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sábado, 16 de mayo de 2026

Hisashi Kashiwai: Los misterios de la taberna Kamogawa

 Idioma original: japonés

Título original: Kamogawashokudo

Traducción: Victor Illera Kanaya

Año de publicación: 2023

Recomendación: Prescindible


Según nos informa la solapa interior de este libro, ha sido tal el éxito de esta novela que se ha traducido a más de veinte idiomas, se ha adaptado a la pantalla por NHK TV y se ha convertido en una saga de ocho novelas en Japón. Con tan apabullante presentación uno esperaría caer en las redes de una novela excelentemente escrita, con un argumento sorprendente y unos protagonistas memorables. Nada más lejos de la realidad.  Nos encontramos con una novela que, si bien está correctamente escrita y es agradable de leer, se desarrolla con una estructura tremendamente repetitiva y con unos personajes planos y poco estimulantes.

La premisa de Los misterios de la taberna Kamogawa es muy sencilla. Nos encontramos con una taberna escondida en Kioto, regentada por un padre y su hija, a la que acuden una serie de personajes de distinta extracción social para que los propietarios de la taberna les preparen un plato del que guardan un excelente recuerdo y que les transporta a un momento especial de su pasado.

Nagare y su hija Koishi escuchan los detalles del plato que les solicitan, toman nota y piden un plazo de dos semanas para realizar una investigación que les permita encontrar los ingredientes con los que se prepararon aquellos platos.  Pasado el plazo acordado, preparan el guiso correspondiente y los clientes lo degustan en la taberna. 

Pues bien, este es el esquema que se repite en los seis relatos que componen la novela. Con estos mimbres, la lectura se convierte en un ejercicio enormemente redundante y la monotonía del planteamiento acaba por ahogar el desarrollo de la historia. Quizás si ocurriese algo singular o distintivo durante el proceso en que padre e hija realizan su investigación culinaria el relato podría tomar una dirección más interesante, pero Hashiwai no considera necesario variar el guion y el éxito cosechado parece darle la razón.

En resumidas cuentas,  si ustedes son aficionados a la cocina asiática puede que le saquen algo más de partido al libro, puesto que se describen los ingredientes con los que se han preparado los platos y nos podemos imaginar la presentación de los mismos y el efecto que tiene sobre los comensales. En caso contrario, la lectura les resultará aburrida. Fresca y ágil, no les ocupara mas de un par de tardes, pero totalmente intrascendente.


viernes, 15 de mayo de 2026

Fabio Martínez: La jugadora de pádel

Idioma original: español
Año de publicación: 2024
Valoración: no está mal

Novelita de no más de ciento veinte páginas y en un formato similar a los ensayos plateados de Anagrama, casi una anécdota, que transcurre en Córdoba Capital, sobre una jugadora de pádel y cómo, a partir de un torneo ganado con un compañero bastante fachero, empieza a tomar malísimas decisiones.

No hay mucho que contar, en realidad. La narradora empieza a jugar pádel asiduamente (antes lo hacía una vez por semana) luego de que la empresa en donde trabajaba como jefa de RR.HH se desmantelase, y le queda un buen dinero por ello, gastado casi todo en accesorios para el deporte, y pronto su compañero de clases, Tomás, un tipo musculoso y canchero, la invita a un torneo. Obviamente lo ganan, y allí se da el primer contacto físico de muchos. Cabe aclarar que la protagonista está casada con un tipo que le da poca bola y prefiere destinar su libido a los partidos de Talleres (club de fútbol importante en Córdoba) y tiene una hija que está en la rebeldía adolescente y tampoco le da pelota. El caldo de cultivo perfecto para una infidelidad.

A partir de ahí la historia se desarrolla casi como en guión automático. Uno va leyendo pensando que va a pasar lo que tiene que pasar, lo que uno pensaría que le va a pasar a una persona que toma malas decisiones a raíz del aburrimiento de su vida, a la ausencia de su padre  y a las peleas irreconciliables con la madre, que hace muchos años, cuando la protagonista era niña, también engañó a su marido con otro tipo (y encima, millonario), dejándole con un rencor casi inexpugnable.

Cuando hablo sobre lo automático, me refiero a los momentos en que nos enteramos que Tomás es un bróker, un tipo que sabe como va la curva del mercado y cuándo apostar con intereses. Entonces ella le hace caso y le presta cierta cantidad importante de plata para que la invierta. Ahora bien, se huele de lejos la actitud del tipo, se huele de lejos lo que va a pasar, y ese es un problema de esta novela. La falta de ambición, o la falta de profundidad de los personajes, más allá de un recuerdo triste, de algún diálogo contenido, termina por jugarle en contra en la recta final, ya que es muy obvio lo que sucederá con Tomás. Para colmo, la reacción y lo que dice en las últimas páginas se corresponde típicamente a un estereotipo/prejuicio que podamos tener acerca de los bróker. Y no es que yo no me identifique con ese pensamiento, pero no basta con mostrar con que el loco es un desesperado de las pantallas y del ritmo del mercado a la vez que canchero y lindo (o sea, la mayoría se podría decir que es así), para justificar las acciones de la protagonista. 

Que no termine del todo bien tampoco es un consuelo hacia el lector: el reflejo exacto de una realidad (una realidad, por otro lado, bastante elitista) termina por empobrecer la narrativa, por cierta falta de imaginación ante el manejo de la trama y la potencialidad de sus personajes. La prosa, por otro lado, cumple, es sobria y no hace alarde de ningún vericueto lingüístico; el tono de la narradora es creíble, pero tampoco difiere mucho de otros personajes típicos de la literatura más contemporánea, pasados de vuelta de todo y sin encontrar nunca un camino a seguir. Por eso mi valoración: cumple con todo lo que uno pide para entretenerse, es decir, ritmo acelerado (los capítulos son dos o tres páginas como mucho, continuando la manía de ofrecer retazos más que una narración estructurada), un poco de amor prohibido, un poco de acción, una resolución casi vertiginosa, pero es algo que se ha visto y seguirá viendo en todos lados. Termina por ser una novelita que se lee en una hora de colectivo, como mucho, y que no aporta nada más allá de constatar que un bróker puede ser muy idiota y un personaje casado y con cuarenta años, si está aburrido de su vida, probablemente haga cosas de las que se terminará arrepintiendo, lo cual no es mucho decir.

jueves, 14 de mayo de 2026

Luis Martín-Santos: Novelas inéditas

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2024

Valoración: Recomendable alto


Seguramente Tiempo de silencio es el libro que más veces he releído (tampoco muchas, no se vayan a creer), quizá porque, aparte de la inacabada Tiempo de destrucción, tampoco había mucho más que leer de este autor, fallecido joven como muchos grandes genios. Galaxia Gutenberg rescata desde hace poco todo lo editable de Martín-Santos, ya saben, esas cosas encontradas en los cajones, que incluyen algo de poesía, teatro, algunos relatos cortos, junto a un libro de carácter técnico del psiquiatra afincado en San Sebastián. Material para completistas, del que me interesa por encima de lo demás el tomo III de la serie, eso que se llama Novelas inéditas, y que son dos narraciones más bien breves de época juvenil en las que vamos a ver si brilla ya el talento de Martín-Santos que se manifestaría algo más adelante. 

La verdad es que estos dos relatos se parecen bien poco a lo que vendría después. Lo cual, dicho sea entre paréntesis, me parece que deja ver una característica interesante, la capacidad de un autor para construir obras de diferente factura, estilo y contenido. Martín-Santos apenas despliega los recursos que más tarde utilizará en Tiempo de silencio, pero parece ir madurando una forma de narrar algo especial, modulándose hacia la introspección y marcando un ritmo extremadamente lento con el que provoca cierta angustia y la sensación de verse uno atrapado en los escenarios asfixiantes que diseña. Apunta maneras, muestra su talento para narrar pero todavía no ha explotado.

Son también dos relatos bastante diferentes entre sí. El vientre hinchado es en todos sus aspectos un drama rural, una narración endogámica que no se mueve del entorno de una casucha de labranza, entre campos resecos bajo un sol aplastante. Tres personajes que, si se me permite tomar el giro precisamente de Tiempo de silencio, son ‘tierra apenas removida’, individuos que superan por poco el umbral de lo humano, van conformando algo parecido a una tragedia que sin embargo es la vida misma, el destino de existencias que dan miedo de puro básicas. Lo más primario del ser humano mostrado con toda la crudeza, solo viéndoles desenvolverse y sondeando en lo posible (poco) sus emociones, más bien sus reacciones. Aunque el estilo es netamente realista, el contenido lo aproxima de forma decidida hacia el tremendismo que estuvo de moda unos años atrás.

