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martes, 12 de marzo de 2013

Quim Monzó: Mil cretinos

Idioma original: catalán
Título original: Mil cretins
Año de publicación: 2007
Valoración: recomendable

Quim Monzó es un ejemplo de esa generación de autores que empieza a publicar en catalán en la época de la transición, esa generación que, por el franquismo, no ha podido ser educada oficialmente en su idioma nativo, pero que, muerto el dictador, toma inmediatamente el relevo y la responsabilidad de reavivar una literatura tras décadas de persecución de su idioma.
Quizás, seguro, existan estudios que analicen la evolución de las temáticas a lo largo de la vida de los escritores. No sólo la cuestión de la inspiración o el modelado del estilo o la persistencia de algunos patrones. Porque se me ocurren pocos casos tan paradigmáticos como la obra de Quim Monzó. Que, desde los últimos años 70 en que empieza a adquirir cierta fama, con relatos algo surrealistas, dinámicos, físicos y carnales, hasta hoy, en que, con apenas 60 años, el otro día confesaba, en un brillante artículo  estar "con un pie en el geriátrico", ha evolucionado de una manera tan patente.
El Quim Monzó sexual de 1994, el de El porqué de las cosas, se ha replegado. En Mil cretinos no queda nada de él, los vicios no es que se hayan abandonado, si es que ni se ha intentado: es que han quedado atrás, muchos ellos, por una cuestión casi física. Aquí el Monzó más airado, el de la ironía ácida, es el que toma el poder. Gruñón o, término intraducible del catalán, rondinaire; como cierto personaje en Cómo ser buenos de Nick Hornby. Monzó que, cuando se publica este libro, ha superado largamente la cincuentena, ya ha abandonado a los personajes jóvenes, modernos y ligeros de cascos que poblaban sus cuentos de los 80. Los relatos de este libro tienen que ver ya con residencias de ancianos, con madurez, con cercanía de la muerte y con cierta sensación amarga de vuelta de todo. Cosas que en ese momento ya forman parte del entorno vital del autor, Conceptos todos ellos que podríamos, por comodidad, rehuir, claro. Alguien recriminó hace un tiempo a Philip Roth que sólo escribía libros sobre ancianos. Monzó no llega a tanto. Pero sí está, en Mil cretinos, aposentado de lleno en circunstancias y escenarios crepusculares, agrios, escasamente complacientes con el lector y, en el fondo, malhumorados con todo en general. Vitalista a costa de quejarse de que lo bueno se acabe, esta colección de relatos demuestra que a Monzó ese terremoto que ha afectado a sus temáticas no le ha hecho abandonar su estilo directo y poco dado a las florituras. Me aventuro a esa conclusión tras una segunda lectura que me confirma su resentimiento, su enfado y una especie de pose encabronada ante los golpes de la vida y las consecuencias de la madurez. A Monzó se le nota aquí que le gusta mucho menos lo que ve por delante que lo que ha dejado atrás (Monzó tampoco es que haya sido Bukowsky, pero ha vivido lo suyo) y esa sensación, lo más alejado posible al color de rosa y al optimismo más insensato, puede que no nos resulte precisamente agradable. Pero es lo que hay: no culpemos a su autor por no poder haber evitado escribirlo.

También de Quim Monzó en UnlibroaldíaEl porqué de las cosasEl mejor de los mundos

sábado, 15 de febrero de 2020

Quim Monzó: El mejor de los mundos

Idioma original: catalán
Título original: El millor des mons
Traducción (versión) del autor
Año de publicación: 2001
Valoración: Bastante recomendable

Si ya es de por sí difícil valorar un libro con un único calificativo, tratándose de un conjunto de relatos se añade el problema de la heterogeneidad. Lo habitual es que el nivel sea más bien irregular, con lo que las sensaciones van cambiando según avanzamos y hay que acabar por refugiarse en una calificación algo gaseosa, como ese bastante recomendable que va aquí arriba.

Para alguien que, como yo, no ha leído nunca a Quim Monzó, quizá la primera impresión es de sorpresa. Una sorpresa favorable, la sensación de haber encontrado algo que se sale de lo habitual, tanto por estilo como por fondo. La prosa de Monzó se podría definir como desnuda, escueta, sin ningún artificio (seguramente no encontraremos una simple metáfora en todo el texto), ninguna voluntad de adornarse. No es algo forzado, parece surgir con toda naturalidad, y consigue un peculiar efecto al interactuar con el relato: como lo que cuenta Monzó se adentra con frecuencia en el terreno de lo extraordinario, contado de esa forma directa y casi coloquial, le confiere verosimilitud y aumenta la estupefacción del lector.

¿Y qué es lo que cuenta Monzó? Pues en general, pequeñas historias cotidianas de ambiente urbano en las que de una u otra forma se entrecruza algo imprevisto, una situación inhabitual pero todavía no extravagante, que poco a poco se interna en el mundo del absurdo diríamos por estiramiento. Una familia que se niega a aceptar la muerte repentina de uno de los hijos, un malentendido en una riña de chavales, pequeños detalles en la historia aparentemente plácida de una pareja. Ocurre algo inesperado y sus consecuencias se prolongan y se enredan, deslizándose a veces hacia lo disparatado (ese monterrosino Mi hermano), otras hacia secretos nunca descubiertos (Las cinco cuñas).

La referencia más obvia es la del humor negro, que efectivamente está presente, aunque no siempre. Es más bien una mirada irónica, que fluye bajo los relatos de forma más bien sutil, sin dejar de mostrarse porque sus protagonistas sean tan antitéticos como un tipo esencialmente afortunado (Dos ramos de rosas), o una familia marcada por la enfermedad (La vida perdurable). Este último campo, la enfermedad y la desgracia, lo sondea Monzó en varias ocasiones, y la verdad es que hay momentos en que resulta difícil de tragar, porque la broma no casa bien con ciertas situaciones, pero admito que eso ya depende de la sensibilidad de cada lector. También explora –y se le agradece la valentía- territorios algo más arriesgados, como el aire improvisado y abierto, como de relato en construcción, del excelente Fregando platos, o esa especie de cuento de Navidad titulado La cerillera, donde Monzó parece decidido a abandonar su zona de confort, con resultado interesante, tal vez un poco desigual.

En medio de los relatos breves se inserta una novela corta, A los pies del rey de Suecia, que me parece lo mejor del libro. En similares registros al resto, cuenta Monzó las vicisitudes de un poeta aspirante al Nobel, un tipo solitario pero –como casi todos los demás personajes- bastante normal. Sus rutinas, y las muy tímidas peripecias con una vecina que le atrae o con un obligado cambio de piso, narradas de forma ágil y transparente, hacen posible que el lector se identifique con Amargós (sin duda, uno de esos personajes difíciles de olvidar), y se interese por sus dificultades por muy banales que resulten. La narración me parece impecable, escrutando cada gesto, cada pequeño detalle, todo un repertorio de significados y actitudes extraídos de un señor vulgar y su entorno aún más corriente, al menos en apariencia. Una mirada aguda y certera realzada por la sencillez y la precisión de la prosa. 

Lástima que Monzó deje diluirse este sólido relato, bien por no tener claro cómo rematarlo, o por sucumbir al impulso de desviarlo hacia algo más extravagante. Esa sensación de cierre en falso es algo que le ocurre en alguna otra ocasión, cuando toma los mismos derroteros inverosímiles, o bien el cuento se apaga un poco sin pena ni gloria, aunque también los hay bien redondeados. De forma que la impresión final que queda es:
- Que hay material, que Monzó sabe bucear en lo cotidiano, quizá en sus límites y en sus posibles deformidades, y es capaz de extraer cosas que contar
- Que las sabe contar muy bien, en ese estilo llano pero fino, recurriendo a un presente histórico que maneja con solvencia, todo lo cual ayuda a poner en valor historias que por sí mismo parecerían irrelevantes
- Que, no faltando creatividad ni estilo, quizá se echa de menos algo que podríamos llamar empaque, capacidad literaria, el arte de edificar con todo eso una estructura poderosa. Un escalón más, podríamos decir.

Una carencia esta última que en parte -solo en parte- podría venir determinada por el formato del relato breve, y que por tanto desconozco si se encuentra también en otras obras del autor. Por el contrario, me atrevo a suponer que las virtudes que en este libro se aprecian (originalidad, capacidad para narrar, frescura, cierto atrevimiento) no faltarán en otras obras diríamos mayores.

También de Quim Monzó en ULAD: El porqué de las cosasMil cretinos

viernes, 11 de septiembre de 2020

Quim Monzó: Esplendor i Glòria de la Internacional Papanates

Idioma original: catalán
Año de publicación: 2010
Valoración: muy recomendable

Hace unas semanas, justo cuando me encontraba leyendo este libro, saltó (no nos alteremos, una de tantas otras que saltan) la noticia en Twitter: Quim Monzó dejaba de publicar la columna que, aún con frecuencia reducida, llevaba décadas publicando en La Vanguardia. 

