En este breve e intenso libro de únicamente cien páginas, que me sugirieron como puerta de entrada a la obra de la autora, se nos presenta ella misma delante de un cuaderno, liso, blanco, virgen y, con ello, abierto a las infinitas posibilidades que ofrece aquello que aún no ha empezado, afirmando que «tengo un poco de miedo: miedo de entregarme, porque el próximo instante es lo desconocido. ¿El próximo instante está hecho por mí? ¿O se hace solo?». Porque una de sus obsesiones con este libro es la búsqueda incesante del presente continuo, del momento, porque «estoy intentando captar la cuarta dimensión del instante-ya, que de tan fugitivo ya no existe porque se ha convertido en un nuevo instante-ya que tampoco existe». Lispector constata, con pesar, que es tarea imposible, pues «quiero capturar el presente que, por su propia naturaleza, me está prohibido; el presente se me escapa, la actualidad huye, la actualidad soy yo siempre en presente».

De esta manera, el libro es una suerte de reflexiones y pensamientos que huyen de cualquier canon preestablecido, que huyen incluso de la propia literatura, porque ya la autora reconoce, de manera franca y honesta, que «esto no es un libro porque no se escribe así». Y, en ese viaje hacia el interior de sí misma, en esa introspección infinita e inacabable, se permite abrir una única salida al exterior de ella misma, dirigiéndose al posible lector que bien podría ser su antiguo amor, su ser querido, a quien interpela y escribe, con tristeza y añoranza, que «un día dijiste que me amabas. Finjo creerlo y he vivido, de ayer a hoy, en un amor alegre. Pero recordarse con nostalgia es como despedirse otra vez». Y se confiesa ante el libro como ante ella misma, porque «quiero escribirte como quien aprende. Fotografío cada instante. Profundizo en las palabras como si pintase, más que un objeto, su sombra». Y, en ese trayecto hacia la búsqueda de la verdad de su propia existencia la autora se sabe voluntariosa pero infructífera, al dudar de ella misma, pues «he profundizado en mí pero no creo en mí porque mi pensamiento es inventado».

La prosa de Lispector tiene una musicalidad poética envidiable, las palabras no únicamente fluyen, sobrevuelan el texto esperando a ser absorbidas, impregnando al lector. Como un canto al infinito, da la sensación de que la autora no pretende convencernos de nada, es consciente de que la potencia de sus palabras logrará tal efecto sin esfuerzo (aparente) por su parte. Lanza palabras como lanza ideas, dejando a merced del lector su comprensión y acierto en el disparo. Porque «escribir es la manera de quien usa la palabra como un cebo».

Ya la autora apunta, con falsa modestia pero tremenda intencionalidad su deseo, o inevitable atracción, en la indagación al encuentro de ella misma, pues «quiero poner en palabras pero sin descripción la existencia de la gruta que pinté hace algún tiempo, y no sé cómo». Una gruta donde ella reside y desde la cual vuelve la mirada hacia dentro de sí misma, para averiguar, para encontrar y encontrarse, afirmando, de manera aciaga, que «debo por fatal y trágico destino conocer tan sólo y experimentar tan sólo los ecos de mí, porque no capto el mí propiamente dicho». Así, nos escribe desde el agujero en el que habitan todas las dudas y sombras, afirmando que «procuro distraerme del miedo. Pero ya hace mucho que pararon los golpes reales, estoy sintiendo el incesante redoblar en mí. Del que tengo que liberarme. Pero no lo consigo, el otro lado de mí me llama. Los pasos que oigo son los míos».

Y, en ese pesar que sobrevuela sus palabras, la permanente búsqueda del presente para no afrontar un futuro certero, inapelable, inevitable, el de la muerte, siempre presente y acechante, resignándose a reconocer que «voy a morir; siento esa tensión como la de un arco a punto de disparar la flecha». A pesar de que la vida tampoco es fácil, porque «vivir es tan incómodo. Todo aprieta, el cuerpo exige, el espíritu no para, vivir parece tener sueño y no poder dormir, vivir es incómodo» y, a pesar de ello, la constatación de que la única salida es la alegría. «Estoy alegre en este instante porque me niego a ser vencida, y entonces amo. Como respuesta (…) mi propia muerte y la de los que amamos tiene que ser alegre, no sé todavía cómo, pero tiene que serlo». Y, a pesar de que «estoy preparada para el silencio grande de la muerte», tiene claro que «quiero morir con vida».

Lispector nos ofrece en esta obra compleja una reflexión profunda y constante, a la vez que fragmentada, sobre la vida, la muerte, la existencia, el tiempo, el deseo, el destino, el futuro y el pasado como elementos inseparables y eternamente ligados bajo ciclos temporales que son uno mismo. Con una prosa de estilo poético y atmósfera abstracta, incide en la representación de la vida en su propio cuerpo, sometiéndolo a base de preguntas sin respuestas, a base de inquietudes no subsanadas, a base de incertezas y pensamientos que rozan la desmesura en un exceso que la arrastra a la casi obsesión. 

