Idioma original: inglés3- Poco diálogo y el que hay oscila entre lo átono y lo desesperado, la banalidad y la angustia... Quizá en compensación, se emplea con bastante soltura elementos narrativos "novedosos" -bueno, estamos ya en pleno siglo XXI, caramba-, como los e-mails o las redes sociales. Algo que, en este caso, no se debe sólo a una cuestión estilística, sino que constituye un elemento central de la trama e incluso uno de los temas importantes del libro.
Ya digo que esta trama es de todo menos festiva: la Sabrina del título es una joven de Illinois cuya desaparición un buen día, cerca de su casa, sume en el estupor y la consternación a su familia y allegados, que temen pueda haber sido víctima de algún maníaco secuestrador o asesino. Su novio Teddy, por su parte, preso de una profunda depresión, acaba por refugiarse en casa de su amigo Calvin, que sirve como soldado en una base del ejército en Colorado y que, a su vez, está viviendo su propia crisis al ser abandonado por su mujer e hijita; no tiene nada claro que va a hacer con su futuro, pero asume la tarea de cuidar de Teddy. En fin, no quiero ser más explícito pero aviso que la trama se va enredadando y en ella tienen un lugar importante, como he mencionado, internet y las redes sociales, que exacerban esa percepción tan común hoy en día de que no podemos preservar nuestra intimidad en un mundo en el que, sin embargo, nos conocemos cada vez menos unos a otros.
El libro deja una sensación bastante desoladora, o al menos un amargo sabor de boca -más aún si tenemos en cuenta que su autor apenas tiene treinta años-: no pretendo asegurar que no hay en él cierto lugar para la esperanza, pero éste resulta más un reducto fortificado, a modo de santuario privado para las personas de buena voluntad, que han de conformarse con sus pequeños refugios libres de odio, que un espacio abierto en el que poder vivir en confianza con nuestro prójimo y, sobre todo, sin tener miedo -que es, creo, el gran tema del libro- a los demás. Pero bueno, quizás sea que es éste el signo de los tiempos, no lo sé...