Sus motivos tendrá, no es éste lugar para especulaciones más cuando hablamos de un escritor consolidado, de una frecuencia de publicación que por mucho tiempo pareció inhumana, incluso de un hipotético, especulo, distanciamiento con la línea del medio (caracterizada por su fervoroso y ecuánime abrazo a quien ostente el poder en cada tiempo y lugar, bajo el paraguas protector de la pluralidad y el eclecticismo, dentro de unos límites, oigan, que si no, todo es Sodoma y Gomorra). *

Y yo prometí seguir leyendo a Monzó, que es siempre agudo y perspicaz, y lo hago con Esplendor y gloria de la  Internacional Papanatas, título esplendoroso y glorioso que no hace si no apuntalar desde la portada lo que parece, temporalmente, es una continuación de la recopilación de artículos que era El tema del tema, que cortaba a continuación del 11-S.

Aquí se recogen artículos hasta el 2004, y curioso que el libro se publique en 2010, seis añitos más tarde, una vez Monzó ya intercaló su última obra de ficción, la amarga pero impactante Mil cretins, que se aleja en el túnel del tiempo a medida que su autor ha empleado su talento y agudeza habitual en tareas tan poco convencionalmente literarias como los Retweet. Monzó es lo más opuesto que pueda hallarse a ciertos escritores que escriben desde el púlpito y estas columnas recopiladas no hacen más que confirmarlo otra vez. Si el título no es lo bastante demostrativo aquí habla de profesionales de todo tipo que no hacen caso, de tipos de whisky, de políticos locales y globales de todos los colores pero siempre grises (marengo, sobre todo), de sus decisiones absurdas y timoratas siempre pensando en reelecciones, escribe sobre noticias hilarantes, o absurdas, o extrañas, que encuentra por la web y que comenta con sus análisis marca de la casa, siempre dejando huella, siempre aplicando el comentario demoledor como colofón.

Pero hoy es 11-S, a pesar de Pinochet y la cruel usurpación de 2001, Diada Nacional de Catalunya (así con mayúsculas) y dejadme que reivindique a Monzó como estandarte involuntario y a su pesar de la realidad de una sociedad, territorio, colectivo, nación, como narices queráis llamarle. Cumplidor, abnegado, estajanovista, contundente, resabiado, activista desde la indignación, la autocrítica y un cierto deje de amargura socarrona. Dolido, desconfiado, huraño, emprenyat, con esa ceja arqueada ante la posibilidad (casi siempre una certeza) de que ese alguien que te mira de frente dispuesto a venderte la moto casi siempre te está engañando: Monzó es una anomalía entre tanto escritor agradecido al poder que entrega premios en veladas a que se acude con pajarita, Monzó, escritor genial que aún no lo había dicho en este artículo es, celebro la efemérides, tan impuro, bastardo, mestizo y mulato como debería aspirar a ser cualquier colectivo. No casándose con nadie de todo el espectro amplio de los que prometen arcadias de colorines a un lado y al otro. Señalando los aspectos patéticos o ridículos de los que muchos suelen alardear. Monzó siempre está tan sorprendido  ante lo que ve como convencido de que esa no es la última, de que habrá más sorpresas. Leer sus artículos empapa al lector, lo sumerge en un caldo de cultivo de aromas agridulces del que no podría salir nada  bueno pero se sale mejor que se ha entrado. Su capacidad de síntesis para analizar la estupidez, el papanatismo, el inconsciente que lleva a los colectivos (no creo que a él le cuadrara el término sociedades) por el camino del caos, en medio de la obstinación por ordenarse y regularse, lo definen: un autor que sabe que casi siempre rema solo y a contracorriente, que es el terror del promotor, del anunciante, por si va a dejarse de hostias y soltar algún improperio.

Cómo le va a joder al tío el día que le pongan la estatua que se merece.

* P.D. Como para contradecir no solo mis hipótesis sino hasta el puro espíritu subyacente en esta reseña, Quim Monzó ha reemprendido sus colaboraciones con el susodicho medio, tras cierta argumentación relacionada con un proceso depresivo. Como soy casi tan tozudo como él, pero mucho más vago, opto por la inserción de esta breve explicación casi sin tener en cuenta si este cambio en la situación va a afectar mis planteamientos. Odio releerme, porque a base de corregir constantemente se hunden mis reseñas, así que alea jacta est.

jueves, 25 de octubre de 2012

Quim Monzó: El porqué de las cosas

Idioma original: catalán
Título original: El perquè de tot plegat
Año de publicación: 1992
Valoración: muy recomendable

Releer a Monzó ha sido para mí un placer casi inesperado, por lo casual. De hecho, me decido a releerlo, tanto por haber leído recientemente a Carver, indudable influencia, como por haber incluido, sí, algo sesgadamente, al escritor catalán entre mi breve, patética e ignorada lista imaginaria de candidatos al Nobel. Para rato, un Nobel que escriba en catalán, por mucho que su obra sea profusamente traducida y que, en castellano, goce del prestigio de ser publicado por Anagrama. Para rato. En todo caso, son más de treinta años los de carrera de este escritor barcelonés, y considero un honor ser el primero que reseñe su obra para ULAD.
El porqué de las cosas (intraducible la expresión catalana tot plegat, que viene a querer decir "todo junto") es un compendio de 30 relatos, la mayoría de ellos sumamente breves, no más de tres o cuatro páginas, apenas tres de ellos que superan la decena, justo los  que parecen configurar un cierto centro de gravedad del libro.
Monzó no desperdicia palabras, más bien las lanza como si fueran dardos. Cuando las palabras necesarias se han acabado, el cuento está terminado. El deseo es uno de los vínculos de unión de muchos de los relatos: el  inexplicable para los hombres funcionamiento del deseo de las mujeres, y viceversa. Cómo funciona y cómo toma las riendas del comportamiento. Sin mensajes machistas ni subliminales ni más ornamentos de los necesarios, pues Monzó es un artista en el uso de la extensísima jerga aplicada al vocabulario sexual. Y habla del sexo casi a trompazos; nula sensualidad, nula pretensión de divinizarlo. La gente en sus relatos folla como se lava los dientes o como desayuna, cuando toca y cuando se puede. Total naturalidad y desparpajo, prosa, tanto en catalán como en castellano, pues él mismo se encarga de muchas de sus traducciones, rasposa, casi árida por su precisión y concisión (Monzó es de la agradecida escuela de usar palabras cortas en vez de largas, y no usar tres palabras donde se pueden usar dos) a la vez fluida, por su efectividad, por su alergia a la complicación innecesaria. Lo cual es una ayuda también en el otro plano en que los relatos funcionan. Cierta ironía algo socarrona, un sentido del humor muy particular, mezcla de ligero cabreo existencial atemperado con un espíritu inquieto y disconforme. Borges y Kafka andan por ahí, de hecho, si este libro no fuera anterior a su gran eclosión, hasta mencionaría a Paul Auster, con el que Monzó guarda hasta cierto parecido físico.
Los personajes de Monzó se muestran perplejos incluso hacia sí mismos. Lloran en coches o tardan un par de horas en prometerse matrimonio y abandonarse a cajas destempladas. Muestran celos de sus miembros viriles. En una maniobra de gran maestría y equilibrismo, 30 relatos salteados de situaciones absurdas nos acaban dibujando un fresco actualizado sobre las relaciones entre las personas. Sobre todo las del vínculo sexual o emocional, sobre el cual el autor no se corta en satirizar, con ese humor brusco de última frase siempre brillante, siempre punzante, sin sonar a moraleja ni a conclusión. Magistrales dos de los relatos más largos : "La inestabilidad" y "La euforia de los troyanos", carcasas construidas a velocidad de vértigo sobre la estructura que cualquier novelista desearía para llenar más allá de las 200 páginas. No hay lugar para la esperanza ni para el romanticismo, que Monzó se zampa en un plis-plas reduciéndolo a una especie de preámbulo ampuloso e hipócrita para el acto sexual, convirtiendo cualquier coqueteo en una descomunal elipsis hasta llegar al meollo del asunto. Sí hay lugar para la socarronería y el sarcasmo: unos cuantos de los últimos relatos son adaptaciones más que  libres de cuentos clásicos. Pornógrafo reconocido, cirujano de precisión milimétrica, experto en la guerra relámpago: llega, pega y se va. Gran escritor.