El Saco es una novela que podríamos encuadrar en el género carcelario, y podría muy bien exportarse a un medio audiovisual. El relato, con el mismo ritmo lento y algo obsesivo, resulta más convencional que el anterior y, dentro de lo que representa como thriller, va descubriendo perfiles de personajes llenos de matices en una trama que parece a veces oscura y otras sumamente sencilla. Es una historia muy bien narrada aunque no se puede decir que su argumento ni su desarrollo sean demasiado originales. Más parece un ejercicio o un divertimento de autor todavía no decidido a tomar un camino concreto, pero se lee con interés y muestra la versatilidad de Martín-Santos para construir historias diferentes, y permitiéndose esconder de principio a fin el personaje que le da título.

El primero de los relatos da la impresión de mejor trabajado y con mayor riesgo, y en mi opinión resulta más valioso desde el punto de vista literario. Aun así, no siendo fácil identificar aquí al autor con sus obras mayores, todo desprende sensaciones de estar ante un talento literario todavía embrionario que despertaría muy pronto, cargado con todo un arsenal de recursos que todavía ni siquiera asoman.

También de Luis Martín-Santos reseñado en ULADTiempo de silencio


miércoles, 13 de mayo de 2026

Miguel Bonnefoy: El sueño del jaguar


Idioma original: francés

Título original: Le rêve du jaguar

Año de publicación: 2025

Traducción: Regina López

Valoración: muy recomendable

Ineludibles aromas de Robertson Davies, tratándose de una bildüngsroman y de Libros del Asteroide. Pero esta excelente novela de Miguel Bonnefoy no se limita a eso. La historia de Antonio Borjas, que en un primer flash-back, con mucha influencia del boom, ya se nos muestra como la de alguien que, a pesar de ser abandonado siendo un recién nacido, está asistiendo a inauguraciones de calles que llevan su nombre, resulta constituir una novela ambiciosa y luminosa, una visión caleidoscópica que muestra unas importantes décadas de evolución de una sociedad, que refleja sus altibajos e ilumina sus contradicciones. Todo ello en un ejercicio no despojado de equilibrismo. Aunque su autor represente un cierto paradigma proclive a cierto posicionamiento (nacido en Francia de progenitores venezolanos y chilenos), el de Bonnefoy no es un dedo acusador, si no más bien un testimonio ligeramente tiznado de circunstancias personales, convenientemente aderezadas para otorgarle un tono, a veces, casi espiritual.

Curioso, y supongo que la traducción tendrá algo que ver, apreciar que aunque el original de la novela sea en francés, la poética del texto, su cadencia, su recreación de escenarios o situaciones le aportan un aire caribeño. Como si Bonnefoy tuviera esa condición en el substrato de su narrativa. Por qué, desde luego, García Márquez es una clara referencia aquí. Esa carnalidad sugerida, ese intercalado de pasajes con detalles - casualidades, coincidencias, encuentros - no digamos mágicos pero si que con la carga de fantasía onírica para comprender ese ensamblaje, muy visible al final de libro, entre creación y un muy digerible detalle de auto ficción. Todo ello, eso sí, con un estilo preciso, directo, con la dosis justa de descripciones de situaciones, de lugares, la dosis que permite ubicar la novela pero consigue universalizar los detalles de la trama.

Quizás, pero ya es ponerse muy exigente, llamar Venezuela a la hija de Antonio y Ana María, los dos pujantes médicos que no tienen miedo alguno a su abierta militancia para mejorar la sociedad en la que crecen y a la que ven evolucionar, puede resultar algo forzado, un detalle que nos haga creer en esa analogía, que estamos viendo el progreso de un país reflejado en la vida de uno de esos personajes públicos inapelables: apasionado, pícaro, seguro de sí mismo, coherente. Quizás ese detalle, nimio a todas luces, fuerce un poco ese símil, pero ya es buscarle los tres pies al gato, y sería injusto centrarse en cuestiones de poco calaje cuando nos encontramos ante una magnífica novela caribeña.

Más libros de Bonnefoy en ULAD, aquí

 

martes, 12 de mayo de 2026

Hermanos Alquézar: Jardín

Idioma original: Español
Año de publicación: 2020
Valoración: Se deja leer (y a mucha honra)

Hermanos Alquézar es el pseudónimo de un autor dedicado a la ficción en formato breve. Y Jardín es una colección de relatos salidos de su pluma. 

Estos relatos (salvo, a mi juicio, el que se titula "Pesadilla en amarillo") se adscriben al género de terror. Un terror ligero, que juega con las convenciones del género sin tratar de subvertirlas y que a veces ostenta un humor tan simpático como inofensivo.

A grandes rasgos, todos los relatos de Jardín funcionan en tanto que pasatiempo. Incluso los más derivativos y lineales del conjunto, como "La expedición científica", "La maldición", "Pesadilla en amarillo" o "Sola" tienen su gracia, dada su brevedad y falta de pretensiones. Sin embargo, debo admitir que aquellos relatos con mayor potencial, como "El capitán ha desaparecido" o "Disfraz", pueden resultar un tanto frustrantes, ya que la falta de desarrollo de su interesante idea central provoca que su lectura se resienta.

El antes mencionado humor de estos relatos también puede llegar a lastrarlos un poco. Si bien da un acabado bonachón al conjunto que redunda beneficiosamente en su modestia, también resta intensidad a ciertas historias o alarga en demasía determinados pasajes. "Viejas" es un ejemplo de ello, ya que decae por su a todas luces excesivo enfoque cómico.

Sea como fuere, Jardín es una colección amena y entretenida que funcionará como pasatiempo a quien acuda a ella sin grandes expecativas. No obstante, insisto en que puede dar la sensación de que algunos de sus relatos no cuajan del todo o podrían haberse desarrollado en direcciones más interesantes.

Ah,  Jardín está ilustrado por Kirke Din. De las imágenes de Din aprecio su estética, de trazos y entramados deliberadamente toscos, aunque su estilo y composición son algo básicos, y su escasez (apenas hay tres engalanando el volumen) provoca que sepan a poco.


lunes, 11 de mayo de 2026

Gustavo Faverón Patriau: Madame Vargas Llosa

Idioma original: Español 

Año de publicación: 2026 

Valoración: Bastante recomendable

(...) un libro para la gente que ya tiene demasiado con vivir, en carne propia, todas las tragedias del mundo y que podría encontrar, en esta ficción, quién sabía, no una comedia, pero al menos una versión más pequeña de esas tragedias, para divertirse con ellas: como una favela menos furiosa dentro de la favela tremebunda.

(...) escriba un libro que sea la historia de su vida, y, como su vida está tan llena de ficciones, haga que esa novela sea también un relato acerca del poder de las historias, sobre cómo las fantasías reemplazan a la vida y nos llevan a ser otros (...)

Estos dos fragmentos extraídos de las páginas 186 y 158, respectivamente, podrían funcionar como resumen de Madame Vargas Llosa, novelita con la que Gustavo Faverón Patriau rinde homenaje, obviamente, a Mario Vargas Llosa, pero también a Borges (¿o será a Pierre Menard?, a Bolaño, a Werner Herzog, a Flaubert, etc. (*)

Vale, pero... ¿qué carajo es Madame Vargas Llosa? Pues es una bufonada grotesca y oscura, una tragicomedia a cuatro voces en la que el centro lo ocupan los diversos encuentros (o "encuentros") que Vargas Llosa mantiene con esas cuatro voces y personajes de la novela y que tiene como tema fundamental la necesidad de contar historias.

Más allá del tema principal, el uso de las citadas cuatro voces (Maria Trindade, el cineasta Ruy Guerra, el guionista Manoel Magalhaes "Fittipladi" y Rita) permite a Faverón lanzarse a juegos de espejos y desdoblamientos marca de la casa, a digresiones interesantísimas acerca de la "alta" y la "baja" cultura, del plagio o del papel que debe desempeñar la cultura con respecto a la política, a descabelladas historias trufadas de pistas que son trampas o de trampas que son pistas.

Como veis, las obsesiones y los temas de Vivir abajo o Minimosca reaparecen en Madame Vargas Llosa. Lo hacen, eso sí, de forma más "comedida" o menos "ambiciosa / totalizadora" que en las citadas. Y quizá esto haga que los ya conocedores de la obra de Faverón se queden con ganas de más, puede ser. Pero también ofrece la posibilidad de que nuevos lectores se sumen a su universo: al fin y al cabo, 200 páginas intimidan menos que 600, ¿no?

