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jueves, 30 de abril de 2026

Toni Sala: Escenaris

Idioma original: catalán
Título original: Escenaris
Traducción: sin traducción al castellano en el momento de publicar este reseña
Año de publicación: 2025
Valoración: recomendable


Había oído hablar muy bien de Toni Sala (especialmente de sus últimas obras tras su salto a l’Altra Editorial) por el hecho de poseer un estilo sólido, firme y que le valió el Premi de la Crítica de narrativa catalana en 2015. Así que, después de años bajo mi radar, tenía curiosidad por conocer su obra y ver qué ofrecía su escritura.

En esta novela, Toni Sala nos presenta a su personaje principal y protagonista de la historia: un actor famoso por haber protagonizado otrora una serie de películas de terror, pero actualmente venido a menos de manera que se gana la vida haciendo monólogos que tiene la costumbre de preparar mientras conduce su coche, sin un rumbo fijo, a parajes lejanos, para así poder pensar, aislarse y calmar los nervios habituales antes del directo. Pero, en uno de esos viajes, sufre un accidente que le lleva a estar postrado un tiempo en el hospital; es en esa estancia donde se le presenta un joven que afirma conocerle del día del accidente. A partir de ahí, sus vidas convergen y juntamente con la aparición de otro personaje protagonista de la historia forman el entramado personal sobre el que gira el libro.

Así, a grandes rasgos, este vendría a ser el planteamiento de un libro que, justamente, destaca más por lo que cuenta y cómo lo hace que por lo que sucede. Porque ahí es donde entra en juego lo que intuyo que es la principal virtud de este autor: un estilo directo, coloquial, desenfadado y lleno de desparpajo que se ejemplifica de manera diáfana a través de unos personajes que hablan rápido (muy rápido a veces) con un discurso torrencial que expone sin tapujos los pensamientos que corren por sus cabezas. Esta característica se pone de manifiesto rápidamente en el accidente del protagonista, narrado por diferentes puntos de vista por una serie de personajes a caballo entre la lucidez y el delirio, perseguidos por sus propios fantasmas, inundados por sus propias inseguridades en una especie de carrera entre la suerte y el infortunio; unos personajes que el autor los dibuja como seres solitarios en su mayoría, a menudo no por propia elección sino por el azar, la adversidad o un destino mal buscado. De esta manera, y a partir de ello, en una mezcla de relato a caballo entre la narrativa, la reflexión, la crítica y la introspección, el autor lanza órdagos contra la sociedad capitalista, hedonista, o la que ansía la búsqueda del cuerpo perfecto o de la vida artificialmente soñada, la que se rige por la estética o la superficialidad. Con este propósito, el autor centra el peso del libro en gran parte en el mundo que rodea a sus personajes, trazando un hilo muy marcado entre los grandes y múltiples problemas de la sociedad: desde la época olímpica, pasando por la crisis inmobiliaria, el excesivo turismo, la frustración por el resultado del proceso independentista catalán, y los problemas actuales como el auge de las plataformas digitales y la decadencia de las salas de exhibición de películas. 

Estilísticamente, el autor combina diferentes formatos y enfoques pues, de manera similar a la profesión del protagonista, hay episodios de este libro que consiste en principalmente monólogos donde se despliega la verborrea del autor (que en ocasiones emparejaría con David Foster Wallace por el extremo detalle de lo que narra, así como cierto descontrol y caos expositivo sobre los temas que trata) pero en los que también encontramos un estilo más convencional superada la mitad del libro donde quizá hay más trama y se centra más el desarrollo de la misma. En cuanto al tono que transmite, los protagonistas (o participantes) de la novela son personas pesimistas respecto a la sociedad actual, a la economía de los jóvenes o a la independencia; son personajes deconstruidos y a los que les embarga una creciente pérdida de identidad donde la muerte (por presencia o pensamiento) sobrevuela de manera no constante, pero si subyacente, personajes a los que parece que el futuro les ha abandonado y no tienen nada por delante que les pueda llenar la vida llegando al punto de afirmar que, «el suicidio, pasa por la cabeza como un corriente de aire, entra por una oreja y sale por la otra, pero puede haber una obstrucción y que se encaje, y entonces es una serpiente venenosa encerrada dentro de la cabeza».

Por todo ello, se trata de un libro difícil de reseñar y valorar porque es indudable que en él hay fragmentos donde el autor demuestra su calidad estilística (como por ejemplo cuando habla del suicidio), pero su tendencia a alargar en exceso las reflexiones, los monólogos o incluso las metáforas hace que esa intensidad inicial pierda fuerza y se diluya entre tantas palabras y alegorías. Si el autor fuera más mesurado a la hora de elegir que metáforas utilizar o cuando poner la pausa y cuando acelerar el ritmo, el resultado sería mucho más satisfactorio o logrado porque da la impresión de que una vez el autor encuentra el filón a través del cual desplegar su calidad no sabe ponerle freno ni contener su exposición. Parece que le sobra talento y le falta contención y mesura.

De todos modos, libro interesante y recomendable por los múltiples temas que el autor trata y por un estilo desenfado y atrevido. Y es que Sala va con todo y contra todos: contra la clase política, contra la especulación inmobiliaria, contra los que no defienden la lengua catalana ni la cultura. Es contundente y lúcido en su denuncia, no se corta y expone las miserias de la clase política y dirigente sin rodeos, así como también habla sin tapujos sobre la vida, la muerte, la paternidad o el feminismo, denunciando así cada uno de los pilares sobre los que se construye la vida, y sobre los que también se destruye.

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