También de Quim Monzó en UnlibroaldíaMil cretinosEl mejor de los mundos



viernes, 11 de septiembre de 2026

Quim Monzó: Catorce ciudades contando Brooklyn

Idioma original: catalán
Año de publicación: 2004
Valoración: casi imprescindible

Escribo esta reseña en marzo de 2026. Me apresuro a reservar la fecha de su publicación, como efemérides (esos aviones que jalonan la portada), vigésimoquinto aniversario de una de esas fechas que estructuran el recuerdo de varias generaciones. Sin descartar que lo hagan a costa de todas las posibilidades visuales que los tiempos ofrecían, no olvidemos que la revolución iba a ser televisada, y qué mejor ejemplo de la inmediatez y la omnipresencia que esos dos colosos desmoronándose, cambiando un orden mundial que desplazó, con la caída del muro, el terror de Occidente, desde el lado de la ideología al otro lado, el de las creencias religiosas. Aunque sea una conclusión reduccionista.

Curioso, por eso, que ese no fuera el primer motivo de que me decidiera a recuperar a Monzó (siempre reivindicable), sino la mención del artículo en que se aborda la cuestión de Barcelona.

A diferencia de sus novelas, de leves tonos surrealistas, y de las oportunas recolecciones de sus artículos donde siempre aborda aspectos extraños y caleidoscópicos sobre el comportamiento humano, en Catorce ciudades contando Brooklyn nos encontramos con un Monzó pletórico (si un día digo en su prime autorizo expresamente a que cualquiera acuda a mi puerta y me descerraje un tiro en la nuca) en su guisa de cronista, aspecto que siempre se muestra latente en sus artículos, pero aquí estalla de manera portentosa. Este es un libro de crónicas sin ser un libro de viajes exactamente. Monzó es un observador de lo que sucede a su alrededor y un prodigioso filtrador de detalles que parecen nimios pero que se convierten en piezas de un mosaico enormemente fiel a la realidad. Su agudeza es proverbial, aunque pase por su sesgo como escritor (como escritor moderno y referencial, incluso en 1989), no hay una línea que pueda desperdiciarse, a la que pueda achacarse que el autor se pierde en ejercicios de frivolidad. Tenemos un recorrido que empieza en Praga y Bucarest recién caído el muro, dos ciudades que a duras penas se restriegan los ojos sorprendidas ante el súbito final de regimenes totalitarios y necesitan procesar el advenimiento de otros tiempos. También tenemos a Praga transformada algunos años después. Tenemos a Barcelona, con sus Ramblas lanzadas a tumba abierta a una decadencia absoluta. Roma, Copenhague, Frankfurt, visitando un aeropuerto que tenía una sex-shop. 

Brillantes movimientos que nos llevan a los dos grandes hitos del libro: Monzó, antiguo residente, es enviado a Nueva York, pasados pocos días del 11-S. Su disección, comprimida en extensos artículos sobre una ciudad que aunque nunca duerme, ha sido obligada a despertar, es magnífica, clarividente, locuaz, divertida sin dejar de ser respetuosa. Una narración amena, fascinante e inteligente que merece ser releída y disfrutada, no exagero lo mínimo. Y Jerusalén, algunos años más tarde, que se convierte en una especie de complemento o track adicional, por todo lo que representa como repercusión de ese caldo de cultivo, de esa maceración de una visión cuyo alcance apenas podía vislumbrarse por aquel entonces, 2004.

Escribo esta reseña en marzo de 2026. El día que la escribo, Irán e Israel siguen enzarzados intercambiando misiles que parecen tener objetivos cada vez más indiscriminados. En el mundo occidental surgen, cada vez menos tímidamente, voces que cuestionan el momento (¿por qué, más de cuarenta años de régimen de ayatolás, justo ahora?) y el propio hecho de la intervención. Veremos, y espero que quienes estábamos en ese momento estemos hoy para leerlo.

Previamente reseñado de Monzó en ULAD, aquí

sábado, 4 de abril de 2020

Quim Monzó: El tema del tema

Idioma original: español
Año de publicación: 2002
Valoración: bastante recomendable

Sí, ya sé que hace pocas semanas reseñamos a Monzó, en particular obra de ficción corta en la que no se prodiga o quizás, mejor, digamos, ya hace años que usa su talento en sus colaboraciones en prensa, más concretamente, razón por la que no le leo con toda la frecuencia que sería posible, en ese decadente medio barcelonés, no diré el nombre, siempre tan proclive a acercarse al poder imperante aunque no responda a su línea editorial, para retozar alegremente cuando el signo de ese poder sí les cuadre y puedan proclamar orgullosos un rancio monarquismo neoliberal siempre al gusto del flemático público que habita en las cercanías de su sede.
La cosa es que ya hace años que Quim Monzó (no querrán que lo sean grupies neocortesanas como Mariángel Alcázar) es de los pocos argumentos para aguantar tanta corrección, y debe serlo todavía. Pues no debe estar disfrutando ni nada con la situacioncita de marras observando el comportamiento impropio de semejantes y semejantas en estos dias: desde los que invocan al civismo desde los balcones hasta aquellos que han decidido que es un buen momento para conseguir perros musculados y exhaustos, seguro que Monzó está haciendo buen acopio de temas para acometer desde sus perspectivas siempre agudas, siempre originales, para hacernos ver, escondidos tras no pocos detalles jocosos, los aspectos más absurdos y patéticos de la naturaleza humana, no aquellos que nos definen, como defiende Houellebecq, por un hecho capital en nuestros existencias, sino por acumulación de pequeños detalles. Y solo un gran observador es capaz de radiografiar o que parecen nimiedades y conseguir que, alejándonos, veamos una composición lúcida y coherente. Los artículos de El tema del tema datan desde 1999, dan testimonio concreto de la era de la sobre-información que estalla con la generalización de Internet y se extienden hasta 2001 (luego vemos en qué fecha concretamente se cierra el libro), Monzó tan pronto habla de absurdas coletillas verbales, artículo que justifica el título, sino de toda clase de aspectos locales, comarcales y globales, tan pronto se puede quejar de servicios de restauración que hacen caso omiso de las comandas (el mundo de los bares y los restaurantes se nota que el hombre lo frecuenta y lo disecciona sin pudor), como de personajes contemporáneos (algunos de ellos pasto del cruel paso del tiempo), menciona incluso, ya entonces (¿Carrión?) las ventajas de Amazon a la hora de acceder a libros publicados en otros países. Habla de su experiencia laboral antes de dedicarse de pleno a la escritura, de su época en los USA, y siempre parece, dos décadas más tarde y con la salvedad de ciertas referencias a hechos y personajes del momento, terriblemente actual. Artículos de apenas unos cientos de palabras, vivaces, entretenidos y solo en apariencia banales, accesibles en su estructura con ese último apunte clásicamente monzoniano, el del observador que siempre encuentra el contrapunto, que no tiene miedo de poner el dedo en el ojo, en la llaga, donde sea, de ese lector medio integrante de su masa lectora.
Y el libro se cierra con uno de sus pocos artículos fechados, el 12 de septiembre de 2001, donde ya el planeta se despierta convencido de acudir al inicio de la penúltima gran crisis.
¿Dije penúltima?

domingo, 22 de septiembre de 2024

Quim Monzó: Cómo triunfar en la vida. Edición de Julià Guillamon


Idioma original:
 catalán

Título original: Com triomfar a la vida

Año de publicación: 2009

Valoración: muy recomendable

Hace muy pocos días que Quim Monzó anunció su intención, parece que definitiva ('me he hartado"), de dejar de publicar sus colaboraciones en prensa, sus artículos, un puñado al mes, donde desplegaba su análisis punzante y su verborrea suavemente corrosiva y que, en muchas ocasiones eran de lo que más valía la pena en muchas ediciones diarias. De hecho, el grueso de su obra más reciente pasaría por ser una recopilación de sus textos en corto formato todavía inexistente y los incondicionales habremos de conformarnos con esa rememoración, con mantener la esperanza de que ese retiro permita que se decida a acometer nuevos relatos o, ya sería la caraba, una novela.

Cómo triunfar en la vida no funciona nada mal como paño de lágrimas. Para los mitómanos, es un excelente acercamiento a todo el hábitat que gestó al autor. Es un libro repleto de material gráfico del más distinto pelaje. Se reproducen desde algunas cartillas escolares con sus notas, hasta algo de su trabajo como diseñador gráfico antes de que centrara su existencia en la escritura, disponemos de imágenes de ese corpulento joven greñudo, un kumbayà ligeramente disidente como ha demostrado, y por supuesto el texto, lleno de profusas colaboraciones de distintas personalidades que, más que ensalzar su obra - cosa no necesaria - desmenuzan su chispeante trayectoria como personaje público omnipresente en los medios catalanes, deteníéndose por supuesto en una de sus facetas más brillantes: la capacidad de reírse de uno mismo, a nivel individual y colectivo. Muy importante que uno pueda ver sus propios actos y pueda definir algunos como patéticos. Muchos deberían aprender y no me hagáis decir nombres. En este sentido, aunque a alguno se le escape el tono panegírico - hace quince años, imaginaos ahora - todos convienen en alejarse de la adulación excesiva. Aún hoy, de su actividad en Twitter puede deducirse que Monzó puede haber echado el freno en cierto nivel de producción, pero que su cabeza es una locomotora desbocada que absorbe y procesa información de lo que sucede a su alrededor.