Sea como fuere, es innegable que Faveron tiene una prosa con un ritmo y un estilo propios (¿mezcla de otros, tal vez?) e inconfundible, en los que aúna entretenimiento y profundidad.  Es uno de esos autores contemporáneos (otro sería, por ejemplo, Cartarescu) de los que basta leer unas pocas páginas para saber que es él. Y Madame Vargas Llosa es una buena muestra.

(*) Repasando la reseña y repensando Madame Vargas Llosa, diría que algo hay, también, de Manuel Puig en la novela.

También de Faverón Patriau en ULAD: Vivir abajo y Minimosca

domingo, 10 de mayo de 2026

Luis Bustos: Meseta

Idioma: español

Año de publicación: 2026

Valoración: está bien

Cómic de reciente aparición del reputado ilustrador y guionista Luis Bustos, de inequívoco sabor hispánico, si bien adaptado a los tiempos actuales. Me explico: la premisa es bastante sugerente, puesto que nos cuenta un viaje en coche compartido (tipo BlaBlaCar o lo que sea) entre Barcelona y Madrid, justo la noche en la que las calles están convulsas porque se ha producido un asesinato político y una parte del Ejército y la ultraderecha  amenazan con un golpe de Estado. En el coche se juntan los jóvenes Pablo y Viri, con el conductor, Ramón, que resulta ser un trasunto no demasiado disimulado del ínclito José Luis Torrente (para quienes nos lean desde fuera de España y no conozcan a este personaje cinematográfico, mi más sincera enhorabuena). Hasta aquí se diría que la narración del viaje era una metáfora de "las dos Españas", algo que tanto juego literario y ensayístico ha dado a lo largo de, como poco, los últimos noventa  años,  pero resulta que cierto incidente obliga a los viajeros a desviarse de su ruta y buscar refugio en un lugar apartado y bastante peculiar, en el que la historia evoluciona hacia el género de terror y fantástico, aun sin perder el carácter alegórico sobre el momento político actual (que, en realidad, no es exclusivo del Reino de España, sino de buena parte del mundo. Y de hecho, yo casi diría que en España el enfrentamiento político no está tan enconado como en otros sitios).

Ningún problema sobre está lectura alegórica -quizá, tan sólo, que sea demasiado obvia-, así como ningún problema en que derive hacia lo fantástico/esotérico (incluso muy al contrario, por mi parte). Mis objeciones a esta novela gráfica van más hacia el aspecto puramente narrativo; en mi opinión, la historia avanza a un ritmo, no digo que moroso, pero tampoco demasiado rápido, durante la primera parte del libro -pongamos que su primer tercio-, para que luego, en un lapso de tiempo que no parece muy largo, se precipiten los acontecimientos llenos de acción y hasta bastante truculentos. Esa compresión de la acción hace que, inevitablemente, el autor deba tirar de tópicos y de soluciones previsibles para resolver las situaciones, con lo que el conjunto se resiente de un cierto déjà vu. Una lástima, porque la premisa prometía bastante, pero creo que habría que haber dejado respirar un poco más a la historia, darle espacio para desarrollar ciertos de sus elementos que hubieran enriquecido el conjunto y no caer en lo más esperable. 

Por otro lado, y aunque pueda parecer un objeción fútil o anecdótica, no acabo de ver el por qué del título de Meseta (*), que es donde se supone se encuentra el lugar en el que trascurre casi toda la acción. Pero es que entre Barcelona y Madrid lo que hay, sobre todo, es la comunidad de Aragón, que en la Meseta, precisamente no está (ya sé lo que me dirán en los comentarios, que en esa ruta también se encuentra Guadalajara, pero es que, por lo que parece en la trama, el desvío se produce bastante más lejos de la capital de España... llamadme tiquismiquis, si queréis). Entiendo que se trata de una licencia narrativa que no tiene mayor importancia... excepto porque quizás (y sin quizás) el título trata de aludir a la España más rancia, centralista y retrógrada, de la misma forma, sospecho,  que  veladamente tratan de insinuar algunas personas cuando usan el eufemístico "mesetario/a" para no decir "castellano/a" o, más directamente, "madrileño/a" (lo cual no dejaría de tener cierta guasa, puesto que Bustos es de Madrid). Sólo puedo decir que si alguien utiliza el término "mesetario" para insinuar tales connotaciones, frente a las que tendrían otras zonas del Reino de España, se entiende, ni conoce bien la Meseta ni tampoco el resto de los territorios de España, creo yo...

Por finalizar con los aspectos más positivos de este cómic, es cierto que la trama acaba siendo precipitada y con un montón de tropos previsibles, pero se lee con presteza y agrado, dejando un regusto final asaz satisfactorio. A lo que no es ajeno la estupenda factura de las ilustraciones, con un magistral uso del claroscuro, amén de una audaz y estimulante composición de las páginas, en especial las que tratan de la parte más fantástica de la historia. En resumen: una narración que podría haber sido más redonda de haberse dilatado más, pero que, no obstante, resulta lo suficientemente interesante e incluso, en algún momento, absorbente, para merecer su lectura.


(*) Para nuestros lectores/as quizás hispanics pero no spaniards: en la Península Ibérica hablamos de la Meseta para referirnos a la Meseta Central, llanura que se encuentra a unos 600-800 metros de altitud y dividida a su vez en dos submesetas, Norte y Sur. En la primera se encuentra la Comunidad Autónoma de Castilla y León y en la otra, las de Castilla-La Mancha, Madrid y Extremadura.

También de este autor y reseñados en Un Libro AL Día: ¡García! 1 y 2


sábado, 9 de mayo de 2026

Gaea Schoeters: El trofeo

Idioma original: holandés
Título original: Trofee
Traducción: Maria Rosich en catalán para Empúries y Gonzalo Fernández Gómez  en castellano para Seix Barral
Año de publicación: 2020
Valoración: recomendable


Hacía tiempo que no leía un libro de aventuras en el sentido más tradicional del término (me atrevería a afirmar incluso que no lo hacía desde mis años mozos con esos page-turners de Wilbur Smith y sus exploraciones por África). Pero el tiempo ha evolucionado, también la literatura, al igual que un servidor, y aunque el género de aventuras puede ser interesante para una escapada mental, también está bien pedirle algo más a una obra. Y aquí es donde entra este libro de la autora belga Gaea Schoeters que ofrece una interesante intersección entre el enfoque más tradicional de las novelas de aventuras y los valores actuales de la sociedad. Vayamos a ello.

La novela empieza situándonos en un país del continente africano, en el que Hunter White (nombre que ya de por sí es una declaración de intenciones) ha viajado para cazar un rinoceronte negro con el objetivo de ofrecérselo a su mujer como regalo por su aniversario de bodas, pues es una coleccionista de trofeos de caza y él, un apasionado a la cinegética. Para conseguir tal propósito, lleva organizando este safari desde hace un par de años; una tarea nada fácil, pues obtener tal licencia de caza no es algo trivial ni al alcance de cualquiera. Pero para los blancos acaudalados pocas cosas no pueden conseguirse con dinero y menos aún en países que traviesan dificultades económicas de manera que el escenario elegido es idóneo pues, para Hunter, «África es una gran reserva natural creada por Dios para complacerle (…) África es su parque temático, su territorio de caza. Nada más». Así que, una vez organizado el viaje, se desplaza al lugar donde se encontrará con Ven Hereen, compañero de caza desde hace dos décadas y con quien tiene una longeva amistad, para conseguir tal preciada pieza.

Arrancada ya la lectura con esta premisa inicial, en menos de cincuenta páginas ya tenemos trazado el escenario, los principales personajes protagonistas y también el estilo de Schoeters: un estilo sobrio, descriptivo pero sin accesos que invita al lector a sumergirse en la historia que nos narra. Una historia de inseguridades, de debilidades, de aventuras, de desafíos, de riesgos y de toma de decisiones. La autora evidencia talento y muestra su capacidad a la hora de escribir, de manera firme, sin dudas, sin titubeos. El ritmo es alto, constante e interpela al lector desde la superioridad ostentosa de Hunter, alguien que tiene toda la vida bajo su control, que ejerce su supremacía de manera cotidiana y que, justamente por ello, se encuentra en su escenario predilecto: la caza. Una afición que le permite reafirmarse en sus sensaciones y devolverlo a sus orígenes más primarios y que evidencia al aseverar que «un animal disecado, especialmente si se trata de una ejemplar grande, despierta una pasión ancestral en la gente. Les recuerda la victoria de los humanos sobre la vida salvaje, la domesticación de los indomesticables» y, con ello, también la sensación de poder, pues adentrándose en tierras vírgenes, «el paisaje no le inspira humildad, al contrario: la sensación de ser el primero le provoca una gran excitación. Lo que siente es la euforia del descubridor o del pionero: la consciencia de apropiarse de este territorio solo por el hecho de entrar en él». Pero, en tal estado de embriaguez testosterónica y cuando las pulsaciones se disparan, cuando la adrenalina aumenta en medio del salvajismo propio del fragor de la caza en un terreno hostil, áspero y de violenta tensión, la frontera entre lo ético y lo instintivo se diluye; en esos momentos, en esos terrenos, todos son animales y las jerarquías y las pirámides evolutivas se difuminan y los instintos primarios asoman cuál presa despistada que olvida su lugar en el mundo.

