Año de publicación: 2026
Valoración: Bastante recomendable
(...) un libro para la gente que ya tiene demasiado con vivir, en carne propia, todas las tragedias del mundo y que podría encontrar, en esta ficción, quién sabía, no una comedia, pero al menos una versión más pequeña de esas tragedias, para divertirse con ellas: como una favela menos furiosa dentro de la favela tremebunda.
(...) escriba un libro que sea la historia de su vida, y, como su vida está tan llena de ficciones, haga que esa novela sea también un relato acerca del poder de las historias, sobre cómo las fantasías reemplazan a la vida y nos llevan a ser otros (...)
Estos dos fragmentos extraídos de las páginas 186 y 158, respectivamente, podrían funcionar como resumen de Madame Vargas Llosa, novelita con la que Gustavo Faverón Patriau rinde homenaje, obviamente, a Mario Vargas Llosa, pero también a Borges (¿o será a Pierre Menard?, a Bolaño, a Werner Herzog, a Flaubert, etc. (*)
Vale, pero... ¿qué carajo es Madame Vargas Llosa? Pues es una bufonada grotesca y oscura, una tragicomedia a cuatro voces en la que el centro lo ocupan los diversos encuentros (o "encuentros") que Vargas Llosa mantiene con esas cuatro voces y personajes de la novela y que tiene como tema fundamental la necesidad de contar historias.
Más allá del tema principal, el uso de las citadas cuatro voces (Maria Trindade, el cineasta Ruy Guerra, el guionista Manoel Magalhaes "Fittipladi" y Rita) permite a Faverón lanzarse a juegos de espejos y desdoblamientos marca de la casa, a digresiones interesantísimas acerca de la "alta" y la "baja" cultura, del plagio o del papel que debe desempeñar la cultura con respecto a la política, a descabelladas historias trufadas de pistas que son trampas o de trampas que son pistas.
Como veis, las obsesiones y los temas de Vivir abajo o Minimosca reaparecen en Madame Vargas Llosa. Lo hacen, eso sí, de forma más "comedida" o menos "ambiciosa / totalizadora" que en las citadas. Y quizá esto haga que los ya conocedores de la obra de Faverón se queden con ganas de más, puede ser. Pero también ofrece la posibilidad de que nuevos lectores se sumen a su universo: al fin y al cabo, 200 páginas intimidan menos que 600, ¿no?
Sea como fuere, es innegable que Faveron tiene una prosa con un ritmo y un estilo propios (¿mezcla de otros, tal vez?) e inconfundible, en los que aúna entretenimiento y profundidad. Es uno de esos autores contemporáneos (otro sería, por ejemplo, Cartarescu) de los que basta leer unas pocas páginas para saber que es él. Y Madame Vargas Llosa es una buena muestra.
(*) Repasando la reseña y repensando Madame Vargas Llosa, diría que algo hay, también, de Manuel Puig en la novela.
También de Faverón Patriau en ULAD: Vivir abajo y Minimosca
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