Hay extractos de sus obra de referencia, hay amagos de críticas a la evolución de su estilo, de sus actitudes hacia el mundo, de ese desvergonzado reconocimiento de ciertos excesos que han empujado a su parte creativa a mantener esa actitud (de la que veo parangón en muy pocos escritores) ácida y mordaz con todo quisqui. Si te gustaba Monzó, Cómo triunfar en la vida es una orgía para los sentidos. Si no lo conocías, es una descabellada invitación a curiosear (¡palabra pentavocálica!) en su obra. Si hasta ahora no te gustaba, pues bueno, pues adiós.

Otras obras de Quim Monzó reseñadas en ULAD: aquí

lunes, 1 de abril de 2024

Quim Monzó i Sergi Pàmies: Si la memòria no ens falla

Idioma original: catalán
Año de publicación: 2023
Valoración: muy recomendable

Quizás  el término francotiradores pueda resultar exagerado, pero me parece particularmente apropiado para definir lo que representan Monzó y Pàmies para la cultura catalana de las últimas décadas. En muchos ámbitos aparte del estrictamente literario, pero ya que estamos hablando de libros, pasemos de puntillas sobre su presencia en otros medios y restringámonos a la poderosa influencia de su obra escrita. Dos tipos maduros a los que las opiniones ajenas les dan bastante igual. La pura estampa de ambos tomados de la mano en la portada de este libro ya es indicativa de esta condición. No son pareja sino dos abueletes que hacen esa especie de broma.

Julià Guillamón, otro crítico y escritor de referencia, los reúne en el estudio de Monzó y los entrevista a través de varios días. O más bien diserta con ellos y deja que el diálogo fluya y se produzca un intercambio de experiencias, algunas de las cuales, así de pequeño y modesto es el universo cultural catalán, son comunes. Las conversaciones se producen en un tono distendido, incluso dan para alguna sesión de fotos de la que sale la foto de la portada. Las temáticas son apenas sugeridas y a partir de ahí todo fluye. Guillamón interviene lo justo, para recomponer lo que puede ser un discurso algo caótico, pues hablamos de dos talentos tan locuaces como para llevar cualquier conversación hacia el otro extremo desde la pura banalidad hasta cierto sentimiento crepuscular, que hablamos de dos señores con un bagaje vital. Siempre eludiendo trascendencia y aparatosidad, no en vano tenemos a dos columnistas de presencia periódica, no solo creadores en su narrativa sino habitualmente obligados a sacar partido de meras anécdotas.

Otros libros reseñados de Sergi Pàmies en ULAD: aquí

Otros libros reseñados de Quim Monzó en ULAD: aquí

sábado, 31 de agosto de 2019

Julià Guillamon: La ciudad interrumpida


Idioma original: español
Año de publicación: 2019
Valoración: muy recomendable

En algún momento durante la lectura de La ciudad interrumpida me he sentido tentado de introducir esta reseña como un reprise de la Semana de la Arquitectura organizada por nuestra querida Beatriz. En esos momentos, el libro parecía escorarse, y no era solamente una divagación, hacia un cierto análisis en clave técnica sobre la configuración de Barcelona, esa Barcelona de nuevos barrios y en revisión permanente que los barceloneses experimentamos desde que, en 1992, unas Olimpiadas pusieron a la ciudad en el mapa y todo el mundo descubrió como nuevas las cosas con las que llevábamos unos años conviviendo.
Pero lo descarté: este es un libro sobre una ciudad, claro, pero más sobre cómo han experimentado esa ciudad quienes han decidido incorporarla como escenario de sus tramas, sobre todo ese nutrido grupo de escritores de cuyo considerable tamaño reconozco no haber sido demasiado consciente. Recuerdo haber reseñado a Marsé, a Casavella, a Rodoreda y a Pérez Andújar (con valoraciones dispares) aludiendo al protagonismo de ese entorno urbano, el del cap i casal de Catalunya, pero he de reconocer haber sido sorprendido por  el volumen de obra al que alude Guillamon en este ensayo inicialmente publicado en 2001 y que ahora se somete a una revisión en que se le añade una centena larga de páginas actualizando sus premisas e incorporando un (otro) buen puñado de obras más recientes, circunstancia importante cuando entre su fecha inicial y hoy han pasado no solamente unos cuantos años sino un período, el que se inicia en 2008, afectado por una crisis global que forzosamente tiene que ser visible en una gran ciudad de aquello que solíamos llamar Occidente.
Así que descartada esa forzada inserción urbanística, creo que si he de forzarme a adjudicarle alguna ubicación a este brillante y dinámico texto sería el de crónica urbana en clave crítica literaria. Que es, desde luego, todo un exabrupto, pero que define especialmente su primera parte, quizás más deliberada en el sentido antiguo del término. El texto añadido es válido más como testimonio y como relación de todo lo producido, pero creo que el sentido critico en términos estrictos se refugia más en la primera parte, donde Guillamon se muestra más analítico, diría incluso que se trata de textos más macerados e incluso que se benefician del paso del tiempo en su opción de interpretar la maduración de ciertos textos, su inserción en la obra posterior de sus autores, incluso, seré osado, su intención real alejada de modas y oportunismos.
Ya del título podemos deducir que la clase gobernante no va a salir demasiado bien parada aquí. Guillamon se muestra especialmente incisivo al mostrar su escepticismo sobre los movimientos del poder (el politico y aquel otro, el de la pasta y las inversiones y los mercados) a la hora de determinar o inducir los movimientos de la cultura. Guillamon habla sobre todo de francotiradores más que de un movimiento o una escuela asociada a una generación, a un barrio, a un determinado perfil. Habla mucho sobre Quim Monzó y su narrativa tanto en formato corto como en largo. Monzó es un escritor que hay que reivindicar y es, desde luego (con Pàmies, De Palol, Mendoza y Vila-Matas) una de las referencias recurrentes del libro. Y engarza esa individualidad del creador permeable a su entorno pero no condicionado por él con la corriente de la época. Me gustaría que Guillamon hubiera afilado más su prosa ahí: este es el libro de un crítico literario que menciona muchas novelas y estoy seguro de que no todas son buenas, que habla de unos cuantos gobiernos municipales y regidores de Urbanismo y no me hagáis repetir esos cargos, pero está claro que a Guillamon, y eso es para ser celebrado, no le gustan los tecnócratas metiendo sus zarpas entre creadores. No se limita a la literatura, en el libro se habla con profusión sobre otros medios, como la TV interviene también para apoyar con sus series la personalidad de ciertas zonas y ciertos colectivos. La impresión de que Guillamon reivindica el no intervencionismo en lo cultural no es un planteamiento abierto: lo suponemos de sus progresivos varapalos a políticos y gestores preparados que se encuentran con realidades que impiden al ejecución de sus mejores intenciones. Guillamon traza la ciudad desde los creadores que la emplean en su obra. Exige que se les deje crear sin agruparlos o empujarlos hacia una finalidad u otra. Se niega a que los creadores generen una realidad diferente a la que deben reflejar. El texto se sitúa, entonces, más en la sinopsis que en la crítica, pero quizás eso cambiaría el libro y no excitaría nuestro interés como lo hará, a cualquier barcelonés interesado en su entorno cultural, y a la gran mayoría de los lectores que piensen que manifestaciones culturales y hábitat que las genera deben mantener una relación diferente a simbiosis, parasitismo o retroalimentación

De paso, me ha recordado la de tiempo que Monzó no saca nada nuevo.