De esta manera, y con esta propuesta argumental, la autora ha escrito un libro en el que rápidamente la crítica toma relevancia y pasa al primer plano, una denuncia que ataca diferentes frentes en torno a un mismo aspecto: la supremacía (económica, territorial, étnica, etc.) a la vez que enjuicia también las corruptelas de los gobernantes de los países africanos en cuanto a la caza y sus leyes y permisos. Y por ello creo que es importante destacar que, a pesar de que este libro pueda ser del agrado de cualquier lector al que le interesen los libros de aventuras (porque es cierto que en gran parte gira en torno a la caza de los animales), quedarse únicamente en este aspecto sería reliazar un análisis muy superficial y frívolo, porque realmente el libro trata sobre el poder, la dominación, los instintos y la necesidad de conseguir los objetivos propuestos, pero también sobre las expectativas, las esperanzas, la lealtad, la confianza en uno mismo y en los otros, los recelos, los ajustes con el pasado y con la propia idea de quien es uno mismo. De esta manera, aunque bien es cierto que las personas que aman o a quienes les gustan los animales les puede suponer un reto leer un libro con esta temática, Schoeters sabe utilizar sus herramientas para conseguir mantener la atención sin posicionarse en exceso a favor o en contra de tales aficiones; el libro es entretenido porque la autora sabe mantener la tensión narrativa en todo momento a la vez que nos expone en dicotomías éticas en las que no siempre hay una decisión sencilla, sin obviar también que tiene algunos puntos débiles que podríamos encontrar en ciertos episodios (especialmente al final del libro) en los que la autora se recrea en exceso en episodios oníricos y en pasajes donde el protagonista rememora momentos de su pasado que alargan en exceso la escena final de un relato que mantiene el interés durante todo el recorrido y al que únicamente quizás una trama argumental más definida la hubiera ayudado a redondear el resultado. Con todo ello, el libro sabe utilizar la trama de una típica novela de aventuras para lanzar un cuestionamiento constante sobre la ética de las decisiones humanas y, así como el protagonista se encuentra en los márgenes de la civilización y lo salvaje, Schoeters busca la frontera entre lo que es éticamente aceptable y lo que es altamente cuestionable deslizándose así en un equilibrio entre lo ético y lo moral en el que la visión que se tiene desde un lado y desde el otro son diametralmente opuestas y no siempre constantes.

Para terminar, afirma la autora en boca de uno de los personajes que, «tu moral occidental es un producto de lujo para quien se lo puede permitir. El resto del mundo tiene que conformarse con el pragmatismo». Así que, a pesar de que podríamos afirmar que estamos en el terreno de la ficción, no parece que estemos tampoco tan lejos de la realidad. Desafortunadamente.

viernes, 8 de mayo de 2026

Juan Gómez Bárcena: Abril o nunca

 Idioma original: español

Año de publicación: 2026

Valoración: muy recomendable


Juan Gómez Bárcena es uno de los mejores novelistas de la narrativa española actual. Es un autor que apuesta por el riesgo y la creatividad a la hora de abordar sus propuestas. Según él mismo confiesa, de otra manera caería en el aburrimiento. Por eso no es de extrañar que en Lo demás es aire nos entregara una novela coral sobre los habitantes de un pueblo en Cantabria, en Mapa de soledades nos sorprendiera con un ensayo sobre los distintos grados de soledad del hombre contemporáneo y en Abril o nunca vuelva a cambiar de registro y nos ofrezca una lúcida reflexión sobre la paternidad, la culpa y el tiempo.

Daniel es un hombre divorciado que abandona su trabajo como abogado en Madrid y emprende una huida que le lleva a trabajar como instructor de buceo en Benidorm, que es la ciudad donde veraneaba en su infancia. Sus únicos vínculos con su vida anterior son las anheladas visitas de su hija Teresa y su relación con un amigo que dirige un restaurante en la ciudad levantina. Esa rutina se verá interrumpida por una inesperada tragedia personal propiciada por un descuido de nuestro protagonista que trastocará su visión de la vida y, sobre todo, del tiempo.

Daniel intentará por todos los medios recuperar un periodo de su vida en el que supone que era feliz y para ello se planteará si existe la posibilidad de volver atrás en el tiempo. Necesita regresar al mes de abril, reparar los errores cometidos y volver a disfrutar de la vida con Teresa. Esa posibilidad de viajar al pasado podría convertirse en un elemento para redimirse de la culpa. Sin embargo, llega a un callejón sin salida: "La memoria nos juega esa clase de trampas. Quiere convencernos de que hubo un tiempo en que fuimos felices, pero también lo bastante idiotas como para no darnos cuenta. No es así, claro. Si en efecto no nos dábamos cuenta es por la sencilla razón de que no éramos felices en absoluto".

A pesar de esas reflexiones, nuestro protagonista decide buscar una solución a la situación de desamparo en que se encuentra y bucea en  internet donde muchos usuarios declaran poseer la llave para viajar al pasado. Uno de ellos asegura que la clave está en olvidar, pero advierte: "Nada hay tan difícil como olvidar. Quiero decir olvidar de verdad. La buena noticia es que a todo se aprende. El olvido, también se enseña. Yo seré vuestro maestro y vosotros los alumnos que aprenderán y olvidarán lo que han aprendido".

Quizás precisamente esa insistencia de Bárcena en presentarnos distintos foros y  usuarios de internet pueda ralentizar un tanto el avance de la novela, pero también nos muestra que Daniel ha renunciado a sus ilusiones y busca refugio en las redes sociales. Nuestro protagonista arrincona sus relaciones personales y sentimentales y se sumerge en los videojuegos y los chats. Las estaciones se suceden unas a otras y Daniel se hunde en una melancolía perpetua. Con gran habilidad el escritor cántabro nos ofrece un detallado retrato psicológico de los personajes, especialmente de nuestro protagonista al que sitúa al borde del colapso: "Cuando un hombre parece vacío existen dos opciones. Una: creer que está efectivamente vacío. Que las cosas son lo que parecen. La segunda posibilidad es creer que tras ese vacío se cifra algún secreto, una vida demasiado compleja para ser resumida en unas cuantas frases".

En este sentido, la presencia de Benidorm se convierte en una elección fundamental por parte de Bárcena, porque Daniel se desenvuelve en un entorno en el que la superficialidad y la provisionalidad de la forma de vivir en esa ciudad contribuyen a aumentar la soledad autoimpuesta de nuestro protagonista: "en Benidorm la gente se mueve tan deprisa que ni siquiera tienen tiempo de mirarlo". El escritor cántabro utiliza potentes imágenes visuales para sumergirnos en la zozobra interior de Daniel y comprenderemos su necesidad imperiosa de volver una y otra vez a la Cala de los Amarillos donde su vida quedó truncada.

Abril o nunca está narrado con la prosa precisa y sosegada a la que nos tiene acostumbrados Bárcena. El texto se desarrolla con elegancia y naturalidad y quizás con mayor emotividad que otras novelas del autor. Logra transmitirnos sin caer en dramatismos exagerados la lucha desesperada de un ser humano  por sobrevivir al dolor.  Es una invitación a reflexionar sobre la paternidad, la repercusión de nuestras pequeñas decisiones cotidianas, la importancia de los vínculos afectivos y ¿la inevitabilidad del paso del tiempo?

Tambíen de Juan Gómez Bárcena en Ulad: El cielo de Lima, Kanada, Ni siquiera los muertos.


jueves, 7 de mayo de 2026

Zerocalcare: Será todo para mí

Idioma originalitaliano
Título originalQuando muori resta a me
Año de publicación2024
TraducciónCarlos Mayor
Valoraciónrecomendable

Por lo general no soy adepto a las novelas autobiográficas, y por suerte la religión de la autoficción de hace unos años ha decaído. Además, ya había visto la serie de Netflix Cortar por la línea de puntos; apenas logré terminarla a causa de la monotonía que me generaba escuchar los monólogos del protagonista (que no eran malos ni mucho menos, pero es que no para nunca de hablar ni deja que contemplemos la animación). Así que no las tenía todas conmigo cuando me prestaron este libro.