«Agua viva» es una novela (por decirlo de alguna manera) compleja y torrencial, donde la autora lanza de manera continua reflexiones sin mostrar en ello un descontrol narrativo, o al menos no superior al que se acumula en su cabeza y en el que nos hace partícipes, quien sabe si para poder poner en palabras sus pensamientos y ordenar así ciertas nociones y conceptos sobre la irracionalidad de la vida. Y se nos muestra honesta y franca, reconociéndolo al afirmar que «te escribo porque no me entiendo», y acierta al escribir que lo que hace en este libro es improvisar, «improviso como en el jazz se improvisa la música, jazz furioso, improviso en el escenario». Lispector es consciente en todo momento de su aparente caos, reconociendo sin excusas que «no es un mensaje de ideas lo que transmito y sí una instintiva voluptuosidad de lo que está escondido en la naturaleza y que adivino. Y ésta es una fiesta de palabras». Sin duda lo es.

sábado, 1 de febrero de 2020

Semana del cine #6: Jean Vigo de Paulo E. Salès Gomès

Idioma original: portugués
Título original: Jean Vigo
Año de publicación: 1957
Traducción: Juan Abeleira
Valoración: recomendable para interesados

Si algún cineasta ha sido siempre recordado como una promesa truncada, un talento prematuramente desaparecido, así como una figura que el espíritu de libertad y el romanticismo de la juventud -como una especie de Modigliani del cine, si se me permite-, sin duda, ése es el director francés Jean Vigo

Hijo de un polémico periodista, que se hacía llamar Miguel Almereyda -fotógrafo anarquista, primero, pacifista y socialista después, para acabar siendo acusado de traición y asesinado en medio de una turbia trama política, durante la I Guerra Mundial-, Jean vigo creció interno en colegios de Millau y Chartres, años que determinarían luego su primera película de ficción, Cero en conducta, para luego decidir dedicarse al cine, algo que consiguió no sin dificultades; antes, durante una estancia, debida a su mala salud, en el sanatorio de Font-Romeu, junto al Pirineo, había conocido a la que sería el amor de su vida, Lydou, hija de un industrial polaco. Esto no impidió que la pareja pasara estrecheces en Niza, ciudad a la que Vigo se había traasladado por su clima y buscando trabajo en el cine. No le fue demasiado bien, aparte de fundar un cineclub donde se proyectaban películas de vanguardia, pero fue allí donde rodó, por su cuenta y con el cameraman ruso Boris Kaufman, su primer film: un documental un tanto sui generis sobre la ciudad, titulado, justamente, À propos de Nice (A propósito de Niza - 1930). Éste, junto a un cortometraje por encargo sobre el nadador Taris, supusieron su aprendizaje, casi del todo autodidacta, de jean Vigo tras la cámara.

Dos años más tarde su suerte en el oficio, que parecía esquivarle, cambió de la mano de un empresario que quería introducirse en el negocio cinematográfico y le encargó un mediometraje en clave de comedia; éste sería Zéro de Conduite (Cero en conducta - 1933), una película protagonizada por unos niños internos en un colegio que se rebelan contra las injusticias y noramas que les atenazan. Imperfecta, iconoclasta, vulgar y hasta escatológica en ocasiones, pero también reivindicativa, satírica, tierna y poética a su manera; libre, sobre todo, la película pronto lue prohibida por la censura y no se volvió a exhibir hasta 1945, y ya mutilada.

Después de este traspiés, el empresario Nounez no se arriesgó a producir otra película que pudiera adquirir un tono subversivo y le encargó, en cambio, un largometraje que, en principio, trataría sobre una sencilla historia de amor y desamor: L'Atalante, el nombre de la chalana en la que viven y viajan los protagonistas: el capitán Jean, recién casado con la hermosa Juliette (Dita Parlo), el viejo marino, el pére Jules (un Michel Simon magistral) , un grumete y un montón de gatos. Vigo, pese a no estar demadiado emocionado con el proyecto,  aprovechó para, adquiridas ya todas sus destrezas en la dirección, firmar una película de una belleza, emoción y lirismo subyugante, que con el tiempo ha adquirido un carácter de obra clásica del cine, y no sólo francés, aunque en su momento no obtuviera demasiado éxito comercial. De todas formas, Jean Vigo no llegaría a ver esa reivindicación posterior de su película, pues, siempre delicado de salud, falleció ese mismo año de 1934.