Collons, Quim, deixa estar el Twitter.

martes, 23 de junio de 2015

Jordi Nopca: Vente a casa

Idioma original: catalán
Título original: Puja a casa
Año de publicación: 2015
Traducción al español por el mismo autor
Valoración: recomendable alto

Antes de reavivar recientes polémicas comparando obras dispares que han recibido idénticas valoraciones, matizar donde quedaría situado el público que más apreciará este libro. Lector de mediana edad, con filia por lo contemporáneo, y proclive a los relatos que podemos considerar de final abierto.
Jordi Nopca es de esos escritores de nuevísima generación (treinta y pocos) y que parte de una situación, se deduce de lo leído y aludido en los relatos de Vente a casa, de idónea preparación profesional, buenas referencias culturales, apreciable caudal narrativo, y suficiente experiencia vital para poder hablar de algunos temas prácticamente en primera persona. Partiendo también de la dedicatoria, Nopca habla igual de experiencias de convivencia de parejas en distintas situaciones, como del inexorable paso del tiempo actuando sobre la salud de ascendentes en distintos grados, o sea, las perrerías que nos depara la existencia.
Nopca, que en más de un sitio es comparado con autores como Monzó o Pàmies, habita ciertos lugares comunes: historias urbanas, giros levemente siniestros, desarrollos desiguales, gusto por las situaciones de tonalidades surrealistas. A diferencia de ellos, cierto aire deprimido y algo resabiado se apodera ya de sus primeros escritos. Monzó tardó veinte años en sintonizar esas sensaciones, pero Nopca se erige en voz (una entre algunas) de una generación desencantada. Sus personajes sufren males estructurales (llamadas para dar malas noticias sobre padres o abuelos) pero también conviven con males coyunturales: precariedad laboral, contratos basura, incerteza constante que les obliga a convivencias forzadas, a trasladarse a peores barrios. En todo caso, no es una lectura pesimista sino no-optimista. Disfrutamos de su profusión de menciones culturales y sonreímos con su escora fantasiosa, cosa que desplaza el nivel por encima de una literatura de la crisis que, por obvia, resultaría acomodaticia.

En Vente a casa, una dependienta en un centro comercial barcelonés es cortejada por un cliente ocasional. Àngels Quintana y Félix Palme tienen problemas es paradigmático: una pareja va alternando empleos precarios de manera irregular hasta que uno de ellos es presa de la desesperación. La pantera de Oklahoma muestra la vanidad de un autor de novelas a la búsqueda de inspiración. Navaja suiza, excelente puesta en escena sobre una pareja de esas que preparan sus viajes con premeditación extrema: en este caso, estudiando a fondo la literatura de los países que se disponen a visitar. La mención a los ascendentes, antaño tablas de salvación de generaciones jóvenes e inexperimentadas, es otra constante.
Uno por uno, los diez relatos incluidos dejan una impronta cuya cualidad conjunta esboza una realidad agridulce: se intenta sobrevivir, se hace a costa de saberse una de esas generaciones que, por término medio, retrocede en comparación con las anteriores. Se admite la situación, se formula la queja, no se espera gran cosa, se sigue viviendo.


lunes, 19 de febrero de 2024

Sergi Pàmies: A las dos serán las tres

 

Idioma original:
catalán
Título original: A les dues seran les tres
Traducción: el propio autor.
Año de publicación: 2023.
Valoración:muy recomendable
 
A mera presentación, dado que no he reseñado jamás a Pàmies (Santi sí lo hizo hace ya algunos años), diré que las primeras veces que le vi hablar (es una presencia habitual en prensa escrita y medios audiovisuales en Catalunya) me chocaba algo ese tono socarrón y cercano y me parecía como demasiado inspirado en Quim Monzó. Luego, con el tiempo, y a fuerza de prestarle atención a su locuacidad (y a la vez que Monzó se fue haciendo menos visible) ya empecé a comprender su voz propia. Pequeños hechos sobre su vida: nació en París donde su madre - escritora en el exilio - y su padre - político comunista en el exilio - se encontraban. Nacido en 1960, se trasladó a Barcelona cuando se había escolarizado en francés. Por eso (no gracias a eso) es traductor habitual de Amélie Nothomb. 
 
No voy a tenérselo en cuenta.
 
A las dos serán las tres es una colección de cuentos cuyo tinte autobiográfico no se pretende enmascarar. Curioso, no hay un cuento con el título del  libro que parezca ser enblema del libro. Y algunos de esos diez relatos ni siquiera tienen una trama con sus personajes, son más bien retales que podrían componer una especie de capítulo crepuscular de una biografía algo alterada. No es que Pàmies quiera hacernos pasar estos relatos por autoficción. Al contrario, el aderezo de circunstancias personales es constante y estamos ante un ejercicio de tímido exhibicionismo (permitidme el oxímoron) en el que Pàmies apela a la intimidad con la precisión quirúrgica tan medida que la opone al sentimentalismo. Y juega con el lector desde el primer momento: el primer cuento habla de la virginidad como de un objeto que se ha perdido y está en algún rincón. Esta pequeña broma no perdura y los relatos combinan pura gestualidad casi situacionista - el escritor escondido en la cama de su habitación mientras cree oir como un ladrón ha accedido a su vivienda y está desvalijándola - con elementos de mayor enjundia, como su convivencia con algún tótem del imaginario literario catalán - Vázquez Montalbán - en el ámbito de vuelos y congresos literarios. Un curioso relato que viene a ejemplificar a los autores como seres con limitadas habilidades sociales. Insisto en su habilidad para eludir a partes iguales frivolidad y trascendencia. No pocos cuentos mencionan a sus ascendentes y ni un segundo de impostación.
 
Pàmies, culo inquieto que mantiene una presencia en medios y al que recomiendo hacer caso, demuestra en A las dos serán las tres que su contacto constante con la actualidad cultural le permite adaptar su mensaje literario. Descripciones, las justas, diálogos, a cuenta gotas y con un exquisito sentido de la contención. Apenas una centena de páginas que, imagino, Pàmies ha despojado de oropel y superficialidad. Así nos quedamos con esa sensación. La de un escritor de oficio que decide con toda libertad sobre qué escribir. Aquí. sobre sí mismo y sobre cómo encara la madurez absoluta, y aunque su forma de encararla sea socarrona y juguetona, también es absoluta su sinceridad.
 

También de Sergi Pàmies en ULAD: Aquí

viernes, 2 de junio de 2017

Yasmina Reza: Felices los felices

Idioma original: francés
Título original: Heureux les heureux
Año de publicación: 2013
Traducción: Javier Albiñana
Valoración: recomendable

Hasta ahora no había leído nada de Yasmina Reza, autora célebre, por otra parte, por sus obras de teatro; he de decir que ha sido un agradable hallazgo, ya que no sorpresa. En este libro -no sé hasta qué punto llamarlo novela-, como en aquéllas, realiza una eficaz disección de las circunstancias, problemas y hasta miserias de esa subespecie humana que parece en especial bien adaptada al ecosistema francés, o incluso parisino, que es la llamada burguesía  ("clase media más o menos boyante" en el resto del mundo... aunque tampoco exactamente). Para ello le da voz a una serie larga de personajes, todos relacionados de alguna manera entre sí -parientes, amigos, amantes, etc...-, a cada uno de los cuales otorga la posibilidad e explayarse en un monólogo -alguno de ellos, en dos-  para que nos cuenten sus pensamientos íntimos, sus secretos , sus deseos y frustraciones... Porque, la verdad, la mayoría de ellos no parece demasiado feliz y sí abrumado, agobiado o aburrido por el peso de esto tan complicado y simple que es la vida.

En realidad, "felices-felices" -aprovecho para señalar que el título del libro viene de una cita de Borges y hay que interpretarlo como "bienaventurados los felices"- o incluso nada más que conformes con su suerte, sólo parecen estarlo, de alguna manera, los "secundarios" de la novela; es decir, aquellos que no nos interpelan de forma directa, sino que los conocemos a través de la mirada de otros personajes (quizá sea por eso): una madre enferma de cáncer o un hijo al que se le ha ido la chaveta y se cree Céline Dion... de hecho, debo decir que justamente los capítulos o "relatos" en los que aparecen estos secundarios son los que me han parecido más logrados.

Porque esa es otra: ¿se puede considerar éste un libro de relatos, más que una novela, por coral que sea? Pues en parte sí, ya que cada uno de los capítulos puede leerse por separado sin que pierda su entidad autónoma, aunque tal vez sólo adquieran todo su sentido cuando se den complementados por las voces del resto de los personajes. Máxime porque muchas cuitas que les afectan están relacionados con las desventuras sentimentales -ya sean intra o extramatrimoniales, porque aquí los cuernos forman un bosque-. O por la falta de ellas.

En todo caso, libro de relatos o novela, resulta de los más logrado, escrito con la suntuosa eficiencia de la que sólo es capaz la literatura francesa y que nos trae ecos de Carver, claro (también un poco de Quim Monzó), pero al que quizá le falte algún elemento más de sorpresa, alguna sacudida más al lector, de vez en cuando; los problemas de los burgueses o al menos los que nos suelen mostrar literatura y cine, son bastante previsibles, después de todo. Aún así, creo que merecerá la pena repetir, antes o después, con Yasmina Reza.



miércoles, 23 de abril de 2025

Álvaro Colomer: Aprende a escribir

Idioma original: español 

Año de publicación: 2025

Valoración: muy recomendable 

En otro contexto, uno podría especular si alguno, de entre la centena aproximada de autores que se incluye en Aprende a escribir, no fuera el mismo autor, oculto bajo alguna guisa, y describiendo su propio modus operandi. Quizás hubiese sido una cuestión a plantear cuando acudí a la tumultuosa presentación del libro, hace algunas semanas, en una conferencia que contó con la inestimable presencia de un Enrique Vila-Matas ataviado con una gorra que le daba un aire de timidez esquiva. No lo hice, porque tampoco soy mucho de llamar la atención, aunque el acto me permitió constatar la preocupantemente alta media de edad de los asistentes, cuestión que algún día habrá que abordar.