Es una historia acerca de la relación distante entre padre (representado como un ganso demasiado parecido al papá de Po de Kung Fu Panda (creo que es a propósito, porque varias veces le dicen Ping Ping)) y el hijo, que es Zerocalcare. En la primera página se explicita que todas las experiencias han sido vividas: esto, por supuesto, hay que tomarlo con pinzas; además de cierta dosis de fantasía, otras situaciones aparecen distorsionadas por el recuerdo del protagonista de cuando era un niño. De todas maneras, todo lo que se describe es perfectamente verosímil con el tono.

Sigo: la trama inicia con un viaje hacia una casa en las montañas que posee el padre. Ya en las primeras páginas se establece que no saben qué decirse y que sus puntos en común (o más bien, puntos que el padre busca desesperadamente establecer) se resumen en la música de la radio, el fútbol o las insinuaciones de que el hijo por fin haya sentado cabeza, todo esto trufado de insultos cariñosos y golpes bajos constantes, como la mayoría de las relaciones en donde ninguno sabe cómo abrirse. Además, la división de los tres actos clásicos facilita que en el primero y el segundo se intercalen flashbacks de varias décadas atrás sobre cómo un grupo de chicos (entre ellos el bisabuelo de Zerocalcare) construyó el campanario del pueblito y atravesó la Primera Guerra Mundial, y sirve como justificación para anudar los misterios (aunque, a partir de ahí, no se desarrolla más).

El trazo de Zerocalcare transita mayormente entre pocos trazos que dan una sensación de dinamismo a las caras y gestos de los personajes, pero que sabe ser detallista al extremo cuando el panel lo requiere. Que algunos de los personajes sean antropomorfizados no le resta dramatismo a la historia, sino que los potencia, porque hay gestos de compasión o dolor que en rasgos humanos pueden dar lugar a ambigüedad, pero en este caso es nítido el sentimiento ilustrado. Además, las partes de fantasía están reguladas y en ningún momento desbocan al texto (de hecho, más que contrapunto cómico, y eso que hasta la mitad del libro me venía riendo en cada página, asientan el terror de la soledad y, en cierta escena, del miedo más puro, ese que es infantil y que nos recorre toda la vida). Para muestra:


Mi problema con la trama es que, a partir del tercer acto, casi todas las revelaciones y cierres de tramas se dan de una forma casi insulsa. Por ejemplo, descubrir por qué el padre conoce a una vieja en el pueblo con un parche en el ojo no es un gran impacto (quizás el padre ya tiene un recorrido como personaje en otras historias y yo me esté perdiendo de ese matiz, pero entonces cuál sería el punto de hacer una novela sobre tu relación con él), o bien sacar a la luz por qué el padre se comportó de cierta manera en una noche muy lejana en los recuerdos del hijo no termina por impactar en la historia. Si bien el mensaje de que hay conversaciones que nunca se van a tener, y esto lamentablemente pasa seguido en la vida real, es adecuado como cierre, me deja la sensación de que Zerocalcare ha utilizado una anécdota como excusa para exponer cierta dinámica familiar y no ha querido profundizar del todo por respeto a su progenitor. En todo caso se expone él, aunque esta vez sus arranques, al contrario de la serie, son más comedidos, reconociendo sus cuarenta años y tratando de tomar una decisión por una vez en su vida, así que el personaje no resulta cargante para nada, y sus salidas sarcásticas son muy imaginativas (más allá de que no creo necesario llenar cada diálogo con obscenidades).

Dicen que es la novela gráfica más madura del autor. Si hago una comparación (e injusta, porque son dos medios distintos) entre la serie y esta obra, resulta evidente que maneja mejor los recursos y tiempos para contar lo que quiere, y que incluso en un par de paneles logra trasmitir la tristeza y el odio de varias generaciones y la desolación infantil de una noche sin estrellas, pero eso no la salva de tener un tercer acto flojo, como apurándose para entregar otra historia más donde se analiza para expulsar esa complacencia y autocompasión. Y en eso no se puede repetir el truco tantas veces.



miércoles, 6 de mayo de 2026

Johann Wolfgang von Goethe: Las afinidades electivas

Idioma original: alemán

Título original: Die Wahlverwandtschaften

Traducción: José María Valverde

Año de publicación: 1809

Valoración: Entre Recomendable y Está bien


Como es sabido, Goethe colaboró decisivamente en el nacimiento del movimiento romántico Sturm und Drang, y aportó a esta corriente literaria obras fundamentales como Las desventuras del joven Werther. Ciertamente, más adelante iría tomando caminos algo diferentes, pero si hiciésemos abstracción del intervalo de los más de treinta años transcurridos, se podría pensar que con Las afinidades electivas el gran autor alemán quiso someter a prueba al romanticismo con un test de estrés definitivo. 

De manera que, como si se tratase de un reality televisivo, coloca a una admirable pareja disfrutando de su castillo y sus tierras, y les introduce dos visitantes: el capitán, viejo amigo del marido, y una jovencita algo ensimismada que está bajo la protección de la esposa. Para qué queremos más, solo hay que esperar que salte la chispa por algún lado, o por varios a la vez. La vida del acomodado matrimonio va haciendo hueco a sus nuevos invitados, y las cosas se van moviendo, al principio de forma casi imperceptible, para ir cogiendo velocidad poco a poco, igual que en la naturaleza, explica Goethe por boca de sus personajes, los seres, incluso los objetos inanimados, muestran tendencia a unirse o repelerse con otros en función de fuerzas observables aunque no conocidas.

Estamos ante una especie de novela de tesis en torno al amor, y Goethe explora las distintas actitudes de sus personajes, la templanza de unos frente a la inmadurez y la emotividad desbocada de otros, el sturm y el drang se manifiestan con fuerza frente a la prudencia que podríamos definir como burguesa. Son perspectivas completamente diferentes ante las que el autor no toma partido pero, conscientemente o no, los personajes transmiten sensaciones dispares que llegan al lector: el arrebato amoroso que en su momento se puso en valor ahora se ve cómo desemboca en el capricho y la volubilidad que poco falta para que deriven en la pérdida de dignidad y el ridículo. 

La reflexión resulta interesante y bien desarrollada una vez que concluimos la lectura, pero ¿qué ocurre mientras pasamos las páginas? Pues que se suceden las parrafadas, largas explicaciones en un lenguaje con frecuencia afectado, y en definitiva un desarrollo lento y poco atractivo que transmite cierto aburrimiento hasta una parte final confusa y algo atropellada, en la que Goethe parece haber querido recuperar el tono de la tragedia romántica de años atrás. Me atrevería a decir que, desde el punto de vista narrativo, la obra tiene algunas deficiencias serias, como la aparición de personajes ajenos a la trama, que son unos cuantos y no aportan casi nada, y los varios estancamientos en torno al paisaje y pequeñas anécdotas poco relevantes.

El ritmo es irregular y le falta quizá precisión y vigor, que solo aparecen en ocasiones puntuales, lo cual puede ser hasta cierto punto fruto de la época, pero a nivel lector creo que todo esto pesa bastante hasta que uno es capaz de verlo con una cierta perspectiva. Otra cosa es que según los entendidos (hay un largo prólogo en el que se extienden sobre estos pormenores) la obra contiene buen número de guiños y mensajes semiocultos, incluidas alusiones oblicuas a los rosacruces y ciertos elementos esotéricos, que tal vez añaden interpretaciones quizá más ricas y de mayor interés para quien sea capaz de detectarlas. Por mi parte, entusiasta lector del Werther en mis años juveniles, como creo que corresponde, y del Fausto algo más adelante, me quedaré con estas dos obras geniales y dejaré Las afinidades electivas como una más en la colección, de la que no dejo de extraer algunas cosas interesantes, pero que queda  lejos de aquellas experiencias anteriores.

Otras obras de Goethe reseñadas en ULADFaustoLas desventuras del joven Werther

martes, 5 de mayo de 2026

Metaentrada: Mea culpa

Sobre la representación de género en nuestras reseñas en ULAD

Introducción

En un post reciente, en una reseña firmada a mi nombre, una seguidora (el comentario era anónimo, pero dejaba claro que provenía de una mujer) nos hizo una observación que no me pasó desapercibida. Señalaba que en ULAD tenemos un claro sesgo hacia la reseña de autores hombres.