La biografía escrita por el crítico brasileño Paulo Salès Gomès resulta ser una semblanza pormenorizada hasta el mínimo detalle, no solo debido a la brevedad de la vida del biografiado, sino porque cuando la escribaó aún no habían pasado ni veinte años desde la desaparición de Vigo; muchos de sus amigos y conocidos seguían con vida. Resulta por ello una biografía quizá demasiado exhaustiva para el lector común, aunque muy interesante y útil para los estudiosos y admiradores del joven cineasta. Salès Gomès, además, no escatima elogios hacia el talento y la determinación vocacional de Vigo, pero tampoco ocults sus "defectos", tanto en lo que se refiere a su labor profesional y artística, como a alguna que otra impostura a la hora de publicitarse. Pero que en ningún caso empañan la figura, tan singular y poética, de este director, pese a la escasez de su obra; una obra y una figura que todo aficionado al cine no debería dejar de conocer y amar.

martes, 30 de julio de 2019

Colaboración. Rubem Fonseca: El gran arte

Idioma original: portugués
Título original: A grande arte
Año de publicación: 1983
Traducción: Miriam Lópes Moura
Valoración: Muy recomendable

La obra del escritor brasileño Rubem Fonseca fue todo un descubrimiento. A la imagen estereotipada de un Brasil preocupado solo de fútbol, playa o samba, aparece este autor develando un país totalmente distinto, un país casi desconocido. Al indagar sobre su biografía, este escritor, abogado de profesión, aparece también reconocido por su actividad como profesor universitario, periodista, crítico y guionista de cine. Con una voluminosa obra que ha sido traducida a diversas lenguas. El año 2003 obtuvo el Premio Juan Rulfo y el Premio Luis de Camoes. En el año 2012 el Premio Iberoamericano Manuel Rojas. Su nombre ha figurado en más de una ocasión en la lista de aspirantes al Premio Nobel de Literatura.
Todo esto hace pensar en un monstruo de las letras, un autor que reflejaría el alma humana, sus luces y sombras de manera notable. Al menos esa es la expectativa cuando se lee su increíble currículo. Pero todo esto tiene otro mérito. Lo que Rubem Fonseca escribe, en mayor medida, es literatura de género: novela negra. Ahí reside la gracia de su escritura pues de antemano el lector sabe a lo que se enfrentará (o lo intuye): crímenes, investigaciones, personajes turbios y la sensación de estar en el lado oscuro de la sociedad. Sin embargo, al leerlo, se disfruta no solo la historia, sino también la forma de narrar, sintiendo que el género literario es solo una excusa para que aparezca el Gran Arte.
“El gran arte”, comienza con un crimen, una mujer asesinada con un cuchillo y un victimario que marca con una P, la cara de sus víctimas. Después aparece en escena, Mandrake, un abogado–detective (mujeriego, culto y amoral personaje) que inicia la investigación para dar con el asesino. La trama se va nutriendo de otros personajes que van apareciendo: algunos violentos, otros corruptos, uno que otro policía y sombríos empresarios, quienes van dando vida al relato. Además de las mujeres que giran en torno a Mandrake. Pronto éste se ve involucrado personalmente en los hechos, tomando el relato un giro inesperado. Los ágiles diálogos se van entramando sutilmente con distintas historias que van apareciendo. El resultado, una fauna que retrata lo que puede ser un Brasil urbano y marginal, que se mueve con sus propios códigos. La fluidez del relato se interrumpe en medio del texto. En este punto, aparece un corte (si se pone en términos del gran tema del libro, los cuchillos)y pareciera que emergiera otra historia, totalmente distinta de lo que se ha ido contando. Pero esto es solo otra arista, que Fonseca logra conectar inteligentemente con la narración principal. Después de la digresión, el relato se va densificando, adquiriendo una textura aún mayor, con la aparición de otro personaje clave, Lima Prado. 
Y en esta parte del relato, empieza a manifestarse el Gran Arte. Y ¿qué es este “gran arte” en definitiva? Como lo menciona Mandrake en un segmento del libro, citando a Arquílocos de Paros: “Muchos años antes de Cristo había en Grecia un poeta que decía: tengo un gran arte, hiero duramente a aquellos que me hieren. Mi arte es más grande aún: quiero a aquellos que me quieren”.El gran arte de la venganza, el gran arte de amar, el gran arte de matar, pero también, el gran arte de escribir, el gran arte de crear. Esta cita es una de las tantas alusiones a los referentes clásicos de la antigüedad, que van perfilando una dimensión mítica al relato y en especial, al origen del Mal. Un subtexto que Fonseca maneja con mano maestra, junto a las diferentes tramas, la vida de sus personajes, los lúcidos diálogos, en fin, su amplio universo literario.
Todo se entrecruza en este gran libro que entretiene de principio a fin y seduce en la forma  de narrar de un escritor que claramente está en el Olimpo (usando las referencias clásicas de Fonseca) de la literatura brasileña y mundial. Para los que le interesa, existe una serie producida en Brasil, que HBO emitió en el 2005, que lleva el título del personaje del abogado “Mandrake”. Serie bastante popular en Brasil, pero que no le hace sombra a los textos originales. Gran Literatura.

Firmado: Cristian Uribe