Hago el comentario porque Colomer parece responder a una especie de perfil promedio de los descritos en este libro. Periodista, cronista, autor de novela juvenil y de novela para todos los públicos (...), también reseña con cierta regularidad en medios de gran divulgación, y ejerce de eso tan socorrido que se viene a denominar agitación cultural que, desde luego, sería un concepto idóneo como carrera profesional, si existiese la mínima posibilidad de hacerse rico con ello. 

De su desempeño en Zenda surge la mayoría de los textos que incluye esta colección de artículos. Algunos se mantenían inéditos y, aunque con paciencia y orden, podríamos hacernos con muchos de ellos, entonces no contaríamos con la estructura que Colomer les otorga al dividirlos en bloques. No hablamos de entrevistas transcritas, sino de textos trabajados, apenas dos o tres páginas, que describen los hábitos de trabajo de un buen montón de escritores de la escena española (con alguna excepción), de sus manías, sus procedimientos, sus ritmos, sus emplazamientos, sus horarios, sus entornos...

Y aunque podamos detectar similitudes, es enormemente estimulante profundizar en ello, y Colomer nos ahorra mucha verborrea aportando su sentido crítico y su agudeza, analizando sus comportamientos, aunque puede que en cierto sentido este libro sea mejor que la suma de sus partes. Tenemos aquí desde escritores a los que no conocía hasta manufacturadores de best-sellers (glups, Pérez Reverte) o maestros absolutos (Vila-Matas, Caparrós, Enriquez) y todos los artículos resultan tan interesantes que seguramente algunos de los autores nos decepcionarán, si nos atenemos al lógico entusiasmo de Colomer al describir sus secretos. Personalmente he echado de menos algunos autores que me hubiera gustado ver por aquí (¿quizás una segunda parte, Álvaro?) como Carrión, Monzó, Ramis o Pàmies, pero el libro, más que el convencional muy recomendable,  (etiquetas homologadas mandan), lo valoraría como perversamente tentador para cualquiera que conciba la literatura más allá de afición o entretenimiento. Es sumergirse en sus artículos y lanzarse a devorar estantes. Y ya se sabe lo que se dice de las tentaciones.

Otras obras de Álvaro Colomer reseñadas en ULAD: aquí

miércoles, 23 de abril de 2014

El Día del Libro: el día de García Márquez


Hoy es el Día del Libro; un día que habríamos dedicado, si no hubiera pasado nada, a proponer libros regalables, a recomendar sesiones de firmas de escritores, a organizar un concurso o un sorteo.

Pero pasó algo. Murió García Márquez. Y no se puede celebrar un Día del Libro normal después de que haya muerto García Márquez.

Es difícil, imposible, escribir nada original, después de la avalancha de textos publicados por todos los medios en los últimos días. Se ha contado su vida, se ha recordado su enfrentamiento con Vargas llosa, se han recordado anécdotas (des)conocidas... Es difícil, y peligroso, por eso, intentar ser original. El gran Quim Monzó escribió en Twitter el mismo día de su fallecimiento: A quien titule mañana "Crónica de una muerte anunciada" se le deberían extraer las gónadas con un cuchillo oxidado. Por supuesto, no faltaron medios que titularon así. Tampoco han faltado los medios que lo han elevado a los altares ahora que ha muerto, pero que cuando estaba vivo no le perdonaron sus posturas políticas.


Ha muerto García Márquez. Y es justo y necesario rendirle el homenaje que le es debido.

Quizás no sea adecuado personalizar el boom en una sola figura, pero creo que no es exagerado decir que la obra de García Márquez, y en concreto sus Cien años de soledad han quedado como máximos representantes de esa explosión de la literatura latinoamericana, que, como dijo García Márquez en su discurso de aceptación del Nobel, ayudó también a comprender mejor a todo un continente. Fue también, tal vez, el mejor escritor en un grupo de grandísimos escritores, una generación genial e irrepetible.

Porque García Márquez no es solo un magnífico estilista: uno de los mejores en lengua castellana de todo el siglo XX, quizás solo comparable a Borges o Cortázar, con una habilidad única para la adjetivación. García Márquez fue, también, y quizás sobre todo, un creador de mundos: el principal, aunque no el único, Macondo, su versión ficcionalizada de Colombia, con sus interminables guerras, sus empresas bananeras, sus mujeres tan bonitas que en vez de morir ascienden a los cielos, sus maravillas inexplicables y hermosas.

¿Con qué novela de García Márquez quedarse, entonces? ¿Con la ambición monumental Cien años de soledad? ¿Con la perfección técnica de Crónica de una muerte anunciada? ¿Con el experimentalismo estilístico de El otoño del Patriarca, o el romanticismo tardío de El amor en los tiempos del cólera? ¿O con sus relatos, no inferiores a sus novelas?

No, si hay que elegir (y no hay por qué elegir) no será ninguna de esas la imagen que conservemos de la obra de García Márquez. Será más bien la imagen de un coronel retirado que no tiene ni un prudente retén de café. Un coronel, hurgando en el bote del café, volcando el agua sobre un suelo tosco e irregular, apurando el contenido del bote de forma indigna y patética, para acabar mintiendo a su mujer enferma sobre el tamaño de la última cucharada de café que queda. Un coronel que lo ha perdido todo menos la dignidad, en una espera eterna y corrosiva. Así recordamos a García Márquez, "puro, explícito, invencible". 

Se ha ido uno de los más grandes; sus obras quedan. El mejor homenaje es leerle, seguir leyéndole, leerle siempre.

viernes, 7 de marzo de 2014

Biografías lectoras: Todo leído, todo por leer

Una de las escenas del crimen
Marrón. Papeleta. Papelón. Reto. Desafío.

Vergüenza.

Pues no es desnudarse ni nada el autobiografiarse a base de lecturas. No serviría una listita tipo libros que llevarse a una lista desierta. No. Hay que echar mano de recuerdos íntimos, algunos de los cuales puede que no sean para hacer grandes alardes.
Guillermo el travieso, los libros del Los cinco del pino solitario (que dejaron en mí una enorme curiosidad por esos pícnic con cerveza de jengibre, mejunje que, con el paso del tiempo, descubrí que era el ginger ale). Son primeras lecturas conscientes y espontáneas, porque andan por casa. Igual que los cómics (entonces se llamaban tebeos) de Mortadelo y una curiosa cosa llamada algo así como clásicos o narraciones ilustradas donde Jules Verne (entonces le llamaban Julio) arrasaba.
Sería imperdonable no mencionar Marsuf, el vagabundo del espacio de Tomás Salvador: ese fue mi primer disfrute no sólo del fondo sino de la forma. Un libro al que le faltaban media docena de páginas, que cayó en mis manos de la manera más casual.
Las lecturas obligatorias de los estudios secundarios: cómo, si no, hubiera accedido a la oscuridad gótica de Josafat de Prudenci Bertrana o a la narrativa chispeante y socarrona de Quim Monzó. Por no hablar de la angustia y la sobriedad de Pérez Galdós.
A pesar de lo cual diría que mi primer shock surgió de leer a Hunter.S.Thompson. Tanto, que pasadas unas décadas, releerlo me supuso una relativa decepción. El primer corte, dicen, es el más profundo.
Supongo que muchos habremos tenido nuestra fase de fascinación por el género fantástico y la mía se desplazó de Asimov y Philip K. Dick a Lovecraft. Tanto me obsesionaron que acumulé colecciones hasta que la cosa remitió.
Y de ahí salté al páramo. Con excepciones contadas, y no todas demasiado honrosas (Katzenbach, Wolfe, Gordon, madre mía, negaré haber dicho que leí un libro de Noah Gordon o uno de esos best-sellers de John Grisham), transité unos lustros en medio de lecturas técnicas relacionadas con mi actividad profesional. Sin resquicio para ficción o ensayo, nada creo que interese a nadie aquí de Criterios de valoración de empresas o El control de gestión: una perspectiva de dirección.
Entonces (porque me lo iba mereciendo) Roberto Bolaño me salvó: pegándome una patada en la cara. Pero me salvó. Curioso, por una crítica encendida que leí en la revista RockDeLux, una crítica post-mórtem de esa moderna biblia que es 2666. Y es que, gran sacrilegio, he de reconocer que todavía tengo más discos que libros, y que mucha de mi curiosidad literaria procede del mundo musical: Hornby, Welsh, Amat. Peor aún, tengo una teoría que une la cuestión literaria y la musical, y sé, sé, repito, que no te puede gustar un escritor como David Foster Wallace a la vez que un tipejo como David Bisbal. Acabáramos.
Sí, ahí está el germen de mi reenganche, y por eso siempre agradeceré hasta los peores patinazos del escritor chileno. Por eso mi primera reseña aquí fue la de Estrella distante y por eso me enfrasqué en una búsqueda de influídos por e influyentes de. Por esa telaraña llegué a Houellebecq (puede que Houellebecq ya me interesara antes, por eso), a Franzen, a Kapuscinski y a muchos otros con los que sé que me pongo muy pesado demasiado a menudo. De ahí ese lustro largo de lectura impulsiva y compulsiva y cierta querencia por lo contemporáneo y por cierta literatura muy visual y cercana al pop. Quizás, a viernes como sale este texto, ya estemos un poquitín saturados de listas y relaciones, pero en fin. No querría olvidar a Capote, a Vila-Matas, a los buenos libros de Paul Auster, a Cormac McCarthy, a Javier Cercas, Eduardo Mendoza, Richard Ford, Santiago Gamboa. Pero soy injusto, seguro.
Por cierto, igualmente he de agradecer a los malos escritores que me hayan ofrecido la posibilidad de, por contraste, apreciar a los buenos. Es muy cruel haber de mencionarlos justo en este momento tan idílico. Pero por qué no. Ray Loriga, Amélie Nothomb, gracias por vuestra insignificancia. Y los mayores placeres recientes ya he procurado que salgan en mis reseñas, así que igual sería demasiado repetitivo y demasiado autobombástico referirlos de nuevo. Por ahí me encontraréis cada cuatro o cinco días. Un placer.