Lo primero que quiero decir es que, al menos de mi parte, si esto es cierto, no ha sido algo premeditado. Por supuesto, eso no constituye ni excusa ni justificación. La ignorancia de un problema no hace que este desaparezca. Sin embargo, y aquí entra el mea culpa, sin señalamientos como este, sin autocrítica, los problemas simplemente no se resuelven.

También es cierto que el equipo de ULAD está compuesto, en su gran mayoría, por hombres (aunque contamos con una colaboradora, cuya participación reciente ha sido limitada por cuestiones de agenda), con una edad media de cuarenta y tantos años. Desde ese punto de partida, cualquier crítica a nuestro trabajo no solo es válida, sino necesaria. Esto no va de enredarse en discusiones estériles ni ejercicios de retórica; va de tomarse en serio las preguntas incómodas.

A partir de ese comentario, decidí revisar nuestros propios datos. Analicé cerca de 600 reseñas (perdonen que no haya ido más atrás, pero tenemos reseñas acumuladas a lo largo de más de 15 años de vida del blog) y comparé la proporción de autores reseñados con la del mercado editorial en general. Lo que sigue no pretende ser un estudio exhaustivo, pero sí un primer intento, honesto y fundamentado, de entender qué está pasando.

Metodología

Se analizaron un total de 595 reseñas publicadas en ULAD. Para cada una de ellas se identificó el sexo del autor o autora reseñada, clasificando los casos en dos categorías: hombre y mujer (en el blog se han reseñado también autores no binarios, lo cual será tema de un futuro post).

La distribución observada fue la siguiente:

Autores hombres: 340

Autoras mujeres: 255

Esto corresponde a una proporción de:

57.1 % hombres 𝑣𝑠 42.9 % mujeres

Para evaluar si esta distribución refleja un sesgo propio del blog o es consistente con el sistema editorial, se compararon estos datos con referencias externas:

1. Producción editorial en España (ISBN, datos recientes).

2. Creación literaria en español.

3. Circuito de traducciones al español.

Se realizaron pruebas estadísticas (test binomial) para evaluar si las diferencias entre la proporción observada y las proporciones de referencia eran significativas (p<0.05). Asimismo, se estimó un intervalo de confianza del 95% para la proporción observada.

Resultados

La proporción de autores hombres en ULAD fue de 57.1%, con un intervalo de confianza del 95% de aproximadamente (53.1%, 61.1%).

Al comparar estos resultados con distintos escenarios:

  1. Frente a una distribución paritaria (50/50), la diferencia es significativa (p  = 0.001).
  2. Frente al mercado editorial general en España (~60% hombres), la diferencia no es significativa (p  = 0.143).
  3. Frente a la creación literaria en español (~62% hombres), la diferencia es ligeramente significativa (p = 0.016).
  4. Frente al circuito de traducciones (~65–70% hombres), la diferencia es claramente significativa (p < 0.0001).

ULAD, en efecto, reseña una proporción significativamente más grande de hombres que de mujeres. Sin embargo, reseña menos hombres (una proporción menor de hombres) que el promedio del sistema editorial, especialmente en comparación con el ámbito de las traducciones.

Discusión

Aquí viene la parte incómoda, y la importante.

El análisis sugiere que no estamos amplificando el sesgo del mercado editorial. De hecho, en cierto sentido, estamos tirando en la dirección opuesta: reseñamos proporcionalmente más mujeres que lo que el sistema produce.

Y sin embargo, esto no es tranquilizador. Al contrario.

Porque si el problema no está (o no está principalmente) en nuestras decisiones individuales, entonces está en algo más profundo: en el sistema editorial mismo. En qué se publica, qué circula, qué se traduce, qué se promociona y, en última instancia, qué llega a nuestras manos como lectores.

Eso, me parece, es más grave.

Sería cómodo concluir aquí: “no es culpa nuestra”. Pero esa no es una conclusión suficiente, ni mucho menos satisfactoria. El hecho de que el sesgo sea sistémico no nos exime de responsabilidad; más bien nos coloca en una posición desde la cual podemos decidir qué hacer.

Porque aunque no controlemos el mercado editorial, sí controlamos (al menos en parte) nuestras lecturas, nuestras elecciones y, por tanto, nuestras reseñas.

Conclusión (y toma de postura)

Este análisis no pretende cerrar la discusión, sino abrirla.

Los datos sugieren que ULAD no presenta un sesgo de género mayor que el del sistema editorial en el que se inserta. Incluso podría decirse que lo corrige ligeramente. Pero eso no basta.

Por mi parte (y hablo aquí a título personal) creo que hay margen, y también responsabilidad, para hacer algo más.

Desde mi pequeña trinchera, puedo:

1. Leer y reseñar a más autoras.

2. Dar visibilidad a escritoras emergentes o independientes.

3. Cuestionar mis propios hábitos de lectura.

4. Y, sobre todo, ampliar las voces que forman parte del proyecto.

En ese sentido, me parece la oportunidad ideal para hacer un llamado abierto:

Si eres lectora y te interesa colaborar con ULAD, puedes empezar enviando tus reseñas a:

colaboraciones.unlibroaldia@gmail.com

Y, si hay afinidad y consenso, por qué no, sumarte como parte del equipo.

Nada nos alegraría más que contar con una mayor diversidad de voces en nuestras reseñas, voces que nos ayuden a ver lo que ahora no vemos, a detectar nuestros puntos ciegos y, en última instancia, a hacer un mejor trabajo.

Referencias
  1. Ministerio de Cultura y Deporte (España). Estadística de la edición española de libros con ISBN
  2. Agencia del ISBN
  3. Instituto Autor
  4. Federación de Gremios de Editores de España
  5. UNESCO – Global book statistics
  6. PEN International – Gender in literature reports

lunes, 4 de mayo de 2026

Begoña Gómez Urzaiz: Las abandonadoras


Idioma original:
español

Año de publicación: 2022

Valoración: muy recomendable

Confieso haber renunciado de forma algo ostensible a participar en la ya algo lejana semana dedicada a las Madres de libro. Diría, incluso, haber hecho algo análogo al troleo cuando publiqué, de forma posterior y hace más de un año, mi algo escéptica reseña de cierto libro de Rachel Cusk

Hay que tener cuidado a la hora de definirse. 

Qué sería más impopular que desmarcarse de forma patente de un colectivo como ése, colectivo, curioso, al que la emergente ideología ultra no sabe dónde ubicar: ¿defendemos a las mujeres que son madres con algún argumento rancio y lacrimoso, o ejecutando una pirueta imposible, lo hacemos desde un feminismo frío y calculador que sitúa a la mujer individuo por delante de ese rol reproductivo que la naturaleza le ha designado?

Todo esto daría para una intrincada, prolongada y seguramente estéril discusión que acabaría con la clásica disyuntiva. No estamos para eso.

De Begoña Gómez Urzaiz hay que leerlo todo: supongo que me perdonará que le otorgue el apelativo de culo inquieto, pero no veo otra manera de definir su compromiso por tomar referencias clásicas y combinarlas con lo más nuevo, sus guiños pop o incluso levemente indies frente a una visión urbana y algo middle-class que puede exaltar a los muy pusilánimes, pero sin dejar de lado perspectivas más radicales, aunque sea meramente por ese efecto de capilaridad derivado de un eclecticismo y una amplitud de miras, cosa que parece tan fácil de describir como difícil de ejercer en este mundo de algoritmos y motores de búsqueda que te planta ante las narices aquello que te cuadra y reconforta. 

Aquí, la periodista catalana nos ofrece una serie de artículos, la mayoría sobre celebridades de distintos campos culturales, mujeres que tomaron decisiones difíciles - de esas que te ponen a los pies de los caballos -en relación con su maternidad. El título ya desvela algo sobre aquello a que nos enfrentamos. Habla de Maria Montessori, de Mercè Rodoreda, de Muriel Spark o de Joni Mitchell. También de personajes literarios que han protagonizado circunstancias similares en obras de ficción. Siempre ante el escándalo de sociedades que definen roles y no aceptan salidas de esos roles, sea cuál sea su justificación, sea vivir vidas poco convencionales o sacrificarse por otra finalidad, por su talento, por su profesión. Gómez Urzaiz intercala en esos artículos alguna experiencia personal, alguna reflexión, en una confesión de cómo afronta una mujer joven la conciliación de su profesión y ese esquema preconcebido que le depara la sociedad, ese colectivo monolítico tan presto a juzgar y evaluar. Lo hace con un estilo fresco, rico, culto y desinhibido, lo hace con una actitud abierta, personal y constructiva, igual que aborda las situaciones de los personajes de sus artículos, sin perderse en juicios de valor, sin escatimar información, sin dejar de ser en ningún momento la escritora traviesa y perspicaz que es.

Gómez Urzaiz coordinó un libro que reseñamos aquí

domingo, 3 de mayo de 2026

VV.AA.: Arca

Idioma original: Inglés
Título original: Arca
Traducción: Lorenzo F. Díaz
Año de publicación: 2023
Valoración: Recomendable

Arca no es un cómic que tenga un guion o apartado gráfico particularmente novedosos. Sin embargo, narra su historia con innegable solvencia.

Su premisa recuerda sobremanera a otras obras (por ejemplo, las películas La isla, de 2005, o Snowpiercer, de 2013) en las que una civilización futurista, estanca y jerarquizada, entra en crisis porque uno de sus integrantes menos favorecidos empieza a cuestionarse las cosas. 

En el caso de Arca, es la avispada Perséfone quien se empieza a hacer preguntas incómodas. ¿Por qué hay tanta desigualdad en las condiciones de vida de los tripulantes del cohete que da nombre al cómic? ¿Por qué, una vez cumplen la mayoría de edad, los colonos (grupo al que pertenece la protagonista, dedicado al servicio de otro grupo cuyos integrantes se conocen como ciudadanos) ya no pueden ver a sus antiguos amigos y mentores? ¿Por qué parece que la nave espacial nunca alcanza el planeta habitable más cercano? Todas estas dudas provocarán que los colonos entren en tensión con los ayudantes y los ciudadanos, y culminarán en un revolución que pretende revocar el statu quo.

El guion de Arca, a cargo de Van Jensen, funciona correctamente. Si bien no narra, como ya he dicho antes, una historia extremadamente original, sí que dota a ésta de los suficientes elementos diferenciales para que adquiera personalidad propia. 

Asimismo, el guion de Jensen tiene dos méritos más: manejar un elenco nada desdeñable de personajes y entregar un par de giros que, aunque no son totalmente imprevisibles, tampoco pecan de obvios. 

Por su parte, el apartado gráfico de Arca se lo debemos a Jesse Lonergan, cuyo dibujo destaca por los trazos anchos y ágiles, mientras que su uso color se decanta por gamas cromáticas algo apagadas y realistas la mayor parte del tiempo, salvo cuando quiere enfatizar a ciertos personajes (como Denton o Bud) o situaciones.

También quiero señalar que los diseños de personajes de Lonergan están muy conseguidos. Y es que el numeroso elenco se diferencia adecuadamente gracias a sus rostros y siluetas, cosa que tiene un mérito especial teniendo en cuenta que todos los colonos visten iguales. En cambio, los escenarios me parecen algo más insípidos, aunque entiendo que la ambientación de este cómic así lo demanda.

Llegados a este punto, y si fuera muy quisquilloso, podría reprocharle a Arca que algunos de sus personajes me han parecido un tanto desaprovechados (Faraon X y Black, por ejemplo), que no todas sus subtramas llegan a cuajar (como la que insinúa una alianza entre Luella y Jacob), que el clímax se antoja demasiado abrupto y fácil (me han faltado más conflictos de intereses y traiciones entre colonos) o que, en ocasiones aisladas, la narrativa visual y textual no acaba de fluir del todo (tan aisladas que sólo se me ocurre la de la página 76). 

Sea como fuere, estos pequeños defectos (que quizá ni siquiera se pueden considerar tal cosa, porque apenas empañan al conjunto) no impiden que Arca sea una lectura sumamente entretenida, con un guion un apartado gráfico de lo más solventes. Si os gustan obras como La isla o Snowpiercer, debéis darle una oportunidad al cómic pergreñado por Jensen y Lonergan, porque estoy seguro de que os gustará tanto como a mí.
  

sábado, 2 de mayo de 2026

Donald E. Westlake: El despido

Idioma original: Inglés 
Título original: The ax
Año de publicación: 1997
Traducción: Ce Santiago
Valoración: Muy recomendable

Pasada la euforia proletaria del 1 de mayo (gracias, Juan, por la reseña de ayer, tan necesaria para nuestra salud mental e intestinal), seguimos hablando de libros que de una u otra forma se enmarcan en el mundo laboral. Ya sabéis, lo del tonto y la linde... ¡Al lío!

Una vez más, la potencia de un buen comienzo: "Nunca he matado a nadie, asesinado a otra persona, liquidado a otro ser humano". Y, claro, uno ha de seguir leyendo porque sabe que ese narrador pretende matar a alguien y, coño, ya que estamos, uno quiere saber los motivos, si tiene éxito o no, etc.

Pero también hemos de hablar de la potencia de una buena premisa. Porque, ¿qué hacer cuando el suelo bajo nuestros pies se derrumba? Eso es lo que le ocurre a Burke Devore, que toda su vida de tipo de clase media con mujer y dos hijos comienza a desmoronarse en el momento en el que se queda sin trabajo. Y pasa el tiempo y el trabajo no llega, las obligaciones se acumulan y la locura se adueña de la mente de Burke, hasta el punto de publicar un anuncio falso en una revista especializada, recibir los currículum de muchas personas paradas y decidir matar a las que considera más capacitadas para quitarle un puesto aún no vacante. Porque, ya que estamos, también decide matar al que ostenta el puesto.

Así, alguien puede leer esta novela, simplemente, como una novela negra (¿qué pasará con sus planes?) y la disfrutaría, sin duda. Pero El despido va mucho más allá ya que nos habla del individualismo feroz, de la picadora de carne que es el capitalismo, de las consecuencias que sobre la vida de las personas tienen decisiones tomadas por criterios mercantilistas, de las filias y las fobias de la clase media (aspiracional o no).

Esa combinación de "ligereza" y profundidad del libro es uno de sus puntos fuertes, pero no el único. También hay que citar lo que tiene de estudio psicológico del personaje (y sus vaivenes entre un distanciamiento irónico respecto de sus actos, la culpa y la autojustificación), el humor negro que se gasta el amigo Westlake o el vertiginoso ritmo que tiene la narración. De hecho, la novela ha sido adaptada un par de veces al cine: una por Costa Gavras en Arcadia y otra por Park Chan Wok en No other choice. No he visto la segunda (aunque muero de ganas por ver cómo ha resuelto el surcoreano un par de escenas), pero me da la impresión de que una y otra podrían ser complementarias y hablar a la perfección de esa doble vertiente, "crítica" y "divertida", que tiene El despido.

Un último apunte. Burke Devore es un tipo despreciable pero uno se siente hasta cierto punto identificado con él, quizá porque uno ve que el mundo de Burke es nuestro mundo. No sé si eso me gusta o me da miedo. Igual las dos cosas a la vez. Puede ser.

viernes, 1 de mayo de 2026

Mats & Enzo: Cómo hacer caca en el trabajo

Idioma original: francés

Título original: Commant chier au bureau

Año de publicación: 2009

Traducción: Víktor Dell

Valoración: tan increíblemente útil y estimable que no me atrevo a valorarlo

Hoy, primero de mayo, Día Internacional de los Trabajadores (y trabajadoras, claro), sin duda vosotros/as, queridas/os lectores de este blog, os habéis levantado antes de lo habitual, en vez de remolonear en la cama hasta que toque bajar a por churros para el desayuno, para preparar vuestras pancartas y banderas rojas, antes de salir a la calle a manifestar vuestro orgullo proletario y luchar por vuestros derechos laborales sin retroceder ni desfallecer en el empeño. Vale, todo eso está muy bien, pero... ¿realmente sirve para mejorar las condiciones de la clase trabajadora en estos inclementes tiempos de galopante ultracapitalismo, ultraliberalismo y ultraderech.... ultrabuenismo woke, culpable de todos los males de nuestra sociedad? ¿No será más práctico, se me ocurre, tratar de ganar las pequeñas batallas, la guerra de guerrillas que desde tiempos inmemoriales libramos los asalariados/as frente a los patronos, los empleados/as frente a los jefes, los parias de la Tierra frente a quienes tienen la sartén por el mango?