jueves, 18 de mayo de 2023

Carlos Taibo: Ecofascismo. Una introducción


Idioma original: español

Año de publicación: 2022

Valoración: fallido

Obviamente uno se suele acercar a los ensayos porque el tema tratado le resulta de algún modo atractivo. También porque el autor sea un ídolo incuestionable y pueda hablar de lo que sea impregnándolo de su personalidad, como Quim Monzó. En el caso opuesto a Carlos Taibo no lo conocía y por el escueto perfil en el libro, interpreto que se dedica exclusivamente a la docencia y a plasmar sus conocimientos en libros como éste. El título, de por sí, es prometedor. Ecofascismo: una introducción. Casi como un tocho de los de las materias en ciertas carreras de ciencias sociales, que prometía segundas y terceras partes donde lo introducido se desarrollaba. Como el término (ecofascismo) siempre me había parecido casi un oxímoron, me hice con el libro ávido de confirmar algunas sospechas que hace años me rondan, como para constatar que esos términos contradictorios (cuando en la vieja Europa los movimientos ecologistas o verdes siempre se han vinculado a la izquierda, incluso a la extrema izquierda) pudieran ser conciliados en lo teórico sin recurrir al socorrido los extremos se tocan.

O sea, salivaba pensando que el autor podía entrar en materia con ejemplos jugosos que emparentarían, aunque forzadamente, los dos conceptos. Pues vaya trastazo. El texto es denso y teórico, algo reiterativo incluso, a la hora de ejemplificar la comunión de los dos conceptos. Tanto, que incluso el más entusiasta de los lectores (excluyamos a los alumnos de Taibo) se encontrará con que los postulados se repiten y se asientan solo en la base de la reiteración, sin exponer nada concreto que demuestre que sí, que la coartada de la conservación de la naturaleza, del manejo racional de los recursos, la bandera de la sostenibilidad que tantos factores sociales (empresarios, políticos, influencers et al) se empeña en ondear, todos esos argumentos tan inequívocamente defendibles, está siendo monopolizada no en defensa de la mejor convivencia en el planeta y una búsqueda consensuada del bien común (o, ejem, global) sino en la preservación de los intereses de unos pocos, ya podemos imaginar quiénes. Taibo se escora algo hacia lo conspiranoico, pero entre la falta de casos concretos a los que echar un vistazo y su tozudez en hacer referencia a multitud de otros textos que, estén o no traducidos, acaba uno teniendo ganas de consultar, como si Taibo sea más un compilador que un autor por derecho propio. Todos esos capítulos, con sus prólogos algo recurrentes y sus párrafos extenuantes, llenos de conceptos, ya sé que esto es un ensayo y quien lo escribe una autoridad en la materia, acaban resultando largos y tediosos, con lo bien que hubiera ido que fuéramos solamente un poco concretos y hubiéramos mencionado nombres, empresas, partidos políticos como nudo de la narración.

Encima, algo que ya me ha resultado algo preocupante, una red flag que se dice ahora, cuando a caballo del momento en el tiempo en que el ensayo se escribe - la post-pandemia del Covid-19 - el autor amaga,  no una sino varias veces, coqueteando con el negacionismo o insinuando solapadamente que  los intereses de autoridades e industria farmacéutica han obrado de forma coordinada para una especie de prueba beta de sometimiento, renuncia a libertades y acatamiento de la población. 

Comparto algunos planteamientos de Taibo y creo que puedo estar de acuerdo en esa idea de una élite consciente de lo limitado de ciertos recursos y partidaria de su preservación, solo para que sean ellos quienes los monopolicen en situaciones de escasez. Pero esa conclusión está construida con demasiado argumento especulativo y sin un armazón de realidades que hagan que uno cierre este libro y apriete el puño o, ejem, se indigne. Con lo cual, al menos en este caso, la oportunidad está perdida.

lunes, 29 de enero de 2024

Carlota Gurt: Biografía del fuego

Idioma original: catalán

Título original: Biografia del foc

Traducción: la propia autora

Año de publicación: 2023

Valoración: muy recomendable

La autora hace una curiosa advertencia en el índice donde se relacionan los cuentos contenidos en este volumen. Leerlos en orden y no más de dos seguidos. Curiosa instrucción que hace unos semana oía cómo explicaba en un podcast y que tiene cierta lógica reivindicativa del género y de la colección de relatos como una vertiente literaria con personalidad y entidad propias. Lo cual no deja de alinearse con cierto tipo de acceso al estrellato (...) por cuanto hoy en día, aunque no falten las excepciones, muchos autores usan el relato corto como una especie de jam session, incluso una especie de tanteo de en qué registro se sienten más cómodos. Gurt reivindica orgullosa y no ve la necesidad de acometer la novela, aunque fue lo primero que publicó como si se tratara de una puesta de largo.

Bueno. A tenor de lo leído en esta Biografía del fuego no tiene sentido especular. Puede ser cierto, de ahí esa curiosa instrucción de la autora sobre el ritmo de lectura, que, sin llegar a estar más que puntualmente relacionados, los cuentos de esta colección, pueden superponerse de cierta manera, vistos en su conjunto sus protagonistas, casi siempre de mediana edad, en entornos urbanos, con cierto perfil formativo, son personajes a los que les suceden cosas posibles, quizás haya algún detalle surrealista, algún guiño a los grandes del género como Cortázar, Carver o Monzó, aunque aquí el aderezo es sumamente contemporáneo, y el armazón de la serie de relatos la constituyen ciertas sutiles coincidencias como la presencia de aves (de ahí la portada, que parece beber de las imágenes de Chernobyl) o esos planteamientos levemente surrealistas, cuentos modernos sin ironía en el adjetivo: recorridos en coche, parejas en diversos grados de (des)consolidación, curiosas aficiones - ¿seré el único que recuerda que Richard D. James AKA Aphex Twin también se compró un tanque? - y una percepción muy subliminal que parece impregnar esa continuidad: la extraña incerteza de la clase media.

No había leído a Gurt hasta ahora. Será, quizás, por el formato, pero me ha gustado su estilo directo y alérgico a lo periférico, su aplomo narrativo incluso en los cuentos más modestos. Curioso, con estos autores suele sucederme que me quedo con los desarrollos más prolongados, habré desarrollado alergia al microrrelato. He de decir, no quiero ser malinterpretado, que su nombre quedaba disuelto en cierta nube que podríamos etiquetar como narradoras/más bien jóvenes/catalanas, últimamente demasiado homogeneizadas por la industria (como si cada editorial temiera quedarse sin la suya), pero esta Biografía del fuego me genera curiosidad por el resto de su obra.


También de Carlota Gurt en ULAD: Aquí

lunes, 24 de junio de 2024

Carlo M. Cipolla: Las leyes fundamentales de la estupidez humana

 


Idioma original:
inglés
Título original: The Basic Laws of Human Stupidity
Traducción: Maria Pons
Año de publicación: 2013.
Valoración: curioso

Aclaro acerca de la valoración; recomiendo mucho leer este libro e incluso adquirirlo para consultarlo de manera frecuente. Haceos con él en la biblioteca y ved si este pequeño volumen tiene un rincón mientras decidís si una obra, cuyo rimbombante título (y portada ad-hoc) ya previene de su funcionalidad, os cuadra entre vuestras colecciones. Quede claro que no se trata de una obra básica sino más bien un complemento algo asonante a una biblioteca personal. Os puedo asegurar que el futuro os deparará más de un pretexto para hojearlo de nuevo.

Que es de lo que se trata, y en el fondo lo que ha causado que lo lea. Quim Monzó lo mencionaba en recientes entrevistas  a raíz de una de sus últimas colecciones de artículos (a cuenta de la reiterada inclusión del término idiota) en ellos y debo reconocer que llegúe algo tarde a reseñar el Breviario de idiotas, otra referencia y curiosamente también de un autor italiano, por lo que ante la frescura y la asequibilidad (una hora escasa si decides una lectura atenta, pero en media hora se despacha si se va al grano), decido reseñar algo que, por encima de todo, es un artefacto ligeramente provocativo o manifiestamente subversivo. Porque quede claro que nadie quiere sentirse aludido ante estos términos. Idiota, estúpido. Creo recordar que incluso había definiciones en función del C.I. para estas palabras. Que naturalmente hoy serían objeto de rechazo y cancelación, aunque la humanidad en su conjunto, y quizás precisamente por ello, se haya empeñado en que este texto disfrute de una vigencia conceptual absoluta. Y los ejemplos se me ocurren a montones, pero estamos ya en el verano occidental y se trata de reseñar algo ligero. Aunque voy a ceder a la tentación: estos últimos días leía en prensa que se vendían productos pirotécnicos sin efectos sonoros de ningún tipo, para prevenir el malestar animal que estos provocan. O sea, petardos que explotan en silencio.

En todo caso, Cipolla había publicado ya bastantes textos de un perfil más serio en su condición de historiador y éste podría considerarse como un colofón sin estridencias, como una conclusión, una vez observado el comportamiento colectivo o incluso aquel guiado por mandatarios y gobernantes, que pasarían (...) por ser los miembros más válidos o reputados de las sociedades que los designan. Para un texto tan escueto el mero intento de una sinopsis o incluso un resumen representaría un futil intento de otorgarle una solemnidad que se evita a conciencia. Enumerar esas leyes, aludir a las ilustraciones de tonos naïf, a las curiosas gráficas que intentan calcular o limitar las ideas que se despliegan, a eso me limitaré antes de alertar severamente: esta pudiera parecer una lectura frívola, un experimento de desdramatización de las carencias colectivas e individuales de las sociedades, pero resulta que sus ideas básicas son trágicamente ciertas y basta una rápida consulta a la prensa - no hace falta ir mucho más allá de los titulares - para apreciar su vigencia.

viernes, 26 de febrero de 2016

Colaboración: Mar de pirañas de varios autores.

Idioma original: español
Año de publicación: 2012
Valoración: Imprescindible

"Le pregunté a la culta dama si conocía el cuento de Augusto Monterroso titulado 'El dinosaurio'.
-Ah, es una delicia –me respondió- ya estoy leyéndolo". 
José de la Colina (tampoco están mal los giros de Pablo Urbanyi o Marcelo Báez) le da una vuelta de tuerca al mítico lagarto. ¿Hasta qué punto el micro, a fin de cuentas un velocirraptor, ha evolucionado? ¿Qué meteoritos ha tenido que sortear para salvar el pellejo?

Ya sólo –permítanme esta tilde díscola- por el prólogo de Fernando Valls, que responde a muchas de estas cuestiones, merece la pena hacerse con esta antología de microrrelatos: Fernando (no dejéis de pasar por su blog La nave de los locos) conoce perfectamente el paño y nos monta una estantería con las joyas del género. De esa cuidada biblioteca y de la red se nutre Mar de pirañas.

El volumen es un auténtico festín, una sucesión de de bocados minimalistas que dejan agradablemente insatisfecho al lector. Cada texto es un plato que se devora rápido, una copa de un caldo exquisito que se bebe con avidez pero que necesita un tiempo en boca para pillarle el retrogusto: conviene, tras cada historia mínima de Castán, después de cada genialidad de Olgoso, de Greciet, de Prieto Barba, de Muñoz Rengel, de Sánchez Quiles… releer de nuevo la página, detenerse en los recovecos de sus párrafos y cerrar después el volumen para paladearlo durante unos minutos o macerarlo durante una tarde.

Y es que estas "Nuevas voces" –éste es el subtítulo de la colección- son dignas herederas de Javier Tomeo, de Luis Mateo Díez, de Merino, de Millás, de Monzó, de Mrozek o de Örkény. La mayor parte de ellos son sencillamente brillantes.

Quizá –por buscarle algún pero- servidor hubiera escogido otras pirañas de Iwasaki (hay verdaderas maravillas en Ajuar funerario) y hubiera colgado el "Aviso" de María José Barrios. Servidor, tal vez equivocadamente, hubiera añadido a este inventario algún texto de M. José Martín de la Hoz (“Vendo agendas pequeñas para gente de pocos amigos”).

Nada, felizmente, es perfecto. Lo importante es que el dinosaurio está vivo; más vivo que nunca. Se lo debemos, aparte de a sus autores, a la Nube y a editoriales alternativas y entusiastas como Impedimenta, Páginas de espuma, Lengua de trapo o Menoscuarto que apuestan por la orfebrería literaria pues creen que se debe leer también a sorbos. Pueden, pues, despertarse tranquilos.
"Terminemos, o como diría Ana María Shua, "huyamos, los cazadores de letras están aq…"

En fin.

Firmado: Aster Navas

domingo, 2 de octubre de 2016

Michael Pfeiffer: El destino de la literatura


Idioma original: español
Año de publicación: 1999
Valoración: muy recomendable para interesados



Mucho tiempo ha pasado ya desde 1999, año de publicación de este libro, que ostenta orgulloso el 1, señal de que representó la obra inaugural de Acantilado. Curioso: la editorial entonces se llamaba El Acantilado. Y empezar con un compendio de entrevistas, por orden rigurosamente alfabéticio, a una decena de escritores dejaba las cosas bien claras. La apuesta no iba a ser para nada una apuesta mayoritaria. Y esa apuesta iba a ser arriesgada desde el primer momento. Incluso en 1999 algunos de los autores entrevistados ya debían estar en el centro de la polémica, cómo no ahora.
Las entrevistas de Pfeiffer parten de una primera pregunta común y toman diferentes caminos en función de su respuesta. Pfeiffer les pregunta primero a todos por la situación de una literatura que cada vez tiene más "material" y cómo ésta va a afrontar un eventual e incierto futuro relacionado con la tecnología.
Y diecisiete años más tarde me encuentro leyendo cómo todas esas predicciones u opiniones o especulaciones resultan igual de válidas, básicamente debido a que ese futuro no se ha definido a lo largo de tanto (o tan poco, digamos eso tan bonito de que todo es relativo) tiempo. De la obvia disparidad de opiniones, permitidme que me quede con la socarronería marca de la casa de Quim Monzó, que clava uno de los comentarios más brillantes del libro (a la vez escatológico y a la vez certero) cuando se refiere al corporaritivismo del sector editorial y a su complejo sistema de ayudas recíprocas con el avieso fin de garantizar ese futuro conjunto, esa especie de dumping  literario donde se trata de que el conjunto no pierda ni el favor del público (un conjunto monolítico, ávido de echarse lo que sea al gaznate y luego digerirlo de forma común) ni por supuesto el favor del bolsillo del público, que de algo hay que comer. Otros se expresan de forma más erudita, o aprovechan para promocionar sus propias obras o los proyectos en que andan metidos. Javier Marías hace mucho de sí mismo, Eduardo Mendoza desborda elegancia y Valente hace mucho de "poeta" con una entrevista corta y esquemática. Todas las opiniones con su personalidad y algunas compartiendo lugares comunes: es inevitable que ante un planteamiento tan abierto las respuestas se desboquen y, curioso, acaben repitiéndose ciertas menciones, sobre todo, de la cohorte de clásicos que uno ya puede imaginarse: Cervantes, Stendhal, Balzac, Tolstói, Joyce, son referencias de varios de los entrevistados.
A pesar del lógico devaneo particular (los egos pesan, amigos), este es un libro de los que se amortizan en su lectura. Apuntad referencias clásicas, faltaría, pero cada uno de los entrevistados acaba manifestando su individualidad a través de alguna cita, alguna preferencia particular, algo que despierta nuestra curiosidad. Puede que no sea la mejor de las obras que ha publicado Acantilado, pero tiene una evidente intención y constituye una muestra perfecta de por dónde irían los tiros en el futuro: rigor, seriedad, respeto, fidelidad a una línea y tesón, trazando caminos por los que otros han discurrido.