¿Y qué otra cosa puede ser más beneficiosa para la salud de los y las trabajadoras, a la par que satisfactoria para su espíritu reivindicativo e incluso autoestima personal que poder llevar a cabo con tranquilidad ciertas funciones corporales cuando la naturaleza reclama lo que es suyo (y que, además, te estén pagando por ello, que no me negaréis  que tiene su punto)? Sí, amigos y amigas, no nos avergoncemos, ya que en este nuestro mundo, hasta el ser más excelso defeca... Ahora, bien, en un entorno laboral, ya sea un taller mecánico, las oficinas de una multinacional o una impoluta tienda Apple, esta necesidad biológica se puede convertir en un tema espinoso que, mal gestionado, puede arruinar la convivencia en el grupo, la vida social de la persona afectada y, más aún, sus posibilidades de progreso dentro de la empresa. En algunos casos extremos, las consecuencias de un apretón repentino pueden llevar a la renuncia del puesto de trabajo o incluso el despido.

Para evitar estas penosas derivaciones de un proceso natural, los autores de este libro -no firman con sus nombres reales para evitar ser estigmatizados en sus propios entornos laborales-, con la ayuda del experto Tom Hayatt -creador del célebre truco mnemotécnico HMLO2S: Huellas, Movimiento, Luz, Olor, Sonido, Sombra-, han escrito este magnífico libro, que, en cierto modo, podemos considerar "de autoayuda", aunque en mi opinión, va mucho más allá: se trata de una guía para evitar las trampas que la incomprensión y la maledicencia ponen a quien tan sólo trata de aliviar una necesidad básica e inocente, pero también sus enseñanzas pueden extrapolarse a cualquier ámbito de la vida en sociedad; de la misma forma que hay que evitar los peligros inherentes a una situación incómoda en los aseos de la empresa, podemos aplicar los mismos métodos para sortear los derivados de una cena navideña con la familia política, una discusión con cuñados de barra de bar o el embarazoso silencio cuando subes en el ascensor con algún vecino antipático.

El libro está estructurado en tres partes diferenciadas -antes durante y después de la necesidad de ir al servicio-, con un montón de problemas que pueden surgir en cada situación y las posibles soluciones, valoradas además, en realismo y facilidad, por medio de un sistema similar a las estrellas de Goodreads, pero con escobillas de váter. Además, cada problema viene ilustrado con unas prácticas infografías para facilitar su comprensión. Así, sabremos qué hacer en situaciones peliagudas como que una gastroenteritis nos obligue a acudir al servicio varias veces al día -con el consiguiente peligro de recochineo por parte de nuestros compañeros/as de trabajo e incluso de recibir algún apodo hiriente- o que cuando vayamos nos pueda ver la persona de la que estamos enamorados/as. aprenderemos a reaccionar si,  una vez en el "obrador", nos encontramos con los problemas (más frecuentes de los que debería ser) como que se haya acabado el papel higiénico, la cisterna no funcione o el cierre de la puerta de la cabina esté rota... Por último, aprenderemos a comportarnos con dignidad también si al salir del aseo nos encontramos de cara con el jefe, o la mezcla de nuestros efluvios naturales y el ambientador ha dejado en los baños un ambiente irrespirable. Todas éstas y muchas más situaciones de las que, si aprendemos a controlarlas, podremos eliminar para siempre la posibilidad de sus consecuencias indeseadas, derivadas, después de todo, de una necesidad natural y básica de los seres humanos. Si eso no es un servicio... quiero decir una ayuda inestimable a la causa de la clase trabajadora mundial, ya me diréis...

jueves, 30 de abril de 2026

Toni Sala: Escenaris

Idioma original: catalán
Título original: Escenaris
Traducción: sin traducción al castellano en el momento de publicar este reseña
Año de publicación: 2025
Valoración: recomendable


Había oído hablar muy bien de Toni Sala (especialmente de sus últimas obras tras su salto a l’Altra Editorial) por el hecho de poseer un estilo sólido, firme y que le valió el Premi de la Crítica de narrativa catalana en 2015. Así que, después de años bajo mi radar, tenía curiosidad por conocer su obra y ver qué ofrecía su escritura.

En esta novela, Toni Sala nos presenta a su personaje principal y protagonista de la historia: un actor famoso por haber protagonizado otrora una serie de películas de terror, pero actualmente venido a menos de manera que se gana la vida haciendo monólogos que tiene la costumbre de preparar mientras conduce su coche, sin un rumbo fijo, a parajes lejanos, para así poder pensar, aislarse y calmar los nervios habituales antes del directo. Pero, en uno de esos viajes, sufre un accidente que le lleva a estar postrado un tiempo en el hospital; es en esa estancia donde se le presenta un joven que afirma conocerle del día del accidente. A partir de ahí, sus vidas convergen y juntamente con la aparición de otro personaje protagonista de la historia forman el entramado personal sobre el que gira el libro.

Así, a grandes rasgos, este vendría a ser el planteamiento de un libro que, justamente, destaca más por lo que cuenta y cómo lo hace que por lo que sucede. Porque ahí es donde entra en juego lo que intuyo que es la principal virtud de este autor: un estilo directo, coloquial, desenfadado y lleno de desparpajo que se ejemplifica de manera diáfana a través de unos personajes que hablan rápido (muy rápido a veces) con un discurso torrencial que expone sin tapujos los pensamientos que corren por sus cabezas. Esta característica se pone de manifiesto rápidamente en el accidente del protagonista, narrado por diferentes puntos de vista por una serie de personajes a caballo entre la lucidez y el delirio, perseguidos por sus propios fantasmas, inundados por sus propias inseguridades en una especie de carrera entre la suerte y el infortunio; unos personajes que el autor los dibuja como seres solitarios en su mayoría, a menudo no por propia elección sino por el azar, la adversidad o un destino mal buscado. De esta manera, y a partir de ello, en una mezcla de relato a caballo entre la narrativa, la reflexión, la crítica y la introspección, el autor lanza órdagos contra la sociedad capitalista, hedonista, o la que ansía la búsqueda del cuerpo perfecto o de la vida artificialmente soñada, la que se rige por la estética o la superficialidad. Con este propósito, el autor centra el peso del libro en gran parte en el mundo que rodea a sus personajes, trazando un hilo muy marcado entre los grandes y múltiples problemas de la sociedad: desde la época olímpica, pasando por la crisis inmobiliaria, el excesivo turismo, la frustración por el resultado del proceso independentista catalán, y los problemas actuales como el auge de las plataformas digitales y la decadencia de las salas de exhibición de películas. 

Estilísticamente, el autor combina diferentes formatos y enfoques pues, de manera similar a la profesión del protagonista, hay episodios de este libro que consiste en principalmente monólogos donde se despliega la verborrea del autor (que en ocasiones emparejaría con David Foster Wallace por el extremo detalle de lo que narra, así como cierto descontrol y caos expositivo sobre los temas que trata) pero en los que también encontramos un estilo más convencional superada la mitad del libro donde quizá hay más trama y se centra más el desarrollo de la misma. En cuanto al tono que transmite, los protagonistas (o participantes) de la novela son personas pesimistas respecto a la sociedad actual, a la economía de los jóvenes o a la independencia; son personajes deconstruidos y a los que les embarga una creciente pérdida de identidad donde la muerte (por presencia o pensamiento) sobrevuela de manera no constante, pero si subyacente, personajes a los que parece que el futuro les ha abandonado y no tienen nada por delante que les pueda llenar la vida llegando al punto de afirmar que, «el suicidio, pasa por la cabeza como un corriente de aire, entra por una oreja y sale por la otra, pero puede haber una obstrucción y que se encaje, y entonces es una serpiente venenosa encerrada dentro de la cabeza».

Por todo ello, se trata de un libro difícil de reseñar y valorar porque es indudable que en él hay fragmentos donde el autor demuestra su calidad estilística (como por ejemplo cuando habla del suicidio), pero su tendencia a alargar en exceso las reflexiones, los monólogos o incluso las metáforas hace que esa intensidad inicial pierda fuerza y se diluya entre tantas palabras y alegorías. Si el autor fuera más mesurado a la hora de elegir que metáforas utilizar o cuando poner la pausa y cuando acelerar el ritmo, el resultado sería mucho más satisfactorio o logrado porque da la impresión de que una vez el autor encuentra el filón a través del cual desplegar su calidad no sabe ponerle freno ni contener su exposición. Parece que le sobra talento y le falta contención y mesura.

De todos modos, libro interesante y recomendable por los múltiples temas que el autor trata y por un estilo desenfado y atrevido. Y es que Sala va con todo y contra todos: contra la clase política, contra la especulación inmobiliaria, contra los que no defienden la lengua catalana ni la cultura. Es contundente y lúcido en su denuncia, no se corta y expone las miserias de la clase política y dirigente sin rodeos, así como también habla sin tapujos sobre la vida, la muerte, la paternidad o el feminismo, denunciando así cada uno de los pilares sobre los que se construye la vida, y sobre los que también se destruye.